La noticia es que alrededor de 370 cubanos residentes en el exterior se reunieron en la IV Conferencia Nación y Emigración, después de 19 años de no celebrarse este encuentro, que reúne a representantes de la comunidad de la Isla residente en otros países y al gobierno cubano.
Una de las demandas principales en el evento fue la de levantar la prohibición de entrada al país por ocho años de cubanos que han abandonado misiones gubernamentales profesionales. El líder de la plataforma Puentes de Amor, Carlos Lazo, afirmó que la prohibición no castiga solamente a los emigrados, sino a toda su familia.
La Conferencia fue motivo de controversia en redes también debido a que varios cubanos que se asistieron al evento recibieron críticas por su cercanía al gobierno cubano, como Hugo Cancio, el fundador de OnCuba News y Katapulk.
El presidente Miguel Díaz Canel también fue criticado por parte de algunos cubanos, por su cercanía y diálogo con el veterano de guerra y activista cubano residente en Seattle, Lazo.
La celebración de este evento, exitoso de acuerdo al gobierno cubano y a los participantes a los que tuvo acceso La Joven Cuba, significa que La Habana continúa en un camino de acercamiento con su emigración, en un contexto en el que esa comunidad crece aceleradamente, debido al significativo número de cubanos que en los últimos dos años han emigrado.
Nuestra opiniónes que si bien el evento es un paso en la dirección correcta, la selección depurada e intencional de los cubanos asistentes, quienes en su mayoría han fundado o son parte activamente de organizaciones de solidaridad con Cuba, excluyó otras voces que hubiesen podido aportar en el camino de construir una relación más fluida y natural con la comunidad cubana en el exterior.
La cita también demuestra que el gobierno cubano ha sido capaz de escuchar opiniones críticas sobre políticas específicas que afectan al pueblo, una experiencia que se pudiera repetir en otros encuentros que incluyan a representantes de la más amplia e inclusiva sociedad civil, también la residente en Cuba.
Bienvenido, tovarisch
La noticia es que el general de ejército y ex presidente cubano, Raúl Castro Ruz, recibió al ministro de interior de Rusia, Vladímir Kolokóltsev, quien se encuentra en la isla hace dos días en visita oficial.
Si bien no se conocen detalles de cuáles fueron los temas principales del diálogo, el presidente cubano, quien también recibió a Kolokóltsev, afirmó que la visita marca una tendencia de fortalecimiento, consolidación y ampliación de nuestras relaciones en los momentos actuales.
Estosignifica que Moscú y La Habana continúan expandiendo y fortaleciendo los lazos políticos, y ahora potencialmente de cooperación militar, en lo que varios expertos han leído como un mensaje a Occidente sobre la cercanía entre la nación euroasiática y la caribeña.
Además, se suma a una larga lista de visitas e intercambios entre altos funcionarios rusos y cubanos, cuya frecuencia ha aumentado el último año.
Hace algunos meses se reportó el reclutamiento de cubanos para combatir junto a Rusia en la crisis ucraniana. El gobierno cubano condenó el reclutamiento, y se mostró en contra de la guerra, así como del tráfico de personas.
Pocas semanas después, el medio ruso con servicio en español Sputnik, reportó en una entrevista que el Embajador cubano en Moscú no estaba en contra de la participación legal de nacionales cubanos en el conflicto en Ucrania. Varios medios y voceros interpretaron en ese momento que Cuba daba luz verde para que nacionales tomaran parte en la crisis ruso-ucraniana. Sin embargo, las autoridades cubanas reaccionaron con celeridad: negaron el reclutamiento de mercenarios y expresaron tolerancia cero a tipo de tráfico humano.
En abril de 2023, el canciller ruso, Sergéi Lavrov, afirmó que la cooperación militar entre Rusia y Cuba se desarrollaba exitosamente.
Sin embargo, no se ha conocido sobre ningún proyecto específico de cooperación en esta área desde 2002, cuando por decisión de Vladimir Putin Moscú cerró la base militar de inteligencia Lourdes, ubicada en las afueras de La Habana.
Mientras tanto, la cooperación comercial ha aumentado también. La última cifra conocida es la de mayo de 2023, en el que un medio ruso reportó que el tamaño del intercambio ascendía a 452 millones de dólares, una cifra que triplica la del año anterior, según el vice primer ministro ruso, Dmitri Chernishenko.
Nuestra opinión es que es esta visita muestra la voluntad de expandir el vínculo también al área militar, lo cual sucedió ya en el pasado. El tamaño, alcance y calendario de esa cooperación militar está por conocerse. En un escenario en que Estados Unidos y Occidente observan con ojeriza la presencia rusa en América, esta visita recuerda que Moscú no ceja en su voluntad de demostrar que Cuba es una aliado útil, al que aprecia y ayudará en tiempos de necesidad.
El puente de Londres
La noticia es que Reino Unido y Cuba han firmado un Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación. Al haber salido Londres de la Unión Europea, los británicos necesitaban su propio mecanismo de intercambio con Cuba.
Si bien no se conoce mucho del acuerdo, las autoridades han afirmado que ambos gobiernos se comprometen a discutir sobre temas como el enfrentamiento al cambio climático, las sanciones de Estados Unidos contra Cuba y derechos humanos.
Para la firma del acuerdo Londres envió al director para las Américas, del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mancomunidad y Desarrollo, David Rutley, quien firmó el documento con la viceministra cubana Anayansi Rodríguez.
El también representante del parlamento por el Partido Conservador se reunió además con el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla.
La firma de este acuerdo significa que Londres ofrece importancia a su vínculo con La Habana, y mantiene la postura respetuosa que siempre ha tenido con Cuba. Actualmente es uno de los países occidentales que tiene un vínculo fluido con el gobierno de la Isla.
Desde comienzo de los 90, Reino Unido ha otorgado a decenas de cubanos las becas Chevening, un programa que permite cursar una maestría de un año en Reino Unido. Incluso en los momentos en que el gobierno de Cuba ha mostrado más rechazo a otros programas de beca tildándolos de «robo de cerebros», la beca británica no ha dejado de otorgarse.
Por otro lado, la Embajada británica en Cuba es una de las más activas en promover la relación, y articular espacios que ayuden al emergente sector privado en la Isla.
Nuestra opiniónes que, si bien no hay una significativa presencia de Reino Unido en el panorama de inversiones extranjeras cubanas, varios puentes acercan a ambos países, incluyendo el arte y la apreciación por la cultura británica en la Isla, así como la cubana en Londres, con figuras cimeras como el bailarín y coreógrafo Carlos Acosta.
Yo vi tres veces la resurrección de Cristo, pero no lo puedo contar. Dirían que estoy loco
Javier Milei
Sube el telón, aparece en escena un «hombre blanco de ojos celestes». Cuenta que «el número uno» lo envió al mundo de los mortales para conseguir algo grande. Que como a Moisés, Dios lo puso en la Tierra con una misión sagrada. Se dice el Mesías de la Argentina, el salvador que carga la prosperidad en sus manos. Su mastín inglés, Conan —que nunca ha muerto según nos dice— está junto al creador, y con él habla mientras Karina, su hermana médium, traduce el diálogo. Conan es su luz, «su hijo», su más grande amor y principal guía. Él, compartiéndole la palabra divina, lo inició en política, le ubicó sus pasos, le dio cuerpo y forma; y como bien le prometió, lo puso en La Casa Rosada. No, no es un cuento de caminos ni un chiste de mal gusto, es la muy bien maquillada historia política de Javier Milei, el nuevo presidente de la República Argentina.
Finalmente ocurrió. El domingo 19 de noviembre de 2023 se llevó a cabo el ballotage argentino, y tras una jornada de expectación se conoció que el candidato de La Libertad Avanza (LLA), Javier Milei —el del perro divino y la hermana médium —había derrotado por amplio margen a Sergio Massa, candidato del bloque krichnerista y última dolorosa opción política para quienes temían cuatro años de mandato del peluquín performático.
Resultado de las elecciones en Argentina / Imagen: EP Data
Aquí, surge nuevamente la pregunta del periodista Juan Luis González: «¿Qué pasa si en un país inestable aparece un líder inestable?»[1]. Más allá: ¿Qué pasará ahora que ya es presidente?
El fenómeno Milei en la Argentina es la manifestación más reciente en Latinoamérica de la nueva ola de los llamados «populismos de derecha». Como todo fenómeno mediático, el «economista de la motosierra» se presentó con un discurso «transgresor». Se hizo llamar a sí mismo libertario —denominación oscura cuanto menos—; y, a fuerza de polémica, logró pasar de ser un outsider autodenominado «anarcocapitalista», a convertirse en el único contendiente por la presidencia de Argentina frente al candidato oficialista.
Años antes, El Loco, defendía el liberalismo convencional, hasta que «las fuerzas del cielo», Conan o «el número uno» lo llevaron abrazar, por el 2013 según cuentan, el «libertarianismo austriaco» en una de sus variantes más extremas, al estilo del estadounidense Murray Rothbard. De ahí su anti keynesianismo, sus primeras apariciones en TV, su oportuna presentación en las plataformas de YouTube y Facebook, como también sus pintorescas «clases públicas» en plazas y parques. Así, autores como los economistas liberales Friedrich Hayek o Ludwig von Mises, comenzaron a ser lecturas recurrentes en algunos sectores jóvenes nucleados alrededor del «mesías libertario».
Su construcción pública estuvo apadrinada por múltiples corporaciones mediáticas, el mega empresario Eduardo Eurnekian, el Grupo América y principalmente por la Fundación Internacional Atlas, promotora del discurso liberal. Solamente en 2018, según cifras compartidas por Pikara Magazine, brindó 235 entrevistas con 193.547 segundos al aire de radio y televisión.
De igual modo, su explosiva popularidad fue patrocinada por empresarios y fondos internacionales que aprovecharon la debacle de legitimidad política que sufre desde hace décadas Argentina con sucesivas administraciones —proclamadas tanto de izquierda como de derecha—, que además de los escándalos de corrupción, han sumido al país en una fuertísima crisis económica.
