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La Cuba que queremos

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queremos

Por Álvaro Francisco Pixá (Lic. en Derecho) e Ismael Tamayo (Lic. en Filosofía)

Hace varios días fue publicado por la Viceministra Primera de la Educación Superior, Martha del Carmen Mesa Valenciano un texto donde expone sus criterios de lo que debe ser un profesor universitario.

También circulan en las redes sociales y diferentes publicaciones, artículos que dan respuesta a la Viceministra, que, en su variedad de tonos, argumentos y estilos, demuestran la indignación generada en la ciudadanía y el gremio de los profesores universitarios ante la desacertada, limitada y autoritaria visión de la funcionaria. En ellos es evidente la preocupación de que tal documento sea la base de la política a seguir en las instancias del sector universitario.

Somos egresados de las carreras Filosofía Marxista y de Derecho de la Universidad de Oriente (UO), y estudiamos en dicha institución en los cursos comprendidos entre el 2011 y 2016, lapso en el que también realizaban en esta universidad sus labores administrativas y educativas la mencionada funcionaria Mesa Valenciano y el profesor Rene Fidel González García.

Como estudiantes y presidentes de la FEU de nuestras facultades, tuvimos la oportunidad de trabajar directamente con la actual Viceministra, otrora Rectora de la UO, y conocemos en alguna medida sus métodos de trabajo y actitud ante cuestiones pretendidamente “ideológicas”.

Al profesor René Fidel lo conocimos en el año 2011. Impartía la asignatura Historia de Estado y el Derecho y era el Profesor Principal del primer año de Derecho. Todo amor al magisterio y ternura intelectual, su presencia aglomeraba diariamente decenas de muchachos de toda la universidad en “el muro” de la Facultad antes y después de culminar sus clases.

Intachable como profesor y republicano confeso, a no pocos nos enseñó con su actitud diaria, su honestidad y respeto a las ideas de los otros, como su compañero y maestro Fernando Martínez Heredia, a sentir orgullo de ser comunista. Formaba valores dentro y fuera del aula.

Buscado por generaciones de dirigentes de la FEU de la Facultad de Derecho, y de la Universidad, a los que acompañó por su trayectoria anterior como dirigente estudiantil, era también miembro del Comité del Partido de la Universidad y un prestigioso integrante de la UNEAC en Santiago de Cuba, cuyos libros sobre ciudadanía y conferencias públicas, eran seguidos.

Si ahora escribimos es porque nos constan los nefastos resultados que tendrá la implementación de las ideas escritas por la actual Viceministra: René Fidel ya no es profesor de la Universidad.

A espaldas de sus estudiantes, de su núcleo del partido, de su sindicato, esa misma funcionaria que ahora se pronuncia regodeándose en su enorme poder, solicitó y obtuvo del Ministro de Educación Superior el despojo de la condición de Profesor Titular, y la de profesor, de nuestro maestro.

No reparó en medios para ello. Incluso, cuando la Decana de Derecho se negó a acceder a sus pretensiones después de meses de presiones la removió de su cargo.

Cuando fracasó su intento de cuestionar el carácter revolucionario de los artículos de nuestro profesor ante el abierto respaldo del claustro y el núcleo del PCC, indicó entonces a quienes ocupaban el cargo de Presidente de la FEU y de Secretario de la UJC en la Universidad, leyeran y dieran a firmar a cerca de ocho Presidentes de Brigadas de la FEU y Secretarios de Comité de Base de la UJC reunidos bajo el fantasma de la subversión, una “declaración de repudio” al profesor y sus artículos de intelectual revolucionario redactada  por ella misma y el nuevo Decano.

Cuando no pudo evitar que algunos de esos mismos estudiantes rechazaran de inmediato el contenido de la “declaración” por difamatoria y falsaria, dio entonces instrucciones para mentirles ya sin límites diciéndoles que el profesor era un agente de la CIA, un mercenario que recibía dinero por sus publicaciones, y ni así consiguió que firmasen todos el documento que luego el Ministro habrá recibido como evidencia de la pérdida de prestigio del docente y cuyo contenido, sólo se conoció porque el propio René Fidel, exigió se hiciera pública ante la organización partidista y el claustro de la Facultad.

¿Qué pérdida de prestigio social sería esta que tenía que ser mantenida en secreto?  ¿Acaso es lo mismo difamar y atentar impunemente contra el prestigio de una persona desde el poder que tomar en consideración hechos que así lo ameriten? Con vergüenza recordamos perfectamente que cuando incluso sus nuevos alumnos, a los que apenas les había impartido unos pocos turnos de clases, preguntaron con insistencia por él después de su salida, la respuesta cobarde y falaz que Luis Alberto Pérez Lody, el nuevo Decano y otro funcionario docente dieron, fue que se encontraba fuera de Cuba en viaje de trabajo.

Estos no son los métodos de la Revolución, los que nos enseñaron nuestros profesores, pero sí los que empleó e impuso esta funcionaria. Entonces ese es su prestigio social entre nosotros. ¿Soñará ella con ser Ministra y privar de la condición de profesor a todos los que enseñan en Cuba en pensar como hacía y aún hace René Fidel?; ¿con hacer desaparecer en el país, como lo hizo a base de cuestionamientos y objeciones con el Foro Social Universitario: Juventud y Revolución, cualquier espacio de reflexión profunda que reúna a los jóvenes universitarios?; ¿acaso con desatar el oportunismo y el arribismo para exhibir la limpieza de sangre ideológica de nuestros profesores? ¿con repetir la bestialidad de la parametrización?

