Inicio Blog Página 129

El cuento de nunca empezar

36
Cuento
(Foto: Liga Internacional de los Trabajadores)

Por estos días se debate en torno a la decisión del Gobierno/Partido/Estado de crear un centro para preparar «transformaciones económicas en Cuba basadas en el desarrollo de la empresa privada». El equipo de Putin´s boys, que enseñará cómo hacerlo, incluirá expertos del Centro de investigación Estratégica, del lnstituto de Pronósticos Económicos y del influyente think tank que es el Instituto PA Stolypin de Economía del Crecimiento.

Aunque aun no se ha explicado oficialmente el alcance de este proceso privatizador y las formas que adoptará, su enunciación deja poco margen a la imaginación. El desmantelamiento del sector estatal tal y como lo hemos conocido durante seis décadas, está declarado. Sin embargo, lo cierto es que no será la primera vez que este gigantesco sistema empresarial estatizado sufra transformaciones profundas.

Lo novedoso es que ahora sea el propio Gobierno/Partido/Estado el que haga tabla rasa de sus mantras ideológicos supuestamente eternos, plasmados incluso en la reciente Constitución 2019 y abandone la idea de preservar la sacrosanta empresa estatal socialista para privatizarla al modo ruso. Si algún ciudadano  hubiera salido con un cartel pidiendo algo así hubiera sido acusado de sedición.

¿Cuántas veces en estas seis décadas se ha modificado el sistema empresarial con el  pretexto de que ahora sí vamos a construir el socialismo? ¿El desmontaje del sector socialista empezará ahora, o viene efectuándose desde tiempo atrás a la vista de todos? ¿Si el socialismo nunca se ha construido, entonces lo que hemos vivido los cubanos por cuatro generaciones es como El cuento de nunca empezar, de Joaquín Sabina?

Cuento

-I-

Desde que Lenin y los bolcheviques negaran los postulados marxistas sobre la revolución proletaria mundial y decidieran construir el socialismo en un solo país (por demás atrasado y aislado), se discutió si sería posible alcanzar esa quimera. Setenta años después, el derrumbe del sistema socialista mundial puso fin a la histórica controversia.

Por eso, soy de los que prefieren denominar a los estados que infructuosamente pretendieron abolir el capitalismo como de vocación socialista. Ninguno ha sido nunca verdaderamente socialista. El caso cubano es muestra fehaciente de ello.

Desde 1960 se intentó establecer un modo de producción no capitalista, que potenciara aun más el desarrollo de las fuerzas productivas y fomentara un nuevo tipo de relaciones sociales, más justas y equitativas. Inicialmente se intentó lograr esto último a través de la distribución; pero pronto la economía comenzó a caer en lugar de crecer.

Las carencias en la organización de la producción, la circulación y el consumo, unidas a los crecientes gastos de defensa por el conflicto Cuba-Estados Unidos, condenaron al ya proclamado socialismo en un mecanismo de redistribución y reproducción de la pobreza. Su talón de Aquiles era la falta de estímulos al productor directo y al propio aparato productivo, donde la competencia fue sustituida por un supuestamente inefable plan de producción, elaborado y controlado burocráticamente, de espaldas al mercado.

El primer gran equívoco fue considerar que la expropiación violenta y acelerada de las propiedades capitalistas y su traspaso al Estado, las convertían al instante en empresas socialistas y determinaban el triunfo del nuevo modo de producción. Cuando Fidel proclamó: «Los imperialistas no nos pueden perdonar que hayamos hecho una revolución, una revolución socialista, aquí, bajo las mismas narices de los Estados Unidos», parecía que el socialismo estaba implantado, pero sus raíces habían prendido en falso en el suelo cubano.

Rápidamente, los criterios de mercado fueron abandonados y la recién creada Junta Central de Planificación (JUCEPLAN), elaboró el Plan Cuatrienal de Desarrollo 1962-1965. Su fin era superar la condición de gran exportador mundial de azúcar y lograr la industrialización acelerada y la diversificación. Ambas tareas fracasaron.

A despecho de las visiones marxistas del socialismo como unión de productores libres, se crearon poderosas empresas monopolistas que centralizarían la producción como nunca antes, sin que ello se revirtiera en un incremento productivo. Ejemplo de ello fue la conformación de la Red Nacional de Acopio –entre 1962 y 1963?, subordinada al Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA).

Las grandes empresas latifundistas del Ministerio de la Agricultura (MINAGRI), ejercieron total hegemonía sobre los demás sujetos económicos de su área de acción, tan desprotegidos ante sus desmanes que ni siquiera podían apelar a los tribunales para reclamar. El caos provocado en la producción agropecuaria por el voluntarismo y la soberbia burocrática sobre los productores, en particular los campesinos, destruyó una de las mejores agriculturas y ganaderías tropicales del mundo, cuya floreciente tradición databa de fines del siglo XVIII.

En la gestión empresarial se introdujeron elementos ideopolíticos de claro perfil idealista-voluntarista, enfocados en sustituir el papel del mercado y el interés económico de los diferentes actores por sucedáneos ineficaces: el plan, la conciencia y el trabajo voluntario. La tesis del Che de que «en tiempo relativamente corto el desarrollo de la conciencia hace más por el desarrollo de la producción que el estímulo material», pronto demostró su inoperancia y el crecimiento económico se derrumbó.

cuento
La tesis del Che de que «en tiempo relativamente corto el desarrollo de la conciencia hace más por el desarrollo de la producción que el estímulo material», pronto demostró su inoperancia. (Foto: Letras Libres)

La propuesta de solución para reanimar la producción y la productividad fue como echarle gasolina a un incendio: la Ofensiva Revolucionaria (1968). Fidel declaró: «De manera clara y terminante debemos decir que nos proponemos eliminar toda manifestación de comercio privado».

De súbito fueron expropiadas 57 600 pequeñas empresas privadas urbanas: tiendas de productos industriales, bodegas, bares, timbiriches*, servicios de consumo e industrias. Más de la mitad habían surgido después de 1961. El Estado, incapaz de sustituir la oferta de bienes y servicios de las pequeñas empresas, cerró la mitad de estas en tres meses. En lugar de solucionar, la nacionalización absoluta empeoró la escasez de bienes de consumo.

Tras integrarse en 1972 al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), se aplicó una copia tropicalizada del modelo soviético de gestión económica, que incluía espacios para el comercio privado y se abrió el Mercado Libre Campesino (1980). La adopción de un Sistema de Dirección y Planificación Económica (SDPE), basado en el cálculo económico, devolvió a la empresa cierta autonomía y se reutilizaron la planificación mercantil, contabilidad y auditoría al estilo soviético. Era la época de la «eterna amistad con la Unión Soviética» y todo lo que venía de Moscú era tenido por cosa divina e inefable.

-II-

Tres lustros después, el inicio de la Perestroika en1985 puso en alerta al grupo de poder hegemónico cubano, que comprendió el potencial destructivo de aquellas reformas para el modelo de socialismo estatizado. De ahí que Fidel arremetiera contra el SDPE por sus «fórmulas capitalistas», con el llamado Proceso de recti?cación de errores y tendencias negativas.

Su objetivo era «reasumir el papel protagónico de la ideología revolucionaria, relegada por el falso criterio de la eficiencia espontánea de los mecanismos económicos». La consigna fungía como un déjà vu de los sesenta: «¡Ahora sí vamos a construir el socialismo!».

El sistema empresarial fue uno de los principales espacios de reformas centralizadoras que terminaron con la flexibilidad del SDPE. Los cambios principales fueron la aparición de los contingentes, como forma superior de organización del trabajo; la creación del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, paladín de la nueva empresa socialista de alta tecnología y la aplicación por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) de un Sistema de Perfeccionamiento Empresarial, basado en una  contabilidad confiable, autonomía en la administración de los recursos humanos y pago por resultados.

El desmantelamiento del SDPE y el fin de las subvenciones soviéticas (unos 6,000 millones de USD), resquebrajaron los ciclos económicos y debilitaron la economía en vísperas del inicio del Período Especial. No obstante, la crisis fue escenario propicio para que florecieran un puñado de empresas organizadas desde el Poder a la manera capitalista.

En 1993, se autorizó a la Corporación CIMEX, S.A. ?creada por la inteligencia cubana en Panamá en 1978? para controlar las remesas crecientes. Con ese fin fue creada en 1984 la Financiera CIMEX, S.A. y American Internacional Services, S.A. en 1988.  Otra de sus empresas, HAVANATUR, SA, se encargaría de los viajes de  los exiliados a Cuba. A su vez, el mercado dolarizado –mayorista y minorista? también estaría controlado por sus comercializadoras.

Cuento

Un año después, para controlar todo ese naciente sector de capitalismo de Estado ligado al comercio en divisas, los servicios financieros y el turismo, fue creado  el super holding Grupo de Administración Empresarial S.A (GAESA), dirigido por el  general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, por entonces yerno de Raúl Castro.

Al cercenar al sistema empresarial socialista sus sectores más rentables, comenzó el proceso de desmantelamiento del sector estatizado y la subordinación de la economía nacional a los intereses de una supraentidad capitalista creada por la propia dirección del país. A partir de entonces las declaraciones pomposas a favor del lugar prioritario de la empresa estatal socialista sonaron como golpes de pecho.

Mientras, el leviatán GAESA se iba apoderando de más y variadas empresas importantes (CIMEX en 2006; Cubalse en 2009; ETECSA en 2011; BFI en 2016 y Habaguanex en 2017) y subordinando la política económica del Estado, en primer lugar la inversionista, a sus intereses particulares.

Desde finales de los noventas las principales medidas han estado en función de desplazar a las empresas cubanas y las asociaciones mixtas con extranjeros de los rubros económicos más rentables. La autorización para el fomento del llamado sector no estatal (TCP, cooperativas y mpymes) ha estado en función de resolver servicios perentorios de la población y servir de complemento a la actividad turística de GAESA, no de desarrollar la economía nacional en su conjunto.

La añorada eliminación de la doble moneda y la diversidad cambiaria solo se efectuó cuando corrieron peligro los ingresos de la supraentidad en las ramas comercial y turística y después de aprobarse el uso del MLC en tarjeta. Este invento, genial en su malevolencia, coloca al comprador como financista de las comercializadoras y dificulta la recepción y libre circulación de las divisas en el mercado interno, haciendo aun más difícil la gestión de los demás sujetos económicos, estatales o no.

A punto de llegar a los límites naturales de la expoliación de la economía nacional, en medio del despoblamiento del país, la reducción incesante de la oferta de bienes y servicios y tras plasmar en la Constitución 2019, la posibilidad de convertir empresas estatales en privadas, el Gobierno/Partido/Estado planea entregar el maltrecho sector estatal al capital privado, antes que a los colectivos de trabajadores o a los emprendedores nacionales.

Como se hará al estilo autoritario ruso, seguramente no habrá libres licitaciones de empresas, ni análisis pormenorizado de los orígenes de los capitales nacionales, que saldrán a la luz para comprar los restos del sector estatal y repartirlo entre la nueva oligarquía destapada.

La vocación socialista del grupo de poder hegemónico cayó en el olvido ante las aspiraciones de construir, no el socialismo, sino una sucursal del capitalismo atrasado y periférico ruso en El Caribe. Tanto nadar para venir a morir a la orilla, diría mi abuelo refranero.

