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Humanismo contra politización de la tragedia

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Humanismo
(Imagen: Tomada de Twitter)

El incendio iniciado este viernes en la Base de Supertanqueros de Matanzas ha generado una nueva ola de solidaridad y mensajes de empatía en las redes sociales, pero también ha sido caldo de cultivo para la politización desde diferentes puntos del espectro ideológico.

Por un lado, una parte de la oposición —sobre todo desde el exilio— ha utilizado el hecho para atacar la gestión del gobierno cubano y criticar su preparación frente a eventos de esta magnitud. Asimismo se han propagado noticias falsas, e incluso algunos han llegado a asegurar que se trata de una operación de autosabotaje.

Desde esta orilla no han faltado las conspiraciones que atribuyen el siniestro a planes de desestabilización y muestran una cobertura noticiosa que, en no pocas ocasiones, ha ponderado la presencia de los líderes partidistas por encimas de las acciones concretas para sofocar el incendio. Igualmente se han dejado en segundo plano los detalles sobre cómo sucedieron los acontecimientos y qué esperar próximamente.

La Joven Cuba condena la utilización de tragedias para el beneficio de las agendas políticas, y hace un llamado a la mesura, el humanismo y la solidaridad entre cubanos. Que eventos lamentables como este sirvan para estrechar distancias en pos del bien común y de una sociedad justa y democrática.

Matanzas está herida

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Matanzas
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Matanzas está herida, sus hijos, su geografía; también está herida en su orgullo. Esos tanques de petróleo, junto a la zona industrial y la bahía, son para la ciudad un símbolo visual, económico, algo profundamente identitario. Por eso duele de modo tan íntimo. Por eso agradecemos y admiramos la valentía de los que arriesgan la vida intentando detener este colosal desastre.

Matanzas
(Foto: Néster Núñez/LJC)

El resto de los matanceros, impedidos de hacer otra cosa —desde las casas, desde la ribera opuesta, en la TV o las redes sociales— vemos arder los tanques. Nunca imaginamos que algo así fuera posible. Es casi como ver a El Morro de La Habana desmoronarse lentamente, piedra a piedra, envuelto en llamas.

Muchos no hablan. Solo han salido a contemplar lo que probablemente sea el espectáculo más impresionante y triste de sus vidas. Otros se comunican con sus familiares en el extranjero, les explican… Mejor, transmiten en vivo. Es difícil expresar con palabras lo que sienten.

«Estamos bien, estamos bien», dice una muchacha para calmar a la que está del lado de allá de la línea, y de momento tapa el micrófono del teléfono hasta que se aleja la sirena de la ambulancia. «Te decía que estamos bien, vinimos para casa de tía en La Playa hasta que todo pase. De verdad, no te preocupes». Su interlocutora estará a muchos kilómetros de distancia, pero muy cercana en el tormento. ¿Será de Matanzas, de Cuba? Es humana.

Cuando se reúne un pequeño grupo surgen las anécdotas: el que trabajó en la instalación de los pararrayos hace diez o doce años, según dice; el que especula sobre el riesgo de que el incendio avance por las tuberías soterradas hacia los tanques de nafta, de gasolina, incluso le preocupa el oleoducto que une Supertanqueros con la refinería de Cienfuegos. A ese pronto lo obvian, por exagerar demasiado, y después del breve silencio, alguien dice que tiene un pariente, o un conocido o un vecino que está allá fajado con la caliente.

No es necesidad de protagonismo, pienso, sino esa urgencia de querer aportar algún elemento valioso porque no es fácil permanecer a la espera, sin poder ayudar. Vuelve a haber un silencio, esta vez más prolongado, más oscuro. Después alguien dice, bajando la cabeza y casi en un susurro: «Carajo, es que la cosa está tan mala… yo sabía que por algún lado tenía que explotar».

Y luego están aquellos que juegan fútbol, que se bañan en la playa. Quiero pensar que sí, que les duele, pero que aún no toman conciencia del daño humano, material y ecológico que este siniestro representa.

Serán, supongo, los primeros en ir a donar sangre si se necesita, por ejemplo. O han terminado de trabajar en esos restaurantes privados que ofrecen comida gratis a los médicos y bomberos. Quizá sean de los que piensan que la cosa está tan, pero tan mala, que es imprescindible salir a despejar para que no sean sus propias cabezas las que terminen reventando.

Matanzas está herida. Y con ella, Cuba. Pero tenemos fuerza.

Matanzas

Los atletas cubanos ¿islas o parte del cuerpo deportivo de la nación?

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Atletas
El cubano Pedro Pablo Pichardo gana celebra el título olímpico de triple salto en Tokio, compitiendo por Portugal. (Foto: Reuters)

Pedro Pablo Pichardo sube a las gradas y coloca en el cuello de su padre la medalla simbólica que entregan en la pista de Oregón cuando alguien gana una prueba. La iniciativa, inédita en el mundial de Atletismo de Oregón, creó confusión entre los televidentes, que estuvieron una semana preguntándose si esa era la presea verdadera y si se daba así, sin más ceremonia que la espontaneidad y sin más himno que el calor del momento.

Pedro Pablo Pichardo, sin embargo, no tiene ninguna confusión. Quizá por la posibilidad de realizar esa acción es que —como hizo en los Juegos Olímpicos— celebre su triunfo con una enorme bandera de Portugal. En su primer intento Pichardo saltaba de oro hasta 17.95, en tanto el representante de Cuba, Lázaro Martínez (campeón mundial bajo techo con victoria incluida sobre Pichardo), hacía foul. En su segundo intento saltaba 17.92 metros, mientras Martínez hacía foul.

Si Brian De Palma hubiera dirigido la transmisión, lo más probable es que en ese momento dividiera al medio la pantalla para poner los dos saltos en paralelo. Pero qué estaba ocurriendo: ¿Cuba estaba a punto de perder su única esperanza de medalla en Oregón, o la estaba ganando? ¿Y si en realidad la había ganado desde el primer día, en la marcha femenina de 20 km?

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El crítico e investigador Juan Antonio García Borrero, en su ensayo «El cuerpo audiovisual de la nación cubana» —una suerte de manifiesto de lo que propone con su proyecto de Enciclopedia Colaborativa (ENDAC) — entiende, igual que otros teóricos, a la «nación» como espacio imaginado, más allá de sus fronteras territoriales. Por eso, una película sobre tema cubano, realizada en Bolivia por técnicos de la Isla, y con productores griegos, pertenecería a ese «cuerpo nacional» al que se refiere. Si al investigador camagüeyano le queda corta la categoría «cine cubano», a mí me ocurre lo mismo con la categoría «movimiento deportivo cubano».

El concepto nación ha mutado desde los años setenta del pasado siglo. Entre los postulados de Beneditc Anderson, Ernest Gellner o Eric Hobsawn, se desprende la idea de que ella es una construcción social de origen moderno, que nace en algún momento del pasado y podría desaparecer. Pero más que desaparecer la nación, la tendencia es a que se difuminen sus fronteras. O dicho de otro modo, que la nación no sea la frontera. Se avanza hacia lo transnacional (o te das cuentas que ya estás) no visto solamente desde una perspectiva mercantil u oficial, sino como estado del espíritu y de la vida cotidiana.

En el caso del deporte, con las migraciones, abandonos, nacionalizaciones, atletas de padres de un país nacidos en otro, etc., se ha producido un cambio a nivel mundial que las instituciones que rigen la actividad física en el país se resisten a asimilar en su totalidad, y quizá no logren comprender. ¿Sería disparatado proponer que esa masa creciente de cubanos que participa y entrena en otros territorios sea parte —con perdón de Juan Antonio— del cuerpo o movimiento deportivo de la nación cubana?

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Cuando Roxana Gómez llegó a la final de 400 metros planos en Tokio 2020, algunos colegas se apuraron en afirmar que era la primera cubana que alcanzaba ese logro en Juegos Olímpicos. Sin embargo, era la segunda. En Río 2016, la santiaguera Libania Grenot también se había clasificado entre las ocho mejores, pero compitiendo por Italia, país que la acogió internacionalmente desde el mundial de Moscú 2013. Por Cuba había competido en el WC de Helsinki 2005.

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Libania Grenot (Foto: Reddit)

Dice el crítico en su ensayo: «Hoy pareciera que la historia del audiovisual cubano también entra, por fin, en esa etapa donde queda atrás la devoción por el relato de perspectiva única». La historia y la actualidad del deporte cubano tienen que dejar atrás toda devoción por la perspectiva única. El intento empezó en los medios alternativos/independientes/no financiados por el Estado, que en los últimos eventos deportivos han realizado una búsqueda de los atletas cubanos, o de esa ascendencia, que se desarrollan en cualquier parte del mundo y en la disciplina que sea.