Fuimos pacientes mientras nuestro profesor nos daba a todos una clase más de civismo activando sus derechos como ciudadano aunque recibiese el silencio como la única respuesta de las instituciones y los funcionarios que violan nuestra legalidad al no responderle.

Le respetamos y apoyamos, testimonio de ello son nuestras fotos rodeándolo con sus compañeros del claustro en presentaciones de libros y otras actividades en la que ha participado. Pero ya basta, tenemos que hacer más.

Algo muy cierto escribió el Profesor René Fidel a Silvio Rodríguez en su blog Segunda Cita, lo más grave es que estamos siendo defraudados. Por proteger los actos ilegales de esta funcionaria y del Ministro de Educación Superior, oportunamente denunciados por nuestro profesor, están violando todo en lo que creemos. ¿Acaso las leyes son nada más para ser cumplidas por nosotros los ciudadanos? ¿Qué ha cambiado en la Revolución que se pueden producir abusos de poder y atropellos impunemente? ¿Cómo es posible una vez que se haya puesto en marcha la maquinaria judicial, detenerla y dejar desprotegido un ciudadano?

No tiene, ni tendrá alguna vez justificación, que la Fiscal General de la República, e incluso el Presidente de nuestro país, violen los plazos de respuesta del Derecho a queja y petición que le concede a nuestro profesor y a todos los ciudadanos la Constitución.

Esto no es una patraña del enemigo, nos consta y es desgraciadamente público para todo el país.

Queremos que René Fidel vuelva a nuestra Universidad, a nuestra Facultad de Derecho, que formalmente se le devuelva su condición de profesor que no ha hecho más que honrar, necesitamos a los hombres cultos y de bien que, como él, confirman sus credos con la virtud martiana de la consecuencia, pero queremos también que se respete el Estado de Derecho. Esto es para nosotros, lo único revolucionario y decente. Es la Cuba que queremos.

(Tomado del original)

Ángel para un final

final
Foto: Tomas Casals

Ahora comprendo cuál era el ángel
que entre nosotros pasó:
era el más terrible, el implacable, el más feroz.
Ahora comprendo en total este silencio mortal.
Ángel que pasa, besa y te abrasa.
Ángel para un final.

Silvio Rodríguez

I

¿Quo vadis Cuba?

El 2019 no fue el último año de la década como creen algunos, sin embargo, tuvo una serie de compromisos importantes. Fue el del aniversario sesenta del triunfo de la revolución y también el del treinta de la caída del muro de Berlín, que inició el derrumbe del campo socialista.

Fue el tercer año del gobierno de Donald Trump, que arreció la hostilidad hacia la Isla, pero igualmente en él se celebraron los treinta y tres del anuncio del Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, los veinticinco de la dualidad monetaria, los veinticuatro de la creación del holding Gaesa, los doce del estreno del Proceso de actualización de la economía cubana, los ocho de la puesta en marcha del experimento interminable de Artemisa y Mayabeque y los seis de que se aprobara el decreto de creación de la zona de desarrollo del Mariel.

Tuvo el honor también de ser el año en que se aprobó una nueva Constitución de la República, que declaró a Cuba como Estado socialista de Derecho y, al mismo tiempo, en el que descubrimos que un concepto no siempre se ajusta a la realidad. El ministro de Educación Superior lo dejó muy claro cuando invocó al artículo 5, que designa al Partido Comunista “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”, como el verdadero horizonte legal de la burocracia.

Fue un año de congresos grises y deslucidos como el de la FMC o el de la CTC. Este último, en particular, extremadamente manipulador y demagógico al silenciar la discusión sobre la necesidad de un aumento salarial desde las propias bases sindicales. No obstante, como para confirmar el poco peso de los sindicatos en la vida política y social, el imperioso aumento fue decretado por el presidente Miguel Díaz-Canel, que demostró así que podemos prescindir de una amplia y costosa red de funcionarios y burócratas relacionados con la esfera sindical.

El aumento de salarios —que en algunos casos acrecentó hasta cuatro veces lo devengado—, al pasar los meses evidenció que el abismo entre el costo de la vida y los salarios nominales había absorbido el incremento sin que las utópicas intenciones de ahorrar para pasar vacaciones en un hotel, o tener un seguro para la vejez pudieran consumarse.

Fue un año de consignas, en que nos convocaron a pensar como país y donde se repitió hasta el cansancio que somos continuidad. Las redes sociales y la blogosfera, sin embargo, potenciadas por la autorización de los datos móviles durante el 2019, nos decían otra cosa: hay muchas Cubas en una Cuba y necesitamos ser dialécticos, lo que implica dos elementos: las continuidades y las rupturas.

Casi finalizando el año se aprobó un cronograma legislativo que se extenderá hasta el 2028. Si las reformas habían marchado con lentitud por la carencia de un marco constitucional, según se explicó al requerir una nueva Constitución, esta demora de casi nueve años para poner al día la legislación es inexplicable. ¿Seguirán demorando entonces las reformas que deben atenerse a las leyes por venir?