Pasaron los años, y luego de prometer que nunca se involucraría directamente en «los juegos sucios de la política», le llegó, entre ladridos, «el mandamiento sagrado» que lo paró a las puertas de la Cámara de Diputados; las que no cruzó con notable regularidad.
Ya tenía ganado mucho terreno, incluso en los sectores populares, los más desconocidos por el régimen liberal, donde predicaba sobre el emprendimiento económico, la necesidad del «libre mercado» y otros de los «tantos» saberes que dice heredó de der Dozents de la economía post guerra. Nacía, al compás de la crisis argentina, el que prometió hacer temblar a los «zurdos hijos de puta».
Los «enemigos» de Javier Milei: la «casta»
El «león», o más bien, el «gatito mimoso» como lo llamó Myriam Bregman —líder del Frente de Izquierda y los Trabajadores, coalición opositora a las derechas y al kirchnerismo—, disfraza y construye enemigos a conveniencia; donde mejor encuentre sostén para sus intenciones, ahí deja caer su retórica.
Los miembros de la «casta política» — uno de sus tantos ellos — abarcan en su discurso todos los movimientos políticos tradicionales del país, así como el Banco Central, cuya destrucción ha simulado como parte de un curioso performance. A estos, los responsabiliza por entero de la crisis económica, la inflación y la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), obviando, convenientemente, que entre sus propuestas principales figura la dolarización de la economía, condición que, atendiendo a datos de múltiples analistas, llevaría a un mayor ajuste con el FMI y a una deuda sin precedentes[2][3][4].
A su vez, se ha dicho fiel a la «anarquía» y el «libre mercado», y a tenor de estas ideas, ha planteado que la solución del problema argentino además de en la dolarización, pasa por la reducción del Estado a la mínima expresión posible. Su proyecto de Estado mínimo incluye la destrucción de ministerios encargados de garantizar derechos sociales, a la par que deja intactas las carteras encargadas del «orden» y la «defensa», arguyendo que además de controlar el «crimen» y garantizar el «respeto a la ley», se necesitará para enfrentar las maniobras de la «casta».
En este punto es prudente preguntarnos qué es la «casta». Ese ente abstracto que funciona como parabán discursivo para justificar cualquier demarcación ideológica mileísta, sirve de sesgo de exclusión en las «huestes libertarias» al tiempo de enmarcar prudentes enemigos. Paradójicamente, LLA y, por supuesto, Javier Milei, están asociados a relevantes figuras que, sin dudas, forman parte del tejido de dominación señalable como «casta». Podemos mencionar el financiamiento que recibe de familias muy poderosas en la Argentina, como el caso del acaudalado Sebastián Braun, su principal mecenas, quien le aportó millones de pesos para las tantas campañas de este año.
Foto: Página12
Según apunta La Izquierda Diario, la fortuna de los Braun Menéndez tiene origen en las masacres de la Patagonia rebelde de 1921, situación que les permitió apropiarse de parte de estos terrenos entre los que llegaron a tener 1.4 millones de hectáreas, con control de la ganadería y el comercio en el área, asociados al Estado oligárquico y al imperialismo inglés. Los Braun apoyaron el golpe del 1976, cuando Armando Braun conducía la Cámara Argentina de Comercio, la Asociación de Bancos (ADEBA) y fundó la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresariales (APEGE), todas corporaciones que realizaron el paro patronal de ese año.
Es destacable cómo LLA recibió 454.857.651 de pesos para su campaña con vista a los comicios generales, de los cuales el sector privado reportó 56.997.721; 12.5% del total. De dónde salió el restante 87.5% equivalente a 397.859.930 con que los «anarcocapitalistas» lograron armarse en «el bunker», pues, nada más y nada menos que del Estado, según informan los datos entregados a la Cámara Nacional Electoral (CNE) y la Dirección Nacional Electoral (DINE).
Esta fórmula de adquisición mayoritaria de fondos estatales, fue repetida por el partido «libertario» en cada fase del proceso electivo. Para hacer menos gracioso el chiste, dentro del estrecho porcentaje recibido de actores privados figuran firmas como Sistem Melesur Argentina, una empresa de servicios especializados, sustentada, mayormente, con la obra pública estatal.
Lo expuesto con anterioridad evidencia lo incoherente del discurso mileísta respecto al Estado, sus variantes o la «casta». En igual sentido, el vínculo con el líder sindical Jose Luis Barrionuevo —quien prometió miles de fiscales a LLA—, de trasfondo peronista y asociado al liderazgo del partido Tercera Posición, así como la promesa del Ministerio de Justicia para Mariano Cúneo y el del Interior para Guillermo Francos, el primero, personaje de pasado oscuro, quien ha estado inmiscuido en grandes escándalos legales, el segundo, ex-integrante del gobierno de Alberto y Cristina Fernández como director ejecutivo por Argentina del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), constituyen otras de las tantas brechas que deja Milei en su «lucha» contra la «casta».
La «casta», en voz de Milei, son «aquellos que están en política, pero son inmorales», calificativo que le valió al kirchnerismo, a la coalición de Juntos Por El Cambio, tanto como a cualquiera que el «libertario de chaquetas de cuero» intentara injuriar. Sin embargo, esta «casta» fue lo suficientemente maleable en su campaña como para que muchos de los que él catalogó como parte de ella fueran perdiendo gradualmente la denominación en la medida en que necesitaba sus apoyos electorales.
Así, a pesar de los numerosos ataques en campaña y la rivalidad aparentemente irreconciliable entre él y el macrismo, no tardó en darse un cálido abrazo con la ex-candidata Patricia Bullrich para sellar la alianza que, con toda probabilidad, le garantizó la llegada a la Casa Rosada. Esta necesidad de obtener y mantener el poder a toda costa se vio reflejada, de igual modo, en su estrategia con vistas a la segunda vuelta.
Javier Milei y Patricia Bullrich / Foto: El Cordillerano
Tras haber pregonado durante toda su carrera en contra de los «zurdos empobrecedores», Milei intentó —inútilmente porque fue rechazado— buscar votos extendiéndole la mano a los trotskistas de Myriam Bregman, al ofrecerle funciones en el futuro gobierno en materia de legislación laboral y su ministerio de Capital Humano, porque según sus propias declaraciones, las personas que más saben de eso son de izquierda[5]; alucinante.
¿Un conservadurismo inusual?
A pesar de que los nuevos populismos de la derecha latinoamericana muestran un rostro conservador tradicional, la figura de Milei rompe en cierto grado con esta tendencia. Mientras que los representantes habituales del conservadurismo se presentan como hombres exitosos, religiosos, tradicionales y de familia —muy al estilo de Donald Trump, Jair Bolsonaro, el propio Mauricio Macri y más recientemente el chileno José Antonio Kast—, Milei no está casado sino que mantiene una relación extravagante con la mediática actriz Fátima Flórez, y ha declarado que lo más cercano que tiene a hijos son sus perros Conan, Murray, Friedman, Robert y Lucas[6], clones[7] del fallecido Conan original; sí, el que se halla junto «al uno».
Javier Milei junto a sus perros / Foto: Profesional
Por otro lado, ha expresado públicamente que sus padres «están muertos para él», y en no pocas entrevistas hace gala, frente a toda la audiencia, de haber estado en varios tríos sexuales, y que en «el 90 por ciento de las veces fueron dos mujeres» con él. Estas provocativas declaraciones, junto a otros comportamientos que muchos considerarían excéntricos para un candidato presidencial, le han valido en una parte del público y la prensa el poco elogioso sobrenombre de El loco, que utilizamos párrafos arriba.
Sin embargo, más allá de que su vida personal se aleja de los estándares del líder populista habitual, lo cual no tiene porqué ser necesariamente negativo, el problema radica en que sus propuestas en materia social son igualmente disonantes.
Basado en el «respeto al proyecto de vida del prójimo», que plantea como resultado de su condición de «libertario», ha llegado a decir que el matrimonio entre personas de un mismo sexo y la autopercepción de género son cuestiones de decisión personal en las cuales el Estado no debe entrometerse, ya sea para prohibirlas o para, en sus palabras, «imponerlas».
Sin embargo, a pesar de esto, no ha perdido ocasión de satisfacer a su público conservador burlándose abierta e inescrupulosamente de la comunidad LGBTIQ+, buscando ridiculizar la sexodiversidad y generodisidencias con reducciones al absurdo. Por poner ejemplos, llegó a decir que no le molestaba en lo absoluto que alguien se «autopercibiera como un puma» mientras no le tocara a él —al contribuyente, al Estado— pagar la cuenta, asimismo, comparó la elección de establecer relaciones homoafectivas con la decisión voluntaria de «tener piojos», o «estar con un elefante».
Por otra parte, comentó su intención de prohibir la Educación Sexual Integral en los colegios, para que esta quede en manos de las familias. También aseveró que el aborto es un «asesinato en el vientre de la madre» y que su gobierno velará por defender «al niño desde su concepción». En igual sentido, Victoria Villarruel, su fórmula vicepresidencial, declaró en varias ocasiones su oposición al matrimonio igualitario, al tiempo que planteó se hará la derogación de la interrupción legal del embarazo (ILE) mediante plebiscito.
Asimismo, entre las medidas propuestas por LLA está la de cerrar varios ministerios como el de la Mujer, que brinda «atención, asesoramiento y contención para situaciones de violencia por motivos de género». Esto resulta alarmante dada la cifra que anuncian varias plataformas y colectivos de 175 feminicidios y 234 intentos directos y vinculados en lo que va de 2023 en el país sudamericano.
Tales medidas representan un retroceso histórico en terrenos que los movimientos sociales tienen ganados en Argentina y atentan contra la seguridad social de múltiples comunidades vulnerables. LLA pretende eliminar los ministerios encargados de salud, educación y desarrollo social, para fusionarlos en un hipotético Ministerio de Capital Humano; es claro cómo Milei y su gente pretenden administrar el país como si de una empresa se tratase.
Javier Milei mostrando su nuevo proyecto de gobierno / Foto: San Antonio Hoy
Esto, al unísono con todos los discursos sectarios y violentos que el máximo líder profiere, significa una verdadera amenaza para millones de argentinos. Como evidencia están sus declaraciones donde considera al cambio climático «invento del socialismo» o del «marxismo cultural», los derechos laborales y los derechos humanos como un «gasto excesivo» y un «curro» respectivamente, a los sindicatos «organizaciones criminales» y a los derechos de las mujeres como «discriminación»; todo lo anterior, desde su lógica delirante, como una «amenaza a la propiedad privada».
