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Landy y Assel, los médicos cubanos que nadie pudo rescatar 

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Médicos cubanos
Ilustración: Félix M. Azcuy

Después de cinco años de espera, Cuba recibió, conmocionada, la noticia de que los médicos cubanos Landy Rodríguez y Assel Herrera, secuestrados en África por insurgentes islamistas, probablemente murieron bajo las bombas de un dron estadounidense.

La primera noticia de la muerte de los cubanos fue ofrecida por Al-Shabaab, la organización que los secuestró el 12 de abril de 2019 mientras trabajaban en Kenia y los trasladó luego a Somalia, un país que se debate en un conflicto interminable entre islamistas y el gobierno apoyado por la administración norteamericana.

Al-Shabaab responsabilizó totalmente a los Estados Unidos por la muerte de los galenos este 15 de febrero en la ciudad de Jilib. Según el comunicado, «la incompetencia» estadounidense y «su defectuoso aparato de inteligencia» provocaron la muerte de los médicos. Insistieron en que los efectivos «han estado atacando deliberadamente a los prisioneros durante varios años» y que antes de este último hecho ya habían sido objeto de dos ataques dirigidos.

La nota de Al-Shabaab se publicó acompañada por la foto de un cadáver que supuestamente sería uno de los cubanos. Ninguno de los gobiernos implicados ha ratificado o negado formalmente la veracidad de la foto.

Lo que sí está verificado, por el ejército de Somalia y por el Pentágono, es que el ataque relatado por Al-Shabaab ocurrió realmente, sin que ninguna de las partes haya revelado ninguna pista específica sobre la suerte de Landy y Assel.

El ejército somalí confirmó la operación militar sin ofrecer muchos detalles. El ejército estadounidense, por su parte, dijo a CNN que no hay evidencias de víctimas civiles y aseguraron que continuarán investigando la imputación que se les hace de haber matado a los médicos cubanos.

El presidente Díaz-Canel en su cuenta de X, lo mismo que el Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) y el de Salud Pública (Minsap) han insistido en que se trata de una información no confirmada. A raíz de las notas oficiales, el gobierno cubano ha tenido que enfrentar reclamos de la opinión pública por no haber podido concretar el rescate de los profesionales de la salud que cumplían misión oficial.

Una parte de los críticos compara a Díaz-Canel desventajosamente con Fidel Castro, que fue capaz hacer regresar al teniente cubano Orlando Cardoso Villavicencio, preso durante 11 años en la misma Somalia desde 1978. Incluso algunos partidarios de la Revolución Cubana han juzgado, en sus perfiles de redes sociales, que la gestión gubernamental para rescatar a Landy y Assel fue poco entusiasta. No hubo un discurso público frecuente sobre el caso, en efecto, y el seguimiento informativo ha sido esporádico y con poca información.

La duda general es: ¿hizo el gobierno cubano todo lo que podía hacerse o fue negligente? El problema es el mismo de siempre. El gobierno no ha explicado lo que hizo. Deja pasar los días sin rendir cuentas sobre un hecho que le está costando su limitada credibilidad en medio de la crisis política actual. 

¿Héroes o víctimas?

La frustración de quienes esperaron un final feliz, un regreso a la patria que compensara a las familias y a la patria misma, tan desesperanzada por esta época, es inmensa. No vamos a resolver fácilmente ese dolor.

Nos cuesta entender, en la paz que tenemos, que este es el desenlace propio de las guerras, sobre todo de los conflictos desiguales que enfrentan a ejércitos tecnologizados con las guerrillas precarias del fin del mundo.

La publicitada «lucha contra el terrorismo» es la opción policial que adoptaron las metrópolis coloniales de siempre para intervenir, con el argumento de la seguridad mundial —que es una forma de actualizar el viejo pretexto de civilizar—, en las periferias descontroladas. Nada ha cambiado tanto como quieren hacernos creer. En medio de esa pelea, estaban nuestros médicos.

Hasta ahora no sabemos cómo vivieron estos cinco años, qué comprensión tenían del conflicto que los atrapó ni qué relación llegaron a tener con sus secuestradores. Es casi seguro que, de ser cierta la muerte de ambos, no lo sepamos nunca.

No sabemos cómo vivieron estos cinco años, qué comprensión tenían del conflicto que los atrapó ni qué relación llegaron a tener con sus secuestradores.

Algunos opositores del gobierno cubano han preferido presentar a Landy y a Assel como dos víctimas, en coherencia con el discurso que tienen sobre las misiones médicas. Para el gobierno estadounidense y los simpatizantes de su política de aislar a Cuba, la cooperación cubana en decenas de países es una forma de esclavitud.

El heroísmo tiene muchos caminos. No siempre se trata de una elección realizada con plena conciencia. Dejar a sus familias, ir a África, a un territorio conflictivo, ya fue una decisión heroica. En la vida de campaña que fueron obligados a llevar durante cinco años, portarse como héroes debió ser la pauta común.

Hay muchos puntos negros en las misiones médicas. Los cooperantes cubanos deberían recibir un mejor salario. Esa parece ser la demanda principal que tienen, y es totalmente justa. En un contexto ideal de derechos laborales, deberían poder negociar las condiciones de sus contratos. El otro gran señalamiento gira en torno a la disposición que pauta una prohibición de entrada a Cuba de ocho años si abandonaran la misión, para quedarse en ese u otro país. Esos problemas siguen sin resolverse, y el Estado cubano también ha evadido un debate público sobre ello.

Hay muchos puntos negros en las misiones médicas. Los cooperantes cubanos deberían recibir un mejor salario.

La organización de las Naciones Unidas define la esclavitud como «situaciones de explotación en las que una persona se encuentra y no puede rechazar o abandonar debido a amenazas, violencia, coerción, engaño o abuso de poder».

Hasta el momento, no se han podido presentar pruebas contundentes que demuestren que los doctores cubanos son obligados por el Estado a formar parte de estas misiones, tampoco de que no puedan retirarse de estas para regresar a la Isla. Por tanto, presentarlas como una institución oportunista y abusiva, que debería ser cancelada de facto, resulta bastante falaz.

La mayoría de las campañas de la oposición también obvian que, incluso bajo esas cuestionables condiciones laborales, durante décadas estos programas impulsados por el gobierno cubano han permitido que poblaciones marginalizadas, en los países más pobres, tuvieran acceso a servicios básicos de salud. El reconocimiento de esa cooperación por parte de organismos del más alto nivel, incluidas las agencias de Naciones Unidas, es notorio.

Quitarle el mérito a este país y a sus médicos, poner en duda el carácter voluntario del trabajo que hacen en escenarios difíciles con tal de atacar al gobierno cubano, deja sin credibilidad a los medios, organizaciones y activistas que intentan desprestigiar una cooperación aplaudida por la mayor parte de la comunidad internacional.

El válido reclamo de mejores condiciones y derechos laborales para los profesionales pierde fuerza cuando se instrumentaliza para tratar de anular el último orgullo a un país que tiene, a pesar de tantas paradojas en materia de derechos humanos, una de las tradiciones de cooperación más firmes del mundo.

El válido reclamo de mejores condiciones y derechos laborales para los profesionales pierde fuerza cuando se instrumentaliza.

Esta instrumentalización tiene como base desestimar la tradición humanista que distingue al pueblo cubano. Incluso cuando los cooperantes no recibían compensación económica por ello, muchos galenos decidieron prestar su trabajo en otros lugares para garantizar servicios de salud a poblaciones que históricamente han estado privadas de estos.

Distintos significados de la muerte

Las evidencias disponibles, insuficientes como son, apuntan a que Landy y Assel, como dice Al-Shabaab, murieron el jueves 15 de febrero en Somalia. Su muerte sería la primera de este tipo en la larga historia de las misiones médicas cubanas. La historia que les tocó fue dura y excepcional.

Asel y Landy, médicos cubanos secuestrados
Asel y Landy, médicos cubanos secuestrados / Foto: Tribuna de La Habana

Merecen todo el respeto, todo el honor, y probablemente lo tendrán, pero ningún homenaje político que les dediquen será suficiente para reparar el prestigio del gobierno cubano, señalado constantemente por el deterioro de los servicios médicos y ahora, como si tuviera poco encima, por haber sido negligente al gestionar la liberación de sus cooperantes.  

De haber trabajado consecuentemente por la liberación de Landy y Assel, como han sugerido los comunicados oficiales, valdría la pena que el gobierno transparentara los detalles de sus indagaciones y negociaciones. De lo contrario, estas muertes aumentarán un par de líneas la reputación de ineficiente que pesa insoportablemente sobre la percepción ciudadana de la gestión gubernamental.

Mientras no quede claro en qué empleó el gobierno los cinco años transcurridos desde el secuestro hasta ahora, y el saldo de lo realizado sugiera responsabilidad y compromiso con la vida de los médicos que trabajan en el extranjero, las muertes de Landy y Assel en circunstancias oscuras a manos del ejército estadounidense, no significarán una denuncia contra el imperialismo ni una prueba de la grandeza moral de la cooperación cubana, sino una evidencia de lo incompetente que es la actual dirección del país. Y en este caso, por razones obvias, una incompetencia especialmente inaceptable.

Infoxicación y extremismo, relaciones y puntos de ruptura

Infoxicacion
Ilustración: Félix M. Azcuy

Desde hace un tiempo, los especialistas en salud mental han alertado sobre la prevalencia de un problema sanitario que provoca episodios de estrés y agobio ante la sobreabundancia de información. Se genera principalmente en espacios digitales y mediante la interacción con redes sociales, plataformas mediáticas y servicios de mensajería instantánea.

Este problema se conoce como infoxicación, término formado de la unión entre información e intoxicación, para ilustrar la sobrecarga de información —en muchos casos polarizada y con un marcado corte alarmista— a la que se exponen algunos usuarios y la consecuente incapacidad para gestionarla. Por ese motivo ha devenido un concepto clave en la sociedad contemporánea. No solo causa angustia y frustración, sino que puede también afectar el rendimiento intelectual y emocional de una persona.