Entonces, habría que diferenciar primero entre Nación Cubana y Federación Cubana (de un deporte en específico), o Nación Cubana e INDER. La victoria de Pichardo, aunque sume al medallero de Portugal, es una victoria de Cuba. Pero —para seguir con el mundial de Oregón— existe también el caso de los entrenadores cubanos que forman campeones y medallistas en el mundo.

Pedro Cañizares llegó en 1995 a Atahuanco, en la cordillera de Los Andes en Perú. Es el entrenador de la marchista Kimberly García, la primera mujer de ese país que ganó un título mundial en atletismo. Yassen Pérez convirtió a Marisleidis Paulino en la primera dominicana con una medalla mundial. Yoandri Betanzo llevó a un saltador de longitud indio por primera vez a una final. Iván Pedroso entrena a la mejor triplista de la historia.

Una parte de la nación cubana también recorrió las calles de Oregón; le dio la vuelta al óvalo en la final femenina de 400 metros planos; ganó el relevo mixto, se estiró hasta casi los dieciocho metros en el triple salto, saltó vallas en los 400 metros masculinos, impulsó la bala. Se mezcló con los colores de la India, de Turquía, de Brasil, de Venezuela, de Perú, de República Dominicana, de Portugal; como capas de pinturas que se derriten al sol y se juntan en los carriles, en los tanques de salto.

Hay variedades que yacen debajo del marrón de la pista, del azul. Tanto, que el público pudiera cantar como Jarabe de Palo: En lo puro no hay futuro. La pureza está en la mezcla. En la mezcla de lo puro, que antes que puro fue mezcla.

Confirmado, se pudiera decir que hubo participación cubana en cinco medallas de oro, una plata y un sexto lugar; aunque técnicamente las estadísticas reflejen otra cosa. La saltadora de longitud brasileña Leticia Oro Melo fue, con su bronce, la gran sorpresa de la final de la especialidad. Entre intento e intento se acercaba a los palcos bajos y recibía instrucciones de una mujer que —para mí y otros colegas— parecía cubana.

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Serod Batochir, Ziggy, debió terminar su carrera hace trece años, cuando los cuarenta grados bajo cero de su Mongolia natal no lo dejaban entrenar. Se ponía capas y capas de ropa y no era suficiente. Pero John Mcdonagh, el esposo de su cuñada, lo salvó. Vivía en la ciudad de Morpeth, en el noreste de Londres, a orillas del río Wansbeck, donde está asentado el club atlético Northumberland.

Ziggy hizo una carrera de 6 777 km para seguir corriendo, para seguir teniendo carrera. Hoy, con cuarenta y dos años, es el primer maratonista de la historia que ha participado en diez ediciones de campeonatos mundiales de forma consecutiva. Sigue compitiendo por Mongolia y continúa viviendo en Morpeth.

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Serod Batochir, Ziggy (Foto: Getty Images)

Malaika Mihambo hace tres años es la mujer que más largo salta en el planeta. Ganó los últimos dos mundiales al aire libre y los Juegos Olímpicos de Tokio. Su padre es tanzano, ella nació en Berlín y sus colores son los de Alemania. Siffan Hassan procede de Adama, Etiopía. Emigró a Países Bajos y era enfermera hasta que decidió correr. Ahora es una de las mejores fondistas del planeta y usa uniforme naranja.

Norah Jeruto celebró sin bandera. Dio la vuelta olímpica portando solo una euforia que no le cabía en las dos manos; por eso pudo tirarse a la piscina que 3000 metros que ocho minutos y 54 segundos antes era un foso. Así cambian las cosas: hace meses competía por Kenia y en el Hayward Field le dio la primera medalla de oro a Kazajistán en la historia de los mundiales de atletismo; al mismo tiempo que su tierra natal se quedaba —oficialmente— sin medallas en la disciplina, como nunca antes había ocurrido.

Norah es una de los cuatro kenianos que forman parte del club kazajo Altay Athetic Club. Según el sitio Runnerworld, se cambiaron de país para encontrar menos competencia interna y más premios económicos a sus éxitos que los que les proporciona Kenia.

El fenómeno es multifactorial y casual. Se desarrolla de varias maneras. Es más complejo que decir que un atleta de un país subdesarrollado emigró hacia una potencia mundial. No solo ocurre en Cuba.

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En nuestro atletismo tenemos hoy a las corredoras Roxana Gómez, Rose Mary Almanza y Lisneydis Veitía entrenando en otro país y representando a la federación cubana, pero resulta insuficiente y a veces entorpecedor. El sistema de clubes no solo corresponde a los deportes colectivos. También existe en disciplinas individuales.

Al Benfica de Portugal pertenece el habanero Reynier Mena, quien posee la tercera mejor marca de la temporada en 200 metros planos. Velocista que, entrenando en el estadio panamericano, llevaba años estancado luego de una gran proyección en su etapa juvenil. Quizá en París 2024 desfile junto a Pichardo con la delegación portuguesa…

¿Cómo reconciliarnos (para quienes necesiten hacerlo) desde el punto de vista del lenguaje, desde lo institucional y lo deportivo, con esas figuras más o menos relevantes que ya no viven en Cuba u optaron por nacionalizarse en otro territorio? 

En el voleibol tenemos los casos positivos del regreso de Robertlandy Simón y Maykel Sánchez, el Ruso; mientras tres de los grandes jugadores cubanos de todos los tiempos defienden las banderas de Italia, Polonia y Brasil: Osmany Juantorena, Wilfredo León y Yoandy Leal, respectivamente. Pero esta es la cara visible del deporte de la malla alta. ¿Dónde están otros hombres y mujeres qué estuvieron en selecciones nacionales durante los últimos quince años (para hablar de los activos), y no hicieron ni lo uno ni lo otro?

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Osmany Juantorena (Foto: Purovoley)

Hay que ir más allá del suceso relevante. La dispersión es muy grande. Como mismo explica García Borrero, antes del siglo XXI se sabía, respecto a cineastas en el exilio, que Fausto Canel y Roberto Fandiño habían continuado una carrera; también Néstor Almendro, Orlando Jiménez, etc. Ubicar ahora a todos los cineastas de la diáspora o a todos los cineastas cubanos que abandonaron el país, es tarea titánica.

Pasa así también con el deporte. A excepción del béisbol — por el trabajo de Francys Romero, Swing Completo, etc, con el seguimiento a peloteros cubanos en MLB y otras ligas— y deportistas de nivel mundial que ya no compiten bajo la Federación cubana: pienso en Leinier Domínguez, boxeadores campeones mundiales y olímpicos, la localización se torna compleja.

Existe un grupo de atletas no mediáticos en deportes tampoco tan mediáticos que pueden estar compitiendo en el planeta Marte sin que en Cuba se sepa, o al menos se conozca cómo llegaron hasta allá. Sus historias, circunstancias, nuevas realidades son parte del «movimiento deportivo cubano», que se mantiene activo sin el auspicio del INDER.

No sé si sería llevar al extremo de la comparación con el texto del referido crítico, igualar «indercentrismo» con «icaicentrismo», puesto que son otras las dinámicas de deporte y cine. Pero pudiera utilizarse como sistema de referencia. El atleta que dejó de competir por el INDER no puede ser traidor ni desertor (aunque se haya quedado en una competencia) ni ex cubano (Alonso, 2016) aunque celebre con otra bandera un triunfo.

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En los barrios de Artemisa y Santiago de Cuba no les importa que Ortega y Pichardo celebren con banderas de países ibéricos. En muchos barrios de Cuba no importa que los campeones suban al podio sin que se escuche el himno nacional. ¿Qué puede doler?, duele. Pero mayor dolor debe ser no progresar, no entrenar dónde y con quien se quiere, tener el talento y quedarte sin medallas.

La vida deportiva de un atleta es corta y los cambios que necesita el archipiélago cubano son largos. Esperar a que aparezca el petróleo o a que algún funcionario decida desregular leyes, flexibilizar, no es una opción para muchos.

Explica García Borrero, que «por suerte ya quedó atrás aquel período en que el historiador ejercía su oficio con la misma pulcritud que un funcionario de aduana, estampando en el final de las biografías de aquellos que decidían marcharse del territorio nacional, por ejemplo, algo que parecía más un sello de emigración que la noticia de un tránsito: “Abandonó el país”».