Queda claro el poco rigor que maneja El Peluca si de desarrollo social y popular se trata; sus lecturas van en clave de mercado, y, por si fuera poco, de forma deficiente.
Abajo el Estado, arriba los tanques
Como se hace evidente, la protección de los derechos y la justicia social parece ser menos importante al interior de LLA que garantizar el pleno funcionamiento de la maquinaria de seguridad y represión del Estado.
De esta forma parece que, para los supuestos «anarquistas», el mantenimiento del poder tiene una prioridad lo suficientemente alta como para dejar de lado algunos de sus «principios» anti-Estado y consolidar las fuerzas coactivas.
Llama la atención que a pesar de la limpieza ministerial que pretenden los «libertarios», de las ocho instituciones que proponen, cuatro, o sea, la mitad, están identificadas como aparatos de conservación del «orden»», en este caso, del orden estatal. Aquí podemos evocar la inolvidable cita, consciente o inconsciente, que a Juan Domingo Perón hiciera el autonombrado «General AnCap», actual presidente electo de la República Argentina: «dentro de la ley todo, fuera de la ley nada».
Los ministerios de Justicia, Interior, Seguridad y Defensa del proyecto de país que se propone aquel que dijo confiar más en la «mafia que en el Estado», son la prueba fehaciente de que, si responde a sus intereses, el Estado no es un problema; mientras el poderío estatal esté en sus manos se encargará de hacerlo más fuerte y funcional.
Un dato de importancia es la constante apologética negacionista que hacen del período de dictadura militar las figuras centrales del partido «libertario», con principal relevancia de la futura vicepresidenta Villarruel, quien, orgullosa, tiene un pasado muy cercano a la casta militar que oprimió Argentina entre 1976 y 1985.
La abogada niega rotundamente los crímenes cometidos por ese régimen, y hasta defiende a los militares condenados por ellos, incluido Juan Daniel Amelong, encarcelado por delitos de lesa humanidad. Otra prueba de la apología de LLA a la antigua dictadura militar es que el día 4 de septiembre se produjo una sesión organizada por Lucía Montenegro, legisladora de ese partido, que se le llamó «homenaje a las víctimas del terrorismo». Tal, resultó un posicionamiento reivindicativo de los líderes genocidas, con presencia del ex-mayor Marcelo Llandías, acusado de tortura por centenares de soldados de Malvinas.
El «homenaje» fue repudiado por varios legisladores y gran cantidad de personas, entre las que figuraban víctimas de la dictadura, familiares y el pueblo comprometido con la memoria histórica. «Ahora más que nunca, nunca más», se gritó a quienes intentan pulir la imagen de asesinos, mientras subvierten la verdad.
El liberalismo es alérgico a la historia, advirtió el teórico anticapitalista John Brown. El descreimiento de las verdades pasadas, la negación del terrorismo de Estado que padeció la Argentina con un saldo de, al menos, treinta mil personas muertas o desaparecidas, el falseamiento de una supuesta guerra para justificar el genocidio y la reivindicación constante del proceso antidemocrático que significó la dictadura, da la medida de por qué cauces como el propuesto por LLA representan una amenaza para los pueblos.
Estos personajes legitiman desde su discurso la criminalización de la protesta social, la represión perpetrada por los poderes hegemónicos ante los reclamos populares, la violencia de las clases dominantes, el abuso en la desigualdad, el empobrecimiento, la explotación laboral y cuanto mal capitalista sea nominable.
Son enemigos de los sectores subalternizados, de su cultura, su idiosincrasia, sus necesidades y, principalmente, de sus derechos. Parafraseando al intelectual Julio César Guanche[8], para defender una democracia sólida, hay que poner ojo sobre la «pluralidad» que plantea este tipo de liberalismo, porque la mayor parte de la historia de ese liberalismo realmente existente, ha sido muy antidemocrática.
En este sentido, es necesario hacer un llamado ante la posibilidad de represión a las manifestaciones de lograr Milei implementar sus medidas. Dado el descontento de muchísimos sectores populares y la constante criminalización de la protesta que ha planteado públicamente el líder de LLA, pudiera esto conducir, en un futuro escenario de inestabilidad popular, a que se repita parte de la amarga historia que arrancó en 1976.
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Javier Milei / El Confidencial
Por primera vez en Argentina una persona sin experiencia previa, ni alcaldes o gobernadores propios, ni representación en el Congreso, llegará a sentarse en la silla presidencial. Y más allá de que se presume que el «terror de la casta» tendrá uno de los gobiernos más débiles de las últimas décadas, con el riesgo de resultar «el Alberto Fernández de Macri», sus malabares ideológicos y balbuceos económicos, así como el voto castigo al kirchnerismo, le brindan cuatro años al mando de la República Argentina, y aunque según dice, sus estrategias podrán traducirse a resultados fácticos luego de décadas, no vacilará en tomar sus medidas «anti-casta» en beneficio de la casta.
Desde su sobrada performatividad, Javier Milei y LLA, insertan su ideología entre las nuevas derechas globales, quienes intentan brindar posicionamientos «anti-sistema», pero reciben los apoyos y capitales de grandes magnates y compañías hegemónicas, pactan con las oligarquías que tienen inmensa responsabilidad en la precarización de sus países e intentan vender su «paraíso liberal» a los ojos del mundo, mientras a espaldas, tras la excitación y las motosierras, subyacen los intereses de aquellos que esperan continuar engrosando sus cuentas de banco al costo de lo que es del pueblo.
La libertad para Milei se traduce en colonialismo, dependencia económica a la potencia extractiva e injerencista del dólar, menos privilegios para los sin-privilegios y exclusión. Según sus propias declaraciones, la culpa de lo que pase en Argentina hasta el próximo día 10, es de Fernández y Massa; luego, ya nos enteraremos de quién.
¡Viva la libertad, carajo! Pero…¿¡Cuál libertad, carajo!? Y sobre todo ¿para quién?
La arrancada de la década de los 90 fue un reto descomunal para toda la sociedad cubana. Las utopías y demandas acumuladas a fines del decenio precedente apuntaban a una idea mucho más intensa del país que se avizoraba, pero los acontecimientos cambiaron el rumbo de esas proyecciones, de un modo tan inesperado como radical.
La caída del Muro de Berlín fue solo un síntoma de lo que ocurriría. La declaración de un Periodo Especial en Tiempo de Paz dio vuelta a la página, y las cubanas y cubanos tuvimos que empezar a entender lo que ya un conjunto apretado de síntomas nos había estado advirtiendo, más allá de la visión idealizada y triunfalista de un contexto que acabaría desintegrándose. Justo cuando el diseño del país adelantaba el alcance de muchas aspiraciones de cambio, sobrevino este punto de giro. La cultura, y el teatro, por supuesto, no iban a quedar indemnes.
El recién creado Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE) se vio de pronto ante un panorama dilatado: las viejas y grandes compañías coexistían, o debían coexistir, con un crecido número de proyectos noveles. El sistema que les había dado vida se vio frenado ante la crisis que de inmediato comenzó a recortar recursos, facilidades de producción y promoción, etcétera. Muchos de esos proyectos se disolvieron rápidamente. Sus integrantes volvieron en algunos casos a las agrupaciones madres de las cuales habían salido en pos de nuevos retos creativos, otros decidieron emigrar, algunos se fueron a la televisión, y otros, sencillamente, no resultaron tan sólidos como para garantizar una larga trayectoria en los escenarios.
De ese instante sobreviven algunos pocos, guiados por quienes sí consiguieron fundamentar una poética coherente, lo mismo con un veterano como líder (José Milián y su Pequeño Teatro de La Habana), o Carlos Díaz con Teatro El Público, nacido oficialmente en 1992.
En este paisaje, ¿dónde podría quedar la idea de un teatro cubano independiente, fuera del control y el circuito oficial trazado por el propio CNAE? Como ya había explicado en el texto que le da inicio a esta saga, con La cuarta pared, Víctor Varela asentó en ese mapa su Teatro del Obstáculo, nombre luego reducido, como golpe más concreto de su poética, a Teatro Obstáculo. El espectáculo, estrenado en el apartamento de la coreógrafa Marianela Boán, pasó luego a presentarse en escenarios de la cartelera habitual, como el Teatro Nacional de Cuba. Ello no implicaba el fin de ciertos recelos: la puesta, a pesar de su impacto y solidez, no fue invitada al Festival Nacional de Teatro de Camagüey de 1988.
El evento más importante de carácter competitivo de la escena nacional, no acogió la mencionada propuesta, ni tampoco Eppure, si mouve!, del Ballet Teatro de La Habana creado por Caridad Martínez, a pesar de ser los gestos más renovadores de ese instante en el área de lo teatral. Finalmente, en 1990, La cuarta pared pudo llegar a la siguiente edición de ese Festival, y con ello, para algunos, se confirmaba la idea de que cualquier asomo de teatro independiente en Cuba terminaría siendo asimilado por las instituciones y la política cultural que las caracterizaba.
Pudo ser esa la impresión, pero en realidad no sería el fin de este fenómeno. Si bien las carencias inocultables de los primeros años del Periodo Especial limitaron la producción escénica, los artistas no se detendrían. Gracias a contactos ya establecidos, agrupaciones de prestigio consiguieron mantener un circuito de giras internacionales en medio de esas penurias (Teatro Buendía, Teatro Papalote), mientras otras pugnaban por sobrevivir.
Con las funciones programadas a las cinco de la tarde, presentaciones al aire libre que la falta de fluido eléctrico no lograría paralizar, y un reacomodo intenso de las dinámicas creativas, el quehacer teatral no se detuvo. La necesidad de mantener al público como respuesta viva hizo que los creadores salieran de los teatros en pos de los espectadores, más allá de la falta de transporte, combustible y tantas otras cosas.
