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Mike Hammer entre la diplomacia y la provocación

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A fines del 2024, poco antes de concluir su mandato, el secretario de Estado de Joe Biden, Antony Blinken, anunció el nombramiento de un nuevo Encargado de Negocios en Cuba. El designado resultó ser Mike Hammer, quien servía a esa propia administración como Enviado Especial para el Cuerno de África desde junio del 2022.

Hammer es un veterano del Servicio Exterior norteamericano, al cual ingresó en 1988 después de estudiar la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Americana de Washington. En el transcurso de su carrera también concluyó Maestrías en Diplomacia por la Universidad de Tufts y en Seguridad Nacional por el Colegio de Defensa Nacional.

En los últimos 15 años Hammer ha ocupado posiciones clave en los primeros planos de la diplomacia estadounidense. Desde 2009, tres presidentes (Barack Obama, Donald Trump y Joseph Biden) lo han nombrado para plazas de confianza en el Departamento de Estado, la Casa Blanca y el Servicio Exterior. Sucesivamente ha sido designado vocero del Consejo Nacional de Seguridad en el 2009, subsecretario de Estado para Asuntos Públicos en el 2011, embajador en Chile en el 2014, embajador en la República Democrática del Congo en el 2018 y, finalmente como ya se dijo, Enviado Especial para el Cuerno de África en el 2022.

Experiencia diplomática no le falta. Tampoco carece de capacidad de adaptación a los requerimientos de cada nueva administración, como lo demuestra haber servido a tres presidentes tan disímiles.

Pero lo que sí ha llamado la atención desde su llegada a Cuba el 14 de noviembre del 2024 ha sido una intensa campaña publicitaria alrededor de cada entrevista o encuentro con ciudadanos cubanos, rayana con el proselitismo y no exenta de altas dosis de petulancia, acercándose a personas que por lo general son críticos y/o opositores del gobierno. Este jefe de la misión diplomática norteamericana ha establecido nuevos precedentes en su excesiva divulgación de sus andanzas por Cuba.

No pasa una semana sin que las cuentas en redes sociales de la Embajada reflejen en sus muros alguna iniciativa del vigoroso y por momentos insufrible diplomático. Y lo hace con bombos y platillos. Su presencia en Facebook, X, Instagram y otras es difícil de ignorar.

Pero no se debe olvidar que Hammer representa a un poderosísimo gobierno que recientemente anunció una nueva Directiva Presidencial en que se reitera una política de «cambio de régimen» hacia Cuba, con medidas coercitivas aún más fuertes. Por eso tal actividad tiene que llamar la atención, y no precisamente de manera positiva.

Sin duda, hay preguntas que hacer.

Sus acciones tienen por lo general características similares:

  • En casi todas ellas el enviado insiste en que la guerra económica que Estados Unidos lleva a cabo contra los cubanos desde hace más de 60 años está diseñada para ayudarnos y apoyarnos y no para «fomentar el hambre y la desesperación», como se afirma en el bien conocido Memorándum Mallory de abril de 1960.
  • Se ha ufanado en que las medidas coercitivas unilaterales que Estados Unidos le ha impuesto a Cuba, declaradas ilegales anualmente desde 1992 por la Asamblea General de la ONU, no solo no se van a derogar, sino por el contrario se van a endurecer.
  • Ha declarado abiertamente que a Estados Unidos no le interesa negociar nada con el gobierno cubano ni siquiera en el terreno migratorio.
  • Proclama su convicción de que más temprano que tarde el gobierno que representa logrará su viejo objetivo de derrocar al gobierno de La Habana y de revertir la Revolución Cubana, y que para lograrlo, de manera perversa, seguirá haciendo más difícil de lo que es ya la vida de los cubanos.
  • No se esconde para afirmar que según su opinión el gobierno cubano es ilegítimo y Estados Unidos obligará a sus miembros a rendirse incondicionalmente y a abandonar el país. Ni el secretario de estado Marco Rubio, ni altos funcionarios del Departamento de Estado ni el propio Mike Hammer pierden ocasión para reiterarlo una y otra vez.
  • En su opinión la Revolución Cubana ha fracasado.
  • Según Hammer, la mayor parte de los cubanos con los que se encuentra coincide con estas opiniones y agradece su actitud y la de su gobierno.

Es ostensible, y yo diría que ostentosa, su pretensión de convertirse en una constante presencia en las calles. Se ha grabado a Hammer enviando un mensaje a la ciudadanía mientras camina por la Habana Vieja. Se ha montado en la lanchita de Regla, después de pavonearse por el muelle recientemente construido por la Oficina del Historiador.

Hammer y el ABC de la diplomacia

Sus actividades no se han limitado a La Habana ni a su entorno inmediato. No ha faltado una visita a la Playa de Varadero, al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, al cementerio de Santa Ifigenia o a los monumentos históricos de la batalla en la Loma de San Juan en el Municipio de El Caney en Santiago de Cuba. Todas prominentemente publicitadas en las redes sociales.

Hammer parece aspirar a convertirse en una especie de «Flautista de Hamelin».

En esta campaña acuciosamente planeada, solo ha habido dos excepciones. En las oportunidades en que el encargado de negocios se ha publicitado sosteniendo reuniones con otros jefes de misión diplomática o con autoridades eclesiásticas, sí ha actuado con la usual discreción que caracterizan los contactos de cualquier diplomático verdaderamente profesional que acaba de asumir una nueva misión. En estos raros casos se ha abstenido de hablar de la misma forma que lo ha hecho cuando ha querido reportar sus contactos con lo que condescendientemente llama «cubanos de a pie».

El señor Hammer tampoco ha publicado en las páginas de la Embajada el contenido de sus conversaciones con funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores. Sabemos, según ha revelado el MINREX, que se le ha convocado al menos en tres ocasiones para llamarle la atención sobre esta actividad proselitista.

No hay referencia a ninguna otra reunión con autoridad oficial alguna, ni siquiera para visitar el Parque Nacional de las Lomas de San Juan y del Caney en Santiago de Cuba o el Cementerio de Santa Ifigenia.

Tengamos en cuenta que en condiciones normales, el ceremonial diplomático y el protocolo aconsejan que un jefe de misión debe contactar a las autoridades locales cuando va a visitar una provincia o municipio. Es una cuestión de elemental cortesía, a no ser que se quiera desafiarlas abiertamente y enfatizar que no se les reconoce. Es como si un visitante visitara una casa de alguien que no conoce y comenzara por el jardín y ni se molestara en avisarle a los inquilinos.

Hay al menos un caso que conozco personalmente en que solicitó una reunión con un grupo de economistas cubanos quienes rechazaron, en términos firmes y enérgicos, su principal argumento sobre que la política hacia Cuba tenía el propósito de «ayudar al pueblo cubano». Para esos casos, la locuacidad del Encargado de Negocios ha brillado por su ausencia.

Los que llevamos tiempo siguiendo las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, ya sea cumpliendo funciones en el MINREX o como especialistas académicos sobre el tema, no recordamos un caso semejante desde la estancia de James Cason en La Habana como jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos entre el 2002 y el 2005. Era en el mandato de George W. Bush.

Entre paréntesis, si es cierto que a Hammer le interesa escuchar lo que los cubanos pensamos, estoy dispuesto a darle personalmente mis opiniones y criterios. Pero no en un entorno controlado por su equipo de propaganda. Lo desafío a tener un debate público en vivo.

Un tema que el señor Hammer evade olímpicamente y que forma parte central de la política hacia Cuba es el de la decisión del Departamento de Estado de incluir al cubano en la lista de estados promotores del terrorismo, un asunto sobre el cual no hay la más mínima evidencia y que también muchos gobiernos repudian y han exigido su rectificación. El señor Hammer debe conocer bien el tema pues ya era un alto funcionario del Departamento de Estado en el 2015, cuando Cuba fue retirada de esa lista por primera vez durante la administración Obama.

Como se sabe, la primera administración Trump la volvió a incluir a una semana del cese de su mandato en el 2021; la administración Biden la retiró 48 horas antes de concluir su mandato a principios de 2025; y la segunda administración Trump la restituyó apenas asumió 48 horas después.

Sería interesante que el encargado de Negocios respondiera una pregunta lógica: a qué se debe ese «cambia cambia». Él debe saber. Después de todo, quien lo nombró en Cuba fue el secretario de Estado Antony Blinken, el mismo que retiró a Cuba de la lista otra vez en enero del 2025. Señor Hammer, ¿por qué el Departamento de Estado ha cambiado de opinión sobre este tema en tan poco tiempo?

¿No será que se trata de maniobras políticas como ha argumentado Bruno Rodríguez, el canciller cubano?

Tampoco le gusta hablar de visas y deportaciones, aunque ese tema es de los que más interesa a la opinión pública cubana.

Hay dos preguntas que pueden ser fundamentales a la hora de analizar el inusual comportamiento del Señor Hammer. ¿Se ajustan las actividades del señor Hammer a la práctica acostumbrada de representantes diplomáticos que asumen una nueva misión? ¿Cómo fue el comportamiento del señor Hammer en sus anteriores gestiones diplomáticas?

Es una premisa establecida tanto en el derecho internacional como en las costumbres de los intercambios entre naciones, que las relaciones diplomáticas se establecen entre Estados y que, para ello, sus representantes no son otros que sus gobiernos, sus Cancillerías y sus servicios exteriores.

La actividad fundamental de un jefe de misión diplomática debe concentrarse en establecer las mejores relaciones posibles con las autoridades locales. Después de todo es ante ellas que debe acreditarse y es de ellas de las que debe recibir tanto las consideraciones que le corresponden por su investidura como los instrumentos básicos para el desempeño de sus funciones (identificación, protección para su seguridad, franquicias, cortesías en su visita a instituciones públicas, museos, parques históricos, etc.)

Es de mala educación y pésima práctica diplomática ignorar o subestimar los vínculos con las autoridades oficiales del Estado anfitrión. Es irrelevante si las relaciones son buenas o malas, el diplomático está obligado a respetar las leyes y costumbres del país anfitrión. Ello no excluye per se el vínculo con otros actores presentes en el entramado social local. Pero sacrificar o subordinar el vínculo con las autoridades a una agenda de apoyo y contactos con la oposición de todo tipo puede ser contraproducente para los intereses del país que lo envía.

Y eso es lo que está haciendo el Encargado de Negocios de los Estados Unidos. Ignorar y desafiar al gobierno cubano para priorizar a sus adversarios, incluso fuera del país, como lo demuestran sus vínculos con instituciones y asociaciones de la diáspora en Miami, la llamada «capital del exilio cubano».

Pero si, además, lo hace el representante de un país cuyo ministro de relaciones exteriores, en este caso Marco Rubio, es conocido por apoyar una política brutal de sanciones y medidas coercitivas para lograr un «cambio de régimen», hay que cuestionarse seriamente si se está en presencia de una actividad diplomática normal y lícita o de una provocación que busca precisamente una ruptura, como lo hizo James Cason.

Las razones ocultas de estas audaces movidas del máximo representante estadounidense en la Isla pueden relacionarse también con sus aspiraciones personales dentro del Departamento de Estado. Por ello, es posible que Hammer se esté excediendo para complacer a su jefe actual. Sus comportamientos en misiones anteriores son un buen índice. Y lo que se percibe, hasta en su propia cuenta de X, arroja alguna luz sobre el curioso comportamiento de Mike Hammer.

Hammer, el Departamento de Estado, y las políticas africanas de Trump y Biden

De todas sus misiones previas, las dos que aparecen más referenciadas en distintas fuentes públicas, son las de embajador en la República Democrática del Congo y enviado especial para el Cuerno de África.

La República Democrática del Congo (más conocida en tiempos coloniales como el Congo Belga y como Zaire durante la larga dictadura de Mobutu Sese Seko) es el segundo país más grande de África por su extensión territorial. Está en el centro del continente, lo que resalta su valor estratégico. Sus 115 millones de habitantes están sumidos en una profunda crisis humanitaria. Todavía en el país hay brotes de la epidemia del ébola. Organizaciones internacionales constantemente denuncian violaciones de derechos humanos, particularmente por parte de las tropas a las órdenes del presidente Félix Tshisekedi.

En sus cuatro años en el Congo el entonces embajador Hammer, designado para el cargo por el presidente Donald Trump, fue acusado de interferir en los asuntos internos del país y de favorecer la elección y el mantenimiento en el poder del presidente. «Ha sido un sostenedor consistente de Tshisekedi» según una fuente citada por Barron’s. Sin nombrarlo, los presidentes de ambas cámaras del parlamento congolés pertenecientes a la oposición encabezada por Joseph Kabila, seguidor de las enseñanzas de Patrice Lumumba, criticaron la injerencia de diplomáticos extranjeros en la política congolesa en apoyo del jefe de Estado.

Después del dudoso resultado de su gestión en la República Democrática del Congo, la administración de Joe Biden nombró a Mike Hammer como enviado especial para el Cuerno de África.

La mayor parte de los estudiosos de la geopolítica considera que la importancia estratégica del Cuerno de África reside en su ubicación geográfica, su riqueza en recursos naturales y su vulnerabilidad a conflictos y desafíos de seguridad. 

Esta región, que incluye países como Etiopía, Eritrea, Somalia, Djibouti y Sudán actúa como un puente entre África, Asia y Medio Oriente, controlando rutas marítimas vitales y siendo un punto de interés para diversas potencias. En este contexto, Etiopía siempre ha sido de capital importancia para las potencias hegemónicas occidentales.

Desde el punto de vista marítimo un punto clave es el estrecho de Bab el Mandeb, situado entre las costas de Somalia y Djibouti en el Cuerno y Yemen en la península arábiga. Esta vía marítima permite el tránsito de buques entre el Golfo de Aden y el Mar Rojo, a la cabeza del cual está el Canal de Suez. Bab el Mandeb es el escenario de recientes episodios de piratería desde la costa somala.

Por su población, extensión territorial y larga historia como Estado independiente, Etiopía es el país clave de la región. Por otra parte, es donde ha existido mayor resistencia tradicional a la hegemonía occidental y norteamericana. Ya antes de la Segunda Guerra Mundial los etíopes habían logrado vencer el intento del dictador italiano Benito Mussolini de colonizar el territorio.

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos logró controlar el Cuerno ejerciendo su hegemonía sobre el Estado etíope, lo que logró en gran medida durante el reinado del Emperador Haile Selassie, derrocado por la Revolución de 1977. Esta última tuvo un carácter inicialmente antimperialista. Fue un hecho clave en la historia reciente del Cuerno y de toda África por lo que implicó para la lucha de los pueblos africanos contra la dominación colonial. No debe olvidarse que desde 1960 el centro de los esfuerzos por la unidad del continente ha estado en la Organización para la Unidad Africana (OUA) primero y en la Unión Africana después. Ambas han tenido y tienen su sede en la capital etíope, Addis Abeba.

Después de 1977, los continuos fracasos en lograr el restablecimiento de su dominación sobre la región a través de Etiopía, Washington ha promovido el surgimiento y desarrollo de movimientos rebeldes contra el Estado central etíope. El más reciente episodio ha tenido su actor principal en el Frente Popular de Liberación del Tigray (FPLT), en la zona existente entre Etiopía y Eritrea, colindante con el Sur de Sudán, con la ciudad de Mekele como centro. Bajo la primera administración Trump, Washington pausó esta táctica, pero la administración Biden le dio un nuevo impulso.

Para compensar sus acciones subversivas contra el Estado etíope, Biden intentó acompañarla con el nombramiento de enviados especiales para el Cuerno de África con el pretendido propósito de buscar la paz por medios diplomáticos al conflicto entre el FPLT y el gobierno en Addis Abeba. Sin embargo, entre 2021 y 2022 sus esfuerzos fracasaron y los dos enviados especiales designados (los Embajadores Jeffrey Feltman y David Satterfield) renunciaron a los pocos meses de ser nombrados.

Fue así que en junio del 2022 se nombró en el cargo a Mike Hammer. Entonces se argumentó que el principal mérito de Hammer consistía en ser percibido como un hombre de Susan Rice, la Asesora Nacional de Seguridad de Obama (este alegato lo realizó el profesor emérito de origen etíope de la Universidad del Estado de California en San Bernardino, Alemayehu Gebre Mariam, en su blog personal el 29 de febrero del 2024).

Hammer se apresuró para agradecer al presidente Joe Biden por el nombramiento en su cuenta de X. No es ocioso recordar que fue el tercer enviado especial para el Cuerno nombrado en poco más de un año. Es posible que no hubiera muchos candidatos entre los cuales escoger, razón por la cual se obvió su falta de resultados en el Congo. Después de todo, para esa misión lo había nombrado Donald Trump.

La gestión del embajador Hammer como enviado especial para el Cuerno de África parece no haber dado los resultados apetecidos por Washington. Hasta ahora ni la administración Biden ni la de Trump han nombrado a nadie en su lugar. Pero el Acuerdo de Cese de Hostilidades de Pretoria, firmado en noviembre del 2022, ha sido clasificado como un fracaso por distintos observadores. El propio Mike Hammer, supuesto mediador, tuvo que regresar a la región en agosto del 2023 para enmendarlo, según escribió el analista etíope, Girma Berhanu, en el sitio especializado Eurasia Review. No hay información de que esto se haya logrado.

Ya un año antes, el 8 de agosto del 2022, la plataforma etíope The Habesha había criticado los primeros pasos de Hammer, a dos meses de su nombramiento. Se le criticó practicar un estilo muy similar al que viene desarrollando en Cuba en una región que requería métodos diplomáticos más tradicionales y discretos debido a la agudeza del conflicto entre Etiopía y el FPL del Tigray.

Basada en lo que Mike Hammer había hecho como embajador en la República Democrática del Congo, la plataforma etíope no solo criticó la falta de conocimiento de Hammer sobre la región sino también lo que calificó su falta de «decoro, profesionalismo y ética diplomática».

Según esta fuente, lo primero que hizo el diplomático norteamericano en su nueva posición fue tomarse selfies con «líderes terroristas del FLTP como si fuera un delirante (groupie) adolescente con sus estrellas de rock preferidas». El autor de este trabajo argumentó que Hammer demostró no saber nada sobre las dos vertientes de la diplomacia: la tradicional que se concentra en el intercambio de gobierno a gobierno y la más reciente «diplomacia pública» que exige que el enviado diplomático se concentre en comunicar las posiciones de su gobierno con el público del país anfitrión por vías legales y con mesura. Asimismo, le reprochó no ser un observador objetivo e imparcial de la realidad sobre el terreno debido a su simpatía por el FPLT.

Evocando a un personaje de las tiras cómicas norteamericanos, el artículo argumenta que «el Señor Hammer tiene tanta imaginación, tacto, y sentido común como Mr. Magoo».

«Es un insulto nombrar a alguien como Hammer como enviado especial a ninguna parte de África, no ya al Cuerno con tantos problemas. Al final, Mike Hammer es percibido en Etiopía como un payaso».

Parafraseo la conclusión principal de este trabajo sobre la actividad diplomática de Mike Hammer en el Cuerno de África:

Merece vergüenza su abismal falta de profesionalismo diplomático y conciencia ética por su parcialidad bulliciosa y extrema hacia el FPLT. En cualquier otro país Hammer hubiera sido declarado persona no grata de inmnediato. Como mínimo, cualquier otro gobierno se hubiera negado a tener nada que ver con él como agente official del gobierno de Estados Unidos, por haber trabajado en favor de un grupo terrorista.

Pero más radical si se quiere fue la conclusión a la que llegó la East African Review en un comentario que publicó el 1ro. de noviembre del 2024:

«Sin embargo, la estancia de Hammer ha ocasionado la crítica de los analistas regionales y activistas de derechos humanos, quienes los acusan de predisposición y complicidad con abusos y crímenes de guerra contra la comunidad amárica en Etiopía. Los críticos argumentan que, en vez de impulsar la paz y los intereses de Estados Unidos, Hammer ha favorecido al Frente Popular de Liberación de Tigray, un grupo acusado de graves atrocidades».

Pero la actuación de Hammer en Cuba, aunque similar a la que desplegó en el Cuerno, se ha caracterizado también por su parcialidad hacia la diáspora cubana en su vertiente de derechas y revanchista.

Comenzando por el 9 de enero del 2025, Hammer se acercó a aquellos sectores que en Miami abogan por el rompimiento de las relaciones. Por ejemplo, visitó a James Cason, predecesor suyo entre el 2003 y 2005. Así lo refirió en su cuenta de X.

A fines de mayo de este año, organizaciones de emigrados cubanos en la metrópoli floridana designaron a Mike Hammer «Embajador del Exilio en Cuba». El diplomático aceptó y agradeció la designación lo cual no deja de ser un dislate y un despropósito.

Es interesante que la única entrevista de prensa que ha otorgado el señor Hammer es la que dio a medios de Miami en la sede de la emisora «Radio Martí» que fue creada por el gobierno norteamericano para promover el derrocamiento del gobierno cubano. No ha habido declaraciones a la prensa cubana, ni siquiera a la de centro.

Finalmente, como las más recientes actividades del flamante diplomático, valen destacar el discurso pronunciado en la recepción que ofreció el 2 de julio en la residencia del Embajador norteamericano en Cuba donde, entre otras, dijo que brindaba con el verdadero Cuba Libre con ron Bacardí (un obvio dislate que muestra desprecio por los trabajadores cubanos) y una invitación que hizo a líderes de la oposición pro norteamericana el 11 de julio para que escucharan desde la residencia los mensajes del secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario adjunto Christopher Landau, en que ambos estimularon la realización de acciones contra el gobierno cubano.

Sin importar la forma en que se valoren las actividades de Mike Hammer en Cuba como encargado de Negocios, las mismas no tienen nada que ver con la diplomaica.

El señor Hammer está usando su manto diplomático para provocar al gobierno cubano, cuya paciencia no es ilimitada, y para hacer avanzar sus propios intereses personales como funcionario de carrera del Servicio Exterior norteamericano.

