Rutas del nuevo conservadurismo

por Rafael Rojas
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conservadurismo

Con el conservadurismo latinoamericano, lo mismo que con el liberalismo, sucede desde fines del siglo XX un disenso semántico cuyos orígenes se remontan al tramo final de la Guerra Fría. No pocos socialistas, al identificar el liberalismo con el capitalismo, establecen una sinonimia entre lo liberal y lo conservador que actúa en detrimento de ambos términos, pero sobre todo del segundo, que queda virtualmente vaciado de contenido. Si el anti-progresismo o la contrarrevolución son liberales o, incluso, neoliberales, poco sentido tiene llamarlos también conservadores.

En otras latitudes como Estados Unidos y Europa, el conservadurismo ha preservado su propio campo semántico, aunque redirigido a fenómenos concretos como el papel de la moral y la religión en la limitación de derechos civiles promovidos por el nuevo constitucionalismo. En Estados Unidos durante el gobierno de Ronald Reagan y en Gran Bretaña durante el de Margaret Thatcher, se hablaba con precisión de neoliberalismo para referir la gran estrategia de privatización, desregulación, monetarismo y achicamiento del sector público de la economía; y de neoconservadurismo para revertir el avance de la agenda liberal radical de los años sesenta y setenta —liberación sexual, feminismo, pacifismo, antirracismo, hippismo, neomarxismo…— en las instituciones culturales y educativas. Neoliberales eran Milton Friedman y Arnold Harberger; neoconservadores eran Irving Kristol y Nathan Glazer.

En América Latina se produjo, especialmente en círculos de la izquierda más retórica, una automática y equívoca asociación entre neoliberalismo y neoconservadurismo que todavía escamotea tensiones. En buena parte de la región, empezando en el Chile de Augusto Pinochet y terminando en el Brasil de Fernando Collor de Mello y la Argentina de Carlos Saúl Menem, la Iglesia católica hizo reparos a la opción neoliberal. En el último tramo del pontificado de Juan Pablo II, la reformulación de la doctrina social católica —que algunos llamaron «Teología de la Cultura» para contraponerla a la Teología de la Liberación de los sesenta y setenta—, convocó a no conceder al mercado la iniciativa de la política económica porque se pondría en riesgo la justicia social.

Ninguno de los grandes proyectos neoliberales latinoamericanos de fines del siglo XX contó con pleno apoyo de la Iglesia católica. En Perú, la corriente fujimorista que encabezaba el arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, se vio siempre refutada por buena parte de la Conferencia Episcopal, dentro de la que destacó la voz crítica del jesuita Luis Bambarén. En México, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, la administración más comprometida con la tesis neoliberal, se restablecieron las relaciones diplomáticas con el Vaticano, pero todo el discurso de la curia mexicana, reforzado en las cinco visitas de Wojtyla, fue contrario al «capitalismo salvaje». En los noventa, la Iglesia católica latinoamericana fue más neoconservadora que neoliberal.

En vísperas del nuevo siglo, había dos rutas paralelas hacia el conservadurismo en América Latina que aportaban sus propios énfasis. De un lado el neoliberalismo, defendido por la clase gerencial y política, que se oponía al avance de la igualdad y al combate eficaz a la pobreza. Del otro el catolicismo post-conciliar, sostenido por la jerarquía eclesiástica —aunque cuestionado en amplios sectores de las bases sacerdotales y laicas—, con sus grandes acentos morales: homofobia, machismo, penalización del aborto, familia tradicional, «rescate de valores».

Durante las dos últimas décadas esas rutas han seguido abiertas, pero han surgido nuevas. La primera, o más perceptible, es la que introduce el ascenso de un nuevo evangelismo en toda la región, especialmente en Brasil, México, Centroamérica y el Caribe. Como señalan Julio Córdoba Villazón y Alejandro Frigerio, en Nueva Sociedad, esos nuevos cultos han desplegado una intensa persuasión neoconservadora que se propone cortar el paso a las comunidades LGTBIQ, los colectivos feministas, las asociaciones ambientalistas y todas las organizaciones civiles que cuestionan las premisas pro-vida, en defensa de la familia tradicional y de la estructura patriarcal de la sociedad.

Ese flanco conservador en América Latina ha logrado alcanzar altos niveles de interlocución con algunos gobiernos, como el brasileño de Jair Bolsonaro, el boliviano de Jeanine Áñez, el salvadoreño de Nayib Bukele, el guatemalteco de Alejandro Giammattei, el nicaragüense de Daniel Ortega y Rosario Murillo y el mexicano de Andrés Manuel López Obrador. Como puede verse, el nuevo conservadurismo no requiere necesariamente de regímenes neoliberales o de derecha para reproducirse, ya que ha logrado importantes proyecciones políticas en gobiernos de la izquierda regional. Daniel Ortega invitó a Ralph Drolinguer, pastor protestante trumpista, a las manifestaciones sandinistas en Managua. Andrés Manuel López Obrador es aliado del Partido Encuentro Social, una formación evangélica que rechaza el matrimonio igualitario y la lucha feminista.

