Pablo Milanés vs la leyenda negra

por Roberto Zurbano Torres
Pablo

Para Rosa Marquetti y Eliseo Altunaga, que saben

***

La voz de Pablo es un patrimonio entrañable de Cuba. Y se torna leyenda, cuando la música resultó insuficiente para alcanzar otros sueños propios y ajenos. Tuvo muchas vidas en casi ochenta años que multiplicaron la mirada de un hombre cuyos dones musicales le distinguieron, sin atarle a una u otra manera de brillar en este o aquel género.

Lo popular siempre estuvo en su raíz, sin la necesidad de un rescate como vemos con demasiada frecuencia y paternalismo. Un ejemplo, Los caminos, aquel guaguancó que el gran musicalizador de cine Germinal Hernández llamaba «filomamboso» y lamentaba que Pablo no grabara el disco de ese género que le exigieron sus amigos rumberos Pancho Quinto y El Ambia.  

Aquel guaguancó se escuchaba cada tarde en la radio de mi infancia, pues era el tema de algún programa que no recuerdo. Rememoro mejor el afro o espendrum de Pablo Milanés que años después imité. Ese pelo irredento de Pablo y Ángela Davis fue una de las imágenes más poderosas en mi adolescencia: Un peinado que resulta liberador cada mañana de tu vida y logra desatar las ideas y sueños de tanta gente que no puede. Parecería frívolo, pero los peinados afros forman parte de una historia más emancipatoria que la que se enseña hasta hoy en las escuelas.

Conocí a Pablo gracias a Eloy Machado, el Ambia, y a Abraham Rodríguez, en el estreno de una pieza teatral que escribiera este último: La barbacoa, con música de Juan Formell. Fue en el cine teatro Fausto, en Prado y Colon, con un reparto que ya no recuerdo. Pablo llegó tarde y sudado, recibido por un exigente Eloy, quien le cobró su tardanza con una ronda de finos alcoholes al final de la noche.

Me emocioné tanto vigilando cada reacción suya, que tuve que regresar la otra semana a disfrutar de la obra, una magnífica comedia de mitad de los ochenta, donde se estrenó aquello de «La habana no aguanta más», mientras la gente se carcajeaba y bailaba hasta el final de la función.

Hubo una discusión entre Pablo y Abraham sobre la diferencia entre los solares, las cuarterías y las accesorias, que duró casi una hora. Para Abraham, la barbacoa era algo culturalmente novedoso, mientras a Pablo le parecía cultura de la pobreza o algo así como otra forma de reproducirla.

Muchos años después, evoqué aquella controversia cuando supe por la televisión que el diputado Pablo Milanés, elegido por el barrio habanero de Los sitios a la Asamblea Nacional, propuso reparar un grupo de ciudadelas con algunas propuestas de mejoramiento, como eliminar los baños colectivos y construir uno para cada familia, hacer una historia del barrio, etc.. Dicha proposición nunca fue aprobada.

Tiempo más tarde supe que aquella discusión entre Pablo y Abraham fue parte de numerosos debates que nacen de la experiencia y el compromiso racial. No eran discusiones letradas: Pablo habló desde su experiencia en el solar de la calle Consulado, donde hizo breve estancia.

En la obra de Sara Gómez, Eugenio Hernández,  Maité Vera, et. Al, está su propia biografía. Esa primera generación de poetas, dramaturgos, actores y cineastas negros en la Revolución, llega al campo cultural en tanto sujetos de una transformación social que comparaban con la etapa anterior para interrogar al futuro.

Durante los años sesenta y setenta, Pablo era uno más en aquellos círculos de confianza y aprendizaje donde se discutían las ideas del Black Power, la affirmative action  y Malcon X; donde se celebraba a Lumumba, Sekou Touré y el panafricanismo, hoy olvidado en las páginas de la revista Tricontinental.

Tales debates pasaban por el ICAIC e incluían a figuras como Sara Gómez, Nicolás Guillen Landrian, Manolo Granados, Inés María Martiatu, Oscar Valdés o Germinal Hernández. También en el círculo del feeling, curiosamente de mayoría negra. Entre los miembros del Seminario Nacional de Dramaturgia y el Conjunto Folklórico, ambos en el Teatro Nacional.

Junto a figuras como Walterio Carbonell, Tomás González o Tomás Gutiérrez Alea, quien nuclea a muchos de ellos en La última cena, su obra clásica menos atendida. Eran sesiones cuasi secretas en una época donde este tipo de lectura no era bien vista por el dogmatismo marxista al uso. Fue una etapa de rupturas y novedades, sin los compartimentos estancos que reordenan la cultura en la Cuba del siglo XXI.

