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¿Cómo informar en medio del apagón?: apuntes sobre la comunicación de crisis en Cuba

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Ilustración: Félix M. Azcuy

Ya vamos por la tercera desconexión del sistema eléctrico nacional (SEN) en los últimas dos meses, y aunque puede afirmarse que se han implementado aprendizajes con respecto a la que se produjo el pasado 18 de octubre, todavía es notable la falta de un enfoque estratégico para la planificación de acciones comunicativas que logren los objetivos fundamentales en un momento de crisis:

  1. Informar de manera rápida y con el mayor alcance posible sobre qué ocurrió exactamente.
  2. Explicar las acciones que se llevarán a cabo en las próximas horas, con un estimado realista de cuánto puede durar el restablecimiento, en cuanto se cuente con los datos para hacerlo.

En lo que a planificación se refiere, las fases de una comunicación de crisis son tres: pre-crisis, de crisis y post-crisis. En la etapa más aguda, las personas necesitan información inmediata sobre qué ha sucedido y cuál es el pronóstico, puesto que las familias, trabajadores autónomos y empresarios (tanto en sector estatal como en el privado) implementan estrategias propias para afrontar las dificultades que genera la situación, en este caso una caída del SEN. La búsqueda de información se vuelca a los medios, sobre todo a los principales y con más amplias audiencias, por tanto, la noticia rápida con la información existente, así sea poca, es lo primero a comunicar.

Pero cualquier estrategia de comunicación ante una caída del SEN no solo debe tener en cuenta la amplitud de las audiencias en tanto número y territorios, sino también las características de dichas audiencias, y por tanto, los comportamientos esperables en cada etapa. No son pocas las familias y negocios que como estrategia propia ya se han hecho de plantas o de algún sistema de respaldo. Plantas importadas, criollas, estaciones de almacenamiento, incluso baterías de motos y carros se usan para intentar mantenerse informados en apagones.

En consecuencia, lo primero que se espera es que radio y televisión estén transmitiendo sobre lo ocurrido, acción comunicativa en la que todavía hay deudas, más aún cuando no son pocas las radiobases (que permiten el servicio de datos móviles) cuyas baterías se han dañado y en cuanto no tienen electricidad se apagan, dejando grandes zonas desconectadas. No obstante, varios dispositivos móviles captan la señal radial sin necesidad de conectarse a Internet, lo cual pudiera ser una vía expedita de información si las emisoras trasmitieran información actualizada sobre el suceso, algo que no siempre ha ocurrido. 

Por tanto, aquí las primeras tres propuestas relacionadas a medios:

  1. Colocar cintillo permanente en la televisión, en todos los canales, con la noticia e irlo actualizando en la medida en que haya información nueva, porque el comportamiento esperable de todo el que pueda encender un televisor es que lo hará para saber qué pasó, y no necesariamente será en horas de noticieros. A las 6:15 am de este miércoles, Cubavisión no tenía ninguna información en pantalla sobre lo sucedido, solo estaba en retransmisión la novela brasileña. Tampoco había información en ningún otro canal.
  2. Transmisión inmediata en Radio Reloj y otras emisoras. El énfasis en Radio Reloj es porque muchas personas sin conexión ni capacidad de encender un televisor intentan escuchar Radio Reloj ya sea vía teléfono fijo o por la app de radio de un móvil. Aunque los titulares se leen cada 30 minutos, la noticia sobre la caída del SEN y la información nueva que se vaya generando debería darse al menos cada 15 minutos durante todo el tiempo en que esté la afectación. A esto habría que agregar la importancia de que se amplíen las capacidades de la emisora para recibir llamadas de escucha, puesto que ya hubo no pocas quejas de que durante el huracán Rafael «las líneas estaban congestionadas».  Desconozco las posibilidades de personal y recursos de Radio Reloj pero supongo que estén en condiciones de tener un periodista presente las 24 horas y con conexión a internet que pueda redactar notas que actualicen los partes que da la Unión Eléctrica y ponerlas sobre la mesa de los locutores.
  3. Publicación inmediata en todos los medios nacionales con actualizaciones constantes, tanto en redes como web. En el sitio de cualquier medio, esa es la noticia que debería encontrarse a un primer golpe de vista. La información sobre lo sucedido debe ser fácil de encontrar, fijar publicaciones en redes que se vayan actualizando por horas con lo último siempre arriba, para que sea lo primero que encuentre cualquier usuario.

Ya que la prensa estatal tiene una dirección centralizada bajo el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, una estrategia comunicativa nacional para estos casos no sería una gran dificultad, lo cual no exime a los medios de tener estrategias propias, apegadas a sus perfiles editoriales y audiencias. Asimismo, deberían crear protocolos con los escasos recursos y personal que tienen a su disposición, o sea, dejar por escrito cómo funciona una redacción ante la caída del SEN, quiénes son los responsables de garantizar el flujo de información, qué debe ir a web y qué a redes, etc.