No se trata de coincidencias eventuales o azarosas. Hay un sector de la izquierda latinoamericana que ejerce una resistencia innegable a las causas del multiculturalismo y los derechos de tercera y cuarta generación, como las familias homoparentales, los colectivos feministas, la protección al medio ambiente, la regularización de las drogas, la sociabilidad juvenil, la propiedad comunal de los pueblos originarios y la autonomía de la sociedad civil. Esa es también una ruta hacia el nuevo conservadurismo latinoamericano: la que avanza a través del machismo y la homofobia, el desarrollismo y la estadolatría de algunos gobiernos de izquierda. Esos y otros lastres del socialismo real de la Guerra Fría, son arrastrados sin que exista siquiera un debate abierto sobre sus desventajas.

Por último, hay un punto de intersección entre el neoliberalismo, la vieja izquierda y el nuevo conservadurismo, que vale la pena comentar. Esas tres corrientes comparten un desprecio similar por el campo intelectual, específicamente por las humanidades académicas y las ciencias sociales. Desde sus orígenes en la contra-ilustración del siglo XVIII, como ha recordado recientemente Corey Robin en La mente reaccionaria (2019), el conservadurismo rechazó las ideologías en nombre del pragmatismo del hombre común. La bandera del anti-intelectualismo ha sido retomada por las izquierdas autoritarias y las derechas conservadoras en los últimos años, con saldos desastrosos para el presupuesto de gasto público de algunos países de la región.

Este breve recorrido por el ascenso del nuevo conservadurismo en América Latina y el Caribe persuade, una vez más, sobre la equivocada partición del continente en una izquierda socialista y una derecha neoliberal. Hay, en los gobiernos y las oposiciones latinoamericanas, derechas menos neoliberales que neoconservadoras e izquierdas más neoliberales que socialistas. Es importante reintroducir el tema del conservadurismo, relegado del debate latinoamericano por la pugna, a veces real y a veces ficticia, entre socialismo y neoliberalismo, con el fin de visualizar con mayor precisión las tendencias del cambio social y las fuerzas que lo obstruyen.

5 comentarios

dario45666 1 febrero 2021 - 12:28 PM

bueno,el que confunda el iberalismo con el socialismo o con el conservadorismo,haciendo juego de palabras,solo ve lo superficial y no lo esencial,la esencia.El liberal no puede confundirse con el sociaismo,marxista porque,en prier lugar,el marxismo entraa lucha de clases,exclusion y represion,nada mas lejos del liberalismo.El conservabdurismo ,por su parte ,tiened a crerr que los estados sociales y personales son eternos ,inmobiles en el tiempo y espacio,nada mas lejos del liberalismo…el liberal cree en el desarrollo,en la libertad,en el capitalismo,ya que ser libre,entrana ser libre para enriqueserse,vivir mejor…eso no quita para que un liberal examine a situacion y segun esta,adopte medidas de ayuda,correccion,pero siempre de forma reversible,para salir del apur,claro.Un liberal es competitivo,pero compasivo,todos somo hechos para tener derechos,para no mirirnos de miseria,claro !! El socialista y el conservador,son seres apegados al Dogma y eso…..es muy peligroso.

