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Red Avispa decepciona

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La red avispa, película dirigida por el francés Olivier Assayas fue estrenada en Cuba en el pasado Festival Internacional de Cine Latinoamericano de La Habana. Basado en el libro del escritor y periodista brasileño Fernando Morais, el filme prometía la historia de los cinco cubanos acusados de espionaje que cumplieron largas condenas en Estados Unidos. Al tiempo que recreaba algunas particularidades de una parte del exilio asentado en La Florida.

Oliver Assayas, posee una extensa trayectoria multi premiada en las plataformas cinematográficas. Había dirigido con loables resultados Doubles vies, Las horas del verano, Finales de agosto y principios de septiembre e Irma Vip. Al director sumamos un elenco de lujo: la española Penélope Cruz, el mexicano Gael García Bernal, el venezolano Edgar Ramírez, el Brasileño Wagner Moura y la cubana Ana de Armas. Parecía un éxito seguro.

Para los cubanos sería una historia familiar, pedazo de nuestras luchas, de tribunas, de carteles de repudio al imperio; reflejado todo en la gran pantalla. Una película, además, casi de género histórico, aun cuando su director la bautizara como un thriller de espionaje.

Lamentablemente, todo quedó en la expectativa.

Tanto el guión como la dirección de arte resultaron en una puesta en escena decadente. Recrear la ciudad de Miami en los años 90 quizás era un reto bastante grande para los realizadores. Bien es sabido, los costos de construir fachadas y ambientes de épocas pasadas es difícil, pero no pudieron hacerlo peor. Un sinnúmero de gazapos hacen que el más inocente de los espectadores pierda la atención a la historia, ya de por sí floja en el guion.

La Avenida de Boyeros pudo haber sido filmada como una de Miami y resultar realista, pero aparecían nítidamente en una escena (conversación entre los personajes René y Juan Pablo) un ómnibus urbano P2, un rutero amarillo y un transmetro marca Yutong. Ninguno de esos modelos de autobuses se fabricaba en los años 90.

Las casas de La Habana que sirvieron de locación también pudieron ser perfectamente creíbles si en la cocina de Ana Margarita (interpretada por Ana de Armas) no aparecieran los artefactos de la Revolución Energética en Cuba. En el año 2006, cada cubano obtuvo por proyecto gubernamental una olla multipropósito y una arrocera. Pues, en la supuesta cocina de Ana Margarita, década del 90, Estados Unidos, hay olla reina y arrocera.

Otro de los errores más visibles ocurre cuando el terrorista Raúl Cruz León va a colocar la bomba en el Hotel Tritón. Sale el cintillo de la película, para esclarecer el nombre del lugar: “Hotel Tritón”, y en la puerta del edificio se lee claramente el cartel real filmado: “Hotel Riviera”, incluso llegan a coexistir ambas informaciones, “Hotel Tritón”, “Hotel Riviera”.

Cuando han trascurrido una hora y ocho minutos del largometraje, interviene la figura del narrador. Según el diario catalán Periódico Español en su versión digital este “funciona como entradas de la Wikipedia leídas en alto”. El resto de la información había sido mostrada a través de cintillos y la nueva voz irrumpe con desentono.

A pesar de ser Red Avispa, una película de espionaje lo menos que nos recrea el guion es espionaje. Muy poco se mostró del funcionamiento del trabajo de los infiltrados en Estados Unidos, y aunque el locutor hace una referencia, la información termina siendo escaza y poco aclaratoria al respecto.

El filme no va de los agentes cubanos.

Es la historia de amor de René González y su esposa Olga Salanueva. Mientras, en montaje paralelo conocemos al agente Juan Pablo Roque y su pareja Ana Margarita. Esta última subtrama queda confusa en cuanto al papel de Roque en el exilio y su regreso a Cuba.

En tanto, Antonio Guerrero, Fernando González y Ramón Labañino ni siquiera tienen diálogos en La Red Avispa. Hay demasiados personajes, algunos desaparecen a mitad de la trama, como el ya mencionado caso de Roque. Resulta engorroso ver tantas historias sueltas e inconexas.

La revista New Magazine ha apuntado que “se ha querido construir un conjunto muy grande y complejo que no se ha tratado bien, porque no se ha profundizado en ninguno de los asuntos tratados y porque algunos ni siquiera se han cerrado. No en el sentido “final abierto”, más bien en el sentido “se le habrá olvidado al director que esto está abierto?”

A pesar del nivel de sus protagonistas, solo vimos una cinta donde españoles, mexicanos, venezolanos, brasileños interpretan personajes cubanos, cada uno con un acento distinto y alejado de cómo se habla en la isla. Por su parte Ana de Armas, cubana, habla casi todo el tiempo en inglés.

No es el caso de Penélope Cruz, quien demostró crecerse y sobresalir para ser uno de los pocos aciertos de la cinta. En varias entrevistas la actriz dijo haber estudiado muy duro para lograr el acento cubano. Y aunque su propósito quedó a medias, Penélope consiguió emocionar con su personaje, creíble y bastante cercano a la Olga que conocemos.

El sitio los Interrogantes considera que “estamos ante un intento fallido de lo que podría haber resultado en una película fascinante. Lamentablemente su director se pierde en alargar escenas que no añaden información a la historia, reunir gran variedad de géneros en un mismo metraje y, entremezclar situaciones y momentos que terminan por parecer inconexos”.

El mayor acierto de la Red Avispa, es la justeza histórica.

Y es también su mayor punto de discordia para uno y otro bando político. Los sucesos con las avionetas de Hermanos al Rescate, el ataque terrorista a playa Tarará, y las bombas colocadas en los hoteles dejan claro las actuaciones tanto del gobierno de la Isla como de algunos de los grupos políticos de la diáspora cubana de Miami.

Las avionetas de Hermanos al Rescate sí violaban el espacio aéreo de la isla, y los cinco sí eran agentes del gobierno cubano haciendo trabajo de inteligencia en Estados Unidos. En ambos sentidos la película es objetiva.

Otro acierto pudiera considerarse la representación cinematográfica de varias figuras célebres en el diferendo Cuba-Estados Unidos: Jorge Mas Canosa, José Basulto, Posada Carriles, Raúl Cruz León, y hasta Gabriel García Márquez como mediador del conflicto. No fue el caso de las imágenes de archivo utilizadas con declaraciones de los presidentes Bill Clinton y Fidel Castro, ambas le dieron a Red avispa un tono de documental medio caricaturesco.

Por lo pronto me niego a creer que Red Avispa formará parte de la memoria histórica de este suceso en Cuba. Pensar cómo hubiera sido el filme hecho por un realizador cubano queda en el terreno de la especulación. Pero sigue siendo necesario que nuestro cine salde esta deuda enorme con patriotas y hechos cruciales en la historia de la nación.

Hacer la rebeldía

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Foto: AP/Str

Todavía hoy, en 1953, estaban matando en Santiago de Cuba a los de la Generación del Centenario. Por lo menos uno de ellos, llevado junto a otros a un lugar cercano a la Granjita Siboney para ser fríamente asesinado después de haber sido torturado y golpeado, vejado y ultrajado hasta el infinito que puede ser cada segundo en esas circunstancias, murió de un infarto y no como el resto de sus compañeros del impacto y el destrozo de carnes, músculos y huesos de las balas.

¿Habrá realmente muerto allí de horror ante la certeza de la muerte que se le iba a procurar, o no habrá soportado antes un gramo más de dolor, soledad y terror, de desamparo, en una sala de tortura improvisada pero macabramente eficiente en el Cuartel Guillermón Moncada?