El presidente ha pedido vivir “los próximos días y horas como si triunfara la Revolución otra vez”. Carlos Marx responde:

«La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su exilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal».[1]

II

Censura premonitoria

Habían transcurrido apenas tres años del triunfo de la Revolución cuando, en 1962, Luis Buñuel filmaba en México El ángel exterminador. Considerada una de las cien mejores películas de habla no inglesa de la historia del cine, responde a los códigos surrealistas de su director que incorporaba los sueños y el inconsciente a su obra.

El ángel exterminador parte de un guión de Luis Alcoriza y Luis Buñuel. Un grupo de burgueses de la ciudad de México son invitados a una cena en la mansión de los Nobile después de asistir a la opera. Los cocineros y sirvientes abandonan la residencia tras finalizar su trabajo; en cambio, los invitados, por algún motivo desconocido, no pueden hacerlo. Su encierro va sacando lo peor de ellos, sus más bajos instintos.

Cuando logran romper la fuerza inexplicable que no les permitía salir, asisten a una misa para agradecer su liberación. Pero Buñuel, en una estructura narrativa circular reinicia el proceso, la puerta de la iglesia no se abre por la sencilla razón de que nadie lo hace. No hay remedio, la condición humana vuelve a tropezar en la misma piedra. Buñuel, a través del surrealismo, diseña una condición humana pesimista e irredenta, una parábola sobre la descomposición de una clase social encerrada en sí misma.

A pesar de que era una sátira o comedia negra sobre la burguesía, la exhibición del filme originó una encendida controversia entre Blas Roca y un grupo de jóvenes cineastas del Departamento de Programación del ICAIC. El viejo dirigente comunista se oponía a las películas que pudieran sembrar dudas y trasmitir pesimismo a los espectadores.

Tantos años después, y en un contexto que a veces despunta surrealista, casi puede considerarse profético aquel intento de censura. La burocracia paulatinamente se ha venido convirtiendo en una clase, con modo de vida muy diferente al de la mayor parte de la ciudadanía, lo que es evidente entre sus retoños más nuevos. Es una clase que no desea perder ningún privilegio político que le impida el derecho a administrar la propiedad que legalmente se reconoce como social, pero es una clase que no logra transitar felizmente caminos de reforma, todos se van cerrando al final sin conseguir los objetivos propuestos.

 El economista Juan Triana Cordoví en un artículo analiza con certera mirada la fuente de las contradicciones entre el declarado deseo de avanzar y los retrocesos: «Con la existencia de culturas políticas e ideológicas resistentes a “actualizarse”, con comportamientos incluso personales marcadas por aprendizajes anteriores, con prejuicios, con legislaciones muchas veces obsoletas, pero aún vigentes, con espacios grises que permiten “interpretaciones personales” y que condicionan, dificultan, retrasan los mejores propósitos que un país pueda tener y hacen extraordinariamente difícil alcanzar la coherencia deseada y con intereses personales creados difíciles de renunciar».

La Constitución del 2019 aumentó los cargos por designación y blindó a la burocracia ante la ciudadanía al considerar contenidos pétreos o inmutables cualquiera de los concernientes al sistema político. Ello, unido a la relativa apertura en cuanto a las formas de propiedad, y a la posibilidad de que unas formas se conviertan en otras, le otorga un peligroso estatus a los dirigentes políticos, sean o no de la denominada generación histórica. Así se fortalece una clase encerrada en sí misma, que condiciona los cambios a la posibilidad de ver afectados sus privilegios.

III

Ángel para un final

En el 2030 se pretende arribar a una meta hipotética prometida desde hace varios años, el puerto de llegada será un socialismo próspero y sostenible. Sin embargo, en este 2020 que hoy comienza existen síntomas que hacen pensar en otra gran puerta que se cerrará.

La convocatoria de la burocracia sindical a discutir el plan y el presupuesto de la economía durante los primeros meses del año indican que todavía nos siguen considerando una especie de parvulillos, que repiten a coro lo que dicta el maestro. ¿Para qué discutir lo que ya fue aprobado por la Asamblea Nacional? ¿No sería lógico haberlo hecho antes? Hace exactamente un año escribí el artículo En el pórtico del 2019, allí decía: «En el umbral del 2019 es imprescindible convencer de nuevo, pero no con los ardientes discursos de un liderazgo carismático propio de una época ya fenecida; sino con un plan científicamente elaborado, donde las cubanas y cubanos vean reflejadas sus necesidades y aspiraciones y donde sean actores participantes y no meros espectadores».

El 16 de abril pasado el presidente llamó a los miembros de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) a «poner pensamiento» para desatar las fuerzas productivas en el país. A pesar de esto, la insistencia en que estamos en medio de una coyuntura adversa impuesta por fuerzas exteriores ha sido una constante del discurso político que invisibiliza los graves problemas estructurales de la economía cubana y se opone en la práctica a liberar las fuerzas productivas.

Ignorar la teoría marxista conduce a que quienes nos gobiernen no entiendan que son las relaciones de producción existentes las que obstaculizan las fuerzas productivas, y ellas tienen en su centro a las relaciones de propiedad, determinadas por el sistema político, que aquí es inmutable. Es la clásica imagen de la serpiente que se muerde la cola, o mejor, la puerta que se cierra como un ciclo sin fin, como una escena infinita dirigida por Buñuel.