Atendiendo a lo anterior, este artículo busca establecer los puntos de contacto y divergencia entre esta y el extremismo, y ofrece pautas estratégicas para evitar la infoxicación extremista.

Infoxicación, desinformación, burbujas informativas y cámaras de eco

En los tiempos que corren, pareciera que estar informado constantemente resulta una necesidad individual. El acceso masivo a internet en la mayoría de las sociedades occidentales ha resuelto el acceso a los datos y una mayor diversidad de emisores de información. La democratización de la información que se desprende de este suceso implica que las audiencias construyen una imagen de la realidad social a partir de los contenidos con los cuales interactúan.

En paralelo, las alternativas y herramientas que proponen las nuevas tecnologías de la comunicación y la información «nos han hecho más vulnerables frente a la mentira», como destaca el investigador español Manuel Torres Soriano.

La sobrecarga de contenidos informativos generados por personas, empresas u organizaciones, no necesariamente verificados o con apego a la realidad, vendría siendo el efecto adverso de esta democratización.

Sobrecarga de contenidos informativos generados por personas, empresas u organizaciones, no necesariamente verificados o con apego a la realidad.

A ese nivel de empoderamiento de la tecnología digital que facilita la producción y el intercambio de contenido noticioso, se unen situaciones de estrés debido a la urgencia que impone la cotidianidad de buscar información y compartirla de forma compulsiva en nuestros espacios de socialización.

Sin un enfoque crítico o herramientas para la selección de las fuentes, el consumo rápido y superficial de noticias puede conducir a escasa profundización en las lecturas y a que se debilite la capacidad argumentativa de una persona para exponer puntos de vista. A esto se le suman los constantes estímulos a buscar, consumir y compartir noticias sobre un determinado tema que está siendo comentado por la opinión pública, más allá de su calidad o fiabilidad.

Resulta entonces común que la constante exposición a bombardeos informativos sobre temas no necesariamente relacionados entre sí provoque infoxicación. De este modo, los usuarios se vuelven cada vez más dependientes de la búsqueda rápida y superficial de información, por lo que son mayores los riesgos de exponerse cada vez más a noticias falsas (fake news) o noticias basura (junk news). Las primeras parten de un planteamiento falso de la realidad, generalmente con recursos comunicacionales que hacen atractivo, llamativo o hasta creíble el relato, e incitan a reproducirlo; de acuerdo a Inès Dinant y Óscar Espiritusanto «con el tiempo este término se convierte en una táctica política para criticar la información periodística con la que no se está de acuerdo». Las segundas, aluden a relatos sobre hechos de la realidad sacados de contexto o sobredimensionados como una propaganda extrema que tiende a reducir las posibilidades de reflexión y a sobresaturar el debate.

infoxicación
Foto: UNAM

Con la manipulación como aspecto inherente al falseamiento, la inexactitud o el contenido sensible del mensaje como denominador común, la consecuencia más notoria en esos casos es la desinformación. Esta imposibilita un pleno y genuino acceso al conocimiento de la realidad social y sus múltiples aristas, lo cual atenta contra la generación de una opinión pública verdaderamente informado, y por tanto, limita las capacidades de diálogo de las personas, la profundización para el pensamiento analítico, y si se trata de política, la salud de entornos democráticos y la cultura cívica para el debate.

No debe desestimarse que en algunos casos la desinformación está dada por los enfoques de titulares hacia el sensacionalismo y de exclusión de datos, sucesos o puntos de vista en el cuerpo de la noticia, como rutinas propias en la generación de contenidos periodísticos, aún en medios de comunicación que han alcanzado cierta notoriedad y prestigio en la sociedad.

La infoxicación, por tanto, se puede evidenciar tanto en comportamientos individuales o colectivos de sujetos o comunidades al consumo compulsivo y acrítico de información, como en la intención de determinados medios, influencers u organizaciones de socializar contenidos encaminados a este fin. Si bien en algunos casos este proceso ocurre de forma espontánea, en muchos otros es fomentado de forma estratégica por determinados partidos, figuras o movimientos cuyo interés es radicalizar o generar terror en la ciudadanía para condicionar su actuar o ideología política.

Estudios recientes apuntan que las personas tienden a usar sus redes sociales a partir de relaciones de afinidad hacia ciertos temas o enfoque. Al respecto, el activista en tecnología Eli Pariser acuñó el término «filtro burbuja» o «burbuja informativa» que sugiere cómo los motores de búsqueda y las redes sociales, unidos a los algoritmos de personalización y recomendación, son los responsables de la polarización ideológica y social de las sociedades contemporáneas. De ahí que las «burbujas informativas» constituyan «máquinas de predicción cuyo objetivo es crear y perfeccionar constantemente una teoría acerca de quién eres, lo que harás y lo que desearás a continuación», como explican Inès Dinant y Óscar Espiritusanto, dando lugar a la creación de universos informativos personalizados.

El término «filtro burbuja» sugiere que los motores de búsqueda y las redes sociales, unidos a los algoritmos de personalización y recomendación, polarizan la sociedad contemporánea.

Por otro lado, los usuarios también tienden a crear sus propias «burbujas informativas» al seguir determinadas cuentas o unirse a ciertos grupos. Al respecto, la investigadora portuguesa Patricia Dias destaca que se trata de una «socialidad selectiva» que refuerza el sentimiento de pertenencia a grupos con actitudes y opiniones similares, conducentes a cierta fragmentación social y generadores de las llamadas «cámaras de eco» por medio de la polarización, al compartir criterios comunes sobre acontecimientos que apoyan determinados filtros ideológicos.

Cuba: infoxicación y extremismos

La existencia en Cuba de medios pertenecientes al gobierno y otros de carácter independiente, así como las cuentas o perfiles en las redes sociales asociados estrechamente al gobierno y otras vinculadas a figuras o grupos de la oposición, tiende a crear «cámaras de eco» generadoras de información y opiniones que hacen mover a los individuos a extremos opuestos, y empujarlos a asumir posturas y conductas extremistas en el plano ideológico.

Los acontecimientos que tienen lugar en el escenario político cubano, tanto dentro como fuera de la Isla refuerzan este comportamiento, a nivel mediático y en las redes sociales digitales. Como consecuencia, los usuarios de una u otra tendencia se radicalizan a favor de uno de los extremos que conforman ese panorama, reduciendo así su capacidad de diálogo con otros actores de la sociedad civil y tildando de «ignorantes», «ciegos» o «ingenuos» a todos aquellos que no compartan sus fuentes de información.

En el escenario político más reciente de la Isla, han tenido lugar acontecimientos que han marcado la pauta informativa de los medios gubernamentales y de la oposición, generando grandes volúmenes de productos comunicativos. La crisis del combustible de septiembre de 2019 —recordada como «La Coyuntura» en el imaginario popular—, la gestión del gobierno cubano a la pandemia de la Covid-19, el acuartelamiento de algunos miembros del Movimiento San Isidro (MSI), la sentada del 27 de noviembre de 2020 en las afueras del Ministerio de Cultura exigiendo libertad de expresión y en rechazo a la detención de integrantes del MSI, las protestas del 11 de julio de 2021, el enjuiciamiento de muchos de sus protagonistas, la oleada migratoria y otros sucesos de trascendencia política y económica, contribuyeron a la radicalización de comunidades políticas tanto dentro como fuera de la Isla.

En el escenario político más reciente de la Isla, han tenido lugar acontecimientos que han marcado la pauta informativa de los medios gubernamentales y de la oposición.

Recientemente, han sucedido acontecimientos de relevancia que han promovido debates con relación al escenario sociopolítico de Cuba, como el anuncio de las medidas de reajuste económico por el gobierno a fines de diciembre de 2023, la decisión de aplazar su implementación ante los efectos de un presunto incidente de ciberseguridad y la posterior liberación de tres ministros cubanos, entre ellos el de Economía y Planificación, Alejandro Gil, quien además se desempeñaba como viceprimer ministro.

Estos sucesos anunciados en un inicio por los medios gubernamentales, hallaron eco en las redes sociales digitales, principalmente en perfiles del gobierno cubano y la oposición. Fue notorio cómo desde el punto de vista discursivo, el primero argumentó en los dos primeros acontecimientos los motivos que condujeron a la toma de las decisiones, siempre apoyándose en figuras del gobierno para transmitir la información. En cambio, la liberación de los ministros y promoción de otros, fue anunciada por los canales oficiales a través de una nota informativa emitida por el Consejo de Estado.

Por su parte, el discurso opositor se centró en calificar de «paquetazo económico» las acciones que emprendería el gobierno cubano, insistir en su incapacidad para ejecutarlas una vez que se anunció su aplazamiento y la falta de carácter del exministro de Economía para buscar soluciones certeras a la crisis de la Isla.

Además de textos periodísticos publicados por medios independientes, programas en los canales de Youtube de activistas de la oposición y espacios de análisis de canales televisivos que se producen desde el sur de la Florida, los incidentes se reforzaron con la elaboración y distribución de memes a través de Facebook y los servicios de mensajería instantánea como WhatsApp.

Medios digitales y redes sociales
Imagen: ARIAL Comunicaciones

Asimismo, contrasta la proliferación de titulares con cierto grado de sensacionalismo por parte de los medios internacionales o de la oposición para realzar el daño de las medidas o el nivel de la crisis económica que dio al traste con la continuidad en su cargo del ministro de Economía.

Por su parte, los medios estatales cubanos evadieron cualquier enfoque crítico hacia las posibles deformaciones y riesgos que podrían traer las disposiciones anunciadas. Prevaleció el enfoque triunfalista o meramente informativo. Algo muy parecido ocurrió en las cuentas en redes sociales afiliadas al gobierno cubano.

De ese modo, la inmensa mayoría de los contenidos que se generaron y distribuyeron en torno a esos asuntos de interés público tuvieron como escenario principal a las redes sociales digitales, donde proliferaron los mensajes orientados a reforzar las matrices de opinión de una u otra tendencia ideológica, lo cual ha contribuido a opiniones cada vez más polarizadas en relación con el destino del país a corto plazo.

La mayoría de los contenidos de interés público tuvieron como escenario principal a las redes sociales digitales.