Nunca se tendrá certeza de las circunstancias reales de ese grotesco y sobrecogedor final. La autopsia del cadáver levantado del sitio, no aportará otros datos que permitan dilucidar esa pregunta. Permanece muda, cerrada a cualquier especulación, casi con seguridad, para siempre.

El miedo, se sabe, no es escaso nunca en un hombre valiente, acaso porque nadie ama la vida más, porque nadie aprende a disfrutar la vida más, que aquel que la arriesga.

Se dice fácil: arriesgar la vida, pero hay siempre un camino entero de determinación y coraje en esa multitud de pequeñas decisiones por las que pasa una mujer o un hombre para ir de las palabras a los hechos. Al final de él, no pocas veces se pierde de verdad lo que se arriesga.

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Monumento a Julio Máximo Reyes, Miguel Ángel Oramas y Remberto Alemán, combatientes del Moncada.

La carretera que pasa frente a la Granjita Siboney en la ciudad de Santiago de Cuba está sembrada de monumentos sobrios y sencillos, casi rústicos, que dan testimonio de la existencia de ese tipo de hombres.

Salvo uno, no distinguiré aquí yo de sus compañeros al que murió junto a ellos como uno más, la mayoría de los monumentos recogen sus nombres de tres en tres. Bajo el nombre de cada uno de ellos, o al lado, aparece siempre la ocupación por la que eran distinguidos antes de morir estos hombres: uno fotógrafo, otro lechero, aquel otro chofer. Salvo unos pocos, pertenecían a ese linaje oscuro que se pierde la mayor parte de las veces en el olvido de los pueblos.

Se conocen cuáles fueron sus hechos. En cambio, los sueños, las pasiones, los amores y angustias de los hombres son tragados, devorados y oscurecidos siempre por sus hechos.

El defecto físico que lo atormentó, la herida infrigida por la mujer amada, la rabia del hambre en la memoria de niño, el goce y el vértigo de cada caricia de una lengua, los zapatos nuevos, la risa y el juego en el piso con los hijos, la cerveza fría, el poema que no se atrevió a entregar por el desdén posible, la película que quería ver, son fragmentos de algo que jamás, ya nunca más y para siempre, podrá ser reconstruido.

Quedan las imágenes, es cierto, alguna que otra vez las imágenes nos devuelven los gestos, risas, el calor de sus voces, sus miradas. Como ésta en la que aparece José Luis.

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José Luis Tassende, minutos antes de ser asesinado tras el Asalto al Cuartel Moncada.

Es cierto. En ella el hombre está ya sumergido en el cataclismo de los hechos que aún no alcanzan a devorar su vida, a convertirla en fragmentos imposibles de volver a unir como el todo magnífico y al mismo tiempo común que ha sido hasta hace muy poco.

Se puede interrogar la imagen de ese hombre: hágalo.

Tratar de observar otra vez su mirada, tratar de entender que nos dice desde la lejanía y profundidad de los hechos que una foto ha salvado para nosotros sin poder siquiera salvar la vida del hombre que vemos en ella.

Es posible que la foto no le diga nada, también que aparte de ella la vista rápidamente, o que vuelva una y otra vez a ella, tal como hará más tarde, intentando verse a sí mismo en la oscuridad y el brillo de unos ojos, que poco después de hecha la foto, se cubrirán por breve tiempo de un denso manto blanco y acuoso.

No se asuste. Es ciertamente imposible interrogar la imagen, la mirada del hombre que hay en ella, o en cualquier otra, o a cualquier otra mirada, cuando en realidad nos estamos interrogando a nosotros mismos, y a nuestros propios hechos.

Nos falta la rebeldía, nos hace tanta falta hacer la rebeldía, que deberíamos darnos cuenta que está mal que su día en Cuba sea feriado.

Tiendas en MLC y viejos paradigmas

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Foto: EFE

Vivimos tiempos difíciles, tiempos de pandemia, de aislamiento social, de crisis económica, de colas, coleros y desabastecimiento: una tormenta perfecta. En ese contexto era evidente que la medida de abrir tiendas en MLC iba a ser impopular. No puedo culpar al gobierno porque tome este tipo de decisiones pero tampoco me sorprende que muchos se sientan excluidos, hasta traicionados y por supuesto respeto sus opiniones aunque no las comparta.

Ahora se privilegia a un sector. Pero, ¿qué medida que se haya tomado garantiza el ideal de justicia social? Ninguna, desde la libreta del abastecimiento, pasando por la educación y la salud pública gratuita. La razón es sencilla: no nos esforzamos  igual ni aportamos lo mismo, ni siquiera de manera proporcional, a la sociedad. Y por supuesto que todos debiéramos – y no solo en Cuba – tener derecho a salud, educación, cultura, recreación sana y muchas cosas más como una vivienda digna, seguridad social… Pero para eso es necesario crear riquezas y estas traen desigualdades.

Pero, veamos, ¿quiénes son los afortunados? Básicamente aquellos que tienen familiares en el exterior y están en condiciones de mandar las preciosas divisas para que su gente pueda pasarla un poco mejor y el país salga del atolladero – para otras cosas no estoy de acuerdo. – ¿No son ellos cubanos como cualquiera de los que se oponen…? Sí.  ¿No es justo que si tienen la divisa y están dispuestos a gastarla mejoren un poco sus condiciones de vida…? Sí. ¿No es mejor que si alguien pueda escapar, escape, aunque sea para que estemos menos en las colas?

Creo que en una parte de nosotros, muy oculto en un rincón vergonzoso, pervive el paradigma del “pim-pom-fuera…” Y es que seguimos viendo – o al menos así lo demuestran algunos mensajes de odio en medio de la crisis, y el gobierno contribuye a esto porque no hace lo necesario para cambiar esa visión– a nuestra emigración, no como emprendedores sino como desertores… o algo peor. Sin embargo, ya sea como país o como individuos, nos aferramos a ellos, para que nos manden esos queridos dólares, imprescindibles en este país donde no producimos nada o casi nada.

Va siendo hora de que las autoridades reconozcan el valor que tienen las remesas.

No sería asombroso que aportaran tanto como el turismo o los servicios de salud – este año estoy seguro de que va a aportar más que cualquiera de estos dos renglones–. También va siendo hora que entendamos y valoremos, el sacrificio de nuestros connacionales que en busca de un futuro mejor, en “balsas”, por avión o en el terrible viaje a través de Centroamérica, expuestos a toda clase de peligros, dispuesto a todo tipo de sacrificios nos sostienen en los momentos más duros… Ellos son nuestros emprendedores y también deberían ser nuestros héroes, tanto como los médicos que nos mantienen a salvo de la pandemia. Ellos deberían recibir un aplauso agradecido, al menos una vez.

Del lado de acá están sus familiares, los que han tenido que soportar mucho más que la ausencia y la separación de un ser querido – conozco quien ha vendido su casa para que su hijo logre su sueño. –  ¿No es justo que ahora se beneficien, que reciban el premio de su sacrificio? Los otros, los que no tengamos acceso a las divisas, siempre podremos felicitarnos porque ese hijo, padre, esposo, hermano o amigo… está junto a usted, en la Patria, que es como la casa grande, para compartir la cena magra y el pan escaso, pero en familia. De alguna manera encontraremos la forma de que las viandas lleguen. Eso sí, no son tiempos de esperar que nadie nos regale nada.