O sea, provocaciones y oportunismo bajo la cobertura de un puesto diplomático.

Como ha sucedido en el pasado, probablemente termine su misión sin pena ni gloria. Lo que no va a pasar es que Estados Unidos gane influencia real en Cuba. Los futuros diplomáticos de su país estarán obligados a reparar el daño que causará.

¿Por qué aplaude el Parlamento cubano?

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El Parlamento cubano volvió a reunirse sin nada sólido que celebrar más allá de la «continuidad» del estado de las cosas. La sesión arrancó con el pie «a la derecha», con lo que calificaría como uno de los discursos más vergonzosos que recordemos en los últimos tiempos: la comparecencia de la ministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó, afirmando que quienes limpian parabrisas lo hacen «buscando un modo de vida fácil», que en Cuba «no hay mendigos» sino gente «disfrazada», a quienes no debe dárseles limosna para «no deformarlos».

Estas declaraciones, que parecían de una diputada de Vox, se hicieron frente a un auditorio presuntamente «comunista» con nula respuesta crítica en el hemiciclo, sin embargo, sus palabras no pasaron inadvertidas para el resto de los cubanos. Las redes sociales se llenaron de denuncias, reacciones de indignación, memes, fotos de los presuntos «disfrazados»… Como resultado, al día siguiente Feitó «renunció» tras reconocer en petit comite sus errores, según informó la nota oficial.

Aunque no hubo disculpas públicas, el hecho no deja de tener importancia, pues sería la primera vez en décadas que un alto directivo cubano renuncia al cargo por presiones de la opinión pública, un precedente que confirma el papel que están desempeñando las redes sociales como forma de expresión ciudadana capaz de influir en la política oficial.

Faltaríamos a la verdad sino dijéramos que, tras las nefastas palabras de la ministra, tanto el presidente, como el primer ministro tuvieron un acercamiento más o menos adecuado al problema de las personas en situación de vulnerabilidad. Puede que como una forma de hacer «control de daños», pero aun así sigue siendo inusual, más en un parlamento marcado históricamente por la unanimidad.

Manuel Marrero Cruz afirmó que la vulnerabilidad «no es algo a enfrentar. Nosotros enfrentamos la droga, enfrentamos el delito; esto no se enfrenta, se atiende. Y no es solo atender, sino resolverlo, que es una asignatura pendiente».

Ojalá, aunque sea por la tradición de obediencia que caracteriza la política cubana, sus palabras sirvan para desarraigar del discurso oficial expresiones tan revictimizantes como las dichas por la hoy exministra o las plasmadas hace un par de meses por una magistrada del Tribunal Supremo Popular en el periódico Granma.

Más muertes de niños y madres

Sin embargo, aunque la polémica de los disfraces capitalizó la mayoría del debate, la sesión tuvo muchos otros puntos que merecen atención con datos nada «disfrazables». 

Una de las cifras más preocupantes es el aumento a 8.2 en la tasa de mortalidad infantil por cada mil nacidos vivos, el peor registro en 25 años. El ministro de Salud habló de 234 fallecimientos infantiles en solo medio año y de que siete provincias pasan ya la raya del riesgo. La mortalidad materna experimentó un aumento aun mayor; el índice pasó de 37.4 a 56.3 en el período registrado.

Detrás de los números publicados hay incubadoras y aparatos de ultrasonido rotos, un cuadro básico de medicamentos garantizados apenas al 30 %, hospitales sin la plantilla cubierta, entre otros factores ya enraizados que están pasando la cuenta, y no solo a los infantes o sus madres.

En ese contexto, en el Parlamento se aprobó un esquema que otorga al Ministerio de Salud Pública (Minsap) el 100 % de las divisas que generen sus exportaciones, una decisión aplaudible después de años enviando médicos a medio planeta, mientras que, en los hospitales nacionales, los que se quedaban muchas veces no tenían ni siquiera guantes para trabajar.

Será necesario transparentar cuánto de lo generado se queda realmente en el sistema de salud. También que esta decisión provoque de manera rápida una transformación de uno de los pilares históricos que ha enarbolado como bandera el sistema político cubano, pero que hoy está evidentemente debilitado, y que cuesta vidas a la población. 

La economía entre la espada y la pared

Los problemas del sistema de salud no se dan aislados, forman parte de una crisis multidimensional, o policrisis, como ha sido también descrita, con varios factores en juego, pero con el económico entre los primeros lugares.

La economía cubana cerró 2024 con una contracción del 1.1 % del PIB, encadenando dos años de recesión y dejando la actividad un 11 % por debajo de los niveles de 2019. El ministro de Economía detalló ante la comisión parlamentaria caídas del 53 % en las producciones primarias, 23 % en la industria manufacturera y azucarera, y 6 % en los servicios.

A estos descensos se sumaron dos apagones nacionales, déficit crónico de combustibles y desastres naturales que obligaron a redirigir recursos; y que el plan de exportaciones de bienes solo se cumplió al 62 %, afectado también por la escasez de insumos y la disminución de precios internacionales.

En materia de cuentas estatales, el informe de liquidación señala que el presupuesto de 2024 terminó con un déficit de 79 528 millones de pesos, cifra 67 863 millones inferior a la prevista. Las autoridades atribuyen la reducción a ajustes de gasto y a una mejora estructural en la recaudación, sin embargo, esta política no ha estado exenta de fuertes costos sociales, al mantenerse salarios y pensiones congelados, incapaces de hacerle frente a la galopante inflación, con lo cual se ha acrecentado la brecha entre los ingresos y lo necesario para costear la vida.

En este sentido, sí hubo una buena noticia en la Asamblea, el aumento de pensiones mínimas. Según lo anunciado por el primer ministro, a partir de septiembre, la pensión mínima subirá de 1 528 CUP a 3 056 CUP, medida que beneficiará a unas 430 000 personas; además, el 79 % de los jubilados que hoy perciben menos de 4 000 CUP (alrededor de 1.3 millones de ciudadanos) recibirá un ajuste hasta alcanzar ese tope.

El aumento está muy lejos de satisfacer, siquiera, lo necesario para cubrir una canasta básica alimentaria, estimada aproximadamente en unos 12 mil pesos al mes, sin embargo, implicaría un leve alivio para quienes entregaron una vida de trabajo entera, y hoy subsisten con lo mínimo o dependiendo de ayudas familiares.

Por otra parte, en materia cambiaria, Marrero Cruz anunció que «ya está diseñada la política comunicacional y en el segundo semestre implantaremos esta nueva política necesaria para el país», en referencia a la creación de un mercado cambiario formal, el cual se espera que funcione con una tasa flotante.

Aún no está claro si esa paridad se aplicará por igual para todas las empresas —estatales, privadas, extranjeras o mixtas— o solo para un segmento de ellas. La inoperancia del tipo oficial es hoy una de las distorsiones más graves que tiene la economía, pues obliga a canalizar numerosas operaciones hacia el mercado informal, donde la tasa que emplean varios actores económicos está basada en los estimados de un medio opositor. Otras de las consecuencias han sido masas de efectivo —en dólares y pesos cubanos— moviéndose fuera de los bancos, cálculos de costos y precios distorsionados, desestímulo de la exportación… entre otros.

Entonces, se trata sin dudas de una política necesaria, pero no exenta de riesgos. Sería implementada en medio de una contracción productiva y con reservas de divisas limitadas. Mas seguir alargando la situación actual tampoco traería resultados alentadores a la economía. El gobierno se encuentra en una encrucijada donde ningún camino será seguro. Y de provocarse otra escalada inflacionaria, las consecuencias sociales y políticas podrían ser severas.

La única forma de reducir los efectos nocivos que traería una devaluación oficial de la moneda sería combinarla con otras medidas conectadas en una reforma integral —desde la largamente postergada Ley de Empresas hasta incentivos y préstamos a los actores privados que satisfacen necesidades básicas— y con un diseño riguroso fundamentado en la ciencia, que evite repetir los errores de diseño e implementación del anterior «Ordenamiento».

Resulta pertinente entonces traer a colación las palabras del diputado y empresario privado Carlos  Miguel  Pérez  Reyes, que resaltaron por el diagnóstico realista sobre los efectos que provocan las distorsiones estructurales de la economía. El parlamentario recordó que exportar al tipo de 1 × 24 equivale a «producir con pérdidas», que los insumos clave —sobre todo combustible— no llegan a las fábricas mientras proliferan autos en la calle, y que la emigración del personal calificado asfixia cualquier intento de agregar valor.

Enumeró la ausencia de un mercado cambiario funcional, la falta de pasarelas de pago que permitan cobrar desde el exterior, la demora en una Ley de Empresas que ordene a todos los actores y los incentivos aún débiles para la inversión extranjera y la industria del software. Denunció que las medidas, pensadas con excesiva discreción, terminan saliendo «incompletas y en secuencia incorrecta», de modo que el pueblo las percibe como concesiones «a regañadientes».

Su intervención no dista de lo que han dicho muchos economistas en el país, que como él mismo también afirmó, son llamados a encuentros, pero luego no se integran sus criterios a la toma de decisiones. Seguir haciendo esto en un contexto cada vez más riesgoso es simplemente un suicidio político.

Más derechos para más personas

Si bien poco se ha avanzado en resolver la crisis, sí ha habido noticias que resultan alentadoras para comunidades y segmentos poblacionales históricamente violentados, con instrumentos jurídicos que constituyen avances legislativos al otorgar más y mejores derechos.

El primero fue la nueva Ley del Registro Civil, que consagra la autodeterminación de género al permitir el cambio de nombre y sexo legal sin cirugías ni orden judicial, y que ofrece un marco protector para menores intersexuales, cuyo sexo legal podrá rectificarse posteriormente atendiendo a su interés superior y autonomía progresiva, entre otros avances. Con ello, Cuba se suma al grupo de países que han legislado en favor de la identidad autopercibida y atiende una demanda histórica de la comunidad LGBTIQ+.

Aun así, colectivos como el Grupo de Trans Masculinos señalan vacíos por cubrir: como la eliminación de la necesidad de tener dictamen del Cenesex —una institución adscrita al Minsap— para evitar patologizar a las personas trans. Proponen además incorporar la opción neutra en los marcadores de sexo u omitir ese dato en la documentación. También solicitan ampliar a dos las rectificaciones de nombre y sexo en la edad adulta —reconociendo el derecho a destransicionar, o sea, volver a la identidad anterior— y agilizar los trámites para garantizar la efectividad práctica de los derechos recién conquistados.

Otro de los instrumentos que pueden considerarse un paso de avance fue el Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes, que plasma un enfoque de derechos transversal, al reconocer la identidad —incluida la de género— y el libre desarrollo de la personalidad como derechos de los menores.

El instrumento igualmente prohíbe el trabajo infantil, los castigos corporales y toda forma de violencia o trato humillante; regula de manera integral la salud sexual y reproductiva, salvaguardando la autonomía corporal y prohibiendo intervenciones médicas no urgentes en infancias intersex sin consentimiento informado. Unido a esto, obliga al Estado a implementar políticas, planes y protocolos de actuación que garanticen entornos seguros, una educación sexual integral y mecanismos de protección rápida y efectiva en casos de riesgo o vulneración.

Habrá que ver cómo estos enfoques progresistas conviven con tradiciones conservadoras en las familias y las instituciones, que van desde reglamentos escolares que encasillan a estudiantes en modelos rígidos de masculinidad y feminidad, hasta la alta permisividad social en cuanto al maltrato infantil disfrazado de castigo.

Una implementación adecuada del Código tendría el potencial para evitar sucesos como el que recientemente conmocionó al país, la muerte del niño Roberto Carlos Suárez Machado en Matanzas, a causa de un sostenido maltrato familiar.

De nada sirve tener leyes avanzadas si quienes deben ejecutarlas no están a tono con ellas o no hacen bien su trabajo. Varias de las reformas acá aprobadas tienen su antecedente en el Código de las Familias, y no todas han sido implementadas debidamente a causa del mal trabajo de las instituciones que deben encargarse de proteger a las personas de situaciones de violencia o discriminación.

Una «cantera» envejecida

Otra de las noticias que dio de qué hablar fue la eliminación del límite de 60 años para acceder a la Presidencia de la República, una restricción introducida en la Constitución de 2019 y ahora modificada «respetando el proceso establecido». La medida, celebrada por algunos y rechazada por buena parte de la oposición, trae consigo «una de cal y otra de arena».

El tope surgió cuando el PCC admitió el problema del envejecimiento de sus máximos dirigentes —en especial los líderes históricos—, que gobernaron durante décadas con edades muy superiores a ese umbral. Sin embargo, la cláusula no corrigió el desequilibrio generacional porque, además del sostenido envejecimiento poblacional, la política de cuadros prácticamente se mantuvo intacta.

Según el politólogo Roberto Yepe, el único dirigente de «primera línea» que habría encajado —y por muy poco— en el rango original es Roberto Morales Ojeda, actual secretario de Organización del PCC. Se trata de una figura de proyección conservadora y escasa capacidad oratoria, visibilizada por los medios en los últimos años, que lo muestran acompañando al presidente, sin mucho éxito en cuanto a generar cercanía en la población.

Al suprimir el límite, se amplía el abanico de posibles propuestas a elegir por la comisión de candidatura para ser ratificadas en el parlamento en 2028, si Miguel Díaz-Canel concluye naturalmente su mandato. Acá estarían incluidas figuras de mayor visibilidad pública como Gerardo  Hernández  Nordelo, Inés  María  Chapman o Manuel  Marrero  Cruz.

Teniendo en cuenta las estrechas posibilidades que deja nuestro sistema electoral, pudiera decirse que en el fondo resulta una noticia positiva. Cabe recordar que la edad, por sí sola, no garantiza ni un buen ni un mal gobierno: con ese corsé, líderes como Andrés Manuel López Obrador, José «Pepe» Mujica o Luiz Inácio Lula da Silva nunca hubieran llegado a la presidencia en sus respectivos países.

El Parlamento de los aplausos

Las sesiones del Parlamento cerraron con un discurso del presidente de la República y primer secretario del Partido Comunista de Cuba. Pletórico en expresiones optimistas Díaz-Canel repitió frases como «¡Sí se puede!» o «¡Patria o muerte, venceremos!». También apeló al capital político de los líderes históricos de la Revolución, y a los triunfos del pasado.

En su intervención de cierre, el mandatario cubano calificó las jornadas como «auténtica asamblea del pueblo», afirmó que la Revolución sigue «de pie» gracias a una larga tradición de rebeldía y advirtió que el momento es tan duro como decisivo. El discurso concluyó con un llamado a «saltar por encima de los obstáculos» de la guerra económica y a celebrar el 26 de Julio con la «resistencia heroica» de un pueblo que, aseguró, seguirá siendo «inderrotable».

Los diputados aplaudieron fervorosamente. Sin embargo, los aplausos cada vez pierden más sentido para ese pueblo que «resiste», sobre todo si lo aplaudido no va encaminado a ayudarlo a resistir mejor, ni a proyectar un camino para estar en un país donde, más que resistir, se pueda vivir con bienestar y dignidad. También fueron aplaudidas por varios de los presentes las palabras de la exministra que luego resultaron inadmisibles. Así mismo aplaudieron sus homólogos soviéticos cuando Yeltsin prohibió en 1991 el Partido Comunista del que habían salido.

Concluida la oda, como dice la famosa canción popular, «el cuartico está igualito». Las medidas unilaterales coercitivas norteamericanas siguen ahí, como también las trabas burocráticas internas que hoy complementan su efecto.

Exceptuando las personas trans beneficiadas por la ley aprobada, y los jubilados más empobrecidos auxiliados por el aumento de la pensión, lo más probable es que la mayoría del «pueblo» lo único que recuerde de la sesión del Parlamento es el escándalo y la renuncia de la ministra. 

En un momento de crisis como la que hoy vive el país, el Parlamento tiene que dejar de ser un coro de aplausos y convertirse en un epicentro de deliberaciónpública. Que las palabras «polémicas» del diputado Carlos Miguel hayan sido la excepción y no la norma es el síntoma más ilustrativo del estado actual de nuestra «democracia».

Un parlamento solo cumple su función si quienes lo componen ejercen su papel de representar a la ciudadanía que los eligió —o en el caso cubano, ratificó— para su puesto. Y esto se hace exigiendo información, confrontando aquellas políticas y discursos —no solo las externas— que dañan hoy a ese «pueblo», y proponiendo las reformas necesarias para aliviar su vida cotidiana. Mientras no lo haga, no pasará de un simulacro, tan poco útil para la ciudadanía como el que hoy pulula en muchas democracias liberales, solo que más monótono y menos emocionante.

¿Dónde nos perdimos? Subjetividades en disputa

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Hay preguntas que son recurrentes en estos tiempos: ¿por qué los pobres, la clase trabajadora, la gente que peor la pasa vota por la derecha? ¿Por qué las teologías liberadoras hacen su opción preferencial por los pobres, y estos optan por las teologías de la prosperidad? ¿Por qué la solidaridad, la justicia, la cooperación, la comunidad son términos con poco asidero? ¿Cómo es posible que, a pesar de las catástrofes generadas, el discurso neoliberal seaatractivo?

La búsqueda de respuestas, lo cual nunca es simple, puede partir por afirmar que el sistema capitalista, en su molde neoliberal hace varias décadas, ha hecho bien su labor para llegar al interior de los seres humanos, ha instaurado una forma de ser y de pensar basada en los intereses de la acumulación ilimitada. Afirmemos que el neoliberalismo se hizo cultura, lo que significa que impregnó la subjetividad.

El neoliberalismo, más que una teoría económica, es toda una concepción de la sociedad, del ser humano, de la libertad, de los derechos. Pretende ser una cosmovisión que responda a las preguntas fundamentales sobre el sentido de la vida humana, la sociedad y sus principales subsistemas. Se ha convertido en la «razón instrumental» del capitalismo contemporáneo. Estructura, norma y organiza la acción de los gobernantes, así como la conducta cotidiana de los gobernados.

El carácter hegemónico del neoliberalismo implica que la racionalidad económica coloniza todas las prácticas sociales. Allí donde antes había valores relativos a la educación, el bien común, la seguridad o la belleza, ahora hay oferta, demanda y criterios de costo/beneficio hacia la mayor acumulación posible de capital. El neoliberalismo es una suerte de totalitarismo económico que impone un nuevo homo economicus.

En su condición de proyecto político/cultural, cuenta entre sus conceptos de base con cuatro ideas constituyentes: la sociedad no existe, solo los individuos (Margaret Tatcher); el fin de la historia y de las alternativas (Francis Fukuyama); la personalidad humana desarrolla un mercado interior (Milton Friedman); el Estado no es la solución, es el problema (Ronald Reagan).

Visto en su conjunto, resultaría que cada individuo es una empresa que debe competir y realizar su interés propio, guiado por el criterio de maximización, el cual sirve para tomar cualquier decisión en la vida cotidiana; desde el empleo, el tipo de familia, las amistades, la relación de pareja, el tipo de consumo cultural, las opciones políticas, las leyes, la religión, etc.

Se gesta así una suerte de individuos empresarios de sí, quienes compiten en primer lugar consigo mismo para lograr ser un individuo exitoso;sujeto del rendimiento neoliberal que se explota voluntariamente, al tiempo que afirma en esta condición su libertad.

Al comprender que la subjetividad expresa el modo en que los individuos aprenden, incorporan y producen los referentes culturales de su época, dentro de los que prevalecen los de los grupos que detentan el poder, se puede afirmar que la subjetividad neoliberal asume el consumo como política cultural. Asegura un funcionamiento en el que se requiere tanto mercancías disponibles para su consumo como individuos disponibles para consumir. (Ver La subjetividad y su significación para el estudio de los procesos políticos: sujeto, sociedad y política, de Fernando González Rey)

Esta subjetividad potencia el egoísmo individual frente a la solidaridad colectiva. Transforma la responsabilidad social en responsabilidad individual. Considera la competencia como conducta universal (natural) de toda persona que busque prevalecer ante nuevas oportunidades de ganancia y acumulación.

El primer mandamiento de la ética de este individuo-emprendedor es «ayúdate a ti mismo». La gran innovación neoliberal consiste en vincular directamente la manera en que una persona «es gobernada» con la manera en que «se gobierna» a sí misma.

Para Frank Hinkelammert, el proyecto neoliberal contó con una operación teórica de deshumanización y conversión de los seres humanos en meros factores del mercado. En este proceso se ha llevado al paroxismo una religión que ha creado una teología secular y hasta profana; religión de la cotidianidad con dioses falsos: la propiedad, el dinero y el Mercado; su culto de adoración es el consumo y sus templos de alabanzas los centros comerciales.

Esta operación teórica de deshumanización interioriza la culpa: «si no tengo trabajo es porque no soy suficientemente emprendedor» o «hay mucho desempleo porque faltan emprendedores». En esta nueva «tecnología del yo», el problema social de la falta de empleo se interioriza y se asume como un problema personal de incapacidad.

El sujeto se someta interiormente, velade manera constante sobre sí mismo.Mediante el aprendizaje continuo acepta la mayor flexibilidad requerida por los cambios incesantes que imponen los mercados. La economía se convierte en una disciplina personal.

La oferta de sentido neoliberal niega que las personas resultan de su entorno socioeconómico. Por el contrario, se les considera plenamente responsables de sus elecciones. Los problemas económicos se reducen a problemas psíquicos: insuficiente dominio de sí mismo y de la relación con los demás. Suerte de «privatización» de la conducta, porque la vida se presenta solo como resultado de elecciones individuales.

La enfermedad, el paro, la pobreza, el fracaso escolar, la exclusión, las dificultades de la existencia, la desgracia, etc., son considerados consecuencias de malos cálculos individuales, son fracaso de esa gestión, por falta de previsión, de prudencia, de no haberse asegurado frente a los riesgos.

