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Tiempos de reencuentro

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reencuentro
Foto: @davechapman via Twenty20

Aquellos eran tiempos malos. Tan malos que superaban las complejidades de meses anteriores. Antes, al menos, tenían como salida a los problemas alguna que otra escapada fuera de casa. No así en aquellos tiempos, donde estaban prohibidas las visitas y en caso de ser del conocimiento de las autoridades, podrían ser el motivo de nuevas dificultades. En su situación, trataban de evitar nuevos problemas pues algún otro les resultaría imposible de afrontar.

Pasaban las semanas y en aquella casa las caras permanecían casi todo el tiempo inexpresivas. Sólo miradas. Miradas perdidas como de quienes se observan fijamente, tratando de transmitirle al otro cierto aire de resignación y desconocimiento a la vez. Estaban resignados a que la situación los superaba. Desconocían cuando todo eso terminaría. Lo que bien sabían ellos era que todas aquellas restricciones eran necesarias. Aún así, estaban claros que las necesidades no son para nada menos inquietantes. Son el origen de todas las preocupaciones.

Él llegaba casi todos los días después de las siete de la tarde, tras casi una hora de curvas en la carretera, aquella vieja guagua del trabajo asomaba por el reparto periférico de La Habana donde hace algunos años vivían. Ella llevaba más de una treintena de días en casa. Por primera vez tras varios años, le sobraba tiempo para dedicar a sus dos hijos. Había estado ausente desde el sexto cumpleaños de su niña. Ya  tenía 11. En pocos meses comenzaría la secundaria. Mientras, el chico, poco antes se había graduado de la universidad. Ya era todo un hombre.

Ella, Yanet*, estuvo cinco años viviendo fuera de Cuba. Siempre tuvo claro que su futuro estaba en el extranjero. De joven, varias veces le pasó por la cabeza lanzarse en balsa o casarse con un extranjero para lograr emigrar. Pero fue tan solo unos días después de la fiesta que Rubén* y Tata le prepararon, al cumplir 34, que le comunicaron que había llegado su momento. No en las condiciones deseadas. Aún así, lo había logrado. Al fin saldría de Cuba.

En abril de 2015 voló a Nicaragua para una misión médica de tres años. Trabajó en el centro oftalmológico de Ciudad Sandino, a 15 kilómetros de Managua. Faltaban menos de cuatro meses para regresar al país, cuando conoció a Hernán*. Hace nueve años, tras comenzar su relación con una nicaragüense, Hernán había desertado de una misión. Al no poder regresar a Cuba durante 8 años, entró al negocio del tráfico de personas. Es «coyote». Su red es sólo para cubanos.

«Yo quería cruzar para los Estados Unidos, y el me dio varias opciones. La ruta principal cruzaba tres países: Honduras, Guatemala y México. Allí haríamos estancia por un tiempo, antes de cruzar la frontera y llegar al yuma. Era caro todo y no tenía suficiente plata en ese momento, pero aún podía (…)»

Yanet regresó a Cuba un viernes en la madrugada. Lázaro, su esposo, había ido a recogerla al aeropuerto junto a parte de la familia; -la otra- donde estaba su hija, Rosanne, habían preparado la cena para celebrar la llegada de mami. Al fin estaban juntos, aunque no sería por mucho tiempo.

Días después comenzaron los trámites. Primero el dinero. Yanet retiró poco a poco la remuneración que había acumulado en una cuenta nacional durante los tres años de misión. Le siguió la compra del pasaporte, los papeles migratorios, la legalización del título, hasta la venta del pequeño cuarto que años antes había heredado de su abuela materna. Tiempo después, estaba de vuelta en el avión. Esta vez pensó no retornar. Al menos por un tiempo.

«Me fuí porque era el momento para hacerlo. Me jodió dejar a mi gente pero tenía el dinero y había que hacerlo. Total, dinero en bolsillo, dinero perdido. Si iba a arriesgarme alguna vez en mi vida, era ahora. No por mí, por mi familia. Más por ellos», dice.

Más de medio mes estuvo alquilada en Managua sin ver al coyote. Solo unas llamada de Hernán para acordar hora y el sitio de encuentro fueron las señales de que aún la operación se mantenía. Seis días después de la última comunicación, compartía una pequeña casa en la periferia de la ciudad con 13 desconocidos. Eran cubanos. Allí estaba la única sensación de seguridad dentro de tanta inseguridad.

Todo el viaje posterior se resume en un camión hasta Honduras. Una patrulla de policía que exigió el pago por su silencio. Varias noches donde el monte fue el sitio de descanso. En Guatemala, la dueña de una casa de alquiler robó a uno de los viajeros parte del dinero y documentos. Una denuncia en México. El arresto. El pago a los guardias. Su libertad. El robo de sus documentos. La escasez. Subsistencia. El origen de más preocupaciones.

Era emigrante. Sin derechos. En un negocio donde sólo importa el «cash». Una suerte de condición inmoral pero ciertamente efectiva. Ahí cada día de supervivencia cuesta. Y a Yanet le costó. Trabajaba mal remunerada como ayudante en la cocina de un pequeño establecimiento de comida mexicana en Tehuacán. Sólo par de llamadas a casa en la semana. Un pequeño cuartucho sin condiciones, alquilado por una señora a quien varias veces tuvo que ayudar a comer. Fue el precio a pagar. De a poco, entre vicisitudes, cierto aire de arrepentimiento y nostalgia terminó en el retorno anticipado. Un boleto de avión D.F-Habana puso fin a casi año y medio de frustraciones personales.

«Tuve que regresar -silencio-… irme de esa forma fue un error -lágrimas-(…)»

Los primeros días en Cuba fueron extraños. Un año antes había salido del país, siendo la esperanza para la mejoría económica familiar. Tiempo después, había regresado carente de posesiones materiales. Y lo peor no era eso. La comunicación con sus hijos era mínima. Se encontraban ante alguien que había estado ausente parte importante de su vida, y a quien en ocasiones veían con cierta sensación de desconocimiento. Lázaro había comenzado una relación con otra mujer. Los problemas económicos crecían. Todo iría a peor.

La pandemia del coronavirus avanzaba a ritmo acelerado por todo el mundo. El 11 de marzo del 2020 tres turistas italianos fueron diagnosticados como los primeros casos de coronavirus en Cuba. El número de contagios siguió en aumento hasta que el Gobierno decidió aplicar medidas de restricción domiciliaria en todo el país. Dos meses después, el confinamiento continuaba.

«Por la restricción de movimiento pasamos mucho trabajo. Nos ha costado adquirir la alimentación. Casi sin dinero, y lo peor es que no he podido salir a la calle a lucharlo. Hemos estado mal», dijo.