***

*Esta palabra proviene del término mexicano puréhpecha tumbire, que significa racimo. Según el DRAE, en Cuba se llama timbiriche a un negocio pequeño de ventas al menudeo.

¿Hacia dónde marcha Cuba?

18
Marcha
(Foto: Ernesto Mastrascusa / EFE)

Cuba experimenta una crisis que se acerca a la del Período Especial de los noventa y que no sabemos cómo y cuándo va a terminar. Es concebible —aunque parece poco probable dada la situación a principios de 2023—, que la economía salga de la crisis, quizás con la ayuda de una exitosa industria turística (asumiendo un descenso notable de la tasa mundial de infección del Covid-19), posiblemente suplementada por los ingresos provenientes de un alza en el precio internacional del níquel y un aumento notable de los servicios médicos provistos a varios países, así como en la comercialización de la biotecnología y los fármacos producidos en la isla.

Esto favorecería a aquellas PYMES y cuentapropistas concentrados en la manufactura y el comercio de bienes y servicios destinados al consumo interno de la población. De ser así, los cubanos acabarían presenciando la creación de una nueva burguesía compuesta principalmente por una parte del sector militar-estatal de los capitalistas de estado uniformados de GAESA concentrados principalmente en el turismo internacional, y, por otra parte, de los nuevos propietarios privados de la industria mediana de los PYMES y de aquellos cuentapropistas exitosos, como por ejemplo los propietarios de casas y apartamentos alquilados a turistas a precios lucrativos.

Obviamente, cualquier normalización de las relaciones económicas con los Estados Unidos mejoraría significativamente estas posibilidades, dada la importancia que tendrían las inversiones estadounidenses, especialmente las del capital cubanoamericano dispuesto a invertir en Cuba.

Dado lo sucedido en muchos países que fueron «socialistas», así como en otras naciones, podemos suponer que estos cambios muy posiblemente acentuarían la desigualdad entre «ganadores» y «perdedores», habida la ausencia de movimientos sociales independientes que defiendan los intereses de los «perdedores». Las políticas estatales fomentarían a los «ganadores»: el turismo y las industrias que proveen a los hoteles y restaurantes sirviendo a los turistas; asimismo, biotecnología, tabaco, e industrias extractivas como el níquel.

Los «perdedores» serían descuidados e ignorados: las numerosas empresas manufactureras que no son «competitivas», lo que queda de la industria azucarera, y la agricultura en general. El estado de inversión y seguridad social, de por sí ya muy deteriorado y con presupuestos recortados, se deterioraría aún más. Esto movilizaría a las nuevas clases sociales, como la burguesía y la clase media, que descontentos con el progresivo deterioro de los servicios estatales médicos y educacionales, demandarían o presionarían por la privatización de estos.

Ello conllevaría, en el caso de la medicina, a la creación de un servicio tipo Medicaid, al estilo estadounidense —un servicio público muy pobremente mantenido— para atender a la mayoría de los cubanos pobres. Como ha sucedido en los Estados Unidos, esta división del servicio médico entre los pobres y las clases media y alta va a debilitar considerablemente cualquier apoyo político para construir y mantener un servicio médico público que atienda digna y competentemente no solo a los ricos y clase media, sino a todos los cubanos en la isla.

De forma similar, va a haber una gran presión política para permitir la educación privada a todos los niveles y, una vez sea permitida, va a crecer vertiginosamente. Las órdenes religiosas católicas, y quizás en menor grado las iglesias protestantes convencionales y los evangélicos, reclutarán a los mejores maestros y edificios para educar a los hijos e hijas de los exitosos propietarios, administradores y técnicos de los sectores «ganadores» de la economía.

En este contexto, hay que aclarar que la universalidad de la educación pública obligatoria no tiene por qué interferir con la libertad religiosa, dado que todas las religiones y credos sin excepción deberían tener la libertad de ofrecer instrucción religiosa siempre y cuando la impartan en sus propios planteles durante las horas libres de aquellos alumnos de las escuelas públicas que estén interesados en recibirla.

Después de todo, una escuela pública bien financiada por el estado y controlada democráticamente por el magisterio, las escuelas de pedagogía de las universidades cubanas, y el estudiantado, serían quizás las instituciones más importantes para fomentar la igualdad e integración social, racial y de género de la sociedad cubana.

Los más afectados por estos posibles cambios serían los cubanos negros, que han carecido hasta ahora de un programa efectivo de «acción afirmativa» para incorporarlos en todos los niveles importantes de la vida social, económica y política.

En ausencia de un sistema de planificación económica nacional plenamente democrático, regiones del país con una economía de «perdedores», como la región oriental, van a continuar sufriendo de manera desproporcionada, excepto en aquellas zonas relativamente pequeñas donde existe industria del níquel y algunos lugares de interés turístico. La desigualdad regional va a aumentar aún dentro de la misma área metropolitana de La Habana, dado que las inversiones turísticas y de bienes raíces seguirán concentrándose en los barrios relativamente más prósperos cerca del litoral costero, mientras que «La Habana Interior», lejos del mar y mucho más pobre, seguirá deteriorándose.

Marcha
La desigualdad regional va a aumentar aún dentro de la misma área metropolitana de La Habana. (Foto: Hypermedia Magazine)

El papel de los Estados Unidos

Sin duda alguna, el obstáculo principal para la normalización de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba son las medidas unilaterales coercitivas que el país norteamericano ha impuesto desde hace más de sesenta años. A pesar de los argumentos del gobierno cubano, el bloqueo no es la causa principal de los problemas económicos que afectan a la isla. Ese lugar lo ocupa el sistema económico, responsable máximo de la gran ineficiencia, apatía de los trabajadores y falta de responsabilidad de jefes y administradores.

No hay duda de que el bloqueo ha causado graves daños a la economía cubana, especialmente durante los primeros años de la Revolución, cuando equipos y maquinarias de todo tipo tuvieron que ser importadas del bloque soviético para reemplazar las de manufactura estadounidense. Y sigue infligiendo perjuicios mediante las sanciones contra bancos internacionales que realizan transacciones con Cuba y la prohibición de inversiones y exportación de todo tipo de bienes y servicios desde los Estados Unidos.

Es cierto que desde hace más de veinte años se permite la exportación de alimentos y medicinas a la Isla, pero se requiere licencias especiales y el pago en efectivo por anticipado. Durante los últimos años, el gobierno estadounidense, basado en la ley Helms-Burton de 1996, ha interferido más con el comercio e inversiones europeas en Cuba, a tal grado que ha generado protestas de ese bloque regional.

Como sabemos, el 20 de julio de 2015 se restablecieron las relaciones diplomáticas de EE.UU. con Cuba. Lo que deterioró considerablemente las expectativas para una mejora de relaciones entre ambos, fue la elección de Donald Trump en 2016 y su éxito en dar marcha atrás a muchos de los cambios introducidos por Obama en su segundo período presidencial, y en cambiar el clima político en el sur de Florida, especialmente entre los cubanoamericanos.

Vale notar que tanto en las elecciones de 2012 cuando fue reelecto Obama, como en las de 2016 cuando fue derrotada Hillary Clinton, el voto cubanoamericano por los candidatos presidenciales del Partido Demócrata se incrementó considerablemente y se acercó a un empate con los republicanos. Las encuestas de la época mostraron que la inclinación por los demócratas era más pronunciada entre aquellos que habían llegado recientemente de Cuba.

Esto cambió del 2016 al 2020, cuando Trump restableció una clara hegemonía republicana entre los cubanoamericanos. Ello fue resultado de los grandes esfuerzos que hizo a través de visitas frecuentes al sur de la Florida para agitar los sentimientos «antisocialistas» de los cubanos (así como de venezolanos y nicaragüenses), mientras los demócratas hicieron muy poco para contrarrestarlo en el área.

Hay que tener en cuenta también el rol de los nuevos medios sociales y el papel de «influencers» como Alexander Otaola en «echarle leña al fuego» en apoyo a la política de Trump. Otro cambio importante ocurrió entre los recientes inmigrantes de Cuba.

Según el sociólogo cubano Guillermo Grenier, que publica el Cuba Poll (Encuesta sobre Cuba), la inmensa mayoría de los recién llegados se están registrando electoralmente como republicanos, en contraste con lo que sucedía antes. Sin embargo, hay que notar que un mínimo de seis años transcurre desde que los cubanos llegan a los Estados Unidos hasta que puedan ser ciudadanos y registrarse en un partido político. Ese intervalo es suficiente para que los nuevos cubanoamericanos se acostumbren y sean socializados por la cultura política del sur de Florida.  

Marcha
La inmensa mayoría de los recién llegados se están registrando electoralmente como republicanos. (Foto: EFE)

Algunos observadores razonan que la derrota aplastante de los demócratas en las elecciones parciales de 2022 en Florida va paradójicamente a mejorar las relaciones de Estados Unidos con Cuba, en el sentido de que los demócratas van a ser menos presionados a acomodarse a los cubanoamericanos en un estado que ya no consideran competitivo. Puede que haya algo de cierto en esto, pero creo que no es suficiente como para determinar que haya cambios importantes en suavizar o eliminar el bloqueo económico.

Esta pérdida de peso político de los demócratas en Florida, pudiera ser decisiva si se combinara con una actuación más activa de aquellos que han querido eliminar, o por lo menos modificar, el bloqueo entre varios sectores de la clase capitalista norteamericana.

Por ejemplo, ya hace bastante tiempo que la muy influyente US Chamber of Commerce (Cámara de Comercio Estadounidense) ha estado a favor de reanudar relaciones económicas con Cuba. De hecho Thomas Donahue, su presidente y ejecutivo principal desde 1997 hasta que se jubiló en 2019, visitó Cuba en varias ocasiones. Otros sectores importantes del capitalismo norteamericano, como son las grandes compañías agrícolas y la industria del transporte marítimo (tanto de carga como de turistas), han apoyado esas gestiones.

En el pasado, proyectos de leyes proponiendo un cambio en la política económica de EE.UU. hacia Cuba han obtenido muchos votos, tanto de republicanos como de demócratas en el Congreso estadounidense, y un buen número de esos congresistas ha visitado la Isla. El problema es que, para estos intereses poderosos, cambiar la política económica hacia Cuba no ha sido necesariamente una prioridad política, mientras que mantener el bloqueo sí es prioridad para la derecha cubana y sus aliados en el sur de Florida.

Mientras tanto, es muy poco probable que los Estados Unidos trate de invadir a Cuba, sea directamente o a través del uso de cubanos afines como en 1961; obviamente no por razones de principios políticos, sino porque con el fin de la Guerra Fría la importancia de Cuba para los Estados Unidos ha descendido rápidamente. Eso no quiere decir que el gobierno estadounidense vaya a cesar sus actividades hostiles contra el gobierno cubano, sea a través de órganos de propaganda como Radio y TV Martí, o a través de la continuación de las medidas unilaterales coercitivas.

Marcha   Las alternativas políticas para Cuba

Los líderes políticos de las transiciones del «socialismo» tradicional al capitalismo, incluyendo a los capitalismos de estado como China y Vietnam, no fueron autómatas que simplemente respondieron a las supuestas necesidades objetivas de dichas transiciones. Tuvieron que resolver diversos problemas, muchos de ellos críticos, pero sus percepciones de cómo hacerlo eran determinadas por ideas y concepciones políticas, fueran estas liberales, autoritarias, nacionalistas, conservadoras, o aun fascistas. Así sería también en Cuba.