No abundaron los análisis que pusieran en una balanza los pros y los contras de las medidas e impulsaran una reflexión crítica sobre cuáles son necesarias y cuáles no, cómo podrían perfeccionarse y qué necesitan para ser efectivas.

Al ser un tema sensible y de alto interés para la ciudadanía, el consumo de esta información sesgada, lejos de fortalecer herramientas para el control popular o la crítica ciudadana, refuerzan las posturas polarizadas de quienes apoyan las disposiciones porque vienen del gobierno cubano y quienes las rechazan por el mismo motivo.

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La infoxicación y la desinformación no solo alimentan el extremismo y la radicalización, sino que contribuyen a lacerar la convivencia democrática y ciudadana. Ante la libertad de comunicar pensamientos e ideas que coexisten en el mundo contemporáneo, contrarrestar semejante realidad puede resultar difícil. Sin embargo, los usuarios pueden poner en práctica ciertas estrategias para evitar caer en la infoxicación y ganar en cierto grado de objetividad y lucidez al opinar y argumentar sobre determinado acontecimiento:

  1. Evitar los titulares de noticias que reproduzcan un discurso de odio o sean ofensivos hacia terceros, así como los sensacionalistas, pues tributan escasamente a interpretaciones adecuadas sobre los acontecimientos. A veces es preferible enterarse más tarde a informarse mal.
  2. Revisar la fuente de la publicación y trata de conocer su política editorial, así como los puntos de contacto y ruptura, y las relaciones o conflictos que pudiera tener, con grupos que asumen conductas extremistas y radicales.
  3. Verificar siempre las informaciones. Para ello se puede ir a las fuentes primarias sobre las que se basa la información que se está consumiendo cuando sea posible —por ejemplo, si se habla de una ley, buscar la publicación oficial—. También se pueden contrastar los relatos leyendo medios de diversas tendencias políticas. Ello ayuda a tener varias visiones y datos sobre un mismo tema para ganar en precisión y análisis más complejos.
  4. Optimizar el tiempo que se dedica a consumir contenido noticioso sobre un determinado tema. Privilegiar calidad a cantidad descartando aquellas publicaciones y medios que no cumplan con estándares mínimos de fiabilidad. También establecer horarios para realizar otras actividades de socialización y esparcimiento.
  5. Analizar si lo que se lee es una noticia valiosa o un contenido tendencioso para influir negativamente en una opinión o comportamiento. Para ello se puede identificar si el hecho es novedoso, impactante, prevalece el interés humano, es cercano geográficamente, entre otros valores que lo conviertan en relevante.
  6. Utilizar las propias herramientas de las redes sociales —dejar de seguir, no mostrar publicaciones de este tipo, bloquear— para limitar la exposición a contenido manipulador, tendencioso o violento.
  7. Identificar los sentimientos que te provoca un determinado contenido o temática. No reaccionar bajo la ira o la indignación. Si se cree importante plasmar un criterio sobre un acontecimiento en las plataformas digitales, esperar a tener la mayor y mejor cantidad de información posible, perfilar los argumentos, y luego expresarse con respeto.

Vencer la sobresaturación informativa que da paso a la infoxicación estará siempre en correspondencia con el desarrollo de las competencias mediáticas y digitales que las personas desarrollen, de ahí la necesidad de poner en práctica instrumentos para estar mejor y equilibradamente informados. De esta manera se evita el refuerzo de los discursos de odio o de censuras, inadmisibles en un espacio democrático. Contrarrestar la infoxicación también contribuye a la formación de un pensamiento cada vez más crítico, capaz de enfrentar manipulaciones de índole informativa que contribuyan a la generación de consensos y conductas cada vez menos extremistas en la sociedad cubana.

Crimen, menos leche, más libros e inflación  

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Condenas en Cuba
Ilustración: Félix M. Azcuy

Crimen y castigo

Las condenas penales fueron noticia esta semana. La más notoria se dio a conocer este 14 de febrero en los medios oficiales. Se trató de un «juicio ejemplarizante» —como afirmó la Televisión Cubana— por un crimen cuyo objetivo principal era el robo y sacrificio de ganado, y terminó con la vida de un campesino en Cienfuegos. El acto implicó a cuatro personas, pero quien ejecutó el asesinato fue sentenciado a privación perpetua de libertad.

Otro juicio fue reseñado en el Noticiero Nacional el día 16. Ocurrió de forma pública en el Tribunal Provincial de Santiago de Cuba, e implicó peticiones fiscales de entre 20 y 30 años de privación de libertad para «los involucrados en una operación de narcotráfico nacional en el oriente del país» que también incurrieron en los actos de atentado y portación ilegal de armas y explosivos.

Según la información aportada en el reportaje, la «cadena delictiva» tenía su base en Jamaica con una contraparte en Cuba para introducir droga por vía marítima y comercializarla. Entre lo ocupado estuvieron 300 libras de mariguana, gran cantidad de dinero, armas de fuego y medios de comunicación satelital. Asimismo, se indicó que los implicados pretendían utilizar el mecanismo creado para traer sustancias ilegales sintéticas y cocaína.

Carlos Antonio Martín García, fiscal provincial del departamento de procesos penales de Santiago de Cuba, afirmó que el Código Penal cubano para el tráfico de drogas prevé sanciones «que oscilan entre los 4 y 30 años de privación de libertad, sanción perpetua de libertad o muerte».  

Esto significa que el gobierno cubano no renuncia a usar abiertamente un discurso de escarmiento en la aplicación de justicia por parte de los tribunales.

Durante esta semana el controversial espacio televisivo Hacemos Cuba compartió algunas estadísticas sobre los procesos penales cubanos. En 2023 la Fiscalía «aseguró» con prisión provisional al 73% de los presuntamente responsables de cometer delito, asimismo el 89,5% de las sanciones interesadas por los fiscales implicaron el internamiento.

Opinamos que, si bien es positivo que los medios estatales informen sobre delitos graves ocurridos en el país, el punitivismo y su instrumentalización discursiva, son estrategias que ponen en duda la aspiración de impartir justicia con una base racional, humanista y ajustada a los hallazgos de las ciencias sociales en general y en particular de las propias ciencias jurídicas. 

Más allá de que la sanción sea o no justa y apegada a las leyes, un juicio llamado abiertamente «ejemplarizante» por medios estatales expresa una concepción clásica del castigo que las nociones científicas más actuales —provenientes principalmente de las corrientes de pensamientos de izquierdas— quieren dejar atrás.

La solución, claramente, no está dejar sin castigo a crímenes que afectan la vida de la ciudadanía, sino en analizar y tener en cuenta la diversidad de causas que los estimulan, así como ampliar el abanico de opciones jurídicas para su cause legal.

La leche demorada

Fue noticia esta semana, además, el problema que enfrenta Cuba para abastecer al país de leche y garantizar el suministro a los niños hasta los siete años de edad.

Betsy Díaz Velázquez, la ministra de Comercio Interior, comentó a los medios oficiales que la producción nacional está deprimida y que la importación estatal de leche en polvo se ve limitada por el contexto económico del país.

En este momento hay un significativo retraso en la distribución. El malestar de las familias afectadas ha sido ampliamente expresado en las redes sociales.

La ministra dijo en su comparecencia que esta misma semana comenzó la distribución hacia provincias que carecen de suficientes existencias. Cuando se concreten los envíos, los niños de hasta seis meses tendrán leche apenas hasta el 5 de marzo. Los de dos a siete años solamente tendrán garantizado el producto para cinco días.

Esto significa que la falta de leche se ha hecho crónica en los últimos años y el gobierno ha tenido que informar periódicamente sobre las medidas contextuales que toma para resolver el problema, sin apuntar cuál es la estrategia para lograr la solución definitiva.

Hace ya varios años que se eliminó este producto de algunas dietas médicas otorgadas de forma subsidiada. No obstante, la cuota de los niños se había intentado mantener, también por el peso que siempre ha tenido en el discurso oficial cubano.

La ministra asumió como principales causales internas la sequía, el «desvío de leche» para su venta en el mercado informal y su utilización para la elaboración de productos como el queso y el yogurt.

Otro punto clave en la intervención fue el contraste con la existencia de leche en las mipymes, sobre esto, destacó que el Estado compra leche en mucha mayor cuantía porque debe distribuirla a precios subsidiados, al contrario de los negocios privados que recuperan su inversión. También afirmó que en determinados momentos se han llegado a acuerdos comerciales con estos actores económicos, pero pagando el producto «a los costos que ellos han considerado».

Por el contrario, hace algunas semanas se viralizó la opinión de un productor cubano, quien afirmaba que «faltan leyes justas» que estimulen la producción. Agregó que el precio al que el Estado compraba la leche —20 pesos cubanos el litro— era «humillante» para el pequeño agricultor, «para hacer un dólar tengo que vender 17 litros» y transportarla «cuesta 500 pesos».

Nuestra opinión es que la falta de leche seguirá golpeando mientras no exista una política que estimule decisivamente a los productores nacionales. El excesivo control del mercado, el acceso deficiente a insumos, además de las condiciones climáticas reales, han condenado a la ganadería cubana a una situación de subsistencia que no permitirá abastecer siquiera a la canasta familiar normada.

Resulta inaudito que el Estado prefiera pagar la leche en el mercado internacional o a los intermediarios privados —que también la importan— a darle precios ventajosos a quienes la producen en el país. ¿Para donde está yendo el dinero público? ¿Quién se está enriqueciendo en este pacto desigual?

La solución definitiva hay que buscarla dentro de Cuba y pasa obligatoriamente por estimular a los productores con mejores pagos, disponibilidad de insumos y un mercado flexible que los induzca a aumentar la producción nacional de este y muchos otros productos.  

«Inflados» de año en año

Cifras paradójicas sobre el comportamiento de la inflación en el pasado mes de enero fueron noticia esta semana.

Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei), la inflación interanual del mercado cubano convencional alcanzó el 31.69%. Fue superior a la registrada en diciembre de 2023, pero muy inferior a la de enero del año pasado, que alcanzó el 42.08%.

