La noticia es que el gobierno cubano da pasos para establecer un marco legal que permita la entrega de tierras en usufructo a empresas y personas naturales extranjeras (con residencia permanente en el país). La medida está recogida en el anteproyecto de Ley de Propiedad, Posesión y Uso de la Tierra, que será discutido hasta mayo y presentado para aprobación en diciembre por la Asamblea Nacional.
La mala noticia, es que no existe la misma posibilidad para las personas jurídicas privadas cubanas.
En lo que respecta a empresas extranjeras, la propuesta legislativa busca regularizar una práctica que ya se había implementado de facto, como en el caso de la empresa vietnamita que recibió 308 hectáreas para cultivar arroz en Pinar del Río a principios de 2024, pero una acción para la cual no existía una cobertura legal explícita, y sí un vacío normativo.
En el Artículo 39.2. se lee: «En el caso de las personas naturales extranjeras la entrega de tierras en usufructo se realiza siempre que sean residentes permanentemente en Cuba, y sujeta a su condición de residente permanente en el país; así mismo en el caso de las personas jurídicas extranjeras o mixtas la entrega de tierras en usufructo se autoriza de acuerdo a lo establecido en la Constitución de la República, previa autorización del Consejo de Ministros.
El anteproyecto establece que esta entrega de tierras en usufructo a extranjeros deberá cumplir con ciertos requisitos, como la presentación de «una proyección de trabajo en correspondencia con la línea de producción solicitada, que incluya la garantía o gestión lícita de financiamiento; así como que acrediten la fuerza de trabajo, implementos y otros medios imprescindibles».
Pero ha sido objeto de justa crítica, el hecho de que según el Artículo 39.4 «las personas jurídicas privadas no son sujetos directos de la entrega de tierras en usufructo, se autoriza su encadenamiento con usufructuarios y propietarios de tierras naturales, jurídicos o mixtos, mediante la correspondiente contratación».
Sobre este punto, comentó el emprendedor Oniel Díaz Castellenos en su perfil de Facebook: «¡Las mipymes agrícolas seguirán sin existir!… Hasta la fecha, ninguna mipyme privada ha recibido tierras en usufructo o propiedad. La legislación, hasta ahora, solo permitía como beneficiarios a personas naturales, campesinos propietarios, personas jurídicas estatales y cooperativas agropecuarias. Por lo tanto, ninguna mipyme privada actualmente gestiona tierras para el cultivo de plantas y cosecha de la producción agrícola. Este hecho es una de las contradicciones más fuertes a la crítica común de que “las mipymes no producen”».
En el momento de redacción de esta noticia, no hay reporte ni evidencia de que ninguna autoridad haya explicado a qué se debe lo que pudiéramos catalogar como «marginación» de las mipymes cubanas en cuanto a estos beneficios que sí estarán disponibles para empresas extranjeras.
Por otro lado, el anteproyecto define que el usufructo, en el Artículo 41.1, da derecho al usufructuario al disfrute gratuito sobre la tierra con la obligación de hacer uso de la misma conforme a su destino, mientras que el Artículo 41.2 establece que este derecho es intransmisible y no puede ser objeto de gravamen. No obstante, el usufructuario podrá realizar inversiones y mejorar la infraestructura agrícola, siempre y cuando estas sean de origen lícito.
Otro punto clave es que la ley prevé mecanismos para la extinción del usufructo. El Artículo 52.1 señala que el derecho se perderá, entre otras razones, si la tierra no es puesta en producción en el período estipulado, si se usa para fines distintos a los pactados o si se abandona injustificadamente por más de seis meses. Además, el usufructo podrá ser revocado si el Estado decide recuperar la tierra por razones de utilidad pública.
Esto significa que la inseguridad alimentaria en Cuba ha llevado al gobierno a flexibilizar sus políticas agrícolas en busca de inversiones y tecnología. La crisis del sector es profunda: la producción de arroz, un alimento básico en la dieta cubana, cayó en 2024 a apenas 80 000 toneladas, lo que representa solo el 11% del consumo nacional y menos de un tercio de lo que se producía en 2018.
Las dificultades en la producción agrícola están directamente relacionadas con la falta de insumos, combustible y financiamiento, lo que ha generado un estancamiento del sector. A pesar de la Ley de Soberanía Alimentaria aprobada en 2022, el país sigue importando el 80% de los alimentos que consume, lo que lo hace altamente dependiente de las fluctuaciones del comercio internacional y del acceso a divisas.
Sin embargo, es precisamente también por esas razones que no es posible encontrar una justificación para que se discrimine a las empresas privadas cubanas de dichos beneficios. En este sentido, una vez más la decisión de las autoridades en materia legislativa parece reproducir la concepción de que no se quiere competir con el sector privado nacional en igualdad de condiciones, por reticencias de índole política e ideológica.
Nuestra opinión es que como positivo es válido señalar que la participación de empresas extranjeras podría traer consigo tecnología, conocimientos y mejores prácticas agrícolas, lo que favorecería la modernización del sector y el incremento de la producción de alimentos. Además, cualquier iniciativa que reduzca la necesidad de importar alimentos es preferible a seguir gastando miles de millones de dólares en compras en otros países.
Sin embargo, el contraste con la imposibilidad de ofrecer lo mismo a mipymes cubanas no solo es injustificable, como ya dijimos, sino inadmisible en medio de una crisis económica de semejantes proporciones como la que vive y padece la Isla.
A largo plazo, el éxito de esta ley dependerá de la transparencia en la adjudicación de tierras, de la supervisión efectiva de los contratos y de la capacidad del Estado para garantizar que la producción generada por estas empresas extranjeras beneficie realmente a la seguridad alimentaria del país. Queda pendiente por las autoridades y la discusión antes de su aprobación, la exigencia de que se modifique el artículo que impide a los privados cubanos aportar también a la tan urgente y necesaria salida de la crisis.
La noticia es que Rusia y Cuba abrirán una empresa mixta en el área biofarmacéutica para solucionar, afirman, problemas de salud pública de ambos países, según informó el vicepresidente primero de BioCubaFarma, Eulogio Pimentel, de visita en Rusia con una delegación de autoridades científicas cubanas.
Pimentel presentó frente a una veintena de representantes de compañías farmacéuticas rusas los medicamentos cubanos con potencial para el mercado ruso, algunos ya utilizados en el tratamiento a pacientes de ese país.
El científico comentó que fruto de las exportaciones, ya en Rusia están disponibles proyectos estrellas como Heberprot-P, el Herbermin, y se registra el anticuerpo monoclonal contra enfermedades oncológicas Nimotuzumab.
La presentación de las potencialidades de la industria biofarmacéutica cubana estuvo a cargo de una delegación que visitó primero Belarús y luego Moscú compuesta también por el director de la empresa Medicuba, Armando Garrido, y por la directora del Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos de Cuba (CECMED), Olga Lidia Jacobo.
Por la parte rusa estaba el director para el desarrollo de inversiones internacionales y de comunicaciones del grupo farmacéutico Chemrar, Denis Vinokurov, quien celebró la colaboración entre ambos países, no solo en términos de comercio sino también en el desarrollo de productos originales en cada país.
Según la delegación cubana, BioCubaFarma está en proceso también de registrar la vacuna VA-Mengoc-BC, que trata la meningitis meningocóccica del serogrupo BC, y se está terminando el desarrollo clínico en Rusia de CIMAvax, un medicamento para tratar enfermedades autoinmunes.
Pimentel subrayó que esta colaboración debe tener dos sentidos: Cuba transfiere tecnologías para el beneficio de la Federación Rusa, pero se busca también registrar medicamentos rusos para el sistema de salud cubano.
Desde junio ya varias noticias indicaban que Cuba y Rusia expandían la colaboración en esta área. Durante el Foro Económico de San Petersburgo, se conoció que BioCubaFarma, en un consorcio con otras empresas rusas, había firmado acuerdos con el Fondo de Inversión Directa (RDIF), un fondo auspiciado por el gobierno ruso para impulsar industrias que potencialmente tienen gran crecimiento. En la descripción de la empresa señalan que su propósito es invertir en empresas líderes o promisorias del ambiente empresarial ruso, lo cual llama la atención, ya que en el caso de BioCubaFarma se sale de este propósito específico.
Su director, Kiril Dmítriev afirmó entonces que la idea era producir una cartera de medicamentos innovadores, y que el monto de la inversión inicial era en torno a los 11 millones de dólares, pero la inversión total podía llegar a 113 millones de dólares.
Según informó el alto funcionario del fondo, «BioCubaFarma se ha convertido en el primer socio del RDIF en Cuba».
De acuerdo con Dmítriev, el propósito de este fondo soberano es atraer a los mejores fabricantes farmacéuticos del mundo para ubicar la investigación y producción de medicamentos en Rusia.
Ya el conglomerado farmacéutico cubano tenía acuerdos con los principales institutos científicos rusos, aunque estos pasos de vínculos empresariales llevan a un nuevo nivel la relación. Es una manera de utilizar el potencial que tiene el otrora polo científico cubano como uno de los motores de la economía cubana, capaz de crear y producir medicamentos para la red de atención pública de salud, pero también de comercializarlos a nivel internacional.
De hecho, ya varios de estos medicamentos desarrollados por la empresa cubana están registrados en los países del BRICS, donde Cuba es un Estado asociado.
La colaboración no se queda ahí. En enero de este año, el Centro de Inmunoensayo de BioCubaFarma firmó un convenio de cooperación para la investigación científica con el Instituto Engelhardt de Biología Molecular de la Academia de Ciencias de Rusia.
Según la información publicada en el sitio del Minrex, el acuerdo tiene dos propósitos: la obtención de productos que son prioridad para la salud pública de ambos países, y contribuir al desarrollo institucional del Centro de Inmunoensayo y del grupo de industrias de BioCubaFarma.
Esta noticia significa que el vínculo que se ha estado fertilizando con Rusia comienza a dar algunos frutos concretos que trasciendan las visitas mutuas, y la firma de documentos que tienen poco impacto en la vida de ambos pueblos.
Durante ya varios años, las visitas de altos funcionarios, las promesas de donativos y de negocios conjuntos, y la cooperación no parecía despegar y mostrar resultados tangibles, más allá del envío de petróleo ruso gracias a créditos que el Kremlin ha otorgado a La Habana.
En este caso, la colaboración involucra a uno de los sectores más importantes de Cuba y una de las industrias más desarrolladas del país.
BioCubaFarma es un grupo empresarial que unió a varios centros de investigación, producción y comercialización de medicamentos, desarrollado en los años 90 por el fallecido presidente cubano Fidel Castro en una valiente apuesta en medio de la crisis después de la caída del campo socialista, para convertir a la ciencia cubana en fuente de ingresos y soluciones para el sistema de salud.
El conglomerado farmacéutico es la industria que con mayor nivel tecnológico y científico aporta ingresos a través de bienes y servicios exportables. Tiene vínculos de producción industrial de medicamentos o comercio con varios países del mundo, y en ese grupo sobresalen Irán y China. Su director por años, y principal figura al frente, fue promovido el pasado año a ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Eduardo Martínez Díaz es un cuadro cercano al actual presidente Miguel Díaz Canel Bermúdez y posteriormente fue ascendido a viceprimer ministro.
La comunidad científica cubana y sus esquemas industriales, fueron capaces de hacerle frente a una de las pandemias más grandes del último siglo, creando vacunas que permitieron inmunizar a buena parte de la sociedad cubana, y en ese hito, no solo está la capacidad científica de innovar y crear soluciones científicas a enfermedades nuevas, sino la capacidad industrial para producir en grandes cantidades los candidatos vacunales con los que se inmunizó a toda la población cubana.