Teniendo en cuenta eso, cuando se habla de transición en el contexto cubano la pregunta obvia es: ¿transición a qué? O sea, qué tipo de sistema político, social y económico reemplazaría el que existe ahora. No cabe duda de que la respuesta es diferente para la izquierda y la derecha. Al mismo tiempo, es sumamente lamentable que esos términos se hayan tornado poco claros con el surgimiento de sistemas «socialistas» y «comunistas» antidemocráticos que han reclamado el monopolio de la izquierda. Esto ha llevado a una situación muy confusa, que hace necesario redefinir lo que se considera como la izquierda.

Para propósitos de la presente discusión, propongo que «ser de izquierda» consiste, más que nada, en rechazar la concepción burocrática y capitalista que propone que la libertad es incompatible con la igualdad, y en afirmar que la democracia, tanto en los centros de trabajo como en todos los aspectos de la sociedad, lejos de ser un «extra» en el socialismo, es de hecho imprescindible y la única manera en que tal sistema debe y puede genuinamente representar la voluntad obrera y popular. Asimismo, es defender el derecho a la autodeterminación nacional tanto contra la política estadounidense en Cuba y América Latina, como contra la política de la Rusia de Vladimir Putin en Ucrania.

No cabe duda de que, si bien la izquierda crítica cubana ha crecido, por ejemplo, con varios grupos afrodescendientes y publicaciones como La Joven Cuba; es todavía débil. Esto se debe más que nada a que, hasta el momento, la clase trabajadora cubana no ha dado señales de resistencia en su condición de trabajadores, aunque seguramente muchos de ellos, especialmente los afrodescendientes, lo han hecho en su condición de cubanos pobres, cuando han participado en los actos de protesta callejera que han estado ocurriendo desde julio 11 de 2021.  

Tal parece que las opciones que los trabajadores cubanos perciben como factibles son la emigración y el trabajo por cuenta propia. Mientras tanto, muchos sobreviven con las remesas que sus familiares envían desde el extranjero —especialmente en el caso de las personas blancas—, dado el decreciente número de artículos subsidiados que pueden obtener a través de la libreta de racionamiento, o subsisten con el robo de la propiedad estatal, que debe ser considerado bajo las condiciones existentes en Cuba, como una forma o extensión de lo que el derecho romano llamó furtum famelicus (hurto famélico) basado en el proverbio latino necessitas non habit legem  (la necesidad no tiene [o reconoce] ley.)

Por otra parte, la derecha cubana es muy fuerte en el sur de la Florida, no por los numerosos grupitos políticos que abundan por esos lares, sino más bien por la hegemonía política y social lograda a través de publicaciones y periódicos como El Nuevo Herald, los programas radiales cubanoamericanos, las actividades notorias de «influencers» como Otaola, y obviamente el gran peso social logrado por el capital cubanoamericano en dicha zona.

Los tres congresistas cubanoamericanos que representan al área en Washington, así como los funcionarios estatales y municipales cubanoamericanos a todos los niveles, han sido sumamente importantes en establecer y propagar una amplia agenda ideológica y política de derecha.

Eso no quiere decir que el poder y la influencia que posee en Florida se pueda reproducir en Cuba tal cual. Es notable, por ejemplo, que durante las protestas en las calles que han tenido lugar desde el 11 de julio, casi nadie se haya hecho eco de las demandas políticas de la derecha cubana, como la propuesta del biólogo disidente cubano Ariel Ruiz Urquiola para que se realice una «intervención humanitaria» en la Isla, que todos sabemos sería en primera y última instancia una intervención guiada y realizada por fuerzas e intereses estadounidenses.   

Lo que sí ha tenido una creciente influencia cultural, y por lo tanto indirectamente política, es el mundo cubanoamericano en Cuba, ya sea transmitido por los contenidos del «paquete semanal», o por otras vías. Un ejemplo de eso es el video Patria y Vida, que constituye sin duda un gran logro artístico pero sumamente ambiguo dado su silencio total sobre sus alternativas políticas preferidas, por lo menos a grandes rasgos. Es esa ambigüedad precisamente la que permite que aun la derecha cubana más extrema del sur de Florida celebre al video y a sus protagonistas.

Esa influencia cultural, y sus consecuencias políticas, juegan un papel importante en el desarrollo del «sentido común» de muchos cubanos en el archipiélago; pero ese «sentido común» no es necesariamente un «buen sentido». Es el que llevó, por ejemplo, a la Dra. Ana María Polo, del popular programa de televisión Caso Cerrado, a proclamar más de una vez en el pasado que en realidad no existe el desempleo en los Estados Unidos, ya que «como todos sabemos y podemos ver», siempre se puede obtener trabajo si uno se esfuerza en conseguirlo, aunque sea limpiando casas o lavando automóviles.

Las estructuras y realidades económicas y sociales no existen, y todo lo que existe y cuenta es la voluntad individual. Según esta forma de razonar, no hay alternativa al individualismo y, por tanto, la competencia capitalista sería el eje principal de una nueva Cuba. Cada uno por su cuenta y «la peste el último», como decíamos en el barrio Los Quemados, del Marianao de mi niñez y adolescencia.

Escaleras al cielo

6
Escaleras al cielo
(Imagen: Wimar Verdecia)

—El derribo del aerostato chino es el comienzo de una escalada contra Cuba de imprevisibles consecuencias, quizás más graves que las que pudieron derivarse de la Crisis de Octubre de 1962.

—¿Crees que con el pretexto de seguir el rumbo de los ciclones los yanquis comiencen a enviar zepelines a la Isla?

—No creo que se atrevan. En los Días de la Defensa son muchos los que se la pasan mirando a los celajes. Mi reflexión parte del hecho de que el más reciente conflicto entre Estados Unidos y China acontece en momentos en que nos preparamos para realizar las elecciones más democráticas del planeta.

—No sé qué tiene que ver una cosa con la otra, mas espero que tu cohete impacte esta vez en la diana.

—¿Te queda claro, en primer lugar, que «la democracia cubana, genuina, auténtica —no importada— tiene apellido: socialista»?

—Es sintomático que solo se mencione el apellido del padre. El de la madre como que se ha ido diluyendo.

—Recuerda que «nuestro modelo se inspiró y construyó con el concepto de verdadera democracia, de democracia genuina, y no en el de democracia hipócrita, exclusiva para los sectores privilegiados, que tienen los países capitalistas».

—El que poseen Brasil, Venezuela, México…

—Países que hacen lo suyo a pesar de la «fragmentación de las fuerzas políticas de la nación, con un fin supremo: disputar el poder». Cuánto más no hubieran logrado de existir el unipartidismo.

—Asesoría no les falta.

—«La fiesta electoral que está comenzando es parte inseparable de esa verdad que quizá no hemos sabido contar con todos sus méritos».

—Es muy difícil hacer el cuento. No todos los pueblos tienen la madurez para darse cuenta de que hay seres superiores que encarnan en sí mismos la inteligencia para hacer realidad los sueños de las generaciones pasadas, las presentes y las que están por venir.

—«Cuba cree en la fuerza que la unidad de millones de ciudadanos en torno a un solo Partido les aporta a sus necesidades y demandas como sociedad».

—Cree en la fuerza, sí.

—Nuestra democracia «es perfectible, no perfecta. Hasta en eso se nos parece más que todos los modelos que quieren vendernos».

—¿Querer vendernos ese modelo es la razón de que Venezuela ya no nos mande tanto petróleo?

—No seas inmaduro. Trato de explicarte que nuestro sistema electoral «fue concebido, justamente, para superar las limitaciones que tienen los modelos tradicionales para favorecer el acceso del pueblo al poder». En las boletas de otros países, por ejemplo, no existe la casilla de votar por todos. Está demostrado científicamente que eso ahorra tiempo. Las décimas de segundo que se utilizan para llenar esa casilla son minutos que se traducen en emplear el tiempo en cosas más productivas.

—Como tratar de comprar un pomo de aceite, ejercicio tan resbaloso como el de hacerme creer que elegiré a los que hace rato están elegidos.

—Los compañeros de las comisiones de candidatura saben lo que significa el tiempo tuyo en una cola, la posibilidad de que esta vez sí te toque tu pomo. Imagina que en los 168 municipios del país se plasmen en las boletas las 4600 propuestas únicas de precandidatos. Tocaría a 27 candidatos en cada una. No estamos preparados para semejante embrollo.

—Podrían quedar fuera aquellos que no viven en el barrio, ni en el municipio, ni en la provincia, que solo se les ve la cara días antes del sufragio.

 —«No se presentaron propuestas inamovibles». Hubo comisiones de candidaturas que decidieron no continuar el proceso de tres de los candidatos.

—Solo tres entre 4600, calidad de selección si las hay. Leí que «no todos los candidatos fueron aprobados por unanimidad». Otra hazaña.

—Sin contar que en los municipios Vertientes y Carlos Manuel de Céspedes hubo dos que no obtuvieron más del cincuenta por ciento de lo establecido.

—Vertiente de nuestras elecciones de la que hubiera estado orgulloso el Padre de la Patria.

—Y dilo. «Por un instante los candidatos a diputados del Parlamento dejan de ser las personas que encarnan determinada responsabilidad, y nos los encontramos de frente, entre nosotros».

—¿Y no es acaso su principal responsabilidad estar «de frente, entre nosotros»?

—El encuentro con el pueblo es un «diálogo abierto, como le gusta a los cubanos». En él brotan «palabras de emoción, pasión y sabiduría pedagógica por sus candidatos».

—Hablando de sabiduría pedagógica: ¿a qué tanta perorata? No me has dicho qué tienen que ver los Led Zeppelin y una posible Crisis de Marzo con esas escaleras al cielo que intentamos fundir desde hace tantos años.

—Que son muchos globos volando a la vez.

En esta orilla, debajo del puente

12
puente
(Foto: Néster Núñez / LJC)

Un adolescente flaco con aires de poeta, un mago, me mira a los ojos sin susto, retador, controlando a su antojo los murmullos, el silencio y las emociones de otros tan jóvenes como él, que nos rodean sentados todos a la sombra del puente.

?Este es un paquete de cartas, y las personas ven de ellas solo trozos de papel ?dice. Sin embargo, yo me imagino que tengo entre las manos un reloj de arena o la agenda donde anoto los sucesos más notables. Cada una de estas cartas es un recuerdo en mi vida…

Va extrayendo, al azar, una y otra carta mientras enumera sus recuerdos más preciados: su familia, el primer beso a una muchacha, cuando comenzó en la magia, cuando murió su mejor amigo…

puente
(Foto: Néster Núñez / LJC)

?Son todos esos instantes que quedan detenidos para siempre en mi memoria y conforman lo que soy. Lo que Es, ?dice.

¿Y qué es? ¿Eres lo que haces? Él hace magia. La muchacha a su lado hace fotografías y expone en Instagram y en galerías sus fotos. Hay dos que estudian música en el nivel medio. Los otros vienen de cualquier preuniversitario y hacen de público entusiasta, de comisión de embullo, los que más disfrutan. Esos son los de este grupo que está sentado en el piso.