En el legado de Pablo Milanés, su visión popular y antirracista tiene un alto valor. No se trata de convertirlo en un activista antirracista post morten; porque lo fue de esa manera selectiva y exquisita, sin llegar al elitismo, que caracterizó su personalidad. En su obra convergen las corrientes aéreas y subterráneas de toda la música que han pasado por Cuba.

Y se abrazan; como abrazó a Miguelito Cuní mientras cantaban Convergencia con el Conjunto Chapotín. Pablo lo acerca y lo abraza, fundiendo sus voces y anhelos. Así fue con muchos: los rumberos contaron con él, los soneros, jazzistas, changüiseros y raperos, a quienes apoyó más de una vez.

Cuando nace la Fundación Pablo Milanés, ya este se preocupaba por la salud de viejos músicos, ayudaba a mucha gente joven, no solo músicos, promovía eventos sobre géneros populares en las provincias orientales e iba desarrollando una visión más allá de la filantropía, con novedosos patrocinio y  gestión de acciones culturales en la Isla, que fueron desde prestar su sonido gratuitamente a un grupo de estudiantes del ISA para celebrar La noche de las almas libres, comprarle una trompeta a una vieja gloria de Cuba o equipar toda una banda de música para una joven cantante.

La malograda Fundación Pablo Milanés (1993-1995), tras esos empeños, fue la posibilidad de encauzar aquella energía cultural nacida en los ochenta, ya en medio del contexto económico e ideológico de los noventa, que marcó el final de una era en la sociedad cubana.

La Fundación significó para muchos una tabla de salvación, para otros, simplemente un pequeño Ministerio de Cultura; pero en realidad allí nacieron nuevas maneras, instituciones y discursos culturales que pudieron trascender las limitaciones materiales e ideológicas del momento y abrir puertas para esa nueva institucionalidad cultural que aún no tenemos, a pesar de la renovación emprendida por algunas de las ya establecidas.

Asimismo, la Fundación removió el acartonamiento, la morosidad, el elitismo y el orden burocrático que entonces regían la política y la gestión culturales. Hizo de la creación y el pensamiento centro de sus acciones, para lo cual contó con expertos realmente creativos y  prestigiosos.

En medio de la crisis económica y política que generó la explosión migratoria de 1994, la Fundación apoyó a instituciones como Casa de las Américas, las escuelas de arte, etc. Por otra parte, los discos, conciertos, revistas, coloquios y gestiones socio-culturales que generó, partieron de una mirada desprejuiciada a temas tan controversiales en el período como: el mercado, la racialidad, la emigración, etc.

En poco menos de dos años de trabajo, el saldo de su labor superó al de cualquier ministerio de cultura en Latinoamérica y el Caribe, sin tener todos los mecanismos administrativos y financieros totalmente ajustados. Eso provocó envidia, controversias e incomprensiones que motivaron su temprana desaparición.

Pablo fue un hombre plenamente consciente de su cubanía. Tuvo conciencia política, cívica e histórica. Y también racial, esa rara avis entre artistas e intelectuales cubanos (negros, mestizos o blancos), que les lleva a desencontrarse con su historia y rechazar los imaginarios y aportes  que la gente negra, china, árabe o judía han hecho a la nación.

Entre los años sesenta y ochenta compartió sus ideas sobre la cultura popular, la cuestión racial y las religiones afrocubanas con amigos cercanos, artistas o no, comprometidos con estos temas cuasi prohibidos.

Muchos de ellos, por su prestigio, serían ejecutivos en la Fundación  y propiciaron  acciones como el primer disco de Yoruba Andabo, el coloquio dedicado a Orígenes, la puesta en escena de Delirio habanero por Alberto Pedro o la creación de una camerata de mujeres.

Pablo

Rememoro mejor el afro o espendrum de Pablo Milanés, que años después imité.

De modo que los resultados de la Fundación no estuvieron marcados por una mirada sectaria o racista de la cultura, sino abierta a la novedad y al intercambio, desde la misma proyección internacional que ya gozaba la obra de Milanés, y por eso presta a enfrentar cualquier forma de discriminación por género, raza, sexualidad o religión.

El derecho de la Fundación a existir fue negado por una  incomprensión cultural y política llena de prejuicios, y por la falta de hábitos respecto a la diversidad, la interracialidad  y la civilidad cubanas. Entre los chistes de entonces, el más común fue llamar Palenque a la Fundación, pues buena parte de sus ejecutivos y beneficiarios eran artistas e intelectuales negros o vinculados a la música popular (rumba, salsa, son).