La industria tiene además en su portafolio de productos varios medicamentos de probada calidad para enfrentar diferentes tipos de cáncer y otras consecuencias de enfermedades crónicas no transmisibles, como las úlceras vinculadas a los pacientes que viven con diabetes.
Nuestra opinión es que este emprendimiento bilateral entre ambos países es una oportunidad para Cuba, que necesita encontrar mercado para sus productos biofarmacéuticos de tan alto nivel, pero también es una oportunidad para Rusia.
La Isla ha invertido durante décadas en la formación de científicos y en el desarrollo de centros de investigación que ponen al país, a pesar de su crisis económica crítica, en una posición de ventaja en el sur global con respecto a las posibilidades científicas.
La industria biofarmacéutica cubana no está exenta de la migración de profesionales y el peso de la crisis económica, junto a las consecuencias de las sanciones, pero sigue siendo una de las áreas de más alto nivel del país.
Para Cuba esta es una oportunidad para comercializar sus productos, para expandir sus capacidades productivas, y ofrecer oxígeno al sector que también ve a su potencial científico partir hacia otros sectores o países.
La Isla tendrá más fácil acceso a colaboraciones científicas en un país como Rusia, enorme en capacidades industriales, y muchas veces mayor que Cuba en población y recursos. Permitirá el acceso a tecnologías avanzadas a los científicos cubanos, lo cual posibilitará que los proyectos avancen con mayor rapidez y certeza de insertarse en mercados internacionales, una prioridad para Cuba que intenta acercarse al BRICS y ofrecer lo que tiene.
Para Rusia es la puerta al conocimiento cubano en estas lides, a un costo mucho más bajo que si se hiciera con empresas multinacionales más grandes. Tendría además más cerca la posibilidad de incorporar a su sistema de salud medicamentos que, debido a las sanciones de Estados Unidos y la incapacidad de Cuba para ubicarlos en el mercado internacional, no ha podido tener en su cartera de opciones para tratamientos de enfermedades en crecimiento, como el cáncer.
Ambos lados perciben una ventaja competitiva que ojalá se aproveche y no quede en el camino de lo nunca concretado, en un contexto en que la voluntad por sí sola no salva vidas ni economías, sino que requiere del esfuerzo y la conjunción de fortalezas allí donde las haya.
La noticia debería ser que Cuba vendió el humidor de puros más caro de la historia, por un total de 4,6 millones de euros, una caja de madera que mantiene a los tabacos en una temperatura estable e ideal para su preservación, y en este caso contenía incrustaciones de oro y cristales Swarovski. Todo sucedió como parte del Festival del Habano, el momento en que fumadores del mundo se reúnen en la capital cubana para acceder al tabaco prémium, torcido a mano, que se produce en la occidental provincia de Pinar del Río y que es comercializado a nivel internacional como el mejor tabaco del mundo.
La noticia debería ser también que de todas las industrias en franca decadencia en Cuba, Habanos, una empresa mixta entre Cuba y una compañía española, creció en ingresos en 2024 en un 16 por ciento, lo cual representa ingresos por un total de 820 millones de dólares.
Ahora bien, la noticia en el ciberespacio cubano no es esa. La noticia es el debate entre el cantautor cubano, una de las voces con más popularidad y tracción de Cuba, Silvio Rodríguez, y la periodista poco conocida por la audiencia nacional, pero líder del equipo de prensa de comunicación de la Presidencia, Leticia Martínez.
Las opiniones chocaron sobre la celebración de uno de los eventos del Festival de Habanos en un lugar que jamás se ha utilizado para fiestas, cenas, o eventos festivos: el Salón de los Pasos Perdidos y las inmediaciones de la Estatua de la República en el Capitolio de La Habana, espacio bajo el cual hay un solemne lugar de gran significación histórica que es la tumba al mambí desconocido.
El evento difundido en las redes sociales de la propia empresa fue celebrado con gran fastuosidad, luces que iluminaban toda la escalinata y columnas del Capitolio habanero, sede de la Asamblea Nacional de Cuba, al que regresó tras años de albergar a la Academia de Ciencias y al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
No pocos internautas publicaron opiniones críticas sobre la pomposidad de un evento que parecía estarse desarrollando en Manhattan o en cualquier otro lugar. Es la primera vez que se usa el Capitolio para ese fin, ya que celebraciones de este tipo suelen ocurrir en las propiedades del Laguito o de Pabexpo, gestionados por el grupo PALCO.
Muchas opiniones hacían referencia a la crisis económica en Cuba, que por estos días llega a los servicios más básicos: déficit de más de 1500 megawatts cada noche, los productos subsidiados de la bodega de enero que no llegan aún en su totalidad, o la escasez de harina, entre otras carencias. Un país en el que además ha sido noticia que la producción nacional de arroz, el alimento más importante en la mesa del cubano, cubrió apenas el 11% del consumo, por lo que todo el que hubo disponible fue importado y, por tanto, vendido a otros precios, o al mismo pero con gran costo para las arcas públicas.
Las críticas no amainaron tras el anuncio de que los fondos de la subasta final de seis humidores exclusivos, lograron recaudar una cifra récord de 17 millones 940 mil euros y serán entregados, íntegramente, al Sistema Nacional de Salud Pública. El artículo publicado en Granma no detalla cómo se usará el dinero, ni hace un amago de transparencia en torno al uso de esos fondos. Simplemente dice que se destinará a la salud pública, una decisión política que Fidel Castro tomó años atrás y se ha mantenido, pero que no hay manera de comprobar en un contexto en el que los anuncios gubernamentales, por no traducirse en una mejoría directa de la calidad de vida de la gente, terminan en saco roto.
Entre las voces críticas estuvo el intelectual, ensayista y activista político Iramís Rosique, que se preguntaba en su perfil en Facebook: «¿Pero la amplia y necesaria recaudación dependía de usar el Capitolio? Yo realmente esa línea de contrargumentación no la entiendo, pero bueno, la defensa es permitida. La crítica, también».
Por su parte, la periodista y profesora de la Facultad de Comunicación Ana Teresa Badía comentaba: «Error grave de comunicación política que entierra la ideología que ha defendido Cuba. El lugar es la sede de nuestro Parlamento y ahora se utiliza en imágenes que asemejan a una especie de burdel de los años 50».
La prensa opositora de Miami y varios operadores políticos utilizaron el evento para apoyar la narrativa de que el gobierno cubano ocupa recursos y tiempo en pomposas fiestas con la presencia del presidente cubano Miguel Díaz Canel Bermúdez y Manuel Marrero Cruz, el primer ministro.
Silvio Rodríguez opinó sobre el tema en su blog Segunda Cita: «Distintas señales sugieren que está ocurriendo una especie de desaparición paulatina del sentido de dignidad nacional […] Lo siento en la carnavalización de la estatua de la nación y la tumba del mambí desconocido».
Si bien Rodríguez opina poco sobre la realidad nacional, cada vez que lo hace levanta una polvareda de debate, críticas y polarizaciones. En este caso subrayó el impacto negativo que tendrá sobre Cuba los cambios que está haciendo Donald Trump.
Más adelante parece criticar la aparición en redes sociales en Cuba de videos que muestran el cuerpo del cantante de salsa cubano Paulito FG, recientemente fallecido como consecuencia de un lamentable accidente de tránsito el pasado fin de semana: «Lo siento en un video que muestra un cadáver reciente, lleno de heridas, ante el que los presentes hacen diversos comentarios. ¿A dónde hemos llegado para que puedan pasar estas cosas, para que se trivialice lo sagrado, para que se le falte el respeto a la memoria de un ser humano, a su familia, a las personas que le aman?»
El cantautor cubano más importante de los últimos 50 años sentenció: «Entiendo que no seamos como quisimos ser; entiendo que falta mucho todavía. Pero no puedo entender el irrespeto y la falta de calidad humana».
La publicación parece haber tenido una respuesta en el perfil de Facebook de la periodista Leticia Martínez, jefa del equipo de prensa presidencial que acompaña y cubre las actividades del presidente cubano, y que antes era parte del pequeño equipo de periodistas que cubrían las actividades del expresidente cubano Raúl Castro.
Martínez escribió ofreciendo otros ejemplos de «dignidad nacional»: «Cuando por nuestras propias fuerzas detuvimos el crecimiento de la COVID, con vacunas propias, se acuerdan? Eso poquísimos países del mundo lo hicieron. Cuando vas por esos montes cubanos y te encuentras una escuela para un solo niño, o un médico subiendo en mulos a ver un paciente en el fin del mundo. Cuando el presidente del país recorre en tres días seis u ocho municipios, se reúne con jóvenes, llega a La Habana y se cambia de ropa y va para el Habano porque hay una subasta que puede dar millones a Salud Pública».
La periodista, que se caracteriza por opinar siempre muy positivamente sobre el actuar del gobierno en sus redes personales, y que lidera un equipo de comunicación que no ha sido capaz de levantar la imagen del presidente, desencadenó una ola de solidaridad con Silvio Rodríguez.
Otro de los periodistas que ha tenido posiciones críticas a veces, y que otras veces parece más apegado al discurso estatal, acompañó a Leticia en la defensa a esta decisión de usar el parlamento para una fiesta. El vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba, también activista por los derechos LGBTIQ+, Francisco Rodríguez Cruz opinó en Facebook: «Pues a mí me parece genial que hayan puesto el Capitolio a recaudar divisas para el país», aunque se desconoce cuánto más se recaudó esta vez por hacer el evento en el Capitolio, en lugar de en alguna de las sedes habituales.
Ante la discusión en redes y la polarización política del tema, una de las voces que intentó conciliar ambas opiniones fue el influencer y periodista colaborador de medios como Telesur, y líder del proyecto mediático El Necio, Pedro Jorge Velázquez.
Velázquez, que en el pasado ha tenido discusiones públicas con personas críticas al gobierno, afirmó: «Todos tienen derecho a decir lo que piensan», una opinión absoluta en un país en el que la diversidad de opiniones es vista con suspicacia, como mismo él reconoce en el texto, que además, demuestra una ligera fractura entre un bando que solía hacerse coro en el pasado pero que ahora, ante críticas de una figura de la altura de Silvio, prefiere tomar un camino conciliador.
«La verdad que es un orgullo leer las críticas y reclamos a sucesos públicos como los de las últimas fechas. Me hacen sentir que no todo está zanjado, que no se puede hacer socialismo con todo y la palma, que los chalecos morales que Fidel forjó, están ahí. Este país necesita cada dólar que pueda apoyar los grandes sectores sociales que la Revolución forjó: pero el dólar no es lo único que hay que ganar. Hay que conquistar otras cosas que, cuando uno sale pa’ la calle, las siente dolidas, heridas, y en algunos casos, muertas».
Esta noticia significa que una decisión como la celebración de ese evento en el Capitolio ha apuntado la linterna (y no la del Capitolio) sobre grietas que hay en el consenso entre grupos que estaban muy de acuerdo en determinar dicotómicamente qué está bien y qué está mal, y que la gran mayoría de la crítica es antisistema, aunque esa sea una actitud excluyente y paralizante.