En cuanto a estrategia institucional, hay mucho que decir sobre lo que pudiera hacerse además de la noticia inmediata en los perfiles de redes —aunque de igual manera dependerá de recursos y personal disponible—, pero lo cierto es que, desde la caída del SEN en octubre, la comunicación ante estos eventos ha ido mejorando. Algunas acciones que no pueden faltar:

  1. La Emprensa Eléctrica debe transmitir la información de relevancia nacional en todos sus perfiles, con actualización constante y manejo de comunidad. Más allá de la avalancha de comentarios negativos, muchos usuarios hacen preguntas que quedan sin constatar en los perfiles de Facebook.
  2. Etecsa —mucho más atrás en cuanto a la comunicación en sus redes si se compara con la gestión de la UNE— debería dar información actualizada sobre telefonía fija caída por apagón, y sobre todo por zonas. Lo primero ya se ha ido implementando, lo segundo no. Lo mismo cuando se esté en proceso de restablecimiento ya sea por apagón, huracán o algún otro tipo de desastre.
  3. Otros perfiles institucionales como el de los ministerios, en vez de replicar la noticia con un mensaje triunfalista, deberían informar inmediatamente si se mantienen o no de manera normal las actividades o se toman medidas ante la crisis. ¿Se mantienen las clases en escuelas primeras hasta la tarde? ¿Cuentan las cocinas de escuelas con recursos para cocinar? ¿Están las universidades en capacidad de mantener clases? Son apenas algunas preguntas para el sector de la educación.

En cuanto a este punto, alguien podrá decir que en la mañana se dijo en Buenos Días, o en Canal Caribe que se suspendían actividades docentes y laborales, pero no son pocas las personas con escolares a cargo que este miércoles se preguntaron si debían enviar los niños a la escuela, lo cual es resultado de no tener protocolos comunicados con anterioridad (propio de la etapa pre-crisis) y que no se haya tomado acción tan obvia como aprendizaje después de los apagones de noviembre (propio de la etapa post-crisis).

Ese mismo día, a las 12 pm, una maestra de la escuela Josué País, de Boyeros, le explicó a varios padres a las puertas de la escuela que aunque se había comunicado en Buenos Días sobre la suspensión de clases, esa información no les había llegado por el municipio de Educación, por tanto, no podían suspender las actividades, y quinto y sexto grado hicieron las pruebas de control planificadas para ese 4 de diciembre. La explicación no es otra que la ausencia de un protocolo.

Por supuesto que hablar de fases pre y post crisis con respecto a la situación del sistema electroenergético nacional es en cierta medida no realista, pero sí hay momentos más agudos donde antes y después deberían tomarse acciones y ganar en capacidad de adaptabilidad en lo que concierne a comunicación. Sumado a esto habría que agregar acciones de comunicación comunitaria, porque a nivel local, por territorio, también deberían fijarse protocolos y capacidades para informar de manera inmediata.

El otro punto débil de la comunicación cada vez que sucede un evento de este tipo es el carácter triunfalista que pretende darse a la información. Se ha convertido en regularidad que entre las líneas de mensaje se incluyan respuestas a la comunicación que genera la oposición, con lo cual, hay un esfuerzo visible por transmitir respaldo a la revolución, confianza y resistencia.

Y no significa que si hay algún tipo de noticia falsa o engañosa circulando, no se contrarreste la desinformación. Pero desde el punto de vista estratégico ¿qué sentido tiene comunicar para un público objetivo respondiendo a otros emisores? El resultado de tener una comunicación reactiva como práctica continuada, que se centra más en replicar que en informar y analizar adecuadamente lo sucedido, es que entre los públicos —que sí necesitan la información para gestionar hogares y negocios en este contexto— se genera incomodidad y se profundiza la distancia y el rechazo ante un mensaje que se torna incómodo por distanciado de la realidad. En una situación de malestar por la crisis, un enfoque forzadamente positivo, más que generar aliento, refuerza el enfado y la desconfianza de la audiencia.

Los contextos de crisis son especialmente sensibles en términos comunicativos: lo que más necesitan las audiencias es la empatía. Lo contrario, solo resulta en malestar amplificado —tengamos en cuenta que el punto de partida es la situación en sí—, y rechazo por escuchar el mismo mensaje una y otra vez. En este caso, la repetición vacía solo aumenta el sentimiento negativo, algo perfectamente medible en redes sociales.

Dicho de otro modo, no se necesita decir «confíen» cuando se transmite confianza, pero hay que transmitirla verdaderamente, y eso incluye también el manejo de las expectativas de las audiencias. Cuando se promete mucho y no se cumple, quien escucha aprende a desconfiar como primera reacción a la comunicación.

