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domingo, octubre 25, 2020

La economía en los ciclos de la nación

Carlos Alberto González Carvajal
Carlos Alberto González Carvajal
Médico Especialista en Terapia Intensiva. Escritor

Desde el inicio de las guerras de independencia, aproximadamente, cada treinta años ocurren cambios sociopolíticos de magnitud en la nación formando cinco ciclos históricos. ¿Cuál ha sido el peso de la economía en estos momentos de cambio? ¿Hasta qué punto las penurias económicas pueden mover el espíritu de la nación? ¿Qué importancia tendrá el desarrollo de las fuerzas productivas en el nuevo ciclo que recién comienza?

Durante  la  primera  mitad  del  siglo  XIX  se registró  un  significativo crecimiento económico que se apoyó en la utilización intensiva de la fuerza de trabajo esclava. Este modelo dio señales de agotamiento en la segunda mitad del siglo XIX por las contradicciones existentes entre las relaciones de producción  y la necesidad del desarrollo de las fuerzas productivas. Ese fue uno de los detonantes de las guerras libertarias, pero el objetivo fundamental era la independencia de Cuba que treinta años después se obtenía al costo de las dos terceras partes de la riqueza nacional y que la población se redujera en un tercio. La crisis económica que caracterizó el final de este ciclo fue, entonces, más que causa, consecuencia de la guerra.

Durante los primeros veintitrés años del primer ciclo republicano se registró un notable crecimiento económico (8% como promedio anual) fundamentado  básicamente en la agroindustria azucarera. Luego, de 1925-1933, el PIB disminuyó a una tasa anual de aproximadamente 7.5% y la producción azucarera declinó al 40% de ocho años antes. Esta crisis económica resultó uno de los catalizadores de la llamada “Revolución del 30”. Pero lo que determina el cambio fue el agotamiento del modelo bipartidista de liberales y conservadores, y las ansias de que se obtuviera la verdadera independencia nacional, truncada por la intervención norteamericana.

En el segundo ciclo republicano, el país vivió una bonanza económica impresionantes desde 1933-1950 , con un crecimiento económico promedio anual del 5% debido a la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, luego la curva se aplanó un poco pero se mantuvo un crecimiento  medio  anual  del  3.9%. Evidentemente no había crisis económica que explicara la revolución del cincuenta y nueve, que es el segundo cambios socio-político más importante de la historia de Cuba, solo por detrás de la independencia de España.

Después del cincuenta y nueve, se produjo un acercamiento gradual a la Unión Soviética que terminó con el alineamiento de Cuba al bloque socialista de Europa del Este. En este ciclo aun cuando se repitieron muchas de las deficiencias comunes de los países socialistas, el producto interno bruto aumentó a una tasa media anual aproximada de 4%, el país contó con mercados seguros para productos tradicionales como el azúcar, níquel y cítricos. Con la caída del campo socialista y la desaparición de la URSS terminaba este ciclo. Para que se tenga una idea de la magnitud de los acomodos recesivos baste decir que el producto interno bruto cayó 35% en términos reales en cuatro años, la formación de capital pasó abruptamente del 24% a menos del 6%;  los ingresos en la cuenta de capital se redujeron más de 10 veces (de 4  122 a 404 millones de dólares). Si las crisis de este tipo fueran suficiente para provocar cambios políticos por sí mismas este tendría que haber sido el momento, máxime en esta etapa en que arreció el bloqueo.

Durante el llamado Período Especial se emprendió un proceso de reformas estructurales e institucionales, que llevó al país “a una fase  de estabilización económica”. En este punto, Cuba estaba ante una bifurcación de caminos. Una primera opción conduciría a limitar los procesos de liberalización de la «segunda economía», la otra era la de proseguir con las reformas. Se optó por la primera opción. Esto puede considerarse un error desde el punto de vista económico – error que estaríamos pagando en la actualidad. – Sin embargo, la apuesta desde lo político garantizó tiempo al sistema para reacomodarse a las nuevas condiciones y con la llegada al poder del general Raúl Castro se emprendió un proceso de cambios sociales graduales de gran magnitud que comenzó con un proceso de diálogo nacional y llevó a derechos básicos como la compra y venta de casas, autos… acceso a hoteles, poder poseer un celular, hasta la reactivación del trabajo por cuenta propia, ley migratoria y que concluyó con la nueva constitución. En ese sentido fue decisiva la cooperación con Venezuela. Es cierto que se creó un nuevo estado de dependencia, que es una de las causas de la actual crisis, pero incomparablemente menor que la vivida con Estados Unidos y la Unión Soviética.

