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Expresarse en libertad

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Libertad
(Imagen: justiciayverdad.org)

Una de las demandas cardinales de las luchas emancipadoras contra los poderes absolutistas a lo largo de siglos —fundamentalmente como resultado del largo proceso de concienciación que trajo la actividad intelectual del Siglo de las Luces en el esfuerzo por hallar en la razón el sustento, no solo del conocimiento, sino de la edificación de una vida más humana—; ha sido el derecho de las personas a expresar sus juicios con total libertad como parte de su plena realización ciudadana.

Tal derecho se refrenda asimismo en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, de 1776, y en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1779, documento fundamental de la Revolución Francesa, en cuyos artículos 10 y 11 se consignan los derechos a la libertad de opinión, conciencia y prensa.

De igual modo lo establecen la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, aprobada en 1948 por la asamblea fundadora de la OEA, y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, certificada por la asamblea General de la ONU en 1948, de la cual Cuba es firmante, y que ha sido paradigma básico para la concepción, tratamiento y legitimación de estas atribuciones; por citar solo algunos ejemplos.

De igual manera, la actual Constitución de la República de Cuba, en su artículo 54, establece: «El Estado reconoce, respeta, y garantiza a las personas la libertad de pensamiento, conciencia y expresión». Esto patentiza la significación social, relevancia vital e implicación para el desarrollo humano que tiene el poder manifestar los sentimientos e ideas que mueven a la persona en un ámbito de absoluta y respetuosa posibilidad. El cumplimiento de esta facultad resulta primordial para el desempeño de una sociedad cívica y democrática.

La libre expresión es consecuencia lógica del pensamiento activo. Pensar no es una actividad circunscrita ni restringida por otras circunstancias que no sean nuestras limitaciones intelectuales. La mente asume uno u otro objeto, uno u otro fenómeno según se enfrenta a ellos, y delibera ad libitum sobre los mismos. Unas veces enfocamos nuestro discernimiento a algo que nos interesa; otras, es nuestro propio cerebro el que nos coloca ante asuntos a los que no habíamos atendido.

Pero de todos modos pensar es incorporar el mundo a nuestra subjetividad, formándonos conceptos y juicios. Se piensa en esto y lo otro porque sí, sin que ningún elemento externo pueda impedirlo, y solo lo condiciona nuestra capacidad de percepción y análisis.

Además, entre pensamiento y palabra hay un vínculo inseparable: se piensa en palabras, así que, de hecho, las ideas llevan esa libertad interior. Esto quiere decir que el pensamiento siempre es absolutamente libre. Si se piensa algo se hace imprescindible exteriorizarlo en algún momento. El hombre es un ser para el intercambio.

Si se entiende la natural conexión entre pensamiento y expresión, ¿por qué imponer trabas a la exteriorización de lo que, de todas formas, se piensa, cuando el pensamiento en definitiva rige la acción? Es diferir lo que a fin de cuentas buscará una vía de materialización.  

En esencia, ¿qué es la libertad de expresión? Pues ni más ni menos que la desembarazada posibilidad de exponer aquellos juicios que nos formamos sobre distintos aspectos de la realidad con total espontaneidad y derecho, sin impedimentos ni silenciamientos que se opongan a ellos. Se trata de exteriorizar sinceramente nuestras ideas acerca de un asunto cualquiera, de forma razonada, lógica y desprejuiciada, a partir de nuestra experiencia, intuición e información, sin temor ni condicionamientos.

Dicho asunto puede ser cultural, científico, social, económico, político, etc., pues la expresión de ideas, tal como el pensamiento, no está atenida a un solo orbe de la existencia. Esta difusión de lo que concebimos no está centrada únicamente en lo político, aunque ese es un supuesto bastante generalizado, quizás por las implicaciones que el intercambio de ideas tiene en la opinión pública y las amplias reacciones que juicios contrarios generan, y por la forma en que pueden llegar a decidir situaciones que determinan el acceso al poder de un grupo determinado.

Es así, por lo general, que los que mejor consiguen la difusión de sus plataformas ideológicas sean los que más fácil acceden al control del poder.

Libertad

La libertad de expresión no implica el total albedrío para decir lo que nos venga en ganas, del modo en que lo entendamos o en que lo podamos hacer. La falacia, el irrespeto, la difamación no son componentes de la libertad de expresión, más bien resultan anomalías en el comportamiento comunicacional. Dichas actitudes resultan indeseables y son rechazadas por la mayoría de las personas, pues atentan no solo contra la posibilidad de cada quien de manifestarse con franqueza, sino contra la propia esencia de expresarse atenidos a la verdad, la justeza y el respeto.

Expresarse libremente no significa descalificar, limitar, intimidar o vapulear a los que tienen otras opiniones. Como todo en la vida, el respeto a la diversidad y la corrección en la forma favorecen a que lo dicho sea mejor atendido y, quizás, incorporado como estímulo a reconsiderar posturas y conceptos.

La práctica de esta posibilidad abierta de manifestarse tampoco conlleva necesariamente impugnar o desacreditar otras formas de concebir las cosas. Pensar libremente también es un modo de expandir, modificar, perfeccionar, argüir más sustancialmente, un asunto expuesto; por lo que acrecienta el bagaje de ideas, opiniones y criterios en circulación, y ofrece a disposición de la opinión pública un caudal más amplio de opciones para discernir y discurrir.

Muchas veces se confunden los conceptos de libertad de expresión y pensamiento crítico. Debe tenerse en cuenta que el primero se refiere básicamente a la no imposición de censura o limitaciones a la comunicación honesta, continua y variada de criterios; sin que comporte necesariamente una actitud crítica. La expresión libre es por esencia proposicional, expositiva, argumentativa.

Por su parte, el pensamiento crítico está dirigido no solo a exponer un asunto, sino a valorarlo de manera concienzuda y argumentada. Por tanto es analítico, reflexivo, refutatorio, encaminado a transformar una opinión o situación que se aprecia como incorrecta o ineficaz. Obviamente, un argumento expresado libremente puede conllevar una perspectiva crítica.

Cuando un pensamiento crítico es fundamentado, lógico y sensato, halla la oportunidad de expresarse sin cortapisas y se convierte en una herramienta eficaz para la formulación, organización e instrumentación de opciones que promuevan el avance de determinadas condiciones sociales, científicas, culturales, económicas, políticas y otras.

El vínculo de la libre expresión con el pensamiento crítico es enriquecedor del flujo del pensar y, sobre todo, del repertorio de posibilidades de solución a los problemas que genera la continua evolución de la sociedad. Por tanto, la libre expresión del pensamiento propende a la dinámica y evolución de las ideas, y permite consensuar vías convenientes para la conquista de determinadas metas.

Es así que la libre expresión de ideas propende al progreso del pensamiento, a su despliegue dialéctico, a su más amplia difusión, a su asunción más activa; así como también a la confrontación de diversos juicios y pareceres de forma que posibiliten hallar siempre mejores proposiciones. Es este sustancioso fluir de ideas, en su más desobstruida ventilación y en su diversa y múltiple interacción, que evoluciona el pensamiento.

Una sociedad que practica, estimula y defiende la libre expresión de ideas, es más consciente, participativa, consensual, dinámica y respetuosa de las diferencias, alentadora de la actitud cívica. De tal modo garantiza un clima ético más sano, que disuelve el ocultismo, la doble moral y el oportunismo; donde las divergencias se resuelven civilizadamente y los que opinan distinto no sean satanizados ni tenidos por adversarios, sino por conciudadanos que reflexionan desde otras perspectivas y bajo otras concepciones. Un debate serio, justo y reflexivo puede conllevar a unos y otros a desarrollar nuevos juicios y conceptos que consoliden un conocimiento más certero y fructífero.

Constreñir a una persona a no poder emitir con total libertad lo que piensa es, además de una infracción de compromisos internacionales firmados por Cuba, una violación de los derechos estipulados en nuestra propia Carta Magna.

Constituye no solo una injusticia contra la libre circulación del conocimiento que impide un mejor intercambio social de sus ciudadanos; es también un acto inhumano, pues priva al individuo del despliegue de sus potencialidades cognitivas, comunicativas y relacionales, por tanto lo elimina de su participación en el desarrollo del proceso social. De tal manera, lo convierte en un recluso de doctrinas ajenas prefijadas y lo excluye de la posibilidad de enriquecer y desarrollar las ideas del ámbito donde hace su vida.

