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Amar sin que nos quiten la vida

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Formas de amar
Ilustración: Félix M. Azcuy

La mayoría de las ideas que dan forma a todos los aspectos de nuestras vidas ya han sido desarrolladas cultural y sociológicamente. El amor, la forma en que experimentamos nuestra dimensión emocional con sus sentimientos, deseos y pasiones, no es una excepción de esta regla.

Desde la infancia, a las mujeres se nos enseña la noción del amor romántico, que se basa en la heterosexualidad, la monogamia y la procreación. Se nos enseña a soñar con príncipes azules, a buscar a nuestra «otra mitad» y a creer que «el amor todo lo puede» e incluso que «el amor duele». A medida que crecemos, se nos inculca que el propósito de la edad adulta es encontrar a un hombre que nos salve y nos complete, con el que casarnos y formar una familia.

Esta visión profundamente arraigada, impregnada de estereotipos de género, relega a las mujeres a la esfera doméstica y a las tareas de cuidado, mientras que los hombres trabajan, se desarrollan y participan en el ámbito público. En este ideal, no hay conflicto: las mujeres hacen lo que hacen por amor. También en nombre del amor muchas sacrifican su bienestar personal, renuncian a sus ambiciones profesionales e incluso toleran situaciones de violencia.

La feminista Kate Millet, de la segunda ola, decía en los años 70, cuando este movimiento social apenas empezaba a preguntarse por lo personal como algo político: «El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas: mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí mismo sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a las mujeres y hacerlas dependientes, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa».

Después de experimentar unas cuantas relaciones románticas, me he dado cuenta de que el sexismo acecha en todas partes, incluso en hombres intelectuales con conciencia social. Sí, también en los que dicen ser aliados del movimiento feminista. Aprendí que el amor real, en efecto, es diferente.

Mirar hacia dentro y preguntarme por qué las mujeres necesitamos una pareja, buscamos validación externa, ansiamos atención o luchamos por no estar solas, fue el paso inicial que necesité para entenderme a mí misma y liberarme de las expectativas sociales. ¿Me estaba aferrando a la idea de que alguien me amaría y me aceptaría por lo que realmente soy, en lugar de centrarme en el amor en sí mismo? ¿Podemos, como mujeres, percibirnos como seres independientes? ¿Por qué nuestra valía depende siempre de a quién ofrecemos nuestra energía y nuestros proyectos? La respuesta es tan directa y sencilla como que arrastramos una cultura profundamente arraigada que nos dice que solo estamos hechas para amar.

Las aventuras y la independencia suelen parecer asuntos exclusivamente de hombres, algo ajeno a nuestra realidad. Como mujeres, tememos a la soledad porque nos han dicho que no somos nada sin alguien a nuestro lado. Desde la adolescencia, muchas de nosotras hemos perseguido sin descanso las relaciones sin permitirnos estar solteras durante un tiempo. Esta creencia nos inculca la idea de que cuando las mujeres no están en una relación, entonces están solas o incompletas. Como si siempre estuviéramos esperando a que esa otra persona venga a llenar un vacío. Aunque la sociedad intente convencernos de que el cuento de hadas del príncipe azul que nos salva la vida con un beso está pasado de moda, las mujeres solteras siguen enfrentándose a comentarios como «¿y el novio pa´ cuándo?». No importa si tienen una carrera de éxito, mantienen una vida sexual satisfactoria sin una pareja estable o, simplemente, deciden dar prioridad a otros aspectos de su vida.

No cambio mi soledad por un poco de amor. Por mucho amor, sí.
Pero es que el mucho amor también es soledad…

Dulce María Loynaz. Poemas sin nombre: XCVI

Frente a ese amor patriarcal, la propuesta feminista pretende construir relaciones sentimentales más justas, igualitarias, solidarias, compañeras y libres. Elegidas, deseadas. Relaciones basadas en el deseo de estar con la otra persona. Ya lo dijo la escritora y activista feminista bell hooks en El feminismo es para todo el mundo (2000): «Cuando admitamos que el amor verdadero se basa en el reconocimiento y la aceptación, que ese amor se construye sobre la gratitud, el cuidado, la responsabilidad, el compromiso y el conocimiento mutuo, entenderemos que no puede haber amor sin justicia».

Cuando las feministas decidimos criticar este amor romántico, siempre hay quien se enfada mucho ante la idea de que le quiten la inspiración para poemas, serenatas y batallas contra enemigos imaginarios en nombre del amor. Es como si se pusieran en el papel de caballeros en caballos blancos, tratando de rescatar princesas de las malvadas brujas que quieren eliminar la noción del amor romántico de sus corazones.

Lo admito, he estado ahí. Estoy llena de contradicciones, porque deseo un amor romántico. He escuchado y sigo escuchando canciones sobre el amor romántico, como las de Amy Winehouse. He escrito cartas de amor y disfruto recibir flores, aunque también puedo comprármelas yo misma, al igual que Miley Cyrus. Sin embargo, luchar contra el amor romántico no implica renunciar completamente al amor. Más bien, se trata de desmitificar el amor como algo que solo existe dentro de una pareja. Se trata de querer abandonar la idea de posesión que nos han inculcado.

 …luchar contra el amor romántico no implica renunciar completamente al amor. Se trata de desmitificar el amor como algo que solo existe dentro de una pareja.

Nuestro mensaje como feministas va más allá de simplemente combatir el concepto de amor romántico. Realizamos un análisis estructural y político de cómo la idea del amor ha moldeado las sociedades occidentales en las que vivimos actualmente. Para transformar las relaciones heteronormativas en relaciones más equitativas y recíprocas, los hombres deben desempeñar un papel activo. Deben comenzar a replantearse sus masculinidades y roles para establecer relaciones de pareja basadas en el respeto mutuo, donde las decisiones se tomen conscientemente y no por inercia.

A pesar de nuestros esfuerzos como mujeres por desafiar y cuestionar las nociones tradicionales del amor, aún permanecen barreras en el otro lado del camino. Existe una falta de reevaluación de las relaciones y del amor en general, y una incapacidad para ver que un amor más equitativo y recíproco es beneficioso para todos. Esto se debe en parte a que requeriría renunciar a ciertos privilegios. Aunque algunos hombres lo están haciendo, muchos son incapaces, ni siquiera, de planteárselo.

¿Cómo se puede entender la conexión entre el mito del amor romántico y la violencia de género?

No es una cuestión abstracta o que se quede en discusiones teóricas. La idea de esta «forma de amar» es la base de expresiones de diversas formas de violencia, a menudo justificadas «en nombre del amor», que incluso pueden llevar al feminicidio. En las relaciones socioemocionales, las mujeres sufren maltrato y control como parte de la violencia psicológica y verbal de la cual son víctimas, y que incluye términos despectivos, comparaciones y humillaciones, entre otras formas. Esta violencia puede escalar hasta el abuso sexual, donde ellas son obligadas a realizar actos sexuales sin su consentimiento o son manipuladas para participar.

El objetivo del maltrato sistemático es subordinar las necesidades de las mujeres, sus deseos y aspiraciones, a los del hombre. Para mantener la dependencia en la relación, también se recurre a la violencia física, a menudo seguida de la promesa de que «será la última vez», una táctica que socava el sentimiento de seguridad de la mujer y puede generar sentimientos de culpa, haciéndole creer que es responsable de ese maltrato.

En relaciones tóxicas, la manipulación se basa en la idea de que el hombre protege a la mujer, sigue las estructuras familiares tradicionales y a menudo controla su vida, cuerpo, amistades, ingresos e incluso sus sueños.

Escapar de estos mandatos no es fácil para las mujeres —ni para los hombres—. El simple hecho de elegir no perpetuar la forma en que se les ha enseñado a amar, que es a través de un prisma patriarcal, puede desencadenar violencia como medio de coacción. El hombre que es su pareja, el que las golpea, insulta o humilla para mantenerlas bajo control, no es el único que impone esta opresión. Las mujeres también enfrentan el rechazo social como castigo, y la violencia justificada por la sociedad en su conjunto, para seguir manteniéndolas subyugadas e impedirles buscar autonomía personal y libertad de elección.

El simple hecho de elegir no perpetuar la forma en que se les ha enseñado a amar, puede desencadenar violencia como medio de coacción.

Así, las mujeres aman a costa de su estabilidad económica y emocional, de su libertad y de su cuerpo, y en general, a costa de todo su ser. En algunos casos extremos, el amor incluso puede costarles la vida.

En diciembre de 2023, se dio a conocer una cifra alarmante por parte del gobierno cubano: desde enero hasta octubre de ese año, se registraron 117 casos de mujeres asesinadas como resultado de la violencia de género. La Fiscal General de la República, Yamila Peña Ojeda, anunció esta cifra durante el VII Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, según informó el medio estatal Granma.

Es importante destacar que el gobierno cubano no reconoce estos casos como feminicidios en su Código Penal, sino que los clasifica como agravante del asesinato, a pesar del aumento de víctimas en el país.

Pero estos datos superan ampliamente los recopilados por organizaciones feministas independientes, que habían registrado 88 casos a mediados de diciembre, una discrepancia en las cifras que revela la gravedad y el problema de la violencia de género en la Isla.

Peña Ojeda enfatizó que el 75% de los crímenes ocurrieron dentro de hogares compartidos por parejas, dejando a 70 niños y adolescentes huérfanos. Podemos inferir que estos actos fueron cometidos por hombres que tenían, deseaban o mantenían una relación «romántica» con las mujeres que asesinaron, lo cual muestra una estrecha relación con comportamientos de control que, en el contexto del «amor romántico», se consideran una manifestación de afecto.

…el 75% de los crímenes ocurrieron dentro de hogares compartidos por parejas, dejando a 70 niños y adolescentes huérfanos.

Desmantelar estas ideas ha sido una lucha para las mujeres. El objetivo es pasar de ser vistas como objetos que pertenecen a otros, a ser reconocidas como individuos con derechos y con la libertad de abandonar o poner fin a una relación violenta y potencialmente mortal. La violencia de género es una manifestación extrema de esta relación tóxica entre el mito del amor romántico y las relaciones de poder desiguales. La creencia de que el amor verdadero implica control y posesión conduce a conductas abusivas, como el maltrato físico, emocional y sexual. Así, la violencia de género se perpetúa y se justifica en nombre del amor romántico.

Los mitos y creencias que conforman el concepto de amor romántico no solo generan y justifican la violencia, sino que también dificultan que las víctimas denuncien. Muchas mujeres son reacias a buscar ayuda o a denunciar el maltrato por miedo a ser juzgadas por dejar a su agresor. Aunque la esperanza de que las cosas cambien siempre existe, en muchos casos las víctimas se encuentran atrapadas por la dependencia económica, la falta de redes de apoyo, la depresión o la manipulación, entre otros factores que surgen en la relación y dejan a las mujeres en una situación de extrema vulnerabilidad.

En consecuencia, para prevenir y abordar la violencia de género en las relaciones románticas, debemos evitar caer en las trampas del amor romántico a toda costa. El amor no debe causar dolor y no puede conquistarlo todo; también tiene sus límites y no es incondicional.

En busca de otras formas de amar

Desde mi perspectiva feminista, amar implica reconocer que las mujeres no debemos sacrificar nuestra identidad ni renunciar a nuestros sueños en nombre del amor romántico. Implica rechazar comportamientos abusivos y violentos, y establecer límites claros en nuestras relaciones. Debemos replantearnos nuestras concepciones sobre el amor y cuestionar los roles de género y las dinámicas de poder en las relaciones románticas.

El marketing y la sociedad capitalista han retratado el amor propio como un paraíso. Sin embargo, no es así. Se necesita mucho valor para reconocer cómo el patriarcado, los roles de género y los cánones de belleza afectan nuestra autopercepción. Sí, debemos aprender a amarnos a nosotras mismas, pero ¿a qué precio? El amor romántico es una droga de la que debemos rehabilitarnos.

Prefiero centrarme en imaginar y construir nuevas formas de amar más allá de los estereotipos y expectativas impuestos por la sociedad. Amar desde la libertad y la igualdad, reconociendo que el amor no debe causar sufrimiento ni opresión, sino más bien crecimiento y felicidad mutua. Amar sin que nos quiten la vida.

