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The left-wing enemy

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Photo: CNN-Ñ

On March 5, 2019, Bernie Sanders was obliged to register as a member of the US Democratic Party, one of the many obstacles to his candidacy. On that same day, Fox News celebrated the attacks launched on him by Hillary Clinton’s team. And first thing in the morning, the official medium of the Communist Party of Cuba accused him of being an obedient pawn of his country’s power elites, who would usher an ‘imperialist social democracy’. Bernie managed something difficult: uniting against him the Republican, the Democratic and at least part of the Cuban establishment.

If anticommunism has defined the identity of the Cuban exiles, the struggle against the United States defines the history of the Revolution. Resorting to a common enemy as a means of achieving national unity is a usual feature of authoritarian regimes, but in the case of Cuba it’s also a reality. Six decades of sanctions and harassment explain the defensive mentality in the island. But recognizing an adversary is one thing, and the hysteria promoted by the advocates of official thought is a whole different one.

The ghost of Obama’s visit haunts Cuban ideologues. In March 2016, a black President arrived in the Caribbean island, younger than the local leaders, better at communicating, well-advised by his team, unafraid to refer to past mistakes, and accompanied by his family. As he left, there were strong reactions in the press to remind the people who the enemy was. The Ministry of Foreign Relations even highlighted the event on TV as an ‘assault’ on national values, while institutionally describing the visit as a success. If the moderate Obama challenged the stereotypical image of him that the Cuban State sold its people, the idea of a socialist President in the US must give them plenty of restless nights.

Radical ideologues find Trump more convenient than Bernie Sanders

Last year’s text in Granma –a must-read for whoever studies party media–, highlighted ‘signs’ indicating that Sanders aspired to become President of the United States. Maybe the first clue for the author was his 2016 candidacy, or that one month earlier American media announced his new campaign for 2020. It wasn’t exactly smoke signals. The text is authored by Luis Toledo Sande, who must be very sharp in his analysis to have access to a mass medium that’s beyond the reach of most Cubans specializing in international relations.

Bernie is not even close to the presidency. Most Democratic voters have yet to declare for their candidate, and Bernie himself is yet to battle Trump, but one year ago Granma denounced him and socialist congresswoman Alexandria Ocasio-Cortez. The newspaper of the ruling party in an island under US sanctions decided from the start of the presidential race to rant and rave against the most progressive candidate in that country. This could be difficult to understand, if there wasn’t an obvious intention to remind the Cuban people once again that the enemy is whoever ‘the ones who know’ decide, whether he is a socialist or not.

If the progressive miracle happens, and Sanders wins the presidency and improves the bilateral relations, the Cuban government would be tested. Proposed reforms should be implemented, social complaints should be heard and the country’s administrators should have to show efficiency. In practice, it’s more likely that they will devote that energy to denouncing siren calls, centrists with a sheepskin and members of the fifth column who try to confuse the innocent people. There will be a new campaign, with adjectives and labels to persecute the non-government actors who support the improvement of relations. They will dust off the Soviet literature against European social democracy and they will proclaim faith in the people while they limit their access to forbidden texts. It’s so predictable.

Nothing coming from the United States will pass the mandatory purity tests of the Party

There’s little mention in Cuba already of Fidel Castro’s speech where he announced that the destruction of socialism would come from within. There are no calls to criticism or to changes in mentality. All that didn’t end with Trump, but much earlier, when citizen’s participation was again interpreted as giving ammunition to the enemy.

Of course, Granma’s editors cannot be fooled by Sanders. Toledo Sande calls him Bernard, because, to him, shortening the name of a 78-year-old socialist Jew seems dangerous. As his text published by the Party reads: ‘Sanders will do what the leading figures of the empire allow him or order him to do. And he will probably feel satisfied with that.’ Maybe that’s why, on Sunday night, Bernie Sanders praised the Cuban educational system, and just last night the literacy campaign, comments which may cost him the Democratic candidacy. It must be a plot ordered by the leading figures of the empire. So far, Bernard is not the candidate that the Democratic establishment, the Republican establishment, or the most radical ideologues in Havana want, but he already leads. Yes, he probably feels quite satisfied.

(Translated from the original)

Los intelectuales orgánicos de hoy

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Pocos pensadores han insistido tanto en el papel de los intelectuales en la sociedad como el italiano Antonio Gramsci. Su concepto del intelectual orgánico es citado en los debates actuales por tirios y troyanos. Pero en este, como en muchos otros temas, la falta de lecturas del clásico y de sus estudiosos fieles hace que la confusión reine, para beneplácito de los que solo consideran como tales a aquellos que les son fieles, dóciles y confiables.