Por otro lado, si lo que las audiencias exigen y piden es una estrategia concreta sobre cómo salir de la crisis, alguna respuesta concreta hay que darles. Las frases optimistas no son un paliativo. Se necesita decir claramente por qué se llegó a la situación actual, más allá de la responsabilidad de las medidas coercitivas externas, que está clara para la mayoría de los cubanos, pero que como constante, se debió haber tenido en cuenta en cualquier estrategia de desarrollo. ¿Qué ha fallado en las inversiones al sector de la energía? ¿Qué se hará en el corto, mediano y largo plazo para solucionar la crisis energética?

Ni las redes sociales ni la comunicación que hace una figura política o una institución deben concebirse como un mural. Los murales no tienen interacciones con quien los lee, no reaccionan, no responden; solo sirven para colgarles cosas. Y la gente que lee, escucha y ve frente a una pantalla necesita que le presten atención. ¿O es que acaso la comunicación no se trata de eso?

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Foto: Néster Núñez

Y cuando llegó una de esas noches malas —nunca se sabe si va a ser la peor o vendrá otra aún más oscura— Manchuco decidió convertirse en náufrago por cuenta propia. Fue una determinación consciente, según pensaba, porque nunca le había gustado que las cosas sucedieran por azar ni que otros decidieran su destino, aunque en realidad no hacía más que meterle velocidad a la nave de su vida, que desde hacía años llevaba un rumbo incierto, con todos los visos de volver a zozobrar, manejada por un capitán y un timonel que ni idea tenían de la navegación hacia costas prósperas.

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Foto: Néster Núñez

Pues en una mochila amplia guardó Manchuco calderos, cuchillos, vestimentas y alimentos perdurables, más otros cuantos pertrechos, y dio un timonazo que lo llevó a un punto en la geografía cercano a lo que se daba en llamar Puerto Escondido. Por lo que había ahondado sobre naufragios en libros y películas, además lo que le dictaba el sentido común, era el lugar perfecto para sumergirse en la soledad, fracasar sin que nadie lo supiera, pasar sed y hambre y, algún día lejano, resurgir de las cenizas seguro de sí mismo.

Montó el campamento bajo las sombras de las uvas caletas y acondicionó con piedras un fogón rudimentario. Las fuerzas restantes le alcanzaron solo para acopiar agua del río y recolectar caracoles y cucarachas de mar, vaya fósiles duros, que dieron sabor amargo y escasa proteína a una sopa tan caliente como descarnada. Sin embargo, las primeras horas las durmió a pata suelta. La brisa leve del invierno ahuyentaba jejenes y mosquitos, y los desconocidos ruidos nocturnos sobre las hojas secas, que al principio lo mantuvieron en alerta, terminaron por convertirse en un arrullo casi, en una nana suave que lo trasportó a su infancia.

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Foto: Néster Núñez

Soñó con galletas de soda, con barras de chocolate, con carne de cerdo asado y con las risas emigradas de sus hermanos y su madre. Con una pañoleta azul alrededor del cuello. Con un pirulí naranja y con un papalote con los colores de la bandera empinado desde la azotea. Más hacia el amanecer, cuando ya tocaba por obligación abrir los ojos, regresar del ensueño, vio la cola de un coronel engrifada de cuchillas, sintió aquel viento salvaje que se llevó a bolina la imaginación junto con su papalote, como en una canción triste, y despertó con un escándalo de tripas que no sonaban a intoxicación ni a hambre. Más bien a dudas, a miedos.

Apenas se sostuvo con los pies en la tierra, lo invadieron los mareos y temblores. La absoluta consciencia de las nubes sobre su cabeza, de la vastedad del mar, de la agresividad del dienteperro y, sobre todo, de la insignificancia de los sueños y las preocupaciones humanas para el orden natural de las cosas, le hicieron crecer desde el estómago una arqueada y un fuerte impulso a retornar a su existencia insuficiente, pero segura. Antes de empacarlo todo para iniciar el regreso, se sentó junto a un árbol caído con las manos sobre unas rodillas que no resistieron el peso de su cuerpo.

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Foto: Néster Núñez

Un aura tiñosa hurgó entre las minúsculas tripas de los caracoles de la noche anterior y un tomeguín voló hasta su nido en la uva caleta con un gusano en el pico, mientras Manchuco permanecía con la vista clavada en lo azul del mar, en las pequeñas crestas de las olas, sin verlas. Tampoco escuchaba los sonidos del agua contra las rocas, ni su propia respiración. Las hormigas y las moscas invadieron el recipiente del caldo. El universo proseguía con sus ciclos de vida y muerte, ajeno a Manchuco que, mudo y con los ojos secos, parecía una prolongación de aquel tronco marchito al cual recostaba la espalda.