En la sociedad del cansancio, como la define Byung-Chul Han, en lugar de la alienación y explotación ajena, se sucede la autoexplotación voluntaria. Paradójicamente, el explotado se convierte en explotador de sí mismo. La explotación de sí mismo es más eficiente que la ajena porque va unida a la idea de libertad.

Los subsistemas en los cuales se expande la oferta cultural del neoliberalismo describen la amplitud e integralidad de su alcance. En este esquema ha sido preciso pensar e instalar los tipos de educación del espíritu, de control del cuerpo, de organización del trabajo, de reposo y de ocio, basados en un nuevo ideal del ser humano, al mismo tiempo individuo calculador y trabajador productivo.

Por ejemplo, en el ámbito de la ley, se consagra por encima de cualquier otro referente la vigencia de la propiedad privada, el contrato para concurrir en «igualdad» al mundo de la oferta y la demanda, y, por consiguiente, al mercado. Todas las leyes están a su disposición.

La pedagogía, los modelos educativos, añaden otro ámbito al conjunto. La idea es educar individuos competitivos, habilitados para concurrir al mercado, con una visión técnica de la realidad y desprovistos de pensamiento social crítico. La escuela neoliberal alimenta, entrena y potencia el individuo empresa de sí mismo. El objetivo está claro: no se trata solo de la conversión de los espíritus, se necesita la transformación de las conductas. (Ver más en La educación de la nueva subjetividad neoliberal, de Enrique Javier Díez-Gutiérrez.)

La hegemonía neoliberal lleva consigo el ocaso de la política que entraña, organiza y potencia al conjunto de los actores sociales. La ciudadanía/consumidora no juzga a las instituciones y las políticas desde el interés de la comunidad política, sino en función de su interés personal. Resulta radicalmente transformada la definición misma del sujeto político, lo cual se verifica en el bloqueo del conflicto social.

Este ocaso resulta, en lo esencial, del cuestionamiento de lo público como freno a la prosperidad, obstructor de las virtudes de la sociedad civil y de los valores morales tradicionales.

Acontece una completa inversión de la crítica social que veía el paro, las desigualdades sociales, la inflación, la alienación en relación directa con el capitalismo. La narrativa neoliberallos atribuye al Estado. La victoria ideológica del neoliberalismo consiste en «desideologizar» las políticas que lleva a cabo, hasta tal punto que ya no deben ser ni siquiera objeto de debate.

Este andamiaje cuenta con una moderna industria del ocio y el entretenimiento que actualiza aquella idea romana de pan y circo. Espectáculos alucinantes, artistas y deportistas como ídolos del éxito (acumulación y consumo). Narrativas sobre el esfuerzo personal por encima de la producción social permean el imaginario del individuo sin sociedad. Materiales audiovisuales, series y películas que narran vidas, relaciones e historias cada vez más desconectadas de la realidad, hacen parte de la oferta.

Los medios de comunicación son un instrumento imprescindible en la operación de conversión de los seres humanos en meros factores del mercado. Condicionan la asimilación de un modelo de consumo, de expectativas, deseos y esperanzas. En todo el entorno social se contribuye a crear, mantener, justificar y sostener el pensamiento único que alimenta el mercado total.

Las redes sociales virtuales son quizás el espacio donde más se evidencia el culto al consumo y el desdén por lo social. En ellas se muestran simulacros de éxito como consumidor, pero muy poco de su condición laboral, social, comunitaria, colectiva. Al parecer, los logros consumistas compensarían la pérdida de los derechos laborales o cívicos, la precariedad de la vida, el disminuido apetito por la democracia, la libertad o la justicia.

Individuo sin sociedad

El análisis de la subjetivación neoliberal no puede hacerse fuera del marco de la revolución tecnológica de los medios digitales. El poder fáctico se sirve de las nuevas tecnologías de control con la finalidad de que la creciente precariedad no se canalice en protesta y desobediencia.

Al mismo tiempo, la comunidad virtual y digital que ha generado la revolución tecnológica proporciona la ilusión de vivir fuera del espacio, cuando en realidad es el resultado de la escisión entre la situación local del usuario de la realidad virtual y su localización técnica.

Este diseño de orden social genera malestar, ha implicado un sujeto cansado por el esfuerzo de integración, reconocimiento y gestión de la vida como camino al éxito, ha implicado sufrimiento psíquico, el otro lado del sujeto del rendimiento (Ibarra). Esto revela por qué en épocas de crisis, en vez de llenarse los sindicatos con trabajadores y trabajadoras para luchar por sus derechos, son las consultas de psiquiatrías (para quienes las pueden costear),las que se llenande individuos con sentimientos de fracaso y desvalorización personal.

La presión social y cultural para este sujeto ha generado individuos depresivos, agotados, ansiosos, que a su vez cuenta con una industria farmacéutica compensatoria, incluso con las drogas, con las que se pretende una vida más soportable.

El individuo empresa agotado cuenta, además, con una importante industria de autoayuda, gurús del alma, guías para la felicidad, que una vez más pone la solución en sí mismo, al ofertar felicidad sin sociedad. Se reproduce así el espejismo de celebrar la felicidad desatendiendo problemas estructurales como la violencia, la precariedad laboral, el desempleo, la desigualdad social y la marginación.

La oferta de individuo empresa sin sociedad y sin alternativa, acosado por el espacio público, ha traído como resultado un panorama desolador: destrucción de buena parte de los bienes naturales, la inestabilidad económica, desempleo y pauperización, creciente precariedad social e inseguridad laboral, dislocación de las comunidades, corrupción en los gobiernos, mayor concentración de la riqueza e incremento de las desigualdades. Modelo del capital que, en esencia, continúa su atentado contra las dos condiciones de vida básicas: la naturaleza y el ser humano. (Ver Neoliberalismo, subjetividad y malestar, de Luis Henríquez Ruitor)

Esta lógica describe, al decir de Hinkelammert, una profunda crisis antropológica: la negación de la primacía del ser humano. La religión del mercado se impone a la humanización de la praxis.

En su fase actual, y dado lo insostenible se sus postulados y lo grosero de sus resultados, emergen conductas fundamentalistas, lo que implica, esencialmente, la aniquilación de sus opuestos. Más en concreto, el fundamentalismo ataca los contenidos de la emancipación humana: la cuestión femenina, la clase trabajadora, los grupos raciales, la diversidad sexual, la naturaleza. Arremete, de igual manera, desde todos los subsistemas desde los que se reproduce y en los que se enfrenta a la indignación, la rebeldía, las luchas y las alternativas.

En este cometido, se tergiversan los significados tradicionales de las palabras: las guerras son defensas, los odios son amor, la ciencia es negocio, el genocidio es la victoria de los derechos humanos, la pobreza es ineficiencia económica, las subjetividades son objetividades, etc. 

La buena noticia es que, a lo largo de la historia, todo orden de opresión social ha nacido impugnado, cuestionado, y en batalla permanente contra sus alternativas. El neoliberalismo no escapa a este hecho.

La actitud como alternativa

La superación de estas condiciones parte, de un lado, del pensamiento crítico que acompaña los procesos de concientización, organización y producción de otras ofertas culturales (políticas, económicas, éticas). Tal pensamiento se constituye desde la emancipación humana: las relaciones humanas mismas y con la naturaleza. De otro lado, parte de comprender que la esencia humana no es inherente a cada individuo, sino el conjunto de las relaciones sociales.

La alternativa al orden neoliberal en particular, y a los órdenes opresivos en general, se manifiesta en permanente disputa dentro de los subsistemas que sustentan un orden social u otro.

A un diseño económico que lleva al límite la existencia se le opone una producción social responsable con la vida. A la Ley del mercado se le opone una ley donde la centralidad es el ser humano. A la pedagogía de la obediencia y la eficiencia se le opone la pedagogía liberadora y cooperativa. A la felicidad hedonista se le opone un sentido de libertad que contiene la libertad del otro y la otra. Al fundamentalismo se le opone la radicalidad. Al ecocidio se le opone el sentido de la naturaleza como sujeto de derecho. Al entretenimiento enajenado se le opone el arte como creación de belleza colectiva. Al culto al mercado se le opone amar al prójimo como a ti mismo. A la idolatría del consumo se le opone la celebración de la vida. A la atomización del individuo se le opone la socialización de sus condiciones de existencia.

La creación y expansión de alternativas no se agota en declaraciones generales. Exige de métodos y principios para la acción. Anótese, como cuestión básica, que la emancipación político-económica de las clases subalternas es imposible sin su emancipación cultural, sin la conquista de la subjetividad.

Anótese, también, que una parte importante de nuestro futuro es ancestral. La historia social humana cuenta con muchísimos ejemplos de resistencia y producción de alternativas. Los movimientos cristianos de base dan cuenta de ello. También la tradición comunitaria de los pueblos originarios americanos y su vínculo con la naturaleza; las expresiones de colectividad de los pueblos africanos, puestas a prueba en quilombos y palenques; el acumulado de comunas y consejos venidos de Europa y Asia; la conjunción en modelos diferentes del autogobierno, la autogestión y la autoestima. 

Desde el proyecto ético de Jesús de Nazaret, la comprensión del Ubuntu surafricano, la visión de minga, el sentido ecuménico, el comunismo de Marx, la idea de igualdad, libertad y fraternidad, etc., abundan referentes para la humanización, los que deben ser abrazados una y otra vez en su complementación. No olvidemos que el materialismo histórico y la teología contextual se necesitan para vencer a sus oponentes.

En el aquí y ahora de la opresión del capital, es importante negarse a ser empresa de sí, de acuerdo con la norma de la competencia, contraponiendo relaciones de cooperación, de puesta en común y de compartir el saber y cuestionar la «propiedad intelectual». La economía social y solidaria puede esbozar otra razón del mundo.

La superación de la nueva precariedad exige una crítica radical del tiempo productivo cuantificable, medible en dinero. La búsqueda de alternativas debería estar unida a una nueva concepción del tiempo que humanice el sentido de nuestra existencia.

Dentro de este desafío, la redefinición de la política implica sentir y pensar lo político como una práctica educativa, un aprendizaje de la realidad, en sentido socializador. 

Ahora bien, la producción de alternativas es una idea trunca sin la conducta ética, estética y de fe que la encamine. La conducta es aquí y ahora, como alternativa a cualquier orden social de opresión. Si comprendemos que la cultura fragua en la subjetividad, al tiempo que esta se realiza en la conducta cotidiana, anotemos algunas ideas que, en su conjunto, marcarían ciertos contenidos para la alternativa.

Es un imperativo, como afirmara el sociólogo Darcy Ribeiro, no ponernos al lado de los que nos derrotaron. Esto significa no reiterar sus métodos, no naturalizar sus categorías, negar de manera permanente que el fin justifica los medios. Implica renunciar al «pragmatismo», eufemismo de quienes se disponen a hacer concesiones de principio. 

Afirmemos, con José Martí, que no son inútiles la verdad y ternura. La verdad como semilla de mostaza que expande la libertad. La verdad que reconoce que «el rey está desnudo». Crecer es directamente proporcional a la cantidad de verdad que podamos soportar, tanto individual como colectivamente. Junto a ella, la ternura como un tipo de relación con el mundo que implica desistir de agarrar, poseer, conquistar, someter.

No separemos la política de la mística. La política como vocación de servicio que desmonte su sentido de profesión o como el «arte» de aniquilar. Una política que nos integre en el bien común, modo de manifestar la mística, el misterio que conecta la sociabilidad del espíritu humano y su vínculo con la existencia toda. 

Nuestra actitud alternativa pasa por hermanar ciencia y amor. La sed de saber, los modos diversos de llegar al conocimiento se estrechan con el amor como verbo, el que implica conocer, respetar lo conocido, cuidar lo conocido y asumir la responsabilidad que implica conocer.  

El poder y la compasión no pueden ser extraños entre sí. La capacidad de hacer valer los intereses que sustentan un orden social humanizado, la correlación de fuerzas favorables para encaminar proyectos de justicia y dignidad, se condicionan en la compasión con el que sufre, el que no comprende, con el que se rinde, incluso con quienes resulten en la derrota. 

La economía y la sensibilidad han de ser inseparables. La ciencia de administrar la casa, lo común, lo de todas y todos, es «la más moral de todas las ciencias», ahí donde es sensible al dolor, a la exclusión, a la muerte.  

Afirmemos en actitud el vínculo entre democracia y poesía. Esa relación que naturaliza la humildad de reconocer al otro y la otra para hacer obra común desde los derechos consustanciales a la vida en comunidad.  La poesía como el modo en que se narra la espiritualidad, en esa capacidad infinita de hallar la belleza, aún en el horror. 

La revolución y la pasión se condicionan. Revolución en sentido de permanente ensanchamiento de las libertades conquistadas, lo cual valdría poco sin la pasión que mueve a la emancipación.

Todo esto tendría poco camino sin una dimensión elemental: creer; sobre todo creer, parafraseando al poeta, en la razón del equilibro, en el delirio, en la esperanza, creer en lo más puro, en lo más duro, en cada herida, en quien me escucha, creer en lo que lucha. ¿Qué cosa fuera si no creyera?

Fabio Fernández: La historia es un arma para los bandos en Cuba

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Fabio Fernández
Foto: La Sobremesa

Disponible en las plataformas de video y audio: YouTubeApple PodcastSpotify

Mariana Camejo (MC): Hola a todos los que nos están viendo o nos están escuchando a través de las plataformas de audio. Bienvenidos a un nuevo episodio de La Sobremesa, un podcast de La Joven Cuba donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

Jorge Bacallao (JB): Exactamente. Siéntese cómodo ahí, que el tema de hoy es una maravilla. A tono con eso, Mariana, ¿cómo tú chocaste con la historia de Cuba? ¿Cómo llegaste a la enseñanza de la historia?

MC: Difícil. ¿De verdad tengo que responderte eso?

JB: Bueno, yo te pregunto porque a mí me fue maravillosamente. Yo tuve un magnífico profesor de Historia en el pre, en la secundaria.

MC: Bueno, ese es un privilegio que tuviste tú y que no tiene todo el mundo. De hecho, yo tuve buenos profesores de Historia, pero en la universidad.

JB: Hoy en La Sobremesa, como ya le venimos anunciando, tenemos de invitado a un profesor de Historia. No se mueva de ahí, que se pierde el principio.

MC: Hoy tenemos a un entrevistado que usted seguro lo va a reconocer muy rápido si yo le digo que se trata de un profesor de Historia, un profesor universitario que se hizo popular con un video hablando, nada más y nada menos, que de patriotismo…

JB: Popular, popular.

MC: Muy popular. Bienvenido a La Sobremesa, Fabio Fernández.

Fabio Fernández (FF): Un placer estar aquí con ustedes.

MC: Te hiciste viral, Fabio.

FF: Sí, realmente fue una experiencia muy interesante.

MC: Y precisamente hablando de patriotismo, vamos a entrar de lleno en la enseñanza de la historia. Si algo en Cuba se ha tratado de potenciar y de fomentar es precisamente ese sentimiento patriótico. Entonces yo te pregunto: ¿cuál es hoy y cuál debería ser el papel de la enseñanza de la historia?

FF: Bueno, toda sociedad construye siempre un determinado modelo para transmitirle el pasado a las generaciones del presente, y es siempre un modelo vinculado a la singularidad de esa sociedad en específico que estemos analizando. El rol de la historia siempre está conectado, desde la perspectiva de la estructura social, a legitimar el orden establecido, a validar un determinado orden de las cosas.

Y eso no es algo privativo de Cuba, sino que lo podemos encontrar en todos los países. El tema está en que ese relato —vamos a llamarle oficial— puede estar mejor o peor contado. Es un relato que puede ser más o menos cercano a lo que realmente ocurrió, utilizando esa expresión, que tiene cierto grado de problematización, pero bueno, se puede utilizar. Se puede hacer una buena historia oficial o puede haber historias oficiales muy malas por planas, chatas, esquemáticas, sesgadas, parciales.

Yo creo que en la Cuba de hoy tenemos un relato oficial sobre la historia que no creo que disfrute de su mayor coherencia ni de su mayor organicidad. Creo que hemos incurrido desde hace bastante tiempo en algunos de los defectos más comunes que acosan a las historias oficiales. Y yo creo que ahí, evidentemente hay una diferencia, una distancia entre lo que hoy es la enseñanza y la divulgación de la historia y lo que podría ser. Yo parto desde el principio y lo digo aquí desde el inicio, que se puede construir una historia oficial que cumpla las funciones de la historia oficial y que al mismo tiempo sea una transmisión coherente y verdaderamente interesante y válida de lo que ha sido el pasado.

En la Cuba de hoy tenemos un relato oficial sobre la historia que no creo que disfrute de su mayor coherencia ni de su mayor organicidad.

MC: ¿Cuáles tú crees que serían esos defectos comunes en los que a veces se cae?

FF: Básicamente, el esquematismo, la simplificación, la tergiversación, el escamotear determinados temas, el subrayado equivocado a aristas que realmente no lo merecerían tanto. Yo creo que por ahí van los principales defectos que de una manera u otra persiguen a toda historia oficial. No hay historia oficial ajena a estos grados de problematización. No es verdaderamente posible concebir una historia oficial que esté absolutamente liberada de estos pecados.

Pero dentro de ese marco se puede hacer una mejor historia. Y yo creo que esa es una asignatura pendiente de Cuba, y también, por supuesto, de otros países de este planeta.

JB: Yo soy un poco mayor que ustedes. Iba a empezar diciendo «la gente de mi generación» … Yo tengo unos 10 años más que ustedes y se sentía que la enseñanza de la historia, desde aquella época, ha sido como que hay una única historia. Y ahora recientemente se ve un fenómeno de cuestionamiento, a través de las redes, a través de personas que piensan distinto. Yo quiero preguntarte: ¿es como si tuviésemos dos historias y hubiese que quedarse con una?

FF: Ahora mismo hay un gran combate político en la Cuba que nos toca vivir. Un combate político en el marco de la nación cubana, que se da en el terreno geográfico de lo que es Cuba, pero también trasciende a otros planos en los que se manifiesta la nación, como puede ser la diáspora.

Ese combate político tiene una manifestación en el terreno de lo histórico. Son dos relatos que están en contraposición, y en su peor versión, cada uno de ellos se coloca en un extremo. Un extremo que termina falseando la complejidad del devenir histórico, quedándose con una visión parcial, sesgada, limitada. Por tanto, creo que existiría la posibilidad siempre de construir un relato mucho mejor.

Ese combate político tiene una manifestación en el terreno de lo histórico. Son dos relatos que están en contraposición.

Ahora, hay que entender la existencia de muchos relatos que estén en pugna y disputa. Es parte de la vida la existencia de estas miradas diversas y plurales. La cuestión está en crear los mecanismos para que esas visiones del pasado puedan entrar en diálogo y puedan articular desde lo plural un discurso más coherente con lo que la realidad ha sido.

No creo que haya que quedarse con una o con otra. La clave es encontrar el mecanismo para el diálogo, para la articulación conjunta. Ahora, sí hay que decir algo claro: no deberían tener cabida aquellos relatos históricos anclados absolutamente a la manipulación, a la mentira, a la falsedad. Porque lamentablemente hay relatos de cualquier sesgo ideológico que mienten, que falsean y eso no está bien.

JB: Obedeciendo a la conveniencia particular.

FF: Y yo no puedo ni debo venir ahora a decir aquí una mentira y plantear: «Mengano hizo lo que no hizo». Eso no está nada bien.

República, Revolución y relatos en pugna

MC: Fabio, yo creo que uno de esos ejemplos, de esas dos versiones contrapuestas, es la República. Hay una narrativa que la romantiza —donde todo estaba bien, donde había bienestar— y por otro lado hay una demonización. ¿No?

FF: La República es quizás uno de los momentos históricos en los que con más claridad se ve esa visión polarizada. Ambas visiones falsean la realidad: ni fue tan mala como algunos quieren venderla, ni tan buena como otros intentan presentarla.

Hay que buscar los claroscuros. Era un sistema que fue avanzando hacia una crisis vigorosa y esa crisis dio lugar a un acumulado de contradicciones que estallaron en revolución. No se puede explicar la Revolución como algo que cae del cielo, sino que nace de las contradicciones de la propia República y de la crisis que se fue agudizando.

Todo nuevo poder necesita legitimarse desde una visión poco amable del pasado que lo precedió. Hay determinadas líneas de interpretación histórica gestadas en el marco de la Revolución cubana que suelen ser bastante duras con la República. Al mismo tiempo, los que adversan la dinámica política nacida a partir del 59 encuentran en la validación de la República un arma para deslegitimar lo hecho por el proceso revolucionario. Entonces la historia funciona como arma arrojadiza entre bandos en pugna, y la verdad histórica es la que queda lesionada.

Todo nuevo poder necesita legitimarse desde una visión poco amable del pasado que lo precedió.

MC: Se instrumentaliza la historia…

JB: Los argumentos que da la gente son de lo más simpático. Hay quien dice: «hay tremenda corrupción, pero se hicieron las siete maravillas de la historia arquitectónica cubana y no se ha hecho más nada…»

FF: Por ejemplo, se utiliza mucho lo que tiene que ver con el innegable boom constructivo de la República. La República fue un momento en la historia de Cuba en el que se construyó mucho, sobre todo en La Habana. La Habana avanzó en su conversión hacia una gran ciudad. Y evidentemente, cuando uno compara esa Habana que crece del periodo republicano con una Habana materialmente maltrecha de la contemporaneidad, puede aparecer rápidamente el relato simplista que dice: «aquella era mejor que esta». Y eso, siempre desde trazos muy gruesos.

Si uno va a aquella República, se da cuenta de que a veces cosas que parecen manifestaciones de progreso tenían verdades incómodas. Esa Habana de rutilante progreso en un grupo de aspectos, estaba acompañada por otra Habana que no tenía esa luz en sus condiciones materiales cotidianas para mucha gente.

