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Retrofuturismo a la cubana

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Imagen generada con IA

La noticia es que el Ministerio de Comunicaciones de Cuba tiene en desarrollo programas de tecnología que resolverán problemas como la atención del médico de la familia a los pacientes, y el monitoreo de ganado para evitar su pérdida.

Las novedades fueron dadas a conocer por la ministra de la Informática y las Telecomunicaciones Mayra Arevich Marín, quien ofreció declaraciones a la prensa durante su participación en la Cumbre Mundial de la Juventud de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) que se desarrolló en Cuba esta semana.

La cita asumió como propósito potenciar el talento juvenil en la transformación digital de sociedades y economías, y tuvo lugar esta semana en el Meliá Varadero, en la provincia de Matanzas.

Los participantes conversaron sobre ciberseguridad, digitalización de la economía y la sociedad, la inteligencia artificial aplicada a la conectividad y la acción climática.

Al margen del evento, Arevich explicó a la prensa que los programas de desarrollo de su ministerio «son proyectos en función de tender puentes generacionales para promover la buena salud y el bienestar de todos».

Según la ministra, uno de los programas permitiría a los médicos de la familia definir que, si un paciente necesita consultar a un especialista, y si ese experto se encuentra en un hospital, desde ese centro y solicitando los análisis complementarios, puede hacer una interconsulta, y dar una respuesta a su diagnóstico sin que el enfermo acuda a la instalación médica.

De concretarse ese programa, sería una solución de gran impacto en un país con una decreciente plantilla médica, y con una amplia necesidad de servicios médicos debido al envejecimiento poblacional.

No obstante, cuando las colas son el sino de sacar un turno para un análisis y a los médicos de la familia le faltan los esfigmos u otras herramientas básicas de diagnóstico clínico, ¿cómo se podría en la práctica lograr eso sin computadoras, o sin asegurarle a ese médico un teléfono móvil de calidad suficiente para hacer esa operación?

A esto se suma que, en caso de apagones, crónicos ya, en muchos lugares la conexión a Internet se pierde por horas, lo cual tiene como consecuencia que la coordinación de estas «interconsultas» sería imposible.

No se queda ahí Arevich en la descripción de soluciones tecnológicas posibles y frecuentes en muchos países del mundo. También se refirió a un proyecto de la Universidad de Ciencias Informáticas para el control del ganado, que evitaría que se escaparan y se convirtiesen en un problema en las carreteras. Se trata de un dispositivo que permitirá conocer cuándo entran y salen, y los propietarios pueden mantener el control, afirma, de su ganado.

En el año 2022, se sacrificaron en Cuba de manera ilegal 82 mil 445 reses, más del doble de lo reportado el año anterior. Muchos campesinos renuncian a tener ganado por esa causa, y algunos son acusados por las autoridades de haber sido ellos los que matan a sus animales. Estos riesgos podrían mitigarse con sensores de movimiento, o sistemas de cámara, soluciones tecnológicas que ya existen hace años, pero que expandirlas y lograr que se conviertan en una forma de evitar los hechos delictivos en torno al ganado, requeriría inversión y esfuerzo.  

La ministra también se refirió a «otras soluciones en la industria azucarera y en el área de la energía y fundamentalmente en los proyectos de desarrollo local».

Esta noticia significa que Cuba cuenta con potencial científico para crear soluciones, desarrollar aplicaciones y ponerlas a disposición de la población, que tienen el valor agregado de que son soberanas y más seguras que el uso de plataformas internacionales que muchas veces están vedadas debido a las sanciones de Estados Unidos.

Sin embargo, anunciar el desarrollo de programas que parecen futuristas, o completamente desconectados de la realidad tiene un impacto muy negativo en la imagen de los funcionarios públicos, además de que erosiona casi que irremediablemente su credibilidad.

El gobierno ha tratado de impulsar con mucha fuerza soluciones tecnológicas que abaraten los costos y faciliten los trámites y el acceso a los servicios. Es el caso de compra de entradas, o solicitudes de citas con plataformas como Ticket, de las que mucha gente se queja, pero que en alguna medida han ayudado a eliminar u ordenar los procesos.

Sin embargo, en ocasiones se aplican con el afán de facilitar, pero al no ser inclusivos, no hay estrategias para quienes no tienen un teléfono inteligente, para personas de más edad y menos hábiles con la tecnología. Asimismo, las fallas en la conectividad, en el fluido eléctrico o la falta de preparación del personal en las instituciones a veces entorpece el uso efectivo de estas «soluciones».

Nuestra opinión es que el uso de la tecnología y el acceso a medios para sistematizar procesos, recogida de datos y demás es fundamental, sin embargo, ha de hacerse basado en las condiciones concretas de Cuba, y no en las deseadas. No por tener desarrolladores capaces de diseñar dispositivos que sigan al ganado, significa que el país está preparado para ofrecer esa solución, aunque sea pagándola, para al menos una veintena de productores. Cabría preguntarse si esos recursos empleados en «monitorear» al ganado no sería mejor utilizarlos en reproducirlos, o conservar y procesar mejor la leche.

Promover la innovación y el desarrollo tecnológico es una apuesta acertada, pero esta debe estar conducida a solucionar los problemas urgentes, que ahora mismo se centran en la falta de alimentos y fluido eléctrico. Ahí es donde deberían concentrarse, no solo los esfuerzos, sino los recursos.

Como intención de innovación, en los marcos de universidades y grupos de desarrollo, los anuncios de la ministra son ejercicios válidos y demuestran el amplio potencial científico cubano, pero informarlo como un programa con posibilidades de realizarse en el corto período de tiempo es contradictorio y hasta risible cuando muchos médicos deben atender a sus pacientes con la linterna de su celular en medio de un apagón, y sin los recursos mínimos disponibles. Soñar está bien, mientras los sueños no suplanten las realidades.  

El arroz con frijoles de la economía cubana

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Foto: AMD

La noticia es que el gobierno cubano ha aprobado una serie de medidas para tratar de contener los precios de alimentos básicos para la canasta de consumo, y para estimular la productividad del campo cubano.

El Consejo de Ministros estipuló topar los precios en los establecimientos estatales del arroz y los frijoles obtenidos mediante producción nacional, «para contribuir a contener la inflación», dijo la Directora Jurídica del Ministerio de Agricultura, Mayra Cruz Legón.

Los precios máximos que se podrán cobrar por el arroz de producción nacional, que en el 2024 cubrió apenas el 11 por ciento del consumo del país, serán de 155 pesos por libra —44 centavos de dólar según la tasa informal de 345 pesos por USD—. Esto es para ventas controladas y liberadas, eufemismos que implican que no es venta a través de la tarjeta de racionamiento, la muy llevada y traída, y a punto de desaparecer «libreta».

Los frijoles de producción nacional tendrán dos precios. Aquel grano producido en Cuba con paquete tecnológico o insumos proporcionados por el Estado tendrá un precio final de 196 pesos —0.57 USD según la tasa de cambio informal— para el consumidor que adquiera el producto en la red del MINCIN, y el que se produce sin paquete tecnológico se cobrará a 285 pesos, casi un dólar la libra.

Según puede interpretarse de la información publicada, el tope de precios es únicamente para lo que se vende en la red estatal; no involucra al sector privado. Esos precios, afirman, fueron consensuados con los productores.

«Nos han dado fertilizantes, productos químicos, herbicidas, nos han dado todos los recursos que lleva el frijol, debemos coger el plan que nos están dando», afirmó en televisión nacional Leonel Herrera, campesino usufructuario de Mayabeque.

Explicando por qué los precios pueden ser más asequibles, el campesino y productor de la misma provincia Osmel Aguilar, afirma que es «porque viene con un paquete tecnológico que te ayuda a abaratar costos y así tenga un precio asequible a la población». Los propios campesinos sondeados reconocieron que los precios actuales son impagables para la población.

Los montos cambian para toda la cadena: para lo que se le paga al productor que es ahora más, que se tramita a través de contratos con acopio, y lo que se le cobra al consumidor, pero la novedad es que no se puede cobrar más que lo estipulado, al menos en la red estatal.

Según Dagoberto Remigio Echevarría, productor de arroz entrevistado por la televisión nacional, el año pasado el precio tope de lo que cobraban los productores era de 4 000 pesos el quintal, y con la nueva resolución estarían cobrando 5 400 pesos.

Por su parte, el jefe del programa del frijol, Julio Gómez Moldán, informó que prevén cosechar 13 800 toneladas este año y los destinos del preciado producto quedará en manos del Ministerio de Comercio Interior, que decidirá si va para el consumo normado, controlado o el mercado liberado, aunque aclaró que una parte será para el turismo y la producción de semillas.

Los reportes de la prensa oficial dan cuenta de los bajos rendimientos que muestran estas cosechas. El frijol tenía un rendimiento de 1.2 toneladas por hectárea, pero ahora apenas llega a 0.8, con menos tierra dedicada a ese cultivo: 30 mil hectáreas menos. La producción de arroz se contrajo cuatro veces con respecto al 2018.

Mientras tanto, Nelson González, responsable por el Programa de Arroz, explicó que si bien hay potencialidad para llegar a cinco toneladas por hectárea, solo se llega a dos por falta de recursos o condiciones.

Entre las dificultades para producir que señalaron los campesinos entrevistados en la televisión nacional está el pago a la fuerza de trabajo, que no siempre resulta estimulante, la inestabilidad en el suministro eléctrico, que afecta el riego y procesamiento posterior de los granos, y los precios de los insumos y servicios complementarios a la producción.

