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Colaboración con La Joven Cuba.

Enviado por: Ricardo E. Trelles

Harnecker, escritora, miembro del Centro Internacional Miranda, acaba de ofrecer 3 libros, uno dedicado al tema del socialismo, y se hace pertinente preguntarle si éste no es un término desgastado.

Luego de la caída del socialismo soviético la izquierda mundial quedó perpleja: sabía más lo que no quería que se repitiera de ese socialismo, que lo que quería construir. Se criticaba la falta de democracia, el autoritarismo, el capitalismo de Estado, la planificación central burocrática que no toma en cuenta las necesidades de la gente, el colectivismo que pretende homogeneizar a todas las personas sin respetar las diferencias; el productivismo que pone el acento en el desarrollo de las fuerzas productivas sin tener en cuenta la necesidad de preservar la naturaleza; el dogmatismo que impide el debate y la crítica; el considerar que para ser socialista hay que ser ateo, porque la religiosidad de la gente es algo negativo, la existencia de un sistema político de partido único y sobretodo, la falta de protagonismo de la gente.

Cuando la propaganda conservadora habla de la muerte del socialismo, el escritor uruguayo Eduardo Galeano responde: “me han invitado a un entierro de un muerto que no es el nuestro”. Nuestra idea de socialismo era la de un socialismo democrático, participativo, construido por la gente. Tampoco era la idea de Marx. Éste sostenía que la sociedad alternativa al capitalismo era aquella en la que el hombre se desarrollaría plenamente a través de la práctica revolucionaria, porque al ir transformando las circunstancias se iría transformando a sí mismo: idea que también está presente en el artículo 62 de la Constitución bolivariana, que hoy la oposición dice defender.