Significa además que las decisiones que tienen este tipo de repercusión pública son tomadas por personas que están muy desconectadas de las opiniones de una élite intelectual y urbana, con mucha influencia en el país, así como una desconexión con el empeoramiento de las condiciones de vida de las mayorías, en un país con apagones de hasta 20 horas en las provincias, donde los alimentos básicos como el arroz, la carne de puerco o el aceite para cocinar se han vuelto productos imposibles de pagar para salarios de profesionales que trabajan para el Estado.
Significa además que el gobierno no percibe la crisis de credibilidad que tiene ante la población, y se genera un efecto adverso cuando se escucha repetidamente la convocatoria a que el pueblo resista, soporte sacrificios, ahorre, pero se encuentran los recursos, y los megawatts, para celebrar un evento de un glamour neoyorquino en la sede del Parlamento, en uno de los barrios más empobrecidos y densamente poblados de Cuba. Incluso si ese gasto se explicara como una inversión, hacerlo en el corazón de una ciudad apagada, a nivel simbólico tiene un costo político inevitable.
Significa que el uso de los edificios públicos está completamente a expensas de decisiones políticas, sin respeto alguno por la simbología, su uso original, o la solemnidad con la que se trata para algunas cosas, pero para otras no.
Nuestra opinión es que en una sociedad sana todo el mundo opina, y desde la ética y el reconocimiento al otro se puede disentir, una máxima que no parece primar ahora que una periodista jefa de prensa del presidente responde con lecciones de dignidad a Silvio Rodríguez, el autor de buena parte de la banda sonora de la época histórica conocida como la Revolución cubana.
Siempre debe estar permitido el disenso, sin que eso convierta a nadie en un apátrida, ni un mercenario, ni, por el contrario, un oficialista o estalinista. Pero cuando se ataca desde el poder al mensajero en vez de debatir el mensaje, y para colmo, se utilizan argumentos triunfalistas que rozan el ridículo, el fracaso a nivel de comunicación es inevitable.
También es una lección esta para los servidores públicos, que han de identificar que la crítica ha de escucharse, y aprender de ella, porque no se puede poner en compartimentos estancos a aquellos que «todo lo critican» y «no entienden» desde una posición de superioridad, cuando muchos de los que toman esas decisiones tampoco entienden a los indignados.
El respeto a las opiniones ajenas no es para gritar todos en una cámara de eco sin escucharnos, es poder disentir con el poder de importar a quienes dirigen y que estos actúen en consonancia con un mandato social que muchos creen que en este caso han traicionado, empezando por Silvio Rodríguez.
En un contexto de poca transparencia sobre la correlación de fuerzas dentro de las filas gubernamentales, estas escaramuzas muestran divisiones visibles entre funcionarios y la intelectualidad de izquierda en Cuba.
Buena parte de los miembros de la clase política en el poder reacciona visceralmente ante cualquier crítica, incluso de figuras indisolublemente vinculadas a la historia de la Revolución, como si nunca se equivocaran, y carecen en casi todos los casos de un ejercicio de autocrítica pública y rectificación.
No obstante, la polémica también confirma la existencia de una izquierda que es crítica ante los errores gubernamentales, sin necesidad de abrazarse a la oposición. La pregunta es ¿cuánto puede cambiar esa izquierda desde su compromiso con la clase dominante, y su reticencia a ingresar la oposición activa? ¿Qué caminos existen para que estos debates no se queden en la esterilidad de las redes?
La noticia es que el gobierno cubano ha continuado las excarcelaciones de prisioneros como parte de los beneficios penitenciarios anunciados el 14 de enero de 2024.
En el comunicado publicado en ese mes, el Ministerio de Relaciones Exteriores informó que se beneficiarían con otorgamiento de libertad a 553 personas, sancionadas por delitos diversos, y si bien varios de los excarcelados hasta ahora, que ya suman 223 según la plataforma opositora que monitorea estos temas Justicia 11J, han estado cumpliendo sentencia por eventos relacionados con protestas públicas, también han sido liberados presos comunes.
El gobierno cubano reiteró que la decisión de ofrecer beneficios de licencia extrapenal a este medio millar de personas era una medida soberana, y apegada a una práctica habitual. Sin embargo, la coincidencia en el tiempo con el anuncio de la administración Biden de retirar a Cuba de la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, y la eliminación de la Lista de Entidades Restringidas, junto al anuncio de que La Habana excarcelaría personas, condujo a la interpretación de que las excarcelaciones eran una respuesta a una demanda de Washington a cambio de la cual la política de Estados Unidos se flexibilizaba, —lo cual sí dijo claramente la Casa Blanca.
Más adelante, organizaciones de la oposición dedicadas a registrar los presos por razones políticas en la Isla habían señalado que luego de la reincorporación de Cuba en la Lista de Países Patrocinadores del Terrorismo con la llegada de la administración Trump, el gobierno cubano había detenido las excarcelaciones. Pero, a pesar de la aparente pausa de un mes, ahora empiezan a ser liberadas otras personas, como parte de un proceso que desde la declaración inicial se dijo que sería paulatino.
Según publicó la plataforma 11J en X, «luego de más de un mes de pausa en el proceso de otorgamiento de beneficios penitenciarios a personas privadas de libertad por razones políticas, y de múltiples llamados a la acción a la comunidad internacional, hemos recibido información que sugiere que se han retomado las excarcelaciones producto de negociaciones». No aclaran negociaciones con quién, si con el Vaticano, como afirma el gobierno cubano, o con el gobierno estadounidense.
Según esta plataforma, desde el jueves 27 de febrero hasta esta semana se habían liberado 13 personas, varias de las cuales cumplían penas por su participación en las protestas del 11 de julio, incluyendo vandalismo y robo a tiendas estatales.
Entre los presos liberados están los también abiertamente opositores y participantes en las protestas Rolando Sardiña Fernández y Geovani Sepúlveda Martínez. Este último denunció haber sufrido la falta de medicamentos y otras violaciones a sus derechos. También reportó que era el único sustento de sus padres enfermos y de edad avanzada. La misma fuente señaló que Sardiña Fernández, conocido como El Koka, se entregó voluntariamente tras manifestarse, devolvió bienes y pagó daños, pero recibió 12 años de prisión. Su hermana anunció su excarcelación tras cumplir casi cuatro años y pidió la liberación de otros presos.
Esto pudiera significar varias cosas:
1. Que las excarcelaciones combinaran presos por razones políticas y otros comunes. Durante este período también fue liberado el Tricampeón Olímpico Félix Savón, quien cumplía condenas, presuntamente, por abusos a menores. Una posibilidad es que el gobierno, durante el período marcado como pausa, estuviera liberando a presos comunes que no constan en el registro de las organizaciones dedicadas a contar únicamente a los presos por razones políticas.
2. Que ante la imposibilidad de que fuera viable alguna otra negociación con Estados Unidos usando a esos presos como moneda de cambio para que se eliminaran sanciones, el gobierno, en un acto soberano, decidiera cumplir su palabra con el Vaticano, y de paso, en la arena internacional aliviar tensiones con partidos políticos de corte socialdemócrata —que si bien son aliados ante la lucha contra medidas coercitivas norteamericanas, son fuertes críticos de la existencia de presos por razones políticas—, y con sectores no hostiles dentro de la Isla, que por razones humanitarias también se cuestionan la permanencia de estas personas en las cárceles.
Ante las opacas explicaciones que se han dado hasta el momento, solo queda especular.
Los beneficios que se les otorgan a estas personas no son amnistías ni eliminación de las sentencias, sino una especie de libertad bajo palabra, que les permite terminar de cumplir sus condenas en libertad. Esto ha sido interpretado como una forma de control y coacción sobre dichas personas fuera de las cárceles. Sin embargo, algunos de los excarcelados han continuado su activismo opositor nada más salir de la prisión.
Por ejemplo, el activista José Daniel Ferrer afirmó en una entrevista que hubiera preferido morir en prisión a deber su liberación a una negociación que consideraba «indigna». Igualmente, a pocos días de liberado se reunió con Mike Hammer, jefe de la Embajada de EEUU en La Habana, quien ha hecho un periplo por toda la Isla parando en casa de la mayoría de los líderes y figuras visibles de la oposición.
Habría que ver si estos excarcelados mantendrán esta condición si continúan opinando públicamente contra el gobierno. Si bien algunos activistas, como Ferrer, han denunciado citaciones por parte de los organismos de seguridad, hasta el momento ninguno ha vuelto a la cárcel de forma permanente.
Nuestra opinión es que las condenas a los manifestantes 11j siempre fueron más políticas que sustentadas en razones jurídicas reales. Algunos cometieron delitos violentos, pero las penas sobrepasan con creces la gravedad de estos en casi todos los casos.
Se trata mayoritariamente de personas provenientes de familias de los estratos más vulnerabilizados de la sociedad, que se vieron en una situación límite en medio de la pandemia y la crisis económica agravada, además de la combinación de decisiones internas de mal gestión del gobierno y las medidas coercitivas de Estados Unidos.
Las altas condenas, si bien desde un realismo político amoral pudieran verse como una estrategia disuasiva funcional ante otras manifestaciones, a la larga terminan debilitando más el consenso social. Por tanto, si continúan estas excarcelaciones, sería un paso hacia la dirección correcta para iniciar un proceso de reconciliación nacional, aunque están muy lejos de ser todo lo que se necesita.
Si bien algunos cometieron actos que están claramente tipificados como delitos, la inmensa mayoría de las personas se unieron al reclamo social del momento, en un país en el que las protestas antigubernamentales no son hábito, y en la mayoría de los casos reciben represión.
Solamente una asociación no gubernamental, en la historia reciente, ha podido realizar marchas con permiso del gobierno: los animalistas. Fuera de eso, el procedimiento para poder manifestarse no es de dominio público, y es activamente ocultado. Todo ejercicio de reunión relativamente grande con fines políticos es visto con sospecha y se criminaliza de manera rápida.
El gobierno cubano debe encontrar una forma distinta de lidiar con personas que son abiertamente opositoras. Aunque es bastante frecuente que muchos opositores terminen siendo succionados por la maquinaria de programas de promoción a la democracia patrocinados por el gobierno estadounidense, no todos pueden ser tildados de «traidores», y no debe usarse esa excusa para criminalizar todo tipo de disenso político.
Si bien los espacios de crítica son cada vez más amplios y naturalizados, especialmente en las redes sociales, el escrutinio sobre aquellos voceros que ganan alguna tracción popular y que se vinculan con gobiernos extranjeros a través de sus embajadas son perseguidos, llamados a interrogatorios ilegales, y sometidos a procedimientos de acoso e intervención de su privacidad sin una cobertura legal.
Cuba es un país que ha tenido que sobrevivir durante seis décadas a una agresión en forma de terrorismo, sanciones y bloqueos económicos. El comportamiento aprendido es el de sobrevivir a una guerra, en la que toda oposición es vista como traición. La manera de conducir la diversidad de opiniones políticas no puede ser eternamente en torno a la represión, o la censura, porque es insostenible. Mientras tanto, las condiciones de vida empeoran, el gobierno es incapaz de ofrecer esperanzas o planes que se traduzcan en una mejoría en la vida de la gente, y mantiene los canales de comunicación con los ciudadanos muy pobres, reforzando la noción de que la opinión y el sufrimiento de los ciudadanos no es importante, porque no son escuchados.
Esta práctica conduce a que muchos escojan gritar más alto o ventilar sus incomodidades en redes sociales, y hacer de ese activismo combustible para llamar la atención, pero que no llega lejos porque las condiciones para promover una sociedad más participativa, con discusiones honestas y respuestas directas a las demandas del pueblo parece más un sueño, que una realidad en el corto plazo.