Todos los servicios y productos siguen registrando inflación en esta comparación entre ambos años, excepto las bebidas alcohólicas y el tabaco que descendieron un 10.3%.

Estas cifras obvian la inflación del mercado informal que tiene un impacto directo también en los precios del sector privado.

Esto significa que la inflación oficialmente reconocida, comparativamente, parece desacelerarse, pero que sus efectos siguen aumentado de modo sostenido en un mercado que no logra recuperarse y amenaza con mantener la tendencia al alza durante mucho tiempo.

Opinamos que no hay modo de evaluar esta disminución de la inflación interanual con optimismo, porque en la práctica el aumento sigue constante mes tras mes. Esta espiral es imparable y afecta a la totalidad del mercado.

Para comprender mejor la dimensión del problema debería incluirse en el análisis la inflación del mercado informal. Tener estadísticas completas es un elemento básico para diseñar estrategias globales.

Por otro lado, sin una reforma integral de la economía, que pase también por tener un mercado cambiario funcional, será difícil que este panorama pueda cambiar. No se puede seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.

Feria en plena crisis editorial

Por último, fue noticia la inauguración esta semana de la XXXII Feria Internacional del Libro de La Habana, uno de los eventos culturales con más convocatoria en el país.

Más de mil novedades editoriales, 3 millones de libros físicos y 2 mil libros digitales anunciaron los medios estatales para esta edición, dedicada a Brasil, que cuenta además con la presencia de publicaciones y editoriales de 45 países.

«La realización de la Feria Internacional del Libro de La Habana es una contundente muestra del valor que el Estado cubano le confiere al libro y la lectura», dijo Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro en la jornada inaugural.

Esto significa que el gobierno cubano no quiere renunciar, a pesar de la crisis económica, a su discurso sobre el acceso de la sociedad a la cultura y hacer efectivo el disfrute general de productos intelectuales.

Nuestra opinión es que se trata de un esfuerzo admirable, con una utilidad política obvia, que enfrenta numerosos desafíos. Desde hace varios años las industrias editoriales en el mundo sufren grandes dificultades para hacerse rentables con el creciente desinterés del público por la lectura de libros físicos. Muchas editoriales y librerías han quebrado o se han visto obligadas a reducir al mínimo su producción y venta.

Por su parte, la producción editorial cubana se halla muy deprimida en comparación con años recientes. Los escritores se quejan de pagos retrasados y de demoras significativas en la impresión de sus libros.

Las cifras de libros disponibles, y en particular las de novedades editoriales, es escasa en comparación con los mejores momentos de la industria cubana del libro. Ese descenso es coherente con la situación del país.

Sin embargo, la misma existencia de la Feria del Libro de La Habana es un hecho que depende exclusivamente de la voluntad política para mantenerla. Una gestión más pragmática apostaría por cancelarla, o al menos retrasarla. Con todas las deficiencias que pueda tener, que siga siendo una opción es una decisión a aplaudir.

El problema de las nacionalidades

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cine-nacionalidades
Ilustración: Brady

Recuerdo haber escuchado en mi lejana adolescencia frases al estilo de «me encantan las películas mejicanas», «lo mío son las argentinas», «pues yo prefiero las francesas, las españolas y las americanas», etcétera. La pregunta que surgía inevitablemente era ¿todas las películas argentinas serán buenas, y, en ese caso, lo serán en razón de su nacionalidad? Entre una porteña y otra, digamos, colombiana o incluso noruega, ¿resultará sensato apostar a ciegas por la primera?

En un texto previo me he referido a otro lugar común de entonces; a saber, que las películas se clasificaban en buenas, regulares, malas y soviéticas. En los sesenta y setenta, para el espectador cubano promedio que acudía a la sala oscura para desconectar, el cine bolo era sinónimo de relatos bélicos, plomizas adaptaciones de época y, muy de tarde en tarde, alguna historia más o menos interesante: las fantasías La leyenda del zar Saltán (1967) y Ruslán y Liudmila (1972) de Alexander Ptushko, basadas en textos de Pushkin; la saga de Aventuras de los Incapturables, de Edmond Keosayan, etcétera. El idioma era otro problema: aunque se enseñaba ruso incluso por radio, a la gente le costaba digerir la prosodia, los tiempos verbales, las declinaciones eslavas. El resto del campo socialista aportaba de cuando en cuando algún título taquillero —El lobo de mar (1972), rumano-germana, basada en la novela de Jack London, me viene de inmediato a la mente— pero por lo general los títulos de mayor convocatoria eran de Europa occidental (la commedia italiana, el cine francés, español y británico) y norteamericanos. Es más, resultaban frecuentes las piezas producidas gracias a un esfuerzo mancomunado: películas franco-ítalo-hispano-británicas, o cualquier combinación parecida. Hubo hasta coproducciones ítalo-soviéticas (Waterloo, 1970, de Serguéi Bondarchuk, producida por el inefable Dino de Laurentiis y con actores… norteamericanos; Ojos negros, 1987, de Nikita Mijálkov), franco-checas (la estupenda La planète sauvage, 1973, de René Laloux), etcétera.

Respecto a los éxitos de taquilla hollywoodenses, solían asomar la nariz en nuestras pantallas con años de retraso y no pocas veces en copias en blanco y negro o bien llenas de arañazos, compradas quién sabe dónde para dar esquinazo al bloqueo. También eran muy populares las películas de samuráis (chambara) pero el resto de la producción asiática nos era desconocida. A fuer de justos, hay que decir que en China en esas décadas se operaba la Revolución Cultural, caracterizada por un puritanismo represivo, y que las cinematografías iraní e hindú apenas si eran distribuidas fuera del continente asiático.

Como todos los clichés, los arriba mencionados, aunque parcialmente lógicos, adolecían de una buena dosis de injusticia. El gusto por el cine argentino y mejicano se relacionaba con Cine del ayer, un programa nostálgico de la TV que se nutría, precisamente, de obras protagonizadas por Libertad Lamarque, María Félix, Hugo del Carril, Jorge Negrete y similares, y que en años de escasa oferta televisiva (sobre todo en la franja horaria de la tarde) era devorado en el entorno familiar.

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, nacido en 1979, contribuyó en gran medida a ir ampliando el criterio y descubrirnos el cine contemporáneo de la Patria Grande. De lo que nos llegaba de los países socialistas se exhibía, en efecto, mucho de patriótico, pero también vimos —y no siempre apreciamos— a Tarkovski, el ya citado Mijálkov, Konchalovski, Larisa Shepitko, Krzysztof Kieslowski, Andrzej Wajda, István Szabó, Márta Mészáros, Karel Zeman, Jirí Trnka, Milos Forman y tantos otros autores relevantes.

Sin duda, la noción de que la procedencia de una obra de arte predetermina su mérito es difícil de combatir. Todavía hoy la gente frunce el entrecejo si descubre en el Paquete, o en la programación televisiva, un título chino o iraní, e incluso húngaro o escandinavo. La noción de que si es americano es bueno no solo está bien arraigada, sino que se alimenta a sí misma. Recuerdo estar viendo Caché (2005) de Haneke hace unos años en el Chaplin, y escuchar a una pareja detrás de mí comentando (todos sabemos que los espectadores en Cuba conciben la sala de cine como una tribuna para soltar opiniones y agudezas) que los pobres franceses (¡!) no sabían hacer una película bien, con un final decente, como los yumas. (No los juzgo: yo mismo tragué en seco cuando una antigua novia me propuso, entusiasmada, escuchar hip-hop mongol).

Eso entronca con varios mitos: por ejemplo, que la meta de cualquier director es hacer cine a la Hollywood o ser contratado allí, pues lo que haga antes y fuera es mero aprendizaje; o también con la arraigada creencia de que si no hay al menos un actor americano famoso involucrado, la película no sirve. Es obvio que dichos vínculos suelen implicar más recursos y una mejor distribución del producto, pero no necesariamente mayor envergadura artística. De hecho, más de una vez ha sucedido lo contrario: valga Tango & Cash (1989), de Konchalovski, a guisa de ejemplo.

Y hablando de actores, una digresión o dos: es interesante que en el imaginario popular los intérpretes suelen reemplazar al director. Así, por lo general, el consumidor suele referirse a una película de Brad Pitt o Anne Hathaway, no de Wes Anderson o los hermanos Coen. También sucede que se asocia al actor con su personaje, a menudo hasta niveles insólitos: cuando hicimos Alicia en el pueblo de Maravillas (Daniel Díaz Torres, 1991) la gente comentaba, asombrada, que cómo el Tabo (encarnado por Alberto Pujol en Su propia guerra) pudo prestarse a eso…  Y el non plus ultra fue un niño a quien vi señalar a un monstruo específico en un anime y decir que ese era el que trabajaba en otra película…

Es la nacionalidad del director la que suele definir la de la obra, por encima de los actores, el dinero y el tema. Evoco ahora a cierto colega europeo que en cierta ocasión me dijo que había visto algo de cine cubano… y mencionó Buenavista Social Club (1999) de Wim Wenders. Y ya que me refiero a directores y cine de la Isla, esto es algo que nuestras autoridades culturales deberían recordar y asumir: los realizadores cubanos emigrados no hacen forzosamente buen cine por el hecho de ser emigrados, pero hacen, sin discusión, cine cubano. Incluir una obra suya en un festival no es un favor que se les hace, como tampoco ellos le hacen uno al festival inscribiendo sus trabajos. Eso sí, cualquier panorama que se ofrezca de nuestro séptimo arte está incompleto sin ellos.

Alumnos

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alumnos
Ilustración: Brady

Me gusta enseñar. No lo suficiente para haber escogido una carrera pedagógica, pero sí para perseverar y tomar opciones que incluyeran la posibilidad de impartir clases. Soy matemático, con una maestría en Estadística, y esa es una materia con la cualidad de estar en los planes de estudio de muchas carreras, y a la vez ser odiada con mucha fuerza por miles de personas que sienten que los están torturando con algo que no van a necesitar nunca.