[1] Carlos Marx: El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

Resoluciones para 2020

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2020

Despedimos el año enumerando nuestros deseos para el 2020. El 2019 fue intenso, con numerosos sucesos nacionales e internacionales de todo tipo. Sin embargo, por alguna razón las vidas de los cubanos parecen más paralizadas que nunca, esperando una prosperidad que no llega y como dice una canción de Buena Fe, entre bloqueos y mala administración. Pero veamos qué pasó y qué vendrá.

En el 2019 la unificación monetaria no llegó. La escasez de combustible y los productos de primera necesidad arreciaron más que en años anteriores, pero más allá de las nuevas tiendas recaudadoras de dólares (que pronto se desabastecieron) no vimos un plan innovador o profundo para la economía. Quizás la única sorpresa gubernamental fue la selección del primer ministro, inesperada pero aún no sabemos si acertada.

Las sanciones de Estados Unidos aumentaron exponencialmente. El presidente estadounidense más corrupto desde Nixon sólo parece interesarse por ganar votos de la derecha radical cubana en la Florida para su reelección, y su equipo de gobierno, también el más inepto y escaso de talento en décadas, ha dado rienda suelta y empoderado a los sujetos con ideas más extremistas respecto a Cuba. Así, podemos esperar sanciones cada vez mayores mientras se acerca la elección del 2020. No fue un año fácil y el que viene lo será menos.

En Cuba el Ministerio de Cultura siguió siendo el paquete semanal y funcionó normalmente, excepto para LJC porque el compañero de la Seguridad del Estado que los atiende les dijo que no podían distribuir la revista por esa vía, ¡pero sin rencores eh! Este año se estrenó la película sobre los Cinco, casi provoca infartos dentro y fuera de la isla por razones distintas, pero se estrenó y es una historia que merecía contarse. La novela cubana no mejoró un ápice y tuvimos la triste noticia del fallecimiento de Alicia Alonso. Algo más que no podemos perdonarle al 2019 es la última temporada de Juego de Tronos, ¡qué mierda fue eso! Ha sido un año terrible para la cultura.

Ahora vamos a tomarnos un minuto para reconocer el estado de la música latina en 2019, porque este fue el año de Ozuna. El cantante de trap y regueton ganó 11 Premios Billboard después de romper el récord de nominaciones con 23, en una gala donde J Balvin and Nicky Jam ganaron 13 premios cada uno, Bad Bunny 12 y Daddy Yankee 8.

Pero vamos a regodearnos un poco más en el modelo de conducta de los niños de hoy, Ozuna fue arrestado en 2017 por agredir a unos agentes de inmigración (realmente no sabemos si culparlo por esto), en 2018 golpeó con el micrófono a un guardia de seguridad por estar en el escenario (luego se disculpó en Facebook, debe haberlo obligado su publicista) y en 2019 fue víctima de extorsión por un video sexual suyo de cuando era menor de edad.

Hemos dedicado este párrafo a mencionar artistas con nombres de pandilla escolar, así de grave está la cosa. Hoy los niños conocen mejor a Ozuna que a los mártires nacionales, el futuro está asegurado.

No vamos a seguir hablando del 2019, mejor concentrarse en el 2020. Por eso y como siempre hacemos, queremos compartir con los lectores nuestros deseos pendientes y nuevos para el año que empieza. Feliz fin de año y cosas buenas  por venir para cada uno de ustedes, sus familias y nuestro país… aquí la lista:

  • Un nuevo presidente para Estados Unidos. Exacto, y no es violación de la soberanía de nadie porque los países que sufren una influencia extrema de otras naciones deberían tener cuanto menos derecho a opinar. Así que como no se puede votar desde la isla, ¡burundanga pa Trump!
  • Que las sesiones de la Asamblea Nacional se transmitan en vivo para que el pueblo vea a sus representantes de forma directa, sin demorar la transmisión o editar el material antes que aparezca en la Mesa Redonda.
  • En 2017 deseábamos que el invierno llegara ya a Juego de Tronos, ¡cuánta inocencia! Esta vez queremos que aparezca una serie a su altura, ¿quizás la que están preparando del Señor de los Anillos?
  • En años anteriores pedimos que Ricardo Ronquillo «dirija un medio de prensa». Seguimos pidiendo lo mismo porque la UPEC controla la prensa cubana igual que nosotros controlamos la NASA… o pregúntenle al PCC.
  • Que llegue el socialismo próspero y sostenible que estamos esperando… y si demora que aclaremos con nombre y apellido quiénes son los obstáculos internos, porque los externos están más claros.
  • Que reemplacemos a todo aquel que no logró cambiar la mentalidad cuando convocó Raúl hace casi una década, bastante tiempo han tenido.
  • Que esta lista de resoluciones empiece a cumplirse y no se repita el próximo año, al menos las partes que más importan.
  • Que esta lista tenga 8 puntos y no 7, porque en la charada el 7 significa… ustedes saben.

Jugada crítica

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Foto: Yamil Lage/AFP/Getty

Desesperación. Esa es la palabra que mejor puede describir la actitud de las personas. Caminan por las calles buscando, buscando… Casi nada de lo necesario se encuentra. Arroz, pollo, huevos, leche, aceite. La pista para descubrir dónde sacaron alguno de ellos es sencilla: una cola que puede medir dos cuadras de largo. Lo peor es ver a los ancianos tratando de competir con los más jóvenes.

E intentar no estresarse demasiado. Hace dos meses redujeron a la mitad las dosis de antihipertensivos y de otros medicamentos indicados por prescripción facultativa. El semanario matancero Girón intenta educar a la gente para que consuma medicina verde como alternativa.