Solo dos salarios -con pago al 60%- mantenían la casa. De a poco, las pocas pertenencias que quedaban de la misión, o las baratijas que había podido traer de México terminaron en otras manos a cambio de algo de dinero o comida. Sólo la ayuda de algún familiar, vecino o amigo. Para ellos, fueron tiempos malos. Tan malos que superaron todas las duras complejidades de meses anteriores. Aún peor, para ellos, fueron tiempos de reencuentro. Y aún lo son.

*Los nombres fueron cambiados por petición de la entrevistada.

La entrevista robada

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Foto: @crisantomacaraeg via Twenty20

Finalmente voy a hacerle una entrevista a un girovagante, como solían llamarle Raúl Roa y Alfredo Guevara a este tipo de persona. Este Girovagante es eso, un tipo que da vueltas sobre si mismo, sin consciencia de la inutilidad de su importancia. Y le teme al poder de la palabra, por eso la entrevista es robada. En esta masa informe llamada pueblo, ha sido educado al compás del metrónomo en la restricción, el reduccionismo, la descalificación, el escarpelo político y la colectivización moralizante.

Al Girovagante hay que hacerle preguntas simples sin el más mínimo resquicio a la pluralidad o la duda porque, aferrado a su espíritu ahorrativo, el tipo sólo se permitirá el uso de dos o tres ideas propias para responderte, y muchas citas y consignas. En aras de la buena comunicación, no deben usarse palabras como “libertad,  que le espanta si se trata de respetar la ajena, o “democracia”, que suele sobresaltarle, y ni se te ocurra usar ninguna derivada de la raíz disenso. El término “participación” le produce impotencia y “diversidad” pondría su identidad sexual al borde del colapso.

Su oficina: ordenada, pulcra y bien climatizada, muestra en las paredes cuatro fotografías propagandísticas que me ubican rápidamente en los paradigmas que él espera asociemos con su comportamiento laboral y personal. “Cualquier comemierda publica un libro en este país”, me suelta de saludo el Girovagante. Me invita a sentar frente al buró sintético con ribetes de modernidad, tapizado con un cristal bajo cuya transparencia apresa sus planes de trabajo, las reuniones de sistema y las directrices. Detrás los cuadros de Fidel y Raúl, “una pequeña indisciplina que me permito”, me advierte, “porque en nuestro país no practicamos el culto a la personalidad”.

Se reclina en la silla giratoria: “La Revolución ha sido tan magnánima con los llamados intelectuales que cualquier advenedizo, sin formación universitaria ni cultura política, intenta sacar los ojos a la obra suprema que le ha dado luz”. Está vestido con prendas demasiado fosforescentes, que no contribuyen mucho al triunfo proletario. “Hay quienes se dedican a criticar a los dirigentes porque son incapaces de brillar por si mismos como escritores”, comenta sin que aun éste entrevistador haya abierto la boca.

Sonríe y se acomoda los ricitos de oro, al estilo Matojo, con un gesto casi afeminado que nada tiene que ver con el personaje. “Yo vine aquí porque me dieron una misión, una tarea, y he sido formado para cumplir disciplinadamente cualquier misión que se me encomiende. Mañana puedo estar en otro lugar, incluso puedo estar en un aula impartiendo clases de lo que me gradué en el instituto pedagógico, no tengo ningún aferramiento a este puesto”.

“¿Qué tiempo usted impartió clases después de graduado en la Universidad?” Al fin logro preguntar.

Tiempo, no. Ni un minuto. Sólo impartí clases en los ejercicios de exámenes, y a veces ni en esos, porque siempre andaba ocupado en asuntos de mi vida como dirigente estudiantil, pero estoy dispuesto a ir a un aula o adonde se decida…

“¿Lo decida? ¿Quién lo decida?” Estoy dispuesto a pasar a la ofensiva.

El país, por supuesto”.

“O sea, ¿convocará un referéndum para que la gente vote si usted se dedica o no a lo que estudió en la Universidad?” El Girovagante lanza una carcajada, se inclina hacia delante, pone los codos sobre el buró y me mira como el juez al condenado:

Tú sabes a quiénes me refiero”.

“No, no lo sé, la verdad”, le respondo mientras levanta el auricular del teléfono y marca un número. “Cuando usted dice ‘el país’ –agrego-, pienso en una metáfora geográfica de todos los cubanos que vivimos en la isla parecida al caimán. Otra cosa sería ‘la nación’, o sea: todos los cubanos vivan donde vivan y sus aportaciones culturales, creo yo”.

Ante mi andanada, mira al vacío, a un punto intermedio entre la infinitud de la materia. Espera que alguien le responda al otro lado de la línea, cuelga, y se me encara como quien escruta. Le pregunto cuándo descubrió su extraordinaria vocación para liderar procesos políticos o administrativos…

Bueno, el problema es que yo no lograba aprender a leer ni escribir muy bien a pesar de haber llegado al tercer grado por mi buena conducta y participación en las tareas. Entonces la maestra, como incentivo, me entregó una libreta para anotar a los que llegaban tarde al matutino o hablaban en la fila hacia el comedor del semi-internado”.

¿Y logró aprender a leer y a escribir correctamente?

Sí, claro hombre, de otra manera no estuviera aquí. Pero nunca a leer letra impresa ni a escribir otra cosa que no sean anotaciones hechas en cursiva. Para lo demás está Maritza, la secretaria”.

“Sígame hablando de su trayectoria”.

Después, como jefe de colectivo, realicé una encomiable labor en la búsqueda y captura de comedores de guayaba, y de más está decir que desde entonces participé activamente en actos políticos y desfiles conmemorativos”.

“¿Cómo espera enfrentar su nueva tarea al frente de esta entidad?”, pregunto mientras Maritza entra con unas tazas de café.

Pensando todo en las decisiones del país, las directrices del partido y las orientaciones del gobierno provincial”.

“¿Y el pueblo, la gente de la comunidad? ¿No pensará en ellos?” Debo confesar que el café nada tiene que ver con el de la bodega.

Justo cuando se inclina hacia adelante para comenzar a responder, el teléfono suena, el Girovagante me da la espalda y habla con alguien. Se vuelve. Está más colorado que un tomate putrefacto, y es él entonces quien pregunta…

“¿Y a ti quién cojones te mandó a entrevistarme, porque ya me avisaron de que no perteneces a ningún órgano de prensa autorizado?”

Comprendo que ha terminado la entrevista.