tony crespo 1 febrero 2021 - 3:55 PM

…creo que el empoderamiento de las fuerzas populares que se observa en el continente es el resultado directo de los ejemplos vivos del fracaso escandaloso del chavismo más que del castrismo en el ejercicio del poder……la revolución cubana fue por muchos decenios de años “la meca”” de peregrinación y ejemplo del poder conquistado y ejercido no por vía electoral democrático sino por imposición de aprobación implícita de los cubanos sin el sufragio…..todo el mundo vino a ver el fenómeno pero nadie compró…..una violenta guerra fratricida en cento America y más tarde en Colombia fracaso rotundamente como vía para alcanzar el poder según diseño “hecho en Cub” y con los años ante tantos fracaso de gestión, exilio de millones de cubanos, el enquilosamiento del poder, etc el caudillo perdió su brillo y quedó desnudo este y su revolución, algo que fue pero ningún líder político de nueva ola quería para su país, de pronto surge chavez cuando nadie lo esperaba, ni el mismo castro que complacido y eufórico lo introniza como el nuevo mesias y heredero de la revolución cubana….la historia todos la conocemos…..la “edad de oro” de la izquierda marxista-revolucionaria a la cubana fue breve y rechazada por corrupta y obsoleta y de tanta luz y fuego se quemo y y desapareció como llego dejando embarcados a un Evo Morales, depuesto, Correa fugitivo dela justicia de Ecuador, a un Lula y sudispcipulla Dilma, inhibidos de aspiraciones políticas por corruptos que se quemaron junto a el…..Maduro y Ortega son impresentables, Moreno de ecuador se espabiló y dijo a mi no me vengan con cuentos yo no soy de esa comparsa grotesca…..en la Argentina por debilidad de carácter y trucos políticos de la Kirchner el infeliz presidente Fernández está cada vez más arrinconado por la malversadora pero las causas judiciales que la ex presidenta tiene pendientes por ladrona y corrupta la inhiben de sacar las uñas más de lo prudente ya que esas causas son la única garantía que el presidente tiene como chantaje y control para no ser anulado en su gestión por Cristina….que queda de la fiebre revolucionaria del 2do. Intento cubano ya nor por la fuerza y la revolución sino algo más sofisticado: electoral y democráticamente….?….una cosa cierta las izquierdas radicales tuvieron la oportunidad de asumir el poder democráticamente en varias naciones americanas…..y para sorpresa de muy pocos obraron de la misma forma o peor en cuanto a gestión, corrupción e ilegalidades a los gobiernos a que aspiraban a sustituir y sustituyeron según las reglas del juego….bien breve fue la primavera roja….esperemos y aspiramos a que estos pueblos que han tenido la oportunidad negada al nuestroCUBA de rectificar errores continúen por el verdadero camino del desarrollo quizá ser realizar el horror y el error del que se libraron

Observador 2021 1 febrero 2021 - 7:30 PM

Siempre interesante leer a Rafael Rojas, de los intelectuales más avezados y cultos de nuestro pais. Los indudables encuentros tangenciales, desencuentros o incluso de zonas compartidas de las distintas ideologías o corrientes socioeconómicas, antes claramente definidas y encasilladas a la derecha o a la izquierda y hoy entremezcladas y desdibujadas en ese espectro, caracterizan el mundo del siglo XXI y en especial nuestro continente. Sobre todo, tras una globalización ineludible, una influencia de un marxismo cultural interesado en erosionar los valores históricos del mundo occidental y el protagonismo de las redes y la información que integran a sectores antes excluidos.

Todo ese ajiaco, al que hay que sumar la creciente tendencia de utilizar término extremos, ya sea fascismo a la derecha mas conservadora, socialismo a la izquierda mas radical, el camaleonismo de gobiernos totalitarios para eternizarse en el poder, el peligro de deterioro de la democracia, los esfuerzos de imponer comportamientos y valores en el campo de la sexualidad, la familia, consumo de drogas, etc, son mucho más profundos y complejos que los acostumbrados enfoques a la distribución de riquezas, la soberanía, la privatización o estatizacion de fuerzas productivas, la corrupción etc., que no dejan de ser importantes pero que no pueden impedir atender otros factores quizas mas estratégicos y decisivos para el futuro.

Lo que nos alerta de la imperiosa necesidad de contar con gobernantes provistos de una cultura profunda, abiertos al debate y preparados para enfrentar retos trascendentales. Para asustarnos!

Roberto Acosta 1 febrero 2021 - 8:03 PM

Creo que está claro que hay una diferencia clara entre derecha iliberal ( término acuñado por Ernesto Castro) y por otro lado la derecha liberal, y que también hay una izquierda liberal y otra iliberal, y que está derecha e izquierda iliberales en cuanto que iliberales tienen cosas en común, sobre todo que tienden a disminuir la importancia de las libertades individuales , pero hay un hecho de fondo que deberíamos señalar y es que en América Latina casi todas las experiencias de neoliberalismo ( frase manida que no explica mucho pero aquí aceptamos la definición que dio Rafael pues es la estándar ) han ido acompañadas de neoconservadurismo, y no solo en América sino en todo el mundo , no es de extrañar que sea Margaret Tatcher la que diga que no existe la sociedad sino los individuos y la familia, el neoconservadurismo a veces ha sido el soporte ideológico del neoliberalismo por muy extraño que esto pueda parecer a priori. Dos ejemplos claros de ideología neconservadora con economía neoliberal son Trump y Bolsonaro. Por eso no es fortuito que desde determinadas izquierdas se hable de las dos como sinónimos, aunque estrictamente no lo sean.

Orl 2 febrero 2021 - 1:43 AM

Abdala, Mambisa y las Soberanas.
Una imagen vale más que mil palabras.
Te muestran las fotos de laboratoristas de bata blanca que vierten cualquier cosa con un gotero en un tubo de ensayo, para que te lo creas. Ja ja ja. !Se verán cosas!

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