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La solución no la tiene «el médico chino»

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Solución
(Foto: ADN)

En Cuba, cuando alguien quiere referirse a un asunto sin solución, afirma que «eso no lo cura ni el médico chino», lo cual significa, sin dudas, un reconocimiento a la medicina tradicional del oriental país.

Hace varios días se publicó en el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), que la Escuela Superior de Cuadros del Estado y del Gobierno de Cuba (Esceg) convocaba a una cincuentena de funcionarios de nivel ministerial a estudiar «el pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con particularidades chinas para una Nueva Era», impartido por la Academia Nacional de Gobernanza de China.

Tal anuncio resulta llamativo si se toma en cuenta que en las bases ideológicas del sistema político cubano, jamás se había considerado otra influencia extranjera que no fuera el marxismo-leninismo.

Una cosa es tener en cuenta la experiencia del desarrollo económico de China, o de Vietnam, países que han realizado profundas reformas económicas, traducidas en un crecimiento acelerado de sus economías y en un mejoramiento del ingreso per cápita y el bienestar de sus sociedades respectivas; aunque mantienen regímenes totalitarios que cercenan libertades democráticas.

Otra cosa, totalmente diferente, es desplegar una campaña para el estudio en Cuba, por parte de los funcionarios del Estado y el Gobierno, del pensamiento del actual líder de China, elevado en el último congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) a la condición de fundamento teórico del «socialismo con particularidades chinas en la Nueva Era».

En los Estatutos del PCCh, aprobados en su XX Congreso, se afirma que:

«(…) el Partido Comunista de China se guía en su actuación por el marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping, el importante pensamiento de la triple representatividad [aporte de Jiang Zemin sin nombrarlo], la concepción científica del desarrollo [aporte de Hu Jintao sin nombrarlo] y el pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con particularidades chinas de la nueva era».

Es decir, Xi no solo prolonga su permanencia en el poder al cambiar las reglas acordadas para limitarlo a solo dos períodos, sino que su nombre está inscrito en los estatutos, como el continuador teórico de Marx, Engels, Lenin, Mao y Deng.

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«Socialismo con características chinas»

La insistencia de los comunistas del milenario país en la defensa de un «socialismo con particularidades chinas», viene de la época en que Mao se impuso a los líderes determinados por la Internacional Comunista, a partir de lo que él y sus partidarios consideraban como incomprensión por parte del liderazgo de esa organización —y especialmente del liderazgo soviético—, respecto a las condiciones especiales que tendría la supuesta construcción del socialismo en un país atrasado y mayoritariamente rural y campesino como era China.

 Amparado en esta tesis, y ya en el poder, Mao conduciría a China por caminos muy diferentes a los adoptados en la Unión Soviética y otros países del llamado socialismo realmente existente. Después de la muerte de Mao, y al imponerse Deng Xiaoping en la lucha por el poder que le siguió, comenzó el programa Reforma y Apertura, que cambió notablemente la vida en aquella enorme nación.

China se abrió al comercio con el mundo y a las inversiones de capitales provenientes de países desarrollados, recibió transferencia de tecnología de vanguardia sobre todo para la producción industrial, desarrolló la agricultura, eliminó el racionamiento de bienes de consumo y su población mejoró notablemente el nivel de vida; aunque carecen de las libertades civiles que caracterizan a los países en que funcionan sistemas democráticos.

Como resultado de lo anterior, China es hoy la segunda economía más grande del orbe en términos del valor global de su Producto Interior Bruto (PIB); posee un PIB per cápita medido a precios constantes en un nivel medio-alto, de acuerdo a los estándares internacionales; es el primer exportador y el segundo importador mundial de bienes; el segundo receptor de inversión extranjera directa —detrás de Estados Unidos— y el cuarto inversionista —tras Estados Unidos, Alemania y Japón.

Es asimismo el país con mayores reservas monetarias internacionales. En el último informe sobre tecnología e innovación de la UNCTAD, ocupó el 25º lugar mundial en cuanto al índice de preparación para la tecnología más avanzada, pero es el primero en el ranking de investigación y desarrollo, el séptimo en el industrial y el sexto en el financiero.

Entre los diez bancos más grandes del mundo de acuerdo al total de sus activos, los cuatro primeros son chinos (Industrial and Commercial Bank of China, China Construction Bank, Agricultural Bank of China y Bank of China); mientras que por capitalización de mercado, entre los diez más importantes, cinco son chinos (Industrial and Commercial Bank of China 2º, China Construction Bank 5º, Agricultural Bank of China 7º, Bank of China 9º, China Merchants Bank 10º).

China es el segundo país con más multimillonarios del mundo en la lista Forbes, después de los Estados Unidos (607, incluyendo a los de Hong Kong y Macao). Dos de ellos: Zhong Shanshan y Colin Huang, están entre los veinte más ricos del mundo.

El país lleva cuarenta y cuatro años de reformas económicas, en las que a pesar de ciertos retrocesos en momentos puntuales, debidos a razones políticas, ha marcado una clara tendencia aperturista que lo hizo transitar de una agricultura totalmente colectivizada a una de gestión privada y libertad de mercados; de una industria por completo estatizada a la coexistencia de industrias estatales, mixtas y privadas, sin que las primeras sean necesariamente las predominantes.

Han florecido allí negocios privados de todo tipo; abandonaron los monopolios estatales de la banca y el comercio, tanto doméstico como exterior; la atracción de capital extranjero se dirigió al sector productivo, en especial exportador. En todo ese tiempo se superó el racionamiento de bienes de consumo que había existido desde la victoria comunista en la guerra civil, y el país dispone de un mercado de bienes y servicios en el que el Estado solo influye indirectamente a través de la política económica.

Según la agencia oficial china Xinjua, en 2021 existían 44,5 millones de empresas privadas frente a 10,8 millones en 2012. Y el sector privado aportaba más del 50% de los ingresos fiscales, más del 60% del PIB y más del 70% de las innovaciones tecnológicas, genera el 80% del empleo urbano y constituye el 90% de las entidades de mercado. 

Pareciera que el socialismo con características chinas —da igual si se trata de la nueva era o no—, es cualquier cosa menos socialismo.

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Xi Jinping y Fidel Castro. (Foto: AP)

«Socialismo cubano próspero y sostenible»

En Cuba, en cambio, los documentos programáticos del Partido Comunista en sus últimos congresos hablan de la necesidad de construir un «socialismo próspero y sostenible». A pesar de tal exhortación, no solo no se ha avanzado en esa dirección, sino todo lo contrario.

La dirigencia del Partido Comunista de Cuba (PCC) no ha sido capaz de implementar los lineamientos de política económica y social adoptados en el VI Congreso de esa organización y «actualizados» en el VII y VIII cónclaves.