Diez lecciones de las redes sociales en Cuba

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lecciones


A continuación las lecciones que nos ha enseñado las redes sociales en Cuba:

  1. No discutimos solo sobre pelota.
  2. Nuestro sistema educativo tiene una enorme deuda con la ortografía.
  3. Sabemos ser solidarios sin que nos lo orienten desde «arriba».
  4. Se desarrolla en Cuba una sociedad civil independiente de las organizaciones de masas y de los grupos opositores tradicionales.
  5. Al fin apareció «el momento y el lugar» para hablar de ciertas cosas.
  6. Aquí nadie te puede decir: «habla bajito».
  7. Somos más diversos y menos unánimes de lo que decía el Granma.
  8. No somos el ombligo del mundo… pero tampoco «lo otro».
  9. Estamos suspensos en temas como política y economía… pero igual opinamos.
  10. Mantener este derecho es caro, carísimo, pero seguimos luchando.

Las ilusiones perdidas

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Foto: @rokobahat via Twenty20

Según Clifford Geertz, en cada sociedad el ser humano tiene la necesidad de obtener: “fuentes simbólicas de iluminación para orientarse en el mundo”.[1] En la transición socialista, símbolo contra símbolo, al sentido burgués de propiedad habría que vencerlo con el sentido socialista de propiedad. Tarea insoslayable pero no resuelta en ninguno de los países que han pretendido efectuarla.

Obreros, campesinos, empleados e intelectuales comparten hacia la propiedad estatizada una actitud de alienación que hunde sus raíces en las contradicciones que la hegemonía burocrática impuso en el modelo de socialismo que imperó durante el siglo XX, el de Estado/estalinista/burocrático,[2] donde la propiedad de todos deviene en atributo de unos pocos.

Por eso, el significado que le confiere la mayoría es el de una propiedad de nadie. En lugar de sentirse arropados cálidamente por el manto protector de la omnipresente propiedad estatal, los individuos se sienten tan lejos de ella como si pasearan desnudos por las calles, cual el inocente monarca del cuento medieval de El Conde Lucanor.[3]

La culpa no es de Marx.

Para él la propiedad socialista sería: “una propiedad individual basada en la cooperación y en la posesión colectiva de la tierra y de los medios de producción producidos por el propio trabajo”.[4] La estatización generalizada de los medios de producción y su gestión centralizada por un supra-organismo que controle al detalle la economía no es una herencia teórica de Marx, sino un engendro del socialismo estalinista que la convirtió en sustrato para imponer la hegemonía burocrática al resto de la sociedad.

El término más empleado por Marx y Engels para referirse a los futuros sujetos de la producción socialista fue el de productores libres. Para ellos, la dictadura del proletariado sería un Estado agonizante, en extinción, en el que las estructuras de democracia participativa adquirirían cada vez más peso y las funciones gubernamentales irían pasando a los colectivos laborales e instituciones de la sociedad civil hasta alcanzar el añorado reino de la libertad.

Con el tiempo, y ante la incapacidad para concretar las ventajas económicas de la propiedad estatizada, se apeló a factores ideales inmedibles, tales como: el grado de conciencia, la formación de un hombre nuevo, nivel de maduración del comunismo, etc. Por ese camino los trabajadores nunca encuentran correspondencia entre su estatus legal de co-propietarios de las principales riquezas del país y su nivel de vida, marcado por la carencia permanente de bienes y servicios fundamentales.

El fin del socialismo real en Europa fue el veredicto definitivo de la historia cuando llegó la hora de sopesar en su justa medida el valor de tanta superchería ideológica sobre la superioridad de la propiedad estatal socialista, sin un fundamento real que se expresara en un mayor nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.

El socialismo cubano asumió el modelo estatizado desde sus inicios.

La mayoría de las transformaciones en Cuba han tenido un marcado carácter centralizador. Entre ellas: liquidación casi absoluta de las demás formas de propiedad, creación de grandes industrias dependientes del exterior, formación de inmensas granjas estatales –verdaderos latifundios socialistas?, subordinación de campesinos a los planes estatales, desmonte inmisericorde de grandes extensiones para aplicar la agricultura extensiva, proceso de cooperativización…

En la primera década de la Revolución Cubana hasta se intentó idealistamente la construcción acelerada del socialismo y el comunismo al mismo tiempo. Lo que pocos avizoraron entonces fue que la llegada al comunismo sería para familias escogidas. El poder de utilizar los fondos públicos a conveniencia, dietas especiales, residencias lujosas, vacaciones en el extranjero y hábitos de mando, fueron delineando una nueva oligarquía, burocrática y soberbia, que acaparó la riqueza nacional y los medios de decisión.

Para tratar de perpetuar su hegemonía cultural sobre los demás, la burocracia empoderada minimiza la participación crítica de los trabajadores y tilda de traición cualquier disenso. Al mismo tiempo, abusa de un discurso híper-optimista, con declaraciones ilusorias que suelen ocultar yerros y dificultades con el fin de sostener vivas las expectativas de mejoramiento.

Aún estamos a tiempo de materializar las reformas económicas y políticas al modelo, de modo que permita arribar al país próspero que la mayoría de la población cubana aspira. En los documentos elaborados durante la última década ?con amplio consenso popular tras amplio debate? está delineado un modelo mucho más flexible y participativo, que las retrancas burocráticas mantienen atenazado.

En tiempos de la covid-19, las fortalezas y debilidades del modelo saltan a la calle y adquieren visos de lucha por la vida. La aspiración de crear un socialismo a lo cubano se mantendrá viva si es capaz de superar, no solo las imposiciones del bloqueo gringo, sino la continuidad de las trabas y errores en política económica y su conducción por un esotérico grupo de los que saben.

Las ilusiones perdidas respecto al sentido de propiedad socialista no iluminan el camino, son malas consejeras. Para avanzar hay que incrementar la participación popular en la gestión de la producción, la distribución y el consumo, que hoy acapara el Estado. Los gobernantes han de desbrozar nuevos caminos, y asumir riesgos.

[1] Clifford Geertz: “El Impacto del concepto de cultura en el concepto del Hombre”, 1995, p8. http://www.forum-global.de/soc/bibliot/g/geerhombre.htm Ver de Mario Valdés: El manto del rey. Ediciones Matanzas, 2019.

[2] Hoy se reconocen, además, los de mercado y autogestionario. Ver: Camila Piñeiro: “Visiones sobre el socialismo que guían los cambios actuales en Cuba”, Temas No 70, abril-junio de 2012.

[3] Ver, de Mario Valdés: El manto del rey. Ediciones Matanzas, 2020.

[4] C. Marx: El Capital, Edit. Ciencias Sociales, La Habana, 1983, t. I, p. 700.

