Después de cinco años de espera, Cuba recibió, conmocionada, la noticia de que los médicos cubanos Landy Rodríguez y Assel Herrera, secuestrados en África por insurgentes islamistas, probablemente murieron bajo las bombas de un dron estadounidense.
La primera noticia de la muerte de los cubanos fue ofrecida por Al-Shabaab, la organización que los secuestró el 12 de abril de 2019 mientras trabajaban en Kenia y los trasladó luego a Somalia, un país que se debate en un conflicto interminable entre islamistas y el gobierno apoyado por la administración norteamericana.
Al-Shabaab responsabilizó totalmente a los Estados Unidos por la muerte de los galenos este 15 de febrero en la ciudad de Jilib. Según el comunicado, «la incompetencia» estadounidense y «su defectuoso aparato de inteligencia» provocaron la muerte de los médicos. Insistieron en que los efectivos «han estado atacando deliberadamente a los prisioneros durante varios años» y que antes de este último hecho ya habían sido objeto de dos ataques dirigidos.
La nota de Al-Shabaab se publicó acompañada por la foto de un cadáver que supuestamente sería uno de los cubanos. Ninguno de los gobiernos implicados ha ratificado o negado formalmente la veracidad de la foto.
Lo que sí está verificado, por el ejército de Somalia y por el Pentágono, es que el ataque relatado por Al-Shabaab ocurrió realmente, sin que ninguna de las partes haya revelado ninguna pista específica sobre la suerte de Landy y Assel.
El ejército somalí confirmó la operación militar sin ofrecer muchos detalles. El ejército estadounidense, por su parte, dijo a CNN que no hay evidencias de víctimas civiles y aseguraron que continuarán investigando la imputación que se les hace de haber matado a los médicos cubanos.
El presidente Díaz-Canel en su cuenta de X, lo mismo que el Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) y el de Salud Pública (Minsap) han insistido en que se trata de una información no confirmada. A raíz de las notas oficiales, el gobierno cubano ha tenido que enfrentar reclamos de la opinión pública por no haber podido concretar el rescate de los profesionales de la salud que cumplían misión oficial.
Expreso toda mi solidaridad y afecto a las familias de nuestros médicos Assel y Landy, en estos momentos de incertidumbre y acrecentado dolor, ante las trágicas noticias aún no confirmadas, en cuyo esclarecimiento trabajamos arduamente con autoridades internacionales.
— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) February 17, 2024
Una parte de los críticos compara a Díaz-Canel desventajosamente con Fidel Castro, que fue capaz hacer regresar al teniente cubano Orlando Cardoso Villavicencio, preso durante 11 años en la misma Somalia desde 1978. Incluso algunos partidarios de la Revolución Cubana han juzgado, en sus perfiles de redes sociales, que la gestión gubernamental para rescatar a Landy y Assel fue poco entusiasta. No hubo un discurso público frecuente sobre el caso, en efecto, y el seguimiento informativo ha sido esporádico y con poca información.
La duda general es: ¿hizo el gobierno cubano todo lo que podía hacerse o fue negligente? El problema es el mismo de siempre. El gobierno no ha explicado lo que hizo. Deja pasar los días sin rendir cuentas sobre un hecho que le está costando su limitada credibilidad en medio de la crisis política actual.
¿Héroes o víctimas?
La frustración de quienes esperaron un final feliz, un regreso a la patria que compensara a las familias y a la patria misma, tan desesperanzada por esta época, es inmensa. No vamos a resolver fácilmente ese dolor.
Nos cuesta entender, en la paz que tenemos, que este es el desenlace propio de las guerras, sobre todo de los conflictos desiguales que enfrentan a ejércitos tecnologizados con las guerrillas precarias del fin del mundo.
La publicitada «lucha contra el terrorismo» es la opción policial que adoptaron las metrópolis coloniales de siempre para intervenir, con el argumento de la seguridad mundial —que es una forma de actualizar el viejo pretexto de civilizar—, en las periferias descontroladas. Nada ha cambiado tanto como quieren hacernos creer. En medio de esa pelea, estaban nuestros médicos.
Hasta ahora no sabemos cómo vivieron estos cinco años, qué comprensión tenían del conflicto que los atrapó ni qué relación llegaron a tener con sus secuestradores. Es casi seguro que, de ser cierta la muerte de ambos, no lo sepamos nunca.
No sabemos cómo vivieron estos cinco años, qué comprensión tenían del conflicto que los atrapó ni qué relación llegaron a tener con sus secuestradores.
Algunos opositores del gobierno cubano han preferido presentar a Landy y a Assel como dos víctimas, en coherencia con el discurso que tienen sobre las misiones médicas. Para el gobierno estadounidense y los simpatizantes de su política de aislar a Cuba, la cooperación cubana en decenas de países es una forma de esclavitud.