El chiste expresaba una opinión compartida, aunque reprimida, por buena parte de la burocracia cultural, curiosamente muy blanca y elitista. Muchas instituciones cubanas (no solo culturales) exhiben una mayoría de ejecutivos de piel blanca que, más allá de sus resultados, no son cuestionados por su color ni tienen que soportar chistes de tanta colonialidad y conservadurismo juntos. Pablo fue consciente del valor y necesidad de la Fundación, pero también previó las consecuencias de una pelea contra aquellos demonios y terminó consintiendo su cierre; un cierre quizás temporal, eso lo dirá el futuro.

Desde Andilanga, cuando nuestros antepasados eran condenados a la plantación, el esclavizado respondón o risueño recibía su pequeño castigo; pero el cimarrón recibía una sanción mayor: ejemplarizante. La soberbia del poder es intolerante con los sueños de quienes oprime, y no soporta el olor de las ideas ajenas, ni de la belleza o el amor: los demás siempre están equivocados y merecen corregirse, bajar la cabeza y darse su lugar.

Por eso el cimarronaje es el aporte cultural más poderoso de los esclavizados ante el poder colonial. El cimarrón renuncia a todo lo que significa sometimiento y se lanza a crear algo nuevo, un campo de libertades más peligroso para quienes viven del sudor ajeno que para quienes se plantean construir vidas y sueños en un nuevo contexto.

Pablo fue un paladín del cimarronaje cultural en Cuba;(1) pero no trabajó desde una filosofía de guetto, sino desde una arquitectura abierta a lo coral de nuestras raíces, asumiendo nuevas voces, nuevos temas sociales y también nuevas estructuras o instituciones para desarrollar el campo cultural del siglo XX.

Pablo

La Casa de América acogió la capilla ardiente del cantautor cubano, fallecido en Madrid a los 79 años. (Foto: La Sexta)

Todo cimarrón recibe un castigo excesivo, proporcional al sueño de libertad que conquistó. Aun hoy, exhibimos una lista de personas negras que no han querido bajar la cabeza, sino usarla mejor en defender derechos y abrir caminos, quienes son juzgadas con mayor dureza e intolerancia.

Es el peso entre la colonialidad y el socialismo, que cargamos, como una cruz, mucha gente negra que hemos renunciado a la subalternidad y seguimos apostando por una nación diferente, dentro y fuera de la Isla.

Todo parece más lejano o imposible cuando desconocemos esa tradición cultural y no asumimos una visión crítica ante las visiones plurales que caracterizan la cultura cubana de cualquier época. Detrás de los celulares, dejamos de entender, re-conocernos y abrazarnos.

En un campo cultural cada vez más fragmentado, ralentizado y disciplinado es bueno saber que un hombre como Pablo Milanés estuvo ahí, que puso su fortuna al servicio del talento y el sueño de otros, que abrió espacios para las ideas y obras de gente más joven o más olvidada, como hizo con Luis Carbonell, por solo citar un ejemplo.

Con mayor frecuencia entre nosotros, las buenas ideas y discusiones huyen hacia el silencio o la oscuridad. El legado de Pablo niega esa tendencia y seguirá en la controversia que siempre le acompañó. Su leyenda crece y sus batallas culturales serán aprendizajes para llegar al país que viene. Los caminos no se hicieron solos.

***

(1) Roberto Zurbano: El cimarronaje cultural: Una (e) lección personal in Art x Cuba. Contemporary Perspectives since 1989 Editors Dr. Andreas Beitin and Antonio Eligio Fernández (Tonel), Ludwig Forum für Internationale Kunst, Aachen, Germany, 2018, pp. 122-133 (aleman e inglés) y pp. 273-275 (español).

32 comentarios

Alzugaray 30 noviembre 2022 - 7:23 AM

Zurbano. Excelente texto. Tocas un tema que en toda la conversación sobre Pablo había sido ignorado hasta ahora. Y es un tema muy Pablo, por decirlo de alguna manera. Gracias.

ROSA MARQUETTI TORRES 30 noviembre 2022 - 7:31 AM

Muchas gracias, Zurbano, por este texto medular por revelador. Habrá que continuar lanzando luz sobre el legado cívico y comprometido de Pablo Milanés más allá de la música. Gracias a La Joven Cuba!

cubano de antes 30 noviembre 2022 - 7:40 AM

Roberto Zurbano Torres …al igual que el Silvio y tantos otros Mianes fue CÓMPLICE no instantes sus méritos artístico: Está CONFESIÓN sin PUDOR ni REMORDIMIENTOS de “uno de ellos” (Milanés incluido) —————“Según me contó varias veces Alfredo Guevara, en las primeras semanas de 1959 solía reunirse, en una casa de Tarará, el estado mayor de la Revolución triunfante: Fidel, Raúl, el Che, Celia, si mal no recuerdo también Augusto Martínez Sánchez y Antonio Núñez Jiménez. Alfredo estuvo en muchas de aquellas reuniones donde se discutía cómo se iba desmontar la sociedad que era la Cuba de entonces y cómo se iba a montar una nueva. De discusiones que ocurrieron allí salieron las ideas de muchas leyes y medidas revolucionarias de entonces.