La política económica continúa careciendo en la Isla de un enfoque sistémico, y parece destinada a apagar fuegos puntuales mientras continúa deteriorándose el nivel de vida de los cubanos hasta llegar a condiciones de subsistencia precarias. El nivel de ingresos promedio de la población no resulta suficiente para enfrentar la espiral hiperinflacionaria, que resulta de una persistente escasez de oferta, acompañada de una irresponsable reforma monetaria y cambiaria de precios, salarios y pensiones, que creó nuevas distorsiones en los precios relativos y la reactivación de un mercado informal de bienes y divisas que evidencia el sustancial deterioro de los ingresos reales.

Me he referido a estos temas en textos anteriores, y a pesar del riesgo de resultar reiterativo considero importante destacar que en los últimos treinta años la economía cubana ha profundizado su deformación estructural, se ha vuelto más dependiente y ha incrementado su vulnerabilidad externa. Todo ello deteriora a la par su capacidad de satisfacer las necesidades básicas de la población y de asegurar una adecuada inserción en el sistema económico internacional.

Los sectores productivos sufren el lastre de un colapso de más de tres décadas; afectados por obsolescencia tecnológica, escasez de capital, materias primas y combustibles. Golpeados por sistemas de gestión obsoletos, burocráticos y probadamente improductivos; así como por las restricciones que frenan el desarrollo de los sectores privado y cooperativo.

En medio de esta severa crisis, en la que también influye la persistencia de las sanciones económicas estadounidenses, pero agravada por los errores de política económica de la dirección partidista y gubernamental a los que me he referido en otros textos, se insiste en concepciones económicas dogmáticas que pretenden imponerse a contrapelo de las realidades evidentes. Entre ellas mencionaré algunas que considero fundamentales:

  • Insistir en el predominio del sector estatal en el sistema económico no garantiza su carácter socialista, sobre todo cuando no asegura la socialización real de los medios de producción en términos de capacidad de gestión o de control de la gestión de los supuestos propietarios colectivos.
  • Los monopolios estatales del comercio exterior, el comercio doméstico o la banca, no son necesariamente socialistas y su mantenimiento a toda costa frena el desarrollo de las fuerzas productivas, sobre todo cuando el sector público carece de recursos para asegurar su funcionamiento. Especialmente grave resulta que estos se relajen mediante un acceso discrecional a ciertos actores económicos, que podrían beneficiarse de manera privada de la información asimétrica o de vínculos personales, nepotismo y corrupción.
  • Insistir en la centralización de las decisiones económicas, sobre todo con medidas de carácter administrativo, no asegura el carácter planificado de la economía; por el contrario, conduce a consideraciones subjetivas, carentes de fundamento científico y, en consecuencia, a un desprecio de las condiciones reales que resultan evidentes en los mercados.
  • Imponer precios topados a los bienes, servicios o divisas, a despecho de las condiciones del mercado, no asegura la regulación estatal de la economía, sino que agrava los desequilibrios, potencia mercados informales y lejos de evitar la inflación, la fortalece en dichos espacios, lo que deteriora aún más la capacidad adquisitiva de los mercados.
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Los sectores productivos sufren el lastre de un colapso de más de tres décadas. (Foto: Yamil Lage/AFP)

¿La solución?

La solución de los problemas de la economía cubana no la tiene el «médico chino», mucho menos se encontrará en el «pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas de la nueva era».

La experiencia de países como China y Vietnam ofrece lecciones muy importantes de política económica, tanto en aspectos positivos como negativos, que han estado disponibles para la dirigencia cubana desde hace décadas. Es sabido que Fidel Castro desestimó en su momento ambas experiencias, dado su rechazo sistemático a la adopción de reformas que condujeran a una economía de mercado que debilitara el control estatal en ese ámbito.

Después de su salida del poder, la falta de decisión de una parte del liderazgo cubano y el rechazo de otra parte, impidieron la adopción de una reforma económica sistémica, orientada a favorecer los mercados y el emprendimiento productivo que, considerando los aciertos y errores de ambos procesos, habría permitido un transcurso paulatino de mutaciones con resultados económicos positivos.

En cambio, la inacción, el letargo y el estancamiento de la dirigencia insular han sido factores agravantes de los problemas económicos, han profundizado la fractura del contrato social y del consenso político. Expresión evidente de ello son las protestas sociales de 2021 y 2022 y la nueva estampida migratoria, que está produciendo una fatal sangría demográfica con severas consecuencias económicas y sociales a corto, mediano y largo plazos.  

En las condiciones vigentes de Cuba, no son suficientes las reformas económicas adoptadas en China y Vietnam. El actual andamiaje político e institucional es incapaz de asegurar la solución de los gravísimos problemas del país, que no son solo económicos, sino también políticos y sociales. Tampoco podrán ser resueltos desde el exterior. No los solucionarán nuevos convenios comerciales ni tratos favorables, ni deudas condonadas o prorrogadas.

La solución no puede ser otra que una nueva arquitectura institucional y política que surja del ejercicio real de la soberanía del pueblo, a través de una verdadera democracia, que va más allá del ejercicio electoral libre, pero que lo incluye.

Alertas sobre manipulación mediática en el contexto cubano

Manipulación

La manipulación mediática es un fenómeno tan antiguo como el surgimiento de los medios de comunicación, pero en los entornos contemporáneos, y particularmente en el cubano, adquiere características propias. En este texto se resumirán los principales elementos que pudieran alertar acerca de un contenido manipulador sobre Cuba, ejemplificado tanto con la prensa estatal como en la no estatal.

Los artículos se citan solo como casos de estudio. El señalamiento sobre un contenido manipulador no implica que toda la agenda periodística del medio comparta esas características.

Internet y manipulación mediática

Con la ampliación del Internet ha aumentado la pluralidad del discurso, en tanto entran en juego otros medios diferentes a los establecidos por los Estados o aquellos dependientes del gran capital. Asimismo, las plataformas digitales brindan amplias posibilidades para la producción comunicativa, pues abaratan los costos y permiten el trabajo a distancia. También se diversifican los modelos de gestión y financiamiento, que abarcan apoyos de organizaciones, publicidad, colaboración de los consumidores o voluntariado de los productores.  

Sin embargo, dicha diversificación no está exenta de riesgos y contradicciones, como la desprofesionalización del ejercicio periodístico y la saturación de información de dudosa veracidad, al carecer del respaldo de una institución mediática que necesite cuidar su prestigio.

En el contexto cubano este fenómeno se complejiza. Desde 1965, el Estado ha mantenido el control absoluto sobre los medios de comunicación tradicionales. No fue hasta  2009, con el acceso autorizado a Internet, que empezó un proceso paulatino de diversificación en el panorama mediático en la Isla. Actores de diverso signo político e interés entraron a los entornos digitales con espacios como  blogs, medios de comunicación o páginas en redes sociales.

Este escenario ha sido muy propicio para la polarización, pues desde el gobierno cubano se criminaliza cualquier ejercicio de prensa crítica fuera de las instituciones estatales, mientras su vecino del norte apoya con fondos dedicados al cambio de régimen a varios medios opositores, lo cual aumenta la sospecha sobre la independencia de sus agendas. Ambos luchan por ganar un público y han apelado en ocasiones a recursos manipuladores.