Obstaculizar la libre expresión de ideas es vedar la dialéctica del pensamiento. Obstaculizar la dialéctica del pensamiento es negar el desarrollo del conocimiento. Obstaculizar el desarrollo conocimiento es encerrarnos en las tinieblas de la ignorancia y la parálisis. Debemos romper ese círculo perverso.

La Peor Generación ya es

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Peor generación
(Imagen: Mesa de escritor/Ernest Descals)

Hace algunas semanas tuvimos una escaramuza pública relacionada con la censura de un panel literario titulado La Peor Generación, en esencia, una antología de jóvenes autores cubanos aún inédita, curada por Alejandro Mainegra, coordinador de La Tertulia. Se programó inicialmente en La Madriguera, sede habanera de la Asociación Hermanos Saiz,  y luego en otros dos espacios de donde fue finalmente cancelado por evidentes motivos políticos.

A la sazón, Austin Llerandi Pérez, pedagogo/narrador, ganador de concursos provinciales, publicado en una antología española, Premio Farraluque de la Galería Fayad Jamís, hizo pública una crítica titulada LA PEOR GENERACION NO EXISTE (sic). La misma, una de esas piezas de decoración made in Casa de Cultura™ que conviene leer de vez en cuando para estar molesto con algo, ha sido ya (demasiado) respondida.

Lo que me interesa entonces es provocar una reflexión sobre cómo se legitima la literatura, cómo se mueve una obra y qué le confiere relevancia; así como de las múltiples operaciones de blanqueamiento, tachadura y cesión que se solapan dentro de los circuitos de legitimación de lo que pudiera  denominarse: cultura nacional.

Lo más relevante en el texto de Llerandi es su señalamiento de la invalidez de la mencionada Generación por: primero, no estar legitimada a nivel académico; segundo, no contener una obra rastreable (en tanto objeto-libro de ficción); tercero, no poseer una identidad cultural sincrónica, más allá de ciertas coincidencias políticas, que Llerandi insiste en identificar como territorio al margen de lo literario.

Razonemos. Una generación literaria es, básicamente, una operación de legitimación, en tanto un grupo de gente que se identifica, en torno a una coincidencia grupal ideo-estética, política, social. En la teoría literaria se aplica el concepto generación partiendo de lo autonominativo, o desde el promotor que está luchando por su pedazo de capital simbólico. El grupito con el cartel de: Somos este grupito, o el Rodríguez Feo de turno que susurra: Ustedes son en realidad un grupito que quema los pastos.

Tengamos esta discusión, si quieren: todas las generaciones literarias relevantes en Cuba han sido auto-nominadas, y se han esforzado por generar  climas culturales y críticos que las acompañen, tanto estética como  socialmente. Entonces, signar la no existencia de una categoría públicamente reclamada, al menos en lo literario, requiere un rastreo extensivo de quiénes son la gente del cartel y qué se supone que están diciendo.

El campo literario, como todo espacio microlocalizado dentro de lo cultural, se inserta dentro de una serie de circuitos de legitimación e instrucción que operan como mesa de bacarat, en la que se van apostando capitales culturales y simbólicos de cierta forma, acorde a cierto consenso hegemónico previo. O a las formas de minarlo.

Para que un objeto cultural se mueva deben existir, como mínimo, un espacio donde venderlo, la concepción de que puede funcionar como mercancía, una persona a la cual le interese venderlo o promoverlo, un comprador interesado (sea por motivos estéticos, curiosidad intelectual o por las razones por las que Bordieu decía que la alta burguesía aprendía a tocar el piano),  y un crítico, con un medio donde opinar, que decida prestarle atención, o  ignorarlo.

El creador del objeto, además, debe tener la habilidad para su producción (escribir, en este caso), una noción mínima de que el rol de autor es social y estéticamente válido, una plataforma desde la cual publicar y un espacio público a través del cual legitimarse como tal.

Todo lo anterior describe un sistema de circuitos. O una finca. En Cuba, por ejemplo, existe el sistema hegemónico de cultura estatal, disfuncional en grado sumo. Tenemos un sistema paralelo de promoción y anclado en la negación del referido sistema hegemónico, que va de Rialta a Guantanamera. Además, cohabitan una serie de microsistemas que engloban medios de promoción (La Jeringa, Vórtice, La Tertulia), talleres literarios (el Centro Onelio Jorge Cardoso) y un sistema de concursos,  igualmente disfuncional.

No es la Institución Arte, sino las Instituciones, permeadas además por otra serie de figuras: el sistema nacional de educación, las políticas institucionales, el clima político y económico del país. Aquí, por supuesto, hay intereses, rencillas, decisiones ideológicas y morales: Iván de la Nuez o Antonio Enrique González Rojas no van a validar lo mismo que La Jiribilla.

Dichos circuitos conforman un sistema literario, que según la definición de Antonio Cornejo Polar, es un conjunto de autonomías múltiples que instaura un discurso canónico único, el cual blanquea y gentrifica las formas culturales correspondientes directamente con el tiempo hegemónico del sistema nación en el cual se inserta. Podemos advertir en él, alteridades, formas canónicas de subversión. Aquí caemos en la apuesta de La Peor Generación, que atenta contra el actual ser de dicho sistema literario en Cuba.

Lugares ficticios, decía, con consecuencias reales, tangibles, en sus luchas. Después de todo, nominar es hacer que exista. Cuando un sistema de categorización se introduce dentro de un espacio público, permea hacia abajo.  Hablamos de procesos invisibilizados en su momento —como el Quinquenio Gris—, de forma mucho más clara que hace treinta años.

La escritura no funciona solo desde lo notarial. Abarca tanto los procesos de restauración de la alteridad negra dentro del canon nacional de Alberto Abreu Arcia, hasta los activismos literarios que han provocado la reintegración de las mujeres como sujetos activos y masivos dentro del corpus, de Yadira Álvarez Betancourt a Maielis González y Legna Rodríguez.

En lo que quiera que sea la cultura, su estratificación responde a un fenómeno clasista,  correspondiente a lógicas estéticas ancladas en luchas por capitales culturales. El propio sistema nacional de concursos literarios, tanto por el carácter no autónomo que presenta como por la fina red de compromisos y mini-mafias que un entramado cultural genera a lo largo de sesenta y tres años, privilegia unas formas por sobre otras.

Discutir taxonomías arbitrarias sin haberse tomado el trabajo de rastrear  las obras, es un gesto tan artificial como el de la historiografía renacentista en decirle Imperio Bizantino a lo que en su tiempo era «esos- griegos-en-púrpura-en-medio-de-la-nada». Desde su nacimiento, el sistema literario nacional ha sido impulsado por una serie de autores con interés explícito en legitimarse. A esto, Antonio Benítez Rojo lo llamaba «la Conspiración del Texto».

Peor generación
Antonio Bení­tez Rojo

Fue siempre a contrapelo de los circuitos críticos preexistentes. Fijarse, vaya, en la disputa entre la primera Academia Cubana de Literatura y la Real Sociedad. La desfragmentada academia cubana no va a estar nunca a tiempo con el aquí, ahora, en esa esquina y con una cazuela. 

Toda curaduría es arbitraria. La valoración de un objeto cultural por un agente interesado en que se lo  juzgue, puede objetarse en tanto el objeto en sí —si te has leído a Ray Viero y te parece la calamidad más grande de nuestra literatura desde Abel Prieto, por ejemplo, te va a pesar que se lo valore— pero no desde su intención de validar algo.

 Ocurre lo mismo con los intentos de implementar un canon. Que Alejandro Mainegra, como curador, haga una selección de autores, puede discutirse desde muchos ángulos —criterio de selección, panoramas filtrados, agrupación de  géneros diversos en la misma obra—, pero no como acto de aupar un grupo, o sea un clima. Que decida inaugurar el mito fundacional de una comunidad —palabras de Miguel Alejandro Hayes—, significa solo eso: tendremos una comunidad nueva, que ya tendrá que echarla.

Cabe explorar la posibilidad que enuncia Llerandi Pérez de la no existencia de una obra en el caso de los autores recogidos. Mas me temo que dicha posibilidad no da para mucho. No me considero un lector actualizado, pero del line-up inicial de La Peor… solo desconocía a Jairo Arostegui. Manuel de la Cruz posee textos narrativos estremecedores; Ricardo Acostarana publica ficción con cierta regularidad. 