Suscribimos la opinión de uno de nuestros autores, quien recientemente afirmó que «no se puede enarbolar durante décadas la bandera de la justicia social y el humanismo, y pretender luego conciliar a la gente con que se use toda la violencia del Estado contra personas provenientes de los sectores más empobrecidos de la sociedad […] Reclamar la liberación incondicional de todos los presos, no de un grupo seleccionado bajo criterios imprecisos, también es un signo de coherencia».
Tenía un viaje largo la noche de premiaciones de los Oscar este año, no podría estar al tanto de los resultados de forma inmediata. No obstante, una amiga me escribe, en medio de una turbulencia, el siguiente resumen: Anora fue la gran triunfadora.
De las seis nominaciones, logró cinco estatuillas: Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actriz, Mejor Guion Original y Mejor Montaje. Su director, Sean Baker, marca un registro histórico al llevarse a casa cuatro de los cinco premios.
Para mí fue una sorpresa, no porque dudara de la calidad del valor cinematográfico, sino por el tema en sí, por las escenas explícitas, porque a las trabajadoras sexuales y a las strippers solo se les tiene en cuenta en el confesionario de la moral social, o como fetiches exóticos y sensacionalistas que, más que un abordaje complejo del tema, busca satisfacer la curiosidad y el morbo del público masculino. Y la Academia, además, tiene fama de conservadurismo sistemático.
El filme cuenta la historia de Anora (Ani, interpretada por Mikey Madison), una stripper veinteañera que trabaja en un club de Nueva York como trabajadora sexual. Su vida comienza a cambiar cuando conoce a un nuevo cliente: otro joven (Vanya), hijo de un oligarca ruso, quien le ofrece sustanciosas sumas de dinero a cambio de tener encuentros sexuales en su mansión. Es, a partir de aquí, donde comienza a narrarse un cuento de hadas.
Lujos, fiestas derrochadoras, consumo de drogas y viajes en jets privados recrean las «travesuras» de ambos cuando Ani acepta ser su dama de compañía por una semana. En un viaje exprés, llegan a Las Vegas donde, impulsivamente, contraen matrimonio. Es un hecho, Ani encontró a su príncipe azul, quien la sacará no solo de la pobreza sino de los burdeles, y este no es un dato, ni un conflicto menor. El trabajo sexual durante toda la película es abordado desde el pleno consentimiento, no obstante, es latente que todas las strippers sueñan con «atrapar» a un cliente millonario que las saque de allí.
El éxito de Ani, por tanto, se vuelve el éxito del sueño americano. Un sueño americano narrado desde los márgenes que habitan las mujeres jóvenes migrantes, que venden sus cuerpos y destrezas sexuales, a cambio de reproducir la vida en mínimos términos. No es el sueño americano típico, casi siempre protagonizado por varones que logran ser exitosos por voluntad y empeño propios, sino que este ha sido labrado desde el sexo transaccional de las mujeres pobres.
El éxito de Ani, por tanto, se vuelve el éxito del sueño americano. Un sueño americano narrado desde los márgenes que habitan las mujeres jóvenes migrantes.
Pero la felicidad dura muy poco. La familia de Vanya viaja a Estados Unidos y, tras mostrar todo el poderío del que es capaz la riqueza, logran anular el matrimonio. Ani es tratada, en todo momento y por todos (incluyendo a su «esposo») como una chica descartable y despreciable. La soberbia de clase la deshumaniza, la humilla en su condición de «ramera»: el hijo del oligarca merece «otra» mujer, porque el pasado siempre nos alcanza. Claro, una moral social en sus formas más hipócritas y corrompidas.
El triunfo fugaz y el fracaso estrepitoso de Ani parece una camisa de fuerza frente a sus colegas del club, frente a la sociedad y, sobre todo, frente a ella misma. Sabe que es una mujer inteligente, suspicaz, fuerte ante los desmanes de la vida, pero también sabe que, al final, es una niña vulnerable con una necesidad extraordinaria de afecto, y con vacíos que canaliza a través del sexo.
Desde los primeros minutos del filme, las escenas sexuales tejen una intención evidente: lo efímero del placer, o, lo efímero de la felicidad. Gestos sexuales repetitivos, liturgias de deseo ya automatizadas, siempre con el mismo inicio, siempre con el mismo final, pocas variaciones en la dramaturgia de cada encuentro erótico, incluyendo las agitadas relaciones con Vanya.
Una cinta muy atractiva que acaparó la atención desde los desnudos, el exotic dance, la vida nocturna neoyorquina, el morbo sexual, pero que a la vez cuenta sobre el dolor de la soledad y la pobreza en el cuerpo de una joven. Nos encara a esa estructura hermética e infranqueable que es el país más poderoso del mundo y sus intrínsecas desigualdades, donde las mujeres la llevan peor.
Y hay más. Mientras Ani pelea por su matrimonio, tiene sexo, golpea, amenaza, implora, muerde o llora, está peleando también por su dignidad. Si Ani es tremendamente digna, Anora, la película, es una reivindicación de dignidad para las trabajadoras sexuales. Esta es una de las pocas razones por la que celebro el triunfo de este filme Anti-PrettyWoman sin final feliz.
Si Ani es tremendamente digna, Anora, la película, es una reivindicación de dignidad para las trabajadoras sexuales.
Sin embargo, mi favorita del certamen era La Sustancia. Fabulosa entrega de cine gore y body horror que me conmocionó hasta los huesos por su tremenda denuncia contra el mercado de la belleza, especialmente en Hollywood.
No obstante, son varias los significantes que me interpelaron de la película en distintos momentos. Aunque es el núcleo del argumento, no solo la belleza y el envejecimiento de las mujeres en el mundo del entretenimiento fueron los dispositivos de análisis.
Las tensiones, desacuerdos y peleas entre Elisabeth Sparkle (interpretada por Demi Moore) y Sue (interpretada por Margaret Qualley) fueron detonantes de varias metáforas. Una de ellas, la complejidad de los lazos maternos con las hijas, es decir, en las relaciones madre-hija específicamente. Muchas veces establecida desde el control, la jerarquía, la desobediencia y el poder; en falta de una educación conciliadora y amorosa.
También la relación expoliadora con la naturaleza y el vínculo extractivista con ella. La necesidad de apropiarnos de lo bello, aunque eso signifique destrozar la otredad. Cómo la esquematización de la belleza ha ido borrando de nuestras miradas y sentires la hermosura de las cosas simples, cotidianas. Este sistema de consumo compulsivo nos ha convertido en extractivistas de lo clasificado como bello para alimentar nuestras ambiciones más individualistas.
Este sistema de consumo compulsivo nos ha convertido en extractivistas de lo clasificado como bello para alimentar nuestras ambiciones más individualistas.
Cada vez que la voz del vendedor de la sustancia advertía que ambas (Elisabeth y Sue) eran una sola, nos ponía de frente a los lados de sombra y de luz que tenemos todas las personas; las dos caras de nosotras mismas, nuestros ángeles y nuestros demonios. Con luchas internas, grandes contradicciones y fuertes incongruencias; dicotomías propias que, de no conciliarse, nos puede convertir en verdaderos monstruos —como el resultado final de la sustancia.
Por supuesto, habla también de la industria de la belleza y del entretenimiento que incluye a la salud humana. ¿Qué imagen se nos vende cotidianamente como una mujer saludable? ¿qué estereotipo, qué cara, qué piel, qué cuerpo tiene una mujer saludable? Frecuentemente el mercado sugiere que una mujer saludable es una mujer deseada, bella.
El final, que resultó muy perturbador e innecesario para varios espectadores, fue un recurso empleado a propósito. Mientras los chorros de sangre saturaban varias escenas por largos minutos, pensaba en lo quirófanos, en las mujeres muertas, mutiladas, con secuelas, como consecuencia de perseguir un ideal de belleza instaurado. La industria de la salud es también responsable, forma parte indispensable de la mercantilización de la belleza. Y Hollywood es una pieza clave para reproducir patrones y llenar los quirófanos de mujeres operadas.
Claro que es legítimo modificar alguna parte del cuerpo para sentirse mejor y en aras de una mayor calidad de vida, sin embargo, los sistemas de salud no están estructurados para proporcionar ese servicio desde un enfoque de salud mental del bienestar, sino, al contrario, como una maquinaria para lucrar sobre la base de la falta de ese bienestar, también potenciado desde las industrias de la moda y el entretenimiento. Otro de los monstruos.
Es legítimo modificar alguna parte del cuerpo en aras de una mayor calidad de vida, sin embargo, los sistemas de salud no están estructurados para proporcionar ese servicio desde un enfoque de salud mental del bienestar.
La sustancia es una película que indaga de manera atroz el daño que sufren las personas cuando envejecen (especialmente mujeres), la destrucción que causa la píldora hegemónica de la eterna juventud, la falta de ejemplos y alternativas para transcurrir envejecimientos saludables en cuerpo-espíritu-alma; pero, como he tratado de sondear, va mucho más allá.
Mediante una narración visual y estética desde abyecta hasta dolorosa nos enfrenta a una realidad indiscutible: tod@s vamos a envejecer. Intencionalmente gráfica, grotesca, la cinta nos lleva al límite de la violencia simbólica, a la conclusión de que somos una humanidad destrozada.
La actuación de Demi Moore es conmovedora, formidable, valiente incluso. La admiré de principio a fin, sufrí con ella, me esperancé con ella, rabié con ella. Merecía el Oscar como mejor actriz protagónica, por su estupendo desempeño, pero, también, teniendo en cuenta su edad (ironías que no lo son). Me quedé con ganas de ver a la directora del filme, Coralie Fargeat (novena mujer nominada a mejor dirección), alzar la estatuilla a mejor película. La sustancia solo se llevó el Oscar a mejor maquillaje y peinado, aunque dejó por todo lo alto al género de terror en un certamen donde no ha sido el gran bienvenido.
Alguien me sugirió que no eran temas del feminismo los que abordan las cintas (ni que tuviéramos temas en específico), aunque, según ONU Mujeres, el 91% de las personas inmersas en la trata de personas con fines sexuales son mujeres, lo que sugiere que la industria del sexo y el mundo del sexo transaccional en sus distintas variantes están feminizados. Por su parte, el 87.4% de los procedimientos cosméticos que se realizaron en el mundo en 2018 fueron a mujeres; cifra que en 2023 alcanzó un 86% de mujeres.
Al parecer, a la academia le interesa cambiar su imagen retrógrada, nominando filmes como Cónclave, donde la sorpresa final de elegir un Papa intersexual ha dado de qué hablar; y como Emilia Pérez, muy criticada con total razón por su esencialismo biologicista, su transfobia velada y el irrespeto al dolor nacional de un país como México y sus desapariciones.
Esto no quiere decir que se haya vuelto feminista o le interese de veras el problema estructural de las mujeres, pero ¿por qué este giro en las premiaciones? ¿por qué la industria se está mirando a sí misma bajo estos tópicos inquietantes?
Sabemos que estamos viviendo un momento de fuerte confrontación política, que quiere decir de disputa de las hegemonías, en la que a las élites de la progresía les interesa impulsar temas de este tipo como respuesta a las élites más conservadoras. Tanto la industria como la academia seguirán siendo hegemónicas, resguardando los intereses de sus integrantes, en su mayoría hombres blancos, ricos y heterosexuales. Si bien celebramos estos tintes de cambios, no dejan de ser autocomplacientes.
