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Juan Pin Vilar y el suicidio de un hombre de otra época

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Juan Pin Vilar
Juan Pin Vilar (Foto: Cortesía del entrevistado)

Juan Pin Vilar sabe claramente cómo quiere matarse. Nunca echaría mano a una escopeta para terminar estampando sus sesos en una de las paredes de su apartamento del Vedado; tampoco se colgaría de una soga hasta quedar como una lámpara de techo azul y deslenguada. Esos métodos laboriosos y rudos, son demasiado tradicionales para alguien tan heterodoxo como este realizador audiovisual.

Con una personalidad como la suya —mezcla de guapo de barrio, patriota e intelectual agudo, y Don Juan criollo—, si cometiera uno de esos suicidios comunes, alguno de sus muchos amigos tendría la sospecha de que esa no fue obra suya, sino la vulgar adaptación de otro director.

Juan Pin se iría de este mundo después de tomar hasta el fondo del vaso un batido de mango bien frío, cargado con ciento veinte pastillas de meprobamato.

Sin embargo, aunque afirme que solo por sus hijos no se quitó la vida el día que se descubrió convertido en un hombre del ayer, y pese a que quizás nadie se lo ha dicho, todos saben que miente: él nunca se mataría, porque si bien asegura vivir en el pasado, hablar del futuro le moja los ojos. Con tal «debilidad» no podría privarse de participar en la construcción del mañana.

Es difícil imaginar, además, que un tipo que admira a Quintín Banderas y a Fructuoso Rodríguez, recurra a un mango empastillado para irse sin dolor al otro barrio, sobre todo si está seguro, como gritó hace algún tiempo, que «este país se acabó, se fue a la mierda y no va a levantar ni a jodía».

No, Juan Pin no se va a matar. Lo más probable es que continúe apegado al consejo que dio a su hija e intente acumular «todos los méritos posibles para no subir al cielo, porque seguramente es el lugar más aburrido del planeta».

Juan Pin Vilar
Juan Pin Vilar con sus hijas y su madre. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Has dedicado tu vida a la dirección de materiales para la televisión y documentales, y te han censurado en no pocas ocasiones. ¿Cómo influye en un creador sufrir censura?

Estoy acostumbrado a la censura desde niño porque mi padre, Juan Vilar, fue censurado. Por tanto, llego a ella sabiendo qué es y quiénes la ejercen, aunque cambien las personas. El Partido es el mismo, por eso es inmortal. En Cuba uno se pasa la vida creyendo que quien censura es la Seguridad del Estado, y es cierto que interviene en algunas cosas, como decirte que no vas a salir de tu casa o del país; pero es el Partido quien elabora el pensamiento que forma al censor.

Hay dos tipos de censores: uno que cree realmente en Dios y otro que lo que quiere es el vino y la harina para hacer las hostias. No obstante, el segundo se va a comportar exactamente como el primero, porque no hay nada más etéreo que Dios. «Dios dice…», ese recurso lo inventaron los curas para asegurar que algo viene de arriba y está más allá de nuestro alcance, porque de qué modo podrías encontrarte con Dios para cuestionar lo que otro dijo en su nombre. Igualito funciona la censura.

Desde el punto de vista del creador, es lastrante, porque en la imaginación hay un proceso que lleva a elaborar la idea de una obra —un cuadro, un texto, una canción o un documental. A partir de eso y a través del lenguaje, encuentras la forma de comunicar lo que quieres al espectador. Cuando te censuran, siempre lo hacen por la imaginación de otros, por lo que otros piensan que debe ser, alguien que dice representar lo mismo que posiblemente tú quieres representar y que, sin embargo, te censura.

Pero más allá de esto, pienso que lo importante no es la censura en sí misma, sino la actitud ante ella. Una vez me llamó una amiga y me dijo: «Juan Pi, tengo un muchacho que canta de madre, se llama Tony Ávila, y en el programa de trova que hace el Canal Habana no lo dejan cantar una obra suya que se llama Mi Casa.cu». Yo nunca la había escuchado, pero por principios siempre respondo lo mismo y nunca me he equivocado: «Venga para donde estoy yo y cante». ¿Quién dice que alguien no puede hacer algo así?

El dueño de la Coca Cola es el dueño de la Coca Cola, pero si aquí la televisión está al servicio del pueblo, ¿en dueño de qué se erige quien censura? ¿Dónde está la opinión del pueblo que dice que Micasa.cu no puede salir? Eso no existe, está basado en la opinión de alguien. Allá quien se deje poner un asesor. Yo solo trabajo con quienes me aporten y me digan que lo que creía que era una rumba, realmente es un guaguancó. Ese conocimiento sí lo reconozco y aprecio, lo otro no lo quiero.

¿Has aplicado tú la censura?

Nunca en mi vida. Al contrario, he pecado por no hacerlo. Pero sí le he dicho a alguien: «No me cojas el programa para cantar eso porque sé que si lo haces no va a salir y esto no es mío». En Coppelia podemos sentarnos y hacer cualquier cosa, pero no voy a dejarte en mi programa cantar una canción que diga «¡Abajo Fidel Castro!».

¿Acaso usarla para protegerse no es el componente práctico de la censura?

No, es el componente responsable porque sabes que estás participando de un proyecto que no es tuyo. Eso no lo pagué yo, podrías decir algo así si lo pagara yo y quisiera que lo dijeras. Pero en el caso de la televisión cubana, eso no es mío, no lo pago yo y hay personas que dependen de ese trabajo y quién soy para privarlos del sustento. Además, hay que tener poca imaginación para querer decir «¡Abajo Fidel Castro!» y decirlo de ese modo.

En el mundo está definido quién es el dueño, pero aquí el problema es precisamente la indefinición. Ahí, en la indefinición, está el Partido, que es lo peor que tiene este país, construyendo un imaginario para la cultura. El Partido es el lastre más grande que ha habido, en cierto sentido.

¿Por qué en cierto sentido?

Porque el Partido también es quien ha organizado las escuelas de arte, es el que ha hecho que el arte llegue a lugares donde en otros países no llega. Lo que hay que quitarle al Partido es la posibilidad de interpretar la Biblia, haciendo un paralelismo. ¿Cuál es tu aporte en este campo para censurarme?

No todo el mundo tiene las mismas interpretaciones y, si vamos a hablar de algo, pues hay que hacerlo en serio y con base. La comprensión del marxismo que tiene Lukács no es la de Machado Ventura. Lo que no puede pasar es que te subas sobre Lukács y Foucault y elijas cuál es el que tiene razón según tu criterio.

El mayor censor que yo he conocido en el cine cubano se llamó Alfredo Guevara. Nadie censuró más que él en este país. Ni el Partido. Decidía qué guion se filmaba y cuál no. Tenía dos o tres subordinados que le hacían el paripé y se echaban las culpas, pero él era el tipo. Lo mismo te trataba como Emilio Azcárraga, presidente de Televisa —«Oye, te dije que esa película no va»—, que si te consideraba, entablaba una discusión contigo y en esa discusión había una interpretación sólida. ¿Me comprendes?

Ahora viene uno y te dice que esto o aquello es así porque es lo que está establecido. ¡Ey, ey, ey, not problem! ¿Quién lo estableció? Si vamos a creer en lo establecido nos hubiéramos quedado en 1902, que ya todo estaba establecido.

¿Crees que el socialismo tiene una necesidad especial de censurar, más que otros sistemas?

Sí, la tiene.

¿Por qué?

Porque el socialismo es el único sistema que sostiene una burocracia de partido único, portadora de una sola línea de pensamiento. Eso no quiere decir que en las mil formas de capitalismo o en el neoliberalismo —que no se aplica igual en Chile que en Costa Rica—, no existan las mismas reglas del juego, pero tienen líneas de pensamiento diferentes y grupos de poder que se concretan en un fin.

Aquí no hay grupos de poder, aquí hay grupos de burócratas que aspiran al Lada que les toca, al apartamento que les van a dar, a la gasolina, a los dos viajes al año, y si mejoras un poquito, puedes aspirar a tener otro tipo de relación que ofrece otras posibilidades. Da igual ahora que en el 60. Hay una sola línea a la que todos los grupos de poder se van subordinando porque les va la vida.

El socialismo no crea bienes materiales que alimenten la espiritualidad que una sociedad de consumo vende.

Juan Pin Vilar
Juan Pin Vilar: «Polanco, Díaz-Canel, Marrero, todos saben que de lo que se trata es de no ser pueblo. Está cabrón ser pueblo, da lo mismo si es ahora que en el 83 con los mercados libres». (Foto: Cortesía del entrevistado)

Eso hace que la gente dependa más del sistema.

Ahí es donde está el gran lío.

O la gran clave que lo hace funcionar.

Sí, también puede ser la clave. Polanco, Díaz-Canel, Marrero, todos saben que de lo que se trata es de no ser pueblo. Está cabrón ser pueblo, da lo mismo si es ahora que en el 83 con los mercados libres.

Un día estaba celebrando un cumpleaños y uno de los invitados, un personaje, me pidió un trago. Yo cogí una botella de Havana Club añejo siete años y le preparé un doble, con dos hielos y un vaso de agua mineral con gas y limón. Cuando le llevé el trago, me señaló para otra habitación donde había un grupo tomando whisky y me dijo: «Lo que yo quiero es aquello. Verdad que tú naciste después del 59».

Mi generación, los normales, y mucho más allá de los normales, conocíamos el Havana Club; pero había gente en Cuba que conocía el J&B y Chivas Regal. Ese era el socialismo en un mundo cerradito.

La primera vez que Jimenito [Comandante del Ejército Rebelde Guillermo Jiménez Soler], fue a la Unión Soviética como alto oficial del Ministerio del Interior, me contó que cuando te reunías con uno, te ponía tres tipos de vodka y cuatro salamis; subías de nivel y te brindaba tres tipos de vodka, un whisky y un coñac, además de los salamis y también un chorizo español. «Y así iba subiendo hasta que al final llegabas a un lugar, Juanpi, que era infinito», me decía.

¿De eso se trata lo que defiende la burocracia, la superación dentro del sistema hasta llegar al infinito?

Exacto, de eso se trata. En el socialismo el infinito no depende de tu salario, depende de posibilidades, de relaciones; no de dinero. En el capitalismo, salvo por algunos temas clasificados, cualquier funcionario da clases en Harvard y hay un cheque gordo una vez al año para que el tipo cuente cómo vio la Crisis de Octubre desde la base de Fort Lauderdale; aquí estoy esperando por un General que se atreva a hablar en un preuniversitario algo que no sea cuándo conoció a Frank País.

El capitalismo tiene otras reglas, que si te sales de esas también te mueres, y para eso están las series de Hollywood, para ver cómo te mueres porque contaste lo que no debías contar.

Ya que hablamos de contar, sé que tuviste una relación muy cercana con Papito Serguera, personaje muy polémico de la vida política y cultural cubana, que pasó a la historia como censor. ¿Cómo un censurado admira a un censor?

Primero, porque nunca negó que fuera un censor, y segundo, porque explicaba esto que yo te dije. Te voy a hacer una anécdota. De ella está vivo Eliseo Altunaga, mi papá murió. Ellos hicieron un teatro testimonio sobre las Panteras Negras, con actores declamando y demás. Fue una de las primeras cosas que hizo Estela Bravo aquí. Cuando terminaron, llegó Mayita, secretaria de Papito, y le dijo a mi papá: «Juanito, dice Papito que subas».

Allá fueron, al despacho. «Siéntense ahí. Taba bueno eso, bueno. Muy inteligente, chico». Él hablaba con el dejo de los santiagueros. Rin, rin, sonó el teléfono. «Sí, pónmelo. Es Almeida, un momento», les dijo. «Sí, sí, Juan, tamos en eso». Colgó: «Llamó el negro, tienen uno a favor». Rin, rin, otra vez el teléfono. «Sí, pónmelo. No, no, Montané, yo no estoy de acuerdo contigo pero si tú lo dices… No, no estamos de acuerdo, pero si es una orden, es una orden». Colgó: «Está uno a uno. Así es como se gobierna en este país. Estas son las reglas del juego de la censura. Si llama Celia se jodieron».

Papito era sincero, auténtico, así se sentía. Eso no quiere decir que no fuera un hombre de su época: todos eran homofóbicos, empezando por Fidel Castro. Eran así porque su época era así.

¿Eso quiere decir que le tocó ser el chivo expiatorio?

De muchas más cosas, no solo de esas, esa es la parte bonita casi. Papito fue un hombre del poder. Alfredo Guevara era un empleado del poder.

Juan Pin Vilar
Comandante Jorge «Papito» Serguera en uno de los juicios televisados contra los criminales de la dictadura de Batista, La Habana, 1959.

¿Cuál es la diferencia?

El empleado del poder es alguien a quien, en la retórica revolucionaria cubana, le falta lo principal. Con toda la historia que pueda tener Alfredo, no estoy seguro de que a Ramiro Valdés, a Lussón o a Arnaldo Ochoa, les hubiera gustado mucho. Existía porque estaba Fidel Castro en el poder. Eso no niega sus valores personales e intelectuales. Pero todo ese ideario es parte de la cultura del machismo y del poder en este país.

En cambio, Papito tenía vuelo autónomo porque fue el abogado de Frank País, salió en la primera manifestación, se encaramó en una loma y tiró tiros como un salvaje. Por tanto, los que ganaron, los que vieron en Fresa y chocolate un peligro, veían a Papito como un igual.

¿Esta misma podría ser parte de la explicación de la crisis del poder en Cuba?

Sí, también puede ser parte de esa explicación, nunca lo había pensado de ese modo. En la medida que la época cambió, los valores cambiaron y el poder entró en crisis porque quiso permanecer con los mismos valores, la misma retórica, y viendo el mundo de la misma forma.

Fidel murió viejo y decrépito y el poder quiere seguir diciéndole a los jóvenes: «Ahí está el Comandante invicto». ¿A quién se le ocurre eso? La imagen no es la de alguien invicto. Quien único creía eso era el propio Fidel porque tenía alrededor a los aduladores de la Batalla de ideas. «Qué lindo e inteligente es el abuelito. Tengo el carro roto». Dupont hizo algo más o menos parecido: cuando se puso viejo llenaba la casa de muchachos y muchachas desnudos y creía que estaba en el bosque cazando.

Por supuesto, Fidel no hizo eso, él era como un cura, un cura con su sotana verde olivo. Juan Pablo II dijo que Fidel fue el presidente que mejor lo atendió, que mejor se preparó para una visita suya. Esas conversaciones no pueden haber sido solo sobre el poder, me extraña. Deben haber sido sobre la posteridad. Para no creer en Dios ante la muerte hay que ser guapo.

Esa idea de posteridad es lo que diferencia a Fidel del resto.

De todos los que estaban en sus alrededores, Fidel estaba más allá. Se sabía en la posteridad. Tanto fue así, que recuerdo que en uno de sus últimos viajes a Estados Unidos, un periodista muy famoso de la CNN le preguntó qué sucedería cuando él no estuviera, y Fidel más o menos le respondió: «No voy a estar, cómo voy a saberlo». Igual que Luis XIV: «Después de mí, el diluvio». Hay que sentirse grande para decir que no sabes qué pasará después de ti. Si se hubiera muerto ese día, todavía estaríamos desconcertados velándolo, pero se demoró.

¿Crees que «demorarse» fue un error político? 

Fue un error de vanidad. Fidel tenía una ventaja sobre el mundo inmaterial: quiso que se lo dieran todo en vida. Él diseñó que lo enterraran en una piedra, pero no en cualquier piedra o en cualquier lugar. Quiso estar donde están el Padre de la Patria, la Madre de la Patria y el Apóstol. «Aquí están ellos y yo. Se cerró el ciclo». Es lo mismo que hizo Napoleón con el Arco de Triunfo y lo que hacían los faraones con sus pirámides. Franco se metió en el Valle de los Caídos. Es como que un emperador romano se enterrara al lado de Rómulo y Remo.

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Monolito donde reposan las cenizas de Fidel Castro en el Cementerio de Santa Ifigenia, Santiago de Cuba. (Foto: Andrey Viarens / Blog Bajo La Estrella)

Por esto que dices parece que hay tres Fidel: el grande, el anciano y el trascendental. Me llama la atención que la transición de poder de él a Raúl se presentó como un proceso de continuidad, pero cambiaron muchas cosas.