Alberto Pedro: el retorno de un dramaturgo imprescindible

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Manteca, obra de Alberto Pedro
Ilustración: Félix M. Azcuy

Prácticamente coincidiendo en la misma cartelera, dos obras de Alberto Pedro Torriente (1954-2005) han dado inicio al año teatral en la sala Adolfo Llauradó. Con el estreno de Manteca y la reposición de Mar nuestro, el nombre de uno de nuestros más agudos autores teatrales reaparece ante los espectadores, activando así la inevitable pregunta acerca de su valía, cuando han transcurrido varios años desde su desaparición física.

En estas casi dos décadas después de su muerte, varios títulos de su autoría han seguido en escena, o han alcanzado su estreno dentro y fuera de Cuba, confirmando que su ingenio y su palabra hablaban de una Cuba que sobrepasa modas y coyunturas. De la mano de Alberto Sarraín y el nuevo proyecto Tebas Teatro regresa ahora Manteca, que tuvo su premier en 1993; y con puesta en escena de Raúl Martín para su Teatro de La Luna nos llega Mar nuestro, que se dio a conocer antes en 1997. Miriam Lezcano, esposa del propio dramaturgo, las dirigió por vez primera con Teatro Mío, el colectivo que tuvo en ambos su principal eje creativo.

Volver a verlas, a oírlas, a confrontarlas, en los primeros días de este 2024 que también se anuncia difícil, es a la vez un reto y un reclamo que nos lanza Alberto Pedro, más allá de su desaparición.

Alberto Pedro
Alberto Pedro / Imagen de Archivo

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Para este mismo sitio ya he escrito acerca de Manteca, que cumplió el año pasado tres décadas desde su estreno y permanece en la memoria como uno de los momentos más vibrantes de la historia teatral cubana reciente.  Su primera puesta en escena, en pleno Periodo Especial, significó un ajuste de cuentas con la memoria histórica y política del país, con el desencanto y la resistencia puesta a prueba en toda la Nación tras la caída del muro de Berlín, y una demostración acerca de cómo nuestras tablas podían articular una reflexión libre de panfletos acerca del vértigo de las utopías. Ya Alberto Pedro había prefigurado esa urgencia en textos anteriores, como Weekend en Bahía (1987) y Desamparado (1991, a partir de El maestro y Margarita de Bulgakov).

Tras algunas obras de juventud (Tema para Verónica, Finita Pantalones…) llegó Weekend en Bahía, resuelta como una pieza para dos actores que interpretan a Mayra y Esteban, a lo largo de toda una noche en un apartamento de ese periférico barrio habanero. También llevada a la televisión, y reimaginada luego por el cineasta Lester Hamlet bajo el título de Ya no es antes (2017), demostró que el teatro cubano podía abordar temas como el exilio, la ruptura y el reencuentro, los tabúes —no solo sexuales sino también políticos— como un acto de exorcismo, a través de un diálogo vivo con una realidad que para la fecha de su estreno aún parecía casi perfecta.

Esa ilusión ya no es tan palpable en Desamparado, y poco a poco la reflexión sobre esas confrontaciones se va haciendo más intensa, tanto como menos realista el lenguaje y las convenciones que proponen sus textos, hasta llegar a la alucinación —la Nación como un cabaret poblado de locos o fantasmas, a punto de ser demolido— que se visualiza en Delirio habanero.

Entre toda su producción, analizada por críticos como Vivian Martínez Tabares, hay obras más poderosas y contundentes, pero siempre está presente el sello cuestionador que moviliza todas sus palabras. Ingenioso, chispeante, provocador y jodedor, Alberto Pedro era él mismo un personaje de su teatro. Un actor y poeta que escribía para la escena, y que pudo comprobar la eficacia de sus textos no solo en Cuba, sino en otras naciones (España, Colombia, Puerto Rico, Estados Unidos, Francia, etcétera). En el año 2009, al firmar el prólogo del tomo que recopila casi toda su dramaturgia (Teatro Mío, Letras Cubanas), Martínez Tabares afirmó:

«Motivado por escribir un teatro que conmoviera al espectador y examinara valores éticos, políticos, sociales, morales y estéticos, al tiempo que por encontrar lo universal y lo imperecedero en los sucesos más cotidianos de la vida que le rodeaba, Alberto Pedro se propuso distanciar al público por la vía del cuestionamiento, provocarlo a mover los sentimientos y la razón, a repensar su realidad para entenderla mejor y ajustar conductas y percepciones».

Ver ahora estos dos textos suyos —una de sus obras más logradas y otra en la que, aún sin esa intensidad, pone en juego su capacidad para llevarnos lejos de otras zonas de confort—, es una invitación que no debe desaprovecharse para releerlo en escena. Ese privilegio que todo autor teatral sabe que viene a ser un acto de vida sencillamente impostergable.

Manteca, en la puesta de Miriam Lezcano nunca tuvo un opening oficial, pues la autorización para tal cosa se demoraba, y finalmente llegó a su encuentro con los espectadores en un ambiente matizado por las carencias del Periodo Especial, aprovechando la luz natural que se filtraba por las ventanas de la sala, acompañado por la interpretación en vivo de «Manteca», el tema de Chano Pozo que da su título a esta pieza. Algo de confabulación había en aquel espectáculo, una vibración que conectaba de modo muy singular al público y al elenco (Celia García o Mabel Roch, Jorge Cao y Michaelis Cué). Ellos fueron los primeros rostros de estos tres hermanos (Dulce, Pucho y Celestino), de ideas tan distintas, pero conjurados en el empeño clandestino de criar a un puerco en el pequeño apartamento donde viven, y que en esa noche de fin de año disputan si matar o no al animal que se ha convertido, a su modo, en parte de esa familia. Pero la gran pregunta es justamente esa: ¿cuál familia?

Manteca
Manteca / Cartel de la Puesta en Escena

Si durante muchos años se aseguró que el gran tema de la dramaturgia nacional era la ruptura de la familia, con Manteca, en cierto modo, ello alcanza un punto culminante, tras el cual otros intereses —la búsqueda de la verdad, la ausencia de compromisos, la voz del autor en términos cada vez más autobiográficos—, comienza obtener mayor importancia. Los tres hermanos de Manteca recuerdan a los protagonistas de La noche de los asesinos (Pepe Triana, premio Casa de las Américas 1965, estrenada por Vicente Revuelta con Teatro Estudio en 1966), como han señalado varios estudiosos. Pero también ofrecen una dimensión que acude a otros símbolos —como matar al puerco en lugar de a los padres, reducir a un animal criado en clandestinaje el núcleo que mantiene unidos a estos seres— que se nos presentan desde extremos tan contrastantes como bien definidos.

Pucho es homosexual y aspirante a escritor; Celestino, un comunista convencido pese a los golpes y desencantos que padece y Dulce una mujer de su casa, cuyo anhelo mayor es que se mantenga la armonía entre sus parientes. Una familia que apenas se sostiene, que ha visto partir a hijos y otros de sus integrantes, que respira la peste que en ese espacio cerrado les impone la presencia del cerdo que crían en el baño, y que lucha contra muchos otros ahogos. Una familia a su modo ya descompuesta, al borde del delirio, como retablo de una Nación que debía, para sobrevivir, cuestionarlo casi todo. Así los retrató Alberto Pedro, y a pesar del silencio y la oposición que también dedicaron algunos al primer montaje, nada de ello pudo evitar que Manteca se instalara por derecho propio entre las piezas referenciales de nuestra dramaturgia.

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Con este estreno de 2024, Alberto Sarraín regresa a un texto que ya conocía. Lo presentó en Miami, donde radica, en 1997, con su grupo La Má Teodora, lo cual en aquel momento podía entenderse como un doble desafío. Por eso y por muchas otras razones podemos entender este espectáculo como una relectura, que tiene que fundamentar su existencia, y la del nuevo proyecto de este director al que recientemente se le concedió la Distinción por la Cultura Nacional, por encima de los 30 años que ya Manteca tiene sobre sí, en el nuevo contexto de una Cuba que recuerda, dolorosamente, e incluso supera, las angustias de aquel Periodo Especial en que fue por primera vez representada.

En este sentido, el montaje confirma que el espíritu del texto y lo planteado por el autor funcionan aún como un retrato de insatisfacciones, interrogantes y demandas no resueltas. La palabra de Alberto Pedro se ha hecho más hiriente con el tiempo, y sus augurios de 1993 nos reflejan ahora como si nos hubiéramos detenido en el tiempo que marca ese desasosiego que embarga a Pucho, Dulce y Celestina. Pero también, este montaje carece del ritmo que el texto propone como un ritornello que parte del habla del cubano y que genera su propia retórica, volviendo siempre a una especie de punto muerto que más allá de la reiteración aparente, contiene otros muchos sentidos. La pauta rítmica del libreto se aplana, no consigue el suspense que marcaba, en el montaje de 1993, la revelación del secreto que la familia trata de ocultar, y por ende la carga simbólica de ese puerco (legible como tantos signos) no resulta tan eficaz en este replanteo.

El director ha vestido a sus personajes según el dramaturgo lo exige, y tal vez eso —que no fue considerado de modo puntual por Miriam Lezcano— aquí se convierte en un código ya demasiado literal. Dulce viste con su traje de lentejuelas, como una cantante de boleros caída en desgracia, mientras reparte el escaso arroz según los días de la semana. Celestino se muestra con su overol, que lo identifica como un recalcitrante miembro de la clase obrera, mientras intenta componer algo que quizás sean los restos de una bicicleta. Pucho va de payaso, y eso a estas alturas resulta en cierto modo reductor. ¿Por qué el homosexual en esa vestimenta, con la cara maquillada como un clown, sin despojarse nunca de esa máscara, aunque sea él quien pronuncie algunas de las verdades más duras de la obra?

Manteca obra de teatro
Manteca / Tomada del Facebook de Alberto Sarrain

Ubicados en una especie de instalación escenográfica compuesta por tarimas, cada personaje vive en una suerte de isla, transitando a ratos por los espacios de los otros, sobre los cuales cuelgan espejos —una referencia, en este caso visual, al montaje de Revuelta sobre La noche de los asesinos—, y fotos: Marx, una virgen o Virgilio Piñera, que operan como iconos, pero que también redundan en lo que el texto ya nos deja saber.

En cierta medida, a esta versión de Manteca le falta aún ir a otras de las capas que el dramaturgo propone, por encima de los rejuegos verbales y la superficie de lo que su anécdota enuncia. El trabajo actoral (Nieves Riovalle, Faustino Pérez y Falconeris Escobar) parece aún el esbozo que un tiempo mayor de ensayos y discusiones pudiera haber alejado de la caricatura, amén de procurar soluciones escénicas más creativas en los desplazamientos y en las caracterizaciones, como prueba del oficio de los intérpretes.

Por suerte, el texto mantiene buena parte de su vigencia y su autonomía. Alberto Pedro confirma, en esta primera temporada de una Manteca que ojalá siga creciendo en apariciones por venir, que con su profecía y su desacato al crear esta especie de comedia negra, nos estaba legando un retrato punzante de su presente, y de nuestro futuro. Esa es su paradoja, y esta vez, el triunfo agridulce de un brillante dramaturgo.

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En otra escala, lo mismo puede confirmarse ante el montaje de Mar nuestro, con el cual regresó a Cuba Raúl Martín, director líder de Teatro de La Luna, tras una larga estancia en República Dominicana. Con este espectáculo, su grupo cierra una trilogía concebida a partir de piezas de Alberto Pedro, en un ciclo de fidelidad que nos recuerda al que también alzó el colectivo alrededor de Virgilio Piñera, en una etapa inicial de trabajo. Delirio habanero (2006) y El banquete infinito (2017) completan este triángulo.

A su modo, Mar nuestro vuelve a la célula primaria del lenguaje escénico de Raúl Martín, en una maniobra despojada de efectos y grandes soluciones escénicas, para apelar al trabajo de sus cuatro actrices, y priorizar la voz de estas mujeres en un acto desesperado que también impregna de esa angustia todo lo que vemos en escena.

