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Rafael Hernández: Democracia y reforma

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[Música]

Mariana Camejo (MC): Hola a todos los que nos están viendo o nos están escuchando a través de las plataformas de audio. Bienvenidos a un nuevo episodio de La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

Jorge Bacallao (JB): Y como siempre, con sus anfitriones habituales, la periodista Mariana Camejo y un servidor, Jorge Bacallao.

(MC): Bacallao, tú sabes que a mí últimamente me está pasando algo. A mí la gente me está preguntando en la calle, y yo no sé ya cómo responder. La gente me dice: «¿Qué es La Sobremesa?».

(JB): La pregunta del millón. Bueno, a ver, lo que yo digo: La Sobremesa es un pódcast de La Joven Cuba, donde se conversa, fundamentalmente se conversa, no son entrevistas, son conversaciones con invitados, expertos en su tema.

(MC): Sí. Claro, yo siempre digo eso, eso mismo digo yo, pero la gente entonces vuelve: «No, pero, ¿de qué tú hablas ahí?, ¿de qué temas tú hablas ahí?»

(JB): Ah, bueno, pues también me preguntan eso. Se habla de todo un poco siempre y cuando sean temas de calado social. ¿Te gusta eso? Temas de calado social y relevantes para el mundo en que vivimos, como la asignatura aquella.

(MC): Eso mismo digo yo, realmente. Y hablando de temas y de calado social, ya verán lo que tenemos preparado para hoy.

(JB): Bueno, entonces no se me mueva de ahí que se pierde el principio.

[Música]

(MC): Hoy tenemos con nosotros al politólogo, investigador y director de la Revista Temas, Rafael Hernández. Bienvenido a La Sobremesa, Rafael.

Rafael Hernández (RH): Muchas gracias por la invitación.

(MC): Rafael, vamos a entrar de lleno al grano de la conversación. Se dice que Cuba es una democracia socialista. Entonces, yo quisiera preguntarte, en primer lugar, ¿qué condiciones debe tener un país para considerarse que hay una democracia socialista, y si realmente lo somos?

(RH): Bueno, el artículo 1 de la Constitución empieza diciendo: «Cuba es un estado de derecho y justicia social», e inmediatamente después dice «democrático». Luego añade que el objetivo, la meta del Estado es preservar la libertad, la igualdad, la equidad de todos los ciudadanos y termina diciendo que es desarrollar una sociedad próspera y una sociedad en que todos tengan un espacio de reconocimiento.

Si nosotros nos acordamos del Congreso con el que se inician las reformas, que es anterior a la Constitución, en 2011, el VI Congreso del Partido dice que el socialismo que se construye es un socialismo próspero y sostenible. O sea, que al calificar al socialismo de «próspero» y «sostenible» está llamando la atención sobre déficit que tenemos. No somos suficientemente prósperos y no somos suficientemente sostenibles.

Cinco años después, el Congreso del Partido, el VII, le añade, además de próspero y sostenible, le añade «independiente y soberano», por si acaso eso se ha olvidado, que es importante, aunque nadie discute que somos independientes y soberanos, y le añade «democrático». Es decir, que se trata de rasgos que tiene que tener el socialismo que estamos construyendo. Evidentemente se trata de rasgos, de aspectos clave de ese socialismo que no están cumplidos, que no están realizados del todo.

Si nosotros vemos la descripción que hace del poder popular esa Constitución, que es quizás lo más completo como descripción del funcionamiento de una democracia socialista, dice que es una… aquí tengo la nota: «Son cargos electivos y renovables». Son cargos revocables, es decir, en cualquier momento esos cargos, no hay que esperar a que pasen cuatro años, no hay que esperar a que pasen cinco años, pueden ser revocados. Ese es un mecanismo clave. El otro mecanismo clave… 

(JB): ¿Cualquiera de ellos?

(RH): Cualquiera de ellos. El otro mecanismo clave de esa democracia socialista es la necesidad de que haya rendición de cuentas. O sea, rendición de cuentas, que no es al final del periodo, sino a lo largo del periodo. Rendir cuentas, revocar en cualquier momento, además de elegir, es clave. Que las organizaciones de masas, es decir, lo que llamamos las organizaciones de masas, que son los sindicatos, las organizaciones femeninas, las organizaciones de las mujeres, las organizaciones de los campesinos, etc., de los jóvenes, de los estudiantes, estén incorporadas a ese sistema, a esa institucionalidad. Y finalmente habla de la libertad de discusión, de crítica y de autocrítica. Y añade que deben actuar con transparencia.

(MC): Interesante concepto.  

(RH): Evidentemente ahí hay un conjunto de cualidades, algunas de las cuales están más cumplidas que otras, pero en cualquier caso podríamos decir que, si esa es la democracia socialista, así es como debe ser, pero no como es.

(JB): En el papel suena maravilloso.

(MC): La cuestión es que se haga efectivo.

(JB): Bueno, Rafael, mire, hay una… yo creo que todo el mundo coincide en que ahora mismo estamos viviendo en una crisis, probablemente una de las peores por las que ha pasado el pueblo cubano y durante los años recientes; es una crisis que tiene una vertiente que yo creo que es una de las más complicadas, que es una crisis de confianza. O sea, muchísimas personas jóvenes, sobre todo, pierden confianza en la capacidad del gobierno para hacer de Cuba, con este proyecto que tenemos, un lugar donde vivir dignamente. La clave está en que se van muchísimas personas, un éxodo masivo, otras no se van porque no pueden. Y hay una cosa que sucede con mucha frecuencia y es que uno se encuentra personas que dejan de creer después de mucho tiempo creyendo en la factibilidad del sistema, pero lo que uno no se encuentra son personas que empiecen a creer en este momento, digamos, personas que abandonan el barco. Mi pregunta es la siguiente, si eso es así, si existe esa crisis de confianza, ¿por qué razón no se hacen esfuerzos más grandes en lograr cambios populares? Porque sí tenemos cambios para tratar de revertir muchos aspectos económicos, pero hay cambios que el pueblo pide y que se sabe, los economistas lo dicen en

muchas instancias y se respira una resistencia a esos cambios. Primero, quiero que usted me diga si cree que esa resistencia existe, y dos, ¿por qué?

(RH): Bueno, habría que identificar exactamente cuáles son estos cambios que tú piensas que la mayor parte de la gente está pidiendo. En cualquier caso, desde el siglo XVI, Maquiavelo habla que la reforma política tiene resistencia. Es algo natural de un cambio que haya resistencia a los cambios. Incluso se resisten a los cambios, según Maquiavelo, quienes podrían verse beneficiados con algunos de los cambios porque no saben cómo les va a ir en el nuevo sistema, en el nuevo orden.

De manera que hasta que no se produce y se hace efectivo y se instaura ese nuevo orden, todavía es imposible saber cuánta gente se van a sentir impelidos. El reformador tiene una tarea difícil siempre. Si estamos pensando que tenemos un gobierno empeñado en las reformas, pero que no todas las estructuras de ese gobierno y sus componentes tienen el mismo grado de empeño en las reformas, nos vamos a encontrar con una situación de contradicciones lógicas, esperables, quiero decir, no justificables, pero sí esperables. Cuando hablamos de cambios, estamos hablando de cambios que benefician a sectores de la población más que a otros sectores de la población.

(JB): No hay nada que mejore a todo el mundo.

(RH): Exactamente. Entonces, la respuesta no puede ser, bueno, siempre los cambios tienen costos sociales, porque por ese camino podemos hacer cambios que tengan enormes costos sociales para mucha gente y que esos costos sociales no sean reparables simplemente porque el Estado, una cosa que se llama el Estado, va a intervenir y va a paliar esos costos.  

(MC): Yo siento que en algún sentido estamos yendo por ahí.

(RH): Bueno, yo creo que, si eso es así, si estamos moviéndonos en el sentido de hacer cambios que pueden tener costos más altos, se trata de reaccionar frente a eso. Yo creo que la población, como tú dices, de la misma manera que se expresa yéndose, yo tengo mis opiniones acerca de los factores que inciden en que la gente se vaya, que no es simplemente el malestar con la situación en la que está. Muchas veces la gente más pobre, la gente en peores condiciones, no se va para ninguna parte, y no es porque no tengan dinero, porque la gente levanta dinero aquí en una cuarta de tierra y eso lo podemos comprobar experimentalmente, lo suficiente como para salir de aquí.

Las condiciones en las cuales el cubano emigra son condiciones relativamente favorables para emigrar. Del lado de allá y del lado de acá existen factores propiciatorios de eso. Por supuesto que la falta de expectativa, la falta de ver con claridad el horizonte hacia dónde vamos tiene impacto en esto y eso no puede ser ignorado por el gobierno. Yo creo que el gobierno no lo ignora. El asunto consiste en cuáles son las medidas que tienen que tomarse y efectivamente esas medidas no pueden esperar más.

El hecho de que antes hayan existido restricciones, por ejemplo, para viajar, pudieron tener sentido en un momento determinado. Dejaron de tener sentido en el tiempo y se expandió la libertad de viajar, no solamente de viajar, sino de viajar y regresar, lo cual no deja de ser un factor en el flujo migratorio. No es lo mismo que tú te vayas pensando que la puerta se cerró detrás de ti para siempre. Y que tuviste que dejar tu casa de toda la vida sin poderla vender, por ejemplo.

Que tú puedas regresar, que te puedas dar el lujo de vender tu casa, irte, porque piensas que vas a hacer dinero y con ese dinero si quisieras regresar, puedes regresar y comprarte otra casa, incluso más barata.

(MC): Tenemos un ejemplo de que si se han demorado, por ejemplo, en tener apertura en libertades por temores, se ha demostrado como en el caso de las casas, como en el caso de los viajes, que luego de que se abre no pasa nada, o sea, el temor, ¿de dónde venía? Entonces, la pregunta, ¿de dónde viene esta resistencia y por qué? Cuando tanta gente necesita que haya cambios. Yo me pregunto, incluso más allá de la emigración, ¿cuál es el costo de oportunidad de aplazar, de demorar siempre reformas y cambios que son necesarios?

(RH): Yo creo que las reformas por su propia naturaleza encuentran resistencia, no solo por lo que decía Maquiavelo, sino porque en la experiencia real se han demorado y han encontrado resistencia. Así fue en China, así fue en Vietnam. Eso no fue un paseo, fue una lucha y fue una lucha forzada. Los vietnamitas y los chinos optaron por la reforma porque definitivamente no les quedó de otra. Trataron de hacer otras cosas antes y no les salió. No es ese caminito racional y dorado en donde todo estuvo claro desde el principio. No digo esto para consolarnos con las nuestras, con nuestras demoras. Lo digo para que entendamos la naturaleza de un proceso de reforma. Lo que produce cambios vertiginosos y radicales es una revolución. Estamos hablando de reformas. Las reformas que son necesarias, que son imprescindibles, son reformas que han sido adoptadas incluso como un concepto, como una visión de cuáles son, cuál es el proceso, cuál es el camino, cuáles son las medidas a tomar. En el camino se han ido abandonando, en el camino se han ido remendando, en el camino se han ido corrigiendo.

Es lógico que la prueba y el error conduzcan a rectificaciones, pero en un momento determinado, comentando tu pregunta, para mí el problema no es tanto que se hayan demorado, sino que las que se han adoptado hasta ahora no han sido efectivas, que han tenido resultados contraproducentes. Como las últimas relacionadas con el Ordenamiento, no solamente se han demorado, sino que no han tenido buenos resultados, no han sido eficaces, han sido contraproducentes.

La Tarea Ordenamiento tuvo resultados contraproducentes. La Tarea Ordenamiento desencadenó finalmente una inflación. Los cubanos, a diferencia de otros pueblos del mundo, no estábamos acostumbrados a la inflación. La inflación fue un shock que estremeció la vida familiar. Claro que nos quejábamos antes de la existencia de las dos monedas, pero durante 20 años logramos asimilar el peso convertible y el peso normal a la canasta familiar, al presupuesto familiar. Ahora eso dejó de existir, eso dejó de funcionar. Estábamos acostumbrados a esa dualidad monetaria. Ahora tenemos una multiplicidad monetaria que es imposible de acostumbrarse por el hecho de que tiene efectos inflacionarios.

(JB): Ese tipo de medidas que son ineficaces se acumulan una tras otra y llegan a ser impopulares. Esto de la bancarización con personas vendiendo algo y sin poder usar su dinero que está guardado en el banco es terrible. Y tienen que entender que eso es por su bien. Y lo otro es que hay otras medidas que sí se toman en el papel, desde cosas pequeñas hasta cosas muy grandes. Y, por ejemplo, digo dos, todos estos asuntos de la Ley de Protección Animal, en donde sigue habiendo personas maltratando animales y no se puede hacer nada con ellos o todas estas leyes de la publicidad en los medios que está aprobado, pero no se ejecuta. Entonces, tenemos esa historia y eso sigo pensando que influye, digamos, en el sentir de las personas.

(MC): Pero ahora, Rafael, ¿qué cambios crees que deberíamos estar haciendo y que no se están haciendo en este momento?  

(RH): Yo creo que el cambio económico más importante es lograr que el sector público y el sector privado se articulen, porque hasta tanto no se articulen, no van a poder desarrollarse de la manera que deben desarrollarse. Por separado, no se van a poder desarrollar. El propósito de la reforma, supuestamente, tal como está formulado, es articular ese sector privado y en ese sector privado un sector cooperativo que está relativamente menos desarrollado. Se crean más empresas privadas que cooperativas. Y la cooperativa está más cerca de la idea del socialismo, de la propiedad colectiva, de la toma de decisiones colectivas, que la propiedad privada. La propiedad comunitaria, la gestión de la propiedad comunitaria. Es que todo eso está en la Constitución, es que todo eso está en el marco conceptual, en el marco de ideas y de cosas legales, autorizadas que deberían hacerse, pero en la práctica no se fomentan y dejamos que las cooperativas fracasen y dejamos que no crezca la propiedad comunitaria y su gestión. Entonces, parece que se trata de la estatal y la privada.

(MC): Y la privada como complementaria, que es siempre esa coletilla.

(RH): El asunto, eso solamente lo puede resolver una práctica concreta de articulación, de lograr que las empresas estatales y las empresas privadas se relacionen entre sí, se acostumbren a relacionarse entre sí, porque hay resistencia a que eso pase.  

(MC): ¿Te parece entonces que el cambio fundamental que necesitamos hacer hoy va de economía, o sea, en el área económica?

(RH): Yo creo que cualquier cambio que hagamos es un cambio que tiene un carácter político, porque tiene que ver con el poder. Todo lo que tiene que ver con la distribución del poder y el uso de recursos y de medios y tomar decisiones es político. El más importante de todos para mí es la descentralización, que es darle, otorgarle, cederle realmente, como dice la Constitución, poder político al gobierno local y hacer que el gobierno local no replique, no reproduzca la verticalidad de la relación entre el gobierno central y el gobierno local actual, sino se desarrolle sobre una base horizontal, como dice la Constitución, haciendo participar a todos los actores del municipio en las decisiones que se tomen. Y, por supuesto, que es de índole política también. Naturalmente.

Pensar que la descentralización es una cosa económica, es una forma de no entender de qué se trata. Pensar que las resistencias que hay en relación con la articulación y la extensión y el otorgamiento del rol que debe tener el sector privado, que eso es ideológico, también es una forma de no entenderlo. Ceder poder no es ideológico. Ceder poder es no querer ceder poder. Hay intereses que están asociados a tener el poder y a no soltarlo. A tener el poder y no querer soltarlo. Cuando tú tienes atribuciones y te ves forzado a soltarla, no te resistes por razones ideológicas, te resistes por razones del manejo del poder mismo, lo que manejar el poder significa, eso es político 100%.

(JB): En la casa a todo el mundo le gusta tener el control del televisor en la mano.

(RH): Perfecto ejemplo. No es ideológico, ¿verdad?

(JB): Rafael, se dice que Cuba necesita de cada cubano que pueda aportar algo, pero eso a veces sentimos que se queda en un eslógan. Mi pregunta es la siguiente: un gobierno «hábil», ¿no debería contar con todos los actores?, incluso aquellos que tengan intereses diametralmente opuestos y contar con ellos de la forma controlada y adecuada que sea. O sea, ¿no debería hacer concesiones para dialogar, y para llegar a un fin común que es salir de esta crisis y hacer la vida mejor para el pueblo cubano?  

(RH): Mira, yo creo que el gobierno, este gobierno que tenemos ahora, dialoga más con los científicos, dialoga más con los académicos, dialoga más con los emprendedores, más emprendedores, más diálogo con la empresa privada. Dialoga más con sectores como la Iglesia, incluso iglesias que de afines al gobierno no tienen nada. Ese diálogo está ahí presente. Dialoga más con los artistas, incluso con artistas que desafían en sus obras la censura y lo hacen y lo logran hacer.

Yo siempre digo que no es posible entender Cuba, no es posible entender el espacio para expresar ideas diferentes si uno no va al teatro. Y eso no está pasando desde el 2014 para acá, eso está pasando desde hace muchos años porque quienes trabajan en el mundo del teatro han luchado por un espacio de expresión y lo han conseguido. Han tenido éxito en ese espacio de expresión y luchado quiere decir que han tenido resistencia, no es que le ha caído del cielo. Entonces, ese diálogo con los artistas, con los intelectuales, con los académicos, ese diálogo con sectores que no son muy afines al gobierno, yo creo que existe, incluso yo creo que existe más que nunca, el asunto es cómo y el asunto es qué efecto tiene en realidad.

Hoy yo creo que hay más conciencia que nunca en el gobierno de la importancia de generar, de renovar el diálogo con los cubanos emigrados. El asunto es que estamos tan lejos de lograr un diálogo eficaz, que no es simplemente un diálogo que reporte beneficios económicos, que no es simplemente un diálogo que permita que un cubano que vive afuera invierta aquí, porque de acuerdo con la ley cubana no tiene sentido plantearse que no pueda invertir aquí, sino que exista un espacio común para el entendimiento y haya una convocatoria para que esos que se van de Cuba no se vayan del todo. Yo creo que hay una gran diferencia entre la emigración actual, no porque me alegra que la gente se vaya de Cuba, ni porque justifico ni ignoro la desgarradura familiar que produce la salida de la gente, pero yo creo que se producen en circunstancias sociales y familiares muy distintas a las de las emigraciones anteriores.

La gente que se va, no se va del todo. La gente que se va, se va incluso como parte de una operación familiar en donde un miembro de la familia va a salir, los demás se van a quedar, no se van a ir y el que está fuera va a seguir ayudando a los que están aquí. Esa comunicación, es un fenómeno de comunicación también interesante.  

(MC): Rafael, pero te parece suficiente esa capacidad de diálogo en términos políticos, incluso para incluir a los que se van, ¿te parece suficiente?

(JB): Bueno, ya veremos qué dice Rafael, pero una de las cosas, que el diálogo debe hacerse efectivo. Ahora mismo, conectado con la pregunta anterior, tú puedes dialogar todo lo que sea con los economistas si las medidas que tú tomas no tienen nada que ver con lo que los economistas que saben te están diciendo qué hay que hacer…

(MC): Tiene que ver con el resultado del diálogo. Yo iba por ahí, ¿te parece suficiente o hay pendientes?

(RH): Yo creo, naturalmente, que no es suficiente y naturalmente que se trata de un problema político, no se trata de un problema económico. Ese diálogo tiene que generar lo que se supone que hace el diálogo: confianza entre los dialogantes. Gestar confianza. El gobierno cubano dialoga con el gobierno de los Estados Unidos cuando el gobierno de los Estados Unidos está en disposición de hacerlo.

Entonces, si dialoga con alguien que tiene una actitud de hostilidad, que ha tenido una actitud de hostilidad durante tanto tiempo y la sigue teniendo, si este gobierno de Donald Trump quisiera dialogar con nosotros, ¿no vamos a dialogar con ellos? Lo vamos a hacer con mucha desconfianza justificada, por cierto, pero tenemos que desarrollar la capacidad para hablar con interlocutores que no sean los grupos de la solidaridad del lado de allá solamente. Solamente.

Tenemos que desarrollar la capacidad para generar intercambio, generar diálogo, expandir el que ya existe, porque no todos los artistas, no todos los empresarios que vienen aquí es que son simpatizantes del gobierno cubano, del sistema cubano.

(MC): Tampoco tienen por qué serlo.

(RH): No tienen por qué serlo. Por eso pongo el ejemplo del diálogo límite, el diálogo con el propio gobierno de los Estados Unidos o con otros gobiernos que, muy simpatizantes del socialismo, de ningún socialismo, no del que tenemos hoy, sino de ninguno posible son.

Eso yo creo que es clave, poder generar eso como medio, como manera de hacer política diferente, escuchar, intercambiar. En ninguna parte del mundo escuchan a los economistas y hacen lo que los economistas dicen 100%.

(JB): Sí, pero si hacemos un escalafón, creo que campeones olímpicos…  

(RH): Quién sabe, pregunta a los economistas en los Estados Unidos, pregunta a los economistas en Francia a ver qué piensan de lo que está haciendo el gobierno, pregunte a los economistas en otros países acerca de lo que está haciendo el gobierno. Yo no digo esto para consolarnos. Digo esto para ponerlo en términos relativos. En el gobierno hay economistas que fueron a las mismas aulas, incluso son amigos de algunos de los economistas que proponen cambios. Si los economistas que proponen cambios estuvieran en el gobierno, no iban a poder hacer todo lo que quieren hacer.

(JB): Por eso empezaron trabajando ahí y se fueron.

(RH): Lo que sí es importante es que ahora esas visiones alternativas y críticas acerca del camino que deberíamos coger, se hacen, se manifiestan públicamente. El hecho de que se puedan manifestar públicamente es muy importante porque es lo que puede generar y genera que haya mucha gente que compartan ese punto de vista.

(MC): Rafael, para seguir hablando de diálogo, yo creo que mejor podemos hacer un alto y vamos a tomar un café.

(JB): Una pausita para café.

 [Música]

(MC): Rafael, aquí estamos ya con el café. Vamos a seguir entonces hablando de diálogo.  La Revista Temas ha sido un espacio, con los espacios de los Último Jueves, han logrado hacer debates donde personas, voces diversas han podido expresarse, incluso han podido levantarse personas que son, que se consideran opositores al gobierno y han tenido el espacio para expresarse libremente. Y a mí me llama mucho la atención, porque eso no es común en Cuba, o al menos así lo siento yo. Entonces, quiero preguntarte.

(JB): Así debería ser. 

(MC): Por supuesto. Esa pluralidad y esos espacios plurales, ¿cómo pueden llevarse más allá al espacio nacional?  

(RH): Bueno, te agradezco que menciones a la Revista Temas, aunque yo no estoy aquí en mi calidad de jefe de la Revista Temas, sino a título personal. Temas es una revista de investigación que generó un foro de debate. Una revista académica común y corriente y que se nos ocurrió a nosotros, no por solicitud de ninguna institución, generar un espacio de discusión que pudiera luego recogerse como parte del cuerpo de la revista. Y eso es lo que estamos haciendo. Ese es un espacio de discusión cuyo espectro, desde mi punto de vista, puede incluir sentar a alguien de La Joven Cuba y sentar a alguien de La Pupila Insomne, sentar a alguien de OnCuba y sentar a alguien de Con Filo, y convocarlos y que vengan y se sienten ahí y que haya un diálogo respetuoso y que en el público puede haber cualquier persona, literalmente cualquier persona, y cumpliendo con las normas del diálogo respetuoso, puede pedir la palabra, hablar, hacer preguntas e intervenir.

El debate que se genera es un debate que es clave porque es el diálogo entre el panel y el público. Y ese es el diálogo entre el sentido común y el pensamiento crítico. No porque el panel sea el pensamiento crítico y el público el sentido común, porque en el público puede haber mucha gente con un pensamiento crítico muy elaborado, muy analítico y en el panel también puede haber gente diferente.

(MC): ¿Cómo llevar ese espíritu más allá?  

(RH): Claro. Entonces, esa pluralidad yo creo que es cuando yo pregunto cuál es la política en relación con los espacios de debate, me dicen: «La política es propiciar los espacios de debate». Pero cuando eso empieza a ocurrir en un lugar, ocurre que empiezan a enfrentarse inconvenientes, resistencias, porque para muchos una cosa es querer hacer el debate y otra cosa es poder hacerlo realmente y enfrentarse a esos desafíos. Para usar una frase que diría Platón: «Compraron pescado y le cogieron miedo a los ojos».

Tú tienes que saber que cuando generas un espacio de debate que está bajo la sombrilla de esa política de que sí debe haber espacio de debate, vas a tener que pelear, vas a tener que enfrentar desafíos y no te puedes arredrar frente a esos desafíos. A nosotros, la Revista Temas, se nos presentaron desafíos en momentos tempranos de la revista, pero los desafíos que hemos tenido que vencer están asociados con el foro de debate. Y a ese foro de debate hemos logrado mantenerlo en el tiempo, 22 años vamos para 23 años. Y hemos logrado mantenerlo en el tiempo porque siempre que hemos intentado traer a alguien de las instituciones, traer a alguien del gobierno, traer a alguien incluso de las estructuras del Partido a participar, en la mayoría de los casos han venido y eso es lo más difícil para nosotros, lograr que académicos criticones, como digo yo, a mis amigos, se sienten ahí, que humoristas cuestionadores, que periodistas polémicos se sienten ahí. Eso es facilito. Lo que no es facilito es lograr que para un debate sobre la higiene y el hábitat venga el jefe del Departamento de Servicios Comunales del municipio.

(MC): A recibir críticas, además.

(RH): Eso sí es difícil. Y que venga alguien del Ministerio de Salud Pública.

(JB): Bueno, pero rendición de cuenta es una de las bases. Se trata de eso.

(RH): Y yo busco también, como parte del clima de debate, preservar esa posibilidad de que la gente venga a decir, a responder porque, ¿con quién debatimos si no tenemos a gente que piense diferente? Somos expertos en organizar debates entre gente que piensan igual.

(JB): Garantizar un espacio en donde se debata sin falacias argumentativas, sin descalificar al oponente, sin ese tipo de cosas es esencial. Yo siempre digo que hace falta incluso un poco de cultura de debate desde la educación de los niños, que eso en muchos países lo hay.

(RH): La cultura del debate es uno, quizás el problema más grande que tenemos nosotros desde el punto de vista político, desarrollar, como tú dices, desde la infancia esa cultura del debate, entender que discrepar de lo que piensa otro no es un pecado, sino es lo lógico, es lo normal. Tú pones a dos cubanos alrededor de una mesa a tomar café y hay tres opiniones. Es parte de nuestra idiosincrasia, de nuestra cultura nacional, esa diversidad de puntos de vista. Pero eso no se refleja en los espacios de debate que se proyectan en los medios.

Eso no se refleja en los espacios de debate que se logran establecer en las instituciones porque tienden a convertirse en esto otro, en espacios donde predomina un punto de vista, en espacios donde predomina otro punto de vista que no son debates.  

(JB): Esto que usted me ha dicho me lleva en tobogán a mi próxima pregunta que empieza así: nosotros a lo largo del proceso cubano hemos tenido en todas las instancias, desde una empresa chiquitica hasta la Asamblea, una unanimidad total. Yo tengo dos preguntas en una. La primera es la siguiente. ¿Usted cree que siempre esa unanimidad ha sido auténtica? Y, en cualquier caso, auténtico o no según su respuesta, ¿ha sido beneficiosa para lo que tenemos hoy?

(RH): Bueno, voy a contestar primero a la última parte. Claro que no ha sido beneficiosa. Claro que el unanimismo y la unidad son dos cosas muy diferentes. Tan diferentes son que los propios dirigentes políticos han llamado la atención sobre lo maléfico del unanimismo. Lamentablemente, eso no ha llevado a que la inercia en el funcionamiento de algunas instituciones representativas cambie. Si tú miras esas instituciones por dentro, no te vas a encontrar el unanimismo. Si tú miras esas instituciones, si has tenido la oportunidad de entrar y sentarte dentro de esas instituciones en cámara cerrada, lo que predomina no es el unanimismo.