En mi opinión, la personalidad de Raúl es muy interesante. Supo que su sobrevivencia dependía de la modestia. Tuvo claro que era el Dos y que lo mejor era que el Uno no se fijara mucho en él.

De hecho, el Uno lo quitó públicamente en los últimos años de su vida. Nadie se acuerda ya de eso, pero una vez un periodista extranjero preguntó por la sucesión, quién vendría después, y Fidel mencionó a Lage, a Felipe, a Carlitos Valenciaga, todos futuros cadáveres. El periodista siguió preguntando por alguien de la generación histórica y Fidel respondió: «Ahí está Alarcón». A eso Raúl Castro contestó por la tarde en un recorrido: «El que nomina es el Partido, lo demás es hablar catibía, por no decir otra cosa».

¿Entonces crees que Raúl llegó al poder por el Partido?

Esa es su estructura, es su base.

Pero el Partido era Fidel.

No, no metas a Fidel en una estructura. El socialismo lo único que da son diplomas, estrellitas y medallas, así iguala y diferencia. ¿Tú viste a Fidel coger estrellitas alguna vez? Ni siquiera es Héroe de la República de Cuba. Esa es la muestra de que se sabía en el Olimpo, mientras los otros estaban al principio de la montaña.

«Yo soy Fidel», esa es la más clara consigna de todas. Fíjate que esa idea está desde el principio del proceso: «Esta es tu casa, Fidel». No dice «Esta es tu casa, Partido», ni «Esta es tu casa, Revolución». Todo cuanto se hizo estuvo destinado a alimentar de la manera más sofisticada esa idea. «El Estado soy yo» es demasiado terrenal. «Yo soy Fidel» es superior.

Entonces, volviendo a la pregunta inicial, ¿cómo se transita de un sistema con alguien así en su centro, a otro diferente?

Hay que romper todos los esquemas, todas las estructuras.

¿Crees que Raúl lo hizo?

Hizo lo que pudo. Raúl dio el paso más osado que se ha dado en las relaciones con Estados Unidos en la historia de Cuba. De hecho, dio el paso dos veces. La primera, por una idea de Papito Serguera. Fue con la operación antiaérea del Segundo Frente. Para frenar los bombardeos a las montañas y zonas liberadas, secuestraron al cónsul de Estados Unidos. Eso no se estudia porque es una historia de Raúl, no de Fidel; pero fue lo que frenó los bombardeos y originó un cambio en la manera de ver la guerra.

Por tanto, cuando Raúl asumió, los americanos sabían que era un hombre con quien se podía hablar. Ya lo habían hecho sesenta años atrás. Y de nuevo se sentó con los americanos, logró un acercamiento y salió airoso. Obama vino a La Habana y, aun cuando ya este era un país vencido y destruido, dijo que la política del embargo había fracasado. Eso es lo mismo que reconocer que la política de los gobiernos de Estados Unidos, el Imperio, contra una islita minúscula, no había servido.

Es evidente que cuando Fidel estaba en retirada, a Raúl le tiraron a matar. Si alguien cree que la Guerra de los mails es una casualidad, no ha entendido nada.

¿Cuál es tu teoría?

Que muchos de los que participaron lo hicieron de buena fe, pero también estoy seguro de que algunas de las matrices que se manejaron fueron montadas o, por lo menos sembradas, como hacen normalmente las agencias de inteligencia.

¿Por qué?

Porque hubo quien se aterrorizó, no sabían qué podía pasar con la salida de Fidel. Y hay mucha gente aquí que tiene muertos escondidos en el closet. Todos vieron La vida de los otros y a nadie le gusta terminar rayado.

Estaban realmente preocupados. Escuché a hombres, como el propio Papito, decir que «el AK estaba oyendo la conversación», y a otros que veían frente a La Habana un portaaviones de Estados Unidos preparado para invadir. A ese nivel estaba el terror.

Me llama la atención tanta incertidumbre si, aparentemente, todo quedaba en familia.

Pero eso no se sabía en el momento, nadie estaba seguro de por dónde podría venir el ramalazo. ¿Tú no viste Juego de Tronos? Ahí todo el mundo es familia. Es normal que los reyes sacrifiquen peones.

¿Cómo un rey neutraliza a otro?

Yo no creo que Raúl lo haya podido neutralizar, creo que intentó sobrevivir. Le tiraron con todo y sobrevivió. Dispararon con algo muy fuerte: los intelectuales. Los textos iban contra el Partido y las Fuerzas Armadas, e inclusive, algunos unían a tres personas que no tenían que ver entre ellas: Luis Pavón Tamayo, Armando Quesada y Papito Serguera.

Recuerda que tuve un palco especial para ver esos sucesos, desde los análisis de personas como el propio Papito, Jimenito y Juan Valdés Paz, por solo mencionarte tres cerebros brillantes. Los vi analizar uno a uno los emails: quiénes los escribían, las líneas que defendían, las rutas de información. Verlos era un lujo: tres mentes que conocían el poder porque se formaron dentro de él, tenían valores auténticos y habían sido tronados.

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Juan Valdés Paz y Guillermo Jiménez Soler, Jimenito. (Foto – frag.: Julio César Guanche / Facebook)

Hablando de grandeza, hace un tiempo escribiste sobre las grandes causas, con una visión pesimista. ¿Cuál crees que sea la gran causa de Cuba?

Una de las grandes causas de Cuba es su real independencia de Estados Unidos. Lograrla y sostenerla, aunque sea en el hilo de un capullo de mariposa, es imprescindible, porque lo que se muere aquí es la nación.

No se acaba la Revolución cubana, esa se acabó hace mucho tiempo. No se acaba el Socialismo porque qué significa esa palabra cuando no hay ni comida ni medicinas, a eso puedes ponerle el nombre que te dé la gana. No se acaba la historia, la Biblioteca de Alejandría se quemó con todos sus documentos y la gente siguió escribiendo y contando historias hasta hoy. Aquí lo que se acaba es la nación, que es otra cosa.

Una cosa irreversible.

Si se pierde, no tiene remedio. ¡La nación! La nación es independiente de los poderes económicos, pero los poderes económicos se sustentan en una nación, aunque por detrás se coman unos a otros.

¡La nación! La gran causa cubana sigue siendo, aunque sea en el hilo de un capullo de mariposa, la independencia.

¿Y no fue esa la gran causa que nos trajo hasta aquí?

Sí, esa fue. Pero cuando esa gran causa cayó en manos de intereses políticos y partidistas menores, y de gente bruta que no entiende que son la nación y la nacionalidad, que creen que el antiimperialismo es la causa política y no la defensa de la nación; entonces sucede todo esto. Cuando no comprendes eso, terminas perdiendo la nación aunque tengas un himno, una bandera y el español siga siendo idioma oficial.

Las grandes causas han servido para que la gente deje de ver los problemas, los matices y las cosas profundas que hay que defender, y resolver, en aras de algo tan efímero como el poder, o tan fugaz como un partido. ¿Brézhnev podía decir que su partido era el de Lenin? ¿Se puede decir que este Partido es el de Blás Roca, aunque los comportamientos sean similares?

¡La nación, eso! Ahí yo creo que está lo que los Castros han defendido a su forma, igual que lo defendió Agramonte, Céspedes, Maceo o lo que entregó Blás Roca y aquel Partido en los treinta a Batista: la nación. En 1959 la gran mayoría de los centrales azucareros eran cubanos, hombres como Julio Lobo habían comprado muchos. ¿Por qué? Por interés económico, pero también por la nación.

Nada funciona ni sirve si no es robusta la nación. Mira sino la historia de los libertadores de América y el resultado de los procesos en muchos grandes países: Televisa. Aunque los mexicanos griten «¡Viva Morelos!», ahí está Televisa. Los hombres que hicieron la Revolución cubana, en esencia, entendían eso; no sé si estos que están ahora entiendan algo. 

También una gran causa puede terminar siendo una cortina de humo.

Lo fue, lo ha sido.

Juan Pin Vilar
Juan Pin Vilar: «Nada funciona ni sirve si no es robusta la nación». (Foto: Cortesía del entrevistado)

¿Eso no las pervierte?

Sí, claro.

¿Cree que a las oligarquías le interesan las grandes causas?

A veces no, porque ellas en sí mismas son una causa, pero hay oligarquías de verdad a las que sí. La oligarquía que llevó a Miami las frituras de bacalao, el pastelito de guayaba, los chicharrones y los frijoles negros, no era anticubana en su esencia. Era proyanqui, pero cubana en sus costumbres. Estoy seguro que al viejo Bacardí no le hubieran gustado los hijos de los generales cubanos de ahora, aunque fueran a reírle la gracia y a decirle que le iban a devolver sus fábricas. Puede que por intereses políticos o económicos apoyen la Helms-Burton, pero en su casa se come arroz con frijoles. ¡Esa es la clave, esa es la clave!

Aquí todo el mundo quiere parecerse ahora a lo que sale en el Canal 41, esa es la gran derrota de todo el aparato ideológico de este sistema. No ha sido una operación de la CIA, sino de la Seguridad y todos sus asociados, que han confundido el antiimperialismo con una causa política cuando la verdadera causa es la defensa de la nación.

Entretenidos en eso, perdieron la gran causa.

¡Exactamente! Aunque ganen en lo político, han perdido. Están parados hablando boberías todo el tiempo, pero los muchachos siguen queriendo ser como lo que sale en Televisa. Ahí no hay un problema de recursos, sino de cultura.

¿Cómo se soluciona eso?

¡Ah, eso no lo sé! Cuando este país se reconstruya va a ser la envidia de muchos de nuevo, pero mi hija no sabrá lo que es una friturita de bacalao. Hay cosas que no se recuperan porque lleva muchos años construirlas, y rehacerlas no es fácil. ¡Hay que ser irresponsable para defender el poder sabiendo que lo que está costando es la nación!

Es un poco paradójico.

Pensar en eso me da una tristeza absoluta. Hombres a quienes he respetado muchísimo, ¿cómo pudieron hacer esto?, ¿cómo pudieron traicionar la nación? Eso es terrible, terrible. Quiero pensar que se equivocaron y no que lo hicieron conscientemente. Si no se equivocaron, entonces todo es más perverso de lo que uno pueda imaginarse.

¿Crees que ellos se cuestionen estas cosas?

No lo creo, porque si se las cuestionaran en un plano íntimo y secreto hubieran dicho: «Llámame a Alina Bárbara, que quiero conocerla»; «De aquí no se puede ir Julio Antonio Fernández Estrada. Regúlenlo, pero no dejen que se vaya y miren a ver cómo pueden hacer que coincidamos en algún parque para decirle algo»; «Llamen a Gustavo Arcos con cualquier excusa, sin que el rector del ISA se entere, pero tengo que hablar con él». No hacer eso es imperdonable.

Juan Pin Vilar
Juan Pin Vilar, Alina Bárbara López Hernández, el autor y Gustavo Arcos, La Habana, 2022.

Se hubieran sentado en el contén de la acera aquel 27 de noviembre.

Si determinado protocolo político no permitía que alguno de ellos estuviera ahí, inclusive si no pudieran darnos la razón a quienes estábamos ahí, hay cosas que se pueden hacer para acercar si realmente hay interés.

Estamos muy lejos de eso.

Han asumido la supuesta causa del antiimperialismo como acción política e ideológica, en lugar del sostenimiento de la nación. La dependencia de Estados Unidos no es económica. Puerto Rico está mejor que nosotros, pero nosotros podemos mañana estar mucho mejor que ellos, sin embargo, se acaba Martí, se acaba de verdad.

Los descendientes de los cubanos que emigraron en los sesenta no saben quién es Ignacio Agramonte, ni tienen porqué. Se educaron allí, su país es aquel y a lo mejor conocen a Washington, Jefferson, Lincoln.

Lo que están haciendo de este lado es crear bandos, y esto no es de bandos. Al final van a ganar los que más dinero tienen. ¿Para qué quieren el poder? ¿Para eso? El poder sin nación es un cascarón vacío.

Están haciendo que se pierda gente muy valiosa.

Exacto, y no debería importar que no estén con ellos, es gente valiosa igual aunque difieran.

Estamos hablando de la gran causa, esa es gente valiosa para la gran causa.

Y la han perdido por gusto. ¿Hay gente de su lado que valga la pena, más allá de los estériles de Con Filo? Sí, claro, lo que a muchos no los conocemos. ¿Qué hacer entonces? Muy simple: sentarlos frente a frente para que se conozcan unos a otros. Quizá no estemos de acuerdo en nada, pero reconocemos que algunas ideas del otro son interesantes, y todo lo que es interesante mueve el pensamiento. Que no pase eso es increíble, lastrante y terrible, y es lo que me hizo ir al Ministerio de Cultura ese 27 de noviembre.

¿Crees que una de las termitas que se está comiendo ese edificio es la corrupción?

La corrupción tiene que ver con la base material. Si el champú estuviera en la esquina a dos pesos, no tienes lío para lavarte la cabeza.

Los corruptos no están para grandes causas, sino para acaparar champú, siguiendo tu metáfora.

Justamente, Jimenito los llamaba «comedores de puelco». ¿Te acuerdas de la anécdota del ron Havana Club y el whisky? Estos son tomadores de Havana Club, y muchos de los hombres del principio veían en el antiimperialismo una causa para defender la nación, aunque tomaban el whisky porque no está en él el problema, como quieren hacer ver los ideólogos, que terminan siempre en la estupidez.

Eso es humo.

Así mismo, ¡eso es humo!

Nada hay más corruptible que un mediocre, escribiste hace un tiempo.

Así lo creo, porque puedo incluso entender que haya gente que se corrompa por cosas muy grandes, pero aquí, como te dije hace un momento, hay quien se corrompe por una jaba con un champú. Eso es penoso, muy penoso.

La otra pieza son las oligarquías, como hablamos hace un rato.

Las oligarquías van a defender siempre sus posibilidades económicas, eso está claro. Ya no es un problema de apellidos; de hecho, la mayoría de los apellidos del mundo europeo son otros, aunque quedan algunos antiguos. Los descendientes de Luis XIV, aunque tengan dinero, tienen menos que cualquier multimillonario americano. Lo que más me preocupa de nuestra oligarquía es la entrega del capital material del país, conteniendo la nación. 

Por eso es que no entienden la causa del bloqueo, para ellos es una cifra. Esa es la razón por la cual hace poco un viceministro de Relaciones Exteriores dijo que Cuba no se opondría a la flexibilización del bloqueo aunque sea solo para beneficiar al sector privado. Todo lo relacionado con el bloqueo se resuelve en un chasquido, lo que no se resuelve fácil es la mirada colonial de un país sobre otro.

Eso trasciende la mirada económica y política.

¡Claro, esa es mi gran bronca! Puerto Rico está mejor que nosotros, como te dije, pero la solución que encontraron más de cien años después, fue pedir que les dieran los mismos derechos que tienen los americanos. No son una nación, aunque estén ahí.

Yo no quiero tener el mismo social security que un newyorkino, yo quiero el mío; pero que, aunque nos miren por arriba del hombro, no puedan tratarnos como a inferiores. En el sur de Estados Unidos los blancos siguen rechazando a los negros, pero no pueden hacer nada porque están protegidos por la ley.

¿Crees que están ganando las oligarquías?

Sí, claro. ¿Tú no viste lo que dijo el vicecanciller? El sector privado es minoritario en Cuba y le ponen trabas todo el tiempo. Entonces, ¿quiénes son los que ganan con esa supuesta flexibilización? La casta divina, porque esto no es Qatar, donde los ciudadanos están por arriba de cualquier europeo, aquí un licenciado en Historia va a tener que mendigar un puesto de parqueador en La Piragua, a ver si se lo dan. Siguen viendo el bloqueo como una cifra, porque de lo que pase siempre serán beneficiarios.

¿Qué se puede hacer para revertir eso?

Fácil: tiene que triunfar la revolución. Un estado revolucionario tiene que solucionar eso y que la gente valiosa de la que hablamos hace un rato tenga el poder. Hay que volver al momento en que mi mamá trabajaba en Bienestar Social y tenía las llaves de todas las residencias de los batistianos y no se llevó una pluma.

Juan Pin Vilar
Juan Pin Vilar y su madre, Marta Hernández, durante la filmación del documental La Habana de Fito. (Foto: Cortesía del entrevistado)

¿Te parece que algo como eso sea posible?