Fe, Esperanza y Caridad son las tres mujeres varadas en medio del mar, sobre la balsa en la que intentan llegar al Norte. Han perdido los remos, y no solo eso: el rumbo, la noción real de un destino, sus principales esperanzas. Solo las une el deseo de llegar a tierra, y ya comienzan a delirar en medio de una travesía que amenaza con llevarlas a la locura o a la muerte.

Mulata, blanca y negra, cada una es más allá de la virtud teologal que les sirve de nombre, un instrumento en el replanteo más hondo de la obra: la Nación en fuga ante su mayor mito, la Virgen de la Caridad del Cobre, que aparece como Ochún entre las olas y demuestra ante ellas que no puede conceder milagro alguno. Siguiendo la pauta estilística del autor, la pieza se desenvuelve a partir de ese imposible, de ese cruce delirante de símbolos y demandas, sin ofrecer un final verdaderamente sino terminando, como bien dice Martínez Tabares, en «un acertijo».

Este enigma se expone en un escenario desnudo, sobre el cual se ha trazado un círculo de borde blanco que representa a la balsa, pero es también la frontera moral e íntima en la cual se agitan sus personajes. Una soga cuelga desde el techo y marca el centro del espacio de representación, afincando su extremo visible en el centro de ese círculo.

Lo demás es el trabajo interpretativo, el vestuario (blanco, azul, rojo) de las actrices, entre las cuales irrumpe una Ochún moderna, cargada de joyas, que pareciera remedar la moda de algunas cubanas residentes en Miami, en una imagen que estiliza y carga de otra teatralidad ese ícono, dentro del círculo (vicioso) o circuito cerrado donde la obra se recicla en escala alucinante.

Mar Nuestro
Mar Nuestro, puesta Teatro de la Luna / Tomada del Facebook de Raúl Martín

Si en Manteca echo de menos un clímax de mayor potencia, un ritmo que vaya in crescendo hasta el punto donde estallan sus personajes; acá el tono es crispado casi siempre, como si la asfixia fuera el único canal desde el cual nos hablan estas mujeres desesperadas acerca de la raza, los adioses y las pérdidas, el fundamentalismo y tantos exilios. Puede que haya sido el efecto de la primera función de la temporada, a la que acudí, el que subraye ese tono siempre alto, y que debería dar sitio a otros matices en la puesta a la que retornan tras haberla estrenado hace unos meses, antes de presentarla rápidamente en un festival de República Dominicana.

Como parábola, el espectáculo despliega una maniobra de sobrevivencia que a su modo refleja las carencias del momento actual cubano, en su casi nula escenografía y su diseño en general: conceptos que Raúl Martín ha manejado siempre con agudeza. No es su mejor espectáculo, pero aquí apela a varios recursos que son parte de la médula de Teatro de La Luna: el uso de color neutro en los ropajes, la recurrencia al canto en vivo, al cabaret y al teatro musical, la pauta casi coreográfica y el baile en varios momentos, amén del respeto hacia un dramaturgo experto en crear complicidades y de su confianza en un elenco entrenado dentro de su poética (Yaité Ruiz, Minerva Romero, Osmara López y Doreen Granados).

No pude dejar de pensar en lo difícil que es hacer teatro en Cuba ahora mismo, estrenar o seguir convocando al público a una función, cuando tantas cosas parecen imposibles. Hacerlo desde el verbo incisivo de Alberto Pedro y no desde la complacencia del costumbrismo tardío o el entretenimiento sin trasfondo, es algo que Teatro de La Luna pretende con su Mar nuestro.

Dos piezas, una detrás de otra, nos han devuelto al sello distintivo de Alberto Pedro, uno de los imprescindibles del teatro cubano. Mientras escribo estas líneas, me anuncian que otra obra suya (Desamparado) también estará en cartelera durante este febrero: un retorno en toda la regla. Como un espejo duro y al mismo tiempo cargado de sutilezas y contraluces, su teatro nos sigue reflejando. Estos dos montajes, con sus aciertos y sus puntos a mejorar, logran algo que no es solo aplausos o comentarios. Consiguen que volvamos a pensar a Alberto Pedro en vida, como a él le hubiese gustado. Como un homenaje que se resuelve en debate sobre el teatro, el país y su destino, más allá de cualquier formalidad.

Díaz-Canel visitando éxitos y fracasos, y más

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Éxitos y fracasos de la economía cubana
Ilustración: Félix M. Azcuy

Díaz-Canel el viajero

Fue noticia esta semana que el presidente Miguel Díaz-Canel se encuentra visitando varios territorios del país, esta vez con la intención de explorar los «lugares donde las cosas no funcionan tan bien» y «buscar soluciones».

En sus recorridos anteriores Díaz-Canel, en sus propias palabras, había visitado «experiencias exitosas». Ahora hizo el viaje en dirección contraria.

El mandatario ha pasado los últimos días viajando, acompañado por Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización y Política de Cuadros del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y miembro del Buró Político. El jueves estuvieron en Ciego de Ávila. El viernes fueron a Cárdenas, en la provincia de Matanzas. El sábado estaban en la Isla de la Juventud.

En todos los casos, Díaz-Canel fue bastante crítico con los centros visitados. En Nueva Gerona, por ejemplo, señaló la mala planificación de la Empresa Agropecuaria Industrial e invitó a «sembrar más». También observó la alta tasa de mortalidad infantil en la Isla de Juventud que alcanza 9.3 por cada 1.000 nacidos vivos. En la empresa pesquera local manifestó confianza en que podrán mejorar el cumplimiento de sus planes.

En Ciego de Ávila, el presidente cubano fue muy duro con la polémica bioléctrica Ciro Redondo. «Me cuesta mucho comprender por qué en más de tres años una inversión como esta no tiene resultado», dijo.

La bioléctrica es un proyecto en el que se haya implicada China, que tiene un gerente encargado de la tecnología.  «Aquí hemos enterrado el dinero del país», concluyó Díaz-Canel.

Esto significa una estrategia suprafiscalizadora por parte de los más altos funcionarios del país, que de paso pretende tanto promocionar las experiencias económicas excepcionalmente exitosas al tiempo que llama la atención sobre el fracaso de otros proyectos. Estas visitan también pudieran ser parte del avisado proceso de rectificación de errores que pretende corregir las evidentes distorsiones de la economía cubana.

Nuestra opinión es que estas visitas de alto nivel, aunque son parte de la tradición administrativa del PCC, expresan una opción desesperada, a tono con la crisis económica que enfrenta Cuba. Que sean especialmente elogiosas o críticas, revela el tono de los tiempos que corren.

Que el presidente de un país tenga que ir a una empresa o comunidad para llamar la atención sobre su mal funcionamiento evidencia que el resto de los mecanismos fiscalizadores —ministerios y administraciones locales— están siendo inoperantes. Exponen la inviabilidad de un estilo de administrar centralizado, en el que las responsabilidades a menudo son evadidas y el control popular está tan burocratizado que termina diluyéndose.

Asimismo, si bien es positivo que los altos dirigentes estén en contacto con las experiencias fracasadas, y las critiquen públicamente, en muchos casos el discurso sigue asumiéndolas como fenómenos fortuitos, resultado de un mal trabajo de quienes están al frente de estas, o de sus trabajadores.

Mientras no se concientice que estos fracasos responden a problemas estructurales seguiremos estando lejos de hallar soluciones sostenibles en el tiempo.

Sin remesas otra vez

Este jueves fue noticia la confirmación de un rumor, por parte de la empresa estadounidense Western Union. En efecto, la compañía dijo que interrumpió el envío de remesas a Cuba desde el 28 de enero de 2024, por «problemas técnicos con el procesamiento de transacciones».

Un portavoz de Western Union comentó a la agencia Reuters que la empresa trabaja normalmente y que esta afectación sólo implica a las operaciones desde Estados Unidos a Cuba.

La agencia de remesas había interrumpido sus servicios en la Isla desde que la administración Trump bloqueara las operaciones con su política de extremar las sanciones económicas. Los envíos se reanudaron en 2023.

Hasta el momento ningún medio estatal cubano se ha pronunciado sobre lo ocurrido. Tampoco se ha especificado si el problema está en el envío del dinero o en su recepción en la Isla.  

Esto significa que uno de los principales ingresos de divisas del país vuelve a cortarse y eso complica la estabilización de la actual crisis económica.

Nuestra opinión es que esta suspensión, con argumentos nada claros por parte de la empresa ni un plazo declarado para solucionar el problema, pesa muchísimo sobre las pequeñas economías familiares.

Se trata de un tema sensible que afecta la normalización práctica de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Es, además, un derecho que las familias a ambos lados del estrecho de la Florida se ven impedidas de ejercer con normalidad.

Más pasajeros, menos tiempo

Fue noticia también que los aeropuertos cubanos, y en particular la terminal 3 del Aeropuerto Internacional José Martí, han sido remodelados con el objetivo de mejorar la calidad de los servicios que ofrecen.

Además del José Martí, en 2023 se ejecutaron inversiones significativas en los aeropuertos de Holguín, Matanzas y Ciego de Ávila.

Esta semana informó además la prensa oficial que durante el pasado año se incrementó el movimiento de pasajeros en el 36.9% con respecto a 2022. El tiempo de estancia de los pasajeros también fue adecuado, según los estándares asumidos. La demora promedio alcanzó los 45 minutos.

Esto significa que, a pesar de la descapitalización del país, se sigue apostando por facilitar los servicios relacionados con el turismo, renglón que sigue siendo asumido como la locomotora de la economía cubana.

Nuestra opinión es que esta es una inversión indispensable y, por tanto, acertada. Los aeropuertos cubanos, en general, son una cuestionable puerta de bienvenida al país.

Para garantizar un verdadero desarrollo turístico y reposicionar la Isla como uno de los destinos clave en la región hace falta mucho más que construir hoteles. Remodelar aeropuertos pudiera ser un buen comienzo, ojalá esta estrategia siga hacia otras instalaciones e industrias que son también necesarias para ofrecer una grata estancia a los viajeros.  

Una esperanza para las termoléctricas

Y fue noticia esta semana que Cuba está fabricando por primera vez elementos para las calderas de las termoeléctricas. Se trata de «economizadores de entrada y salida» que favorecerán la eficiencia de la central Carlos Manuel de Céspedes, ubicada en Cienfuegos.

Estos «economizadores» fueron producidos por la Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (Emce), ubicada en La Habana, y para eso emplearon materias primas importadas.

Las centrales termoléctricas, como la beneficiada con esta inversión, producen el 60% de la energía que consume el país, según los medios oficiales.

Esto significa que Cuba sigue apostando por afianzar la seguridad y autonomía de su sistema electroenérgetico.

La generación de electricidad es uno de los pocos problemas que el país consiguió mejorar, aunque no resolver del todo, durante el pasado año. No obstante, en los primeros meses de 2024 la crisis energética ha vuelto a ser notable provocando en algunas zonas los molestos apagones. En la pasada semana el déficit energético siempre fue mayor a los 600 MW.

Opinamos que la producción de estos elementos es una evidencia muy positiva de la estrategia, tantas veces declarada y pocas materializada, de impulsar en el país producciones indispensables para el funcionamiento básico de la industria y la vida cotidiana. Ojalá se mantenga y se extienda hacia otros renglones de la economía tan necesitados de alternativas para funcionar.  

Sin pollo para una provincia entera

Por último, fue noticia el increíble robo de 133 toneladas de pollo en la empresa habanera Copmar. Los responsables están siendo procesados, informó la Televisión Cubana. Hay 30 imputados en total, entre ellos trabajadores de la entidad.

Roberto Mustelier, el director de Copmar, comentó que la cantidad de pollo robada equivale a «la canasta básica de una provincia mediana».

Un oficial de policía relacionado con la investigación dijo que el pollo era vendido por personas que se hacían pasar por trabajadores por cuenta propia o de mipymes. Las ganancias oscilaban entre los 50 mil y los 200 mil pesos por cada uno de los implicados.

Esto significa una escalada sorprendente en la dimensión de los hechos delictivos que propicia la crisis económica en Cuba. Si bien la magnitud del robo es llamativa, no es el primer caso de defalco que se hace conocido, por involucrar, además, algo tan sensible como lo es la ya precarizada canasta familiar normada.

Opinamos que el descontrol ha sido una cualidad habitual del sistema de empresas estatales. Es un mal crónico, cuyos efectos globales sobre la economía del país no se conocen en detalle.