Incluso, hay un truco que pasa por vender La Habana como si fuera Cuba. Se esconde una Cuba no habanera, que no tenía muchas cosas buenas que mostrar, porque tenía un grupo de elementos bien difíciles en la cotidianidad de los cubanos.

JB: Y como mismo sucedía eso, también era una época donde había personas que decían con más facilidad lo que estaba pasando, se referían a la corrupción…

MC: Antes se decía que había más libertad para hablar…

FF: Era un escenario con una esfera pública, en mi opinión, más vibrante que la actual, donde la pluralidad de opiniones se podía expresar con mayor tranquilidad. Pero a eso hay que ponerle muchos matices. Una sociedad más plural y con canales de exposición de esa pluralidad, pero con límites férreos. No era ningún chiste ser comunista en la Cuba del 52 ni del 32.

JB: Y con muchas variantes a lo largo del tiempo…

FF: La República maravillosa que algunos exaltan le regaló a Cuba dos dictaduras bien feas, donde unos cuantos cubanos perdieron la vida simplemente por estar en una cuerda distinta a la que se había impuesto gubernamentalmente en aquella época. Es una República de represión, asesinatos, donde corrió la sangre, generalmente de los de abajo cuando no estaban conformes con el sistema que estructuraban los de arriba. Por tanto, hay que rescatar muchos elementos de ella; es verdad que se sentaban en una mesa Mañach y Carlos Rafael Rodríguez, y hubo una Constitución nacida de ese espíritu de diálogo, pero es una República también donde mataron a Jesús Menéndez, Aracelio Iglesias y aparecían muertos en las esquinas en la dictadura de Batista y en la de Machado.

La República maravillosa que algunos exaltan le regaló a Cuba dos dictaduras bien feas, donde unos cuantos cubanos perdieron la vida.

JB: Hubo una oposición y gente que fue beligerante, gente que mostraba su inconformidad de forma seria.

FF: Fue una etapa marcada por importantes contradicciones, por la pugna de proyectos de nación diversos. Esa es la historia. Y ese universo de contradicciones desembocó en el cambio revolucionario, que construyó una sociedad marcada por un conjunto importante de éxitos, sobre todo vinculados a políticas sociales y soberanía, pero también se creó un modelo político donde determinados elementos vinculados con el ejercicio de las libertades han tenido condicionamientos y dinámicas que no siempre han sido las más felices. Se estructuró la idea de una voz homogénea que buscaba que las dinámicas sociales discurrieran por un mismo camino, y quien no iba por ahí, no la pasaba bien. Se generaron fracturas en el cuerpo de la nación. La República tuvo lo suyo, la Revolución tuvo lo suyo. Ese es el complejo proceso de construcción de todo país.

JB: Tú decías que a veces la historia se cambia al enseñarla, no por conveniencia política, sino muchas veces por simplificación.  

FF: Claro, porque en la enseñanza y divulgación de la historia debe haber gradaciones según el nivel etario y educativo de la persona. No es lo mismo lo que le cuento a un niño de 5.º grado que a un adolescente o a un estudiante universitario.   

También hay un relato que uno puede dirigir quizás a un público más general y hay relatos que se construyen para públicos más especializados, más interesados específicamente en la problemática histórica. No es lo mismo el material que yo construyo pensando en que lo vea mucha gente al material que yo dirijo hacia un nicho más especializado.

MC: Claro, pero eso no significa que lo dejes de problematizar. A mí, en ese sentido, me resulta una contradicción que tengamos por un lado un discurso oficial tan rígido, esquemático, y sin embargo, tengamos un libro de Historia en el que trabajaste con un colectivo de autores que realmente me sorprendió mucho cuando pude verlo, porque intentaron precisamente trabajar la historia desde una perspectiva crítica, problematizando, haciendo conexiones además con el mundo cultural de esos periodos.Después de tantos años de enseñar una historia esquemáticamente, ¿están los profesores cubanos preparados para dar esa perspectiva crítica que plasman en el libro?

FF: Aquí hay varias cosas, porque hemos hablado y yo he sido el primero, de discurso oficial y eso obligaría un matiz. Y es que podemos hablar de la existencia de discursos oficiales. El discurso oficial no es un solo torrente, ni una sola voz. En sentido general, ese discurso oficial se articula con la lógica de reproducción de todo sistema. Pero hay matices en su emisión, porque sería una simplificación que digamos que desde que triunfa la Revolución Cubana se ha modelado una sola manera de entender la historia. Incluso, dentro de aquellos que están impulsando la articulación de la realidad en función de la lógica de lo oficial, hay maneras distintas de acercarse a la problemática histórica.

Por tanto, habría que hablar de la existencia de discursos oficiales férreos en el sentido de una proyección chata, plana y esquemática, y otros discursos oficiales que intentan jugar con las lógicas más flexibles. Yo creo que el libro actual de preuniversitario busca contar la historia de Cuba desde un esfuerzo problematizador. Un esfuerzo problematizador que no rompe con las lógicas de reproducción sistémica, es un libro que cumple una función de contenido político, eso no hay que esconderlo, pero creo que intentamos modelar un libro que no perdiera de vista buscar esa problematización.

Habría que hablar de la existencia de discursos oficiales férreos en el sentido de una proyección chata, plana y esquemática, y otros discursos oficiales que intentan jugar con las lógicas más flexibles.

La idea de que uno puede contar la historia lo mejor posible, colocando la mayor cantidad de matices. En mi opinión, el verdadero poder que puede generar niveles crecientes de hegemonía, es el poder que logra articularse con la existencia de una ciudadanía crítica. Porque si no hay una relación entre poder y ciudadanía crítica, no hay una oxigenación permanente de la sociedad. Y un libro como como este, creo yo, busca básicamente decirle al muchacho: la historia de tu país ha sido compleja. La historia de tu país está llena de estos matices. La historia de tu país está marcada por estos momentos de tensión. Lo interesante es entenderlo, y encontrar las líneas matrices que uno puede hallar dentro de ese mundo diverso y complejo.

Ojalá que cuando los estudiantes lean el libro sean capaces de entender esto. Y ojalá que los maestros. Yo creo que hay profesores que están listos y otros a los que hay que formar para que puedan estar a la altura del texto.

Silencios históricos: UMAP, quinquenio gris y el 11J

JB: Hay momentos en la historia de Cuba que uno siente que no se han desmenuzado lo suficiente. Me voy a referir a la UMAP y al quinquenio gris. Uno siente que se queda a deber con todo lo que debería decirse sobre esos momentos. Mi pregunta es la siguiente: ¿Qué precio se paga por no desmenuzar momentos como esos en la debida medida?

FF: A ver, voy a empezar por un matiz que quiero remarcar: en mi opinión, en torno al quinquenio gris, al menos la historiografía cubana ha generado ya algunos acercamientos que tienden a esclarecer la complejidad de ese lustro. Sí coincido más en que el tema de la UMAP sigue estando marcado por un velo de silencio que todavía no acaba de romperse. Y aquí habría que hablar de lo que ha hecho Rafael Hernández, o lo que ha hecho desde fuera de Cuba Abel Sierra Madero. En fin, hay gente que ha escrito, pero todavía falta información por desclasificar, documentos a los que acceder. Esos son matices de un historiador que se quiere meter contigo. Ahora, si caemos en tu pregunta, tengo que decirte que los costos del silencio son altísimos, porque al final ese silencio termina apareciéndose una noche, te coge por el cuello y te hace pasar un muy mal rato.

Una sociedad necesita oxigenarse permanentemente, y parte de ese oxígeno pasa por el diálogo con su pasado, sobre todo con las páginas más difíciles. Es la manera de intentar que la historia sea un poco maestra de vida y nos permita construir un futuro sin repetir el error del ayer. Por tanto, las páginas más difíciles de la historia hay que visitarlas y hay que buscar explicar por qué esas páginas se escribieron, cuál fue el conjunto de acontecimientos, de problemáticas que llevaron a que determinado suceso se manifestara de una forma que podemos considerar lesiva para el bienestar de una determinada comunidad en un momento u otro.

Una sociedad necesita oxigenarse permanentemente, y parte de ese oxígeno pasa por el diálogo con su pasado, sobre todo con las páginas más difíciles.

Además, y aquí voy ahora al plano del combate político, la historia que no visibilizas tú, la historia que no te lanzas a explicar tú, viene seguramente un otro a querer explicarla desde su interés, desde su proyección, desde lo que le cuadra para el proyecto que tiene. Y allí evidentemente estás regalando una bola que no debías.

MC: Estás dejando el espacio vacío para que alguien llegue. 

FF: Toda la impugnación que se hace de la obra de la Revolución Cubana desde la exaltación de la República tiene que ver en buena medida con un relato construido en torno a la República lleno de manquedades. Si desde el mundo de la Revolución se hubiera construido un relato más orgánico sobre el pasado republicano, evidentemente era más difícil que alguien viniera a cogerte las luces de la República y a querer venderte que era un universo de luz sin sombra.

Si tú mismo eres capaz de decir: ok, yo me considero la superación del pasado republicano y el pasado republicano tenía todos estos elementos de oscuridad, pero al mismo tiempo tenía estas luces. Entonces vamos a explicarlo e incluso, y en relación con la República, que es un ejemplo muy bueno, cuestiones que una y otra vez se presentan como muestra de la maravilla de la Cuba republicana, pienso sobre todo en la Cuba de los 50, lo que están escondiendo detrás es una podredumbre gigantesca. Los edificios altos que se levantan en el Vedado en la década del 50, detrás de eso lo que había era la deformación estructural de la economía cubana, la política económica de Batista, que buscaba compensar los fenómenos nocivos nacidos de la restricción azucarera. La presencia en la isla del capital de la mafia que, es verdad, levantaba edificios, pero con ellos venía la prostitución, la droga, el juego en su peor versión, etc.

JB: Mucha gente dice que ahora también hay prostitución y droga, pero sin edificios…

FF: Eso nos llevaría a dialogar con las manquedades del presente cubano. El presente cubano está absolutamente lleno de manquedades, donde lamentablemente incluso problemáticas que se asumían superadas por esa impugnación de la República que fue la Revolución, han regresado.

MC: Fabio, te invitamos a seguir esta conversación después de un café. ¿Tú quieres?

JB: Vuelven a asomar los ojos.

FF: Y eso demuestra la complejidad del hoy que nos toca.

MC: Fabio, te invitamos a seguir la conversación después de un café.

JB: Nos hemos ganado un café.

MC: Usted aproveche, suscríbase al canal, comente, dé like.

JB: No ha habido nadie que en su lecho de muerte que haya dicho: «Caramba, me arrepiento de haberme suscrito a La Sobremesa».

[Pausa]

JB: Hay un episodio muy reciente en la historia cubana, que es el 11 de julio. Y volviendo a tu libro, tengo entendido que fuiste tú quien redactó esa parte del texto oficial en el preuniversitario. Vemos que difiere de una de las historias oficiales que dice que ese día salió a la calle solo gente confundida, violenta o pagada. ¿Cómo influye esa amalgama de versiones en la formación de un joven estudiante cubano?

FF: Bueno, ahí tú estás colocando el acento en lo que indudablemente podemos definir como una contradicción, donde hay varios discursos que están llegando al estudiante. Yo creo que permanentemente todo individuo va a recibir variados discursos. Siempre habrá muchos discursos que inciden sobre el individuo y lo ideal sería que en una lógica sistémica los discursos fueran más coincidentes para que la contradicción no estuviera al interior del propio sistema; que la contradicción no se diera ahí, que existieran visiones contrapuestas, una es la sistémica y otra es que la está fuera de los sistémico.

Pero la vida es más compleja. Les decía que el discurso oficial tiene gradaciones, matices. Hay un discurso oficial que es el que nace de, vamos a llamarle la política pura y dura, y hay otro discurso que juega con las lógicas oficiales, pero que emana desde la academia, que se construye desde la ciencia y desde la ciencia es difícil sostener una visión demasiado esquemática y simplista del 11J. En ese texto se insiste en que ese día confluyeron factores coyunturales y estructurales y que fue expresión de una realidad de crisis que en Cuba existe y de una dinámica política conectada con ese escenario de crisis.  

Hay un discurso oficial que es el que nace de, vamos a llamarle la política pura y dura, y hay otro discurso que juega con las lógicas oficiales, pero que emana desde la academia.

La idea pasaba por la posibilidad de darle al estudiante una visión mucha más amplia del 11J desde lo que yo considero que es lo que la ciencia pone sobre el tapete. Entonces, yo creo que aquí hay un ejercicio de verdad científica e histórica, con los matices que lleva siempre hablar de verdad científica o historia, pero creo que es un ejercicio de honestidad intelectual y que el libro tiene el mérito de ser un libro honesto, que se sustenta en las investigaciones que han hecho sus autores, en su experiencia como docentes e historiadores y las conclusiones a las que nos llevaba esa trayectoria profesional implicaba decir cosas como las que están ahí dichas. Hay que decir que ese libro no lo inventaron los autores y lo llevaron a un preuniversitario. Es un libro que recibió la aprobación de las de las estructuras oficiales, por tanto, quiero yo también creer que dentro de los matices que tiene el discurso oficial, una de sus manifestaciones es que un texto como ese es texto hoy de formación de los muchachos.

MC: No obstante, cuando vamos a la prensa estatal, lo que vimos fue una narrativa de que eran personas violentas, de contrarrevolucionarios, de confundidos. Yo siento, por un lado, que se infantiliza a la gente que salió y por otro lado se les esquematiza en un molde ahí muy definido, también muy maniqueísta, muy instrumentalizado, para esa narrativa oficial que se construyó en ese momento en la prensa. ¿Qué impacto tiene eso sobre el patriotismo y los estudiantes?

FF: Ahí rescato una palabra que tú dices antes de ir a la pregunta y es la afirmación que tú haces en torno al momento. Yo creo que no es lo mismo el momento álgido justo del 11 de julio y los días semanas que lo rodearon a la interpretación que podemos hacer desde un hoy donde no estamos tan lejos de aquel ayer, pero las cosas se han asentado un poco, sobre todo para la interpretación.

El discurso político más maniqueo y que también se manifiesta como discurso periodístico nació del conflicto puro y duro que se estaba dando ahí y en la medida que el tiempo pasa, el propio discurso oficial puede generar lecturas más matizadas, como la del libro. Aunque la lectura esquemática sigue saliendo a flote. El 11J es una fecha en disputa, sistémica e antisistémica y también una disputa intrasistémica.

El 11J es una fecha en disputa, sistémica e antisistémica y también una disputa intrasistémica.

Yo creo que un fenómeno como el 11 de julio nos pone frente a las contradicciones que vivimos como nación. Y yo creo que la lectura que debemos hacer de este fenómeno tiene que ser siempre vinculada a la posibilidad de dotar a nuestros estudiantes, en este caso, a los jóvenes cubanos de herramientas para entender la realidad.

El entendimiento crítico de la realidad siempre será un aporte de contenido patriótico. Que tú entiendas lo complejo que es tu país y que a partir de esa complejidad puedas involucrarte en proyectos de transformación en un plano positivo para tu país. Si contamos la historia del país, 11 de julio incluido, desde una perspectiva muy esquemática, ajena a los matices creo que le estamos haciendo un flaco favor a ese ejercicio del pensamiento crítico, que es inherente para que un proyecto patriótico tenga verdaderas posibilidades de materializarse. Por tanto, en mi opinión, inculcar el patriotismo no va de la mano del esquema, la simplificación y lo maniqueo. Inculcar el patriotismo pasa por entender la complejidad de ese acto permanentemente difícil que es hacer patria, con todas las contradicciones que ello trae consigo.

MC: Y es lamentable que eso no se note más en la prensa, que no haya llegado más esa visión complejizada, problematizada, no solamente del 11 de julio, pasa con varios acontecimientos, por ejemplo, cada vez que hay protestas.

FF: Nuestro modelo de prensa, público, estatal, como se le quiera llamar, es un modelo que no ha sido capaz de hacer conectar la agenda de la ciudadanía con la agenda mediática que está marcada por determinadas lógicas que vienen del del sistema.

Ahí están los múltiples análisis que se han hecho sobre esto. Pienso en los libros de Julio García Luis. Pienso en los múltiples debates en los congresos de la UPEC, donde mientras tengamos una prensa que no es capaz de captar en toda su complejidad la realidad del país, es una prensa que no ayuda a que el país mejore y tampoco ayuda incluso a la posibilidad de preservación y oxigenación del sistema.

Puede que desde determinada lógica sistémica se crea que con una prensa tan controlada y esquemática estoy contribuyendo a mantener mi hegemonía social, por el contrario. Al construir un relato periodístico alejado de la realidad, evidentemente, pierdes credibilidad con la gente, porque tu discurso está absolutamente en las antípodas de lo que la gente vive. Ahora, hay que hacer un apunte, y es que narrativas esquemáticas y simplificadoras sobre el 11 de julio no son privativas de la prensa estatal. También la otra prensa incurre en maniqueísmo a la hora de narrar acontecimientos de la Cuba reciente y de la Cuba de ayer.

Historia, racismo e identidad

MC: Fabio, te voy a cambiar un poco el tema. Una de las demandas de los movimientos antirracistas cubanos es que tenemos una historia blanqueada, digamos, llena de historias de personas blancas. Y cuando se habla de personas negras, digamos, te pongo el ejemplo de Maceo, el Titán de Bronce, se hace referencia a cualidades físicas. Las personas negras son luchadoras, son fuertes y las personas blancas son intelectuales. ¿Por qué cuesta tanto visibilizar los aportes intelectuales de las personas negras y cómo impacta eso en la construcción de nuestra identidad?

FF: Hay que diferenciar la divulgación histórica y la enseñanza de la historia y la producción historiográfica. Esta última ha avanzado muchísimo. Desde autores como Pedro Deschamps Chapeaux y José Luciano Franco hasta María del Carmen Barcia, para poner a una autora viva en esta contemporaneidad nuestra. Por tanto, hay un camino importante que ha focalizado al negro, al mulato, a ese colectivo como uno de los componentes esenciales de lo que somos. Por el camino de todo esto está también la obra de Fernando Ortiz, por poner un ejemplo ilustre.

Lamentablemente, no se ha logrado que ese discurso historiográfico, ese discurso académico, haya alcanzado toda la difusión que merece en el ámbito de los productos comunicativos dedicados a la divulgación y los productos docentes que se mueven en el terreno de la enseñanza. Esa no conexión orgánica fértil lo que ha generado es que determinados estereotipos que se han construido en torno a las personas negras, mulatas, etc., puedan seguir teniendo niveles de permanencia dentro de la sociedad.

Por supuesto, esos estereotipos nacen de una sociedad marcada por la esclavitud, marcada por la asimetría entre eso que se ha dado en llamar raza. Y eso es una lucha de larga duración. Ahora yo de repente convierto a la enseñanza y la divulgación de la historia en las mejores plataformas para combatir los prejuicios raciales y para visibilizar a las personas negras y mulatas y no quiere decir que dentro de tres días habré acabado con los problemas de índole, digamos, racial que existen en Cuba. Esa es una batalla de muy largo aliento. Sin embargo, es evidente que no se ha hecho todo lo necesario para que esta dinámica cambie. Por tanto, queda mucho por hacer. Hay esfuerzos. Todo aquello de la Comisión Aponte, los propios esfuerzos gubernamentales con las políticas diseñadas a combatir la discriminación que han tenido también incidencia en la cuestión de los relatos en la visibilización de los aportes de negros y mulatos. Es un problema que se reconoce y se han diseñado estrategias que están, por supuesto, a medio camino en el marco de su implementación, pero evidentemente es un problema y no hacer lo suficiente desde el punto de vista de la divulgación y la enseñanza de la historia no ayuda, por supuesto, a avanzar en la solución de ese problema.

Esos estereotipos nacen de una sociedad marcada por la esclavitud, marcada por la asimetría entre eso que se ha dado en llamar raza.

Pero aquí vuelvo a subrayar el desfasaje que existe entre lo que los historiadores han producido y lo que se difunde a partir de esa de esa producción.

MC: Claro, porque si volviéramos, por ejemplo, a los medios de prensa, sería muy diferentes si se marcara eso como parte de la agenda editorial de los medios, si fuera voluntad política de que se marcara, de que se pensara más en ese sentido, ¿no?

FF: A veces puede ser voluntad política en el discurso macro, pero al aterrizar en las redacciones o las aulas, es más complejo de implementar.

JB: Además, si Maceo era fuerte, era fuerte…

MC: Por supuesto.

FF: Pero hay un texto de un colega que se llama El piñazo de La Mejorana, de Jorge Felipe, que está publicado en Espacio Laical y todavía se puede encontrar ahí colgado en alguna web. Y en ese texto el autor, que era muy joven cuando lo publicó, juega con los estereotipos raciales que subyacen detrás de esa construcción de un supuesto encontronazo en Mejorana, donde Maceo terminó golpeando a Martí, lo cual es falso, no hay evidencia alguna de que eso haya ocurrido. Pero Maceo es el hombre negro o mulato, que es expresión de la fuerza bruta, pero que no tiene suficiente capacidad para proyectar sus argumentos, mientras entonces Martí es el intelectual blanco medio enclenque… es decir, es una construcción estereotipada, alejada de muchos aspectos de la verdad histórica. Pero funciona a nivel de imaginario. Entonces, ¿cómo tú combates ese imaginario? Contando bien la historia de la Mejorana.

La historia de La Mejorana está muy bien contada, desde el propio diario de Martí. Muchos historiadores la han contado muy bien. Pero, lamentablemente, no le ha llegado a todo el mundo la versión mejor de La Mejorana.

JB: ¿Cómo podemos explicarle a jóvenes y no tan jóvenes la importancia de la historia?