El debate ha estado bien servido en distintos temas, y eso es lo que hace del cine un arte poderoso: su capacidad de incomodar, interpelar y generar preguntas que trascienden la pantalla. En los próximos meses veremos cómo evolucionan estas discusiones y qué nuevas narrativas nos propondrá la industria. Mientras tanto, seguiremos observando con las gafas bien puestas del feminismo y la interseccionalidad, buscando en el llamado séptimo arte, no solo entretenimiento, sino también expresiones de nuestras propias contradicciones y resistencias.
Finalmente, la larga espera ha concluido. En la noche del 2 de marzo, tras la ceremonia de entrega de los premios de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, tal vez los amantes del séptimo arte podamos respirar en paz. Con una gala conducida por Conan O´Brien —increíble que el muy popular presentador y comediante no haya tenido antes esta responsabilidad—, no se trató solo de ver desfilar nuevamente a lo largo de unas tres horas a los candidatos con esos trofeos, conocidos popularmente como los Oscars, sino también, en su 97 edición, pudimos comprobar en qué medida la apreciación estética, así como los juegos de intereses y las agendas que se mueven detrás de las lustrosas escenografías y la pompa habitual de estas galas siguen obrando y marcando las decisiones finales.
Los Oscars del 2025 ocurren en un momento de particular agitación en los Estados Unidos de América. El evento estuvo precedido por los devastadores incendios que arrasaron con bosques y mansiones de Los Ángeles, marcado por las políticas de exclusión que Donald Trump y su equipo vienen impulsando sin recato —cuyo principal blanco han sido emigrantes y todo lo que huela a diversidad—, así como por tensiones y masacres que, en Gaza, en Ucrania o Guantánamo hacen saltar los titulares del planeta.
En cierto modo fue una ceremonia en la que Hollywood se mantuvo a la defensiva, alerta a estos ires y venires que sin duda alguna también afectan a la maquinaria de producción que ahí tiene su núcleo, al tiempo que, persistiendo en los golpes de efecto y en los juegos de contención, nos recuerdan siempre que todo esto es espectáculo, una ficción que va de una pantalla a la otra, y en la cual, lo que se alza a la hora del triunfo no está conectado obligatoriamente a las expectativas que la propia Academia y la industria que la sostiene, pues su conexión con la realidad va más allá de las lunetas del Dolby Theatre y su alfombra roja ocurre en otra dimensión y desde otras narrativas.
En cierto modo fue una ceremonia en la que Hollywood se mantuvo a la defensiva, alerta a estos ires y venires que sin duda alguna también afectan a la maquinaria de producción.
A su manera, la noche de los Oscars es esa permanente contradicción: una suerte de pausa que nos deja repasar lo que hemos entendido desde el poder inmenso del cine, y un recordatorio acerca de cómo se negocia, se edita, se promueve o se oscurece también eso que la cámara nos muestra. Los Oscars, más que las propias películas en competencia, son el mejor producto que la Academia nos puede ofrecer. Cada cual hace sus apuestas, cada cual tiene su lista de preferencias, y se entra a esta larga tirada de alocuciones a sabiendas del tedio que provocan los discursos de agradecimiento, en los que no falta quien menciona hasta a su comadrona a la espera de una lágrima o un ex abrupto, el «momento Oscar» que los periodistas, influencers y youtubers esperan con ansiedad.
Emilia Pérez: Del aplauso en Cannes al vaivén de los Oscars
Este año, claro está, también los hubo. Confirmaciones y decepciones —ninguna acaso tan grande como ver a Demi Moore quedarse sin la estatuilla que su actuación en The Substance parecía garantizarle—, aunque ya el combustible para la polémica venía asegurado por las 13 nominaciones Emilia Pérez llevaba de antemano a esa ceremonia. El filme de Jacques Audiard no llegó hasta ahí sin antes acelerar el debate, como un ejemplo nítido de lo que sucede cuando la ficción y su compromiso con ciertas zonas de una realidad complicada y dolorosa se transforman en la mera superficie de un espectáculo.
La carrera internacional de Emilia Pérez se disparó cuando su director y su elenco femenino recibieron lauros en el Festival de Cannes. Reconocido con el Premio del Jurado, tuvo sus minutos de ovación por parte de los espectadores y Netflix se aseguró los derechos de distribución por 8 millones de dólares. Concebida primeramente como una ópera u opereta en cuatro actos, Audiard desarrolló su trama a partir de un capítulo de la novela Écoute, de Boris Razon. En el filme, un capo del narcotráfico, Juan «Manitas» del Monte, contrata a una abogada para que le ayude en una tarea nada sencilla: convertirse en mujer y así evadir sus amenazas de muerte. Karla Sofía Gascón, actriz española y persona trans, asume el rol de «Manitas» antes y después de la cirugía que permite al personaje convertirse en Emilia Pérez. La dominicana Zoe Saldaña interpreta a Rita, la abogada mexicana. Y Selena Gómez encarna a Jessi del Monte, esposa y madre de los hijos de «Manitas». Cuatro años después del primer encuentro entre Rita y el narcotraficante, se reencuentran en Londres, y nuevamente llegan a un acuerdo. Emilia quiere recuperar a su familia, quien le cree sin vida, haciéndose pasar por hermana de «Manitas». Pero en ese tiempo, Jessi ha empezado un romance con uno de los compinches de su esposo, Gustavo. Y Emilia debe luchar bajo su nueva identidad para no perderla, al tiempo que inicia ella misma un romance con Epifanía, asumida por la actriz mexicana Adriana Paz: la única intérprete cuya nacionalidad es, en efecto, la del personaje que interpreta.
Y justamente por el origen del elenco de la película, más allá del argumento de melodrama y thriller, empezaron a surgir algunas dudas acerca de Emilia Pérez: su veracidad, su solidez dramatúrgica y su puesta en pantalla. Más allá de esos enredos sentimentales, la película roza otros aspectos más dolorosos de la realidad del México contemporáneo, aunque sin haber sido filmada allí, y atraviesa, a través del filtro del musical, varios debates vigentes y pendientes, que a no pocos les pareció que aquí se reducían al estereotipo
Justamente por el origen del elenco de la película, más allá del argumento de melodrama y thriller, empezaron a surgir algunas dudas.
Lo cierto es que la película, tras su fugaz presentación en el Festival de Morelia, en octubre pasado, no llegó a las pantallas mexicanas hasta enero de 2025. Para ese entonces, los ánimos a favor de Emilia Pérez ya habían cambiado, a favor o en contra de lo que algunos han catalogado como un «narcotransmusical». Durante la campaña promocional, varias declaraciones del director y guionista, su jefa de casting, y sobre todo de Karla Sofía Gascón, desencadenaron reacciones adversas a lo que en principio se aplaudió como una obra que, según varios críticos y artistas europeos y norteamericanos, era un filme audaz, atrevido, y una de las mejores películas del año.
Si bien Meryl Streep, Madonna, Emily Blunt, James Cameron, Leonard Maltin, Peter Bradshaw, Guillermo del Toro, Denis Villeneuve, Peter Travers, John Waters, Paul Schrader, entre otros nombres de peso en la industria, cayeron rendidos ante la película de Audiard, la obra no libró de otras controversias. Entre los principales señalamientos estuvieron la escasa presencia de talento mexicano en su equipo gestor; el haberse producido y filmado en Francia; emplear actrices y actores de otras nacionalidades en una amalgama poco convincente —el imposible acento de Selena Gómez fue uno de los blancos más comunes de memes y burlas en las redes—; las letras de canciones y frases del guion que parecían tomados directamente de Google Translate, o evidenciaban un estudio poco profundo del contexto en el que se desarrollan. Todo esto, unido a los contrastes planos en la representación de una persona trans —hombre traficante malo versus mujer arrepentida que crea asociaciones benéficas tras la cirugía de afirmación de sexo—, hicieron a no pocas personas alejarse de lo que se veía en pantalla. Aunque también se sumaron otros elementos al paso de la película por eventos y carteleras, nada de esto no impidió la llegada de Emilia Pérez a los Golden Globes, ni a las nominaciones al premio de la Academia, sobrepasando con ellas a candidatas mucho más sólidas, como Conclave, Anora y The Brutalist.
El autor y/o su obra, la vieja polémica
El tránsito de Emilia Pérez por esos predios dejó a la vista síntomas de recepción y lectura que pasan por los estereotipos, sin duda, pero también por las erráticas acepciones de lo que aún significa para algunos la identidad de una persona transgénero, su visibilidad en ciertos medios, y el caos que puede generarse cuando, delante de los medios o desde una plataforma virtual, se siguen reproduciendo excusas o malentendidos que las agendas ya no toleran o perdonan. Y esto ocurre, no solo porque hemos pasado por fenómenos como la cancelación, las oleadas de lo políticamente correcto, el movimiento MeToo, los Epstein y Weinstein, sino porque al trasvasar todo eso desde el lenguaje artístico a territorios donde hoy se ha confundido la opinión y la impresión con el criterio o el discurso de una voz autorizada, se puede resbalar fácilmente a una zona donde ya todo parece haberse igualado, donde la calidad y el riesgo estético no siempre funciona como excusa, y donde la figura pública y el personaje que esta ha interpretado, pueden con/fundirse peligrosamente.
El caos que puede generarse cuando, delante de los medios o desde una plataforma virtual, se siguen reproduciendo excusas o malentendidos.
Si Audiard, un cineasta que ha ganado respeto por sus obras previas (desde su debut con Mira a los hombres caer, pasando por Un profeta y Dheepan) y su abordaje a géneros como el drama carcelario o el western, apela a los artificios del musical para narrar una fábula cargada de violencia, también trastabilló al confesar su rala preparación para abordar la realidad mexicana, o comentando en agosto de 2024 durante una entrevista que el español es un idioma de pobres e inmigrantes.
Mucho peor le ha ido a Karla Sofía Gascón, que calificó a los mexicanos que no reaccionaron positivamente a Emilia Pérez como unos «cuatro gatos», ganándose una escasa simpatía que se redujo aún más cuando salieron a flote algunos twitts publicados por ella, y donde se exponían frases racistas y burlas a otras entregas del Oscar. Y si esos comentarios eran de un tiempo pasado, al tratar de limpiar su imagen la actriz no lo pudo hacer peor, declarando que si ella fuese una persona racista nunca hubiera aceptado actuar junto a Zoé Saldaña.
El efecto «bola de nieve» llegó a tal punto que Netflix y las entidades productoras de Emilia Pérez optaron por no invitar a Karla Sofía a varios de los eventos más importantes de la temporada de premiaciones. En los Oscars, aunque ella sí llegó a estar en la ceremonia, no se le vio en la alfombra roja. Y Conan O´Brien, durante su monólogo de bienvenida ante la audiencia del Dolby Theatre, no dudó en lanzarle un par de chistes que presagiaban que no, que la primera actriz trans nominada a dichos premios, no se iba a alzar como ganadora esa noche. Ni ella, ni la favorita Demi Moore, derrotada por Mikey Madison, la muy joven protagonista de Anora, en un gesto que irónicamente parece repetir la trama de The Substance.