Erradicar el robo normalizado de bienes estatales —llamado a menudo con múltiples eufemismos por la población y por el discurso oficial— no será tan sencillo como sancionar a los imputados.

Se necesita una transformación decisiva, tanto en los mecanismos de control, como en el sistema de redistribución de las ganancias. La clave está en recolocar al trabajo como la fuente principal de obtención de dinero para los cubanos, y generar mecanismos que ubiquen personas honestas frente a los puestos de dirección.

No es algo que parezca resolverse a corto tiempo. Mientras tanto, estas noticias seguirán siendo el pollo nuestro de cada día.  

La Joven Cuba: un mundo de posibilidades

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posibilidades
Ilustración: Félix M. Azcuy

Las posibilidades de La Joven Cuba se expanden justo antes de llegar a nuestro 14 aniversario. Este lunes estrenamos nueva web, slogan, narración de textos y una actualización de la identidad visual. El nuevo sitio que acoge nuestra revista digital se aleja de su origen como blog, para mostrar una arquitectura de información acorde a las prioridades actuales. Destacando las áreas de trabajo, objetivos, miembros y proyectos, comienza así un proceso para consolidar los objetivos de nuestra organización.

Nuestras esencias siguen intactas. Nos siguen inspirando los principios de la organización republicana fundada por Antonio Guiteras en su afán de combinar la defensa de la soberanía nacional con principios democráticos. Queremos ser un espacio que fortalezca la participación, empoderamiento ciudadano y rendición de cuentas, mediante el diálogo y el debate plural.

Como «un mundo de posibilidades» describió Guiteras a la Revolución del 30 en su artículo Septembrismo, por las opciones que este proceso abrió en una Cuba que parecía sin esperanzas. Casi 100 años después retomamos esta idea y la integramos en nuestra identidad y el ADN de la revista. Es importante reivindicar esto en un entorno mediático y político dominado por muestras de extremismo y polarización que intentan anular las voces no alineadas con el respaldo acrítico al gobierno o la oposición radical a este.

Cualquier visión dicotómica de la realidad significa postergar esta dinámica de suma cero en la que, para que unos ganen y tengan voz, los otros deban desaparecer

Como organización sin fines de lucro ni afiliación partidista, LJC aspira a llenar vacíos de información y análisis sobre la realidad cubana, para un desarrollo sostenible e inclusivo. En nuestras páginas continuarán publicándose opiniones y análisis de cubanos de diversas posturas políticas que en actitud democrática saben coexistir y participar con posiciones distintas a las suyas. Una metáfora del país que necesitamos.

Hoy en el espacio digital buscamos:

  • Debate: entre diversos actores de prestigio y relevancia social.
  • Conversación: entre comunidades nacionales, dentro y fuera de Cuba como espacio físico, para establecer puentes de comunicación, cooperación y consenso.
  • Investigación: en tanto el desarrollo de un tren de contenido que aborde, tanto en las vertientes académicas como periodísticas, la realidad cubana, otorgando prioridad a temáticas específicas.
  • Incidencia pública: sobre actores relevantes dentro del espacio social, político y civil de la sociedad cubana, así como de las comunidades académica, intelectual y periodística.

Cubrimos las siguientes áreas de trabajo que a su vez corresponden con las categorías en que se organiza la nueva web:

  1. Democracia y ciudadanía
    • Señalar mecanismos de participación que garanticen el poder popular sobre la toma de decisiones políticas, la transparencia institucional, gobierno abierto y rendición de cuentas.
    • Analizar procesos sociopolíticos y socializar opiniones políticas en relación a los derechos y bienestar de la ciudadanía.
  2. Economía y sostenibilidad ambiental
    • Analizar las dinámicas que influyen en el desarrollo económico.
    • Promover estudios sobre balance ecológico, cambio climático, ordenamiento territorial y desarrollo urbano.
  3. Historia y escenarios de crisis
    • Revalorizar acontecimientos, figuras y procesos históricos.
    • Analizar escenarios de crisis políticas, de desastres naturales, sanitarios y tecnológicos.
  4. Cultura y deporte
    • Analizar las problemáticas y demandas vinculadas a los procesos culturales y la creación artística y literaria.
    • Abordar la salud del movimiento deportivo en la Isla, el desempeño de atletas cubanos en competencias internacionales, y la práctica ciudadana del deporte.
  5. Salud y educación
    • Analizar el acceso y calidad de la salud pública en Cuba.
    • Estudiar fenómenos vinculados al sistema educativo cubano y sus instituciones.
  6. Inclusión y equidad social
    • Promover estudios enfocados en la diversidad y las problemáticas del racismo y otras vinculadas a la inclusión, por género, orientación sexual, estatus socioeconómico, territorialidad, etc.
    • Estudiar las condiciones de la equidad social y hacer propuestas que contribuyan a erradicar la pobreza y las desigualdades.
  7. Relaciones internacionales y migración
    • Analizar dinámicas globales y su impacto en la preservación de la soberanía y los intereses nacionales.
    • Estudiar el desplazamiento de ciudadanos cubanos y sus efectos en un contexto transnacional.

Nuestro equipo está compuesto por académicos y periodistas profundamente comprometidos con el bien de la nación y los intereses de su pueblo. Son los responsables de aportar a LJC su visión y nuevas ideas, conocimientos relacionados con sus áreas de trabajo y conectar al proyecto con otras redes.

Conscientes de la necesidad de mayor transparencia, así como los múltiples desafíos legales y políticos que ello representa en un contexto como el cubano, expresamos nuestro compromiso de hacer públicas nuestras actividades en la medida que sea posible. Ahora, con una imagen más profesional y un sistema de trabajo organizado en función de generar ideas que aporten al interés nacional, comienza una nueva etapa en LJC. Invitamos a nuestros lectores a que nos acompañen.

Mujeres palestinas: la resistencia

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«La noche en la ciudad es oscura, excepto por el brillo de los misiles; silenciosa, excepto por el sonido del bombardeo; aterradora, excepto por la promesa tranquilizadora de la oración; negra, excepto por la luz de los mártires».

Heba Abu Nada

Tanto la guerra como el genocidio son expresiones extremas de valores patriarcales que han asolado a la humanidad durante siglos. El impacto de estos actos violentos es devastador, pues dejan tras de sí un rastro de destrucción, pérdida y trauma que puede durar generaciones. Las mujeres y lxs niñxs suelen ser las más vulnerables en tiempos de guerra, ya que son objeto de violencia sexual, desplazamiento forzoso y otras formas de violencia de género.

Los responsables de proteger e informar, como los cuidadores, las autoridades especializadas y las escuelas, ven obstaculizadas sus funciones mientras responden a la emergencia. Además, en estas circunstancias, se intensifica la carga de trabajo no remunerado que suelen soportar las mujeres. En situaciones de emergencia, esta carga de trabajo incluye no solo la atención inmediata, sino también el apoyo a la comunidad afectada en su conjunto. En consecuencia, se exacerban las desigualdades estructurales. Miles de civiles quedan en situación de precariedad y vulnerabilidad absoluta.

La historia de segregación, opresión, discriminación y violencia sistemática que sufre la población palestina hace que esta sea una de las regiones del mundo con mayor número de violaciones de derechos humanos.

Como parte del debate en curso sobre la mujer, la paz y la seguridad, la primera activista palestina que se dirigió al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en 2018, hizo hincapié en la dimensión de género de la ocupación y la crisis humanitaria resultante. Reconoció cómo estos factores empeoran las desigualdades de género existentes y refuerzan las estructuras patriarcales dentro de la sociedad palestina. Además, expresó su preocupación por cómo la violencia pública conduce a un aumento de la violencia en entornos privados y denunció el importante impacto de la ocupación en el acceso de las mujeres palestinas a la justicia y a oportunidades de ganarse la vida.[1]

En entrevista a la representación en Madrid de Mujeres de Negro, —organización de mujeres palestinas e israelíes con más de tres décadas de trabajo por la paz—, ellas advierten que «ahora hay mucha atención mediática porque estamos ante el conflicto más crudo, pero cuando los bombardeos cesan, la violencia no desaparece: siguen las carencias y aumentan otras violencias más cotidianas e invisibles. Y todo eso pasa sin que haya periodistas que lo expliquen, pasa desapercibido a los ojos del mundo».

La situación en Palestina sigue siendo crítica debido a la continua agresión militar israelí y el bloqueo que ha dejado a los palestinos sin servicios básicos. Los bombardeos han causado gran cantidad de víctimas. El pasado 1 de febrero la cifra de muertes en la Franja de Gaza ascendía a más de 27 000 personas desde el 7 de octubre, de estas, 8 000 son mujeres y al menos 11 000, niñxs.

Conciliadoras

El impacto de la ocupación en las mujeres palestinas no se limita a su vida cotidiana. Las mujeres también han estado al frente del movimiento de resistencia contra la ocupación. Han organizado protestas, sentadas y otras formas de resistencia no violenta para exigir sus derechos y los de sus familias.

Previo al ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023, mujeres del movimiento israelí Women Wage Peace y de la asociación palestina Women of the Sun, se unieron para exigir la paz:

«Nosotras, las madres palestinas e israelíes, estamos decididas a detener el ciclo de derramamiento de sangre y cambiar la realidad del difícil conflicto entre los pueblos por el bien del futuro de nuestros hijos».

Cada vez son más las mujeres judías o de ascendencia judía que se pronuncian sobre los acontecimientos en curso, distanciándose de la ofensiva desproporcionada del Estado de Israel. El lema repetido es «No en mi nombre, no en nuestro nombre», en referencia al genocidio que se está cometiendo bajo la bandera de Israel. Ellas exigen el fin de los ataques y hacen un llamamiento a la paz.

Censuradas

La Feria Internacional del Libro de Fráncfort tenía previsto conceder el 20 de octubre de 2023 el LiBeraturpreis a la escritora palestina Adania Shibli por su novela Un detalle menor, ambientada en 1949, durante la creación del Estado de Israel. Este premio, que se concede anualmente a autoras de África, Asia, América Latina o el mundo árabe, reconoce los logros literarios de escritoras de estas regiones.

La asociación encargada de conceder el premio, Litprom, había elogiado la obra «de arte formal lingüísticamente rigurosa, que habla del poder de las fronteras y de lo que los conflictos violentos hacen a las personas». Sin embargo, Litprom decidió repentinamente mediante un comunicado, cancelar el acto. En una declaración publicada en The New York Times, el presidente de la Feria del Libro de Fráncfort, Juergen Boos, expresó su apoyo a la decisión, declarando: «Condenamos enérgicamente el terrible terrorismo de Hamás contra Israel. Semejante terror va en contra de todos los valores de la Feria del Libro de Fráncfort». Además, la Feria del Libro retiró de su programa un encuentro previsto con la autora.

Más de 600 escritores, entre ellos las ganadoras del Premio Nobel Annie Ernaux y Olga Tokarczuk, así como la autora colombiana Pilar Quintana y la escritora canadiense Madeleine Thien, han escrito una carta abierta que revoque esta decisión. En ella, piden a la feria que reconsidere su decisión y tome medidas para garantizar que los escritores palestinos tengan una plataforma para compartir sus historias y perspectivas, para garantizar que sea verdaderamente inclusiva y representativa de todas las voces.

Silenciadas

El ejército israelí no solo controla los servicios básicos y las telecomunicaciones, sino que también vigila la movilidad y reprime a las personas. Expresar lo que se piensa puede llevar a la cárcel, como fue el caso de la actriz árabe Maysa Abdel Hadi. La policía israelí la detuvo en su domicilio de Nazaret, acusándola de «incitación» por sus publicaciones en Internet. Solo tres días antes, una conocida cantante e influencer de Nazaret, Dalal Abu Amneh, permaneció bajo custodia policial durante dos días para luego quedar en libertad bajo fianza, y actualmente se encuentra bajo arresto domiciliario. La policía la acusó de «conducta perturbadora», alegando que sus publicaciones podían incitar a la violencia entre sus seguidores. El post concreto que llamó la atención de la policía era una imagen de la bandera palestina con el lema en árabe: «No hay más vencedor que Dios».