Después de la certeza de la soledad, lo siguiente que les sucede a los náufragos es que pierden la noción del tiempo. Manchuco no había llevado reloj ni teléfono a propósito. La puesta del sol lo sorprendió en la misma posición, y digo sorpresa porque, en su mente, no habían transcurrido algunas horas sino decenios. Llegó hasta a pensar, o fue un leve sobresalto, que cuando volviera a la civilización sus conocidos serían ya viejos o, peor, que ya no habría nadie, que la humanidad se habría extinguido. Y esa sensación de ser el único sobreviviente no le dio ni frío ni calor. Si regresas con éxito de un naufragio, o amas con locura la más exigua muestra de vida o hasta la muerte más brutal, deja de tener importancia. Igual sería volver del frente de guerra.  

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Foto: Néster Núñez

De hecho, en algún momento inexacto de su catatonia, Manchuco se concentró en una sigua muy similar a las que había hervido la noche anterior. Vio que el animal y su casa eran una misma cosa. Que el animalito, la casa y el entorno inmediato tenían forma y color semejante. ¿De qué se alimentaba? ¿Por qué no se movía? ¿Todo lo necesario para existir le venía en el código genético, o se formaban ciertas sinapsis en su improbable minúsculo cerebro? ¿Tener cerebro es una condición imprescindible para ser inteligente? ¿Qué es la inteligencia y para qué hace falta? ¿Será para ejecutar, sin más, nuestro ciclo de vida, o algo llamado felicidad se relaciona con la inteligencia?

Las preguntas eran como nubes grises y bajas que circulaban veloces en lo que Manchuco, sin darle importancia a las respuestas, encajaba el cuchillo en la madera del árbol y escribía su nombre, henchido de placer, con una caligrafía tosca. Debajo trazó dos rayas paralelas, sus dos noches de náufrago ejemplar, y suspiró como quien empieza a ser. O tal vez no fue un suspiro sino el disimulo de un llanto.

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Foto: Néster Núñez

Luego se tendió Manchuco sobre la arena tibia y vio en el horizonte un tiburón abstracto conformado por gotas y vapores de agua, vio una bandera en su asta y el perfil de una mujer con el cabello largo. Encontrarles forma a las nubes es como dibujar sin pincel, como expresar los temores, anhelos y contradicciones del alma humana, en un formato externo que revierte la inmediatez de nuestros cuerpos. Había también en el cielo tres jiguas enormes y una cucaracha de mar. Con los ojos en ellas Manchuco se quedó dormido.

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Foto: Néster Núñez

Comió pan duro cuando amaneció, bebió agua y puso manos a la obra para crearse una rutina de sobrevivencia. Aseguró mejor su refugio, hizo el inventario de las provisiones que había traído, puso a buen resguardo suficiente leña seca. Muy cerca encontró frutas comestibles y huevos de aves, y construyó trampas para peces. A eso le siguió quitarse en el mar los sudores y el polvo. Anduvo descalzo hasta la línea de costa sintiendo la sangre hirviente bajar desde el corazón hasta cada pinchazo que le hacían las rocas en los pies, y cuando se tiró al agua la sintió el doble de helada. No contuvo la exclamación, la palabrota, pero braceó con ímpetu hasta calentarse. Después regresó al campamento porque tocaba explorar los alrededores.

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Foto: Néster Núñez

En los libros y en las películas lo había aprendido: necesitaba subir la montaña más alta, asegurarse de que su prisión fuese una isla, porque el barco de ningún náufrago famoso había encallado en un continente. ¿O testimonios tremendos faltaban por contarse en la literatura y el cine? Sentir que todo lo que fue tu vida ha quedado atrás, que empiezas desde cero, que no sufres hambre y sed, pero sí soledad, desconcierto, vacío… Sentir que tocas fondo y luego sacar lo mejor de ti de donde ya crees que no hay, para poder resurgir y superarte, lo logres o no, son historias demasiado frecuentes, esos miles de naufragios anónimos que se dan en cualquier parte.

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Foto: Néster Núñez

Después de pensarlo, la escalada de Manchuco perdió significado. Es en la vida real donde te mides, es allí donde necesitas resurgir una y otra vez como ave Fénix, y no simulando una fuga a un puerto escondido. Aun así, Manchuco evitó las espinas de los arbustos y los recodos más escarpados, y terminó de subir los últimos metros con la vista clavada únicamente donde ponía las botas, como si su hazaña fuera vana y se sintiera avergonzado.

Pero, mientras más alta sea la cima que conquistas, mayor es la recompensa. La autoestima crece, el cuerpo por fin se relaja y el espíritu se premia con la visión del paisaje. Fue lo que sucedió cuando Manchuco se entregó a observar la naturaleza a su alrededor. El éxito de un náufrago consiste en no compararse con otro, se dijo y sonrió por primera vez. No había que menospreciarse.

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Foto: Néster Núñez

Asumir que vives en condiciones límites y aun así encontrarle placer a la vida es digno de elogio. Robinson Crusoe encontró a su Viernes. Quizá Manchuco necesitaba hallar un perro jíbaro y domesticarlo. O escribir en la arena un gran HELP, porque es lo que lleva, pero con una caligrafía de piedras y palos hermosa, que no solo cumpliera la función de comunicar una urgencia. Que el que lo viera desde arriba supiera desde el primer momento que había aquí un náufrago otro, consciente de su precariedad, pero con sueños y aspiraciones que no consisten en estar inmóviles sobre de una piedra seca, camuflado para pasar inadvertido a los depredadores.