No sé si es posible, pero vale la pena tenerlo en la mente. La bronca con las oligarquías es eterna. Eliseo Diego decía que la poesía debe escribirse con las mismas palabras con las que se insultan las vecinas. Hay que lograr que la gente comprenda la importancia de las frituras de bacalao y del pastelito de guayaba. Esa es la resistencia ante el avance de esas oligarquías que quieren vendernos.

Hay un artículo de Roa que se titula « ¿A dónde va Cuba?», que escribió en 1958, otro momento terrible de la historia de este país. Yo quisiera hacerte esa pregunta: ¿a dónde crees que va Cuba?

Al abismo. ¡Coño, no debiste preguntarme eso!

Te voy a leer lo que publicaré el día que cumpla sesenta años, lo escribí el 20 de noviembre:

«Si yo no tuviera hijos me hubiera suicidado el mismo instante en que comprendí que el mundo al que pertenezco en cuerpo y alma, es el mundo de ayer. No tengo noción del futuro, tampoco aspiración de alcanzarlo un segundo más allá de este instante, ni siquiera puedo imaginarlo dentro de un país que se fue al demonio.

El suicidio duele. No existe modo de evitarlo cuando el mundo al que perteneciste colapsó, al igual que una estrella enana. Ser del pasado atormenta, aunque no define. Siempre existirá un bar que necesite un buen conversador en la entrada o sentado detrás de la mesita de aseo frente a la puerta del baño. El país no necesita héroes, solo monstruos levantan sus paredes. Felicidades to me. Sesenta años».

Como te dije, si no tuviera hijos me hubiera suicidado hace bastante. Duele mucho este país.

Te pregunté hacia dónde iba Cuba, ahora quiero preguntarte: ¿hacia dónde quisieras que fuera?

A Cuba, compadre. Cuba no se parece a Cuba.

Dicen que quienes se dedican a los audiovisuales siempre piensan en imágenes. Si te pido que pienses en una imagen que encierre lo que para ti es Cuba, ¿qué imagen sería esa?

Quintín Banderas comiendo frituritas de bacalao y, si queremos ir más allá, en un buen restaurante.

El anuncio migratorio de Biden

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Biden anuncio migratorio
(Wimar Verdecia/LJC)

Dos acontecimientos importantes en materia de crisis migratoria y relaciones Cuba-Estados Unidos han tenido lugar esta semana. Como se había anunciado desde el segundo semestre del pasado año, Washington retomaría los servicios consulares en La Habana para atender las solicitudes de visas de inmigrantes, lo que aconteció este miércoles 5 de enero.

Apenas un día después, se conoció la noticia de que para paliar la crisis migratoria que ha enfrentado Estados Unidos en los últimos años, y con efecto inmediato, el país norteño solo recibiría hasta 30 mil inmigrantes por mes procedentes de Cuba, Nicaragua, Haití y Venezuela, siempre que solicitaran un permiso de entrada especial mediante una aplicación online y cumplieran con requisitos como un garante en Estados Unidos, esquemas de vacunación anti-Covid-19 y una investigación de antecedentes. También se advirtió que quienes intenten ingresar de manera ilegal serán deportados y vetados de manera definitiva.

Ambos hechos se insertan en lo que parece ser un panorama de tímida distensión entre los dos gobiernos, si bien no existen anuncios oficiales al respecto. Para comprender mejor el impacto de estas medidas y posibles claves del diálogo futuro por parte de ambas administraciones, La Joven Cuba conversó con el exdiplomático y académico Carlos Alzugaray.

EE.UU.
Carlos Alzugaray (Foto: Mabel Torres/LJC)

A pesar de la reanudación de los servicios consulares y la tramitación de visados, aún no se incluyen visas de no migrantes. ¿Qué obstaculiza la normalización de los servicios consulares y qué podemos esperar en ese sentido durante el presente año?

Hay razones técnicas y razones políticas. Comencemos por estas últimas. Normalizar los trámites consulares es echar abajo una política que estableció Trump en el 2017. Biden debe evitar que triunfe la campaña que lo señala como un presidente débil que le hace concesiones al gobierno cubano. Por eso va haciendo las cosas en cámara lenta. Por cierto, sin pedirle disculpas al pueblo cubano por los sufrimientos que ha causado sobre presupuestos falsos, como el mal llamado “síndrome de la Habana”.

Lo técnico: el procesamiento de visas por parte la administración estadunidense es bastante complejo y conlleva consultar al menos siete instituciones vinculadas a la seguridad nacional. Esto es especialmente así con los visitantes temporales.

La inclusión de Cuba en la lista de estados promotores del terrorismo implica regulaciones aún más estrictas. De igual manera, establecer el andamiaje tecnológico necesario para que el Consulado pueda procesar los casos lleva bastante trabajo de especialistas en el procesamiento de información digital. Estoy convencido de que se restablecerá en los próximos meses, pero primero es necesario echar a andar el procesamiento de las visas de emigrantes y estabilizarlo, por demás con una gran acumulación de casos pendientes.

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Embajada de Estados Unidos en la Habana. Foto: NBC News

¿Cómo cree que influya la reanudación de los trámites en la crisis migratoria actual que vive Cuba?

Con este paso se elimina un factor que agudiza el panorama, pero no vamos a ver una disminución radical inmediata, aunque con la medida anunciada ayer por Biden es obvio que la señal para los posibles emigrantes es que eviten llegar ilegalmente a suelo estadounidense. Esto es bueno en el largo plazo, aunque en el futuro inmediato puede causar numerosos sufrimientos a quienes ya están en camino.

Por cierto, la medida desbanca la falsa idea de que la política hacia Cuba se hace en Miami y que los emigrantes son el factor decisivo. No, la política hacia Cuba se hace en Washington y se tiene en cuenta, ante todo, los intereses nacionales de este país.

Remesas (5)

Ambos gobiernos están conversando y concuerdan en que hay que disminuir la gravedad del problema. Por lógica, el gobierno cubano le tiene que haber dicho al norteamericano que las sanciones le atan las manos y complejizan su accionar en la Isla por la repercusión que tienen en lo económico. Y ahí la pelota se va al lado norteamericano. Aunque eso lo sabe perfectamente la administración y, si no lo saben, Ben Rhodes se encargó de recordárselos recientemente

A partir del anuncio realizado este jueves por la administración estadounidense que se ha interpretado como “el cierre de la frontera sur”, surgen algunas interrogantes acerca de las opciones de los cubanos de burlar los controles fronterizos, esconderse un año y luego acogerse a la Ley de Ajuste. ¿Será esto posible?

En efecto, La Ley de Ajuste permanece vigente, aunque existen presiones para abolirla. Así que la respuesta corta es que sí podrían intentar acogerse, pero habrá que ver qué pasa. Hay que tener en cuenta que entre los privilegios de que gozan los cubanos, a diferencia de los mexicanos, por ejemplo, es que la Migra no los persigue activamente. Sin embargo, a partir de ahora sí se arriesgan a la deportación si las autoridades los descubren entrando o permaneciendo en territorio ilegalmente.

Año

Los migrantes de otros países buscan trabajo generalmente en la agricultura o en factorías (eso sucede mucho en California y Texas), por lo que detectarlos es relativamente fácil para las autoridades. Pero los cubanos por lo general se “disuelven” en Miami. Al año y un día se presentan ante las oficinas de la ICE y solicitan acogerse a la Ley de Ajuste. La nueva regulación que Biden anunció ayer ofrece una vía para arreglar este proceder. Pero siempre será complicado.

Los pasos dados por el gobierno de Biden parecen apuntar a un nuevo acercamiento, si bien ni Washington ni La Habana han hecho anuncio oficial al respecto. ¿Estaremos cerca de retomar la normalización?

A título de hipótesis, pudiera decirse que ambos gobiernos están acercándose aunque sea solamente para ver cómo resolver la crisis migratoria. Para Biden es importante hacerlo porque ya se encuentra en la segunda mitad de su mandato y debe demostrar que su política migratoria es efectiva.

Pero lo afectan otros temas de política exterior. En la guerra de Ucrania enfrenta una etapa crítica con factores agudizantes que pueden ser favorables a Rusia: invierno, crisis energética en Europa y enormes gastos militares en ascenso. En América Latina y el Caribe tiene que manejar el problema migratorio, el avance de China y el resurgimiento de la izquierda.

A ello se suma puntualmente el fall out del fracaso de la operación Guaidó, que lamentablemente Biden abrazó aunque era una iniciativa de Trump, evidentemente fallida cuando el actual mandatario asumió. La elección de Lula y su próximo viaje a Washington fortalecerá la demanda ya presentada por el gobierno de Petro en Colombia de que hay que retirar a Cuba de la lista de estados promotores del terrorismo. Todos estos factores externos lo obligan a ver el tema de La Habana de otra manera.

Se espera que Biden anuncie en breve nuevas medidas hacia la Isla y que se tengan en cuenta estos planteamientos del gobierno cubano que, además, le ha servido la mesa con el discurso del vicecanciller De Cossío y la no oposición del gobierno cubano a medidas que favorezcan en desarrollo de las MIPYMES. Por otro lado, Biden ha nombrado a Chris Dodd, un partidario del levantamiento del bloqueo, como su representante para América Latina y el Caribe.

En algún momento van a tener que pedirle a Obama que suba al ring para defender al candidato demócrata, sea el propio Biden u otro cualquiera. La apertura a Cuba fue el gran logro de su mandato. Y quizás algunas mentes pragmáticas le están diciendo a Biden: “con respecto a Cuba, lo menos riesgoso en este contexto es volver a la política de la normalización”.

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Raúl Castro y Barack Obama. Foto: Granma

El gobierno cubano podría aprovechar la oportunidad y poner en libertad a los presos del 11J. Hay algo que los oficiales de inteligencia y especialistas norteamericanos en política exterior aprecian mucho y es la capacidad de cualquier gobierno, amigo o enemigo, de demostrar fortaleza y mantener el control. La liberación de algunos presos puede dar esa imagen. En el caso cubano esto es más importante por la vecindad, y más allá de cualquier crítica, Cuba ha demostrado, desde el 11J para acá, que puede mantener el control. Tampoco hay una oposición creíble.

Existen muchas razones para volver paulatinamente a la era de Obama. Lo que impide u obstaculiza avanzar más es la adopción por parte del gobierno de Biden de la lógica del “cambio de régimen” en Cuba a través de presiones económicas (medidas coercitivas unilaterales) y políticas (fomento de la subversión con abundantes fondos canalizados a través de organizaciones contrarias al gobierno cubano en Cuba y en Miami).

Por ejemplo, un elemento importante podría ser un cambio en la retórica agresiva contra el gobierno cubano que se expresa constantemente por el Departamento de Estado y los principales voceros de la administración. Recuerdo que eso fue lo primero que hizo Obama incluso antes del 2014. Desde el 2009 el gobierno norteamericano bajó el nivel de la retórica anticubana. Sin embargo, Biden no da ninguna muestra de querer comenzar por ahí.

Dicho esto, hay que reconocer que, al haber retomado conversaciones en varios temas, entre ellos el de la emigración ilegal que las medidas de Trump provocaron, es una señal cautelosamente positiva.

No obstante, el camino para un acercamiento diplomático sólido, permanente y estable es largo y hay que avanzar con más decisión. El gobierno cubano ha manifestado varias veces que esa es su posición. Su homólogo estadounidense no lo ha hecho. Se ha limitado a reaccionar ante los acontecimientos y todo parece indicar que con gran reticencia cuando es un asunto que requiere negociar con el gobierno cubano de igual a igual.

Y, finalmente, contra toda lógica, ha mantenido una retórica anticubana, lo que nunca ayuda cuando se necesita la colaboración de otro país para resolver un problema.

Urge que Washington dé señales claras de buena voluntad. Una de ellas pudiera ser bajar el tono de la retórica contra el gobierno cubano.

A propósito de «la caja que no cuadra»

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Caja que cuadra

No me voy a referir esencialmente —aunque también—, al programa Cuadrando la Caja, transmitido en dos partes por la televisión cubana hace tres meses, al parecer sin penas ni gloria, pero que ha levantado un nuevo avispero a partir de que el pasado 29 de diciembre publicara, en su sitio de Facebook, una parte de la intervención del notable científico cubano Agustín Lage en aquellos programas, en que cambia su indudable experticia en el campo de la inmunología molecular por opiniones económicas de dudosa base científica.

Colegas como Julio Carranza y Oscar Fernández respondieron con excelentes textos en sus perfiles respectivos de Facebook y motivaron muchísimos comentarios de diverso signo, incluyendo uno mío. Luego, el texto de Carranza fue reproducido en el blog Segunda Cita, del cantautor Silvio Rodríguez donde suscitó opiniones de destacados economistas y cientistas sociales como Humberto Pérez, Joaquín Benavides y Carlos Alzugaray.

Este texto, sin embargo, no es mi respuesta al doctor Agustín Lage, ni siquiera a la calidad o pertinencia de las intervenciones hechas en el referido programa, sino tiene por objeto analizar lo inconveniente de continuar con estériles debates ideológicos que en realidad no resuelven los problemas principales que afectan al país desde hace varias décadas, y que alcanzan en la actualidad una gravedad extrema.

No obstante, considero importante desmitificar algunos conceptos que a menudo son utilizados por dirigentes del Partido y el gobierno cubanos en sus intervenciones públicas, y luego también por algunos analistas en medios oficiales. Tales conceptos, en el fondo, carecen de contenido real o son tergiversados debido al lamentable desconocimiento tanto de las categorías de la economía política marxista, como de la economía moderna.

El ataque que en la actualidad se dirige contra la actividad económica privada en Cuba, y la defensa dogmática del Estado como empresario, no es algo nuevo. Estamos acostumbrados a la funesta táctica de la dirigencia, apoyada en su control sobre los medios de difusión, de abrir espacios al sector no estatal y al mercado cuando el agua da al cuello y cerrarlos cuando baja a la cintura. El guion no ha cambiado.

La crítica no suele ser lanzada primero desde los más altos niveles de decisión, sino desde niveles intermedios y, a partir de un estado de opinión que nunca se demuestra con la publicación de datos, se cierran los escasos espacios de actividad económica con ciertos grados de libertad. La diferencia con el momento actual es que el agua sigue al cuello, y esto hace aún más absurdo apelar a una serie de dogmas cuya inutilidad está demostrada por la experiencia histórica.

Es usual que se culpe de los altos precios de bienes y servicios a los empresarios privados, y antes a los trabajadores por cuenta propia, desconociendo la responsabilidad que han tenido en ello la desastrosa política monetaria del llamado «Ordenamiento»; el excesivo déficit fiscal que se ha monetizado; la existencia de tiendas en las que se requieren depósitos en divisas extranjeras para adquirir bienes que resultan elementales en la mayor parte de los hogares del mundo; el impacto de la devaluación del peso en la necesidad de importar insumos debido a que nuestra industria lleva décadas postrada; y la escasez de producción agropecuaria y bienes de consumo en general, que en cualquier economía normal se traduce en aumento de precios.

No obstante, abogar por la existencia de empresas privadas y cooperativas en la economía cubana no significa que se proponga privatizar la propiedad pública. Hasta el momento, la mayor parte de los economistas que apoyamos el desarrollo de actividades económicas privadas y cooperativas no hemos propuesto privatizar, sino que, junto a la presencia de empresas estatales, existan empresas privadas y cooperativas, y si deben competir, que compitan.

Lo que no tiene sentido alguno es que para asegurar el control sobre la sociedad se establezcan monopolios estatales, que compensen su ineficiencia con altos precios por los bienes y servicios que ofrecen, usualmente con cuestionable calidad, lo que se traduce en el empeoramiento del nivel de vida de las personas.

A quienes atizan el fuego contra el naciente y bastante vapuleado sector privado en la economía cubana por temores de una restauración capitalista, les sugiero revisar todo lo que han avanzado muchísimas empresas privadas, incluso en países subdesarrollados y especialmente latinoamericanos, en temas de responsabilidad social. Les invito asimismo a considerar las posibilidades reales de restauración capitalista que se crean a partir de la existencia de empresas constituidas con recursos públicos y que aparecen «legalmente» como sociedades comerciales privadas.

Desde las torres de marfil del dogmatismo característico del marxismo vulgar, se pretende que aceptemos que socialismo es, exclusivamente, el modelo heredado del estalinismo, y que podría resumirse, desde el punto de vista económico, en el carácter centralizado y estatizado de la economía y la verticalidad de las principales decisiones relativas a producción, distribución y consumo.