Incluso ese no unanimismo explica algunos de los zigzagueos que tú puedes ver en el camino, en la manera de caminar. Porque mantener una concepción, un estilo colegiado de tomar decisiones en un proceso de reformas produce esos zigzagueos, puesto que las reformas tienen que producirse de acuerdo con una línea y lograr que esa línea no solamente se exprese, sino se aplique, va a tener al mismo tiempo el conflicto con la idea de lo colegiado, de lo colectivo.

El secretismo es otro. Cuántas denuncias desde el liderazgo ha habido del secretismo. ¿Y qué pasa con el secretismo? ¿Qué pasa con los datos? ¿Qué pasa con la información disponible? Tenemos una Ley de Medios de Comunicación Social. Una cosa es la ley y otra cosa es la aplicación. Otra cosa es que funcione. Que se denuncie el secretismo es un paso de avance, que se denuncie el unanimismo es un paso de avance.

(JB): Que haya derecho a preguntar y a rendir cuenta.

(RH): Exacto, pero cuando tú ves que en una sesión de la Asamblea Nacional que hay un diputado que interviene y discrepa de algo que está diciendo algún ministro, algún dirigente, tú dices: «¿Qué es lo que pasó? ¿Qué es lo que pasó? ¿Viste lo que pasó? ¿Viste lo que pasó?» Cuando tú ves que se para un diputado y dice: «El socialismo debería incorporar la calidad de democrático». Y alguien salta y dice: «El socialismo es democrático siempre, no hace falta tenerlo».  Y luego tú ves que se incorporó lo de democrático, te das cuenta de que esa diversidad de opiniones puede y de hecho se manifiesta constantemente. No se hace transparente, no se ve desde afuera y la política tiene que proyectarse hacia afuera. No se hace política en una cámara cerrada.

(JB): Discrepar y decirlo es bueno y es lindo, además.

(RH): Tenemos que luchar, seguir luchando por la posibilidad de decir cosas diferentes, de ir a la televisión y decir: «En esto nos equivocamos, esto estuvo mal». Y que eso pueda ser normal. Y yo creo que hay gente en muchos de esos medios que realmente quisieran que fuera así. Que realmente piensan que es mejor hacerlo así. Y yo creo que cada vez que eso pasa, aunque pase episódicamente, hay que aplaudirlo. No hay que decir: «Sí, sí, sí, pero fíjate todo lo que falta». No podemos reaccionar con la filosofía del vaso medio vacío. Hay que decir: «Qué bueno que se está llenando el vaso». Hay que reconocer que se está llenando el vaso porque los que promueven que el vaso se llene necesitan tener nuestro apoyo. Tan sencillo como eso.  

(MC): Es también una cuestión de comunicación, ¿no? y tú hablabas, te referías precisamente a la Ley de Comunicación. Ahora, yo noto que, y te voy a desviar un poquito el tema, yo noto que en Cuba a pesar de que se habla tanto de bloqueo y se repite, yo siento que estamos incluso saturados del tema a nivel de comunicación, la mayoría de las personas no saben lo que es OFAC, la mayoría de las personas no saben que para entrar cajas de pollo a Cuba es con requisitos especiales o que para importar carros hay licencias determinadas a un puñado de empresas. Y yo me pregunto, después de tanto tiempo hablando y hablando de bloqueo, ¿cómo es posible que eso suceda? ¿Acaso no es un fallo de comunicación en tanto conocimiento de las sanciones en la población?  

(RH): Yo creo que el efecto peor de la saturación, el estilo comunicativo saturante en relación con el bloqueo y en relación con otras cosas, ese estilo comunicativo saturante, lo peor es que produce un efecto contraproducente, es que genera una reacción de incredulidad, que llega a haber gente que se preguntan si existe el bloqueo realmente. Llega a haber gente que se preguntan si no hay un bloqueo que es el bloqueo interno, que es peor que el bloqueo externo. Lo que pasa adentro no es un bloqueo, son otros problemas. El bloqueo es ese, no es el de aquí adentro.

El de aquí adentro obstaculiza el avance, pero el de allá afuera, subestimar el de allá afuera, decir que el de allá afuera es el resultado de cosas que nosotros hicimos y que como quiera que sea es lógico que nos estén castigando, es olvidar que se trata de una guerra. El bloqueo es un medio de guerra. Se generó en un plano de guerra, en el año 62 y ha seguido siendo un instrumento de guerra contra Cuba. No son simplemente sanciones. Se trata de un instrumento clave en una política de hostilidad. Yo creo que lo que hay que reconocerle al gobierno cubano es haber pactado una normalización sin que se levantara el bloqueo. Concesión más grande que esa no ha habido. Los vietnamitas y los chinos no normalizaron relaciones hasta que no se levantaron los bloqueos americanos.

(MC): Claro. ¿Qué lecciones, ahora que hablas de la normalización, pudiéramos aprender de la normalización? Porque la normalización significó en muchos sentidos un clima de apertura, pero también ese desarrollo que generó en ciertos sectores se vio asimétrico, ¿no? Digo, en términos raciales o en términos geográficos. ¿Qué lecciones nos queda aprender de ese periodo?  

(RH): Yo creo, lo primero es que yo no veo que la normalización coincide con grandes cambios aquí adentro. La apertura de empresas privadas, la proliferación de la sociedad, los presos políticos se liberaron en el 2010, en el 2012. Los que se liberaron en ese periodo de la normalización fueron un puñadito. Las empresas se crearon antes de 2014 o se crearon después de 2014. Los cambios de ese carácter fueron cambios que ocurrieron fuera del entorno de la normalización.

Es más, pensamos que en el periodo de la normalización disminuyó el número de cubanos que se iban de Cuba. Miren los números. Miren los números. La expectativa de que la normalización podía llegar a ser de verdad y llegar a convertir a Cuba en un país más del hemisferio para Estados Unidos, puso entre signos de interrogación la Ley de Ajuste Cubano y mucha gente corrió a emigrar a Estados Unidos antes de que eso se acabe. Ese es un factor que no puede soslayarse. Igual que no se puede soslayar la crisis económica interna, igual que no se puede soslayar el malestar de mucha gente, igual que no se puede soslayar la perspectiva de un proyecto de vida, etcétera, no se puede soslayar tampoco.

Ahora mismo están pasando cosas muy raras. Ahora mismo estamos más cerca que nunca de poner en crisis la Ley de Ajuste Cubano y lo está haciendo este gobierno terrible de Donald Trump por razones totalmente contrarias a un diálogo con Cuba, porque esa política y esas relaciones que marcan la normalización o la no normalización o el agravamiento, no están del todo en nuestras manos. En relación con tu pregunta. Yo creo que lo más importante es que aprendamos que no estamos preparados para una relación normal con los Estados Unidos. ¿Por qué? En esos 25 meses se demostró la desorientación en aprender una nueva circunstancia. Llevábamos 55 años de una relación de exclusión, una relación de hostilidad. Paró la hostilidad y las circunstancias se modificaron esencialmente.

¿Cómo hacer educación política en un contexto en donde la hostilidad de los Estados Unidos se redujo? ¿Cómo seguir facilitando los cambios? ¿Cómo convertir a los empresarios en actores de la relación con los Estados Unidos? Yo creo que las lecciones esas siguen siendo válidas para hoy, incluso si mañana no hay una normalización. Siguen siendo válidas porque la relación con Estados Unidos va más allá de lo que puede ocurrir cuando se levantan las restricciones, porque los cubanos de allá y de acá siguen teniendo intercambio, siguen teniendo canales de intercambio y aunque se restrinjan o se limiten de alguna manera las normas para el envío de la remesa, los que están allá van a seguir tratando de mandar esas remesas.

Sigue habiendo emprendedores, empresarios del lado de Estados Unidos que quieren tener intercambio con emprendedores cubanos. Sigue habiendo artistas del lado de allá y del lado de acá que quieren cooperar. Sigue habiendo académicos, sigue habiendo científicos. O sea, las dos sociedades están listas para colaborar. Y si eso se produce a contrapelo de la relación entre la Casa Blanca y el Gobierno cubano, eso no significa que no se pueda hacer. Depende de nosotros, sobre todo. Nosotros estamos acostumbrados a jugar con las piezas negras, a actuar a la defensiva, a responder, a la defensa siciliana.

Nosotros tenemos que aprender a jugar con las piezas blancas, a tomar la iniciativa nosotros, a tomar la iniciativa en todos esos campos, a promover que los empresarios, promover de verdad, los artistas, los académicos, los científicos, los deportistas tengan un mayor acercamiento, que la resistencia sea del lado de allá y que quienes quieran hacer ese intercambio del lado de allá trabajen en contra de la frontera, en contra de las barreras, en contra de los muros, que el muro esté claramente del lado de allá y que atravesar ese muro sea algo que se pueda hacer en asociación, en alianza con gente del lado de allá.

(MC): Pero eso es con acción política y tiene que ver también con dejar de ser reactivos, precisamente.

(RH): Tiene que ver con acción política, tiene que ver con acción política no solo del gobierno, sino de los distintos sectores. Tiene que ver con lo que se propongan hacer los académicos, con lo que se propongan hacer los comunicadores, con lo que se propongan hacer los artistas… Pero también el gobierno. Naturalmente. Pero para eso hay que presentarle al gobierno: yo quiero hacer esto, y quiero no tener limitaciones para poder hacerlo.

(MC): Pero les toca también a ellos hacer.  

(RH): Les toca responder a la presión. La sociedad no está aquí sentada pasivamente esperando. La sociedad cubana no está esperando absolutamente nada que vaya a caerle de arriba. Yo creo que la sociedad cubana toma iniciativas de todo tipo y choca contra limitaciones. Esas limitaciones tienen que seguir presionándose sobre ellas. Tiene que seguir habiendo presión sobre esos límites para lograr producir los cambios. Si no hubiera habido esa presión, no se hubieran iniciado las reformas.

(JB): Rafael, con respecto a las sanciones del gobierno norteamericano, una de las cosas que dicen ellos es que, bueno, tienen tres condiciones en donde dice que, si Cuba las cumpliese, el bloqueo se acaba inmediatamente. El embargo, como dicen ellos. Entonces, una de ellas tiene que ver con sacar, digamos que el flujo comercial de la parte militar. ¿Cuba no se plantearía en algún momento flexibilizar algo como eso? Esa es la primera pregunta. Y la segunda pregunta también tiene que ver con el embargo es la siguiente. ¿Tenemos algún plan de acción? ¿Tenemos alguna especie de estatutos? Para ejecutar el día después que hipotéticamente se levantaran las sanciones, porque yo no lo conozco y yo digo que, si eso existe, debería estar con un imán en la puerta del refrigerador de cada cubano. ¿Qué hacemos si eso se llegara a dar, siendo ese el obstáculo más grande que se dice que tenemos?

(RH): La historia de las relaciones Cuba – Estados Unidos es la historia de las cosas que tenemos que hacer para que cambien las relaciones. Pelearnos con la Unión Soviética, dejar de tener tropas en Angola, dejar de tener relaciones con movimientos de liberación. Eso es gordo. Eso no son las empresas militares. Todo eso se quedó atrás. Nada de eso pasó. Nada de eso llevó a una transformación de las relaciones. Desde mi punto de vista existen dos líneas más allá de las cuales la política cubana no va a caminar. Una es la precondición. Tengo que hacer esto antes de que tú hagas eso otro.

En el pasado nunca ha habido precondiciones cuando se ha avanzado en la normalización. Y la otra es el doble rasero. Tú me estás aplicando a mí un rasero para juzgar mis fallas, mis pecados que no le aplicas a todo el mundo y que no te aplicas a ti mismo. ¿Podemos resolver esos dos problemas? Adelante. Lo que debería hacer el sector militar en Cuba es un asunto interno, es un asunto de política interna y ni ese ni ningún otro asunto como ese podría ser resultado de una negociación.

Yo personalmente creo que no hay conducta anterior de ningún gobierno cubano que marque que eso es posible. Una vez que nos sentamos a negociar, una vez que nos sentamos a negociar, es posible hablar de cualquier cambio, pero no como una precondición. Yo creo que ese papelito con el imán en la puerta del refrigerador es el papelito que nosotros tenemos que generar. Nosotros, no el gobierno cubano, nosotros los artistas, nosotros los periodistas, nosotros los académicos, nosotros los científicos, nosotros los cubanos emprendedores de distintas actividades, tenemos que generar ese plan, pero no para que algo que va a pasar en una noche y que al otro día nos vamos a despertar y vamos a tener la buena noticia de que eso cambió, sino para facilitar que eso cambie, para que se abran huecos en esa pared.

Porque si nosotros llegamos a tener suficientes huecos en esa pared, a eso yo le llamo la teoría del queso suizo. Tenemos el queso, pero tenemos tantos huecos que es como si no tuviera queso. Es como si la pared no existiera, porque hemos abierto tantas ventanas que va a llegar el momento en que alguien diga: «Chico, ¿para qué esta pared, si está llena de ventanas?» Donde la gente se da la mano. Y eso es iniciativa, tiene que ser iniciativa nuestra. Es lo que me refería con lo de las piezas blancas y tiene que ser un plan que tenemos que gestar entre todos, no como algo que el gobierno se disponga a hacer.

(MC): Pero incluyendo al gobierno.

(RH): Sí, el gobierno va a reaccionar frente a esas acciones, frente a esas iniciativas. Yo creo que el gobierno es sensible a esas iniciativas y lo puede ser más en una circunstancia de hostilidad y de cierre y de crispamiento como la que existe actualmente. Nosotros estamos recibiendo un impacto menos negativo de esta administración que la mayor parte de los países que intercambian con los Estados Unidos.

(JB): Claro, si nosotros no vendemos nada, no hay aranceles.

(RH): No solamente los aranceles, el problema migratorio mexicano, el problema migratorio centroamericano, el problema migratorio suramericano es mucho más grande y más desgarrador y más terrible y más problema humanitario que el nuestro. Comparativamente hablando, es así.

(JB): Una última pregunta muy rápido, Rafael. ¿Usted cree que, si se eliminaran las sanciones en un futuro cercano, la sociedad y la economía cubana con las condiciones que tenemos ahora mismo serían capaces de florecer?

(RH): Yo creo que tiene que ser capaz de florecer, aún si no se elimina el bloqueo. Nosotros no podemos planear un futuro que sea un vergel, para utilizar tu metáfora, un futuro floreciente, creyendo que en ese futuro floreciente vamos a tener la providencia de que Estados Unidos nos quitó todas esas barreras y paró de hacernos la guerra.

Yo creo que una de las posibles razones del lado de Estados Unidos para decir que esto se va a terminar, esta guerra se va a terminar, es que nosotros seguimos adelante. Quizás nosotros deberíamos pensar en más cosas que nosotros tenemos que hacer. Nosotros como sociedad tenemos que hacer. Individualmente, cada persona. Como personas y como grupos y como sectores, pensar en esos términos colectivos, como se hace, como funcionan, como interactúa entre sí la gente que pertenece al mismo gremio. 

(MC): Vamos al tiroteo.

(JB): Al tiroteo. Muy rápido.

(MC): Vamos. ¿Empiezas tú?

(JB): Empiezo yo. Si Rafael me lo permite. Rafael, esto es una pregunta para responder con dos o tres palabras. ¿Cuál ha sido el día más difícil en un debate de la Revista Temas?

(RH): El día más difícil en un debate de la Revista Temas fue el día en que yo supe que había preocupación en relación con personas que estaban sentadas en el debate, y luchar contra eso y mostrar que no había que tener preocupación, que no había que tener miedo a que hubiera la puerta abierta y mantener la puerta abierta, lograr que la puerta no se cerrara, que la solución no fuera cerrar la puerta fue lo que más trabajo nos costó, pero lo pudimos resolver.  

(MC): Qué bueno. Segunda pregunta, una palabra que defina el momento político actual de Cuba. Una palabra.

(RH): Transición. No hemos dejado atrás el viejo modelo. No tenemos todavía el nuevo. El socialismo que estamos haciendo no se sabe cómo va a ser. Está en lo que los cineastas llaman el making. Estamos en el making de ese socialismo. No tener un conjunto de normas fijas, de reglas fijas y de límites fijos para ese socialismo, yo creo que es algo que no es un inconveniente, una desventaja. Yo creo que es algo que nos permite seguir pensando que podemos aportarle a ese socialismo y a la cara que ese socialismo va a tener. Depende de nosotros.

(JB): Y en pocas palabras, ¿qué quiere Rafael para Cuba?

(RH): Yo quiero para Cuba un país con todos y para el bien de todos, sabiendo que todos no son todos.

(MC): Muchas gracias, Rafael.  

(RH): Por desgracia, una parte de esos todos, de esos cubanos, no están, no forman parte de esa nueva Cuba y no forman parte de esa nueva Cuba porque no tienen la conexión con el interés nacional que habría que tener. Tienen más conexión con el interés… con otro interés. Eso ha sido parte de la historia de Cuba siempre. Gente que están más conectadas con otros intereses que con los de aquí. Pero bueno, esos tienen que estar ahí y solamente esos, solamente esos que están en contra son los que no están dentro. Todos los demás sí están dentro, incluso los que no están a favor están dentro.

(MC): Muchas gracias, Rafael, por habernos acompañado hoy acá. Nos vemos en un próximo episodio. Esto fue La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

[Música]

Catalejo no juegues con los santos: Israel Rojas, La Joven Cuba y sus descontentos

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Imagen generada con IA

Entre las recientes entrevistas del programa La Sobremesa, de La Joven Cuba (LJC), la de Israel Rojas, del dúo Buena Fe, es la que ha traído más atención y debate. Quizás porque se trata de un cantante popular, quizás porque viene después de otras con reflexiones más profundas sobre áreas específicas del saber, como la economía, la historia, y la sociología de la pobreza. Lo cierto es que el intercambio entre la periodista y directora de LJC, Mariana Camejo, y Rojas ha revuelto pasiones a diestra y siniestra del espectro político cubano.

Desde que apenas se anunció el encuentro, un grupo de intelectuales, jóvenes y no tan jóvenes, revolucionarios-oficialistas y anticastristas-contrarrevolucionarios —para respetar las denominaciones empleadas— se lanzaron a cuestionar al cantante, que carga cicatrices por varias campañas macartistas de cancelación política desde Miami en su contra, y también al medio al que daba la entrevista.

En varios espacios se apuntó que, si hay financiamiento para la entrevista, aunque fuese noruego, «viene de la ley Helms». Según esta argumentación, Estados Unidos es el único interesado en un cambio de régimen, y es por tanto su gobierno el que pone la plata. Noruega, el país al que LJC agradece apoyo para realizar esta entrevista, sería apenas un «triangulador».

Aquí vale la pena apuntar la diferencia con otros medios que trabajan con fondos federales para cambio de régimen. ¿No hay allí una diferencia sustancial? ¿Es lo mismo recibir apoyo de un gobierno que no apoya el bloqueo, y otorga ayuda para el desarrollo a Cuba, que por aquellos que promueven el hambre para que el país estalle? Precisamente por ser el financiamiento un tema delicado en política, habría que abordarlo con matices. Es lógico que el gobierno niegue legalidad a los financiamientos que salen de la ley Helms-Burton, un engendro condenado en las Naciones Unidas por ofender la soberanía de Cuba, pero el periodismo cuesta, y el cubano patriota que discrepa del gobierno tiene derecho a opinar, entrevistar, cotejar opiniones. ¿Cuál es el criterio o buena práctica desde el derecho internacional para proscribir todo financiamiento a quien no comulgue ciento por ciento con las posturas gubernamentales?

Para ellos no hay cabida para terceras posiciones, neutralismos, y escapes a la polarización.

Además del tema del financiamiento, una de las críticas que se le hace a LJC está relacionada a reducir la importancia de la guerra económica de EE.UU en las tragedias de la Isla, y tener una agenda con pocos matices sobre las problemáticas de la sociedad cubana actual, durante su anterior equipo. Sin embargo, las entrevistas de La Sobremesa a prestigiosos académicos como Julio Carranza, Mayra Espina y Fabio Fernández, y a una figura pública como Israel Rojas expresan, en mi criterio, una corrección de rumbo. ¿Quién no ha cometido equivocaciones y confiado en quien no debía? ¿El PCC? ¿De veras? El propio Israel Rojas ha dicho, y en la entrevista por venir Rafael Hernández reitera, que la política informativa vigente está muy por debajo de lo que exigen los retos de la Cuba actual.

Después de tanta estrechez en definir quién puede y no puede participar en la política cubana desde algunos de los portavoces revolucionarios-oficialistas, uno se pregunta con qué concepto de igualdad ciudadana trabaja de ese sector. Resulta decepcionante cómo algunos desde la oficialidad rechazan un diálogo, en el que las preguntas de Camejo fueron lógicas. Por su parte, Rojas, al que proclaman su campeón por la mañana, y un párvulo en la «trampa de la equidistancia» por la tarde, defendió con tiempo y amplitud sus ideas. ¿Cuál entre sus críticos pudo hacerlo mejor? Ganó LJC y ganó Israel Rojas, quien habló contra la guerra económica contra Cuba, pero también de reconciliación, un tema ausente de los medios oficiales, incluso para fundamentar en contra. ¿De quién es la responsabilidad? De la propia política informativa oficial, les ha dicho Rojas, no Camejo.

La lógica de que Rojas «legitimó» a LJC es soberbia. La legitimidad política de un medio o una institución, no es otorgada a priori por ningún aparato ideológico. Es resultado de cuán fuerte es la creencia en la comunidad a la cual se dirige —en este caso la cubana transnacional—, y de la pertinencia y funcionalidad acorde a sus valores, de la institución respectiva. Eso puede ser en términos de identidad, función, eficacia, justicia, a partir de tipos de autoridad tradicional, racional legal, o carismático, en una lista no limitada. La legitimidad política no es una dicotomía sino un espectro. Los regímenes políticos y las instituciones operan desde zonas de legitimidad que se achican y se expanden.  

Mientras unos tratan a Rojas como su campeón operando en campo enemigo, otros lo descalifican como párvulo seducido. Ambas lógicas argumentan que no hay zona legítima de discusión fuera de «nuestro socialismo».  Esa intolerancia es incompatible con el discurso constitucional que ha dicho que todo el que sea patriota y martiano, así simplemente patriota y martiano, es parte del «con todos y para el bien de todos».

¿Cuál ha sido el resultado más notable de estas entrevistas en La Sobremesa? Que un sector importante de la comunidad política, que no se siente representado en los medios oficiales pero que tampoco comulga con la oposición contrarrevolucionaria, haya expresado agradecimiento por este espacio de deliberación. Se llama legitimidad por desempeño.

El camino de Martí

En el manifiesto de Montecristi, Martí escribió que la moderación era «el espíritu de Cuba». Si se quiere construir unidad patriótica, es esencial hacer política desde un diapasón ideológico abierto, ganarse a los indecisos, escépticos, y a los patriotas no leninistas. No es con celos ideológicos ni ira que se atrae a sectores que se sienten a gusto con el tono de la conversación entre Camejo y Rojas. Son miles. ¿Quieren ustedes competir por el favor o la atención de ese sector? Pues persuadan, y sean persuadidos; y a la corrupción y la ineptitud, exijan soluciones y cuentas por una reforma dilatada y desviada.

Es evidente que, para un grupo importante de adalides de la ideología oficial, el resto no somos conciudadanos iguales en derechos y tan capaces de pensar como ellos.  Frente a la supuestamente vanguardia iluminada, no hay espacio para una oposición o disidencia leal al país. Claro que hay que preguntarse con quién es la reconciliación y comprensión. No es posible ni viable con el acoso, el bloqueo y el plattismo. El tema es que la soberbia exhibida es un problema para dialogar, incluso en los términos patrióticos que plantea Israel Rojas.

Con el mensaje de «si no adoptas nuestra ideología, eres igual que los reaccionarios y plattista, ningún financiamiento para ti es aceptable, no te queremos, no te necesitamos» van a empujar a un sector grande de la sociedad cubana transnacional a la oposición activa o pasiva, o por lo menos al desinterés. La política democrática es persuadir y ser persuadido. Entonces, menos reprimenda y más diálogo. Y sobre todo, sacar al país de la crisis estructural en la que está. Nada crearía mejores condiciones para dialogar y reconciliarse que una Cuba en desarrollo.  

Israel Rojas: Cuba cambió

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Disponible en las plataformas de video y audio: YouTubeApple PodcastSpotify

Mariana Camejo (MC): Hola a todos los que nos están viendo, o nos están escuchando a través de las plataformas de audio. Bienvenidos a un episodio especial de La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

[Música]

(MC): Hoy es un día diferente, porque a modo de especial estaré conversando con un cantante muy conocido, ampliamente escuchado en Cuba, pero que en los últimos tiempos ha sido centro de polémicas. Bienvenido a La Sobremesa, Israel Rojas.

Israel Rojas (IR): Muchas gracias por invitarme.  

(MC): Bueno, Israel, vamos a empezar quizás siendo un poquito polémicos, ¿no? ¿Tú crees que este país es el país que le prometieron a tu generación?

(IR): Claro que no. Como digo en una canción como La Tempestad, es un poco el país que se pudo, más que lo que se quería, y a mí me parece que, a día de hoy, tal y como estamos en las cosas, ¿no? esta crisis que impacta, que va desde lo energético y transversaliza el resto de la sociedad, decir que esta sociedad se acerca apenas a lo que nos decían que sería en los 2000 sería distar muchísimo.

Incluso Silvio lo decía en una canción, que él sacó la cuenta de su edad por el año 2000 en que las maravillas… y bueno, el mundo tiene todavía muy corta edad y más en un país como este que yo creo que el proceso revolucionario fue un estallido también de expectativas.

(MC): Resultado de inconformidades también.

(IR): Fue un empacho de ilusiones, ¿no? Toda revolución es un estallido de ilusiones. Y luego la realidad, el paso de los días, las propias herencias y manquedades que traes del pasado como nación van imponiendo su realidad, hasta dónde realmente son objetivos esos sueños, cuáles tienen que adecuarse a la realidad. Y si las grandes naciones atraviesan por esos conflictos, imagínate tú los pequeños países que están mucho más sometidos a variables geopolíticas, a eventos de todo tipo que no siempre pueden controlar, sin duda alguna. El que diga que este país se parece a los sueños que alguna vez, entre todos, o al menos la generación de mis padres, prometió que le daría a sus hijos…

Por supuesto que se logró un porciento importante y que al menos en mi caso agradezco. Hay quien no, hay quien tiene más vocación parricida y cree que es más fácil culpar siempre al que estuvo atrás de no haber logrado cosas, pero yo…

(MC): ¿Pero no deja de tener responsabilidad también?

(IR): Sí, sin duda. Y como la tendremos nosotros con respecto a lo que le vamos a legar a nuestros hijos. Yo creo que es algo que generacionalmente pasa siempre. O sea, las generaciones que llegan cuestionan lo que hubo antes. Es natural, es lógico que pase también, es parte de la dialéctica del desarrollo. Sin duda alguna, nuestros padres tienen mucha responsabilidad en las cosas buenas y también en las cosas que no salieron.

(MC): Claro, Israel, dices que nuestros padres tienen responsabilidad, pero, ¿no crees que el propio proyecto revolucionario cubano acumula deudas pendientes, promesas incumplidas hacia su gente?

(IR): Sin duda.  El que diga otra cosa no vive en este país. Hay cosas que se han logrado, cosas que están por lograrse. Hay algunas que son escandalosamente asombrosas de cosas que se lograron y otras que son diametralmente opuestas. Por supuesto.

(MC): Claro, pero cuando yo te escucho, aun así, en estas condiciones, cantando «¿Qué estoy haciendo aquí?», que es una canción que conmueve tanto y que mueve tanto, yo me pregunto, bueno, pero ¿cómo pedirle a la gente que en estas condiciones crea en un futuro posible?

(IR): Yo creo que es humano, de los seres humanos, convocarnos a salir de los atolladeros y convocarnos a llenarnos de ganas de echar pa´ alante, ¿no? Hay quien lo sentirá demasiado optimista, hay quien sentirá que es demagogia, hay quien sentirá que es lo que necesita para salir adelante. ¿Cómo decirle a una madre que está lidiando ahora mismo con un hijo que tiene un diagnóstico de una enfermedad crónica que no tenga esperanza, o tomándote el propio símil tuyo, cómo decirle a un padre que sus hijos emigraron, que la emigración no le impida ver a sus nietos, conocer a sus nietos, tener una relación fluida? Yo creo que es natural que eso suceda.