Todavía el enfrentamiento con el norte no tenía las proporciones que alcanzó cuando comenzaron las nacionalizaciones. Por lo mismo, tampoco era tan fuerte la presencia de la URSS entre nosotros.

Muchas veces escuché decir que Fidel, aunque comprendió y apreció la ayuda soviética, siempre prefirió no hacer un calco de aquel modelo; también escuché decir que había compañeros de la primera coalición revolucionaria que por su trayectoria y compromisos eran más propensos a parecerse a los soviets.

De lo que se infiere que la creación del modelo nuestro oscilaba, entre dos o tres formas de entender lo que debía ser el socialismo: una más fresca y joven, liderada por los que venían del Movimiento 26 de julio y el Directorio Revolucionario, y otra, protagonizada por la antigua militancia del PSP, que tenía viejos vínculos con el Kremlim.

Mi idea personal –esto no me lo ha dicho nadie sino que fui llegando a esta conclusión luego de ver situaciones diversas—es que desde hace muchos años la máxima dirigencia de la Revolución tenía total conciencia de lo mal que funcionaba nuestro sistema, de sus torpezas, de su rigidez burocrática y sobre todo de su ineficiencia.

Todo esto cristalizó en mi cabeza hace 30 años, cuando fue aprobada la construcción de los estudios Abdala y Fidel me preguntó que cómo pensaba construirlos.

Encogiéndome de hombros –porque yo no sabía nada de aquella materia—me aventuré a mencionar la estructura estatal que por su función pensaba que debía hacerlo.

–¿De esa forma? –me respondió incrédulo– ¿Tú quieres que se demoren mil años y que al final corran, para hacer en unos días lo que no hicieron en el tiempo que debieron hacerlo, y que por último te entreguen un adefesio? Qué va, Silvio, tenemos que buscar quienes lo hagan bien y en el tiempo debido.

Aquella respuesta me ayudo a comprender por qué surgían empresas que respondían directamente a lo más alto del Gobierno, como Cimex, como Gaviota, como después Gaesa.

Era obvio que la falta de eficiencia de algunas instituciones estatales aconsejaron a la dirección del país crear empresas alternativas que garantizaran el funcionamiento de temas que posiblemente nos eran vitales. Por eso al cabo de los años Fidel le dijo a aquel periodista norteamericano que nuestro modelo ya no nos servía ni a nosotros.”
Ante este escenario de fondo el “arrepentimiento” del SR, Milanés fue poco, llegó tarde y l mejor que hizo fue morir fuera de Cuba

cubano de antes 30 noviembre 2022 - 7:44 AM

Según me contó varias veces Alfredo Guevara, en las primeras semanas de 1959 solía reunirse, en una casa de Tarará, el estado mayor de la Revolución triunfante: Fidel, Raúl, el Che, Celia, si mal no recuerdo también Augusto Martínez Sánchez y Antonio Núñez Jiménez. Alfredo estuvo en muchas de aquellas reuniones donde se discutía cómo se iba desmontar la sociedad que era la Cuba de entonces y cómo se iba a montar una nueva. De discusiones que ocurrieron allí salieron las ideas de muchas leyes y medidas revolucionarias de entonces.

Todavía el enfrentamiento con el norte no tenía las proporciones que alcanzó cuando comenzaron las nacionalizaciones. Por lo mismo, tampoco era tan fuerte la presencia de la URSS entre nosotros.

Muchas veces escuché decir que Fidel, aunque comprendió y apreció la ayuda soviética, siempre prefirió no hacer un calco de aquel modelo; también escuché decir que había compañeros de la primera coalición revolucionaria que por su trayectoria y compromisos eran más propensos a parecerse a los soviets.

De lo que se infiere que la creación del modelo nuestro oscilaba, entre dos o tres formas de entender lo que debía ser el socialismo: una más fresca y joven, liderada por los que venían del Movimiento 26 de julio y el Directorio Revolucionario, y otra, protagonizada por la antigua militancia del PSP, que tenía viejos vínculos con el Kremlim.