Por su parte, desde el punto de vista institucional y político, en ese tipo de socialismo el «modelo» ha estipulado el dominio de un partido único —minoritario, por cierto—, sobre el resto de la sociedad, privada por ende de la soberanía para ejercer con mecanismos reales y legalmente asegurados su condición de propietaria de los medios de producción fundamentales.

Del estalinismo también se heredó —aunque ello comenzara bajo el liderazgo de Lenin— la práctica de asegurar la supuesta unidad no mediante el consenso, sino a partir de la represión del pensamiento diferente, y de estigmatizar la crítica con los calificativos de anti-socialista, anti-obrera, anti-soviética y, en nuestro caso, anti-cubana y, de paso, mercenaria.

Ese tipo de socialismo, fracasado históricamente, es el que se pretende «irrevocable» en Cuba para asegurar su «continuidad», en absurdo desprecio por la dialéctica, la concepción materialista de la historia y la realidad misma.

Para los fundadores del pensamiento socialista en su vertiente marxista —que vale aclarar no ha sido la única—, el socialismo sería resultado de la solución de la contradicción entre el carácter cada vez más social del proceso de producción y el carácter cada vez más privado de la apropiación de los resultados de la producción. Ese alto nivel de socialización de la producción no existía en la Rusia bolchevique al inicio de las transformaciones socialistas, y fue violentado. Lo mismo ocurrió en los países de Europa Oriental y en China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba y demás naciones en que se adoptó este modelo.

Es decir, ninguno de estos países estaba en condiciones de construir el socialismo, si es que en algún momento ello fuera posible, porque la realidad es que el proceso seguido por las sociedades capitalistas más desarrolladas —que según Marx serían las primeras en lograr dichas transformaciones sociales y económicas—, están bastante lejos de conseguirlo, y mucho menos conjuntamente, aunque siguen presentes las contradicciones del capitalismo advertidas por Marx, solo que con las lógicas modificaciones del paso de más de un siglo.

Por eso, cuando diversos dirigentes o funcionarios hablan del «socialismo cubano», valdría preguntarnos si lo que existe en Cuba es socialismo, y mi respuesta es negativa. No es socialista un país en el que la propiedad social no se realiza como tal porque la sociedad carece de mecanismos para ejercer su condición de propietaria colectiva de los medios de producción que están en manos del Estado, y tampoco puede controlar la gestión de la misma.

Que una empresa sea estatal no quiere decir que sea socialista. En el orden práctico esto es bastante difícil de lograr. Sin embargo, la única posibilidad real de hacer efectivo un sistema que lo permita, requeriría de una democracia efectiva y de un sistema institucional desarrollado a partir del funcionamiento de un marco legal transparente. Nada de eso existe en Cuba.

Quienes insisten en petrificar el socialismo desde posiciones de poder, y lo convierten en camisa de fuerza que frena el desarrollo de las fuerzas productivas e impide adoptar medidas imprescindibles para sacar al país de la profunda y gravísima crisis en que está; en lo que sí parecen tener éxito es en que cada vez menos personas crean en las posibilidades de un sistema socialista —que tendría que ser radicalmente diferente al que se pretende aquí— como forma avanzada o incluso deseable de organización social.

Esta cuestión, en apariencia teórica, contiene sin embargo un carácter en esencia práctico; porque si asumimos que el sistema que nos presentan como socialista no lo es, entonces resulta perfectamente posible y necesario —incluso dentro del ideal socialista— eliminar todas las características que hacen que dicho sistema sea aquí improductivo y empobrecedor en lo económico y retrógrado en lo político. Por tanto, es imprescindible abandonar las camisas de fuerza que hoy sujetan a Cuba en la más grave crisis de las últimas tres décadas y crear condiciones para que resurja como una sociedad democrática y libre.

Es importante comprender que las penalidades que sufre la sociedad cubana en su vida cotidiana, marcada —entre otras cosas— por la insatisfacción de sus necesidades básicas, el deterioro de su poder adquisitivo, la emigración creciente de jóvenes, profesionales y técnicos; la gravísima situación de la población adulta mayor, son manifestaciones de una crisis económica estructural, pero su solución es de naturaleza eminentemente política.

Desde hace varios años, diversos economistas hemos hecho propuestas de política económica, algunas sistémicas, otras puntuales; algunas con determinado enfoque teórico, otras con otro; sin embargo, casi todos hemos coincidido en que las medidas adoptadas han sido incorrectas, mal diseñadas, mal implementadas y con efectos contrarios al deseable impulso de la recuperación económica del país. A pesar de ello, la dirección del Partido y el gobierno rehúsa considerar las críticas, adopta posiciones justificativas y se abroquela detrás de las sanciones estadounidenses como causa de todos los males. Esto nos sitúa frente a la realidad de que la solución a la crisis económica y al empobrecimiento acelerado que nos afecta, es de naturaleza política y requiere de soluciones políticas.

La dirigencia cubana no solo ha actuado con torpeza en su política económica, también lo ha hecho así en el manejo de los conflictos sociales y políticos resultantes de la agudización de la crisis misma, y de los reclamos de una parte creciente de la sociedad respecto al ejercicio de las libertades consagradas en la constitución y de otras que son parte del acervo político de la «civilización occidental» a la cual pertenecemos. Esto ha contribuido a profundizar la fractura de la sociedad y de la confianza de muchos en que un futuro mejor es posible en Cuba.

En tales condiciones la caja no puede cuadrar. Para ello resultaría imprescindible un nuevo consenso social incluyente, que parta del reconocimiento de opciones y alternativas políticas diversas, y en el que la unidad se alcance desde la diversidad y no a costa de ella. Este debe ser un ejercicio profundamente democrático, del que emerja un sistema institucional y político que asegure las libertades sociales e individuales consagradas en la actual constitución, y otras que deberían ser consecuencia de un futuro proceso constituyente verdaderamente democrático y que, por cierto, es parte del ideario que inspiró en su momento la Revolución Cubana.

Economía cubana en tiempos de crisis. Indicadores de su magnitud

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Economía cubana
(Imagen: LJC)

Las más recientes estadísticas oficiales disponibles de Cuba son las del Anuario Estadístico de 2021 (ONEI, 2022); las cifras macroeconómicas y del sector externo de 2022 no se colgarán en Internet hasta octubre o noviembre de 2023, aunque se dispone de ciertas cifras  ofrecidas por autoridades o expertos cubanos. Para 2023 solo existen algunas metas y proyecciones. Las fuentes de las estadísticas en este ensayo, a menos que se especifique, son los referidos anuarios estadísticos de la ONEI.

Indicadores macroeconómicos

El producto interno bruto (PIB) a precios constantes, que estaba virtualmente estancado desde 2016,1 disminuyó en 0,2% en 2019 y cayó en 10,9% en 2020; el promedio anual del período 2019-2021 fue de -3.3% (Gráfico 1). La caída de 10,9% en 2020 es la mayor después de -14,9% en 1993, el peor año de la crisis de los 90, llamada el Período Especial (Marrero, 2021).

Según la CEPAL (2021a), el descenso cubano de 2020 fue el más fuerte después del venezolano (-30%) y superior al promedio regional de -6,8%. Para 2021, el gobierno cubano fijó una meta de 6%; primero dio un crecimiento de 2% y después lo redujo a 1,3%, mientras que la CEPAL (2021b) estimó 0,5%. La meta oficial para 2022 era de 4%; el Ministerio de Economía y Planificación (MEP, 2022) estimó un aumento del 10,3% en el primer trimestre y de 1,7% en el segundo trimestre, pero la cifra anual fue de 2%, y algunos la juzgan optimista o predicen una caída (Frank, 2022d).2 

Economía cubana
(Fuente: Elaboración del autor basada en ONEI, 2010, 2016, 2022.)

La formación bruta de capital, a precios constantes, declinó de 25% del PIB en 1989 a 16,5% en 2020 y 16,3% en 2021;3 la meta oficial de la formación bruta de capital para mantener un crecimiento adecuado se ha fijado en 25%, pero no se ha alcanzado desde 1989. La inversión a precios constantes declinó -1% en 2019 y -5,9% en 2020 (Cuba Standard, 2022). El déficit fiscal en 2021 fue de 17,7% del PIB, el mayor desde los años 90, pero descendió a 12% en 2021, aunque está afectado por la inflación.

Hay varias cifras sobre la inflación en 2021: el gobierno dio inicialmente una inflación de 60% para el comercio minorista, pero Murillo (2021) afirma que «ese 60% no pega con lo que la gente está viviendo [con] precios siete, diez veces más grandes». Por otra parte, el deflactor del PIB es de 401% (ONEI, 2022, cuadro 5.6). Un experto  estima la inflación entre 270% y 470% (Luis, 2021) y un informe británico la calcula en 740% (EIR, 2022), las tres últimas mayores que la de los años 90s.

Según Gil (2023c), entre enero y octubre de 2022 la inflación «ronda el 29%», una reducción substancial aunque el ministro afirma que no han funcionado las medidas tomadas para «detener el crecimiento desmedido e irracional de los precios». La liquidez monetaria en manos de la población (M-2) superaba al valor del PIB en 2019 y en 2020 creció a 120,4% del PIB, algo que no ocurría desde los años 90; según Murillo, el Estado tiene que recoger un 92% del excedente por medio de ventas, pero solo recoge 67% y eso alimenta la inflación (citado por Figueredo y otros, 2021); el año 2021 está distorsionado por la inflación.

Con dicho excedente medido en pesos nacionales (CUP)4 virtualmente no hay nada que comprar, para ello se necesitan dólares siempre que estén depositados en bancos que emiten una tarjeta magnética para comprar en las tiendas en divisas, o se tengan euros u otra moneda dura; la gran mayoría de los cubanos no tiene acceso a dichas divisas.

En 10 de junio de 2021, el gobierno prohibió el depósito en dólares en los bancos, dando un plazo de once días para hacerlo con los dólares atesorados por la población (Mesa-Lago, 2021b). El valor del dólar en el mercado informal se ha depreciado: en 2021 el oficial de 24 a 100; en 2022 el gobierno aumentó el cambio de 24 a 110 y en el mercado informal subió a 175 el 8 de diciembre (El Toque, 2022a).

Producción física

El índice de producción industrial, que se recuperó parcialmente entre  2013 y 2018, disminuyó a 54,8% en 2021, 45,2% menor al nivel de 1989 (Gráfico 2). En 1989-2021, la elaboración de productos alimenticios menguó a la mitad, la industria azucarera cayó en 89%, la producción textil en 96% y los fertilizantes en 98%.

Economía cubana
(Fuente: Elaboración propia basado en CCE, 1991; ONEI 1995 a 2022)

Las tasas del PIB por clase de actividad económica (agropecuaria, azúcar y pesca) en 2016-2021 se muestran en el Cuadro 1: la tasa promedio anual de crecimiento del  sector agropecuario descendió en -7,7%, la del sector azucarero en – 9,1% y la de  pesca y mariscos en -5,4%.

Años Sector agropecuario Sector azucarero Sector pesca y mariscos
2016 0,5 -19,4 -1,6
2017 -1,5 19.7 0,3
2018 2,6 -43,7 3,8
2019 -10,9 31,5 -11,7
2020 -23,5 -11,0 -3,5
2021 -13,3 -31,8 -8,3
Promedio – 7,7 -9,1 -5,4

Cuadro 1: Tasas anuales y promedio del PIB en los sectores agropecuario, azucarero y pesquero, 2016-2021 (en porcentajes). (Fuente: Elaboración del autor basado en ONEI, 2019 y 2022)

De un total de trece productos claves agropecuarios y pescados/mariscos en 2021, ocho estaban bajo el nivel de 1989 y todos eran inferiores a cimas de producción previas (Cuadro 2). En 2022 no se cumplió el plan de producción de alimentos, como arroz, frijoles, viandas, carne y huevos (Gil, 2022c).

En 2021-2022, la zafra azucarera fue  de apenas 474.000 toneladas (comparada con alrededor de 8 millones en los años 80), la más baja en la historia (Álvarez Quiñones, 2022). De esa suma, 600.000 toneladas deben ir al consumo interno y 400.000 han de ser exportadas a China, por lo que Cuba tuvo que importar azúcar de Brasil para cumplir con China y cubrir el consumo nacional.

La meta para la zafra de 2022-2023 es de 455.200 toneladas, 4% menor a la anterior debido al cierre de ingenios, escasez de petróleo y falta de insumos y personal, por lo cual se dedicará únicamente al consumo (Frank, 2022c); se planean exportaciones de solo 90.000 toneladas, de modo que tampoco se cumpliría la obligación con China (Gil, 2022b).

Productos

1989 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021
Tubérculos 681 1.565 1.515 1.445 1.452 1.580 1.671 1.743 1.843 1.828 1.801 1.702 1.269 1.250
Plátanos 291 670 735 835 885 658 836 890 1.016 1.015 961 1.036 859 860
Hortalizas 610 2.540 2.141 2.200 2.112 2.406 2.499 2.424 2.285 2.483 2.454 2.183 1.698 1.713
Arroz 536 564 454 566 644 673 585 418 514 404 461 426 266 227a
Maíz 471 327 324 354 360 426 429 363 404 373 346 276 257 238a
Frijoles 14 111 80 133 127 129 135 117 136 132 162 128 66 57
Cítricos 825 418 345 264 204 167 97 115 119 98 71 70 43 37 a
Otras frutas 219 748 762 817 964 925 884 943 944 926 861 1094 863 770
Tabaco hoja 42d 25 20 20 19 24 19 24 19 31 30 28 26 22a
Leche de vaca 924 600 630 600 604 589 588 495 613 536 577 512 453 374a
Huevos b 2,523 2.427 2.430 2.620 2.512 2.656 2.572 2.321 2.419 2.535 2.778 2.528 2.356 2.158a
Ganado vacunoc 4.919 3.893 3.992 4.059 4.084 4.092 4.134 4.045 4.014 3.866 3.808 3.817 3.752 3.657a
Pescado/marisco 192e 65 55 49 48 51 56 57 52 52 51 45 46

40a

Cuadro 2: Producción agropecuaria-pesquera en Cuba, 1989, 2009 a 2021 (miles toneladas métricas). (Fuente: Elaboración del autor basado en CEE, 1991, ONEI, 2010 a 2022; Mesa-Lago, 2000 para cifras anteriores a 1989)

Nota: La cima de producción marcada en negrita.  a Nivel en 2021 por debajo del nivel de 1989. b Miles de millones. c Miles de cabezas, la cima fue de 6,8 millones en 1967. d La cima fue de 55.000 toneladas en 1981.  e La cima fue de 244.000 toneladas en 1986.

De un total de once productos manufacturados clave en 2020-2021, cuatro estaban bajo el nivel de 1989 y los niveles de todos eran inferiores a las cimas de producción previas (Cuadro 3). La extracción de petróleo mermó en 23% entre 2010 y 2020, y la de gas natural declinó en 47%  durante la etapa 2015-2021. El enorme  incendio en la planta de almacenamiento de combustible en Matanzas en 2022 destruyó 40% del principal tanque de almacenamiento, dañó el único puerto para súper-tanqueros y quemó 75,000 m2 de gas, una pérdida de US$10.000 millones; lo cual aumentó la dependencia cubana  a la energía importada (60% de sus necesidades, antes era 50%).

Las importaciones venezolanas de combustible, que alcanzaron una cima de 115.000 barriles diarios en 2015, mermaron a 56.610 barriles en el primer semestre de 20225 (Rodríguez, 2022b), mientras que el precio del petróleo se disparó a una cima de US$110 por barril en marzo de 2022 (Statista, 2022).

La generación de electricidad disminuyó en 16,4% en 2016-2021, lo cual obligó a contratar cinco plantas flotantes turcas, ancladas en las bahías de La Habana, Mariel y Santiago para aumentar la capacidad de generación eléctrica. Además, averías y paralizaciones de las principales plantas generadoras (Rodríguez, 2022b) provocaron que la producción de energía eléctrica en 2022 fuese de solo 2.420 GWh, 86% inferior a la de 2021 y 12% del plan de 20.168 GWH (Gil, 2022a). Estos factores han suscitado el retorno de los «apagones» eléctricos de siete a dieciocho horas diarias (Frank, 2022b), como ocurrió en la crisis de los 90.