Si cambiamos «historiador» por periodista, sabremos que —aunque con avances— hoy en el deporte no existe la misma suerte. No existe tal cosa como «formado en la escuela cubana», «origen cubano», términos más falaces que la fiabilidad de los récords de la RDA en los años ochenta.

Son cubanos, sin zig-zag, sin arrancadas en falso, sin foul, sin offside, sin deadball, sin falta flagrante, sin mala manipulación, sin expulsión de dos minutos, quizá hasta sin bandera, y ya.

Empatía vs hipocresía

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Empatía
(Foto: Cubadebate)

He observado con detenimiento las muchas imágenes y videos que existen en Internet acerca de los hechos ocurridos hace veintiocho años hoy, y conocidos como el maleconazo. No veo niños. No puedo asegurar que no estuvieran, pero no los distingo. Si estaban, evidentemente fueron pocos.

Duele observar a los infantes como parte de acciones de protesta u otro tipo de actividades políticas que impliquen riesgo, en cualquier lugar del mundo, no solo en Cuba. Desde hace algún tiempo, sin embargo, niños y adolescentes son parte de manifestaciones de protesta entre nosotros.

En imágenes transmitidas hace algunas semanas en Los Palacios, localidad de Pinar del Río, se aprecia a varios menores participando junto a sus familiares en la manifestación nocturna que se produjo con motivo de los cortes de electricidad. Pero ni siquiera son los primeros. En abril de 2021, un grupo de madres con hijos menores cerró una calle habanera. Solicitaban se atendieran sus problemas de vivienda.

También fue triste seguir la directa de la madre holguinera que desde una localidad rural deambuló por varias instituciones estatales con sus tres hijos pequeños y dinero en su cartera, según mostraba a todos, pero sin comida para darles porque no había ni pan para que le vendieran. Y retornó a su casa sin que resolvieran su problema, aunque para ser justos, se veía que los funcionarios que la interpelaban estaban muy apenados.

Doloroso ha sido ver durante el último año a niñas y niños cuyas madres o padres fueron condenados a prisión por haber participado en el estallido social del 11-J, pidiendo su libertad o diciendo cuánto los extrañan. ¿Manipulación de la imagen infantil con fines políticos? Es posible. No lo niego. Pero no tengo tampoco la menor duda de cuánto están sufriendo esos pequeños y de lo injusto de la mayor parte de las condenas a sus padres.     

El pasado 2 de agosto se produjo el cierre de una zona de la autopista cercana a La Habana por madres con sus hijos; algunos muy pequeños, otros adolescentes. Ellas solicitaban la atención del presidente Díaz-Canel. Contrario a lo ocurrido en otras protestas —tanto las del 11-J como algunas más recientes—, no ofendían al mandatario (muy bien eso), pero insistían decididamente en verlo.

Diversas personas han explicitado gran malestar porque los niños estuvieran poniendo su cuerpo ante los autos, que tuvieron extremo cuidado con no dañarlos, dicho sea de paso y en beneficio de la civilidad. Frases como «con los niños no se metan», se repitieron en las redes, sobre todo entre periodistas de medios estatales. Una anciana profesora de la Universidad Central de Las Villas, casi histérica, llamó cobardes a quienes llevaron a los niños ese día.

La infancia debería ser sagrada. Y lacera, repito, ver en Cuba algo que juzgábamos superado. Pero aquí, y durante décadas, han emergido muchas cosas que creímos superadas. Si fuéramos personas de bien, no cuestionaríamos solamente por qué los niños están siendo vinculados a tales acciones, sino que indagaríamos asimismo qué nivel de desesperación ha llevado a sus madres a protestar junto a ellos.

Esto no ocurrió en los noventa, aunque es cierto que la pobreza, la depauperación y la desigualdad no existían entonces con el grado que hoy tienen. Un poco de empatía y comprensión, de ponerse en los pies del otro, ayudaría a que seamos más sensibles. Cuando hablo con Mairiobis Zamora, la matancera madre de siete hijos a la que todavía no han entregado una vivienda digna, a pesar del programa nacional para mujeres con más de tres retoños, ella se queja de que sus niños no saben lo que es un juguete.

Quien no haya sentido el dolor de una madre ante un hijo sin juguetes, o sin un poco de leche, o con hambre, o hacinado en un albergue; debiera ahorrarse algunos epítetos y sermones.     

Además, debe quedar claro que eso que indigna a tantos no es un fenómeno nuevo. La historia de Cuba está plagada de casos en que, cuando fue necesario, los niños se involucraron en actividades políticas junto a sus padres. Y ocurre que con el crecimiento de los problemas y la pobreza, se reciclan también viejas estrategias de lucha. Porque al final de todo, la revolución es una sola desde 1868 hasta hoy. Y también porque somos continuidad. ¿O no?

Niños y lucha política

Recuerdo un libro de lecturas de mis años en la escuela primaria que incluía  un relato enaltecedor: «El mambisito era de ley». ¿Ficción? Para nada. Eso lo constato con creces en el excelente texto Los pequeños insurrectos: niños, familia y guerra en Cuba (1868-1878), de la autoría del historiador holguinero José Abreu Cardet. Mucho después, en sus dibujos animados, Juan Padrón daría nombre a los arquetípicos Eutelia y Pepe.

En la década del treinta del pasado siglo, en plena vorágine revolucionaria, durante el tiroteo al velorio de las cenizas de Mella, fue muerto el niño Paquito González, de la Liga de los Pioneros.

En el Ejército Rebelde, en la Sierra Maestra, hubo niños de trece y catorce años. Ese fue el caso, por ejemplo, de Enrique Acevedo, que se recuerda de su libro Descamisados y del serial televisivo Memorias de un abuelo. Ya recién triunfada la Revolución, el 22 de marzo de 1959, en una concentración, Fidel pide a todo el pueblo que se prepare a defenderla.

Empatía
Enrique y Rogelio Acevedo. (Foto: Cubasí)

El 12 de abril se dirige a cientos de campesinos camagüeyanos y los insta a convertirse a todos, «hombres mujeres y niños», en «soldados de la Revolución» desde ese momento. Ante esta exhortación, se recibieron numerosos mensajes de apoyo. Uno de ellos, proveniente de la ciudad de Ciego de Ávila, comunicaba: «Siguiendo las orientaciones del Comandante Fidel Castro de que hasta las mujeres y niños debían aprender el manejo de las armas, hemos constituido en esta ciudad una milicia popular (…)».

Dora Alonso, en su rol de corresponsal de guerra en Girón, dejó testimonios de que en niños de doce y trece años recayó también la responsabilidad de la defensa.

No pretendo dar lecciones de historia, podría incluso poner ejemplos menos nobles, como niña de catorce años que fui durante los tristes meses del éxodo del Mariel, pero prefiero no hablar de eso. Solo deseo recordar que cuando ha sido necesario, los niños cubanos se sumaron, con sus madres y padres, a la lucha política. Glorificar estas acciones cuando conviene y satanizarlas porque ahora se trate de manifestaciones de presión popular ante el gobierno, me parece un extraordinario acto de fingimiento.

Vamos a demandar que los niños no sean involucrados, que no pasen por traumas que pueden dañar sus vidas; pero vamos a exigir con la misma energía que no existan motivos para que esos pequeños sientan, junto a sus familias, que la protesta es el único camino que les va quedando ante medidas que cada vez dan más la espalda a la gente del pueblo, y ahondan la pobreza y las desigualdades. Que en este pulseo cívico, gane la empatía a la hipocresía.  

Del Punto A al Punto B o la increíble persistencia en el error

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Punto A
Alejandro Gil

Las autoridades económicas cubanas anunciaron hace días que se establecería un mercado formal —léase estatal— de divisas. Sin embargo, en el programa Mesa Redonda de la tarde del 3 de agosto, al que acudieron el ministro de Economía y Planificación Alejandro Gil y la ministra-presidenta del Banco Central de Cuba, Marta Sabina Wilson, confirmaron que, «de momento», las instituciones bancarias del país y las casas de cambio solo comprarían divisas a partir de una tasa de cambio de referencia entre un dólar estadounidense (USD) por 120 pesos cubanos (CUP); que en realidad se convertirían en 110,40 debido a la aplicación de un «margen» por la operación.