Ya antes, el Ministerio de Finanzas y Precios había estipulado precios máximos a productos de consumo básico de la población como el pollo, la leche en polvo y las pastas alimenticias. Este tope afectó al sector privado y muchos de esos productos desaparecieron de los anaqueles mientras se reforzó la obligatoriedad de la medida. Actualmente pueden verse en algunos lugares sobrepasando el precio estipulado, siguiendo el viejo dicharacho cubano de «se acata, pero no se cumple».

La disponibilidad de alimentos en Cuba está afectada por varias razones: la falta de productividad del sector agrícola, la falta de divisas de las arcas estatales para importar la cantidad de productos necesarios para asegurar la sostenibilidad de los alimentos subsidiados de la libreta; la inflación y la consiguiente depreciación del peso cubano que pone el precio de las tiendas estatales muy alejadas del salario promedio del más calificado profesional en Cuba.

En ese contexto, se consideraría que el aumento de la oferta tendría un efecto sobre los precios, incluso en el sector privado y su red de tiendas con productos importados, principal proveedor de opciones de alimentos. Sin embargo, las constantes medidas que dificultan el ejercicio de la actividad privada —como la bancarización forzada o la obligatoriedad a importar mediante una empresa estatal— y los límites para el surgimiento de nuevas empresas, añade estrés sobre el sector.

Por primera vez desde la legalización de las pequeñas y medianas empresas, el número de mipymes ha decrecido, según cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas, difundidas por la consultora privada AUGE, voz líder en el tema en el país: «es un indicador preocupante para la comunidad emprendedora y la economía cubana en general», afirmaron.

La nota también agrega que «es normal que muchos pequeños negocios cierren, especialmente durante sus primeros años de vida, pero el surgimiento constante de nuevas empresas que reemplazan a las que desaparecen es lo que mantiene la vitalidad del tejido empresarial. La ralentización en la creación de nuevas empresas, junto con el aumento de la burocracia, está dificultando este proceso de renovación que debería ser fluido».

Mientras tanto ha sido noticia que el gobierno cubano valora sancionar a productores que incumplan planes considerados como «prioritarios» de la producción agropecuaria en la Isla, como el ganadero y el porcino, según informó el primer ministro, Manuel Marrero, durante el balance anual del Ministerio de la Agricultura (MINAG) correspondiente a 2024.

El propósito es restituir la legalidad «con firmeza y determinación» para «el combate cotidiano contra las ilegalidades». El primer ministro también criticó los precios especulativos y abusivos en ciertos productos, y defendió como solución que haya más control estatal de esos precios a través de la empresa de Acopio, una entidad con un largo historial de impagos, ineficiencia y denuncias de productores y consumidores.

El anuncio no especifica cómo serán esas sanciones, pero cabe preguntarse si serán sancionados aquellos que pierden una vaca por robo de matarifes, o se afectan sus cosechas por falta de fertilizantes.

Estas noticias significan que ante la innegable realidad de que hay menos arroz y frijoles, el gobierno intenta establecer medidas que inciden sobre el espacio de control que tiene, pero con una cuestionable efectividad.

Es larga la lista de ejemplos de productos y servicios que ante precios topados se pierden o se vuelven imposibles para las grandes mayorías. Sería bueno conocer si se ha establecido una forma de medir el resultado de esta medida, y si no implicará que menos campesinos apostarán por sembrar frijoles.

En el pasado muchos campesinos, ante el tope de precios que pagaba Acopio por sus productos y que muchas veces no compensaban los costos de producción, declaraban incumplimiento en los planes para entregar una parte de la producción al Estado, y la otra, a privados, que pagan mejores precios.

Esa estrategia, que es considerada ilegal por el gobierno, era una forma que tenía el campesino de compensar costos, en una realidad económica que va a contracorriente de la producción de alimentos: falta de mano de obra, falta de combustible y fertilizantes, impagos del Estado, fluctuaciones climáticas, y el incremento de hechos delictivos en el campo cubano, ponen al campesino al cuidado de ganado sin tener condiciones para ello, por solo poner un ejemplo.

La nueva decisión de gobierno, sin embargo, parece incluir a todos los actores del proceso; no solo intenta topar el precio final e imponer un pago por debajo de los costos sin ayudar al campesino a producir con insumos. Ahora se propone atender el problema de manera integral proporcionando paquetes tecnológicos y aumentando el pago formal a los productores. Cuán efectivo es, solo el tiempo lo dirá, y no 4 campesinos entrevistados en un mismo lugar en un reporte televisivo.

Nuestra opinión es que de todos los desafíos que tiene la economía cubana, y el gobierno, el acceso seguro y constante a los alimentos, a precios asequibles para las grandes mayorías, es la mayor urgencia de todas.

Si bien las medidas unilaterales coercitivas externas que cercan la economía nacional inciden en la carencia de fertilizantes, insumos, semillas o el producto final, muchos de los problemas y desafíos que tiene el campo cubano están relacionados con la mentalidad de las personas que han dirigido estos procesos, que intentan imponer precios desconociendo o negando la realidad económica, y que ponen en evidencian la intención de controlar cada paso del proceso, generando así pocos o ningún incentivo para quedarse en el surco, producir y hacer de ellos un modo de vida que se parezca a un proyecto posible, viable y aspiracional.

Tener en cuenta a todos las partes del proceso que lleva la producción de alimentos, desde la tierra, el surco, las autoridades locales, el campesino, para así contribuir a que el precio final sea menor, es lo correcto, pero también la observancia de los efectos de esa medida, y estar pendientes de que no termine resultando en que haya menos arroz y menos frijoles.

Fue noticia recientemente que se ofrecerán tierras a personas extranjeras con residencia en el país, así como a empresas extranjeras, en un afán de aumentar el uso de las tierras ociosas. La decisión se discutirá próximamente, pero es muy probable que se apruebe.

Sin embargo, la imposibilidad de que el sector privado participe en la agricultura nacional de manera activa, la mediación inamovible de empresas estatales que han sido disuasivas para muchos productores, las pésimas condiciones de vida en el campo cubano donde falta infraestructura de caminos, y riegos, conectividad, así como el hecho de que sean las zonas rurales las primeras en pagar el déficit de generación, impulsan a muchos a huir del campo, ya sea para la ciudad, o fuera del país.

En un contexto como este todas las facilidades deben ofrecerse a quien prometa y cumpla con poner más alimentos sobre la mesa; debe haber cero obstáculos, e incluso, cero impuestos para quien aumente la disponibilidad de comida en un país en el que la gente cada vez se alimenta menos y peor, y sonde cada vez hay más padecimientos de salud relacionados a la disponibilidad de alimentos, no porque no haya, sino porque los precios los hacen inaccesibles.

La garantía de una alimentación estable no puede esperar, porque la esperanza o falta de ella, los planes de vida, la alegría, tristeza, o ansiedad de una familia, siempre estarán vinculadas primer lugar a la pregunta de qué se come hoy o con qué se llena el congelador. Después de ese problema, quizás, todos los demás.

El día en que la USAID se detuvo

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USAID
Foto: Telemundo

La noticia es que tras el anuncio del secretario de Estado norteamericano sobre el recorte de buena parte de los fondos de la agencia para la ayuda internacional USAID, varios de los medios y grupos opositores al gobierno cubano vieron comprometida su estabilidad.

El departamento creado por Donald Trump y dirigido por Elon Musk, el dueño de X y Tesla, DOGE (Departamento para la eficiencia gubernamental, por sus siglas en inglés) afirma que terminarán el contrato de arrendamiento del edificio que ocupa hoy Radio y TV Martí, un gasto anual de 1.5 millones de dólares para ofrecer oficinas a un medio que no se ve ni se escucha en Cuba.

No obstante, nadie aclara si esto implicará que el medio cerrará, pero deja en un limbo a la plataforma, que afirma permitir la libertad de expresión y un periodismo libre para los cubanos, pero cuyos estándares de trabajo ni siquiera se acercan a las formas de informar de los medios occidentales.

No es solo Radio/TV Martí: DOGE anunció que terminarán arrendamientos pagados por el gobierno de otras 748 plataformas o instituciones.

De acuerdo a NBC, el cierre de la renta del edificio Jorge Mas Canosa, con sede en Miami, que es la casa matriz de la Oficina de Transmisiones para Cuba y centro de operaciones de Radio y Televisión Martí, ahorrará a los ciudadanos estadounidenses que pagan impuestos 5.32 millones de dólares durante el término de la administración.

No obstante, la agencia encargada de supervisar el programa creado para producir contenido sobre Cuba afirma que la lista de edificios cuya renta se dejará de pagar está siendo revisada y no hay decisiones tomadas aún.

No sorprende que el congresista de origen cubano Carlos Giménez haya afirmado que no está de acuerdo con eliminar el apoyo a Radio Martí porque cree «que es vital que el pueblo de Cuba obtenga información sin editar y gratis».

El único propósito de Radio/TV Martí por años ha sido promover información crítica al gobierno cubano y llamar a su derrocamiento. Si bien en el pasado buscaron varias vías tecnológicas —y caras— para que la señal llegara a Cuba, en tiempos de Internet la plataforma opositora no ha sido capaz de competir con otras propuestas, incluso de oposición. Además, su consumo es bajo en comparación con otros medios que tienen sus oficinas o casas matrices en Miami o España, algunos con colaboradores en la Isla, y que son mucho más consumidos por los cubanos.

El recorte fondos de la USAID, ahora bajo el Departamento de Estado, no solo impacta sobre estas plataformas, también implica la suspensión de financiamientos muy importantes destinados a hacer mermar las muertes por VIH y hambre en países africanos, pero también implican recortes en los programas de promoción de la democracia, que son la mayoría de los fondos que recibían los grupos y medios opositores al gobierno cubano.