Dada la grave situación de los derechos humanos en Palestina y su impacto específico en las mujeres, organizaciones como Limpal (Wilpf en inglés) y la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM) han hecho un llamamiento a la distensión del conflicto y a la unidad de las mujeres de todo el mundo para evitar más pérdidas de vidas humanas. Naciones Unidas instó a Israel a poner fin a los bombardeos y la represión. Sin embargo, Israel ha hecho caso omiso de estos llamamientos.

Mujeres reconocidas en el mundo del espectáculo y la cultura han sido criticadas y amenazadas por denunciar el genocidio en Palestina. Es el caso de la ex actriz de cine de adultos e influencer Mia Kahalifa, que fue despedida de PlayBoy tras pronunciarse a favor de Palestina en la red social X. Playboy, anunció a través de un comunicado enviado a sus suscriptores que ha rescindido el contrato que mantenía con Mia Khalifa. Esta decisión se tomó después de que la empresa determinara que el apoyo de la influencer a Palestina también iba dirigido al grupo terrorista Hamás.

También ocurrió con Gigi y Bella Hadid, modelos de ascendencia palestina que, tras declaraciones a favor de ese pueblo y en contra de los ataques, recibieron numerosos mensajes violentos y siniestros, que hicieron saltar todas las alarmas dentro de la familia: temían por sus vidas.

Por otro lado, no faltan los constantes ataques en los comentarios hacia las publicaciones en redes sociales de Simi y Haze Khadra, las gemelas idénticas de origen palestino, conocidas por su dúo como Djs, que  han ayudado a aliviar las condiciones de vida de palestinos locales, y que utilizan su influencia para crear conciencia en torno al sufrimiento en ese país, por ejemplo, pidiendo un alto al fuego:

«Pongamos este genocidio en contexto para las personas que no entienden la magnitud de lo que está sucediendo (…) Los niños muertos fueron bombardeados en sus casas, hospitales, escuelas, iglesias y mezquitas. Si no quiere hablar al respecto, lo menos que puede hacer es pedir un alto el fuego para poner fin al asesinato en masa de niños inocentes».

Violentadas

La ocupación y el apartheid israelíes han provocado actos de violencia constantes y selectivos contra ellas, en Gaza y Cisjordania. A menudo son detenidas en puestos de control y sometidas a prolongadas redadas nocturnas que pueden durar días o meses. Muchas han denunciado haber sufrido abusos sexuales, palizas y torturas tras su detención, como se afirma en un informe titulado «Ocupación, conflicto y patriarcado: Impactos sobre las mujeres palestinas», elaborado por la Escuela de Barcelona para una Cultura de Paz.

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA) informó que en aproximadamente el 10% de los hogares palestinos hay mujeres y niñas que evitan las zonas cercanas a los asentamientos israelíes, los puestos de control, las zonas comunitarias, los mercados y el transporte público, por sentirse inseguras.

La comunidad internacional tiene la responsabilidad de abordar la situación de las mujeres palestinas que viven bajo la ocupación. Esto incluye responsabilizar a Israel de sus acciones y abogar por la protección y defensa de los derechos de las palestinas. También significa apoyar el trabajo de las organizaciones de estas mujeres y proporcionarles los recursos necesarios para continuar su vital labor.

Las causas profundas de la guerra y el genocidio suelen estar vinculadas a valores patriarcales que dan prioridad al poder, la dominación y el control. Asimismo, la lucha palestina no puede ser entendida sin tener en cuenta la interseccionalidad. Además de enfrentarse a la ocupación y el genocidio, las mujeres palestinas también enfrentan la discriminación de género y la violencia patriarcal. No puede ignorarse la dimensión de género de la ocupación y la crisis humanitaria resultante. Es esencial reconocer y abordar estas intersecciones. No se puede ser feminista si no se está con las mujeres palestinas, si no se está contra el bloqueo, la ocupación y el colonialismo de Israel, porque todo esto es también violencia de género.

[1] Swaine, A. 2019, «Pursuing gender security» en Sara E. Davis y Jacquie True, The Oxford Handbook of International Security, Oxford University Press, pp. 764-768.

La guerra contra los matices: de Miami al Congreso de Estados Unidos

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De Miami al Congreso
Ilustración: Félix M. Azcuy

«Hablar de matices es dormir con el diablo» fue la frase de la congresista por el distrito 27 de la Florida, María Elvira Salazar, que sintetiza el pensamiento sobre Cuba, Estados Unidos y el mundo en general, de un sector de la comunidad cubana: el anticastrismo antidemocrático macartista. La expresión salió a propósito del testimonio del subsecretario asistente para asuntos hemisféricos Eric Jacobstein, en el que mencionó que tanto el departamento de Estado como la embajada en La Habana llamaban a no usar absolutos al mirar a los nuevos empresarios en Cuba.

Jacobstein presentó la ayuda a un sector privado independiente en la economía cubana como parte de la estrategia de Biden para promover los derechos humanos en la Isla. Jacobstein fue el primer funcionario de esta administración en ir a una audiencia congresional, explicar esa lógica del presidente Obama para Cuba y salirse con la suya. Tan obsesionada andaba Salazar con su fantasía de que los empresarios cubanos eran un «mito» y en excluir a su colega Barbara Lee, que ni la vio venir. Esa complementariedad entre desarrollo económico y mejoría gradual de derechos humanos es incompatible con el esquema de «todo o nada» de la ley Helms, que es una política de cambio de régimen, no de derechos humanos.

Si Jacobstein dijo el pensar de la administración Biden, como se supone, es difícil entender la demora del presidente en levantar las sanciones económicas y financieras que golpean más al sector privado —según estudios del economista Pavel Vidal—, que al estatal. Tómese nota también en los sectores que repiten de cara a la coyuntura electoral el mantra de que Biden ha cambiado poco. Una elección no es un plebiscito.

María Elvira, como es conocida la congresista Salazar en la comunidad por sus incursiones en la TV del sur de la Florida, no entiende nada de eso. Nada identifica más al exilio anticastrista y antidemocrático que una cosmovisión binaria de dualidades absolutamente claras: ellos/nosotros, bien/mal, castristas versus anticastristas, comunistas versus anticomunistas. No hay espacio ni legitimidad para terceras posiciones, ni matices. «Si Dios está contigo, ¿quién contra ti?» era el lema de sus primeras campañas mediáticas cuando pasó de canales hispanos con alcance nacional, a servir y ser servida desde la cultura autoritaria del enclave cubanoamericano de Miami. Si Dios está con Maria Elvira ¿Quién puede estar contra sus posturas? El Mal y solo el mal.  Con la Biblia cristiana en una mano y la mentira macartista en la boca.

Salazar no ha creado esa «visión» de hacer política, pero se educó en ella, y se ha beneficiado de ese maniqueísmo. Trató un tiempo de salirse de esa adicción, pero como los borrachos secos, casi llega al otro extremo. Años antes, se refirió a Fidel Castro con el título de «comandante» y «héroe romántico», sin embargo eso no les importa a sus seguidores, porque estaba tratando «de triunfar», haciendo su trabajo, que era lograr una entrevista, a lo que costase. Por eso puso su foto con Fidel Castro en su oficina congresional. Logra lo que se propone.

Despacho de María Elvira Salazar con la foto de su entrevista a Fidel Castro
Despacho de María Elvira Salazar con la foto de su entrevista a Fidel Castro / Foto: Cuenta de X de María Elvira Salazar

Criticar la gestión del gobierno cubano y a la vez discernir las responsabilidades que tiene en los males del país la guerra económica contra Cuba, que no se aflojó ni en medio de la pandemia global de covid-19 es —según Maria Elvira— distraer. Hay que estar claros: toda la culpa es del «régimen». Cuba en 1959 era «una tacita de oro», «una joyita». Es el mismo pensamiento dicotómico que un tiempo atrás, en Cuba revolucionaria, culpaba al bloqueo de todo. Ahora es lo mismo, al revés. Analizar con colores y matices es confundirse.

María Elvira retoma acusaciones de quinta columna, agentes de influencia y complicidad con el «peor y más cruel régimen, que ha cometido los crímenes más atroces del hemisferio desde que Cristóbal Colon pisó estas tierras en 1492». ¡Fuerte el numerito!  ¿Y la esclavitud? ¿Y los múltiples genocidios desde la colonización y hasta en la década de los ochenta en Guatemala? ¿Y la reconcentración de Weyler? La visión de la congresista «historiadora» sería un gran aporte al estudio de la historia. Si pudiese sustentar lo que dice.

Exclusión ideológica contra la congresista Barbara Lee

En el diseño de los padres fundadores, el Congreso es la piedra angular de la República americana. La deliberación en esa institución de representantes de los más diversos intereses del país, o por lo menos de sus elites, fue concebida para encontrar soluciones ilustradas. La República no puede funcionar si la deliberación es sustituida por la exclusión de los oponentes.

María Elvira Salazar, que dice representar a los cubanos en el congreso, debería dedicar un tiempo a leer los Federalist Papers[1]. En Estados Unidos, no hay un soviet de las nacionalidades. La representación es solo territorial, no étnica. El sub-comité de asuntos hemisféricos no es de Salazar, es del congreso. Diga lo que haya dicho Barbara Lee, tiene la misma representatividad para hablar de la política hacia Cuba que cualquier miembro del congreso, incluyendo Salazar. En un orden que prioriza a los miembros, es cortesia dejar hablar en la instancia a quien esté allí por mandato de los electores.

A nadie que conozca a Salazar le puede sorprender que excluyó de la sesión de «su» subcomité a la congresista por California Barbara Lee, ahora candidata para el Senado. Es otro ataque del exilio radical anticastrista contra las instituciones y la cultura democrática de Estados Unidos, que cada vez le sirven menos, prefiriendo a candidatos no comprometidos con estas como Donald Trump. La exclusión no solo está motivada por las perspectivas de la afronorteamericana con respecto a Cuba; frente al «diablo», pedir matices —o incluso prudencia— en las relaciones internacionales, es un santo pecado. En el caso de la congresista cubanoamericana, el todopoderoso le murmura al oído con dos voces: las del excongresista Lincoln Díaz-Balart y el comentarista de Youtube, Alex Otaola.

Bárbara Lee
Bárbara Lee / Foto: CNN

La doctora Yleem Poblete, experta en sanciones y ex staff del Congreso se refirió al incidente en un twit, estableciendo un histórico contraste: «Mi amiga y ex jefa, congresista y ex presidente del comité de relaciones exteriores de la Cámara Ileana Ros-Lehtinen discrepó en el tema Cuba y otras cuestiones de Barbara Lee. Sin embargo, ella le dio la bienvenida a debatir en las audiencias del congreso, en las sesiones del comité, o en el pleno de la cámara». Hasta la congresista Debbie Wasserman-Schultz, cuyas posiciones anti-gobierno cubano difieren poco de las de María Elvira, tuvo que irse.

Barbara Lee ha tenido el tino de ser la única congresista que en ocasiones, ejerciendo el balance y contrapeso de poderes, se ha opuesto a varias intervenciones militares que no han sido adecuadamente explicadas, según el criterio propuesto por el general Colin Powell, para evitar otra derrota estilo Vietnam.

Ese «nunca más» implica la responsabilidad de evitar las pesadillas causadas por aquel desastre en el sudeste asiático para el presupuesto estadounidense, los hombres y mujeres que sirven al país en uniforme, y el pueblo estadounidense en general. Su insistencia en la diplomacia, los matices, y la búsqueda de entendimientos al estilo de la experiencia de la lucha por los derechos civiles, son una pesadilla para la base del distrito 27, donde están Hialeah y la pequeña Habana.

Es difícil pensar que alguien que tomó cursos en la Universidad de Harvard se pueda creer que el mundo funciona en blanco y negro, pero así funciona esa zona de este exilio dado a perdonarlo todo, menos los matices. El «exilio cómodo» los llamó una vez María Isabel Alfonso refiriéndose a la simpleza de las etiquetas con las que dividen todo en política desde la cuna a la tumba, sin necesidad de pensar.