En este momento el país enfrenta el peor escenario desde los noventa, debido al continuo predominio de la planificación centralizada sobre el mercado – y otros elementos distorsionantes de la economía –, la crisis venezolana, las sanciones punitivas del presidente Trump y la pandemia de COVID-19.  La actual administración tiene ante sí el reto mantener la hegemonía del Partido Comunista, para esto resulta imprescindible que cumpla el mandato popular de crear un socialismo distinto al vivido por el país hasta el momento – esto es “prospero y sostenible”.

Cuba arrastra la herencia de una economía productora de materias primas, poco diversificada, firmemente atada a un mercado único –España, Estados Unidos, la URSS, Venezuela–  dependiente de las importaciones, con una importante distorsión en el sistema monetario –aunque esto tampoco es nuevo: el peso cubano se adoptó en octubre de 1914 y el dólar americano mantuvo total vigencia hasta mucho después.– Sin embargo, existe en el país un ambiente propicio para el desarrollo de las fuerzas endógenas que tienen un enorme potencial sustentado por la inversión que en el desarrollo humano se ha hecho en los últimos sesenta años. Optar, nuevamente por mantener atadas las fuerzas productivas, posponer cambios que incluso están contenidos en la constitución, sería repetir los errores que llevaron a la desaparición de la URSS y el campo socialista, hacer lo contario sería seguir el camino de China y Vietnam, aunque en condiciones distintas. De una u otra manera, todo el potencial creado encontrará las vías para desarrollarse.

3 Comentarios

  1. Cuba evidentemente no es China, pero sin dudas las medidas del «socialismo con características chinas», abierto a la economía de mercado, cambió el país asiático completamente. ¿Alguien se acuerda del «Programa Alimentario» en los noventa?. Se suponía que iba a «resolver» el hambre de La Habana y el país. Para los que no se acuerden una referencia:
    https://memoriasdecuba.blog/el-programa-alimentario-cubano/
    El «mercado campesino» fue una solución parcial. Los campesinos tienen sólo el 15% de las tierras y no tienen capacidad importadora ni para funcionar como empresas. China hizo una «reforma agraria» en los setenta, repartiendo tierras entre familias y cada unidad familiar era un empresa, con libre comercio (nacional e internacional). De hambrunas sistemática han pasado a ser exportadores de alimentos…

  2. El turismo, que antes generaba ingresos en divisas, no se recuperará rápidamente, ni será tan desarrollado como lo fue recientemente, debido a los problemas ligados al Covid-19, que secará durante mucho tiempo los viajes de los turistas europeos o canadienses, ¡por no hablar de los americanos!
    En lugar de seguir invirtiendo en infraestructuras relacionadas con el turismo, que resultarán inútiles a corto plazo, parece más juicioso dirigir las inversiones en todo lo relacionado con la agricultura de producción de alimentos, la vivienda, el transporte, etc., para una mejor vida de la población.

  3. Resumen bastante apretado y esclarecedor del dilema Cuba de hoy, usted asegura que «Durante el llamado Período Especial se emprendió un proceso de reformas estructurales e institucionales, que llevó al país “a una fase de estabilización económica» en mi opinión el único interés que primo después del desmerengamiento del bloque socialista fue la sobrevivencia en el poder, sus llamadas reformas estructurales fueron apareciendo con intensión única evitar una crisis que desencadenará la pérdida del poder. En cuanto apareció Chávez en el poder (1999) y la Venezuela como calzo económico de inicios del nuevo siglo se dio marcha atrás a casi todas las medidas económicas de flexibilización, desconcentración y el trabajo privado.
    Raúl creo entendió que había que diversificar y poner en marcha cambios ante el estancamiento económico que el hereda inclusive con un socio comercial que disfrutaba de precios del petróleo superior a 100 dólares e internamente el turismo y las misiones médicas en muy buena condición. Pero las reformas económicas y sociales impulsadas por Raúl tuvieron ritmos de implementación muy diferentes cuando se consideraba que podrían derivar en menos control partidista, dos congresos del partido posteriores 2016 se informó que «se han ejecutado completamente el 21 % de las 313 Lineamientos aprobados; se están implementando 77 %, y no se han iniciado el 2 %.».
    En eso llegó Trump y la Covit y de vuelta a las trincheras y las dificultades como resultado de como dice una de sus colegas, el agotamiento del socialismo burocrático que no termina de morir.

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