FF: Hay que convencerlos de lo apasionante que es. Es un cuento maravilloso, una narración que te atrapa, te mueve y te genera en simultáneo emociones a nivel de tu corazón que vibra y también te genera impulsos neuronales. Una historia bien contada es un pasaje delicioso. El tema es inicialmente contar bien la historia con toda la vocación problematizadora que eso debe tener. Y en esa propia dinámica, viene una corriente más reflexiva con la que yo te estoy diciendo: conocer mejor tu pasado te ayuda a entender mejor tu presente y te da herramientas para convertirte en un actor que transforma tu presente.

Yo creo que ahí está una ecuación que empieza por: ¡qué rico es aprender historia! y termina en: ¡qué útil es saber historia! Para que no te puedan hacer un cuento que te engañe, para que sepas de dónde viniste y para que desde ese acumulado puedas decir: voy para allá, conscientemente.

JB: Tienes que empezar divirtiéndote.

FF: Yo creo que sí. Incluso, los chismes históricos funcionan. Muchos estudiantes dicen: «oye, qué bueno es mi profe porque me cuenta chismes históricos». No puede quedar la cosa en el chisme; la historia simpática, la historia no muy conocida, tiene que ser el punto de partida, la plataforma para desde ahí llegar a una reflexión más honda que brinde estas herramientas para el ejercicio de pensamiento crítico.

MC: Pero el cubano también está saturado de historia. Las efemérides, las mismas películas… yo creo que eso afecta mucho cómo uno recibe la historia.

FF: Hemos abusado de la historia. Todo sistema, insisto, construye parte de su legitimidad en la historia, pero creo que en el que nos ha tocado vivir en las últimas décadas, los subrayados históricos han sido muy vigorosos y evidentemente eso genera cierto hastío. Al mismo tiempo, si esa comunicación de la historia lleva muchos años no siendo capaz de ser distinta…es decir, yo tengo que acercarme todos los años, porque toca hacerlo, a Girón, pero si yo cuento la historia de Girón una y otra vez, igual, evidentemente genero una desconexión. Pasa algo muy importante en los tiempos que corren, y son los códigos comunicativos, cómo yo cuento esa historia. Por ejemplo, yo pertenezco a un universo profesional que venera los libros y defiende la lectura. Pero hay que entender que los tiempos de hoy no han dejado de ser tiempos de lectura, pero son tiempos básicamente de códigos audiovisuales. Por tanto, buena parte de tu comunicación de la historia tiene que discurrir por ese camino al audiovisual. Si piensas que un estudiante de preuniversitario va a tener como vía principal de chocar con la historia, leer el texto en la forma tradicional, evidentemente ahí estás fallando. Tú tienes que buscar conectar el texto con las nuevas maneras de contar. Y pasa otra cosa, que tiene que ver con el hastío de la gente respecto a la historia. Lamentablemente, el país que vivimos no es capaz de darle a sus ciudadanos todas las satisfacciones en el presente y a veces se busca validar el presente desde un ejercicio de resistencia conectado con la heroicidad de la historia. Y eso es otorgarle a la historia una responsabilidad mayor que la que puede asumir.

Si piensas que un estudiante de preuniversitario va a tener como vía principal de chocar con la historia, leer el texto en la forma tradicional, evidentemente ahí estás fallando.

MC: Si no tengo un horizonte de futuro no lo voy a resolver…

FF: Entonces, la idea de que no tenemos hoy un presente próspero y el futuro tampoco luce demasiado luminoso, pero tenemos que estar contentos porque hay detrás una historia heroica… Fíjate, la historia heroica le da a la gente anticuerpo para resistir. Eso es importante. Yo te digo a ti hoy: «aquí hay una tradición tremenda, estamos en un momento difícil, hay que apretarse el cinturón y palante porque somos mambises». Eso no está mal hacerlo, pero al mismo tiempo, no podemos pretender que ese sea el todo.

La gente tiene que tener realizaciones en su presente y un sueño que considera alcanzable en el porvenir. Si tú logras, entonces, una historia bien contada, un presente más amable y sueños de porvenir que se ven como materializables, ahí tendrás mayor armonía social.

MC: En ese mismo sentido, Fabio, ¿cómo tú crees que los historiadores del futuro contarán este presente?

FF: Les va a tocar relatar una de las mayores crisis, si no la mayor, de la nación cubana. Eso será indudablemente un terreno fértil para la indagación historiográfica. Entender la Cuba del hoy será para los historiadores del mañana un reto intelectual indudablemente atractivo. Y por supuesto, esos historiadores tendrán que contar los tiempos difíciles que se vivieron en este país en estos años que ahora mismo nos toca a nosotros sufrir en más de un sentido. Ojalá, es mi aspiración y mi sueño, que esos historiadores puedan también contar la historia de cómo el pueblo cubano encontró los mecanismos, las herramientas y las maneras para salir del atolladero presente y construir un futuro mejor. Ojalá que esos historiadores estén hablando desde un futuro mejor que este presente. La responsabilidad es nuestra.

Tiroteo final

JB: Vamos allá con la parte final: el tiroteo de La Sobremesa. Preguntas para responder con el mínimo de palabras.

MC: Un consejo a jóvenes apáticos de la historia en una oración.

FF: Acercarse a ella y van a descubrir que es maravillosa.

JB: Libro imprescindible para conocer la historia.

FF: El ingenio, de Moreno Fraginals.

MC: ¿Qué quieres para Cuba, en una palabra?

FF: Felicidad.

Para Cuba, entendida como los cubanos en la mayor globalidad posible.

MC: Gracias, Fabio.

FF: Ya sobreviví.

JB: Se acabó el tiroteo. Gracias.

FF: Me hicieron sudar, pero la pasé bien.

MC: Así terminamos este episodio de La Sobremesa, un podcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

Una ministra insensible, una política de cuadros nefasta

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Foto: Canal Caribe

En el día de hoy la ministra de Trabajo y Seguridad Social Marta Elena Feitó en la antesala del V Período Ordinario de la X Legislatura hizo unas polémicas declaraciones estigmatizando a las personas que hacen trabajos informales para sobrevivir.

Estas palabras, dichas sin respuesta —al menos televisada— en el Parlamento revelan el divorcio entre quienes deberían velar por el trabajo y la seguridad social y la realidad de un país donde la pobreza es cada vez más visible. Su intervención –y el silencio que la rodeó en un Parlamento de diputados militantes de un Partido que se dice Comunista–, no es solo vergonzoso, sino que da medida de la desconexión de varios dirigentes y representantes públicos con la realidad de la ciudadanía.

Feitó describió a quienes limpian parabrisas como gente que «ha buscado un modo de vida fácil» para, supuestamente, gastarse el dinero bebiendo «en la esquina», también llegó a insinuar que quienes piden en la vía pública «están disfrazados de mendigos». Por si fuera poco, hizo un llamado a no bajar la ventanilla para darles dinero pues supuestamente los estaríamos «deformando».

La propia ministra cuestionó la valía del término «deambulantes» para describir a esas personas, sin embargo, evitó hablar de «pobreza» en un país donde la canasta mínima de supervivencia es mayor a los doce mil pesos, y el salario mínimo no rebasa los 2400 pesos.

No es la primera persona en las estructuras estatales que tiene ese discurso; recordemos el texto en el periódico Granma firmado por una magistrada del Tribunal Supremo que proponía una solución punitivista al problema de la mendicidad.

También es cierto que otras diputadas en el mismo espacio, como Arelys Santana Bello, recordaron que «cada día para nuestro pueblo es más difícil acceder a productos y servicios vitales» en un llamado a debatir la ética y la sensibilidad del comercio interno y los sistemas de apoyo comunitario.

Sin embargo, no puede quedar sin respuesta, desde cualquier enfoque progresista, un discurso que criminaliza al pobre como «vago» o «aprovechado», el cual hoy resuena en los mantras de la extrema derecha global bajo la máxima de que el pobre es pobre porque quiere. Repetirlo desde el organismo encargado de la seguridad social resulta incompatible con el proyecto de justicia proclamado por un Estado que se dice socialista.

La gravedad estas expresiones dichas por la titular del ministerio que justamente debería estar encargado de reducir los efectos de la pobreza y la desigualdad no recae solo en Feitó; habla de la política de cuadros de un sistema que coloca a personas incapaces de comprender la complejidad económica y social en puestos clave. Cuando declaraciones tan lesivas no cuestan un cargo, el mensaje es que la insensibilidad en los altos directivos se tolera, o incluso se premia.

En el texto «Cómo comunicar la pobreza» Mariana Camejo advertía «que criminalizar la pobreza, más allá de que no resuelva nada realmente, implicaría que quienes mendigan o los familiares, son culpables de su mendicidad. Y entonces estaríamos desplazando la responsabilidad de quienes pudieran pensar, hacer y accionar de modos concretos para aliviar las condiciones que hoy hacen a alguien vulnerable».

Entonces, pedir «no bajar la ventanilla» porque se «deforma» al mendigo equivale a condenarlo a la invisibilidad, pero también es una metáfora de la actitud que han tomado varios directivos ante los problemas urgentes del país.
Las ventanillas que urge abrir son las de la política pública: reconocer la multidimensionalidad de la pobreza, diseñar protección real para quienes reciclan, limpian o revenden para sobrevivir y garantizar salarios y pensiones dignos. Todo lo demás –criminalización, eufemismos, paternalismo– solo prolonga el problema y nos aleja de la solución.

Recomendamos la relectura del texto al calor del debate de qué debemos hacer como país para solucionar el empobrecimiento de las personas en medio de la crisis multidimensional que hoy atravesamos. En momentos próximos estaremos analizando con mayor profundidad este tema.

Julio Carranza: La economía cubana sigue un modelo agotado

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Julio Carranza economia
Foto: La Sobremesa

Disponible en las plataformas de video y audio: YouTubeApple PodcastSpotify

Mariana Camejo (MC): Hola a todos los que nos están viendo y escuchando a través de las plataformas de audio. Bienvenidos de vuelta a La Sobremesa, un podcast de La Joven Cuba donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

Jorge Bacallao (JB): Y pareciera que fue ayer que estuvimos aquí por última vez, pero no, hace ya casi año y medio. Y bueno, regresamos más o menos con las mismas condiciones. Sus anfitriones de siempre, Mariana Camejo, periodista, directora de La Joven Cuba (LJC), y un servidor, Jorge Bacallao, colaborador de LJC. Estamos aquí, ya les decía, con la misma idea de la primera temporada: meternos en temas de impronta social con expertos, con invitados distinguidos, y hacerlo siempre con ese tono desenfadado que convierte una entrevista en una conversación amena.

MC: Otro año, otro set, pero con el mismo espíritu de sentarnos a conversar y compartir ideas. Y si algo nos quedó claro de la primera temporada es que la gente quiere conversar más de economía. Así que, precisamente por esa razón, abrimos esta segunda temporada de La Sobremesa hablando sobre economía en Cuba.

JB: Exactamente, porque la gente ha pedido y ha pedido. La gente es insaciable. Así que no se mueva de ahí, que se pierde el principio.

MC: Y para este primer episodio tenemos aquí a un doctor en Ciencias Económicas, profesor titular de la Universidad de La Habana, que ha sido director de oficinas de la UNESCO en varios países de América Latina. Bienvenido a La Sobremesa: Julio Carranza.

Julio Carranza (JC): Muchas gracias por la bienvenida. Aquí estoy con ustedes dispuesto a conversar, como dicen ustedes, de una manera relajada sobre un tema que no está muy relajado.

JB: Hacer un episodio sobre economía en Cuba es un desafío, porque es un tema, primero, tan amplio, y segundo, tan enrevesado. Entonces yo quisiera que empezaras diciéndonos ¿cuáles crees tú que sean los principales problemas de la economía cubana, haciendo énfasis en lo que es posible todavía resolver con eficiencia?

JC: Antes de entrar directamente en tu pregunta —me parece una pregunta muy pertinente y también muy amplia—, quería tomar algo que dijiste en la introducción. Es que la gente pedía que se hablara cada vez más de economía. Y es lógico que con una situación como esta exista esa demanda extendida en la ciudadanía en general, en el ciudadano común, no solamente los especialistas, porque la gente es parte de la economía, no solamente es parte de la economía: es el componente fundamental de la economía.

Pero cuando la economía funciona en condiciones, digamos, aceptables, en condiciones normales, se vive como parte de la economía sin que uno se preocupe mucho por cómo está la economía. Pasa como con la salud: cuando se goza de buena salud, cuando se está bien, joven, enérgico, dinámico, pues la preocupación por los problemas de salud de un ser humano es mínima.

Sobre eso me preguntas. Pero cuando le aparecen algunos problemas, algunos achaques, algunas dolencias, inmediatamente empiezan las preocupaciones, la referencia y algunos hasta se hacen expertos en aquello que consideran que puede ser su enfermedad. Y es un poco lo que pasa con la economía cubana hoy, que está en una situación muy difícil, muy complicada. Y esa situación difícil y complicada tiene impacto sobre la vida cotidiana de la gente, en cada hora y en cada minuto del día.

Por lo tanto, se genera esta preocupación e interés legítimo por la economía, por la pregunta de cuál es la situación de la economía cubana y cuáles son las alternativas para poder superarla. Es una pregunta fundamental para cualquier economista. Me parece que es importante también empezar por saber en qué estamos parados, dónde está parada la economía cubana.

Hoy día la economía está atravesando una crisis, pero también pudiéramos decir que no solamente es la economía: es la sociedad la que está atravesando una crisis. Porque la economía no es la única dimensión de lo social, pero sí una de las más importantes, porque es la que garantiza la base material para la reproducción de la vida misma.

Hoy día la economía está atravesando una crisis, pero también pudiéramos decir que no solamente es la economía: es la sociedad la que está atravesando una crisis.

Y cuando hay una situación difícil en ese proceso de reproducción de la vida material de la gente, de la satisfacción de las necesidades, obviamente esa dimensión económica adquiere una importancia mayor que en otros momentos en los cuales eso funciona de manera, vamos a decir, adecuada.

Ahora, esa crisis, cuando uno trata de explicarla, de analizarla, tiene que entender que se expresa en diferentes dimensiones.

Primero, hay una crisis respecto a lo que es el principal indicador de una economía cualquiera, que es su nivel de crecimiento. La economía cubana está en una situación de estancamiento. El Producto Interno Bruto, que es el indicador más agregado para medir la situación de la economía, en el año 2024 —la última cifra que existe— y el primer semestre del 2025 que estamos terminando, no parece ser mejor. En el 2024, la economía estaba todavía diez puntos por debajo de lo que había estado la economía cubana en el año 2019. Quiere decir que hay un proceso no solamente de estancamiento, sino de retroceso de la economía. Y esto está acompañado además por otras expresiones que se sienten también en la vida cotidiana. Probablemente la más importante de ellas es la situación de inflación que hay.

Hay que entender que los indicadores económicos tienen una expresión concreta y otra dimensión que es más cualitativa. Hay una dimensión más cuantitativa y una dimensión más cualitativa. Quiere decir, usted puede medir los niveles de inflación y se sabe que más allá de ciertos límites o niveles de inflación altos, una economía tiene que entender que son expresión de problemas.

A veces esos indicadores —un poco como ha pasado recientemente con algunos de los precios crudos— se desaceleran, pero el impacto cualitativo de eso sigue siendo tan negativo como el que existía un poco antes de que se moviera el indicador. Porque el problema fundamental que está expresando la inflación y el estancamiento que tenemos es que hay una falta de correlación entre los niveles de ingresos que tiene el ciudadano común —los ingresos fundamentales en Cuba son salarios y pensiones— y el nivel que tienen los precios.

Los productos fundamentales para la vida cotidiana de la gente en los diferentes segmentos de mercado, tanto los mercados regulados como los mercados libres que hoy tenemos funcionando en la economía. Entonces, esa falta de correspondencia entre ingresos y nivel de precios es probablemente el problema social, y yo diría también que el problema político más serio que tiene el país actualmente, y que es resultado de la situación en la cual se encuentra la economía.

Esa falta de correspondencia entre ingresos y nivel de precios es probablemente el problema social, y yo diría también que el problema político más serio que tiene el país.

Por eso es tan importante hablar de la economía.

JB: Es importantísimo, Julio. Mucha gente tiene la percepción de que las cosas están más caras, y si uno, por ejemplo, busca el precio en dólares, las cosas están hasta más baratas, lo que la gente sigue ganando muchísimo menos. Y eso creo que es lo que…

MC: Claro, el dólar es el que marca la…

JC: …referencia. Por eso digo que hay una dimensión cualitativa que es la que importa, porque el ciudadano común lo que siente es si lo que gana alcanza para solucionar sus necesidades básicas. Si tú le dices, por ejemplo: «la inflación bajó un punto», es posible que sea cierto que haya bajado un punto, pero en términos cualitativos todavía eso no significa nada para él.

Tendría que bajar mucho más para que sea desde el punto de vista social perceptible, aunque no es despreciable para los análisis de la economía cómo se va moviendo el índice de inflación.

MC: Carranza, para el dossier que organizamos en La Joven Cuba, Recomendaciones urgentes para la economía cubana, tú escribiste un texto que se titulaba «Lo más importante es la integralidad de la reforma». ¿Qué significa eso y por qué?

JC: Bueno, para responderte eso que me pidieron cuando me hicieron esa consulta, que dijera lo que yo consideraba lo más importante. Y eso dije. Pero claro, es una frase que sintetiza muchas cosas. Yo quisiera añadir un par de cosas más a la pregunta anterior para poder explicarte por qué razón.

Dimensiones de la crisis

La situación que tiene el déficit presupuestario, —a pesar de que también se ha reducido— está muy por encima de los niveles que se pueden considerar sanos para una economía.

También la existencia de una diversidad de tasas de cambio. Como sabemos, la diferencia de las tasas oficiales, que son más de una, hasta la tasa que se mueve en el mercado —vamos a decir— paralelo, que es a la cual tienen que recurrir muchos de los actores económicos para poder funcionar económicamente. Y también está el caos monetario que tenemos hoy.

Quiere decir: en una economía están circulando diversidad de modelos. Esa es la dimensión de la crisis muy rápidamente expresada a nivel de lo macroeconómico, a nivel de la crisis de estancamiento, de crecimiento. Hay una segunda dimensión, que son crisis sectoriales. Quiere decir, que se expresan con mayor fuerza en algunos sectores de la economía.

Pudiera mencionar varios, pero voy a hablar de dos. En primer lugar, el sector energético. Sabemos la situación que tiene, no me voy a detener ahí, pero la capacidad de generación del país y su potencial de recuperación está muy por debajo de las demandas que tiene Cuba. Esto tiene un impacto muy fuerte —repito— en la vida cotidiana de la gente, pero también tiene un impacto fuerte sobre el funcionamiento de la economía. Porque la planta económica se para, como también se paran las casas cuando hay falta de fluido eléctrico, sumado a lo que significa en temas de abastecimiento de agua, de condiciones para poder cocinar, etc. Ahí hay otra dimensión de la crisis, en este caso sectorial.

Otra dimensión sectorial es el tema de la producción de alimentos. O sea, probablemente la demanda más importante que existe en Cuba sea la de tener una disposición de alimento que satisfaga la necesidad mínima de alimentación de la población en general. Y la capacidad de producción de alimentos en el sector agropecuario, que se encarga de producir este tipo de mercancía —quiere decir, las diferentes formas de los alimentos— sumado a las importaciones de alimentos, está también en una situación crítica. La oferta de alimento está por debajo de la demanda que la sociedad tiene para garantizar una…

Probablemente la demanda más importante que existe en Cuba sea la de tener una disposición de alimento que satisfaga la necesidad mínima.

MC: Alimentación básica.

JC: …básica en condiciones normales. Y ese déficit entre una cosa y la otra también es causa de que se mantengan, sobre todo en los mercados de formación de precios libre, muy caros los alimentos, muy por encima de la capacidad de compra que tiene la mayor parte de la población.

Y una tercera dimensión, y esta la señalo porque es la que tiene que ver con la pregunta que me haces ahora, es la crisis del modelo de funcionamiento de la economía. ¿Cuál es? La economía cubana funciona con un modelo —que no me voy a extender aquí a explicarlo por razones de tiempo— que a todas luces es obsoleto. Quiere decir, necesita una transformación profunda. Y esto, en mi opinión, es condición para superar el resto de la crisis. Por eso hablo de la necesidad de la transformación integral.

¿Qué quiere decir el modelo de funcionamiento de la economía? El modelo justamente de economía tiene que ver con cómo operan las empresas, con cómo operan los mercados, con cuál es el lugar de la planificación, con cómo se establecen los precios, cómo el sistema de incentivos, cómo son los salarios, cuál es la relación entre los diferentes sectores de la economía, tanto privado, cooperativo como estatal.

O sea, todas estas cosas que definen cómo se articula una economía nacional y cómo se articula esta con los mercados internacionales, tiene que ver con la forma bajo la cual se organiza, se regula y se conduce la economía. Y eso, actualmente, creo que es evidente que tiene que ser objeto de transformaciones profundas e integrales.

Ahora voy a responder tu pregunta: ¿Por qué razón yo decía que lo más importante es la integralidad de la reforma? Porque la economía —y a veces se olvida, parece que se olvida— es un sistema complejo. Quiere decir que está integrado por una diversidad grande de factores y el tratamiento a uno de esos factores tiene implicaciones necesariamente para el resto. Y por eso parece una verdad obvia.

Bueno, es tan obvia, pero sin embargo se olvida con demasiada frecuencia. Si ustedes me preguntan cuál ha sido la razón fundamental por la cual muchas de las medidas que se han tomado para mejorar las condiciones de la economía han terminado en un fracaso, es precisamente porque no se le ha dado un tratamiento integral y con suficiente calado a la reforma económica.