Llama poderosamente la atención que el gobierno cubano, en lugar de intervenir el mercado cambiario para reducir la brecha existente entre el tipo de cambio del mercado informal y el oficial, adopte, en la práctica, el informal que, dicho sea de paso, había sido desautorizado por el propio ministro en exposiciones anteriores cuando lo denominara «especulativo». ¿Ahora deja de serlo porque es oficial o más bien el gobierno ha decidido extraer las rentas que produce la adopción de un tipo de cambio al que el banco central no es capaz de vender la divisa extranjera y que es responsable de la existencia de un mercado paralelo?

A este mercado podrían acudir las personas naturales, los turistas e incluso los trabajadores por cuenta propia, cooperativas no agrícolas, micros y pequeñas empresas; es decir, todos los actores económicos, con excepción del Estado que se seguirá rigiendo por la tasa ficticia de 1 USD por 24 CUP. Sin embargo, Alejandro Gil reconoció textualmente que «el mercado cambiario no puede operar a ese tipo de cambio».

Valdría la pena que le respondiera al país por qué entonces se mantiene un tipo de cambio ficticio, por demás sobrevalorado, que afecta a los exportadores que reciben menos pesos de los que deberían si esos dólares se vendieran en el mercado y, al mismo tiempo, beneficia a los importadores porque les permite adquirir los dólares a un precio inferior, aunque en este caso deberían esperar por una asignación discrecional.

Por el momento —dijeron los funcionarios— solo se comprarían las divisas, debido a que la venta se producirá en un impreciso después, como también será para después la soberanía del peso cubano en todas las transacciones domésticas, que el ministro definió como «objetivo estratégico» pero que en este momento —según él— no puede lograrse. Entonces nos sugiere «ir del Punto A al Punto B, es decir, no hacerlo de un salto».

Una vez más las autoridades cubanas parecen decididas a persistir en el error al desconocer las realidades objetivas de la economía, creyendo que las pueden vulnerar y que tienen todo el tiempo del mundo para llegar a los «objetivos estratégicos», en un largo camino que cada vez menos ciudadanos están dispuestos a aceptar. En medio de este proceso, combinan el excesivo voluntarismo y la irresponsabilidad política con una notoria debilidad teórica y conceptual.

La soberanía plena del peso y el tipo de cambio único

La conversión del peso cubano en la única moneda en la que se produzcan todas las transacciones en la economía es urgente e imprescindible. No es cierto que no existan las condiciones en el país para adoptar una medida de este calado. La existencia de un segmento del mercado al que solo se puede acceder con divisas es una de las razones, además de su escasez, para que la moneda nacional se desvalorice en el mercado doméstico y se reduzca su capacidad adquisitiva.

Adicionalmente, esto significa una inaceptable marginación para aquella parte de la población que no recibe remesas, que no tiene familiares en el exterior o que no tienen ingresos en divisas, lo cual, además de un problema económico es también político.

La existencia de una moneda única permite a los Estados usar tanto la política monetaria como cambiaria junto a otras, como la fiscal, comercial, laboral, etc., cual instrumentos para orientar la coyuntura en función de objetivos estratégicos definidos. No obstante, para ello es imprescindible la existencia de un tipo de cambio único, que refleje las condiciones del mercado, opere para todas las transacciones internacionales en la economía y permita el establecimiento de los precios relativos que aseguran la conexión entre la economía doméstica y la global.

Un tipo de cambio establecido por el mercado, cualquiera que este sea —y no por una decisión discrecional de las autoridades—, permitiría al peso cubano tener una convertibilidad real en el territorio nacional, de manera que los bienes importados puedan ser pagados a su precio real en pesos.

Como ese tipo de cambio seguramente será más alto que el que el gobierno se empecina en fijar como oficial, las empresas que generen exportaciones —sean estatales, cooperativas o privadas—, quienes ofrezcan servicios turísticos con independencia del tipo de propiedad, u otros servicios transables internacionalmente, se beneficiarían de mayores ingresos en moneda nacional por cada dólar ingresado.

Punto A

Por el contrario, quienes realizan importaciones de bienes o servicios, deberían destinar más pesos por cada dólar, con el consecuente encarecimiento de las mismas, lo que debería permitir a los productores nacionales que estén en capacidad de sustituir esas importaciones con producción nacional, competir en precios con los bienes extranjeros. Obviamente, para que ello sea posible debería existir un sector productivo con capacidad de sustituir importaciones, porque de lo contrario se incrementaría el déficit comercial, se deterioraría el balance de pagos y, en consecuencia, la capacidad financiera externa del país.

Por tales razones, resulta imprescindible que se eliminen las inmensas restricciones que en la actualidad obstaculizan el emprendimiento en las diversas actividades productivas, muy especialmente en la industria, la agricultura, el transporte y las comunicaciones, entre otros.

En lugar de esto, las autoridades cubanas apelan al fracasado expediente de los tipos de cambio múltiples, que crearán nuevas distorsiones en los precios relativos con un impacto nocivo sobre la estructura de la economía, la competitividad de la producción nacional y los equilibrios macroeconómicos.

Es absurdo que los sectores económicos que resultan transables internacionalmente deban operar en un tipo de cambio ficticio que no resulta de las condiciones de un mercado libre —aunque pueda ser regulado, no controlado— y transparente; mientras que la población, los turistas y los actores económicos no estatales deban operar internamente a otra paridad, cinco veces superior.

¿Qué incentivo tendría un inversionista institucional para colocar su capital en el país —incluso haciendo abstracción de la ausencia de condiciones institucionales que favorezcan las inversiones foráneas— y recibir 24 pesos por dólar invertido cuando en un mercado paralelo podría recibir 110,40 CUP? Con esta decisión le están asestando un golpe, también, a la inversión extranjera directa.

Por otra parte, muy probablemente quienes han estado operando en el mercado informal comiencen a subir el precio al que pagan la divisa extranjera, toda vez que quienes necesitan comprarla deberán continuar acudiendo —por ahora— a ese mercado.

Así las cosas, el efecto de corto plazo podría ser una elevación del tipo de cambio informal y un mayor deterioro de la capacidad adquisitiva de la población, que debe concurrir a las tiendas en monedas libremente convertibles para satisfacer necesidades básicas; así como un mayor costo para esa inmensa cantidad de cubanos que a diario emigran buscando una opción de vida que su propia tierra no les ofrece.

Punto A
Ministra presidenta del Banco Central de Cuba, Marta Sabina Wilson González.

La estabilidad del tipo de cambio

La pretendida estabilidad cambiaria no se asegura —como pareciera interpretarse de las palabras del ministro— estableciendo tipos de cambio fijos por decreto, sino a partir de la estabilidad del mercado cambiario que resulta de la de la economía en su conjunto.

Los tipos de cambio flexibles funcionan en la mayor parte del mundo, y que haya flexibilidad cambiaria no implica que haya inestabilidad, porque las variaciones suelen no ser sustanciales, salvo en el caso de crisis cambiarias que resultan de crisis de balanzas de pagos.

La razón por la que la mayor parte de los países abandonaron los tipos de cambio fijos después de la crisis del sistema de Bretton Woods y de la desvinculación del dólar y las demás divisas internacionales del oro; radica en que mientras las monedas estaban atadas al oro, eran el metal precioso, o las divisas plenamente convertibles en él, los que aseguraban el valor relativo de las demás monedas, en tanto, a partir de dicha crisis, han sido la producción de bienes y servicios, y muy especialmente los resultados de la balanza de pagos, los que crean las condiciones para la determinación de los tipos de cambio en los mercados.

A lo largo de estos más de cincuenta años, es mucha la experiencia acumulada por los bancos centrales en la utilización de mecanismos de regulación de los mercados cambiarios para evitar oscilaciones exageradas que conlleven a una volatilidad claramente nociva para el desarrollo de los negocios.

Establecer un tipo de cambio fijo oficial que resulte de una decisión administrativa, es una medida errónea y para nada asegura la estabilidad de la economía. Todo lo contrario, genera distorsiones en el establecimiento de los precios relativos, afecta negativamente las operaciones de comercio exterior y desvincula la economía nacional de las condiciones de los mercados internacionales. Cuando esto ocurre en una economía abierta, como la cubana, el efecto negativo adopta mayores proporciones.

El problema es el modelo, ¡una vez más!

En la argumentación de las autoridades cubanas para tratar de explicar este nuevo desatino, se evidencia la pretendida intención de acomodar las realidades económicas al mantenimiento de un modelo económico probadamente ineficaz y agotado histórica y políticamente. La administración centralizada de la economía no funciona. Persistir en ella es un error económico y una irresponsabilidad política.