En síntesis, Gramsci sostenía que todos los seres humanos son intelectuales por tener la capacidad de pensar y crear según su voluntad, solo determinada por las circunstancias de la vida de cada uno. No obstante, precisaba que siempre aparece un sector que, dentro de la división social del trabajo, se especializa solo en labores intelectuales y por eso reciben ese nombre. Por la naturaleza de su labor se tornan una especie de conciencia crítica de la sociedad.

La mayoría lo hace a partir de sus propios intereses, motivaciones, preferencias y talento para la creación artística y científica, y de eso viven con mayor o menor fortuna. A esos los llama intelectuales tradicionales. Mas, hay un pequeño grupo que pone su talento al servicio de determinadas clases y grupos sociales y refleja sus intereses y objetivos en sus obras de manera militante. Esos son los intelectuales orgánicos.

Casi todos ellos son representantes fieles de las clases hegemónicas y, como el buey del conocido poema martiano “Yugo y estrella”, reciben por ello “rica y ancha avena”. Son las migajas que los grupos de poder les dejan caer para que cumplan con el lamentable papel que les han conferido: convencer, una y otra vez, a las masas populares de que viven el mejor de los mundos y que deben obedecer,  adaptarse, e incluso aprender a disfrutar de su situación subordinada y explotada.

Esclavistas, señores feudales, capitalistas y burócratas socialistas han tejido su red de intelectuales orgánicos que les permitan ejercer la violencia simbólica sobre los sectores hegemonizados. Al mismo tiempo, han existido siempre otros intelectuales que han decidido poner su pensamiento y capacidad creadora al servicio de los humildes y acompañarlos en su eterna lucha por la justicia, libertad y fraternidad universales.

En Cuba han sido muchos los que han optado por la “estrella que ilumina y mata” –como diría Martí en el poema citado?. Abogados, periodistas, profesores, médicos, escritores, ingenieros, poetas, filósofos, artistas de todo tipo, han asumido este rol que los ha llevado, en muchas ocasiones, al martirio y la ruina. Son los que nunca han metido la cabeza en la arena ante los problemas sociales, ni han abandonado su función de conciencia crítica por cobardía o ambición.

Martí les enseñó el camino al afirmar: “¿criticar qué es, sino ejercer el criterio?”[1] Y como defendía la necesidad de la crítica social observaba con júbilo: “en los cubanos de todas condiciones y colores, aquella laboriosidad tenaz, aquella crítica vehemente, aquel ejercicio de sí propio, aquel decoro inquieto por donde se preservan y salvan las repúblicas”.[2]

En las condiciones actuales de Cuba, algunos intelectuales limitan su deber crítico  frente a los asuntos cruciales por el temor a perder sus prebendas. Otros se acogen a la autocensura con el pretexto de que sus críticas debilitarían la unidad de la Revolución ante las acechanzas del enemigo imperialista y sus lacayos y se agencian temas insípidos y neutrales que no pican a nadie importante. Son los intelectuales tradicionales de hoy.

Con el tiempo, los intelectuales orgánicos cubanos del presente se van delineando en dos campos encontrados. De un lado están los que defienden cualquier postura, decisión o medida que se tome por la burocracia hegemónica, aun cuando los lleve a defender posiciones que hasta ayer atacaban sin misericordia. Del otro están los que, desde dentro de la Revolución, plantean y argumentan sus ideas públicamente, con total honestidad y transparencia y las someten a la opinión pública, cada vez más inquieta y participativa.

Para  valorar a unos y otros valdría la pena retomar las ideas del Maestro: “Brazos de hermano se ha de tender a los hombres activos y sinceros, que son la única crítica eficaz y la única honrosa en las sociedades que padecen de escasez de verdad y de energía”.[3]

[1] “Estudios críticos, por Rafael Merchán”. OC. T5, p.116.

[2] “Discurso en conmemoración del 10 de Octubre”, Hardman Hall, New York, 10 de octubre de 1891. OC. T4, p.264.

[3] “La Verdad”. OC. T5, p.57.

Turismo y arquitectura en Cuba

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Las grandes edificaciones de fachadas acristaladas muy comunes en geografías de climas templados, se ha demostrado científicamente que no son apropiadas para el nuestro.

El domingo presupone según las diversas tradiciones un día soleado, feriado, festivo, familiar, sin preocupaciones. Así debería ser. Pero me llega un artículo sobre las nuevas inversiones hoteleras en el Caribe, donde Cuba ocupa el tercer lugar, y podría ser una noticia halagüeña de domingo. Sin embargo, las imágenes que la acompañan, ensombrecen la noticia, y mi domingo.

Los arquitectos cubanos –principalmente— clamamos por una reivindicación de nuestros derechos profesionales –que son derechos ciudadanos— de que no se nos continúe excluyendo discriminatoriamente del diseño de los nuevos proyectos hoteleros en Cuba, principal programa inversionista del país que da visibilidad a la Arquitectura.