Ray Viero tenía una columna fija en Hypermedia, donde igualmente publican Llópiz-Casal y Ulises Padrón Suárez; Hamed Toledo dirigía una revista cultural; Katherine Bisquet  es autora de un poemario ya publicado y Adriana Fonte Preciado tiene otro en camino. Mauricio Mendoza, Lizbeth Moya y Darcy Bo son viejos en periodismo. Mel Herrera está en una liga aparte. A Alexander Hall puede leérsele en este propio medio.

El concepto de la novela como pináculo de lo literario murió en los setenta. El surgimiento de la no ficción como corriente legitimada está lo suficientemente asentado como para que no sea discutible. Carlos Manuel Álvarez, sin tener una buena novela, se volvió la figura narrativa más notoria dentro del periodismo nacional. La ficción de Martin Caparrós es horrible, pero sigue siendo, a nivel continental, uno de los narradores más importantes de los últimos treinta años.

Legitimar una obra exclusivamente si se encuentra en los predios de una revista tradicional de narrativa es, a estas alturas, el gesto más reaccionario imaginable (para colmo, con una antología que aún no existe). Semejante miseria teórica se contrapone directamente a lo que La Peor propone: gestos hacia la posibilidad de cosas reales.

Pablo Milanés vs la leyenda negra

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Pablo
(Foto: Gerardo Magallon/Agence France-Presse — Getty Images)

Para Rosa Marquetti y Eliseo Altunaga, que saben

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La voz de Pablo es un patrimonio entrañable de Cuba. Y se torna leyenda, cuando la música resultó insuficiente para alcanzar otros sueños propios y ajenos. Tuvo muchas vidas en casi ochenta años que multiplicaron la mirada de un hombre cuyos dones musicales le distinguieron, sin atarle a una u otra manera de brillar en este o aquel género.

Lo popular siempre estuvo en su raíz, sin la necesidad de un rescate como vemos con demasiada frecuencia y paternalismo. Un ejemplo, Los caminos, aquel guaguancó que el gran musicalizador de cine Germinal Hernández llamaba «filomamboso» y lamentaba que Pablo no grabara el disco de ese género que le exigieron sus amigos rumberos Pancho Quinto y El Ambia.  

Aquel guaguancó se escuchaba cada tarde en la radio de mi infancia, pues era el tema de algún programa que no recuerdo. Rememoro mejor el afro o espendrum de Pablo Milanés que años después imité. Ese pelo irredento de Pablo y Ángela Davis fue una de las imágenes más poderosas en mi adolescencia: Un peinado que resulta liberador cada mañana de tu vida y logra desatar las ideas y sueños de tanta gente que no puede. Parecería frívolo, pero los peinados afros forman parte de una historia más emancipatoria que la que se enseña hasta hoy en las escuelas.

Conocí a Pablo gracias a Eloy Machado, el Ambia, y a Abraham Rodríguez, en el estreno de una pieza teatral que escribiera este último: La barbacoa, con música de Juan Formell. Fue en el cine teatro Fausto, en Prado y Colon, con un reparto que ya no recuerdo. Pablo llegó tarde y sudado, recibido por un exigente Eloy, quien le cobró su tardanza con una ronda de finos alcoholes al final de la noche.

Me emocioné tanto vigilando cada reacción suya, que tuve que regresar la otra semana a disfrutar de la obra, una magnífica comedia de mitad de los ochenta, donde se estrenó aquello de «La habana no aguanta más», mientras la gente se carcajeaba y bailaba hasta el final de la función.

Hubo una discusión entre Pablo y Abraham sobre la diferencia entre los solares, las cuarterías y las accesorias, que duró casi una hora. Para Abraham, la barbacoa era algo culturalmente novedoso, mientras a Pablo le parecía cultura de la pobreza o algo así como otra forma de reproducirla.

Muchos años después, evoqué aquella controversia cuando supe por la televisión que el diputado Pablo Milanés, elegido por el barrio habanero de Los sitios a la Asamblea Nacional, propuso reparar un grupo de ciudadelas con algunas propuestas de mejoramiento, como eliminar los baños colectivos y construir uno para cada familia, hacer una historia del barrio, etc.. Dicha proposición nunca fue aprobada.

Tiempo más tarde supe que aquella discusión entre Pablo y Abraham fue parte de numerosos debates que nacen de la experiencia y el compromiso racial. No eran discusiones letradas: Pablo habló desde su experiencia en el solar de la calle Consulado, donde hizo breve estancia.

En la obra de Sara Gómez, Eugenio Hernández,  Maité Vera, et. Al, está su propia biografía. Esa primera generación de poetas, dramaturgos, actores y cineastas negros en la Revolución, llega al campo cultural en tanto sujetos de una transformación social que comparaban con la etapa anterior para interrogar al futuro.

Durante los años sesenta y setenta, Pablo era uno más en aquellos círculos de confianza y aprendizaje donde se discutían las ideas del Black Power, la affirmative action  y Malcon X; donde se celebraba a Lumumba, Sekou Touré y el panafricanismo, hoy olvidado en las páginas de la revista Tricontinental.

Tales debates pasaban por el ICAIC e incluían a figuras como Sara Gómez, Nicolás Guillen Landrian, Manolo Granados, Inés María Martiatu, Oscar Valdés o Germinal Hernández. También en el círculo del feeling, curiosamente de mayoría negra. Entre los miembros del Seminario Nacional de Dramaturgia y el Conjunto Folklórico, ambos en el Teatro Nacional.

Junto a figuras como Walterio Carbonell, Tomás González o Tomás Gutiérrez Alea, quien nuclea a muchos de ellos en La última cena, su obra clásica menos atendida. Eran sesiones cuasi secretas en una época donde este tipo de lectura no era bien vista por el dogmatismo marxista al uso. Fue una etapa de rupturas y novedades, sin los compartimentos estancos que reordenan la cultura en la Cuba del siglo XXI.

En el legado de Pablo Milanés, su visión popular y antirracista tiene un alto valor. No se trata de convertirlo en un activista antirracista post morten; porque lo fue de esa manera selectiva y exquisita, sin llegar al elitismo, que caracterizó su personalidad. En su obra convergen las corrientes aéreas y subterráneas de toda la música que han pasado por Cuba.

Y se abrazan; como abrazó a Miguelito Cuní mientras cantaban Convergencia con el Conjunto Chapotín. Pablo lo acerca y lo abraza, fundiendo sus voces y anhelos. Así fue con muchos: los rumberos contaron con él, los soneros, jazzistas, changüiseros y raperos, a quienes apoyó más de una vez.

Cuando nace la Fundación Pablo Milanés, ya este se preocupaba por la salud de viejos músicos, ayudaba a mucha gente joven, no solo músicos, promovía eventos sobre géneros populares en las provincias orientales e iba desarrollando una visión más allá de la filantropía, con novedosos patrocinio y  gestión de acciones culturales en la Isla, que fueron desde prestar su sonido gratuitamente a un grupo de estudiantes del ISA para celebrar La noche de las almas libres, comprarle una trompeta a una vieja gloria de Cuba o equipar toda una banda de música para una joven cantante.

La malograda Fundación Pablo Milanés (1993-1995), tras esos empeños, fue la posibilidad de encauzar aquella energía cultural nacida en los ochenta, ya en medio del contexto económico e ideológico de los noventa, que marcó el final de una era en la sociedad cubana.

La Fundación significó para muchos una tabla de salvación, para otros, simplemente un pequeño Ministerio de Cultura; pero en realidad allí nacieron nuevas maneras, instituciones y discursos culturales que pudieron trascender las limitaciones materiales e ideológicas del momento y abrir puertas para esa nueva institucionalidad cultural que aún no tenemos, a pesar de la renovación emprendida por algunas de las ya establecidas.

Asimismo, la Fundación removió el acartonamiento, la morosidad, el elitismo y el orden burocrático que entonces regían la política y la gestión culturales. Hizo de la creación y el pensamiento centro de sus acciones, para lo cual contó con expertos realmente creativos y  prestigiosos.

En medio de la crisis económica y política que generó la explosión migratoria de 1994, la Fundación apoyó a instituciones como Casa de las Américas, las escuelas de arte, etc. Por otra parte, los discos, conciertos, revistas, coloquios y gestiones socio-culturales que generó, partieron de una mirada desprejuiciada a temas tan controversiales en el período como: el mercado, la racialidad, la emigración, etc.

En poco menos de dos años de trabajo, el saldo de su labor superó al de cualquier ministerio de cultura en Latinoamérica y el Caribe, sin tener todos los mecanismos administrativos y financieros totalmente ajustados. Eso provocó envidia, controversias e incomprensiones que motivaron su temprana desaparición.