Lo más importante para el bienestar de un pueblo es que la economía funcione, que mejore el nivel de vida de las personas y que estas puedan desarrollarse en condiciones de libertad, que las fuerzas productivas se desplieguen sin los absurdos obstáculos que impone la burocracia, ávida de mantener el control a toda costa sin advertir que, en cada retroceso o en cada situación que agrave las condiciones de vida de la población, se está conduciendo al país al colapso, lo cual suele traducirse en estallidos sociales.

A partir de lo que se constata, las autoridades cubanas parecen no estar a la altura de las necesidades de la sociedad y, con sus errores, son las principales responsables del agravamiento de las condiciones de vida de la población. Por ello es imprescindible reconocer que no hay soluciones económicas posibles sin transformaciones políticas e institucionales.

El  tiempo de la dolorosa lucidez

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Tiempo
(Imagen: Luan LK)

Llevo muchos días intentando sentarme a escribir, mi estado de ánimo no es bueno. Nunca me interesó ser parte integrante de un grupo de manera absoluta, pero el hecho de haber pertenecido a algunas instituciones me otorgó cierto sentido de pertenencia a algo, aunque todo fue, al final, una ilusión. Los intelectuales por lo general cuestionan el mundo, pero pocos analizan al mundo intelectual.  

Hace meses me llamaron por teléfono para ser parte de un equipo que acompañará con sus comentarios la exhibición de una miniserie, prevista para estrenar en el período vacacional de verano. Los capítulos tratan acerca del feminismo en EE.UU. durante los años setenta del siglo XX, su nombre: Mrs. América.

En una primera reunión de preparación, me asignaron comentar el 2do y el 7mo episodios del serial televisivo. Para que estuviéramos comunicados, fue conformado ese día un grupo de WhatsApp por donde recibiríamos las informaciones de la Directora, que coordinaría los días en que nos tocaría grabar. Pasó un tiempo y comentan por esa vía que ya las personas implicadas conocían la fecha de su grabación, pues recibieron el cronograma de trabajo.

Resulta que, sin yo saberlo, fui excluida de la futura presentación, cosa que no me molestó, al contrario, significó un alivio. Lo que resulta bochornoso es la manera insultante del procedimiento que se utilizó para cancelar la invitación. Como mismo me molestaron, pues vinieron a mi casa para que revisara el material completo y me hicieron perder una tarde en una reunión de coordinación, pudieron haberme llamado por teléfono y explicarme. Eso se llama respeto, ética profesional, decencia.

Ante la pregunta que le hice a la directora del programa, el pretexto fue que sobraban personas, lo que me pareció una argumentación burda pues por mí pusieron a otra especialista que no había sido invitada inicialmente. ¿Por qué no explicarme la verdadera causa de la exclusión?

Hay algunas cuestiones que me gustaría analizar sobre el tema de la censura. En primer lugar, le diría a la dirección del programa que deberían haber realizado un trabajo previo de invitación selectiva (y de rechazo). Según el sociólogo Pierre Bourdieu, «la peor censura es la ausencia; las palabras de los ausentes se excluyen de manera invisible».

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La noche oscura de lo humano

Haber firmado el Manifiesto contra el silencio, por la justicia, con el objetivo de pedir la liberación de presos políticos, y que mi nombre apareciera en una lista por la televisión, no es motivo —o no debiera serlo—  para invalidar una participación en un medio de comunicación. Si me lo piden hoy, y aún dentro de diez años si viviera, lo volvería a rubricar. Ignoro si esa fue la razón del descarte, tal vez. También puede que ya no me consideren feminista pues no pertenezco al grupo donde sus integrantes siempre se ven la cara en cada encuentro, quizá por ello aplicaron el desdén de las compuertas.

La mexicana Marta Lamas utiliza la palabra feministómetro para considerar quién es y quién no es feminista, lo cual tiene que ver más que con cuestiones políticas e ideológicas, con cuestiones personales. Es el instrumento ideal para ser parte del «barullo» feminista. Escuché una intervención de esta antropóloga a propósito de su libro Dolor y Política. A ella misma una vez, en un aula de la UNAM, le prohibieron entrar cuando iba a impartir una conferencia, pues la acusaron de ser integrante del neo-patriarcado.

En esta exposición, que podemos encontrar en Youtube, utiliza la frase «razón arrogante» para denominar esas actitudes violentas, que se encuentran muy lejos de la sororidad que propone un pensamiento partidario de la equidad y la justicia. Además, la teórica confirma la propuesta de algunas autoras que hablan de la necesidad de un feminismo crítico en continúo aprendizaje y en estado de alerta.

Me pregunto si todo ese grupo que me excluyó está consciente, no solo en abstracto, de que no existe un solo feminismo, que este, si es coherente con su historia, debe respetar la diferencia y lo político está dentro de esa divergencia. Lo importante es estimular el disenso, el debate, la discrepancia y no practicar, cuando les conviene, la política del silencio.

Cito algunos versos de la escritora española Ángela Figuera Aymerich.

No quiero

que la tierra se parta en porciones,

que en el mar se establezcan dominios,

que en el aire se agiten banderas

que en los trajes se pongan señales.

 

No quiero

que mi hijo desfile,

que los hijos de madre desfilen

con fusil y con muerte en el hombro;

que jamás se disparen fusiles

que jamás se fabriquen fusiles

 

No quiero

que me manden Fulano y Mengano,

que me fisgue el vecino de enfrente,

que me pongan carteles y sellos

que decreten lo que es poesía.

 

No quiero amar en secreto,

llorar en secreto

cantar en secreto

 

No quiero

que me tapen la boca

cuando digo NO QUIERO

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Ángela Figuera Aymerich

Los académicos y académicas se la pasan impartiendo conferencias, hacen intervenciones en múltiples eventos, pero no se exponen mucho. Sin embargo, hay algunos que hacen escandaloso algo que ya sabemos acerca de las cosas de la vida, de la cotidianidad, de la cruda realidad. Cuando a alguien se le ocurre discrepar así, desentonar, se convierte en un sujeto inoportuno y, por ello, se rompe la relación de connivencia.

Una de las frases más tristes de la historia la dijo Baruch de Spinoza: «no hay fuerza intrínseca de la idea verdadera», ello significa que la verdad es muy débil, muy frágil.  Los que nos dedicamos a hablar, enseñar, escribir, tenemos una tarea esencial en esos quehaceres: el deber de comunicar la verdad.

Hay un texto que para mí ha resultado de importancia capital, se trata de una biografía de Hannah Arendt. Esta filósofa alemana tenía una noción muy elevada de la amistad, sin embargo, colocaba a un lado a aquellas personas que solo se preocupaban de sí mismas. Durante la etapa de la Segunda Guerra Mundial, en la autora de la obra maestra Los orígenes del totalitarismo se fraguó una fuerte aversión hacia los intelectuales elitistas y oportunistas. Sus amigos eran considerados outsiders, al margen, extraños, a veces por elección y otras por destino. Arendt consideraba que el inconformismo social era condición sine qua non del logro intelectual.  

En estos días se presenta una telenovela cubana (Tan lejos y tan cerca) que es digna de ver, pues recrea la primera etapa de la pandemia en el país, entre otras sub-tramas. Solo algo me incomodó en ella, es la parte donde algunos personajes hablan de las colas, incluso colocan a dos parejas escondidas en árboles de madrugada, pues en ese tiempo a quien encontraban en la calle a esa hora era multado por la policía, aunque el motivo fuera adquirir en la mañana algún producto alimenticio. Lo sorprendente es la manera jocosa, cordial, alegre incluso, en que los actores presentan la terrible realidad actual.       

Es obvio que si la guionista explicitara tal cual la terrible situación que se vive, la novela no hubiera salido al aire. No se trata de reflejar en la pantalla un realismo chismoso, pero otra cosa es suavizarlo de manera que hacer fila para lo más mínimo, resulte un hecho pintoresco. Claro que el arte no puede, ni debe, reproducir fotográficamente lo cotidiano, eso se sabe; pero el mensaje que llega a los espectadores es la naturalización de algo cruel para una gran parte de la sociedad.

Flor Loynaz desplegó una clase magistral de vínculo entre arte y realidad con sentido crítico cuando escribió estos versos en los que aludía a la escasez: A una hoja de papel que me regaló Dulce María,// regalo inconcebible en estos tiempos.

El 18 de mayo pasado falleció en Medellín, Colombia, el ensayista y profesor cubano Esteban Morales Domínguez. Muchas personas e instituciones en el país reaccionaron a este lamentable hecho por la rica trayectoria del destacado investigador, quien fuera miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), director por muchos años del Centro de Estudios sobre Estados Unidos (CESEU), profesor titular de la Universidad de La Habana, etc.