La planta termoeléctrica más moderna, en Cienfuegos, que consiste en un grupo de aparatos generadores coordinados con apenas cuatro años de operación, trabaja a menos de la mitad de su capacidad instalada, y para llegar al 50% se han enviado  sus motores a Alemania para recibir mantenimiento; también se necesitan piezas de repuesto en otras plantas, pero aun en el escenario más favorable, la recuperación del Sistema Eléctrico Nacional será limitada y paulatina (Martínez Molina, 2022). Según estimados de Piñón (2022), el costo de reconstruir la capacidad de generación de electricidad costará US$1.748 millones.

Productos 1989 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021
Petróleo 718 2.905 3.003 2.731 3.025 3.012 2.998 2.897 2.905 2.822 2.619 2.522 2,462 2,372 2.320
Gas natural a 34 1.218 1.161 1.155 1.072 1.019 1.034 1.066 1.200 1.245 1.185 1.051 970 951 895 652
Níquel 47 73 70 70 70 72 68 55 52 54 53 53 52 49 50
Azúcar 8.121 1.193 1.445 1.388 1.164 1.242 1.454 1.568 1.633 1.924 1.501 1.581 1.233 1,211 1.110f
Acero 314 262 274 266 277 282 277 267 258 221 205 210 188 126 66 42f
Cemento 3.579 1.805 1.707 1,626 1.631 1.731 1.824 1.659 1.579 1.517 1.493 1.430 1.590 1.335 1.015 817f
Electricidad b 15,4 17,6 17,7 17,7 17,4 17,8 18,4 19,1 19,4 20,3 20,4 20,6 20,8 20,7 19,0 17,9
Textiles c 220 24 29 28 25 25 28 34 45 55 55 39 17 24 30 16f
Fertilizantes 898 22 40 9 22 39 30 21 32 44 57 72 43 34 2 8f
Puros d 308 412 386 375 376 392 392 411 423 412 426 417 280 435 376 332
Medicamentos e 78 397 607 639 770 712 713 868 1.338 1.435 1.219 1.240 1.192 1.244

Cuadro 3: Producción minera y manufacturera en Cuba, 1989 y 2007-2021 (miles de toneladas métricas). (Fuente: Elaboración del autor basada en CCE, 1991; ONEI, 2008, 2012, 2017, 2022)

NOTA: Las cifras en negrita indican la cima en la producción. a Millones de metros cúbicos.  b Miles de giga vatios horas. c Millones de metros cuadrados. d Millones de unidades. e Miles de millones de pesos. f Nivel de producción inferior al de 1989

Entre 1989 y 2020-2021 la producción manufacturera declinó como sigue: la de fertilizantes -99%, la de acero -87%, la de azúcar cruda y la de textiles -86%, y la de cemento -77%. La producción de níquel  alcanzó su cima en 2007 y había mermado 32% en 2020 (no se han publicado las cifras de 2021). Las producciones de electricidad, puros y medicamentos también crecieron hasta una cúspide y después declinaron respectivamente en 14%, 22% y 17%. ONEI (2022) interrumpió las cifras de producción de medicamentos en 2019 (ese año, la exportación de dichos productos cayó en 35%) y dejó de publicarlos en 2021, lo cual probablemente implica descensos mayores. Las mermas en azúcar y níquel impidieron tomar ventaja de las considerables alzas de sus precios en el mercado mundial.

Un punto importante es que la producción agropecuaria y manufacturera cayó virtualmente en todos los productos al menos desde 2016 (en alrededor de la mitad desde 1989 o antes de 2016), por lo que esto no puede achacarse al endurecimiento del embargo ni a Covid-19, se ha debido a factores estructurales, principalmente el ineficiente sistema económico.

Comercio exterior 

El valor de las exportaciones en 2021  fue 67% menor que en 1989 y 63% inferior a 2013,  por su parte, las importaciones eran 5% más que en 1989 pero 43% menores que en 2013; por ello, el déficit en la balanza comercial de bienes creció 218% entre 1989 y 2021. Debido al declive de la producción agropecuaria, la proporción de las importaciones de alimentos creció de 17% de la importación total en 2018 a 23% en 2021, un evidente aumento de la dependencia alimentaria externa (Nova, 2022). Lo anterior ratifica la afirmación que hice al enunciar las causas de la crisis, de que Cuba ha sido incapaz de financiar sus importaciones de bienes con sus propias exportaciones.

El intercambio comercial de bienes con Venezuela se contrajo en 84% entre 2012 y 2021 (de US$8.563  a US$1.349 millones): las exportaciones cubanas menguaron 96%, mientras  las importaciones de Venezuela (mayormente petróleo) mermaron 80%. En todo el período ocurrió un déficit en el comercio con  esa nación, porque las exportaciones de la Isla fueron un fragmento mínimo de las importaciones venezolanas (Spadoni, 2022; ONEI, 2013 y 2022).

Economía cubana
El intercambio comercial de bienes con Venezuela se contrajo en 84% entre 2012 y 2021. (Foto: Notimex)

Por su parte, el intercambio comercial de bienes con Rusia aumentó 14% entre 2019 y 2021 (con una caída en 2020), pero arrojó un déficit desfavorable para la Isla (las importaciones de Rusia fueron 99,2% del intercambio total y las exportaciones de Cuba solo el 0,8%). Entre 2016 y 2021 Rusia ascendió del decimocuarto6 al quinto socio comercial de Cuba, pero principalmente por la caída en el intercambio comercial de Cuba con otros países (ONEI, 2022).  

El Cuadro 4 es una estimación del balance del comercio de bienes y servicios de Cuba en 2007-2021, basado en estadísticas de ONEI procedentes de varios cuadros; en dos casos, las cifras del saldo de bienes y servicios no concuerdan (aunque es una suma pequeña) lo que se debe al uso de diversas fuentes.

Nótese que en 2021 todas las cifras se incrementan de manera notable, por causa de la gran inflación mundial en ese año. El cuadro muestra que hubo un saldo negativo de bienes en todo el período, mientras que ocurrió un excedente del saldo positivo de servicios, que no solo compensó el déficit de bienes sino que lo excedió, pero con una tendencia decreciente a partir de 2014 (caída a un quinto entre 2014 y 2020).

En 2021, el antiguo excedente se convirtió en un déficit substancial (54.176 millones de pesos equivalentes a US$2.257 millones al cambio oficial), por vez primera en todo el período. Esto se debió a la caída en la compra de servicios profesionales cubanos, y asimismo respecto a los ingresos por el turismo y las remesas. El referido déficit explica por qué Cuba tuvo que suspender el pago de la deuda externa a fines de 2020 y las dificultades para pagar a acreedores, suministradores y  bancos.

Economía cubana

Cuadro 4: Balance de bienes y servicios en Cuba, 2007 a 2021 (millones de pesos a precios corrientes). (Fuente: Elaboración propia basada en ONEI, 2008 a 2022)

Exportaciones de servicios cubanos

Este rubro constituye el primer ingreso en divisas del país y ONEI publicó por primera vez las estadísticas en el Anuario de 2018. El total, en miles de millones de US dólares, fue como sigue: 11.355 en 2018; 9.867 en 2019; 6.880 en 2020 y 5.845 en 2021. Puede verse que disminuyeron  49% en el período, lo que concuerda con el déficit ya explicado en el balance comercial de bienes y servicios (Cuadro 4).

Del total de servicios, se desglosan dos componentes: servicios de salud y educación (ellos representan 77% del total en 2021); la combinación de ambos decreció  32% en el período. El autor ha hecho cálculos que indican una caída en la venta de estos servicios profesionales en un 43% entre 2013 y 2020 (Mesa-Lago y Vidal, 2019, actualizado con ONEI, 2020 a 2022). La causa fue el recorte en la compra de servicios por Venezuela, así como la salida de médicos de Bolivia, Brasil, Ecuador y El Salvador por cambios en sus gobiernos.

Remesas externas

Las remesas externas en efectivo (segundo ingreso en divisas), alcanzaron su cima en 2019, pero decrecieron  37% en 2020 y un 54% adicional en 2021, para una caída combinada de 71% (Gráfico 3). Las causas de tal descenso fueron: la pandemia, que redujo los vuelos y viajes de mulas que llevaban dinero a familiares, o para su venta en el mercado informal; las sanciones de Trump ya explicadas, y la crisis económica de 2020 que mermó el poder adquisitivo de los remitentes, especialmente cubano-americanos.

Las medidas de Biden para restablecer los vuelos, con el consiguiente regreso de las mulas, así como permitir envíos de remesas por plataformas digitales (lo cual parece haber aumentado la independencia de los remitentes respecto a Fincimex), ha resultado en un incremento de las remesas: para 2022 se habían recibido US$1.200 millones, 11% más que en todo 2021, y se proyecta que el total será de US$2.000 millones, aun así por debajo del nivel de 2020 (Morales, 2022a).

Economía cubana
(Fuente: Elaboración del autor basada en Morales, 2020, 2022a)

Turismo

Este era la tercera fuente de divisas hasta 2019. El Cuadro 5 muestra que el número de turistas se expandió diecisiete veces entre 1989 y 2018. La apertura bajo Obama impulsó el número de visitantes en 2015 (Mesa-Lago, 2020) y dicho boom continuó con Trump en 2016-2019, pero mermó 75% en 2020 y otro 67% en 2021 (un total combinado de -92% en 1918-2021) de manera que en 2021 era solo 31% superior a 1989 (ONEI, 2021). Las causas de este declive han sido varias, entre ellas la pandemia, las medidas de Trump y la baja calidad de los servicios (Mesa-Lago y Svejnar, 2020).

La distribución de los turistas por nación emisora en 2017-2020 fue aproximadamente: Canadá, cubanos en el exterior, EE.UU., Francia, Alemania, Italia y España. Sin embargo, Rusia que ocupaba el décimo lugar en 2017, ascendió al primero  en 2021 y llegó a constituir el 41% del total, principalmente por el descenso en los otros países emisores.

Había grandes esperanzas de que aumentase el turismo ruso, pero la guerra en Ucrania provocó una disminución de su participación a 3,5% en 2022. La meta  de turistas a que se aspiraba en 2022 era de 2,5 millones, pero a fines de noviembre solo habían arribado 1.377.191, y se ha reconocido que no se logrará dicha  cifra (MINTUR, 2022; Perelló, 2022).

La cima del ingreso bruto por turismo fue de US$3.186 millones en 2017, pero descendió un 87%, a US$404 millones, en 2021. En 2019 se informó que por cada dólar de ingreso generado por el turismo, se requerían 60 centavos de importaciones (Gil, 2019), o sea,  el ingreso neto era solo  40% del ingreso bruto. En 2018 el ingreso fue de US$1.081 millones (alrededor del 1% del PIB), similar al valor combinado de las exportaciones de níquel y azúcar en ese año. Si se asume que el número de turistas en 2022 será de 1,6 millones y que gastarán un promedio similar a 2021, el ingreso bruto sería de US$1.816 millones y el neto de US$726 millones.

El número de habitaciones hoteleras casi se duplicó en 2007-2021, pero la tasa de ocupación cayó de 61% a 12% en el período; sin embargo, se planean para 2023 diez hoteles con 3.147 nuevas habitaciones (Gil, 2022c). Lo anterior cuestiona la inversión de 24% del total en turismo en 2022 (principalmente en construcción de hoteles), cuando hay sectores como la agricultura y la energética, esenciales para el bienestar del pueblo, que demandan grandes inversiones (Rodríguez, 2022b).

Indicadores 1989 2007 2008 2010 2012 2014 2016 2017 2018 2019 2020 2021
Visitantes (miles) 270 2.152 2.348 2.532 2.841 3.006 4.036 4.654 4.712 4.276 1.085 356
Ingreso bruto (millones US$)a 168 2.236 2.347 2.218 2,613 2.367 2.907 3.186 2.703 2.596 1.137 404
Habitaciones (miles) 21.4 47.3 49.1 65.0 65.3 66.1 67.0 73.5 84.2 91.7 75.7 81.3
Tasa de ocupación (%) 60,9 60,1 57,1 58,2 58,6 61,5 56,9 49,5 48,2 23,1 12,7
Promedio de gasto por turista US$ 622 1.039 999 876 920 787 720 684 573 607 1.047 1.134

Cuadro 5: Indicadores del Turismo Internacional, 1989 y 2007-2021. (Fuente: Elaboración del autor basado en 1989 de CCE, 1991; 2007 a 2021 de ONEI, 2008, 2019, 2022)

a Sin substraer el valor de las importaciones para el sector; el ingreso neto (substrayendo dichas importaciones) se estimó en 2018 como 40% del ingreso bruto, basado en la cifra oficial de 60% de importaciones para el turismo.

Inversión Extranjera Directa (IED)

A pesar de su importancia, la ONEI no publica una serie estadística de la IED que muestre su monto y contribución a la economía, un vacío notable que no ayuda a los inversores extranjeros. Solo se informa de manera esporádica por las autoridades sobre los nuevos negocios  creados, pero las cifras se refieren a cosas diversas y no son siempre comparables. Así, pueden ser en general (el total en la Isla) o en la Zona de Desarrollo Económico del Mariel (ZDEM) en particular. También hay tres conceptos con diferentes grados de realismo: intenciones de inversión, compromisos firmados en negociación e inversión materializada (la última es la más realista).

La meta oficial de una IED anual de US$2.500 millones para lograr un crecimiento del PIB de 5% nunca se ha cumplido. Para el período 2014-2017, el autor estimó que la inversión materializada promedió anualmente US$500 millones, o sea, un quinto de la meta (Mesa-Lago y Svejnar, 2020). Se cree que la IED sufrió fuertemente debido al recrudecimiento del embargo y la implementación por Trump del Título III ya explicado, pero no hay estadísticas.

Un nuevo estimado de la IED (no está claro cuál de los tres conceptos referidos) en 2014-2021, muestra un aumento hasta 2018 y después un declive, para un promedio anual de US$680 millones o 27% de la meta (EIU, 2022; Spadoni, 2022). Entre 2020 y 2021 se aprobaron  cuarenta y siete nuevos negocios, pero solo se habían constituido veinticinco (Rodríguez, 2022b).7 

En una visita a la ZDEM en julio de 2022, Raúl Castro y otros funcionarios anunciaron que de sesenta y dos negocios aprobados entre 2013 y 2022, cincuenta y seis estaban operando con US$3.000 millones comprometidos pero solo US$1.000 millones materializados, o sea, un promedio anual de US$100 en el período («Cuba has approved…», 2022). En agosto de 2022 se aprobaron medidas para estimular la IED: capital extranjero en las microempresas, en comercio al por mayor (parcial o totalmente de propiedad foránea) y en el comercio minorista.

Economía cubana
Zona Especial de Desarrollo Mariel.

En la visita de Díaz-Canel a China en noviembre de 2022, aquel firmó doce acuerdos con Xi Jinping, pero ninguno es de financiamiento de inversión. Dos de los acuerdos son políticos: consultas entre los ministerios de relaciones exteriores de ambos países, y coordinación entre sus partidos comunistas. Tres acuerdos son económicos pero sin concretar en qué consisten: cooperación para la implementación de la Iniciativa China de la Franja y la Ruta de la Seda; fortalecimiento de la cooperación económica y comercial; y cooperación entre el Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera de Cuba y su homólogo chino.

Por último, hay siete «donativos» pero no se dice su cuantía: uno es en efectivo de emergencia y otro es el envío de medicamentos, insumos médicos y alimentos (en ese orden). Los restantes cinco son para proyectos de poca monta, tales como: materias primas para uniformes escolares y ropa de trabajo; sistema de telepresencia en la nube de Biocubafarma; utensilios de cocina; sistema de identidad nacional de personas naturales y supervisión de redes inalámbricas; y laboratorio forense de datos (Martínez, 2022). El hecho que no se haya revelado el monto total de estos donativos sugiere que la suma no es  substancial.

Deuda externa y reservas internacionales 

La ONEI no publica la deuda externa total de Cuba, solo la «deuda corriente» («activa» o negociada) que aumentó 69% entre 2008 y 2019 — último año publicado—, de US$11.600 millones a US$19.618 millones, a pesar de una condonación de 81% de la deuda (Spadoni, 2022; Cuadro 6). Del total, US$10.000 millones es la deuda renegociada, y además hay $1.462 millones de deuda bancaria y US$7.402 millones adeudados a proveedores, los dos principales son empresas chinas y españolas (primer y tercer socios comerciales de Cuba).

China era el principal suministrador de insumos para la industria farmacéutica  insular y suspendió esas exportaciones, lo que provocó la caída ya explicada de la producción y exportación de medicamentos cubanos. Esto repercute adversamente en la población.