El robo de ganado, un mal innecesario

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Foto: D Mz via Pixabay

Por: Fernando R. Funes Monzote  (Proyecto agroecológico Finca Marta)

El hurto y sacrificio ilegal de ganado mayor, es uno de los problemas más graves que aqueja a la agricultura cubana en toda la geografía nacional. Durante las últimas décadas este fenómeno ha estado entre los principales desvelos de los agricultores en Cuba y es una de las causas fundamentales de la depresión ganadera en el país.

Este tema requiere una decidida acción dirigida y articulada para garantizar la tranquilidad en el campo y reducir el efecto negativo en la economía de la nación. La intención de estas reflexiones es denunciar una lacra que nos corroe, con la que hay que acabar, a través de medidas urgentes para frenar entre todos este mal innecesario.

El pasado domingo 17 de mayo, día del campesino cubano, entre las cuatro y las cinco de la tarde, nos robaron dos de nuestras vacas. Estaban recién paridas: Mariposa con nueve días y Martica con ocho. Las habíamos cuidado con celo, incluso en los momentos más difíciles de la seca las mantuvimos bien alimentadas y en buen estado físico para el parto. Nos dejaron a los terneritos, que no paran de berrear, llamando a sus madres; ahora tendremos que alimentarlos de la manera que podamos.

La leche de nuestras vacas la utilizamos para el autoconsumo, para desayunar y poder enfrentar la intensa labor del día. El excedente lo hacemos queso o alimenta a las familias de los miembros del equipo. No somos altos productores de leche porque la finca tiene solo 8 hectáreas, de las cuales una buena parte está sembrada de hortalizas y árboles, pero sí tenemos leche todo el año pues solemos mantener cinco vacas, además de bueyes, novillos y terneros. Con el estiércol producimos biogás que utilizamos permanentemente para la cocción, y vendemos anualmente entre dos y cuatro animales a la Empresa estatal encargada de las compras de ganado. Los precios que obtenemos por estos animales son sumamente bajo y no estimulan su venta.

No es la primera vez que nos roban ganado, ya esta es la tercera ocasión que sustraen animales de la finca. Así hemos perdido cuatro vacas, una novilla y una ternerita de apenas un mes de nacida. El robo de ganado es como una plaga, como un cáncer que desgasta al campo cubano. Crea desaliento, desidia y malestar en el campesinado, que se siente desmoralizado y desprotegido.

Desde que nos percatamos de la ausencia de las vacas, diez hombres hemos destinado dos días con sus noches a buscar en los montes cualquier rastro de los animales o de los responsables del hecho, pero no hemos tenido éxito.

En nuestros alrededores el panorama es aterrador. Tal vez esta palabra suene exagerada, pero me asiste la razón si se considera, por ejemplo, que a Tato, un vecino de la comunidad, le han robado en los últimos años 62 vacunos y 2 equinos, y que a Machadito lo han despojado poco a poco de absolutamente todos sus animales. Le han robado toros, vacas, bueyes… “el acabose”, como él mismo define, “se ha perdido el respeto a la ley y los bandidos están a manga por hombro”.

Y en lo que va de año, solo en el entorno más cercano, es sabido que:
– A Torres, que vive frente a la escuelita, en menos de un mes le sustrajeron del corral cuatro vacas.
– A Leoncito de Banes le llevaron la yunta de bueyes y una novilla.
– A nuestra vecina Sara hace unos días le robaron la yunta de bueyes y una yegua con su cría.
– A Papito, que va a vender todas sus reses porque ya no puede con los bandidos, le robaron una vaca que estaba en los días de parir.
– A Pedro Mirabal le mataron dos vacas dentro del corral, les cortaron las piernas y las dejaron desangrándose.
– A Vito, el de Don Mariano, le llevaron la yunta de bueyes hace unos días.
– A José le robaron un torete “lindísimo”, cuyos restos encontraron luego en la loma.
– A Valiente le llevaron una novilla y quiere “quitar” los animales.
– A Manuel le robaron la yegua.
– A Arzola le sustrajeron la ternera del corral.

Los bandidos campean por su respeto y se dice que la policía les teme. Lo peor es que algunos especulan que hasta se han confabulado con los ladrones. En mis conversaciones con autoridades del municipio, me han comentado que cuando capturan a los delincuentes y los entregan a la fiscalía, en ocasiones salen absueltos por falta de pruebas, aparte de que las penas son insuficientes.

La acción de la policía tiene que ver, por una parte, con la complejidad y la profusión del problema y, por otra, con los mecanismos de actuación, que suelen ser poco efectivos. En las tres ocasiones en que nos han robado (y tomo nuestro caso particular para acercarnos a la realidad del problema, para que no se vea como una estadística abstracta sino como algo concreto), hemos hecho la denuncia en la estación de la Policía Nacional Revolucionaria, como está previsto en la ley. Allí nos entregan un certificado de hurto de ganado mayor, si no aparecen los animales, o de hurto y sacrificio, si se encuentran sus restos. Entonces los agentes de la policía vienen a la finca e indagan sobre el caso, recorren el lugar de los hechos, toman declaratoria y lo dejan como un caso abierto que debe esclarecerse o incorporarse a otros casos. Una vez trajeron a un perro rastreador que llevamos al lugar por donde supuestamente habían extraído al animal, pero no fue efectivo en seguir la pista. Ninguno de los tres casos ha sido esclarecido.

Los mataderos son lugares estratégicos, bien escondidos, donde sacrifican a los animales y preparan la carne para los compradores. También es posible encontrar restos de animales en otros sitios como un refugio o incluso en áreas cercanas a la finca, pero el procedimiento más usual es que los ladrones trasladen los animales a donde tienen la seguridad de no ser descubiertos. Aunque la gente de la zona conoce el emplazamiento de los mataderos ilegales, los usurpadores continúan delinquiendo pues la mayoría de las veces no se puede probar el robo o se las agencian para escabullirse.

Por otra parte, existe demanda de carne de res y gran cantidad de personas están dispuestas a receptarla con el objetivo de alimentar a su familia. Incluso los habitantes de pueblos y ciudades apañan a quienes se encargan de la distribución y venta de la carne, sin preocuparse por la procedencia.

Estadísticas

Una gran cantidad de los robos quedan en el anonimato, muchas personas han dejado de hacer la denuncia porque “es un proceso tedioso, hay que dedicarle el día y al final no se resuelve nada”.