Ya cantaron a pura guitarra Bella Chao y otra de Bola de Nieve: Yo, que ya he luchado contra toda la maldad, tengo las manos tan deshechas de apretar, que ni te puedo sujetar… ¡Vete de mí!, así, poniendo voz ronca y sentimiento juvenil, que igual desgarra por lo auténtico, por lo cubano. 

Detrás, en el muro, dos juegan ajedrez. De la bocina salen bases de free style y improvisación, tiradera, entre el mulatico y el otro pequeño, que se esfuerza por agrandarse con la originalidad de los símiles que inventa. Los del skater, la patineta de toda la vida, aprenden a saltar.

Puente
(Foto: Néster Núñez / LJC)

Es una tarde cualquiera en mitad de la semana. Terminan sus clases y se reúnen bajo el puente hasta que el sol se pone. Los he visto y por fin me he acercado. ¿No era que la juventud estaba perdida entre el reguetón, el consumo y la violencia? ¿O esto será una emboscada? El mago me pide que me concentre. Corta en tres el mazo de cartas. Pide que me imagine un mundo donde se me permite tener únicamente un solo recuerdo.

? Quiero que vuelvas la vista atrás, que elijas ese único recuerdo: por supuesto, algo que amarías siempre. El éxito o el fracaso de este truco dependen mucho de lo valioso que sea ese único recuerdo para ti.

De ningún modo puedo tener yo un único recuerdo para guardar el resto de mi vida. Viéndolos hace un rato tocar la guitarra, recordé mi propia juventud: mis amigos y yo desafinando a Silvio, a Sabina, a Santiaguito Feliú en cuanto parque hubiera en la ciudad. Tantos amigos que ya no están, tantas canciones que ya no se ponen.

Fue tan fuerte la reminiscencia que tuve que acercarme a su grupo y decírselo:

?Hace rato que no veía un grupo de muchachos como ustedes.

Puente
(Foto: Néster Núñez / LJC)

¿Un solo recuerdo? Yo nunca tuve patineta, sino un par de patines de hierro, de cuatro ruedas, no un monopatín moderno. A veces me tocaba el derecho y otras el izquierdo. Mi mi hermano y yo nos intercambiábamos, para estar parejos. Montábamos en el portal de la escuela primaria porque el piso era más pulido, sin las grietas del asfalto. Pero las losas se marcaban y la maestra de guardia un día ya no nos dejó y entonces nos pusimos a jugar a los agarrados en los edificios que estaban construyendo.

Éramos como quince chiquillos, todos del mismo reparto. Corríamos por las escaleras, atravesábamos ventanas, poníamos a funcionar el elevador de carga, saltábamos desde el tercer piso hasta la loma de cocó o la de arena para que no nos cogieran. Hasta que pusieron custodios, dijeron que por nuestro bien, para que ningún otro se partiera un brazo o se llevara cinco puntos de sutura en la cabeza.

?Un solo recuerdo? me pide el mago, que todavía me está mirando fijo. ¿Escojo las veces que entramos a escondidas al terreno del estadio a correr las bases, a deslizarnos en tercera, a gritar como si diéramos un jonrón hasta que el custodio nos caía atrás para que nos fuéramos? Que no se puede, siempre había un No se puede. No éramos muchachos malos, pero el exceso de energía y la falta de opciones nos llevó al cementerio, donde tampoco respetamos el silencio de los muertos.

La falta de opciones de los años ochenta no era tal, si la comparas con la falta de opciones de ahora. Nos apuntamos en judo, en ciclismo, en «taiguandó». Las parejitas iban al cine y al coppelia. Los fines de semanas nos reuníamos todos en la playa. Había transporte público y música en los parques por la noche. Había emulación socialista, pioneros exploradores y carne rusa en latas, y la línea entre el bien y el mal estaba mucho mejor delimitada.

Puente
(Foto: Néster Núñez / LJC)

Nada era perfecto, al contrario. Las guaguas iban repletas, el trabajo voluntario era obligado y también había broncas en los carnavales, navajazos y feminicidios que no anunciaban en los periódicos. Pero había aquel futuro colectivo a donde llegar. El técnico medio, la carrera universitaria, la cultura y el deporte masivos, y la ilusión de lograr vivir decentemente.

A partir de los noventa fue el sálvese quien pueda. Aquella utopía común no fue sustituida por ningún otro proyecto más realista, más ajustado a las diferentes formas de asumir lo que es bueno y justo y sostenible para los cubanos. El que logró invertir, ahora tiene empleados. El empleado come mejor que trabajando para el Estado, pero nunca podrá comprarse una casa. Para bien o para mal, esto no es Miami, que es para donde miramos. La referencia casi única, obligada.

En Miami creo que los muchachos no se reúnen a cantar y a tocar guitarra a la sombra de un puente. Aquí, ya es tan poco común que me dio una alegría tremenda sentarme con ellos esta tarde.

Puente
(Foto: Néster Núñez / LJC)

?Ahora lo que quiero es que pongas tu recuerdo en una carta, así que dime cuando pare? me dice el mago. Le digo ¡ya! y él para. Me muestra la carta. Es un siete negro de bastos. La inserta otra vez en el mazo y baraja.

?Yo no sé mucho del vivir, pero si existe una verdad, es que somos lo que recordamos? dice el adolescente sin barba, ilusionista, encantador de multitudes.

Buenos o malos, los recuerdos nos hacen lo que somos, fuimos y seremos. Sé que si tomas un grano de arena y lo pierdes en una playa no lo vuelves a ver nunca más. Pero la vida cansa, el tiempo cansa, equivocarse cansa, y quizás sea momento de comenzar a dejar a un lado la metáfora… ¿recuerdas cuál fue mi pedido? Te pedí que imaginaras un mundo donde solo puedas tener un recuerdo. Un mundo en que solamente puedas tener un recuerdo. Un mundo, en que solo puedas tener un recuerdo. Y ese recuerdo esté en todas partes.

Es cuando muestra todas las cartas y todas son siete negro de bastos. Hay caras de asombro. Yo muestro solo media sonrisa. Pienso que no me inquieta tanto tener un solo recuerdo de mi pasado, porque sabría escoger el más simbólico, supongo.

Lo que en realidad me preocupa es que ese siete negro no sea el pasado, sino el futuro de todos.

Es hora de retirar a Cuba de la Lista del Terrorismo

28
Terrorismo
(Foto: Iván Alvarado / Reuters)

«Es una injusticia lo que ha pasado con Cuba», declaraba el recién electo presidente de Colombia, Gustavo Petro, cuando se le preguntó sobre la designación de Cuba como patrocinador del terrorismo internacional, durante una conferencia de prensa con el secretario de Estado, Antony Blinken, en octubre pasado. «Es necesario corregirlo», agregaba. En ese entonces, Blinken indicó que la designación sería revisada: «Tenemos leyes claras, criterios claros, requisitos claros, y continuaremos revisándolos según sea necesario para ver si Cuba continúa mereciendo esa designación».

La administración Biden ha prometido durante dos años reconsiderar la medida tomada por el presidente Trump solo unos días antes de dejar el cargo, un tiro de despedida diseñado para recompensar a sus partidarios cubanoamericanos y complicar las relaciones del presidente Biden con La Habana. Esa revisión aún no ha sucedido.

La razón principal que ofreció el secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, para volver a poner a la Isla en la lista, fue la negativa cubana a entregar al gobierno colombiano a los líderes guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Los rebeldes estaban en La Habana para conversaciones de paz con el gobierno colombiano, copatrocinadas por Cuba y Noruega.

En 2020, el presidente conservador Iván Duque rompió las conversaciones y llamó a Trump para declarar a Cuba patrocinador del terrorismo por dar cobijo a los negociadores. Pero el presidente Petro ha reiniciado ahora las conversaciones, pidiendo a Cuba y Noruega que una vez más actúen como garantes, y negando así la lógica de Pompeo.

Terrorismo
Iván Duque, presidente de Colombia (Foto: EFE/EPA/Shawn Thew)

Cuba fue agregada por primera vez a la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo Internacional en 1982 por el presidente Ronald Reagan, para castigar a La Habana por armar a los movimientos revolucionarios en Centroamérica. Irónicamente, bajo la Doctrina Reagan, Washington estaba apoyando movimientos contrarrevolucionarios en Nicaragua, Angola y Afganistán; movimientos culpables de ataques terroristas contra civiles mucho peores que cualquier otro apoyado por Cuba. Pero así fue la hipocresía de la política exterior de la Guerra Fría.

Después del colapso de la Unión Soviética, Cuba dejó de brindar apoyo material a los revolucionarios de otros países. Los funcionarios de la administración Clinton reconocieron que ya no había ninguna razón para que Cuba permaneciera en la lista de terroristas, pero no estaban dispuestos a arriesgarse a una pelea política con los cubanoamericanos del sur de Florida al quitarla.

Cuando el presidente Obama finalmente ordenó una revisión de la designación de Cuba como parte de su política de normalización de relaciones, el Departamento de Estado y la comunidad de inteligencia concluyeron que Cuba debería ser eliminada. Como señaló el secretario de Estado John Kerry, las otras quejas de Washington contra Cuba —dar cobijo a fugitivos estadounidenses y apoyar al gobierno venezolano— «recaen fuera de los criterios para la designación como Estado Patrocinador del Terrorismo».

Obama sacó a Cuba de la lista en mayo de 2015. Luego, amobos países firmaron un Memorando de Entendimiento sobre cooperación policial, incluida la cooperación antiterrorista. La administración Trump ignoró ese acuerdo y volvió a poner a Cuba en la lista de terrorismo.

A primera vista, el daño a Cuba por estar en la lista parece limitado. Casi todas las sanciones económicas contra los países incluidos en la lista están en vigor contra la nación caribeña desde 1962 bajo el embargo general impuesto por el presidente Kennedy. Pero el impacto sobre los administradores de riesgos en las instituciones financieras globales es devastador.

Al hacer negocios con clientes sospechosos de terrorismo, las instituciones financieras están obligadas por ley a emprender una «diligencia debida mejorada» para garantizar que no estén financiando actividades terroristas sin saberlo. Los mayores costos y riesgos de hacer negocios con un país que figura en la lista, como Cuba, superan el potencial de ganancias.

A las pocas semanas de volver a poner a Cuba en la lista, 45 bancos e instituciones financieras internacionales dejaron de hacer negocios con la Isla. «Es un impacto devastador», dijo el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossio. «Cuba todavía hoy, en virtud de su presencia en esa lista, se topa con organizaciones comerciales y financieras que se niegan a interactuar con nosotros por temor a represalias del Gobierno de los Estados Unidos».

Además del daño financiero, la designación como Estado Patrocinador del Terrorismo constituye un insulto a la historia. Desde 1959, Cuba ha sido víctima de cientos de ataques paramilitares por parte de exiliados, muchos entrenados y patrocinados por Estados Unidos durante la «Guerra Secreta» de la CIA en las décadas de 1960 y 1970. Incluso después de que Washington dejó de apoyar estos ataques, continuó albergando a los perpetradores, entre los más notorios, Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, quienes organizaron el atentado con bomba en 1976 contra un avión civil de Cubana que mató a las 73 personas a bordo.