Pablo fue un hombre plenamente consciente de su cubanía. Tuvo conciencia política, cívica e histórica. Y también racial, esa rara avis entre artistas e intelectuales cubanos (negros, mestizos o blancos), que les lleva a desencontrarse con su historia y rechazar los imaginarios y aportes  que la gente negra, china, árabe o judía han hecho a la nación.

Entre los años sesenta y ochenta compartió sus ideas sobre la cultura popular, la cuestión racial y las religiones afrocubanas con amigos cercanos, artistas o no, comprometidos con estos temas cuasi prohibidos.

Muchos de ellos, por su prestigio, serían ejecutivos en la Fundación  y propiciaron  acciones como el primer disco de Yoruba Andabo, el coloquio dedicado a Orígenes, la puesta en escena de Delirio habanero por Alberto Pedro o la creación de una camerata de mujeres.

Pablo
Rememoro mejor el afro o espendrum de Pablo Milanés, que años después imité.

De modo que los resultados de la Fundación no estuvieron marcados por una mirada sectaria o racista de la cultura, sino abierta a la novedad y al intercambio, desde la misma proyección internacional que ya gozaba la obra de Milanés, y por eso presta a enfrentar cualquier forma de discriminación por género, raza, sexualidad o religión.

El derecho de la Fundación a existir fue negado por una  incomprensión cultural y política llena de prejuicios, y por la falta de hábitos respecto a la diversidad, la interracialidad  y la civilidad cubanas. Entre los chistes de entonces, el más común fue llamar Palenque a la Fundación, pues buena parte de sus ejecutivos y beneficiarios eran artistas e intelectuales negros o vinculados a la música popular (rumba, salsa, son).

El chiste expresaba una opinión compartida, aunque reprimida, por buena parte de la burocracia cultural, curiosamente muy blanca y elitista. Muchas instituciones cubanas (no solo culturales) exhiben una mayoría de ejecutivos de piel blanca que, más allá de sus resultados, no son cuestionados por su color ni tienen que soportar chistes de tanta colonialidad y conservadurismo juntos. Pablo fue consciente del valor y necesidad de la Fundación, pero también previó las consecuencias de una pelea contra aquellos demonios y terminó consintiendo su cierre; un cierre quizás temporal, eso lo dirá el futuro.

Desde Andilanga, cuando nuestros antepasados eran condenados a la plantación, el esclavizado respondón o risueño recibía su pequeño castigo; pero el cimarrón recibía una sanción mayor: ejemplarizante. La soberbia del poder es intolerante con los sueños de quienes oprime, y no soporta el olor de las ideas ajenas, ni de la belleza o el amor: los demás siempre están equivocados y merecen corregirse, bajar la cabeza y darse su lugar.

Por eso el cimarronaje es el aporte cultural más poderoso de los esclavizados ante el poder colonial. El cimarrón renuncia a todo lo que significa sometimiento y se lanza a crear algo nuevo, un campo de libertades más peligroso para quienes viven del sudor ajeno que para quienes se plantean construir vidas y sueños en un nuevo contexto.

Pablo fue un paladín del cimarronaje cultural en Cuba;(1) pero no trabajó desde una filosofía de guetto, sino desde una arquitectura abierta a lo coral de nuestras raíces, asumiendo nuevas voces, nuevos temas sociales y también nuevas estructuras o instituciones para desarrollar el campo cultural del siglo XX.

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La Casa de América acogió la capilla ardiente del cantautor cubano, fallecido en Madrid a los 79 años. (Foto: La Sexta)

Todo cimarrón recibe un castigo excesivo, proporcional al sueño de libertad que conquistó. Aun hoy, exhibimos una lista de personas negras que no han querido bajar la cabeza, sino usarla mejor en defender derechos y abrir caminos, quienes son juzgadas con mayor dureza e intolerancia.

Es el peso entre la colonialidad y el socialismo, que cargamos, como una cruz, mucha gente negra que hemos renunciado a la subalternidad y seguimos apostando por una nación diferente, dentro y fuera de la Isla.

Todo parece más lejano o imposible cuando desconocemos esa tradición cultural y no asumimos una visión crítica ante las visiones plurales que caracterizan la cultura cubana de cualquier época. Detrás de los celulares, dejamos de entender, re-conocernos y abrazarnos.

En un campo cultural cada vez más fragmentado, ralentizado y disciplinado es bueno saber que un hombre como Pablo Milanés estuvo ahí, que puso su fortuna al servicio del talento y el sueño de otros, que abrió espacios para las ideas y obras de gente más joven o más olvidada, como hizo con Luis Carbonell, por solo citar un ejemplo.

Con mayor frecuencia entre nosotros, las buenas ideas y discusiones huyen hacia el silencio o la oscuridad. El legado de Pablo niega esa tendencia y seguirá en la controversia que siempre le acompañó. Su leyenda crece y sus batallas culturales serán aprendizajes para llegar al país que viene. Los caminos no se hicieron solos.

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(1) Roberto Zurbano: El cimarronaje cultural: Una (e) lección personal in Art x Cuba. Contemporary Perspectives since 1989 Editors Dr. Andreas Beitin and Antonio Eligio Fernández (Tonel), Ludwig Forum für Internationale Kunst, Aachen, Germany, 2018, pp. 122-133 (aleman e inglés) y pp. 273-275 (español).

Elecciones en Cuba, participación y polarización

Elecciones
(Foto: Adalberto Roque Pool/AFP)

La cifra del 68.58% de votantes en las recientemente celebradas elecciones de delegados a las asambleas municipales del Poder Popular ha llamado la atención dentro y fuera de Cuba. Si se tienen en cuenta otras elecciones de no obligada asistencia en la región —como las legislativas en Estados Unidos, con un índice de participación del 62,3%, o la segunda vuelta de presidenciales en Colombia, con un 58,17 %—, los números en la Isla no deberían alarmar.

Sin embargo, al comparar la asistencia con procesos electorales similares celebrados con anterioridad en el país, se aprecia que entre los años 1981 y 2010 los no votantes nunca excedieron el 4% del padrón electoral. A partir de 2012 esos números empezaron a aumentar gradualmente y en la última elección ascendió a un 31%, casi tres veces la de dicha experiencia en 2017.

Elecciones
(Nota: Los porcentajes fueron redondeados de forma estándar para simplificar su graficación)

Aún no queda claro cómo se conformó el padrón electoral, y si se tuvo en cuenta a personas que, pese a estar inscritas como residentes en Cuba, se supiera que no estarían presentes en el momento de la votación. La información más precisa al respecto la ofreció la presidenta del Consejo Electoral Nacional (CEN), Alina Balseiro Gutiérrez, quien dijo al periódico Granma que «fue necesario realizar este proceso en atención a los cambios demográficos y urbanísticos, para lo cual se constituyeron comisiones de especialistas a todas las instancias».

Sin embargo, más allá de la distorsión estadística que pudiera provocar lo antes mencionado, con 2623091 personas que no fueron a votar está claro que las actuales elecciones han registrado menor participación que las demás.

Elecciones

Si se comparan las boletas válidas en relación a quienes ejercieron su derecho al voto en los tres procesos de elección de delegados municipales anteriores, se aprecia un leve aumento de las papeletas blancas y anuladas. Lo mismo ocurre si realiza la comparación con los datos del referendo para la aprobación de la Constitución de 2019 y del Código de las Familias.

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Aunque los datos disponibles hasta el momento no permiten determinar exactamente cuál es el porciento de personas que emitieron un voto válido en relación al padrón electoral (pues no se ha publicado la cifra neta de boletas válidas); a partir del porcentaje de boletas válidas, anuladas y en blanco, y el total del padrón electoral se puede aproximar que el 61,12% de los ciudadanos inscritos emitieron un voto válido.

Por tanto, un 38,88% de personas no concurrió a las urnas para ejercer su derecho al voto, anularon la boleta, o la dejaron en blanco. Esta cantidad también es considerablemente mayor que la de experiencias preliminares.

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Nota: El porcentaje se calcula a partir de la cantidad de boletas válidas en relación al padrón electoral. La cantidad de boletas válidas se determina en 2022 mediante una aproximación con base en el porcentaje publicado por el Consejo Electoral Nacional (89,11%) y la cantidad de votantes (5 728 220).