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Esteban Morales Domínguez

No obstante, fui testigo del severo silencio y aislamiento al que fuera sometido durante un tiempo por atreverse a decir lo que pensaba acerca de la corrupción presente a altos niveles en Cuba. Por eso me sorprendió tanto el desbordamiento de pesar ante la muerte del eminente intelectual.

Como he abordado el tema de la muerte, menciono también la del querido investigador Jorge Lozano, especialista en la obra martiana. El día antes de que falleciera, mucha gente lo pudo escuchar en el programa televisivo Mesa Redonda dedicado al Apóstol. Al día siguiente, en camino hacia una cafetería cercana a su casa, sufrió un infarto y cayó fulminado en la calle. Allí permaneció tirado largo rato, hasta que apareció el transporte adecuado para trasladarlo.

En ese lapso, alguien fue a buscar una sábana al policlínico más cercano, ningún muerto merece estar al descubierto como espectáculo público. El centro sanitario se negó a entregarla para cumplir un acto de respeto, pues era «medio básico» de esa instalación. ¡Qué ironía! Esa indiferencia fue una forma, específica y burocrática, de mancillar el cadáver de quien fuera un profundo estudioso de la figura de Martí.

Max Weber, el conocido sociólogo alemán, se irritaba cuando constataba una tendencia en algunos profesores a elegir colegas mediocres para nombramientos académicos. También aborreció el servilismo político y la timidez que obstaculizaban la candidatura de sabios con convicciones socialdemócratas. Por esta razón, apoyó a Robert Michels, quien fuera rechazado por las universidades alemanas y no tuvo más remedio que buscar trabajo en el extranjero. Después, el discípulo de Weber se colocaría al lado del fascismo, pero hay algo digno de atender en su obra: todo partido político se convierte en un fin en sí mismo.

Cuando elogia el cuaderno Metralla, de la escritora holguinera Zulema Gutiérrez, dice el poeta Ghabriel Pérez, también oriundo de esa ciudad, que estamos ante la generación cubana de mayor paz interior, pues ha sido la menos cómplice, la más cívica.

Otro hecho significativo, digno de reflexión, es la palabra gritada al unísono por los espectadores presentes en un concierto celebrado en el Coliseo de la Ciudad Deportiva durante la celebración del Festival Habana World Music: ¡Libertad! Los científicos sociales deben concientizar que esto constituyó un mensaje que, aclamado de manera espontánea, tuvo poder vivificante, porque tan solo su anhelo refresca, sana e ilumina todo. Como dijera José Martí: ¡Libertad, es tu hora de llegada! […] Ese ruido es el del triunfo que descansa. Hay que vivir con los tiempos y no contra ellos.

Un conocido comunicador y abogado exhibió una muestra de cárceles cubanas donde algunos privados de libertad expusieron las maravillosas posibilidades de estos establecimientos. En Cuba se sabe muy bien que esa caracterización del sistema carcelario es en su mayoría falsa. Un ejemplo de tal fingimiento: nada más que trasladar a un presidiario de una provincia a otra del país, es ya un inmenso castigo a él y su familia, por las condiciones deplorables del transporte en Cuba. Todas estas cuestiones deben estar en la agenda de los intelectuales.

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En Cuba se sabe muy bien que esa caracterización del sistema carcelario es en su mayoría falsa.

En una ocasión tuve la oportunidad de asistir a una de las reuniones de la UNEAC en la sección de escritores. Quedé sorprendida al escuchar a ese grupo defender con mucha energía sus intereses, como lo poco que se paga por derecho de autor, también criticaron el funcionamiento de la organización; cualquiera expresaba abiertamente el malestar que sentían por situaciones que les preocupaban dentro del ámbito de su sección.

Sin embargo, no me ha llegado que como colectivo asuman un compromiso con la nación (que no sean arengas revolucionarias), así como con la pobreza, las desigualdades, la injusticia. No pido inmolación, pero es una vergüenza la aparente neutralidad hipócrita. Ante este mundo de deshonestos, oportunistas, de los neuróticos del figurar, del pretendido éxito; ante el afán de sentirse ganador, opto por la esperanza.

Hace poco asistí al acto de graduación de los estudiantes que culminaron su carrera en el Instituto de Estudios Eclesiásticos Padre Félix Varela. A mi lado se sentó una muchacha que fue mi alumna, ahora es profesora de la institución en que estudió y hace su doctorado actualmente en Italia. No tuvimos esa cercanía estrecha que a veces se establece entre profesor-alumno. Pero en ese momento fue muy especial conmigo. Le comenté que no sabía si continuaría en la docencia, pues ya me sentía cansada. Con seguridad objetó: Profe, usted nunca se va a ir de aquí. Aunque no imparta más clases, usted siempre va a ser de aquí.

Llegó el momento de la foto conjunta. Ella se levantó para ubicarse donde ya se congregaban los graduados, los profesores y la dirección del Instituto. Quise evadir ese momento, no soy nada fotogénica. «Pues si Ud. no va, yo tampoco me retrato», expresó de manera categórica. Quedé tan sorprendida que acepté. Lo que no sabe la talentosa profesora, es que con su luz, su dulzura, su prudencia, salí con mucha paz de ese recinto.  

Sabe muy bien que la grandeza no viene del espectáculo, sino de la profundidad insondable de los vastos pensamientos, y de la levedad inmensa de un gesto. Ya me puedo alejar definitivamente, ese día ha pasado a formar una parte importante del premio mayor que determinadas personas me han otorgado.

MLB y Federación Cubana de Béisbol: partido aplazado

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Béisbol
(Foto: aginformacion)

El 19 de diciembre de 2018 ocurrió un hecho sin precedentes en la historia del deporte nacional: la Federación Cubana de Béisbol (FCB) y la Major League Baseboll (MLB) firmaban un acuerdo que permitiría establecer la regularización de peloteros cubanos en cualquiera de los treinta equipos de la Gran Carpa. Sin embargo, solo unos meses más tarde el gobierno de Estados Unidos dejó en pausa indefinida la posibilidad de hacer realidad el convenio.

¿Cuáles fueron los principales acontecimientos que hicieron posible la firma entre ambas entidades deportivas y los factores que motivaron su no aplicación, a partir de la negativa del expresidente Donald Trump?

Jonrón conjunto entre MLB y FCB

En 2016, con una licencia otorgada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), del Departamento del Tesoro, conferida a la MLB, las Grandes Ligas de Estados Unidos consiguieron por fin luz verde para establecer vínculos oficiales con las autoridades deportivas cubanas en esa disciplina.

La rúbrica del convenio implicaría un conjunto de beneficios mutuos en un terreno altamente politizado. Mientras muchos peloteros cubanos desertaban de las selecciones nacionales, impulsados mayormente por motivos económicos; ejecutivos de la MLB eran acusados de incurrir en el tráfico de atletas antillanos, muchos de los cuales ponían en peligro sus vidas para llegar a suelo estadounidense e insertarse en el circuito profesional beisbolero más reconocido a nivel mundial.

Como afirmó el consultor deportivo y ex agente de béisbol, Joe Kehoskie, al referirse a las ventajas del acuerdo: «Cuba obtendría una ganancia financiera inesperada, mientras que MLB terminará con los titulares relacionados con el contrabando, así como con un proceso de firma mucho más estructurado y controles de costos adicionales».

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Joe Kehoskie

La era Trump y el fin de un sueño

Como era de esperar, voces del ámbito político estadounidense, con marcado interés en la hostilidad con Cuba, se opusieron al acercamiento entre la MLB y la Isla. Uno de los oponentes más férreos fue el senador de origen cubano Marco Rubio, quien lanzó amenazas en Twitter. A él se unió el entonces asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, que expresó abiertamente su intención de revertir el acuerdo.

«Cuba quiere usar a los jugadores de béisbol como peones económicos, vender sus derechos a las Grandes Ligas de Béisbol. El gobierno de Estados Unidos no debe permitir el apoyo del régimen cubano a Maduro en Venezuela», dijo Bolton.

El fin de lo que fuera un sueño para muchos ejecutivos, deportistas y aficionados de uno y otro lado llegó con la anulación del trato por parte del gobierno de Estados Unidos en abril de 2019. Cuatro meses después de que fuese pública la noticia y tan solo días más tarde de que la FCB anunciara los jugadores elegibles para la MLB; el Departamento del Tesoro envió una carta a los directivos de la MLB para echar atrás el proceso.