He impartido clases de Probabilidades y Estadística en Ciencias de la Computación, Matemática, Psicología, Sociología, Geografía, y Bibliotecología. Le he dado clases de Matemática a futuros bioquímicos, microbiólogos y biólogos. He sido alumno ayudante, profesor de clases prácticas, conferencias y cursos optativos. He ofrecido cursos de postgrado y he trabajado en el curso regular diurno, en el curso para trabajadores y en la Municipalización, ¿se acuerdan de eso?

Las primeras experiencias fueron apoteósicas. Corría mi primer año como estudiante en la carrera, y producto de la combinación de cierta iniciativa gubernamental y de mi entusiasmo por la docencia, me vi ubicado en la escuela primaria y secundaria Camilo Cienfuegos, de Lawton, que había sido mi centro de estudio años atrás. Allí tenía la responsabilidad de impartir a 6to y 7mo grado clases de Biología y Computación, respectivamente.

El parque tecnológico para Computación consistía en tres o cuatro computadoras IBM que se conectaban a televisores Caribe. Sí, no miento. Así de viejo soy. Había dos posibilidades: un cartucho de herramientas para el sistema operativo y un juego para aprender mecanografía que se podía usar en modo duelo. Hice empatía enseguida con el grupo, y como mi principal objetivo era mantener el interés del auditorio, utilicé un tono relajado para dirigirme a ellos y no fui excesivamente riguroso en la exigencia del respeto que mi rango merecía. Eso fue una buena decisión, hasta que de pronto, ya no lo fue más.

Organicé un torneo de eliminatorias en el juego de mecanografía y me incluí como competidor. Bajé mi nivel para hacerlo entretenido y de pronto me vi en la final enfrentando a un mulatico vivaracho y risueño. Le gané los dos primeros matches, y decidí dejarle ganar el tercero. Al muchacho le iba la vida en ello, y sus compañeros lo apoyaban con gritos que yo tenía que contener constantemente. Se asomaron maestras de expresión recia un par de veces. En el momento en que se consumó la victoria de mi alumno, en el tercer set, se levantó de súbito y sin poderse contener me gritó: «¡Tomaaaa!¡Pa ti, perro!» Allí acabó el torneo, la clase y mi tono distendido. Tuve que fingir enfado y hacerme el que regañaba fuerte cuando por dentro me desternillaba de la risa.

Creo que mi sentido del humor y mi experiencia como comediante han mejorado la calidad de mis clases a lo largo de los años. He ido puliendo mis recursos a base de usarlos y usarlos. La respuesta pronta y aguda, el ejemplo simpático, y el manejo de los tiempos y las sonrisas, son herramientas tremendas.

En una ocasión, frente a un grupo de Psicología, un estudiante muy bueno, pero de estos que un minuto después que has dejado atrás un tema es que comienza a hacer preguntas y repite ese modus operandi con frecuencia, me dijo en clase: «Profe, si esta clase de Estadística fuera una película, sería un drama bélico». Yo respondí: «Y si usted fuera una película, tendría los subtítulos corridos». A continuación, risas generales y adecuada pausa para un contenido denso.

En todos los grupos de todas las carreras, e incluso a todos los niveles, hay estudiantes que prefieren copiar palabra por palabra lo que dice el profesor, en lugar de atender. Con eso pierden las explicaciones, y lo único que logran es tener con su propia letra el contenido que ya está en los libros de texto. Yo suelo explicar con detalle la importancia de aprender a tomar notas y de separar lo importante de lo importantísimo, pero a veces no basta el empeño del docente. Tenía una alumna que era la expresión superlativa del copiarlo todo. Una vez, agotados mis recursos, le dije: «Fulana, ¿si hoy usted llega a su casa y su novio le dice que necesita hablarle de algo sumamente importante, qué usted hace?» «Lo escucho, profe», me respondió. «¿Sí? ¿Y por qué no le dice: “espérate, déjame sacar la libreta para copiar lo que me vas a decir?”».

Anécdotas tengo muchas. Se quedaría cortísima la cota de 800 palabras que debo respetar y que a veces violo. Pero hay dos cuentos que no puedo dejar de hacer. Una vez le daba una consulta antes de un examen a un grupo de Bibliotecología, y en los 5 minutos de receso les pedí que no se acercaran a mi buró porque allí tenía copia del examen del día siguiente. Cuando entré, vi a un alumno peruano revolviendo mis papeles. Me puse un poco tenso, y como era un grupo con el que tenía confianza, lo regañé con una expresión cubana y coloquial: «Caballo, aléjate de la mesa, que yo dije expresamente que no se acercaran». La cosa hubiera quedado ahí, pero el alumno me replicó muy airado, supongo que más que nada por haber sido sorprendido: «Oiga profesor, si usted quiere le dice caballo a los demás cubanos aquí, pero a mí usted no me puede decir caballo, porque yo soy peruano». Respiré, bajé la voz y le dije: «Bueno, entonces, llama, vicuña, alpaca, sepárate de la mesa, si quieres hacer la prueba de mañana». Risas, incluso de él, con disculpas incluidas.

En otra ocasión, impartía una clase a Sociología, y en medio de una explicación una muchacha me dijo que necesitaba preguntarme algo, pero que tenía que ser en privado. Muy intrigado por su proceder, esperé al receso y entonces se me acercó y me dijo algo más o menos así: «Profe, se ve que usted se esfuerza por lucir bien, se pone sus camisitas cuquis, se echa su perfume bueno, pero mire, con sinceridad, y por su bien, esos pantalones están muy anchos, le quedan mal. Esos pantalones están acabando con su imagen».

Yo quedé desconcertado. Con la quijá en el ombligo, como decía un amigo. El comentario era raro, inadecuado y de mal gusto, sobre todo viniendo de alguien que estaba vestida con algo que parecía el uniforme de un guardabosque. Con todo y eso, juzgué que no debía contestar con fuerza, porque no era una burla: ella tenía buena intención, mal criterio sobre mis pantalones y pésimas habilidades sociales. También decidí que si bien no llevaba un raspe, aquello no podía quedar impune. Le dije, rajando la voz: «Mire, le explico, estos pantalones eran de mi abuelo que murió el mes pasado. Ya cuando estaba muy malito, me los regaló y me pidió que los usara, y yo no he tenido corazón para mandarlos a una costurera».  «Ay profesor, perdone, yo no lo sabía», me dijo al instante. «Claro, claro —le dije—. Pero por favor, ahora déjame solo que estoy afectado». Dejé de impartir clases en la universidad hace varios años. Llegó el momento en que pagaba para ir a trabajar y mi tiempo empezó a ser más importante para mi sustento, así que tuve que emplearlo en otras cuestiones. También pasó lo que ya usted sabe: mis amigos se empezaron a ir de la universidad. Hoy todavía imparto algún curso online de vez en cuando, o enseño cosas tan alejadas de la estadística como Kick Boxing, y aunque sigo convencido de cada decisión, no puedo evitar pasar por La Colina sin sentir esa especie de cosquillita rara que, si usted fue maestro, conocerá muy bien.

Juan sin nada y más

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Juan sin nada
Ilustración: Félix M. Azcuy

Juan sin nada

La noticia es que el principal asesor de la Casa Blanca para el Hemisferio Occidental, Juan González, será sustituido en marzo por Daniel Erikson, quien fuera miembro del tanque pensante Diálogo Interamericano, con sede en Washington, y anteriormente asesor de Joe Biden cuando este era vicepresidente.

Juan González fue, hasta ahora, la voz autorizada en la Casa Blanca para argumentar los caminos que la administración tomaba hacia América Latina. Se le endilgan acciones como los diálogos con Venezuela, que resultaron en la liberación de ciudadanos estadounidenses que estaban en prisión en ese país, y que tuvo como contraparte la liberación del empresario venezolano Alex Saab. Sin embargo, también pudiera anotársele como resultado de trabajo la completa inacción de Biden hacia Cuba, y la prolongación de la política de Trump que la administración demócrata ha seguido, sin ajustar mucho el tiro.

Aparentemente, el sesgo ideológico marcó el trabajo de González, mientras Cuba se convertía en una tarea pendiente de mayores costos para Estados Unidos, ya que el endurecimiento de las sanciones y el cierre de las puertas consulares en la Isla se traduce en una creciente crisis en la frontera sur que todavía no se ha resuelto, y suma tensión migratoria para un gobierno que no sabe ya qué hacer para detener el flujo de migrantes entrando al país.

Lo sustituirá Daniel Erikson, vicesecretario asistente de Defensa para el Hemisferio Occidental del Departamento de Defensa. Entre la comunidad de expertos es considerado un hombre más pragmático y menos político, como sí era González. Además, es un conocedor de Cuba: escribió un libro a principios de los 2000 titulado Cuba Wars (Las Guerras de Cuba).

En una entrevista publicada en un blog de la organización con sede en Washington, Center for Democracy of the Americas (CDA), Erikson deja clara su postura hacia la Isla: «Mi experiencia es que la política de Estados Unidos hacia Cuba está más conducida por instintos que por intereses».

Luego agrega que después de 60 años de Revolución no cree que el gobierno estadounidense ni entero, ni partes de él, haya desarrollado un consenso en cómo definir y priorizar los intereses nacionales con respecto a Cuba.

«Si bien yo pienso que las sanciones económicas de Estados Unidos son una herramienta legítima de política exterior, y que puede ser efectiva en algunos casos, todavía están por convencerme de que Cuba es uno de esos casos».

Este nombramiento significa que el trabajo de González ha terminado, si para ser promovido o descendido, no se sabe aún. Aunque logró un acuerdo con Venezuela que relajó el esquema de sanciones sobre Caracas, esa decisión ha sido revertida debido a la imposibilidad de la candidata opositora María Corina Machado de participar en las elecciones. Con quien sí ha progresado Estados Unidos en términos de intereses nacionales es con México, uno de los gobiernos que con más elocuencia ha explicado que un cambio de política hacia Cuba no puede ser procrastinado más tiempo.