Darwin y una científica hippie

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Foto: @robypangy via Twenty20

Charles Darwin, al publicar El origen de las especies, le brindó un pretexto científico a la ideología burguesa y el totalitarismo. Primero, los teólogos más ortodoxos arremetieron contra la selección natural. Darwin y Alfred Russel Wallace habían puesto en los predios de la biología lo que había sido obra de Dios. Pero la competencia por la vida, el éxito del más fuerte, del mejor dotado, es tan atractivo para justificar el modo y las relaciones de producción capitalistas que, apenas con la llegada del siglo XX, el darwinismo sería convenientemente compaginado con el Génesis y hasta hoy, en el catecismo, te enseñan que los tiempos de la creación divina son meros símbolos inescrutables de la Palabra Divina. En Occidente, sería suficiente con que el Altísimo fuera creador de los genes siempre que los sacerdotes –los católicos más que cualquier otros- sobrevivieran al racionalismo decimonónico y continuaran ejerciendo la hegemonía sobre la espiritualidad de la gente.

Un drama que cuente la historia de la Biología, tendría como anécdota obligada el descubrimiento en 1910 por Thomas Hunt Morgan de una mosca mutante de ojos blancos. La publicación de El mecanismo de la herencia mendeliana , en 1915, por Hunt y sus compañeros y el artículo de Ronald Fisher en 1918 The correlation between relatives on the supposition of mendelian intheritance”  constituyen las bases  de la síntesis evolutiva moderna en el estudio de la vida. El neodarwinismo, como también se le conoce, resultaría el “sustento” científico de ideopolíticas tan aparentemente opuestas como el estalinismo y el fascismo, manifestaciones de un darwinismo social que, aunque había sido enunciado por Hebert Spencer incluso antes de la aparición de El origen de las especies, encontraron perfecta aplicación en los “experimentos” sociopolíticos de alemanes y soviéticos. Nada como una guerra para demostrar a las masas que el más fuerte está destinado a sobrevivir, tener éxito y vencer. Sólo en la primera mitad del siglo XX hubo dos, devastadoras.

La noción, vulgarizada por el cine, la prensa y el resto de los medios de comunicación, de que la Evolución ha de interpretarse como la ley del más fuerte, del mejor dotado. Soslaya el papel de la colaboración biológica y la simbiosis en la adaptación de los seres vivos a las condiciones ambientales y la evolución. Se sustenta en unas Ciencias Sociales nacidas como hijas del matrimonio incestuoso entre la Ideología y las Ciencias Exactas y Naturales.  El desarrollo de las Ciencias Sociales fue resultado del auge del racionalismo decimonónico y trae consigo la traslación de paradigmas metodológicos y modelaciones teóricas de disciplinas milenarias, como la matemática, la física y la bilogía, a las entonces imberbes psicología social y sociología. El neodarwinismo sirve para inocular la idea de la superioridad de los escogidos, y argumentar lo mismo los pogromos de los nazis que la imperiosa necesidad de que los ucranianos abastecieran de granos a la URSS, una de las causas del Holodomor.  El pueblo ruso como “la fuerza superior de la Unión Soviética”, la raza “aria” y los métodos políticos usados por unos y otros en el sostenimiento del mito, son manifestaciones implícitas de ese darwinismo social.

La bióloga y activista social norteamericana Lynn Margulis, publicó más de setenta libros y cientos de artículos, algunos de ellos, en colaboración con su hijo Dorion Sagan, hijo también del famoso astrónomo Carl Sagan. Margulis aunque reconocía el trabajo de Darwin, entendía que los neodarwinistas no habían logrado explicar las incógnitas que trascendieron al inglés, una de ellas, y quizás la más importante: la fuente de las variaciones que impulsa la evolución de la vida. Según la científica hippie, las mutaciones genéticas aleatorias, esgrimidas por los neodarwinistas, no bastaban para explicar la evolución biológica que significaba la incorporación de nuevos rasgos a los seres vivos. Entonces desarrolla sus respuestas en otros ámbitos teóricos, basadas en las ideas del estadounidense Ivan Wallin y del ruso Konstantin Mereschkowski, que habían postulado la simbiosis –colaboración biológica-, entre los organismos simples como el proceso catalizador de la aparición de organismos complejos.

Aunque al principio sus postulados fueron rechazados por la comunidad científica, y los divulgadores hicieron caso omiso de sus planteamientos, para 1970 desarrolla su teoría de la simbiogenésis en su libro Origin of Eukaryotic Cells¸ y a partir de ahí encuentra apoyo experimental. En agosto de 2014, en la revista Nature se publicaron los resultados de la comparación de más de un millón de genes de 55 especies de eucariotas, y más de seis millones de genes de procariotas, por un equipo investigativo dirigido por Wiliam F Martin, y se ha demostrado la teoría de Margulis.

O sea, se ha comprobado experimentalmente que Margulis tenía razón al subvertir el neodarwinismo, exaltando la simbiosis, o sea, la colaboración, como desencadenante de la evolución.  Obviamente, este no es un resultado atractivo para las teorías filosóficas basadas en la supresión mediante la acción violenta o implantación hegemónica de contradicciones sociales identificadas como antagónicas. Cualquier noción de que la evolución de una sociedad dividida en clases hacia una que se distinga por la participación y la colaboración entre grupos portadores de roles, es imposible sin que una derrote, aplaste, a la otra definitivamente, va a negar la posible replicación sociopolítica de los postulados de la endosimbiosis de Lynn Margulis.

La interpretación apriorística y sesgada de que la Ley de la Unidad y Lucha de Contrarios se manifiesta en la sociedad exclusivamente en forma de lucha de clases y búsqueda de la hegemonía política, soslayando otras alternativas allí donde las condiciones histórico-concretas lo permitan, propiciarán que los legionarios de las clasificaciones y los atrincheramientos divisorios corran a acusar este artículo de centrista o pro Tercera Vía, y los supremacistas de derecha y anticomunistas viscerales lo aúpen sólo según la perspectiva aparentemente conciliadora que tendría, en aras de continuar expoliando y oprimiendo a millones de personas.

Pero los resultados científicos de Lynn Margulis están ahí, conviviendo con el neodarwinismo y otorgando una respuesta al origen y evolución de la vida mucho mejor demostrada experimentalmente, que las que se lograron con las teorías que le antecedieron. La endosimbiosis está ahí, lo mismo que la necesidad que tenemos en Cuba de que convivan varios tipos de propiedad, de que colaboren y se complementen varias formas de producción, y de que se interrelacionen tipos de mercados según el nivel adquisitivo de los diferentes actores económicos. Si el resultado de esto es o no la aniquilación de los más débiles o desventajados según el darwinismo social, será responsabilidad, en primer lugar, de los que estén mejor dotados culturalmente para evitarlo, del Estado, y de todos los que conformamos la nación.

Cola avisada no mata delincuente

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Foto: Alex E. Proimos

Hoy no fui a trabajar. Me atreví, en cambio, a participar en una cola para una supuesta venta de aceite y productos de aseo personal en el Punto de Ventas situado en la esquina de Manzaneda y Milanés, en la céntrica urbe matancera. Creí que podía permitirme ese lujo pues, siendo profesor universitario y estando a un día exacto de terminar oficialmente las labores de preparación del próximo curso escolar, no sería demasiado negativo el impacto de mi ausencia al trabajo y sí muy positivo en mi hogar.

Normalmente soy bastante exigente conmigo mismo y si no voy a la universidad me quedo en casa y, a tono con estos tiempos de COVID, trabajo en mi preparación de asignaturas y en mi investigación científica.

Pero hoy el tiempo estaba malo. Habían anunciado fuertes lluvias y tormentas para la zona occidental y temí también que no pudiera aprovechar mi tiempo de máquina en la universidad porque habrían de apagarse las PC en una zona donde siempre caen sus buenos rayos. Finalmente no llovió en toda la mañana y heme aquí, escribiendo esta crónica. Sin aceite y sin aseo.