De algún modo, esa voluntad de acercarse al público desde otras perspectivas animaría a uno de los proyectos que se atrevió, también, a romper ese cerco de sobre/protección, y sin el amparo salarial ni otras garantías, por escasas que fueran, logró reactivar la pregunta de un teatro capaz de sostenerse a sí mismo, sin menoscabo de una entrega llamativa y de calidad.
Hablan los directores
En el año 2000, Roberto Salas San Juan crea el grupo Gigantería. Graduado de la Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIT) y del Instituto Superior de Artes(ISA), discípulo de Vicente Revuelta —a quien dedicó su tesis de licenciatura—, se propuso explorar el espacio público, y tras investigar en las técnicas del clown y el teatro callejero, se lanzó a esta aventura con pocos precedentes entre nosotros.
Roberto Salas en Gigantería / Foto: Peril de Facebook del entrevistado
Las intervenciones públicas del grupo, con sus zanqueros, músicos y ejecutantes de colorido vestuario, se hicieron parte de la imagen del centro histórico de La Habana Vieja. El grupo operaba sin cobrar un salario, pero gracias al amparo del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, se les permitía «pasar el sombrero» a la usanza de juglares en otros tiempos, y se les concedió un pequeño local para guardar sus instrumentos y elementos de representación.
«Nunca recibimos salarios estatales, y teníamos una estructura de autogestión. Éramos una comunidad artística autogestionada», recuerda Salas, quien dirigió el colectivo durante 15 años antes de radicarse en los Estados Unidos, en entrevista hecha para este artículo.
El grupo no se limitó a hacer sus habituales paseos por la zona antigua de La Habana, también creó espectáculos dentro de esta estética. En ese momento, el teatro callejero comenzó a tener una visibilidad notable en la escena cubana, impulsada esencialmente por el Mirón Cubano, grupo matancero bajo la guía de Albio Paz, que llegó a convocar a eventos al que acudían conjuntos artísticos interesados en esta línea estética.
Entre los montajes más recordados de Gigantería, destaca La Tarasca, que como apunta Roberto Salas San Juan «tuvo varias versiones», protagonizada por «un títere grande inspirado en los del Corpus Christi, un dato que encontré en las Actas Capitulares que consultó Rine Leal, y en Cuba existió este tipo de muñeco, hace más de 200 años, que eran tarascas sevillanas. Nosotros reformulamos toda esa imagen de la tarasca, y la paseábamos por La Habana Vieja. La gente escribía sobre ella todo lo que quería quemar, y al final del recorrido se quemaba. Duraba tres días y pasaba por diferentes barrios».
Quema de la Tarasca / Foto; Cortesía del autor
El grupo creó además montajes como Sueño de una noche de san Juan, Tierra Santa y Los pájaros, hasta llegar a unos 3 000 eventos durante esa primera fase. Asentado actualmente en Orlando, donde ha activado una célula nueva de su proyecto, Salas también acota:
«Igualmente, siento que el ser artistas no independientes fue una condicionante para no recibir todo el apoyo que podríamos haber merecido, respecto a la gestión que estábamos desempeñando. Imagínate, si un grupo de personas sin salarios estatales, éramos capaces de hacer más de 3 000 eventos, lo menos que nos podían dar era un espacio para trabajar. Pero eso nunca sucedió, y la prueba es que después de 23 años Gigantería es de esas agrupaciones de teatro independiente que lo que tiene es una habitación de cuatro por cuatro en un solar, y ahí no hay la más mínima posibilidad de crecer. Es la imagen de una ceiba dentro de una maceta».
Gigantería, tras la salida de su líder y la disolución del núcleo inicial, pervive, pero sin la capacidad de acción y trabajo que lo caracterizaba, según reconoce su fundador, quien recuerda que el grupo además se vinculó a conciertos, actos de alcance público, incluidos algunos en zonas de turismo. De eso perdura poco, pero sigue siendo válido recordarlo dentro de lo que este texto pretende enmarcar.
Otra experiencia de un teatro relacionado con otras formas de patrocinio fue la animada por el director José Ramón Hernández Suárez, líder de Osikan Plataforma Escénica Experimental, hoy rebautizado como Osikan Vivero de Creación. Surgido dentro de la oleada que se dio a conocer como «los novísimos», un núcleo de dramaturgos, teatrólogos, creadores emanados del Instituto Superior de Arte y que tuvo su bautizo de fuego al aparecer la antología Novísima dramaturgia cubana (compilada por Yohayna Hernández, ediciones Tablas Alarcos, 2008), José Ramón dirigió varios textos de esos autores y otros, desde una búsqueda despojada de los efectos de la teatralidad y en pos de una relación visceral y directa con el auditorio.
Ramón Hernández Suárez, líder de Osikan Plataforma Escénica Experimental / Foto: Cortesía del autor
Aunque no les faltaron respaldos institucionales, ya fuera de la Asociación Hermanos Saíz, el CNAE y otras entidades, esta hornada se conectó con embajadas (Alemania, Noruega, etcétera), en busca de patrocinios, respaldos económicos, becas y otras facilidades, que también marcaron su aparición en la escena nacional. Eso incluyó, por supuesto, tensiones, no solo las que sus espectáculos, casi siempre polémicos, desataron en su momento antes de que ese núcleo se dispersara.
A través de las preguntas que le envié hasta España, donde ahora se encuentra desarrollando su trabajo, José Ramón Hernández ha evocado sus inicios al amparo de la Asociación Hermanos Saíz, en su natal Santiago de Cuba, y las tensiones conceptuales que al crear su núcleo en La Habana sostiene con la institución.
Osikán nace con el proceso de creación del karaoke escénico Aleja a tus hijos del alcohol, sobre un texto de Rogelio Orizondo, y para el director resultó un paso de transición que le exigió reajustes dentro de un modo de producción muy distinto al que había accedido hasta ese punto en Santiago, donde estrenó entre otras piezas su versión de Vida y muerte de Pier Paolo Passolini, de Michel Azama, con su Teatro de Otoño.
La propuesta, que vinculó a una actriz noruega «aplatanada», un trovador, amén de su elenco de actrices, pasó por distintos espacios (desde el café Delirio Habanero hasta el domicilio de algunos integrantes de su equipo) hasta encontrar sitio para una mayor temporada en el sótano del Teatro Nacional de Guiñol, a inicios del 2014, como prueba de la necesidad de narrar historias no convencionales en lugares de representación afines a esa ruptura de la convención.
«Esa fue la génesis de Osikán, y ahí yo empezaba a poner la mirada ya no tanto en la zona de creación interna, dramatúrgica, sino también empezaba a ponerla radicalmente en cómo esos espacios de experimentación escénica también afectaban las comunidades que nos rodeaban.
»Nos interesaba mucho el concepto de plataforma escénica, porque pensando en nuestros modos de producción no nos interesaba vernos como un grupo convencional, como suele ser en Cuba, que tiene un director, un asesor, un productor. En Osikán todos teníamos un espacio de creación, de mucha libertad. Y aunque sí había roles definidos, de pronto había otros tipos de procesos y encuentros, tanto formativos como con las comunidades que se salían del espacio para los que estaba convencionalmente concebido un grupo de teatro».
»Fue un trabajo interno, porque a pesar de que nos llamábamos Plataforma Escénica Experimental, para la institución (CNAE) era muy difícil entender lo que proponíamos como tal, y al final éramos el grupo Osikán para el Centro de Teatro y el Consejo, un grupo más, y con eso tuvimos que convivir.
»Teníamos ese espacio de reconocimiento bajo la mirada del punto de vista institucional, lo que no nos creaba ninguna fractura, pero sí nos abría la posibilidad de hallar otros espacios, en los que nuestro trabajo fuera entendido no tanto por el trabajo escénico sino por el tipo de gesto que generáramos.
»La relación con la institución era nominal, puramente contractual, donde ofrecían salarios para las actrices y actores contratados, en la que teníamos que buscar grietas para contratar a personas que no venían de la formación actoral o técnica, porque ya desde Aleja a tus hijos… estábamos trabajando con el concepto de expertos de vida, que viene del teatro documental contemporáneo, y que legitima la historia y el saber de vida como una experiencia tan fuerte como el haber pasado por una escuela de actuación».
El núcleo de Osikán generó propuestas que insistían en el trabajo en zonas no frecuentadas por la escena nacional, que se entendieron no pocas veces como acciones incómodas, dentro de una polémica donde hubo tensión por ambos lados, lo cual, a estas alturas, cuando esa célula y otras que los siguieron ya no están activas al menos en Cuba, me hace pensar que empañó el análisis preciso que tales estrategias y espectáculos necesitaban.
Presentación de Osikán
No se trataba solo de un quiebre generacional, sino también de la incapacidad de estructuras ya acomodadas en una rutina de producción y pensamiento que se veía desafiada por estas propuestas.
Osikán, al que además acompañaron teatrólogos e investigadores, creyó encontrar su espacio en el Cine Ideal, sede que sus integrantes repararon y pusieron en funcionamiento con talleres, intercambios con la comunidad de la barriada, pero lo perdieron cuando la directora de otra compañía exigió que se le entregara para su propio trabajo.
El paso a otros cines en iguales condiciones se mantuvo durante un periodo de nomadismo, hasta que finalmente logran asentarse en el cine Fausto, donde despliegan el trabajo de lo que llaman Laboratorio Escénico de Experimentación Social y hacen funciones de BaqueStriBois, una de sus piezas más comentadas, resultado de una investigación sobre el tema tabú de la prostitución masculina y en el que conectan nuevamente actores y expertos de vida, y que ganó el Premio Villanueva de la Crítica que se concede a los mejores montajes de cada año, en el 2016.
Así como José Ramón Hernández reconoce que estas acciones evidenciaban la falta de acercamiento y prácticas escénicas en atención a esas otras zonas vulnerables e historias de vida no registradas a fondo por parte de las instituciones de la cultura, también recuerda la dinámica del diálogo con las embajadas y otros modelos de financiación que resultaron esenciales para solventar estos empeños e investigaciones. «El primer apoyo que nos llega es el de la Embajada de Noruega, para Aleja a tus hijos del alcohol, con 700 dólares que se fueron en la producción de la temporada de tres meses, con los que se pagó el ron y el refresco y todo lo necesario que el espectáculo incluyó cada noche para sus 40 espectadores».