Países acreedores Deuda total Deuda condonada % Deuda remanente %
Deuda reestructurada
Rusia 30.000b 27.000 90.0 3.000 10.0
Club de París a 11.084 8.484 76.5 2.600 23.5
China 6.000 2.830 47.2 3.170 52.8
Japón 1.750 1.400 80.0 350 20.0
México 500 350 70.0 150 30.0
Sub-total 49.334 40.064 81.2 9.270c 18.8
Deuda pendiente
Venezuela 11.367 11.367 100.0
Argentina 8.000 8.000 100.0
Brasil 1.150 1.150 100.0
Subtotal 20.517 20.517 100.0
TOTAL 69.851 29.787 42.6

Cuadro 6: Estimados gruesos de la Deuda Externa Total de Cuba, 2019-2020 (millones U.S. dólares). (Fuente: Elaboración del autor basada en Frank, 2013, 2015; Rapoza, 2019; Mesa-Lago y Svejnar, 2020; Morales, 2022b; Spadoni, 2022.)

a Catorce países. b Dependiendo de la tasa de cambio que se use, el rango va de US$ 25.000 a US$ 35.000 millones, se ha usado el punto medio. c Esta suma es muy similar a la cifra de la deuda negociada de US$10.754 millones publicada por ONEI para 2019; la diferencia puede surgir de una sobreestimación de la deuda condonada, o de deudas reestructuradas de las que se carece de información.

En 2015 Cuba firmó un acuerdo con catorce de los veinte miembros del Club de París para reestructurar la deuda acumulada de US$11.100 millones, y se le condonó el 76.5%. El resto,  US$2.611 millones, debe pagarse en dieciocho años (hasta 2033), con una tasa de interés creciente (los catorce países han renegociado su deuda con Cuba de forma bilateral).

La Isla hizo los pagos en 2016-2018, pero falló en el de US$80 millones en octubre de 2019, por lo que incurrió en una sanción de 9% de interés sobre el saldo. El gobierno cubano solicitó postergar los pagos en 2021 para reiniciarlos en 2022, pero solo logró posponer los pagos de 2020. También incumplió el pago de la deuda renegociada con Rusia y China y ambos  difirieron su pago hasta 2027, pero cargando intereses (Rodríguez, 2022b). China redujo sus exportaciones totales a Cuba en 58% en 2015-2021, mientras que Rusia suspendió cincuenta proyectos de inversión; además, la guerra en Ucrania ha reducido la capacidad rusa para ayudar a Cuba.8

Economía cubana

La deuda con Venezuela, similar a la tenida con el Club de París, no se está cobrando por el gobierno de Maduro. La contraída con Argentina se originó  a partir de dos préstamos, en 1973 y 1985, por un total de US$2.400 millones y se estima que, considerando intereses y sanciones, el total debe ser  US$8.000, y los gobiernos de izquierda no han exigido su pago. La deuda original con Brasil era de US$682 millones, sin embargo, ha crecido con los intereses; en 2018 Cuba no  efectuó el pago de US$17 millones y solicitó una restructuración, pero el gobierno de derecha de Bolsonaro la rechazó. Se supone que Lula estará en mejor disposición. Según se informa,  el incumplimiento de pagos se ha recrudecido en 2021 y 2022 (Rodríguez, 2022b).

Las reservas internacionales, aunque no se publican, deben estar a muy bajo nivel o virtualmente exhaustas debido a la crisis económica. Por ello prácticamente no hay recursos para enfrentar el aumento de los costos de importación, y esta escasez limita el espacio de las políticas fiscales. Por último, Cuba carece de un prestamista de último recurso que pudiese ayudarla financieramente en la unificación, al no pertenecer al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y al Banco Inter-Americano de Desarrollo.

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1: Nótese también que el promedio anual de crecimiento del PIB en 2009-2018 (bajo Raúl Castro), fue de 2,1%, lo que dejó una economía maltrecha a Díaz-Canel.

2: La CEPAL (2022b) ha reproducido el estimado oficial de Cuba de 2% de crecimiento en 2022; esta cifra coloca a la isla en el tercer lugar inferior entre 33 países de América Latina y el Caribe y también por debajo del promedio regional de 3,7%.

3: A precios corrientes las cifras respectivas fueron de 9,9% en 2020 y 23,8% en 2021, la última refleja el impacto inflacionario.

4: Antes de la unificación monetaria en enero de 2021 había dos monedas: el CUP y el CUC (“peso convertible”, pero que no se tranzaba en el mercado internacional); un CUC equivalía a 24 CUP y era similar al dólar estadounidense. La unificación eliminó el CUC y devaluó el CUP en 2.300% (Vidal, 2021).

5: En octubre de  de 2022 se reportó una exportación de 57.000 barriles, cifra similar al promedio (Piñón, 2022).

6: En 2016 el intercambio comercial de Cuba con los EE.UU. fue mayor que el intercambio con Rusia.

7: En 2022 solo hubo seis intenciones de inversión, de las que apenas cinco proyectos se encuentran en fase de negociación (Gil, 2022c).

8: Rusia ha enviado a Cuba alimentos y ayuda humanitaria, el último en 2021; en una conversación telefónica entre Díaz-Canel y Putin en enero de 2022, Putin prometió reforzar la cooperación estratégica con Cuba, pero las promesas en el pasado de inversión rusa han tomado mucho en materializarse. Además, las fuerzas armadas cubanas dependen fuertemente del envejecido equipo soviético y del mantenimiento y apoyo técnico de Rusia, pero la guerra en Ucrania ha demostrado la baja calidad de estos, a la par que ha debilitado a Rusia (Frank, 2022a).

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Referencias bibliográficas

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2023, por el despegue de las izquierdas en Cuba

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Izquierda
(Imagen: Izquierdaweb)

El año que comienza debería ser trascendental para Cuba. Exactamente cien años atrás, en 1923, iniciaron organizaciones y acciones que harían de la década del veinte del pasado siglo un período crítico de nuestra historia, especialmente por haber potenciado a la izquierda insular. La FEU (fundada en diciembre de 1922), la Protesta de los Trece, seguida de la Falange de Acción Cubana, el Grupo Minorista y la eclosión de otros movimientos y partidos de ahí en lo adelante (entre ellos el Comunista, en 1925), dieron lugar al llamado despertar de la conciencia nacional; aunque un somero vistazo a lo acontecido desde 1902 demuestre que, en realidad, la conciencia nacional nunca estuvo dormida.

Hablar de izquierdas y derechas es mucho más complejo en la actualidad, porque ambas posturas suelen hibridarse como parte del fin de las dicotomías binarias de que habla Bauman en su teoría de la modernidad líquida. En sus proyectos sociopolíticos, las derechas se vuelven más populistas y las izquierdas más moderadas.

Uno de los tropos extendidos para distinguirlas desde el punto de vista social, es el símil de la llave de paso: la izquierda afloja, la derecha aprieta. Mas, como no siempre es así, y en las dos concepciones políticas se ubican por todo el mundo regímenes autoritarios/dictatoriales (A) y libertarios/democráticos (L), se ha extendido el empleo de escalas para clasificar el ámbito político de los individuos en cuadrantes combinados: Izquierda Autoritaria, Izquierda Libertaria; Derecha Autoritaria, Derecha Libertaria.

En Cuba la dificultad es mayor aún, porque el Poder omnímodo del Gobierno/Partido/Estado se presenta a sí mismo, no como una opción de izquierda, sino como LA IZQUIERDA. En concordancia con ese mito, a todos sus oponentes los engloba en las filas de una supuesta derecha mercenaria y pro-imperialista, trátese lo mismo de la Fundación Cubano-Americana que de grupos centristas, trotskistas, o anarquistas.

¿Desde cuando existen izquierdas y derechas en Cuba? ¿Puede haber una sola voz de la izquierda si es la del grupo hegemónico en un partido comunista que detenta el poder absoluto? ¿Valdría la pena que aflorara una tendencia crítica en la sociedad cubana que sirviera de alternativa a hombres y mujeres de izquierda ante el monopolio del poder ejercido por los históricos?

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¿Valdría la pena que aflorara una tendencia crítica en la sociedad cubana que sirviera de alternativa a hombres y mujeres de izquierda ante el monopolio del poder ejercido por los históricos? (Foto: Lobo Suelto!)

-I-

En el siglo XIX, el calificativo de izquierda no había prendido en los sectores radicales del movimiento revolucionario, aun cuando sus diferencias con la derecha nacionalista eran evidentes, sobre todo entre la emigración revolucionaria. Anarcosindicalistas, socialistas e independentistas radicales se enfrentaban a conservadores y patronos en los marcos de un movimiento de liberación nacional/social concebido por Martí como partero de una nueva república democrática, basada en el trabajo libre y la búsqueda de la mayor justicia social posible.  

El Delegado del PRC, en sus frecuentes intervenciones y artículos, modelaba ante aquellos patriotas los perfiles de la república a que se aspiraba. En particular, insistía en la exclusión del autoritarismo como forma de gobierno y en el respeto a las opiniones diversas sobre los problemas del país. Opuesto a la gestación de una sociedad autoritaria aseguraba:

¡Que los pueblos no son como las manchas de ganado, donde un buey lleva el cencerro: y los demás lo siguen!: más bello es el valle, rodeado de montañas, cuando lo pasea, en grupos pintorescos, encelándose y apaciguándose, el ganado airoso y libre. Si se desgrana un pueblo, cada grano ha de ser un hombre. La conversación importa; no sobre el reglamento interminable o las minimeces que suelen salirles a las asociaciones primerizas, sino sobre los elementos y peligros de Cuba, sobre la composición y tendencias de cada elemento, sobre el modo de componer los elementos, y de evitar los peligros.

En la propia Europa los comunistas eran poco dados a usar el término izquierdista, que con el estalinismo llegó a tacharse de pequeñoburgués. En cambio, cuando en 1923, en el seno del partido Bolchevique surgió una facción informal dirigida por Trotsky, no dudaron en llamarla Oposición de Izquierda. La misma sería liquidada en 1927, y sus miembros asesinados, encarcelados o deportados.

Por aquella etapa en Cuba la denominación de izquierda era grata a muchos grupos progresistas. Cuando surge el minorismo, en sus versiones habanera y matancera, sus integrantes no dudarían en proclamarse de izquierda, aunque luego varios de ellos renegaran. Asimismo, organizaciones filo-comunistas no integradas al PC adoptarían esta designación, como Ala Izquierda Estudiantil, creada en 1931 por Raúl Roa, Emilio Barceló, Pablo de la Torriente Brau y Carlos Prío.

Igualmente, al surgir una facción trotskista dentro del PC llamada Oposición Comunista de Cuba (1932), contraria a la política sectaria de clase contra clase y a los métodos burocráticos, de inmediato se adhirió a la Oposición de Izquierda Internacional. Uno de sus dirigentes más destacados fue Sandalio Junco, orador negro, amigo de Mella y Guiteras, asesinado en el ayuntamiento de Sancti Spiritus por un comando comunista aliado a la policía batistiana local.

En 1933, cuando los trotskistas cubanos denunciaron la traición de los comunistas a los obreros (denominada eufemísticamente: error de agosto) en la conducción de la huelga revolucionaria contra Machado, su célebre manifiesto «¡Al pueblo de Cuba! ¡A todos los estudiantes!» apareció firmado por la Alianza Estudiantil de Izquierda de La Habana.

Durante la República, numerosas agrupaciones, movimientos y personalidades del campo cultural también se reconocieron como de izquierda. Marcados todos por sus nexos directos con el pueblo y la creación de un arte y literatura ligados a los problemas del país y las posiciones de los sectores populares.  

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Raúl Roa fue uno de los fundadores del Ala Izquierda Estudiantil en 1931. (Foto: Jack de Nijs / Anefo / commons.wikimedia.org)

-II-

Al triunfo de la Revolución, diferentes opciones de izquierda ocupaban espacios en la sociedad civil. Además de los movimientos revolucionarios M-26-7 y DR-13-3 y el PSP, otras tendencias como ortodoxos, jóvenes católicos, agraristas, anarquistas, guiteristas y trotskistas, unidos a una inmensa cantidad de gente sin partido pero de profunda raigambre cívica y patriótica, engrosaron las filas de los integrados al proceso de transformaciones liderado por Fidel.   

En los años sesenta el término izquierdista se utilizaba asiduamente en el discurso político. Así, el Congreso Cultural de La Habana (1968) reunió a más de quinientos intelectuales de izquierda e historiadores de setenta países, entre ellos prominentes científicos sociales (Ralph Miliband, EJ Hobsbawm), personalidades literarias caribeñas y latinoamericanas (Aimé Césaire, Julio Cortázar, Mario Benedetti), escritores europeos famosos (Michel Leiris, Jorge Semprún, Arnold Wesker), junto a políticos de esa tendencia provenientes de EE.UU., Europa, Asia y África.

Como el congreso se centró en el tema del antiimperialismo desde una perspectiva política, económica, y cultural, transcurrió en una atmósfera de tolerancia y diálogo donde todas las presentaciones y resoluciones propuestas fueron recogidas sin interferencias. Socialistas, guevaristas, maoístas, trotskistas, católicos revolucionarios e intelectuales de la denominada Nueva Izquierda europea, compartieron con una mínima representación de los países del llamado campo socialista y los anfitriones cubanos.

Fue el último acto de la etapa realmente izquierdista de la Revolución Cubana. Desde entonces, la Isla se sujetó ideológicamente a la URSS y fue tachado de antisovietismo y diversionismo ideológico todo lo que se diferenciara de esa postura. Según Fernando Martínez Heredia:

«(…) se hicieron fuertes en esa etapa la burocratización generalizada, la formalización y ritualización, el autoritarismo, el seguidismo, la formación de grupos privilegiados, la supresión de todo criterio diferente al considerado oficial, el reino de la autocensura, la simulación y otros males. Un “marxismo-leninismo” —trágico uso del nombre de uno de los más grandes luchadores por la libertad del siglo XX— dogmático, empobrecedor, dominante, autoritario, exclusivista, fue impuesto y difundido sistemáticamente, en el preciso momento en que crecía tan bruscamente el nivel de preparación de los niños y jóvenes cubanos, que es difícil encontrar en el mundo un ejemplo igual obtenido en el plazo de una generación. Las maneras soberbias y la aparente ocupación absoluta del lugar de la ideología por aquel tipo de marxismo fueron engañosas; en esos años se echaron las bases de la futura indiferencia o aversión que tenía que provocar esta situación».

En consecuencia, la fusión de la dictadura militar original con las formas de gobernanza propias del modelo estatista y burocrático del llamado socialismo real,  ignoraron cualquier otra posición de izquierda que no fuera la defendida por el Gobierno/Partido/Estado, única posible.

Los frutos de la decadencia y crisis ideopolítica y moral que trajera consigo tal situación, saltan a la vista en nuestros días. En las actuales condiciones de agudización de la crisis del modelo estatizado y burocrático de socialismo, y crecimiento del pauperismo y la desesperación de los sectores populares, no queda otra opción a los que sigan profesando honestamente un pensamiento de izquierda, patriótico, solidario y antimperialista, que aplicar sus energías a la reforma radical del sistema y la creación de una sociedad verdaderamente libre y democrática.

Las diferencias y celos que amenazan a los frentes de izquierda a lo largo de la historia cubana y mundial, han de ser superados en pos de una verdadera confederación nacional de agrupaciones de izquierda. El pueblo de Cuba debe saber que los hombres y mujeres de estas tendencias están a su lado en la lucha por superar la crisis crónica en que nos encontramos y reorientar los destinos nacionales con el concurso y participación de todas las cubanas y cubanos dignos.   

Como decía Martí: «La Patria es ara, y no pedestal» de nadie. Por tanto, es inaceptable que determinadas familias e individuos que se arroguen ser de izquierda, anden disfrutando desde el poder del usufructo privado de los frutos de la obra colectiva de tantas generaciones, mientras las mayorías gimen en la inopia y la desesperanza.  

La Patria es de todos los hijos que la quieran bien, no importa si ideológicamente son de derecha, izquierda, o centro. Luchemos porque en este 2023 nada ni nadie pueda secuestrar los destinos de la nación en pos de supuestos objetivos y consignas ideológicas anacrónicas, que ya de izquierda guardan muy poco, carecen de contenidos reales y se concentran en ridículos reclamos mítico-religiosos al apelar a la fe y la esperanza como única solución.