La persona en el cargo que dejará González se convierte en el principal asesor, dígase fuente de información, y depositario de estrategias e información para orientar el trabajo de la Casa Blanca en términos de política exterior. Que lo ocupe un hombre como Dan Erikson, pragmático, orientado a cumplir los intereses nacionales de Estados Unidos sin darle mucho lugar a los prejuicios políticos o a las agendas electoreras particulares de congresistas floridanos, podría indicar que la Casa Blanca está dispuesta a escuchar otra voz en el tema Cuba, y pudiera afirmarse que Erikson no se quedará callado ni aceptará acríticamente el camino escogido hasta el momento.

Nuestra opinión es que en el tema Cuba, Juan González ha promovido el levantamiento de vallas basándose en sus prejuicios políticos y no en datos concretos de la realidad. Los niveles de acercamiento durante los años de Obama, la influencia que pudo ejercer la Casa Blanca, así como la promoción de una migración regular en un país que vio florecer ligeramente su economía en los años posteriores al acuerdo entre Obama y Raúl, demuestran que el acercamiento y el diálogo tiene mucho más potencial que el autoaislamiento, que si bien coloca a Cuba en condiciones de franca vulnerabilidad y con los puentes levantados, también pone a Estados Unidos en un problema: la imposibilidad de participar en la Cuba que cambia (inevitablemente) y engrosa las filas de migrantes irregulares que arriban mochila al hombro a la frontera sur. Solo en los últimos 4 meses, este ha sido el caso de 45 mil cubanos.

Erikson conoce bien este fenómeno; cuán escuchado será y cuánto de lo que sabe y ha investigado pueda traducir en el cumplimiento de los intereses de Estados Unidos con Cuba, dependerá de la capacidad de la administración de lidiar con la Isla, en un contexto electoral en el que Biden no tiene muchas ventajas.

Biden, ACERE, ya

La noticia es que la coalición de organizaciones que conforman la plataforma ACERE (Alliance for Cuba Engagement and Respect en español Alianza para las Relaciones y el Respeto a Cuba) promueve una nueva carta abierta con intención de enviar a la Casa Blanca exigiendo el alivio de las sanciones económicas de Estados Unidos sobre Cuba, y un cambio verdadero de la política hacia la Isla. Por el momento recogen firmas de organizaciones y ciudadanos.

«Colectivamente, estamos conmocionados y decepcionados por su indiferencia hacia el sufrimiento de las familias cubanas tanto en Cuba como aquí en el Estados Unidos», afirman en la carta que tiene más de 300 individuos signatarios y unas 75 organizaciones.

La plataforma recuerda a la administración que las sanciones ya no son solo un problema para los cubanos, sino también para Estados Unidos: «La crisis humanitaria que estas sanciones han precipitado en la isla han contribuido significativamente a una crisis migratoria sin precedentes en nuestra frontera Sur, ya que decenas de miles de cubanos han perdido la esperanza y han abandonado su tierra natal en busca de estabilidad económica».

En el pasado, la organización ha enviado otras cartas abiertas al presidente Joe Biden exigiendo un cambio de política que sea coherente con el sentir de la mayoría de los cubanoamericanos y de muchos estadounidenses: «Encuestas recientes informan que de los casi 1,5 millones de votantes cubanoamericanos, más de la mitad están consistentemente a favor de la normalización con Cuba; mientras que el apoyo es abrumador entre los votantes Demócratas y más jóvenes».

La nueva carta abierta significa que la plataforma y los signatarios que apoyan la petición redoblan esfuerzos para hacerse escuchar ante una administración que ha mantenido prácticamente igual la política hacia Cuba. Una política cuyos resultados ha sido solo el empobrecimiento de los cubanos y el crecimiento de los grupos de migrantes irregulares provenientes de la Isla, que se agolpan en la frontera sur de Estados Unidos.

Nuestra opinión es que dichos esfuerzos son un derecho y una acción política legítima, aunque es poco probable que la administración tome decisiones diferentes debido a peticiones como estas, sino cuando considere que los beneficios potenciales son más elevados que los costos.

Seúl en La Habana

La noticia es que la República de Corea (conocida popularmente como Corea del Sur) ha formalizado relaciones diplomáticas con Cuba, tras años de intercambios comerciales, pero sin que ondeasen banderas en ninguna de las dos capitales, según dio a conocer una escueta nota del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

La oficina presidencial surcoreana ya respondió: la decisión de establecer relaciones diplomáticas con Cuba será «un golpe psicólogico y político» para Corea del Norte, reportó AP.

El funcionario que ofreció las declaraciones en condición de anonimato afirmó que el gobierno de Seúl había estado activamente trabajando para establecer relaciones con Isla, pero existían dudas por la cercanía de La Habana con Pyongyang.

Marcas surcoreanas como Hyunday y Samsung han estado presentes en Cuba por años. También la agencia de Promoción del Comercio y las Inversiones de esa nación asiática, KOTRA, ha mantenido oficinas abiertas desde el año 2005 en el Centro de Negocios de Miramar, en La Habana.

Cuando Cuba restableció relaciones diplomáticas con Estados Unidos en 2015, mientras mantenía cerradas las puertas a Marruecos, Corea del Sur e Israel, muchos se preguntaban la racionalidad de esa distancia cuando Seúl tenía presencia en ferias de negocios, así como en el intercambio cultural —en 2013 la Sociedad Cultural José Martí realizó una visita a ese país con una amplia delegación cultural.

Se trata de un caso raro, puesto que Cuba mantenía relaciones comerciales con un país, sin tener relaciones diplomáticas, cuando con tantos otros cercanos políticamente no se ven avances concretos en términos de comercio. Según datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), entre 2005 y 2020, La Habana y Seúl realizaron un intercambio comercial total por un valor de 2.270 millones de dólares (promedio anual cercano a los 142 millones).

Y ya que había restablecido relaciones con Marruecos, Seúl era una tarea pendiente y una pregunta sin respuesta.

Esta noticia significa que si bien ha sido tardío, el pragmatismo ha primado en este caso, y finalmente, un país de gran relevancia económica y tecnológica tendrá su propia sede en La Habana.

Nuestra opinión es que Cuba necesita de todos los socios diplomáticos y comerciales dispuestos a aprovechar o a crear oportunidades de cooperación e inversión. Que La Habana mantenga una sólida relación con la República Democrática Popular de Corea, no significa que no pueda establecer provechosos vínculos con Seúl, que sin duda tiene mucho más que ofrecer a la Isla en términos comerciales, tecnológicos y de inversión.

Alfombra roja para Lavrov

La noticia es que el ministro de relaciones exteriores ruso, Sergéi Lavrov, visitará Cuba el próximo lunes 19 de febrero y sostendrá conversaciones con el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez y con su homólogo, Bruno Rodríguez Parrilla.

Se discutirán temas de cooperación bilateral, así como de la agenda global y regional, informó la portavoz del gobierno ruso, María Sakharova.

«Las conversaciones se centrarán en temas claves del fortalecimiento de las relaciones estratégicas ruso-cubanas con el objetivo de profundizar el diálogo político así como los vínculos comerciales, económicos, financieros, de inversión, científicos, técnicos, culturales, humanitarias y de otras áreas».

Luego, el jefe de la diplomacia rusa visitará Venezuela, para después continuar vuelo a Brasil, donde participará en un encuentro de ministros de exteriores del G20.

La última vez que Lavrov estuvo en Cuba fue en abril del año pasado, cuando también visitó Venezuela, Nicaragua y Brasil.

La noticia significa que las relaciones políticas continúan sólidas, en un contexto en el que Rusia enfrenta críticas desde Occidente por la crisis ucraniana, que ya va a cumplir dos años. El gobierno cubano ha expresado su posición a favor de una solución pacífica del conflicto, pero también ha enarbolado el derecho de Rusia a la defensa de sus fronteras.

Si bien se puede suponer que el encuentro tendrá una función de concertación política, cabe preguntarse sobre el significativo número de acuerdos que aún no han sido cumplidos, como la instauración de un mecanismo para la asesoría empresarial.

En mayo de 2023, el director de la Comisión de Negocios Cuba-Rusia, Boris Titov dijo que «[Cuba] nos está dando tratamiento preferencial. El camino está claro».

En esa ocasión, y según Reuters, Titov afirmó que el gobierno de La Habana había ofrecido la posibilidad del uso de la tierra por un período de 30 años, de lo cual no se ha tenido reporte hasta el momento, ocho meses después de que se conociera sobre la oportunidad de inversión.

Confirmado por la prensa local, los avances rusos en Cuba continúan vinculados a la creación de infraestructura para turistas rusos, y según el Banco Central de Cuba, las tarjetas MIR funcionan sin problema. Además, los vuelos que unen a ambos países se han expandido.

Pero aún hay poco en términos de inversión concreta, que tenga un impacto real en la economía cubana.

El caso de las relaciones cubano-rusas son otra muestra más de que el discurso político está proporcionalmente lejos del nivel de inversión y comercio entre ambos países.

Nuestra opinión es que Rusia necesita mantener cerca a un aliado geográficamente tan próximo a Estados Unidos, y uno de los pocos países del mundo que no le tienen fuego abierto por el conflicto con Ucrania.

Para Cuba, Rusia es un poderoso amigo, que apaga fuegos en momentos de urgencias cuando, por ejemplo, vecinos cercanos como Estados Unidos hacen de la vista gorda. Es también un ejercicio de soberanía apostar por este vínculo mirado con sospecha desde el norte, ese que aún ve a Cuba como un país donde se disputa la hegemonía de Washington en la región.

El vínculo con Rusia puede ser para Cuba una carga o una oportunidad, dependerá de diferentes factores. Muchas voces que empujan por el acercamiento de la administración Biden a Cuba y el regreso a una senda de sentido común con la Isla, alertan sobre cómo el vacío dejado por Estados Unidos es llenado por Rusia. Sin embargo, en un contexto en que la Isla necesita amigos allí donde tiendan la mano, Moscú es un aliado que acompaña políticamente, y que puede percibirse como una esperanza en términos de vínculos económicos, los cuales, sin importar lo pequeños que sean, serán bienvenidos.