En una tienda matancera, que el choteo denominó desde su inauguración “el museo de la carne” por los prohibitivos precios de sus productos, los anaqueles están llenos de quesos de calidad, jamón serrano y otros embutidos selectos. En la sección de cárnicos del mercado La Góndola, un paquete solitario de salchichas vienesas se explica por los casi quince CUC que cuesta.

Ni con dinero se halla lo preciso. Nuestro gobierno no pagó en tiempo a los proveedores. Pero sigue controlando férreamente el comercio exterior. La deuda es enorme. Es posible que aún estemos pagando el despilfarro que significó la Batalla de Ideas y la tentativa frustrada de que los estudiantes en Cuba aprendieran a través de un televisor y un video ubicados en cada aula de cada escuela a lo largo y ancho de la Isla. El gobierno norteamericano, con sus medidas de presión, contribuye al desastre y las calamidades.

La situación no será como en los noventa, promete el discurso. El mismo discurso que se ha equivocado tantas veces. El que treinta años después propone las mismas estrategias que nunca logró concretar. Resistamos, dicen los mismos que no han tenido que atravesar estas vicisitudes. Ese discurso gastado deberá tener muy en cuenta que si el deterioro de la situación y el pánico aumenta sin ser revertido en un plazo razonable, no puede descartarse la posibilidad de que ocurra un estallido social en algún momento.

Me aterra que eso pueda acontecer porque no estamos en las mismas condiciones del año 94. En aquella etapa el gobierno dispuso de tres cartas que ahora no puede jugar: 1) el liderazgo de Fidel Castro, ya sin el carisma de los inicios pero todavía efectivo; 2) una medida que influyó rápidamente sobre la economía al permitir la libre circulación del dólar y 3) la disminución de la presión social dada la tolerancia de las autoridades ante la salida masiva de cientos de miles de personas en lo que se denominó “crisis de los balseros”.

Veamos la situación actual.

  • El nuevo liderazgo no puede reivindicar una raíz histórica que lo legitime per se. Mientras, los remanentes de la generación autodenominada histórica no se mostraron efectivos en los últimos quince años en lograr rápidas transformaciones en la economía. A lo que se suma que inmovilizaron la esfera política con una cláusula que los perpetúa como grupo, e incluso, algunos de ellos perjudican los esfuerzos del gobierno con intervenciones que en las últimas semanas han dañado la imagen de confianza que el presidente se esfuerza en proyectar.
  • La circulación del dólar se sustituyó luego por el CUC, y lo que debió ser coyuntural se convirtió en una dualidad monetaria y cambiaria que llega hasta hoy y condiciona la mayor parte de las dificultades actuales de la economía cubana, incluyendo los bajos salarios.
  • En lo referente a la cuestión migratoria, es muy cierto que el gobierno de Donald Trump ha desconocido los acuerdos firmados con Cuba por sus predecesores, y entorpece como en los viejos tiempos este sensible asunto. Pero los referidos acuerdos hacen hincapié en que EE.UU. consideraría una amenaza a su seguridad nacional la llegada masiva de cubanos a sus costas. Esto no debe ser tomado a la ligera vistas las características personales del mandatario norteño y los asesores de que se ha rodeado.

Sin esas cartas de triunfo nuestros dirigentes deberán ser extremadamente cuidadosos en las decisiones que adopten en las próximas semanas y meses. Es impostergable restaurar la confianza de la gente. Porque si lo peor ocurriera y un estallido social los obliga a responder por la fuerza, la imagen del gobierno sufrirá un deterioro irreversible, dentro y fuera del país. Ojalá se impongan el buen juicio y la prudencia.

(Tomado del original)

Navidad a la cubana

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Navidad

En el año 335 el papa Julio I sugirió que el nacimiento de Jesús fuera celebrado ese día, nadie tenía idea de la fecha real. Desde entonces más de 2 billones de personas en más de 160 países celebran la Navidad. Los cubanos, creyentes o no, también tienen razones para celebrar.

Para empezar, en esta fecha de 1725  nació Esteban Salas, sacerdote y compositor de música religiosa. Según Alejo Carpentier, Salas es el compositor cubano de música clásica más antiguo del que se hayan rescatado obras. Si necesitamos otra razón para celebrar el día, en 1926 nació Enrique Jorrín, el creador del chachachá. Casi podríamos decir que La Engañadora es una canción de Navidad.

Si esto no le convence de celebrar este día, porque no es usted una persona religiosa y no piensa gastar en regalos por una festividad impulsada por tiendas de países desarrollados, páselo con su familia. El regalo de Juan Pablo II a todos los cubanos en 1998 fue  el 25 de diciembre como día feriado… y después de un año de coyuntura, bien que lo merecemos. Feliz Navidad o 25 de Diciembre, como quieran llamarle, pero páselo bien con los suyos. Ya nos veremos con nuevos textos y nuevos autores en el 2020.

Las esperanzas y frustraciones del 2019

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esperanzas
Entre lo más sonado en los medios estatales estuvo la reanimación del servicio de trenes de pasajeros nacionales con mayor confort y puntualidad. Foto: Cadena Agramonte

Bajo la impronta del proceso de discusión de lo que sería nuestra constitución desde el 24 de febrero último, el 2019 se anunciaba como un año en que podríamos avanzar en construir una mejor nación.