Terrorismo
Luis Posada Carriles (der.) con Orlando Bosch, en septiembre del 2009. (Foto: Tracey Eaton / Miami Herald)

Cuando Estados Unidos y Cuba estaban discutiendo el restablecimiento de relaciones diplomáticas en 2015, el tema de la lista de terrorismo fue un punto de fricción importante. «Sería difícil explicar que se hayan reanudado las relaciones diplomáticas mientras Cuba sigue figurando injustamente como un estado patrocinador del terrorismo internacional», dijo Josefina Vidal, la principal diplomática de Cuba en las conversaciones. La lista también es un gran obstáculo para mejorar las relaciones hoy.

Ahora que el presidente Biden aparentemente ha decidido mejorar las relaciones con La Habana, sacar a Cuba de la lista es el próximo paso lógico. Recientemente, una delegación de Estados Unidos fue a La Habana para hablar sobre la cooperación en materia de aplicación de la ley, incluso en materia de lucha contra el terrorismo, un claro ejemplo de cuán anacrónico es que Cuba siga en el listado.

El presidente Biden debería cumplir la promesa que el secretario Blinken le hizo al presidente Petro el año pasado: ordenar una revisión de la lista de Cuba como Estado Patrocinador del Terrorismo, aplicando honestamente los «criterios claros, requisitos claros» especificados en la ley. Una revisión justa concluirá, como lo hizo en 2015, que Cuba no está patrocinando el terrorismo, y sacarla de la lista abrirá oportunidades para mejores relaciones en una amplia gama de temas que benefician a ambos países.

***

Publicado originalmente en Responsible Statecraft. Traducido al español, con autorización de su autor, para ser publicado en La Joven Cuba.

Comunidades emigradas y Estado cubano: la cuerda que se tensa

Comunidades emigradas
(Foto: AP Photo / Wilfredo Lee)

La relación del Estado cubano con la emigración, aunque ha variado  con el paso del tiempo, está marcada por tensiones no resueltas. El presente texto expone los factores que signaron los vínculos del Estado cubano con la diáspora luego de 1959, resume las principales demandas y áreas de contradicción de estas comunidades en la actualidad; y analiza el accionar de grupos extremistas y su relación con partidos u organizaciones políticas extranjeras.  

Migración y Estado cubano, entre tensiones y distensiones

La migración cubana a partir de 1959 ha mantenido distintas relaciones con el Estado. En 1961, bajo la justificación de reducir el abandono ilegal del país y evitar la llegada de mercenarios y terroristas, el Gobierno Revolucionario estableció fuertes restricciones a la entrada y salida de la Isla, que incluyeron permisos especiales en ambos casos y la confiscación de bienes a quienes dejaran definitivamente el territorio nacional o permanecieran en el exterior  más tiempo del acordado con las autoridades.

Asimismo, durante los primeros años de la Revolución, los cubanos que decidían emigrar eran presentados como apátridas por el discurso oficial. En 1977, bajo el gobierno del presidente estadounidense James Carter, arribó a Cuba la Brigada Antonio Maceo, compuesta por jóvenes cubanoamericanos, lo que dio inicio a posteriores conversaciones con la emigración.

Sin embargo, a partir de los años 80, con los sucesos en la Embajada de Perú, se agravaron las tensiones entre el Estado cubano y la comunidad de emigrados. Fidel Castro pronunció el conocido discurso en el que subrayó: «Quien no tenga genes revolucionarios […] no lo necesitamos». A la par,  organizaciones aliadas al gobierno cubano promovieron y ejecutaron actos violentos de repudio contra quienes pretendían abandonar de manera definitiva el país.

Aunque en las décadas siguientes ocurrieron diálogos puntuales con las comunidades emigradas, fue a partir de 2012 cuando se produjo un notorio giro en el enfoque oficial en relación con este fenómeno. Durante la ceremonia de despedida del Papa Benedicto XVI, de visita en la nación antillana, el entonces presidente Raúl Castro afirmó que su administración estaba realizando «prolongados esfuerzos hacia la normalización plena de las relaciones de Cuba con su emigración que siente amor por la Patria y por sus familias».

Comunidades emigradas
Raúl Castro dijo al Papa que su administración estaba realizando «prolongados esfuerzos hacia la normalización plena de las relaciones de Cuba con su emigración». (Foto: El País)

El gobierno modificó los requisitos de entrada para los nacionales residentes en el exterior, con la única exigencia de poseer pasaporte cubano vigente, incluso para los que habían salido de manera ilegal del país. También permitió que quienes lo abandonaran definitivamente pudieran traspasar sus propiedades a familiares, en lugar de ser expropiadas por el Estado como ocurría anteriormente.

Las condiciones en las que emigraron los primeros grupos a inicios de la Revolución —con hostilidad por parte del gobierno cubano y la imposibilidad de regresar a su tierra—, les valieron la etiqueta de «comunidad exiliada», beneficiada en el caso de Estados Unidos por la Ley de Ajuste Cubano, que les facilita a los migrantes procedentes de la Isla regularizar su estatus de manera más expedita en comparación con homólogos de otras latitudes. Si logran convertirse en ciudadanos, tendrían derecho al voto y a acceder a cargos públicos, pudiendo así incidir en la política norteña.

A pesar de que hoy las regulaciones cubanas tanto de entrada como de salida del país permiten un flujo migratorio mucho más organizado y con respeto a los derechos de movilidad, han sido documentadas violaciones de estos derechos a ciudadanos por razones políticas, así como presiones de la Seguridad del Estado a activistas opositores para forzar su abandono del territorio nacional. Este hecho genera rechazo por parte de grupos emigrados y contribuye a su radicalización en contra del Estado.

Demandas y opiniones actuales de las comunidades emigradas

Aun con las distensiones ocurridas principalmente bajo la presidencia de Barack Obama, en la actualidad persisten elementos de fricción entre el gobierno de la Isla y las comunidades emigradas, principalmente en Estados Unidos. Un estudio publicado en la Revista de Sociología y Ciencias Sociales Controversias y Concurrencias Latinoamericanas (2021), basado en análisis de tuits de tres cuentas pertenecientes a grupos de activistas emigrados (No Somos Desertores, Puentes de Amor y 23yFlager) delimitó motivos de demandas y tensiones como:

  • Regulaciones migratorias del gobierno —vencimiento del pasaporte y obligación de entrar al país para no perder la residencia y las propiedades.
  • Prohibiciones de entrada a los profesionales que hubieranabandonado misiones oficiales, principalmente médicos.
  • Imposibilidad de participación plena en la vida política y económica de la Isla. Aunque el estudio no ahonda eneste punto, se puede inducir que se refiere a la posibilidad de invertir de forma directa y votar desde la distancia en procesos electorales nacionales.

La investigación señala cómo dichas comunidades de emigrados se han organizado para exigir cambios en su país receptor que pudieran favorecer la situación de sus familiares en la Isla, como el fin de las sanciones de Estados Unidos o la reanudación de los servicios consulares de la embajada de Washington en La Habana, congelados por la administración Trump y retomados de manera parcial por su sucesor Joe Biden.

Por su parte, la más reciente encuesta aplicada por la Universidad Internacional de la Florida indicó que hay una ligera mayoría de cubanos que apoyan la continuidad del «embargo» hacia Cuba. De igual manera, consideran que el gobierno del país caribeño es una amenaza para los Estados Unidos y apuntan la necesidad de presionar a la Isla para un cambio de régimen.

Comunidades emigradas
(Foto: Miami Herald)

En contraste, reconocen que las medidas unilaterales coercitivas no han tenido el efecto esperado y no se muestran en desacuerdo con que el gobierno norteamericano permita la venta de alimentos y medicinas a la Mayor de las Antillas.

Si bien las opiniones antes mencionadas se inclinan hacia la defensa de la hostilidad en las relaciones bilaterales, la encuesta también deja ver que la migración cubana es diversa, por lo cual no puede hablarse de una única comunidad, sino de distintos grupos o comunidades con intereses políticos y opiniones muy variados.

Comunidades emigradas extremistas

En diferentes momentos del período revolucionario se llevaron a cabo actos terroristas organizados por grupos de emigrados con el apoyo de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana. Entre los más repudiados figura el atentado contra un avión en el que viajaba una delegación de deportistas cubanos en 1976, conocido como el crimen de Barbados. También pueden mencionarse las bombas detonadas en los años noventa en instalaciones turísticas como el Hotel Copacabana, hecho que dejó varios heridos y un muerto, además de daños materiales.

Precisamente, una de las organizaciones de extrema derecha integrada por cubanos en Estados Unidos es la Fundación Nacional Cubanoamericana. La entidad declara como objetivo político promover un cambio de sistema en la Isla y asiste a varios grupos opositores. Expresa que para este fin solo legitima vías no violentas, sin embargo, autoridades cubanas han relacionado a su líder, Jorge Mas Canosa, como financista de varios de los actos terroristas perpetrados por Luis Posada Carriles. La veracidad de estas afirmaciones sigue en discusión, no obstante, el propio Posada Carriles reconoció en The New York Times que había recibido el apoyo de dicha fundación.

A partir de los años 2000 los atentados mermaron, empero, aunque el extremismo violento solo se ha ha hecho notar en episodios escasos, como el ataque a la Embajada cubana en Washington en 2020, este ha mutado hacia otras formas de activismo político que implica la presión para no flexibilizar las medidas unilaterales coercitivas y frenar cualquier acercamiento de Cuba con países receptores de sus nacionales.

En los últimos años llama la atención el vínculo de estos grupos de activistas opositores emigrados con políticos de extrema derecha, incluso con una retórica antinmigrante como la enarbolada por Donald Trump en Estados Unidos o Rocío Monasterio en España —esta última de origen cubano.

Comunidades emigradas
Rocío Monasterio, de Vox, muestra su pasaporte cubano en un mitin en Madrid.
(Foto: Víctor Sainz / Europa Press)

Una de las razones que podrían explicar la simpatía generada por esas figuras en la comunidad de emigrados es su discurso a favor de la promoción de la libertad y los derechos humanos en la Isla, aunque sus propuestas para ello impliquen, paradójicamente, restricciones económicas que afectan a los residentes cubanos.

Dichas comunidades radicalizadas hacia la derecha no solo han constituido apoyo a una política hostil hacia su país de origen, sino que, además, se han convertido en importantes antagonistas de cualquier voluntad o movimiento a favor de cambiarla. Esta actitud ha sido visible en las reacciones a las últimas distensiones de la administración Biden o los enfrentamientos violentos con las caravanas que en Estados Unidos piden el fin de las sanciones.

Otra evidencia de la capacidad de organización y gestión de estos grupos fueron las manifestaciones en Londres con el propósito de presionar a la justicia británica para que emitiera un veredicto en contra del gobierno cubano durante el juicio en el que este se enfrenta a la empresa financiera CRF 1 Ltd. La pretensión desconoce o minimiza los efectos nocivos que pudiera traer sobre la ciudadanía cubana un embargo internacional, sumado a la profunda crisis económica que ya enfrenta la Isla.

***

La relación entre un Estado y su emigración es un factor esencial para impulsar un desarrollo democrático basado en el diálogo y la inclusión. La polarización visible en parte de la diáspora cubana se origina en un precedente histórico de confrontación, la ausencia de un clima propicio en Cuba para ejercer el disenso, y el apoyo de movimientos políticos de extrema derecha que ven en estas comunidades radicalizadas una oportunidad para impulsar una agenda injerencista.