Acaso la mayor lección de Emilia Pérez provenga no de sus saturadas coreografías, de sus tropiezos a la hora de tratar de alzar un musical a partir de la violencia, de su apuesta por canciones de letras ramplonas entonadas con desgano —esa suerte de antimusical que han abordado otros con mayor éxito: recordemos Everybody says I love you, del cuasi cancelado Woody Allen, o el desmontaje crítico del género que propuso Lars von Trier con Dancer in the dark. Cuando la cuestión de la representación se puso fea para el equipo creativo de Emilia Pérez, varios de sus integrantes alegaron que la película, al ser un musical, no tenía que proponer una representación realista de lo que nos cuenta. Como si el musical, a lo largo de su existencia, no hubiese procurado fórmulas menos superficiales ni edulcoradas para sobrevivir. En esa línea están desde la crudeza de Sweeney Todd o Assasins, de Stephen Sondheim o el Hamilton de Lin-Manuel Miranda, hasta el homenaje venido a menos al género que ejercitó La La Land, de Damien Chazelle, hace unos pocos años ante los votantes del Oscar.
Varios de sus integrantes alegaron que la película, al ser un musical, no tenía que proponer una representación realista de lo que nos cuenta.
Las metáforas simples, el olor «a mezcal y guacamole», que se cantan, son tan ineficaces como la frase referida a la «pinche vulva» que va a perseguir a Selena Gómez por mucho tiempo. Un género es tal porque crea una convención, y es desde esa base que debe lograr la empatía del público, y llevarlo a zonas de riesgo que no se limiten a ciertas zonas de confort. Y aunque los enemigos del musical se nieguen a aceptarlo, hay obras, tanto en escena como en pantalla, que demuestran que tal proeza sí la han conseguido algunos creadores de talento comprometido. Así llegamos al tema mayor, el del compromiso, que es el que parece no abundar cuando se esbozaba la médula de un proyecto como Emilia Pérez.
Los «pinches» clichés
No es exactamente en las libertades o limitaciones del musical donde falla esta película, sino en los agujeros negros que el diseño de sus personajes y la trama no logran resolver. Un punto crucial es ignorado: de qué manera ese hombre rudo y barbado que es el «Manitas» de la primera escena se convierte en la Emilia Pérez, esa dama de pretensiones elegantes, que vemos unas escenas después. ¿Cómo aprendió los rasgos de lo femenino, hallando en sí los recursos de esa nueva identidad para hacerse creíble, e intentar desde ahí recuperar a su familia? El guion, con sus ribetes cis y patriarcales, con sus coreografías y canciones poco memorables, no ofrece muchas pistas al respecto, aunque cuando los celos despiertan en Emilia y con ellos aflora la violencia, su voz vuelve a enronquecer.
El hombre que ella fue reaparece cuando sus instintos más bajos emergen, y ahí el dibujo de su personaje se emborrona, y su proyecto de ayudar a las madres que buscan a sus familiares desaparecidos y otros gestos desde los cuales procura su redención, retrocede a un grado más primario, que parecía ya sobrepasado. Tras haber visto la película por vez primera, más allá de sus recursos formales y el desafío aparente de su fábula, eso ya me acompañó como una duda. Y esa duda ha permanecido, dilatándose, mientras la película sigue ganando premios y nominaciones, y caen sobre ella nuevas discusiones y respuestas encendidas.
El hombre que ella fue reaparece cuando sus instintos más bajos emergen, y ahí el dibujo de su personaje se emborrona.
Esto no se sofocó pasada la gala de los Oscars. Si semanas antes, en la entrega de los Premios César Emilia Pérez recibía el lauro a mejor película, y ganaba lauros en otras convocatorias por Mejor Canción («El mal»), Filme Extranjero más relevante o por la actuación de Zoé Saldaña, también continuaron las polémicas. El distanciamiento entre sus actrices, la ausencia de Karla Sofía Gascón en varias de esas alfombras rojas, hacían evidente que las señales de alerta emitidas por algunas asociaciones preocupadas por la representación no adecuada de personas LGBTIQ+, como GLAAD, habían empezado a tomarse en cuenta.
Ninguna de esas respuestas fue tan reactiva y gozosa como Johanne Sacrebleu, la parodia creada por los mexicanos Camila Aurora y Héctor Guillén, con presupuesto obtenido mediante el apoyo de amigos, colaboradores y una campaña activada en GoFundMe, y que confirmó el rechazo de la audiencia nacional cuando Emilia Pérez al fin llegó a las pantallas mexicanas con un retraso sin dudas intencionado. Concebida en tiempo récord y subida a YouTube, es una delirante revancha contra los lugares comunes que Audiard representó y con los cuales sedujo a espectadores para los que México, probablemente, sea solo ese país de traficantes de drogas, mariachis y tequila; estereotipos probablemente también suscritos por los mismos que premiaron canciones escritas en ese español pedestre, que ellos no entienden ni hablan, y en el cual todo conduce a un final de serie televisiva predecible en su sensacionalismo. La recomiendo sin dudas, como una maniobra que devuelve el golpe con ironía, sacando a flote los clichés de lo francés, y que en su versión extendida llegó a varios cines mexicanos, donando sus ganancias a asociaciones de madres buscadoras de sus parientes desaparecidos bajo los efectos de la guerra del narco.
Al concluir la ceremonia en el Dolby Theater, Emilia Pérez había ganado solo el lauro a la Mejor Canción original (Ducol, Camille y Audiard, «El mal»), y Zoé Saldaña sostenía su premio como actriz en papel secundario. Fue eso lo que quedó tras la exagerada cantidad de nominaciones anunciadas en enero. La mejor producción extranjera fue I´m Still Here (Ainda estou aquí), una sólida película del brasileño Walter Salles. Se había ido opacando el brío competitivo del filme francés, al que amén de sus defectos, mucho dañaron las declaraciones poco pensadas de algunos de sus principales gestores, y del que fuimos testigos día a día, con cada noticia, meme y polémica. Ya triunfante, la dominicana Saldaña tampoco escapó a ello, cuando declaró ante la prensa que «el corazón de esta película no era México. No hicimos una película sobre un país sino sobre cuatro mujeres». Y claro está, esa frase valió poco como disculpa porque Emilia Pérez se presenta como personaje mexicano y en tal contexto. Y tampoco pasó desapercibido que ninguno de los premiados por Emilia Pérez incluyera en sus discursos de agradecimiento a la comunidad transgénero.
De la representación a la apropiación
La representación de personas trans sigue siendo un punto delicado. Mientras los debates acerca de Emilia Pérez se aceleraban, se estrenaba también en Netflix la serie mexicana El secreto del río, que funciona como un desmentido rotundo a esa excusa que aseguraba no haber hallado suficiente talento en dicha nación para encontrar ahí a su protagonista. La serie, por cierto, ya se transmitió por la televisión cubana, dejando saber a muchos acá, acaso por primera vez, acerca de las integrantes de la comunidad muxe, quienes, según ese término de origen zapoteca, son personas de género masculino que asumen roles femeninos en todos los aspectos de sus vidas.
En Cuba, salvo algunas representaciones recientes en filmes, documentales o cortos (En cuerpo equivocado, Vestido de novia, Los dioses rotos o Matar a un hombre, censurado de facto durante el pasado Festival de Cine de La Habana y finalmente proyectado en la Fundación Ludwig), los pasos en ese sentido son aún tímidos, y la temática de la transición de género, las cirugías de afirmación o la existencia y relación de las personas trans con el panorama real de la vida cubana, no pocas veces siguen apareciendo en narrativas que perpetúan ciertos mitos, confusiones y tabúes, en lugar de agilizar y transparentar esos asuntos. Es mucho lo que queda por hacer.
«Je m´appelle Emilia Pérez» [Mi nombre es Emilia Pérez], parece decirnos este filme, en una contradicción irresuelta, mexicano-francesa, entre lo que narra y quienes han elegido cómo narrarlo. Si Jacques Audiard añadió a su filmografía un título que trata de mostrar algunos de sus recursos y termina exponiéndolos del peor modo, la que ha salido más herida de todo el fenómeno ha sido su protagonista. El camino al Oscar que le auguraban muchos se ha convertido en una senda tortuosa en el que ella misma ha tropezado con la persona pública que también construyó en ese sitio escabroso que son las redes, y las burlas y ataques que ha recibido son tal vez la mejor advertencia y lección que puede legarnos Emilia Pérez.
La visibilidad de personas trans sigue siendo un problema que la empatía por mandato o la representación descolocada o sobreintencionada no ayudan a asimilar en su dimensión más precisa, y ese dilema nos toca a todos, dentro o no de la comunidad que ellas integran. Ahora mismo es en ella en quien pienso, en Karla Sofía Gascón, con sus aciertos y desaciertos: todo eso que la ha mostrado desde su perfil más vulnerable. Y en Demi Moore, que se quedó a un paso de la consagración que los ejecutivos de Hollywood siempre le negaron: ambas sin el Oscar que se llevó la veinteañera Mikey Madison. En esas mujeres, en esas personas. Lo que ellas, y todas las otras nominadas sienten tras el último aplauso y cuando todo culmina, es la manera en que Hollywood, el cine, y nosotros mismos, las vemos, entendemos, abrazamos, rechazamos o discutimos. Y la sensación que me inunda es la de saber que, probablemente, tampoco esta vez, tras el último golpe de glamour, se haya comprendido cómo hacerlo mejor.
El gobierno cubano ha vuelto a liberar presos por razones políticas el pasado jueves 27 de febrero, después de una pausa de varias semanas. Parecía que la promesa hecha en enero, de excarcelar 553 sancionados, quedaría sin efecto después que la administración Trump devolvió a Cuba a la lista de «patrocinadores del terrorismo».
Los habituales silencios del discurso oficial dejaron a la opinión pública a la expectativa. ¿Se reanudarían las excarcelaciones anunciadas, o el proceso, reclamado por cientos de familias, duró el mismo tiempo que estuvo Cuba fuera de la lista de países «patrocinadores del terrorismo?
El 30 de enero había ocurrido la última liberación masiva que trascendió a los medios y a los reportes de las ONGs interesadas en el tema. Hasta ese momento, sólo 209 presos por razones políticas habían sido excarcelados, detalló Prisoners Defenders. Esta organización registrada en España, con su foco principal en el registro de violaciones de derechos humanos reportadas en Cuba, asegura que la mayoría de los presos que recientemente recuperaron su libertad «ya tenían derecho al régimen abierto, libertad condicional y libertad inmediata».
Además de Prisoners Defenders, Justicia 11J es otra organización que ha obtenido amplia visibilidad en reportar las prácticas irregulares de los tribunales y cárceles cubanas ante presuntos delitos de carácter político. Justicia11 aclara en una nota que las estadísticas disponibles sobre la situación de estos presos no son exactas, apenas se trata de lo que han podido verificar a partir de familiares y activistas que hacen trabajo de campo en el país. Incluso con el sesgo político o metodológico que pudieran tener, estas ONGs han aportado los informes más detallados con que contamos para entender la dimensión de la violencia estatal, expresada como procesos judiciales indebidos, condenas excesivas y encarcelamientos bajo pautas distintas a los comunes.
Ambas organizaciones insisten en que la libertad regulada que se ha otorgado a los presos, no debe ser vista como un auténtico gesto humanitario, pues las condenas siguen vigentes a pesar de la excarcelación. No ha habido amnistía. Se trata, en general, de «libertad condicional», una opción que implica, en lo legal, el mantenimiento de la sanción, y en la práctica obliga a la supervisión de jueces, policía y organizaciones sociales.
La libertad regulada que se ha otorgado a los presos, no debe ser vista como un auténtico gesto humanitario, pues las condenas siguen vigentes.
Si el informe de la ONG es exacto, muchos de los presos políticos tenían derecho a esta liberación, en coherencia con los denominados «beneficios penitenciarios» que reciben los sancionados por delitos comunes.