Si bien se había anticipado un pobre crecimiento económico, quedaba la esperanza –certeza en algunos—, de que al fin se comenzarían a implementar los cambios estructurales que destrabarían el desarrollo de las fuerzas productivas; y con ello pudiera avanzarse en la creación de un mercado mayorista, la descentralización de la gestión empresarial, la creación de PYMES, la eliminación de la dualidad monetaria y una  menor imposición de aranceles a productos deficitarios en el país para incentivar su importación y comercialización minorista en la Isla por privados, ya que por el bloqueo a las empresas estatales se les dificulta su adquisición. Nada de eso ocurrió.

La prensa oficial, con su acostumbrado triunfalismo, se hizo eco del anuncio gubernamental del aumento salarial para el sector presupuestario. Nos tildó de derrotistas y agoreros –las más suaves calificaciones— a los que advertimos que aumentarían los precios en los mercados privado e informal, y se mantendría o disminuiría el ya precario nivel adquisitivo de los trabajadores. Hubo preclaras comparecencias de nuestros dirigentes en los medios. Llamados a la conciencia. Creación de comisiones de control.

Hermosos y enardecidos discursos que a más de uno emocionaron, pero el pasaje en camiones de Manzanillo a Bayamo, por ejemplo, casi se duplicó con la anuencia del Consejo de la Administración de Granma, lo mismo el de los camiones que hacen la ruta desde las ciudades orientales a La Habana. Los alimentos elaborados han aumentado su costo hasta en un 80 porciento en la mayoría de las capitales provinciales del país. Las viandas y vegetales se venden a los precios ya altos de los últimos años en los mercados estatales, o a la vista de los inspectores, pero en la cotidianidad, esa cotidianidad imposible de inspeccionar y supervisar, casi se han duplicado en algunos casos.

El aumento del salario al sector presupuestario, sin el adecuado respaldo económico y productivo, trajo –como también se advirtió a tiempo—, otro “daño colateral”. Las unidades presupuestadas de la salud y la educación, fundamentalmente, al no contar con un aumento del financiamiento para enfrentar el aumento salarial, lo hicieron a costa de disminuir el gasto en otras actividades ajustados al anatema de “hacer más con menos”.

Tal estrategia, combinada con la crisis de combustible trajo consigo que la Universidad Médica de Granma y la Unidad Presupuestada de Educación en Manzanillo, no tuvieran fondos para comprar leña de marabú que se produce suficiente en el municipio y estén cocinando con postes eléctricos en desuso o árboles que talan en los alrededores de sus instalaciones. Ahora mismo la Universidad Médica de Granma tiene una deuda de miles de pesos con algunos de sus proveedores. Solo una muestra de que el monto de las cuentas por cobrar en los sectores empresarial y presupuestario continua siendo espeluznante.

Entre lo más sonado en los medios estatales estuvo la reanimación del servicio de trenes de pasajeros nacionales con mayor confort y puntualidad. Durante la primera semana, incluso, fueron sustituidos directivos de la entidad dedicada a la puesta a punto de las formaciones lo que parecía un claro mensaje de que el gobierno no estaría dispuesto a tolerar la habitual falta de eficiencia en el sector. Aunque el confort se ha mantenido, seis meses después, la pasada semana, todas las formaciones llegaron con sensibles atrasos a sus destinos por disímiles causas.

Los pasajeros se siguen quejando de la obligatoriedad de consumir una sola merienda sin elección posible y de la prohibición de bajar de los coches en estaciones intermedias a realizar otras compras lo cual demuestra que sí, han mejorado los coches, pero no la mentalidad de los empresarios que limitan los derechos de sus clientes en aras de una supuesta organización.

El modo en que nuestra prensa y las redes reflejaron la respuesta social a la crisis del combustible provocada –según la versión gubernamental— por el asedio de la administración de los Estados Unidos al abastecimiento de la Isla, auguraba la consagración de manifestaciones de los mejores valores de la nación cubana. Vimos el hecho inédito de que los autos de la administración central del Estado, incluso los de la presidencia, se detuvieran en las paradas a recoger a los humildes de la Patria.

Ya habíamos tenido una avanzadilla de esos valores con la solidaridad espontánea de miles de cubanos, de dentro y fuera de la Isla, luego del paso de un tornado devastador por varios municipios de La Habana, la cual contribuyó moralmente a que el gobierno y el empresariado lograran un grado de eficiencia pocas veces visto en Cuba, en la reconstrucción de los inmuebles y la atención a los damnificados. Sin embargo, el propio Presidente de la República ha reconocido ante la Asamblea Nacional que, una vez superado el peor momento de la crisis del combustible, vuelven a manifestarse rasgos de individualismo, egoísmo y desidia, lo cual desafortunadamente parece ser la normalidad.

En mi opinión, el 2019 ha sido un año de grandes esperanzas y de mayores frustraciones al menos, para los que pensábamos que los cambios socioeconómicos que el país precisa, comenzarían a producirse. Nada como la apertura de las tiendas en MLC –hoy mismo desabastecidas en todas las provincias donde se abrieron, al cabo de menos de dos meses—, para ilustrar esa frustración, ese paso atrás. El Ministro de Economía ha declarado que son el bloqueo y la administración de Trump quienes entorpecen las reformas que casi todos sabemos que hay que hacer, pero que no acabamos de implementar.