Cualquier promoción de un desarrollo democrático en la Isla debe partir de un diálogo que reconozca tanto la soberanía del Estado cubano como el derecho de los cubanos, donde quiera que estén, a expresar de forma respetuosa y pacífica sus inconformidades con la política estatal.

«El pueblo elige». Elecciones en Cuba

19
Elecciones Cuba
(Foto: AFP/Getty Images)

Ante todo, una aclaración. En el artículo anterior recordé la repetida afirmación de que en Cuba no existen campañas electorales. No es cierto. No las hay en el sentido de otros países, pero existen, son extensas…, ¡y costosas!

En otros lugares del mundo, los candidatos y las agrupaciones que los respaldan presentan ante los posibles electores, para obtener sus votos, el programa de gobierno que se proponen (o afirman que se proponen) llevar adelante si ganan las elecciones; son sus promesas electorales, por las cuales se decantarán, o no, los votantes, y cuyo incumplimiento puede incidir en el resultado de una elección posterior.

Las agrupaciones partidarias, y a veces los propios candidatos, invierten sumas cuantiosas en esas campañas. Esas sumas son extraídas de sus fondos propios, o donadas por simpatizantes y asociados. En algunos países existe además una partida del presupuesto nacional asignada a sufragar en parte los gastos de las agrupaciones representadas en el parlamento, para garantizar un mínimo de igualdad en la competencia.

Ese tipo de campaña no se realiza en Cuba. Es una diferencia notable.

Elecciones
(Foto: Radio Habana Cuba)

En Cuba, ciertamente, no se realizan promesas electorales, no hay compromisos con el votante; el delegado de circunscripción y el diputado no prometen nada a los ciudadanos y, por tanto, tampoco hay nada que exigirles después. El ministro (o general, o «cuadro nacional» de una organización) «candidato» a diputado por un municipio donde nunca ha puesto un pie, no invierte un centavo propio en visitarlo, en entrevistarse con su gente, en conocer sus problemáticas. No se compromete a ocuparse de sus asuntos y defender sus intereses en la Asamblea Nacional, pues sus funciones en esta son de un orden superior, no los «asuntos comineros».

Entonces, ¿no hay campaña electoral?

La hay, y en ella se invierten sumas millonarias (gastos de propaganda, organización, transporte, logística…), destinadas a convencer a los electores de acudir a las urnas y apoyar la propuesta de las comisiones electorales, a convencerlos de que ese tipo de «proceso eleccionario», como gustan llamarlo, es el más conveniente para el país, por lo cual debe ser respaldado con la participación masiva y entusiasta en las elecciones. Como quiera que se mire, eso es campaña electoral.

cmkc raul castro ruz cuba santiago1a
Raúl Castro fue ratificado como candidato a diputado. (Foto: CMKC)

Una gran diferencia de la campaña electoral cubana con las de otros países, es que los fondos invertidos en la nuestra no proceden del bolsillo de los candidatos o de quienes los proponen, ni de donaciones de simpatizantes o asociados: Salen de las arcas del Estado, esas arcas que atesoran el fruto del trabajo de los ciudadanos y los impuestos que pagan; esas arcas son las mismas donde nos aseguran que no hay dinero suficiente para importar los alimentos y las medicinas que la población necesita, o para adquirir los insumos para el desarrollo del país, para mantener en buenas condiciones las instalaciones culturales, escolares y hospitalarias, y mucho menos para publicar libros y pagarles a sus autores decorosamente…

Que el dinero de las campañas electorales cubanas salga del bolsillo de los propios votantes significa, realmente, una gran diferencia.

El objetivo es el mismo: Convencer al ciudadano de que la opción propuesta es la mejor para él y para el país. Y que acuda a votar…, aunque no vote para elegir entre varias propuestas, sino para declarar su conformidad con lo que otros decidieron por él.

Elecciones sin trampa

Es común, entre los opositores al sistema electoral cubano, afirmar, sin presentación de elementos probatorios, que en las elecciones para delegados municipales y diputados de la Asamblea Nacional se alteran cifras, «se hace trampa». No voy a negarlo de modo categórico, pero no creo que sea la norma.

He conversado con personas que han participado en las elecciones como miembros de las mesas electorales, y me han afirmado que es muy raro que ocurran irregularidades, entre otras razones porque el escrutinio de las boletas es público, y todo ciudadano puede estar presente en el momento del conteo y dar fe de cómo transcurre.

Elecciones
(Foto: Adalberto Roque Pool/AFP)

Algunos se refieren además a la no presencia de observadores internacionales, pero ello no es un requisito obligatorio para ningún país del mundo; de todos modos, si estuvieran presentes no tendrían mucho que observar, y lo que declararan sería favorable para el gobierno: tranquilidad, ausencia de policías, niños cuidando las urnas…

Lo cierto es que el único partido permitido en Cuba no necesita hacer trampa para ganar las elecciones. Basta con aplicar al pie de la letra lo establecido por la legislación: La ley electoral en Cuba (la más reciente de 2019 y la anterior de 1992) está elaborada de manera que hace innecesarias las irregularidades, pues no deja espacio a modificaciones en la composición de la Asamblea Nacional.

El verbo elegir en Cuba

Elegir es siempre tomar entre varias posibilidades una o varias consideradas preferibles por quien elige. «Elige tú, que canto yo», cantaba Benny Moré; esto es: Escoge tú, entre cuantas canciones quieras, la que te parezca; de cantarla me encargo yo.

Tengo varias camisas, elijo una para ir a la fiesta, no me las pongo todas una encima de la otra; tengo varios libros para leer en el verano, elijo dos o tres de ellos y dejo los demás para otro momento. En todos los casos, elegí, escogí, seleccioné entre varias opciones una que me acomodó. Es simple sentido común: elijo, selecciono, escojo algo de un todo mayor.

Tomar dos de dos, tres de tres, o todo junto, no es elegir. En cualquier caso, es aceptar como buena una propuesta que me hacen; nunca es elegir, escoger, seleccionar.

Lo sabe cualquier niño de primaria. Sin embargo, para sorpresa de cualquier niño de primaria, hay en Cuba quienes desconocen el significado del verbo elegir: Son los redactores de la ley electoral de 1992 y su actualización de 2019. Y quienes conducen las campañas electorales que vemos y oímos.

A la pregunta: «¿Es válido afirmar que en los procesos electorales cubanos el ciudadano elige a los diputados?», la única respuesta posible es: No.

Elecciones

Antes vimos que, según la ley electoral, las comisiones electorales conforman la nómina de «candidatos». Veremos ahora que los electores tampoco eligen, de esa nómina, a los diputados. El día de la votación, el ciudadano cubano no elije; solo expresa si está de acuerdo, en todo o en parte, con la lista de diputados elaborada por las comisiones electorales.

Según la ley, en el escrutinio de las boletas solo se contabilizan los votos válidos de los votantes que hayan acudido a la votación (al contrario de lo que algunos creen, las abstenciones no inciden en contra de los «candidatos»). No es el universo de personas con capacidad legal para votar lo que se toma en cuenta para los porcentajes, sino el universo de quienes hayan acudido a votar y cuyas boletas se consideren válidas.

Las boletas se clasifican en «válidas», «en blanco», «anuladas», «no utilizadas» e «invalidadas» (artículos 115, 119, 121.1, 123).

Para establecer los porcentajes recibidos por cada «candidato» solo se contabilizan las boletas consideradas válidas (artículo 124). Son «elegidos» los «candidatos» que obtengan la mitad más uno (51%) de los votos en dichas boletas válidas.

Para que la boleta sea válida y sea contabilizada, debe contener un voto, que consiste en que el elector:

a) marque en la casilla que indica que está de acuerdo con todos los propuestos, o

b) marque en la casilla de al menos uno de los propuestos.

Si el elector no escoge ninguna de las dos opciones (vota en blanco) o anula la boleta, esta no es válida y el voto no se cuenta.

Hay quienes, para mostrar inconformidad, anulan la boleta o la dejan en blanco, con lo que hacen todo lo contrario: Contribuyen a aumentar el porcentaje por el cual resultan «elegidos» los candidatos designados por la comisión electoral. Invito a un ejercicio a quienes no lo vean así.

Un ejemplo de votación

Supongamos un municipio con 30 000 habitantes; le corresponden dos diputados en la Asamblea Nacional (artículo 21.1-2). La asamblea municipal aprueba la boleta con los nombres de los dos «candidatos» asignados por comisión electoral a ese municipio. Por ley, uno de ellos debe ser delegado de circunscripción (sería raro que no fuera, además, el intendente). El otro nombre sería una personalidad destacada del municipio: el primer secretario del partido, el jefe de una cooperativa agrícola muy importante, el presidente de la ANAP municipal, etcétera.

Si un diputado en funciones vive en el municipio, y la comisión electoral nacional decidió su continuación en el cargo, él sería el segundo diputado, según la ley.

Digamos que en ese municipio hay 20 000 habitantes en plena capacidad para votar; constituyen el 100% del universo de votantes. Como la ley establece que para ser elegido se debe tener el 51% o más de los votos válidos, las dos personas asignadas al municipio deben recibir, cada una, al menos 10 001 votos (la suma da 20 002, pero, por ser «voto unido», los votos son comunes; en los casos siguientes ocurre lo mismo).

Supongamos ahora que mil votantes deciden no acudir a las elecciones, o no pueden hacerlo por cualquier motivo. El universo de votantes efectivos se reduce a 19 000. Los candidatos ahora solo necesitan 9 501 votos para alcanzar el 51%.

Si otros mil votantes votan en blanco, el universo pasa a ser 18 000, y el 51% se alcanza con 9 001 votos. Si otros mil votantes escriben consignas en la boleta (a favor o en contra), o la inhabilitan de algún modo, el universo se reduciría a 17 000 votantes, y el 51% se alcanzaría con 8 501 votos.

Como resultado, se obtendrá que ese municipio estará «representado» en la Asamblea Nacional por dos diputados que representan, en realidad, a aproximadamente el 42% de los electores (menos del 51% exigido) y a aproximadamente el 28% del total de la población.

Y no hay que olvidar que ellos no fueron propuestos ni nominados por los electores, sino por las comisiones electorales.

vrBmRN 12 11 2022 23.11.48.000000
(Foto: Juventud Rebelde)

Ante esto, alguien podría pensar que la verdadera trampa electoral en Cuba es la propia ley; dejo al criterio de cada cual afirmarlo o negarlo. Pero lo cierto es que resulta prácticamente imposible que los «candidatos propuestos» no sean «elegidos»: La ley garantiza que lo sean.

Existe una única posibilidad matemática, muy remota, de que alguien no resulte elegido: Votar por solo uno de los nombres de la boleta; es un albur, pero parece preferible a la abstención o el voto en blanco, que, a fin de cuentas, juegan a favor de los «candidatos».

Por este motivo, el inicio de cualquier proceso de democratización en el país pasa ineludiblemente por la abolición de la antidemocrática fórmula del «voto unido».