Un preso que no tenga antecedentes penales o que fuera menor de 20 años al delinquir o que sea mujer, tendría derecho a la libertad condicional en el momento de cumplir un tercio de la condena. Los presos por razones políticas generalmente se ven excluidos de estos «beneficios». Prisoners Defenders señala, por ejemplo, que el 100% de las presas «de conciencia» que no tienen antecedentes penales, ya debería estar en plena libertad o en libertad condicional. A la misma conclusión llegaron acerca de los jóvenes menores de 20 años.
En efecto, la ley cubana contempla los «beneficios de la excarcelación anticipada», definidos como «requisitos establecidos para el otorgamiento de la libertad condicional y la sustitución de la sanción de privación temporal de libertad por alguna de las sanciones alternativas a la de privación temporal de libertad». El acceso a estos «beneficios» está previsto por la legislación, vigente desde 2022, como un derecho de todos los reclusos.
La oposición política organizada, desde sus bases en Miami y Madrid, ha acusado al gobierno de usar a los presos políticos como carta de negociación internacional. El énfasis del discurso oficial en afirmar su gesto como una tradición humanitaria propia de las relaciones con la Santa Sede, sin mencionar el «toma y daca» con la administración Biden, confirma que el trato dado a los presos políticos es más deshonesto de lo que parecía. Como si no bastara con las sanciones excesivas que enfrentan, también se les excluye de las opciones de liberación que tiene el resto de los presos. Negocian con ellos. Retienen una parte significativa en las cárceles. Dicen que los mueve la humanidad compartida.
El «complejo» acto de negociar
La insistencia del presidente Díaz-Canel en que se trataba de una «decisión unilateral y soberana», inspirada en «el espíritu» del Jubileo católico, como apuntó el Minrex, fue una ridiculez innecesaria. Los estadounidenses no escondieron ninguna información. La prensa reveló detalles del acuerdo antes de que la Casa Blanca y la Plaza de la Revolución publicaran, el mismo día, sendas notas oficiales.
La liberación de los presos fue el resultado de una negociación que tuvo al papa Francisco como mediador, una escena semejante a la de 2014 que inauguró el «deshielo» de las relaciones entre ambos países. En aquel momento, pisando terreno firme, Raúl Castro informó el acuerdo en televisión. Hizo feliz a un pueblo entero, agotado por la confrontación, que poco tiempo después dio vivas al presidente Obama en las calles habaneras.
Díaz-Canel, presionado por el próximo regreso de Trump, prefirió reservarse el entusiasmo. Hizo todo lo posible por no darle al asunto la importancia que parecía tener. Se asignó al Ministerio de Relaciones Exteriores el encargo de informar la liberación de los presos y la «liberación» que demandaba Cuba de la etiqueta terrorista. Se redactaron notas diferentes, para que fueran leídas del modo «correcto».
Negociar en desventaja, bajo una urgencia, en tensión económica, y bordeando una crisis humanitaria, no le resta «soberanía» a la negociación. Por el contrario, la afianza. El interés de la ciudadanía, la necesidad de la mayoría, es un argumento inconfundiblemente «soberano». La gente, en sus vidas individuales, no se acompleja demasiado por estas cosas, más si pudieran ayudar a resolver los problemas cotidianos.
Negociar en desventaja, bajo una urgencia, en tensión económica, y bordeando una crisis humanitaria, no le resta «soberanía» a la negociación.
Lo único lamentable de esta negociación es que un gobierno soberano negocie con la libertad de cientos de personas y que el otro gobierno soberano, que ha ejercido una soberanía abusiva fuera de sus fronteras, negocie con el bienestar de millones de personas. Y los gobiernos tampoco se avergüenzan, ni se acomplejan por esto. Hay que estar avisados. Podrían venir futuras negociaciones de este estilo. El pragmatismo de la administración Trump las está imponiendo por todos lados en tono de cínica franqueza, sin aparentar filantropía.
Con las excarcelaciones de este jueves, el gobierno cubano parece haber dado un paso responsable, de una intención sinceramente «soberana». Esta vez no depende de ninguna negociación externa —al menos que sepamos—. En todo caso, hace honor a la palabra dada.
Si la mayoría de estos cubanos ya debería estar con sus familias, al amparo de los «beneficios penitenciarios»; si la parte desinteresada del acuerdo, el Vaticano de los buenos oficios diplomáticos, sigue festejando el año jubilar; si, por último, todos sabemos que las sanciones impuestas a los presos políticos no se ajustan a la gravedad de los delitos que pudieron haber cometido, porque los tribunales las impusieron para disuadir futuras disidencias, ninguna razón de Estado debería impedir que continúen las excarcelaciones hasta cumplir, por lo menos, con lo prometido en enero.
Todos sabemos que las sanciones impuestas a los presos políticos no se ajustan a la gravedad de los delitos que pudieron haber cometido.
La negociación es ahora doméstica y también ocurre en desigualdad de poder. De un lado el Estado y su máquina política, legal, administrativa, del otro lado la ciudadanía y su crítica humana a la razón de Estado. Estos negociadores, que comparten la responsabilidad sobre la supervivencia de la nación, no se podrán reconciliar del enfrentamiento del 11 de julio de 2021 sin la cuota de liberaciones que se le adeuda a la sociedad cubana.
Las altas penas impuestas ante las protestas de los últimos años, funcionaron según la lógica del Estado. Hay menos disposición ciudadana para salir a las calles en actitud de reclamo. Sin embargo, las contradicciones, el descontento, son los mismos. La gente ha preferido buscar soluciones individuales, lo mismo abandonar el país, que emprender negocios, legales o ilegales. Estamos en el ojo del huracán del descontento acumulado. Esta calma es un espejismo.
Razones no faltan
Mantener la promesa de las excarcelaciones, sin sumarse al vaivén de la política estadounidense, respetando la palabra dada, me parece un signo de madurez política. Expresa, en el fondo, un reconocimiento de la necesidad que tenemos de resolver un problema pendiente. Cada preso liberado también representa una liberación para el Estado, una cuenta menos que rendir a sus críticos.
Las relaciones con Europa, por ejemplo, que son decisivas para Cuba, mucho más tras el aumento de tensiones con Estados Unidos, implican un intercambio sobre derechos humanos. Tener cientos de presos por razones políticas, sancionados a condenas excesivas, es el argumento de artillería pesada que se ha utilizado más frecuentemente en los últimos años para cancelar el acuerdo de la Unión Europea con nuestro país.
Tampoco son despreciables los reclamos que se hacen desde la ciudadanía cubana. Y aunque el principal activismo para la liberación ha venido de los grupos y líderes opositores, no han sido inexistentes las otras figuras del espectro político, incluso militantes del Partido Comunista o la Unión de Jóvenes Comunistas que, de manera pública o privada, y con más o menos matices, se han sumado a este reclamo. No se puede enarbolar durante décadas la bandera de la justicia social y el humanismo, y pretender luego conciliar a la gente con que se use toda la violencia del Estado contra personas provenientes de los sectores más empobrecidos de la sociedad.
Si la razón humanitaria o de respeto a la justicia no bastaran, la Plaza de la Revolución debería acabar de aceptar que estos presos ya cumplieron su papel disuasorio, no representan una carta decisiva de negociación con la actual administración estadounidense y podrían ser una excusa para el distanciamiento de Europa. El gobierno de Suecia lleva solicitando, hace algún tiempo, la revisión del Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación entre la Unión Europea y Cuba. Cada vez consigue más apoyo. La excarcelación en curso, si se lleva a término, aunque no signifique el cierre del asunto y todavía queden cientos de presos en las cárceles, serviría para aliviar la tensión y fortalecer una relación amenazada por los grupos de poder que apuestan por aislar a la Isla.
Si la razón humanitaria o de respeto a la justicia no bastaran, la Plaza de la Revolución debería acabar de aceptar que estos presos ya cumplieron su papel disuasorio.
Reclamar la liberación incondicional de todos los presos, no de un grupo seleccionado bajo criterios imprecisos, también es un signo de coherencia por parte de los defensores de derechos humanos. El tema ha sido tan instrumentalizado por la política estadounidense que no suele aparecer en el debate de activistas y medios progresistas. Es como si mencionarlo significara complicidad con los discursos hegemónicos. La polarización extrema de esta discusión no beneficia a Cuba, por el contrario. Mientras haya presos, los que imputan a La Habana de intolerante tendrán una evidencia a su favor. Los presos son un hecho de carne y hueso. Son personas que nadie puede esconder, ni siquiera en la prisión. Son sujetos de derecho que obligan al gobierno cubano a un trato respetuoso y coherente con la ley.
Negociar es un acto soberano, incluso si hay que negociar en desventaja. Lo lamentable es que las circunstancias favorezcan el canje de unas vidas por otras, de la libertad de un grupo de personas ajenas a esa negociación a cambio de un respiro para el país. Tras ese intento fallido de aliviar a la nación entera, lo más soberano que queda por hacer, lo más útil, es mantener la voluntad de reconciliación que traen, en su esencia, las excarcelaciones. Hacer justicia con nosotros mismos, sin condicionamiento, es un ejercicio de indudable soberanía.
Determinar el costo de la vida en Cuba es muy complejo, teniendo en cuenta la variedad de mercados y de precios, las singularidades del país, y la gran desigualdad de ingresos existentes. No obstante, elaborar ciertos cálculos son necesarios, para entender lo que le cuesta a un cubano alimentarse, vestirse, moverse, entre otras necesidades básicas. Seguro que habrá otras estimaciones, en dependencia de lo que se quiera asumir como costo de la vida del cubano, pero esta es una aproximación basada en lo que se considera mundialmente el costo de la vida.
Aunque la literatura existente es amplia, para dar partir de un concepto, una visión plantea que es «cálculo o estimación de bienes y servicios que los hogares necesitan consumir para lograr cierto grado de satisfacción o alcanzar un determinado nivel de vida».
Dicho de otra manera, el costo de vida es el monto de dinero necesario para sostener cierto estándar de vida, al poder permitirle a una persona pagar por los gastos básicos ordinarios de su día, tales como el alojamiento, la comida, el vestuario, los impuestos, cuidado de salud, entre otros gastos. Su cálculo es difícil de determinar porque se basa en conceptos subjetivos como el nivel de satisfacción, que puede variar mucho en dependencia de cada contexto socioeconómico.
Costo de la Canasta Básica Alimentaria
Algo importante dentro del costo de la vida es saber el costo de la canasta básica alimentaria o cesta básica alimentaria (CBA) que es definida por la CEPAL como «el costo de adquirir los alimentos que satisfagan las necesidades de energía de la población manteniendo un perfil nutricional adecuado y en coherencia con los hábitos de alimentación». O lo que es lo mismo, el conjunto de diversos alimentos, expresados en cantidades para satisfacer las necesidades de calorías de un hogar promedio. Sin embargo, debe quedar claro que representa un mínimo alimentario a partir de un patrón de consumo de un grupo de hogares de referencia, y no una dieta suficiente en todos los nutrientes.
En un texto para este mismo medio, hace un año, en el que empleaba datos oficiales de enero de 2024, calculaba que la canasta básica alimentaria para dos personas estaba estimada en unos 19 975 CUP. Hoy, a partir de datos de diciembre 2024, propongo una actualización necesaria que permitirá saber cuanto ha crecido el costo de esta necesidad básica en un año.
Aunque se pudieran añadir otros productos, en esta aproximación igualmente incluyo el mínimo necesario para la subsistencia de 2 personas. Para ello se tomaron los precios máximos que publica la ONEI para la provincia de La Habana, que algunos distan de los precios del resto de las provincias.