Sí, porque al final no llegó. En cambio lo que trajeron fue ron, agua mineral y frazadas de piso, productos que ya estaban en existencia en el mencionado Punto. Confieso que me sentí un poco frustrado porque ya me veía con mi botella de aceite y mis jabones y había soñado con la remota posibilidad de adquirir un tanque de 5 litros de aceite, que era lo que se comentaba que llegaría. Pero mi frustración es poca comparada con la de los primeros turnos de la cola de hoy.

De acuerdo al vox populi, las colas en todos los establecimientos de ventas ya están arregladas.

Son como las carreras de caballos o las peleas de boxeo profesional en países capitalistas en las que se apuesta al ganador antes de la carrera o la pelea pues ya se conoce el desenlace. Hay una cierta cantidad de personas que siempre son los primeros en todas las colas, no importa si es para adquirir aseo personal, aceite o pollo. Ellos son los primeros por decreto de ellos mismos.

En el caso de Manzaneda y Milanés, estos “coleros” se decretaron primeros a partir de su pretendida marginalidad y guapería de solar, donde, a base de escándalo y chusmería, han secuestrado la primacía de todas las colas de este y otros Puntos de Ventas.

El resto de las personas, más educadas y menos agresivas, se abstienen de entablar careos verbales en medio de la calle con estos seres que no respetan ni los años de los más viejos. Ello podría desembocar en una pelea con agresiones físicas, a la cual estos individuos estarían más que dispuestos con tal de hacer valer su pretendido número uno.

Pero, extrañamente, hoy habían dejado que otros ocuparan los primeros lugares. Habían abandonado su conocida estrategia de aparecer a las 2 ó 4 am. a “romper” la cola para declararse primeros. Llegaron “tarde” a la cola, sobre las 8 ó 9am, cuando todos saben que siempre están mucho más temprano. Al llegar el gigantesco camión de distribución, con solo agua, frazadas y ron, reían con sorna y miraban de soslayo a los primeros lugares y en alta voz declaraban que para la próxima semana, cuando importe, ellos serán otra vez los primeros.

Evidentemente habrá alguien bien informado en las instancias de la cadena de distribución, que les confirma sobre qué, cuándo y hacia dónde irán los productos. O pudo haber sido la más pura casualidad. No sabemos. Lo claro es que nadie en su sano juicio hace una cola de dos días, con madrugadas incluidas, para comprar agua mineral, frazadas de piso y ron.

De alguna forma se sabía que vendría el aceite y los productos de aseo personal. Pero no llegaron. Y parece que los “coleros” lo sabían pues no lucharon y bajaron las armas. ¿Casualidad? En mi modesta opinión, alguien les dijo de antemano o cambiaron la distribución para favorecerlos pues ya no tendrían los primeros lugares.

Cola avisada no mata delincuente.

Y uno podría preguntarse ¿Para qué tanto alboroto? ¿Por qué luchan tanto para ser los primeros? ¿Para qué tanto aviso y para qué tanta información sobre lo que distribuirán? ¿Será la típica paranoia de la crisis debido a la pandemia? Pudiera pensarse que este grupo de coleros son de pocos ingresos y necesitan el pollo o el aceite para comer y dar de comer a sus hijos.

Que su pretendida marginalidad, que utilizan para imponerse por la fuerza en las colas, va de la mano con la pobreza y la necesidad, por lo que deben luchar contra todos para asegurarse la comida. Que son como los llamara Herbert Spencer “unos pobres virtuosos”. Nada más lejos de la realidad.

¿Cómo podrían ser los primeros y comprar siempre si no tuvieran dinero? ¿Será que la pobreza es solo del lenguaje y las buenas maneras, solo del respeto a los otros? Pues parece que sí.

Desde la semana pasada se comentaba en ese barrio que el champú que se expendió a 2 y algo en CUC, esas personas inescrupulosas lo vendían a 12 CUC a sus propios vecinos. Yo fui testigo silencioso (pero ya no más) de una venta de paquetes de perros calientes frente al mismo kiosko, casi delante de los ojos de los compañeros de la Policía y del orden público, mientras aquellos se escondían amparados por el tumulto que les sirvió de cobertura.

Estos coleros compran para revender a altos precios. Y compran de todo, por lo que, según su propia lógica, deben ser los primeros en todas las colas para asegurar el negocio.

¿Será que nuestras fuerzas del orden no tienen amparo legal para luchar contra ellos? ¿Que las quejas y comentarios de tantas personas sobre el secuestro a que tienen sometidas las colas en esa esquina, solo a dos cuadras del Gobierno Provincial, no sirvan de nada? ¿Tendremos que soportar impasibles que unos se apropien SIEMPRE de los primeros números de las colas para luego vender los productos a cinco o siete veces su precio original? ¿No puede la PNR hacer algo? ¿O el Gobierno….?

Creo que nuestro Gobierno realiza enormes esfuerzos para proveer a la población de los productos de primera necesidad en medio de una crisis mundial provocada por los efectos de la pandemia del SARS-COV-2. No creo que debamos permitir que ciudadanos como estos se aprovechen de la situación y especulen con estos productos, ni tampoco admito, como he escuchado antes en boca de algunos agentes del orden público, que eso sea simplemente un problema entre vecinos y que la Policía no puede dedicarse a organizar colas.

Quizás sea cierto. Pero la Policía sí puede y debe actuar contra estos delincuentes que agravan la crisis y dañan el prestigio de los que hoy luchan por mantener los niveles de satisfacción de la población para salir todos de la crisis.

En fin, creo que va a llover. Me voy a dedicar a preparar alguna conferencia porque el aceite no llega hasta el martes de la semana que viene. ¿O será el lunes?

Annals of a Cuban-style Dollarization

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Foto: @TatianaMara via Twenty20

The package of measures announced in the Mesa Redonda of last July 16 filled a sizable part of the people with expectations. Although it was based on the effects of COVID-19 and the tightening of the blockade, the prevailing view is that the country returns to the path of the Updating of the model, put almost entirely on hold in the last few years. I like to think that’s the case, and not that everything will go back to the way it was as soon as the epidemic-related crisis is overcome, or a new US government retracts its claws.

Of the many measures made public, most require a waiting time that’s yet to be defined. Only one is made effective immediately: the re-dollarization of a significant part of the commercial circulation, not in the form of cash, but through the use of bank cards in FCC (Freely Convertible Currency): dollarization in plastic. Its immediate goal is understandable. Income in FCC has seriously dropped, and there’s no indication that it’ll come back to normal in the short term.

The expenses of facing the pandemic, the payments of foreign debt, and the purchases of basic supplies cannot wait for the economy to prosper, and the most expedite source of financing is within the country. That’s why the US dollars, zealously treasured by distrustful savers in jugs, supposed toolboxes, mattresses, and double-bottomed furniture, have been summoned to manifest themselves with urgency, like supernatural entities in a séance.

Seeing the lines forming in the first days of the shops –suddenly very well stocked, by the way– for that middle- and top-range market, the decision can be described as effective. Meanwhile, those without international cards or accounts in US dollars in Cuban banks are rushing to open them or put away reserves in CUC or CUP –the ones who can– in order to purchase the new products in those shops in the black market.

Those at the bottom of the food chain always suffer the most.

But the presence of the US dollar in the Cuban market is cyclical in our history, and its last occurrence, in the 1990s, never really ended, it only morphed behind a nationalist mask: the CUC. Let’s look grosso modo at the annals how we got to this point.