Recientemente, en un discurso que el presidente estadounidense dio frente a ambas cámaras del Congreso, listó una serie de programas con gastos millonarios dedicados a lejanos países o propósitos que poco tienen que ver con su agenda gubernamental por considerarlos ilógicos o ridículos. Entre los ejemplos puso el gasto de 1.5 millones de dólares para la «reconstrucción del ecosistema de medios en Cuba».

Elon Musk, el multimillonario que asesora y ejecuta una política de recorte extremo del gobierno con la supuesta excusa de la eficiencia, ha liderado el proceso de recortes, despidos, cierres no avisados e intervenciones en edificios federales, cambiando o eliminando instituciones y programas históricos del gobierno americano, que utilizaban para ejercer el poder suave, o para ejecutar ayuda humanitaria. La virtual desaparición de la USAID implica la suspensión de 5 200 contratos que incluyen la promoción de los derechos LGBTIQ en Kazajastán, o la entrega de vacunas en países africanos, pero también tiene una implicación para Cuba.

El recorte fue confirmado por el secretario de estado, Marco Rubio, quien dijo en X: «estamos cancelando oficialmente el 83 % de los programas de USAID». No es poco. Esa entidad gastaba anualmente 42, 800 millones de dólares para llegar con sus programas a más de 100 países, entre los cuales había no pocos dirigidos a intervención política, o creación de capacidades para ejercer oposición.

Cuba tiene una histórica relación complicada con la USAID. En el pasado, un contratista de esa agencia fue detenido en la Isla por intentar introducir tecnología para una red social alternativa dentro del país. Alan Gross fue liberado el mismo día que los cubanos infiltrados en organizaciones de Miami conocidos como los Cinco, quienes alcanzaron su libertad tras los anuncios de acuerdos entre La Habana y Washington el 17 de diciembre de 2014.

En 2023 la USAID dedicó a Cuba 9.5 millones de dólares que se utilizaron para ayuda humanitaria a través de la Cruz Roja Internacional, pero también para patrocinar el trabajo de opositores, activistas, grupos de prensa hostiles al gobierno cubano, entre otras formas de oposición.

Según Reuters, los fondos de la USAID dedicados a Cuba solo para temas de promoción de medios de prensa ascendieron a 2.3 millones de dólares en 2024.

Sin embargo, la National Endowment for Democracy (Fondo Nacional para la Democracia, NED) ha recuperado parcialmente los fondos congelados que tenía ya asignados, y que el Congreso liberó. La organización sin fines de lucro canaliza gran cantidad de dineros federales para promover la forma de democracia liberal que enarbola Estados Unidos, y en el caso puntual cubano, al ser esta incompatible con la forma de gobierno establecida luego de 1959, ha sido una de las principales aliadas y patrocinadoras de los grupos y medios opositores.

En este momento parece haber un silencio entre los medios y plataformas políticas opositoras, que primero habían señalado el efecto que podría tener sobre ellas la cancelación de fondos para la «promoción de la democracia». Podría ser señal de que, de alguna manera, se ha encontrado una vía para que el financiamiento asignado para este fin regrese a sus destinatarios. Era lo esperado, considerando que el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, bajo cuya responsabilidad quedó la USAID, tiene como base política demográfica el sur de la Florida, y ha tenido como eje de sus campañas los esfuerzos por derrocar al gobierno cubano a cualquier costo.

Esta noticia significa que los grupos y medios de oposición al gobierno cubano que cuentan con un financiamiento directo de estas agencias norteamericanas se afectaron y tuvieron que aplazar o detener varias de sus operaciones.

Como señaló Harold Cárdenas, máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Columbia en Nueva York, «a diferencia del trabajo humanitario que hace USAID en países vecinos como Haití y República Dominicana, su mandato hacia Cuba es distinto. La organización está obligada a seguir el marco legal expresado en la Ley de Democracia Cubana (Torricelli) y la Ley de Libertad y Solidaridad Democrática Cubana (Helms-Burton). Al poner el foco exclusivamente en gobernanza democrática, sus actividades son parte de un programa amplio de cambio de régimen».

Algo similar sucede con la NED. En una entrevista para el medio norteamericano WLRN, el exsenador cubanoestadounidense Mel Martínez, miembro de la junta directiva de la NED afirmó: «si eras un movimiento disidente en Cuba y dependías de una subvención para seguir operando en internet o cualquier otra actividad, eso se cortó». La vinculación a estos fondos siempre ha sido un argumento utilizado por gobierno cubano para deslegitimar y cuestionar la independencia de grupos y medios de oposición.

No obstante, luego de descongelados los fondos, desde la organización se agradeció al Departamento de Estado por la medida, a la que se consideró como «pasos importantes para restablecer plenamente nuestra capacidad de apoyar a los defensores de primera línea de la democracia en regímenes represivos como Cuba, Venezuela, Irán, China, Rusia y otros lugares».  

En su comunicado, la NED apuntó que el restablecimiento de sus fondos, de momento de manera parcial, le permitirá «comenzar a estabilizar sus operaciones y reanudar la concesión de subvenciones», un apoyo que consideró «vital» para entidades como el Instituto Republicano Internacional y para «innumerables organizaciones» en todo el mundo. 

No es la primera vez que Trump recorta fondos de este tipo. En febrero de 2018 achicó los montos otorgados a Radio y TV Martí, y creó otros para apoyar proyectos de promoción de la democracia en Cuba y Venezuela que son considerados por esos gobiernos como violatorios de su soberanía.

En aquel momento, propuso reducir el personal de 113 personas a 51. Radio y TV Martí, parte de la Oficina Cubana de Transmisiones, recibió 2.2 millones menos, y tuvo en ese año 13.6 millones de dólares.

Esto significa que un departamento gubernamental estadounidense que tiene como único propósito difundir información crítica sobre Cuba, pero que no está en Cuba, ni tampoco la mayor parte de su personal, gastó solo en 2018 cerca de 14 millones de dólares para desarrollar contenidos que son poco vistos por su público objetivo, no solo debido a que el gobierno bloquea su sitio web y sus señales tradicionales no alcanzan las antenas en la Isla, sino a que su parrilla de programación ha tenido múltiples cuestionamientos por sus estándares de calidad.

En aquel momento, el vicepresidente de la organización sin fines de lucro WOLA (Washington Office on Latin America), Geoff Thale, dijo que TV Martí era un desperdicio del dinero de los contribuyentes, además de que su «trabajo reporteril se queda corto en estándares periodísticos y ha estado plagado por batallas internas». En adición recordó que ya el gobierno americano tiene una plataforma mediática en español: La Voz de las Américas.

Si bien el Congreso estadounidense aprueba cada año una cifra de alrededor de 20 millones de dólares para programas de cambio de régimen, los fondos para medios opositores como TV y Radio Martí salen por otra partida presupuestaria. Por ejemplo, en 2020, de acuerdo con el Servicio de Investigación Congresional, el Capitolio de Washington aprobó 20 millones para programas de democracia, que son básicamente para promover la oposición al gobierno cubano, y aparte, 20,973,000 para las trasmisiones a Cuba.

En ese mismo documento, otras cifras revelan el tamaño del amplio pastel presupuestario dedicado por parte del gobierno estadounidense a derrocar al gobierno cubano, mientras a su vez refuerza el esquema sancionatorio que es difícil pensar cuán más asfixiante se puede volver para la economía cubana. Dicho sea de paso, este esquema también cuesta millones al contribuyente y a las empresas norteamericanas, ya sea en gastos para perseguir a las entidades violatorias, como en oportunidades de negocios que pudieran ser lucrativos para la contraparte norteamericana y no pueden hacerse a causa de las sanciones.

Sobre esto el influencer aliado al Partido Demócrata Guena Rod reflexionó: «Si por unos 10 o 20 milloncitos de dólares le cortaron la respiración asistida al activismo cubano, mayormente pro-trumpista, imagínate qué no estarán dispuestos a hacer por los más de 5 billones de dólares anuales en comercio bilateral».

Si bien el sentido común indicaría que una administración que busca «racionalizar» las finanzas del Estado debería revisar este marco sancionatorio que hoy no tiene ningún beneficio concreto, ni siquiera para la parte sancionadora, hay otros factores que dificultarán que esto se lleve a cabo.  

Cada año que Trump ha sido presidente ha pedido menos dinero para los programas de Cuba, y siempre el Congreso ha otorgado más, una distribución en la que no se puede subestimar el rol de Mario Díaz Balart, congresista cubanoamericano de la Florida que ha sido miembro directivo del Comité de Apropiaciones del Congreso, quienes se encargan de otorgar los fondos a cada prioridad o programa gubernamental, y que luego pueden ser aprobados o no por ambas cámaras.

Entre el año fiscal 1996 y el año fiscal 2019, el Congreso ofreció 364 millones de dólares para «esfuerzos por la democracia». Eso significa que en 23 años, Estados Unidos se ha gastado, sin resultados visibles, una suma equivalente a 6 barcos de petróleo como el AKademik Gubkin, que atracó en Cuba recientemente con 790 mil barriles de crudo; el triple de lo que ingresó la compañía canadiense Sherrit en 2024 por comerciar el níquel y el cobalto cubanos; casi el doble de lo que costó construir la Torre de K y 23, el polémico y gigantesco hotel recién construido. ¿Cuántos cubanos en la Isla han mejorado su vida gracias a esos fondos? No queda claro.