Mi idea personal –esto no me lo ha dicho nadie sino que fui llegando a esta conclusión luego de ver situaciones diversas—es que desde hace muchos años la máxima dirigencia de la Revolución tenía total conciencia de lo mal que funcionaba nuestro sistema, de sus torpezas, de su rigidez burocrática y sobre todo de su ineficiencia.

Todo esto cristalizó en mi cabeza hace 30 años, cuando fue aprobada la construcción de los estudios Abdala y Fidel me preguntó que cómo pensaba construirlos.

Encogiéndome de hombros –porque yo no sabía nada de aquella materia—me aventuré a mencionar la estructura estatal que por su función pensaba que debía hacerlo.

–¿De esa forma? –me respondió incrédulo– ¿Tú quieres que se demoren mil años y que al final corran, para hacer en unos días lo que no hicieron en el tiempo que debieron hacerlo, y que por último te entreguen un adefesio? Qué va, Silvio, tenemos que buscar quienes lo hagan bien y en el tiempo debido.

Aquella respuesta me ayudo a comprender por qué surgían empresas que respondían directamente a lo más alto del Gobierno, como Cimex, como Gaviota, como después Gaesa.

Era obvio que la falta de eficiencia de algunas instituciones estatales aconsejaron a la dirección del país crear empresas alternativas que garantizaran el funcionamiento de temas que posiblemente nos eran vitales. Por eso al cabo de los años Fidel le dijo a aquel periodista norteamericano que nuestro modelo ya no nos servía ni a nosotros.
…,,la parte NEGRA de Milanes NO FUE SUCOLOR

Andrés 2 diciembre 2022 - 3:00 PM

No estoy seguro de entender o de coincidir (en caso de que mi interpretación de en el clavo) con su última oración. Si la idea es que el carácter racializado que se le dió al propósito de la fundación de Pablo no es lo fundamental en su desaparición como institución, sino más bien las serias limitaciones de nuestro sistema cultural oficial, entonces coincido sólo parcialmente. Creo que el racismo, además de la incompetente “sabiduría infinita” de nuestros tomadores oficiales de decisiones culturales, ha jugado un papel crucial en todo lo que hemos hecho como nación después del 59; nunca se ha discutido sobre ello públicamente (al menos no sobre sus implicaciones más siniestras durante el período revolucionario) y por ello muchos siguen insistiendo en que no existe. Por otro lado, si la oración es sencillamente un sarcasmo, entonces coincido. Pero me parece que lo primero es más cercano a lo que usted quiso decir. Comoquiera que sea, no estoy absolutamente seguro, de modo que, de serle posible, le pediría que elaborara.

Sin embargo, coincido absolutamente con el resto de su comentario. Definitivamente existieron todas esas tendencias desde el inicio de la revolución cubana. Los vástagos de cada una de ellas han seguido pugnando durante todo el periodo posrevolucionario, creo que ya hay un ganador en la actualidad, desafortunadamente ha sido el vástago más obtuso. Es interesante leer la comparecencia de Fidel Castro en la Comisión 6-B del Congreso Nacional de Educación y Cultura de 1971, previo a la entrada en el infame quinquenio gris. Aquí se luce en su habilidad para lidiar balanceadamente con los discordantes intereses entre dichas tendencias, y termina, básicamente, salvando el ICAIC de sus enemigos estalinistas. Aquí comenta sobre la baja calidad de muchos filmes rusos importados y sobre la necesidad de interactuar con todo tipo de contenido; elogia en particular al filme norteamericano “La jauría humana”. No creo que Fidel Castro haya entendido siempre, o la mayoría de las veces, el fuero creativo de muchos artistas cubanos de avanzada (Pablo no hubiera terminado en la UMAP si así hubiera sido). Pero si creo que entendió, como político sagaz que era, la necesidad de preservar a las mentes rebeldes y cuestionadoras que, si bien criticaban las ya evidentes deformaciones de la sociedad cubana revolucionaria, aún mantenían un compromiso indiscutible con las premisas e ideas básicas de la revolución. Es decir, seguían siendo sus soldados, y tenía que mantenerlos de algún modo. De lo contrario gente como Pablo, Silvio o Titón no hubieran existido y prosperado dentro en la revolución.

