El Observatorio sobre Extremismo Político (OSEP) analiza la escalada de extremismo en la esfera política cubana y su relación con fenómenos como la polarización y la violencia política
El año 2023 casi llega a su fin y las manifestaciones de extremismo y polarización en Cuba se han evidenciado tanto en los sectores asociados al gobierno como a la oposición.
Las teorías conspirativas ofrecen explicaciones aparentemente interesantes y generalmente maniqueas a los fenómenos de la realidad, pero es precisamente por ello que deben ser vistas con sospecha.
a empresa de espectáculos Dreamcatcher Events, organizadora desde EEUU de los conciertos de Norah Jones en La Habana, confirmó que la intérprete canceló sus presentaciones, previstas para febrero de 2024, sin explicar las razones de esa decisión, una muestra de cómo funciona la campaña de cancelación, resultado del extremismo político, contra artistas que intentan presentarse en Cuba.
La violencia política o coacción social que han identificado las teorías sobre la espiral del silencio y la polarización afectiva son caldo de cultivo para la proliferación de posturas políticas extremas, al erosionar la voluntad de los individuos de identificarse con puntos de vistas políticos diversos o expresar opiniones.
El incidente constituye un ejemplo de extremismo en el actual contexto político, que incide en el universo deportivo y contribuye a fomentar los discursos de odio y de negación de quienes piensan distinto, dando lugar a escenarios de crispación que pueden conducir a la violencia física.
La radicalización violenta busca legitimar o asumir la violencia con el propósito de lograr objetivos políticos de cualquier índole. Aunque en los años recientes no se han provocado actos terroristas dentro de la Isla que arrojen saldos de víctimas masivas es necesario contar con una estrategia que apueste por la colaboración e intervención de los actores involucrados.
Las polémicas que generó la presencia de Díaz-Canel en Nueva York evidenciaron los puntos de desencuentro y contradicciones entre los adeptos a los grupos políticos bien definidos (gobierno-oposición), cada vez más notorios, que llegan a tener momentos de crispación y confrontación en espacios físicos fuera del territorio cubano.
Si bien el liderazgo político puede ser un catalizador de importantes cambios en una sociedad, centrar un sistema social en la figura de un líder nunca será una estrategia sostenible que propicie el desarrollo democrático en un país.