Nuestra opinión es que si hay un sector en el que el muy criticado DOGE está haciendo descubrimientos importantes es en el tema Cuba. El hecho de que el gobierno estadounidense dedique cientos de millones de dólares para trabajar en contra de un gobierno, en un país con severas necesidades humanitarias, y que además tenga poco o ningún escrutinio sobre el uso de esos fondos y sus resultados, demuestra que la manera en que se usa el dinero del contribuyente es completamente irresponsable, y que responde más a agendas políticas particulares de los congresistas y fuerzas políticas de tecnócratas en el gobierno.

La gran mayoría de estos fondos supuestamente dedicados a «promover la democracia» no han sido empleados en educar en valores democráticos como el respeto a la opinión del otro, en promover el diálogo nacional, en contrarrestar el extremismo político, en combatir la desinformación… Incluso buena parte de estos dineros han caído en manos de medios y organizaciones que, si bien denuncian constantemente las prácticas autoritarias del Estado cubano, promueven otras que también son sumamente cuestionables.  

Utilizar estos fondos en asistencia humanitaria, comida, medicinas, ponerlos a concurso público para que cualquier organización —opositora o no— los emplee en mejorar las condiciones de vida de quienes viven en la Isla sería una buena práctica. Además, dejaría sin argumentos al gobierno cubano para condenar su uso como una acción puramente injerencista, y ayudaría a contener la oleada migratoria.

Pero en el afán de derrocar al gobierno cubano parece haber un tácito consenso en el que todo vale si ese es el fin: desde matar a penurias al pueblo cubano, lanzarlo por la ruta de Tapachula o al mar, o incluso malgastar el dinero de los contribuyentes que suele quedarse pagando modos de vida, oficinas de activistas y medios que poco impactan en las realidades de los cubanos.

Ojalá y el «afán iluminador» de DOGE no se use solo para impedir que antiretrovirales lleguen a niños africanos, sino para poner fin a políticas que hoy mismo no benefician en nada al Estado norteamericano, llenan los bolsillos de quienes llevan décadas cambiando un régimen a 90 millas de distancia y sin querer correr ningún riesgo, y algunas de ellas —como las sanciones— han agudizado una crisis humanitaria que no es beneficiosa ni para Cuba, ni para Estados Unidos.

Una lista de demandas más larga que el Cauto

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protestas rio cauto
Foto: Redes Sociales

La noticia es que un grupo de personas en la comunidad granmense de Río Cauto protestaron en los alrededores del gobierno municipal y conversaron con las autoridades sobre «atrasos en la entrega de la canasta básica, impagos de salarios, abasto de agua, la venta de la leche, el transporte y la situación del déficit de generación de energía eléctrica«, según informó la prensa local.

«Pobladores del municipio Río Cauto en la Provincia Granma se personaron en las cercanías del Gobierno municipal, con insatisfacciones y reclamos por situaciones reales que afectan la cotidianidad», afirma el reporte de CNC TV Granma. Al decir de estos reportes, la población se acercó al gobierno para buscar soluciones.

Al lugar acudió la primera secretaria del Comité Provincial del Partido en Granma, Yudelkis Ortiz Barceló, y conversó con los que fueron a protestar. La dirigente ofreció un discurso acalorado afirmando que la Revolución «fue la que dio la electricidad» y que «no les iba a quitar lo que les dio», también se preguntó qué era Río Cauto antes de la Revolución.

La dirigente del Partido afirmó que se trabaja sin descanso «en medio de las adversidades que propicia un bloqueo recrudecido y su impacto en la economía del país y en la calidad de vida del pueblo».

Según varios medios de comunicación, la protesta se debió a los apagones, los atrasos en la entrega de los alimentos subsidiados de la canasta básica, e impagos de salarios, algo raro en el ambiente laboral estatal cubano, considerando que los salarios son particularmente bajos, pero tienden a pagarse en tiempo. No obstante, algunos afirman que la causa por la que tantas personas se reunieron fue para exigir la liberación de Mayelín Carrasco Álvarez, una madre que protestó el 5 de marzo gritando: «¿Dónde está la Revolución?… Todo se ha caído», y durante su protesta en solitario fue detenida por personas no uniformadas.

Si bien la prensa oficial no se ha referido al tema de la detención, ha circulado una foto en redes sociales en la que se ve a la secretaria del Partido en Granma, Yudelkis Ortiz Barceló y a la gobernadora Yanetsy Terry Gutiérrez, junto a Mayelín Carrasco en una visita que es aparentemente cordial.

«Ella es Mayelín Carrasco, la madre riocautense que ha sido carne de cañón de los odiadores, se encuentra bien de salud y muy arrepentida por su manera de actuar» dijo la secretaria del Partido de esa provincia en su perfil en Facebook, pero se desconoce por qué Carrasco se sentiría arrepentida.

«(Ella) sabe que las consecuencias de sus actos a quienes más afecta es a sus seres queridos y especialmente a sus hijos, porque los que andan incitando no lo hemos visto por ningún lado preocupados ni ocupados de su situación», pero no especificó quién la incita a protestar, ni si el gobierno está ocupándose de sus demandas como madre, que refiere padecer falta de alimentos para sus hijos.

En el post, que no se comprende bien si es una amenaza disuasiva para otras madres que quieran protestar o un intento de conciliación con la ciudadana, afirma que Cuba es un Estado de Derecho y se necesita más obediencia y respeto a las normas jurídicas, pero no ahondó en qué delito cometió Carrasco por el que fue detenida.

«Para exigir un derecho o varios derechos no implica que tenga que hacerse por una vía que genere irrespeto ni desorden en relación con las normas de convivencia social establecidas en la Constitución de la República. Existen otras vías y métodos para ello», afirmó Ortiz, pero no mencionó cuáles podía haber utilizado Carrasco que estuvieran disponibles y fuesen efectivas ante su demanda.

En ningún momento del post se hace referencia a las razones por las que la ciudadana protestó, y si sus demandas estaban siendo atendidas, que obviamente no son preocupaciones solamente suyas, sino de una gran cantidad de personas que fueron a secundar su protesta.

Falta de alimentos , largos apagones, impagos de salarios y severo desabastecimiento parecen ser las causas, pero sería interesante saber por qué Río Cauto, municipio atravesado por el río más largo y el segundo más caudaloso de Cuba, está tan severamente afectado por la crisis, cuando en ese territorio está la mayor camaronera de Cuba, Calisur, dedicada a la cría, cultivo y exportación de camarones, una empresa nacional que funciona bajo un contrato de administración con capital extranjero.

Es además uno de los municipios arroceros más importantes de Cuba, fuente de empleos que deberían reportar salarios dignos a los habitantes municipales, o al menos ingresos al presupuesto municipal.

Según trascendió en medios estatales y no estatales, dos cosas pasaron después de las protestas: se instaló una bomba de agua, y se realizó un acto de reafirmación política pro-gubernamental.

Esta noticia significa que la severa crisis que afecta con más dureza a zonas rurales, y económicamente más rezagadas como el oriente del país, está golpeando duramente a municipios más remotos, incluso aquellos que tienen industrias generadoras de ingresos y empleos.

Significa, además, que protestar por el innegable empeoramiento de las condiciones de vida sigue viéndose como una afrenta y amenaza, y no como ejercicio de un derecho, y de llamar la atención sobre el acelerado deterioro de las condiciones de vida que sufren estas comunidades.

Si bien es un avance con respecto a otras protestas anteriores que las autoridades se reúnan con los manifestantes, en las declaraciones públicas de la secretaria del Partido de la provincia, se da a entender la señora que protestó y fue presuntamente detenida —no por agentes uniformados— tenía razones para estar arrepentida por protestar, y que las peores consecuencias de protestar la sufrirían sus hijos, algo que algunos han interpretado como una amenaza indirecta, y sin mencionar que, quizás, quiénes más sufran si no protesta son sus hijos también.

Nuestra opinión es que esta es una expresión más del hartazgo popular, y otra demostración de la falta de experiencia y tacto que tienen las estructuras partidistas y gubernamentales para lidiar con las manifestaciones de descontento.

Protestar es un derecho, y su protección vuelve a violarse en este caso, en el que se detiene a quien lo hace, y aunque un grupo de personas, durante una protesta, escucharon un discurso de la secretaria del Partido, no deja de ser esta una manifestación de una comunidad que siente que ya tiene poco que perder, y prefiere interpelar a las autoridades buscando respuestas a la acumulación de problemas que deben resistir en la vida cotidiana.

Si bien la instrumentalización de estas protestas para ofrecer una imagen de estado fallido es frecuente, especialmente en los medios de la oposición que se alinean a la política de cambio de régimen, en este caso, la validez de la demanda parece innegable, y debería ser una señal clara de que el cansancio por el cúmulo de problemas, y la sensación de sentirse sin salida, pueden impulsar a muchas comunidades a hacer lo mismo.

Criminalizar esas expresiones, o discursar sobre lo que la Revolución otorgó hace cinco décadas, un argumento que ya nada dice —sobre todo a las generaciones que nacieron en los últimos años y han vivido en una situación de permanente crisis—, no solucionará el problema, ni evitará otras manifestaciones similares en el futuro.

Un proyecto político no puede vivir solamente de glorias pasadas, y mucho menos utilizarlas para deslegitimar, minimizar o desviar la atención sobre las demandas que hace una ciudadanía cuyas carencias y razones para estar indignada ya van superando el caudal del Cauto.