Si me pides un ejemplo más claro —y hay otros— fue el ordenamiento monetario que se inició en el 2021. Que la economía cubana necesitaba y necesita un ordenamiento monetario está fuera de discusión. Por supuesto que sí. Había consenso sobre eso. Pero el problema —y ya esto es un tema, obviamente, que tienen que discutir los especialistas, que en su momento advertimos, lo discutimos— es que eso no se puede hacer de cualquier manera. Se tiene que hacer con un determinado orden. Quiere decir, una determinada secuencia donde lo primero tiene que ser lo primero y no puede ser que lo tercero sea lo primero y al revés, porque altera todo.

Y también tiene que hacerse bajo determinadas premisas y en determinado momento. El Ordenamiento se hizo en el peor momento y sin la secuencia adecuada.

JB: Pues la pandemia.

JC: En el medio de la pandemia. Fue en enero del 21. El Ordenamiento significó una devaluación fuerte del peso cubano para la operación de las empresas, que estaba un dólar a 24 para operaciones empresariales. Digo que, para la población, esto significa que una parte muy importante de los costos de las empresas se multiplica por 24. Y eso se hizo de un plumazo.

Cuando eso sucede, obviamente se va a producir un incremento de los precios. Para compensar el incremento de los precios, se aumentan salarios y pensiones. Pero la economía no tenía capacidad para generar la suficiente oferta que ese crecimiento de la demanda iba a generar. Y, por lo tanto, la economía, que siempre busca sus equilibrios, así sea de manera espontánea, no tuvo una respuesta productiva, sino una respuesta inflacionaria.

Quiere decir, el «equilibrio» se estableció vía precios. Y eso dio lugar a una inflación que se mantiene hasta hoy. Y si tú revisas los objetivos del Ordenamiento —así declarado— eran: establecer una moneda única, una sola tasa de cambio, recuperar el interés por el trabajo, subir la productividad, eliminar la diversidad de segmentos que tenía la economía. Y hoy tenemos varias tasas de cambio, varias monedas circulando, una caída de la productividad del trabajo, no hay una recuperación del interés por el trabajo, estamos en una situación de mayor segmentación de la economía.

Porque —sin dejar de ser esto necesario— el Ordenamiento, en términos generales, se hizo de una manera que un sistema complejo no puede asimilar de la manera que se esperaba. Todo lo contrario.

Hay otro ejemplo que es más polémico, pero yo siempre insisto en eso y tengo argumentos para poder discutirlo con quien desee. Todo lo que digo son opiniones personales, por cierto. No tengo que agradarle a nadie y, por supuesto, está sujeto al debate. Pero digo, otro ejemplo: el de la bancarización. Por supuesto que una economía moderna necesita que haya un nivel de bancarización posible, por una cantidad de razones. Pero una bancarización en una situación en la cual la banca está…

¿Hay dudas con eso? Vayamos a las fuentes. Vayamos a un banco para que veamos la cantidad de gente que está ahí. Los cajeros no funcionan. La cantidad de dinero que se permite sacar en cajas es absolutamente insuficiente para las necesidades de la gente, etc.

Entonces, a la afirmación «la bancarización es necesaria», la respuesta es: por supuesto que sí. Pero no de cualquier manera, porque la economía es un sistema complejo.

La integralidad de la reforma

Entonces, digo todo esto para explicar por qué razón la reforma debe ser integral. Yo he hablado de la necesidad de integralidad de la reforma económica, pero me he referido a algunos aspectos. Ahora quiero redondear un poco esta idea. La economía tiene una cantidad de nudos que necesitan de atención urgente y tiene también la necesidad de hacer transformaciones estructurales.

Hay una, en mi opinión, la discusión acerca de que atender las urgencias es postergar las transformaciones estructurales. Yo creo que eso es parte de la integralidad. Hay que atender las urgencias, pero esas urgencias tienen que estar en una solución de articulación clara con las transformaciones estructurales.

MC: Como poner…

JB: …parches. Vulgarmente ahí, cogiendo parches toda la vida.

JC: Que es uno de los problemas que yo creo que hemos estado padeciendo en la economía.

JC: Ahora te voy a hablar de algunas urgencias de la economía. La estabilización económica, que es una palabra que a lo mejor el que no es economista no lo entiende bien, tiene que ver con establecer equilibrios que permitan, entre otras cosas, reducir la inflación.

Quiere decir, colocar los precios en una franja que sean coherentes con el nivel de ingreso medio de la población. Eso tiene que ver con cómo tú manejas tanto el tema de los precios como el nivel de ingreso que tiene la población, el uso de los ahorros, etc.

Pasa por el tema de la formación de precios, pasa por la política fiscal y por la reducción del déficit presupuestario. Son una cantidad de cosas que están, que deberían estar, en los indicadores fundamentales que tienen que ver con los equilibrios macroeconómicos, que deben corresponder a una economía. Y los equilibrios macroeconómicos son muy importantes para que la economía funcione en condiciones adecuadas y para que las transformaciones que se hagan sean efectivas.

Pero a la vez, las transformaciones son fundamentales para mantener los equilibrios macroeconómicos. Si tienes un plan de estabilización que, entre otras cosas, permita una reducción rápida o lo más rápida posible de la inflación —porque las consecuencias de la inflación no son solo económicas, son también políticas—, y esto no se debe olvidar nunca.

Hay un segundo problema serio, que también es una urgencia de la economía, que es el tema de la deuda externa. La economía cubana necesita recursos. Con razón, muchos compañeros dirigentes de la economía del país dicen que es un problema fundamental que el país no cuenta con suficientes recursos. Y es cierto.

Recuerden que este es un país que está sometido a una guerra económica, y eso hay que decirlo de manera muy clara. Porque es una verdad tan clara como el sol. Ahora, esa insuficiencia de capacidad de recursos es un problema que la economía tiene que solucionar. Y la tiene que solucionar con una mayor capacidad exportadora, con una mayor capacidad de gestionar inversión extranjera —que está en niveles muy bajos en Cuba—, con una mayor capacidad de obtener créditos de la banca internacional, a pesar de las presiones de la guerra que se le hace a Cuba por parte de los Estados Unidos, para ser claro.

Este es un país que está sometido a una guerra económica, y eso hay que decirlo de manera muy clara.

Pero un nuevo obstáculo para poder resolver eso es el problema de la deuda. Es imposible en el mundo de hoy lograr una relación sistemática y favorable con los agentes económicos internacionales si el país no tiene capacidad de pago. Claro, porque en el mundo de hoy los acuerdos políticos no operan como operaron en el mundo previo a la caída del Muro de Berlín. Es muy importante tener buenas relaciones, acuerdos políticos, pero si eso no está respaldado por una economía que esté en condiciones de insertarse de una manera efectiva, eficiente en los circuitos económicos internacionales, no hay acuerdo político que pueda resolver eso. Lo demás son fuegos artificiales.

Varios economistas hemos propuesto —obviamente, una vez que se toma esa decisión, eso hay que pensarlo de manera muy fina— la posibilidad de cubrir parte de esa deuda con activos que el país tiene y que están en estos momentos subutilizados. ¿Como qué? Vivienda, etc. Siempre con un temor —que es correcto como precaución—…

MC: En cuanto a…

JC: …que no puedes tú conceder soberanía. Pero hay maneras de hacer eso, sobre todo en una situación de necesidad como la que tenemos, cuidando la soberanía del país, estableciendo determinados plazos, condiciones, etc. Todo eso se puede hacer. Y eso podría generar una dinámica de mucho mayor interés por parte de inversionistas internacionales.

Eso es bueno. Eso es favorable. Eso significa que puedes pagar a mayores plazos. Y hay algunas deudas que se han perdonado, y está bien. Pero eso no te abre créditos frescos.

No puedes seguir pidiendo sobre la base de un incumplimiento sistemático. Que el incumplimiento no solamente tiene que ver con problemas de Cuba, sino con problemas de la agresión externa. Pero el hecho es que hay incumplimientos.

No puedes seguir pidiendo sobre la base de un incumplimiento sistemático.

Esa explicación no es suficiente para una empresa a la cual se le debe dinero. La pregunta de una empresa es: ¿puede pagar? ¿No puede pagar? ¿Puede hacer negocio? ¿No puede hacer negocio? Y si se pueden hacer, lo hacen. Y si no lo pueden hacer, simplemente no lo hacen. Porque son empresas, no son organizaciones de caridad. Son empresas que funcionan con una lógica de mercado, aun aquellas que vienen de países que tienen una excelente relación política con Cuba. Entonces ahí tienes un problema urgente que hay que resolver.

MC: Por supuesto, Carranza. Pero aquí cada vez que las políticas que se implementan fracasan, en el discurso oficial público se dice que es por culpa de las sanciones. ¿Y yo me pregunto, bueno, pero es que no se diseñan pensando en las sanciones? ¿Tenemos que quedarnos sentados y esperar a que las sanciones se levanten para poder levantar el país?

JB: Porque tal pareciera que fue un plan que contaba con la benevolencia del enemigo.

JC: Entonces, en fin, todo eso es parte de lo que está en el debate. Yo he tomado mi opinión sobre eso. Creo que tan falta de objetividad sería decir que todos los problemas que tiene este país se deben a la agresión externa, como decir lo contrario.

Las causas de la crisis actual, en mi opinión, es una combinación de varios factores.

En primer lugar —voy a decir uno más general— este es un contexto de una economía internacional que está llena de tensiones por todas partes. Y eso impacta en una economía como la nuestra. Desde el punto de vista directo, está, de un lado, una política de los Estados Unidos muy fuerte contra Cuba. Pero no es que lo diga yo. ¿No acaban de escuchar ustedes las declaraciones del encargado de negocios de los Estados Unidos en Cuba, después de un recorrido que ha hecho y todo esto, diciendo: «vamos a tener una política para Cuba dura»? Fue la expresión que utilizó, ¿sí o no?

Entonces él está aceptando que es una política dura, como lo es. Inmediatamente después dice: «lo que está pasando en Cuba no tiene que ver con esta política». ¿Ustedes se dan cuenta que es un discurso que no se sostiene?

Ahora, esa no es la única causa de los problemas que hay en Cuba. La otra causa, y mucho más importante —digo, no que sea más importante porque tenga mayor impacto, es más importante porque es en la cual podemos actuar o hacer…

MC: Algo.

JC: …que es: ¿cuál es la capacidad de respuesta que tiene el país para poder enfrentar una situación cuyos condicionantes están fuera de su voluntad? Porque por supuesto que el bloqueo hay que condenarlo, pero eso no es razón suficiente para que cambie.

O sea, tú tienes que asumir que vas a vivir en ese contexto de restricciones fuertes desde el sector externo, la economía, a través de toda la guerra económica. No solamente del bloqueo, que es la lista ante la cual está Cuba, lo que significa eso, la salida del sistema Swift, etc.

Entonces, esa respuesta, en mi opinión, ha sido insuficiente. El socialismo es una teoría, pero también es una historia. O sea, el socialismo tiene la teoría —que es todo lo que sobre eso se ha escrito, los clásicos y otros— y tiene una historia que comienza como historia en octubre del 17 en Rusia. Y continúa hasta hoy.

En la historia del socialismo —muy bien la teoría— a esta altura hay dos modelos, uno o dos modelos fundamentales —estoy obviamente esquematizando—: uno que es el socialismo europeo soviético, cuyo fracaso vimos a finales de la década de los 80 y principios de los 90, y otro, fundamentalmente en países de Asia como China y Vietnam, que tiene una historia de éxito con una cantidad de rasgos muy interesantes que hay que tomar en cuenta.

La economía cubana se sigue pareciendo más al modelo fracasado que al modelo exitoso. Entonces ahí hay un desafío grande para la reforma. Debo decir esto: no estoy hablando de copiar nada. Ningún país puede copiar porque las condiciones específicas te obligan a tener en cuenta tus condicionantes. Por tanto, no se trata de decir «lo que hay es que poner aquí un modelo patrón». Pero el trazo, el trazo grueso, el trazo grueso de la reforma, en mi opinión, debe pasar —obviamente— por el tipo de trayectoria que han tenido economías como la de Vietnam y China.

La economía cubana se sigue pareciendo más al modelo fracasado que al modelo exitoso. Entonces ahí hay un desafío grande para la reforma.

Hablamos en un momento del carácter integral de la reforma. Y yo hablaba de algunas de sus dimensiones, que tienen que ver con la estabilización macroeconómica, etc. Pero está la parte dura y fundamental de las reformas, que tiene que conectar con esta. Que tiene también una cantidad de dimensiones. Pero sus dos dimensiones, sus dos corazones fundamentales en la situación de Cuba, en mi opinión, son los siguientes:

Primero: una reforma de la empresa estatal, no para que deje de ser pública, sino para que deje de ser ineficiente. Y dos: una reforma del subsistema de producción agropecuaria, que está funcionando bajo formas de organización que le impiden superar niveles bajísimos de producción en los diferentes renglones.

Estos son los dos corazones. Quiero decir un par de palabras sobre cada uno de ellos…

MC: Carranza, te voy a interrumpir ahí mismo, perdóname, porque vamos a invitarte a un café. Usted suscríbase al canal, comente y dele like.

[Pausa para el café]

MC: Bueno, Carranza. ¿Qué tal está el café?

JC: Bastante mejor que la economía, porque…

JB: Jajaja.

MC: ¿Pero me ibas a decir algo del sector agropecuario?

JC: Te decía pues que hablar de todo esto llevaría mucho tiempo. Estoy tratando de que no se quede nada afuera.

El campo como prioridad nacional

En la transformación del modelo económico, que tiene muchas dimensiones, destacaba dos —como yo les llamo— los dos corazones de la reforma. Y hablé de la reforma de la empresa estatal y el otro: la reforma del subsistema de producción agropecuaria. Porque es un sistema de producción agropecuaria que además tiene una importancia no solamente económica.

Es un problema de seguridad nacional, porque es la alimentación de la gente. Hay una cantidad de cuestiones fundamentales que hay que cambiar porque ya no funcionan. Hay problemas de organización, del tamaño de la tenencia de la tierra, de la disposición de recursos, de los sistemas de comercialización. Todo lo que tiene que ver con cómo funciona el sistema agropecuario tiene que ser objeto de revisión y de transformación.

Hay un primer problema que tiene que ver con cómo explotas la tierra. Todavía hoy día —esto lo dicen las estadísticas en los anuarios— la mayor parte de la alimentación la está produciendo el sector privado. Sin embargo, el sector privado tiene escalas de producción y de tenencia de la tierra que son muy limitadas para poder desplegar todo el potencial de producción que tiene. Hay que hacer una discusión acerca de bajo qué forma jurídica pudiera disponer ese sector de una mayor cantidad de tierra para su explotación.

Todavía hoy día —esto lo dicen las estadísticas en los anuarios— la mayor parte de la alimentación la está produciendo el sector privado.

Segundo problema: la comercialización. Sabemos que la estructura histórica de Acopio no es que por definición sea negativa, es que opera mal.

JB: Se ha vuelto un mantra, se ha vuelto un mantra que Acopio no funciona, ¿no?

JC: Es un problema que no resuelve, no empata bien la producción con la comercialización de los productos. Hay todo un tema que es el tema de la comercialización. Aquí se ha denostado mucho el tema de los intermediarios. Por supuesto que hay intermediarios que son especuladores, no estoy hablando de esos. Estoy hablando de un sector de capital —capital comercial— que es absolutamente necesario.

O sea, no en vano Marx le dedicó una parte importante de El Capital al capital comercial. Quiere decir, tiene que haber agentes económicos que te empaten de manera eficiente la producción con el comercio, y eso es una especialización. No hay que denostar al intermediario por definición. Hay que establecer la manera más efectiva de que ese actor económico que se ubique en el sector del comercio funcione bien y reduzca los niveles de especulación que efectivamente muchas veces tiene.

JB: Es una pieza del mecanismo que no se…

JC: Uno piensa… y tú le puedes decir a la gente: «Tu tarea es producir y vender», pero son dos especializaciones diferentes que, de hacerlas una misma persona, le resta eficiencia y eficacia a la economía. Cuando hay una sola persona —me refiero a un solo actor— hay otra cuestión fundamental, además de las formas organizativas para su funcionamiento adecuado, que está en el problema de la disposición de recursos.

Producir alimentos, en las condiciones que se necesita aumentar los rendimientos —el rendimiento por hectárea— implica disponer de combustible, disponer de regadío, de fertilizantes, de herbicidas… Hoy la disposición de esos recursos en el sector es insuficiente. Y está la sistemática respuesta de que es insuficiente porque no hay recursos. Es cierto que la economía está en una situación de escasez de recursos, pero si tú revisas la distribución y el uso de las inversiones, verás que, de los recursos disponibles, la dotación o la cantidad que recibe la agricultura está muy disminuida respecto a otros sectores que no tienen la importancia ni la urgencia que tiene el sector agropecuario.

Si tú revisas la distribución y el uso de las inversiones, verás que, de los recursos disponibles, la dotación o la cantidad que recibe la agricultura está muy disminuida respecto a otros sectores.

Y eso —decía— me llevaba al tema de la necesidad, como parte de la reforma, de discutir la política inversionista. En este momento, la política para ampliar las capacidades turísticas está por encima del 30% —digamos, depende de dónde hagas el corte—, y en la agricultura está por debajo del 3%.

MC: Y eso se ha repetido año tras año y se dice…

JC: En fin, año por año. Y los economistas hemos estado planteando esto con mucha fuerza. Las prioridades de un país se demuestran también con la asignación de recursos que se le da a esa prioridad.

Ahora, el sector turístico tuvo una importancia muy grande en la década de los 90, porque fue el que permitió acceder rápido a un sector de generación de divisas en una crisis tan grande como la que hubo en el Período Especial, etc. Sin embargo, en estos momentos, el sector turístico de Cuba está muy golpeado, sobre todo después de la pandemia.

O sea, los mercados turísticos no se han recuperado. Ahora vamos a hacer una revisión comparativa, además de que el sector turístico es muy sensible a la política de agresión. Una de las medidas de Biden —probablemente de lo poco que hizo— fue mantener las políticas que había tomado la administración de Trump y añadir unas pocas. Entre ellas, una fue exigir visa para entrar a los Estados Unidos a los europeos que visitan Cuba.

Eso ya le da un golpe fortísimo a ese segmento del mercado turístico que para Cuba era fundamental, que era el europeo. Y la propia política americana impide que el sector turístico cubano tenga acceso a su mercado natural, que es el de los Estados Unidos.

JB: Y hay una competencia a nivel —por ejemplo— del Caribe, del lugar que para el turista canadiense… se parece…

MC: …mucho a Cuba…

JB: …en recursos naturales, en forma.

JC: Y vale la comparación que me estás haciendo, que es muy buena, ¿no? Por ejemplo, Cuba tiene en estos momentos aproximadamente unos 70 mil —más o menos— habitaciones disponibles. República Dominicana tiene cerca de 90 mil. Pero República Dominicana ha mantenido un turismo sostenido —que ahora se ha detenido un poco— de alrededor de unos 8 millones de visitantes al año.

Cuba apenas llega a millón y medio de visitantes al año. Y en los últimos trece meses ha decrecido sistemáticamente. Así que tú puedes ver: el gap de capacidad instalada y capacidad utilizada es enorme.

MC: Mucha capacidad ociosa.

JB: Porque…

MC: …se siguen construyendo…

JB: …e invirtiendo.

JC: En economía, la pregunta no solamente es «¿qué hiciste?», sino «¿qué dejaste de hacer con lo que hiciste?» Porque, obviamente, los hoteles… son agradables, está bueno para la ciudad. Bueno, eso me parece bien. ¿Y para el futuro? 

En economía, la pregunta no solamente es «¿qué hiciste?», sino «¿qué dejaste de hacer con lo que hiciste?».

La pregunta es: ¿y qué se dejó de hacer al tomar esta decisión? Y es una pregunta fundamental en política económica. No solamente qué haces, sino qué dejas de hacer con lo que hiciste. Porque la economía consiste fundamentalmente en la administración eficiente de recursos escasos.

Por tanto, por eso digo que es un sistema que es negación de la pregunta compleja.

JC: Y luego hay otra dimensión que tiene que ver con la necesidad del establecimiento de un mercado bajo regulación del Estado: mercado cambiario, me refiero. Un mercado cambiario con una tasa de cambio económicamente fundamentada, que —yo me inclino más— sea una tabla flotante con mini devaluaciones. Es un tema muy técnico para lo que digo. Es una tasa de cambio que permita que sea transparente y que permita a los mercados operar de manera más eficiente.

Ahora, para que eso suceda, todos los actores económicos tienen que concurrir al mercado. No puede ser que las empresas estatales no acudan también a ese mercado. Un mercado regulado y controlado por el Estado.

Para eso hace falta recursos financieros, pero también ahí hay que pensar en invertir recursos financieros. Porque este no es un detalle: la regulación de la tasa de cambio en una economía no es un detalle. Es un problema fundamental. No es que tú estés gastando recursos para mantener ese mercado y que estás haciendo un gasto secundario. Estás realizando o empleando recursos para algo que es fundamental en el manejo de las políticas económicas —y la política de desarrollo—, que es la política monetaria.

Quiere decir que, como pueden ver, también pudiera hablar de la política fiscal. La política fiscal debe ser una política progresiva. Quiere decir, que afecte más a quienes más ingresos tengan, y que le dé suficiente ingreso al Estado para mantener las tan necesarias políticas sociales, que son un tema en sí mismo.

En la práctica, las políticas fiscales en Cuba no son necesariamente progresivas. Hay mucha evasión fiscal en el propio sector privado. Por ejemplo, ustedes han visto que lo más frecuente es que no te den factura.

Las políticas fiscales en Cuba no son necesariamente progresivas. Hay mucha evasión fiscal en el propio sector privado.

MC: Claro. Pero también el sector privado opera dentro de unas condiciones, digamos, bastante…

JC: …difíciles. Todo es parte de lo mismo. Al sector privado —para ser claro en esto—, que es un componente fundamental de la economía, se le deben crear condiciones para que pueda operar.