La presencia de las embajadas, sin embargo, también originó algunos conflictos. «Aleja a tus hijos… fue beca Milanés de la Asociación Hermanos Saíz y mención del premio Aire Frío, pero cuando vieron en el diseño del cartel que aparecía el logo de la embajada, la AHS no quiso imprimir las cien serigrafías prometidas como cartelería para la pieza, porque no podía estar el logo de ellos junto al de esa embajada. Tuvimos una excelente colaboración con la embajada de Alemania, con la de España y la de Francia, con los que organizábamos ciclos y semanas de teatro de esas naciones. Eso abrió otros canales y posibilidades que resolvíamos con total transparencia, aunque la institución oficial siempre tuvo recelo con eso.
»Se presentaba un presupuesto desglosado y había que justificarlo, porque, además, ¿cómo pedirle al Centro de Teatro, para BaqueStriBois, un metro de gravilla, cien bloques, huevo, vino, todo lo que se necesitaba y para lo cual el Centro no tenía respuesta? Lo conseguimos gracias a las embajadas de España y de Alemania, y pagarle a un equipo de trabajo que no hubiéramos podido contratar a través de lo establecido».
Esa dinámica luego trató de ser incorporada por el propio Ministerio de Cultura, reconoce el director, y gracias a ello obtuvo financiamiento para el último montaje que presentó en Cuba antes de radicarse en España, donde labora en las nuevas fases de su proyecto sobre ciudades, localidades y sus historias (I love New York, en 2016, I love Australia, en Matanzas, I love Habana, en la Bienal del 2019, etcétera).
Okana, ritual afro radiactivo obtuvo el apoyo de unos 2 000 dólares mediante el concepto de pago por proyecto, y eso posibilitó el trabajo de ensayos y estreno, el 8 de septiembre de 2019. La experiencia de Osikán puso a prueba las capacidades —y a veces la paciencia— del diálogo con las entidades que proyectan su diseño de trabajo desde variables cerradas.
En ese sentido, la incomodidad que generaron sus espectáculos pareciera una extensión de esas búsquedas de otra clase de financiamiento, como sucedió a través de algunas de esas embajadas no solo con el teatro sino además con otros creadores de las artes plásticas o el audiovisual, que se salían de la norma para gestar acciones que a veces fueron leídas como provocaciones, y satanizadas generalmente de inmediato.
Hoy, José Ramón Hernández se reconoce a medio camino entre Cuba y España. Los tres directores con los cuales culminará este abordaje, en el tercer y último texto de esta serie, comparten varios de sus puntos de vista, pero persisten en la necesidad de que la escena cubana, así como todo el país, conciba nuevas plataformas para actuar, incluso más allá del teatro.
Cuba rindió cuentas ante el mundo sobre derechos humanos, como estaba previsto que sucediera en el cuarto ciclo del Examen Periódico Universal (EPU), presentado este 15 de noviembre en Ginebra.
El EPU comenzó su primera ronda en 2008. El mecanismo nació un par de años antes gracias a una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas que pretendía consolidar el respeto a los derechos humanos por parte de los Estados.
La fórmula ha sido la más eficiente de las creadas hasta el momento. Cada uno de los países miembros tiene que someterse al escrutinio del resto. Nadie queda exento. Tanto los Estados más influyentes, potencias militares y comerciales, como los más pequeños o amenazados de desaparición, tienen que comparecer —al menos formalmente— en igualdad de condiciones.
El actual Consejo de Derechos Humanos y el EPU, su recurso más conocido, nacieron para sustituir a la problemática Comisión de Derechos Humanos, fundada en 1946; aquel veterano y disuelto organismo que fue acusado de parcial en muchísimas ocasiones, incluso, por grupos de países enfrentados tradicionalmente. Para evitar el sesgo y poner a todos los Estados en una posición equitativa al rendir cuentas, se creó el EPU.
Todos los Estados miembros del Consejo, 47 en total, conforman un grupo de trabajo. Al momento del examen, cualquier nación puede hacer observaciones. Tres países, elegidos en un sorteo y llamados «troika», actúan como facilitadores. En este último ciclo, la «troika» a cargo del escrutinio a Cuba fue integrada por Argentina, Benin y Nepal.
El EPU es un juicio sin veredicto único. Cada una de las partes expone los elementos que cree más pertinentes para describir la situación de los derechos humanos en el lugar analizado. Su resultado, como la gran mayoría de los veredictos de la ONU, tampoco es vinculante. Los Estados examinados pueden libremente aceptar las sugerencias hechas, rechazarlas o tomar nota. Incluso sobre aquellos señalamientos aceptados, su real vinculación para trabajar en estos no pasa de un simple compromiso moral ante el mundo.
Ver al final Anexo: ¿Qué aceptó, qué rechazó y sobre qué ha tomado nota Cuba en los precedentes Exámenes Periódicos de Derechos Humanos?
Las razones del gobierno cubano
Canciller cubano Bruno Rodriguez Parrilla en el EPU/ Foto: Minrex
El examen se realiza a partir de tres documentos. El primero es el Informe Nacional presentado por país que rinde cuentas. Cuba aportó un documento que resalta las reformas legislativas realizadas a partir de 2018 y que todavía no han concluido.
Además de una larga enumeración de los derechos humanos legislados en los últimos años y de los garantizados históricamente por el Estado cubano, el informe dedica un amplio espacio a denunciar las sanciones estadounidenses.
En pocos casos, la exposición reconoce que el país no ha resuelto sobre el reconocimiento pleno de algunas garantías. Lo hace en el asunto de la tan demandada ley de asociaciones declarando que «se trabaja» en ese proyecto legislativo.
La pena de muerte es otro tema polémico sobre el que siempre se pone el dedo en la llaga, la parte cubana la admite como pendiente: «Cuba es favorable a la eliminación de esta pena cuando existan las condiciones propicias», afirma.
Acerca de los cuestionamientos más frecuentes que se hacen al país, como las detenciones arbitrarias, la falta de independencia de los tribunales en los procesos de carácter político y el trato de determinados reclusos en las prisiones, el informe no dice nada. Sugiere, en cada uno de los casos, que esos problemas no existen o son manipulados, a pesar de que abundan los reportes.
Pocos días antes de que Cuba rindiera cuentas en Ginebra, varias organizaciones internacionales y algunas cubanas, a las que el gobierno acusa de estar relacionadas con la política estadounidense, dirigieron un comunicado a los Estados miembros de Naciones Unidas para que hicieran recomendaciones específicas durante el EPU.
«Eliminar las prácticas que fuerzan a periodistas, artistas, escritores y defensores al exilio así como garantizar su retorno seguro», fue una de las encomiendas más precisas. En los últimos años, decenas de activistas se han exiliado en reacción al acoso de las autoridades y a un pequeño número se le ha denegado el derecho a regresar al país.
Este comunicado, entre los tantos puntos que señaló, pedía a los Estados que recomendaran al gobierno cubano «liberar a las personas privadas de libertad por motivos políticos que han sido detenidas en razón del ejercicio de la libertad de expresión y prensa, la defensa de derechos humanos».
Algunas de las recomendaciones realizadas por estas organizaciones, entre las que se encuentra Article 19, Pen International y el Instituto sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos, son semejantes a las recibidas en las anteriores ediciones del EPU.
Hay una que se repite desde el surgimiento del mecanismo en 2009: «Ratificar el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales».
Cuba, en efecto, firmó ambos tratados, que son dos instrumentos internacionales esenciales para la protección de los derechos humanos como indican sus nombres, pero no los ha ratificado. Tampoco ha firmado ni ratificado los protocolos facultativos de estos tratados, que son normas adicionales para regular la posibilidad de hacer denuncias individuales en instancias de Naciones Unidas, después de haber agotado las vías que ofrece cada país para impartir justicia.
¿Cuál es la diferencia entre firmar y ratificar? Firmar implica una declaración de principios y es un paso muy relevante, pero ratificar sería aceptar el paquete completo y ajustar la legislación nacional y la praxis jurídica a ser coherentes con el tratado. Es una decisión que obliga, hasta cierto punto.
No obstante, Cuba no es el único Estado que ha evitado ratificar algunos de estos pactos internacionales. Incluso algunos Estados muy influyentes siguen dando largas a la ratificación. Evadir esa responsabilidad siempre revela una relación problemática con los derechos humanos.
El informe de Naciones Unidas sobre Cuba
Examen Periódico Universal de las Naciones Unidas Foto: Champagnat
El segundo documento utilizado en el EPU es la información reunida por el Grupo de Trabajo en las propias entidades de Naciones Unidas. Lo presenta la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.
Se arranca con la petición al gobierno cubano de que ratifique los pactos internacionales pendientes y sus protocolos facultativos. La Convención contra la Tortura sí fue ratificada por Cuba, pero se recomienda que ratifique también el protocolo correspondiente para que pueda crearse, vencido este paso, «un sistema de visitas periódicas sin notificación previa».
Con eso mismo propósito, el de verificar la situación de los derechos humanos en el terreno, la Oficina del Alto Comisionado convidó a Cuba en 2018 a cursar una invitación permanente a los relatores independientes de Naciones Unidas y darles acceso pleno al país.
La Constitución de 2019 también es elogiada en el informe, en particular porque la carta magna «incorpora por primera vez la categoría de “derechos humanos”». Sin embargo, una vez más se le solicita a Cuba que cree una institución nacional de derechos humanos. El gobierno no ha declarado tener nada previsto en ese sentido.
El Comité contra la Tortura fue una de las instancias de Naciones Unidas más presentes en el informe. Recomendó por las claras a Cuba «que pusiera término a las prácticas coercitivas en los interrogatorios, como las agresiones, la incomunicación prolongada, el aislamiento, la exposición a cambios bruscos de temperatura y las amenazas».
El Comité también se manifestó preocupado por «el uso prolongado de la prisión provisional», sobre todo en el caso de personas procesadas por razones políticas. Las protestas del 11 de julio de 2021 fueron otro motivo de preocupación para este organismo.
A esa declaración se unió la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, quien pidió «la liberación de todas las personas detenidas por ejercer sus derechos a la libertad de reunión pacífica o a la libertad de opinión y de expresión».