Por 20 años los diseños de los nuevos hoteles en el turismo de Cuba han sido aportados por el socio francés del Grupo de Administración de Empresas S.A. del MINFAR la importante empresa constructora francesa Bouygues Batiment International.

Durante esos mismos 20 años, los más talentosos, expertos, jóvenes en crecimiento profesional, nuevos recién graduados arquitectos cubanos, ni han sido elegidos, ni convocados a concurso abierto o cerrado para proponer y decidir el diseño de un nuevo hotel.

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Maqueta 3D Hotel 5 Estrellas Plus. Santiago de Cuba

Ninguna instancia de gobierno en Cuba responsabilizada con el hecho de que se formen arquitectos en Cuba para luego limitarles su ejercicio y aporte profesional a su propio país, han dado razones oficiales. Cuando medimos desmotivación y éxodo, ahí incuestionablemente radica una causa.

De repente, quizás por una conducción política particular en Santiago de Cuba, salió a la luz pública la noticia de que el mayor hotel de lujo en Cuba se construirá en esa ciudad, noticia acompañada de las primeras imágenes del diseño. Para sorpresa, este lujoso nuevo hotel en la simbólica ciudad rebelde, responde a un diseño propuesto y aprobado a un equipo de arquitectos proyectistas cubanos de la empresa de diseño santiaguera, dirigido por Cesar Garrido.

En su momento –pueden hallarse en mis publicaciones anteriores— dediqué varios espacios comentados a lo que se conoce en el ámbito de la Arquitectura como MIMETISMO o reproducción de determinados objetos o sujetos tomados como referencia de la realidad para expresarlos en un edificio a través de la incorporación formal de su imagen a semejanza.

Tal es el caso de este nuevo diseño, cuya expresión asume y nos presenta como imagen la Bandera Cubana, uno de nuestros mayores símbolos patrios.

La crítica especializada es un ejercicio complejo y de un componente subjetivo polémico y cuestionable. Mas no por ello debemos privarnos de ella, como recurso de conocimiento y mejora.

No soy un crítico de la arquitectura, mi principal desempeño ha sido precisamente en el ámbito del diseño arquitectónico, incluyendo varias instalaciones hoteleras en Cuba. Pero desde la sensibilidad que nos va trasmitiendo la vivencia del proceso creativo, y desde el aprendizaje permanente que nos impone el ejercicio de la Arquitectura, deseo compartir dos criterios básicos sobre este proyecto:

La buena Arquitectura Cubana, siendo inspirada en las más diversas tendencias y estilos del momento en el mundo, nos ha legado un patrimonio construido de gran versatilidad, originalidad y autenticidad. Quizás el deseo de afianzar un genuino sentimiento patriótico, condujo a utilizar la bandera como motivo, y es válido. Pero su reproducción mimética y duplicada nos lleva a cuestionarnos sobre los valores de esa propuesta.

En nuestro clima, desde la época colonial, la arquitectura y construcciones en general, han contado con un componente indispensable de adaptabilidad climática como vía y garantía del confort habitable. De esa tradición heredada de España nos llegaron los patios interiores, por ejemplo, a los que se sumaron galerías y portales, persianería y profusos aleros, el uso de celosías y brise-soleils, la ruptura de la volumetría pura con entrantes y salientes, siempre buscando la sombra y el fresco.

Las grandes edificaciones de fachadas acristaladas muy comunes en geografías de climas templados, se ha demostrado científicamente que no son apropiadas para el nuestro. La carga térmica que deberán contrarrestar el tipo de vidrio muy costoso que se emplee, y la carga de aire acondicionado que requerirá producir, también crean un criterio de cuestionamiento bioclimático, energético, económico y de sostenibilidad.

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Maqueta 3D Hotel 5 Estrellas Plus. Santiago de Cuba

Puedo estar equivocado, pero creo útil exponerlo.

Y una de las razones, es precisamente la que subyace en la cuestión: la ausencia de concursos de ideas donde los arquitectos cubanos –y extranjeros— puedan confrontar –como es práctica habitual en el mundo— la valía y excelencia de diversas propuestas de diseño.

En la posibilidad continuada de la práctica profesional y en su confrontación, se basa el desarrollo del talento y del oficio técnico-creativo, que tanto necesita Cuba.

La transparencia

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Foto: RTVE

Desde la Antigüedad se ha discutido mucho sobre cuáles deben ser las características de un buen gobierno. Los filósofos y pensadores han debatido sobre la experiencia de las monarquías, tiranías, aristocracias, oligarquías, democracias, repúblicas, etc. Todavía hoy existe polémica alrededor de estos asuntos. Sin embargo, existe bastante consenso sobre la importancia fundamental de una de las prácticas que nos ha legado la tradición: la rendición de cuentas de los gobernantes hacia los gobernados.