Para tener alguna referencia, hago una búsqueda muy rápida en internet y encuentro en el periódico Granma del 13 de julio de 2015 un artículo que describe los debates de la Comisión Agroalimentaria del Parlamento: “… durante el primer semestre de 2015 el hurto y sacrificio de ganado mayor disminuyó en 1 728 cabezas, tomando como referencia igual período del calendario precedente, y las únicas provincias que no se montan en el ‘tren’ nacional tendente al decrecimiento son Cienfuegos, Pinar del Río, La Habana y Guantánamo; no obstante los esfuerzos, este delito requiere de mayor integración de los diferentes actores que deben accionar en su detección y prevención, y del rechazo enérgico de la población, consta en el informe”.

Luego de esa fecha no hallé en internet ninguna estadística oficial sobre el hurto y sacrificio ilegal de ganado mayor. Sí aparecen noticias de medios alternativos denunciando la situación en lugares específicos de la Isla y recientemente una noticia en Radio Reloj sobre la situación de este problema en la provincia de Camagüey. Probablemente la Oficina Nacional de Estadísticas e Información maneje estas cifras, pero hace falta más transparencia para tener una mejor percepción de la magnitud social y económica de este fenómeno.

¿Cómo funciona el sistema?

Es necesario describir, para quienes no conocen, los pormenores de esta actividad ilegal. Se trata de un sistema bastante bien organizado y jerarquizado en el que todos “ganan”, menos el agricultor, que a veces también gana (si está confabulado con los malhechores), pero que en su mayoría es quien queda desamparado, maltratado y desalentado. En este sistema pueden identificarse cinco actores:

El campesino: cría el animal, lo cuida con los medios de que dispone, hasta el momento en que es víctima del robo. Puede darse el caso, poco común, que el agricultor, guiado por motivos económicos o sociales de diverso tipo, le entregue el animal ilegalmente a un comprador que no es el estado. En este caso es aún más raro que un campesino le entregue a un matarife una vaca recién parida, una novilla próxima al parto, un buey que descompleta una yunta u otros animales de mucho valor utilitario o sentimental.

Los entregadores: son personas experimentadas, generalmente hombres jóvenes que conocen muy bien la zona, los montes, cada atajo y cada cañada. Puede ser gente muy cercana al lugar del robo y que tiene vínculos con los ladrones o los compradores. El entregador ofrece solamente la información de dónde actuar o puede también llevar los animales hasta un lugar determinado. Estas personas suelen conocer la dinámica de la finca y propician el golpe en el momento preciso.

Los ladrones-matarifes: están entrenados en robar y matar, ejecutan la parte más sucia y cruel de la cadena. No tienen escrúpulos y están decididos a todo. Es cada vez más común que actúen a pleno día, incluso bajo intimidación, y se sientan impunes.

Los compradores-vendedores: son gente “de dinero”, que tiene recursos para pagar la carne al contado y almacenarla. Son quienes incitan e incluso organizan a los entregadores y a los ladrones-matarifes. Además cuentan con medios de transporte y los indispensables vínculos con los consumidores.

Los consumidores o consumidores-vendedores: pueden ser gente local, pero generalmente son personas de otros lugares, que están pendientes al llamado de disponibilidad de carne de res, que emplean para el consumo propio o para la venta a terceros.

Componente productivo y social

El animal que debe ser encerrado por la noche para cuidarlo de los bandoleros, no pasta la mitad del día. Generalmente está confinado de 7:00 pm a 7:00 am en cuadras o vaquerías improvisadas sin condiciones materiales. En vez de pastar en la madrugada, con las temperaturas más frescas del día, pastan en las horas más calurosas, enfrentándose al estrés calórico y la inapetencia. Por demás, en potreros que estén cerca, pues el agricultor-ganadero está haciendo otras labores y además debe velar por las vacas. Esto trae como consecuencia que, cuando está disponible, haya que cortar forrajes para que los animales coman en horas nocturnas. En la época de primavera, cuando hay buen crecimiento del pasto que los animales podrían aprovechar, este se pasa de su tiempo de consumo y reduce su calidad.

Etológicamente los vacunos tienen tres actividades fundamentales: pastar, descansar y rumiar. Estas actividades se distribuyen en una tercera parte del día, es decir, ocho horas para cada actividad de manera alterna. Quiere decir que durante el día el animal también descansa y rumia, lo cual reduce aún más el tiempo de pastoreo. Podría estimarse que solo por este motivo se esté perdiendo al menos un 30 % de la producción total de leche a nivel nacional que no tiene que ver ni con el potencial genético del ganado, lo cual totalizaría unos 100 millones de litros de leche. Por otra parte, la imposibilidad de realizar pastoreos adecuados y un manejo racional de los pastos, y a causa del abandono de potreros con aroma y marabú (no solamente por la infestación sino por la inseguridad de tener los animales en tales áreas), tal vez se esté perdiendo ente el 20 y el 40% de las áreas de pastoreo disponibles.

Por eso, cuando hablamos de la repercusión que tiene la inseguridad a la que se ven sometidos los agricultores y ganaderos a través de todo el país respecto a la cría de ganado, debemos mencionar este impacto negativo en el adecuado uso del suelo agrícola para la producción y utilización de los pastos y forrajes. Por otra parte, y no menos importante, se percibe que muchas de las personas que se dedican al robo de ganado son jóvenes y tiende a ser una vía de reclutar a otros que ven en la actividad una opción lucrativa. De estos temas, como de los demás anteriormente tratados y otros conexos, podría profundizarse aún más en el análisis, pero avancemos en la propuesta de alternativas o soluciones.

Soluciones viables

No hay duda de que hay campesinos valientes para armar cuadrillas contra los bandidos, pero dejarían de trabajar la tierra, se formarían bandas y habría enfrentamientos hasta la muerte. Ya este método se ha probado y no ha funcionado, incluso el gobierno y la policía los han desestimado anteriormente. Habría injusticias porque no siempre puede esclarecerse un hecho con facilidad y tomarse la ley por cuenta propia no es una alternativa. Hay quien está decidido a matar a quien venga a robar su ganado que tanto sacrificio le he costado, sin embargo, esto genera una espiral de violencia.

Serían muchas las medidas aisladas que se podrían tomar, pero problemas complejos como este requieren respuestas integrales. Hay que pensar que las soluciones viables vienen de esa conexión entre el pasto que crece en nuestros campos y el plato del consumidor final. Con esto quiero decir que será necesario acabar de considerar la carne de res como un producto del agro al cual deberíamos tener acceso directo a través de las redes de producción y comercialización regulares. O sea, legalizar el sacrificio y comercialización de ganado vacuno. El ganadero debe tener el derecho de consumir y comercializar la carne de res que produce, sometida a los mismos procedimientos sanitarios de las de otros animales productivos. Puede ser incluso después de cumplir los compromisos de entrega para propósitos sociales subsidiados u otras condiciones, pero la carne de res debe tener precios de mercado y formas de comercialización descentralizada.