Por otro lado, en cuanto a las características demográficas de los elegidos, si bien los hombres siguen siendo mayoría, se percibe un aumento del 8,8% en la cantidad de mujeres respecto a la pasada elección. Igualmente, ocurrió una leve reducción del 2,43% de los jóvenes menores de 35 años.

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Medios de prensa, redes sociales y polarización

El proceso electoral cubano se desarrolla en medio de una crisis sistémica, con afectaciones considerables en lo económico, político y social, que han aumentado el descontento en la población de la Isla. Como ha ocurrido con experiencias anteriores, los medios estatales cubanos han convocado a votar como un deber ciudadano y revolucionario —aunque también aclararon que nadie podía ser sancionado por no hacerlo.

Mientras, la oposición ha llamado a no asistir a las urnas, anular las boletas o dejarlas en blanco como muestra del rechazo al sistema electoral y político. En redes sociales ambas campañas fueron identificadas con las etiquetas #YoVotoEl27 y #NoviembreDiceNo, respectivamente.

Elecciones
Muestra de la campaña a favor.

Según una publicación de Cubadebate, el presidente cubano Miguel Diaz-Canel Bermúdez declaró que «el proceso electoral ratifica que Cuba mantiene su estabilidad política y social, independientemente de la asfixia económica». El propio medio se hizo eco asimismo de las palabras de la presidenta del CEN, Balseiro Gutiérrez, quien expresó que «los resultados demuestran el respaldo popular a sus representantes y la confianza en la Revolución».

La Agencia Cubana de Noticias calificó el ejercicio de «democrático y popular», así como una «responsabilidad ciudadana, porque se eligen a los representantes en los órganos de gobierno del municipio, principal estructura de gobierno en el país». En adición, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba citó las palabras de una ciudadana, que valoró el proceso como una muestra de «las fortalezas de la democracia socialista a través del voto directo y secreto en cada barrio».

Por su parte, medios de oposición como CiberCuba, Diario de Cuba o ADN Cuba resaltaron la baja participación. Además, señalaron la falta de transparencia de las autoridades de la Isla, que no permiten la inclusión de observadores independientes; el acoso a activistas opositores para que no documentaran el proceso, la apatía de la población y la falta de condiciones óptimas en los colegios electorales para ejercer el derecho al voto con privacidad.

Elecciones

En cuanto a la prensa internacional, el periódico español El País subrayó «el factor de una abstención que es inédita ha irrumpido en el escenario político con una fuerza y una proyección difícil de predecir». Igualmente, la agencia EFE destacó la falta de conocimiento entre los electores de la importancia del proceso en la renovación del poder en la Isla y las funciones de los futuros elegidos.

Además de lo antes mencionado, EuroNews indicó la inexistencia de candidatos de oposición —a excepción de uno— y de encuestas de opinión públicas que expliquen la baja participación registrada. En contraste, las cadenas Telesur y RT en Español destacaron  la ausencia de incidencias en el proceso electoral, que sería el primero realizado bajo la Constitución de 2019.

Más allá de los diversos enfoques, está claro que las actuales elecciones son una evidencia más de la nueva relación del Estado y el Gobierno con la ciudadanía, que vaticina la necesidad de una gobernanza que apueste al consenso en lugar de a la unanimidad y el acriticismo.

El aumento del número de no votantes puede deberse a diversas razones. A falta de datos concluyentes de la prensa nacional y las autoridades, solo se puede especular y/o exigir aclaraciones. Del mismo modo, son imprescindibles la creación de mecanismos que favorezcan la transparencia, así como la evaluación del proceso con métodos no analógicos, la observación internacional y la investigación científica.

En tanto el gobierno se enfoque en validar a ultranza el actual sistema electoral, pese a sus evidentes limitaciones, y la oposición en negarlo rotundamente por no cumplir con los parámetros de la democracia occidental representativa; se aleja la posibilidad de buscar vías consensuadas para transformarlo en aras del desarrollo democrático.

***

*Nota: las cifras de los gráficos se obtienen del sitio oficial del Consejo Electoral Nacional y varios reportes de prensa estatal cubana.

La articulación pendiente de la ciudadanía cubana

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Articulación Plebeya
(Foto: Maisel López/Sputnik)

El jueves 26 de noviembre de 2020 había comenzado un evento de intelectuales convocado por el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo de Cuba, con sede en la ciudad de Cárdenas (CCRD). La pandemia obligaba por entonces a evitar los viajes interprovinciales y las reuniones personales, pero Rita García Morris, directora de esa institución —que con gran vocación ecuménica auspiciara durante años los talleres que dieron lugar a la Red de intelectuales por los derechos humanos—, tuvo la iniciativa de mantener el encuentro vía WhatsApp. Debía durar dos días. El segundo de ellos fue el 27 de noviembre, fecha inolvidable de la que ayer se cumplió el segundo aniversario.

Debatíamos nuestras ponencias cuando alguien del grupo alertó sobre lo que ocurría en la capital. La aglomeración de un pequeño grupo de artistas e intelectuales ante el Ministerio de Cultura, la negativa de sus funcionarios a recibirlos y la constante afluencia de gente del gremio, estudiantes y habaneros, que llegó a reunir cientos de personas; recabó la atención de los participantes virtuales.

Como diría más adelante en un artículo:

De los que pudimos estar al tanto de la manifestación, pocos dormimos esa noche. El poder de convocatoria que lograron los congregados ante las puertas del MINCULT, no se explica solo por las redes sociales. Había mucha necesidad de ser auténticos, de dejar de ser meros espectadores y de participar en la vida nacional. Décadas de disciplina y obediencia, de manejos internos y discretos del disenso en el sector, murieron en esa calle del Vedado habanero.  

Al concluir el foro virtual, algunos de los asistentes quedamos conversando acerca del significado de aquel hecho, de la evidencia de factores subjetivos para una transformación de la sociedad cubana. ¿Estaba nuestra ciudadanía preparada para el diálogo? Un diálogo que no podía ser responsabilidad solo de sectas ilustradas. Esa era una gran preocupación.

¿Cómo podríamos aportar desde nuestros campos y saberes? Fue así que decidimos crear un nuevo grupo de WhatsApp, ya independiente del CCRD. El nombre que se le puso sería ampliamente mencionado, para bien y para mal, durante los próximos meses: Articulación Plebeya (AP).  

El inicio

Amalia Pérez Martín, jurista cubana que cursaba estudios doctorales en Estados Unidos, fue la creadora del grupo de chat. A ella se debe el nombre por el que sería conocido el proyecto. Nueve personas lo integramos en un primer momento: Ahmed Correa Álvarez, Alina B. López Hernández, Amalia Pérez Martín, Eloy Viera Cañive, Julio Antonio Fernández Estrada, Lilian Rosa Burgos Martínez, Mario Juan Valdés Navia, Michel Fernández Pérez y René Fidel González García.

Articulación Plebeya

Esa tarde quedó redactada una declaración colectiva que se publicó en un perfil homónimo de Facebook creado al efecto, y fue replicada asimismo por los medios independientes El Toque y La Joven Cuba. Dos días después fueron incluidos Julio César Guanche y Ariel Dacal. Entre esa fecha y el 9 de diciembre se incorporaron Yunior García Aguilera, Ailynn Torres Santana, y Juan Pin Vilar.

A las catorce personas que llegamos a formar parte no nos vinculaba una organización o medio, ni siquiera una ideología o un campo profesional (juristas, historiadores, psicólogos, sociólogos, un dramaturgo y un creador audiovisual). Todos éramos compatriotas, pero siete de nosotros residíamos en Cuba mientras el resto estaba en becas fuera de la Isla, o radicados en otros países.

Nuestro vínculo quedaba explicado de esta forma: «(…) un grupo de intelectuales interesados e interesadas en el presente y el futuro político, económico y social de Cuba. La Articulación intentará ser una plataforma de diálogo que propicie el encuentro de personas y colectivos cubanos y cubanas con el único fin de aportar temas, metodologías, espacios, principios y valores para un diálogo provechoso sobre Cuba».

Luego seríamos acusados de recibir fondos de Open Society y tildados de mercenarios, pero la realidad es que durante los meses que funcionó el grupo, lo hizo por la absoluta dedicación de sus miembros que destinaron su escaso tiempo, con altruismo y sin recibir un solo centavo, más bien gastando en conectividad, muy cara en Cuba.

El esfuerzo colectivo

La primera declaración de AP se hizo pública el propio 27 de noviembre y tuvo una recepción muy positiva. Cientos de personas se adhirieron durante las próximas semanas, lo que despertó la atención inmediata del aparato ideológico y de la Seguridad del Estado.