Manipulación

Editorialización de hechos poco relevantes con titulares sensacionalistas

Los textos periodísticos con tales fines buscan generar desde el titular un efecto directo en la audiencia, más allá de la relevancia de lo abordado. Aunque es válido el uso de rótulos atractivos, si estos no están acompañados de un análisis que justifique lo significativo del hecho, se puede estar en presencia de un acto de manipulación mediática.

En la prensa estatal se identifican ejemplos de triunfalismo para demostrar la eficiencia del modelo, con títulos como «Sobrecumplen campaña del mango en Conservas Granma», publicado en el órgano oficial del Partido Comunista. En el texto se evidencia que el «sobrecumplimiento» fue de un 5,1%, y no se analiza cuál es la demanda del producto y qué efectos reales tendrían los resultados para garantizar el abastecimiento del mercado.  

Por su parte, en los medios de la oposición se encuentran cabezales como «¡Descarados que son todos!: Pinareña explota en una cola por escasez y acaparamiento». La única fuente de información es un video de menos de un minuto tomado en una cola, sin que se explique quién es la acusadora, ni si solicitó hacer pública la denuncia, si el medio intentó contactar con ella, si es algo recurrente en el lugar o se trata de un caso puntual.  

Sin contraste de fuentes, criterios ni argumentos

El contraste de fuentes constituye una de las bases principales del periodismo riguroso. Teorías como la del encuadre niegan que sea posible la objetividad periodística absoluta, mas presentar solo parte de la verdad y omitir factores necesarios para la total comprensión, puede alertar sobre manipulación mediática. Es lógico que la mayoría de los medios inclinen la balanza hacia la postura con la que se sienten más identificados, pero un texto riguroso debe exponer la mayor diversidad posible de datos y argumentos.

Como ejemplo de esta forma de manipulación puede asumirse el artículo «Los sucesos del 11 de julio fueron gestados, organizados y financiados desde EE. UU.», publicado en Granma. El autor desconoce las causas internas del estallido social, como el aumento de la desigualdad o la desprotección de comunidades vulnerabilizadas, lo cual incluso tuvieron que reconocer las autoridades cubanas.

Desde el otro extremo, el  texto de CiberCuba «OCDH: El 11J derrumbó la idea propagandística de que Cuba es el paraíso de los derechos sociales», desecha presiones externas como las sanciones norteamericanas y el trabajo de agencias de ese país para el cambio de régimen en la Isla.

Uso de elementos emocionales por encima de los racionales

El sentimiento por encima de la razón es  una de las características más relevantes de la llamada posverdad. Más allá de exponer un hecho con sus matices y apego a la realidad, se busca generar sentimientos de empatía o antipatía hacia sus protagonistas. Habitualmente estos recursos emocionales solo refuerzan un estado de opinión preestablecido en las audiencias, aun cuando se contraponga a un acto o situación constatable en la realidad.

En una producción periodística de este tipo se acude a adjetivaciones excesivas y al uso de palabras con fuerte carga afectiva: amor, odio, dolor, fuerza, llanto, y es frecuente utilizar niños, madres o ancianos para conmover –más que informar o educar– a las audiencias, en vez de aplicar análisis complejos a variables que influyen en las problemáticas sociales.

En medios estatales cubanos puede verse como ejemplo la identificación del amor con quienes defienden el sistema político y el odio con quienes disienten, una generalización basada en  sentimientos humanos no necesariamente identificables con una postura política. En medios de oposición es común el uso de las vicisitudes de las madres cubanas en contextos de precariedad, recreándose en sus problemas para proveer a los hijos de alimentos o aseo, como intento de capitalizar su dolor en contra del gobierno.

Manipulación

Demonización deshonrosa del oponente

La política contemporánea tiene entre sus características principales el enfrentamiento entre proyectos políticos. ingún medio de comunicación está exento de esta dinámica; sin embargo, la forma en que se aborda el conflicto con el oponente es clave para entender cómo dichos espacios pueden alentar un debate racional que señale de forma respetuosa los puntos débiles de las ideas del contrario o, en cambio, alimentar una polarización extremista, asentada en prejuicios sociales, burlas u ofensas para descalificar al otro.

En medios de comunicación afines al gobierno cubano suelen aparecer términos como gusano o lacayo para aludir a los opositores. En los de la oposición pueden encontrarse de forma recurrente chivato u oficialista para identificar a personas defensoras o vinculadas al sistema político de la Isla. En influencers de ambos bandos hay ejemplos de homofobia, gordofobia y sexismo para rebajar a las figuras que enfrentan.

Descontextualización

Como su nombre indica, se trata de extraerles el contexto a las narrativas mediáticas relativas a fenómenos sociales, testimonios o actitudes políticas. Intencional o no, es considerada una forma de desinformación porque mutila las circunstancias en que se desarrolló la información presentada y deja al consumidor del contenido sin suficientes nociones para una valoración crítica de lo ocurrido.

Durante la pandemia de Covid19 en Cuba circularon varios audios con un mensaje alarmista, que fueron reenviados por plataformas de mensajería en línea. No informaban cómo, dónde y cuándo fueron grabados. Se trataba de mensajes que generalizaban situaciones a partir de pocos casos, exponiendo información pseudocientífica o cuestionando sin pruebas las cifras oficiales.

El más conocido fue el de una supuesta bióloga que llamaba «crimen colectivo» a las políticas sanitarias que aplicó el gobierno cubano y predecía una situación cuasi apocalíptica con la pandemia. Ejemplo de correlato mediático con dichas características fue un texto del medio opositor CiberCuba, el cual se hace eco de ese audio sin debatir su origen o intencionalidad.

También se ha evidenciado en medios estales la práctica de cortar testimonios de periodistas u opositores al gobierno, sin darles oportunidad de matizar o explicar sus palabras ni las circunstancias en que se realizaron las entrevistas. Así ocurrió recientemente en el reportaje especial trasmitido por la televisión cubana en relación con El Toque, cuyos colaboradores aparecieron en la pantalla reconociendo que habían cobrado por su trabajo para que luego, en el mismo espacio, fueran llamados mercenarios.

Manipulación

De medios, mediaciones y recepción activa

El teórico de la comunicación Jesús Martín Barbero, en la temprana fecha de 1987, anunciaba en su obra De los medios a las mediaciones un cambio de paradigma en la relación de la ciudadanía con los medios de comunicación. La preocupación teórica a finales del siglo pasado y al inicio del presente deja de centrarse en los emisores para volcarse en cómo las personas consumen y comparten la información proveniente de múltiples fuentes que trascienden el sistema de prensa tradicional.