Y fuego. Ese espacio de allá abajo pedía ser iluminado y recibir el calor de una gran fogata. Cantar y bailar alrededor de una hoguera al caer la noche, sea donde sea que hayas naufragado.

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Foto: Néster Núñez

Mis profesores

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profesores
Ilustración: Brady

«El alma de la enseñanza es el maestro, y a los educadores en Cuba se les paga miserablemente; no hay, sin embargo, ser más enamorado de su vocación que el maestro cubano. Basta ya de estar pagando con limosnas a los hombres y mujeres que tienen en sus manos la misión más sagrada del mundo de hoy y del mañana, que es enseñar». Así decía Fidel en La Historia me absolverá.

Tuve magníficos profesores a lo largo de toda mi vida de estudiante. No es que haya sido especialmente afortunado, sino que nací en 1979, y eso por regla general, implicaba que cuando llegabas a la escuela solías tener frente a ti a un docente preparado, de experiencia, con dominio del contenido y de técnicas pedagógicas, y relativamente conforme con lo que le había deparado su profesión dentro del universo de los cubanos de aquella época.

Entre primero y cuarto grado tuve siempre la misma maestra: Olga Quindemil. Olga conocía a cada estudiante, con sus cualidades y sus falencias, y trabajaba de manera muy personalizada. Insistía de manera especial en que entre los niños no podía haber novios ni novias, y cuando nos poníamos un poco intranquilos, sacaba hojas y sonaba un concurso inventado allí mismo, pero que nos lo tomábamos muy en serio. No recuerdo nada parecido a experiencias relacionadas con bulling, escándalos o injusticias en aquella aula, y tengo la certeza de que se debió en gran medida al excelente trabajo de mi Olga.

En quinto y sexto cambié de barrio y matriculé en Camilo Cienfuegos, de Lawton, una escuela gigantesca que ocupa casi toda una manzana. Volvieron a tocarme excelentes maestros: Manuel, Sofía, Porfirio y Mercedes eran profesores de toda la vida, que no alzaban la voz por gusto, pero que mantenían una disciplina total y un ambiente relajado. Nadie me orientó nunca traer un trabajo práctico tan complicado que tuviera que hacerlo mi mamá. Nadie pidió jamás un peso para una necesidad del aula. No había televisores ni equipo sofisticado, ni a nadie le pasaba por la mente pagar a un profesor particular. Había pizarra, tizas y borrador. Había libros de texto, a veces demasiado pasados de adoctrinamiento revolucionario, pero un juego completo para cada estudiante.

Matriculé en La Lenin y allí me encontré a Eloy, que es el mejor profesor que he tenido en mi vida y actualmente uno de mis mejores amigos. También encontré a Roberto Espinosa, un genial profesor de Español, a quien le agradezco toda la motivación y el rigor. Fueron años difíciles aquellos de la primera mitad de los noventa. Arroz, chícharo y barquillo, y aporreado de marabú el miércoles en la noche, día en que se iba la luz. Eso sí, la calidad de los profesores, salvo excepciones, bastante alta.

Me he divertido desde siempre en la escuela. He atesorado anécdotas toda la vida.  Recuerdo a Elena Batista, profesora de inglés de secundaria explicando el futuro con will. Cuando Yamil preguntó qué significaba will, ella respondió que nada, que indicaba futuro, y ante la insistencia: «bueno, significa: eré. I will eat, yo comeré».

Recuerdo a Nelson, de matemática, pedir un libro de geometría analítica: «Por favor, ¿alguien puede darme un Lehman?», y nosotros, los graciosos del aula, levantarnos y decir: «Patria o muerte, venceremos».

También recuerdo a Juanito, profe de Matemáticas de la secundaria, no poder parar de reír cuando escribió el asunto «Ecuaciones de Segundo Grado», y un alumno le dijo que ya no se acordaba de lo que había dado en segundo grado.

En la universidad, en mi grupo teníamos un Didier y un Didié. Mi inolvidable profesor Baldomero pasaba la lista y al llegar a Didier, lo pronunció didié, y cuando la gente protestó, explicó que por la pronunciación francesa Didier se decía Didié, y que entonces Didié, se diriá Didí. Nos reímos, le dijimos que a Didié (que no había llegado) no le iba gustar ser Didí, y él dijo muy serio que lo iba a seguir pronunciando así. En eso entró por la puerta Didié, y el profesor le dijo: «Buenos días… Olivera». Genial.