Provincia de la Habana, Diciembre de 2024
Productos
Normado
Otros Mercados
Total
Arroz 7 libras normado y 7 mercado
70
2226
2296
Aceite 1 litro y uno mercado informal
20
1200
1220
Huevos (1 carton de 30)
3500
3510
Frijoles colorados 3 libras
10
1650
1660
Carne cerdo 4 libras
4000
4000
Pollo paquete de 5 libras
1300
1335
Café 1 normado y 3 mercado mezclado
20
800
820
Tomate 3 libras
600
1200
Plátano 5 libras
450
450
Boniato 3 libras
240
240
Guayaba 3 libras
390
300
Queso blanco 2 libras
1240
1240
Perro caliente 1 paquete
350
350
Leche 1 kg
2300
2300
Cebolla 2 libras
800
800
Verduras
600
600
Pan
30
2000
2030
Total
24351
Fuente: ONEI. ANEXOS ÍNDICE DE PRECIOS AL CONSUMIDOR. Diciembre del 2024. BASE DICIEMBRE 2010. República de Cuba Edición enero 2025.
La tabla nos muestra que solo con una pequeña selección de productos y cantidades, para adquirirlos se necesitan 24 351 CUP mensual.
Para el estimado se tuvieron en cuenta los precios de los productos que hoy se mantienen en la canasta familiar normada (libreta de abastecimiento), sin embargo, muchos de estos se entregan incompletos y con atrasos, por lo que la casi totalidad de los productos alimenticios se compran en mercados de oferta y demanda.
Al cierre de diciembre, solo para tener la referencia de precios de algunos productos agricolas en los mercados, por provincias, se pueden ver las diferencias entre ciudades, pero no debemos perder de vista que el poder adquisitivo de algunas provincias es superior a otras.
Productos agrícolas en diferentes provincias
Si un cubano deseara comprar una unidad de los 11 productos seleccionados, se necesitan en La Habana unos 5 278 cup y en Guantánamo 4007 cup. Los datos sobre el costo de los productos alimentarios en distintas provincias de Cuba reflejan una variabilidad de precios influenciada por factores como la oferta local, los costos de transporte y la demanda.
En general, La Habana y Cienfuegos presentan los precios más altos en productos como el tomate (600 CUP y 250 CUP respectivamente), mientras que en provincias como Ciego de Ávila y Guantánamo los costos son significativamente menores. La dispersión de precios es especialmente notable en alimentos como el limón, que cuesta 650 CUP en La Habana pero solo 200 CUP en Bayamo, y el aguacate, que alcanza los 187 CUP en Cienfuegos pero desciende a 53 CUP en Guantánamo.
A pesar de estas diferencias, algunos productos muestran mayor estabilidad en sus precios entre provincias, como el frijol negro, que oscila entre 350 y 500 CUP, y el plátano vianda, cuyo costo varía entre 60 y 125 CUP. Estas tendencias sugieren que ciertos alimentos tienen una distribución más uniforme, mientras que otros están sujetos a fluctuaciones según la región, patrones todos que resaltan las desigualdades en el acceso a los alimentos y la importancia de estrategias que garanticen precios asequibles en todas las regiones.
Para pagar esa cesta o canasta mínima, debe entonces haber una remuneración mínima, salario mínimo o sueldo mínimo, que es la cantidad mínima de dinero que se le paga a un trabajador en un determinado país y a través de una ley establecida oficialmente, para un determinado período laboral (hora, día o mes), que los empleadores deben pagar a los trabajadores por sus labores.
Ese salario mínimo, en términos reales, es susceptible al tipo de cambio, debido a que, sumado a la inflación, durante devaluaciones monetarias los salarios pierden poder adquisitivo. Muchas veces, los aumentos en el salario mínimo buscan restablecer el mismo poder de compra existente antes de una devaluación o periodo inflacionario.
Debe precisarse que no todas las familias son iguales; no es lo mismo una familia de 2, donde ambos trabajen, que una de 4 donde solo trabaje una. Y no es lo mismo trabajar como asalariado presupuestado, que como asalariado de la esfera empresarial, o que un trabajador vinculado a un sector privado. En cada uno de ellos los ingresos son muy distinto.
A modo de entender las cifras del costo de la vida, precisemos algunos ingresos:
La jubilación promedio del país no supera los 1 528 pesos mensuales,
el salario mínimo está fijado en 2 100 cup mensuales,
el salario promedio de un profesional de la salud, educación superior, entre otros está entre alrededor de 6 000 cup y 9 000 cup mensual.
El salario promedio del país en diciembre del 2024 fue de alrededor de los 5 600 cup mensuales.
Es cierto también que hay un grupo de trabajadores que reciben utilidades trimestrales, y eso les permite afrontar mejor los gastos, pero no es la mayoría del país. Además, hay que tener presente que un grupo no despreciable de personas reciben remesas o algún sistema de estimulación en moneda convertible, quienes con la elevada tasa de cambio existente de las monedas extranjeras con respecto a la moneda nacional, terminan recibiendo ingresos en cup más elevados.
Una de las causas principales del alto costo de la vida en Cuba es la inflación creciente que está presente en toda la economía nacional. Si se analiza el Índice de Precios al Consumidor de la Oficina de Estadísticas e Información de Cuba, en enero del 2025 se publicaba que en diciembre de 2024 el Índice de Precios al Consumidor se ubicó en 442.8 con respecto a la base (2010).
El costo de la vida en 2025
Simples cálculos, sin ningún nivel de sofisticación, basados en los precios reales a inicios del 2025 nos muestran que para una familia de 2 personas se necesitan unos 45 000 cup solo para enfrentar gastos elementales. A continuación, se desglosan y explican:
Transporte
Para el análisis se tuvieron en cuenta los diferentes tipos de transporte que existen: público, privado en ruta, y privado libre. Tanto las llamadas gacelas y los privados en ruta se mueven en territorios compactos dentro de La Habana o en regiones del país, especialmente entre capitales y municipios. Cabe destacar que las llamadas gacelas, aunque son de gestión pública o cooperativa, luego del de las 7:00 pm pueden liberar sus precios, por lo tanto, si bien dentro del horario protegido su monto es de entre 5 y 30 presos, luego cobran lo mismo que el transporte privado. La actual crisis del transporte ha colapsado los servicios públicos tanto de ómnibus como de las gacelas, por lo cual es prácticamente imposible que una persona no se vea obligada a utilizar el transporte privado para desplazarse.
Pero a modo de ilustración, se puede decir que un taxi en ruta desde el municipio Diez de Octubre al Municipio Plaza de la Revolución cuesta 200 cup. Si el taxi es alquilado, es decir, sin ruta, lo mínimo que cuesta es 1000 cup.
Por ende, si una persona se monta 15 veces en un ómnibus público, solo pagaría 30 pesos al mes, pero si a esa cuenta se le suman 10 viajes en transporte privado en ruta o en microbús tipo gacela fuera del horario protegido, su monto asciende a más de 2000 cup, y si tuviera que alquilar un solo taxi directo al mes, estaría pagando mínimo 1000 cup más, con lo cual lo mínimo que se pagaría en transporte serían 3 000 CUP.
Vestuario
En el vestuario nos referiremos a determinados precios, pero solo para comprar una pieza de ropa para una persona se necesitan unos 9 700 cup. No se trata de vestidos, ni ropa interior, ni calzado de vestir femenino ni masculino. Si hay menores en la casa, la necesidad se amplía por la necesidad de crecimiento en tamaño de estos y eso lleva a más compras constantemente.
Vestuario
Tennis
6000
Pantalón
3500
Camisa
1200
Total
10700
Internet y llamadas
La vida moderna y el desarrollo viene aparejado al uso de la internet y la telefonía celular. Actualmente la hora de navegación tanto en las zonas wifi como en el Nauta Hogar cuesta 12.5 pesos la hora, y las llamadas por celular cuestan 8.75 CUP el minuto. La tarifa de datos móviles se cotiza en dependencia de los paquetes; el más popular cuesta 500 CUP y tiene una combinación de 8 gb de datos + 75 minutos de llamada. Para dos personas se puede calcular un promedio de 2000 cup el mes.
Cuidado Personal
En el cuidado personal se utilizó lo más elemental. No se incluyen los gastos opcionales en cuidado de imagen, como tintes de pelo, arreglos de uñas, pelados estilizados, pestañas… que tienen cifras más elevadas debido al alto costo de los insumos necesarios para garantizarlos.
Cuidado personal
Papel Sanitario 2 paquetes de 4 rollos
1200
Champú 1 pomo
2400
Gel de baño
850
Desodorante
680
Pelado básico
300
Detergente líquido
1020
Total
6450
Sumando todos estos servicios que son básicos en la actualidad, un cubano necesitaría ingresos superiores a los 45 401 cup mensuales. No se ha incluido los gastos para la adquisición de medicamentos, que dada la carencia de estos en los servicios del país o en las farmacias, su precio en los mercados informales también es muy elevado. Tampoco se sumaron, por ser muy variables otros gastos necesarios, como el mantenimiento constructivo de los hogares, la compra o reparación de equipos electrodomésticos, el ocio y la recreación, ni el pago del consumo de electricidad o gas, cuando solo por poner un aire acondicionado por 8 horas en el largo verano, se gastan unos 1 500 CUP mensuales.
Gasto de la Canasta Alimentación
24351
Gasto en Transporte
3000
Gasto en Vestuario
9 700
Gasto en Cuidado Personal
6 350
Gasto Telefónico por Internet
2000
Total
45401
Se concluye que la familia cubana tiene un elevado déficit de ingreso. Para sustentar el costo de la vida de dos personas harían falta más de 8 salarios promedio y más de 29 jubilaciones promedio. Por tanto, el osto de la vida en Cuba, a pesar de las gratuidades que aún quedan, es muy alto y no tiene ninguna relación con los ingresos de los trabajadores estatales cubanos.
Gatos y salarios en Cuba
Es sabido que en un sistema como el cubano se mantienen ciertas gratuidades, como la salud, educación, cultura, deporte… pero siendo responsables, no puede negarse que la situación económica tensa que tiene Cuba con grandes desequilibrios estructurales, y un bloqueo por parte de Estados Unidos, ha afectado significativamente la calidad de esos servicios que se ofrecen. Esto ha obligado a la población a asumir también una parte de esos gastos, ya sea compra de medicamentos e insumos médicos en el mercado informal, pago de repasos particulares para sus hijos por falta de maestros de calidad en las escuelas, etc.
La pregunta que se hacen todos, es cómo se puede vivir con tan bajos ingresos y tan altos costos de la vida. Hay múltiples respuestas, una de ellas es disminuir calidad de vida, es decir, no pueden consumir los alimentos que deberían, otros reciben determinadas ayudas vía remesas, otros se dedican al mercado informal, otros venden reliquias familiares, y lamentablemente otros se dedican a la corrupción o al robo.
El gobierno en su planteado plan de estabilización macroeconómica afirma tener entre sus prioridades elevar el poder adquisitivo de la población cubana y estudiar una de las primeras causas de los altos precios, que son los bajos niveles de producción del país, o sea, que es baja la oferta para la demanda existente. No basta con decir lo que tienen que lograr, no lo han logrado hasta ahora, y quienes reciben hoy en la Isla un salario o una pensión no pueden esperar eternamente que «las condiciones estén dadas» para alimentarse, vestirse o asearse. Sin una reforma integral de la economía no habrá posibilidades de bienestar para los cubanos.