Mi Habana es una ciudad única, seductora, enajenante, histórica, histérica. Con mucho sol, y poca luz, con mucha agua… albañal. Es ciudad de muchas mujeres, ciudad de contradicciones.
A veces yo me imagino a los personajes de Tolkien enfrentándose a las situaciones que nos tocan a nosotros día a día aquí en Cuba. Imagínese a Smaug, echado años y años encima de su tesoro, regio, a su aire, y que llegue el cobrador de la luz y le diga que nada de ese oro le va a servir porque estamos en bancarización, y la luz hay que empezar a pagarla por Transfermóvil a partir del mes que viene.
Hace quince años empecé a escribir narrativa. No voy a decir que me acuerdo del día y la hora en la que comencé porque sería exagerar, pero por esas particulares relaciones internas entre sucesos pasados de nuestras vidas que todos manejamos, tengo claro que fue en septiembre.
Yo hice el servicio militar hace 25 años en el Combinado del Este, la prisión más grande de Cuba, llamado 34 y medio. Tengo cuentos para llorar, pero esos no son para hoy. Hoy, tocan tres anécdotas que atesoro con celo.