La coalición Engage Cuba, en voz de su titular, James Williams, se refirió a la medida de la Casa Blanca como «un acto cínico, cruel y gratuito que apunta a apaciguar a una banda vocal de obstruccionistas empeñados en continuar una política fallida de aislamiento de 60 años».

«Es solo una victoria para los de línea dura de intereses especiales en Florida y para los traficantes de personas y extorsionistas», subrayó Williams.

Últimos acontecimientos

Tres años después de la cancelación del acuerdo, el deporte cubano atraviesa un momento complejo, estimulado en gran medida por la crisis económica y políticas internas de la dirección del deporte en Cuba, que han generado no pocas divergencias entre atletas y federativos. El éxodo de deportistas, incluidas consagradas figuras —entre los que se ubican más de 400 peloteros en los últimos años, según cifras oficiales— acapara titulares en la prensa.

En efecto, entre las polémicas más recientes en torno al pasatiempo nacional y que vuelve a traer a la palestra pública las tensiones políticas entre Cuba y Estados Unidos, destaca el intento de crear la denominada Asociación de Peloteros Cubanos Profesionales (ACPBP), iniciativa promovida a inicios de 2022 en Miami con vistas a la participación de un equipo Cuba independiente en el Clásico Mundial de marzo del próximo año.

Para poner fin al revuelo causado desde Florida, el comisionado de las Grandes Ligas de Béisbol, Ron Manfred, aclaró que la MLB solo reconoce la autoridad de la FCB para decidir la plantilla que representaría a la Isla en el citado evento.

«Las competiciones internacionales tienen sus reglas como el Clásico Mundial para que sean avaladas. Una de esas reglas es que la Federación Cubana selecciona a los integrantes de su equipo», afirmó recientemente el máximo directivo de la MLB.

Por su parte, Juan Reinaldo Pérez Pardo, presidente de la FCB, denunció la intención de la ACPBP de usurpar el rol de la Federación Cubana y crear un show mediático con las mismas figuras que se opusieron al acuerdo de 2018 y que luego apoyaron la inhabilitación del convenio por parte del expresidente Donald Trump.

Béisbol
Juan Reinaldo Pérez Pardo (Foto: Granma)

¿Existen posibilidades de retomar el acuerdo?

Al asumir como presidente de la FCB en marzo de este año, Pérez Pardo, reafirmó la voluntad de las autoridades beisboleras cubanas de continuar con el acercamiento «respetuoso, ético y profesional logrado con la MLB».

En palabras del presidente, la no politización del asunto y el flujo regular de jugadores cubanos entre ligas extranjeras y convocatorias nacionales figura como una de las metas propuestas por la FCB. A poco más de un mes para que comience la serie nacional, sus esfuerzos se orientan en elevar la calidad del evento y evitar la posible salida de jugadores.

Si bien la MLB no se ha manifestado en la etapa reciente acerca de negociar un nuevo acuerdo con Cuba, las posibilidades que brinda un convenio legítimo y legal entre ambas partes hace necesario volver a poner la mirada en el asunto.

Luego de la decisión de Donald Trump de derogar el eventual diálogo regular y sistemático entre la MLB y la FCB, los peloteros cubanos ven anuladas sus posibilidades de recibir mejores beneficios económicos o competir al más alto nivel, considerada la gloria para cualquier deportista.

Los atletas antillanos vuelven a ser víctimas de discriminación por parte del gobierno de Estados Unidos. ¿El costo hacia la soñada cima? Romper cualquier vínculo con el deporte cubano, renunciar a su residencia en la Isla y poner su vida y la de sus familiares en manos de traficantes y coyotes.

Poco, tarde y enredado

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(Foto: Dahian Cifuentes)

En el 9no período de sesiones de la Asamblea Nacional de Cuba, celebrado a finales de julio, se anunciaron numerosas medidas con la intención de influir en algo sobre el modelo económico imperante. El presidente Díaz-Canel, en una intervención del 21 de julio ante la Comisión de Asuntos Económicos, precisó: «Todo lo que vayamos a hacer, será siempre salvando el socialismo, no vendiendo ni privatizando el país; podemos tener ahora privaciones y carencias, pero tenemos dignidad humana y seguridad para vivir, así como conquistas sociales que permiten un acceso gratuito a la Salud y la Educación, para todos, sin distinciones». Con permiso de Díaz-Canel, algunas precisiones se imponen:

Empiezo por comentarle que todo el lenguaje empleado —como se ha venido haciendo desde el VII Congreso— resulta en extremo enredado, difícil de comprender hasta por especialistas; una suerte de neolengua cantinflesca de la que se dificulta aprehender el núcleo central de cada frase o medida y, para colmo, saturada de triunfalismo. No es solo mi criterio, sino el de no pocos economistas y sociólogos. Me limito a citar el juicio responsable de un conocido sociólogo y economista, Carlos García Pleyán, quien ha subrayado: «Es sorprendente y preocupante el nivel de abstracción o la falta de concreción» presente en la mayoría de los documentos presentados.

Si por socialismo entendemos el inoperante modelo de estatización absolutista  y de monopólica gestión económica, de escaso parentesco con las ideas de Karl Marx y mucha imitación de las aberrantes fórmulas del estalinismo, agotado ya hace décadas, podemos decir con certeza que ese modelo no merece ser salvado. Las privaciones y carencias han alcanzado un nivel en extremo crítico —como nunca antes—, y eso incluye a los simbólicos servicios de salud y educación, buenos ejemplos del pasado distante.

Nadie sugiere vender ni privatizar el país, aunque sí introducir una remodelación integral del presente modelo y sus chapisteos de hace apenas un año. Se trata de una remodelación multi-estructural, con amplios espacios para los sectores de propiedad privada, inversión extranjera, mixta y estatal; mas no para las calendas griegas, la urgencia se transforma en imperativo a muy corto plazo dada la caótica situación existente.

No creo que chinos y vietnamitas hayan vendido ni privatizado sus países. El socialismo de mercado en una sociedad multi-estructural, es un recurso válido y exitoso en estos tiempos sin apadrinamientos tutelares a lo soviético y en pleno apogeo de la globalización.

En este punto, vale traer a colación lo que no pocos economistas cubanos en la Isla gustan citar pues le reconocen más audiencia y credibilidad: Silvio Rodríguez, el cantor por excelencia de la Revolución cubana, quien ha sido preciso al destacar: «Mi opinión personal es que las experiencias de China y Vietnam son lo mejor hasta ahora: gobiernos socialistas, dirigiendo economías capitalistas. No estoy de hablando de calcar, sino de interpretar. Para mí es obvio que Cuba necesita revolucionar la Revolución».

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Para mí es obvio que Cuba necesita revolucionar la Revolución. (Foto: Twitter @elpce)

¿Son las 75 medidas anunciadas la remodelación integral que al país urge? ¡Muy lejos de ello! Es cierto que se anuncian avances en materia de flexibilización de la importación por personas naturales con carácter no comercial (a lo que el Estado estuvo opuesto por más de tres décadas). Así habrá de fluir la pacotilla de no pocos bienes de consumo con más libertad y costos menores para familiares y amigos en Miami y otras latitudes de la emigración cubana, que en menos de un año agrega ya 160 000 personas más.

Otro ángulo no menos positivo, es la formación de un nuevo mercado para la compraventa de divisas, lo que deberá ampliar en medida considerable el sector y actividades vinculados a este proceso, que amplía los niveles de dolarización (aunque ello se niegue por los medios oficiales) tanto para cubanos como para visitantes. Todavía no se han anunciado los tipos de cambio, pero ya ha llegado a su fin el arbitrario e insostenible recurso oficial de 24×1, en tanto en los mercados informales el cambio ha oscilado en 120×1.

No menos importante es el propósito —tantas veces anunciado desde hace décadas— de identificar todas las posibilidades para incrementar los ingresos en divisas e impulsar las producciones nacionales, industriales y agro-pecuarias y procurar el equilibrio financiero del sector presupuestado. Optimismo rampante para un país que muy poco hace para ingresar divisas, superar los déficits presupuestarios que se acumulan, con más de 500 industrias en franca bancarrota por décadas y el grueso de las restantes —como destaca en un trabajo bien documentado el economista José Luis Rodríguez—, clasificadas  como «sin avance»  o «avance bajo» desde hace décadas.