Already in colonial times, the US dollar circulated in Cuba without restriction, in correspondence with the high volume of imports from and exports to the US, and the movement of people who came and went for various reasons. With the First Occupation and the establishment of the Republic, it gradually imposed itself in a market it shared with weaker currencies. That’s why, in February 1907, during the Second Occupation, the Currency Strike broke out, led by tobacco workers in Havana who demanded they be paid in US dollars. It lasted for 145 days, other labor sectors joined and it enjoyed the veiled support of interventionist governor Charles Magoon. It was the first success of the Cuban workers’ movement.

Although during the government of José Miguel Gómez (1909-1913) its Secretary of the Treasury and native of Sancti Spiritus, Marcelino Díaz de Villegas, made the first proposal of creating a Cuban currency, it would be in the boom years, during the government of Mario García Menocal (1913-1921), when a man from the same region, economist Leopoldo Cancio Luna, would turn into a reality the aspiration of establishing our national currency: the Cuban peso, with a value pegged to the dollars. It would come to be officially in force as the single currency on December 1, 1915, but the circulation of foreign currency would be banned throughout the country since September.

The peso remained a strong currency for a long time. Even after the devaluation of the dollar in the 1970s, and by then freed from its dependency of its American counterpart by the Revolution, it retained a high purchasing power. Its debacle arrived with the inflationary spiral of the Special Period when its value dropped so much that one US dollar, which was informally worth 7 pesos in 1990, got to fetch 150 in 1993.

As part of the anti-crisis strategy, in August 1993 the legal circulation of the dollar was reestablished as the decriminalization of the foreign currency and monetary duality were passed. Additionally, the reception of remittances was allowed, which increased the income of approximately 25% of the island’s inhabitants. The economy began to rise. In 2003, the brand-new Cuban Convertible Peso (CUC) replaced the US dollar in transactions between state-owned companies, at the same time that the mechanisms for assigning and using foreign currencies were highly centralized.

At the end of 2004, in response to US pressures on Cuban transactions in their currency, the Central Bank of Cuba (BCC) extended its exclusion to transactions carried out with the population. Therefore, although the possession of foreign currency or the maintaining of savings accounts in FCC was not re-criminalized, their exchange was made obligatory for internal circulation. Likewise, in order to discourage the arrival of remittances and other flows of US dollars, a 10% tax was imposed on the enemy’s currency in its exchange to CUCs.

We’ve spent more than fifteen years with two Cuban currencies, at least apparently.

In reality, the CUC has always been a stand-in for the US dollar inside Cuba. In the beginning, it was like a revalued avatar of the dollar, but in time it seemed to acquire a life of its own. It’s minting without the backing of US dollars made it devalue so much that it lost its original meaning. That’s why important companies first (2015), and now the population, have been forced to go back to a partial circulation of FCC.

Now, more than ever before, monetary reunification and the arrival of remittances in US dollars become necessary, because when this first wave of currency treasured by private citizens dries out, how will the Cuban accounts in foreign currency be recharged? If US dollar remittances are exchanged by the CADECA (Cuban government-run bureau de change) into CUCs –by now doomed to extinction– and the dollarized mules and international tourists cannot come because there are no flights yet, where will Cubans obtain more dollars? If the markets in CUP and CUC are now almost empty, will there be supplies to keep them stocked and prevent FCC-purchased products from starting to circulate in the black market, in an endless inflationary spiral that would lead the poor majority of consumers without US dollars to desperation?

Let’s hope –paraphrasing the sign at the entrance to Varadero– that every dollar collected by this exclusive market, in a foreign currency, will clearly be to the benefit of all the people.

La responsabilidad de los juristas

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Para lo días que corren, no resulta una novedad la comprobación histórica que detrás del horror del exterminio en campos de concentraciones como Auschwitz, Dachau, Treblinka, Mauthausen, Buchenwald, y las cámaras de gas, los macabros experimentos con seres humanos -cuyo régimen caía con la toma de Berlín por los soldados soviéticos en mayo de 1945-, se descubrió la colaboración activa y decisiva de médicos, especialistas en genética, arqueólogos, psiquiatras. En distinto grado e influencia, participaron directamente en la aplicación de estos crímenes o colaboraron en la divulgación o construcción de ideas o teorías, y desde posiciones de autoridad entre los distintos campos de saber encaminaron sus esfuerzos a fijar posiciones ideológicas y “científicas” en la política de exterminio metódico y de discriminación.

Hace algunos años, y poco después de haber culminado mis estudios de Derecho en la Universidad de la Habana, pude encontrar en una de las “polillas” de la calles de la Habana, la obra de uno de los autores más prestigiosos de Derecho Penal en el mundo, el alemán Edmund Mezger, bajo el título de Criminología[1], en una edición publicada en Madrid. Lo llamativo de aquella obra, que después supe fue publicada por primera vez en 1934 en Alemania bajo el título Política Criminal sobre fundamentos criminológicos, tenía una vocación desde sus primeras por afirmar sin reservas las transformaciones que en el Derecho Penal se suscitarían por los principios de “pueblo” y “raza”, algo sobre los que se apoyó el nuevo Estado alemán bajo el nacionalsocialismo: “Para el nuevo Derecho Penal serán esenciales dos puntos de partida, -leía – pero no en el sentido de una transacción, como hasta ahora, sino como síntesis más alta, a saber: el pensamiento de la responsabilidad del individuo ante su pueblo y el de regeneración racial del pueblo como un todo.”

Dicha obra, como después pude consolidar, delataba una estrecha vinculación de este personaje con los fundamentos de los que se sirvió el régimen hitleriano en su política discriminatoria y de exterminio. Exponía los más acabados fundamentos racistas y discriminatorios de lo que se dio en llamar “Biología criminal”, que daba cabida a fundamentar el delito por bases biológico-hereditarias y a la clasificación de “tipos de delincuentes”, cuyos antecedentes se encontraban en obras como las del italiano Cesare Lombroso y su teoría del “delincuente nato”, de gran influencia también en algún momento en el cubano Fernando Ortiz. Era un descubrimiento asombroso para mí entonces, porque Edmund Mezger, como también reafirmé más adelante, había sido después de la guerra el más significativo académico de las Ciencias Penales y Criminológicas de Alemania del siglo XX, encumbrado en la República Federal Alemana, referenciado por todos los especialistas en las temáticas de Derecho Penal.

Precisamente alguna de las ideas y modelos defendidos por este autor tienen presencia en Cuba. Con la influencia decisiva que ejercen los teóricos alemanes en el campo del Derecho en España -y que se traslada con notable influjo también en nuestras cátedras-, llega Mezger a nuestra enseñanza de forma directa e indirecta. Está presente de forma decisiva en el modelo de compresión de la teoría del delito que defendió en una polémica muy famosa frente al también jurista alemán, Hans Welzen, y que ha permeado casi toda la literatura jurídica producida en nuestra tierra, sobre todo del actual texto básico de la enseñanza del Derecho Penal en nuestras Facultades: el siempre cuestionado pero meritorio –y recalco siempre esto frente a otros- Manual de Derecho Penal del profesor Renén Quirós Pírez. Pero esto no es nada raro: resulta casi imposible no rastrear el devenir de la ciencia del derecho penal en el mundo sin tomar en cuenta a Edmund Mezger. No hablo sólo de aquellos que en nuestro patio han tenido que inevitablemente citar alguno de sus textos, sino quien escribe estas líneas lo hizo en más de una ocasión en algunas publicaciones que emprendí mientras ejercía como abogado penalista,[2] y de modo particular en mi texto La teoría de la imputación objetiva. Visión crítica de sus presupuestos teóricos[3], de 2018.