En la Atenas del período clásico, esa rendición de cuentas se hacía frente a la Asamblea, donde Pericles ponía su gestión de gobierno bajo el escrutinio de todos los ciudadanos. En la actualidad, en los sistemas parlamentarios representativos, los jefes de Estado informan sobre su gestión al Parlamento; pero esa no es la única manera en que se efectúa el control democrático. Bajo el principio de la transparencia, muchos gobiernos del mundo hacen pública la información sobre cómo se ejecuta el presupuesto, incluso en los detalles.

Con el auge de las nuevas tecnologías de la informática y las telecomunicaciones, se han creado condiciones para que la transparencia sea más efectiva que nunca. En algunos países, por ejemplo Alemania, es posible acceder desde la web a los presupuestos oficiales, y ver de qué manera se utiliza el dinero de los contribuyentes. De ese modo, no solo se aplica el principio de Gobierno Electrónico, sino también el de Gobierno Abierto.

Los movimientos socialistas, desde el siglo XIX, fueron pioneros en la lucha por la democracia en Occidente, y los primeros en aplicar muchas de las experiencias de rendición de cuentas heredadas de la Antigüedad. La Comuna de París fue un experimento de autogobierno popular, en la cual se aplicaron esos principios. La rendición de cuentas fue también una parte fundamental en la experiencia de gobierno de los soviets, en los primeros momentos de la Revolución Rusa, y como tal quedó plasmada en la primera constitución soviética.

Marx, al describir someramente la clase de Estado que debía existir durante el período de transición, planteó que este debía dejar de ser un ente que se colocaba por encima de la sociedad para ponerse al servicio de la sociedad. Desgraciadamente, la historia de los sistemas políticos de inspiración comunista en el siglo XX, deja un saldo negativo en ese sentido. Por muchos motivos, el autogobierno popular fue sustituido por el gobierno de los iluminados de vanguardia, y la rendición de cuentas se convirtió en un ritual vacío de contenido.

Como parte de la instauración del modelo de socialismo burocrático de Estado, proceso que he explicado en otros artículos, desapareció la consciencia de la importancia del control popular. Desafortunadamente, a ello también contribuyó la violenta reacción de los países imperialistas, cuyos ataques al socialismo desde la misma cuna condicionaron que este tuviera que crecer con una lógica militarista. El estado de guerra permanente, que se hizo preponderante durante la Guerra Fría, favoreció el ascenso de la razón de Estado, y del secreto de Estado, como herramientas fundamentales.

En Cuba, aunque hemos sufrido una variante de socialismo de Estado mucho menos inhumana que las que se han conocido en otras latitudes, heredamos el mismo problema del uso abusivo de la lógica de la vanguardia, y del vaciamiento de contenido de las rendiciones de cuenta. La Guerra Fría fue la escuela de nuestro sistema político, durante la cual se naturalizó la idea de que el secreto de Estado era algo necesario, fundamental, para evitar que el enemigo pudiera vencernos.

En 2019, con mucho tiempo de retraso si tenemos en cuenta que los reclamos de la sociedad cubana en este sentido se hicieron muy claros desde el cuarto congreso del Partido en 1991, la nueva Constitución ha traído cambios importantes. La palabra transparencia aparece por primera vez, y queda mandatada su transformación en Ley. De modo coherente, el cronograma legislativo aprobado el pasado diciembre, pone en el calendario la aprobación de una Ley de Transparencia y Acceso a la Información para julio de 2021. A primera vista, parece el reconocimiento de la necesidad de un cambio de paradigma en la manera en que hasta ahora se ha concebido la relación entre el Estado y la ciudadanía en nuestro socialismo.

Existen muchas señales alentadoras. De la mano del presidente Miguel Díaz-Canel, han aparecido en el discurso político del más alto nivel las categorías de transparencia, control popular y gobierno electrónico. Sin embargo, el cambio de paradigma no termina de plasmarse, y eso se ve tanto en normativas como la Ley Electoral, como en la inercia en la actuación de los funcionarios públicos. Hasta cierto punto es comprensible que sea así, dadas las dificultades que se presentan en el campo económico, pero no deja de ser desasosegador.

Un momento que podría marcar el cambio de paradigma podría ser la aprobación de una Ley de Transparencia realmente profunda, que se combine con la idea del gobierno electrónico para llegar hasta el gobierno abierto. Dos decretos leyes de este año parecen ir preparando el camino en esa dirección, el Perfeccionamiento del Sistema de Gestión Documental y Archivo –previsto para este mes de febrero—, y el Para perfeccionar el sistema de información de Gobierno –previsto para el mes de abril—. Solo queda esperar para conocer el alcance que tendrán en definitiva estas normas.

Vale la pena soñar con un socialismo diferente, asentado sobre el control popular, la participación real y la transparencia. Si llegáramos a él, podríamos mirar hacia atrás, a nuestro socialismo de Guerra Fría, y decir: fue una época compleja, en la que se lograron grandes cosas, pero en la que se le otorgó una confianza a los dirigentes que no es saludable; sin tener que renunciar a nuestra historia, a nuestro proyecto de superación del capitalismo, hemos puesto nuestra sociedad sobre mejores bases. ¿Estaremos allí alguna vez?