El horizonte y las urgencias

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Ilustración: Félix Azcuy

Cuando en el seno de los Estados que vivían bajo el mal llamado «socialismo realmente existente», varias mujeres se cuestionaron la opresión del patriarcado, los marxistas ortodoxos respondieron que la liberación femenina se daría como efecto consiguiente a la liberación del mundo de la lógica del capital. Lo importante era mirar hacia el horizonte. 

Esa liberación ha tardado un poco más de lo previsto. El horizonte estaba más lejos de lo que parecía, y hoy países como Rusia presentan altísimas tasas de violencia de género intrafamiliar y feminicidios. Lo que era un desafío apremiante se abandonó buscando una «liberación» que nunca llegó, y al final resultó que ni una cosa, ni la otra. 

En Cuba, con sus peculiaridades, la lógica no fue muy diferente. Aunque desde 1960 hay una Federación de Mujeres, los debates en las instituciones sobre diversas problemáticas que afectan directamente al género femenino llegaron tarde, y muchas veces como «contrarrespuesta» a iniciativas civiles independientes que pusieron estos temas en agenda. 

Sin embargo, no han sido solo los marxistas ortodoxos y representantes del Partido Comunista Cubano quienes han desestimado causas urgentes por mirar al horizonte. Dentro de la oposición extremista es muy común escuchar la afirmación de que la única lucha válida en Cuba es la dirigida a derrocar al «régimen» para alcanzar «la democracia». Este ha sido el argumento para deslegitimar otras luchas puntuales con las que grupos de la sociedad civil han demandado —y algunas veces conseguido— derechos como el matrimonio igualitario o un mayor respeto hacia la propiedad privada. Avances que, si bien no han logrado el tan prometido bienestar social, han permitido hacerles la vida más llevadera a no pocas personas.

No han sido solo los marxistas ortodoxos y representantes del Partido Comunista Cubano quienes han desestimado causas urgentes por mirar al horizonte.

Esta postura —de asumir la instauración de un sistema democrático liberal como la solución mágica a los problemas— se sostiene con la ligereza de ignorar que no pocos países latinoamericanos y del llamado tercer mundo, que ya se rigen por esos paradigmas, no están exentos de las problemáticas que hoy padecemos en la Isla. Entonces, queda claro que «la democracia» —entendida únicamente como elecciones pluripartidistas y separación formal de poderes—, por sí sola, no es capaz de resolver los problemas de las mayorías.

Priorizar agendas es una actitud inherente a los movimientos políticos, más si se trata de sociedades víctimas del colonialismo en las cuales los problemas son tantos, tan grandes, y de carácter estructural, que resulta imposible resolverlos de golpe. No obstante, cuando en favor de una meta que de tan lejana parece inalcanzable, se discriminan otras luchas que igualmente buscan resolver cuestiones de suma necesidad para la ciudadanía, se corre el riesgo de que, por mirar al horizonte, el barco se hunda a causa de no atender los desafíos acuciantes. 

Las urgencias

Cuba hoy vive una de las crisis más graves de su historia, en la cual se acumulan múltiples problemas cuya solución es impostergable:

Una economía con un decrecimiento sostenido del producto interno bruto, a lo que se le suma una inflación galopante, sobre todo de los productos de primera necesidad. Se trata de una crisis que es reconocida por las autoridades, pero hasta el momento no se avizora un camino para salir de ella. Se habla de un plan para corregir distorsiones que no es público, de medidas de fomento sin fechas ni responsables concretos, de una Ley de Empresas que es pospuesta en cada legislatura del Parlamento… 

Además de las sostenidas medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos —que por mucho que se intenten minimizar desde la propaganda opositora, su efecto es innegable para cualquiera con un poco de honestidad intelectual—, la economía cubana sufre las malas decisiones internas que van desde una estrategia inversionista que ha priorizado la construcción de hoteles —que luego se quedan vacíos— por encima de renglones básicos como agricultura; la negativa a reformar y democratizar la empresa estatal; y las múltiples restricciones impuestas al sector privado, a pesar de haber demostrado una significativa capacidad dinamizadora, aunque no esté exenta de costos sociales —como la explotación laboral— que también deberían ser atendidos. 

Esta situación y su mantenimiento han traído como consecuencia un aumento considerable de la pobreza y vulnerabilidad social con la consiguiente proliferación de otras problemáticas. Entre las más dolorosas se encuentra el aumento de personas en situación de calle y quienes piden dinero para sobrevivir: la mayoría adultos mayores que probablemente trabajaron toda su vida con la aspiración de que el Estado les retribuyera con un retiro que les permitiera vivir dignamente. 

Cuando interactúas con ellos en las calles, puedes notar que algunos piden con vergüenza porque nunca pensaron verse en una situación como esa; otros lo hacen de manera incisiva, con cierta conciencia de clase, obligándonos a verlos y a reconocer que existen, en un sistema que prometió que cada cual viviría según su trabajo.  Igualmente, el incremento de las condiciones de vulnerabilidad a la que han estado sometidos varios grupos sociales ha traído como consecuencia el aumento del consumo de drogas —como el popularmente conocido «químico»— y de la percepción de inseguridad. 

Otra de las problemáticas radica en el colapso de los servicios públicos cada vez más inestables y deficientes. Incluso en la capital, el transporte colectivo se ha vuelto «fantasmal», lo que obliga a depender de los ruteros privados con elevados precios, sobre todo para quienes viven lejos del centro de la ciudad. Pero el transporte no es el único servicio en crisis. Los apagones prolongados, principalmente en zonas no capitalinas, dan señales de un sistema electroenergético incapaz de satisfacer la demanda, tanto para el sector doméstico como para el productivo.  A lo antes dicho se suma la inestabilidad en otros servicios como el agua y el gas licuado, que ha agravado las condiciones de vida de la población. 

Si bien los efectos son molestos para todos, los grupos ciudadanos históricamente vulnerados cargan el mayor peso. Estoy hablando de los que no pueden adquirir una planta eléctrica para sortear las horas de apagón, no pueden construir una cisterna para acumular agua, o no pueden comprar una cocina de inducción para sustituir el gas. Estoy hablando de las mujeres con bajos ingresos, o sea, la mayoría de las mujeres cubanas que —incluso laborando en la calle— siguen teniendo el mayor peso en el trabajo doméstico, y que en medio de los apagones deben lavar a mano, cocinar con leña o cargar el agua a cubos. Estoy hablando, entre muchos otros grupos, de ancianos y personas con discapacidad que no pueden tener tres y cuatro trabajos para sobrevivir.

A la inestabilidad de estos servicios se le suma el debilitamiento de los pilares del sistema socialista cubano como la salud y la educación. Se expresan en una falta de más del 70% del cuadro básico de medicamentos, atrasos e inestabilidad en procedimientos médicos por carencia de insumos y personal en los hospitales, y un alto déficit de maestros en las escuelas que dificulta el proceso docente educativo. Como siempre sucede, quienes están en mejores condiciones económicas podrán sortear mejor la crisis —no sin riesgos y perjuicios— comprando medicamentos en el mercado informal o pagando repasos particulares para sus hijos. Pero aquella consigna con la que crecimos de que en Cuba el Estado nos garantizaba salud y educación gratuita de calidad, ya es eso, una consigna.

Por otra parte, la inseguridad alimentaria hace cada vez más mella en la población. El pasado año un informe de la Unicef señalaba que el 9% de los niños cubanos tienen uno, dos o ninguno de los ocho alimentos considerados necesarios para una vida sana, y un 33% tiene entre tres y cuatro de esos alimentos. 

Recientemente el economista Omar Everleny calculaba que la canasta básica alimentaria para dos personas era de aproximadamente 24 mil pesos, en un país donde el salario medio es de poco más de cinco mil.  El mismo presidente reconoció que los cubanos gastaban más del 70% de sus ingresos en garantizar la alimentación. 

El aumento vertiginoso de los precios de los alimentos y otros productos de primera necesidad es un drama diario para las familias, con cada vez menos alternativas para sobrellevar la situación. Los recurrentes «topes de precios» no han hecho más que agudizar la crisis, pues pasan del mercado formal al informal con los mismos precios o más altos. Para resolver la inseguridad alimentaria y la carencia de insumos básicos se necesitan medidas integrales de fomento a la industria nacional e inversiones, algo que sigue ausente en las políticas públicas.

En los últimos meses han aumentado las opiniones de presuntos militantes radicales de izquierda que culpan al sector privado de diversos males, principalmente de las desigualdades y la desprotección de los grupos vulnerables. Sin embargo, no debemos olvidar que el Estado ya venía retirándose como garante de los productos de primera necesidad mucho antes de que surgieran las mipymes. Estas se aprobaron en septiembre de 2021, pocas semanas después de las protestas que estremecieron al país como resultado de la situación límite que vivía la población, sobre todo en relación con la escasez de alimentos.

No debemos olvidar que el Estado ya venía retirándose como garante de los productos de primera necesidad mucho antes de que surgieran las mipymes.

Por tanto, las mipymes privadas vinieron a dar respuesta a un problema que ya existía, aunque es cierto que dicha solución ha beneficiado al segmento de la población que puede acceder a sus precios. Incluso el afán de obtener ganancias sin asumir responsabilidad social —que, si bien no en todos los casos, es común en varios de sus dueños— está influido por el contexto de informalidad que antecedía a estos negocios, y en el que muchos todavía se ven obligados a mantenerse para lograr rentabilidad y el cierre de los ciclos económicos porque siguen encontrándose varias trabas para sus operaciones, como la falta de acceso a un mercado formal de divisas. Eliminar el sector privado sin ofrecer una alternativa viable sería condenar a esa misma población a volver a depender del mercado informal o de las tiendas estatales en dólares, cuyos precios son incluso más altos, y nunca, a pesar de las promesas, lograron abastecer a sus homólogas en moneda nacional. 