Con esto no se eliminará completamente el robo y la matanza ilegal, porque también existe robo de ganado menor, como cerdos, carneros, chivos, etc., pero sí se garantizaría:
– El estímulo del ganadero de poder acceder directamente al producto de su trabajo de manera legal.
– El acceso de los consumidores a un alimento de gran demanda y valioso en las dietas altas en proteína animal.
– El desaliento y la desarticulación de las bandas de matarifes, que en algunos casos podrían incorporarse a la comercialización y venta de ganado de manera regulada.
– El incremento del uso de los pastos, el estímulo a la limpieza de potreros invadidos de aroma y marabú y el aumento de la producción ganadera en su totalidad.
– El incremento de los indicadores productivos y reproductivos en función de las cuotas de ventas al mercado.
– El aumento del empleo, producto de un mayor rendimiento por área y el incremento de las labores en la ganadería.

Otros muchos beneficios, como también perjuicios emergerán de una medida como esta. Nuevos retos organizativos y económicos devendrán de las medidas y los procedimientos relacionados con la legalización del sacrificio y venta de ganado vacuno de manera descentralizada.

Evidentemente la estrategia seguida en el sentido de controlar el hurto y sacrificio ilegal de ganado mayor no ha dado resultado por la gravedad del asunto que enfrentamos y el efecto multiplicador negativo que provoca.

Está claro que no será mágico, y que deberán hacerse esfuerzos extraordinarios para llegar a este ideal, pero no cabe dudas que el trabajo, la dedicación y medidas políticas y económicas más audaces y atinadas socialmente, serán aquellas que propiciarán mayor éxito en lograr la tranquilidad, incrementos en la producción agropecuaria, el bienestar y la justicia social a que aspiramos.

(Tomado del muro de Facebook del autor)

Sobre el trabajo asalariado

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(Respuesta al artículo: La imposibilidad de abolir el trabajo asalariado hoy)

Estimo que el problema general de fondo que subyace en nuestro intercambio y que merece ser el motivo principal de nuestras reflexiones y análisis está contenido en las siguientes preguntas:

¿Por qué para la construcción del socialismo en los países en los que se la han planteado luego de tomar el poder y que se encuentra como meta en los partidos, movimientos, procesos revolucionarios, etc. dan por sentado que para el desarrollo de las fuerzas productivas, acelerar el crecimiento económico y extender la fuerza de los trabajadores, es imposible hacerlo mediante los trabajadores asociados como propietarios de los Mp y sí por medio de la burguesía y del capital?

¿Cómo es posible “construir” el socialismo fomentando y expandiendo la forma capitalista de producción y el trabajo asalariado, sea en la forma privada, sea en la forma del Estado como propietario y en “representación” de los trabajadores? De este modo socialismo es una etiqueta, capitalismo es lo real. Parece no entenderse que dónde hay salario hay trabajadores económicamente explotados, por el capital privado o el capital estatal.

El punto es de más importancia aún. La idea vigente anterior muestra no ser consciente de que, para la construcción de la sociedad nueva,  no se trata sólo de hacer que el trabajo sea más productivo y mejor que bajo el capital. Olvidan que superar el capitalismo implica la eliminación de las sociedades de clase luego de 7.000 u 8.000 años de su vigencia, con lo cual el desafío no es “perfeccionar” metas  cuantitativas, sino esencialmente objetivos cualitativos: cambio social, cultural, moral, motivacional, conductual, tecnológico al servicio de la sociedad y no de la ganancia,  etc.

Más aún, la nueva relación hombre/naturaleza está subyacente en el cambio social post-capital, es un metabolismo social de características completamente distintas a las finalidades depredatorias del capital: deforestación, desfoliación, agrotóxicos, polución, agresión minera, agresión climática, epidemias bacteriológicas y virósicas de laboratorio, estrujamiento del trabajador, etc. La naturaleza y la humanidad trabajadora, bajo el capital, son “medios” y no fin en sí mismos, lo cual trastrueca toda la relación “natural” hombre/naturaleza.

El trabajo asociado es no sólo un nuevo modo de producción y de relaciones sociales entre los individuos o miembros, es hoy por hoy la forma primordial de supervivencia de la humanidad porque el capital no trepidará en producir la extinción de nuestra especie y de otras muchas y destruir simultáneamente la naturaleza con su arsenal terrorífico, si está auto-convencida que con ello hará pingües negocios y ganancias.

Nuevas formas de cultura y de relaciones entre los individuos y las instituciones, solidaridad, generosidad, cuidado, protección, seguridad, asistencia, creatividad, inclusión, equidad productiva y distributiva, innovaciones, etc. que no pueden hoy adelantarse en la comprensión de su surgimiento y vigencia, son rasgos que su concreción demandará mucho tiempo. Y que en la realidad inmediata contendrá todos los aspectos negativos de la sociedad del capital de la cual se está saliendo. Pero ninguna de las complicaciones, obstáculos, vallas, falencias, fracasos, errores, etc. puede dar justificación a que permanezcan las actuales condiciones. Hacerlo es no salir de la lógica del capital por mejores explicaciones y loables intenciones que se puedan tener.

Solidaridad con un precio

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solidaridad
Recogida de ayuda en Miami para "Solidaridad entre Hermanos". Foto: cubaenmiami.com

Es un error común subestimar las sanciones económicas que Estados Unidos impone sobre Cuba. Cuando el hombre más rico de Asia, intentó donar material médico imprescindible a la isla, la línea de transporte de Avianca se negó pues la mayoría de sus acciones ya pertenecían a una empresa estadounidense. Cuando David Carbery organizó una campaña de donaciones en GoFundMe para llevar a Canadá el cuerpo de su padre, que había fallecido de visita en Cuba, los $2000 reunidos por amigos y familiares fueron congelados indefinidamente por las leyes del embargo. Toda operación financiera que conecte a Cuba con una entidad que opere en Estados Unidos, está sujeta a multas y sanciones. Entonces, ¿cómo es que una pequeña fundación de Miami puede lanzar su propia campaña de donaciones a Cuba sin el acoso del gobierno federal estadounidense? ¿Qué la hace inmune a las sanciones?

La Fundación para la Democracia Panamericana (FDP) es una ONG fundada por Rosa María Payá en 2015 con la misión de “promover y defender la democracia y los derechos humanos” según declara su sitio oficial. Pero sus acciones contradicen los fines democráticos que anuncia, promoviendo no la participación ciudadana de todos los cubanos sino especialmente la de aquellos comprometidos con un cambio de régimen en la isla.