En la Lenin, el profesor Héctor de Biología preguntó en qué se diferenciaban una célula normal y una neurona, mostrando las láminas de las dos. Como la célula normal era lisa por fuera y la neurona tenía las dendritas, yo, sin pensar, dije que en el pelado. El profesor me la guardó, y cuando en otra clase sobre el ciclo de Krebs pregunté si lo había descubierto alguien de apellido Krebs, me soltó: «¿Qué tú Krebs?»

No puedo homenajear aquí a cada docente que admiro, pues son muchos. Solo quiero agradecer a todos los que hicieron de mí la persona que soy hoy. Creo que más que el jabón, el par de medias o el champú de los días 22 de diciembre, tenemos que valorar más a los maestros buenos que aún quedan. Entre tantas cosas que debemos exigir a quienes nos dirigen, está que le den el valor exacto a las profesiones que sientan la base de los pueblos y las sociedades. Que paren ya de alardear sobre nuestro sistema educativo, porque a día de hoy es malo, y va a empeorar mientras cualquiera pueda ser maestro y para ser taxista de turismo haya que resolver los 12 trabajos de Hércules.

Gracias maestros. 

Cuba reduce el déficit fiscal, pero ¿quién lo está pagando?

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déficit fiscal
Imagen generada con inteligencia artificial

La noticia es que el gobierno cubano ha anunciado avances significativos en la reducción del déficit fiscal como parte de las Proyecciones de Gobierno para 2024. En la más reciente reunión del Consejo de Ministros, el ministro de Finanzas y Precios, Vladimir Regueiro Ale, presentó los resultados presupuestarios hasta octubre, destacando un déficit de 29,717 millones de pesos. Este monto representa el 20% del déficit planificado para el presente año y el 39.6% de lo previsto hasta la fecha. Regueiro Ale aseguró que esta reducción es fruto de diversas medidas implementadas para contrarrestar las distorsiones económicas y reimpulsar la economía nacional.

«El déficit fiscal ha tenido un comportamiento sostenido en el transcurso de todo el año», afirmó Regueiro Ale, como argumento de efectividad de las estrategias adoptadas. Entre las acciones prioritarias, destacó la importancia de incrementar los ingresos al Presupuesto municipal mediante la explotación de reservas territoriales y la disminución de gastos innecesarios. Además, mencionó un saldo positivo de 19 mil millones de pesos en cuenta corriente al cierre de octubre, atribuyéndolo a una recuperación sostenida de indicadores financieros en meses anteriores.

Por su parte, Mildrey Granadillo de la Torre, viceministra primera de Economía y Planificación, detalló que de las 101 proyecciones económicas aprobadas para el año, 73 ya han sido implementadas, lo que equivale al 72%. Asimismo, de las 253 acciones específicas, 148 han sido cumplidas, alcanzando un cumplimiento del 58.5%. Granadillo enfatizó que, a pesar de los desafíos presentados por eventos naturales como huracanes y sismos, las medidas adoptadas han permitido mantener el rumbo en la implementación de las Proyecciones de Gobierno.

Hasta el momento no hay claridad sobre en qué consisten esas proyecciones y acciones, sin embargo, la nota oficial destacó que entre ellas se encuentran el monitoreo constante de la bancarización y los precios máximos para productos de alta demanda, y subsidiar personas y no productos.

El ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso Vázquez declaró que «estamos viendo una tendencia al decrecimiento de la inflación tanto mensual como interanual, lo que, sumado a la reducción del déficit fiscal, indica que estamos avanzando hacia los resultados macroeconómicos esperados».

La nota publicada afirma que «detalló varios indicadores cuyos resultados ratifican las complejidades que enfrenta en estos momentos el país, como son las importaciones de bienes, los ingresos en divisas por exportaciones, los portadores energéticos, y la transportación de cargas y de pasajeros», sin embargo, estos no fueron transparentados a la ciudadanía.

«Continuaremos con la contracción de gastos y la potenciación de ingresos para asegurar que el déficit fiscal siga disminuyendo», concluyó el ministro.

En principio este anuncio pudiera significar una buena noticia para la depauperada economía cubana, en un año para el que ya se ha pronosticado una contracción del Producto Interno Bruto. Sin embargo, los datos presentados han sido tomados con escepticismo por parte de algunos expertos.

La explicación simple del déficit fiscal es que ocurre cuando el gobierno gasta más de lo que ingresa. Para reducir esta distorsión hay generalmente tres caminos: incrementar ingresos, reducir gastos, o una combinación de ambas. Según lo declarado por el titular de Economía, el Estado cubano apuesta por la tercera vía, sin embargo, hay varios aspectos de la estrategia que no han quedado claras.

El economista Pedro Monreal en su blog El Estado como tal, criticó las afirmaciones de Joaquín Alonso Vázquez, señalando que «la combinación de una contracción del PIB en 2024 y una inflación de dos dígitos es cualquier cosa menos un indicio de “ordenamiento” macroeconómico».