La mala educación

En el Miami del todo vale, menos la coherencia en las posturas intelectuales, lo que ha hecho su congresista, desde expresar admiración al «romanticismo» del «Comandante», a excluir a Barbara Lee de su subcomité, es juego limpio. Se trata de una comunidad donde no importan ni siquiera los «pecados» cuando se actuaba con decisión del lado castrista. Todo se perdona a cambio de la incorporación.  El cruce del estrecho de la Florida se convierte para el converso en un baño en el Jordán. Es un nuevo bautizo siempre que se acepten los nuevos dogmas anticastristas, con la misma pasión que se defendió los anteriores de signo inverso. Otaola viene de Savonarola.

Así ha sido la educación del enclave descrito, primero por Joan Didion en su libro Miami y luego en Cuba confidential, de Anna Louise Bardach. En esa visión, la democracia liberal como proceso no tiene méritos propios. Es un pretexto, un código, para la lucha anticastrista, que es arte y parte de la causa mayor, «contra el comunismo por los caminos del mundo». El caso de Elian González no era —según la vanguardia macartista— un litigio de «custodia legal», era continuidad de la lucha a muerte entre castrismo y anticastrismo.

No hay leyes ni normas sobre el deporte o la cultura a respetar, ni siquiera la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos o la visión de Benjamin Franklin sobre los lazos familiares, con su hijo por encima de la política. ¡Cómo se parecen a lo que dicen combatir! Revolucionarios descontentos con la revolución. Las leyes ni las instituciones tienen valor si no sirven para la batalla contra Fidel, «cuadra por barrio, barrio por pueblo, país en lucha», contrarrevolución.

La lucha por llevar su «democracia» a Cuba no es por la defensa del modelo de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Es la aspiración por extirpar todo lo que definen muy ligeramente como «izquierdismo», «comunismo» o «castrismo». En ese «paquetico» cabe todo el que no piense como dicta la cultura del enclave —se ha llegado incluso a hablar de «tres días para matar»—. Hablar de derechos humanos solo sirve si es un pretexto para darle al gobierno de Cuba por la cabeza, con un bate de béisbol.

María Elvira Salazar
María Elvira Salazar / Foto: Instagram

No es extraño entonces que los que exigen esos derechos —tal y como se entienden en el derecho internacional— en el enclave constituyen parte del problema. Son «liberales», «izquierdosos», «comunistas» o «viajeros acompañantes» que, como dice Salazar, hablan en matices y por tanto «duermen con el diablo». No ayudan a llegar al «hambre y desesperación» en Cuba que refería el memorándum de Lester Mallory, cuando propuso esa forma de lidiar con la popularidad de Fidel Castro. Para ese anticomunismo de guerra fría, no tiene sentido un debate con reglas y cortesía congresional sobre las micro, pequeñas y medianas empresas en Cuba.

Esa base tiene una preferencia por la bronca, y hasta la intervención militar que es su panacea, la condición para su «Yakarta ya viene»; el mensaje de los golpistas de «Patria y Libertad» en Chile en las vísperas del golpe de 1973, el anuncio de que iban a extirpar el cáncer de los izquierdosos, incluso físicamente. Así lo hicieron. Curioso uso de analogías médicas por este grupo: en un territorio con un 90% de inmigrantes, repite y aplaude la frase de Donald Trump de que los «inmigrantes ilegales» son un «veneno para el alma de la nación». ¿Con qué legalidad entraron la mayoría de los cubanos a Estados Unidos?

Es un error mirar a ese Miami con ojos de Estados Unidos postguerra fría buscando un conservadurismo coherente a la Milton Friedman, Hayek o Edmund Burke. Como ha explicado el columnista liberal del sur de la Florida Tim Padgett, este grupo —que incluye pero no empieza con los proud boys lidereados por el cubano-americano Enrique Tarrio, condenado a décadas de prisión a raíz del asalto al capitolio— era trumpista antes que Trump. Allí, todo lo que importa es aplastar al oponente, y si para eso hay que asaltar el Capitolio o derribar un avión sobre Barbados en pleno vuelo, se hace. Esa es su «democracia».

A quien dude de hasta dónde puede llegar esta gente, que mire a sus héroes y villanos. Entre estos últimos están los «dialogueros» que quieren proponer la «reconciliación con el mal». Para ese «mal» está el asesinato, el tiro en la nuca a ciudadanos o residentes bajo las leyes estadounidenses o el cierre de filas con dictaduras anticomunistas como la de Pinochet. Entre las leyes y «la militancia incondicional e intransigencia» escogen estas últimas «cualidades».  

Los «luchadores por la democracia» fueron los que mataron a Luciano Nieves, a Eulalio Negrín, a Carlos Muniz Varela, y le volaron las piernas a Emilio Milian. Violando sin escrúpulos las leyes de Estados Unidos y del mundo. Hasta las instituciones norteamericanas los han llamado «terroristas» en ocasiones. Celebraron el golpe de Pinochet contra el presidente mártir de la democracia, Salvador Allende. Fueron a Roma a ponerle una bomba al vicepresidente demócrata cristiano Bernardo Leighton —que dejó incapacitada para caminar a su esposa— bajo la presidencia de Eduardo Frei. Volaron en pedazos el auto de Orlando Letelier en Sheridan circle, en el corazón de la capital estadounidense, con dos ciudadanos norteamericanos a bordo.

Todos los que hicieron los hechos antes mencionados son celebrados como héroes en el Miami anticastrista. La congresista Salazar lo confesó en su testimonio en el juicio contra Luis Posada Carriles en El Paso, Texas. «Él (Posada) es alguien a quien la comunidad cubana exiliada tiene en alta estima». ¿Por qué? Posada le agradeció a María Elvira su ayuda cuando, entre risitas, testificó que la reclamación por el terrorista de la organización de los bombazos en La Habana contra instalaciones turísticas, donde murió un turista italiano, no era una «admisión literal».

Dios y el diablo en el Congreso

La «lucha» por impedir la deliberación y la cortesía congresional tiene sus raíces en la coyuntura que se creó entre 1959 y 1961. Miami es una ciudad del sur de la segregación, marcada por las huellas del macartismo y el debate de «¿Quién perdió China?», como si los países fueran cosas para perder por Estados Unidos. Hoy, con dinero del contribuyente estadounidense, se indoctrina sobre la traición del presidente Kennedy a los brigadistas de Bahía de Cochinos. El fiasco de Girón —en esta visión del enclave— no estuvo en violar el derecho internacional para organizar y patrocinar una expedición armada contra un Estado soberano, o pretender ahogarlo con sanciones para causar «hambre y desesperación». La «traición» de Kennedy y los liberales fue atreverse a no sacrificar todo, incluyendo los intereses y valores democráticos de Estados Unidos, en el altar del anticastrismo.

En esa línea, Salazar tiene sus formas peculiares de analizar los hechos internacionales. Según ella, Biden es responsable de «perder» varios países de América Latina, Brasil, Chile, Honduras, y Colombia. El último es Colombia, donde el actual presidente norteamericano no se ha «puesto los pantalones» ante la elección de Petro. ¿Qué quería la luchadora por la democracia ante la voluntad del pueblo colombiano expresada en las urnas?

Petro les ha dicho que quisiera ver el fin de la injusta inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo del departamento de estado. La congresista de California Sydney Kamlager-Dove, quién si ha viajado recientemente a Cuba y es miembro del comité le pidió a Eric Jacobstein que explicara la presencia en la lista. Ese fue el único momento cuando el vicesecretario adjunto lució mal: no aportó una sola razón, balbuceando sobre un procedimiento que la administración Biden ha irrespetado.

 Se supone por ley que el departamento de Estado analice si el gobierno cubano ha apoyado actos de terrorismo internacional. Si ese no es el caso, pues corresponde que lo reporte al congreso. No es complicado. Las palabras deben decir lo que indican. No es una lista, si se quiere conservar su credibilidad como instrumento de política exterior, para poner cualquier discrepancia con Washington o los que dominan en Miami.

En la defensa de sanciones contra Cuba, Marco Rubio y la propia María Elvira Salazar argumentan que el bloqueo no son las reales sanciones, sino las del propio gobierno contra el pueblo de Cuba. Si las sanciones estadounidenses no son reales y son un pretexto del gobierno cubano, uno se pregunta ¿por qué no quitarlas? Según Salazar y sus colegas Mario Díaz-Balart y Carlos Giménez, estas medidas unilaterales coercitivas van contra un país donde todo es absolutamente controlado por el comunismo. No pueden afectar al creciente sector privado cubano, pues este no existe.  

María Elvira Salazar criticando el sector privado en Cuba
María Elvira Salazar criticando el sector privado en Cuba / Foto: Cuba Contacto

No importa que la Embajada Estadounidense en La Habana haya organizado encuentros con las llamadas Micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), confirmando así su clara existencia. Para Salazar, todo es una conspiración del «cambio fraude» y no es posible la empresa privada porque Cuba es un Estado totalitario. Por definición, si no se cae el gobierno y cambia todo, nada cambia. En fin, Maria Elvira sabe  muchas cosas que no son verdad.

Si el lector se perdió entre acrobacias retóricas y absolutos, tampoco se sorprenda. Así le pasó a todo el que trató de seguir la audiencia que terminó con Salazar diciendo que quería ayudar al mismo sector que decía que no existía.

«Conocer es resolver» —escribió José Martí. A pesar de María Elvira hubo deliberación en el Congreso. Los demócratas del subcomité le leyeron la ponencia de Barbara Lee en su propia cara de pocos amigos. La audiencia aportó la certeza de que la ceguera ideológica y las manipulaciones bíblicas de Salazar no son el camino para una política norteamericana hacia Cuba, con la dignidad —o al menos inteligencia política— que se espera de una gran potencia, que además reclama el manto de la promoción democrática.

[1] Los Federalist Papers son una colección de ensayos escritos en la década de 1780 en apoyo a la Constitución de los Estados Unidos. Los ensayos argumentaron que la Constitución equilibraría los intereses de diferentes facciones, evitaría la tiranía y proporcionaría controles y equilibrios entre las ramas del gobierno.

Incluso para morir hay que llegar a tiempo

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morir-ataúd
Ilustración: Félix M. Azcuy

Llegamos a la funeraria antes del muerto, antes de los carros de servicios necrológicos, antes de saber que los cadáveres hacían colas, antes de la autopsia en el hospital, antes de todo. La oficina parecía un ataúd pequeño, con buró de madera, papeles fotocopiados, dintel curvo –como la parte superior de una caja, tamaño humano promedio– y una salida al fondo, que en cualquier momento alguien taparía.

M, el hijo, se sentó frente a la mesa en una de las sillas para familiares. Z, la hija, en la otra. Yo me quedé de pie entre ambos, esperando las primeras palabras del coordinador.

—Para el crematorio se dan seis turnos a la población y dos para dirección —soltó en carretilla—. Si el fallecido demora 24 horas sin llegar al crematorio, aunque tengan el turno, ya no clasifica para cremar, así que hay que ir directo a enterrar.

—¿Directo a enterrar? —Z alzó la voz con indignación y se le mezcló con acento italiano— ¡Pero ella no quería nada de eso! —y me miró con las manos en forma de capullo como quien dice Non capisco niente.

—¿Dirección? —pregunté yo— ¿Qué cosa es eso?

Z se encogió de hombros cuando ¡Ay mi hijo!, gritó una mujer en la capilla a nuestras espaldas. Ambas nos giramos a ver qué pasaba más allá de la oficina-ataúd del coordinador. ¡Ay mi hijo!, volvió a decir entre sollozos, inundando el aire caliente de la funeraria.

—¿Y a quién dejaron en el hospital? —la voz del coordinador nos agarró por sorpresa.

—¿Dejar a alguien? —preguntó M.

—Si ustedes no dejaron a nadie allí, echan el cadáver a un lado y cuelan a otro que sí tenga la familia allí haciendo presión —con sus espejuelos amarillentos a punta de nariz el coordinador mira un documento y hace una advertencia—, los muertos no se pueden dejar así allí.

Sí, claro, quién lo hubiera previsto, los muertos no pueden quedarse solos, hay que cuidarlos, los muertos necesitan que los ayuden con el turno. La cola de los muertos también tiene coleros y hay que evitar que otro muerto se cuele, a no ser que sea el tuyo. Sobre todo si es pasado el mediodía, la noche viene corriendo, y corriendo se va la gente a su casa, y corriendo se van las horas en que los muertos cumplen y sobrecumplen el tiempo reglamentario de un día. Cremar es un privilegio. Tienes que llegar a tiempo, ser parte de los seis permitidos de la población, porque dirección no sabemos qué es, aunque parece ser un eslabón más arriba de muertos privilegiados. Y tiene sentido, porque como aquí esos son los menos, pues hay pocas plazas.