Como bien apunta el profesor cubano José Ramón Vidal, la lucha contra la producción de contenido engañoso no dará muchos frutos en la nueva dinámica comunicacional del siglo xxi, pues siempre encontrará manera de salir a flote. La preocupación de quien pretenda promover la emancipación debe centrarse en el empoderamiento de sujetos críticos que puedan asumir una postura activa hacia ellos. Así afirma en un texto publicado en la revista académica Alcance:

«La calidad de estos contenidos va a depender sobre todo de las capacidades de quienes estén detrás de los dispositivos tecnológicos. Su visibilidad resultará más complicada en medio de una superabundancia de ofertas, pero hay maneras de lidiar con ese reto si se adquieren las destrezas necesarias y se logran aglutinar las comunidades interpretativas afines a esas propuestas».

Pablo Milanés, la voz del país imaginario

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Pablo

Ha muerto Pablo Milanés y con él un pedazo de la Cuba que vive en mi mente. Lejos del país que amo, la Isla es una balsa imaginaria y cálida que me aferra al Caribe y al dolor. Pablito es parte importante de ese espejismo y su obra, al menos para mí, la banda sonora del arsenal espiritual que me une a esa nación adorada y maldita.

He decidido hablarle en primera persona, como si estrechara su mano, como quien habla a un amigo antiguo, porque así le siento.

Pablito, a ese último concierto que diste en La Habana, yo quería llevar a toda la gente que amo. Pudieron acompañarme unos pocos, y por nuestra condición de disenso político, detrás de nosotros, cual perros de caza, acechaban los agentes de la Seguridad del Estado que regularmente nos acosan. Imagino entonces cuántos te vigilaban a ti, y bajo cuánta coacción cantaste esa noche. Ello me hizo valorar el amor que sentías por tu pueblo y la necesidad de despedirte de él, aunque fuera con un cuchillo en el cuello.

 Recuerdo que cantaste Pecado original y corrí a abrazar a Maykel González Vivero, porque estábamos en medio de la lucha por el matrimonio igualitario. Esa canción tuya fue, al menos para nosotros, el himno de la conquista de un derecho fundamental que se materializó días después con el Código de las Familias. Que decidieras incluirla en tu repertorio en ese concierto puntualmente, fue un gesto que la sociedad civil cubana y en especial el movimiento por los derechos LGBTIQ+ no dejará de valorar.

Cantaste también No ha sido fácil y se la coreamos a nuestros represores: «Soy como quisieron ser/ pero tratando de ser yo/ ni menos mal, pero en verdad, ni menos bien// No ha sido fácil tener/ una opinión, que haga valer mi vocación/, mi libertad para escoger». Recuerdo que les gritamos: «Pablo es nuestro y las narrativas de sus canciones también», y que nos paramos a cantar y ellos se sobresaltaron y pusieron en posición de alerta, como si con tus canciones, Pablito, los fuéramos a apuñalar, o pudiéramos tumbar con notas musicales el autoritarismo.

En ese concierto también miré al amor que duele a los ojos: «Qué gloria te tocó, / qué ángel de amor, que has renacido.// Qué milagro se dio cuando el amor volvió a tu nido». Sabía que me estaba despidiendo del amor de mi vida y se lo dije con tu voz. ¿Será que eres el amor de mi vida?

Lloré además por los amigos que se fueron, por los que quisiera ver para saber que soy humana y vivo y siento por mis hermanos; y me tocaste, Pablito, me tocaste cada fibra de patriota que anhela que su pueblo renazca de su ruina y paguen su culpa los traidores.

Recuerdo que una maestra que tuve me dijo que el Santiago de Yo pisaré las calles nuevamente era Santiago de Cuba, y en ese engaño viví hasta que muchos años después vi un video en que dedicabas esa canción a Miguel Enríquez. Entendí que La Moneda era en Chile y que tú le cantabas a ese pueblo, pero aun así evoco las calles de lo que fue nuestro Santiago ensangrentada, a fin de cuentas la sangre es del mismo color en las calles de Cuba o de Chile.

Me sobrecoge que tu obra no solo aborde el amor carnal, sino otros amores que yo venía sintiendo fuerte y que son acaso más nobles e ingratos: a la libertad, la dignidad humana y la justicia social. Entiendo hoy, Pablito, que tú tienes doble mérito: el de impulsar y cantarle a un proyecto noble y hermoso como fue la Revolución cubana en sus inicios, y el de sufrir en tu piel la represión y los horrores de una revolución que degeneró en autoritarismo, por no callarte jamás ni ceder ante ninguna prebenda de la burocracia.

Cuando era niña, cada mañana despertaba con tu voz. El noticiero radial de mi pueblo iniciaba con tu interpretación de Comienzo y final de una verde mañana y yo, semidormida, remolona y pequeña, abría los ojos con el beso de mi madre, mientras me acariciabas el pelo con un: «Déjame despertarte con un beso,/ en la verde mañana que te espera…». Hoy despierto lejos de esa isla que amo, y tu narrativa me atraviesa el corazón y quisiera poder decir: «Yo me quedo, / con todas esas cosas,/ pequeñas, silenciosas», pero como tantos miles de cubanos, no pude quedarme y pesa sobre mí la amenaza de no poder volver.

No obstante, sé que en allí a una no se le queda el cuerpo, pero sí el pensamiento y el corazón. Nadie se va de la Isla, porque hay tanta Cuba afuera y duele tanto la de adentro, que nuestro pueblo, cual nómada o gitano, ha construido un país imaginario sustentado en cosas intangibles, como tu voz.

Hoy me atrevo a resignificarte pues sé que la limpieza de tus ideas estaba en toda la frase «será mejor hundirnos en el mar,/ que antes traicionar/ la gloria, que se ha vivido». Esa no es la gloria de los burócratas y los corruptos, es la gloria del pueblo que quemó Bayamo antes de entregar su suelo al colonizador.

Por ese tipo de gloria, de Cuba soberana pero sin autoritarismos ni dominación, yo también me hundo en el mar. Tú estabas claro, Pablito, supiste discernir entre Cuba y sus captores; y seguiste cantándole a la patria a pesar de que ellos te encerraran en los campos de concentración que fueron las UMAP.

Quisiera despedirme cantando y creo que tú mismo escribiste tu propio epitafio: «Los días de gloria cerraban esperas, / abrían ventanas, donde iban entrando dolores de antaño hacia el porvenir.// Qué es lo que me queda de aquella mañana,/ de esos dulces años, si en ira y desgano los días de gloria los dejamos ir».

Gracias, querido Pablo. El mundo te llora. Nada fue en vano.

Hasta siempre, querido Pablo

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Pablo Milanés
(Foto: Kaloian/OnCuba)

Nuestro Pablo Milanés ha muerto. Con su partida, la cultura cubana pierde uno de sus pilares más robustos y queridos. El equipo de LJC se suma al duelo de gran parte del pueblo cubano y le rinde sencillo y agradecido homenaje recordando una de sus letras. Hasta siempre, querido Pablo.