Una aclaración, pues los jóvenes pueden desconocerlo: El llamado «voto unido» no es la forma originaria de elección de diputados. En los inicios del poder popular esa deformación del proceso electoral no existía. Hasta 1992 las elecciones eran para elegir; como ocurre en todo el mundo; había más candidatos propuestos que escaños a cubrir en el parlamento, y los electores decidían, entre los propuestos, quiénes serían los diputados.

Para sorpresa de todos (y decepción y dolor de muchos), en aquel año se arrebató a los ciudadanos la posibilidad de elegir a sus representantes en la Asamblea Nacional.

A partir de entonces se desarrolló una gigantesca campaña propagandística (que no ha cesado), tendiente a convencer al votante de que la propuesta de las comisiones electorales, el «voto unido», es la más depurada forma de democracia imaginable. Se impuso en los medios la consigna «Valen todos» (tomada del nombre de una telenovela brasileña de moda: Vale todo), y no se ha permitido una única voz discrepante.

La justificación esgrimida, y repetida constantemente, era que la población no iba a votar por «los nuevos cuadros que van surgiendo», sino por «los históricos que ya conoce y en quienes confía».

Poniendo a un lado la subestimación de la capacidad política de los cubanos que la afirmación implica, la realidad era otra: Muchos que hasta entonces seguían ciegamente las iniciativas de los «históricos[ comenzaban a pensar en la necesidad de que, si no todos, al menos la mayoría de ellos cediera su lugar a personas más jóvenes y con ideas más frescas.

La verdad es que, si no hubiera sido por el «Valen todos» de 1992, muchos dirigentes políticos «históricos» no hubieran sido elegidos diputados entonces, pues su imagen estaba gastada. Tampoco lo serían ahora (ni muchos de los actuales diputados «no históricos»), si en los próximos comicios se permitiera a los ciudadanos elegir realmente.

Antes mencioné que fui delegado de circunscripción; también he participado como elector en todas las elecciones, excepto en la primera, por encontrarme en misión en Angola. Aunque no he podido acceder a la ley electoral de 1976, y por ello no he podido hacer referencia a ella, guardo un recuerdo muy fuerte de mi período de mandato (entonces de dos años y medio); lo comparto para mostrar cómo era el proceso en sus comienzos.

Como delegado, participé en la asamblea municipal para la conformación de la boleta de candidatos a diputados que se entregaría a los votantes del municipio. La comisión electoral municipal nos presentó una precandidatura con más nombres que los que figurarían la boleta final. Debíamos, pues, elegir cierto número de ese total (no recuerdo cuántos exactamente); los no elegidos quedarían fuera. Leídas las biografías, elegimos en votación secreta. Realizado el escrutinio, se elaboró la boleta que se sometería a los electores, con más candidatos que escaños por cubrir en la Asamblea Nacional. El día de las elecciones, la población seleccionaría, entre los nombres consignados en la boleta, los que prefiriera como sus representantes en el parlamento cubano.

elecciones delegados efe
(Foto: EFE/ Yander Zamora)

En resumen: primero los delegados elegimos en votación secreta, y conformamos una nueva boleta, también con más nombres que escaños a ocupar. De esa boleta la población después eligió (escogió, seleccionó) a quienes la representarían en la Asamblea Nacional. Ese procedimiento democrático se eliminó en 1992, para instaurar el actual, antidemocrático.

Evidentemente, como afirmó el revolucionario portugués mencionado en el artículo anterior, quienes iniciaron el experimento del poder popular se asustaron de su creación. Lo convirtieron en la nulidad que es actualmente. Quien, como yo, haya seguido las sesiones de 2022 de la Asamblea Nacional sabe a qué me refiero.

Finalizo con una anécdota de aquellos inicios. Pienso que es aleccionadora:

Mientras estábamos en el proceso de conformación de la boleta en la asamblea municipal, se comentó que en algunas circunscripciones se había propuesto que, si el delegado era exitoso en su desempeño y contaba con el apoyo de la gente, no había por qué perder el tiempo buscando más candidatos, pues él iba a ganar de todas formas. A los autores de la iniciativa «El Jefe» les respondió que la propuesta de candidato único era inaceptable, pues, aunque hubiera un único ciudadano descontento con el delegado, este debía tener el derecho a votar por otro, aunque fuera el único voto en contra de ese delegado.

Todos alabamos la claridad política de «El Jefe».

No sé qué habrán sentido en 1992 los demás delegados que oyeron aquella muestra de claridad política; por mi parte, me sentí frustrado y dolido cuando vi en la televisión a ese mismo jefe encabezar la campaña para convencerme de lo democrático que es el «voto unido», y de que «Valen todos».

El futuro de Cuba. Alternativas

32
Futuro de Cuba
(Foto: Jonathan Alpeyrie / Polaris Imágenes)

La situación que atraviesa Cuba es sumamente difícil, y sería atrevido, y hasta imprudente, predecir su futuro. Lo que sí se hace posible, es analizar las maneras en que puede evolucionar si nos basamos en una serie de indicios que sugieren dónde estamos parados y hacia qué rumbo posiblemente vamos, para poder desarrollar una perspectiva y acción políticas más certeras y efectivas.

En cuanto a los indicios y criterios que pueden orientarnos, tenemos la ventaja de contar con un amplio y variado registro de las maneras en que los países del mal llamado «Campo Socialista» de Europa y Asia han evolucionado. Ello ofrece una variedad, aunque no exhaustiva, de alternativas posiblemente pertinentes para Cuba.

Europa del Este

El bloque soviético cayó en su mayor parte desde arriba por varias razones. La principal fue el agotamiento del modelo económico de la URSS y la impotencia y parálisis política del unipartidismo burocrático para resolverlo. Una excepción a esta tendencia «desde arriba» fue Polonia, donde se desarrolló un masivo movimiento obrero «desde abajo» que fue significativamente llamado Solidarnosc (Solidaridad). En sus inicios, este movimiento abogó por propuestas igualitarias, como mayores aumentos de salarios para los obreros peor pagados, y debatió cambios respecto a la organización del trabajo que apuntaban hacia la posibilidad de un control obrero.

Solidarnosc fue asesorado, especialmente durante sus primeros años, por un grupo significativo de académicos e intelectuales progresistas agrupados en la organización llamada KOR (Comité de Defensa de los Trabajadores). Uno de los lideres de KOR fue Jan Josef Lipski, que en 1985 publicó un libro donde detallaba la historia del grupo y que, como senador electo después de la caída del comunismo polaco, trató de reorganizar el antiguo Partido Socialista Polaco (PPS), aunque su temprana muerte en 1991 puso fin a esos esfuerzos.   

El golpe militar encabezado por el general Jaruzelski en 1981 significó un paso atrás para Solidarnosc, organización democrática y abierta, sin preparación para la clandestinidad. Estas difíciles circunstancias propiciaron un aumento considerable de la ayuda y asistencia de la Iglesia Católica a Solidarnosc, acontecimiento irónico sino paradójico, dado que la jerarquía católica conservadora, temerosa de perder mucha de la influencia y poder adquiridos bajo el comunismo polaco, fue renuente a apoyar al movimiento sindical cuando este comenzó en 1980.

Futuro de Cuba
Lech Walesa, líder de Solidarno??, en uno de los actos de la federación sindical. (Foto: DW)

Al mismo tiempo, la federación sindical estadounidense AFL-CIO, bajo el liderazgo burocrático y conservador de George Meany —un ex plomero que se ufanaba de que nunca había participado en una huelga y se opuso a cualquier medida sancionadora a los sindicatos segregados racialmente del sur de los Estados Unidos—, también incrementó su ayuda al sindicato polaco, en contubernio con Washington.

Mientras tanto, los cuadros sindicales polacos fueron golpeados duramente por Jaruzelski y muchos tuvieron que abandonar sus centros de trabajo para evitar ser encarcelados. Todo este proceso tuvo un efecto de conservadurismo sobre el movimiento Solidarnosc y reforzaría, tras la toma pacífica del poder a finales de los ochenta, una democracia liberal sin mucha conciencia social ni impulsos hacia cambios estructurales en la sociedad polaca, así como el resurgimiento del nacionalismo. 

Esta tendencia política evolucionó a un autoritarismo conservador bajo el liderazgo actual de Jaroslaw Kaczynski. Por una parte, este tipo de nacionalismo favorece al capitalismo mientras es renuente a adoptar el neoliberalismo, que pudiera afectar aspectos de la asistencia económica estatal a la Polonia rural, que constituye la principal base social de los conservadores. Por otra, como en el caso de Hungría, se sigue atacando los derechos civiles y al sistema democrático en general, y en particular al derecho al aborto, que ha sido mermado en Hungría y casi eliminado en Polonia.  

En otros países del bloque soviético hubo disidencias significativas entre los intelectuales en los setenta y ochenta, como en Hungría, Alemania Oriental y Checoslovaquia (donde a diferencia de la gran mayoría de los países de Europa del Este, hubo un Partido Comunista de masas que con el apoyo político y militar de la URSS organizó un golpe de estado exitoso en 1948 y veinte años más tarde, un esfuerzo ampliamente apoyado por el pueblo para instalar un sistema democratico en el país, fue suprimido por los tanques soviéticos). Sin embargo, en ninguno de estos casos se extendió la disidencia a la clase obrera, a pesar de que anteriormente hubo rebeliones importantes de parte de los trabajadores, en Alemania oriental en 1953 y Hungría en la revolución de 1956.

Aparte de Checoslovaquia, el caso especial de Yugoslavia, y por supuesto Rusia, en ninguno de estos países el «socialismo» llegó al poder como resultado de movimientos y revoluciones autóctonas. Tampoco se puede decir —con la excepción de Polonia—, que el sistema fuera derribado desde abajo, aunque sí hubo en los últimos días del sistema soviético grandes manifestaciones que dieron el «empujón» final a dichos regímenes en varios países del este de Europa.  

China y Vietnam

En China y Vietnam el «socialismo» fue producto de revoluciones sociales autóctonas, y hasta cierto punto los partidos comunistas no han sido derrocados por esa razón (a pesar del enorme movimiento de protesta de alcance nacional en China en 1989 que fue violentamente reprimido). Estos «socialismos» han evolucionado hacia un modelo de capitalismo de estado con fuerte orientación al mercado mundial, especialmente a través de la exportación de productos, que en el caso de China han aumentado en su grado de complejidad y sofisticación.

La apertura al capitalismo interno y al mercado mundial han sido acompañados en ambos, particularmente en China, por la supresión de los más elementales derechos civiles y democráticos. Entre estos: ausencia de libertad sindical; frecuente despojo de tierras a los campesinos para utilizar sus tierras para otros propósitos, trato despótico y cruel a las minorías étnicas que no pertenecen a la etnia mayoritaria Han, y maltrato a las grandes masas de inmigrantes internos provenientes de zonas rurales (293 millones de personas en 2021) que no poseen el permiso de residencia (Hukou) indispensable para acceder a derechos sociales y económicos.

Tanto en Vietnam como en China, la pobreza ha disminuido mientras la desigualdad ha aumentado (después de Estados Unidos, China es el país con más personas que poseen más de mil millones de dólares). Aunque han tenido éxitos económicos indiscutibles (China ocupa el segundo lugar mundial en términos de su PIB), no cabe la menor duda de que los partidos comunistas en el poder usarán la fuerza necesaria para mantener sus monopolios políticos.