—¿Y entonces? —pregunta Z, que llegó hace dos días a Cuba.

Pausa:

M se pasa la mano por la cabeza. Sé que está desesperado. Sé que quiere gritar. Lo conozco. Quiere gritar pero se contiene. Siempre hace lo mismo, encerrarse, no sé dónde, nunca alcanzo a ver dónde pero es lo que hace. Lo conozco.

Fin de la pausa.

—Voy a llamar a Fulana —dice resuelto y empieza a buscar un contacto en el celular.

Z vuelve a mirarme con ese gesto de las manos: Non capisco niente.

Fulana, ¿tú todavía estás en el hospital? Porque necesito que te llegues a admisión.

Fulana ya estaba en la parada, pero va a cruzar la calle para regresar al hospital. Todo depende de eso: la cola, el turno, el crematorio, los privilegios.

El coordinador coordina las muertes —lamentablemente— jamás coordinadas de los que se han ido para des-coordinar familias y lanzarlas a su buró de coordinaciones. Y si no coordina, advierte, para que coordinen otros la cola, el turno, el crematorio y los privilegios.

—¡Pero no la pueden enterrar! —Z se gira al coordinador y repite lo que ya sabemos—. ¡Ella no quería eso!

—No se preocupe —dice el coordinador en un tono hasta ahora inédito—. Vamos a ver qué podemos resolver —suena tranquilizador—. Siempre todo se puede resolver.

Resolver. El coordinador ahora coordina cómo resolver. Habla por teléfono, Es que tengo una familia aquí que tiene un familiar en… ¡Ay mi hijo!, de nuevo la voz de una madre mutilada… y necesitan resolver el turno… ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Con quién habla?, la del crematorio ¿no? Sí, esa misma. Mira, se lo llevan. Ay, mi niño, qué es esto, mi niño… la desesperación es esto. Está bien, perfecto, cuando el fallecido esté aquí, que te llamen Ay, no, y resuella en el aire caliente otro lamento, y te pones de acuerdo con ellos, dice el coordinador en el teléfono sin ver la entrada a la capilla y la gente con rostros moteados de rojo en las narices y los ojos. Ya se van, Dios mío, la pobre. Se lo llevan en un ataúd azul tamaño humano promedio, y cuelga el coordinador al mismo tiempo de los sollozos y los pasos que siguen al hijo muerto: una procesión de lágrimas y pañuelos y flores y quejidos compartidos.

Hay cosas que uno aprende temprano en la vida, como que el dolor tiene manía de llanto.

—¿Vieron? ¡Todo resuelto! —alardea el coordinador con una sonrisa fugaz y vuelve a mirar un papel—. Veo aquí que falleció a las 12 y 20, esperemos que esté aquí antes de las 12 y 20 de mañana.

Los tres nos miramos sin saber qué decir, así que vuelve a las advertencias:

—¿Y la ropa la trajeron?

—Ropa —repite Z.

—¿Qué ropa? —pregunto yo.

—La ropa para vestirla —explica el coordinador que también resuelve.

— ¡Pero si vamos a cremarla!—insiste Z.

Pero no importa. Z sigue sin entender algunas cosas, aunque ha entendido otras. Z entendió que los muertos hacen cola, que los muertos esperan, que otros muertos se cuelan y que entre ellos hay muertos con privilegios. Pero a Z no le han dicho lo que están a punto de decirle. Que los muertos, a pesar de todo, no tienen voluntad, no cuentan con margen de maniobra, no pueden decidir y si los vivos deciden pues los muertos ya no. Entonces nadie decide no ser velado, ningún muerto puede exigir ir directo a la tumba o al crematorio sin antes posar cuatro horas para el tétrico regodeo de los vivos en una caja claveteada, con ropa bonita que incluye medias en los pies y las manos para evitar ver cosas desagradables como que un dedo empiece a descomponerse cuando todavía no se secan las lágrimas de la hija.

Por eso pensé en ese momento que Z debió haberlo sabido antes, allá en el hospital cuando le habían prometido un lugar pequeño y cerrado para varias cosas: un último abrazo, poner orden a las palabras que siempre serían insuficientes y llorar sobre un rostro que ignora todo.

Z debió haberlo sabido cuando vio que se llevaban a su madre y tuvo que invocar a gritos el derecho a su tardía despedida.

—Entonces, además de que puedan demorarse en el hospital —M intenta ponerle orden al día— y que hay que esperar un turno del crematorio, ¿también hay que esperar obligatoriamente cuatro horas aquí?

—Sí —respondió el coordinador.

***

(Incluso para morir hay que llegar a tiempo).

***

Ya había oscurecido cuando Z se mecía en uno de los sillones de nailon rojo de la capilla sorprendentemente pulcra, blanca y gris, con una cruz pintada en la pared que hacía de fondo de los ataúdes. En una bolsa a sus pies, la ropa exigida, un pan con queso y agua para M, pero él se había negado a comer. Caminaba entre los sillones con la mirada en el piso y una mano en la cabeza después de pagar 250 pesos por una llamada:

—Oye, hay un fallecido en el Ameijeiras que hay que ir a recoger —había dicho el chofer desde su celular; los 250 pesos en el bolsillo—. Cuando llegues aquí busca a la familia que ellos te van a salvar. Yo tengo cinco cremaciones todavía —se justificó.

Pero había demasiado fallecidos, escasez de gomas y solo dos carros en la calle, así que M caminaba entre los sillones, con la mirada en el piso y una mano en la cabeza.

La otra capilla estaba atestada de gente silenciosa y miradas furtivas que también esperaban su muerto.

Llegó un carro escuché a alguien de pronto. La ansiedad antes contenida se precipitó a la oficina del coordinador reuniéndonos para descubrir al recién llegado. Un gesto con el dedo a los otros familiares, tristes vecinos de suerte, indicó que no era el nuestro. Pero la expectativa duró poco deshecha: no alcanzamos sentarnos cuando llegó el segundo carro con un chofer para salvar y una madre para vestir.

Una puertecita de madera, desapercibida en el patio tras la oficina del coordinador, se abrió y cargaron a la madre hasta una camilla. Yo alcancé a ver los pies blancos que la sábana no cubría, los pies abandonados por Rosa, antes de que la puerta se cerrara por varios minutos.

Volvió a abrirse en el momento en que Z salió a esperar que el chofer y M pudieran sacarle los clavos al mismo ataúd azul oscuro que antes había ocupado un hijo.

Me giré de espaldas como una huida y esperé en la capilla, lejos, bien lejos de la cruz, bajo la cual colocaron a Rosa.

—No se preocupen —nos dijo el coordinador amigo del chofer salvado— ahora yo empiezo a hacer las planillas y cuando estén les aviso. Las planillas demoooran —aseguró—, así que paciencia.

Eso, el coordinador coordina, resuelve, hace preguntas y pide paciencia. Otro que hay que salvar.

—Recuerda que tú eres mi hombre aquí —le dijo descaradamente M con una sonrisa, a pesar de estar invadido de escombros, a lo que el coordinador asintió satisfecho.

En lo que se iba intuí que a Z ya no le importaba repetir nada porque mientras algunos conocidos llegaban, se quedó inmóvil mirando dentro de la caja azul.

Silencios, balance de sillones, voces bajas. Suspiros, llantos rodeados de diques. Z acariciaba el ataúd como si metiera los dedos entre el pelo de Rosa y se quedara allí, jugueteando a dar cariño, con una delicadeza que me apretó el cuello y me lanzó fuera de la capilla, fuera de la funeraria, a la calle indiferente, para respirar.

Al regreso, el aire se había impregnado con el olor de los gladiolos que alguien había puesto encima del ataúd.

***

En otros países existe la figura de Funeral Director. Ellos son los que coordinan todo. A mí me suena a un director de orquesta todo de negro y batuta en mano. La música son los compases del silencio interrumpido por las voces bajas que acomodan muebles para los dolientes. Enfermos de tristeza llegan a sus asientos en la platea para el espectáculo de lo triste. Los más cercanos tienen sus puestos reservados en los palcos.

Ahí el dolor tiene otro nivel, un nivel de altura y clímax sostenido.

***

Dos horas no se van tan mansas de una funeraria. Nunca se van sin ofrecer resistencia. Por eso la jefa de M vino a hacernos cuentos extraños sobre muertos demasiado anchos para los ataúdes que hay que quebrarle un tanto los brazos para que quepan dentro, o sobre una mujer que hizo las 24 horas reglamentarias en la cama de la casa antes de que llegara el carro de servicios necrológicos. Esos no son los muertos privilegiados, son los muertos pobres. Para resolver, quizá diría el coordinador, hay que tener suerte, y hasta un poco más.

Pero a partir de las 12 el tiempo va diferente, a ritmo de madrugada, terriblemente más lento.

—Las planillas están listas —anunció el coordinador.

M y yo nos miramos. Nos entendemos. Él se va con el que resuelve y yo salgo a resolver un chofer.

—Ay, mami, no sé, depende de la familia —finge dudar desde la piquera.

—Háblame claro que necesitamos ir para el crematorio ya —le digo sin titubeos.

Pero siguen las colas, otros hospitales con fallecidos por salir, otras cremaciones pendientes y otras familias exigiendo y llorando, llorando y exigiendo porque no hay nada más que hacer en medio de la pérdida, además de lidiar con la rabia, caminar de un lado a otro, tener la mirada perdida o fumar.

—Bueno, mami, 2 patas pa resolverte.

Y le doy 2000 pesos a M, que solo le quedan 500 en la cartera.

—Me aseguró que ya venía —le dije—. ¿Qué dicen del crematorio?

—Que en cuanto llegan me pasan y ya tú sabes, tengo que dar allí también.

A partir de aquí el coordinador ya no coordina nada, ni resuelve, ni pregunta, ni pide paciencia.

La caminata hasta el crematorio es lenta, huele a sueño y a inconformidad. Densa la oscuridad entre las casas bajas, una al lado de la otra, donde otros muchos duermen, en un contraste sin nombre, el descanso breve y nocturno de los vivos.

Y de nuevo la espera y la cola de los muertos.

Un equipo roto pero se resuelve.

Hora de entrega de las cenizas: 4:40 am.

Burlada la burocracia de la muerte, vencidos los planes y los tiempos y los turnos, se van las manos llenas con la urna, y los bolsillos anoréxicos.

En el regazo de su hija, Rosa regresa a Fontanar al amanecer en un P12 vacío y silencioso.

 

*Esto sucedió en febrero de 2023 en la funeraria de Santiago de Las Vegas, en La Habana. Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de las personas.

Rectificación de errores 2.0 y más

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rectificación de errores
Ilustración: Félix M. Azcuy

La nueva «rectificación de errores»

Fue noticia la primera reunión del Consejo de Ministros en 2024, que ocurrió esta semana, y pasó revista a los principales problemas que enfrenta Cuba en medio de la actual crisis económica.

Díaz-Canel, al frente de la reunión, dijo que las medidas del «programa de estabilización económica» son «necesarias e impostergables».

El presidente cubano respondió, en varias ocasiones, a quienes responsabilizan al gobierno con el empeoramiento de la crisis. Insistió en que las disposiciones anunciadas no equivalen a «un paquete neoliberal» y que el plan para crecer económicamente, reducir la dependencia de importaciones y aumentar las exportaciones, beneficiará a la mayoría de los cubanos.

«¿Qué paquete neoliberal en el mundo empieza aumentando ingresos a dos sectores de la sociedad como son la Salud y la Educación?», comentó. «Los paquetes neoliberales empiezan precisamente quitando presupuesto y privatizando todo eso».

El impacto social que tienen las medidas, fue uno de los caballos de batalla del discurso de Díaz-Canel. Se refirió a «las nuevas casitas infantiles» que se están abriendo a lo largo del país y a un programa para recuperar los consultorios médicos comunitarios.