***

El tiempo, el implacable, el que pasó
Siempre una huella triste nos dejó,
Qué violento cimiento se forjó
Llevaremos sus marcas imborrables.

Aferrarse a las cosas detenidas
Es ausentarse un poco de la vida.
La vida que es tan corta al parecer
Cuando se han hecho cosas sin querer.

En este breve ciclo en que pasamos
Cada paso se da porque se siente.
Al hacer un recuento ya nos vamos
Y la vida pasó sin darnos cuenta.

Cada paso anterior deja una huella
Que lejos de borrarse se incorpora
A tu saco tan lleno de recuerdos
Que cuando menos se imagina afloran.

Porque el tiempo, el implacable, el que pasó
Siempre una huella triste
Nos dejó.

Código penal: Mía es la venganza

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Código Penal
(Ilustración: Raúl Arias/El Confidencial)

El Antiguo Testamento recoge esta frase del dios de los judíos: «Mía es la venganza» (Hebreos, 10:30), que puede ser entendida, al menos, en dos sentidos: 1) Soy un dios vengativo y cruel, no me provoques. 2) Nadie que no sea yo está autorizado para la venganza.

Los humanos, y en particular esa creación suya que es el Estado, han desestimado el segundo sentido de la expresión y se han apropiado del primero. A lo largo de la historia y en todas las geografías, particulares e instituciones han hecho abundante uso de ella, en sus varias gradaciones, en ocasiones con el aplauso generalizado y hasta como marca identitaria de ciertos grupos.

La más violenta y definitiva forma de venganza es la muerte; también la única que, una vez aplicada, es irreversible. A lo largo de los siglos la venganza, en particular la de la muerte, ha dejado de ser un atributo individual para serlo de los Estados, quienes, cual si fueran la encarnación del dios de la justicia, se han adjudicado la potestad de castigar. Y de matar.

Con el desarrollo de las luchas por los derechos humanos, el primero de los cuales es la vida, poco a poco los Estados van dejando esa vocación de divinidad y renuncian a su prerrogativa de matar; unos eliminándola definitivamente por ley, otros reservándola para situaciones extraordinariamente graves, como los crímenes de guerra. En el siglo XXI son cada vez más los países que, de hecho o de derecho, abandonan la pena de muerte.

Entre los que la mantienen y aplican con regularidad se cuentan Afganistán, Arabia Saudita, Argelia, Bangladesh, Birmania, China, Irak, Irán, Malasia, Pakistán, Rusia y algunos estados dentro de los Estados Unidos.

Como he señalado en otro momento, la tradición constitucionalista republicana de Cuba hasta 1976 era clara en cuanto la aplicación de la pena de muerte. La Constitución de 1901, la primera, prohibía expresamente aplicar la pena de muerte por delitos políticos. La de 1940, por la cual muchos cubanos murieron entre 1952 y 1959, también prohibía la pena de muerte, excepto para los miembros de las fuerzas armadas, por delitos de carácter militar, y para las personas culpables de traición o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera.

La Constitución de 1976, en cambio, era ambigua. No se pronunció al respecto, con lo cual daba lugar a dos interpretaciones muy diferentes: a) No debía haber pena de muerte en ningún caso; 2) los legisladores podían actuar según su leal saber y entender.

La Constitución de 2019 repite la ambigüedad de la que sustituyó. Sin embargo, su artículo 46 prescribe, a la letra: «Todas las personas tienen derecho a la vida, la integridad física y moral, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz, la salud, la educación, la cultura, la recreación, el deporte y a su desarrollo integral». Con ese artículo, la referida ambigüedad queda salvada y deja una única interpretación posible a la omisión: La pena de muerte es inconstitucional en Cuba.

La Constitución que clasifica al Estado cubano como Estado socialista de derecho (lo que significa que su poder y su actividad están regulados y garantizados por la ley, y nadie, sea el presidente del país, sea el más humilde ciudadano, está exento de cumplirlas) no contiene la pena de muerte y establece el derecho a la vida.

 

Código Penal

Es de conocimiento común que la constitución es la ley suprema de un país y ninguna norma legal puede estar por encima de ella. No obstante, la Asamblea Nacional aprobó en 2022 un código penal donde la pena de muerte aparece más de veinte veces, la mayoría de ellas referidas a delitos de carácter político.

Si yo, que no soy especialista, observo en ello una contradicción, ¿cómo es posible que nuestros legisladores no la vean? Solo encuentro una respuesta: No desean verla.

El presidente del Tribunal Supremo Popular expresó la razón de no verla, en respuesta al único, muy tímido, planteamiento divergente durante la sesión de aprobación: «El país necesita la pena de muerte».

Nadie preguntó a los cubanos si apoyamos la pena de muerte o no; por tanto, el presidente del Tribunal Supremo Popular no habló por nosotros, sino por el gobierno. En su respuesta, «país» es «Estado», no «ciudadanos», «pueblo» o «habitantes». Es decir, según este funcionario público, el Estado cubano necesita la pena de muerte. Como dios supremo, por su boca el Estado declaró: «Mía es la venganza».

Esto implica un retroceso de más de cien años en relación con la legalidad implantada por la primera Constitución cubana.

El código penal y su paso sinuoso frente a nosotros

Dado que la pena de muerte no está contenida en la Constitución del país, y que el artículo 46 protege el derecho a la vida, si el Estado que se proclama como de derecho deseaba incluirla en el código penal, su obligación era someterla a plebiscito. Hubiera sido un ejercicio democrático importante realizar ese plebiscito y dar la oportunidad de exponer sus argumentos tanto a los defensores como a los opositores a la única sanción penal no reversible, en la cual los errores no tienen subsanación.

La práctica ha demostrado que en Cuba un ejercicio así no es concebible, a pesar de ser procedimiento habitual en cualquier democracia, incluidas las más débiles. Sería la primera vez que se diera oportunidad de expresarse públicamente a los opositores a alguna medida gubernamental, y ello no tiene precedente en seis décadas, salvo en los ejemplos citados de la oposición al artículo 68 constitucional y el código familiar.

En cambio, se movilizaron recursos materiales, humanos y financieros millonarios para la promoción de un código familiar con suficientes elementos para distraer la atención de la población, incluido el plebiscito después de aprobado por la Asamblea Nacional.

Código Penal

Que el código penal apenas llamara la atención fue logro de sus propugnadores, pero ello no quedará sin consecuencias: Las fuerzas homofóbicas más radicales, las contrarias a que la mujer ocupe el lugar que por derecho propio le corresponde en la sociedad, las opuestas a la educación sexual o al carácter laico de la república, fueron las verdaderas vencedoras. Unos y otros lo saben.

No se trata solo de que los opositores al gobierno deberán enfrentar penas más duras como consecuencia de sus actos. Se trata de que muchas conquistas de la república, obtenidas en ciento veinte años de existencia, están en peligro.