El enemigo de izquierda

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Foto: Joe Raedle / Getty Images

El 5 de marzo de 2019 Bernie Sanders era obligado a registrarse como miembro del Partido Demócrata en Estados Unidos, uno de los muchos obstáculos a su candidatura. Ese mismo día, Fox News celebraba los ataques que le hacía el equipo de Hillary Clinton. Y a primera hora de la  mañana, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba lo acusaba de peón obediente a las élites de su país, que traería una “socialdemocracia imperialista”. Bernie logró algo difícil: poner de acuerdo en su contra al establishment republicano, el demócrata y al menos una parte del cubano.

Si el anticomunismo ha definido la identidad del exilio cubano, la lucha contra Estados Unidos define la historia de la revolución. Apelar a un enemigo común como recurso de unidad nacional es una característica habitual en gobiernos autoritarios, pero en el caso de Cuba también es una realidad. Seis décadas de sanciones y acoso explican la mentalidad defensiva en la isla. Pero una cosa es reconocer a un adversario y otra es la histeria promovida por los becarios del pensamiento oficial.

El fantasma de la visita de Obama persigue a los ideólogos cubanos. En marzo de 2016 llegó a la isla caribeña un presidente negro, más joven que los líderes locales, mejor comunicador, bien asesorado por su equipo, sin temor a referirse a errores pasados y acompañado de su familia. A su salida hubo reacciones airadas en la prensa para recordarle al pueblo quién era el enemigo, incluso el Ministro de Relaciones Exteriores citó el hecho en televisión como un “asalto” a los valores nacionales, mientras su institución calificaba como un éxito la visita. Si el moderado Obama puso en jaque la imagen estereotipada que vendió el Estado cubano al pueblo sobre su persona, la idea de un presidente socialista en Estados Unidos debe perseguirlos en las noches.

A los ideólogos radicales les conviene más Trump que Bernie Sanders.

El texto de Granma el año pasado, imperdible para quienes estudian los medios partidistas, destaca “indicios” de que Sanders aspira a la presidencia de Estados Unidos. Quizás la primera pista del autor haya sido su candidatura en el 2016, o que un mes antes los medios estadounidenses anunciaron su nueva campaña para el 2020, las señales no eran precisamente de humo. Las líneas son autoría de Luis Toledo Sande, que debe ser muy agudo en sus análisis para tener acceso a un medio masivo que está fuera del alcance para la mayoría de los cubanos expertos en relaciones internacionales.

Bernie ni siquiera está cerca de la presidencia. La mayoría de los votantes demócratas aún no han declarado su candidato ni este ha tenido que batirse con Trump, y desde hace un año el Granma lo denunció a él y la congresista socialista Alexandria Ocasio-Cortez. El periódico del partido gobernante de una isla sancionada por Estados Unidos, decide en la arrancada presidencial despotricar contra el candidato más progresista de ese país. Costaría entenderlo si no fuera obvia la intención de recordarle una vez más al pueblo cubano, que el enemigo es quien designen “los que saben”, sea socialista o no.

Si ocurre el milagro progresista, Sanders llega a la presidencia y mejora la relación bilateral, se pondría a prueba el gobierno cubano. Las reformas pospuestas deberían implementarse, los reclamos sociales ser escuchados y quienes administran el país tendrían que mostrar eficiencia. En la práctica, es más posible que dediquen esa energía a denunciar los cantos de sirena, a los centristas con piel de oveja y los quinta columna que confunden al pueblo inocente. Habrá una nueva campaña, adjetivos y etiquetas para perseguir a los actores no gubernamentales que apoyen la mejoría en las relaciones. Se desempolvará la literatura soviética contra la socialdemocracia europea y se proclamará fe en el pueblo mientras se le limita el acceso a lecturas prohibidas. Es tan predecible.

Nada que venga de Estados Unidos será suficiente a los exámenes de pureza que exige el Partido.

Ya en Cuba se menciona poco el discurso de Fidel Castro donde aunciaba que la destrucción del socialismo vendría de adentro. No hay convocatorias a la crítica o cambiar de mentalidad. Todo eso no se acabó con Trump sino mucho antes, cuando la participación ciudadana volvió a interpretarse como munición al enemigo.

Claro, los editores del Granma no se dejan engañar por Sanders. Toledo Sande le llama Bernard porque tutear a un judío socialista de 78 años le parece peligroso. Como dice su texto publicado por el Partido: “Sanders hará lo que los rectores del imperio le permitan o le ordenen hacer. Y probablemente se sienta complacido con ello”. Quizás por esa razón, el domingo en la noche Bernie Sanders elogió el sistema educacional cubano y anoche la campaña de alfabetización, comentarios que pueden costarle la candidatura demócrata. Debe ser una maquinación ordenada por los rectores del imperio. Hasta ahora Bernard no es el candidato que quiere el establishment demócrata, el republicano, ni los ideólogos más radicales en la Habana, pero ya va con ventaja. Sí, probablemente se sienta complacido.