Según declara su director, Dr. Omar Vento, la fundación funciona exclusivamente con donaciones privadas. Al consultar su última declaración de impuestos, no existe forma de distinguir entre aportes individuales e institucionales, ya que son declarados juntos en el mismo inciso del documento. Es interesante que en el año 2018, la FDP ejecutó más de $22,000 en viajes y $44,000 en salarios. Para ser una organización “caritativa” según su categoría de ONG, la FDP invierte aproximadamente el 70% de su presupuesto en gastos administrativos cuando los manuales de buenas prácticas financieras sugieren que tales gastos no superen el 35%.

Esta organización apoya las sanciones económicas que impone Estados Unidos a Cuba para provocar cambios políticos en la isla, una práctica repudiada por la comunidad internacional. Sin que el efecto de estas sanciones haya disminuido un milímetro, ocurre la peor catástrofe humanitaria del siglo XXI. Cuba tiene que agregar ahora a su escasez el desabastecimiento médico, la falta de comida y artículos de higiene personal. En la cotidianidad de un país sancionado, miles de cubanos salen a las calles todos los días a buscar qué comer y arriesgan su vida en la aventura. 

El pasado sábado 16 de mayo, la FDP convocó a una recogida de donaciones para enviar a la isla. La iniciativa Solidaridad entre Hermanos pidió la donación de alimentos enlatados, leche en polvo, aseo personal, y pañales. Las selección de artículos estuvo acorde a las principales necesidades en la isla y las regulaciones aduanales cubanas, según sus directivos. En varios momentos, tanto el Presidente de la FDP, Dr. Omar Vento, como su Directora Ejecutiva Rosa Payá, insistieron que la ayuda no tendría un carácter político, sino únicamente humanitario. Aun así, el pasado sábado durante la recogida de las donaciones en la ciudad de Miami, la misma Directora Ejecutiva alentó gritos de “Viva Cuba Libre” y los donantes coreaban “Abajo el Comunismo” y ofensas contra el presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel. 

El gobierno cubano está en una posición desventajosa.

Mientras miles de personas se inscribieron para recibir la ayuda, según las declaraciones de Payá, la realidad es que se verán beneficiados muchos menos cubanos de los que se perjudican por la agenda de acoso a las finanzas cubanas que apoya la FDP. Parece más un intento por ayudar a sus acólitos en la isla, que a los más necesitados.

En una conferencia de prensa online que ofreció la FDP, intervino Orlando Pardo Lazo para pedir que se distribuyera “algún tipo de documento educativo que fomente valores de liberación, pues la comida se acaba, la medicina expira, pero los valores que necesita la nación cubana están todavía pendientes”, argumentó el opositor cubano residente en Estados Unidos. Los intentos de utilizar la donación con fines políticos no demoraron. Entre los asociados de FDP en Cuba figuran nombres conocidos como Berta Soler de las Damas de Blanco, José Daniel Ferrer de UNPACU y pastores de iglesias protestantes.

Los organizadores pusieron como requisitos que la donación se reparta de manera directa, con la mediación exclusiva de la iglesia y la “auténtica sociedad civil”. Pero cuando mencionan la iglesia sólo se refieren a algunas denominaciones de cristianos protestantes en Cuba, aquellos que comulgan con sus preferencias políticas. Sólo reciben los que estén dispuestos a retribuir su ayuda. 

Hasta el momento Cuba ha recibido donaciones de material médico de Naciones Unidas y China. Esta última en más de una ocasión, de parte del gobierno y de la empresa Yutong. Según el diario Granma del pasado 11 de mayo, en la reunión del grupo de trabajo que gestiona la crisis del COVID19, el Ministro de Economía y Planificación Alejandro Gil anunció la decisión de abrir cuentas bancarias para recibir donaciones en efectivo (CUC o CUP) de personas naturales, ante la situación creada en el país por la pandemia. De acuerdo al funcionario, el dinero se utilizará en los territorios para la producción de alimentos. Aunque no se especificó si sólo se trata de una medida interna o si se puede donar también desde el exterior. Resulta difícil pensar a cuánto podrían ascender las cuentas bancarias locales cuando el salario promedio de miles de cubanos no llega a 50 dólares mensuales y muchos están en casa desempleados a causa de las medidas de aislamiento físico. 

El Primer Ministro, Manuel Marrero, afirmó que los cubanos consumen en estos momentos las reservas de comida que estaban destinadas a la industria del turismo. El gobierno agota todas sus alternativas, como es normal y común por estos días en todos los países del mundo.

Tiempos de catástrofe requieren dejar a un lado ideologías y tomar medidas excepcionales.

Hace más de un año, en enero de 2019, La Habana vivió días caóticos con el paso de un tornado por varios municipios de la capital. En su momento y bajo la presión de la opinión pública, el presidente y el gobierno de la isla decidieron flexibilizar y eliminar aranceles a donaciones provenientes, en su mayor parte, de cubanos residentes en otros países. Es importante que se retomen estas iniciativas, aun bajo los efectos de una crisis global, el sentimiento solidario y humano de los cubanos por ayudar a sus compatriotas es innegable.

Cuba mantiene cerrados puertos aéreos y marítimos salvo para carga especial, pero la realidad demuestra que el país necesita de la ayuda internacional para salir de la pandemia y la subsecuente recesión, a la que según el economista Pedro Monreal, se había llegado antes de que la crisis del coronavirus azotara la economía nacional. Las remesas de la comunidad cubana en Estados Unidos ayudan, pero no pueden ser la única solución. Los países europeos que no pueden utilizar los servicios de Western Union porque están bloqueados a causa de las sanciones que impone la ley Helms-Burton, también necesitan alternativas para ayudar a sus familiares y compatriotas en la isla. La Unión Europea debería explorar opciones al respecto.

La pregunta que se impone es cómo va a obrar el gobierno cubano en las próximas semanas. Respecto a la iniciativa de FDP, sin importar lo que decidan en La Habana, varios escenarios favorecen a FDP. Permitir la llegada de la donación sería un vehículo de propaganda perfecto para la organización opositora, e impedir que llegue a Cuba permitiría una denuncia más a la administración que preside Díaz Canel y se perderían recursos en momentos de crisis. Respecto a otras entregas de materiales y dinero, son necesarios algunos cambios urgentes. Muchos donantes piden un mayor control sobre a dónde y a quiénes entregar sus donaciones. Todavía está fresca en la memoria de muchos los hechos del huracán Irma cuando el gobierno cubano vendió colchones que llegaron al país como donación.