Lo más novedoso de la reunión fue el lanzamiento de procesos de consulta con los militantes de organizaciones políticas y funcionarios gubernamentales para «reafirmar la necesidad e importancia estratégica de la unidad».

Específicamente se informó de la próxima discusión de un documento político titulado «Conceptos básicos para la corrección de desviaciones y tendencias negativas en la sociedad cubana».

Asimismo, Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC), puntualizó que el documento tiene su antecedente en el conocido programa partidista que impulsó Fidel Castro, con nombre parecido, en la década de 1980.

Por su parte, Manuel Marrero, el primer ministro, admitió que han recibido críticas de la ciudadanía por planificar «medidas que no han logrado transformar los problemas», refiriéndose sin duda a la «Tarea Ordenamiento».

«Ya el pueblo no exige más de nosotros esfuerzos, sacrificios, consagración; el pueblo exige de nosotros resultados», observó Marrero.

Esto significa que, por una parte, al gobierno no le ha quedado de otra que reconocer la crisis y las inconformidades que cada vez se hacen más visible en la ciudadanía. Por otra, implica una puesta por hallar consenso respecto a las últimas medidas, al menos entre sus partidarios formales.

La cita casi textual de la política promovida por el máximo líder de la Revolución en 1986, es una estrategia para conseguir legitimidad entre «revolucionarios» que desconfían de la gestión gubernamental como nunca antes.

Una lectura minuciosa también deja percibir las diferencias entre los discursos de quienes hoy acumulan las principales cuotas de poder visible en la Isla, siempre veladas bajo el manto de la «unidad revolucionaria».

Díaz-Canel se centró en justificar la gestión actual del gobierno, Morales Ojeda en intentar rescatar fórmulas del pasado. Mientras, Marrero Cruz se apartó de los discursos triunfalistas al reconocer que el escenario no va a cambiar, para luego hacer un llamado de atención sobre la necesidad de transformar la economía sin esperar a que «caigan del cielo los combustibles y las divisas».

Nuestra opinión es que los objetivos principales del paquete de medidas son válidos y están correctamente enfocados, pero el plan propuesto hasta el momento está lleno de lagunas e incongruencias.

Presentar un documento que remite en su título a un contexto de hace tres décadas, y con la URSS aún en pie, no pasa de un intento vago de legitimar —sin muchas posibilidades de éxito— las reformas anunciadas y las que probablemente falten por informar.

Por otra parte, la denominada «rectificación de errores» impulsada por Fidel, fue la respuesta puntual a la apertura que intentaba por esa época la Unión Soviética y, si bien impulsó la construcción de obras públicas y un debate sobre los mecanismos de control popular, representó un portazo a las reformas económicas que demandaba la economía cubana, cuya tardanza estamos pagando aún.

Evocar ese gesto de cierre, muy contextual, cuando Cuba enfrenta una crisis que necesita de un plan audaz y urgente, pues ninguna potencia externa subvencionará su economía, deja más preocupaciones que certezas.

 

Adiós, ministros

Fue noticia este 2 de febrero que Alejandro Gil Fernández dejó de ser viceprimer ministro y ministro de Economía y Planificación. Además de Gil, fueron «liberados de su cargo» Elba Rosa Pérez Montoya, la titular de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, y Manuel Santiago Sobrino Martínez, hasta el momento ministro de la Industria Alimentaria.

En su lugar fueron designados Joaquín Alonso Vázquez — actual ministro presidente del Banco Central de Cuba— para la cartera de Economía, Eduardo Martínez Díaz — actual presidente del grupo empresarial BioCubaFarma— para la de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), y Alberto López Díaz —actual gobernador de la provincia de Villa Clara— para la de Industria Alimentaria.

La promoción de Joaquín Alonso Vázquez como ministro de Economía y Planificación dejó vacante la presidencia del Banco Central de Cuba. Para ocupar ese cargo fue nombrada Juana Lilia Delgado Portal.

La nota oficial declara que a los ministros reemplazados «se les reconoció el esfuerzo» y que «les será asignadas nuevas misiones». En el caso de Pérez Montoya y Sobrino Martínez se especifica que la liberación ocurre «por renovación», aclaración que no se repite para Gil Fernández.

Esto significa que la desesperación del gobierno ante la crisis ha ido un escalón más arriba y que se está apostando por oxigenar espacios de poder claves, viciados por una gestión deficiente, en particular el Ministerio de Economía y Planificación.

Con respecto al CITMA el nombramiento pudiera significar una apuesta del gobierno a fortalecer el papel de la ciencia en la economía del país con un ministro que hasta el momento de su nombramiento dirigía el grupo empresarial de ciencia más exitoso de la Isla.

Con respecto al nuevo ministro de Industria Alimentaria —Licenciado en Educación—, nada en su biografía indica que tenga alguna experiencia en el área que dirigirá y que también tiene un papel clave en la solución de la crisis actual.

Opinamos que estas sustituciones, en general, son bienvenidas, aunque no tendrán un impacto inmediato en el desempeño de esas carteras. Ningún ministro, por influyente que sea, puede arreglar por sí solo una economía descapitalizada y desordenada. Es necesaria una transformación estructural que trasciende el poder de cualquier ministerio.

Por lo pronto, estos reemplazos sirven para ganar tiempo y en el futuro próximo contribuirán a darle frescor político y mediático a las medidas que se implementarán para «estabilizar» al país. No obstante, si estas no son debidamente planificadas e implementadas, de poco servirá cualquier renovación para acallar la impaciencia de una ciudadanía que ya no quiere ni puede esperar más por los resultados prometidos.

 

Un «virus» que retrocede el tarifazo  

Y fue noticia, poco antes de esta «renovación» de los ministerios, que una de las medidas más polémicas del «programa de estabilización» anunciada hace pocas semanas por el gobierno, quedó suspendida por ahora.

Se trata de los precios del combustible, que el gobierno aumentó significativamente para los nacionales en pesos cubanos, a la vez que aprobó la venta en divisas para los turistas. La medida debió entrar en vigor el 1 de febrero, pero un día antes la viceministra primera de Economía y Planificación, Mildrey Granadillo de la Torre, anunció el aplazamiento sin especificar plazos.

Un «incidente de ciberseguridad» fue la razón presentada a la opinión pública por la funcionaria para no efectuar la subida de precios planificada. Se trató de «un virus desde el exterior», reveló, y agregó que «estamos haciendo una investigación». Según sus declaraciones, quedaron afectados los sistemas informáticos que gestionan la comercialización de combustibles.

Granadillo de la Torre no ofreció más detalles. Enfatizó en que esta subida de precios «es necesaria», con el objetivo de «incentivar el ahorro» y «contener la demanda».

En verdad, el propósito de la medida va más allá. Cuando las disposiciones fueron anunciadas, el ministro de Energía y Minas Vicente La O Levy dijo que buscaban «equiparar los precios [de los combustibles] a la tasa de cambio oficial que tenemos hoy en el país» y admitió que también se pretendía «recaudar divisas».

De inmediato los clientes nacionales plantearon en las redes sociales la preocupación de que la decisión de separar el mercado en distintas monedas, podría provocar desabastecimiento en los servicentros destinados a vender en pesos cubanos.

Asimismo, varios expertos apuntaron que tendría un efecto inflacionario encarecedor de otros productos y servicios. «Si el transporte que contrata un negocio como una dulcería para mover la harina aumenta, esa dulcería compensara ese monto aumentando el precio de los dulces» sentenció el economista Omar Everleny en un texto publicado en esta web.

Esto significa que no debemos esperar una implementación regular del paquete anunciado. La suspensión temporal de lo que parecía una medida urgente, pone en evidencia que el gobierno, más allá de cualquier excusa que tenga, está pisando un terreno movedizo y no quiere arriesgarse a tomar otras decisiones erróneas de alto costo político.

Nuestra opinión es que la subida de precios del combustible es inevitable, pero si no se garantiza cuidadosamente el abastecimiento bajo las nuevas tarifas, en vez de una solución, el gobierno habrá encontrado un nuevo problema.

Hoy un litro de gasolina en el mercado estatal cuesta menos de la cuarta parte de un litro de refresco en el privado. Las razones para subir los precios, lamentablemente expuestas con incoherencia por los funcionarios a cargo, están justificadas.

Sin embargo, eso no basta para que la aplicación de la medida sea exitosa. La desconfianza de la ciudadanía, después de vivir la experiencia de las tiendas en MLC, no se recuperará con notas de prensa o comparecencia de altos cargos.

Asimismo, si estas medidas no se acompañan de un verdadero incremento en el poder adquisitivo de los trabajadores —principalmente en el sector estatal— e incentivos reales a los productores, su efecto inflacionario podría poner en jaque, no solo la economía, sino la estabilidad política del sistema actual.

 

Bancarizarte o morir

Por último fue noticia, en este mismo contexto de medidas para «impulsar» la economía cubana, que la bancarización promovida por el gobierno desde hace medio año avanza exitosamente según los informes oficiales.

En diciembre pasado, por ejemplo, las operaciones realizadas con tarjetas electrónicas alcanzaron el 68.30%. Otro dato significativo son las bonificaciones que asume el sistema bancario para quienes usan vías de pago que no utilizan efectivo. Informa el diario Granma que el monto bonificado superó los 400 millones de pesos.

En esta misma línea optimista, el Banco de Crédito y Comercio (Bandec) amplió las opciones de su tarjeta prepago en USD. Dicho dispositivo no tendrá límite de importe y podrán utilizarlo todas las formas de gestión económica, desde mipymes hasta cooperativas no agropecuarias y personas naturales, tanto cubanas como extranjeras.

El empeño de informatizar las operaciones comerciales y financieras se expresa incluso en sanciones a los negocios que no estén siendo lo bastante ágiles en habilitar vías de pago electrónicas.

Inalvis Smith Rubén, viceministra del Comercio Interior (Mincin), dijo a los medios oficiales que es un derecho de los clientes elegir la vía para pagar y, con el fin de garantizar esa opción, una resolución publicada en noviembre pasado, obliga a todos los establecimientos comerciales, tanto estatales como privados, a «poseer las facilidades de pago por las pasarelas nacionales o terminales de punto de venta (TPV)».

Desde este 2 de febrero, quienes no hayan habilitado el servicio podrían ver suspendidas sus actividades comerciales. Multas y hasta el cierre del establecimiento son las medidas previstas.

La viceministra aclaró que esto no significa la desaparición de las operaciones en efectivo. El objetivo de la medida, según Granma, además de garantizar «un derecho del consumidor», es impulsar «el proceso de bancarización».

Esto significa que la política de informatizar las operaciones bancarias va en serio y está presentando algunos resultados, a pesar de la falta de confianza de usuarios y empresarios, sumado a la debilidad de los sistemas electrónicos.

La principal reticencia para su adopción por parte del sector privado sigue siendo la inexistencia de un mercado cambiario bidireccional, lo cual obliga a los comerciantes a adquirir las divisas necesarias para importar en el mercado informal, y para esto, necesitan efectivo.

En la reunión referenciada en la primera noticia, el hoy exministro de economía Alejandro Gil anunció que durante febrero presentarán propuestas para «redimensionar el mercado cambiario, la intervención del informal y el control del tipo de cambio en el país» sin dar más detalles de cómo se haría.

Nuestra opinión es que se trata de una estrategia decisiva para un sistema financiero sometido una inflación insoportable, con escasez de circulante y, lo que es peor, una desconfianza justificada ante las políticas monetarias.

La estrategia recaudativa tradicional que en este nuevo capítulo representan las tarjetas Bandec y Clásica, no cuenta con muchas oportunidades de éxito, a pesar de las bonificaciones y ventajas anunciadas. Con la competencia de los importadores privados y el desabastecimiento de las tiendas estatales, los descuentos anunciados tienen poco chance de estimular el flujo comercial.

La novedad más clara sería la posibilidad de adquirir combustible en divisas extranjeras y ahora mismo esa medida quedó suspendida.

Por otro lado, mientras no exista un mercado cambiario funcional en el país los empresarios privados seguirán «resistiendo creativamente» a la idea de entregar su dinero al banco, pues no lo tendrán a la hora de adquirir en el mercado informal las divisas imprescindibles para importar.

La bancarización, que quieren realizar —incluso aplicando sanciones— también pasa por la eficiencia y por la confianza.