La economía de Cuba en tiempos de crisis. Causas del problema

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Economía de Cuba
(Imagen: LJC)

El autor es el único responsable de este artículo, pero agradece los útiles comentarios/sugerencias de Alejandro de la Fuente, Jorge Duany, Javier Figueroa, Jorge Pérez-López y Vergard Bye, así como de los editores de La Joven Cuba, Alina Bárbara López y José Manuel González Rubines.

***

Cuba enfrenta la peor crisis económica desde el Período Especial (particularmente de la peor etapa, 1991-1993) y la situación se asemeja a la de esos años terribles. Esta serie de artículos analiza las causas de la crisis, mide su magnitud con estadísticas económicas, en especial del período 2020-2022, describe brevemente la reacción ciudadana a la misma, ofrece algunas perspectivas para 2023, y da pautas para las reformas necesarias.

1. Las causas de la crisis

Es común que los dos extremos ideológicos señalen una sola causa de la crisis cubana actual: el polo de la derecha culpa al régimen comunista, y el de la izquierda acusa al «bloqueo» de los EE.UU. En la realidad, ambas visiones son simplistas, parciales y sesgadas; en mi opinión, no hay una sola causa de la crisis, sino múltiples y concatenadas que resumo a continuación:

1) El ineficiente sistema económico de planificación centralizada y vasto predominio de la propiedad estatal sobre el mercado y la propiedad no estatal, que ha fracasado en todo el mundo incluyendo a Cuba.

En su década de gobierno (2008-2018), Raúl Castro intentó reformas estructurales orientadas hacia el mercado, pero muy lentas, plagadas de obstáculos, desincentivos,  y vaivenes, por lo que no tuvieron efectos tangibles en la economía. Los líderes cubanos han descartado seguir los lineamientos del modelo de «socialismo de mercado» que ha tenido notable éxito económico-social en China y Vietnam, alegando diferencias de dichos países con Cuba (Mesa-Lago, 2022). El presidente Miguel Díaz-Canel apoya el continuismo, aunque ha impulsado reformas que se analizan aquí, entre ellas, la unificación monetaria y cambiaria y la legalización de las MPYMES.1

Economía de Cuba
El presidente Miguel Díaz-Canel apoya el continuismo, aunque ha impulsado reformas. (Foto: Jorge Luis Baños/IPS)

2) La grave crisis económica y humanitaria de Venezuela que le ha obligado a reducir substancialmente sus lazos económicos con Cuba: la compra de servicios profesionales de salud (el primer ingreso en divisas de la Isla), el suministro de petróleo con términos favorables (que cubre  alrededor de la mitad de las necesidades cubanas) y la inversión directa.

Dicha relación alcanzó su cúspide en 2012-2013 con US$16.017 millones, y disminuyó a la mitad en 2018; en relación al PIB de Cuba, se contrajo de un 22% a un 8%. Los tres componentes de la relación se redujeron: la exportación de profesionales en 24%, el envío de petróleo en 62%, y la inversión de US$8.000 millones se esfumó (Mesa-Lago y Vidal, 2019).

Tal descenso ha continuado en 2019-2022. Por ejemplo, el intercambio comercial de bienes (importaciones más exportaciones) entre Cuba y Venezuela se contrajo en 69% entre 2015 y 2021, las exportaciones cubanas cayeron en 92% y las importaciones venezolanas en 55%; mientras que el déficit contra Venezuela (exportaciones menos importaciones) fue de US$1.356 millones en 2015 y US$1.142 millones en 2021.

Venezuela ha descendido de primer socio comercial de Cuba (28% del intercambio total) al segundo, con solo 12,9% del intercambio total (ONEI, 2016, 2022); no hay series estadísticas sobre la compra de servicios profesionales cubanos por Venezuela y el suministro de petróleo venezolano (ver más adelante), pero continúa paralizada la inversión venezolana.

3) La incapacidad de la economía cubana de financiar sus importaciones de bienes con sus propias exportaciones debido a la caída en la producción interna.

Se demostrará la drástica reducción de la producción agropecuaria y manufacturera insular, y cómo esta contrajo las exportaciones, lo cual generó un déficit en la balanza comercial con sus principales socios comerciales. Por ejemplo, la relación económica con China alcanzó un cénit en 2015 y 2016, cuando este país se convirtió en su primer socio comercial (y superó así a Venezuela); su intercambio  representó 17% y 20% respectivamente, pero disminuyó en 46% entre 2015 y 2021 a 13% del intercambio comercial.2 

La razón fue un déficit contra China en la balanza comercial de bienes —las exportaciones cubanas son muy inferiores a las importaciones  del país asiático—, que ascendió a una cúspide de US$2.000 millones en 2015, por lo cual China redujo sus exportaciones a Cuba en 58% entre 2015 y 2021 (ONEI, 2016, 2022).

En la visita oficial de Díaz-Canel a China en noviembre de 2022, donde se firmaron doce acuerdos (ver sección 2), aquel recordó la advertencia de Xi Jinping a la necesidad de la parte cubana de cumplir con sus obligaciones: «ahora tiene que cumplirse bien el compromiso nuestro, de cómo hacemos bien las cosas, de cómo aprovechamos las oportunidades, cómo somos eficientes, cómo no malgastamos los recursos, y cómo logramos que las inversiones tengan un adecuado rendimiento, y cómo cada vez somos más serios y más efectivos también en los proyectos que propongamos, para seguir ampliando la cooperación». 

4) Las fuertes sanciones impuestas por Donald Trump, que revirtieron el proceso de acercamiento del presidente Barack Obama y reforzaron el embargo o «bloqueo»:3 la aplicación del Título III de la ley del embargo, que había sido suspendida cada seis meses por los anteriores presidentes (incluyendo a Trump), y que permite demandar a las compañías extranjeras que han «traficado» con bienes confiscados por el gobierno cubano; la reducción drástica de vuelos a Cuba, que menguó el turismo; la imposición de un límite a las remesas y la prohibición a la Western Union de enviar dichas remesas a la agencia cubana Fincimex, administrada por los militares; el endurecimiento de las sanciones a los bancos internacionales que hacen transacciones con Cuba, y la reinstalación de dicho país entre los que patrocinan el terrorismo.

Economía de Cuba
Las fuertes sanciones impuestas por Donald Trump revirtieron el proceso de acercamiento del presidente Barack Obama y reforzaron el embargo o «bloqueo». (Foto: Eric Thayer / The New York Times)

Dichas medidas congelaron la inversión extranjera y provocaron la salida de algunas empresas internacionales. Joseph Biden ha flexibilizado el envío de remesas y los vuelos a Cuba y está teniendo conversaciones sobre la emigración, pero las otras sanciones perduran. Nótese que la política de acercamiento de Obama con la Isla —la cual apoyé—, resultó en numerosas concesiones del primero, sin que Cuba cediese un ápice a cambio; por el contrario, la dirigencia cubana continuó criticando al gobierno estadounidense por el mantenimiento del embargo, que Obama no podía eliminar pues los republicanos tenían mayoría en ambas cámaras (Mesa-Lago, 2020).

5) La pandemia de Covid-19, que afectó severamente el turismo internacional y también redujo el viaje de mulas que antes llevaban remesas, alimentos y otros bienes de consumo para familiares o para su venta informal en Cuba. La combinación de las medidas trumpistas y la Covid-19 provocó la salida de compañías españolas como Bankia y tres hoteles de Meliá. La estimación de la media de exceso de mortalidad por la OMS (2021), muestra que la media de Cuba fue superior a la de once países latinoamericanos, una indicación de que no manejó bien la pandemia.

6) La implantación, al inicio de 2021, de la «Tarea Ordenamiento» (unificación monetaria y cambiaria) que, aunque a largo plazo debería dar resultados positivos, a corto plazo ha agravado muchos de los problemas anteriores, como un enorme incremento de la inflación, presión para el cierre de empresas no rentables (que generaría un aumento del desempleo declarado), escalada en espiral del precio de los bienes y fuerte escasez de alimentos y medicinas (Mesa-Lago, 2021).

7) La invasión de Ucrania por Rusia y la extensión inesperada de la guerra, que han disparado el precio de alimentos como el trigo, y del petróleo (Rodríguez, 2022a, 2022b); ambos perjudican a Cuba, la cual recientemente ha apoyado a Rusia,4 contribuyendo a un mayor aislamiento con la Unión Europea y posiblemente dañando las conversaciones en curso con la administración de Biden.

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1: Otro problema es el oligopolio de GAESA que controla vastos sectores de la economía, con mínima transparencia, lo cual impide cualquier competencia con el resto del sector estatal y no estatal.

2: Aún así, en 2021 China volvió a ser el primer socio comercial de Cuba debido a la fuerte contracción del intercambio comercial total.

3: El gobierno cubano estima que el embargo/bloqueo causó pérdidas por US$147.853 millones en seis décadas (Rodríguez, 2022a). He estado contra el embargo desde 1970, pero he demostrado ciertos efectos compensatorios (ver Mesa-Lago, 2022).

4: Cuba se abstuvo el 2 de marzo en la votación de la ONU que condenó la invasión de Ucrania por Rusia, pero durante la visita de Díaz-Canel a Moscú en noviembre de 2022, donde se entrevistó con Putin, apoyó la guerra y culpó a los EE.UU. de ser el causante.

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Referencias bibliográficas

Votos para el nuevo año

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Votos
(Foto: Néster Núñez / LJC)

Existe la costumbre, al menos en países de raíz cultural occidental-cristiana, entre creyentes y no creyentes, de pasar revista cada fin de año a cuanto de bueno o malo le haya acontecido a uno. Junto a ese balance de positivo y negativo se elaboran planes para afianzar o multiplicar lo primero y limitar o disminuir la intensidad de lo segundo.

Individuos, colectividades, gobiernos, participan por igual de esta costumbre; los primeros, por lo general, de forma privada, consigo mismos o con sus allegados. Para colectividades y, sobre todo, gobiernos, es casi una obligación que ese balance sea público, si se habla en términos de democracia.

No recuerdo que tal hábito haya existido en Cuba alguna vez entre las instituciones gubernamentales, pero cualquier momento es bueno para comenzar. ¿Por qué no hacerlo nacer ahora?

Al hábito del recuento y los planes para el nuevo año se uno otro, el de los votos; esto es: la expresión de buenos deseos para los demás en el año que comienza.

Vista la carga de eventos negativos, frustrantes y deprimentes que han signado el año que finaliza, y que nos dejan, como ciudadanos, sin esperanza de mejoría a corto o mediano plazos, me ha parecido útil hacer público un pequeño número de mis votos para el país.

Sé que no alcanzarían, de cumplirse, para sanar las heridas que nos laceran, pero al menos podrían contribuir a la creación de una atmósfera más sana, donde los cubanos, sin dejar de pensar diferente, podamos dar pasos hacia un diálogo ecuménico, hacia el reencuentro entre hermanos, tan añorado por muchos, si bien temido o repudiado en los extremos del espectro político nacional.

Suena idealista, a sueño irrealizable, pero…, ¿no son estas fechas propicias al sueño y el idealismo?

Un comentario previo a los votos

Según la propaganda, los problemas enfrentados por la población son el precio que pagamos por defender «nuestros principios». Por esa defensa sufrimos una guerra comercial y financiera cruel e inhumana, causa principal, casi sine qua non, del fracaso de los esfuerzos gubernamentales por la prosperidad del país.

En otras palabras: el pueblo defiende sus principios, el gobierno defiende al pueblo, y el enemigo extranjero impide que el accionar del gobierno por el bienestar de todos tenga éxito. Por la agresión extranjera, vivir en Cuba es cada vez más un suplicio, y su juventud (¿desconocedora de los principios defendidos por sus padres?) huye en busca de otros horizontes.

Es innegable que defender los principios en que se cree, y sufrir el martirio por ellos si fuera preciso, es una actitud encomiable, y ha dado lugar a muchas obras literarias. Pero ocurre que la vida no es la literatura, y a estas alturas el cubano de a pie no tiene claro de qué principios para la resistencia le hablan.

Por ello, mi voto para 2023, previo a cualquier otro, es: Que quienes dirigen el país enumeren, uno por uno, esos principios por los cuales soportamos tanto castigo.

No es mi intención ofender a las autoridades, pero lo cierto es que los tan mencionados principios por los cuales «resistimos la agresión imperialista» no están claros para el ciudadano simple que pierde día a día el bien más preciado que posee, su tiempo, en buscar alimentos para sí y su familia. Quien discrepe de mi afirmación está invitado a hacer una encuesta en cualquier cola en Diez de Octubre, municipio donde vivo, o en otro que libremente escoja.

Me detengo ahora en dos de esos principios por los cuales, supongo, nos dicen que debemos resistir: soberanía e igualdad. Analizarlos acaso sirva para responder a la pregunta que no pocos se hacen: «¿Vale la pena resistir?».

a) Soberanía

Soberanía significa que el Estado mantiene una política independiente en sus relaciones internacionales.

Por más que busco, nada me indica que seamos más soberanos que cualquier otro país pobre de América, incluso que la propia Cuba de, por ejemplo, la época de Ramón Grau San Martín o Carlos Prío Socarrás (vaya a la prensa de la época quien desee comparar).

¿Ha sido Cuba totalmente soberana alguna vez? Rara vez eso ocurre si no se tiene independencia económica. Nuestra dependencia económica, primero de la Unión Soviética y del came, después de Venezuela, Rusia y quién sabe quién más, me hace dudar de nuestra soberanía plena como Estado.  

Si Cuba fuera realmente soberana, sus medios de difusión no se guardarían tanto de denunciar acciones negativas de ciertos gobiernos, o no estarían tan pendientes de la elección de este o aquel presidente en Estados Unidos. En otro plano, tampoco se mantendría silencio ante acciones repudiables de ciertos «amigos», por un supuesto compromiso ideológico (y también económico en algún grado, por lo general).

Esta no es una afirmación gratuita: Arabia Saudita, Turquía, Rusia o Irán, por ejemplo, han cometido atrocidades (bombardear Yemen o descuartizar a un periodista, el primer país; invadir Siria o Ucrania, los dos siguientes; asesinar mujeres, o condenarlas a muerte por no usar el velo, y ahorcar opositores, el último), pero nunca se ha producido la correspondiente declaración oficial de condena del gobierno cubano.

Tampoco hubo pronunciamiento de ninguna de las instituciones culturales, sociales, etc., cubanas, en relación con el caso Ayotzinapa (por el contrario, el señor Peña Nieto pronunció uno de los discursos de elogio póstumo en las exequias del ex presidente Fidel Castro). ¿Decisión soberana del Estado cubano, o compromiso económico?

Sin llegar a tanto, nunca un sincero amigo de Cuba y de su gobierno, el poeta Ernesto Cardenal, recibió la menor muestra de apoyo oficial, al menos de las instituciones culturales del país, mientras fue perseguido y atropellado por el gobierno nicaragüense, a pesar de su edad avanzada y frágil salud. Murió sin recibir la solidaridad de un país que se define como soberano, pero que no podía criticar a un presidente «amigo».

Lamento si ofendo a alguien, pero no veo cómo puede ser soberano en sus decisiones un país con tanto compromiso político o económico.

b) Igualdad/equidad

El discurso sobre la igualdad adolece de un mal de inicio: La igualdad total no existe, ni en nuestro país ni en ningún otro, ni puede existir sin convertirse en injusticia.

Haciendo abstracción de algo tan elemental, pensemos en la igualdad desde un punto de vista menos teórico. En Cuba hay igualdad según la Constitución, pues todos tenemos el mismo derecho a la salud, la educación y el deporte (y a la alimentación, la vivienda, etcétera), pero la práctica, esa tan testaruda y materialista condición, no parece demostrarlo. Y la práctica es el criterio de la verdad, según el marxismo (por si alguien lo olvidó: Oficialmente en Cuba se sigue la ideología marxista).

Pasemos por alto las carencias de todo tipo de nuestras instituciones sanitarias y educacionales, el deterioro de sus instalaciones, la ausencia de medicamentos y las deficiencias en la formación de educandos y profesores. Olvidemos además que instrucción y salud públicas existen en muchos países, no son privativas del nuestro.