Yo no es que sea un optimista per sé, trato de ser lo más objetivo posible en los análisis que hago, por eso me sigo metiendo en todas estas candelas de venir a entrevistas y eso, porque yo creo que los creadores, los artistas que vemos la vida desde el prisma de la belleza y casi siempre, al menos yo, que crecí en la generación de Silvio, de Pablo, de una intelectualidad tan responsable con su país, lo que nos decían, lo que siempre me pareció atractivo de gente como Vicente Feliú era obviamente su compromiso, su arte, su palabra y su actitud ante la vida y ante la sociedad.

Me sigo metiendo en estos rollos porque sigo creyendo que desde este balcón se ve la vida. En primer lugar, informado. Es muy difícil entrarle a la creación hoy, cuando te lo tomas responsablemente, desconectado de la realidad. Yo hoy escuché una frase que me gustó mucho, decía que los generales siempre libran las guerras con las armas del pasado y los políticos igual. Los políticos muchas veces dirigen procesos que están sucediendo ahora mismo con las herramientas de herencias políticas pasadas.

(MC): ¿Dirías que eso sucede hoy en Cuba?

(IR): No, eso pasa en el mundo entero, solamente no está pasando en Cuba. Hoy cuando tú analizas el impacto de esta nueva revolución industrial tecnológica y los cambios que está trayendo en las sociedades, en la nuestra y en todas, te das cuenta de que los políticos que más destacan y que más brillan son los que se parecen un poquito más al tiempo que les ha tocado vivir. Entonces, si tú me preguntas a mí con respecto a Cuba, hay políticos que siento que entienden eso y hay otros que no lo entienden y que lamentablemente muchas veces están tomando decisiones sobre la base del país que conocieron. Y debo decirles que les tengo muy malas noticias: este país cambió en menos de cinco años brutalmente y en 10 ni te lo puedo…

(MC): ¿Cómo lo describirías ahora?

(IR): Hoy es un país mucho más fragmentado, mucho más caótico, con mucho menos cohesión social. Donde, por ejemplo, siempre se ha dicho que hay muchas juventudes, ¿no? Están los adolescentes, los jóvenes que acaban de salir de la adolescencia, el joven ya con inquietudes laborales, el joven que está pensando en familia, el joven que ya es padre… solamente en la juventud, hay capas. Hoy yo te podría decir que en cada una de esas capas hay muchas otras subcapas porque esto (el celular) cambió el mundo, cambió las burbujas de información, cambió las fuentes de información, democratizó, a veces para bien y a veces no para tan bien las diferentes maneras en que la gente concibe la vida.

Entonces, es un país mucho más complejo de comprender, de vivir, de militar, de dirigir. Sí, sin duda alguna, estoy de acuerdo contigo. Es un país mucho más complejo de interpretar.

(MC): En mis años de universidad yo escuchaba mucho a Buena Fe y en aquellos tiempos se sentía que escuchar a Buena Fe era incluso osado, por esto de decir y hasta dónde se atrevían a decir. Y yo creo que hay mucha gente en Cuba que ha vivido así la trayectoria de Buena Fe con canciones como Catalejo o Psicología al día con el «Te atraparé por el cuello», ¿no? Pero hay una percepción extendida incluso de que en los últimos tiempos ese componente de crítica social en las canciones de Buena Fe se ha perdido. ¿Tú crees que eso es cierto? En ese caso, ¿qué pasó? ¿Qué cambió? ¿O por qué esa percepción?

(IR): Bueno, esa es una pregunta que me hacen con mucha frecuencia algunos amigos, gente en redes sociales y yo he reflexionado mucho sobre eso y he conversado también con mis compañeros que son, en definitiva, los testigos y digamos que coautores de esta aventura creativa que es Buena Fe. Y hemos llegado a varias conclusiones sin excluir que indudablemente uno como creador tiene límites, que no siempre es brillante, que hay canciones mejores que otras, que hay etapas de la vida más creativas que otras, independientemente de eso, a mí me parece que el arte de un creador corre también la suerte del espíritu de su época, como diría Hegel, y hay un espíritu de la época.

Tú me hablas de canciones como Psicología al día. Esa es una canción del año 98. Nació en el año 97-98, se estrena en el año 2001 y este país era otro en el año 2001. Era un país que estaba recuperándose de la salida de la crisis más dolorosa del Periodo Especial, a tal punto que hubo un grupo de agrupaciones como Moneda Dura o Buena Fe que marcaron una nueva tendencia en los consumos de las artes. Por ejemplo, con respecto al boom de la salsa que comenzó en un ocaso, era un país en el que digamos también había un cambio demográfico importante en el ascenso de una masa, yo diría que mayoritaria de gente que no necesariamente eran bailadoras de casino, de salsa, y que estaban un poco digamos que saturados de esa sonoridad y por eso abrazaron con tanta fuerza a fenómenos como Habana Abierta o como Orishas en su tiempo o como Buena Fe o Moneda Dura.

(MC): Una efervescencia en ese tiempo.

(IR): Esas sonoridades que coqueteaban entre lo pop rock, lo moderno, la transformación de lo nacional con visos universales. Era esa época. Luego me hablas de canciones como Pi, como Catalejo, esos discos son hijos de su tiempo y en esos tiempos fue que se inventaron los Lineamientos, se convocó a las asambleas de base en las universidades, hubo un llamado por parte de las autoridades del país, y yo creo que una buena parte de la sociedad asistió entusiasmada, a repensarnos como sociedad.

La gente ya olvida eso, pero yo lo viví porque era parte de mi proceso creativo. Y esas canciones que sonaban quizás muy osadas, no eran más que el clamor popular de lo que vivíamos muchos. Ya veníamos de la época en que, por ejemplo, una canción como Gracias por el fuego que decía: «No me regales más nada, déjame ganármelo yo». Y yo lo he dicho en varias entrevistas, o sea, yo no tuve que ser muy elocuente para hacer esa canción. Nos dábamos cuenta, todo el mundo tenía claro en aquel tiempo que la excesiva estatización de la economía no iba por buen sendero y que era necesario diversificar sectores de la economía de este país que lograran mejor dinamismo.

(MC): Como finalmente sucedió, aunque con muchos pendientes.

(IR): Con muchos pendientes, pero a la larga sucedió. Si alguien me dice que hoy es un Buena Fe menos crítico, menos comprometido con su realidad, yo le diría que no sé cuál, al menos que por creación no ha sido. Ahí están las creaciones. Mucha de esa gente cuando yo le digo: «¿Tú escuchaste el disco Sobreviviente? ¿Escuchaste el disco Carnal y Morada que son nuestros más recientes discos?»

(MC): Canciones como la Catrina.

(IR): Y casi siempre me dicen: «No, tengo que reconocer que yo me quedé en Extremistas Nobles». Entonces, tú no sabes, o sea, no has seguido la pista. Si te das un baño de esas canciones, que no voy a hacer spoiler en esta entrevista, vas a descubrir que hay canciones en las que nosotros estamos hablando de cosas muy duras en la sociedad. Lo que pasa es que hoy la sociedad no está para eso. O sea, hoy los sectores que consumen esta música no son los mayoritarios. Digamos que ha habido un cambio también en la industria del entretenimiento en este país y ese cambio en la industria del entretenimiento ha generado que hoy se lea menos.

Hace poco asistí a un encuentro entre teatristas y se quejaban de cómo el teatro de experimentación, ese otro teatro, digamos, más profundo que siempre fue tradición del teatro cubano, ha cedido terreno ante un teatro más vernáculo, más de comedia, más de espectáculo. Eso mismo pasa también con las canciones. Yo podría decirte que Padura no tiene tantos lectores como debería a día de hoy o que los otros cantautores de mi generación están recibiendo mucho menos atención mediática que la que deberían, porque hay otros géneros urbanos que se han adaptado mejor y han encontrado plataformas de comercialización, de socialización mucho más dinámicas, mucho más contemporáneas y también mucho más relajantes para estos tiempos tan duros que nos ha tocado vivir a todos los cubanos, los cubanos de dentro o de fuera.

No solo depende del tipo de arte que hagas. Si alguien me dijera: «Bueno, es que los últimos discos que has hecho son solo canciones de amor», pero no son solo canciones de amor, o sea, no es que «te ha faltado crítica», ahí hay canciones muy críticas, lo que pasa es que ya hoy no tienen el peso que tenía antes ese tipo de arte.

Yo incluso te podría decir que hasta el hip-hop más rabioso, con una tonalidad más aguda también ha perdido público, porque la gente entre meterse una rabia y algo más complejo de la vida, prefiere lo simple, lo básico, o sea, los públicos mayoritarios, yo no digo que todo el mundo. Pero los públicos que imponen la moda a nivel social, digamos que hoy lo que están consumiendo es bastante ligero.  

(MC): Pero, ¿no crees que quizás hay una parte del público que está esperando una crítica más directa, por cuestiones políticas, por cuestiones de contexto político?

(IR): Es que te podría decir que en el panorama de la música cubana hay gente que hace críticas bien directas y si tú me dijeras, bueno, es que por hacer esas críticas muy directas han logrado un nivel de ascendencia social, son la voz de una generación, pero no es así. Son la voz de un tipo de público que consume ese arte y hay otro tipo de público que no se identifica porque no lo ve como el arte que describe su sentir y su pensar.

A lo que más hoy tú puedes aspirar es a ser honesto con lo que tú crees, a tratar de hacer el mejor arte posible y a tener suerte, un poco tener suerte, de que esa canción logre pasar los muchos obstáculos que impone la digitalización para llegar a tu público natural. Y entonces que a tu público natural le parezca interesante lo que haces y a partir de ahí pues poder seguir manteniendo las ruedas del espectáculo, de grabación, socialización, concierto y potencialmente giras. Así es cómo funciona, digamos, la industria de la música.

(MC): Israel, pero tú eres un artista que ha sido convocado a actos políticos, a muchos actos políticos y has estado. Y a veces las personas tienen la percepción de que cuando un artista que va a este tipo de actos, que siempre estabas dispuesto a estar, ese artista está de acuerdo totalmente con todas las políticas, con toda la forma de gobernar de las autoridades. Y yo te pregunto, uno: ¿eso es así? Segundo: ¿significa que tú no tienes críticas?

(IR): Esas son cosas que realmente son muy… de que un artista porque participe en cierto o determinado espacio es acrítico, está siendo conducido o está siendo favorecido, es verdaderamente falaz. Yo te podría decir que, por supuesto que tengo muchísimas inconformidades de todo, de muchos órdenes: en el orden financiero, en los órdenes bancarios. ¿Y por qué tengo insatisfacciones? ¿Porque estoy en mi casa haciendo canciones, viendo cómo los unicornios vuelan por el cielo? No. Porque estoy en la caliente. Estoy todos los días tratando ya no solamente de sacar adelante esta pequeña empresa, ese pequeño barquito independiente que es Buena Fe, sino también porque me he involucrado en formas de gestión de la cultura o de negocios para poder sobrevivir en un contexto tan complejo, y todos los días lidio con insatisfacciones, con trabas, con problemas, que son frutos del orden de cosas en este país. ¿Cómo no voy a tener insatisfacciones?

A día de hoy yo te diría que el que vive este país y diga que no tiene insatisfacciones con un grupo de cosas, repito, no sé en qué país vive. Yo tengo insatisfacciones, por supuesto, con muchas de las cosas que están pasando aquí. Lo que pasa es que, y ahí, oh, mi pecado original: yo sigo confiando en que la salida a esta crisis como único es posible es juntos, es en diálogo, es en paz, es repensando las cosas y acometiendo tareas que son ineludibles, y, ¿por qué no?, trabajando en mancomunidad para aprender y para enseñar lo que está mal a los seres humanos que hoy están al frente de tareas y responsabilidades.

Yo creo eso, lo creo sinceramente. Sé que no es lo políticamente correcto, lo que hay gente que espera de mí, pero esto es lo que soy y no puedo andar metiendo mentiras, esto es lo que soy. Yo he visto proyectos maravillosos que han partido y que hoy se sustentan gracias a una voluntad gubernamental y he visto también al gobierno malograr proyectos que merecerían y que merecen vivir en este país y que serían muy provechosos a la realidad de este país.

(MC): ¿Proyectos de qué tipo?

(IR): De todo tipo. Comunicacional, por ejemplo, donde hay una deuda gigantesca con el tema comunicacional de este país.

(MC): ¿En qué sentido?  

(IR): En muchos sentidos. Te podría hablar, por ejemplo, de la forma de hacer periodismo en Cuba. Por ejemplo, yo soy de los que piensa que las formas de hacer periodismo en este país se han dicho en 20 800 reuniones y lamentablemente no acaban de concretarse. Congreso de la UPEC tras Congreso de la UPEC. Que lo he visto porque lo sigo, porque lo consumo. Lo mismo te podría decir en el campo, por ejemplo, de la industria musical, de cómo hemos ido tropezando y tropezando hasta tener que aceptar realidades del mercado que eran ineludibles y que al menos yo como creador he venido planteando Congreso de la UNEAC tras Congreso de la UNEAC.

Los que crean que hay en mí un dócil corderito, bueno, esa es la construcción mediática que han hecho.

(MC): ¿Pero tú sigues creyendo que ese estar y estar y decir y decir congreso tras congreso en algún momento dará resultado?

(IR): Yo he visto que ha dado resultados. Sí, he visto. He visto avances, he visto, repito, he visto ideas que han logrado posicionarse, han fructificado y a día de hoy están, se puede decir que salvando vidas, salvando sentido de vida.

(MC): Lo que no significa que todo esté resuelto.

(IR): Para nada. Lo que significa que hay que seguir echándole ganas, convenciendo a los que tienen que convencer hasta encontrar a la persona y a las personas indicadas con el valor necesario para transformar las cosas.

(MC): Israel, yo te propongo entonces seguir conversando esto después de un cafecito. ¿Qué crees?

(IR): Venga. Usted aproveche, suscríbase al canal, comente y dé like.

[Música]

(MC): Bueno, Israel, aquí estamos con el café. Dime, ¿qué tal?

(IR): Riquísimo.

(MC): Vamos a seguir. Israel, Buena Fe tocó con Orishas, con Yomil y el Dany, con Aldeanos, incluso. Y yo me pregunto, si hoy quisieran pasar por encima de las diferencias políticas y hacer algo juntos. Me planteo la contradicción de, bueno, si primero la radio y la televisión cubana lo pondrían y no lo censurarían, y, por otro lado, si la industria cubanoamericana en Miami los perdonaría a ellos por hacer algo con Buena Fe. Yo creo que en gran medida eso se debe a la cancelación política. ¿Cómo crees tú que ha afectado a la cultura cubana la cancelación política?  

(IR): La cancelación política vino a ser como si hubiesen echado insecticida en la salud de los exponentes de la cultura musical, por llamarlo de alguna manera, o sea, para no meterme en otra esfera. Ha encapsulado gente en bandos, en «de esta agua no beberé», ¿sabes? La ridiculización, la caricaturización. Yo lo sé por experiencia propia. Yo creo que pocos artistas han vivido este proceso con tanta roña como el caso de Buena Fe, ¿no? Y mío en particular.

Y yo para empezar te diría que jamás le pregunté a ninguno de esos creadores de los muchos con los que hemos hecho colaboraciones, de qué lado político tenían el corazón. Jamás se lo pregunté. Jamás se lo he preguntado a nadie, ni de los artistas nacionales ni de los extranjeros con los que hemos hecho colaboración.

Es que tú no te unes con alguien para hacer una colaboración en lo musical partiendo desde la diferencia. La colaboración artística es como un romance. Tú te acercas a lo mejor de la otra persona, tú te acercas a su virtud como creador. Y siempre hemos buscado que ambas estéticas creen algo que sea capaz de satisfacer a los públicos de cada uno sin violentar el proceso.

Nosotros nunca hemos hecho una colaboración con un artista pensando en los beneficios económicos, en que esto me va a abrir a tal público, esto me va a limpiar o esto me va a pulir o esto me… No, nunca lo hemos hecho así. Ahí está la trayectoria, ahí está la, creo que impecable, trayectoria nuestra. Nunca he hablado mal de ningún creador en las redes sociales, a menos que no sea en defensa propia y siempre he sido muy breve y muy respetuoso. 

Yo creo que la cancelación política, y lo digo con mucha tristeza, hoy se nota mucho más. No digo que en el pasado haya sido más de aquí para allá, pero hoy es más de allá para acá.

(MC): ¿Te parece?  

(IR):  No, no me parece, lo vivo. Hay creadores que se han acercado a nosotros o que se ha planteado la idea de hacer una colaboración y tienen temor a hacerla con nosotros. O sea, en privado vienen y te dicen: «Sí, caramba, me gustaría, pero me va a crear problemas». Eso sí lo he vivido en primerísima persona y gente también que ha necesitado sacar el monstruo que tiene dentro para tratar de borrar el pasado en que alguna vez lleno de entusiasmo y de alegría colaboró con Buena Fe.

Yo lo he vivido, lo he visto. A nosotros nos han dedicado canciones, la máquina sicarial esa de asesinar reputaciones, nos ha dedicado canciones, memes, sketch, o sea, lo hemos vivido en primera persona. No te podría decir que eso no deja huella, que no te hiere, que no te lastima, porque hay algunos de esos creadores que nosotros le hicimos las producciones de su disco con nuestro dinero en tiempos en el que la bonanza estaba del lado acá.

Gente a la que le salvamos la carrera, gente a la que expusimos públicamente porque eran de bolsones underground, de consumos muy estrechos y a partir de la colaboración con Buena Fe potenciaron su visibilidad pública y su impacto en la sociedad y hoy lo pagan de una manera bastante ingrata y por supuesto que entristece y duele. Por mi parte, nosotros estamos aquí para trabajar.

(MC): Claro, pero la cancelación política también tiene sus conexiones con la censura y la censura también ha sido de ambas orillas o esta idea de que en los medios no puedes salir o no puedes poner a Fulano porque dijo tal cosa en una entrevista… Yo creo que eso aquí también se ha vivido mucho. Y en ese sentido siento que al gobierno cubano le ha faltado o a las instituciones cubanas le ha faltado habilidad política en la cuestión de dejar de ser tan reactivos y tomar la iniciativa en cuanto a política cultural y decir: «Bueno, creo un espacio de apertura, o sea, empiezo a abrir en cuanto a cuestión artística, y a efervescencia cultural, creo ese clima de apertura y doy el primer paso». ¿No crees que eso sería, digamos, un primer paso precisamente para minar un poco ese clima de polarización política que tenemos tanto hoy entre los cubanos?

(IR): Estás preguntando al equivocado. Yo he tenido que hacer un esfuerzo muy grande por sobrevivir. Por sobrevivir.

(MC): ¿Por qué? ¿En qué sentido?

(IR): Porque como te dije, muy pocos artistas han recibido el llamado a matar, a ser muerto como Buena Fe. Entonces yo no he tenido tiempo de pensar en eso. Realmente todo el tiempo estoy dedicado a sobrevivir, a tratar de hacer la mejor canción posible, a evitar a toda costa que me callen, que mi arte se quede muerto, a deprimirme, a que la banda se me descomponga en mil pedazos. Eso como único lo puedo hacer es trabajando, puesto para la creación, puesto todo el tiempo para que mi arte pueda salir adelante. Hoy hablamos de la censura.

Hoy la censura tiene muchas caras. El changüí de Guantánamo no está prohibido en Cuba y no suena casi en los medios de comunicación. La gente no sabe el trabajo maravilloso que hacen agrupaciones como Rumbávila, de Ciego de Ávila. O sea, hoy la censura no es solo política. Probablemente si hicieran un arte político confrontacional al gobierno cubano tendrían mucha más visibilidad, probablemente tendrían las plataformas «alternativas» que a día de hoy ya todo el mundo sabe de qué va su alternatividad, tendrían probablemente una mayor atención mediática.

El problema ya no es solamente político. A veces incluso lo político dinamiza un tipo de arte determinado, lo que lamentablemente también tiene patas cortas y la gente se cansa, le ve las costuras y sencillamente te dejan de seguir. Habría que preguntarles a muchos de los creadores que se metieron en temas políticos creyendo que daban pie si eso no les hizo mucho daño.

Y ahí está el ejemplo más reciente de cómo la nueva generación de artistas, incluso urbanos, entiende que la política no se toca y no se meten porque van a lo que van: vender y sobrevivir. Entonces, te das cuenta de que hoy el tema de la censura es también mirar el presente con los lentes del pasado. Seguimos en la misma que si Willy Chirino, que si Celia Cruz, que si la orilla de allá y la orilla de acá y a ciencia cierta el arte interesante, comprometido, reflexivo, se está muriendo allá y se está muriendo aquí y se está muriendo en el mundo entero porque no hay estructuras que lo hagan… que lo socialice.

Lo que está pasando es que ese tipo de arte no es de interés de un mercado que es cada día más interesado en vender lo que se vende rápido. Y esa máquina de hacer chorizos, de sacar productos que se vendan rápido, está friéndole en aceite, probablemente en aceite de peor calidad, el cerebro a las nuevas generaciones. Eso debería ser más de interés y estar más en la palestra pública.

(MC): Pero, ¿no crees entonces que también por eso que deberíamos pensarnos la política cultural en Cuba?

(IR): Te juro que no hago otra cosa que tratar de quemar todo mi capital moral, poético, tiempo en tratar de estructurar una manera nueva de pensar cómo salvar los consumos de la música en este país. He contribuido, he colaborado, he trabajado con el Ministerio de Cultura, con actores independientes, tratado de apoyar los estudios de grabación independientes que hay por ahí, que todavía a día de hoy no tienen un marco legal regulatorio porque no saben qué hacer con ellos los políticos, nuestros políticos con impericia, lo digo con tristeza, no con alegría, no saben dónde lo van a poner, lo ven entre el temor.

(MC): Hay muchas decisiones mediadas por ese temor.

(IR): Y en esas inculturas y en esas desactualizaciones y en esas ignorancias se va la vida.

(MC): La gente va preguntándose el porqué de las cosas. 

(IR): Entonces, hay un grupo de gente, como yo, que he decidido romper esos muros y tratar de establecer esos mecanismos ya necesarios, y no porque asalte el poder, o sea, no porque tome el poder por asalto, sino porque convenza a los actuales decisores que tienen el tiempo y muchas veces hasta la voluntad, y también no lo saben todo, de que aprendan rápido para cambiar las cosas. En eso ando. Los que me conocen saben las horas que dedico a trabajar, a cabildear, a actualizar, a buscar mecanismos.

Nosotros hemos sido productores de muchos jóvenes creadores y de varias generaciones de jóvenes creadores que con una tristeza gigantesca vemos cómo los proyectos a la vuelta de dos años se desintegran por inviabilidad económica, porque no los escucha nadie, porque lo ponen por la televisión en un país donde la televisión, lamentablemente hoy la ve la tercera edad. Entonces, un proyecto, no quiero decir nombre, pero proyectos tan jóvenes, tan novedosos, tan espectaculares, mueren por la no creación urgente de estructuras bien pensadas que rescaten la hegemonía cultural de este país con su masa de consumidores.

Y al dejar eso en manos de gente que lo que quiere es vender y que no le importa, me he buscado problemas. Hay artistas urbanos que se benefician del orden de cosas ahora que me han dedicado directas. Que se han puesto bravos conmigo, no se dan cuenta que lo que estoy haciendo no es para su mal, es para el bien de todos, es para el bien de los trovadores, de los jazzistas, o sea, crear una estructura que democratice los consumos culturales en Cuba hoy, aprovechando las nuevas tecnologías, es la salvación de todos.

No hay que cancelar a nadie. No hay que decir que no se va a escuchar tal género urbano o que sobra el danzón o que sobra el changüí o que sobra la trova. Todos caben y eso debería ser para ayer, pero lamentablemente nuestro país, entre el ICRT y el Ministerio de Cultura se crea una grieta, nadie la llena.

(MC): La cuestión de la velocidad es como que desaprobamos esa asignatura todo el tiempo. Es como si no hubiese apuro en un contexto de crisis.

(IR): No, en un contexto de depredación. Allá vamos: la maravilla de seguir captando jóvenes para que estudien en nuestras escuelas de arte y la terrible realidad de que esa masa de jóvenes, ellos y sus padres, que han estudiado denodadamente un instrumento y cuando terminan la carrera, que se abren al mundo laboral no encuentren un mercado de la música ordenado que sea capaz de capitalizar, de captar, de asumir la obra de esos creadores y exponérsela a la generación que le corresponde. Eso es terrible. Eso es un drama. Eso es perder-perder. Eso es: hacemos bien esto de crear el sistema de enseñanza artística y al no cerrar el ciclo, pues sencillamente perdemos todo ese esfuerzo hecho durante años.  

(MC): Israel, ¿y en todo eso no influye también la emigración, la descapitalización, la desprofesionalización?  

(IR): Claro, sin duda alguna. Eso lo estamos viendo todos los días o incluso muchas veces los procesos hasta de comprensión de los fenómenos, lo que antes demoraba una reunión, una conversación interesante, ahora lleva mucho más convencimiento. Esto es con calma. Y bueno, por supuesto lo que hablábamos ahorita, o sea, jóvenes que no pueden esperar a que las cosas cambien. El mercado de la música hoy está tan deprimido como el resto de los sectores del país. Y entonces, claro, por supuesto, eso impacta durísimo.

(MC): Y pues también cuando no tenemos una política cultural abierta, también hay, digamos, zonas en las que de alguna manera se termina impulsando que esa migración continúe, o sea, que los jóvenes sigan queriendo irse.  

(IR): Por eso en el caso de la música para mí es tan importante crear o rescatar mecanismos, repito, que acorten el camino entre el arte de los jóvenes creadores y los no tan jóvenes y los públicos que los esperan. Cambiar esa dinámica para mí es tan importante porque yo sigo creyendo que, a pesar de todo, Cuba y sus creadores cuando logran el fervor del público, cuando logran trascender los estrechos márgenes del anonimato y que su obra se socialice entre mucha gente, sigue siendo muy placentero, sigue siendo muy satisfactorio y te colma.

En este país la gente no solo emigra por un tema de lo económico, hay gente que también emigra buscando triunfar en otro sitio, buscando posibilidades de concretar su sueño, de realización y a veces los encuentran y lamentablemente no siempre se encuentran, ya se sabe.  

(MC): Claro. Ahora, hemos hablado del ecosistema artístico y cultural, pero yo siento que la política cubana en muchos sentidos necesita de reconciliación, de perdón, incluso. Y yo te pregunto, pensando, por ejemplo, en el caso de personas que están presas por protestar pacíficamente y algunas que no lo hicieron pacíficamente, pero se dijo públicamente que fueron condenas ejemplarizantes y eso significa algo en términos del peso de la condena. No sería, un indulto para personas en esta condición, ¿no sería un gesto político y humano potente concederles, por ejemplo, un indulto para empezar a sanar como país?

(IR): Yo lo dije a raíz del 11 de julio, lo puse en un post que estuvo unos días después de los sucesos del 11 de julio famoso que era tiempo de eso, es tiempo de un llamado nacional a eso, a la reconciliación, a ponernos de acuerdo, a establecer nuevos consensos nacionales y eso pasa también por el perdón. Yo conozco gente que salió a protestar el 11 de julio y era gente que estaba dando la batalla en primera línea de la COVID-19 y hoy hay linieros que están fajados con el tema energético y algunos de ellos salieron a protestar el 11 de julio. O sea, sí, yo creo que cometemos mucho el error de, tú sabes, etiquetar a la gente.

(MC): Los contrarrevolucionarios, los confundidos, los pagados…

(IR): En seguir viendo el mundo bajo el prisma de la Guerra Fría. Yo defiendo que hay un enemigo histórico que tiene una intención, una voluntad y un sistema de leyes que están establecidos para derrocar el sistema social cubano y que es nuestro enemigo histórico que no empezó con la Revolución. Sostengo, he dicho públicamente, mi posición política sobre eso. Creo que no hay alternativa política que pueda pasar por encima de la voluntad del gobierno de Estados Unidos que tiene establecido por ley la agresión a este país. No existe. Si alguien me dijera: «Nosotros vamos, luego que pase lo que está, a hacer tal cosa y más cual cosa en un contexto en que no va a haber ni Helms Burton ni Torricelli».