JB: Te iba a preguntar eso ahora. Aquí parece que el sector estatal y el sector privado se soportan. Cuando en estos lugares asiáticos, sea China o Vietnam, ha habido hasta inyecciones de capital para levantar un sector privado. ¿Eso se podría hacer aquí?

JC: Por supuesto que eso es muy importante. A ver, quiero repetir esta idea: la economía cubana inevitablemente ha de ser una economía diversa en cuanto a los actores que en ella operan. Y esos actores deben operar en condiciones de igualdad y de concurrencia a los mismos mercados.

MC: ¿Qué significa eso?

JC: Eso significa que las regulaciones que se establecen para las empresas deben ser compartidas por todas, y las condiciones de producción también deben ser compartidas por todas. Aunque yo creo que la empresa pública debe seguir siendo hegemónica —y expliqué por qué razón—, lo cual no quiere decir que el sector privado no tenga una importancia fundamental e imprescindible.

Políticas fiscales y el rol del sector privado

Eso significa que sea objeto de política de desarrollo, que sea objeto de políticas de crédito, que sea objeto de desarrollo tecnológico, que tenga implicaciones adecuadas en su relación con el sector estatal. Por eso hay que entenderlas como empresas —estatales y privadas—, porque si les empiezas a poner calificativos, inmediatamente estás generando un dato negativo a un sector de la economía, que no es aceptable.

Ahora, eso es una cosa. Y otra cosa es que hagan lo que quieran. Porque las políticas fiscales deben ser de obligatorio cumplimiento para todos los sectores. Y cuando un sector opera sin emisión de facturas, tú no tienes idea de cuánto ingresa. Y eso es profundamente injusto, porque entonces le cobran los mismos impuestos al que más hace que al que menos hace.

O sea, la política fiscal para un país es fundamental. No puede ser como quiera. Entonces, también prueba de ajuste en la política fiscal.

Le voy a dar un indicador negativo: a pesar de que en la regulación vigente el sector privado debe ser objeto de crédito —porque una economía moderna no puede funcionar sin créditos, o no puede funcionar bien sin créditos—, en Cuba está regulado que el sector privado reciba crédito. Pero en este momento, según las cifras que nos da un colega que estudia esto en la cartera de los bancos, haciendo un promedio entre todos ellos, el crédito al sector privado no pasa del 1% del crédito que se otorga para un sector.

El crédito al sector privado no pasa del 1% del crédito que se otorga para un sector.

MC: No vas a incentivarlo si no tiene…

JC: …prestar a un sector que ya está dando empleo a una parte muy importante de la población económicamente activa. Entonces, hay un desafío también de fortalecimiento del sector privado bien entendido.

MC: Es una cuestión política también ahí.

JC: Y por supuesto que sí. Hay una parte fundamental del país que está implicada en ese sector. Tiene que estar directamente vinculado con un proyecto de desarrollo nacional y con las expectativas que se le deben abrir hacia lo que debe ser el futuro de este país. Todos los sectores integrados.

MC: Claro. Y luego tenemos además políticas como que se le puede dar tierras en usufructo para que las exploten empresas extranjeras, pero no privadas nacionales. O sea, no estás integrando al sector privado.

JC: Porque estás segmentando la economía. Como decía, el subsistema de producción agropecuaria debe ser objeto de una transformación profunda, que incluye eso que estás diciendo. Porque, además, como te decía antes, a pesar de todo esto, ¿qué alimentos produce Cuba en la agricultura? El sector privado. Nadie está inventando.

JB: Si esta reforma se llevara a cabo —vamos a ser optimistas, como se debe—, ¿tú crees que se podría, por ejemplo, recuperar la confianza de inversores para que llegaran a un nivel parecido a lo que nos hace falta?

JC: Te voy a contestar de la manera más objetiva que creo. En primer lugar, se ha perdido mucho tiempo.

Segundo —y esta es la parte más importante de mi respuesta a tu pregunta—: yo no estoy absolutamente seguro de si eso pudiera resolver todos los inmensos desafíos del país. Pero yo de lo que sí estoy seguro es que, sin eso, ninguno de sus problemas son solucionables.

O sea, esa es la alternativa, el camino. Eso es lo que te puede poner en condiciones de superar esta situación. Pero, además, eso es lo que le puede dar a este país una expectativa estratégica de salida dentro de una situación muy complicada.

Y esto, desde el punto de vista político, es fundamental. Eso es lo que puede empatar a las nuevas generaciones con un proyecto de país. Cuba ha venido concibiendo y tratando —contra viento y marea, contra fuerzas externas extremadamente fuertes— de articular un proyecto de país, pero las columnas vertebrales de ese proyecto nacional son tres: la soberanía nacional, la justicia social y una alternativa de desarrollo económico y democrático.

Estas tres cuestiones son las que están en juego. Si la salida de una situación como esta, en vez de ser favorable, es una salida de violencia o una salida de conflicto, lo que se estarían derrumbando serían los pilares fundamentales de un proyecto de nación que —contra todas las banderas— viene avanzando en este país desde el siglo XIX, en sus diferentes etapas.

Y esto, de alguna manera, tiene que calar en la juventud. Pero no solamente el discurso, sino los hechos. Entregarle un país en el cual puedan realizar sus vidas, en el cual puedan ver un horizonte.

El tiroteo final

JB: Vamos ahora a pasar al tiroteo, que son unas preguntas para responder, Julio, con el mínimo de palabras posible. Empiezo yo. Tú, como parte de un grupo de economistas que están públicamente alertando y advirtiendo sobre estas reformas: del uno al diez, ¿cuán escuchado te sientes?

JC: Pues depende. Si estás hablando de ser escuchado por parte de los que toman decisiones… tiende a cero.

JB: Nosotros, 10. Mariana, la tuya.

MC: A tu juicio, ¿cuál es el error más grande que se sigue cometiendo en la economía cubana?

JC: Que no hay una propuesta —al menos visible, suficientemente entendible— de salida estratégica a la situación.

JB: Correcto. Y esta ya empezaste a responder, pero vamos a cerrar aquí. Si se dieran las condiciones ideales —y condiciones ideales ya hemos hablado: integralidad, acciones imperiosas—, ¿qué tiempo necesitaría la economía cubana para empezar a dar señales de vida, esa primera respiración después del electroshock?

JC: Yo creo que bastaría una propuesta estratégica clara y de probable viabilidad para que inmediatamente el ambiente en el país cambiara, para que inmediatamente el nivel de compromiso de la población con las cosas que se hacen cambiara. Y ese es el primer paso para poder avanzar a una superación de la situación actual.

La recuperación de los niveles de producción, de exportación, de inversión, etc., va a llevar algún tiempo, porque son difíciles. El gap es muy grande. Pero en la medida en que se empiece a construir positivamente eso, yo creo que ya estaríamos ganando una parte muy importante del desafío que tiene el país.

Es muy difícil ser preciso en cuanto a qué tiempo. No es de ninguna manera coser y cantar. Tiene que haber marchas y contramarchas, porque hay un proceso de este tipo de rectificación que hay que hacer sobre la marcha. Pero con una estrategia clara, la pregunta es: ¿cuál es el país que queremos en el futuro? ¿Cuál es la forma de poder articularlo y cómo podemos empezar a caminar todos juntos? Y, sobre todo, ¿cómo reconstruir la confianza y el compromiso con el país, sobre todo de sus generaciones más jóvenes?

Y eso no puede ser resultado de un discurso. Tiene que ser resultado de decisiones que tengan impacto en la vida de la gente, en las posibilidades de la gente, en los planes de la gente. En que puedan identificar que en este país sí tienen futuro, siempre y cuando estén en condiciones de trabajar, de aplicar su innovación, de poder realizar sus sueños, de reproducir su vida y reproducirla de manera digna.

JB: Gracias una vez más.

MC: Sí. Y así cerramos este primer capítulo de la segunda temporada de La Sobremesa, un podcast de La Joven Cuba donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

El Partido Comunista no da señales de vida

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Imagen generada con Inteligencia Artificial

Si juzgamos por los reportes de la prensa sobre el X Pleno del Comité Central, el Partido Comunista de Cuba (PCC) parece vivir más en otro país que en la Cuba del 2025. Mientras el malestar ciudadano se multiplica y las condiciones materiales se deterioran, las máximas autoridades políticas del país se reúnen sin transmitir sus debates en vivo, en un concierto de opiniones unánimes y sin exhibir un suficiente sentido de urgencia. En lugar de ser una instancia de deliberación, el Pleno parece más una reafirmación simbólica que una herramienta para consensuar políticas públicas en un entorno cada vez más adverso.

El X Pleno del Comité Central del PCC, celebrado los días 4 y 5 de julio, era una oportunidad para que su dirigencia asumiera con franqueza la magnitud de la crisis. No lo hizo. A pesar del colapso económico, el malestar social generalizado y la pérdida de confianza en el discurso oficialista, el Partido —si bien reconoció de manera superficial alguno de estos problemas— continúa mirando complacientemente hacia adentro, encerrado en sus propias fórmulas, sin suficiente autocrítica ni voluntad de cambio estructural.

Sin embargo, aún está a tiempo. En lugar de persistir en su encierro, el Partido podría elegir otro camino: hacer política real. Recuperar la vocación de representar, dialogar, convencer. Pero en este momento crítico, lo imposible de ignorar es que ha elegido no hacerlo. Para colmo, sigue insistiendo en un discurso que divide a los cubanos en patriotas y enemigos, sin mostrar capacidad o interés en gobernar para todos los cubanos. Esa es la imagen que sus críticos históricamente le han querido dar y que hoy el Partido refuerza por voluntad propia.

Durante décadas, el Partido sostuvo su autoridad en un equilibrio peculiar: no era realmente democrático, pero tampoco ilegítimo. Parte de su legitimidad provenía de logros tangibles en salud, educación y equidad, pero también de su oposición frontal a un enemigo externo con poco crédito moral en la región: Estados Unidos.

El Partido sostuvo su autoridad en un equilibrio peculiar: no era realmente democrático, pero tampoco ilegítimo.

Con el tiempo ese relato fue cambiando. El Período Especial marcó una fractura profunda; aun así, varias de estas garantías se mantuvieron. Pero tras la salida de Fidel Castro, primero por enfermedad y luego por muerte, el Partido quedó sin su figura central. Desde entonces, la distancia entre el discurso oficial y la vida cotidiana se ha vuelto inocultable.

Hoy, cada vez menos cubanos creen en la épica revolucionaria. El Partido ya no encarna una promesa de futuro. De hecho, todo lo contrario; para muchos es hoy un obstáculo para alcanzarlo. Y ese descrédito no es solo producto del bloqueo y el contexto internacional: es la consecuencia directa de una cadena de decisiones torpes, de la incapacidad para escuchar y de la negación sistemática de las señales de desgaste.

La transformación política más radical en Cuba no ha ocurrido en las estructuras del Estado, sino en el pensamiento de su gente. El agotamiento, la frustración y la emigración masiva son síntomas de una ruptura ya consumada.

El Partido perdió el monopolio de la esperanza. Su narrativa ya no define el presente, y mucho menos el futuro. Y lo más grave es que no parece tener conciencia de ello. Heredero de una cultura política que castiga la crítica interna, ha caído en una dinámica de autoengaño institucional, donde los problemas se camuflan con eufemismos y la solución siempre está «en vías de».

La situación es tan grave que, en ciertas zonas del país, el Estado se ha replegado a tal punto que iglesias y comunidades religiosas, antes marginales o vigiladas, llenan el vacío con escucha, asistencia y sentido. Estas instituciones en muchos casos incluso mantienen agendas conservadoras contrarias a la idea de progreso y derechos sociales que usualmente han habitado en el ideario revolucionario cubano. Allí donde el Partido ya no llega, otros actores ocupan su lugar, ofreciendo lo que el sistema político ya no sabe brindar: un paradigma de vida y recursos para alcanzarlo.

Que el Partido haya perdido legitimidad no implica que la oposición esté lista, unida, o merezca reemplazarlo. La mayoría de los actores disidentes siguen sin una estrategia clara. Y muchas veces dan la impresión de preferir el colapso antes que construir alternativas viables.

La represión gubernamental no es necesariamente la mayor razón para la debilidad opositora. Existe inercia en las fuerzas contrarias al PCC. Dentro de Cuba, la oposición necesita desesperación ciudadana para hacer crecer sus filas. Fuera, el exilio más visible sigue dominado por una clase política con credenciales democráticas dudosas y una larga historia de alineamiento con agendas autoritarias y sin respeto a la soberanía nacional.

La represión gubernamental no es necesariamente la mayor razón para la debilidad opositora. Existe inercia en las fuerzas contrarias al PCC.

Más que un proyecto democrático, buena parte de la oposición ofrece nostalgia y revancha. Y así, el vacío político crece.

En su momento, Fidel Castro representó un liderazgo carismático y fundacional. Sin embargo, casi una década después, su ausencia deja un modelo dependiente del líder, sin liderazgo que lo sustente.

La nueva generación de dirigentes no moviliza ni entusiasma, y delegan en la represión lo que no pueden lograr con política. Raúl Castro, aunque menos carismático, al menos intentó reformas, pero su legado fue atrapado por la inercia del sistema, la reticencia de algunos de sus coetáneos y sucesos internacionales fuera de su control.

Uno de los rostros que más se asocia al estancamiento es José Ramón Machado Ventura, quien durante años dirigió el Departamento de Organización, y con ello la política de cuadros del Partido. Para muchos, su influencia dejó una organización sin renovación real, sin conexión con la sociedad, sin capacidad de articulación. No obstante, un juicio justo sobre su persona resulta difícil; quizás nunca sabremos cuántas decisiones fueron por voluntad propia y cuántas veces fue el brazo ejecutor de otros.

Por mucho cinismo con que se pueda ver la organización, es necesario mencionar que también hay un componente de mucho sacrificio entre muchos de sus militantes. Prefiero no especular sobre los altos dirigentes; sin embargo a nivel intermedio y de base, trabajar en la estructura partidista es una vocación ingrata y que sólo se sostiene por la convicción de quienes lo hacen. No obstante, de nada vale todo ese sacrificio si quienes conducen la organización no la hacen medianamente competitiva ante otras opciones políticas.

De nada vale todo ese sacrificio si quienes conducen la organización no la hacen medianamente competitiva ante otras opciones políticas.

El resultado de este Pleno es la impresión de un Partido agotado y sin voluntad de tomar las decisiones necesarias y urgentes que podrían salvarlo ante los ojos de su propio pueblo.

En un país donde el talento emigra masivamente, el PCC se da el lujo de tener a René González —quien lideró la última campaña simbólica exitosa en Cuba que llenó espontáneamente el país de cintas amarillas— dirigiendo un club de aviación, a Cristina Escobar — portavoz ideal para la Presidencia— fuera de los medios, a una revista como Alma Mater —que logró captar la atención de los jóvenes como ningún medio estatal— prácticamente sin un equipo editorial luego de la salida forzosa de Armando Franco, y a un Ministerio de Economía, que desde la salida de José Luis Rodríguez no ha sido dirigido por ningún experto, desoyendo las constantes propuestas que hacen los economistas.

El tiempo avanza más rápido que las estructuras o el pensamiento de los decisores. La tecnología amenaza también con dejar atrás al Partido. Ya las VPN forman parte de la vida digital en la Isla, pero las redes satelitales como Starlink harán cada vez más inútiles los actuales mecanismos de censura. Por otro lado, la inteligencia artificial generativa podrá crear noticias falsas, protestas simuladas y discursos apócrifos que generen reacciones reales en la población.

El tiempo avanza más rápido que las estructuras o el pensamiento de los decisores.

Y en un futuro cercano, la Inteligencia Artificial General permitirá segmentar estados de ánimo, intervenir el discurso público y orquestar campañas desde fuera con precisión quirúrgica. Para un Partido sin una estrategia de comunicación decente ni capacidad de adaptación, eso no es un riesgo: es una sentencia.

Con el X Pleno recién concluido, ha quedado claro que no habrá un viraje profundo. Pero aún existe un margen (estrecho, pero real) para que el Partido reconecte con la sociedad. La cuestión va más allá de reformas económicas; se trata de volver a hacer política. De representar, escuchar, competir.

El Pleno evidencia el agotamiento del modelo actual. Hoy la mayoría de los partidos políticos en el mundo exhiben sus diferencias internas como prueba de vida democrática. Mientras, el Partido Comunista de Cuba —anclado en un falso concepto de fortaleza— prefiere ocultar el debate y seguir representando la unanimidad como unidad. En las mismas imágenes mostradas en los medios estatales se resaltaron las usuales manos levantadas uniformemente en lugar de un debate sobre los problemas reales del país. El contraste de esa cámara de eco con una sociedad civil cada vez más diversa e indignada dice mucho. El resultado es un espectáculo pobre y (mal) ensayado, en vez de una deliberación real.

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El Partido Comunista no da señales de vida 2

Según la prensa, se habló de «perfeccionamiento» de la política de cuadros. Pero la realidad exige transformación, no ajustes marginales. El informe de rendición de cuentas, descrito como «crítico y apegado a la realidad», fue más bien una colección de eufemismos. En lugar de reconocer errores, se habló de ritmos «no deseados» o de «falta de integralidad».

El discurso de cierre del presidente fue adecuado para los estándares del Partido, y si hubiera tenido lugar hace una década, hubiera podido decirse que fue incluso atrevido. Pero a la altura del 2025 se queda corto y muy lejos de lo necesario. Y este es otro problema central: que Raúl Castro en su momento, y Díaz-Canel ahora, sigan siendo quienes muestran mayor capacidad crítica dentro de la dirigencia partidista, dice mucho de la dinámica conservadora imperante. Que ningún otro funcionario se atreva a señalar con mayor agudeza los problemas del país, revela una estructura más preocupada por la obediencia que por la lucidez.

Que ningún otro funcionario se atreva a señalar con mayor agudeza los problemas del país, revela una estructura más preocupada por la obediencia que por la lucidez.

En su discurso, el presidente pareció reconocer la gravedad del momento, pero, en Cuba, el poder no reside solo en los cargos. Con estructuras como GAESA operando en paralelo y dinámicas de grupos de poder que son invisibles, su margen de acción es, cuando menos, incierto.

Mientras tanto, la vida cotidiana se hace insostenible. Los apagones han logrado irritar incluso a los militantes. Y el gobierno ha fallado, no solo en su incapacidad de ofrecer soluciones, sino en explicar claramente y con argumentos sólidos que no suenen a justificaciones el rol de las sanciones estadounidenses en esta crisis.

La falta de empatía y autocrítica sumada al no reconocimiento de la gravedad de la situación son también elementos de contrarrevolución, porque niegan el pacto fundacional del proyecto revolucionario: estar con el pueblo. Y lo más trágico es que, aunque quisiera cambiar, el Partido parece no saber cómo. No sabe qué hacer distinto ni por dónde empezar.

Postdata

Ya es tarde para que el Partido construya la sociedad que soñó. El contexto cambió y el pueblo está demasiado decepcionado. Las ideas de derecha ganan terreno en corazones y mentes, no por su virtud, sino por el vacío dejado por un Partido que se autoerige como la vanguardia de la izquierda y perdió el impulso por cambiar lo que hace mucho debió ser cambiado. Aunque el Partido Comunista siga en el poder, ya vivimos en una Cuba post-revolucionaria. Administrar los cambios que tengan lugar para mitigar daños y recuperar algo de credibilidad requeriría un Partido radicalmente distinto al que vimos en este Pleno.

Y eso es una tragedia. Mucha gente derramó su sangre, y muchos otros sacrifican aún hoy sus vidas, por un sueño revolucionario que se malgasta en manos de un aparato que ya no está a la altura. La historia nos recuerda lo que ocurrió en la Unión Soviética. Allí no fue el pueblo quien falló, sino sus líderes. Los pueblos, cuando tienen voz, suelen tener razón.

Si el Partido no cambia, la historia no lo absolverá. Simplemente dejará de juzgarlo. Porque ya no importará. Ni como poder, ni como símbolo.

Antonio Guiteras y el puente roto con el Partido Comunista de Cuba

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Antonio Guiteras Holmes (1906-1935) constituye una de las figuras más radicales de la tradición revolucionaria nacional, contra los intereses de dominación económicos y políticos de los Estados Unidos hacia Cuba. Sin embargo, el pulso constante entre su radicalismo pragmático y la ortodoxia del Partido Comunista constituye uno de los elementos más controversiales de su trayectoria política, convenientemente silenciado por ciertas narrativas historiográficas; lo cual requiere nuevas lecturas que permitan comprender, no solo su personalidad, sino además las complejidades de la vorágine cubana de los años treinta.

Desde su etapa de formación universitaria en el estudio de ciencias farmacéuticas, Guiteras destacó como líder capaz de aglutinar el sentir del estudiantado contra los intereses de la élite dominante, subordinados a los arbitrios de la penetración imperialista. En ese afán resaltó en su temprana militancia como miembro del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) desde 1927, enfrentado a la prórroga de poderes impuesta por Gerardo Machado (1871-1939), el empobrecimiento de la clase trabajadora por sus políticas en medio del agotamiento estructural del modelo azucarero y la vulneración de los derechos democráticos. En su transitar consecuente, desplegó un incansable batallar contra los representantes del empresariado nacional y extranjero, enemigos acérrimos de la alternativa revolucionaria en su proceso de radicalización social-popular.

Si bien una vez graduado dejó de pertenecer al DEU, brindó su casa en múltiples ocasiones para las actividades organizativas y conspiracionistas del Ala Izquierda Estudiantil. Esta agrupación denunció el carácter reformista del DEU —que para entonces poseía un carácter moderado en sus demandas e ideología en su dimensión conciliadora con los intereses del patronato— de forma que agrupó a la fracción más revolucionaria de este sector.