Pero aquella sospecha inicial, a la que no le presté mucha atención entonces, sería confirmada meses después cuando pudo llegar a mis manos el título Edmund Mezger y el Derecho Penal de su tiempo[4], un libro revelador sobre el papel destacado de este personaje en el régimen nazi, publicado en España por el profesor español de Derecho Penal, Francisco Muñoz Conde. El libro, como se anuncia, salió a la luz en el contexto de una amplia bibliografía que pone al desnudo el papel de muchos de esos personajes que murieron tranquilamente en el contexto de la República Federal Alemana. No es extraño que su recepción en España agrietara mucho más las relaciones entre las “escuelas” que pugnan –en algunos casos solapados y en otros más a la vista- por hegemonías intelectuales, sobre todo porque se podía establecer una línea de influencia directa de Edmund Mezger entre algunos “maestros” de estas “escuelas”. Y era de esperar que en tales condiciones no fuera pacífico el tema, porque no es solo un profundo estudio sobre el vínculo de este jurista con el régimen nacionalsocialista, sino que en el fondo llama a reflexionar sobre el papel del Derecho y su relación con la Política, la ética y la impunidad.

La primera evidencia que muestra el texto consiste en destacar el amplio apoyo de juristas y de destacados académicos y catedráticos universitarios alemanes de las ciencias penales y criminológicas con que contó el régimen. Como se expone, de los doce procesos seguidos en Núremberg después de la guerra contra lo más connotados personajes del régimen, uno de ellos fue dirigido a enjuiciar a singulares juristas del sistema. Esto despertó desde la década del 80 en Alemania un vivo interés por revisar la vida y obra de famosos juristas que habían tenido un rol destacado en el período del nacionalsocialismo, y cuyas obras, ligadas al régimen, habían desaparecido de las bibliotecas públicas o fueron encerrados en lo que fue llamado el “armario de los venenos” de las distintas Facultad de Derecho.

El texto advierte, en magnífica dimensión histórica, cómo las ideas racistas y de discriminación que proliferaron y se convirtieron en política oficial del régimen se encuentran en el contexto de la Alemania del siglo XIX y principios del XX. En este punto no puedo olvidar lo que pone de manifiesto Eric Ehrenreich en su interesante libro The Nazi Ancestral Proof, Genealogy, Racial Science, and the Final Solution[5], cuando indica que en el siglo XIX, en Alemania, se habían extendió un gran número de “sociedades” perfiladas a investigar y construir teorías de corte racistas, y que se relacionaron con una profusa tirada de periódicos en esta línea. Ello había incentivado que en la República de Weimar una buena parte del “estado de ánimo colectivo” se pronunciara por una unidad biológica de todos los alemanes y la necesidad de una “limpieza racial”. “En realidad, -expresó este autor- virtualmente todos los elementos de la ideología eugenésica racista de los nazis, aparecieron en los escritos de estos años, lo que nos ayuda a explicar el acomodo con que este régimen institucionalizó su política racista después de 1933.”

Diversos autores han coincido en establecer una continuidad de la política criminal del nacionalsocialismo con el pensamiento criminológico positivista europeo y con el costado más reaccionario, conservador y autoritario existente en la República de Weimar, creada al finalizar la Primera Guerra Mundial en Alemania. Para los estudios en las ciencias criminológicas un punto decisivo para la comprensión evolutiva de sus diferentes manifestaciones lo constituye el Programa de Marburgo (1882) del famoso jurista Frank Von Lizst. En defensa de la función preventiva especial de la pena de prisión, significaba que esta se dirigía a la “corrección” de los delincuentes que fueran susceptibles de ello, a la “intimidación” para los que no necesitan tales correctivos, y a la “inocuización” de los delincuentes incorregibles. Tales demandas se correspondían con las tesis biologicistas sobre el fenómeno criminal derivado de la consideración de defectos congénitos o enfermedades hereditarias, en los cuales se apelaba, entre otras, a la conocida figura del “delincuente nato”, o al de las “razas inferiores”. Las reacciones para enfrentar este fenómeno se concibieron precisamente para algunos casos en la eugenesia, en la esterilización o el internamiento de duración indeterminada. Por increíble que parezca, en estos antecedentes está el fundamento de las llamadas “medidas de seguridad predelictivas” o “estado de peligro” que están presente en nuestro vigente Código Penal en Cuba.

En todo ello, se comprenderá, se estuvo lejos de explicar el fenómeno de la criminalidad en el contexto económico y social del capitalismo de la época, donde la polarización social se agudizó a finales del siglo XIX con la expansión del capital y el aumento de pobreza. En Alemania la situación se complejizaría después de la derrota en la Primera Guerra Mundial y la entrada del país en una difícil situación económica y social, que lanzó a millones de hombres y mujeres a la indigencia, a la marginalidad y a la pobreza extrema, motivó inevitablemente un auge de la criminalidad. De esta época, como advierte el libro, devinieron varios Proyectos de Códigos Penales, como aquel del famoso jurista alemán, y después opuesto al régimen nazi, Gustav Radbruch, en 1922, entonces ministro de Justicia y miembro de Partido Socialdemócrata, quien tomó la iniciativa de proponer un sistema dual de penas y medidas, y contempló una “medida de custodia” en un centro de trabajo por tiempo indeterminado para el “delincuente habitual” después de cumplir la pena.

Fue entonces que la evolución política de Alemania, con la llegada al poder del nacionalsocialismo en 1933, conllevó que académicos y teóricos del Derecho Penal y de la Criminología engarzaran esta orientación con las finalidades de la política racista, discriminatoria y de extermino del régimen nazi. Esta labor encontraría en 1933 la bienvenida de la Asociación Alemana de Jueces, cuyos miembros ascendían a 13.000, y quienes se convirtieron, bajo determinadas fórmulas “legales”, en fuente de represión junto a las SS y la Gestapo: algunas cifras sitúan en 40.000 penas de muerte decretadas por Tribunales Militares y 16.000 por Tribunales Civiles, sin contar los que se enviaban a internamientos en los campos de concentración. Ese propio año se fundó la Academia del Derecho por iniciativa de Hans Frank -quien fuera sentenciado a muerte en Núremberg en el proceso principal-, con el objetivo de realizar el programa nacionalsocialista en todo el ámbito del Derecho.

En este contexto, la investigación arroja que el penalista alemán Edmund Mezger, quien había sido el sucesor en la Universidad de Múnich del famoso jurista Ernst Beling en 1932, y había publicado la primera edición de su Tratado de Derecho Penal en los marcos filosóficos del neokantismo -reeditada en 1933 al español y al italiano-, se convirtió en el representante de las Ciencias Penales más destacado del régimen nazi. Desde ese año pasó a formar parte del grupo de académicos y juristas que integraron la Comisión de Reforma del Derecho Penal encargada de encauzar el Derecho en la orientación política del nuevo régimen.

edmund mezger

Ya desde 1934 publica la mencionada obra Política Criminal sobre fundamentos criminológicos, donde fija posición frente la barbarie que se avecinaba. Desde entonces la actividad de Mezger se dirigió a escribir libros y artículos en la órbita de la ideología nazi, y fue un activo conferencista en varios países con gobiernos pronazis, en los que recibió varios doctorados y condecoraciones. No dejaría de formar parte de la Facultad de Derecho de la Universidad de Munich, de la que fue su Decano en los años finales de la guerra. De este modo participó en la introducción en el Código Penal alemán de la “analogía” como fuente de creación de Derecho Penal, cuyo fundamento sería “el sano sentimiento del pueblo”, para cuando no existiera delito, y se pronunció por la interpretación agravatoria para el delincuente cuando lo requieran razones políticas o la “voluntad del Führer”. Defendería que la función de la pena debía ser la eliminación de los elementos “dañinos” al pueblo o la raza, y propuso medidas de “higiene racial”, en las que debía tomarse en cuenta los factores “biológicos hereditarios” y las prácticas eugenésicas. También se muestra acorde con el delito de “ultraje a la raza” y, en la órbita de un “Derecho Penal de Voluntad” (propio de la Escuela de Kiel), postula “atrapar al enemigo allí donde tiene su punto de partida, es decir, en la voluntad criminal”. También señalaba la posibilidad de castigar con la pena del delito doloso (es decir, intencional) aquellos sujetos que, por deficiencias en el aprendizaje y conocimientos de valores jurídicos de la comunidad, no tenían exacta representación del carácter prohibitivo de su hacer, como acciones homosexuales, el aborto, y el propio delito de “ultraje a la raza”, entre otras concepciones.