El Comité contra la Tortura lamentó asimismo que el delito de «peligrosidad predelictiva» se mantuviera vigente. Debe destacarse que el documento maneja información desactualizada. La aludida figura jurídica realmente desapareció con el nuevo Código Penal aprobado en septiembre 2022. El señalamiento, aunque toma lugar en el presente año, se hace sobre la base de otro informe emitido por el Comité cuya fecha data de junio de 2022, tres meses antes de la renovación del instrumento legal cubano, por tanto, los artículos sobre los que basa su afirmación están en el antiguo Código Penal de 1987.
En adición, la situación de los defensores de derechos humanos, que reportan agresiones y represalias, fue otra de las preocupaciones resaltadas. Ha sido un tema recurrente en todas las ocasiones que Cuba ha sido evaluada. Sobre esto, no hay cambios significativos en la legislación de la Isla.
En otro aspecto, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, con una línea semejante a la de los informes del Comité de los Derechos del Niño y a la de la experta independiente sobre derechos humanos y solidaridad internacional, resaltó que «a pesar del bloqueo económico comercial y financiero, Cuba hubiera logrado establecer un sistema universal de educación y de salud».
«El Comité de los Derechos del Niño y el equipo de las Naciones Unidas en el país observaron los efectos negativos que tenía el bloqueo impuesto a Cuba por los Estados Unidos de América sobre la protección de los derechos humanos», dice el documento.
El discurso de «las partes interesadas»
Cuba en las Naciones Unidas durante el Examen Periódico Universal / Foto: Prensa Latina
Organizaciones internacionales o locales, incluso de la sociedad civil, aportan el tercer informe que usa el EPU. Se titula «Resumen de las comunicaciones de las partes interesadas sobre Cuba».
Las partes que simpatizan con el gobierno cubano o integran la sociedad civil autorizada legalmente en Cuba —que tiene un carácter semioficial en la gran mayoría de los casos— por lo general realizan recomendaciones leves encaminadas a profundizar algún derecho ya garantizado.
Por el contrario, otras agrupaciones asociadas a la oposición —que sigue sin tener vías legales para formalizarse en Cuba— tienden a ser muy críticas con señalamientos encaminados precisamente a su falta de garantías para operar con seguridad y participar en la política dentro del país.
Activistas opositores cubanos en Ginebra durante el escrutinio del EPU / Foto: Diario de Cuba
El resto son organizaciones internacionales con perspectivas independientes y su enfoque varía en dependencia de su objeto social o afiliación ideológica.
Este registro, compilado por el Grupo de Trabajo del Consejo de Derechos Humanos, insistió en que Cuba debe ratificar los tratados antes mencionados. La Sociedad Cubana de Derecho Internacional recomendó que «se determinara claramente la jerarquía de los tratados internacionales con respecto al derecho interno». Esto último parece ser la razón principal del Estado para no ratificar los pactos ni firmar los protocolos facultativos.
A diferencia del informe presentado por el gobierno, este es bien diverso. Incluyó tanto los comentarios elogiosos como los señalamientos problemáticos.
Después de aplaudir la carta magna de 2019, el resumen manifiesta preocupación, a partir de las valoraciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), «por el hecho de que la nueva Constitución volviera a consagrar un sistema de partido único, ampliara la lista de delitos punibles con la pena de muerte y mantuviera la unidad de poderes».
Sobre las protestas del 11 de julio de 2021, que nunca fueron mencionadas en la comunicación nacional, se atuvo también a las noticias aportadas por la CIDH con evidencias de «graves violaciones». La CIDH es la emisora de numerosas informaciones que ocupan un papel central en el extracto. No obstante, el Estado cubano no reconoce a la competencia de la CIDH para resolver problemas en la Isla, pues dicho organismo está subordinado a la Organización de Estados Americanos (OEA) a la cual Cuba no pertenece, primero porque fue expulsada hace décadas y recientemente por voluntad de su gobierno que prefiere mantenerse fuera.
En contraste, tanto las asociaciones de solidaridad con Cuba como las organizaciones nacionales, como generalidad, enviaron comentarios sobre temas nada polémicos. Un caso que rompe la norma fue la sugerencia de la Asociación Cubana de Producción Animal a que se «continuara trabajando para que las organizaciones de la sociedad civil tengan mayor participación en la formulación y aprobación de leyes y decretos leyes».
Representantes de la sociedad civil cubana legalmente reconocida en Ginebra durante una actividad colateral al EPU
Numerosas comunicaciones, dice la relatoría, elogiaron que Cuba garantice el acceso de toda la ciudadanía a la atención de salud. La respuesta del gobierno a la epidemia de Covid-19 también fue aplaudida por varias organizaciones. La salud entendida como un derecho humano ha sido uno de los caballos de batalla de la Isla en este EPU, lo mismo que en los anteriores.
¿Qué significa realmente el EPU de derechos humanos para Cuba?
Imagen: Clate
El Examen Periódico Universal provocó distintas reacciones en la prensa cubana, según la filiación de cada periódico o agencia de noticias que reseñó el evento.
Las declaraciones de algunos activistas políticos indicaban que se disputaba una escaramuza importante en Ginebra. No lo parece, entre otras razones, porque el EPU es posiblemente el único mecanismo universal que pone a los países, sin excusa, ante el cuestionamiento de todos los demás. En este cuarto ciclo, el examen se siente más como una rutina que como una pelea decisiva.
Cuba, en este caso, ya ha venido trabajando sobre observaciones anteriores y tuvo avances que mostrar, lo mismo nuevas leyes, algunas tan avanzadas y exhaustivas como el Código de las Familias, que políticas diseñadas por las autoridades para resolver deudas sociales.
Podrían pensar los que no están familiarizados con la documentación del EPU que el bloqueo, entendido como violación de derechos humanos, es un recurso retórico exclusivo del gobierno cubano. La revisión de los informes derrumba ese prejuicio. Las entidades de Naciones Unidas manejan precisamente el término de bloqueo para referirse a las sanciones de Estados Unidos.
En varios pasajes del preparado por la Oficina del Alto Comisionado, las organizaciones asumen que el bloqueo es un obstáculo significativo para que los cubanos puedan ejercer sus derechos. El ejemplo de la epidemia de Covid-19 es uno de los más indiscutibles. Cualquiera que revise esa emisión en particular, confirmará que el consenso internacional sobre el bloqueo no es un mito.
En esta edición del examen, el Estado cubano debió responder a un desafío que no tuvo en las anteriores: las protestas del 11 de julio de 2021 y las violaciones de derechos humanos que se cometieron en ese contexto.
Las recomendaciones de liberar a quienes están presos por razones estrictamente políticas, sin haber cometido delitos comunes, o revisar las condenas de quienes cometieron actos delictivos menores a los cargos imputados, significan una presión sobre el gobierno cubano. Sin embargo, este no fue el plato fuerte de los informes.
Naciones Unidas es un universo burocrático. En la documentación generada por el EPU, conviven las observaciones intrascendentes junto a los problemas que nuestro país debería resolver con urgencia.
¿Salió el gobierno cubano victorioso el gobierno cubano del examen? ¿Salió derrotado? Analizarlo en estos términos sería involucrarnos en el juego fatigoso de la polaridad. Como en ocasiones anteriores, salió con recomendaciones. La más recurrente, la más antigua, ratificar el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
Por ese camino, si el Estado cubano aceptara algún día esa recomendación, tal vez podríamos dejar de tener presos políticos. Hay que aceptar que no lo resolvimos en este cuarto ciclo del EPU y que tampoco lo resolveremos en el quinto ciclo, que está a la vista.
La burocracia va lenta en Ginebra y en La Habana. La gente es quien no puede esperar. Ni los que están presos ni los que viven trabajosamente bajo la violencia de ese bloqueo que también está presente en los informes. El EPU no tiene una respuesta inmediata, el gobierno cubano tampoco. El examen del organismo multilateral sólo diagnostica y señala los derechos humanos conseguidos y los pendientes, toca a la ciudadanía y al gobierno que le debe su mandato exigirlos y hacerlos cumplir.
La victoria electoral de Javier Milei por un margen tan amplio como de 11 puntos significa un giro a la extrema derecha de la política argentina. Significa asimismo un fracaso del gobierno de Alberto Fernández y de la coalición peronista que se formó hace cuatro años alrededor de su figura y de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Aunque en esta ocasión la victoria fue amplia, no se puede asumir como un apoyo popular a las posiciones radicales pro liberalismo «puro y duro» del candidato de «La Libertad Avanza». En los últimos días de la campaña electoral recibió el apoyo de las fuerzas de otra derecha, menos radical, representada por el ex Presidente Mauricio Macri, derrotado por Fernández hace cuatro años.
La derrota de la coalición peronista-radical era fácilmente predecible en un país con más del 140% de inflación y crecientes cotas de pobreza y de inseguridad. Sin embargo, de alguna manera es sorprendente que Sergio Massa, el candidato de esa coalición, haya ganado en primera vuelta a pesar de ser el ministro de economía del gobierno que carga la culpa de toda esta situación y que, en segunda vuelta, haya obtenido el 44%.
Ello es muestra de la fortaleza tradicional del peronismo, además del temor que causa Milei, y permite prever la reconstrucción de una posible nueva coalición de ese signo en el medio plazo, como ha sucedido antes.
Milei no cuenta con suficiente apoyo en el Congreso para llevar a cabo su programa radical de reforma que, además, inevitablemente afectará a muchos de los que lo votaron.
Finalmente, la victoria de Milei tendrá repercusiones negativas en toda América Latina y el Caribe, donde se estaba creando y fortaleciendo una alianza de gobiernos de izquierda encabezado por los presidentes Lula y Petro. El nuevo presidente argentino se inscribe claramente en una especie de Internacional de las Derechas que se formó inicialmente alrededor de Donald Trump cuando fue presidente de Estados Unidos. De ahí la alegría con la que el futuro candidato a la Casa Blanca por el Partido Republicano norteamericano acogió la noticia.
Fue noticia esta semana que Cuba sigue enfrentando un gran desafío para garantizar la «canasta familiar normada» a todos los hogares del país en medio de la crisis económica.