(MC): Pero es que no podemos esperar por eso.  

(IR): No, es que no existe. Nadie habla de eso. Nadie pone eso sobre la mesa porque no depende de ellos y lo saben. Eso es una ley del gobierno de Estados Unidos. O sea, yo no me pongo a cuestionar eso. El que se pone a cuestionar eso… a veces yo hablo de esto porque hay gente que hace análisis ligero tratando de obviar que realmente hay una guerra de parte de un gobierno agresor contra este país. Eso yo no lo cuestiono. Si usted lo cuestiona, es su derecho a cuestionarlo. Si usted quiere negar esa realidad es su negocio decir que la tierra es plana. Pero eso es una realidad. Ahora, eso es una cosa y luego está todo lo que podamos hacer aquí en función…

 (MC): Y todo lo mal hecho que se ha hecho aquí.

(IR): Y luego está todo lo que podemos hacer aquí en función de construir lo que decía Cintio: ese Parlamento en una trinchera, ese lugar en donde nos podamos poner de acuerdo, a pesar de la agresión. Hasta qué punto será tolerable la agresión con los derechos civiles con la capacidad de… no sé, hay que irlo buscando, hay que ir tratando de encontrar consensos. Lo he dicho, te lo digo, siempre, no ahora. En la era Obama lo planteé en varias entrevistas, hablé sobre eso y sobre la necesidad de buscar la vecindad entre los países, la necesidad de la reconciliación, la necesidad del amor.

Hay gente por redes sociales que cree que nuestros conciertos son mítines políticos. Los que van a nuestros conciertos saben que son un convite de alegría, de canciones, de felicidad, de buscar buena fe, de buscar unión, amor, cosas hermosas, las cosas que nos unan. Pero en la época de Obama, nuestros conciertos hubo un tiempo que realmente parecían mítines políticos porque ya sean en Miami o fuesen en La Habana o fuesen en Guantánamo o en Villa Clara o en Madrid, era el mismo discurso, era el discurso de la paz, de la reconciliación.

Eso coronó en el 2018 en un concierto en el Karl Marx a tres días en el que el profesor Carlos Lazo trajo a sus estudiantes norteamericanos y cantamos con uno de esos estudiantes norteamericanos Pi 3,14, que se la sabía. Los muchachos de Puentes de Amor y nosotros cantamos Isla Bella con un grupo portador folclórico, se llama Fanm Zetwal, de allá de Ciego de Ávila, donde hablamos de la necesidad de la vecindad, de los perdones, de pasar una fase de reconciliación entre los cubanos donde quiera.

(MC): Un espíritu de ese momento también.

(IR): Pero si hubo un tiempo en que se habló de algo sobre eso, nosotros fuimos abanderados número uno. Sigo creyendo en eso. Yo sigo creyendo de que hoy estamos peor. Hoy, casi 10 años después, estamos peor. Los cubanos que emigraron, muchos de ellos están a riesgo de deportación. Casi nadie habla de eso porque no es el discurso político dominante. Digo, en el mundo este de la farándula. Mucho «Viva Cuba», pero allí, su comunidad, hay gente que fueron presionados económicamente para venderlo todo aquí y salir de este país. Lo dejaron todo. Se pegaron muchos de ellos incluso trayectorias sumamente peligrosas. Llegaron a ese país y ahora resulta que sobran. Esa gente está peor. Aquí en Cuba no te puedo ni contar.

(MC): O sea, incluso aquí también hay mucha gente que está mal.

(IR): No, no, no. Aquí por arrobas. De hecho, de esa confrontación los que siempre salimos peor somos nosotros. Este era el país donde no había niños pidiendo dinero en la calle. Hoy en este país, en esta ciudad hay gente buscando comida en la basura. Muchos de los emigrados que se iban y que luego venían y se atendían aquí en el médico ya no lo pueden hacer porque los hospitales no tienen medicina. O sea, ¿no estamos peor? Yo insisto en eso, ¿no estamos peor? Ah, no, no, pero la culpa es del gobierno. Sí, el gobierno por supuesto tiene una responsabilidad, pero vamos a dejarnos… vamos a estar aquí y no en la cola del pan.

(MC): La política de hostilidad.

(IR): La política de hostilidad que comenzó con el gobierno, el primer gobierno de Donald Trump y sus 200 y tantas medidas o a la gente se le olvida que usar una pandemia como una herramienta de guerra en el que apareció además todo el ecosistema este de youtubers y todo eso, que lo único que hacían era sembrar odio y división entre cubanos, asesinar reputaciones, hacerle daño a, primero a los de aquí, y terminaron haciéndole daño incluso a los de allá.

La pregunta es, ¿estamos mejor? Este era el país donde varios creadores que hicieron dúo con nosotros estaban locos por regresar y aquí se les recibió, ¿cómo se les recibió? ¿Con censura? Se les recibió con los brazos abiertos. Yo lo vi, no me lo contó nadie. En el tiempo de la normalización hubo una apertura y se sintió ese espíritu donde artistas venían, artistas incluso que habían sido censurados en algún momento, y que habían tenido expresiones y que habían dicho esto o aquello. ¿Qué pasó? ¿Dónde estamos ahora?  

(MC): Hubo una política rígida desde allá y yo creo que se copió la rigidez. O sea, yo siento que cada vez que el gobierno de Estados Unidos endurece su política hacia Cuba, Cuba reacciona con políticas rígidas también. Por eso te decía ahorita del tema de ser reactivos y de no tomar la iniciativa.  

(IR): Es que yo no podría decirte quién debe, ¿sabes? ¿Quién debe tirar la primera piedra? ¿Quién debe dar la flor primero? Porque es muy difícil decirle, es mi punto de vista, puedo estar equivocado.

(MC): Lo digo de cara a los cubanos.   

(IR): Yo te lo digo de cara a los cubanos. Es muy difícil. Por ejemplo, a mí es muy difícil que alguien venga a decirme que yo no he sido cooperativo con todos mis compañeros. Muy difícil. Que yo no les he abierto puertas, les puse micrófono, les abrí espacio, en muchas ocasiones hablé con ellos. Yo nunca lo he hecho y no lo voy a hacer. A lo mejor cuando sea un viejito me pongo escribir eso.

Aquí hay artistas que regresaron a este país y nosotros los llevamos para la escalinata a la Universidad de La Habana, pasando por encima de funcionarios que, en su momento, presidentes nacionales de la FEU, nos dijeron: «No, ese artista no debe estar». Y nosotros le pusimos condición: «Si no está ese artista, no canto». Y se hicieron conciertos masivos en esa escalinata con esos creadores y ese concierto fue quien le abrió las puertas al gran público cubano.

O sea, a mí no hay quien me diga que si debo poner la otra mejilla, ¿cuánto más? ¿Qué más? Si nosotros lo único que hemos recibido es palo. Palo, día, noche y madrugada todo el tiempo. Aquí hay gente que hace carrera hablando mal de Buena Fe, entonces, le estás preguntando al equivocado.

Repito, ahora, a día de hoy, y probablemente tú me dirás, está eludiendo la respuesta de la responsabilidad gubernamental.

(MC): Yo creo que la tiene. Ese es mi criterio, pero tienes todo el derecho.

(IR): Y yo creo que también la tiene. Lo que pasa es que yo hablo desde la posición del que ha abierto la puerta y le han trabado la puerta con la mano hasta sangrar.  

(MC): Entonces, ¿qué necesitamos como país?

(IR): Es difícil. Es difícil. Como país hacen falta muchas cosas. Hace falta unidad, hace falta ejemplo personal, hace falta que se borre la distancia entre los que toman las decisiones y los que padecen las decisiones. Y eso no solo se logra con visitas gubernamentales, hace falta también comunicación política.

(MC): Bien hecha.

(IR): Por supuesto. Hace falta comunicación política bien hecha, hace falta actualización de las formas en que hacemos política.

(MC): Hace falta escuchar más a la gente, ¿no?

(IR): Por supuesto. Hace falta escuchar más a la gente. El país que contamos tiene que parecerse al país que vivimos. Hace falta mucho. Claro, por supuesto que hace falta mucho por seguir haciendo.

(MC): Israel, ¿sientes que tú no te has polarizado?

(IR): No tengo tiempo. No sé, no lo he pensado. Yo creo que no he tenido mucho tiempo de darle taller a eso. Lo que sí te puedo decir es que yo soy un hijo también de mi circunstancia y probablemente sí, hoy trabajo mucho más que antes. Hoy no me da tiempo para nada, realmente. Antes era un poco más feliz, tenía un poco, digamos, más de tiempo para para la creación. Hoy tengo que sacar tiempo para leer con mucho trabajo. Tengo un montón de tareas que hacer diariamente y sí choco con muchos problemas que tengo que resolver a diario para poder sacar adelante mi vida, la vida de los que me rodean, de los proyectos que lidero, que empujo y también los que sigo, ¿no? Los que me interesan.

Pero sí creo que es muy difícil decir hoy en este país que todos no hemos cambiado después de la pandemia. O sea, yo creo que el contexto se radicalizó. El contexto radicalizó las posiciones y yo supongo que incluso los que hemos buscado la moderación, el ejercicio del pensamiento, del libre pensamiento, de los consensos, se nos ha hecho mucho más larga la cuerda para tejer puentes y en algún momento, incluso por supervivencia, has tenido que tomar partido, porque también si te quedas aislado te mueres.

Este es un país donde nadie, este país no, este es un mundo donde nadie te va a salvar. Este es un mundo muy egoísta. Es un mundo donde si te quedas aislado es difícil que sobrevivas. Y si alguien le pregunta, que le pregunte a este propio país, si alguien me dice: «¿Por qué estamos pasando tanto trabajo?» No solo es por nuestras deficiencias, que tenemos muchas deficiencias, pero yo he tenido la posibilidad de hablar con varios extranjeros, gente que nos quiere y gente que no nos quiere. Y algunos de esos que no nos querían o no nos quieren coinciden en que cualquier país que haya estado sometido a la guerra económica y a los problemas grotescos a los que está sometido este país, no sobrevive, no sobrevive un mes.

Nosotros la verdad que la hemos tenido muy dura, pero uno de los problemas es que geopolíticamente se están produciendo cambios tectónicos a nivel global y nosotros la percepción que tenemos es que, en las declaraciones políticas, mucha solidaridad, qué sé yo, pero a la hora de la concreta es muy difícil tender puentes con Cuba porque está justamente como sola.  

(MC): Pero tú, Israel, que has sido blanco de discurso de odio en redes sociales y ahorita me comentaste, me dejaste ahí, deslizaste que incluso te has deprimido, ¿cómo te ha afectado ese discurso de odio y cómo lo has gestionado?

(IR): Bueno, ya te decía, sí tuve un tiempo en el que me costó mucho trabajo sobrevivir a todo eso, la incertidumbre, la tristeza, lo clásico de cuando recibes desaprobaciones masivas. Lo he gestionado con los conciertos, trabajando, caminando para arriba de la caliente, de lo que soy, tratando de parecerme a las canciones que he hecho, siendo coherente con las canciones que he hecho, teniendo claro que no obtuve casa ni carrito mezclando el compromiso.

(MC): ¿De verdad? Quiero apuntar eso.

(IR):  Absolutamente. No obtuve ni casa ni carrito mezclando el compromiso con bicarbonato, porque incluso cuando lo necesité y lo pedí me dijeron rotundamente que no.

(MC): Lo pediste y te dijeron que no.

(IR): Claro, por supuesto. En algún momento tú te sientes solo, sientes que la economía no te acompaña, que cambió el ecosistema económico de este país, tú no tienes recursos para gestionar esto, lo otro y dices: «Bueno, déjame ver», porque te has enterado que hay otros creadores que han resuelto y tú vas a tocar la puerta. Y por suerte, he tenido la inmensa fortuna de que me han dado mi «no» ahí bajo el brazo, toma tu «no». Y yo feliz, de verdad te juro que feliz. De hecho, he sentido alivio porque puedo seguir diciendo que ni cuando lo necesité lo obtuve y eso no lo estoy diciendo como queja. Nadie interprete esto como queja. Es más, insto a los funcionarios en el futuro que si voy a pedirle algo que me digan que no. De verdad, yo me lo tengo que ganar con el fruto de mi trabajo y si en el país hay inflación, hay problema, no te preocupes, yo tengo que encontrar la manera de sacar adelante a mis hijos sin robar, sin hacer trampas, sin hacer daño.

(MC): Ojalá todo el mundo pudiera encontrarlo.

(IR): Ojalá todo el mundo pudiera encontrarlo. Yo olvídate. Yo si tengo que reinventarme, me reinvento. Estudiar, prepararme, quemarme las pestañas, ponerle el extra, no dormir, hacer el doble de canciones o irme a otros sectores que no son el de la canción y aprender cómo se hace. Si tengo que renacer una y mil veces, renazco. Yo tengo una canción que se llama Sobre el arte de retoñar que está en el disco Sobreviviente, creo que es, o en Carnal, no lo recuerdo bien, que dice «Que el muerto se entierre con sus muertas partes, su atraso, su queja, su ponzoña. Lo sé porque año en año también soy cadáver. Me entierro bajo tierra y mi verdad retoña».

(MC): Israel, entonces así con esa cita de tu canción voy a pasar a lo que llamamos en La Sobremesa el tiroteo.

(IR): Ahora, déjame decirte que hablo de mis canciones, porque hay algunos críticos que le molesta que tú hables de tus canciones. «Mira cómo se autocita». No, yo no me autocito. Mis canciones son mi idioma, mis canciones son un resumen de lo que yo creo, de lo mejor de mi pensamiento y por eso la cito. La cito porque soy yo.

(MC): Bueno, entonces vamos al tiroteo, Israel.

(IR): Venga, el tiroteo.

(MC): Las respuestas tienen que ser rápidas. Mira que a veces los entrevistados se nos van por las ramas.

(IR): Depende de la pregunta.

(MC): La primera, una canción tuya que quieres que la gente que nos esté viendo escuche hoy.

(IR): ¿Ahora mismo? Patakí de libertad.

(MC): Un comentario agresivo que te haya hecho reír.

(IR): Creo que te contaba ahorita fuera de cámara, que hoy hice una directa con mis hijas llevándolas a la escuela y tuve un comentario así muy ácido, muy lleno de…

(MC): Largo.

(IR): Y terminó diciendo: «Pero son muy lindas tus niñas y te deseo que la vida te siga premiando con bendiciones». Las mismas bendiciones que se supone arriba de lo cual era pecador, ¿no? La verdad me hizo reír.

(MC): Y, por último, ¿qué quieres para Cuba en una sola palabra?

(IR): Desarrollo.

(MC): Gracias, Israel, por haber aceptado haber venido a La Sobremesa, haber conversado.

(IR): Gracias a ustedes que hoy ha hecho buen calor.

(MC): Listo para la polémica, además.  

(IR): No, olvídate de eso. Esta entrevista, si corro con suerte, será vista con optimismo, pero lo más seguro que en mi caso será diseccionada, partida en pedazos, bueno, lo que ya sé, pero lo sigo haciendo porque sigo confiando en que hay gente que se va a pegar el viaje completo y va a sacar sus propias conclusiones. Decía Titón en un documental que a mí me gustó mucho, decía Tomás Gutiérrez Alea, que en el subdesarrollo la gente necesita que alguien piense por ellos y que eso es terrible, que él aspiraba con su arte a que la gente pensara por sí mismo. Yo cito a Titón porque ojalá que mis canciones, que mi vida, que mi palabra ayude a la gente a pensar por sí misma con honestidad.

(MC): Gracias, Israel por haber estado aquí. Así termina este episodio especial de La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

[Música]

La Sobremesa en la vidriera de los extremismos

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Imagen generada con IA

En la serie pasada de La Sobremesa, el periodista Fernando Ravsberg hablaba del «pecado» de hacer periodismo en Cuba. En la presente temporada el pecado estaba asegurado: mi colega Mariana Camejo dialogó con el cantautor Israel Rojas, en un clima relajado, sin dejar de hacer muchas de las preguntas necesarias —faltaron otras, pero el capítulo hubiera durado cuatro horas.

Desde que planificamos el episodio estuvimos preparados para las reacciones. En medio de un entorno sumamente polarizado, sabíamos no pasaría inadvertido, como, en efecto, no ha pasado.

Confieso que nos dispusimos a recibir comentarios ofensivos por parte de quienes han convertido a Rojas en la diana de ataques por mantener una postura asumida como «cómplice» de la «dictadura castrocanelista». Esto ocurrió y sigue ocurriendo, pero realmente sorprendió que, incluso antes de salir el programa, a  «la vanguardia» de los ataques estuviera la «policía de la moral revolucionaria». Ya habían salido episodios mucho más críticos con el gobierno, y aunque no dejaran de tener señalamientos —algunos válidos y otros descartables—, nunca provocaron la indignación de tantos «militantes».

Luego de días de fuego cruzado, me propongo compartir un grupo de apuntes sobre los mensajeros y los mensajes. No con el objetivo de zanjar el debate, que seguro continuará con opiniones válidas y también bajezas, sino porque La Joven Cuba e Israel han sido el pretexto para traer al ruedo otras tantas problemáticas de la esfera pública nacional. Ojalá no se necesitara de un «episodio polémico» para que estas fueran constantemente discutidas, al menos con quienes gozamos el privilegio de tener corriente e internet para participar en la conversación, pues hay un sinnúmero de cubanos y cubanas que deben emplear las pocas horas de «alumbrón» para hacer las labores básicas que garantizan la supervivencia.

Los fondos

Si mañana la Embajada de Noruega desapareciera, también estaría en peligro buena parte del arte cubano, pues ha sido financista de muchísimas de las obras, películas y exposiciones que hoy tienen cabida en organizaciones estatales y de la sociedad civil.  Aunque el Estado paga unos salarios simbólicos a algunos artistas, las telas, las cámaras, las luces y todo lo demás que hace falta para crear, no pocas veces se financia con dinero de mecenas, entre los cuales se cuentan varias embajadas de países europeos.

Noruega, por demás, apoya a Cuba cada año en las votaciones contra las medidas coercitivas de Estados Unidos, y más allá del arte, ha patrocinado otros proyectos de desarrollo. Además, ha acompañado a la Isla como garante de los procesos de paz en Colombia, sin que hasta ahora nadie lo considere injerencia en los asuntos internos de ese país. Todas estas acciones de diplomacia pública son válidas. De hecho, minutos antes de que saliera al aire el programa que aparentemente iba a dilucidar el objetivo de unos fondos que son públicos, se pudo ver el spot de una campaña ecológica apoyada por la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, y, precisamente, la Embajada de Noruega.

Entonces, recibir apoyo de Noruega no es equiparable a hacerlo de la USAID o la NED, agencias que tienen principios declarados de «cambio de régimen» aprobados por la Ley Helms Burton.

Quienes arremeten contra el financiamiento, saben que sin este no se hace nada, o casi nada, en ningún lado; no les molesta el financiamiento, les molesta que lo tenga otro, y sobre todo, que ese otro exista. Por eso pretenden decidir quién puede y quién no acceder a esos fondos. ¿O les van a pedir al gobierno, sus instituciones y las organizaciones civiles que renuncien a todos los dineros de cooperación internacional de países capitalistas?

El mismo medio que cuestiona el uso de los fondos noruegos para el podcast porque supuestamente son «restauracionistas del capitalismo», los han celebrado cuando se emplean en acciones con organismos de gobierno. ¿No hay ahí objetivos oscuros? ¿Quienes se relacionan con esos fondos son, per se, no manipulables?  

Decir que La Sobremesa tiene éxito solo porque recibe apoyos para sus proyectos es evitar el núcleo del problema. Sobre todo, porque ya los medios estatales pueden acceder a varias fuentes de financiamiento más allá del presupuesto público. De hecho, en Ideas Multimedios abundan los anuncios de agencias de envío (radicadas en países capitalistas) y con pago en dólares, entre otros negocios. Si el problema de no conectar mejor con la ciudadanía es de fondos, o están regalando su espacio publicitario, o están gestionando muy mal esos fondos. La caja no cuadra.

Los conspiparanoicos

Para estos, todo es una estrategia montada. Según ellos, Mariana y Marxlenin deben estar ahora mismo tomándose una cristash en el bar de Sandro Castro mientras se ríen de quienes se creen «la película» de que en Cuba la gente piensa diferente y expresa esas diferencias.  Y por eso no tumban ni una mata de plátanos, porque no saben, ya no cómo funciona este país, sino cómo funciona cualquier sociedad política, incluso en situaciones de autoritarismo.

Aunque se quiera vender la imagen de una «dictadura totalitaria» al estilo Corea del Norte, lo cierto es que en Cuba nadie, ni dentro ni fuera del PCC, piensa igual, ni se expresa igual. De hecho, yo, aunque nunca he sido militante, he escuchado debates bien críticos en asambleas de base de la UJC y el PCC, aunque luego las oficinas centrales, como una estrategia para «sustituir importaciones», les den otros usos «no convencionales» a esas actas.

La censura y la represión en Cuba tienen muchas caras, formas y momentos. Primero, que no andes denunciando en las redes no significa que no hayas sido reprimido, cada cual lidia con eso como quiere y como puede. Segundo, que no te repriman de la forma más extrema no significa que seas «de ellos»; hay muchas razones por las que pueden no reprimirte, o reprimirte menos. ¿O acaso en Cuba todo el que es crítico con el gobierno y no está preso es parte del «aparato»?

También están los que creen que Marco Rubio se reúne todos los jueves con Harold —que ya no es ni el director— para dictarle la agenda de LJC, y le indica publicar textos que critican al encargado de negocios de Estados Unidos para «confundir» a «los revolucionarios», con el objetivo final de que se lean los otros donde se dice que en Cuba hay pobreza, apagones e inseguridad alimentaria. Porque, por supuesto, todas estas problemáticas son «un asunto de percepción»; si la gente no las lee, no se da cuenta de que están ocurriendo.

Los iluminadores

Muy relacionados con los primeros, te los encuentras en ambos bandos. Parten de dos supuestos: primero, existe una conspiración para manipularte en medio de la guerra/batalla cultural; segundo, tú eres tonto y te puedes confundir. Mientras, yo, como intelectual iluminado, que además no tengo intereses ni agendas, te voy a mostrar la verdad para que no te manipulen.

Encumbrados académicos y académicas portadores de la luz de la sapiencia: ni la gente es estúpida, ni ustedes son tan inteligentes, ni mucho menos tan «limpios». No son imprescindibles para «ver más allá», ni para «preguntarse lo que no se pregunta»;  están hablando del país donde —mejor o peor impartido— todo el mundo tiene, como mínimo, sexto grado, y una «bichería» estimulada por la necesidad de sobrevivir, porque camarón que se duerme, «se lo comen los turistas». No hay nada más elitista y «sangripesado» que ese espíritu de monitor de Español-Literatura con el que se dirigen a las personas. Expongan sus criterios y argumentos en el espacio público, pero con un poquito de humildad.

Los ultrademócratas

No podían faltar en la discusión. Dicen querer una sociedad «con todos y para el bien de todos», pero no soportan la idea de que se le dé espacio a alguien que no piensa como ellos, porque es «enemigo de la democracia».

Resulta paradójico ver cómo personajes que han adquirido relevancia por denunciar la censura del gobierno cubano, ahora exijan que se incluya a los integrantes de La Sobremesa en «listas de terrorismo», solo por promover el debate, que es la base de cualquier democracia.

Otros también dicen que Israel Rojas se merece la cancelación por pensar diferente a ellos. Que nadie lo debería entrevistar, ni mucho menos contratar ni colaborar con él. Supongo que si alguna vez «ganan» y tienen poder, no serán más democráticos que sus actuales enemigos. Las «listas malas» seguirán, solo se cambiarán los nombres.

Los ultracomunistas

Es curioso que hayan sido los primeros en salir al ruedo, cuando La Sobremesa lleva un buen tiempo emitiéndose, con episodios más «fuertes».

Esto demuestra que a lo que le temen realmente no es a la crítica desde fuera, sino a perder el monopolio de lo político en el campo del progresismo, a que se naturalice que la gente en la Isla pueda debatir ideas en un clima de respeto. Y le temen porque, como en el caso de los anteriores especímenes, hay muchísima mediocridad y oportunismo dentro de sus filas.

Israel Rojas puede ir a cualquier diálogo sin «desteñirse» porque está mucho más preparado políticamente —y fogueado en entrevistas con medios nada complacientes, que no pocos de quienes ostentan cargos públicos y partidistas, que en cuanto les ponen un micrófono fuera de Cuba dicen disparates como que «todos somos ricos» o que cuando les trasmiten una intervención sin cortar en los medios nacionales, salen joyitas como «en Cuba no hay mendigos sino gente que se disfraza de mendigos».

Pero la falta de preparación de algunos «revolucionarios» empoderados no puede seguir siendo la justificación eterna para que no exista debate público dentro de Cuba.

Muchos militantes rabiosos, que le tiran piedras a La Sobremesa, prefieren que la gente vea El mañanero de Otaola sacándole, casi a punta de pistola, declaraciones sensacionalistas a cuanto artista sale de Cuba, que un diálogo sin cortapisas entre artistas o expertos desde adentro, con una posición constructiva. Al final adquirieron conciencia de clase, y tienen claro que en una sociedad —socialista o capitalista— donde estén obligados a rendir cuenta permanentemente a la ciudadanía, ellos no accederían ni a mínimas cuotas de poder.

Por supuesto, no pueden faltar los «amigos del exterior», que por decir cuatro consignas en una tribuna contra las sanciones norteamericanas, se creen con el derecho de indicarnos acá lo que tenemos que hacer y pensar. Y no se trata de que no opinen sobre Cuba, tampoco podemos caer en ese sinsentido, pero hay que opinar desde el respeto  y la empatía cuando esa realidad no se vive, y ser, al menos, un poquitico menos excluyente.

En este grupo aparece desde «el archienemigo del sector privado cubano», mientras trabaja en una organización privada norteamericana de viajes; hasta el responsable de comunicación y redes sociales de la sección asturiana de un partido de izquierda, cuyo perfil en Instagram solo tiene poco más de mil seguidores. El primero tal vez crea que únicamente los gringos y sus empleados tienen derecho a facturar en la Isla. Al segundo tal vez le moleste que en «las Indias», profesionales con menos recursos que él, logren una comunicación progresista con más impacto y calidad.  Si quieren apoyar, apoyen, pero desde el respeto a la autonomía del apoyado. Ese siempre ha sido el pacto de LJC con quienes le brindan alguna colaboración.

La fábrica de enemigos

Los que no tuvieron el valor para señalar a Israel, fueron por el blanco más fácil: el podcast. «Él fue a enfrentar al enemigo, como mismo hizo Fidel con María Elvira». Ni LJC considera a Israel enemigo, ni viceversa. Aunque desde el dogmatismo y la soberbia se vea a cualquiera que piense diferente como enemigo, por suerte, en Cuba y en el mundo quedan personas capaces de sentarse a conversar desde el reconocimiento de las coincidencias y el respeto a las diferencias.

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La Sobremesa en la vidriera de los extremismos 2

Quien vea el episodio podrá fácilmente percatarse de que hay un contrapunteo de criterios, en el cual Mariana, como debe hacer una periodista, no solo emitió los suyos, sino que expuso varias de las dudas u opiniones que hoy pululan entre los cubanos. O sea, hablemos claro, en ese episodio no se dijo nada que no se diga en las calles y las redes de Cuba. Pero en ningún caso hubo irrespeto, ni siquiera hostilidad por las partes. Ambos igualmente han mantenido en redes una actitud cordial luego del programa.

Confrontación no significa enemistad. De hecho, ese podcast también es el resultado de la confrontación. Cada pregunta es fruto de largas horas de discusiones entre los guionistas, algunas veces acaloradas, pero siempre desde la consideración a los criterios del otro. Cualquier organización, grupo de militancia, o sistema político, que huya de la confrontación, está destinado al fracaso, pues resulta imposible que en un colectivo, por más que se compartan esencias, piensen todos igual. Si a quien piense diferente lo conviertes en enemigo, terminarás convirtiéndote en enemigo hasta de ti mismo.

