Autor: Julio César Pérez Verdecia (julio.verdecia@umcc.cu)

Si la verdad debe ser dicha para la construcción de los caminos de la utilidad y la virtud, para reconocer el error y criticarlo proponiendo soluciones o enfoques que permitan entender lo que parece inentendible. Entonces al intelectual cubano le vale una reflexión necesaria.

Ya es tendencia molesta ver cómo el ejercicio del academicismo, persistente en muchos escenarios universitarios e incluso fuera, se tolera como algo natural, a veces completamente alejado del enfoque político, ensimismado sólo en la pura epistemología. Cuestión que la crítica por miedo al rango científico o los cargos de algunos evade, sin llamar a la necesaria reflexión.

¿De qué hablo? Pues me refiero a los muchos simposios, talleres conferencias, publicaciones y cualquier otro evento, que dan los necesarios créditos para una buena evaluación, pero cuyos resultados parecen ser solo hechos para el ámbito académico, como si la sociedad no estuviese esperando los mil remiendos que necesita para salvar los errores que por lógica naturaleza emanan del propio hombre.

Puede que alguien no lo crea pero hay hasta un plan que cumplir e informes que rendir sobre este aspecto, y no serían malas prácticas si la objetividad fuera común denominador. Debo recordar que ya Martí, Marinello, Carlos Rafael Rodríguez y Fidel han hablado del papel de la intelectualidad en el contexto revolucionario. Él que resumiendo ideas, debe estar comprometido con la verdad y el ejercicio de la crítica revolucionaria.Crítica que no se esconde ni se mueve en el secretismo, ni en los pasillos, ni se queda entre las relatorías de los eventos.

Padura responde a Chinea ¿estamos volviendo a las grandes polémicas que existieron en los 60?

Por: Leonardo Padura Fuentes

 A: La Joven Cuba y El Caimán Barbudo

Últimamente las polémicas me persiguen. Prácticamente cada declaración que hago o texto que escribo provoca una reacción que puede ir de uno a otro extremo del diapasón de las afinidades políticas y provenir de uno u otro extremo de la geografía universal. Tirios, troyanos y hasta apacibles sumerios se sienten en la obligación de responderme, a veces con tonos iracundos y acusaciones de cualquier índole.

Hace unas semanas, a raíz de la publicación de la entrevista que me hiciera Harold Cárdenas para el blog La Joven Cuba y en la cual aparece mencionado el nombre del señor Hugo Chinea, por razones de la responsabilidad político-cultural que cumplía en la primera mitad de la década de 1980 cuando yo trabajaba como redactor de El Caimán Barbudo, recibí vía email la carta del señor Chinea que se reproduce más adelante.
En mi lamentable ingenuidad, pensé que se trataba de una carta personal y, en cuanto la leí, la respondí de la misma manera y con la mayor gentileza. Pero pronto comprendí que se trataba de una carta abierta, publicada en un blog o sitio de internet, lo cual cambiaba radicalmente el carácter de las palabras del remitente.
Seré muy breve en esta introducción necesaria y poco voy a decir respecto al contenido de la carta. He respondido a ella, creo que de manera suficiente, con mi texto “Recordar para no volver a vivir (lo mismo)”, que también incluyo al final de esta misiva. (Texto que, por cierto, se ha reproducido en diversos sitios y me ha grajeado comentarios virtuales desde fuera de la isla por mi evidente y permanente cobardía. Como era de esperar).
No obstante, la carta del señor Chinea merece algunos comentarios específicos.
El primero relacionado con su mala memoria: Chinea (no me atrevo a tutearlo), claro que usted y yo nos conocimos.

Por: Harold Cárdenas Lema

Cada generación tiene su música, nuestros padres tuvieron a Pablo Milanés y Silvio Rodríguez pero en la actualidad es muy difícil definir un grupo que identifique una época, si tuviera que arriesgarme la respuesta sería sencilla: Buena Fe.
Los muchachos guantanameros le han sabido tomar el pulso a la realidad cubana con sus canciones y de ahí su éxito. En sus letras es evidente su procedencia trovadoresca y se respira un nivel de compromiso social que lamentablemente no abunda en estos tiempos. Un compromiso que artistas e intelectuales debieran tener todos en su obra, no forzando sus creaciones a tener un matiz político al más puro estilo del realismo socialista, sino reflejando la realidad y tratando de mejorarla con sus creaciones cada vez que sea posible.
Los jóvenes cubanos se forman en un contexto muy agresivo, es la generación del Período Especial y la consiguiente pérdida de valores en la sociedad cubana, entonces no puede sorprender a nadie la apatía que evidencian a diario. En una situación tal de enajenación, me pregunto a menudo cómo fomentar sentimientos de patriotismo e identificar a mis compañeros con la actualidad de su país, en la noche del sábado encontré una posible respuesta.