Todos esos matices ya no existen. Ahora se ha impuesto un estalinismo mediocre ( y esto puede ser un oxímoron), heredero de sus otros soldados, que quiere convertir a Cuba en una sociedad “decente” (quién sabe lo que el término implica). Yo creo que, precisamente por esta razón, Fidel Castro eligió crear estructuras paralelas para llevar a cabo muchos proyectos, culturales o económicos. Usted menciona Abdala, pero también los conglomerados como CIMEX o Gaviota, o GAESA y yo coincido con esto absolutamente. Naturalmente, esto es independiente del criterio que podamos tener sobre la gestión posterior de estas instituciones o de la discusión sobre la pertinencia de crear semejantes estructuras (plagadas de secretos y privilegios en si mismas). Pero el punto es que Fidel Castro se daba cuenta de que la institucionalidad oficial estaba llena de sus soldados obtusos (los herederos del PSP y del sovietismo, por supuesto no todos), a los cuales también quería mantener pero excluir de sus proyectos más novedosos, por temor a que los destruyeran. Yo, en lo personal, creo que la biotecnología cubana es uno de los mejores ejemplos en el particular. Aún pienso que en temas relacionados a la ciencia y a la tecnología, Fidel Castro fue particularmente visionario pero siempre estuvo en minoría en su propio gobierno al respecto. Por supuesto, queda la discusión pendiente, y no creo que los soldados obtusos estén interesados en ello, sobre en que medida su propio estilo de dirección autoritario propició todo esto.

Ahora bien, esto no es, por supuesto, una fábula en blanco y negro. Hay temas transversales que encontraban uso común en los dos grupos de soldados: el racismo es uno de ellos. Con matices, intensidades y manifestaciones distintas, pero allí estaba, y está. Pablo, a pesar de expresar un compromiso con la revolución bien claro, también fue víctima de ello.

Andrés 3 diciembre 2022 - 3:54 PM

“redundancia” en lugar de “oxímoron”

Manolo. 30 noviembre 2022 - 8:01 AM

Milanés, ya que hablamos de racialidad, fue un epítome del racismo negro al estilo cubano. Tuvo muchos hijos. Ninguno con una negra.

Andrés 2 diciembre 2022 - 5:39 AM

No estoy seguro de entender o de coincidir (en caso de que mi interpretación de en el clavo) con su última oración. Si la idea es que el carácter racializado que se le dió al propósito de la fundación de Pablo no es lo fundamental en su desaparición como institución, sino más bien las serias limitaciones de nuestro sistema cultural oficial, entonces coincido sólo parcialmente. Creo que el racismo, además de la incompetente “sabiduría infinita” de nuestros tomadores oficiales de decisiones culturales, ha jugado un papel crucial en todo lo que hemos hecho como nación después del 59; nunca se ha discutido sobre ello públicamente (al menos no sobre sus implicaciones más siniestras durante el período revolucionario) y por ello muchos siguen insistiendo en que no existe. Por otro lado, si la oración es sencillamente un sarcasmo, entonces coincido. Pero me parece que lo primero es más cercano a lo que usted quiso decir. Comoquiera que sea, no estoy absolutamente seguro, de modo que, de serle posible, le pediría que elaborara.

Sin embargo, coincido absolutamente con el resto de su comentario. Definitivamente existieron todas esas tendencias desde el inicio de la revolución cubana. Los vástagos de cada una de ellas han seguido pugnando durante todo el periodo posrevolucionario, creo que ya hay un ganador en la actualidad, desafortunadamente ha sido el vástago más obtuso. Es interesante leer la comparecencia de Fidel Castro en la Comisión 6-B del Congreso Nacional de Educación y Cultura de 1971, previo a la entrada en el infame quinquenio gris. Aquí se luce en su habilidad para lidiar balanceadamente con los discordantes intereses entre dichas tendencias, y termina, básicamente, salvando el ICAIC de sus enemigos estalinistas. Aquí comenta sobre la baja calidad de muchos filmes rusos importados y sobre la necesidad de interactuar con todo tipo de contenido; elogia en particular al filme norteamericano “La jauría humana”. No creo que Fidel Castro haya entendido siempre, o la mayoría de las veces, el fuero creativo de muchos artistas cubanos de avanzada (Pablo no hubiera terminado en la UMAP si así hubiera sido). Pero si creo que entendió, como político sagaz que era, la necesidad de preservar a las mentes rebeldes y cuestionadoras que, si bien criticaban las ya evidentes deformaciones de la sociedad cubana revolucionaria, aún mantenían un compromiso indiscutible con las premisas e ideas básicas de la revolución. Es decir, seguían siendo sus soldados, y tenía que mantenerlos de algún modo. De lo contrario gente como Pablo, Silvio o Titón no hubieran existido y prosperado dentro en la revolución.