Maine: enigmas como verdades

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Maine
Ilustración: Félix M. Azcuy

Fue el Caballo de Troya de su tiempo que abrió una línea divisoria; el Hiroshima y Nagasaki, no por la potencia de sus kilotones ni en cuanto a hecatombe mortal, sino por ser un detonante que modificó el curso de los acontecimientos; el Big Bang que expandió un nuevo universo. El eco de su estallido, polémico e incendiario, sigue escurriéndose por los pasadizos del tiempo para redoblar, 126 años después, certezas y teorías de la conspiración. ¿Atentado o accidente? ¿Negligencia o complot? Sobran misterios y verdades históricas.

Eran aproximadamente las 9 y 40 de la noche del martes 15 de febrero de 1898 cuando una fuerte explosión sacudió La Habana. El USS Maine, que se hallaba surto y amarrado a una boya flotante en medio de la bahía, acababa de volar por los aires generando una lluvia de fragmentos metálicos y humanos carbonizados, un fuego espeso que a los ojos incrédulos parecía una hoguera sobre el agua.

Tres semanas antes, el 25 de enero, el acorazado de segunda clase perteneciente a las fuerzas navales de Estados Unidos hizo su entrada triunfal por la boca del Morro. Venía con la excusa de «visita amistosa», de rutina, para velar por la integridad de los ciudadanos de su país ante la agudización del conflicto armado entre el ejército colonial y el movimiento independentista, inspirado por Martí desde febrero de 1895. Aun cuando la Metrópoli consideró esa presencia una provocación, no estaba en condiciones de picar el anzuelo y lo acogió con diplomacia; incluso, para reciprocar «la cortesía», envió protocolarmente su crucero Vizcaya a anclar bajo la pétrea mirada de la Estatua de la Libertad.

¡Bomba! en La Habana

De seguro la rada habanera no había visto huésped marcial tan majestuoso: 99 metros de eslora, 17 de manga y 7 de calado. Imponía con su decena de cañones desenfundados y regias torretas blindadas. Tenía 214 compartimentos estancos y un desplazamiento de 16 nudos (30 km/h) para 6 789 toneladas. Conformaban la dotación 26 oficiales y 328 alistados (entre estos varios emigrantes: 19 irlandeses, 15 suecos, 11 alemanes, 8 japoneses, 7 noruegos, 4 daneses, 3 finlandeses, 2 griegos, 1 maltés, 1 inglés, 1 francés, 1 ruso y 1 rumano; si bien muchos ya tenían la ciudadanía estadounidense o eran residentes en vías de obtenerla). Es falso el mito de que la mayoría a bordo fuera de raza negra (las fotografías hablan solas, no era permitido en dicha marina y los negros estaban destinados entonces a los peores puestos de servicios, como el infierno de ser fogoneros).

Partido en dos por la deflagración, el Maine acabó sumergiéndose en las profundidades. En medio de la cerrazón de la noche, maniobrados por los alaridos de socorro, tripulantes del buque español Alfonso XIII —fondeado cerca— así como otros botes y lanchas, acudieron en rescate de los supervivientes que «heridos unos, abrasados no pocos y aterrados todos, luchaban con las olas y con la muerte», reseñó el diario El Imparcial.

La luz de la mañana dejó ver la dimensión de la catástrofe. El balance de fallecidos quedó en 266, más una veintena de heridos; dos tercios de la tripulación. Otra especulación trenzada a lo largo de años fue inculpar a «la perfidia yanqui», presumiendo que sus espías, para fabricar una «falsa bandera», habían colocado la bomba y por eso algunos jefes y marinos se hallaban en tierra, de juergas por el barrio de El Templete o el Hotel Inglaterra. Lo cual es falaz e injusto, la oficialidad permanecía a bordo. El mismo comandante, capitán de navío Charles D. Sigsbee, debió ser sacado de su camarote de popa por los asistentes, para contemplar abatido cómo su nave y sus hombres eran presas inermes de las llamas, antes de la evacuación.

Explosión del Maine
Así fue recreada la explosión del Maine en la prensa de la época. / Foto: NatGeo

Mientras tanto, el capitán general Blanco se apresuraba a enviar cablegrama a su ministro de guerra, Segismundo Bermejo, dando cuenta que había sido «por incidente indiscutiblemente casual, creyendo que sea explosión de calderas. En el momento del siniestro acudieron al sitio todos los elementos de esta capital para auxilio y salvamento: marina, bomberos, fuerza, todos los generales, entre ellos mi jefe de estado mayor; ha habido muertos y todo. Comunicaré detalles conforme vaya adquiriendo información». Hasta la reina regente María Cristina envió sus condolencias a la Casa Blanca. Incluso, ante la escalada de la crisis, el general Blanco llegaría a escribir a Máximo Gómez, proponiéndole una tregua y unirse para enfrentar la inminente invasión enemiga. «No es posible en suelo cubano una alianza entre su ejército y el mío», contestó sin ambages el Generalísimo.

¿Qué voló con el Maine?

Entre semejante tirantez, la Corona y Washington ordenaron sendas comisiones independientes para investigar lo ocurrido. Igual de encontradas fueron las deducciones. La española, compuesta por viejos lobos de mar, entendió que las altas temperaturas cubanas habrían sobrecalentado el carbón en los depósitos, lo que a su vez desencadenó igniciones en serie. Para ello se basaron en testigos que refirieron haber percibido dos descargas, la primera seca «como un disparo» y una segunda «tan violenta que provocó llamaradas», sin que hubieran surgido columnas de agua, oleaje ni abundantes peces muertos alrededor (evidencias típicas de ataque con mina o torpedo).

Por su parte, los peritos de la Navy insistieron en que era producto de un artefacto externo, pero no existían indicios suficientes para señalar a nadie. Hubo otras suposiciones, aún más fantasiosas, responsabilizando a los insurrectos o amigos suyos en círculos influyentes de la administración norteña, ansiosos de forzar un pretexto para la injerencia.

La noticia del trágico episodio se conoció en Estados Unidos de inmediato. Desde el día 16 los periódicos, sin apenas contrastar la poca información disponible, desplegaron una frenética campaña de propaganda: comenzaron a azuzar los ánimos belicistas mediante la demonización del español, sembraban estereotipos y los catalogaban de «traidores vulgares y granujas», alentaban sin pruebas la tesis del sabotaje, hablaban de paciencia agotada y sed de venganza, hasta ponían en tela de juicio al comandante del desgraciado barco. El New York Journal llegó a ofrecer una recompensa de 50 000 dólares a quien lograse demostrar que la voladura había sido intencional y desenmascarase a los culpables.

Con el curso de las semanas las hipótesis reproducían el peor cariz de esas avalanchas implacables nacidas de pequeñas bolas. Lejos de enfriar la situación, se dio comienzo a una inflamable batalla en el escenario mediático. Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst, los principales referentes y magnates del periodismo, protagonizaron paralelamente su propia guerra de trapisondas. Sus respectivos periódicos, The World y New York Journal, competían en cada tirada por el titular más sensacionalista, la noticia más inaudita, la imagen más extrema. Pero sobre todo quedaron en la historia de la prensa global por disputarse en sus páginas la singular tira cómica del Yellow Kid vestido con sayón gualdo y bocadillos de letras en su interior. Una narrativa pionera, secuencial e ingeniosa que fundamentó el término de prensa amarilla.

Viñeta en que Hearst y Pullitzer, encarnando el Yellow Kid, se disputan el conflicto
Viñeta en que Hearst y Pullitzer, encarnando el Yellow Kid, se disputan el conflicto. / Foto: lavanguardia.com

Todavía se cita la famosa anécdota del magnate Hearst respondiendo al ilustrador Frederic Remington, su corresponsal en la Isla: «Usted ponga los dibujos, que yo pondré la guerra»; le dictaba, como si fuera un presentador de circo anunciando con voz atiplada la apertura del show. Pulitzer, en cambio, dio nombre al premio más notorio del periodismo contemporáneo. Controversia aparte, no se puede negar que hicieron bien el trabajo sucio. Finalmente, el discurso «jingoista» al grito de «¡Remember the Maine, to Hell with Spain!» («¡Recordad el Maine, al infierno con España!») llevó en volandas al clima de guerra. La opinión pública enardecida junto a nueve de cada 10 congresistas predispuestos presionaron con tal arrebato al presidente Mc Kinley, que este, aturdido y timorato, no halló más salida que ceder al rompimiento de las hostilidades.

De nada sirvieron los intentos in extremis de los políticos ibéricos que, olfateando la confrontación internacional, procuraron agenciarse el respaldo del bloque europeo y convencer a sus homólogos gringos de retirar el ultimátum y resolver el desacuerdo por la vía pacífica. Echada estaba la suerte. Cuando la artillería de la potente y moderna armada naval de Sampson pulverizó a la pequeña y obsoleta escuadra de Cervera frente a las costas de Santiago, naufragaron 500 años de dominación. España no tuvo nada más que hacer. Capitularon bajo una ceiba. Y cinco meses después firmaban desabridamente el Tratado de París, donde quedó cedida por «ley del vencedor» la soberanía de los territorios de ultramar: Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam. Las últimas joyas de la Corona.

Reseña de Diario de la Marina sobre el Maine
El Diario de la Marina reseñó las labores para extraer el acorazado en 1911.

Evidencias a flote

En 1911 el senado de Estados Unidos decidió rescatar el pecio mediante una obra ingenieril consistente en un encofrado de ataguías que permitía bombear el agua. Un año después el enmohecido Maine fue reflotado, remolcado mar afuera por unidades de la Marina y dinamitado con honores militares. Como para perpetuar la huella del desafortunado suceso que en parte decidió el destino de la nación, desde 1925 quedó un monumento erigido en el Malecón a la memoria de las víctimas.

La obra del arquitecto Félix Cabarrocas exhibe dos cañones de proa, cadenas y bronces fundidos alegóricos a lo que ocurrió. Delante está la madre Norteamérica sosteniendo los cuerpos de sus hijos inmolados y en la contracara puede leerse el extracto de la resolución conjunta: El pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre, soberano e independiente. En la cima tuvo originalmente un águila, decapitada como símbolo imperialista en mayo de 1961.