El heroísmo tiene muchos caminos. No siempre se trata de una elección realizada con plena conciencia. Dejar a sus familias, ir a África, a un territorio conflictivo, ya fue una decisión heroica. En la vida de campaña que fueron obligados a llevar durante cinco años, portarse como héroes debió ser la pauta común.
Hay muchos puntos negros en las misiones médicas. Los cooperantes cubanos deberían recibir un mejor salario. Esa parece ser la demanda principal que tienen, y es totalmente justa. En un contexto ideal de derechos laborales, deberían poder negociar las condiciones de sus contratos. El otro gran señalamiento gira en torno a la disposición que pauta una prohibición de entrada a Cuba de ocho años si abandonaran la misión, para quedarse en ese u otro país. Esos problemas siguen sin resolverse, y el Estado cubano también ha evadido un debate público sobre ello.
Hay muchos puntos negros en las misiones médicas. Los cooperantes cubanos deberían recibir un mejor salario.
La organización de las Naciones Unidas define la esclavitud como «situaciones de explotación en las que una persona se encuentra y no puede rechazar o abandonar debido a amenazas, violencia, coerción, engaño o abuso de poder».
Hasta el momento, no se han podido presentar pruebas contundentes que demuestren que los doctores cubanos son obligados por el Estado a formar parte de estas misiones, tampoco de que no puedan retirarse de estas para regresar a la Isla. Por tanto, presentarlas como una institución oportunista y abusiva, que debería ser cancelada de facto, resulta bastante falaz.
La mayoría de las campañas de la oposición también obvian que, incluso bajo esas cuestionables condiciones laborales, durante décadas estos programas impulsados por el gobierno cubano han permitido que poblaciones marginalizadas, en los países más pobres, tuvieran acceso a servicios básicos de salud. El reconocimiento de esa cooperación por parte de organismos del más alto nivel, incluidas las agencias de Naciones Unidas, es notorio.
Quitarle el mérito a este país y a sus médicos, poner en duda el carácter voluntario del trabajo que hacen en escenarios difíciles con tal de atacar al gobierno cubano, deja sin credibilidad a los medios, organizaciones y activistas que intentan desprestigiar una cooperación aplaudida por la mayor parte de la comunidad internacional.
El válido reclamo de mejores condiciones y derechos laborales para los profesionales pierde fuerza cuando se instrumentaliza para tratar de anular el último orgullo a un país que tiene, a pesar de tantas paradojas en materia de derechos humanos, una de las tradiciones de cooperación más firmes del mundo.
El válido reclamo de mejores condiciones y derechos laborales para los profesionales pierde fuerza cuando se instrumentaliza.
Esta instrumentalización tiene como base desestimar la tradición humanista que distingue al pueblo cubano. Incluso cuando los cooperantes no recibían compensación económica por ello, muchos galenos decidieron prestar su trabajo en otros lugares para garantizar servicios de salud a poblaciones que históricamente han estado privadas de estos.
Distintos significados de la muerte
Las evidencias disponibles, insuficientes como son, apuntan a que Landy y Assel, como dice Al-Shabaab, murieron el jueves 15 de febrero en Somalia. Su muerte sería la primera de este tipo en la larga historia de las misiones médicas cubanas. La historia que les tocó fue dura y excepcional.

Merecen todo el respeto, todo el honor, y probablemente lo tendrán, pero ningún homenaje político que les dediquen será suficiente para reparar el prestigio del gobierno cubano, señalado constantemente por el deterioro de los servicios médicos y ahora, como si tuviera poco encima, por haber sido negligente al gestionar la liberación de sus cooperantes.
De haber trabajado consecuentemente por la liberación de Landy y Assel, como han sugerido los comunicados oficiales, valdría la pena que el gobierno transparentara los detalles de sus indagaciones y negociaciones. De lo contrario, estas muertes aumentarán un par de líneas la reputación de ineficiente que pesa insoportablemente sobre la percepción ciudadana de la gestión gubernamental.
Mientras no quede claro en qué empleó el gobierno los cinco años transcurridos desde el secuestro hasta ahora, y el saldo de lo realizado sugiera responsabilidad y compromiso con la vida de los médicos que trabajan en el extranjero, las muertes de Landy y Assel en circunstancias oscuras a manos del ejército estadounidense, no significarán una denuncia contra el imperialismo ni una prueba de la grandeza moral de la cooperación cubana, sino una evidencia de lo incompetente que es la actual dirección del país. Y en este caso, por razones obvias, una incompetencia especialmente inaceptable.
