Si las izquierdas no entendemos eso, nos van a pasar la aplanadora por arriba. La derecha se une, incluso la decente con la indecente. Pero nosotros estamos todo el tiempo poniendo barreras desde una superioridad infantil, y exigiendo que todo el mundo sea «beso de la patria» para poder conversar. Si se necesita la unanimidad para la unidad, nuestro fracaso está escrito en letras doradas.

Los de la equidistancia

Un leitmotiv habitual de tirios y toyanos es que LJC mantiene una supuesta «neutralidad» y «equidistancia» con respecto a los conflictos internos de la Isla y las agresiones externas.

No puedo hablar por toda la publicación, pues ha sido muy diversa y con distintos momentos, y cada autor o entrevistado habla desde su perspectiva, pero al menos en la última etapa, en ningún editorial se ha afirmado que los cubanos se sienten afectados en la misma medida por las agresiones externas que por los errores y autoritarismos internos.

Resulta paradójico que uno de los medios que acuse a LJC de hacer «la trampa de la equidistancia» haya publicado el mismo día un titular que hablaba de «las claves para romper bloqueos internos y externos», que luego cambió, no sé si por decisión propia o por algún llamado de atención. Consejito de buena fe: cuando cambien el título, cambien también el link; si no, los internautas siguen viendo el título anterior.

Volviendo al tema, que tanto en La Sobremesa como en Cuadrando la caja se hable de ambos factores, no significa que se estén igualando. Algunos quisieran que tuviéramos una balanza para medir milimétricamente cuánto afecta uno y cuánto otro, y varios, directamente, quieren que nada más nos refiramos, sin matices, a las afectaciones acordes a su orientación política. Pero usar la misma regla para medir una y otra violencias es una falacia en sí. De entrada, se cae en el positivismo absurdo de cuantificar aspectos cualitativos, y por otro lado, se utiliza la misma unidad de medida para dos tipos de variables totalmente distintas.  

Ya que a muchos de estos gurúes les gustan las analogías, voy con una. Una madre soltera es explotada y acosada por su jefe en su trabajo, y cuando llega a la casa maltrata a su hijo. ¿Cuánta culpa tiene el jefe y cuánta la madre? Si el jefe no la maltratara, tal vez ella no tuviera esos niveles de estrés que condicionan el trato hacia su hijo, ¿pero por eso el hijo debería soportar el maltrato en silencio?

El sistema político cubano ha sido agredido de forma continuada por una potencia extranjera, y esa agresión ha condicionado buena parte del autoritarismo que tenemos hoy. Desconocerlo sería faltar a la verdad. Sin embargo, ese autoritarismo, no solo ha dañado a muchísimos nacionales que también sufren la guerra económica, sino que está debilitando cada vez más al propio sistema político. Y la prueba de ello es la cantidad de jóvenes que hoy lo mismo cruzan la selva del Darién que se becan en cualquier país por tal de escapar de nuestra aplastante realidad. De hecho, resulta muy risible que algunos le critiquen a Harold Cárdenas aceptar una beca en el extranjero, escribiendo justamente desde una beca en el extranjero.

Y no solo es un problema económico —en el que también el autoritarismo y el conservadurismo hacen mella defendiendo políticas de probada inefectividad—, se trata además de que no te dejen hacer por un país mejor. Por eso acá emigran los intelectuales y los obreros, los ricos y los pobres (que pueden), los «gusanos» y los «revolucionarios». La gente no puede esperar eternamente a que «quiten el bloqueo» para vivir. Mientras no construyamos colectivamente un modelo de existencia digna «con bloqueo», cada vez más personas abandonarán el barco.

Los espacios críticos

Si hay algo en que coinciden casi todos los mencionados anteriormente es en reconocer la falta de «espacios críticos» en la conversación pública cubana. Si La Sobremesa e Israel Rojas lograron enfocar el debate hacia esa problemática que nos carcome como sociedad, solo por eso habrán valido la pena todos estos días de fuego cruzado. Ojalá ese centro no se diluya con la misma rapidez que en otras ocasiones, como ha pasado con los tantos congresos de la UPEC o con la polémica tras el «cambio de dirección» de la revista Alma Mater, que logró articular un discurso al servicio ciudadano y hoy publica apenas un artículo al mes.

La falta de espacios críticos y dialógicos no es exclusivamente un problema de los medios estatales. En la otra cara de la moneda abundan las plataformas donde nada más invitan a quienes responderán lo que ellas quieren oír, donde el contrapunteo de opiniones es nulo, y la agenda está determinada por la cantidad de veces que el periodista —o la Inteligencia Artificial— es capaz de insertar la palabra dictadura en un texto.

Ello demuestra que no solo se trata de una cuestión de fondos, sino de voluntades, capacidades y posibilidades. Hay quien ha pasado por ambos espacios y ha sido igual de superficial, hay quien ha sido íntegro y ético en los dos, y hay quien se ha retirado del periodismo, decepcionado y dándolo por incorregible.

Resulta entonces muy llamativo que programas como ConFilo critiquen a LJC con pelos y señales, y la tilden, con total irrespeto, de contrarrevolucionaria luego de una entrevista respetuosa a un músico que se asume como revolucionario. Mientras, más adelante, se habló en abstracto de la necesidad de mayores espacios para la «crítica revolucionaria», sin decir por qué no existen y quién los ha impedido.  Con las mismas cámaras que se hacen esos programas de «contrapropaganda comunista», y en los mismos sets climatizados —a diferencia del de La Sobremesa— se pudieran televisar debates que conecten con las agendas ciudadanas, y justifiquen el presupuesto estatal, y privado,  que se destina a ellos.

¿Quién lo impide? ¿La Joven Cuba? O serán los mismos funcionarios que en el discurso recalcan la urgencia de hacer un periodismo crítico «desde la Revolución», pero a la hora de llevarlo a la práctica empiezan las cortapisas: «esta frase no», «este tema no», «este invitado no»… El enfrentamiento a los espacios críticos fuera de los medios estatales es «ahora y de manera frontal», pero la crítica desde adentro es «cuando se pueda y si se puede».

Y claro que es legítimo que el Estado —con el dinero de todos— financie medios públicos, pero estos deberían estar siempre al servicio de la ciudadanía, como los propios «contrapropagandistas» reconocen una y otra vez sin que se haga nada para cambiarlo. Entonces, ¿por qué pagan los cubanos?

El problema con la emigración

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Imagen generada por inteligencia artificial

El debate político sobre la emigración cubana ha estado mayormente dominado por dos extremos: idealizada por unos como la fuerza democratizadora que puede transformar el país desde fuera, y demonizada por los que la consideran una amenaza a la estabilidad nacional. No son las únicas formas en que se haya pensado políticamente sobre la emigración, pero sí han sido los discursos que más tribuna han logrado. Ambas miradas son fallidas. La emigración no debe dejarse al margen, pero tampoco le corresponde decidir el rumbo de Cuba. Puede participar, aportar, acompañar. Pero no liderar.

Una parte considerable de la emigración ha demostrado que no defiende valores democráticos con la coherencia que exige la responsabilidad histórica. Con bastante frecuencia demanda libertades para Cuba, pero apoya o se hace de la vista gorda con políticas autoritarias, discursos intolerantes y estrategias excluyentes en los países donde reside, lo que no invalida su derecho a opinar ni a participar en los debates sobre el país que dejó atrás, pero sí obliga a preguntarse con qué legitimidad lo hace y qué tipo de democracia está proponiendo.

El auge del trumpismo entre cubanos es ilustrativo. Según encuestas, casi el 70 % de los cubanoamericanos en Miami prometió su voto a Donald Trump, un político que ha desafiado abiertamente las instituciones democráticas de Estados Unidos, que ha presionado jueces y legisladores, además de atacar a la prensa. Trump promueve políticas xenófobas, incluyendo la detención y deportación masiva de migrantes, muchos de ellos cubanos. Y aun así, no son pocos quienes lo aplauden. El doble estándar es simple: cuando se trata del gobierno cubano, levantan la voz; si se trata de Trump, guardan silencio. Esa doble moral, desconcertante por cierto, es además peligrosa, porque sugiere que no se está defendiendo la democracia, sino combatiendo a un adversario político. Y eso lo cambia todo.

Algo similar ocurre en España, donde la mayoría de los cubanos emigrados respaldan al Partido Popular y en menor medida a Vox, partidos que como el trumpismo, combinan anticomunismo con un discurso excluyente y autoritario. Ahí están muchos de nuestros compatriotas, apoyando el nacionalismo cristiano estadounidense y los herederos del fascismo español. Y muchos otros que no engrosan sus filas, guardan silencio al respecto. Más que incoherencia es señal de que, para ellos, hay autoritarismos buenos y autoritarismos malos. ¿Son ellos los que van a salvar a Cuba?

Otro sector de la emigración participa activamente en las conversaciones sobre Cuba, pero lo hace desde una distancia segura. Opiniones, debates, campañas… todo desde fuera. Muchos no contemplan regresar ni asumir las implicaciones directas de un proceso de cambio. No está mal, pero hay una diferencia entre influencia discursiva y compromiso real para ejecutar los cambios que sólo es posible impulsar verdaderamente estando en el país.

Lo digo también desde dentro. Yo mismo formo parte de esa emigración diversa, contradictoria y atravesada por su historia personal. Hay en nosotros un fuerte sentido de identidad con Cuba y un derecho legítimo a participar en su destino. Pero también existe (debemos reconocerlo) una tensión inevitable entre la patria que nos vio nacer y la que nos acoge. Muchos emigrados cargan con experiencias dolorosas de ruptura, rechazo o supervivencia, y no siempre es fácil separar el deseo de justicia del deseo de revancha. El patriotismo de un emigrante no es menor, pero es distinto y a veces limitado por las propias heridas. Por eso, más que dirigir los cambios, nos corresponde contribuir con humildad, sabiendo que en su mayoría no seremos nosotros quienes suframos en carne propia las consecuencias de esas decisiones.

Idealizar a la emigración es tan ingenuo como excluirla. Hay personas dispuestas a contribuir desde el exterior con recursos, conocimientos y redes de apoyo, y eso debería ser reconocido. Pero integrar a la emigración no es cederle el control ni convertirla en el árbitro de la transformación nacional. Es mi opinión personal y puedo estar equivocado. Pero también eso, la posibilidad de disentir sin temor, forma parte del tipo de democracia que deberíamos construir.

La emigración puede contribuir de muchas maneras a la reconstrucción nacional: apoyando iniciativas cívicas y sociales con recursos y redes de contacto, invirtiendo en pequeños proyectos productivos con impacto local, ofreciendo conocimientos técnicos y profesionales en educación, salud o desarrollo institucional, y promoviendo plataformas de diálogo que acerquen a cubanos dentro y fuera del país. También podría participar, llegado el momento, en procesos de reforma legal o elaboración de un nuevo pacto social. Pero todo ello debe hacerse desde el respeto a la voluntad soberana de los que viven en la Isla.

Todavía existen prejuicios dentro del Estado cubano hacia la emigración, especialmente la crítica, por parte de sectores que no han superado la antigua mirada que la veía solo como una amenaza. Esa visión instrumental de la emigración o la posición defensiva frente a ella, limita las posibilidades de diálogo. Aceptar su participación implica también aceptar su pluralidad política, sin exigir adhesión ideológica ni penalizar la crítica. Pero todavía hoy sigue siendo difícil para las autoridades salir de su zona de confort donde solo se incluye a los grupos de solidaridad y los amigos incondicionales. Hacer política y diplomacia pública amerita ir más allá.

Lo que no puede pasar es que la reconstrucción nacional se siga postergando, o se diseñe desde la nostalgia o la conveniencia geopolítica de quienes ya no viven en Cuba. Y mucho menos cuando parte de esa emigración ha perdido conexión con la realidad del país que quiere cambiar. A riesgo de repetirme: la emigración debe ser realmente escuchada, pero no debería definir el modelo económico, político y social del futuro que le tocará vivir a otros. Ahora, el derecho al voto es un derecho que no debería arrebatársele, y como en todos los países en los que eso es posible, define el futuro, pero no sería determinante en comparación con aquellos en la Isla.

Si el gobierno cubano no reconoce pronto la sed de cambios que tiene el pueblo, estos ocurrirán sin él. Cambios que son urgentes y deben surgir del consenso interno, no de presiones externas ni de proyectos impulsados desde Miami, Madrid o Washington. Es muy difícil (re)construir un país si la emigración no reconoce la legitimidad del gobierno existente, sobre todo uno con una emigración tan grande y con un peso directo en las economías familiares. Y también es difícil si ese gobierno no tiene capacidad de generar un clima de apertura real, de espacios inclusivos y de gestionar políticamente el disenso. Porque no se le puede pedir a un Estado un diálogo abierto con quienes se fueron, si ni siquiera es capaz de tenerlo con su ciudadanía residente.

Reconstruir Cuba exige una conversación seria, horizontal, con todas las partes, pero el protagonismo debe seguir siendo de quienes, a pesar de todo, siguen apostando por quedarse, sea cual fuere la razón.

Abundan los que a distancia y a menudo con un valor del que carecían en Cuba, le dicen a los cubanos autoritariamente qué deben pensar y hacer, desde posiciones frecuentemente de privilegio. En este contexto cerrado y no en uno de distensión política y movilidad que permitiría un análisis distinto, si algo puede ofrecer la emigración es respaldo, no liderazgo. Participar sin imponer y acompañar sin decidir. Y sobre todo, no anteponer su identidad, dolor o preferencias políticas al bienestar de sus coterráneos. Esa sería, quizás, la mayor muestra de amor a su país.

Capitán Diez: Humor en tiempos de Internet

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Disponible en las plataformas de video y audio: YouTube, Apple Podcast, Spotify.

[Música]

Mariana Camejo (MC): Hola a todos los que nos están viendo, o nos están escuchando a través de las plataformas de audio. Bienvenidos a un nuevo episodio de La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.  

Jorge Bacallao (JB): Exactamente. Tengan muy buen día los que nos ven y los que nos escuchan.

(MC): Sí, porque la gente nos escucha en la cola, haciendo ejercicio.

(JB): Exactamente. O sea, nos escuchan sin vernos porque hay mucha gente que se pone La Sobremesa cuando está trabajando. Si usted tiene un trabajo complicado como controlador de vuelo o piloto de carrera, no puede, pero hay muchas otras profesiones.

(MC): Sí. Y estamos en una época súper dinámica. También hay un montón de profesiones en peligro, casi que de extincióncon el tema de la IA, ¿no crees?

(JB): Sí, la IA está suplantando muchas profesiones, pero a la vez están apareciendo otras profesiones. Por ejemplo, ¿tú sabes cuál? el creador de contenido.

(MC): Bueno, fíjate que el invitado de hoy califica como eso, como creador de contenido.  

(JB): Exacto. Hace más cosas, pero es creador de contenido. Así que usted no se mueva de ahí que se pierde el principio.

[Música]

(JB): Bueno, decíamos que nuestro invitado de hoy es creador de contenido, pero no se queda ahí la cosa. Es médico, es comediante escénico bueno, comediante escénico bueno, es emprendedor, viene siendo lo que se dice un todólogo el tipo. (MC): Así mismo. Y todo eso con solo 25 años. Hoy tenemos en La Sobremesa a Ronny Diez, más conocido como Capitán Diez. Bienvenido.  

Capitán Diez (CD): Muchas gracias. Un placer estar aquí.

(JB): Bueno, Capi, vamos a empezar de colega de gremio a colega de gremio. Fíjate que yo esta entrevista la hago con camisa y me puse pullover, que es el módulo de despliegue para hacer stand up mío porque estabas tú aquí. Esto es una pregunta, la pregunta de las multitudes y quiero que respondas de la forma más abierta que tú quieras. ¿Qué tú crees de la cosa? ¿Cómo tú ves la cosa?

(CD): De la forma más sincera, te puedo decir que está complicada, pero de la forma más abierta te puedo decir que está dura. ¿Sabes lo que te digo, Baca? Entonces yo creo que la cosa hay que analizarla. Sinceramente, hay que analizarla porque como mismo te da, te quita, pero como mismo te quita, te da. Entonces, hay que analizar la cosa. Todo es puntos de vista.

(JB): Dale, vamos a empezar con lo serio. Mariana, dale.

(MC): Capi, en Cuba el humor siempre ha sido un mecanismo de defensa del pueblo cubano. Se dice que el cubano se ríe de sus propios problemas. ¿Tú eres consciente, cuando haces videos, de eso? Porque quizás le estés mejorando la vida a gente que te ve.

(JB): Yo creo que cuando empecé a hacer humor era mi forma de expresarme y luego a esa forma de expresar mía se fueron sumando, o sea, mucha gente se empezó a sentir identificada y fue ahí donde empecé a ver el feedback, ¿no? Empecé entonces a recibir comentarios de mucha gente que me decía que se identificaba con lo mío, que mis videos le alegraban el día, incluso hoy por hoy recibo mensajes muy bonitos. Yo creo que es algo de lo que todavía no soy muy consciente, ¿no? Es algo que me tiene muy feliz y me está pasando ahora y es que estoy llegando ya como tal a la familia, o sea, y me dicen: «Oye, a mi familia le gusta». Y eso es algo que, vaya… porque en una familia siempre hay puntos de vista muy encontrados y distintas generaciones.

(JB): Claro, sobre todo aquí en las familias cubanas que la familia cubana ya tiene 900 generaciones dentro de una casa.

(CD): Entonces es muy complicado gustarles a todos, pero creo que entonces como he sabido buscar el punto en común entre todos he logrado eso.

(JB): Es una motivación extra para levantarse por la mañana y a veces los días que uno no tiene deseo decir: «Hoy sale video de todas maneras».

(CD): Hoy sale video. Sí, sí, realmente es como un propósito.

(JB): Esto es una pregunta también de colega de gremio y es una cosa que yo me he dado cuenta que a la gente le interesa saber, ¿de dónde saca las ideas el Capi? ¿Qué es lo que hace que Capi diga: «Hoy toca este tema»? Explícame el proceso creativo ese. 

(CD): Esa pregunta hasta para mí es complicada, porque yo a veces hay ideas que las tengo que buscar, tengo que sentarme a buscar una idea y digo: «¿Qué me falta?» Es complicado, porque es ver lo que no has visto, o sea, tienes que ir a buscar lo que todavía no has visto. Eso es complicado, pero a veces, que es lo que yo más disfruto, cuando la idea viene sola y llega sola y digo: «Me iluminé, voy a dar las gracias al universo».

A veces pasa que veo una situación o algo y a veces es solo una línea. Ustedes me entienden mucho, también son expertos, son los maestros ustedes. Todo el texto lo construyo desde un chiste. A veces hay un chiste que me gusta mucho, mi chiste favorito. Yo le digo así, este es mi chiste favorito y digo: «Yo necesito sacarte a la luz».

(JB): Ahora vamos a vestirlo.

(CD): Vamos a vestirlo. Exactamente.

(MC): ¿Dirías que más allá de eso influye algo más?

(CD): El contexto, yo no estoy ajeno al contexto social por el que me muevo. Entonces ahí también encuentro mucho de la inspiración. A veces una fecha, una situación dada, aunque también intento y he intentado alejarme mucho del contexto porque, ¿qué pasa? y es un tema súper interesante. Antes, Cuba como país estaba mucho más en el mismo contexto y todos éramos conscientes de todo lo que estaba pasando o de que pasó algo, y se le daba mucha importancia a ese punto en específico, pero ahora mismo está como muy segmentada.

(JB): Se ha ido diversificando.

(CD): Se ha diversificado, exactamente. Y ya el contexto no es el mismo. Entonces, y se ve tanto en las clases sociales como también a nivel intelectual, ¿no?

(MC): Y de opiniones políticas también.

(CD): Exactamente. Por ejemplo, lo comentaba ayer o antier con unos amigos que casualmente la política es una cosa que el humor cubano se ha recostado muchas veces sobre ella, y con toda razón, porque durante mucho tiempo la nación cubana estuvo recostada sobre la política. Pero hoy en día pasa que me he dado cuenta que, por ejemplo, las nuevas generaciones ya no están vinculadas a la política, ya no son conscientes.

(MC): ¿Sientes que hay una desconexión ahí?

(JB): O quieren una cosa que no sea eso también.

(MC): O quieren algo diferente también.

(CD): Eso puede ser, exactamente.

(JB): Una cosa que me pasa a mí y quiero preguntar hasta qué punto te pasa eso mismo. Tú me estabas diciendo que a veces hay eventos y cosas que están sucediendo y que dan una referencia que tú dices: «Bueno, como creador esto yo debería usarlo». Debería usarlo porque no puedo dejar que se me vaya esta fecha, porque la situación humorística que yo construyo alrededor de esta fecha es ahora que funciona. Pero por otro lado dices: «Espérate, que ahora todo el mundo está escribiendo de eso. Déjame dejarla que refresque». Es como un intermedio ahí.

(CD): Claro. No, con respecto a las fechas y esas cosas que pasan, a veces también yo si veo algo, y eso a veces está mal, porque nosotros los creadores de contenido creo que si tuviéramos que tener como una ley, que es la ley que siempre va a funcionar, es no comparar tu contenido con el de otro, y entender que aunque haya mil personas hablando de lo mismo, tú puedes ser la mil uno y también vale- Pero yo sí cuando veo que hay alguien que hizo algo mejor que lo mío, digo «¿pa´ qué me voy a meter si este está mejor que el mío? No voy a hacer yo algo que esté…» y no lo hago. El año que viene lo haré.

(MC): Capi, pero comentabas ahorita un poco sobre el humor y política y tú también tienes algunos chistecitos por ahí picantes. Y te pregunto, a veces cuando los humoristas quieren referirse a política, utilizan analogías, utilizan este recurso de decir sin decir, ¿tú crees que tendrías más éxito si pudieras estar en una sociedad donde se pudiera hablar más directamente?

(CD): Lo he pensado mucho. Lo he pensado muchísimo, pero creo que, realmente creo que no cambiaría nada. El humor en el mundo va de romper el tabú, el que sea, el que esté. En Cuba está la política y es un tabú que está ahí como muy puesto y entonces nosotros jugamos muchísimo a romperlo, jugar y llegar a la línea, por eso yo también lo hago. Pero yo creo que si el día de mañana estuviera en una sociedad donde la política no ponga una traba o directamente no ponga un tabú, yo creo que seguiría haciendo humor, lo que directamente no haría humor político, porque si ya no tengo nada con lo que jugar, no juego.

(MC): Sí, claro. Tienes que encontrar la sazón ahí.

(CD): Claro, claro. También aquí, ¿qué pasa? que lo he hecho. He hecho muchos videos que tienen un trasfondo que puede ser político, pero yo realmente no construyo lo que hago por el impacto político que pueda tener en ese sentido, yo hago lo que yo creo que va a dar gracia.  

(JB): La prioridad es que funcione humorísticamente y la política es un tema adicional, aunque sea muy recurrente.

(CD): Así nosotros lo vemos. Yo creo que es la forma en la que lo vemos. Yo siempre hablo de «ustedes» cuando digo «ustedes» pues son el gremio, yo llegué nuevo, entonces a ustedes los pongo en el Olimpo. Yo pongo en el Olimpo a todos los humoristas de Cuba porque para mí son dioses y te incluyo ahí Baca, de verdad, los admiro mucho. Pero una de las cosas que yo creo que tengo que defender y también es mi parte aportar, es que el humor se entienda como arte, porque muchas veces tienen los artistas y los humoristas separados, de la mente, de la sociedad, ¿no? Porque también en el mundo artístico es más fácil decir: «él es humorista».

En el mundo artístico, aquí todo el mundo es artista, pero desde fuera a veces se olvida que el humorista también es un artista. Y desgraciadamente en Cuba por todo lo que ha pasado, toda la situación y todo lo que ya se conoce, nosotros muchos humoristas tuvimos que pasar del teatro al bar por un problema que era mucho más económico actuar en un bar que en un teatro, se ha perdido mucho ese punto de vista sobre los humoristas de que ellos son artistas, o sea, a veces «¿eres cómico?».

(JB): Y muchas veces mucha gente ha tenido que cambiar el tipo de contenido que hace para volverlo más sencillo, pero yo creo que se está recuperando. Vamos a hablar de eso. Vamos a hablar de eso también. Para redondear este tema, en este tipo de chistes que tocan temas complicados dentro de la política de un país y eso, ¿con qué frecuencia o cómo funciona en ti el asunto de la autocensura? Me explico. De pronto se te ocurre una cosa, de esas ideas que vienen en la moto eléctrica y tú dices: «Mira esto qué bueno está». Y tú dices: «Sí, pero esto no puede salir así mismo». ¿Con qué frecuencia pasa eso? ¿Y ¿cómo es ese mecanismo de: «Espérate, déjame darle taller a esto para que pase»

(CD): Claro, la autocensura… hay un problema que me he dado cuenta que es otra locura más que también he visto por las redes sociales, que eso solamente yo creo que se puede analizar en las redes sociales y no en el teatro, porque a veces nosotros estamos en el teatro, hacemos un chiste fuerte, pero que nosotros sabemos que no es tan fuerte y nunca sabemos realmente qué piensa la persona que está en el público. Pero en las redes sociales sí sabes lo que piensa porque te lo dejan en los comentarios.  

(JB): La gente dice: «Mi momento ha llegado». Y te lo dice.

(CD): Exactamente. Y a mí me ha pasado que yo he subido videos, como por ejemplo el de Cuba Libre, que salgo yo con un cartel: «Cuba libre, Cuba libre». Y entonces me dicen: «La policía». Digo: «cubalibre, mojito, daiquirí» y me pongo a vender tragos. Yo hice ese video y dije: «Este video está fuerte. Este video está fuerte, pero no está tan fuerte nada, porque es un trago cubalibre». Al final no es un concepto que yo me esté inventando, es un concepto que está ya súper, incluso, exportado. El cubalibre es un trago toda la vida, esto es humor, vamos a estar aquí. Pero, aun así, yo siempre hago un porcentaje en mi cabeza, 60-40, si estoy ganando. Pero luego cuando voy a revisar los comentarios y eso me pasa en muchísimos videos, los comentarios de los propios cubanos: «Se volvió loco. Se volvió loco».

(JB): «Pal´ Combinado».

(CD): Sí. Y entonces me dicen: «Te van a meter preso» Yo: «No, brother, me vas a meter preso tú». Yo no, yo estoy haciendo humor, yo estoy haciendo arte, yo no estoy poniendo un contexto de nada, eso lo estás poniendo tú. Y entonces a veces el peligro, o sea, el sentido de la gravedad la pone el propio público.

(MC): La percepción de la gente, ¿no?  

(JB): Sí. La percepción de lo que está pasando, que yo me imagino, no sé, no puedo hablar por nadie, que son los miedos que cada cual tiene, ¿no?, con los que se han criado, pero realmente no es para tanto. Yo lo sé que no es para tanto porque es humor.  

(JB): No te ha pasado, que estás en escena, no en redes, en escena haces un chiste, tú sabes que está fuerte. Y tú en vez de la carcajada que estás esperando llega una ovación, gente aplaudiendo y bueno, uno mismo como recurso también para que no se le vaya el hilo del monólogo, se monta arriba de esa ovación para decirles: «Caballero, arriba, no es pa´ tanto, vamos a seguir, vamos a seguir». Yo he visto en escena que te ha sucedido.

(CD): En La Nave me pasó el otro día. El otro día en La Nave hice un chiste,

(JB): En La risa por delante.

(CD): Exacto. Ese chiste de Cristóbal Colón. Ese chiste está bueno. Y recuerdo que cuando lo hice hubo una (expresión) y yo mismo: «eh, cálmense, déjenme terminar, que esto tiene final». Sí, porque también es eso. La gente en su querer decir se piensa que lo que está viendo…

(MC): ¿No te parece entonces que cuando haces stand up comedy, o sea, que estás ahí frente a la gente, es más arriesgado que hacerlo en redes?

(CD): No, realmente no. En redes es peor porque las redes sociales pueden llegar a ser muy tóxicas.

(MC): Pero, ¿te ha pasado? ¿Te ha pasado que has recibido comentarios negativos por algún video?