Fueron estos cimientos teóricos, elaborados junto a otros juristas como Georg Dahm, Karl Klee, Johannes Nagler, Friedrich Schaffstein, Frank Exner y Roland Freisler –famoso éste último por presidir los tristemente célebres Tribunales Populares- quienes compartieron la mayoría de estas ideas y fijaron, entre otras conclusiones, el fundamento y esencia del delito de traición o el quebrantamiento del deber de fidelidad del individuo respecto a la comunidad del pueblo alemán. Dentro de una marcada  y nítida política de exterminio metódico y sistemático, que tuvieron un parteaguas en la Conferencia de Wannsse en 1942 respecto a los judíos, también alentarían teorías sobre los “tipos de autor” a partir de determinados características biológicas y psíquicas en la comisión de delitos, las que sirvieron de apoyo y defensa para leyes como la de Delincuentes Peligrosos (1933), la Ley del Servicio Civil (1933), la Ley de Prevención de Enfermedades Hereditarias (1933), la Ley Militar de 1935, las conocidas Leyes de Núremberg de 1935 -donde se introdujo la Ley para la Protección de la Sangre Alemana y sobre el Honor alemán-, la Ley del Trabajo de 1939, así como la creación de un Derecho Penal especial creado para la Polonia ocupada. Como pone de manifiesto Ehrenreich en el estudio citado, en los doce años de existencia del Tercer Reich, entre el Estado y las autoridades del Partido se pusieron en vigor más de dos mil disposiciones jurídicas, entre órdenes, reglamentos y otros, que se basaban en el status “racial”, y entre las que podemos incluir el Decreto del propio Hitler de 1939, que ordenaba aplicar el exterminio de enfermos mentales y terminales en los manicomios y centros hospitalarios.

El propio Mezger a finales de la guerra participaría en la redacción de un Proyecto de Ley sobre tratamiento de los “extraños a la comunidad”. Ésta se dirigía a incrementar el control y la selección eugenésica de los marginados sociales, mendigos, vagos, ladrones -entre otros-, (tratando de superar las políticas seguidas al amparo de la Ley de Delincuentes Habituales de 1933), y que contemplaba medidas complementarias de la pena como la custodia de seguridad por tiempo indeterminado, así como la esterilización y la castración para los delincuentes sexuales. Se conocía entonces también la Ley para la Prevención de Descendencia por Enfermedades Genéticas de 1933 para personas que sufrían determinadas enfermedades como esquizofrenia, epilepsia, ceguera, etc. Se estima que en los llamados Tribunales de Salud Hereditaria, creados para tales casos, se examinaron alrededor de 400.000 solicitudes de esterilización por parte de psiquiatras, antropólogos y genetistas, la que generalmente se realizaba por vasectomía para los hombres y ligadura de tropas para las mujeres. De modo que el mencionado proyecto, que se enroló en una política de la Gestapo y las SS para ganar más poder, se dirigió a impedir cualquier obstáculo para proceder contra los llamados “enemigos internos”, ya fueran por razones políticas, sociales o de raza, y cuyos métodos precisamente para combatirlos se perfilaban por la “inocuización” de estos. Se consideraba que aún siendo de la raza aria, no podían formar parte de la “comunidad alemana” por defectos hereditarios.

Después de la guerra, en la Alemania de Konrad Adenauer, como nos recuerda Muñoz Conde, que se encargó de recuperar las “glorias pasadas” o mantenerlas en sus puestos, –y  sucedió también con criminales de guerra, oficiales de las SS y de la Gestapo-, algunos de los más destacados e influyentes juristas de la política del régimen, como Mezger, no solo no fueron enjuiciados, sino que alcanzaron altos cargos y reconocimientos en la República Federal Alemana. Es ya muy conocido la impunidad y la historia de los cómplices para sustraer o evitar de la justicia a muchas de estas personas finalizada la Segunda Guerra Mundial, que ya cuenta con una amplia bibliografía, entre la que podemos citar, por lo reciente, el ilustrativo libro La Huida de las Ratas[6], del prolífico Eric Frattini.

Mezger sería sacado de su cátedra por el gobierno militar, y fue clasificado en 1947 por la comisión de depuración como “colaborador” del régimen y pasó varias semanas preso en Núremberg al levantarse la acusación de haber pertenecido al servicio de seguridad del partido nazi, vinculado a las SS. Sin embargo fue liberado por no lograr aportarse pruebas, y fue restituido en su cátedra de Derecho desde 1948, como sucedería con otros académicos y profesores universitarios del Derecho como Herbert Krüger, Günther Küchenhoff, Erich Schwinge y Heinrich Henkel. A partir de los años 50 inicia una polémica con la monografía Modernas tendencias en la dogmática del Derecho Penal contra la “teoría final de la acción” del filósofo y penalista Hans Welzen, con la que abrió un largo período de discusión teórica entre causalistas y finalistas. Como el propio Muñoz Conde sostiene, fue éste un repentino cambio que debe entenderse tanto por el peligro que detectó en esta nueva teoría, como una manera de desviar la discusión de un pasado tenebroso.

En este contexto fue presentado después de la guerra como el penalista más influyente y destacado en Alemania, el cual recibió el título de doctor honoris causa de las Universidades de Tubinga en Alemania y Coimbra en la Portugal de Salazar, y en 1960 la Cruz de la Orden del Fénix del Rey Pablo de Grecia, así como se convierte en destacado conferencista en universidades españolas bajo el régimen de Franco. Fue Presidente de la Sociedad de Biología Criminal hasta 1951, y en 1954, año en que se le dedica un libro homenaje en su 70 aniversario -por la iniciativa de los profesores de su Universidad, Karl Engisch y Reinhardt Maurach-, se le nombra miembro y vicepresidente de la Comisión de Reforma del Derecho penal. Hasta 1959 tuvo una labor activa en la elaboración de un proyecto de Código Penal, hasta que enfermo murió en 1962.

Esta historia de relación entre los sectores vinculados con el Derecho y el régimen nazi, mostró que en la alternativa entre un modelo “garantista” o “autoritario”, el camino fue la barbarie, en la que no excluyó en la medida que le fue posible la política de discriminación y de exterminio desde una “represión legalizada” y santificada por el Derecho. Los académicos y teóricos desataron de golpe los vínculos y garantías concebidas en torno a la tutela del ciudadano frente al Estado, por lo menos en la concepción del demoliberalismo, para servir de apoyo –o “hacerle la pala”- a una ideología cargada de profundo odio y fanatismo y echó por tierra los más elementales principios del Derecho Penal y Procesal.