La oleada migratoria tampoco es un elemento para desconocer. Desde 2022 a 2024 al menos 850 000 personas llegaron a Estados Unidos desde la Isla, según cifras publicadas por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), y España recibió al menos 62 800 emigrantes cubanos entre 2023 y 2024, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Esto, combinado con la disminución de la natalidad y aumento de la mortalidad en el país, ha provocado un llamativo decrecimiento de la población. Datos oficiales indicaban que al cierre de 2024, Cuba contaba con 9 748 532 habitantes.

La migración ha sido la salida de muchos cubanos para encontrar un futuro más próspero y la posibilidad de ayudar a sus familias, sin embargo, no está exenta de problemáticas aparejadas. Emigrar trae de por sí la carga del desarraigo con el lugar de origen, y al hacerlo viniendo de un país subdesarrollado, quien emigra está sujeto a un grupo de estigmas y vulnerabilidades que le harán más difícil el camino, en un mundo donde el racismo y la xenofobia campean a sus anchas. 

En adición, la salida masiva de población también deja múltiples problemáticas en ese lugar de origen. Por un lado, implica menos individuos —muchas veces calificados— que dejarán de ofrecer su fuerza laboral, descapitalizando instituciones de las que dependen servicios básicos. Por otro, la desprotección de las familias. En el reporte ofrecido a la prensa estatal por el vicejefe de la Oficina Nacional de Estadística e Información, se afirma que «más de un cuarto de la población, según cifras preliminares, tiene 60 años y más». Estamos hablando de una gran cantidad de adultos mayores, entre los cuales hay un grupo considerable que no tiene quién los cuide porque sus hijos se vieron ante la disyuntiva de acompañarlos en la pobreza, o salir del país para intentar labrarse un futuro que permita ayudarlos desde afuera. 

Los caminos

Es absurdo exigirle a un pueblo empobrecido, donde la mayoría vive pensando en lo que va a comer hoy, que «salga a luchar su libertad», afirmación que se vuelve aún más mezquina cuando, muchos de quienes los impulsan a protestar en las calles, paralelamente, apoyan la guerra económica externa que agrava su empobrecimiento. 

Tampoco resulta una estrategia política aplaudible pedir «resistencia» eternamente, sin dar a conocer un camino viable para garantizar el bienestar ciudadano, o al menos mejorar el estado actual de las cosas. Esta petición adquiere tintes de cinismo cuando muchos de los que piden resistir no resisten, y ya no hacen, siquiera, el esfuerzo por disimular sus privilegios y/o los de sus familiares. 

La reciente polémica sobre la queja del profesor Carlos Lazo —una persona que con sus virtudes y defectos estaba llevando leche y medicamentos a los hospitales—, sobre la negativa de las instituciones a que los miembros de su proyecto pudieran personalmente entregarlos donativos, puso de manifiesto cómo el extremismo que campea en ambas orillas, no solo es incapaz de ofrecer soluciones sostenibles, sino que también intenta destruir aquellas alternativas que no se alinean a sus objetivos. «Se lo buscó por pactar con la dictadura» decían algunos; «si quiere donar tiene que ser como nosotros queramos» decían los otros. ¿Alguno pensó en que cientos de niños hospitalizados se quedarían sin tomar leche? ¿Pretenden luego que los familiares de esos niños apoyen su causa?

Algo similar ocurrió con el recientemente publicado dossier de La Joven Cuba con propuestas de soluciones a los problemas urgentes de la economía. No faltó quien dijera que lo único importante era cambiar el sistema político, sin tampoco un plan viable para hacerlo, y mucho menos, un camino trazado para, en el «nuevo sistema», garantizar condiciones de vida dignas para las mayorías.

​Los extremos se encuentran en su incapacidad para intentar buscar soluciones reales. Algunos militantes «¿comunistas?» radicales parecen ignorar la desaparición de la URSS. En lugar de buscar formas de fomentar el desarrollo y una distribución más equitativa del capital en el injusto y desigual sistema mundial actual, que no parece ir hacia el comunismo en el futuro próximo, esperan, casi como los Testigos de Jehová, que una revolución obrera global derroque al capitalismo y solucione todo de inmediato. Y mientras tanto, defienden la aplicación de fórmulas de probada ineficacia. 

Del mismo modo carecen de realismo quienes creen que es posible derrocar a un Estado únicamente mediante una lucha cívica pacífica y sin intervención extranjera. Citan el ejemplo de Rumanía con Nicolae Ceaușescu en 1989, pero omiten que sus sucesores tampoco han logrado convertir al país en uno próspero y democrático.

​Díganle, de frente, a una madre soltera que lucha por alimentar a sus hijos sin redes de apoyo que la solución a sus problemas está en sobresalir en su trabajo para que Cuba avance, en mantener una «fe inquebrantable en la victoria» o en practicar la «resistencia creativa». O, por el contrario, que debe salir a la calle con un cartel para «tumbar la dictadura», y que si no lo hace, también es cómplice y responsable de las necesidades que pasan sus hijos. 

Por muy justa que se presente una causa, si quienes la enarbolan son incapaces de reconocer la justicia y validez de otras, difícilmente puedan llevarla a cabo. En un país —y un continente— donde los problemas son tantos y tan viejos, la «solución definitiva» está tan lejos como el horizonte, por lo tanto, ningún movimiento político y cívico debería renunciar a abordar las urgencias. Para ello no existe un único camino, y solo mediante un diálogo cívico será posible hallar las soluciones.

Es recurrente el contrargumento de que «el poder» no quiere dialogar, y en consecuencia intentar hacerlo es de entrada una pérdida de tiempo y energías. Pero es que el diálogo cívico no es solo con el poder; puede y debe ocurrir también, y principalmente, entre los diversos actores de la sociedad civil que quieran dialogar. Como ya ha publicado LJC, para que este sea efectivo, es necesario crear las condiciones adecuadas: voluntad política de todas las partes, disposición para escuchar y reconocer las diferencias, y un compromiso genuino con la búsqueda de soluciones que beneficien al conjunto de la sociedad. 

Un diálogo encaminado a trazar caminos para resolver las problemáticas que nos aquejan requiere reconocer la pluralidad de demandas legítimas que coexisten en la sociedad cubana y construir puentes entre ellas, en lugar de jerarquizarlas de manera excluyente. Incluso, y sobre todo, para hacerle reclamos al poder es necesario solidificar esos procesos de diálogo entre los actores de la sociedad civil, para que cuando se llegue a un escenario de negociación o confrontación con los agentes gubernamentales, las demandas no se diluyan en egos e intereses personales de los liderazgos, sino que perduren más allá de los contratiempos que puedan existir y las estrategias violentas de quienes las quieran impedir.

Un diálogo encaminado a trazar caminos para resolver las problemáticas que nos aquejan requiere reconocer la pluralidad de demandas legítimas que coexisten en la sociedad cubana.

Atender las urgencias no implica abandonar la visión de futuro, sino construirla desde el presente, con cada pequeña transformación que pueda mejorar la vida de quienes hoy sufren las consecuencias, tanto de la guerra económica externa como de las ineptitudes y autoritarismos del aparato burocrático interno. La comunidad, la organización y la voluntad de diálogo son herramientas fundamentales para avanzar hacia un desarrollo democrático sin caer en los extremos del inmovilismo o la espera mesiánica de soluciones absolutas. 

Como sociedad civil hoy se nos presenta el enorme desafío de, sin perder de vista el horizonte, atender con responsabilidad las necesidades inmediatas de la gente. Porque, al final, la promesa de un futuro mejor solo tendrá sentido si quienes luchan por alcanzarlo no quedan en el camino. Solo así podremos encontrar una ruta para esa dignidad y bienestar que tanto hemos anhelado. 

Dolarización en Cuba, el camino fácil

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«Si quieres destruir un país, pervierte su moneda» (frase atribuida a V.I. Lenin por John Maynard Keynes)

La apertura de tiendas en dólares o la venta de gasolina especial solamente en esta moneda, ha reavivado la polémica sobre la dolarización, un camino que para algunos se presenta ahora como la política salvadora, que logrará atraer a las arcas del Estado los dólares necesarios para recuperar la economía y asegurar el respaldo material de los servicios sociales, ambos hoy en situación maltrecha.

Sin embargo, no es tan sencillo. El uso de dólar como moneda de circulación a lo interno de una economía —la dolarización no es mucho más que eso— puede traer efectos positivos y negativos. ¿Cuál de estos efectos prevalece? No es una respuesta sencilla, depende de muchos factores que intentaré analizar en este texto.

¿Qué se puede esperar de la dolarización como política?

Antes de todo, es importante aclarar que en muchas ocasiones la dolarización es algo que ocurre en una economía de forma natural, al darse determinadas condiciones. Cuando se producen desequilibrios macroeconómicos importantes y la moneda de un país pierde su valor de manera acelerada, los agentes económicos suelen refugiarse en una moneda extranjera que les permita llevar adelante sus procesos productivos de forma más estable, y ahorrar en un signo monetario que no esté perdiendo su valor aceleradamente. En estos casos se habla de una dolarización de facto.

Sin embargo, también puede ser parte de una política específica. Si un gobierno decide que determinadas transacciones, acciones económicas, tipos de agentes o empresas en general dejen de realizarse o funcionar en la moneda nacional y comiencen a usar una moneda extranjera; estaríamos en presencia de una política de dolarización, como es el caso actual de Cuba.