Aunque el objetivo se cumplió y las discusiones sobre el código familiar distrajeron la atención de la población, la presentación del código penal ante la Asamblea Nacional significaba una visibilidad imposible de evitar. Puesto que la pena de muerte no es constitucional, tanto por no estar recogida en la Constitución como porque el derecho a la vida está protegido expresamente en el artículo 46, y visto que algunos diputados se han declarado cristianos, cabía esperar una extensa discusión en el considerado órgano supremo del poder popular.

¿Cómo salvar ese escollo?

Ante todo, en un verdadero Estado de derecho, y en circunstancias normales, dicho código penal ni siquiera habría pasado el escrutinio de la comisión encargada de dictaminar sobre el proyecto. De haber pasado, no habría sido aprobado, o se hubiera eliminado de él cualquier mención a la pena de muerte. Ello no ocurrió; en su lugar, se produjeron varias irregularidades:

Primera irregularidad: El diputado Toledo Santander, encargado de leer el dictamen de la comisión parlamentaria correspondiente, citó al inicio de su lectura el artículo 46. En la lectura omitió ex profeso el primer derecho proclamado en el artículo: el derecho a la vida.

Afirmo que lo hizo ex profeso, y no accidentalmente, porque el texto del dictamen no fue improvisado, sino escrito, impreso y distribuido entre los diputados. Además, en razón de su cargo, es de suponer que conoce de memoria el artículo citado, y que por su profesión de jurista sabe que al citar un artículo no se hacen saltos si no se declaran en el lugar correspondiente.

Segunda irregularidad: De la mesa directiva de la Asamblea nadie llamó la atención al diputado Toledo Santander acerca de la mutilación del contenido del artículo 46.

Tercera irregularidad: Ninguno de los diputados presentes, que tenían ante sí el texto impreso del dictamen, realizó observación alguna al respecto. Una grave inferencia de esto último sería que ninguno conoce el texto del artículo 46. O la Constitución vigente.

¿Será que la omisión se produjo precisamente porque los impulsores de la pena de muerte sabían que el artículo 46, leído íntegramente, podía provocar la discusión que no se deseaba? ¿O es mera coincidencia?

Cuarta irregularidad: Una diputada, con mucha timidez, expuso su duda como cristiana, en virtud de los mandamientos fundamentales de su religión. De inmediato, el presidente del Tribunal Supremo Popular respondió con la frase antes citada: «El país la necesita». La diputada se dio por satisfecha y nadie más se refirió al tema.

Código Penal
José Luis Toledo Santander es el presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular. (Foto: Juventud Rebelde)

¿La pregunta fue hecha para que se oyera la respuesta? ¿Basta la simple afirmación de que «el país (el Estado) necesita» algo para que sea aceptado como bueno por los diputados que conforman la Asamblea Nacional? ¿Se procede así en un Estado de derecho?

Llamo la atención hacia la circunstancia en que la aprobación del código penal ha colocado a la propia Asamblea Nacional y a todo el sistema jurídico del país: En Cuba no existe tribunal de garantías constitucionales. Según la Ley de amparo de derechos constitucionales aprobada por la Asamblea Nacional, la declaración de inconstitucionalidad de las leyes y otras normas jurídicas «es facultad exclusiva de la Asamblea Nacional».

Esto significa que nadie tiene derecho a pronunciarse contra el código penal, por inconstitucional que sea, pues el órgano que lo aprobó es el único facultado, por él mismo, para declararlo inconstitucional. En otro país tal vez cabría la fórmula de disolver el parlamento y convocar a elecciones, pero en el nuestro no existe el órgano con potestad para ello.

Mucho se habla sobre si el Estado cubano es fallido o no. Realmente, no me interesa esa discusión. Para mí, lo verdaderamente grave es que la situación creada con la aprobación del código penal lo sitúa como Estado anómico: Hay una situación de desacato constitucional, pero no existe medio legal de superarla, pues quien desacata es quien decide sobre el desacato.

Y hablamos de la ley mediante la cual se aplican castigos a la actuación del individuo. El ciudadano está desamparado ante posibles aplicaciones atentatorias contra sus derechos, incluido el principal de todos, el de la vida.

Con la puesta en vigor del código penal, la Constitución, apenas nacida, ha sufrido una herida de muerte por quienes juraron defenderla. Y el camino a la ciudadanía plena está cegado para los cubanos.

Método

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Método
(Ilustración: Brady Izquierdo)

—Ay, doctor, aquí le traigo a mi marido a ver si averigua lo que tiene. No hace más que mirar a un punto fijo que se pierde en los confines del horizonte, dice él que en el futuro.

—Es un padecimiento común. Comienzan por creerse lo del futuro luminoso. Luego llegan los apagones, el desencanto, la desesperanza.

—Mucho antes de cumplir los sesenta, comenzó a ver la Mesa Redonda, más tarde le entró a los noticieros, y terminó por leerse todos los diarios de circulación nacional. La circulación como que empezó a tupírsele.

—Esperó demasiado para traerlo. Los anales de la medicina no reportan caso semejante. ¿Desde cuándo está así?

—Hace unos días prendió la televisión…

—Si la cosa viene de jornadas atrás, no es difícil entenderlo. Yo mismo caí en un profundo estado de meditación cuando vi que el presidente se iba a una gira de once días por cuatro países. Nunca soñé que fuera a extrañarlo. De pensar que en su ausencia lo sustituiría el vice, y que este dejaría descabezado el país para viajar a Artemisa…

—Pobre presidente cuando se entere. Bastante tiene con la preocupación de que su esposa, con ese velo verde que le cubre la cabeza, se ha convertido al islamismo de tendencia ecológica.

—Turbados deben estar los habitantes del Magreb. En los acuerdos conjuntos firmados con el presidente Abdelmadjid se habla de que Cuba apoyará a Argelia en la próxima zafra.

—Dígalo bajito, doctor. Si mi marido oye eso, capaz de que le baje el azúcar.

—¿Él leyó u oyó algo que haya desencadenado ese estado, digamos, vegetativo?

—Vegetativo de qué, si oyó que, tras veinticinco años de ser «pionera en la apuesta por la agricultura ecológica», «la mayor de las Antillas es referente en este campo», y que por ello ganamos el honor de organizar un congreso internacional de agroecología… Horas antes había comprado un mazo de lechuga en cien pesos.

—La agroecología se fundamenta en la agricultura tradicional y la tracción con bueyes. Y a falta de abonos químicos, adquiere valor la mierda.

—Sobre todo la que se habla.

—A pasos acelerados vamos de regreso al conuco. Tomará importancia saber si nuestros genes provienen de los guanajatabeyes o de los ciguayos. Y con el precio al que han subido los rones, nos veremos impelidos a fermentar yuca y tomar cusubí. Puedo darle la receta.