Monreal argumenta que, aunque la inflación ha disminuido en comparación con el año anterior, sigue siendo extremadamente alta, situándose entre el 25% y el 30%, lo que caracteriza un escenario de estanflación (estancamiento del crecimiento económico, sumado a la inflación). Por otro lado, señala que «cuando informa una reducción notable del déficit presupuestario sin ofrecer datos concretos de gastos e ingresos, el Ministerio de Finanzas de Cuba escamotea el análisis de lo que parece ser la aplicación de una dura política de austeridad fiscal».

El economista destaca que la reducción del déficit fiscal de 147 mil millones de pesos previstos inicialmente para 2024 a 29,7 mil millones al cierre de octubre probablemente se ha logrado mediante una drástica reducción de gastos, especialmente en un contexto de dos años consecutivos de decrecimiento del PIB. «Es una política de austeridad fiscal “de manual”, donde la contracción de los gastos públicos y la reducción brutal de la remuneración del trabajo han llevado inevitablemente al empobrecimiento generalizado de los hogares cubanos», señaló.

Esta estrategia de reducir el déficit fiscal, no aumentando los ingresos por parte de sectores productivos, sino congelando los salarios de los trabajadores estatales, ya había sido alertada por el economista Omar Everleny.  Según su análisis de las Cuentas Nacionales de 2023 —publicadas con rezago en septiembre de 2024— esta táctica venía ocurriendo desde el año pasado. 

«Lejos de equilibrarse, hay decrecimiento, alta inflación y una política de contracción de la demanda agregada a costa de mermar el ingreso real del trabajo y de reducir bienes y servicios públicos», declaró Everleny. Además, destacó que la remuneración del trabajo ha disminuido drásticamente, pasando del 46.3% del PIB en 2020 a casi el 18% en 2023. «Esta baja demuestra cómo el Estado ha utilizado la comprensión o congelamiento de la remuneración como un instrumento para evitar el incremento del déficit fiscal del país, sacrificando el bienestar de los trabajadores».

Nuestra opinión es que aunque las cifras oficiales del gobierno cubano muestran una reducción del déficit fiscal como un avance positivo, los análisis críticos de economistas como Pedro Monreal y Omar Everleny indican que esta reducción ha sido alcanzada a costa de políticas de austeridad que perjudican significativamente el bienestar social y económico de la población. Asimismo, el constante aumento de las multas al sector privado también podría tener que ver con los ingresos, pero su efecto como desincentivo económico aún están por ver.

Por otro lado, los efectos de una política de austeridad y recortes son notables en la sociedad cubana: salarios incapaces de cubrir la canasta básica alimentaria, una libreta de abastecimiento con cada vez menos productos, aumento de la mendicidad, desnutrición infantil, por solo citar algunos ejemplos.

La realidad económica cubana, marcada por una alta inflación y una disminución de los ingresos reales de los trabajadores, sugiere que el desafío para el país va más allá de simples ajustes fiscales.

Para alcanzar una verdadera estabilidad económica es necesario que la dirección del país considere estrategias que no solo se enfoquen en la reducción del déficit fiscal, sino que también promuevan el crecimiento económico inclusivo y el bienestar social. Para ello es necesario, más que medidas aisladas —que por demás no se conocen claramente—, una reforma integral de la economía que brinde incentivos a la producción tanto en el sector estatal como el privado y que promueva encadenamientos que permitan abastecer el mercado nacional.

Mientras esto no ocurra, por más que se intente maquillar con triunfalismos y cifras incompletas la realidad, los problemas de la economía y la sociedad cubana no harán más que crecer. Un déficit fiscal que no se reduce sobre la base de más ingresos por producción, sino por más restricciones en el bienestar de los cubanos, no es para nada una buena noticia. 

Nueva resolución limita el comercio mayorista en el sector privado

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comercio mayorista
Foto: Cubanet

La noticia es que el Ministerio de Comercio Interior emitió nuevas normativas para la comercialización mayorista y minorista en el sector privado.

Este jueves 5 de diciembre se publicó en la Gaceta Oficial de la República de Cuba la Resolución 56/2024, del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN), que establece cambios fundamentales en las condiciones para el ejercicio del comercio mayorista por parte de las micro, pequeñas y medianas empresas privadas (mipymes), cooperativas no agropecuarias (CNA) y trabajadores por cuenta propia (TCP).

Según lo pautado en el documento, el objetivo es «ordenar la emisión, vigencia y actualización   de las licencias comerciales para la comercialización minorista y mayorista que realizan las micro, pequeñas y medianas empresas privadas, cooperativas no agropecuarias y trabajadores por cuenta propia».

La nueva normativa ratifica la vigencia de las licencias comerciales para el comercio minorista, permitiendo a todos los actores privados continuar esta actividad sin necesidad de nuevos trámites.