Acudir al dólar para realizar parte de las transacciones de compra-venta de productos, y posiblemente para el funcionamiento de un grupo de empresas determinadas, tendrá varias ventajas en aquellos que resulten escogidos. Pues lograrán acceder directamente a las divisas, que les garantizará la posibilidad de reaprovisionarse a través de importaciones y mantener sus niveles de oferta de forma sostenida.

Acudir al dólar para realizar parte de las transacciones de compra-venta de productos tendrá varias ventajas en aquellos que resulten escogidos.

Igualmente, las empresas seleccionadas para realizar sus transacciones en divisas, especialmente si son exportadoras, también podrán llevar adelante su proceso productivo de una manera más sostenible. Exportarán, mantendrán sus dólares y podrán asegurar así los insumos importados para producir y exportar de nuevo.

Un elemento adicional sería que, si estas empresas que se dolarizaron pagan parte de los insumos nacionales que consumen (como electricidad, agua, combustibles u otras materias primas) en dólares, las empresas que proveen estos insumos tendrán un acceso a divisas más directo, que les permitirá intentar asegurar el abastecimiento de estos en mejores condiciones.

Si el proceso de dolarización se organiza de forma adecuada, se respetan los saldos en las cuentas en divisas y los respaldos necesarios, se escogen las empresas adecuadas, con casi toda seguridad, estos efectos positivos deben lograrse. O sea, si la dolarización se hace bien, puede traer algunos beneficios para los que tuvieron la suerte de ser elegidos.

Suponer que la dolarización se haga bien, no es un supuesto menor. En los últimos años, lamentablemente, muchas de las políticas que se han intentado no se han desarrollado de la forma adecuada, entre ellas la propia dolarización de la economía iniciada en octubre de 2019, y luego profundizada en julio de 2020. Esta etapa dolarizadora anterior a la que hacemos referencia, se hizo a través del eufemismo del MLC, pero fue un proceso de dolarización en toda regla. No obstante, debido a que no se respetaron los saldos y los respaldos, el Estado ha perdido cientos de millones de dólares que antes captaba, pues ha sido incapaz de reabastecer las tiendas. Igualmente, los esquemas cerrados de financiamiento en divisas del sector exportador no han logrado funcionar adecuadamente.

Sin embargo, aparte de estas ventajas descritas, ¿es la dolarización una política sin riesgos o costos? La respuesta es un no rotundo.

El lado oscuro de la dolarización

La mayoría de las políticas económicas tienen efectos positivos y negativos; de otra forma sería siempre obvio qué hacer. Sin embargo, dentro de las opciones de política a aplicar, la dolarización es probablemente la que mayores contraindicaciones tiene. O sea, podemos curar una enfermedad, pero crear otras peores que lleguen incluso a matar al paciente.

Un efecto directo de la dolarización es la de acelerar la pérdida de las funciones de la moneda nacional como dinero, principalmente las de medio de circulación (para comprar y vender mercancías) y medio de atesoramiento (para ahorrar). Estas funciones son adquiridas por una moneda extranjera, y aunque no ocurra de manera absoluta y solo se desarrolle parcialmente, tiene fuertes efectos nocivos.

En primera instancia, se le da un golpe de gracia a la moneda nacional, que pierde capacidad de compra. Sin embargo, en esta moneda se continúan pagando los salarios de los trabajadores —al menos de los estatales— y las pensiones de los jubilados; también es sobre esta base que hacen sus transacciones las empresas que no tuvieron la suerte de ser escogidas para dolarizarse.

En primera instancia, se le da un golpe de gracia a la moneda nacional, que pierde capacidad de compra.

Por tanto, aquellos que no logran engancharse a la economía dolarizada, ya sean empresas o personas naturales, ven como quedan ajenos a las ventajas de la dolarización, e incluso, salen perjudicados. En esta situación quedan, tantos profesionales imprescindibles para la reproducción de la vida en sociedad —como médicos y maestros—, como empresas estatales que garantizan servicios básicos que aún se mantienen en moneda nacional como el agua o la electricidad. 

El mayor uso del dólar a lo interno de la economía, principalmente para las transacciones minoristas (la compra de los bienes de consumo por parte de la población), provoca dos efectos paralelos.

Por un lado, al menos en el corto plazo, desplaza los productos que se venden en moneda nacional a ser vendidos en divisas, o sea, se disminuye la oferta que se vende en pesos —por más pequeña que esta sea ya—, pues las empresas estatales y privadas que puedan vender en dólares tendrán más incentivos para transar sus productos en esta moneda que en la nacional. Ello ya ocurrió cuando se dolarizó en el 2019; paulatinamente la oferta en moneda nacional fue desapareciendo.

Por otro lado, aumenta la demanda de divisas. Las personas que solo pueden encontrar una parte de los medios de consumo necesarios en tiendas que vendan en dólares, se lanzan a comprar esta moneda para satisfacer sus necesidades. En el caso cubano, al no existir un mercado cambiario formal que sea funcional, esta compra-venta se produce de manera informal.

Las personas que solo pueden encontrar una parte de los medios de consumo necesarios en tiendas que vendan en dólares, se lanzan a comprar esta moneda para satisfacer sus necesidades.

Estos dos efectos combinados provocan un aumento del valor de las divisas y una bajada del valor de la moneda nacional, que drena de forma significativa el poder adquisitivo de aquellos que reciben sus ingresos en pesos cubanos, principalmente los que tiene ingresos fijos. Esta mos hablando de los trabajadores vinculados al sector estatal y los pensionados, que siempre serán los perdedores de un proceso dolarizador, al menos en las condiciones de Cuba.

dolar informal formal
Tasas de cambio (TC) en el mercado formal e informal

En el gráfico se observa, como la dolarización iniciada en octubre de 2019 pudo ser uno de los elementos que provocó un aumento del tipo de cambio informal, Luego la ampliación de la dolarización a la venta de productos de primera necesidad en julio de 2020, trajo un nuevo pico de aumento del tipo de cambio y de pérdida de valor de la moneda nacional.

Con la presente experiencia de dolarización está ocurriendo algo parecido, luego de casi seis meses de cierta estabilidad del tipo de cambio informal, debido principalmente a los esfuerzos del gobierno por disminuir los déficits fiscales y las emisiones monetarias resultantes, bastó la apertura de un par de tiendas en dólares y el anuncio de una nueva ofensiva dolarizadora, para que surgieran nuevas presiones depreciatorias de la moneda nacional, que amentaron el tipo de cambio informal en más de 40 pesos en apenas unos días.

La dolarización, por más que sea efectiva a corto plazo para algunos agentes y empresas, solo pospone y entorpece las transformaciones necesarias.
Tasa de cambio informal

Lo anterior debería bastar para pensar dos veces y hasta tres, para acudir a la dolarización como política. No obstante, hay otros efectos negativos de la dolarización que vale la pena destacar:

  • Aumento de la inflación: La depreciación del tipo de cambio informal y la pérdida de valor del peso cubano que trae la dolarización, significa en la práctica un aumento del costo de los productos importados. En una economía tan abierta como la cubana y tan dependiente de la importación, este efecto se traslada casi totalmente a los precios, siendo un motor muy importante para el aumento de los precios, principalmente de los alimentos y otros productos de primera necesidad.
  • Caída del ahorro y desbancarización: Las personas naturales y las empresas privadas optan por no ahorrar en moneda nacional. ¿Quién quiere tener su dinero en una moneda que pierde valor constantemente? Normalmente esta caída del ahorro trae también un proceso de desbancarización, pues los nuevos ahorros en la moneda extranjera se mantienen fuera del sistema financiero. Esto sucede especialmente en Cuba, donde existen dificultades significativas para acceder al dinero puesto en cuentas en divisas en los bancos nacionales, y no existen tasas de interés lo suficientemente atractivas para que las personas decidan colocar sus dólares en el banco.
  • Ampliación de la informalidad: La dolarización es un importante motor de la economía informal o sumergida. En Cuba esto tiene un impacto importante, debido a que no existe un mercado de cambio de divisas oficial que sea funcional, que tenga un tipo de cambio atractivo y que refleje la realidad económica. La venta de productos en una moneda que las personas no tienen posibilidad de obtener de forma legal obliga a que muchas de las operaciones de compra y venta de divisas se realicen en operaciones fuera de la ley, arrastrando a buena parte de la economía hacia la informalidad, fenómeno que tiene a su vez efectos profundamente negativos.
  • Pérdida de credibilidad: El dinero se basa en una cuestión de confianza. Todos aceptamos trabajar y que nos paguen con billetes, que al fin y al cabo no son más que «papelitos pintados de colores». Pero aceptamos que nos paguen con esos «papelitos pintados», porque el Estado los garantiza, les da poder de compra, nos asegura que luego podremos usarlos para obtener aquellos bienes que necesitamos para reproducirnos como trabajadores y mantener a nuestras familias. Si luego los mismos representantes del Estado deciden vender una parte importante de los bienes y servicios en una moneda diferente a la que usa para pagar el trabajo, la pérdida de credibilidad y confianza es gigantesca, y cuesta mucho restaurarla.
  • Efectos sociales negativos: La dolarización no solo es una política que afecta directamente a la mayoría de los trabajadores y su poder adquisitivo, sino que los coloca en una situación de enajenación con respecto a las transformaciones que se impulsan. Ningún trabajador ni pensionado, que tienen ingresos relativamente fijos en pesos cubanos, puede sentirse identificado con el desarrollo que han tomado los acontecimientos, ni con la política que aplica el gobierno. Esta contradicción entre la política económica y la situación social de la mayoría de la población, en un contexto de fracaso o efecto muy limitado de otras medidas del gobierno, significa en la práctica una ruptura del contrato social vigente en Cuba, lo cual puede traer consecuencias y reacciones para el futuro difíciles de aquilatar y controlar.