—Mire cómo se babea cuando oye hablar de soberanía alimentaria… Le di un artículo de Fernando Buen Abad para que me tradujera qué quiso decir ese con «ambigüedad salivosa», «campos semánticos», «nichos de obsecuencia» y «vahos de intransigencia individualista». El remedio fue peor que la enfermedad. Comenzó a convulsionar cuando leyó, a propósito de nuestros enemigos, que «eso que les queda como agenda político-económica será dirimido a tirones de egolatrías lenguaraces domesticadas para fabricar eufemismos que camuflan, de mil maneras, el odio de clase burgués».

—Ambigüedad salivosa, sí. Cualquier glándula muta hacia un coma lacrimoso.

—¿Cree que haya algún remedio, doctor?

—¿Para su marido?

—No, para Cuba.

—Paciencia, mujer. «Muchas de las transformaciones que nuestro país realiza como parte de la actualización de su modelo económico y social son precisamente para ir recuperando de modo progresivo esa relación lógica tan dañada que debe existir entre el trabajo, su valor real y remuneración, el aporte individual y colectivo, y la magnitud y certeza de poder alcanzar nuestros sueños, sean materiales o no». Lo ha dicho Trabajadores.

—Cosa linda.

—Queda poco además para que el primer secretario regrese de su gira. La situación del pan de la libreta presupone algún acuerdo con Rusia para que compense la harina que perdemos con Ucrania. Es de esperar que el curso de la Ñico López sobre el legado transformador de Xi Jinping se lo adelanten a Canel, este vuelva de China con alguna que otra idea, aproveche las veinte horas de vuelo en pensar como país, mire por la ventanilla y ponga la cara que ahora mismo tiene…

—¿El país?

—Su marido. De nada vale que le llene un método con antidepresivos cuya ausencia lo deprima. Convendría lo alegrara con una buena noticia, como la entrada triunfal de una nueva central flotante para la generación eléctrica.

—Ay, doctor. Capaz de que me diga que nos están metiendo otra turca.

En cualquier dinastía

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Dinastía
(Foto: Néster Núñez/LJC)

La primera foto que le hice fue un contraluz que me pareció decente. Después le pedí permiso y como no respondió, cambié de ángulo y seguí disparando.

—Voy a quedarme hasta que pesques algo —dije.

Quitó la vista de las ondas del río, del reflejo del manglar y de las nubes en el agua, para advertirme:

—Ahora tú te pones a buscar un pescado y no lo ves nunca. Entonces de buenas a primeras: ¡Ño, míralo ahí! Porque es así, es como la muerte: llega en el momento que él quiera y a la hora que quiera.

«Mi nombre es Sergio Pérez Torres, pero en La Marina tienes que preguntar por El Cangrejo, que es como me conocen por ahí». 

Eso me lo dijo luego de tres horas de silencio, de caminar de ida y vuelta sobre el muro del Yumurí, de apuntar a una sombra en el agua que yo nunca veía, de disparar, de recoger la pita con la flecha, de sentarse únicamente para recargar la ballesta.

Dinastía
(Foto: Néster Núñez/LJC)

El sol picaba durísimo, pero Sergio no se quejaba. Con su gorra de medio lado seguía buscando un peje. Viéndolo, me sobrepuse al calor y la sed. A su imagen y semejanza me convertí en cazador también, pese a la diferencia brutal de las dos opciones: yo iba detrás de su historia, él perseguía la comida de esa noche.

«Si yo te digo mi grado de escolaridad tú te caes para atrás. Yo lo que tengo es sexto grado. Llegué hasta octavo, pero eso es sexto grado. No pude estudiar por problemas familiares. Mi mamá me parió muy chiquita, a los catorce años. Somos cinco hijos y yo tuve que cargar con mi hermano y mi hermana que son los que me siguen. En ese momento mi papá era alcohólico, por suerte ya no. Hace como quince años dejó de beber después de una sirimba que le dio. Yo no estudié, pero soy una gente que ha leído mucho».

Me dice eso porque le pregunté a quién le compró la ballesta, y me dijo que la hizo él mismo.

Dinastía
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Habrá pensado que no le creí, porque se rió y me dijo, acariciando el cabo tallado de la ballesta: «Yo soy como Da Vinci. La gente dice que Da Vinci fue un inventor: no, no fue un inventor. Da Vinci perfeccionaba los inventos que él captaba de otras personas».

Da una calada al cigarro. Mira unas burbujas que salen del agua. «Eso es una lisa, pero chiquita». Después retoma la idea:

«De todas las personas con las que he andado, yo capto lo bueno, no lo malo. Porque yo lo malo no lo capto por nada. Yo tengo mis lados oscuros como los tiene todo el mundo, pero los míos, no los de Periquito Pérez ni los de Ciclanejo. Yo capto lo bueno.

Soy un tipo que sé hacer de todo. Tengo un oficio que en cualquier parte del mundo es bien pagado: soy albañil. Dice la gente que de los buenos de verdad. Y soy zapatero, soy artesano, para qué decirte. Yo soy un tipo que le tira el ojo a cualquier cosa y te lo capto en cinco minutos».

Dinastía
(Foto: Néster Núñez/LJC)

—Y si no pescas nada hoy, ¿qué haces?

—Si no pesco nada ahora, agarro los botellones, las piedras de fosforeras, mis utensilios y echo a andar… ¡Fosforero, se llenan fosforeras! Y ya, vivo de eso. Vivo de esto y de aquello. Yo lo que no puedo es robar. Pero mientras pueda trabajar con mis manos, olvídate de lo demás.

La marea ha subido. «Últimamente se pesca más con la llenante que con la vaciante, cosa que no debe ser así», me ha dicho. Entonces hace un gesto para que lo siga. Dejamos el muro atrás. Se mete en un hueco entre los mangles. Hay un buen lebrancho dando vueltas, pero no le da el tiro. Se mueve muy rápido y profundo, detrás de la hembra, dice. Yo lo que veo es la estela que deja en el río. —¿Es eso, es eso ahí?, pregunto. Sergio sonríe. —Ya por ahí pasó. Está allá adelante. Pero ese regresa ahorita.

«El todo de un ballestero es la vista y la ecuanimidad», afirma. Ahí es cuando me río yo, sin malas intenciones, por la palabrita. Él se da cuenta:

—Te dije que yo tengo sexto grado, pero he sabido captar lo bueno. Quien me enseñó mucho de lo que sé sobre este oficio fue XXXX. De él aprendí a ser ecuánime, tener paciencia, esperar el tiro perfecto.

Dinastía
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Manao fue uno de los primeros ballesteros aquí en Matanzas, un tipo increíble. Cuando armó su primera ballesta —artesanal, un pedazo de palo rebajado a machete, no como la de Sergio—, se fue para el río San Juan. Como trabajaba en comunales tenía unas cajas de madera que desarmó, les amarró piedras de distintos tamaños para que se hundieran, y empezó a tirarles.

Cuando le dio a quince o veinte se fue para el puente de la circunvalación, hasta allá entraban los robalos en aquel tiempo, y esa vez cogió cuatro. Los ballesteros que estaban ahí recogieron y se fueron. Sí, Manao era un tipo tremendo. Es, porque todavía está vivo, aunque tiene como noventa años.