El 30 de noviembre creamos pequeños subgrupos con el fin de elaborar una propuesta de petición en el orden social, económico, político, jurídico y migratorio. La intención era redactar un documento breve y contundente con puntos claros que solo se acompañaran de argumentación cuando fuera indispensable. El mismo sería sometido a la opinión pública para enriquecerlo y presentado como una iniciativa ciudadana. En ese empeño estuvimos trabajando hasta la disolución de AP.

Articulación Plebeya

El 4 de diciembre en el Noticiero del Mediodía se acusó a AP de ser un grupo de mercenarios. En particular se ensañaron con Julio Antonio Fernández Estrada, que había aceptado la asesoría legal del grupo que entró a dialogar en el Ministerio de Cultura, conocido como 27-N. Ese mismo día se anunció la ruptura del diálogo del Ministerio de Cultura con el referido grupo.

Hubo en las redes una campaña en apoyo a Julio Antonio Fernández Estrada que se hizo viral. Decidimos entonces, ante los asesinatos de reputación que se hacían cotidianos, elaborar un escrito de queja y petición por los ataques a personas en medios públicos. Mientras tanto, el sitio Cubadebate publicaba un cartel donde se leía: Machete, machete que son poquitos. Ante el estupor y crítica colectivos lo retiró poco después, pero se entendía el mensaje.

Articulación Plebeya

El 9 de diciembre las personas que conformaban AP hicimos una reunión por videochat. Ese día supimos que Julito estaba siendo presionado por Seguridad del Estado.

El 10 de diciembre salió publicada la queja y petición, dirigida a Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional y del Consejo de Estado; Yamila Peña Ojeda, fiscal general de la República de Cuba; Oscar Manuel Silveira Martínez, ministro de Justicia y Alfonso Noya Martínez, presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión. La misma, luego de ser subscrita por 478 personas, se entregó once días más tarde.

Lejos de comedirse, la campaña de acusaciones contra AP escaló. Granma, Cubadebate, La Jiribilla, La Pupila Asombrada, La Tizza, se prestaron para aquel proceso de descrédito al que sumaron sus voces: Enrique Ubieta, Ernesto Estevez Rams, Karima Oliva, Iroel Sánchez, Javier Gómez Sánchez, y un por entonces poco conocido estudiante de periodismo espirituano: Pedro Jorge Velázquez, entre otros.

Eran ataques desproporcionados y absurdos, en los que se hacía todo tipo de acusaciones sin pruebas. Pero se tornó incluso internacional. Sumaron sus voces los argentinos Atilio Borón y Néstor Kohan y el mexicano Fernando Buen Abad.

Pronto, este tipo de presiones, a las que había que dedicar un precioso tiempo en desmontar, provocó que algunos de los miembros del grupo decidieran abandonarlo. En algunos casos se debió a compromisos de trabajo irreconciliables con un esfuerzo que era muy demandante. La pequeña cofradía se redujo a ocho, pero continuó con entusiasmo. Ya teníamos más de mil seguidores en Facebook. 

Trabajamos en elaborar una lista de temas y personas que pudieran participar en mesas de diálogo coordinadas por AP. La propuesta era que las mismas fueran ejemplo de seriedad, profundidad, respeto, diversidad e importancia de los temas. Creamos un canal de YouTube y un sitio web y el 11 de febrero se realizó lo que creíamos la primera Mesa, y que en realidad fue la única.

Articulación Plebeya

Estábamos eufóricos. Este es apenas uno de los comentarios del chat: «Estamos viéndola de nuevo también y estamos contentxs porque al final hicimos la primera mesa!!! Y fluyó bien a pesar d todas las limitaciones, y tuvimos diversidad, y más allá de las intolerancias y troles del chat, se lograron exponer criterios diversos en un mismo espacio. La audiencia fue buena y estable». Uno de los trolles era la doctora Karima Oliva, cuya hostilidad hacia AP fue evidente y a quien hubo que responder con un esclarecedor mensaje.

Organizamos varias propuestas de Mesas más que pueden ser observadas con sus posibles invitados.

Listado de Temas y personas vinculadas a ellos, para mesas de la Articulación Plebeya

La próxima sería dedicada a la Tarea Ordenamiento. Estas eran algunas de las aspiraciones:

Michel: “Necesitamos al menos dos invitadxs más. No tienen que ser economistas. Idealmente necesitamos a alguien que esté en Cuba y pueda hablar desde la experiencia personal del impacto de las medidas”.

Alina: “la periodista Katia Siberia es muy buena en temas económicos, Monreal siempre comparte sus textos”.

Michel: “Dile que lo que queremos es organizar una mesa sobre la Tarea Ordenamiento, que permita hacer una valoración de la misma, y de los efectos que ha tenido en la gente. La idea es que puedan cada quien resaltar lo que quieran, en una pequeña Presentación inicial (5-8 minutos) y después hacemos una ronda de preguntas que lógicamente les pasamos por adelantado. Están confirmadas Anamary Maqueiras, Tamarys Lien, Mario Valdés y Mauricio de Miranda. Es posible que invitemos a alguien más. Más que un debate académico lo que queremos es que sirva como un espacio de reflexión que la gente pueda ver e informarse, y quisiéramos que puedan defenderse puntos de vistas diferentes, o sea algo de ‘contrapunteo’ que permita dar una visión integral del proceso de reforma económica”.

El final

El 27 de febrero Julito escribiría en el chat grupal:

«Queridos y queridas de la Articulación Plebeya.

Para mí ha sido un honor todo este tiempo con ustedes. Ha sido poco pero lo he sentido como mucho tiempo. Hoy tuve mi cuarto encuentro con oficiales de la seguridad del estado. Me ordenaron cerrar inmediatamente Articulación Plebeya después de amenazas y mucha humillación.

No quiero repetir los feos detalles del encuentro. Me dijeron que les mandara hoy mi propuesta de cierre de la articulación. Les dije que este cierre no dependía de mí pero ellos insisten que sí. Tampoco aceptan que me vaya yo de la Articulación. También me dijeron que la Fiscalía me respondería la queja que pusimos.

Me dijeron que yo era un traidor, etc. Como lo que está en juego es, también, mi familia y especialmente mi hijo e hija, no puedo dilatar esto. Les pondré aquí mi propuesta de cierre de la articulación, aunque les dije hoy que esta sería una decisión de la mayoría. No les puedo decir cómo me siento hoy

Un abrazo para siempre».

Luego supimos con detalle que habían usado crueles métodos de tortura psicológica contra Julito en varios interrogatorios, uno de los cuales se extendió por siete horas: poseían su expediente médico y amenazaron explícitamente con violencia física contra sus hijos menores. Lo más aberrante del asunto es que, aun cuando él aceptó salirse de AP, le dejaron claro que esas amenazas contra sus hijos surtirían efecto si no obligaba a que todos abandonáramos el proyecto y sin denunciar las verdaderas razones.

Aunque me comprometí a borrar las conversaciones del chat, no lo hice, pido disculpa a mis amigos de AP, pero me alegra haber incumplido esa decisión.  Ellas me han servido para rememorar el dolor y la humillación que sentimos todos al tener que replegarnos, abandonar algo en que habíamos puesto tantas esperanzas para el cambio cívico, y saber que íbamos a decepcionar a todos los que nos habían apoyado y creído en la posibilidad de esos espacios de participación. El 28 de febrero, la publicación en Facebook rezaba:

«Articulación Plebeya (AP) ha querido ser una plataforma de diálogo en Cuba para propiciar el debate de ideas y propuestas al interior del país. La apuesta de AP ha sido por el respeto a los derechos humanos y al estado de derecho como vía para el diálogo en Cuba. Sin embargo, AP ha sido objeto de ataques, presiones y tergiversaciones. AP no se propuso ser un actor político pero ha sido tratada como tal, no ha promovido una particular ideología pero ha sido estigmatizada como contrarrevolucionaria, se ha sostenido con el aporte voluntario de sus colaboradores pero ha sido acusada públicamente de mercenaria. La persistencia de estos ataques hace muy difícil nuestra tarea de organizar mesas de debate. Como cubanos y cubanas dignos y dignas, y sin claudicar en la defensa de la soberanía del pueblo de Cuba, decidimos suspender los trabajos en Articulación Plebeya. Nuestros esfuerzos individuales no se frenarán y así continuaremos trabajando por un país mejor para todos y todas».

