Autor: Julio César Pérez Verdecia (julio.verdecia@umcc.cu)

Si la verdad debe ser dicha para la construcción de los caminos de la utilidad y la virtud, para reconocer el error y criticarlo proponiendo soluciones o enfoques que permitan entender lo que parece inentendible. Entonces al intelectual cubano le vale una reflexión necesaria.

Ya es tendencia molesta ver cómo el ejercicio del academicismo, persistente en muchos escenarios universitarios e incluso fuera, se tolera como algo natural, a veces completamente alejado del enfoque político, ensimismado sólo en la pura epistemología. Cuestión que la crítica por miedo al rango científico o los cargos de algunos evade, sin llamar a la necesaria reflexión.

¿De qué hablo? Pues me refiero a los muchos simposios, talleres conferencias, publicaciones y cualquier otro evento, que dan los necesarios créditos para una buena evaluación, pero cuyos resultados parecen ser solo hechos para el ámbito académico, como si la sociedad no estuviese esperando los mil remiendos que necesita para salvar los errores que por lógica naturaleza emanan del propio hombre.

Puede que alguien no lo crea pero hay hasta un plan que cumplir e informes que rendir sobre este aspecto, y no serían malas prácticas si la objetividad fuera común denominador. Debo recordar que ya Martí, Marinello, Carlos Rafael Rodríguez y Fidel han hablado del papel de la intelectualidad en el contexto revolucionario. Él que resumiendo ideas, debe estar comprometido con la verdad y el ejercicio de la crítica revolucionaria.Crítica que no se esconde ni se mueve en el secretismo, ni en los pasillos, ni se queda entre las relatorías de los eventos.