En la mesa de los pobres

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Foto: Resumen Latinoamericano

Bajo el título de Cubanidades, el politólogo y filósofo argentino Atilio Boron ha publicado un artículo que pretende explicar «qué es Cuba y cuál es el misterio de la isla rebelde».

Se puede o no coincidir con muchas de las cuestiones que afirma sin demasiado afán de profundidad y en una clave, en mi opinión, íntima y de admiración a la Cuba que le ha recibido durante años como amigo y académico de izquierda. Pero me ha llamado la atención de inmediato en el texto, por ser una de las ideas que permanecen subrayadas editorialmente en su reproducción en el sitio Cubadebate y porque me sorprendió encontrarla como parte de la explicación que se propone, lo siguiente.

«Cuba es una buena mesa con moros y cristianos, frijoles y tostones, cerdo en lonjas, cordero asado, langostas y pescados rellenos de camarones. También tamales en cazuela y la yuca con mojo de ajo, chicharrón y limón. Además, sopas que te vuelven a la vida, helados riquísimos, postres a cual más dulce y un elixir llamado café. Cuba es mojitos, piñas coladas y para rematar el banquete y deleitarse hasta el infinito rones exquisitos y tabacos incomparables, únicos en el mundo«.

¿ Y esto es de un intelectual de izquierda?, ha preguntado en las redes sociales una compañera. Lo peor es que sí, que es un intelectual de izquierda, como lo es también el medio cubano que lo replicó de inmediato, o los profesionales que saldrán mañana a resaltar las otras partes del artículo y la susceptibilidad de los que reaccionen a lo que se puede tomar como algo a medio camino de ser una idea creíble dentro del ramplón y fatuo plegable de promoción de un touroperador improvisado.

O como un insulto al pueblo que ha hecho y sostiene con su sacrificio, paciencia e increible nobleza cotidiana el resto – y más – de lo que se afirma en el artículo, pero nunca como un argumento para explicar qué es Cuba y cuál es el misterio de su rebeldía.

Yo no sé tampoco si nos endilgarán un discurso moralizante y severo temprano en la mañana, o al mediodía, como ocurre a ratos, o si callarán en sus perfiles de las redes sociales en espera de la próxima oportunidad para exigir todo el peso de la Ley contra los delincuentes, o contra cualquiera que no tenga ni una gota de poder disponible mientras ven esa misma Ley ser pisoteada y burlada una y otra vez como un maleficio atroz, como una maldición inexorable por los que sí lo tienen.

Lo que si sé y me alarma, no es la opinión de un académico, poco afortunada para nuestra realidad pero coherente con los espejismos que ocasionan las formalidades del protocolo, o con la capacidad de su propio peculio, es que exista y se empodere finalmente entre nosotros un nueva izquierda tan obsesionada y feliz por la belleza, la belleza de sus cosas, que acabe creyendo que es posible que confundamos nuestra pobreza y prosperidad, las cubanidades que pueden coexistir en nuestras luchas, fracasos y éxitos, en nuestros sueños, con sus vanidades.

¡Bienvenidos a la belleza!, parecería nos dicen sin bochorno, ni humildad, a los cientos de miles de ancianos empobrecidos y sólos que almuerzan y comen por la protección que garantiza el Estado, a los millones que esperan en largas colas que llegue un picadillo infame, o los huevos a la bodega con inquietud meteorológica porque es su fuente fundamental y sobre todo más democrática de acceso a la proteína. Para ellos, y para la mayoría, ni antes, ni ahora, Cuba fue ese «deleitarse infinito», y es por eso que nuestro David metafórico no es pequeño.

Siento que estamos entrando como sociedad con entusiasmo y desparpajo – otros estarán en pleno goce desde hace mucho ya- a una época de cinismo en que la realidad estaría siendo pensada como un producto de consumo para escapar de ella quienes no pueden precisamente hacerlo.

Nos hacen mucha falta que lleguen otra vez, que salgan de entre nosotros otra vez, los héroes del bien, de la decencia y la honestidad, esos que la otra Cuba, que el pueblo grande alienta con las injusticias que caen sobre él, y cuando el pueblo chiquito es más soberbio.

Hay que tomar nota del peligroso declive ético que se está produciendo, del conservadurismo político y social que emerge esta vez conectado al poder económico, o con el encubierto e inconfesable deseo del poder, para medrar y alcanzar la riqueza a través de nuestras desgracias, hay que entender el arraigo y expansión de la cultura, los valores y las prácticas de los marginales exitosos, de la manera en que han infiltrado nuestras instituciones y logrado, por ahora, acorralar a la ética y al civismo.