Quedaba listo el Petitorio que ha estado guardado hasta hoy. Creo justo darlo a conocer aquí por vez primera. Fue elaborado en el sueño de una Cuba mejor, un país donde no se rechace a nadie por sus ideas, donde primen la justicia social y la defensa a la integridad nacional. Era una deuda pendiente con la ciudadanía.

* Petitorio *

Trataron de silenciar lo que se veía venir. Indignada ese día dije en el chat: «Mientras cierran AP, en Caibarien y Camagüey la gente sale a manifestarse en las calles, eso es lo que prefieren, algún día podremos contar la verdad, ese día va a llegar, un abrazo enorme a todos, hermanas y hermanos, uno enorme a Julito».

Menos de cinco meses más tarde ocurrió el estallido social del 11 de julio.

Elecciones en Cuba: civismo contra propaganda

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Elecciones
(Foto: Perlavisión/ACN)

Este domingo los colegios electorales de Cuba abren sus puertas para las elecciones a delegados a las asambleas municipales del Poder Popular. Con una frecuencia quinquenal, este es el ejercicio más cercano a la democracia de cuantos están contenidos en la legislación electoral cubana.

El proceso ocurre en un contexto de profunda crisis y desmotivación social y en medio de campañas desarrolladas por los extremos del espectro político. Por un lado, el Estado/Partido y las instituciones oficiales instan a acudir a las urnas como muestra de unidad y apoyo al sistema político; por otro, activistas y opositores exhortan a la no presentación y el abstencionismo, por considerar que las elecciones son un mecanismo que no responde a las necesidades democráticas de los cubanos.

Más allá de esas posturas, La Joven Cuba convoca a la ciudadanía a ejercer su derecho como decisión personal, no como consecuencia de campañas propagandísticas que buscan condicionar el resultado. La democracia empieza por la actitud cívica que conscientemente asuma cada uno.

Longplaycracia

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longplaycracia
(Imagen: Brady Izquierdo)

?Agradezco la oportunidad que se nos brinda de realizar un debate previo a las elecciones del domingo. Es un honor contender con esta compañera, militante del Partido por demás. En ella se cumple aquello de que «la figura del delegado tiene un diseño democráticamente encomiable, del cual podemos incluso presumir».

?Si de honor vamos a hablar, para mí es un orgullo tener al camarada de contrincante. Por esas casualidades de la vida, él también pertenece al Partido, pocas veces he visto una trayectoria más límpida.

?Cualquier vecino pensará que quieres echarme el muerto encima.

?Vaya modestia. Fíjense si su familia es virtuosa, que la nieta obtuvo premio en el Concurso Amigos de las FAR. En el diario provincial la calificaron como «amiga del arte uniformado». Con «mentalidad de una joven centrada» le expuso al periodista: «Mi familia está orgullosa de mí, por mis pensamientos revolucionarios». Ni Rosa Luxemburgo despuntó tanto cuando hizo la secundaria.

?Así somos.

?La condición de delegado no entraña privilegios personales ni beneficios económicos.

?La de dirigente tampoco.

?Están ahí para tomar las grandes decisiones.

?Y las pequeñas. Nosotros nos encargamos de justificarlas. «Urna» cosa lleva a la otra.

?La gente se impacienta por nimiedades. Los delegados existen para que el pueblo entienda que cualquier calamidad se explica por sí sola.

?Me has hecho recordar que un grupo de consumidores ha puesto el grito en el cielo porque su cuota mensual de arroz se les distribuyó en dos envíos, no se sabe si de Brasil y de Sumatra.

?Marrero lo habrá argumentado al intervenir en el foro chino «La asistencia del arroz híbrido y la seguridad alimentaria del mundo». Días después, en una reunión acá, ha señalado que «no habrá espacio para discursos, promesas y resultados en números que el pueblo no los vea en la mesa».

?Con funcionarios así, el futuro está garantizado.

?«En el diseño constitucional del sistema político cubano, la organización estatal se construye de forma piramidal, desde la base».

?Como hacían los faraones.

?Las elecciones demuestran que pasamos de «democracia».

?El prefijo «demo» empequeñece. Lo nuestro es una «longplaycracia».

?Longplaycracia que no necesita de «escandalosas campañas electorales donde candidatos de un sinnúmero de partidos les hacían a los electores muchas promesas que después que lograban su objetivo pasaban al olvido».

?El sistema social cubano avala que del dicho al hecho haya un solo trecho… aunque subsistan dificultades para su asfaltado. A pocos días de diciembre, es ostensible que llegaremos, como prometió el presidente, con las afectaciones eléctricas resueltas.

?Hay que «contar con cierta capacidad instalada o interés y potencialidad para alcanzarla en breve tiempo».

?Para eso se hizo una revolución energética.

?Cubadebate no se refiere con esa frase a nuestras termoeléctricas, sino a una de las tantas cualidades del delegado, aplicable al primer secretario del Partido. No sería justo que a un hombre «que lleva ya casi cuatro años dejando la piel y el alma en esfuerzos sin pausa por resolver los problemas de toda la nación» lo pongan a competir en una boleta con otra persona que no sea él mismo, mucho menos ahora, que se ha revelado feliz.

¿Por qué está feliz Díaz-Canel?», se pregunta una periodista. «Cuando un hombre como él se declara feliz, hay que anotar el dato para leerlo a fondo, contrastando ese ánimo nuevo con el de otros días, meses y años en que la pregunta no cabía».

?Ahora cabe.

?Parece, «si siente que este viaje está valiendo la pena», en busca de buenos acuerdos que lleguen «en forma de productos a la casa y a la mesa, a nuestra cotidianidad, a nuestro proyecto de vida, para aliviarnos de apagones y desabastecimientos».

?No digo yo si vale la pena visitar tres continentes en dos semanas.

?En un avión que no es tuyo. «La economía cubana se dinamiza».

?No podemos ser la nación que va de cigüeña entregando vida al mundo.

?Mejor de pedigüeña intentando salir de este presente inmundo.

?Y en el ir y venir, del avión y de la economía, se cometen errores en los «procesos decisionales».

?«En cualquier caso, son oportunidades para crecer, para no volver a fallar, para ser mejores», fantasea el Granma. En nueve párrafos se menciona veintisiete veces la palabra error… ni que en Cuba se cometieran tantos.

?Los que lo cometen están a expensas de ser revocados.

?A expensas de que se les joda la despensa.

?Y eso nunca ha sucedido.

?No sucederá contigo. Votaré por ti para delegada.

?Y yo por ti.

?Por mí…

Producto Nacional Bruto y servicios profesionales al exterior

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Producto
(Imagen: Wallpaperflare)

Cuando se trata la macroeconomía cubana casi nunca se habla del producto nacional bruto (PNB) —o ingreso nacional bruto—, solo del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, aún cuando estén indisolublemente interrelacionados, las diferencias entre ambos son significativas. Sobre todo, el PNB es importante cuando se trata de entender, analizar  y valorar los ingresos que recibe un país de economía abierta como Cuba.

Mientras el PIB expresa el valor final de la producción total de bienes y servicios llevada a cabo en un país durante un período de tiempo dado; el PNB incluye solo el valor final del conjunto de bienes y servicios finales producidos por los sujetos económicos residentes en el citado país, no de los extranjeros que trabajan en él.

Para calcular el PNB de un país, hay que sumarle al PIB las rentas de los sujetos económicos nacionales obtenidas en el extranjero (salarios, intereses, beneficios, etc.) (RRN por sus siglas en inglés). A su vez, es preciso restarle aquella parte de la renta nacional que los factores extranjeros han obtenido en el país (RRE por sus siglas en inglés). La fórmula para lograr esto sería: PNB=PIB+RRN?RRE.

El PNB indica la magnitud de los ingresos del PIB que empresas y trabajadores extranjeros presentes en Cuba extraen —cifra no publicada por las estadísticas nacionales y que sería pertinente conocer— y pasan a formar parte del PNB de sus países de origen. En cambio, se añaden al PNB los ingresos que empresas y trabajadores cubanos producen en otros lares y vienen a engrosar los de la Isla.

A tenor con ello, si un médico cubano trabaja en Venezuela hay que sumarle el total de los salarios percibidos en aquel país al PIB de Venezuela y al PNB de Cuba, pero no al PIB nuestro, al que sí iría el salario en CUP que le paga su centro de trabajo en la Isla. Si no se hiciera así y se sumara su salario en el PIB de los dos países, se comete un craso error estadístico que incrementa artificialmente el PIB insular.