Se pueden mencionar otros efectos negativos de la dolarización, pero hay uno que se aleja de la esfera económica y que merece ser resaltado: es la pérdida de soberanía. Hemos escuchado muchas veces cómo la dolarización en Panamá, Ecuador o cualquier otro país, limita su capacidad de desarrollar políticas independientes; pues lo mismo ocurre en Cuba, por más que la dolarización sea solo parcial. La pérdida de soberanía no es algo menor, y es especialmente importante en un país bloqueado y sometido a una guerra económica constante por la principal potencia mundial. Se trata de un costo que no deberíamos aceptar de buen grado.

A dónde vamos

Se ha esgrimido que la dolarización es una política a la que nos vimos obligados por la difícil situación económica del país y que no hubo otra alternativa. ¿Es ello exacto?

La dolarización, más allá de que cumpla los objetivos para los que está siendo implementada (algo que no se logró en 2019-2020), es una política errónea que siempre será incompleta. Busca la captación de divisas y reactivar la capacidad exportadora, a través de la forma más sencilla y fácil, pero renunciando a recuperar a la moneda nacional como centro de la actividad económica nacional, y haciendo cargar el costo negativo del proceso sobre aquella capa más vulnerable de la población, principalmente los asalariados estatales y pensionados.

La política del gobierno debería dirigirse hacia un camino firme de desdolarización, que obviamente no se logra dolarizando más. Este supone la necesidad de un fuerte compromiso con la estabilidad macroeconómica del país, el perfeccionamiento de los mecanismos tradicionales de asignación de divisas a través del mercado, el saneamiento de los controles de cambio —sustituir las Cuentas de Certificado de Liquidez (CL) por un mecanismo funcional—, la construcción de un mercado cambiario con un tipo de cambio coherente que permita a los agentes económicos acceder a las divisas, y sobre todo, el acceso a los insumos productivos y los medios de consumo mediante la moneda nacional.

La política del gobierno debería dirigirse hacia un camino firme de desdolarización, que obviamente no se logra dolarizando más.

Lo anterior, no es algo que se pueda hacer en una tarde. Requiere un programa claramente definido e hilvanado, con una serie de pasos que dependen uno del otro, y deben implementarse con decisión y en la secuencia adecuada. Este camino representa un reto de política complejo, pero cuyo premio es alto y al cual, un Estado como el cubano, que siempre se ha preciado de tener a las personas como centro de sus políticas, no debería renunciar con tanta facilidad.

Por su parte la dolarización, por más que sea efectiva a corto plazo para algunos agentes y empresas, solo pospone y entorpece las transformaciones necesarias para que toda la economía cubana recupere la senda del crecimiento y su capacidad para reproducirse de manera sistémica.

Ya lo dijo el sabio personaje Albus Dumbledore: «Harry, se acercan momentos oscuros y difíciles, donde tendremos que escoger entre hacer lo correcto o lo fácil». La dolarización de la economía es el camino fácil, pero difícilmente el correcto.

Escrito a mano al pie de una página arrancada a un poemario

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Foto: Néster Núñez

Ando sin cámara por la ciudad, que es como decir que me siento incompleto, porque mis recuerdos morirán más pronto que tarde, quizá mañana mismo antes de abrir los ojos en mi cama. La luz de hoy sobre los adoquines matizados de flores amarillas que cayeron para ser vistas, porque miramos al frente, resueltos en nuestro objetivo del día más que hacia arriba; y el color de los helados de naranja o de fresa contra la floresta verde del parque; y la sonrisa de esa mujer que tomada del brazo de su hija adolescente pasa sonriendo junto a las caras largas de los que esperan y esperan por el imposible que es sacar dinero de donde ya no hay. Todo merecía ser convertido en fotos y no quedarse solo en estas palabras. 

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Foto: Néster Núñez

Las palabras, de tanto mal usarse por un bando y por el otro, han ido perdiendo las alas, me digo. Hay un pájaro negro en la ceiba de la rueda que no regresó al amanecer con su bandada al monte. Hay un hombre que dormita en un banco con las piernas estiradas. Hay el olor de las hamburguesas de 300 y del café de 20 pesos que llega desde distintos lugares. Y entonces esta señora que extiende su brazo flaco, su cara flaca, su nariz que no percibe las señales del peligro (cuidado, podrías ser rechazada, ignorada, criticada) solicita a otra mujer no mucho más gorda cualquier tipo de ayuda. Y esta le da un billete. Y la otra arranca de un libro una hoja y se la entrega. La que dio el billete sale del intercambio ganando. Lee en voz alta:

–De miel tienes los ojos, de almíbar los labios.

poemario mujeres 10
Foto: Nester Núñez

Esa metáfora dulce, la sinestesia que hoy le permitirá llevarse un plato amargo de comida al estómago –nunca una hamburguesa de 300 ni el café de 20, porque le aviva la úlcera– está escrita a mano en el espacio en blanco al pie de página, con tinta azul de bolígrafo y perfecta ortografía.  

La mujer flaca que era dueña y se desprendió con desenfado de tales palabras vive en la calle Cuba, pero a pasos inseguros se aleja en dirección contraria, como si dudara, hasta detenerse sobre un par de adoquines amarillos y marchitos. Después mira unos segundos la rama que dejó caer sus flores, y regresa. Sus ojos tienen esa neblina de la edad, ese azul grisáceo de las cataratas.

poemario mujeres 3
Foto: Nester Núñez

–En una gaveta de latón bajo pinceles, discos y tabletas para conciliar el sueño hay un papel con mi supuesta propiedad de un studebaker color vino que hoy navega por la 5ta Avenida es decir viaja en el tiempo.  

Así está impreso con tinta industrial sobre la tinta azul, en la hoja que recibió la señora del billete, que no viajará a ningún lugar, por cierto. Como ese auto americano en específico, nacido y llamado Studebaker antes de 1960, esa señora es una nueva Frankenstein, dando lucha aún, circulando con su carrocería original, pero con piezas europeas dentro, o chinas, o hasta soviéticas. Cualquier cosa por no ir todavía al desguace.  

poemario mujeres 6
Foto: Nester Núñez

Hay Feria del Libro en la ciudad. Sigfredo Ariel es el autor del poema que habla del viaje imposible en el tiempo, como lo deseaba Stephen Hawking, aquel de mente gigante dentro de un cuerpo deforme. Ninguno de los dos está más. Murieron. Sin embargo, sus palabras permanecen. Las palabras y el idioma no tienen la culpa de lo que nos sucede.

poemario mujeres 2
Foto: Néster Núñez

Otra mujer que no retrato descansa en su cama. Le faltan tres metros de intestinos después de aquel dolor abdominal que le dobló la voluntad una tarde de la semana pasada. Voy a su casa a regalarle una foto impresa que le hice. Es como llevarle un poema. No sé si lo entienda, si le guste mirarse en ese espejo.

Esa mujer de 76 años vive en Cuba, en Matanzas, en el barrio llamado Ojo de Agua, en un pasillo, en un cuartico de paredes descascaradas, como la aguja que está en el huevo, dentro del pato, en una cabaña de madera, en un bosque, y así sucesivamente. Pero ella está doblada sobre sí misma y rodeada por otras mujeres que han venido a ayudar como pueden. Una trae un litro y medio de yogurt. La otra un caldo donde flota un muslo de pollo y pedacitos de malanga. Una tercera saca con cuidado la ropa de cama para lavarla cuando venga el agua y la corriente. La cuarta le acaricia la mano para que la vieja no siga diciendo que le duele, que venga Dios y ya me lleve. Hubiera hecho una foto a esas manos, nunca a las caras, ni al sonido del lamento. Los niños a jugar afuera, bien lejos, ha sido la orden, el único grito de la matriarca del pasillo, donde por ahora no hay hombres fijos. Ellas han aprendido a cuidarse y a tenerse.

poemario mujeres 13
Foto: Nester Núñez

Las cuatro escritoras se sentaron a beber vino en el banco donde estiraba las piernas un hombre mientras dormitaba más cómodo que ellas, porque no han inventado aquí un banco en forma de C donde todas se vean las caras sin tener que reclinarse las dos de las orillas mientras las otras permanecen con las espaldas rectas. El vino era de arroz, hecho en casa por la madre de una amiguita de la escuela de la escritora de ciencia ficción, que cuenta cómo su abuelita es cuidada cada día desde hace diez años por un robot que lo hace a la perfección sin tener que pagarle, y al final de la historia descubres que el robot es la hija de la abuelita, la madre de la escritora, y que no es un robot, por supuesto, aunque no le pagan por cuidadora porque se supone lo hace por amor y porque simplemente le toca.

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Foto: Néster Núñez

La segunda escritora se ríe. Por qué no reír, si lo merece. Por qué no escribir, si también ella es dueña de miles de palabras que puede usar a su favor, que de cierta forma es bello el tizne del carbón bajo las uñas, o que el maldito perfume de petróleo en su pelo le concede la malignidad que le faltaba, la valentía de camionera en autopista que mira en el bar de tú a tú a los hombres y después confiesa que es poetisa. Buena suerte en su dilema al que se sienta capaz de acusarla de romantizar la miseria de los días, si mira la libertad ahí enfrente convertida en estatua, con las tetas de bronce para que todos la vean. Sin miel en los ojos. Sin labios de azúcar derretida. Pero rompió las cadenas. 

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Foto: Nester Núñez