A partir de una intervención del viceministro primero del Ministerio de Comercio Interior (Mincin) Yosvani Pupo Otero en el programa televisivo Mesa Redonda, toda la prensa oficial advirtió que los productos básicos racionados se repartirán de manera «fraccionada», a pesar de que este sistema de distribución tiene cuotas fijas desde que fuera establecido en fecha tan lejana como 1962.
El viceministro dijo que se trata de «una situación atípica» y dejó claro que se prolongará durante los próximos meses, a pesar de la colaboración del gobierno con donantes extranjeros y el apoyo del Programa Mundial de Alimentos.
Esto significa que la célebre «libreta de abastecimiento», asumida desde hace años como un símbolo de escasez más que de distribución equitativa, ha sido una de las víctimas más sensibles de la actual crisis económica.
La muerte de esta cartilla de racionamiento, que ha sido debatida en otros tiempos, no está en discusión ahora. Simplemente no hay productos suficientes para garantizar los mínimos acordados en el plazo establecido.
Opinamos que la libreta sigue siendo un recurso útil, pero que no debería ser una opción universal. Por razones objetivas, las subvenciones de este tipo se enfocan en los grupos vulnerables.
Es probable que el racionamiento sea más eficiente si se limita a proteger a los grupos que más lo necesiten, en vez de funcionar como un sistema paralelo al mercado que no tiene la menor sustentabilidad en su dimensión actual, pues al final no logra cubrir la alimentación básica de ningún ciudadano.
No obstante, para lograr el éxito de esta transición habría que disponer también en el mercado de un abastecimiento elemental de aquellos productos básicos —como el arroz, el azúcar, la sal…— aunque no sea a precios subsidiados.
Regresa la carne rusa, pero en MLC
Y es noticia que la inversión extranjera, tan reclamada por unos y rechazada por otros, llega al comercio minorista.
Este 16 de noviembre se firmó un contrato entre la empresa italiana Italsav y la cubana Tiendas Caribe para operar, a partir de 2024, el centro comercial Variedades Galiano Casalinda, ubicado en el corazón de la capital cubana. La prensa oficial señaló que es el primer convenio de este tipo que se concreta en el país.
Al comienzo de sus operaciones, la nueva tienda de administración extranjera ofrecerá un servicio online para comprar en Cuba desde el extranjero. En la siguiente fase, cuando ya esté abierto el centro comercial, venderá en moneda libremente convertible (MLC).
Pocos días antes, el pasado 11 de noviembre, la empresa RusMarket reveló que se está preparando para abrir una tienda productos rusos en Cuba.
La futura irrupción en el mercado minorista cubano de una empresa rusa ya había sido revelada en abril de este mismo año por Boris Titov, el presidente del Consejo Empresarial Rusia-Cuba.
En ese momento, el funcionario dijo que la casa comercial rusa debería ser «un importador mayorista único». Y afirmó algo más revelador: RusMarket, que tiene participación cubana con la empresa Cimex, fijaría «independientemente» los precios de los productos en el mercado minorista.
Esto significa que, con tal de atraer la inversión, el gobierno está dispuesto a renunciar a privilegios comerciales que habían tenido hasta el momento sólo las empresas estatales.
Nuestra opinión es que estos proyectos de carácter importador y estrictamente comercial, no tendrán un papel significativo en la estrategia para remontar la crisis de la economía cubana, pero sí contribuirán a dinamizar actividades que hasta el momento estaban totalmente desempeñadas por un solo actor.
Que las empresas del Estado tengan competencia y que, además, esos competidores tengan autonomía para diseñar su aspiración de rentabilidad, sin excesivas intervenciones, abrirá un nuevo capítulo en el ámbito comercial cubano.
Es obvio que —a diferencia de los viejos mercados con productos rusos— en ambos casos se trata de empresas capitalistas, que buscan insertarse en una Cuba que en las condiciones actuales aceptará casi cualquier forma de inversión extranjera.
El público meta de estas nuevas tiendas serán los empresarios cubanos y un sector de la población —no mayoritario— con acceso a divisas. Una clase trabajadora descapitalizada, como la cubana, no es un mercado aceptable para estas empresas que prueban fortuna en la Isla. ¿Lo será algún día?
¿Se celebró o no, el cumpleaños de La Habana?
La noticia es que también este 16 de noviembre que la ciudad de La Habana celebró su aniversario 504. La noticia, de valor principalmente cultural, provocó reacciones encontradas en la prensa y en las redes sociales que exponen, una vez más, los extremos de la politización acerca de casi cualquier asunto relacionado con Cuba.
La prensa oficial y los partidarios del gobierno resaltaron la belleza de la ciudad y su significado para nación. La agencia Prensa Latina afirmó, sin ofrecer detalles, que La Habana llegó a este cumpleaños «inmersa en un proceso de restauración de numerosos centros y una amplia realización de actividades».
La Agencia Cubana de Noticias se refirió a las obras realizadas en el parque de Jústiz, próximo a la Avenida del Puerto, convertido ahora en «un sitio multifuncional» ajardinado, y a la entrega de viviendas rehabilitadas para familias que residían en hogares de tránsito. Según la nota, fueron entregados 24 apartamentos, ubicados en edificios de valor patrimonial.
Mientras tanto, la prensa no estatal y numerosos perfiles de opositores en redes sociales señalaron la crisis urbana en que sobrevive la capital cubana, donde se reportan derrumbes frecuentemente. Diario de Cuba, un periódico opositor que tiene su redacción en España, dijo que La Habana vivía la conmemoración «sin festejos».
Esto significa que la polarización política que afecta los debates en Cuba ha llegado tan lejos que se publican versiones totalmente contrarias del mismo evento, en este caso una conmemoración histórica.
Este incidente deja muchas preguntas. ¿Quién dice la verdad? ¿Ambos dicen una parte de la verdad? Y finalmente, ¿cómo escapar de este círculo vicioso?
Nuestra opiniónes que hay que desconfiar de cualquier relato que carezca de matices. Una versión demasiado elogiosa o, por el contrario, en exceso pesimista, de seguro estará omitiendo datos significativos en particular si se trata de un contexto tan paradójico como el cubano.
Otra pista para detectar los sesgos es la cantidad de información que ofrezca cada una de las partes. Si predomina la opinión tendenciosa en un determinado texto, es muy probable que nos estén instrumentalizando, si no hay una parte del discurso basada en hechos verificables.
La caravana que no pudo salir
Por último fue noticia que una caravana LGBTIQ que pensaba llegar a varias provincias, fue suspendida. ¿La razón? El «mal funcionamiento» del sistema de instituciones comunitarias del Ministerio de Cultura.
Así lo informó el activista LGBTIQ Yoelkis Torres Tápanes, coordinador del proyecto sociocultural Afroatenas, con sede en Matanzas. Según el comunicado, pensaban efectuar talleres de formación de activistas, encuentros con la ciudadanía y «acciones culturales de impacto en las comunidades».
La caravana, además del apoyo oficial, que finalmente no se concretó, también contaba con la colaboración del gobierno de Canadá.
Torres insistió que la caravana estaba bien coordinada y contaba con la aprobación de las autoridades de Cultura. Sin embargo, terminó suspendida aparentemente por falta de coordinación en las Casas de Cultura implicadas en el proyecto.
Esto podría significar, teniendo en cuanta la poca información disponible, que muchas instituciones, en este caso el Ministerio de Cultura, no tienen una conciencia exacta de lo urgente que sigue siendo la promoción de los derechos LGBTIQ.
Opinamos que, a pesar de la entrada en vigor del Código de las Familias en 2022 y de la aprobación de otras normas que protegen a las personas LGBTIQ de la discriminación, siguen pendientes de solución varios problemas relacionados con la identidad de género y la orientación sexual en determinados sectores e instituciones, así como la educación ciudadana sobre estas problemáticas.
En el momento en que se suspendió la caravana, todavía está bien reciente el ataque transfóbico contra Roxana Suárez, ocurrido el 4 de noviembre en la misma provincia de Matanzas.
Por otro lado, grupos religiosos fundamentalistas siguen promoviendo la exclusión de las agendas a favor de los derechos LGBTIQ de en el discurso y las políticas públicas. Incluso han logrado, a base de presión, que suspendiera hasta hoy la ejecución de un programa integral de educación sexual en las escuelas del país.
Con estos hechos a la vista, la caravana suspendida parece muy necesaria. Esperamos las instituciones «se coordinen» que puedan realizarla en algún momento. ¡Mucha suerte para el activismo de Matanzas!
Acostumbrados como estábamos a un humor de estirpe costumbrista, arraigado en la tradición del vernáculo y la picaresca, o bien con masivas dosis de sátira política, no es de extrañar que cuando, allá por los años ochenta, irrumpió en los hogares cubanos la sitcomMan about the house (Un hombre en casa), el humor que rezumaba no satisfizo el paladar de todos. A fuer de justos, había otras razones además de las diferencias entre el ingenio británico y el latino: para empezar, la realidad que reflejaba la serie nos era esencialmente ajena.
Man about the house, producida por Thames Television (con la célebre fanfarria y logo corporativo a que nos habituaron esta y otras series como The Benny Hill Show) se exhibió en su país de origen entre 1973 y 1976, y la acción era más o menos contemporánea; es decir, se desarrollaba en esa misma Inglaterra marcada por la estética pop y la (contra)cultura hippie emergidas durante la década precedente, y todavía enfrentada al conservadurismo y la hostilidad con que el sistema social había visto a los Beatles, los Stones y las minifaldas. Un hombre y dos mujeres comparten piso en un Londres efervescente y a un tiempo adormilado, el Londres en que los humoristas de Monty Python se venían cebando con su extraordinario Flying Circus (y contra cuyas ínfulas los Sex Pistols, por la misma época, también enunciaron un par de objeciones).