(CD): Sí. O sea, no negativo. A ver, todo el mundo en redes sociales está expuesto a comentarios negativos. Eso siempre va a pasar de cualquier tipo hacia tu imagen, hacia el contenido que compartiste, hacia contenido que creen porque…  y es por eso que digo que las redes sociales son muy tóxicas. Hay redes sociales que son más tóxicas que otras.

Por ejemplo, yo me fui de Twitter, de crear contenido en Twitter, porque Twitter para mí, X ahora, es la plataforma más tóxica que hay, porque tiene una forma de compartir donde primero, o sea, en cuanto a prioridad, primero va a salir lo que yo opino de tu contenido y luego tu contenido. Entonces, ya tú llegas al contenido predispuesto, con el concepto que te di yo, pero que no es necesariamente el que tú tienes que tener. Y entonces eso hace una bola, y el ser humano por intentar encajar ya, o sea, camina por ahí.

Pero por suerte, por ejemplo, en Instagram no es tan así. En Instagram tiene que ser que pase algo muy viral y mucha gente esté hablando de esto. Tiene otras formas de manejarse.

(MC): Funciona diferente.

(JB): ¿Tú sueles interactuar con los comentarios de seguidores, tanto buenos como malos?

(CD): A los malos no realmente, o sea, también hace mucho tiempo que no me cruzo con un comentario negativo, como a la altura, vamos a decir, en ese sentido- Que está mal, porque cada cual tiene un punto de opinión que es respetable, pero hay personas que tienen puntos de opiniones que no van, ¡estudia! Me ha pasado, en el mismo gremio, no del humor, pero sí de la actuación, que he hecho humor delante de actores y me han dicho: «No, pero este chiste, este chiste no». Y yo: «¿cómo que ese no? ¿por qué uno sí y otro no, si los dos son chistes?» Por eso va también del nivel de conciencia que pueda tener una persona sobre un tema y ahí yo no puedo entrar. Realmente yo no puedo convencer a nadie de que esto es un chiste o no.

(JB): Tú eres responsable del humor que haces, no de la interpretación que le da la gente.

(CD): Siempre busco que se interprete, ¿no? Porque también yo puedo controlar mi parte, hacer un mensaje que sea lo más claro, lo más transparente posible, pero ya de ahí a que si yo te lo pongo todo y tú eliges lo malo, bueno, eso es una cosa muy tuya.

(MC): Capi, otro de los leit motiv que ha estado siempre en el humor popular cubano criollo, además de la política, es el humor con respecto a estereotipos, a grupos discriminados, a comunidad LGBT y tú tienes un personaje gay que es muy visto. Y yo quiero preguntarte, ¿cuál es el límite? ¿Cuál es la línea fina ahí entre poder reírse y burlarse del estereotipo, pero no ofender?

(CD): Yo creo y voy a dar la receta, que todo está en la empatía. Todo está en la empatía y en la humildad con la que uno pueda ver un grupo social u otro. También hay grupos sociales que uno ya como grupo social uno tiene que analizar las características de este grupo social, en dependencia, y por ahí más o menos llevarlo, saber qué tan permisible o no puedan ser. Pero ya eso va mucho de hacer como un estudio ahí muy de por aquí, por allá, de hacer esas pruebas.

Por ejemplo, yo para el personaje de Marian lo que hice fue inspirarme. A mí, siempre lo he dicho, la comunidad LGBT me parece muy graciosa, o sea, los gais a mí me parecen muy cómicos. Genial. Yo no sé qué, a ver, evidentemente no puedo decir todos porque son humanos, hay siempre… pero he tenido la suerte de conocer personas de la comunidad en general.

(MC): Muy performáticos, ¿no?

(JB): La cantidad de chistes que yo he robado de amigos LGBT.

(MC): Y la apertura y la distensión.

(CD): Es que también yo creo que todo el mundo puede ser cómico, pero hay que ser valiente. Entonces, no todo el mundo se arriesga a decir. Hay un grupo, voy a soltar un chiste que puede funcionar o no. Voy a soltar eso. Hay que ser valiente. Y yo creo que ya ellos vienen con esa valentía de decir: «Oye, es pa´ alante». Y son muy naturales, son ellos mismos. Y eso es algo que yo digo: «Sí, me gusta».

De ahí puede resultar salir cosas muy cómicas, porque al ser ellos mismos no vas a encontrar en ninguno la misma forma de ver la vida y la misma espontaneidad.

(JB): Tú tienes una cosa que es la siguiente: que te ayuda muchísimo en esto y es que tú has acumulado una cantidad de trabajo que se puede ver en las redes. Con ese mismo tema, mismo personaje, además, que ya se te identifica como una persona que es cero homofóbica. Entonces, te ayuda mucho porque se te ve con muchísima confianza y puedes tocar prácticamente cualquier tema y funciona.

(MC): Bueno, pero se me ocurre, por ejemplo, que en el humor cubano también hay muchos chistes burlándose de personas negras y yo me pregunto, ¿pudiera haber humor a la inversa? O sea, ¿en vez de burlarse de la persona negra, burlarse del racista?

(CD): A ver, ¿qué pasa? Y eso también ya es un humor… Eso lo he aprendido de las nuevas generaciones. Las nuevas generaciones que se están formando ahora mismo también.

(MC): Más jóvenes que tú.

(CD): Más jóvenes que yo. Sí, sí. Porque parece que no, pero el Internet ha hecho un salto generacional ahí muy marcado. Y yo, por ejemplo, tuve acceso a Internet por primera vez con… Bueno, fue en mi primera guardia de Cirugía.

(MC): Cuando estudiabas Medicina.

(CD): Ya yo estaba en la universidad cuando tuve por primera vez datos móviles, pero el caso de mi hermana, vino a conocer Internet en Secundaria, o sea, ella pasó por una adolescencia completa con Internet, yo no, yo me tuve que enfrentar a la vida de otra forma y ya eso te da la medida de que somos dos generaciones completamente distintas. Y qué puede quedar para mi hermano que nació con Internet. Es un tema complicado.

(JB): Mira, con el humor pasa una cosa en donde están esos peligros.  En el humor, o sea, en el cine, por poner un ejemplo, hay una película que es Asesinos natos, de Oliver Stone, el Natural Bond Killers, que es una oda contra la violencia y es probablemente la película que más asesinato por metraje, por minuto tenga. Entonces, en el cine tú sí puedes hacer una película violenta que sea una protesta viva contra la violencia. En humor es más difícil. Porque un chiste racista podría ser la manera de burlarnos de un racista.

(MC): Bueno, pero yo creo que también tiene que ver un poco quizás con el posicionamiento del humorista, ¿no? O sea, yo he visto chistes de mujeres feministas burlándose del machismo que son muy buenos y te das cuenta que es un humor con una característica y un trasfondo feminista muy fuerte y que está un poco tratando de derrumbar esquemas, estereotipos.

(JB): Pero eso está genial.

(CD): Y también se ve, incluso también se ve al revés. Las nuevas generaciones también hacen chistes porque es de lo que comentábamos al inicio del tabú. ¿Qué pasa? que como entienden ya que, una: la política no les interesa, entonces tratan de evitarla todo el tiempo y van a estos temas que son más tabúes, cada vez más a lo profundo. Entonces se meten con el racismo y con el feminismo, o sea, literal, entre mi hermanito y mi hermana, mi hermano es negro y ella es mujer, entonces mi hermano: «Friega tú que te toca» y ella: «Está bien, pero tú eres negro, ¿quién friega? ¿Deberías fregar tú?» Yo estoy desde afuera viendo.

(JB): ¿Se maneja ese nivel así?

(CD): Se maneja, se maneja y yo estoy ahí diciendo: «Estos dos son grandes, estos dos son bueno»». Pero no, es que realmente ese es el humor. Y entonces yo mismo con mi hermano a veces le digo, jodiendo, cualquier cosa de cualquier tema y me saca un chiste de humor negro muy profundo que yo me quedo así, pero digo, no, verdad, es que esa es su generación y es normal. Tienen otros…

(JB): Qué bien que tengas esa percepción y qué bien que esté pasando eso. Bueno, la única razón por la que interrumpimos una charla aquí es para café.

(CD): El café. Yo vine por eso. Yo vine por eso.

[Música]

(JB): Bueno, Capi, voy a preguntar una cosa más íntima ahora después del café. ¿Te gustó el café?

(CD): Me va a gustar.

(JB): Bueno, dime la verdad: de creador de contenido, de creador de humor para las redes, ¿de esto se vive? ¿Tú vives de esto?

(CD): Sí, sí, claro. A esto le debo… a Capitán Diez le debo todo, créeme. Es un proyecto que cuando empecé yo sabía. Realmente nunca me imaginé que iba a vivir de esto como vivo hoy en día, de la forma, la forma llegó después, pero yo siempre supe que era algo que podía darme un ingreso, aunque realmente nunca lo esperé. De hecho, hoy por hoy lo sigo esperando. El ingreso, sí, porque realmente yo no cobro por las redes sociales, a mí las redes sociales no me pagan. A mí me pagan los patrocinadores, o sea, los sponsors que quieren promocionarse en mis videos.

(JB): Claro, que funcionan por la cantidad de seguidores que tienes y la cantidad de personas.

(CD): Exactamente. Pero hoy por hoy dentro de mí sigue estando la esperanza de que las redes sociales me vean como… vamos a pagarle, pero creo que, no, estoy casi totalmente seguro es culpa del bloqueo.  

(JB): No, porque hay plataformas todavía no se pueden cobrar aquí como se cobrarían si uno estuviese…

(CD): De hecho, ninguna plataforma. Ninguna. No hay una pasarela de pago creada para nosotros aquí en Cuba poder cobrar por las redes. Hay mucha gente que cobra, pero tiene que tener una tercera persona en Estados Unidos, que te cobre ese dinero y tal. Y ahora mismo realmente yo no lo tengo. Entonces solamente vivo de patrocinios.

(MC): Ahora, tú dejaste Medicina para dedicarte a esto y hoy yo veo muchos jóvenes universitarios que lo mismo estudian y trabajan o gente que incluso deja las carreras o deja profesiones que normalmente pudiéramos decirle profesiones tradicionales para dedicarse a emprender. Ahora, yo te pregunto, ¿tú crees que tomar una decisión como esa de pasar a las redes es éxito garantizado?

(CD): A ver, definitivamente no. Nada aquí. De hecho, y eso fue exactamente lo que me llevó a mí a tomar esa decisión, porque yo dije: «Está bien, las redes sociales no me van a garantizar el éxito, pero ¿quién me garantiza a mí que la Medicina me va a garantizar el éxito?» Yo lo comento mucho y mucha gente igual quizás no sabe, pero a mí la carrera de Medicina hoy por hoy me sigue gustando lo mismo que el primer día. Lo mismo. De hecho, siempre que puedo, generalmente cuando hay una enfermedad cercana a mí o cercana a alguien mío, estoy cerca de esa enfermedad, la estudio, voy y trato qué es lo que pasa, en plan la fisiopatología, como todavía tengo muchos términos ahí.

Y me gusta, pero no podía realmente porque también respeto muchísimo la carrera de Medicina, y para mí era como una barrera moral. Yo decía: «No puede pasarme que venga un paciente y yo no sepa lo que tenga o tenga que ir a preguntar tipo: léeme un electro». Yo creo que ahora ofendí una pila de gente por ir para allá, pero eso es normal. Al principio nadie sabe, y yo tampoco me las sabía todas, pero siempre trataba como de ir a mi pasito. Tenía una forma espectacular de estudiar que no la recomiendo, era que yo estudiaba lo que no me tocaba estudiar y entonces iba a la prueba, medio la suspendía, pero decía: «No importa, pero sé otras cosas». Y realmente lo que me pasó ya de verdad, o sea, por lo que terminé, ¿sabes? Realmente todo lo que he dicho fue una base, pero lo que me terminó ya de convencer era que después del COVID fue muchísimo el deterioro de la escuela de Medicina, independientemente del hospital, que tiene malas condiciones. Ya la propia escuela se fue convirtiendo en un relajo por parte de los estudiantes, por parte de los profesores, que también los entiendo, entiendo a los estudiantes, a los profesores, porque en la misma situación que yo me encontraba, se encontraba el profesor y entonces yo no lo iba a obligar a él a: «Brother, vuélvete a encaminar».

(MC): Tú dices que las condiciones que trajo la pandemia fueron el punto culminante.

(CD): Yo lo viví, el antes y el después, yo estuve muchísimo tiempo en los salones de Cirugía, en los cuerpos de guardia. A mí me gustaba muchísimo la práctica, o sea, más que la teoría, la práctica era donde yo entendía que ahí era donde se hacía la Medicina, porque ahí es donde uno comprende lo que está pasando a su forma y la aplica a su forma y funciona. Por eso nunca dos médicos te van a dar lo mismo.

 (JB): Visto lo visto, ha pasado el tiempo, ya tú has experimentado todo el tiempo que pasaste en la carrera, todo el tiempo que sigues pasando en las redes sociales, tu trabajo en las redes sociales, tu trabajo escénico. Yo te preguntaría, con Capitán Diez, con la decisión de Capitán Diez, ¿la sociedad cubana ganó un comediante o perdió un médico?

(CD): Buena pregunta. Muy buena pregunta. Yo creo que ganó un médico, pero que te atiende de otra forma, porque el humor también es terapia. Entonces, también fue una forma de refugiarme, en la propia decisión. Yo decía, bueno, haciendo humor no dejo de hacer Medicina. Y me gustaría muchísimo, lo he pensado, no lo he hecho realmente, decir que lo hago ya sería mentir, pero sí quisiera en profundidad estudiar los beneficios del humor a nivel social y también a nivel ya como tal clínico.

(MC): Capi, pero me estabas comentando sobre este deterioro que viste después de la pandemia y que te llevó a tomar esa decisión. Háblame un poco de eso. ¿Qué quieres decir con eso?

(CD): Lo que pasa es que quizás uno entiende o analiza la vida del estudiante de Medicina cuando está en la escuela de Medicina, pero realmente uno como estudiante de Medicina tu día empieza cuando sales de tu casa. Entonces, desde el punto ya que salgo de mi casa para llegar a la escuela empiezo a tener problemas con el transporte, que evidentemente influye sobre mí porque no me gusta llegar tarde, o que, vamos a suponer, no pude y voy caminando,

Llego ya en condiciones que quizás no son las que estaba dispuesto a pasar en un momento así, porque, además, está toda la incomodidad de que yo voy a trabajar con enfermos. Y voy también a un lugar donde no tengo todas las condiciones, ¿qué condiciones se están perdiendo entonces? Por ejemplo, quizás ya no tengo agua para trabajar. Quizás la calidad, en este caso ya como estudiante, de la atención que estoy recibiendo por parte de los profesores no es la misma.

(JB): El estudiante de Medicina tiene una parte práctica importantísima.

(CD): Exactamente. Y lleva una atención porque, por ejemplo, yo decía, viví el antes y el después. Yo recuerdo que cuando empecé como alumno ayudante contaba con la atención constante de mis profesores sobre todo lo que hacía. Me parecía espectacular, porque también uno se llena de confianza, ¿no? A la hora de yo estar haciendo algo, si sé que tengo mi profesor ahí, tengo la confianza para seguir porque sé que no va a pasar nada malo.

Pero entonces ya cuando empezabas a notar que los profesores están como más desconectados de tu trabajo… yo siempre lo he dicho, el libro no es un profesor. El libro tiene muchos datos, pero no es un profesor. Y entonces se empezó a recargar más la escuela de Medicina sobre el libro y sobre una prueba que no es realmente con lo que tú te vas a encontrar delante del paciente. No tiene ningún sentido, siempre lo dije, que a mí me evaluaran la escuela de Medicina en un papel, porque a mí lo que me llega a la consulta no es un papel, lo que me llega es un enfermo. Entonces, ponme enfermo. Y eso fue algo que noté el cambio, también que no es culpa, eso sí no se lo puedo adjudicar a nadie, eso es algo que pasó y a mí me desmotivó, a mí me gustaba mucho la Cirugía y bueno, después del covid por un tema sanitario, no podíamos entrar los estudiantes al salón de operaciones. Entonces ya al perder eso, que era algo donde tenía como muy apuntalada mi carrera, dije, si tengo que estudiar 4 años para poder… o sea, también yo en el contexto que estaba, me imaginé que fuera una suma de cosas.

(MC): Claro. Capi, ahora volvamos a las redes sociales. Las redes sociales son un termómetro de las opiniones, de cómo reacciona la gente, de cómo te recibe la gente. Y tú tienes videos que tienen más reacciones que otros. Y a veces eso está dado por los temas. ¿Te has sentido presionado por la audiencia? ¿Te has sentido que en algún momento tienes que ir más por un tema porque funciona mejor?

(CD): Me pasa a veces cuando hago un video que es muy bueno, pero no tanto por el tema, que sí, pero, ¿qué pasa? ya es un problema más de asumir la responsabilidad con lo que hice y digo: «Ok, si esto lo hiciste tú, puedes hacer otro». Pero sí, a veces al público le gusta muchísimo algo. Por ejemplo, hace poco el video del indio. Yo hago el video del indio, que, de hecho, me inspiré para el video del indio en la canción de Ray Fernández de Lucha tu yuca, pero dije, estaría genial, un personaje del indio y como también tenía una parte del monólogo del stand up que iba por esa cuerda, de aquí lo voy a transmutar, y lo traje a las redes.

Pero cuando hago la primera parte vi que gustó muchísimo y dije: «Ok, me están pidiendo una segunda parte. ¿Qué hago? La gente quiere más el tema, ¿qué hago?» Y entonces ahí sí uno siente la presión, pero realmente ya cuando uno entiende que, como creador de contenido, a veces, que funcione o no, no depende ni de uno. A veces las redes sociales te hacen creer que estás bien cuando realmente no lo estás.

(MC): ¿En qué sentido?

(CD): A veces las redes sociales te engañan y te muestran una cantidad de seguidores que realmente no te están siguiendo, te muestran una cantidad de vistas que realmente no es que personas hayan visto tu video, es que tal vez tu video le salió. Y repetir el fenómeno de una viralidad no es tan sencillo.

(JB): Porque tú puedes, me imagino que es a eso a lo que te estés refiriendo, que tú puedes repetir exactamente todas las condiciones creyendo que vas a tener el mismo resultado y para nada.

(CD): Entonces yo trato de que mi producto, o sea, mi video funcione, aunque no se me vaya a viral. Yo trato de hacer una cosa que funcione, sea funcional y ya si se va a viral ya eso es cosa de Dios Instagram.

(JB): Cuando uno tiene una cantidad de seguidores como la que tienes tú, empieza a suceder que tu contenido está conectando con personas, cubanos, por ejemplo, que no viven dentro del país. Primero, ¿qué valor tú le ves a eso? Y segundo, si eres consciente de la profundidad con que eso está pasando. ¿Te parece que eso es que tu humor está siendo un elemento de unidad entre cubanos?

(CD): Esa pregunta está muy…

(JB): Na, te tiré un tres en uno.

(CD): Me pusiste un champú de los buenos. A ver, realmente todavía no me lo creo. Hace poco, tuve una experiencia muy bonita, la tengo guardada como un recuerdo muy bonito y es que estaba en una terraza en La Habana Vieja y me saludó una señora y me dijo: «Yo te sigo, mi esposo te sigue. Nosotros vivimos en Chipre». Y me acordé de aquel Chipre.

(JB): ¿Te acordaste de aquel Chipre?

(CD): Y yo dije: «Tú no le estás diciendo eso a la persona indicada». Pero me dijo eso. «Nosotros vivimos en Chipre» y yo dije: «Wow».

(JB): ¿No te pasó por la mente si era real?

(CD): Claro. Igual me pasó hace poquito, me lo dijeron que me siguen desde España y bueno, tengo mucho público en Estados Unidos, pero es algo que llegó y que me sorprendió muchísimo, me alegra. Incluso quisiera que cada vez pasara esto, que cada vez mi humor pudiera ser un punto ahí en común y yo creo que eso es parte también del viaje.

(MC): Pero a mí me parece muy bonito el hecho de que en medio de un contexto tan polarizado donde la gente está tan opuesta políticamente, podamos encontrar zonas dentro de la cultura, que podamos encontrar artistas que puedan unir.

(CD): Es que también ahora mismo los cubanos están pasando por un proceso de reencontrarse con su cultura, en sus raíces, en lo que es popular y en base a eso están construyendo, construyéndose como cultura. Hace unos años era muy marcado a nivel social y político, sobre todo, que si estás afuera eres y si estás dentro eres, pero ahora está como que si estás fuera puedes ser, pero no. Y si estás dentro puedes ser, pero no.

(JB): Hay muchos más tipos de cubanos en ese sentido que lo que había antes. Yo te entiendo perfectamente. Ven acá. Si la cosa se pusiese muy mala, muy mala, muy mala, porque el trabajo que tú haces y del que me dijiste que vives, si se pusiese… Bueno, hay una ley de Murphy que dice que no hay situación, por mala que sea, que no sea susceptible a empeorar.

(CD): Así mismo, la verdad. Viniera a La Sobremesa.  

(JB): El trabajo que tú haces y del que vives se puede hacer, como es a través de las redes, desde otro lugar. ¿Tú tienes alguna opción por ahí? ¿Un plan B? ¿Hay plan B? ¿Capi se plantea un plan B? Nunca me lo he planteado realmente. Te lo digo en serio, nunca me lo he planteado, sobre todo para las redes, para el stand up comedy, sí, porque el stand up comedy es una es una cultura que no es ni de nosotros, nos hemos apropiado, porque lo tenemos más cerca que es también otro proceso que ha sufrido, ¿no?, que estamos como muy americanizados.

Cogimos el stand up comedy y sí he pensado, como es algo internacional, que es algo de lo que puedo trabajar en cualquier lugar del mundo.

(JB): Me podría defender con esto.

(CD): Me pudiera defender, pero realmente para las redes sociales tendría que verme en el contexto si me interesaría realmente hacer algo desde allá, porque también a mí me gusta hacer contenido cubano, porque sé que va a ser recibido por cubanos, el contexto, conoces al público y también me gusta de la forma en la que ese feedback llega, que es de otros cubanos. Entonces, no sé si en otro lugar del mundo pudiera encontrar… Si se puede, perfecto. Sí lo hago. Tendría que verme en la situación.

(MC): Vaya, no hay una ciudadanía española escondida por ahí.

(CD): A menos que alguien ahora decida hacer una llamada.

(JB): Bueno, ahora vamos a una parte que es ya el final y es muy dinámico. Nosotros le decimos el tiroteo de La Sobremesa y son preguntas que se responden con pocas palabras y sin pensar demasiado, porque queremos lo que tiene el Capi en la memoria caché. Vamos a empezar. Tres referentes nacionales y tres internacionales.

(CD): Tres referentes nacionales: Virulo, Michel Pentón. El otro sería el Bacán. Tres internacionales: Kevin Hart, Dani Rovira y Dave Chappelle.

(JB): Segunda pregunta. Esa me toca a mí, ¿no?

(MC): No, esa me toca a mí. Tú vas a terminar.

(JB): Hazla tú. Hazla tú. Yo puedo meter la cuchareta.

(MC): Objetivos y esperanzas de Capitán Diez, realista y Capitán Diez, soñador.

(CD): Los sueños, sueños son. Bueno, a corto plazo quisiera como crear un espacio de humor, pero donde los humoristas se sientan seguros, en el sentido de que puedan hacer humor con total libertad y que se entienda que todo lo que está pasando ahí es humor. Lo que hablábamos antes, el que quiera ir a hacer humor negro, haz humor negro. El que quiere hacer humor político, haz humor político. El que quiera hacer lo que quiera hacer, que lo haga. Eso me gustaría muchísimo, tener ese espacio. Eso a corto plazo, pero más como Capitán Diez, más mío, me gustaría hacer un show, o sea, yo tener un show.

(MC): El show de Capitán 10,

(CD): Digamos, un espectáculo para girarlo por distintos lugares.

(JB): Qué bien.   

(CD): Y a largo plazo estamos hablando, ¿no?

(MC): Sí, claro.

(CD): Y a largo plazo algo más. No lo tengo muy claro, pero sí que Capitán Diez salga de su zona de confort, salir de alguna forma. Eso me gustaría. No lo he probado, pero bueno.

(MC): Ahora sí te toca a ti.

(JB): Sí, yo te voy a hacer una pregunta que no sabemos la respuesta, pero te la tenemos que hacer de todas formas. En la historia de Cuba, ¿cuál es la persona de verdad que a ti te cae mal de verdad?

(CD): Pepe Antonio.

(JB): Bueno, muchísimas gracias por haber estado aquí.                     

(CD): Espectacular, de verdad. Si eres artista te lo recomiendo. Te recomiendo que digas que sí porque se pasa muy bien. Y si eres espectador, ve para atrás y échate todos los capítulos que han salido. No te lo puedes perder. Aquí se hablan cosas buenas en La Sobremesa.

(MC): Con una promoción buenísima de La Sobremesa, terminamos este episodio. Esto fue un pódcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

[Música]

Antonio Guiteras entre el republicanismo democrático y el socialismo popular

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En la obra escrita de Antonio Guiteras compuesta por manifiestos, declaraciones, entrevistas y documentos, es posible apreciar una formación nutrida por valores revolucionarios y radicales, aunque apegados a los preceptos sociales, humanistas y democráticos del republicanismo. Dicha realidad, permite apreciar en el corpus de sus alegatos e intervenciones públicas, la reivindicación con frecuencia de concepciones, como: república, fraternidad, democracia, socialismo y libertad.

La peculiaridad de su pensamiento radica en el conocimiento profundo de la realidad nacional, impregnada de modo referencial por los principios rectores del pensamiento martiano, que exigían un inevitable enfrentamiento con los intereses intervencionistas e imperiales del capital y la política estadounidense hacia Cuba, al concebirla como Estado tutelado-dependiente en su proyecto de expansión territorial.

El fundador de la «Joven Cuba» comprendió con una claridad meridiana desbordante para su época, que la implementación viable de esos ideales resultaba irreconciliable con los preceptos de apego a un republicanismo conservador y oligárquico, enteramente alineado a los designios norteños, como lo manifestaron en sus mandatos los distintos jefes presidenciales durante la denominada «república neocolonial» (1902-1934).

El tránsito por dicho sendero de servidumbre política señalaba una trayectoria que conducía a un escenario de alta dependencia económica, al tiempo que pretendía naturalizar las distorsiones generadas por un modelo mono-productor y subdesarrollante, legitimador de las desigualdades y la extensión de la pobreza en las clases populares, mientras la riqueza campeaba con el derroche más irracional e insensato en los salones aristocráticos de la burguesía insular.

La firmeza de sus ideales lo convirtió en uno de los luchadores más incansables contra ese paradigma extranjerizante que pretendían imponer los enemigos (nacionales y foráneos) de la independencia cubana. Este hecho, recurrente durante la época en la mayoría de los territorios latinoamericanos del continente, coartaba el funcionamiento de los sistemas democráticos y soberanos en complicidad con las élites locales. También implicaba la frustración de una contienda revolucionaria y anti-colonial que luchó por la liberación nacional y la instauración de regímenes de igualdad al interior de los Estados nacionales, por el que se consagraron los libertadores más notorios del continente.

En tal sentido, Guiteras se proyecta como heredero natural en esa dimensión nutrida por el imaginario mitológica-ancestral del relato nacionalista, compuesto por el ciclo de epopeyas precedentes que forman parte de la historia de una nación en su constante batallar por la libertad.

La fiereza con la que defendió el sentir de sus convicciones, poniendo en peligro de forma reiterada su integridad física, demostró que estaba dispuesto a pagar con su vida, de ser preciso y necesario, la corporalidad de una existencia marcada por el enfrentamiento incansable, contra los enemigos que lastraban el proceso de radicalización democrático en la Isla.

El regreso a la clandestinidad y la lucha armada como prédica revolucionaria

El golpe de Estado llevado a cabo el 15 de enero de 1934 liderado por Fulgencio Batista marca el ocaso de la revolución, a partir del ascenso de una serie de mandatarios en contubernio con los intereses de la embajada norteamericana y el respaldo del ejército presidido por la figura del ex sargento taquígrafo.En ese contexto, Guiteras pasó nuevamente a la oposición y fue considerado como una de las personalidades más «peligrosas» de la Isla, sobre el que se cernió una intensa persecución pública que no culminaría hasta su muerte.