Futuro de Cuba
En 2021, el presidente Xi Jinping declaró el completo éxito en la lucha contra la pobreza en China. (Foto: XINHUA)

Rusia

Por su parte, el modelo ruso tiene cierto parecido con el modelo sino-vietnamita (sistema autoritario de partido único combinado con una economía abierta al capitalismo), pero es económicamente mucho menos prometedor dada su excesiva dependencia a la exportación de hidrocarburos.

Su sistema político y económico tiene aspectos mafiosos muy notables, tanto en el origen cleptocrático de su clase capitalista como en el comportamiento frecuentemente criminal de su poderoso grupo gobernante de silovikis, compuesto por gente asociada con los cuerpos de seguridad y represivos que son capaces de asesinar a críticos y oposicionistas, tanto en Moscú como en Londres. En realidad, Rusia se ha convertido en una potencia de segundo rango.

Recientemente, a través de un acuerdo con el gobierno cubano, Rusia estableció en La Habana un «Centro para la Transformación Económica», supuestamente para asistir en el desarrollo del sector privado en la Isla, compartir tecnologías digitales, así como desarrollar el comercio exterior en cooperación con la corporación estatal cubana CIMEX. Aunque esta iniciativa ha recibido bastante cobertura en la prensa extranjera, debe ser vista con escepticismo dado lo que se ha informado hasta ahora.

No sabemos nada respecto a las estrategias de ambos países con relación a dicho centro, ni respecto a las magnitudes de las posibles inversiones rusas o de los nuevos intercambios comerciales, o sobre cualquier otra iniciativa concreta que tendría un efecto significativo en mejorar la presente situación crítica de la economía cubana. Hay que tener en cuenta que, aunque la economía rusa todavía no ha sufrido tanto por la invasión imperialista a Ucrania como se había vaticinado, no cabe la menor duda que ha sido golpeada seriamente.

El caso mexicano

Si bien México nunca perteneció al «campo socialista», es pertinente analizar su evolución en este contexto, dado que es un país de nuestra América donde ocurrió una de las revoluciones más importantes del siglo veinte, y que durante décadas muchas industrias importantes fueron propiedad del estado bajo la égida de lo que se comportó en realidad, aunque no formalmente, como un partido único bajo el nombre de Partido Revolucionario Institucional o PRI, desde 1940.

Antes de 1930, la propiedad estatal predominaba en los sectores ferrocarrileros y bancarios. Bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940) se extendió a la industria rural, el petróleo y la fuerza eléctrica. Hasta 1970 continúo expandiéndose a los grandes molinos de acero y plantas de fertilizantes, fábricas de equipos ferroviarios y varios bancos.

Futuro de Cuba

Esto cambió durante la presidencia de Miguel Alemán (1946-1952), cuando la empresa privada comenzó a jugar un papel cada vez más importante e inició una dinámica de convivencia con lo que era todavía un poderoso capitalismo de estado, a la cabeza de un amplio sector de empresas nacionalizadas. Sin embargo, mientras a principio de los cuarenta el sector público representaba más del 50% de la formación bruta de capital, este porcentaje descendió a 30 en 1970.

No es coincidencia que para la década de los setenta comenzaran a desarrollarse grupos de tecnócratas (muchos entrenados en universidades norteamericanas, como Harvard y Yale), que proponían un curso diferente del de los viejos líderes nacionalistas del PRI que gobernaban un sistema político que distaba de ser democrático en la práctica, para acercarlo a las perspectivas e intereses del creciente sector privado.  

El programa de los tecnócratas se impuso cada vez más durante los periodos presidenciales de los priistas Miguel de la Madrid (1982-1988), Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y Ernesto Zedillo (1994-2000), en los que se registró un gran cambio en la política económica de México, con una masiva ola de privatizaciones de empresas estatales y la introducción de uno de los neoliberalismos más drásticos del hemisferio.

Este cambio radical afectó la política social del país, por ejemplo, en el caso de la baja de salarios obreros, la creciente informalidad del mercado de trabajo, con la consecuente falta de protecciones legales, atención médica y seguridad social para los obreros y empleados informales. Al mismo tiempo, un movimiento democrático importante se desarrolló en México comenzando con el gran movimiento estudiantil de la segunda mitad de los sesenta y principios de los setenta.

Los tecnócratas, que eventualmente desempeñaron un rol crítico en la victoria del neoliberalismo mexicano, no tuvieron nada que ver con el movimiento estudiantil y democrático, de hecho trataron de contenerlo y reprimirlo mientras que aun así se vieron forzados a dar concesiones políticas, algunas importantes, cuando llegaron a la presidencia del país en los ochenta y noventa. Como uno de los resultados de estos procesos, el monopolio político del PRI desapareció hace ya varios años.

El caso de Cuba 

En Cuba el liderazgo político parece estar inclinado, pero a un grado muy limitado, a adoptar aspectos del modelo sino-vietnamita. Tanto la vieja guardia de los líderes históricos —cuyos exponentes máximos ya se encuentran en su décima década de vida—, como la nueva guardia nacida tras 1959, se han mostrado renuentes a las reformas económicas que reducirían el poder económico del estado.

Esto lo demuestran las concesiones hechas a regañadientes a cuentapropistas urbanos y usufructuarios rurales; concesiones que han sido menos generosas que las aprobadas en Vietnam y China a esos mismos sectores. Aun así —quizás debido a presiones generadas por las repetidas crisis económicas desde el colapso del bloque soviético—, el gobierno cubano adoptó en el año 2021 medidas como la legalización de pequeñas y medianas empresas privadas (PYMES), que pueden emplear hasta cien trabajadores y potencialmente abren la economía a la empresa capitalista a grados sin precedentes.

Si bien los líderes cubanos son herederos de una revolución autóctona que en gran parte les ha permitido sobrevivir en el poder por muchas décadas, su renuencia a adoptar reformas económicas refleja el temor a perder el inmenso control económico y político que poseen bajo el sistema unipartidista, notablemente policíaco y carcelario, con cientos de presos políticos, que incluye a los muchos sentenciados por las protestas del 11-12 de julio de 2021.

Al mismo tiempo el gobierno tiene razón —desde su punto de vista—, para temerle al poder político y económico del creciente número de cubanos en el sur de la Florida. En lo que constituye una importante contradicción del régimen, ese mismo gobierno ha estimulado la emigración, dado su evidente acuerdo con Nicaragua para que los cubanos puedan entrar libremente en ese país.

Futuro de Cuba
Los presidentes Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega. (Foto: PL)

A su vez, depende en grado apreciable de la emigración para reducir, por un lado, la presión que tiene encima por la crisis económica, y por otro, se beneficia por la entrada de dólares enviados por los emigrados a sus familias, usados no solamente para sostener un gran número de cubanos, sino también para renovar residencias en mal estado y aun para crear pequeñas empresas en Cuba.

Vale notar en este contexto la diferencia entre Cuba y China. En el caso del país asiático, el gobierno ha podido contar con el apoyo político y económico de sectores amplios de sus emigrados, especialmente en el sureste asiático (entre otros: Indonesia, Vietnam, Malasia y Filipinas). En los países mencionados, el gobierno chino en varias ocasiones actuó como protector de sus minorías (que incluían a comerciantes e industriales) contra las agresiones de mayorías étnicas que resentían el poder económico de personas de origen chino. Hay que señalar que muchos capitalistas emigrados chinos han invertido cuantiosas sumas en su país de origen.

Otro factor que ha afectado la política económica del régimen cubano, sobre todo bajo Raúl Castro, es el temor a que la introducción de cambios mayores en la economía provoque escisiones en la cúpula gobernante, tanto por razones ideológicas y políticas como por haberle pisado el callo a intereses creados dentro de las esferas gubernamentales.

Los líderes han tomado en serio las consecuencias de las divisiones que hundieron a los amigos del gobierno cubano, como el golpe de estado contra el argelino Ben Bella en 1965; el derrocamiento del gobierno de Granada en 1983 (con el asesinato de su principal dirigente, Maurice Bishop); lo mismo que las divisiones que dañaron a varios movimientos de guerrilla en América Latina, por ejemplo, en Guatemala.

Quizás aún más importante en términos geopolíticos fue el conflicto que tuvo lugar en Angola en 1977, entre el liderazgo oficial del MPLA y la facción disidente dentro de ese partido, encabezada por el líder Nito Alves en 1977. El gobierno cubano intervino, tanto política como militarmente, para apoyar a su aliado contra Alves, poniendo en duda su supuesto compromiso de no intervenir en los asuntos internos de Angola y del MPLA.

Futuro de Cuba
Nito Alves

Sea en el caso de Argelia, Angola, Granada, o Guatemala, el gobierno cubano ha confrontado este tipo de divisiones varias veces y seguirá haciendo todo lo posible para evitar tal peligro en Cuba, lo que incluye medidas represivas de todo tipo que refuerzan el carácter monolítico del sistema.

De hecho, las facciones que dividieron a países y movimientos cercanos al gobierno cubano reforzaron la alergia de Fidel Castro a lo que siempre consideró, aún antes de tomar el poder, faccionalismos divisionistas, lo cual constituye un obstáculo muy serio a la democratización. En su definición clásica de una situación revolucionaria, V.I. Lenin señaló que una de sus características es la división dentro de la clase gobernante; precisamente el tipo de división que se ha evitado a toda costa en Cuba.

 A la luz de estas dificultades, actuales y potenciales, no es de sorprender que, en términos generales, el gobierno prefiera abrirse al capitalismo internacional a través de GAESA, la gigante empresa de negocios originada en las fuerzas armadas, en vez de dejar paso abierto a un sector de la empresa privada no controlada directamente por el régimen. Aun así, como vimos anteriormente, las presiones creadas por las repetidas crisis han forzado al gobierno a permitir la apertura de medianas empresas capitalistas, incluidas en la categoría de PYMES.

No obstante, el hecho de que ocurra un cambio económico a favor del sector no estatal de la economía no necesariamente implica una democratización del país. Eso no quiere decir que los gobernantes cubanos no estarían dispuestos, bajo ciertas circunstancias, a simular la introducción de reformas democráticas, como ha hecho Vladimir Putin en la Federación Rusa con su desacreditada pseudodemocracia electoral.

En el caso cubano, tal pretensión pudiera ser necesaria para tratar, probablemente de manera infructuosa, que el congreso estadounidense derogue la Ley Helms-Burton, que establece la indispensabilidad de «elecciones libres» para que cese el bloqueo. Siguiendo el ejemplo de China, el Partido Comunista Cubano (PCC) mantendría su monopolio para presidir y controlar cualquier proceso de cambio desde arriba. O sea, que ni siquiera podemos esperar que dicho sistema introduzca el tan anhelado «estado de derecho en Cuba».

El hecho de que un partido único siga dictando «orientaciones» a la gran mayoría de instituciones cubanas, es incompatible con un estado de derecho. En la ausencia de una verdadera democratización, ¿sería posible lograr que el sistema judicial, la policía, las fuerzas armadas, y el mismo Ministerio del Interior estuvieran exentos de recibir «orientaciones» del partido único?  Por supuesto, la imposibilidad de dicha meta no quiere decir que no debamos seguir demandando, como mínimo, que sean las leyes democráticamente adoptadas e implementadas, más un poder judicial independiente del régimen, que rijan en el país, y no la arbitrariedad y el poder sin límites de los líderes del PCC.