stalinPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

La esclerosis es un síntoma de deterioro del organismo, una enfermedad degenerativa que anuncia una espiral descendente biológicamente hablando. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) tuvo algo parecido, bajo la égida de Stalin su objetivo social fue pervertido y llegó a crearse una teoría esclerotizada que en la práctica justificaba el discurso hegemónico de sus dirigentes. Aunque se hiciera alusión constante a las palabras de Marx y Lenin, la filosofía que imperaba era el positivismo y no el Marxismo, el modelo que se creaba era hegemónico y no socialista.

Incluso antes de morir, Lenin presintió la tormenta que se avecinaba sobre la URSS y describió el Estado soviético como un auto que se rehúsa a obedecer a su conductor, “como si estuviera conducido por una mano misteriosa y sin ley”, eran los hilos de Stalin asegurándose el control del Partido. La pugna por ser el sucesor de Lenin duró poco, Trotsky tenía muchos menos seguidores que el georgiano y pronto sería expulsado de la URSS, sería perseguido luego por varios países y terminaría asesinado por el servicio secreto soviético.

"Nosotros seguimos el modelo económico estalinista, y en muchos sentidos, aún estamos pagando las consecuencias"

Por: Harold Cárdenas Lema

(Esta es la tercera parte de la entrevista realizada a Leonardo Padura, les sugiero leer antes la primera y segunda parte)

El hecho de que Cuba haya protegido al asesino de Trotsky lo interpreto que como una toma de partido a favor de un esquema de pensamiento específico. ¿Hasta qué punto asimilamos los cubanos los dogmas y esquemas de raíz estalinista que llegaron a Cuba? ¿Cuánto perdura aún?

“Creo que se asimilaron totalmente. Ante una petición de la URSS de que este hombre viniera a Cuba, no había para el gobierno cubano otra opción que recibirlo, aunque la razón de su traslado se debiera a que estuviera cabrón por vivir en la URSS, porque su mujer era la que no resistía vivir allí, y Cuba fuera el único lugar alternativo, porque ningún otro país lo aceptaba.

Cuba no tuvo otro remedio que aceptarlo, con la condición que venía desde Moscú, de que Mercader debía permanecer en el anonimato. Que tampoco fue tal. Este es un botón de muestra de algo que se practicó a todos los niveles de la sociedad cubana, esa relación absolutamente de calco respecto a los conceptos económicos, sociales y políticos soviéticos y no podía ser de otra forma porque eso significaba lo que en aquella época se llamaba “revisionismo ideológico” y Cuba estaba en la esfera más cercana a la URSS.

El problema fundamental es que el modelo económico socialista que existió y se puso en práctica fue el modelo estalinista, pues no hubo otro.

pedazodecuba.blogspot.com
La Feria del Libro recibe cada año millones de cubanos a lo largo de toda la isla.

Por: Gabriela González González

En febrero asistí  por segunda vez a la Feria del Libro en La Habana. La primera vez fui cuando tenía 8 años y en ese entonces mi papá me compraba textos hermosos, con figuras atractivas, páginas plegables, tesoros de papel escondidos en su interior que al abrirlos sorprendían a los observadores. Pero esta vez, ya con 19 años y unos cuantos meses, los escogí yo. Claro, esta vez todo era diferente. Debía pensar en el más funcional y útil para mi profesión, en el más atractivo a mis gustos, en aquellos escritos por autores de referencia y  en el precio de cada uno.

Ese día me sentí partícipe de una verdadera fiesta del libro. Una fiesta donde te regocijan formar parte de largas colas, porque es una muestra más de la cultura del pueblo cubano y sobre todo porque avanzan con una rapidez increíble. Cuando me adentré a las bóvedas de libros, sentí que paseaba por una galería de saberes divididos por temas, por países, por  la tipología de los ejemplares.

En el recorrido me topé con una galería dedicada a libros sobre filosofía y comunismo. Allí había un vendedor inglés. Tenía la mirada dulce y su rostro inspiraba aires de intelectualidad. Mis ojos se clavaron en los ejemplares expuestos sobre la mesa como La Revolución traicionada,  de Trotsky

Mella nos enseñó que la ortodoxia es uno de los mayores peligros de una Revolución, preferimos ser como él: poco ortodoxos.

Por: Harold Cárdenas Lema

Dicen que antes de morir ves pasar toda tu vida ante tus ojos, espero sea cierto, así tendríamos al menos algo de perspectiva sobre el mundo que vamos a abandonar y cuál ha sido nuestra huella en él. Tengo 25 años y 10 meses de vida, la misma edad que tenía Mella cuando murió asesinado en el DF mexicano. Un cuarto de siglo parece mucho pero en realidad es bastante poco tiempo en una vida. Si hiciera un balance de cuál sería mi legado a mi muerte quedaría muy insatisfecho, no es el caso de Julio Antonio Mella.

Mella vivió una vida multifacética, creó organizaciones y órganos de prensa revolucionarios por doquier, conoció a varias de las principales figuras del universo comunista de la época y de una u otra manera todos los que le conocieron tuvieron que tomar partido a su favor o en su contra. Con sólo 20 años hizo una huelga de hambre que movilizó el país a su favor (cosa rara en la época tratándose de un comunista) y obligó al tirano Machado a liberarlo y sufrir así una derrota pública, posiblemente la primera hasta entonces.

Si tuviera algo que criticarle, creo que sería precisamente lo que más admiro de él, su espíritu de sacrificio y total entrega a la causa revolucionaria, que por una parte lo convirtió en un adversario formidable y por otra lo llevó a descuidar a su familia y de manera indirecta su esposa e hija, quienes tendrían que sufrir las mismas penurias económicas que él. Mella tuvo que enterrar en un cementerio mexicano a un hijo que le nació muerto, tuvo que cavar la tumba él mismo y obviar cualquier tipo de funeral por carecer de fondos suficientes, todos sus bienes estaban  dedicados al Partido.