De ese declive ético, de esos ejercicios sostenidos del oportunismo y la cobardía rentable y rentabilizada por ellos habrá que esperar los peores males. Pero no hay que olvidar nunca que la mesa de los pobres es también política, como la vergüenza virtud.

Those silences brought these noises

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‘Join us in this song which we may consider Cuba’s second national anthem’, singer-songwriter Adrían Berazaín asks the audience. Right at the chord where the string harmony flourishes, he intones with Mauricio Figueiral: ‘No te acuerdas, gentil Bayamesa / que tú fuiste mi sol refulgente…’ It’s the morning of April 10, 2019 at the Altar of the Motherland… ‘Y risueño, en tu lánguida frente, / blando beso imprimí con ardor…’ As part of a tour by Project Lucas, the singers look deeply moved, flanked by the bell and the fig tree, and with the Cuban flags majestically flapping in the wind: ‘Let’s all sing together…’ Those silences brought these noises.

It’s La Demajagua, the place where the liberating Revolution began: ‘No recuerdas que un tiempo dichoso / me extasié con tu pura belleza…’ And the ‘Lucas’ people did very well to choose this place to start their national tour.

Perhaps César Martín, the affable historian of the site, only mutters the lyrics because his modesty won’t allow him to sing out loud: ‘Ven y asoma a tu reja sonriendo, / ven y escucha amorosa mi canto…’ Pablo Nogueras, the director of the Julio Antonio Mella high school in Manzanillo, timidly joins in: ‘Ven no duermas, acude a mi llanto / Pon alivio a mi negro dolor…’

The rest of the audience stays silent. Students from the high schools, the polytechnics, the medical school and the Manzanillo music school cannot sing along. Political and government officials can’t either. They obviously don’t know the lyrics. They most likely will answer promptly if you ask them about the latest hit by El Chacal or Maluma featuring Marc Anthony. Each one of them has recognized Cimafunk’s declaration of ‘Me voooooy, pa mi casa’, but they can’t sing what Adrián Berazaín wisely considers ‘our second national anthem’.

When the singers conclude their performance, one of the students whispers: ‘That’s the song from the movie Inocencia’, and it’s true. Caro, my daughter, comes home with her friends. She tells me the story. I ask for details: ‘I didn’t know the lyrics either, dad’, she says looking ashamed. I acknowledge my own shortcoming as a parent while I look on Facebook at flyer announcing a reggaeton singer’s concert, in combination with another singer, where the name of our city, Manzanillo, is spelled with an ‘S’. It seems obvious that our generation has been unable to captivate them with the significance that one of the song’s authors is Carlos Manuel de Céspedes, the Father of the Nation; that the lyrics were written by poet José Fornaris and that, in time, in the middle of the redeeming wilderness, those verses would become a symbol of Cuban defiance.

And there you have Atilio Borón and Ignacio Ramonet in the Mesa Redonda program. They warn us about Google, Facebook and social media. They say that they appropriate our private information, that they study our cultural preferences. They say that the imperialists have a huge database which classifies our ideological and political stances. They say that they interfere in our intimacy. That’s all true; Gerhard Maletzke, Yuri Lotman, Teodoro Adorno and Noam Chomsky had already anticipated that. In any case, long before Google existed, the surveillance person in my CDR (the Cuban revolutionary neighborhood watch) was already reporting what time I got home, what books I read sitting in my balcony, how many shirts my mother hang out to dry in the sun, or the looks of any girlfriend or friend who came to visit me.

The problem of the former watchers is that, with the new technologies, they can’t help themselves being watched, and studied. Similarly, for those of us who used to decide which music young people could listen to and which they couldn’t, the dilemma is that we didn’t anticipate the day in which every young person would walk around with their own musical platform in the form of portable speakers or headphones, and with a smartphone to download what they wanted, according to their mood and their references, with nothing or nobody being able to help it. And since we didn’t educate them in diversity, now they’re easy prey for the algorithms Borón and Ramonet mention. While our media continued to try to impose the music they considered ‘correct’ or ‘harmless’ in terms of political criticism —thus the proliferation of reggaeton in Cuba right after political chants like ‘if you don’t jump you’re Yankee’—, social and media communication scholars, social psychologists and mathematicians paid by the Empire were creating algorithms to understand cultural preferences, classify them, customize them and subtly and effectively manipulate them. And so we remained immovable in Ortega y Gasset’s concept of the mass; inert in our desire to censor or standardize non-criticism. And so they learned to explore and know our individuality to use it in their favor; allowing anyone, from Calle 13 to Bad Bunny to say what they like. They’d figure out how to take advantage of that to inoculate their lifestyle.