En estos momentos lo más importante es recibir ayuda, el centralismo y obsesivo control que ha caracterizado al sistema cubano en las últimas décadas deben ser enmendados, porque tiempos excepcionales demandan medidas especiales. Hay que evitar repetir episodios cuestionables y confiar en el sentimiento solidario de una nación. Sobre los donativos de FDP a Cuba, no es justo negarle a nuestros compatriotas su derecho a recibir una ayuda necesaria, pero sí deben saber que la merienda de este mes, puede significar el hambre de los próximos años. Hay solidaridades que no son gratuitas, vienen con un alto precio.

El 21 de mayo

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Me había solicitado amablemente un compañero que escribiera una columna sobre el 20 de mayo. No tuve tiempo en medio de la versión íntima de la cotidianeidad pandémica con la que lidio, pero en verdad tampoco encontré la manera de cerrar las ideas que anoté mentalmente.

Ese cierre estaba esperándome sin embargo en la mañana del día 20 en el post de un graduado de Derecho de la Universidad de Holguín y su personal deseo a todos: Feliz día de la independencia y el nacimiento de la República.¡Patria y Libertad! Hice un par de anotaciones, pero casi idéntico a como él lo escribió, lo puse en mi propio perfil porque me pareció el  voto patriótico cubano más hermoso y auténtico, sencillo, que he podido leer o escuchar en mi vida.

De golpe, quizás por su esencia serena y extrañamente cordial, por lo inusual y espontáneo de ese deseo en nuestra sincopada parafernalia de consignas y lemas mal digeridos, me vino el recuerdo del culto de mi abuela y madre a mi bisabuelo mambí, y esa devoción recia a un tipo de decencia conmedida y piadosa que cultivan las madres que han sufrido por los hijos ajenos.

El día antes había estado pensando para aquella columna que no escribí en los destinos de muchos padres esclavos que compraron la libertad de sus hijos y que envejecieron y murieron sin salir ellos mismos del barracón, en la suerte de Manuel Rodríguez «El brujita», el sastre que se batió en la década de 1868 con aquel valor forjado desde antes del que hablara más tarde Lemebel, en los rumbos inciertos de las niñas y mujeres guajiras desnudas por ausencia de la más rústica tela en las profundidades de nuestras montañas que vieron pasar los restos obstinados, hambrientos y perseguidos de las expediciones independentistas, en la atrocidad de las circunstancias y lo frágil de la vida humana.

Las evocaciones suelen ser también amargas y traicioneras, porque nos dejan en calidad de meros expectadores de la vida y los destinos de los otros, aunque nos ofrezcan, en cambio, una oportunidad para la humildad y aprender. En Cuba hay que tomar nota de ello, porque se lleva demasiado tiempo ya ninguneando desde la soberbia a una parte de nuestro pasado y éste nos está alcanzando en la peor de sus formas: la ignorancia y el odio.

La preterición y el olvido del día que marca formalmente el nacimiento de la República de Cuba y de la independencia y la mal disimulada antipatía que le han dedicado de paso nuestros medios durante muchos años, es también un síntoma de una sociedad que no entiende completamente los peligros que le acechan, ni lo que logró antes, tampoco las formas de resistir la adversidad.

Que el 20 de mayo de 1902 certifica la derrota final del anexionismo norteamericano en Cuba no es siquiera un tema a discutir.

Basta ver fletando en Guantánamo el pabellón yanqui para entenderle, además, como un poderoso recordatorio de lo que aquí se intentó, pero la escasa comprensión del significado de vivir en una República que hoy nos aqueja, el olvido de los contenidos y valores que contiene su noción, tanto como de su cualidad de matriz ética frente al despotismo, la arbitrariedad y los privilegios, es parte de un desarme sustancial para enfrentar los retos actuales y no pocos de los que tenemos por delante.

Pregúntele a la persona que tenga al lado ahora mismo sobre el significado político de vivir en una República y posiblemente tendrá como respuesta un mapa en que la libertad y los derechos ejercidos frente a todo ello, en que la exigencia del imperio de la Ley y la igualdad de todos sin excepción ante ella, son un incordio a la conformidad y al mantra de gratitud debida que se proclama y al mismo tiempo una marca de Caín, en que la Constitución como límite al ejercicio caprichoso del poder están fuera de la escala junto a la justicia y la fraternidad, el civismo y la decencia frente a lo servil y obediente, lo adocenado; o acaso un desolador encogerse de hombros. El vacío.

Es cierto, se podría coincidir por otras razones con una línea de un artículo de Karima Oliva Bello publicado ayer en La Pupila Insomne, en que su autora nos hace el favor de descodificar la noción de República y reducirla a los avatares y desgracias de un período histórico: «la república por la república no basta (…) ni garantiza nada«.

Convendría hoy recordar, cuando nuestros humildes, nuestros ancianos y enfermos, sólo ellos, ¿se acuerdan? salen a sumergirse por hambre y ansiedad, por la precariedad y agonía de sus despensas en largas colas sin tener la certeza siquiera de regresar a casa con el alimento, o la medicina, cuando nuestros pobres, ¿se acuerdan?, sólo ellos, tienen que conformarse con el aceite, el pan, el arroz y los huevos subvencionados porque no puede acceder sin delinquir a lo mismo que se le vende a altos precios en las otras tiendas, que el Socialismo, sin libertad, democracia e igualdad, sin la herejía de no ser servil e hipócrita, es tan sólo una abstracción aparentemente incólume, un nirvana en el que se puede vivir cómodamente mientras el egoísmo, el oportunismo y la desigualdad se ceba con nosotros, y que no basta, ni garantiza nada, si está vacío de esos significados, si somos cómplices de ello.

En Santiago de Cuba surgió no hace mucho una iniciativa, en esas mismas redes que son vilipendiadas y demonizadas hoy por tantos, en esas mismas redes sociales que son la parte más democrática y dinámica de nuestra esfera pública y de los ejercicios de participación ciudadana. Dónde hay santiagueros, se llama el grupo de Facebook por el que se localizan en tiempo real los productos más imprescindibles o un colchón antiescaras para una centenaria amada. No pasó mucho tiempo para que se empezarán a ofrecer espontáneamente también, así, sin costo, las medicinas, la sangre y la ropa que al otro le faltaba, o necesitaba, la solidaridad y fraternidad sin colas, la hermosa dignidad de hacer el bien.

No puedo evitar pensar que es la misma dignidad con que los cubanos, todos ellos, salieron el 21 de mayo de 1902 a enfrentar sus propios desafíos de ese día y de los años que vendrían, porque en Cuba la dignidad siempre ha encarado al futuro y el destino.