De tal forma, se vió obligado a regresar a la clandestinidad, aunque ello no fue estorbo para el mantenimiento de la lucha violenta contra las estructuras de poder, serviles a los designios del capital bancario e industrial. Para ello, creó a inicios de 1934 la organización TNT, que tenía como objetivo la intensificación de las acciones de combate a través de actos de sabotaje, explosiones y asaltos que se multiplicaron por decenas en la capital cubana, con la intención de provocar una situación revolucionaria que sumara a las masas al derrocamiento del régimen de facto, designado con la aprobación de los Estados Unidos.

De acuerdo al historiador José Antonio Tabares del Real, entre los objetivos principales de TNT se encontraban las residencias de los esbirros, las oficinas de los oligarcas, las empresas norteamericanas y los periódicos reaccionarios.[1] A pesar de ello, en mayo de 1934 Antonio Guiteras y sus miembros consideraron que los principales propósitos de la organización habían sido cumplidos, de manera que procedieron a su disolución.

El programa de la «Joven Cuba» en sus postulados de transformación estructural

De acuerdo a los estudios de la historiadora Ana Cairo Ballester,[2] si bien es difícil precisar fecha exacta, la «Joven Cuba» se constituyó en el mes de septiembre de 1934 y su programa se publicó el 24 de octubre en el periódico Ahora. Este documento, que contó además con los aportes de un conjunto de colaboradores, constituye uno de los manifiestos más exhaustivos de su tiempo, no solamente por la descripción de los males y problemáticas que aquejaban a la República; sino además, por las propuestas de solución enfocadas en el establecimiento de una salida soberana y socialista, que permitiera fortalecer las bases constitucionales que obstruían la consolidación de la democracia en el país, a través de la participación de todos los sectores de la sociedad.

El programa se caracterizó por su dimensión antimperialista, su fuerte carácter redistributivo y una concepción republicana de la democracia, defensora de las instituciones públicas del Estado como salvaguarda ante los derechos de la ciudadanía, la justicia social y el bienestar. Su contenido estaba separado en varios epígrafes que poseía un conjunto de propuestas y medidas esenciales para la transformación estructural de la Isla. En el ámbito político exigía varias reformas divididas entre orden interior y exterior.

En su primer acápite el documento destacaba entre los más relevantes: la sustitución de la diplomacia cortesana por una de interés cultural, la reducción del servicio diplomático a cifras concordantes con la capacidad económica del país, la denuncia de todo tratado o convenio que perjudicase a la nación, así como el repudio a toda deuda exterior ilegítima. Respecto al orden interior, proclamaba la necesidad de implantar el voto electoral para todo ciudadano mayor de 18 años e incluir a la mujer en el goce de los mismos derechos electorales que los hombres. Además, sugería la reorganización de las fuerzas militares y navales, la descentralización administrativa y la promulgación inmediata de amnistía para todos los casos judiciales resueltos o pendientes, motivados por cuestiones político-sociales u obreras.

El programa de la «Joven Cuba» contenía en sus postulados la implementación de una reforma jurídica que proclamaba la organización del poder judicial, mediante el nombramiento de funcionarios capaces de comprender y viabilizar la transformación cubana; así como la creación de tribunales de justicia penal revolucionaria para sancionar todos los actos delictuosos realizados al amparo del poder público. A su vez, consideraba necesario la reforma de los sistemas procesales y penitenciarios, modernizándolos a través de la incorporación en su funcionamiento de una estructura de carácter social.

Adicionalmente, su propuesta programática apostaba por sancionar la autorización a todo particular para comparecer en su propia defensa ante tribunal, sin necesidad de asistencia de abogado, procurador o mandatario. De igual forma, demandaba la nacionalización de los registros concernientes al estado civil de las personas (en poder de la Iglesia Católica), la conformación de tribunales de menores y familia, así como la creación de Jurados de Inscripción y Registros.

En el acápite de la reforma social, «Joven Cuba» exigía la declaración de la igualdad civil, económica y política de la mujer, la abolición de los monopolios, la implantación de una reforma tributaria integral de tendencia social impositiva, cuyo peso tributario recayese sobre las clases acomodadas del país. En adición, decretaba la ampliación de los servicios de sanidad a los pobres, la supresión de la herencia colateral sin vínculos de consanguinidad, la reglamentación restrictiva de la profesión clerical y la aplicación de sanciones contra adulteradores de artículos comestibles y medicinales.

Las reformas concernientes al apartado económico, financiero y fiscal, se encontraba separado por varios epígrafes que abarcaban tópicos como la tierra, la industria, el comercio, el trabajo, el crédito y la tributación. Entre los aspectos más relevantes, destacaba la nacionalización del litoral de la República y las riquezas del subsuelo. Sobre la agricultura, reclamaba la implantación de una reforma agraria, la creación de cooperativas de agricultores, la concesión de las tierras pertenecientes al Estado para el campesinado pobre y medio, con énfasis en las formas colectivas de producción y la institución del crédito agrícola.

En cuanto al sector industrial, proponía la nacionalización o municipalización de los servicios públicos. Además, se centraba en la estimulación de la pequeña industria, con la protección de las que ofrezcan participación a los trabajadores, mientras se ilegalizaban aquellas que no asegurasen la adecuada subsistencia de sus empleados y la creación de formas cooperativas de producción, velando además por evitar la excesiva concentración monopólica, a través de la mediación del Estado.

En lo concerniente al comercio, contemplaba la creación de la Marina Mercante, la regulación del comercio exterior acorde a los intereses generales del territorio nacional, la declaración de libertad de comercio en los bateyes, la creación de economatos o cooperativas de consumo en los centros de industrias rurales fiscalizadas por la Secretaría del Trabajo y por los sindicatos de los trabajadores, así como la prohibición de toda materia prima que pueda ser fabricada en Cuba.

En lo referente al empleo incluía la regulación de la inmigración, el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y protección a sus organizaciones defensivas, la elevación de sus condiciones de vida, la conformación de consejos municipales para dirimir los conflictos entre el capital y el trabajo, la sindicalización forzosa de los empleados (públicos y privados) por ramas de la profesión o industrias, la promulgación de un «Código del Trabajo» que regulase la jornada máxima diurna y nocturna, el jornal mínimo, los derechos de la mujer y el menor de edad, así como todo lo relativo a los accidentes, vacaciones, descanso, jubilaciones, pensiones y retiro.

Entre las medidas proclamadas del título referido a los ámbitos del crédito y el capital, estaba la creación de la Banca Nacional bajo el control del Estado, la creación de un Instituto Hipotecario para la defensa de la pequeña propiedad y para rescate de las fincas e industrias sometidas a la acción absorbente del capital financiero. Por otro lado, se proponía la creación de Bancos Agrícolas refaccionarios y de préstamos, la estimulación de las formas mutualistas y cooperativas de crédito, la regulación de la emigración y exportación de capitales para retener o acrecentar las reservas de oro, la regulación del interés acompañado de la legislación contra la usura y la absorción con impuestos de los rendimientos desmedidos que fueran resultantes del crecimiento exagerado del capital.

En la esfera económica y financiera, se hallaba el epígrafe vinculado a las disposiciones en materia de tributación. Este decretaba la implantación generalizada del impuesto progresivo sobre la venta, la adopción de un impuesto especial sobre los solares yermos en poblaciones superiores a veinticinco mil habitantes, la entrada en vigor del impuesto sobre el valor de las herencias con límite máximo de 50 %, la participación del Estado en el incremento no ganado del valor de los bienes inmuebles y la creación de un departamento autónomo de recaudación de rentas públicas.

La organización política demandaba a su vez la implantación de una reforma educacional que en su seno agrupaba importantes medidas como: la obligatoriedad en el uso del presupuesto del Estado referente a educación, cuyo monto bajo ningún concepto debía ser inferior a cualquier otro rubro o sector. Incluía además la intensificación de la lucha contra el analfabetismo, la manutención por el Estado del niño pobre durante el período de su instrucción, la reorganización de las escuelas normales, la segunda enseñanza y los aumentos de institutos, el estímulo a la creación de ciudades escolares, así como las residencias estudiantiles y lugares de recreo. Con respecto a los docentes, abogaba por la depuración del magisterio y la organización del seguro de vida para los trabajadores de la enseñanza, lo que incluía el mejoramiento de sus condiciones de vida, la fijación de sueldos en relación con su antigüedad, así como el pago regular de jubilaciones y pensiones.

El último acápite del programa exigía la entrada en vigor de una reforma sanitaria, la cual se mostraba como vehículo para la puesta en marcha de una nueva reestructuración de la salud pública en el país, alcanzable a través de la materialización de medidas como: la conformación de un Consejo Nacional de Sanidad, en tanto prescribía la modificación de la legislación sanitaria. En sus postulados ordenaba también el implemento de una legislación regulatoria sobre mutualidades sanitarias —entidades, sin ánimo de lucro, que gestionan la Asistencia de salud—, farmacias, alimentación, medicinas y productos biológicos, el mejoramiento de hospitales públicos, reformatorios y asilos; así como la intensificación de la lucha contra las enfermedades de mayor mortalidad en Cuba: paludismo, fiebre tifoidea, tuberculosis, avariosis, entre otras. Por último, instaba a la organización científica de los servicios de higiene a través de la Secretaría del Trabajo.

En conclusión, se trataba de un amplio programa de reestructuración de la sociedad cubana enmarcado en una dimensión humanista con alto contenido social. Dicha concepción se encontraba en las antípodas de las propuestas tecnocráticas esgrimidas por la Comisión de Asuntos Cubanos en su estudio titulado Problemas de la nueva Cuba (1935), constituido en gran medida por expertos extranjeros, que proponían una renovación de los vínculos económico-comerciales con los Estados Unidos.

En dicho documento se abordaba la situación de dependencia, estancamiento, monoproducción exportadora, pobreza y desempleo predominante en la Isla, aunque no examinaba las condicionantes históricas de colonialismo, neo-colonialismo y relaciones económicas, comerciales y financieras asimétricas que pesaban sobre la Mayor de las Antillas bajo falsos tratados de reciprocidad. Por el contrario, proponía salidas reformistas al modelo de capitalismo existente, alejado de la radicalidad social y el contenido antimperialista esgrimido en el programa de la «Joven Cuba».

El líder revolucionario en el pensamiento y la memoria de la tradición socialista cubana

Por su intransigencia y batallar incansable hacia la materialización de los ideales de justicia que movilizaron su sentir político desbordante, Antonio Guiteras no solo fue uno de los líderes más influyentes de su tiempo; se convirtió además en ícono del proceso de emancipación histórico cubano, a través de la lucha intransigente contra el imperialismo como condición indispensable para la conquista de los derechos sociales, civiles y políticos negados a las grandes mayorías. La disposición de enfrentar hasta las últimas consecuencias la raíz de sus convicciones, lo inmortalizaron para la eternidad; a partir de la estela que fue la obra de su vida, generadora de las más disímiles polémicas, análisis y discursos en torno a su legado como parte integrante de la tradición socialista cubana.

De acuerdo a esa realidad fenomenológica, su trayectoria existencial no es solamente objeto de serias consideraciones críticas y disputas; sino además de reivindicaciones memorables, biografías intelectuales y contribuciones literarias o poéticas encargadas de eternizar su trascendencia. Así lo certifican las declaraciones de Eduardo Chibás (1907-1951) publicadas el 12 agosto de 1934 en la revista Bohemia, al resaltar la honradez del político cubano:

Combatí a Guiteras durante el gobierno de Grau, pero en todo momento —como revolucionario— merece el respeto de los hombres que sean dignos de vivir en Cuba después de la caída de Machado. Llegó a la Secretaría de Gobernación porque se le pidió que la ocupara y no porque anduviera solicitando el puesto. Tuvo muchos errores en el desempeño de su cargo, pero sólo lo animó en su función la pasión revolucionaria, sin descender jamás a la politiquería y al mezquino sectarismo. Aceptaba lo mismo a un abecedario o un nacionalista, a cualquiera, siempre que fuera revolucionario. Vivió y sintió la Revolución. Fue engañado por algunos falsos revolucionarios en quienes depositó su confianza «y que robaron». Pero lo que más admiro en Guiteras —lo único que admiro en él, además de su condición de revolucionario— es haber salido de la Secretaría tan pobre como entró.[3]

En uno de los homenajes más conocidos por la hermosura de su prosa y la exactitud de las palabras en describir la huella indeleble de Guiteras, su contemporáneo y compañero de lucha Pablo de la Torriente Brau (1901-1936) escribió con hondura desde New York, sobre la magnitud y el impacto del joven revolucionario, al proclamar:

(…) Era como un hombre que, despierto, quisiera realizar lo que había concebido soñando. Y muchas veces no conoció a los hombres, e hizo confianza en quien no la merecía y llamó a su amigo a quien sería traidor y supuso talento en algún cretino. Tuvo, arrastrado por su fiebre, el impulso de hacerlo todo. E hizo más que miles. Y tenía el secreto de la fe en la victoria final. Irradiaba calor. Era como un imán de hombres y los hombres sentían atracción por él. Les era misteriosa, pero irresistible, aquella decisión callada, aquella imaginación rígida hacia un punto: la revolución. Tuvo también defectos. El día del castigo no hubiera conocido el perdón. Era un hombre de la revolución. Tampoco tuvo nada de perfecto.[4]

Desde México, el 8 de mayo de 1936, su madre Marie Theresse Holmes, consciente de la inmortalidad de su alma, así como del fragor eterno de sus combates ante el devenir futuro de la nación, declaró con ímpetu a la prensa:

Un año hace que Toni Guiteras y Carlos Aponte fueron asesinados en El Morrillo y muy poco o nada hemos hecho en la práctica para lograr la liberación económica y política de Cuba; la causa por la que ellos y tantos otros dieron la vida y en la que estamos empeñados todos. Esto debe probarnos, tanto como la experiencia de otros países, que las izquierdas deben unirse contra la reacción y el imperialismo si quieren realmente dar cima a la tarea y no vivir empeñados en pequeñas querellas de grupos y partidos que no le interesan al pueblo de Cuba. Luchar por el frente único antimperialista es luchar por la Revolución.[5]

El destacado líder estudiantil, académico eminente y pensador de inspiración marxista Raúl Roa García (1907-1982), le dedicó a Guiteras varios de sus análisis en su prolífica obra intelectual, dada la relevancia de su personalidad como adalid del proceso de liberación contra los factores heterogéneos que lastraban el desarrollo del país, el bienestar de sus habitantes y el funcionamiento democrático de las instituciones republicanas. En una entrevista realizada por Ambrosio Fornet Frutos (1932-2022), publicada en la revista Cuba en octubre de 1968, el entonces canciller cubano expresó:

Temerario, indoblegable, austero, lúcido, apasionado, generoso, taladrante, Antonio Guiteras nació para morir combatiendo de cara al enemigo (…) El más completo «hombre de acción» fue Antonio Guiteras. Más que palabras, basta con recordar que vivió y murió en la primera línea de batalla, oponiendo la violencia revolucionaria a la violencia contrarrevolucionaria. Inspiraba pavura a sus enemigos.[6]

En otra ocasión, aunque mediado por la concepción teleológica y mesiánica de la historiografía cubana en los relatos predominantes sobre el proceso revolucionario triunfante de 1959, Raúl Roa reivindicó nuevamente su figura, como parte de la trayectoria que inspiró los valores ético-políticos que movilizaron los ideales contra la dictadura de Fulgencio Batista. Su pronunciamiento tuvo lugar desde su condición de ministro de Relaciones Exteriores en la ceremonia de entrega de los restos de Antonio Guiteras y Carlos Aponte, cuya intervención fue publicada por el diario Granma el 27 de febrero de 1970. En ella manifestó:

Guiteras constituye con [Julio Antonio] Mella y Rubén Martínez Villena la egregia trilogía de conductores revolucionarios de toda una época de nuestra historia. Alzado en San Luis varios meses antes del derrocamiento de Machado y manteniendo el pregón de que sólo la vía armada era la solución a la problemática cubana, Guiteras entronca a los revolucionarios de 1930 con los de la Sierra Maestra.[7]

Si bien Guiteras jamás se reivindicó como «comunista», ni el precepto en alusión al modelo imperante en la Rusia soviética formaba parte de su imaginario teórico-político, a lo largo de su vida trató de establecer coaliciones importantes con los partidarios de esta ideología; dadas las confluencias en la agenda común que formaba parte del pensar colectivo, como corrientes alternativas al capitalismo colindantes en la tradición socialista.

Sin embargo, ello no fue impedimento para que el guerrillero y pensador marxista Ernesto Che Guevara (1928-1967), convertido posterior a su muerte en símbolo del movimiento comunista internacional, lo considerase precursor de la lucha revolucionaria contra los poderes imperiales en la Isla; dedicado además a la consagración de los anhelos de igualdad y dignidad humanas, como parte del proceso de liberación cubano y transfronterizo-continental, al decir:

Antonio Guiteras representó, pues, la idea internacional de nuestra lucha antimperialista y americana, que reúne en Cuba, siempre generosa, a todos los hombres del mundo dispuestos a pelear en cualquier terreno por un ideal que no tiene fronteras y que no puede encerrarse en las estrechas limitaciones de la patria, por importante y profunda que sea esa palabra. Antonio Guiteras representa al más puro luchador antimperialista, y al precursor de la nueva etapa, de la lucha guerrillera, de la utilización del campo como factor fundamental para desarrollar la pelea contra todos los agentes del imperialismo.[8]

En resumen, Antonio Guiteras constituye una de las figuras más importantes del proceso revolucionario de los años 30, cuyas medidas impulsadas como «hombre de Estado» desde su puesto en la Secretaría de Gobernación, trataron de materializar los ideales de la rebelión popular anti-machadista; a través de la concepción «leninista» de la toma del poder, en aras de la transformación participativa de la sociedad en la toma de decisiones, siempre enfocadas en la restitución de los derechos ciudadanos y la materialización reparativa de sus demandas históricas.

Dicha característica le permitió convertirse en uno de los escasos líderes de su tiempo que, proveniente del seno de las luchas obreras, accedió a puestos de gobierno. Y desde estos espacios de poder trató de implementar directrices dirigidas a quebrantar el esquema oligárquico, conservador y elitista que imperaba en aquel entonces.

Su apego a los principios de la democracia, influenciado por una formación socialista autónoma, no subordinada a los designios exteriores de corriente verticalista alguna, le permitieron gozar de plena independencia en la toma de decisiones, apegadas a los conocimientos más agudos de la realidad del país. El legado de su transcurrir es motivo de orgullo dentro de la tradición nacionalista, siendo este un hecho que lo convirtió en referente indiscutible del pensamiento revolucionario cubano, apegado a los principios socialistas y democráticos del republicanismo radical, aunque amparado en un portentoso cimiento de sólidas bases populares.

La monumentalidad de su figura, consecuente a una vida de sacrificios y entrega inigualable por la soberanía, desafía las barreras del tiempo y la finitud de la existencia humana, para adquirir una dimensión imperecedera ante la memoria histórica; lo que a su vez le permite traspasar los estrechos márgenes que conforman las fronteras nacionales de la Isla, para adquirir una valiosa condición de trascendencia regional.


[1] José A. Tabares del Real: ob. cit., p. 433.

[2] Ana Cairo (selección): Antonio Guiteras. 100 años, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2007, p. 372.

[3] Eduardo Chibás: «Dos casos sintomáticos: Hoffman y Guiteras», Bohemia, 12 de agosto de 1934. Tomado de Ana Cairo (selección): ob. cit., p. 57.

[4] Publicado en Pensamiento Crítico, No. 17, enero de 1968, tomado de Ana Cairo (selección): ob. cit., p. 89-90.

[5] Bohemia, 7 de mayo de 1971.

[6] «Tiene la palabra el doctor Roa», revista Cuba, octubre de 1968. Tomado de Raúl Roa García: La revolución del 30 se fue a bolina, Instituto del Libro, Ediciones Huracán, La Habana, 1969, pp. 306-307.

[7] Palabras de Raúl Roa, ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Revolucionario, en la ceremonia de entrega de los restos de Guiteras y Aponte, Granma, 27 de febrero de 1970, p. 3.

[8] Ernesto Che Guevara: «Fragmento del discurso “Antonio Guiteras”», en Obras. 1957-1967, tomo 2, Casa de las Américas, La Habana, 1970, pp. 620-624. Tomado de Ana Cairo (selección): ob. cit., p. 155.

Mayra Espina: Pobreza en Cuba

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Mariana Camejo (MC): Hola a todos los que nos están viendo o nos están escuchando a través de las plataformas de audio. Esto es La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

Jorge Bacallao (JB): Como siempre, sus anfitriones habituales: la periodista y directora de La Joven Cuba, Mariana Camejo, y un servidor, que no pertenece a La Joven Cuba, pero colabora a ratos, Jorge Bacallao.

MC: A pesar del estilo distendido de conversación que solemos usar aquí, se puede decir que los temas a tocar en esta temporada mantienen un nivel de importancia social que no baja en toda la temporada.

JB: Exactamente. Tenemos economía, política, enfoque histórico… y hoy no es una excepción. Hoy en La Sobremesa vamos a hablar de pobreza en Cuba, así que no se mueva de ahí, que se pierde el principio.

MC: Hoy tenemos con nosotros a una doctora en Ciencias Sociológicas, profesora, investigadora asociada al Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, y con varias investigaciones en un tema muy polémico en los últimos tiempos: pobreza y desigualdad. Bienvenida, Mayra Espina.

Mayra Espina (ME): Muchas gracias.

MC: En Cuba siempre hubo diferencias sociales, siempre hubo gente que pudo darle regalos a un médico, siempre hubo barrios mejores que otros, pero también todo el mundo iba a las mismas escuelas. Yo creo que hemos llegado a un punto donde las clases sociales se sienten mucho más y son mucho más diferenciadas. ¿Cuáles son esas clases sociales hoy?  

ME: Sí, obviamente el proceso del proyecto socialista podemos decir que mitigó las diferencias clasistas, atenuó esa estratificación fuerte por muchas vías conocidas: reforma urbana, reforma agraria, nacionalización de grandes propiedades. Y se puede decir, por los que estudian esto con un enfoque histórico, que hasta los años 80 ese proceso que atenuó y modificó la estructura social cubana fue muy fuerte, aunque eso no significa esas declaraciones que a veces uno lee o escucha de que en esa época se terminaron las clases sociales, se terminó la discriminación racial, en fin, eso no era exactamente así. Hay un proceso que en Sociología se llama desestratificación, es decir, la pirámide social empieza a tomar una forma de meseta. La distancia entre la base y la cima disminuye y la movilidad social entre uno y otro es un poco más fluida. Y eso ocurrió, los datos están ahí, a partir del mejoramiento de los sectores populares y de grandes mayorías, pero incluso en los mejores momentos de ese avance de igualdad se conservaban desigualdades importantes, desventajas que en aquel momento parecía más bien una cuestión de tiempo y recursos, pero no era exactamente así. Para superar desigualdades muy profundas se requieren también políticas que modifiquen el punto de partida y las políticas igualitaristas tienen un potencial, pero tienen también puntos ciegos. Digamos que la gente que está en una situación de mayor desventaja, pues no logra…

MC: La trayectoria es más larga.

ME: Exactamente. Es más larga y menos fluida. Y bueno, luego en los 90 con un debilitamiento de las políticas públicas que de alguna manera alimentaban esos procesos de movilidad social ascendente, esos procesos se interrumpen. También el paquete de medidas para manejar la crisis de esos años empieza también a crear espacios más ventajosos a los que todo el mundo no puede llegar. Un poco en miniatura es lo que pasa ahora, pero ya empezaba a verse y se le ha llamado a ese proceso también de reestratificación social, digamos, se interrumpe el proceso de desestratificación y reestratifica, con el agravante de quienes avanzan hacia las nuevas posiciones que representan oportunidades mejores casi siempre son grupos que históricamente estaban mejor.

Se ha escrito que la crisis de los 90 tiene ganadores y perdedores. Es una lógica que también sirve ahora. Gente que pudo enfrentar mejor esos momentos y que aprovechó las oportunidades que aparecieron. Entonces, sí, claro que hubo clases sociales, las sigue habiendo y hay un momento en que esa división clasista se fortalece. Es lo que estamos viviendo. A mí me gusta usar una visión de clase más bien a lo Bourdieu, no tan de esa estructura rígida de posición ante la propiedad de los medios de producción, lugar en la organización de la producción. Eso está ahí y es parte de la teoría de Bourdieu. Pero este autor trabaja más también con una visión de capitales de diferente naturaleza, así que puede ser también económico, pero puede ser político, puede ser social. Y yo creo que ahora mismo es un autor muy útil porque realmente vemos eso, ¿no? Como clases que se configuran y reproducen sobre la base de diferentes tipos de capitales, las más de las veces articulados, pero uno sirve para potenciar al otro.

MC: ¿Cuáles son esas clases?

ME: No me gusta ni siquiera nombrarlas porque yo creo que el esquema tradicional es decir clase baja, clase media, clase alta, y esa es una denominación que tiene que ver con el nivel de ingreso, es decir, es una definición de clase un poco más suave y se refiere solo a ingreso. Si usáramos esa, pues claro que está totalmente reconstituida esa idea. A mí me gusta más decir grupos por niveles de ingreso, está claramente configurada en nuestra sociedad.

JB: Cuba, además, tiene unas complejidades tremendas. Yo solía decir en uno de mis monólogos que yo era clase media alta porque tenía moto eléctrica. Y la verdad es que eso separa a muchísimas personas y suele suceder también que hay personas que han tenido un capital tremendo de toda la vida y que tienen un basurero en la esquina que no se lo pueden quitar de ninguna manera. También sucede otro fenómeno interesantísimo que no tiene que ver con el ingreso. Hay personas que, si se le hiciese un análisis de ingreso por el salario que tienen o, incluso, si se le revisase la billetera no tendrían mucho. Pero a nivel de influencia…

MC: Claro, tiene que ver con capital político también.

ME: Capital político, capital social, las relaciones que tú tienes, a dónde te llevan. Esta es una circunstancia donde esos capitales están muy relacionados, pero obviamente no necesitas un solo tipo de capital para clasificarte. Ahí hay una maraña. Claro, ahora tú con la moto eléctrica sigues teniendo un buen estatus, pero te hace falta la planta eléctrica. Ya ese es el objeto icónico, ¿no? Eso es muy interesante porque en la Sociología de la desigualdad y la pobreza muchas veces se hace set de objetos. ¿Qué tú necesitas tener para una vida mínima adecuada.

MC: Para la canasta básica.

ME: Exacto. Y luego por ahí para arriba. Es una mirada muy materialista del asunto, pero bueno, funciona, ¿verdad? Y tiene que ver, porque ahora mismo una planta eléctrica que solo lo puede tener un grupo reducido de personas, pero está muy ligada a necesidades básicas de la vida cotidiana, algo que parece un lujo, pero en realidad es para satisfacer cosas a veces muy básicas. Exactamente.

JB: Bueno, siempre hubo gente buscando en la basura, siempre hubo personas en situación de calle. Pero ahora a nivel popular yo creo que es más que evidente que ha aumentado ese número drásticamente. Lo estamos viendo todos los días, y ese es el punto de partida de la pregunta que quiero hacerte. ¿Cómo podemos estimar y cuál sería ese estimado de las cifras de pobreza en Cuba ahora?

ME: Sí, efectivamente, es cierto que no se eliminó totalmente a las personas deambulando, o sin techo, o como queramos llamarle, ni a quienes buscaban en los basureros. Pero eso hubo momentos en que era casi mínimo, en los 80 era una rareza que asombraba. En los 90 eso emergió fuerte, pero yo creo que ahora es la coronación de ese tipo de vida muy en el fondo, ¿verdad? De hecho, esas personas que viven en condición de calle, eso sí es casi una explosión increíble. La importancia de medir la pobreza es que te permite ver la magnitud del problema y a las políticas les permite tener una idea de qué monto de recursos haría falta para ir solucionando en diferentes escalas esa situación. Entonces sí, es un dato imprescindible. Desde hace años no es público. Yo creo que la última, el último dato público se publicó hacia los años 2000.

MC: 2019 son las últimas cifras.  