Durante dicha extracción de los restos tampoco se aclaró oficialmente la causa del hundimiento, aunque el vicealmirante George W. Melville, jefe ingeniero de la Armada, opinó que la explosión sobrevino dentro. Hubo que esperar hasta 1975 para que el almirante Hyman G. Rickover —considerado padre del primer submarino nuclear norteamericano— aportara las conclusiones más sólidas.

Rickover y su equipo de expertos revisaron a fondo el expediente del caso. «En los informes examinados no hemos hallado pruebas técnicas de que una explosión externa iniciara la destrucción del Maine. Las pruebas existentes apuntan a una sola explosión interna. Por tanto, concluimos que la explosión se produjo en el interior del buque. El origen más probable de la misma fue el calor producido por un incendio de la carbonera contigua al pañol de municiones de reserva de 14cms. Sin embargo, puesto que no existe modo alguno de probar esto, no puede eliminarse la posibilidad de que haya otras causas internas», dictamen citado textualmente en Cuadernos del Pensamiento Naval, edición 35 del 2023.

Modelación del estallido realizada por un estudio de National Geografich Magazine
Modelación del estallido realizada por un estudio de National Geografich Magazine en 1998. / Foto: NatGeo

Por añadidura enfatizaba la subyacente negligencia del mando que no habría tomado debidas precauciones para lidiar con el ambiente cálido de La Habana. Demasiado tarde se corroboraba la versión hispana. Pesquisas posteriores han revalidado esa teoría. Para otros la explicación definitiva sigue inconclusa, pues les resulta extremadamente sospechoso que el Maine estallara de manera fortuita, en el lugar y el momento precisos.

«Es, desde luego, un alivio para todos saber que no hubo por ninguna de las partes conspiración para delinquir. Pero España salió vilipendiada del accidente. En su mensaje al Congreso de 11 de abril de 1898 solicitando autorización para intervenir por las armas a fin de lograr la pacificación de Cuba por la fuerza, el presidente Mc Kinley hizo de la destrucción del Maine el primero de los fundamentos racionales de la intervención armada. En las páginas que dedicó al asunto, Mc Kinley no se atrevió a endosar la tesis de España como lo que hoy se llamaría un Estado terrorista, pero sí la del Estado fallido en Cuba, el Estado incapaz de cumplir con sus obligaciones de protección de los buques surtos en sus puertos, de garantizar la seguridad de un buque de la marina norteamericana. De ello podría derivarse un deber de reparación con fundamento en la llamada culpa in vigilando», enjuició en su artículo El borrón del Maine, el prestigioso académico español Antonio Remiro Brotons, toda una institución en Derecho Internacional.

Para muchos el principio del fin del imperio español fue precipitado con la voladura del Maine, y propiciado por ese concepto hoy tan de moda: fake news. Lo irremisible es que el suceso resultó el auténtico casus belli que conducía a meter el dedo en la herida del León agonizante y a cosechar la fruta largamente anhelada con moralina. Estados Unidos sacó pecho de potencia flamante. Puede conjeturarse lo que se perdió en Cuba: ¿el último hombre y la última peseta, tal cual ofrendaban? ¿La esperanza patriótica expresada en la sentencia célebre de: «tristes se han ido ellos, tristes hemos quedado nosotros»? Desde el palco de los siglos se puede entrever: la suprema consecuencia, más que militar y económica, fue de identidad.

Monumento en el Vedado capitalino dedicado a la memoria de las víctimas de la voladura del Maine
Monumento en el Vedado capitalino dedicado a la memoria de las víctimas. Foto: habanaradio.com

Fuentes consultadas:

La voladura del USS Maine en 1898: accidente, manipulación e intervencionismo, Eusebio Leal; El Maine y la Guerra de Cuba, en Cuadernos del Pensamiento Naval; El borrón del Maine, Antonio Remiro Brotons; La explosión del Maine, Gustavo Placer Cervera.

Hacemos Cuba: ¿por qué aumenta el crimen en la sociedad cubana?

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Programa Hacemos Cuba sobre el crimen
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Este 13 de febrero la televisión cubana retomó la salida al aire del programa Hacemos Cuba, que regresará de forma habitual a las pantallas los miércoles alternos al concluir la emisión estelar del Noticiero de la Televisión Cubana. 

Con la conducción de Humberto López, el espacio que se hizo célebre por denunciar actos violentos financiados desde el exterior como por desacreditar a figuras y grupos opositores, a partir de ahora se centrará en el «combate popular contra las indisciplinas sociales e ilegalidades».

En esta ocasión contó con la presencia de Alina Montesino Li, vicefiscal general de la República; el coronel Hugo Morales Karell, segundo jefe de la Dirección General de la Policía Nacional Revolucionaria, y Reynol Pérez Fonticoba, vicecontralor general de la República.

El coronel Hugo Morales Karell aseguró que no hay impunidad a la acción delictiva por parte de los comisores, gracias al trabajo conjunto del Ministerio del Interior con el resto de las organizaciones políticas y de masas.

Por su parte, la vicefiscal general de la República declaró que Fiscalía asume una mayor exigencia en el cumplimiento de la ley por todos los órganos del Estado, las entidades y los ciudadanos. Ante las denuncias de la población por infracciones de la ley en las entidades económicas, se incrementó  «el control de la investigación penal» y «la severidad en la solicitud de medidas cautelares en los ilícitos penales, especialmente de la prisión provisional y en la solicitud de penas de internamiento».

Según las cifras presentadas en el programa, durante el año 2023 la Fiscalía recibió 627 denuncias de la población, que manifestaban infracciones que se estaban cometiendo en entidades económicas. En el 58,8% se determinó que, en todo o en parte, les asistió la razón a los promoventes y «aseguró» con prisión provisional al 73% de las personas presuntamente responsables de cometer crimen.

Se «aseguró» con prisión provisional al 73% de los presuntamente responsables de cometer delito. El 89,5% de las sanciones interesadas por los fiscales implicaron el internamiento.

De ellos, 91% en delitos asociados a la violencia y las drogas; 90% en hechos de corrupción; 87% en hechos que afectan al sistema electroenergético; 84% proxenetismo; 83% combustible; 81% medicamentos; 79% en delitos contra el ganado. Estas cifras elevadas corresponden a las modalidades de mayor lesividad social.

El 89,5% de las sanciones interesadas por los fiscales implicaron el internamiento de los implicados. Superan este porciento las sanciones para los casos de violencia, drogas, corrupción, combustible, proxenetismo, contra el ganado mayor, entre otros.

En el caso de la Contraloría, Reynol Pérez Fonticoba, vicecontralor general de la República expresó que la atención a quejas y peticiones de la población se reciben de forma presencial en cada una de las contralorías provinciales y de las secciones radicadas en algunos territorios, así como en la General.  

¿Por qué aumenta el crimen?

Ante la pregunta sobre por qué entonces suceden delitos como el robo de las toneladas de pollo, el vicecontralor respondió que cuando ocurren hechos de esa naturaleza y magnitud han estado manifestándose durante un largo periodo de tiempo. «No se establecen adecuados sistemas de control interno, falta exigencia administrativa, prolifera la indisciplina y en algunos momentos la concertación para delinquir y apropiarse de esos recursos»

«Descontrol e ineficacia», sentenció el coronel Hugo Morales para referirse a la realidad de que en lugares con recursos sensibles para la población existe en muchas ocasiones descontrol por parte de las administraciones en cuanto a la custodia de estos bienes. Para ello, «es necesario la denuncia temprana que garantice una respuesta inmediata de los órganos policiales», añadió.  

En consonancia, «la responsabilidad colateral de las personas que están en el nivel jerárquico superior no se ha aplicado», reconoció el vicecontralor Pérez Fonticoba.    

Opinamos que en el escenario de crisis socioeconómica actual que vive Cuba no es suficiente apelar a la implementación de sistemas de control y a la exigencia administrativa para evitarlos, mucho menos regodearse en respuestas punitivistas que apuestan por la cárcel como la solución mágica al problema.

En el escenario de crisis socioeconómica actual que vive Cuba no es suficiente apelar a la implementación de sistemas de control y a la exigencia administrativa para evitarlos.

La relación entre la pobreza, desigualdad, marginación y delincuencia ha sido probada por múltiples estudios a nivel internacional. En un debate realizado por la revista cubana Temas en 2021 la socióloga Rosa Campoalegre se refirió a tres ejes imprescindibles a tener en cuenta para la diminución del crimen:

  1. «la calidad de la educación, especialmente de la educación en valores dentro y fuera de la Escuela»
  2. «las políticas sociales en clave interseccional que tomen en consideración las variables determinantes en la matriz de desigualdad social: color de la piel, género generación, territorio, situación migratoria, tipo de familias, entre otros»
  3. «el mejoramiento de las condiciones de vida de la población»

Con una inflación que ha logrado minar completamente la capacidad de compra de los salarios, el desabastecimiento de productos de primera necesidad en tiendas estatales en moneda nacional y su altísimo costo en el sector privado, la reducción de la canasta familiar normada, y la comercialización informal naturalizada de servicios e insumos asociados las conquistas históricas de la salud y la educación, se hace evidente el empobrecimiento de sectores que hoy están vulnerabilizados como nunca antes desde 1959 hasta la fecha.

Instamos al programa a hacer preguntas más complejas que vayan a las causas estructurales que provocan el delito y la corrupción. ¿Qué papel juega hoy el trabajo asalariado en la reproducción de la vida de los cubanos? ¿Qué efectividad real han tenido las políticas de «atención a vulnerables» para lograr sacar a las personas de la pobreza? ¿Quién pone a los corruptos a ocupar puestos de dirección? ¿Qué responsabilidad tienen las máximas instancias estatales en estos hechos delictivos?

Si bien es positivo que los medios estatales aborden una problemática de gran preocupación para la ciudadanía, como lo es el incremento del crimen, se debe tener sumo cuidado en no caer en posiciones clasistas y punitivistas que reproducen el dogma neoliberal tan extendido en Latinoamérica de que «quien delinque lo hace porque quiere o porque no le gusta trabajar».