Todos esos matices ya no existen. Ahora se ha impuesto un estalinismo mediocre ( y esto puede ser un oxímoron), heredero de sus otros soldados, que quiere convertir a Cuba en una sociedad “decente” (quién sabe lo que el término implica). Yo creo que, precisamente por esta razón, Fidel Castro eligió crear estructuras paralelas para llevar a cabo muchos proyectos, culturales o económicos. Usted menciona Abdala, pero también los conglomerados como CIMEX o Gaviota, o GAESA y yo coincido con esto absolutamente. Naturalmente, esto es independiente del criterio que podamos tener sobre la gestión posterior de estas instituciones o de la discusión sobre la pertinencia de crear semejantes estructuras (plagadas de secretos y privilegios en si mismas). Pero el punto es que Fidel Castro se daba cuenta de que la institucionalidad oficial estaba llena de sus soldados obtusos (los herederos del PSP y del sovietismo, por supuesto no todos), a los cuales también quería mantener pero excluir de sus proyectos más novedosos, por temor a que los destruyeran. Yo, en lo personal, creo que la biotecnología cubana es uno de los mejores ejemplos en el particular. Aún pienso que en temas relacionados a la ciencia y a la tecnología, Fidel Castro fue particularmente visionario pero siempre estuvo en minoría en su propio gobierno al respecto. Por supuesto, queda la discusión pendiente, y no creo que los soldados obtusos estén interesados en ello, sobre en que medida su propio estilo de dirección autoritario propició todo esto.

Ahora bien, esto no es, por supuesto, una fábula en blanco y negro. Hay temas transversales que encontraban uso común en los dos grupos de soldados: el racismo es uno de ellos. Con matices, intensidades y manifestaciones distintas, pero allí estaba, y está. Pablo, a pesar de expresar un compromiso con la revolución bien claro, también fue víctima de ello.

Andrés 2 diciembre 2022 - 2:59 PM

Este comentario es para “Cubano de antes”. Otra vez la tecla en falso.

Andrés 2 diciembre 2022 - 12:23 PM

No entiendo por qué es obligado para los anti-racistas casarse solamente con gente de su color de piel.

MBS 30 noviembre 2022 - 8:45 AM

Lamentablemente, uno encuentra en comentarios, de apariencia neutral, una velada postura racista. Para eso Martí, como siempre en su grandeza, dejó estas palabras: “Solo los que odian al negro, ven en el negro odio”

Andrés 2 diciembre 2022 - 12:18 PM

No entiendo por qué es obligado para los anti-racistas casarse solamente con gente de su color de piel.

Andrés 2 diciembre 2022 - 12:21 PM

MBS, disculpas, apreté la tecla incorrecta. Mi comentario va dirigido a Manolo. Coincido plenamente con el tuyo

Manuel Figueredo 30 noviembre 2022 - 8:47 AM

Sin comentarios, solo una frase que nos dejó de legado nuestro Apóstol
José Martí : ” Hombre es más que negro, más que blanco, más que mulato dígase hombre y se habrá dicho todo ” Hoy, de hombres está necesitada la Patria para acabar con la Dictadura que la oprime.

MBS 30 noviembre 2022 - 9:29 AM

Totalmente de acuerdo.

Observador 2022 30 noviembre 2022 - 10:42 AM

Realmente es difícil y quizás estéril enfocar todo desde un prisma racial, siempre lo negro tratado desde un enfoque prejuiciado y en muchos casos oportunista. No me refiero expresamente al caso del autor, pienso en otros que enfocan aun más radicalmente el tema. No hay dudas del racismo subyacente en la sociedad, pero quizas la cultura no sea el campo donde mas se discrimina. Hay demasiadas luminarias negras en nuestro orgullo cultural (Benny More, Barbarito Diez, Luis Carbonell, Bola de Nieve, Elena Burke, Trio Matamoros por solo mencionar algunos) y muchas luminarias blancas que promovieron y estudiaron con admiración la cultura afro, desde mucho antes de 1959.
El artículo es válido en tanto aporta anécdotas, actitudes y juicios del gran cantautor y recuerdos de quienes le conocieron. Lo que es bueno reiterar es que la gran mayoría de los cubanos no valoró su obra o lo incorporó a su estética musical a partir de que Pablo fuera mulato, negro o blanco, sino porque fue un genio de incorporar lo cotidiano y lo genuino de los sentimientos de cada uno de nosotros con una musicalidad de altísimo nivel.