En el caso cubano, sucede que la estadística asume los servicios en el exterior de nuestros profesionales como un rubro de exportación de una empresa isleña que alquila sus servicios a otra entidad foránea, pero esa no es la práctica del comercio y las estadísticas a nivel mundial.

¿Son esos servicios profesionales parte de nuestro PIB como exportaciones? ¿Forman parte del PNB cubano como salarios de los contratados en el exterior, pero no del PIB? ¿Es correcto contar esos ingresos en el PIB de la Isla como exportaciones y en el de los países de origen como salarios?

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¿Son esos servicios profesionales parte de nuestro PIB como exportaciones? (Foto: EFE)

-I-

A nivel mundial, las tendencias actuales en la exportación de servicios muestran alta fluctuación aunque prima el crecimiento. Los servicios estrella son los viajes y el transporte. No obstante, nunca han rebasado el veinte por ciento del total de las exportaciones mundiales. Europa, Asia y Norteamérica son las regiones que dominan en la exportación e importación de servicios.

Los ingresos por concepto de servicios profesionales en el exterior son un rubro de exportación en muchos países, pero su peso específico suele ser muy inferior al que tienen en Cuba. En Latinoamérica, la Isla marchaba en el quinto puesto en 2017 (8,4% del total), por detrás de Brasil, México, Argentina y Chile. En ninguna de estas naciones los ingresos por servicios en el exterior superan a los de producción y exportación de bienes. 

El rubro de exportación de servicios profesionales se ha tornado una categoría fundamental para entender la economía insular, un componente vital de ella; pero también su talón de Aquiles. Hay que recordar que hasta la expulsión por Bolsonaro de los trabajadores sanitarios cubanos en Brasil, el pago por servicios de salud en el exterior era el principal ingreso en divisas del país. Sin embargo, englobar los servicios profesionales junto a otros servicios exportables, como el turismo, no es correcto.

La exportación de servicios profesionales no es por su naturaleza un bien exportable, sino un servicio que debía ser contratado directamente entre la empresa extranjera y los trabajadores cubanos, aunque mediara una entidad empleadora. Este tipo de institución no es un invento criollo, existen en muchos países y prestan valiosa asistencia a los trabajadores nacionales que laboran allende sus fronteras mediante la representación de sus intereses ante los sujetos económicos de otro Estado.

La diferencia sustancial es que aquellas cobran a sus representados alrededor del diez por ciento como comisión de servicios, mientras las entidades empleadoras cubanas se quedan con una suma que oscila entre el cincuenta y el noventa por ciento del salario. Al porciento restante que obtiene el colaborador se añade el salario que la correspondiente empresa cubana en la cual laboraba ha de pagarle mensualmente, mientras dure su contrato en el exterior.

Los ingresos provenientes de este tipo de servicios en el exterior de sujetos económicos nacionales  pueden entrar a formar parte del PNB en cualquiera de sus categorías, sean salarios, alquileres o beneficios. No tienen que ser solo los pagos a una empresa por el alquiler de los trabajadores, o una parte de sus salarios. De todas formas, en un país tan estatizado como Cuba, donde la mayor parte del comercio y los servicios pertenecen a empresas estatales, la mayoría de estos ingresos pasará casi de inmediato a manos del Estado, en forma de pagos por bienes y servicios comprados en el cautivo mercado interno.

La práctica de esquilmar a los trabajadores contratados, al dejarle un por ciento menor del pago por sus servicios, es un componente más de la política absolutamente centralizadora del Gobierno/Partido/Estado y no tiene parangón en la práctica internacional. El problema de esta práctica empresarial cubana está en que los trabajadores son obligados a firmar un contrato con la empresa empleadora donde se comprometen a entregarle un por ciento leonino de sus salarios. De lo contrario, no son seleccionados para estas misiones de colaboración.

Su antecedente histórico más cercano parece ser el alquiler de siervos que hacían los propietarios privados a la administración colonial para ejecutar obras públicas de infraestructura. Del ingreso recibido, una pequeña parte pasaba a los contratados como estímulo por el buen trabajo realizado para otros dueños. Los que tenían la dicha de ser contratados, solían dedicar el ingreso extra a comprar la libertad de sus hijos, a veces nonatos, o la suya.

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La aparición de exportaciones de servicios profesionales se inició con el Período Especial. Una de las primeras empresas creadas con este fin fue Cubadeportes SA (1992).

-II-

La aparición de exportaciones de servicios profesionales se inició con el Período Especial. Una de las primeras empresas creadas con este fin fue Cubadeportes SA (1992). Desde entonces ha enviado alrededor de 150 000 especialistas de más de treinta disciplinas deportivas a más de sesenta países.

Entre 2011 y 2015, la venta de servicios profesionales mediante acuerdos gubernamentales, fundamentalmente de salud, aportó un promedio de 11 543 millones de pesos (MP) anuales, aproximadamente el setenta por ciento del valor total de las exportaciones cubanas. Los principales gobiernos que sustentaban estos contratos eran: Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia. Mediante el Programa Integral de Salud, Cuba también ofreció servicios de salud gratuitos a países con menos recursos, como Haití, El Salvador, Guatemala,  Nicaragua, Honduras, Congo, Tanzania y Zimbawe.

Sin embargo, hace dos lustros, en pleno boom de la venta de tales servicios a Venezuela y otros países del llamado progresismo latinoamericano, un  joven y clarividente profesor de la Universidad de Oriente pronosticó su fracaso a largo plazo a partir de evidencias históricas, económicas y políticas que el Gobierno/Partido/Estado se negó a tener en cuenta y mucho menos afrontar con visión de futuro:

La retórica del discurso oficial de que Cuba tiene una imperiosa restricción en el sector externo, expresada por un severo déficit en la balanza de bienes de la cuenta corriente, de la que debe salir exportando servicios profesionales, es sumamente temeraria y preocupantemente cortoplacista.

Cuba es una nación con una fuerte e históricamente probada vocación agropecuaria, acreditada por sus ventajas comparativas y absolutas. Por ello, la solución a las elevadas erogaciones por concepto de compra de alimentos, no debe estar asentada en desarrollar el sector terciario sin solucionar los problemas estructurales asociados al sector primario.

Vender profesionales para comprar alimentos no constituye una estrategia feliz ni mucho menos sostenible en el tiempo, sobre todo si se comprende que la concentración en un mercado como Venezuela es un fenómeno político y coyuntural, al estilo del diferencial azucarero neocolonial o de los acuerdos mullidos del CAME.

La empresa Comercializadora de Servicios Médicos Cubanos SA, es la encargada de gestionar la cartera de exportaciones de servicios de salud.  Según el Anuario Estadístico de Cuba 2020, dichos servicios generaron 3 997 948 millones de pesos (MP), el 58,1% de los 6 879 664 ingresados por servicios exportados en ese año.  No obstante, disminuyeron respecto a los 5 382 190 MP producidos en 2019, cuando el total alcanzó los 9 867 141 MP.

Cuando el reflujo de la izquierda trajo al poder gobiernos de derecha en casi todos los países, uno de sus primeros pasos fue cerrar los contratos de servicios profesionales con Cuba. Por su parte, Venezuela vivió en el último lustro un período de inestabilidad y controversia política, acompañado de sanciones económicas y del secuestro sus activos en el exterior, lo que hizo disminuir su producción petrolera y perjudicar los suministros a Cuba a cambio de los servicios profesionales exportados.

Actualmente, en que nuevos gobiernos de izquierda aparecen en el área y Venezuela parece haber reencontrado su lugar en la economía global, sería conveniente repensar la forma en que Cuba presta esos servicios, los cuantifica y presenta como indicadores macroeconómicos.

El PNB de Cuba en el exterior no lo produce el Gobierno/Partido/Estado, sino un sector altamente calificado de la fuerza de trabajo nacional: el de sus profesionales de la salud, educación superior, cultura, deportes, industria y agricultura. A ellos les corresponde recibir la mayor parte de los ingresos primarios  por estos servicios.

Poner a tono esta actividad económica con la práctica internacional, traería consigo mayores posibilidades de engrosar nuestro PNB, hacer transparentes las estadísticas nacionales y tornar sustentable, a mediano y largo plazo, un sector que, a pesar de la calidad y experticia laboral de los miles de profesionales que lo ejecutan en diferentes lugares del mundo, es blanco fácil de campañas de descrédito y sanciones por sus aberrantes y obsoletos modos de funcionamiento.