—¿Y ya no entran robalos al Yumurí?

—Entran, pero pocos. En los cinco años que llevo dedicándome a la ballesta, yo no he visto un período más malo que este para los peces.

Dinastía
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Indago si será por la contaminación y me dice que no:

—Aquí lo que lo jode todo es la malla: los paños, las tarrayas, los trasmallos. Si no hubiera tanta malla en esa bahía, aquí hubiera demasiado pescado. Lo que no se dan cuenta es que están interrumpiendo el ciclo reproductivo de los peces que entran aquí para desovar y aparearse. De casi todas las especies: de la jiguagua, del bocón, que es la sardina, del lebrancho, de los robalos… Y lo otro es que este río tiene poco caudal. El San Juan es más profundo y por eso entran más peces. Si aquí cogieran y dragaran el río, quince días después no te puedes meter en sus aguas, porque te come un tiburón.  

Sergio escucha un chiflido, sale del manglar, lo están llamando. Corre para allá. Sube al muro. —Es un lebrancho mediano, dice bajito, apuntando ya con la ballesta, y dispara.

También disparo la cámara, en ráfaga con la esperanza de capturar algo de acción. Después paso a modo video. Capto el salto del pez en el agua, ensartado por la varilla en alguna parte. Sergio recoge la pita. Trae un lebrancho como de tres libras. Lo deja caer en la acera. El lebrancho sangra mientras salta y lucha por librarse. Es una escena muy dura a la que no estoy acostumbrado. Yo compro el pollo ya muerto, el cerdo hecho bistec, como la mayoría de nosotros. Pero allá afuera hay una realidad distinta. Entonces Sergio dice, contento:

—Yo soy un sobreviviente de verdad. Por lo menos, sin comer no me quedo. No soy millonario. Como mismo hoy tengo miles, luchados, no sucios, y mañana no tengo un quilo. Pero vivo en cualquier dinastía. Conmigo no hay nada de eso. Yo nunca me voy a morir de hambre.

Dinastía
(Foto: Néster Núñez/LJC)

La honda bahía de la impunidad

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Honda bahía

Pasan los días y no se borra la angustia por los sucesos de Bahía Honda. Estaban escapando, como cientos, como miles, como cientos de miles que en los últimos años han dejado todo, han arriesgado todo —la vida, que es todo—, para intentar salir de la caldera hirviente en forma de Isla.

Nadie tiene derecho a penetrar en espacio jurisdiccional de ningún país para traficar personas. Las salidas y entradas ilegales hacia o desde cualquier nación son comprensiblemente penadas. Todo eso es cierto y hay que defenderlo como normas de convivencia y principios de soberanía. Pero entre razonamientos jurídicos, diplomáticos, políticos… se filtra el simple entender humano. Lo que se siente, o no, por los prójimos.

Y esos prójimos, simplemente, estaban escapando. No habían robado ninguna embarcación. No habían secuestrado a nadie. No habían agredido a nadie. Huían.

Escapar, ya se sabe, irrespeta demasiado a los jerarcas. No puede permitirse.

La nota oficial, ese monumento cotidiano a la nebulosa periodística, esta vez tampoco aclaró nada. “Una lancha rápida procedente de Estados Unidos, que violó el mar territorial de Cuba en una operación de tráfico de personas, se hundió al norte de Bahía Honda, Artemisa, al colisionar con una unidad de superficie de Tropas Guardafronteras durante su identificación, de acuerdo con informaciones preliminares”. Y más adelante, como quien informa de un inventario de almacén: “Fueron rescatadas 23 personas, incluyendo 5 fallecidos (un hombre, tres mujeres y una menor)”.

Nada más para explicar en qué condiciones se produjo la colisión, por qué se produjo, quién la originó. Pero, como siempre, un texto habla más por lo que calla. Cualquier lector mediante informado y sagaz puede imaginarse las líneas que faltan.

¿Provocarían el choque los que solo intentaban huir? ¿Estaba tan congestionada la inmensidad del mar que dos embarcaciones, accidentalmente, tenderían al impacto? ¿Con tantos testimoniantes a mano, de los que iban en una y otra nave, no se podía esclarecer en pocas horas lo sucedido, por simple contraste de fuentes, y delimitar responsabilidades?

Conocemos las respuestas. Y si no bastaran nuestras conclusiones, ahí está el relato de los hundidos, ¿o debo decir, de los embestidos, de los casi ahogados, de los que “partieron al medio” y lanzaron al mar?

Claro, la nota oficial sí se apuró a señalar al único culpable posible: “la política hostil y cruel del gobierno de los Estados Unidos”, “el bloqueo económico, comercial y financiero [que] provoca enormes dificultades a la población”. Y no es que sea menos responsable el gigante del Norte. Es que no es el único. Ni el principal.

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Vidas. Se trataba de vidas. No de sacos de arena o trastos viejos.

Quien conozca un poco de cómo funcionan las jerarquías y procedimientos en Cuba, máxime en las fuerzas militares, sabe que ninguna decisión, mucho menos las relacionadas con intercepción de naves extranjeras, la determina un trasnochado y negligente capitán de barco guardafrontera. Ni siquiera un jefe de destacamento provincial. Hay una cadena de consultas y disposiciones. Hay órdenes precisas. Hay ejecuciones que solo se autorizan en altísimo nivel.

¿O puede cualquiera violar las “órdenes terminantes de que no se tratara de interceptar nunca una embarcación con personas”, según respondió Fidel Castro a una interrogante de Ignacio Ramonet sobre el Remolcador 13 de Marzo, que también hundieron, al costo de 41 vidas segadas.

Y mi pregunta, la pregunta que no cesa de aguijonearme desde el pasado 29 de octubre, es cómo, con qué estómago, esos, que decidieron, y ordenaron desde la nación, y acataron/ordenaron desde la provincia, y acataron/ordenaron desde la cabina y acataron/ejecutaron desde el timón, cómo esos, repito, no se detuvieron, al menos un segundo, a pensar que iban a hundir, que iban a matar, que iban a asesinar a seres humanos, a compatriotas que solo intentaban irse, sin dañar a nadie, sin robar, irse, escapar, desaparecer hoy y abrir otro día los ojos en una realidad mejor.

Los que así mandaron, y así cumplieron, y así trozaron, ¿son mejores que los que en otras épocas torturaban? ¿Cuándo veremos al primer militar infractor debidamente juzgado? ¿Lo serán alguna vez los que golpearon o indicaron golpear sin compasión el 11 y 12 de julio de 2021? ¿Lo serán alguna vez los que han convertido en caricatura el flamante “Estado de Derecho socialista”?

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Hay “penas sin nombre”, como nos advirtió José Julián. Familias rotas que nunca más recuperarán su aliento. Solo eso ha de bastar para que nadie olvide.