Brillan por su ausencia políticas y medidas que liberen a una agricultura completamente estancada por las políticas y mecanismos estatales que sigue imponiendo el Estado a los diversos sectores agrícolas (privado, UBPC, cooperativas), por medio de los mecanismos monopolistas que se siguen aplicando por intermedio del nefasto mecanismo de Acopio. Esto sigue erosionando directamente a cuatro de los pilares más apremiantes de la crisis en su situación actual: desayuno, almuerzo, comida y precios (inflación desbocada).

¿Cuántas medidas se promulgaron hace años para liberar las UBPC y dónde fueron a parar? A un fracaso estrepitoso, oficialmente reconocido. ¿Y dónde ha ido a parar la «racionalización» de la industria azucarera del 2002? Al peor desempeño en su historia.

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¿Y dónde ha ido a parar la «racionalización» de la industria azucarera del 2002? Al peor desempeño en su historia. (Foto: Oscar Alfonso Sosa)

Otros aspectos clave, cuya ausencia o tratamiento completamente superficial son inexplicables en estas medidas, son los siguientes:

Deuda Externa: el tema es tratado como algo marginal y poco importante, pese a que Cuba logró a mediados de la década pasada la negociación más exitosa que ningún otro país en la etapa (gracias a las expectativas que despertó la coyuntura fallida de la normalización de relaciones con EE.UU.). Pero, como apunta con su buen tino, el economista Juan Triana: «Lamentablemente fue mal aprovechado, y hemos vuelto a caer en una situación insostenible. La deuda eleva el riesgo país, daña las finanzas y enturbia el ambiente de negocios, eleva el costo financiero de cualquier operación mercantil».

Son múltiples los casos de pésima gestión y falta de profesionalismo que ha desembocado en materia de financiamientos, inversiones y proyectos. Se pregunta Triana en este orden de cosas: «Alguien ha sido sancionado por eso, por contribuir a que Cuba pierda miles de millones para su desarrollo? O nos ponemos a tono con el mundo o nos quedamos fuera de él».

Inversión extranjera: se continúa anunciando la cartera de oportunidades desde hace una década, con proyectos evaluados en 3000 o 5000 millones de dólares. El caso que le hacen las grandes empresas, capaces de aportar capital y tecnologías, brilla por su ausencia; a excepción de algunos sectores como: ron, tabaco, níquel y turismo ¿Cuántos se han logrado instrumentar o poner en práctica? Se cuentan hasta ahora poco más de 285 proyectos establecidos, casi todos con empresas extranjeras pequeñas o medianas, excepto algunos que se localizan en la ZDEM (Mariel), en la que operan cuarenta y nueve proyectos y veintinueve reinversiones.

La ZEDM es un proyecto que apenas logra despegar hasta hoy. Ejemplo elocuente es que en el primer semestre del 2022 únicamente se concretaron nueve negocios por veinte millones. Entre 2020 y 2021, solo cuarenta y siete negocios fueron aprobados, pero exclusivamente veinticinco de ellos se han establecido. Todas estas cifras son de una indigencia enorme, con escasa gravitación sobre el desarrollo del país.

El proyecto de dar luz verde a la inversión extranjera en asociación con las MPYMES viene —como es habitual— acompañado de muy diversas restricciones, incluyendo la prerrogativa del Estado de determinar cuáles son las prioridades que le interesan y cuáles no, lo que —una vez más— amarra las manos de las MPYMES en su articulación efectiva con el sector externo. El ministro de Inversión Extranjera y Comercio Exterior, Rodrigo Malmierca, promete nuevamente actualizar la legislación vigente (Ley de Inversión Extranjera del 2014) a «fin de eliminar obstáculos» que limitan el acceso a la inversión extranjera, noción con la que vienen especulando desde hace ocho años sin efectos positivos hasta el momento. El propio Malmierca debió reconocer el pasado diciembre que los resultados deseados «no han sido alcanzados».

La crisis energética por la que atraviesa el país fue objeto de algunas observaciones e ideas de menor importancia (que las personas compren equipos de energía solar, que ni el Estado mismo tiene suficientes para cubrir sus necesidades, o el uso más generalizado de biocombustibles). No hubo un debate medular que indicara el camino. Plantea con razón el economista Triana: «¿Acaso para crecer no hace falta tener un sector energético sólido, moderno, eficiente y estable? Entonces cómo se resuelve la ecuación pollo versus kilowatt/hora?». Conclusión elemental: simple y llanamente, sin semejante sistema, la totalidad del funcionamiento económico y social se estanca, se degrada, paraliza y tiende a colapsar.

El sistema electro-energético nacional (SEN) de Cuba continúa descansando —desde hace más de cinco décadas— en veinte termoeléctricas (y apenas un 5% aportado por otras fuentes). Sin temor a equivocarnos, se puede afirmar que todas ellas, que eran un montón de cacharros de viejas tecnologías ya en el momento de su instalación por la Unión Soviética, hoy están degradadas en extremo.

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Se puede afirmar que todas las termoeléctricas, que eran un montón de cacharros de viejas tecnologías ya en el momento de su instalación por la Unión Soviética, hoy están degradadas en extremo. (Foto: Néster Núñez)

Incluso las menos viejas, como Felton, Guiteras y Cienfuegos (tras su remodelación capital aportada por el chavismo), ya se han sumado a este desastroso estado. Excelente juicio al respecto proporciona el experto en la materia y conocedor directo del sistema cubano, Jorge Piñón, al razonar lo siguiente:

«When you keep running the equipment past its capital maintenance scheduled it falls into a downward spiral with no short-term solution» y advierte: «The announced scheduled blackouts are not insolidarity but rather a necessity to avoid a possible total collapse of the system». («Cuando el equipo sigue funcionando más allá de su mantenimiento capital programado, cae en una espiral descendente sin solución a corto plazo» y advierte: «Los apagones programados anunciados no son en solidaridad, sino una necesidad para evitar un posible colapso total del sistema»).

Es cierto también que Cuba ha acudido a Rusia en repetidas ocasiones en los últimos veinte años en búsqueda de las tan necesitadas modernizaciones capitales y nuevas plantas, encontrando solo promesas incumplidas hasta hoy; es verdad que el chavismo prometió villas y castillosen este terreno y apenas cumplió con la reparación de la termoeléctrica de Cienfuegos; y que los chinos han hecho —hasta ahora—, mutis por el foro en tan sensible tema.

No menos importante es destacar que en julio del 2016, Cuba firmó un memorándum de entendimiento con la firma alemana Siemens AG. De acuerdo a este documento, Siemens —en coordinación con las autoridades cubanas—, acometería el desarrollo de proyectos y provisiones de servicios en la generación de energía, transmisión y distribución; proyectos de energía renovable y automatización, además de aportar tecnologías para el suministro de energía y «futuras plantas de energía en Cuba».

Parecería sensacional, pero las autoridades de la Isla no han explicado hasta hoy por qué no se instrumentó semejante acuerdo. Lo mismo —si bien en menor medida— ha ocurrido con firmas británicas y españolas (parques eólicos con 100% de propiedad extranjera). Y, nuevamente, todo se diluyó en el tiempo por la pésima gestión empresarial a la que aludía Triana.

En abril del 2018 se anunciaba un posible acuerdo con la empresa francesa Total S.A. con vistas a re-gasificar (LNG) su SEN por semejante movida hacia el rediseño de una nueva política energética. El especialista Piñón congratulaba a los cubanos por semejante iniciativa. Cuatro años más tarde, ni un solo paso en esta dirección se había dado por Cuba, ni tampoco una explicación coherente. Y así llegamos al presente, donde presenciamos el cuasi colapso del SEN insular. Así se paga ahora este pésimo desempeño en materia de negociación y captación de IE, de capital y tecnologías.

Con estos antecedentes, la conclusión más atinada es la que el reconocido economista Humberto Pérez —asesor económico de Raúl Castro en otros tiempos, miembro del Buró Político y presidente de la Junta Central de Planificación entre 1970 y 1986—extendió en carta personal a Alejandro Gil Fernández, actual ministro de Economía y Planificación:

«Sólo te auguro, sin demasiado riesgo de fallar en este vaticinio, y deseando fallar, que veremos pasar el tiempo con un “cuartico que se mantendrá igualito” en lo fundamental, que nos llevará a valorar a estas 75 medidas actuales como un acumulado más de medidas insuficientes que nos conducen a un gran esfuerzo burocrático, pero que lo hoy aprobado, aunque puede renovar por el momento algunas esperanzas, no ha sido más que “más de lo mismo”, con la consiguiente pérdida sucesiva de cuotas de la confianza política que aún mantiene el gobierno entre la población».