Sería yo un completo irresponsable si soslayara la hostilidad imperialista, pero: ¿Y nuestra propia responsabilidad? ¿Y nuestra asertividad? ¿Y nuestra capacidad de autocriticarnos y auto-perfeccionarnos? Porque quitar el bloqueo no está en manos de los cubanos ni de nuestro gobierno, pero eliminar de una buena vez nuestra lentitud, nuestra incoherencia, nuestra indecisión y nuestra ineficiencia, sí.

La crisálida y la mariposa

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Para que la propiedad privada pueda llegar a ser social, tiene que pasar ineludiblemente por la estatalización. Foto: El País

Lo que ha ocurrido con la propiedad estatal en los gobiernos de vocación socialista es algo a lo que vale la pena volver una y otra vez. Lo primero es que es absurdo nacionalizar como un acto de fe exorcista que exige destruir el viejo sistema productivo para luego intentar elevar la producción por vías que brotarían de alguna idea luminosa de los líderes, mediante el viejo sistema de prueba/error que se usa en los juegos de azar.

Desde lo simbólico, el peligro radica en que el sentido de propiedad socialista tiende a esfumarse cuando la propiedad es de todo el pueblo, pero su forma de gestión y la apropiación de sus resultados permanecen en manos de una casta burocrática. Más aún si se pretende explotar la fuerza de trabajo de los obreros con una elevada intensidad, limitar sus derechos laborales y pagarles bajos salarios.

En ese sentido ya Trotsky había criticado a los que alimentaban el mito de la propiedad estatal como forma socialista por el solo hecho de mantener estatizada la propiedad y afirmó:

Para que la propiedad privada pueda llegar a ser social, tiene que pasar ineludiblemente por la estatalización, del mismo modo que la oruga para transformarse en mariposa tiene que pasar por la crisálida. Pero la crisálida no es una mariposa. Miríadas de crisálidas perecen antes de ser mariposas. La propiedad del Estado no es la de “todo el pueblo” más que en la medida en que desaparecen los privilegios y las distinciones sociales y en que, en consecuencia, el Estado pierde su razón de ser. Dicho de otra manera: la propiedad del Estado se hace socialista a medida que deja de ser propiedad del Estado.[1]

Que la propiedad sea estatal puede significar mucho, o poco para las clases trabajadoras. La cuestión principal es la de quien detenta el poder de hecho, no de derecho; o sea, en manos de quien se encuentra realmente esa propiedad estatizada. Es esto lo que determina las relaciones económicas y sociales y no la forma jurídica o legal que puedan presentar. En la práctica los altos burócratas se han convertido en los propietarios plenos, mientras que los restantes ciudadanos solo lo son parcialmente.

Los medios de producción pueden hallarse estatizados y seguir actuando como capital, por lo que continuarían rigiendo las leyes económicas del capitalismo, basadas en la extracción de la plusvalía máxima a los trabajadores, con una forma estatal. Frente a esto los trabajadores han aplicado fórmulas de resistencia a partir de las ventajas que les brinda su condición de productores directos, algo que la burocracia no les puede enajenar. Surge así la economía parti-estal  basada en la utilización de los medios de producción estatales en producciones particulares; el hurto de instrumentos de trabajo y materias primas y el desvío de productos terminados hacia la economía sumergida.

No obstante, la grave situación que existe con la falta de estimulación al trabajo mediante el salario es el factor que más afecta al sentido de propiedad en la economía estatal cubana. A esto se suman los relativamente elevados precios de los alimentos que diluyen el salario en las manos de los trabajadores y los obligan a buscar fuentes alternativas de recursos. De ahí la enorme proporción del ingreso familiar que se gasta en el pago de los alimentos, rasgo típico de sociedades pobres y atrasadas.

El sentido de propiedad socialista en Cuba quedó aun más en entredicho en los años 90, al llegar el capitalismo de Estado. Aunque en el discurso oficial nunca sea mencionado con ese nombre, sino por el de sus formas (empresas mixtas, asociaciones de capital, concesiones), esa mixtura entre propiedad estatal y capital trasnacional no puede catalogarse de otra forma.

Con el tiempo, Estado y monopolios extranjeros han estrechado su relación hasta llegar a conformar un extraño dúo que ya no parece ser de compañeros de viaje, sino de hermanos siameses. Un peligro para el futuro de la Revolución que se puede convertir en su contrario desde arriba.

El crecimiento del capitalismo de Estado ha puesto aún más en crisis el sentido socialista de propiedad sobre todo en la rama donde más trabajadores emplea: la del turismo, por cuanto en ella la retribución depende en gran medida de propinas, estimulaciones en divisas y posibilidades de resolver productos para revender en el mercado negro, que de una verdadera realización del individuo como trabajador socialista mediante el salario.

En las condiciones existentes de predominio burocrático, la enajenación de los trabajadores respecto a los medios de producción no es una cuestión que se resuelva con lineamientos generales, derechos constitucionales o un nuevo discurso político. Se requieren transformaciones en las relaciones de producción socialistas que conduzcan a desbancar de sus posiciones de privilegio a los actuales burócratas de nivel medio y alto, que hoy se alzan sobre los hombres y mujeres de a pie.