And now it turns out our ‘mass’ can only clumsily connect, as if culturally colonized, with the most authentic values of Cuban music. They don’t know that without the son there’d be no salsa; that without rumba there’d be no reggaeton. They don’t know that the new folk song, in fact, was —is— rebellious and non-conformist. When they hear ‘Contigo en la distancia’ sung by Christina Aguilera, they mistakenly believe it’s a Mexican song.

That’s why, on April 10, 2019, when I learned that my daughter didn’t know the lyrics or the symbolic significance of ‘La Bayamesa’, I rushed out to the Etecsa connection point to download folk songs I consider emblematic and that were once even banned by revolutionary broadcasting. I begin with ‘Resumen de noticias’ by Silvio, and end up with ‘El loco del tranvía’ by William Vivanco, ‘Lucha tu yuca, taíno’ by Ray Fernández and ‘Extremistas nobles’ by Buena Fe and Frank Delgado, which were never officially forbidden, but every time I broadcast them I had to go to a small board meeting at Radio Granma to explain why I included them in my musical production. I remember the fateful afternoon in which, because of a debate on the web between Silvio and Pablo, the director of Radio Granma informed me about a certain mysterious communication, which banned the songs by Pablo Milanés! That was followed by my ‘You’ll have to fire me’ and his ‘Well, then I’ll fire you’. Fortunately, a ‘rectification’ arrived later in an email sent by UNEAC, which clarified that Pablo Milanés had not been banned. I could swear that the director scowled at me, I remember as I say to myself: ‘It’s never too late to begin’, and I hum: ‘y doblemos los dos la cabeza / moribundos de dicha y amor’.

(Translated from the original)

The theory of the last push

1
push

One last opportunity, a plan that will solve everything, one last push. The Cuban exiles hold on to the hope that this time they will manage to change the prevailing political system in the island. Meanwhile, the Granma newspaper announces a legislative timetable which excites its readers. On both shores, there’s a long history of exaggerated optimism and promises with an expiration date, infallible thanks to the short-term memory of the people. J. R. R. Tolkien said that false hope is more dangerous than fear, that’s why it’s worth pointing it out.

When you want to believe in something, doing it over and over is easy. The patience of those who watch the NTV and Fox News is infinite. For that reason, they don’t question the promises Trump made in 2017 or that his results with Cuba are nothing more than propaganda aimed at securing votes. In the island, they don’t speak either about the current economic and social guidelines, whose observance should be media priority. Public attention has a teen spirit, always moving to the next topic in vogue.

That a political group creates an optimistic narrative to energize its followers is nothing new, but that its leaders believe it is. The Cuban government structure gets genuinely excited with the campaign of the moment. Meanwhile, exiles continue to build their identity around an anticommunism stuck in the Cold War, with a memory of Cuba frozen in time and frequent lack of empathy for their fellow compatriots.

Batista’s followers left Cuba thinking they’d be back home in a matter of days. They put their faith in Eisenhower’s trade restrictions, in Kennedy’s invasion and embargo, and so on with ten other presidents. When the socialist bloc crumbled, they took out their bags to return to Cuba, until they had to put them back in their closets. When Bush included the island in his axis of evil, they were perhaps more cautious, but the excitement was there. They day that Trump announced the return to a firm-hand policy, there were tears of emotion in Florida. John Bolton found it easy to go to Miami in 2018 and promise Latin American exiles that the troika of Venezuela, Nicaragua and Cuba would soon collapse; the hard part would be delivering. After a year and a half, Maduro’s government has a stronger hold on power and street protests no longer affect Ortega. In Cuba there are shortages, but the people is far from rebelling, and the conservative sectors within the Party and the government are getting increasingly better positioned.

Ever since Cicero, all political discourses ask their followers one of two things: believing in something or doing something. Cuban exiles have tried both once and again, and still today they place their faith in the will of the current American president, instead of having a dialog with Havana. It’s not much different in the island.

The dreams of a prosperous sugar harvest, a poultry industry that never existed, an infallible energy system or a country of matchless culture, largely remained just dreams. The recent faith in a reform process, in the national debate that engendered the guidelines and in the normalization of relations with the empire were not reciprocated either. Some dreams were not fulfilled due to problems related to the country leadership, other because there were no conditions to do so, others because of external obstruction and even some others by chance. However, unthinkable goals such as the biotechnology development area or subsistence during the 90s crisis, became true. Perhaps the best kept promise has been the one of continuity.

There’s a reason why we always find a new plan: to keep the public interest alive in the cause being defended. In order to do that, it is necessary to excite the public with an objective that’s apparently at hand. Regardless of history proving otherwise, emotion is what matters in politics. The theory of the last push in Miami prolongs the conflict between both countries, and in Cuba it obstructs a long-term look at the island’s problems. When pathos replaces reason and false hopes become the currency, we must alert the public opinion. That’s also our last push.

(Translated from the original)