ME: A ver, vamos a entenderlo. Yo me estoy refiriendo a la medición de pobreza de ingresos. Que es algo diferente.

MC: No es pobreza multidimensional, es diferente.

ME: Exactamente. Y ahí hay algo que es un matiz muy diferente. Digamos que en la confrontación entre Ciencias Sociales críticas y una vertiente neoliberal que creció mucho en los 90 en América Latina y en el mundo, muy interesada en medir pobreza solo o fundamentalmente a partir de los ingresos de los hogares. Pues esta corriente, con toda lógica decía, no es lo mismo una persona de ingresos bajos, pero que tiene acceso por una vía no monetaria a otras prestaciones. Para Cuba hasta los años 80 eso yo creo que tenía una lógica muy fuerte. Es verdad que los ingresos salariales y de otro tipo eran bajos, pero las prestaciones sociales estaban compensadas de una forma. Si sacamos cuenta de cuánto uno gastaría en la educación de los hijos, en un ingreso hospitalario, MC: La libreta de abastecimiento garantizaba una serie de cosas.

ME: ¿Y cuál es la diferencia? Que, en aquellos momentos, obviamente, esas prestaciones cubrían un nivel de vida, de dignidad muy decoroso y por eso en esos momentos tendría sentido medir la pobreza multidimensional. Bueno, de hecho, una prueba es el Índice de Desarrollo Humano, que es una medida que usa Naciones Unidas y donde Cuba, a pesar de que ha bajado mucho —creo que en la última medición estábamos en el lugar 83, que nos hemos despeñado desde un 50 y pico, 70 y pico, ya vamos por 83— pero todavía nos mantenemos en un nivel medio, ya no sé ni cómo, pero bueno, ahí nos mantenemos.

Pero lo que pasa ahí es que ese es un índice que pondera un conjunto de factores como esperanza de vida, mortalidad infantil, escolarización, que nos ponen en una mejor situación.

JB: Al ser la pobreza un fenómeno tan multifactorial, o sea, la mejor manera o las mejores maneras de medirlo son con constructos, no con mediciones directas.

ME: Exactamente. Ahora viene mi punto. Yo considero que ahora mismo es mucho más importante una medición de pobreza por ingresos. ¿Por qué motivo? Porque las prestaciones sociales se han debilitado, están por debajo de la demanda en cantidad y en calidad, y los ingresos de las familias y las personas marcan la diferencia real. Esa afirmación que en los años 80 podía ser muy contundente ha perdido valor. Entonces, en las Ciencias Sociales seguimos reclamando la necesidad. Esa medida a la que yo me refiero de inicios de los 2000 era una medición de pobreza a partir de línea de necesidades básicas insatisfechas, pero a partir de cuánto necesitas tener para satisfacer…

MC: ¿Qué organismo la hacía en Cuba?

ME: Eso lo hacía el Instituto Nacional de Investigaciones Económicas del Ministerio de Economía y Planificación, y no lo puedo aseverar, pero entiendo que lo siguen haciendo. O lo estuvieron haciendo hasta hace muy poco, aplicando encuestas de hogares, pero ya no es público.

JB: A mí me chocó muchísimo. Hace como 10 años yo estuve trabajando para la OPS en Perú, en la oficina de Lima y allí uno de los trabajos que hice fue recopilar datos para comparar, era sobre todo desigualdades de salud, pero por supuesto que la pobreza tenía que… y Cuba era incomparable en cuanto a que no había datos. Cuando uno revisaba, no encontraba datos y eso podía pasar en algún país de forma aislada. «Oye, a este le falta el dato de acceso al agua potable». Pero a Cuba le faltaban sistemáticamente todos esos datos. Y el otro comentario es que hace también como 15 años en un país como México, que en aquel momento también tenía zonas de mucha pobreza, uno podía ver al salir del metro personas en situación de calle, —un ejemplo que pongo porque lo viví, regalando pomos de una marca nueva de mayonesa—. Ninguna de esas personas se levantaba a recoger mayonesa, ni los que pasaban por ahí rumbo a su trabajo decían: «Espérate, déjame coger un pomo de mayonesa». Yo decía: párese aquí en Miramar, en los barrios de lujo y póngase a repartir mayonesa para que veas que se quedan vacíos los centros de trabajo. Eso es una cosa. Y la persona que hacía malabares en un semáforo tenía celular, cuando aquí todavía no se podía. Entonces, son cosas que marcan diferencias en cuanto a cómo se manifiesta la pobreza en determinados países.

MC: Mayra, pero volviendo al tema, pudiéramos establecer un estimado de cantidad de pobres en Cuba o de personas en situación de vulnerabilidad.

ME: Sí, como la investigación no puede detenerse, pues no me ha quedado más remedio que hacer algunos estimados que aclaro aquí que son riesgosos.

MC: Claro, un margen de error.

ME: Exactamente. Y, además es algo que estoy intentando perfeccionar con ayuda de matemáticos y demógrafos a ver cómo con data proxy podemos llegar un poquito a una idea mejor de cuánto hay. Según mis estimados, que es un estimado de bodega, digamos, ¿no? Que quiere decir que reúno todos los datos que hay sobre pensiones, salarios del sector estatal, ingresos del sector privado y una canasta básica que uso, sobre todo, de los estimados de Omar Everleny sobre qué necesita uno para vivir decorosamente. Pues haciendo eso: quita, pon, lo estoy develando para no dar una falsa idea de que yo tengo el gran dato. Para intentar comprender lo que pasa en la sociedad cubana actual, hago esos estimados y para mí entre un 40 y un 45% de la población cubana está en una situación de pobreza de ingresos. ¿Qué quiere decir esto? Que con los ingresos familiares no logra cubrir siempre las necesidades básicas. Dentro de ese 40-45% hay unos que están muy mal y hay otros que están ahí alrededor de esa línea. Eso en dependencia de qué dato tomamos de cuántos habitantes somos en total, somos ocho (millones) y tanto o nueve y tanto, pero hay alrededor de 3 millones y medio o 4 millones de personas, un poquito más, que están en una situación muy seria, en una por debajo de una vida digna. Y yo creo que no hay que tener un doctorado en Sociología para eso.

MC: Mayra, pero fíjate, me llama mucho la atención que tu estimado lo estás marcando por debajo de la mitad poblacional. Entonces, amplíame un poco cuáles son las condiciones que tendríamos que tener en cuenta para pensar en esa cantidad de personas que están en esa línea de pobreza.

ME: Sí, mira, sigo insistiendo en que es un estimado. ¿Por qué? Porque las mediciones de pobreza técnicamente tienen muchos requisitos, digamos, eso parte, uno, del identificar las llamadas necesidades esenciales. ¿Qué cosa es esencial? Para reproducirte primero casi biológicamente, ¿no? Y, por supuesto, algunos componentes que tienen que ver con el ser humano, su cultura. Podíamos hablar ahí de comida, salud. Siempre se pone comida, salud, vivienda, agua potable… Son sets que se van moviendo y tú puedes construir un set de necesidades básicas muy amplio que luego vas disminuyendo, porque todo puede ser también disminuido. Eso es lo primero. Y segundo, luego ves qué dinero se necesita para cubrir esas necesidades. Y ahí también entra esto: si hay prestaciones sociales que cubren parte de esas necesidades, con lo cual tu dinero propio disminuiría la cantidad que necesitas.

Esa es, digamos, como la técnica para hacerlo y aunque se trata de que sean medidas más bien estandarizadas, pues claro que tienen componentes de la sociedad de que se trate. En un lugar el precio del maíz es importantísimo y en Cuba el arroz es recontra importante, ¿verdad? Porque eso hay que llevarlo a objetos, a productos concretos, su presencia en el mercado. Es decir, que eso tiene… construir esa canasta y cómo se accede a ella tiene muchos ingredientes.

MC: Claro, no es lo mismo, o sea, la familia o el núcleo familiar o incluso un adulto mayor que viva solo, pero que tenga la entrada de una remesa que le mande un hijo que está fuera, a una persona que no tiene nada de eso.

ME: Incluso, fíjate, estas complicaciones llegan a un punto en que de hecho se hacen canastas para diferentes tipos de familia. Familias con niños, familias de ancianos, familias con personas en situación de discapacidad, familias de adultos jóvenes solos. No es lo mismo lo que necesitas. Porque cada situación que complica la vida familiar suele requerir un ingreso mayor.

JB: Lo rural y urbano también.

ME: Exactamente. Entonces, aunque en las medidas se busca un estándar como ese que Everleny nos ha dicho, no es lo mismo si tienes niños pequeños, donde las necesidades esenciales tienen otros componentes o donde tienes ancianos o personas con enfermedades, padecimientos crónicos, todo eso añade complicación y una expresión en términos de ingreso, sobre todo ahora en nuestra sociedad donde es obvio que el ingreso cuenta y hace la diferencia.

MC: Incluso para garantizar salud, más allá de que tenemos derechos garantizados, si no tienes dinero, no puedes ir al mercado informal a buscar los medicamentos que no tienes cubiertos en la farmacia, ese tipo de cosas.

JB: O agarrar el carro para llegarte al hospital.

MC: Entonces, digamos que en esa línea de pobreza está ese grupo de personas que no tienen esas otras cosas, esas posibles otras maneras de recibir ingreso. ME: ¿Cómo hacemos? ¿Qué bases yo uso para ese estimado? Porque por supuesto todo esto que he dicho se soluciona con la llamada encuesta de hogares, una muestra representativa territorial por grupos sociales. Los matemáticos saben hacer eso muy bien. Una herramienta homogénea donde a todo el mundo le preguntas lo mismo. Y luego tienes una base de datos en que sabes qué personas o hogares pueden acceder, a qué cosas y qué no. Y a partir de ahí ya tienes tu medición. En ausencia de eso, que no existe o al menos no es público, pues entonces empezamos a trabajar con este tipo de data proxy.

Hay ya construida una canasta, esta que ha hecho Omar Everleny, que tiene estas varias posibilidades.

MC: Que sitúa unos 24 mil pesos y algo para dos personas para asegurar la canasta de comida.

ME: Entonces a eso después tú le vas poniendo… bueno, si puedes comer ya estás bien adelantado, ¿no? Pero bueno, se sabe que no solo tienes que comer, tienes que vestirte, tienes que tener salud, una manera de moverte. Y entonces en la situación en que vivimos actualmente, a esa imagen le tienes que incorporar los elementos, digamos, informales, toda esta otra vida que transita, lo que tú estabas hablando. Imagínate tú, ahora no me acuerdo del dato exacto, pero yo creo que menos del 70% del cuadro básico de medicamento, eso es un dato oficial, no me acuerdo cuánto es, pero está cubierta menos de la mitad del cuadro básico de medicamentos y simplemente con coger tu teléfono y entrar a Facebook o a Revolico o a lo que se te ocurra, pues ves que hay un mercado muy bien establecido. Los grupos de WhatsApp de medicamentos. Entonces, ¿cómo vas a calcular esa canasta, por el precio oficial? No. Tienes que usar este otro tipo de precio y así pasa con todo, el transporte, los alimentos…

Complica la tarea, el hecho de que tienes que jugar también con este tipo de precio que es el que caracteriza un mercado no oficial, bueno, que se le suele llamar «negro», pero ya no tiene nada de «negro» porque es bien transparente. Entonces, siempre tienes que estar calculando esos precios de los productos que este mercado es el que está abasteciendo, y también el mercado está muy fragmentado, es muy heterogéneo. Tienes que jugar con todos esos factores para llegar a una idea de en qué rango se mueven los precios de los productos que satisfacen las necesidades esenciales y también, por supuesto, este es un tema que no se ha trabajado mucho y que a mí me interesa, pero tengo que construir herramientas para entrarle. ¿Qué es? Hay un mercado de muy bajo perfil: el de la croqueta que no tiene nada, del refresco de paquetico que tiene muy poquito «polvito» y que a veces en barrios periféricos tienen allí su lugar y que es un tipo de producto de muy baja calidad, pero que es con el que se va reproduciendo esa zona de gente.

Por ejemplo, hay una observación: si uno va caminando por Monte, por la calle Monte, ve una cantidad de cosas que se venden allí que parecería que es una feria ficticia, que no es real, pero yo he visto gente comprando zapatos muy viejos, ropa que ya casi no sirve, pero a un precio muy bajo. Y ¿por qué estoy haciendo eso? Porque cuando uno hace todos estos cálculos, a veces te preguntas, bueno, ¿y cómo vive la gente?

MC: Claro, ¿cómo vive la gente?

ME: Y la respuesta no es que todo el mundo se muere, que ya sabemos que no es cierto. Entonces, ¿qué quiere decir eso? Que hay un nivel de sobrevivencia muy bajito, muy peligroso para la salud, muy lejano de una vida digna, pero que es lo que hace que se reproduzca la vida.

MC: Mayra, antes de continuar, yo te invito a tomar un café. ¿Qué crees?

ME: Yo siempre acepto un café.

JB: Nunca se dice que no al café, ¿verdad?

ME: No, no, nunca lo digo.

JB: Bueno, quería decir que a tono con lo que tú estabas diciendo, pasó un señor vendiendo bocadito de helado. Se debe oír el pregón por el audio, porque parece ser que te estaba oyendo el hombre.

ME: A mí me hubiera gustado que saliera porque ese todavía, esos vendedores de calle no son el nivel más bajo, pero obviamente tampoco es el alto y permiten que en los barrios el niño se tome un bocadito de helado, el chivirico…

MC: Bueno, Mayra, vamos al café y usted suscríbase al canal, comente y dé like.

[Música]

JB: Mayra, a nivel de discurso oficial y de prensa, uno encuentra muy poco la palabra pobreza. Es más común encontrar cosas como vulnerabilidad. Yo tengo entendido que una cosa no es equivalente a la otra, así que quisiera que nos explicara cuál usar en su justa medida.

ME: Cierto. Bueno, aquí siempre ha habido un poco de alergia, digamos, a la noción de pobreza, a pesar de que se midió por un mandato gubernamental en los 90 y a inicios de los 2000, porque claro, el término en sí mismo tiene un filo crítico muy grande, es decir, que un proyecto que se basaba en equidad social, inclusión, mejoramiento de condiciones de vida para las grandes mayorías, tenga que reconocer que tiene personas en condición de pobreza es duro, ¿verdad?

Entonces, políticamente siempre se ha tenido, a mi modo de ver, muy erróneamente esa posición de evadirlo o mencionarlo ocasionalmente. Y claro, para muchos que se use el término vulnerabilidad es como una trampita.

MC: Eufemismo.

ME: Sí, exacto. Para usar una palabra que tiene menos peso crítico. No dudo que sea así, pero técnicamente no lo es. CEPAL, que ha impulsado mucho los estudios y mediciones de vulnerabilidad, considera la vulnerabilidad como una tercera generación de medidas de pobreza, es decir, como un mejoramiento de las mediciones de pobreza. No lo sustituye. Se considera que hay que saber cuánta gente es pobre y no tiene dinero para cubrir sus necesidades básicas y cuántas personas sufren pobreza multidimensional. Digamos, que hay muchas cosas que le faltan. Una no sustituye la otra, la vulnerabilidad incluye la pobreza, pero agrega otros matices, agrega, digamos, en qué áreas hay una desventaja mayor, qué tipo de familias tienen situaciones más desventajosas.

Además, es una medida como para ir escalando, porque se puede usar a nivel individual, a nivel de hogar, a nivel comunitario y nacional, entonces permite un diálogo. Esta familia tiene tales áreas de vulnerabilidad mayor y eso está en un contexto comunitario que también tiene tales vulnerabilidades.

JB: Para intervenciones específicas tiene que ser muy útil.

ME: Exactamente. Entonces, y yo creo que es un paso de avance que varias herramientas de las que se usan ahora en Cuba estén partiendo del enfoque de vulnerabilidad social o de situaciones de vulnerabilidad. Pues no es que tú seas vulnerable, es que la reproducción, el contexto estructural te ha colocado en situaciones de vulnerabilidad. Entonces sí, yo creo que podría ser más empático y que daría un realismo político mayor que se hablara de pobreza y que no se invisibilizara. Pero lo que quiero decir es que vulnerabilidad no es menor y si se usa con ese sentido falla, porque vulnerabilidad también es un término bien fuerte sobre desventaja socioeconómica.

MC: Mayra, en mi caso, por ejemplo, yo soy de una generación nacida en pleno Periodo especial, y yo crecí en un contexto de políticas igualitaristas que todavía heredamos hoy, aunque ya diferentes. Tenemos, por ejemplo, el caso que te ponía ahorita de la libreta: un dueño de mipyme, que puede tener muchos ingresos y muchas cosas resueltas, todavía tiene acceso a las pocas cosas que puede dar la libreta. Entonces, eso no es atender personas, eso sigue siendo hija y herencia de una política igualitarista. Yo te pregunto, ¿qué políticas públicas necesita Cuba, necesitaríamos, para realmente atender a aquellas personas que están siendo más impactadas por la crisis que tenemos hoy?

ME: Yo creo que más o menos desde el año 2019 se puede decir que Cuba ha ido transitando hacia lo que se llama políticas de inclusión, que son políticas diferentes al universalismo de igualdad de gratuidades, y que están encaminadas a encontrar desventajas más fuertes, necesidades y grupos que tienen que ser atendidos con prioridad. Y hay todo un set de eso y que tienen una redacción, si uno las lee, del nivel, digamos, de América Latina. Siguen pautas utilizadas por CEPAL, me refiero al Programa de lucha contra la discriminación y el racismo, el Programa para el avance de la mujer, el Programa integral de cuidado, no estoy diciendo los nombres que son, sino el tipo de objeto que atienden, el Programa para la atención integral de infancias, adolescencias y juventudes, el Programa de desarrollo territorial…

Todas estas políticas públicas tienen un componente en común que es que identifican desventajas mayores e intentan diseñar herramientas de priorización. Pero, por supuesto, ese es un tránsito difícil. Primero, porque hay mucha inercia de este otro pensamiento de que socialismo es que a todo el mundo se le da lo mismo. Hay mucha, digamos, también resistencia al cambio, porque si se implementan esas políticas como debería ser, hay otra manera de asignar los recursos, hay otra manera de tomar las decisiones, hay como una redistribución de poderes ahí donde también el nivel local tiene que jugar un mayor protagonismo, porque imaginen que estos son tipos de políticas que requieren cercanía, tienes que saber bien, no se hacen desde el centro del país. Desde los centros de poder, quiero decir. ¿A quién hay que darle tal cosa? Eso lleva conocimiento y empatía directa. Entonces, ese tipo de política, aunque no se dice, es un cambio, es una redistribución de poder y recursos que siempre tiene sus víctimas, a quién le tocó perder una cuota de poder.

Entonces, se ha avanzado en lo que es, digamos, la escala estratégica,

MC: La conceptualización.

ME: La conceptualización, pero se ha avanzado mucho menos en implementación, primero por estas resistencias al cambio y a una redistribución real de poder. Y segundo, porque la crisis es tan profunda que hay una restricción de recursos muy grande, hacer política social sin ningún economicismo.

Yo siempre me he opuesto a las ideas economicistas de que primero hay que tener un pastel para repartir el pastel. Eso es verdad, pero mientras construimos el pastel también vamos dando en cómo se construye de la manera más equitativa y cómo esos pedacitos de pastel lo repartimos de la mejor manera. Son cosas que tienen que ir al unísono. Entonces, alejándome de cualquier economicismo, de todas maneras, ahora la mejor y más importante política social es un rescate de la economía. Es imprescindible, porque la situación es demasiado profunda.

Las bases conceptuales están construidas, pero la voluntad política de implementarlas y de movilizar recursos de otra manera está muy retrasada con relación a esa visión conceptual.

JB: Cuando estamos viendo lo que está pasando en el país ahora mismo, debates en redes sociales, información que va llegando, a veces uno siente que la gente con poder de decisión está un poco distanciada de la realidad de la familia cubana. Tú has dicho en entrevista, has resaltado la importancia del diálogo entre la ciencia, los investigadores en Ciencias Sociales y las personas que toman las decisiones. Yo quería preguntarte, ¿cuál es el papel de la ciencia? ¿Qué puede hacer la ciencia? Y hasta qué punto eso es suficiente.

ME: Puede hacer mucho, pero no es suficiente. Bueno, de hecho, todo esto que hemos estado hablando de una oleada de nuevas políticas de inclusión que tienen un concepto de focalización y priorización, eso ha sido una producción en alianza con instituciones encargadas de servicios sociales y la Academia de Ciencias Sociales en el país. Hay, desde hace años, muchos espacios de diálogo, de discusión. En algunos espacios ha resultado mejor que otros, pero todas esas políticas tienen la impronta de los resultados de las Ciencias Sociales, que desde hace muchos años llaman la atención sobre esos procesos. Hay pobreza, hay desventaja, hay desventajas históricas, hay discriminación. Todo eso está puesto sobre la mesa por las Ciencias Sociales hace bastantes años y muy especialmente desde los 90, donde eso quedó claro. Muy claro ante los ojos de todo el mundo.

Estas políticas, estas formulaciones estratégicas tienen esa impronta de las Ciencias Sociales y de la colaboración con los que toman decisiones de instituciones que dan prestaciones sociales. Pero, ¿dónde eso empieza a fallar? Bueno, que muchas veces esas instituciones que dialogan con las Ciencias Sociales y que trabajan juntos, porque hay varias experiencias de trabajo juntos para lograr estas propuestas, pero la decisión final tiene otro techo hacia arriba y luego también hacia los costados. Entonces ahí empieza a tener fallos.

No quisiera dejar de decir que mi impresión más honesta también es que siempre los que toman las decisiones más altas en relación con lo que hablábamos ahorita de pobreza, vulnerabilidad, trabajan con diagnósticos por debajo de la gravedad de la situación. Entonces, trabajan con unas estadísticas para las cuales la canasta básica cuesta menos. Yo creo que la Tarea de Ordenamiento es un caso clásico de esto, de cálculos que estaban por debajo de la realidad.

Entonces, una política social de priorización y focalización que trabaje con un diagnóstico por debajo del problema real tiene mucha probabilidad de fallar y tiene poca empatía con las personas que luchan con los problemas cotidianos.

MC: Mayra, yo siento precisamente que la discusión pública sobre cómo salir de la crisis o de cómo mejorar condiciones de vulnerabilidad, no ya en los hogares, sino digamos a nivel comunitario, no es lo suficientemente pública, no es lo suficientemente inclusiva con la ciudadanía. ¿Cómo tú crees que pudiera impactar si esa discusión fuera más pública y cómo pudiera hacerse?

ME: Bueno, yo creo que hay una tradición de centralismo, de un poder central que es quien tiene la clave de los problemas y sus soluciones, de un enemigo externo que hace que todo deba ser más o menos secreto para que pueda tener éxito. Y con esa tradición, que a mí me parece muy negativa porque lastra lo fundamental de un proyecto como este, que es justamente la participación ciudadana, la diversidad democrática de opiniones, pues con esa tradición bregamos hasta ahora en las peores circunstancias. Entonces, si no se hacen públicos los problemas reales… quiero añadir algo que La Joven Cuba también ha trabajado y es el hecho de cómo se comunica el problema. Y en los últimos tiempos tenemos prueba de que siempre el mensaje es que ese problema lo resolvemos con control, con rigor, con sanción. Será la intención o no, pero acaba revictimizando y acaba haciendo…

MC: Es muy poco empático, además.

ME: Totalmente. Parecen delincuentes los que no tienen casa, los pobres, los que mendigan, etc. Yo creo que esa es una visión muy alejada de la vida cotidiana. Usamos de nuevo la palabra: muy poco empática con lo que está pasando realmente y está inspirada también en temores de naturaleza política. De que una impronta popular más fuerte en el debate y solución de problemas, puede modificar la ecuación que mantiene un determinado poder. Yo creo que esa es una visión muy errónea, y que conspira contra las soluciones. En mi experiencia, especialmente cuando trabajé con la Cooperación Suiza en el país, tuve la oportunidad de ver gente trabajando en la base donde, cuando se alineaban participación popular, recursos claros asignados para soluciones y diálogo entre actores: gobierno, universidades, comunidades, pues se llegaba a transformaciones verdaderamente potentes.

Recordando, hay un clásico que es la experiencia de presupuesto participativo en el territorio de la Oficina del Historiador. No recuerdo exactamente de cuánto fue el presupuesto, pero me parece que el proyecto de cooperación colocó como 200 mil euros o dólares, no me acuerdo cuál era la moneda, para que la comunidad tomara decisiones y la Oficina del Historiador, el Plan Maestro, organizó técnicamente las discusiones y el gobierno del municipio apoyó todo ese proceso de discusión y la gente participó muy bien. Había temores como: «a lo que van a ir es a hacer catarsis» o «van a primar intereses individuales porque la gente lo que va a querer…» Pues nada de eso. Las personas entendieron perfectamente que había un dinero que era un donativo y que había que tomar buenas decisiones colectivas y que beneficiaran a la mayoría.

Pues bueno, mira, de ahí salió una escuela, Chullima, en La Habana Vieja que llevaba muchos años sin dar servicio por temas constructivos. Esa fue la primera elección de la comunidad, que valoró en reuniones sucesivas como lo fundamental que ellos tenían eran los niños y los jóvenes y una escuela allí que permitiera que no se desplazaran tanto. Bueno, se hizo muy bien la tarea. Para mí fue una experiencia maravillosa y que además movilizó otros recursos entonces porque había otros objetos, una sala de terapia, no sé si un Hogar Materno, que también tuvieron una buena votación. Entonces el gobierno, el Ministerio de Educación, la Oficina del Historiador, buscaron recursos para tratar de satisfacer esas otras prioridades identificadas.

Había un recurso externo, pero hubo una identificación de prioridades muy clara y atenido a esa regla de un bien común. Y luego tengo otras experiencias, por ejemplo, en Sagua la Grande, en el proyecto Hábitat con la Universidad Central de cómo asignar subsidios para la vivienda. Ese es un tema muy complicado. Hay gente que cree que eso no ha resuelto mucho porque el subsidio es muy bajo, porque no hay materiales. Bueno, ahí hubo una experiencia bellísima que la Facultad de Construcciones diseñó una vivienda de bajo costo compartida, muy decorosa, muy bonita, con posibilidades de crecimiento y con el gobierno del municipio y los pobladores de ahí, de un lugar llamado La Laguna, que se inundaba y tal, pues se llegó a decisiones de qué hacer, derrumbar aquello, que la gente estuviera de acuerdo, irse uno para albergue, para casa de la familia, otro para no sé qué…

Yo no sé el final de esa experiencia, lamentablemente, pero el proceso para tomar buenas decisiones con actores articulados salió muy bien y yo creo que multiplica, potencia un recurso pequeño. Yo creo que se está desaprovechando exactamente el potencial de la participación.

JB: Bueno, Mayra, vamos a pasar a la parte más dinámica de esta conversación.

ME: Me asusta, porque yo soy un poco lenta.

JB: No, no, te apuras lo que puedas. Estas son preguntas para contestar con pocas palabras.

MC: Empieza tú.

JB: Empiezo yo. Si Mayra tuviera poder ejecutivo ahora mismo, dadas las condiciones que tenemos, ¿qué es lo que haría de inmediato para empezar a atacar el problema de la pobreza?

ME: Empezar a implementar realmente un paquete de propuestas de rescate de la economía, que muchos economistas cubanos han planteado y que para mí tiene varios asuntos como pagar la deuda, el paquete antiinflación que no es el que se está implementando o parece que se está implementando… tiene otros y eso, como dije antes, articulado con las nuevas políticas sociales de inclusión. JB: Perfecto.

MC: Mayra, en pocas palabras, ¿qué te motivó a estudiar la pobreza y la desigualdad?

ME: Eso es un clásico de la de la Sociología. La Sociología tiene también un componente ético muy fuerte. No soy totalmente consciente del proceso, pero me pareció casi natural. Es una profesión crítica, que tiene que ocuparse también de las desventajas y esa era mi vocación.

JB: Y, por último, ¿qué quiere Mayra para Cuba? En poquísimas palabras.

ME: Un país mejor. Eso, eso es lo que quiero. Una vida digna.

MC: Muchas gracias, Mayra, por haber estado aquí, por habernos acompañado hoy. Así termina este episodio de La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

[Música]