En la actualidad, la situación es más preocupante aún, pues la Constitución del 2019 permite el paso de los medios de producción de una forma de propiedad a otra. Por tanto, es muy importante que se hagan públicas todas las transacciones de ese tipo ya que solo así se podrá evitar que la burocracia comience a apoderarse de importantes espacios del sector público amparados por el secreto y la desinformación que tanto protegen por supuestas razones de seguridad nacional.

Solo una mayor participación real y efectiva de los trabajadores en las empresas estatales, descentralización económica y empoderamiento de los colectivos laborales contribuirán a la  conversión de la deforme crisálida estatal en la mariposa socialista: la propiedad común de los productores libres asociados.

[1] La revolución traicionada. Cap. IX. “Qué es la URSS?”, epígrafe. 1. ‘Relaciones sociales’.

Should we make the path by walking?

2
path

If poet Antonio Machado had known how much nonsense would be justified with his lovely verse, he might not have written it. Not because creating has ceased to be the word of order for revolutionaries and reformists, but because in order to do so one has to think responsibly, and weigh all possible alternatives before putting everyone’s capital and the future of present and future generations at risk.

When Che Guevara took on leadership functions in the Cuban economy, far from just improvising, he devoted himself to studying the newest and most effective experiences of capitalism, and decided to start with the high level of socialization reached by its leading sector: American monopolies. At the same time, he refused to accept the application of the obsolete Soviet economic calculation, which copied the mechanism of companies in the old, barely concentrated and centralized free-competition capitalism. About that he clearly stated:

On the technical side, our system [referring to the budget financing system he advocated from the Ministry of Industry] tries to take the most advanced elements from the capitalists, and should therefore tend to centralization. This centralization is not an absolute; to do it with intelligence, one must work within the framework of possibilities. One could say: to centralize as much as possibilities allow; that’s what guides our action. This permits a saving of administration, of workforce; it permits a more efficient use of equipment by limiting ourselves to known techniques. It’s not possible to have a shoe factory which, set up in Havana, should send the product to the whole republic, because there’s a transportation issue involved. The use of the factory, its optimal size, is determined by the technical-economic elements of analysis (…) We cannot have a General Motors with more employees than all the workers of the Ministry of Industry put together, but we can have an organization –and in fact we do– that’s similar to that of General Motors.[1]

After years of idealist experimentation (1965-1970), devoted to an accelerated construction of communism, the country was economically bankrupt. In addition to huge expenses for defense against external and internal aggression, came the losses related to improvisation: the abandonment of monetary-commercial relations, accounting records and material incentives; the elimination of all sorts of small and medium private businesses, and the attempt to complete an immense sugar harvest that would provide us with funds for development.

At the time (1971) the alliance with the USSR and the Council for Mutual Economic Assistance (Comecon) came as an only hope. From that moment, a new industrialization period was started, which was born contaminated with gigantism, dependence on imported raw materials and the use of wasteful and environmentally unsafe technologies. The productive linkages within the Cuban economy were replaced by external ones in the so-called socialist division of work.

In the early 1990s, after the crumbling of that world which was never really socialist, our economy was left like a painter whose ladder breaks: hanging from the brush. However, Cuba’s will of resistance soon yielded results. After the terrible years of 1991-1994, a package of liberalizing measures was applied to reanimate the productive forces –opening up foreign investment, increasing tourism, decriminalizing the dollar–, which reached its peak in 1997, but since 1998 we entered a recessionary phase that, as a general trend, still lasts to this day.[2]

Since then, numerous proposals have been made to continue with reforms, but in spite of the wide existing consensus about doing so –both among specialists and in society– the bureaucratic machinery, fearful that continuing transformations might endanger their system of domination, has put off once and again their application, even though they are set out in the approved guiding documents: Guidelines, Conceptualization and 2030 Plan.

Thus, far from carrying on with the process of handing over idle government-owned farmland to private producers and cooperatives, this has been stopped, because companies are not giving up the million non-producing hectares under their control. Gastronomy, commerce and services –not included among the fundamental means of production– are still confined to municipal enterprises which are undercapitalized and devoid of resources, while their raw materials are inexorably funneled toward the underground economy and small independent businesses.

The improvement of salaries in companies is done by means of a much-questioned system of payment for results, unheard of in any country, the general reform of prices and wages is on hold until the twelfth of never, and monetary unification is substituted by multiplication with the reappearance of the dollar in the domestic market. Meanwhile, the ineffective government stock system still runs rampant in agriculture, wholesale commerce for small businesses fails to materialize, and nobody even speak anymore of the Law of Trade and the authorization of SMEs.

Cuba has the most precious resource in the world: the talent, education and creativity of its workforce. The important thing is deciding first where we want to go and what to do to get there, as Varela taught us. It’s not about making the path by walking, but about charting the course in our minds –allowing for the blockade and climate change– and then covering it with a firm and confident step.

[1] E. Guevara: “Algunas reflexiones sobre la transición socialista” (‘Some thoughts on socialist transition’, fragment of a letter to Fidel from April 1965), in Mis sueños no tendrán fronteras (My dreams shall have no borders), p.102. Emphasis added.

[2] Vidal, Pável and Annia Fundora: Tendencia y Ciclos en el Producto Interno Bruto de Cuba: Estimación con un Modelo Estructural Univariante de Series Temporales (Trend and Cycles in the Gross Domestic Product of Cuba: Estimation with a Single-Variant Structural Model of Temporal Series). University of Havana, 2004.

(Translated from the original)