Lo anterior se convierte en un buen ejemplo de la significación de los juristas en los proyectos sociales, políticos y jurídicos, sobre los cuales recae la responsabilidad de construir y sostener un modelo garantista de Derecho Penal. Un modelo que no renuncie a ponderar valores levantados con fuerza desde el pensamiento iluminista, y que en el ámbito del Derecho Penal se traduce en la ponderación de bienes jurídicos como la vida y la libertad, y en no desconocer principios básicos como la constitucionalidad de las leyes, la legalidad, la responsabilidad personal, la presunción de inocencia y el respecto a las garantías procesales. Vale la pena reflexionar sobre eso, éste libro es una buena excusa para ello.

[1] Mezger, Edmundo, Criminología, (traducción del alemán por José Arturo Rodríguez Muñoz), Editorial Revista de Derecho Privado, Madrid, s/f.

[2] Los textos de mi autoría en este campo son: “Breves aproximaciones a la teoría de la imputación objetiva en los delitos cometidos por imprudencia (A propósito de recientes criterios del Tribunal Supremo de la República de Cuba)”, en Revista Cubalex, No.35, Año 18, enero-diciembre, 2015, Editorial Unijuris, pp.111-132; “¿Malversación por dolo eventual? Análisis de una reciente postura de la jurisprudencia cubana”, en Revista de Anales de Legislación Argentina, Editorial La Ley, Thomson Reuters, No.24, 2016 (coautor); “Las Tendencias del Derecho Penal moderno. Breve acercamiento a la legislación penal cubana”, en Reflexiones desde la toga. La justicia penal en Cuba. (María Caridad Bertot Yero Coordinadora), Ediciones ONBC, 2017, (Coautor); “Sobre la actio libera in causa. Una aproximación necesaria”, en Reflexiones desde la toga. La justicia penal en Cuba. (María Caridad Bertot Yero Coordinadora), Ediciones ONBC, 2017, (Coautor); “Acerca de la teoría de la imputación al tipo objetivo. Observaciones críticas”, en Reflexiones desde la toga. La justicia penal en Cuba. (María Caridad Bertot Yero Coordinadora), Ediciones ONBC, 2017; “Los «actos reflejos» y la función negativa del concepto jurídico-penal de acción. Comentario a la Sentencia 1269 de 13 de mayo de 2014 del Tribunal Supremo de Cuba. Jueza Ponente María Caridad Bertot Yero”, en Revista Cubana de Derecho, IV Época, No.47, enero-junio, 2016, pp. 203-227.

[3] La teoría de la imputación objetiva. Visión crítica de sus presupuestos teóricos, Leyer Editores, 1ª edición, Bogotá, 2018.

[4] Muñoz Conde, Francisco, Edmund Mezger y el Derecho Penal de su tiempo, Tirant lo Blanch, 2002.

[5] Ehrenreich, Eric, The Nazi Ancestral Proof, Genealogy, Racial Science, and the Final Solution, Indiana University Press, Bloomington, 2007.

[6] Frattini, Eric, La Huida de las Ratas, Ediciones Martínez Roca, 2018.

When change arrives

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Foto: @pulinas1 via Twenty20

Before learning that the word REVOLUTION meant change, I used to think it was a noun exclusively used to refer to the Cuban government. Years later, and no longer a child, I can’t quite settle on whether this system picked the right ‘name’ or not, because while some transformations seem to arrive by our slow-moving train, in other respects we are excessively variable, unstable.

What today is a crime may be applauded tomorrow, what one month is the law is repealed the next. Older friends tell me about the people who went to prison years ago for having dollars; about how when someone left the country the best they could hope for was being called gusano (maggot), and in the worst of cases they’d get eggs thrown at their backs.

Today the green bills turn out to be the solution, and the old defectors who send them are the heroes who save the party, because –for those who still don’t know it– remittances represent, along with tourism and services, one of the three main sources of income for the Cuban economy. At the moment, it’s the main one.

Remittances are now the main source of income for the Cuban economy.

And so we live through changes that are sometimes crazy, sometimes sane, and sometimes inexplicable.

  • The intentions of a few months ago of unifying the currencies has mutated into the existence of not one, but three different currencies.
  • The tax imposed when depositing dollars into cards (which was supposedly applied because of the blockade and so on) disappears (fortunately) without the external blockade having been ended.
  • The shops that until yesterday were empty due to a lack of prime materials and the siege laid on ships, are today filled as if by magic in ways we’ve rarely seen, but it’s been made clear that only those with dollars will be able to enjoy them.

Personally, it pains me to see some so empty and others so full of food. It pains me because since I was a child I was taught that ‘you don’t fool around with food’, and I heard countless times that ‘in this country, we’re all the same’.

It pains me because you don’t buy a TV set or a washing machine every day, but you do buy food, and I can’t comprehend that a large part of the working people of this country should have to consume (after much trouble and standing in lines) only low-quality products, because those in the middle and top ranges are destined exclusively for people with dollars. It doesn’t matter if you’ve worked your whole life if you have a master’s degree or a doctorate if you’re a prominent surgeon or a retired senior citizen; it doesn’t even matter if you have a little money saved in your own currency.

As a friend says, what matters now is having FA: Family Abroad.

I can’t help feeling distrust for rulers and measures that are so variable, but, on the other hand, I must reluctantly recognize that the current proposals, by now, are practically the only option left for the Cuban state to breathe some life into an economy that’s been deformed for years by inefficient management, generalized corruption, the US blockade –which is often an excuse but does exist–, the harassment of our neighbor’s retard in chief and, in the last few months, to boot, COVID-19, which locked tourists away in their houses and announced that things would be grim for quite some time.

We can’t just sit around and kick the dog, saying that those strategies had to be applied earlier and that the lemon took too long to have an effect on the president because we’ve all known for a long time that we had to open up small and medium enterprise and decentralize government control. The dog would have to take the kicks because they’re deserved. But one can also choose to help the dog do better differently, and see if the kicks make it change, improve, or bite.

It seems to me that the new regulations respond to the current and highly complex necessities of the country, and that, though they might to some extent piss us off, they are the oxygen this nearly sunken submarine needed.

The new regulations are the oxygen the economy needed right now, like a submarine that’s about to sink.

All that’s left now is to demand that the collections of these ‘wonder shops’ be used to stock the others, and so make the lives of those of us who don’t get remittances a little easier… that the sacrifice lasts as little as possible. Let’s hope that the opening up of the small and medium enterprise and their importing capabilities not be used by the State to make more profit than the producers themselves (as it’s usually the case), but rather that they become the mechanism for economic growth which has been so fruitful for other countries with socialist systems, like China or Vietnam.

It would also be very good that, if the Cuban community abroad is practically saving the economy, we keep that in mind and extend a friendly hand: let us reduce the exorbitant cost of passports and their extensions, and stop setting conditions on the time citizens remain abroad. Let us respect and recognize, not create divisions.

Let us eliminate bureaucratic obstructions for the establishment of businesses, and with the same force that we persecute onion dealers, let us control the government officials who traffic with our resources, the policemen and auditors who fail to do their jobs and all those who cause that Cubans lack quality products and services.

Let us make sure that Revolution doesn’t mean change for the sake of change, but rather change with logic, change for good. Let’s make sure that the necessary changes don’t take decades, and arrive in one of those fast trains that exist elsewhere and that, like many other things, haven’t gotten here yet. Let’s make it so that FA doesn’t mean FAMILY ABROAD, but Faith and Aspiration that everything will be alright; a trust to be deposited on someone deserving. Let’s earn that trust!

Translated from the original