Hacia finales de la década de 1920, Guiteras intensificó su labor de oposición mediante el uso de métodos violentos en la medida que crecía la indignación ante las políticas represivas y plutocráticas implementadas por el general Gerardo Machado. En aquel momento la figura del presidente, definida al inicio de su mandato por una tendencia conservadora y reaccionaria, le incorporó a su gobierno una dimensión dictatorial, como alternativa para el sostenimiento de sus propósitos corporativos y anti-populares —en alianza con los intereses del capital estadounidense—, conduciéndolo a la persecución despiadada de sindicatos, organizaciones obreras, comunistas, estudiantiles y campesinas.

Hacia finales de la década de 1920, Guiteras intensificó su labor de oposición mediante el uso de métodos violentos en la medida que crecía la indignación ante las políticas represivas y plutocráticas.

Convencido de que la lucha armada era la única vía para derrocar a Machado y los intereses imperiales, en 1931 Guiteras se sumó al alzamiento de «La Gallinita», liderado por el coronel Justo Cuza. La rebelión integró el «movimiento de agosto de 1931», al que se unieron, en Occidente, los veteranos Mario García Menocal y Carlos Mendieta. Sus fines, sin embargo, diferían de los objetivos radicales perseguidos por los revolucionarios orientales. Tras duros combates, Cuza, Guiteras y sus hombres fueron apresados, mientras los viejos dirigentes de la independencia mambisa, —devenidos en representantes de la reacción conservadora—, huyeron con trato preferencial. A su regreso del exilio en 1933, Carlos Mendieta logró ocupar el cargo de presidente de la República entre enero de 1934 y diciembre de 1935, en especie de triunvirato con Fulgencio Batista (1901-1973) y el embajador estadounidense Jefferson Caffery (1886-1974).

Luego de ser puesto en libertad al concedérsele la amnistía por el machadato en diciembre de 1931, Antonio Guiteras experimentó de forma acelerada un proceso de radicalización de su pensamiento y accionar; hecho que lo condujo a la creación en 1932 de Unión Revolucionaria (UR). Con la gestación de este grupo político, cuya razón fundamental de existencia se basaba en la práctica como objetivo prioritario, demostraba su disposición a recrudecer los quehaceres rebeldes contra la dictadura, concentrados por razones estratégicas en el oriente del país.

Luego de ser puesto en libertad al concedérsele la amnistía por el machadato en diciembre de 1931, Antonio Guiteras experimentó de forma acelerada un proceso de radicalización de su pensamiento y accionar.

En el segundo trimestre de 1933, como parte de la crisis que sacudía a la tiranía expresado en el creciente descontento social mediante huelgas y manifestaciones simultáneas en las calles de todo el territorio, el joven líder incrementó las acciones combativas con los miembros de Unión Revolucionaria (UR) mediante la planificación de asaltos, sabotajes y atentados, incluido la quema de cañaverales y la ocupación de armamento militar.

Como parte de esa proyección, el 29 de abril de 1933, Guiteras y una treintena de combatientes tomaron por unas horas el cuartel de San Luis en Santiago, se replegaron ante la reacción gubernamental y pospusieron un asalto al cuartel de Bayamo, que abandonaron tras la huida de Machado el 12 de agosto, antes de trasladarse a La Habana.

El breve Gobierno Provisional de Carlos Manuel de Céspedes y Quesada (1871-1939) impuesto tras la salida de Machado, transcurrió del 13 de agosto al 4 de septiembre de 1933. La membresía de su gabinete pretendía la mediación con la complicidad de la embajada estadounidense, en medio del fervor ante la caída del tirano. Mas se tornó un Gobierno insostenible, dadas las propias inconsecuencias en su interior que imposibilitaron la continuidad en el poder, dinamitado por las presiones de una vorágine que impugnaba la instauración de toda propuesta conciliadora, a la que se opusieron organizaciones como: el Ala Izquierda Estudiantil (AIE), el Directorio Estudiantil Universitario (DEU), la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), Unión Revolucionaria (UR), el Partido Comunista de Cuba (PCC), entre otras agrupaciones obreras, populares y sindicales.

En medio de esa realidad ascendió el protagonismo de las clases bajas del ejército, comandadas por sargentos y soldados que protagonizaron los hechos del 4 de septiembre de 1933 liderados por Fulgencio Batista. Dicho accionar resultó de una relevancia decisiva en el derrocamiento al régimen conservador de Carlos Manuel Céspedes.

La caída como presidente interino de la República del hijo de quien fuera denominado padre de la patria dio paso el 5 de septiembre a la instauración de un modelo colegiado de gobierno, que pasó a la historia como La Pentarquía, integrada por cinco miembros. La mayor relevancia de este experimento estuvo en no aceptar la subordinación a los intereses de la embajada norteamericana, que desde sus inicios conspiró para su destronamiento. No obstante, el transcurso de su dirigencia resultó efímero, al tener una extensión de apenas cinco días, debido a sus irreconciliables tendencias ideológicas y a la falta de consenso para la implementación de políticas, que provocaron su auto-disolución el 10 de septiembre de 1933.

Luego del fin de este ciclo de breves regímenes temporales, caracterizados por una indefinida gestión política y dubitante administración pública, ascendió al poder el 10 de septiembre de 1933 un nuevo Gobierno Provisional presidido por Ramón Grau San Martín, quien recibió el apoyo de sectores con tradición de resistencia como el DEU, además de obtener el respaldo de los mandos bajos del ejército.

En dicha composición fue promovido Antonio Guiteras, quien estuvo encargado de la Secretaría de Gobernación, Guerra y Marina, desde donde impulsó las medidas de mayor impacto en el bienestar y los derechos sociales de la población, la clase obrera, el campesinado y el movimiento comunista, dando paso al fin del extenso período de criminalización al que estaban sometidos estos últimos.

El socialista republicano democrático (en el poder) y sus contradicciones con el Partido Comunista de Cuba

El pensamiento político de Antonio Guiteras está pertrecho de un imaginario republicano que reivindica las nociones más radicales de la democracia, a través de la promoción de los más elementales derechos sociales, civiles y políticos. Su formación concibe el respeto a las libertades ciudadanas, la igualdad como precepto universal de garantías para la materialización de la justicia y el respaldo a las instituciones democráticas en sus distintas funcionalidades dentro de la estructura del aparato del Estado, siempre adherido a preceptos constitucionales.

Es además consciente de los conflictos de clase detrás de los intereses que impiden la materialización de esos ideales, —motivados por ambiciones económicas, anhelos dictatoriales y obstáculos políticos—, que se alejan de una dimensión colectiva en la forma de entender la sociedad como un todo armónico estable para la salud de la nación; pues si algo integra la formación ética de su ideario, es la dimensión nacionalista integral de su proyecto, apegada a los valores cooperativos y solidarios de la tradición socialista.

Mas esa concepción que le otorga una singularidad peculiar, no le concede una mirada reductiva en su análisis del régimen global que reproduce esos esquemas opresivos del poder más allá de las fronteras estatales. Eso queda demostrado en su lucha contra los tentáculos del imperialismo, como única alternativa para romper las cadenas de la dependencia económica, la servidumbre hacia el capital financiero y la coartación política de los principios elementales de la soberanía, quebrantados de disímiles maneras y en múltiples ocasiones desde los instantes iniciales de la formación de la República en 1902.

De ahí que su vocación resulte comprensiva sobre la utilidad del conflicto armado para lograr los propósitos impedidos por instancias de fuerza mayor, de manera que en la integralidad de su pensamiento este hecho para nada sutil se aleja de toda «cosmovisión aventurera», cual apología insustancial de la violencia gansteril. Más bien, resulta consecuencia de una comprensión firme de su disposición revolucionaria, inquebrantable en su voluntad de concretar los anhelos de liberación históricamente postergados de la clase trabajadora, así como de los sectores humildes y excluidos por el colonialismo, transmutado para el siglo XX en las manifestaciones extractivas y de comercio desigual desplegadas por los representantes económicos del capitalismo trasnacional.

El estadista tuvo que navegar a contrapelo de sus enemigos dentro y fuera del propio gabinete. En sus reducidas posibilidades de maniobra, —como integrante de un gobierno reconocido más por su errática composición heterogénea que por la solidez de sus tendencias ideológicas—, enfrentó la incomprensión de sectores sindicales, proletarios y comunistas; a pesar de que siempre trató de establecer alianzas duraderas con estos, de manera que posibilitaran la consecución de aquellos ideales que movilizaron al país durante la épica revolución de los años 30. Su meta era lograr a través de la toma del poder del Estado la radicalización de la democracia fuera de los confines oligárquicos, empresariales y anti-obreristas que la élite republicana le había signado en sus respectivos mandatos presidenciales.

En sus reducidas posibilidades de maniobra, enfrentó la incomprensión de sectores sindicales, proletarios y comunistas.

Hacia ese objetivo estuvo encaminada su labor como servidor público cuando implementó la jornada laboral de ocho horas en defensa de los derechos laborales de los trabajadores, cuando proclamó la autonomía universitaria luego de años de enfrentamiento con las desprestigiadas autoridades del sector educativo. Además, impulsado por fines de justicia similares, decretó el seguro y retiro obrero, el sufragio femenino y la reglamentación de la usura.

Otras medidas tomadas bajo su mandato fueron: el jornal mínimo; el reparto tierras entre productores ante la extensión del latifundio que distorsionaba el desarrollo agrícola; y la reducción del precio de electricidad mediante nacionalización al monopolio de la energía eléctrica, decisión que incidía en el bolsillo de los consumidores y propinaba un golpe medular a las pretensiones lucrativas del capital inversionista norteamericano.

Sin embargo, debido a su participación en el Gobierno, las contradicciones con sectores obreros y comunistas se hicieron ostensibles dadas las diferencias ideológicas y praxis políticas divergentes. Aunque Guiteras favoreció de múltiples formas los intereses de estos grupos y jamás cedió en el empeño de articular posibles alianzas para consolidar la obra de liberación nacional.

Si bien Fulgencio Batista al frente de la fuerza armada ordenó la salvaje represión y tiroteo del acto público que tuvo lugar el 29 de septiembre de 1933, en el que mediante peregrinación se procedió en marcha multitudinaria al entierro de las cenizas de Julio Antonio Mella (1903-1929); el Partido Comunista fue incapaz de comprender las divergencias al interior del gabinete y responsabilizó de la masacre a todos los miembros por igual, sin reconocer que el secretario de Gobernación no cesó jamás de promulgar medidas que se traducían en un escenario de mayores libertades para sus militantes, los intereses de la clase trabajadora y organizaciones ideológicas afines.

El Partido Comunista fue incapaz de comprender las divergencias al interior del gabinete y responsabilizó de la masacre a todos los miembros por igual.

Como evidencia de ello, Guiteras libertó el 18 de octubre a «más de 60 obreros presos por comunistas», mientras el 3 de noviembre dispuso la excarcelación de otros 84 detenidos y el día 31 de noviembre ordenó la libertad de 12 arrestados por el ejército al sorprender una reunión del partido en Matanzas. De manera similar, ante la permanencia de 104 militantes de esta organización recluidos en el Castillo del Príncipe, dictaminó su exoneración inmediata el día 8 de diciembre, aunque en el transcurso de pocos días, específicamente el 14 de igual mes, decretó poner en libertad a otros 350 detenidos bajo el argumento de ser sujetos de «ideología marxista».

Unido a esto, el 18 de noviembre emitió una disposición que exigía la liberación de 124 presos por razones similares, cuya postura sostuvo hasta culminar el 1º de enero de 1934, cuando ordenó la salida de prisión de 78 detenidos. Entre los beneficiados se encontraban trabajadores del sector azucarero, líderes del Ala Izquierda Estudiantil, delegados de la Liga Antimperialista de Estados Unidos, dirigentes sindicales, obreros, estudiantes y miembros del Partido Comunista de Cuba.[1]

A pesar del predominio de tales acontecimientos, la rivalidad ideológica estaba seriamente definida, dado que la organización de corte marxista-leninista no estaba dispuesta a establecer pacto alguno. El historiador y pensador cubano Fernando Martínez Heredia en relación a dicha disputa, expresó: «Vistos los hechos desde una perspectiva histórica, la organización revolucionaria que era el PC solamente podía resultar eficaz en la etapa crucial de la crisis revolucionaria si se independizaba de la [Internacional Comunista] IC y emprendía cambios muy profundos de sus ideas, su estrategia y sus métodos de trabajo».[2]

Acorde a los criterios de este propio historiador, el Partido Comunista cometió varios errores estratégicos, como su voluntaria subordinación a las directrices de la Internacional Comunista y específicamente a su Buró del Caribe. Si bien la organización cubana cuestionaba dichas orientaciones contrastándolas a la realidad del país, en el orden político terminaba por acatar sus decisiones. Por otro lado, tuvo un peso histórico notable el denominado «error de agosto», cuando por petición personal de Gerardo Machado accedieron pocos días antes de su caída a derogar la huelga general, a cambio de obtener las demandas obreras inmediatas. Sin embargo, una vez derrocado el tirano, resultó más relevante aún en el orden estratégico, la decisión de no establecer acuerdos de frente único con sectores provenientes de las clases bajas y medias fuera de la «ortodoxia comunista».

El Partido Comunista cometió varios errores estratégicos, como su voluntaria subordinación a las directrices de la Internacional Comunista y específicamente a su Buró del Caribe.

La injerencia de Buró del Caribe fue tal, que solicitó sancionar a Rubén Martínez Villena (1899-1934), quien fuera uno de los principales críticos a la idea de conformar soviets en todos los lugares donde fuera posible, hasta la constitución de un poder soviético en el país.[3] Esta interpretación mimética de la revolución rusa, dada su lejanía a las circunstancias del territorio caribeño, fue combatida con firmeza por el joven poeta, quien fuera acusado de «oportunismo» por sus superiores en las esferas de la III Internacional. Las consideraciones e impulsos sectarios de su separación definitiva no llegaron a cauce, debido a su muerte en medio de tales acontecimientos.[4]

En ese escenario, las orientaciones de no colaboración con otras tendencias eran precisas, al punto de ser consideradas como «desviadas», «oportunistas» y «renegadas», definidas por el sectarismo y la cosmovisión central subordinada a los designios de Moscú. Todo ello a pesar de los elementos compartidos con corrientes socialistas afines, resultantes de la lucha de clase hacia ideales en común de justicia social, antimperialismo y empoderamiento obrero.

Antonio Guiteras fue considerado por los comunistas como un enemigo, acusado de «nacional-fascista» y «traidor» por su corriente ortodoxa. Los esfuerzos del líder revolucionario de llevar a cabo acuerdos conjuntos que pudieran radicalizar la batalla republicana por la libertad y la independencia, —a pesar de las acusaciones en su contra—, llegaron al punto de coordinar un encuentro con el secretario general de la organización partidista Isidro Figueroa, pero este no acudió a la cita.

Antonio Guiteras fue considerado por los comunistas como un enemigo, acusado de «nacional-fascista» y «traidor» por su corriente ortodoxa.

Una vez más, se confirmaba la postura de esta organización hacia las ideas del dirigente inspirados en preceptos socialista democráticos. En relación a este contradictorio y confuso fenómeno de posicionamientos, el historiador Julio César Guanche sostuvo:

En el espectro de las fuerzas revolucionarias, el gobierno de Grau-Guiteras fue defendido, entre otros, por el Partido Bolchevique Leninista (PBL) y Defensa Obrera Internacional (DOI), de filiación trotskista, y por sectores que con esa inspiración cohabitaban dentro del Ala Izquierda Estudiantil (AIE) y la Federación Obrera de La Habana (FOH); mientras que fue combatido con denuedo por la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y el Partido Comunista de Cuba (PC), ambos bajo la imaginación del marxismo-leninismo soviético.[5]

Acorde a los criterios de este catedrático, al Partido Comunista le era imposible suscribir su programa; pues formaba parte de un gabinete que masacraba manifestaciones, decretaba el arbitraje obligatorio del Estado, excluía a los jóvenes extranjeros en la dirección de los sindicatos, a los obreros agrícolas de la jornada de ocho horas y hacía aumentar el salario de los trabajadores en un por ciento que la agrupación partidista no estimaba como una «solución real». Sin embargo, de acuerdo a sus consideraciones, el mayor error de la enunciada organización consistió en combatir a Guiteras, con la misma vehemencia y vigor con que este se enfrentaba a los designios del imperialismo norteamericano.[6]

Hasta su muerte, la dirigencia comunista mantuvo una visión ultra-crítica en torno a Guiteras, negándole incluso su dimensión revolucionaria. Sin embargo, con su caída en combate el 8 de mayo de 1935, su personalidad se convirtió en un símbolo de la resistencia cívico-popular contra el autoritarismo en la Isla y los intereses de la élite anti-nacional serviles a los designios de Washington. Para entonces, la visión predominante sobre el joven político cambió de manera notable para la dirigencia ortodoxa de influencia soviética, quienes pasaron a valorarlo de modo más justo, como un revolucionario radical y nacionalista patriótico.

Hasta su muerte, la dirigencia comunista mantuvo una visión ultra-crítica en torno a Guiteras, negándole incluso su dimensión revolucionaria.

La historiadora Caridad Massón Sena refiere que el reconocido militante de orientación marxista-leninista Fabio Grobart (1905-1994), realizó profundas críticas y reflexiones en torno a la posición asumida por la jefatura del PCC en relación a la disputa entre auténticos y guiteristas. Sobre este aspecto, Grobart consideraba que «la tarea fundamental de la revolución en ese momento no era la dictadura del proletariado, sino democrática de los obreros y campesinos, cuyo filo no iba dirigido contra la propiedad privada, sino contra los rezagos feudales, los terratenientes latifundistas, la gran burguesía y el imperialismo».[7]

Para entonces corría el año 1935 y un ostensible cambio de táctica nucleó el realineamiento de la agrupación partidista, que lanzó a través de su órgano de prensa La Palabra, una convocatoria abierta con el objetivo de formalizar un frente único. Sin embargo, los acontecimientos fallidos de la huelga de marzo dieron al traste con los objetivos planificados y terminaron por atropellar toda probabilidad de unión.

En una entrevista concedida a la revista Futuro, publicada el 13 de mayo de 1935 por el periódico mexicano El Nacional, el exsecretario de Gobernación Antonio Guiteras realizó un análisis minucioso sobre las causas que condujeron a la caída del régimen provisional presidido por Ramón Grau San Martín. En ella describió con su permanente lucidez meridiana, las complejidades y contradicciones al interior del funcionariado gobernante, cuando afirmó:

Basta recordar las circunstancias que le dieron nacimiento para comprender que carecía totalmente de las condiciones indispensables para realizar una verdadera obra revolucionaria. Primero, la ausencia completa de plan de acción gubernamental previamente estructurado y, segundo, la falta de una fuerza política organizada capaz de respaldarlo. La obra de un gobierno revolucionario no puede improvisarse festinadamente desde el Poder. Ella supone una labor preparatoria que aquel Gobierno no podía tener realizada (…) Otro de los factores que tuvo una influencia decisiva en el derrocamiento del Gobierno de Grau fue, de una parte, la falta de unidad ideológica aun en los puestos Ejecutivos del Gobierno y, por otra, la imposibilidad de seleccionar en el complejo revolucionario, por lo que antes anotara, los hombres que pudieran ser en la Provincia y en el Municipio fieles intérpretes de la obra nacionalista del Poder Central. Por eso se entronizó el arribismo, esto es, la ocupación de los cargos públicos por improvisados y seudorrevolucionarios. Yo mismo, tropecé con grandes dificultades para encontrar el hombre en cada oportunidad, capaz de interpretar el sentido de la naturaleza del movimiento.[8]

De tal forma demostraba que el golpe de Estado del 15 de enero de 1934, consumado con la complicidad de la sede diplomática estadounidense en La Habana, reafirmaba los intereses del capital bancario e industrial del poderoso vecino norteño en la Isla; por los cuales no cejaría jamás en su intento de recuperar a través del uso de instrumentos funcionales llevados a cabo desde las esferas del poder político. Para ese cargo resultó ideal como «hombre fuerte» Fulgencio Batista, quien con la preponderancia de su talante e influencia en las altas instancias del cuerpo militar armado, se convertiría en la persona perfecta para el cumplimiento de tales designios.

Así quedó consumada la reacción termidoriana una vez derrocado el dictador Gerardo Machado. Se iba a bolina —como le denominara Raúl Roa— la posibilidad de todo anhelo revolucionario y transformador de la estructura política, mediante el mandato de un gobierno republicano democrático que respondiera a los intereses de la voluntad popular. Quedaba pendiente la obra social que movilizó a millones a lo largo del país y tanta sangre le costó a los cubanos, por quienes imbuidos de ideales patrióticos, entregaron sus vidas hacia un futuro de mayores libertades, bienestar y justicia social para sus habitantes.


[1] Antonio Tabares del Real: Guiteras, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973, p. 286.

[2] Fernando Martínez Heredia: La Revolución Cubana del 30. Ensayos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p. 100.

[3] Para un mayor estudio sobre el tema, consultar la obra de Ángel García y Piotr Mironchuck: Los soviets obreros y campesinos en Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1987.

[4] Fernando Martínez Heredia: ob. cit., p. 96.

[5] Julio César Guanche: La libertad como destino. Valores, proyectos y tradición en el siglo XX cubano, Ediciones Unión, La Habana, 2013, pp. 60-61.

[6] Ibídem, p. 63.

[7] Caridad Massón Sena: «Guiteras y el Partido Comunista», en Ana Cairo: Antonio Guiteras. 100 años, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2007, p. 184.

[8] El Nacional, 13 de mayo de 1935, tomado de Olga Cabrera (selección y estudio introductorio): Antonio Guiteras. Su pensamiento revolucionario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, pp. 203-204.