¿Recuerdan a los personajes? Él, Robin Tripp (Richard O´Sullivan), estudiante de cocina de gustos refinados pero siempre con el dinero justo; ellas, Chrissy (Paula Wilcox) y la rubia Jo (Sally Thomsett), enfocada la primera, desvaída la segunda. Robin flirteaba sin descanso con Chrissy, a quien no le desagradaban las atenciones y movidas del galán pero tampoco lo dejaba avanzar mucho; Jo era la peor cocinera concebible, lo que suscitaba el resignado sarcasmo de Robin. Por si fuera poco, tenían de caseros a George Roper (Brian Murphy), un hombrecillo tan poco solidario como desmañado, y a su esposa Mildred (Yootha Joyce), poco agraciada, cordial y sexualmente insatisfecha. Para sortear los atávicos prejuicios del señor Roper, tienen que decir que Robin es gay…
Mildred se queja de su patética vida sexual. George responde: Esto no fue siempre así, Mildred. ¿Recuerdas cuando nos casamos? En esa época, jeje, hacíamos cosas… casi todos los meses…
Mucha gente recuerda con más simpatía el humor básico de Benny Hill (centrado en equívocos eróticos con mujeres ligeras de ropa, cosificadas, y en cocotazos a un viejo calvo) que la elegancia con que se construían cada capítulo y cada temporada con las peripecias de Robin y su pandilla. En Un hombre en casa, las muchachas no aparecían como animalitos tontos sin otro objetivo que la caza de un marido adinerado y la consecuente felicidad doméstica, los hombres no eran necesariamente guapos ni triunfadores ni lo controlaban todo, solo creían hacerlo; la sátira social era evidente, y el ingenio de los diálogos, en mi opinión, no haría sonrojar al Oscar Wilde de The importance of being Earnest. En cambio, no se necesita mucha inteligencia para reírse cuando en la calle alguien tropieza y se cae.
Para la Cuba de los ochenta, el fresco social que presentaba Man… era absolutamente exótico: hombres y mujeres jóvenes conviviendo sin mantener relaciones íntimas, el alquiler de un piso como mecanismo habitual para encontrar sitio, recogida de firmas para presentar una queja al Ayuntamiento, comprar discos de grupos de rock e incluso ir a verlos en vivo… Por otra parte, aunque los enredos y peripecias en cada episodio eran comprensibles en conjunto, ciertas referencias y los continuos rejuegos idiomáticos con que se expresaban los personajes (doblados al español) dejaban perdido a más de un espectador, que tenía que volverse hacia el familiar más cercano y preguntar «¿qué fue lo que dijo, chico?» Con todo, fue muy popular. Y después de emitida la sitcom de marras, algunas series cubanas del género empezaron a acusar préstamos evidentes, aunque no siempre bien digeridos (Si no fuera por mamá, Tito el taxista)…
Considerada en la actualidad un clásico entre las comedias televisivas de situaciones, Man about the house, junto a las obras de Monty Python, Woody Allen, Tricicle y Les Luthiers devino material de estudio para los humoristas que empezamos a trabajar en esa década y que incorporamos esos modelos en mayor o menor medida: sin rechazar ni mucho menos la tradición criolla, abrimos los ojos a otros derroteros, otras fórmulas para construir una historia humorística verosímil, con personajes de carne y hueso. Y no solo resultó trascendente para nosotros: en todo el mundo su éxito fue tal que luego vinieron los spin-off, George & Mildred (o Los Roper, 1976), con la familia Fourmile, sus inolvidables vecinos, y Robin´s nest (El nido de Robin, 1977) donde el suyo era el único personaje original que se mantenía. Incluso hubo un par de largometrajes para cine: el primero, que conservaba el título de la sitcom, dirigido por John Robins en 1974, esto es, en pleno pico de popularidad de la serie, y George & Mildred (1980) de Peter Frazer-Jones.
Aquí va una confesión: yo, como Robin pero todavía con menos posibilidades, estaba enamorado de Chrissy, hasta el punto de que cada vez que en mis cuentos y novelas aparece una mujer extranjera, suele llamarse así. Hace un tiempo me puse a buscar información sobre los actores. Resulta que tanto O´Sullivan como la Thomsett se retiraron de la actuación, ella antes de finalizar los setenta, él a comienzos de los noventa. Paula Wilcox siguió en la interpretación, aunque con poco éxito. Yootha Joyce murió en 1980, poco después de concluido el rodaje de la película. Increíblemente, Brian Murphy, el bueno de George Roper, sigue vivo al día de hoy, a la friolera de 91 años…
Un amigo de Robin conduce su coche a toda prisa, con aquel y las chicas en calidad de pasajeros aterrados. Alguien suplica que se detenga y los deje bajarse. Chrissy replica: ¡No! Dentro del coche es el único sitio en que estamos seguros de que no puede atropellarnos…
La primera mala experiencia que involucraba al Coppelia ocurrió en el entorno de mis 10 años. El más añorado anhelo era mi primera salida al Vedado solo. Cuando digo solo, me refiero a sin adultos, porque éramos un grupo de cuatro o cinco jovenzuelos coetáneos unidos por la misma causa. Mi mamá accedió a regañadientes después de mucho insistirle y prometerle cautela y moderación. «Tienes que confiar en mí» fue el slogan de la campaña.
Recuerdo como si fuera ayer que conversábamos distendidamente en la acera opuesta a la parada de la ruta 174, y cuando la vimos doblar toda la moderación prometida se escurrió de pronto en una carrera desenfrenada para cruzar la calle. Carro que frena de pronto con el consabido chillido de gomas, miradas de todos los transeúntes, y gritos de mi mamá que salía de su escondite detrás de unos arbustos: «¿Ves cómo no puedo confiar en ti?»
Claro, el Coppelia solamente era el destino. No tuvo la culpa de que se retrasara seis meses mi primera salida solo, ni de que durante mes y medio mis amigos me cambiaran provisionalmente el apodo de «Pumpy» de toda la vida, al más largo y menos gracioso de «Viste cómo no puedo confiar en ti».
Yo sé que para mucha gente Coppelia es un templo que funciona como un ancla a entrañables vivencias. Mis cinco años de carrera en la Colina y casi el doble como profesor, me hacen testigo fidedigno de tales añoranzas. Yo mismo tengo muchísimos buenos recuerdos, pero en mi caso, logro segregar afectos y si bien atesoro momentos pasados, no añoro el lugar como tal.
A cada rato regresa a las redes una foto de un menú de Coppelia en su «prime». Impacta, incluso para quien como yo, pudo chocar hace muchos años con una calidad de producto que nada tenía que envidiar a otros helados que he probado allende los mares. Alguna vez llegué a escuchar, aunque no sé si sea mito o realidad, que en algún momento se decidió bajarle parámetros de calidad al helado Coppelia, pues era «tan bueno que no daba negocio». Eso fue cambiando e incluso muchos años antes de esta debacle actual, ya se hacía popular la broma: «Si quieres tomar helado Varadero ve a Coppelia, pero si quieres tomar helado Coppelia, tienes que ir a Varadero».
En los últimos años la heladería se ha hecho notar fundamentalmente por eventos desafortunados: una riña tumultuaria inmortalizada en un video casero, unos precios desorbitantes protestados y modificados, un reciente video dando fe de total desabastecimiento… Yo no me descorazono, porque nunca me ilusionó el lugar. Siempre me parecieron lamentables las condiciones en que se comía allí. Sillas incómodas, agua caliente, platos y cubiertos propios de un campamento militar, y el perpetuo estado de alerta para evitar que te dieran bolas incompletas. La cereza del pastel era tener que adaptarse a la medida que te hacía coincidir a veces en las mesas con totales desconocidos, convirtiendo un posible momento feliz en una hora de introspección.
Mi modus vivendi se basa en extraer humor de donde pueda ser cosechado, y Coppelia no es una excepción. Una vez un señor como de 70 años resbaló bajando el tramo final de la escalera de la torre, de manera que fue dando culazos en los últimos cuatro escalones. Se hizo un silencio tremendo entre los presentes que esperábamos para subir. Todos estábamos muy preocupados, fue como si se detuviera el tiempo. El señor se levantó despacio, se sacudió, miró a la gente y dijo: «La madre pal que se ría». Ahí empezaron las carcajadas.
Mi hermano fue con unos amigos un día cercano a una reapertura y había bastantes sabores. En el grupo estaba una muchacha alemana y el objetivo era que probara los helados de frutas. En la carta aparecían guayaba, naranja piña, mango, chocolate, mantecado, vainilla y tiramisú. La cola era muy larga pero decidieron quedarse: todo por los helados de frutas y la alemana. A los veinte minutos de cola vino un empleado y quitó el cartel del mango. Intercambio de miradas de los cubanos.
—Bueno, de todas formas el mango es el que menos me gusta de los helados de frutas —dijo la alemana.
A los veinte minutos quitaron el chocolate. Intercambio de miradas.
—El chocolate no me interesa, y el que menos el tiramisú, nunca me ha gustado. En realidad, lo que me hace la boca agua es el sabor naranja piña
La cola caminaba lentamente. Vino el empleado y se llevó el cartel de la guayaba. Intercambio de miradas.
—Esperemos que haya bastante naranja piña —dijo la alemana.
Cuando lograron sentarse, ya se había acabado todo menos la naranja piña y el tiramisú. Pidieron todos tiramisú menos la alemana, que pidió naranja piña. El dependiente vino con varios pozuelos de puro tiramisú y dijo:
—Mira, se acaba de terminar la naranja piña, así que te traje tus dos ensaladas de tiramisú.
En medio del intercambio de miradas y las caras largas, la alemana, por pena, empezó a comer. Reinaba un silencio fúnebre. Parecían soldados comiendo en una trinchera, hasta que alguien habló:
—Oye, qué pena, qué casualidad que se haya acabado todo menos el tiramisú, que no te gusta.
Y la alemana dijo con una expresión de deleite:
—No, qué va, esto está riquísimo, yo no sé lo que es, pero esto no es tiramisú.
Ojalá el Coppelia mejorara. Ojalá cambiaran todas las cosas que deberían cambiar. A estas alturas, o bajuras, para ser más precisos, no le escucho ni la segunda palabra de arengas, consignas, promesas o discursos a nadie que venga a prometer prosperidad venidera. ¿Para qué? ¿Para tener que decirle después como me dijo mi mamá aquella vez? ¿Ves cómo no puedo confiar en ti?