Sergio 30 noviembre 2022 - 12:34 PM

Sería como decir que por tener a Michael Jackson, Sidney Poitier, Katherin Dunham, Alice Walker, etc… no es la cultura donde más se discrimina en los Estados Unidos, ese no puede ser el sentido de un análisis serio. Saludos

Maritza 30 noviembre 2022 - 11:07 AM

Nunca se ha aclarado qué pasó con esa fundación lo cierto es que a partir de ahí comienza Pablo a ” abrir los ojos ” , fue un artista excepcional y un hombre común, su artículo dice que ayudó a los negros y no comparto ese enfoque,lo correcto sería ayudar a los artistas el color de la piel está demás

Aracely 30 noviembre 2022 - 11:51 AM

Execelente artículo, gracias!!! Zur

Julio Moracen Naranjo 30 noviembre 2022 - 1:02 PM

Zurbano, como siempre das un tiro certero, no digo en el blanco para que no se asusten los racistas que ya está dando pataletas ante un texto tan lúcido, abrazos con acento y aché.

Yohamna Depestre Corcho 1 diciembre 2022 - 2:13 PM

Estoy contigo, veo mucha pataleta racista aquí, ante un gran artículo que trata de diferenciar entre el mundo de dos sectores y engloba al negro. Gran artículo, que pena y que bien, que aún sigamos en el cimarronaje. Por favor y ya me molesta la frace de nuestro Martí que se ha escogido muchas veces como bandera contra-raza, Martí expresa lo que debe set, por desgracia no es lo que es.

Andrés 2 diciembre 2022 - 12:38 PM

Si tu supieras Yohamna que a mi me sucede lo mismo con la frase de Martí. Se ha usado para tantas cosas que a ratos pierde toda relevancia.

Sue 30 noviembre 2022 - 4:28 PM

Thanks Zur. I always learn from your writings x

Alexei 1 diciembre 2022 - 5:04 AM

Gracias a Zurbano por este artículo que va más allá de la figura de Pablo.

Observador 2022 1 diciembre 2022 - 7:49 AM

Sergio, y usted cree que hay discriminación racial en la cultura norteamericana. En serio?

Sanson 1 diciembre 2022 - 8:57 AM

No creerse que porque en cuba la mayoria de los policias son “orientales” no existe racismo,

Odette Casamayor 1 diciembre 2022 - 11:17 AM

Buenísimo, Zurbano. ¡Muchas gracias!

Emilio O´Farrill Almendariz 1 diciembre 2022 - 6:25 PM

La figura de Pablo Milanes es un paradigma de cubania,fue fiel a su identidad sin dejar de ser universal y toco las puertas del alma de cada
ser humano sin distinciones de credos,razas o filiaciones politicas.

Jesus Valladares 2 diciembre 2022 - 12:09 AM

No he leído un articulo sobre los resultados de la Fundación PM. Así el porque se extingue.

Andrés 2 diciembre 2022 - 6:20 AM

Excelente comentario Roberto, no hay mucho que agregar. Coincido con la forma en que ubicas a Pablo dentro del panorama de la cultura cubana. Creo que fue un cimarrón, a su propio modo. Y es importante verlo en contexto pues su proyección ecuménica, particularmente en lo racial, se puede malinterpretar (ya algunos lo han hecho en este foro). Es dificil imaginar, por ejemplo, un artista negro en la actualidad que acepte la portada de un disco como el de “Comienzo y final de una verde mañana”. Pero se trataba, como tú bien explicas, de una época dónde los negros que abrazaron el proyecto revolucionario realmente creían en la posibilidad de un mejoramiento y de la igualdad. Rechazaban el solar (tanto el real como el filosófico) como manifestación de un pasado reciente que había que superar. Al mismo tiempo es la época dónde un negro que aceptara el “lirismo” y los puntos de partida filosóficos blancos podía prosperar. Estos, en mi opinión, fueron los puntos de partida de Pablo a la hora de asumir su compromiso desde lo racial. Hay una generación completa de intelectuales y profesionales negros, que aceptaron estas premisas, y que prosperaron en estos primeras tres décadas de la revolución. Todas estas complejidades son parte del discurso que envuelve a Pablo y a su generación, que es la generación de nuestros padres y abuelos.

Creo que hoy se hace más claro que aceptar los preceptos colonialistas y reaccionarios que han controlado siempre al andamiaje de la revolución cubana sólo ha contribuido a mantener al arrabal clásico en uina especie de periferia cultural. Por lo tanto se hace necesario rescatar al solar como modo discursivo, no desde una aspiración al guetto sino como parte de la identidad cubana. Es algo que nos pertenece y es legítimo, no símbolo de pobreza. Creo que Pablo, en su función de diputado, entendió una buena parte esto. Es necesario pararse sobre estos hombros gigantes y seguir andando.

Niurka Dreke 2 diciembre 2022 - 7:03 AM

Felicidades Zurbano por tanta ilustración!

Pablo Milanés vs la leyenda negra 5 diciembre 2022 - 4:00 AM

[…] *Artículo publicado originalmente en Joven Cuba y republicado por Afroféminas […]

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