En cambio, preguntémonos: ¿Es cierto que todos tenemos igual derecho a ellas? ¿Todos por igual podemos ser atendidos, por ejemplo, en el cimeq, o solo los pertenecientes a ciertos círculos de ciudadanos privilegiados? ¿Los familiares de los altos cargos gubernamentales, partidarios o de las llamadas organizaciones de masa tienen que hacer colas desde la madrugada para ver si alcanzan a comprar el medicamento que necesitan para su enfermedad crónica?

Las respuestas son obvias.

En cuanto a la educación, la consigna «La universidad es para los revolucionarios», ¿no establece una desigualdad por motivos ideológicos? ¿Y la expulsión de profesores por no seguir determinados criterios políticos o filosóficos? Respuesta obvia, nuevamente.

Sinceramente, considero que un principio de igualdad donde unos ciudadanos son «más iguales que otros» no amerita ni justifica el sacrificio de nadie.

Es evidente, pues, que soberanía e igualdad no son los principios por los cuales nos sacrificamos (o nos sacrifican); entonces, ¿cuáles son?

No tengo respuesta. Por tanto, deseo que en 2023 las autoridades respondan a esa pregunta y nos actualicen la lista de los principios en defensa de los cuales el pueblo de Cuba sufre.

Votos
Considero que un principio de igualdad donde unos ciudadanos son «más iguales que otros» no amerita ni justifica el sacrificio de nadie. (Foto: Cibercuba)

Por último, mis votos para 2023

  1. Amnistía

Ante todo, deseo que el año comience con una amnistía general para los encausados por causas políticas sin excepción, en especial para los participantes en las recientes manifestaciones antigubernamentales.

A las familias rotas por una emigración desmesurada, en su mayoría constituida por jóvenes, se suma en los últimos años la cantidad no despreciable de las que se ven afectadas porque algunos de sus miembros (también en su mayoría jóvenes) se encuentran en prisión. Sabemos que hubo quien se aprovechó de las manifestaciones para cometer actos delictivos, pero incluso ellos forman parte de familias que sufren, y además tienen derecho a una oportunidad de recomenzar su vida. La prisión es castigo, pero no escuela de hábitos ciudadanos.

Por ello, el Estado debería decretar una amnistía política general, y reevaluar las condenas de quienes participaron en acciones violentas. Con esa medida no daría una muestra de debilidad, como parece temer, sino todo lo contrario: El castigo puede ser una muestra de fuerza, pero el perdón es siempre una prueba de superioridad moral.

  1. Abolición de la pena de muerte

Es inconcebible que un ministro de justicia afirme en público que fusilar opositores o delincuentes es «una necesidad» de su país, y vergonzoso resulta que ningún parlamentario o jurista discrepe de sus palabras. Pero ello ocurrió a mediados de año, en plena sesión de la Asamblea Nacional.

Si sinceramente el ministro cree en la necesidad de la muerte de ciudadanos para el bienestar del país (obsérvese que usó el término país; o sea, tanto el Estado como sus instituciones, los ciudadanos, etc., usted y yo incluidos), el gobierno debe llamar a referendo de inmediato, para conocer si ese es también el sentir mayoritario de la ciudadanía.

La pena de muerte es reprobable desde cualquier punto de vista político, jurídico, ético, hasta práctico, y desobedece uno de los diez mandamientos obligatorios para la religión declaradamente profesada por no pocos de los diputados presentes en la mencionada sesión de la Asamblea Nacional.

Incluirla en el Código Penal significa un retroceso jurídico para la república; hiere los sentimientos religiosos y humanistas de gran parte de la población, y significa colocar la legalidad del país bien atrás en el panorama jurídico internacional. Además, su énfasis en los delitos políticos es escandaloso.

Para completar, es una vergüenza la manera en que se aprobó por la Asamblea Nacional, demostrativa de que los diputados desconocen el articulado de la Constitución que juraron defender, y con apenas una única, muy tímida, voz discordante.

Recordemos que la Constitución de la república nacida el 20 de mayo de 1902 prohibía expresamente la pena de muerte por motivos políticos; la de 1940 la limitaba a delitos cometidos por militares y a espías en tiempo de guerra contra nación extranjera. En cambio, en un retroceso jurídico de marca mayor, en 2022 se ha aprobado su uso generalizado, en cualquier momento, y principalmente para delitos políticos.

Deseo para este año que el Consejo de Estado, en uso de sus facultades constitucionales, emita un mandato que modifique el Código Penal recién aprobado y elimine de él cualquier mención a la pena de muerte, por la causa que sea. Ello demostraría que el Estado cubano actual es, además de moderno, fuerte, se siente seguro de sí mismo, y no resulta, en temas jurídicos, menos progresista que la república nacida hace 120 años.

  1. Garantía jurídica para los artículos 52, 54 y 56 constitucionales

Uno de los elementos que conspiran contra el entendimiento nacional y colocan a Cuba lejos de la definición de Estado de derecho, es la injustificada demora en aprobar la norma que garantice el disfrute ciudadano de lo dispuesto en los artículos 52, 54 y 56:

Artículo 52. Las personas tienen libertad de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio nacional, cambiar de domicilio o residencia, sin más limitaciones que las establecidas por la ley.

Artículo 54. El Estado reconoce, respeta y garantiza a las personas la libertad de pensamiento, conciencia y expresión.

Artículo 56. Los derechos de reunión, manifestación y asociación, con fines lícitos y pacíficos, se reconocen por el Estado siempre que se ejerzan con respeto al orden público y el acatamiento a las preceptivas establecidas en la ley.

Estos son derechos constitucionales que se explican por sí mismos. Si el cubano es, como afirma la Constitución, un Estado de derecho, no hay necesidad de argumentar por qué debe existir una norma que garantice el eficaz cumplimiento de unos derechos tan comunes en cualquier país civilizado, incluso en los que no son un modelo de democracia y participación ciudadana.

Llegados aquí, vale hacer una llamada de atención contra la posible tentación, en los legisladores, de elaborar la norma no para protegerlos y asegurarlos, sino para acotarlos y limitarlos, para mediatizarlos, lo cual sería totalmente antidemocrático.

Esta advertencia no surge de la nada; hay razones para temer esa tergiversación. No olvidemos que, a pesar de lo establecido en la Constitución, hay ciudadanos cubanos a quienes se les niega la posibilidad de entrar en el país, sin que exista sentencia firme al respecto de tribunal competente previamente constituido. Al menos en un caso, hubo público reconocimiento de las autoridades, pero no rectificación, sino reafirmación oficial de la violación del derecho; en otros existe silencio ante las denuncias, pero los hechos están ahí.

No olvidemos, además, la presencia, en el Código Penal recientemente aprobado, del artículo 120.1, referido al «uso arbitrario de derechos constitucionales», cuya redacción se presta a todo tipo de interpretaciones contra el libre ejercicio de los derechos establecidos en la propia Constitución, y la presencia, además, del artículo 431.3. h), que estipula prisión de seis meses a un año, multa, o ambas penas, a quien promueva la abstención en los procesos electorales…

Esto último parece fantasía, pero es cierto: En el Código Penal actual se establecen penas contra algo que no es ilegal, ya que el voto no es obligatorio en Cuba. ¿Lo sabían los ilustres juristas que redactaron la ley? ¿Leyeron el Código Penal los diputados que lo aprobaron por unanimidad?

Realmente, asusta la posibilidad de que nos hayamos convertido en un Estado anómico.

Al publicar mis buenos deseos por el inmediato establecimiento de una norma para la protección de los artículos 52, 54 y 56, es necesario que los legisladores tengan bien claro que no se trataría de una norma para limitar derechos, sino para asegurarlos. Que no imponga restricciones, sino adecue esos derechos constitucionales a principios lógicos de convivencia ciudadana.

Por ejemplo, la norma debe indicar a partir de qué número de manifestantes esperados, y circulando por qué vías, los organizadores deben solicitar permiso a las autoridades; o la obligatoriedad, en caso de manifestaciones muy numerosas, de tomar medidas para evitar accidentes o acciones fuera de control; también debe recoger la obligación de la autoridades de colocar agentes del orden debidamente identificados en lugares donde posibiliten el normal desarrollo de la manifestación masiva, no para impedirla.

También la norma debe establecer la exención de solicitud de permiso previo a manifestaciones individuales o de pocas personas por lugares donde no afecten la circulación pública. Al igual que ocurre en otros países, cualquier individuo, o pequeño grupo de individuos, ha de tener reconocido su derecho a pararse en un lugar público con un cartel o un altavoz a expresar pacífica y respetuosamente su opinión sobre cualquier asunto de la política local o nacional, incluso internacional, que considere de su incumbencia. Y para ello no hay por qué solicitar ningún permiso.

Desde luego, las medidas expresadas en la norma han de ser exactamente las mismas para manifestaciones de protesta o queja por la actuación gubernamental y para manifestaciones de apoyo al gobierno. Otra vez más, la igualdad no puede ser solo para un tipo de ciudadanos.

Votos
Deseo que los diputados, antes de jurar la Constitución, la estudien, y en su labor en la Asamblea Nacional actúen en consonancia con ella y su compromiso con el pueblo. (Foro: Parlamento cubano)

Otros votos por el reencuentro entre cubanos

Los votos anteriores pueden ser cumplidos sin mayor dificultad y en un corto plazo, si el Estado cubano decide demostrar que la consigna «pensar como país» es algo más que eso, una consigna.

Deseo mucho más para Cuba en este comienzo de año. Por ejemplo, me gustaría que no se repita la decepcionante experiencia de las dos últimas sesiones de la Asamblea Nacional; que se elimine de la ley electoral la antidemocrática fórmula de elección de diputados, y se establezca la potestad de las asambleas barriales para elegirlos (única forma realmente democrática de hacerlo); que se devuelva a la palabra elección su verdadero significado de selección entre varias posibilidades, y se elimine el tergiversado, antidemocrático e irreal principio de «valen todos», impuesto en los años noventa; que los diputados, antes de jurar la Constitución, la estudien, y en su labor en la Asamblea Nacional actúen en consonancia con ella y su compromiso con el pueblo; que promuevan normas y no se limiten a aprobar lo que les propone el gobierno; que discutan, discrepen y mantengan su opinión frente a quien sea, pues ellos representan, o debieran hacerlo, a la ciudadanía, no a un gobierno, un partido o un funcionario, por encumbrado que se encuentre.

Por otra parte, me gustaría que se eliminen las leyes no escritas que impiden a las mujeres alcanzar el grado de general en las fuerzas armadas o asumir la máxima responsabilidad en determinados ministerios (Salud, Cultura, Interior, Relaciones Exteriores, Fuerzas Armadas, Economía, Primer Ministro, etc., o de organizaciones como ctc, cdr, anap, uneac…), o la presidencia de la república o de la Asamblea Nacional.

Nada de lo que pido en estos votos exige algo más que la decisión gubernamental de realizarlo y poner al Estado en consonancia con su definición como Estado de derecho.

Sospecho, sin embargo, que al terminar 2023 poco o nada de esto se verá realizado. Pero expreso estos votos porque considero que el único esfuerzo inútil es el que no se realiza.

Está claro que ellos no resolverán la dolorosa crisis que vive el pueblo cubano, si no se acompañan de otras acciones. Pero opino, como afirmé al inicio, que pueden servir para que la atmósfera nacional sea más respirable y podamos acercarnos, unos y otros, a conversar, a discutir con respeto, a buscar entre todos una salida no violenta, no dolorosa, a nuestra insostenible situación actual.

Mi voto final es que quienes ocupan las más altas responsabilidades al frente del país atiendan la voz del pueblo de una vez, dejen de mantenerse en el mismo círculo de opiniones, y actúen en consonancia. Que no olviden con tanta frecuencia que no son los jefes del pueblo: Son solo sus servidores más encumbrados.

Doce

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Doce
(Imagen: Brady Izquierdo)

Juntémonos y venzamos, compañeros de la cola, urge darles una información:

La dirección del país, frunciendo el entrecejo, sin que medie entrecomillado alguno y para que no quede en entredicho nuestra capacidad de dar saltos «como solo pueden hacerlo los grandes del planeta», ha decidido multiplicar una experiencia implementada a comienzos de mes, de apabullante éxito, y de la cual son ustedes sus frutos más genuinos: la organización de los consumidores por tickets y a través de sus bodegas.

Algunos dirán: intentan generalizar la idea y terminan exportándola, con esa «capacidad de transferir tecnología a otros países». Pero la inventiva proviene del Sistema de Gestión de Gobierno basado en Ciencia e Innovación, más conocido por SGGCI, que algunos malintencionados identifican como siglas de «Sigue Gobernando Gente Completamente Inepta».

Consiste dicho invento en que, a partir de enero, según el número que cariñosamente han asimilado, puedan aprovechar las colas del picadillo para, enarbolando la libertad de expresión que les garantiza la carta magna, hacer picadillo a sus gobernantes, cuestionarlos, expresar lo que piensan de ellos, no importa si se refieren a los que ni siquiera piensan.

Muchos sospecharán que es una trampa. Nada más lejos de la mentira. La experiencia que tendrán el honor de inaugurar complementa el largo proceso para aprobar un documento de singular importancia que será discutido en el próximo período de sesiones de la Asamblea Nacional: la Ley de Comunicación, «envuelta en las peculiaridades y generalidades de una lucha histórica que impone la necesidad de crear una Filosofía de la Comunicación Socialista».

Observé algunas risitas cuando mencioné la palabra «discutido», y es que nos hemos acostumbrado a la unanimidad, y salir de ella será… un proceso más largo.

Algunos pasos vamos dando para desterrar del subconsciente esa inercia de que decir las cosas por su nombre es favorecer al enemigo, sobre todo si lo hacemos desde los medios de prensa. Ayer mismo, en Cubadebate, apareció un artículo que se titula «País de mierda», así, abiertamente. Cierto que se refiere a Argentina, pero algo es algo.

Y si tomamos en cuenta recientes investigaciones que revelan que más del ochenta por ciento de los lectores se quedan con la sola información de los titulares, miles de cubanos se acostaron anoche pensando en las profundas transformaciones que se esperan, como la ponderada en estos días, que tiene como protagonista la estrategia de desarrollo del municipio Martí, territorio que «se mueve» y que el Granma visualiza para el 2030 «con alto nivel de vida, próspero y sostenible».

«Le permitirá en breve garantizar, por solo citar un ejemplo, que su transporte público se mueva con combustible propio: el biometano», un gas que se obtiene a partir del syngas, o gas de síntesis, que preferiríamos ustedes llamaran de esta última manera y que se obtiene del excremento de los cerdos. Carne no habrá, mierda es lo que sobra.

He sido soez, pero «en la vida hay momentos en que una arenga, una frase contundente, un lema, hacen la diferencia», sobre todo «en un contexto que se ha comido eufemismos y optimistas augurios sin asideros, y nos ha devuelto, como un eructo disonante, la realidad en los moldes de la inflación, las colas, la escasez y algún que otro descreimiento». Y es que somos un pueblo «típicamente transido de pasión y de tenacidad».

Hoy, 31 de diciembre, última jornada de un año en que «la valentía mostró salud», hemos elegido esta tienda para hacer una prueba piloto del nuevo experimento. Siempre habrá quien intente hacer de nuestras colas un parangón de lo que se define, al referirse a los vecinos del norte, como «la cultura de la barbarie», «una crisis de vacío intelectual que se coagula en un proceso de condensación de odios y miedos».

La nuestra yo la acuñaría con una contundente consigna que nos define y que pronunció un delegado del Congreso de la FEU: «Esta es tu cultura: ¡embárrate!». Ustedes, desde el que tiene un turno bajito hasta el que marcó por gusto, son —y aquí cito con otro símil a la ministra de Educación— «el ejemplo de la sociedad anticipada».

Veo manos en alto. Me extendí en mi discurso y se avecina el nuevo año. Propongo dejar para enero la oportunidad de explayarse. A ese de allá atrás que se identifica con el ticket 723 solo le responderé que es cierto que las uvas valen de tres a cinco dólares el kilogramo en el mundo entero, y que parece una anomalía de mercado que las ofertemos a nueve, o a más de diez el racimo.

Las restricciones del bloqueo nos imponen traerlas por vía aérea, en primera clase, en un recorrido similar al que hizo el primer secretario para regresar de China. La continuidad que él representa nos hace fieles a las tradiciones patrióticas. Si les sumo las que impone la fecha del 31 de diciembre como signo de buena suerte y prosperidad, solo puedo exclamar: ¿para qué un racimo? ¡Con doce uvas basta para alcanzar la soberanía alimentaria!