No obstante, modifica sustancialmente las condiciones del comercio mayorista. Acá compartimos un resumen realizado por la empresa Auge:

  • Mipymes, CNA y TCP con actividad principal de producción:
    Podrán ejercer la comercialización mayorista únicamente de sus propias producciones, previa obtención de la licencia comercial que lo especifique.
  • Mipymes y CNA con actividad principal en el comercio mayorista:
    Deberán actualizar sus licencias en el Registro Central Comercial en un plazo de 90 días hábiles. La comercialización mayorista se realizará mediante contratos con entidades estatales, incluyendo comercializadoras estatales. En las nuevas licencias se hará constar expresamente esta condición.
  • Mipymes y CNA con actividad secundaria en el comercio mayorista:
    Se cancelan las licencias comerciales para ejercer esta modalidad. Las entidades afectadas disponen de 120 días hábiles para liquidar sus inventarios y mercancías en plaza destinadas al comercio mayorista.
  • TCP con actividad mayorista (sea principal o secundaria):
    Se cancelan todas las licencias de comercialización mayorista, independientemente de su carácter principal o secundario.

Las medidas de control se están haciendo cada vez más frecuentes dentro de la estrategia de gobernanza del Estado cubano.

Durante esta semana también fue noticia la estrategia desplegada por el Estado cubano para frenar la corrupción, la cual, según la declaración oficial, tiene el objetivo de «enfrentar manifestaciones de corrupción, delito, e ilegalidades, indisciplina social, actitudes antisociales o comportamiento antisocial, la evasión fiscal, las inadecuadas relaciones y distorsiones que pueden existir entre el sector estatal y el sector no estatal, todo lo que afecta la tranquilidad ciudadana, contra los precios abusivos y especulativos».

Según lo informado, el llamado «ejercicio» operará hasta el sábado 7 de diciembre y tendrá «diversas acciones de preparación, control, inspección, operativas y de carácter jurídico penal y penitenciarias, entre otras, que potencian la responsabilidad institucional y administrativa y a la vez el funcionamiento de las estructuras de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y organizaciones de masas y sus sistemas de vigilancia popular revolucionaria, con el propósito de involucrar al pueblo en esta dirección».

Sobre la nueva resolución, el economista Omar Everleny dijo a LJC: «La Resolución 56 del 2024 del MINCIN va en sentido contrario a lo que debería implementarse en la actualidad, dada casi la bancarrota del comercio estatal. Desde una posición de fuerza del Estado, se intentan frenar las actividades de comercio no estatal, afianzándose más la idea descabellada de que serían siempre complementarias al Estado. De esto puede esperarse de nuevo una crisis de abastecimientos de productos importados, con la consiguiente afectación de los bienes que consume la población.

»El Estado no quiere competir con el privado en condiciones de competencia leal, es decir, de entregar más productos a la población y a menores precios, sino desde la posición de que aquello que compre el privado se tiene que repartir con el Estado.

»Evidentemente no iba a tolerarse el aumento para este año de las cifras del 2023, cuando el sector no estatal ofreció el 44% de los bienes y servicios que consumió la población, porque es posible que ese porciento se incrementara en el 2024, ante la poca disponibilidad de productos en el comercio minorista estatal.

»Por ende, puede esperarse que muy pronto suban los precios de las mercancías minoristas y comience una nueva crisis de abastecimiento de productos».

Sin lugar a dudas, esto significa la puesta en vigor de una controvertida disposición que pone a funcionar una restricción ya avisada en el Decreto 107 «De las Actividades no autorizadas a ejercerse por las mipymes privadas, CNA y TCP», y que obliga a las empresas privadas a importar de forma mayorista solo a través de convenios con empresas estatales.

Las medidas, si bien se ejercen con el declarado objetivo de «regular» y «controlar» la actividad, en la práctica pudieran provocar varias distorsiones con efectos directos sobre los precios finales de los productos.

La principal alarma en este sentido han sido las múltiples limitantes que tienen las empresas estatales para importar, en parte por las medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos, que impiden las transacciones directas con varios bancos, entre otras restricciones, y en parte también, por deficiencias internas de estas empresas.

Hasta el momento, los actores privados habían logrado importar grandes cantidades de mercancía a través de mecanismos, que, si bien una parte de ellos operaban en una zona de la informalidad, habían permitido abastecer los comercios privados de productos básicos que escasean en los mercados estatales, incluso en aquellos que venden de Moneda Libremente Convertible.

Las autoridades cubanas tampoco han explicado cómo las mipymes podrán hacer estos convenios con las empresas estatales, si para cerrar su ciclo deben depender del mercado cambiario informal, a ausencia de uno legal. Muchas de ellas tenían acuerdos con empresas remesadoras para que pagaran a sus proveedores en Estados Unidos en dólares, mientras ellas garantizaban el pago en pesos cubanos a los familiares de los clientes de dichas empresas. Este era uno de las tantas formas que permitían evadir tanto las sanciones norteamericanas como las trabas internas que hoy impiden que se cierren los ciclos comerciales de forma natural en la Isla.

Con esta nueva regulación, este mecanismo podría truncarse, y por tanto, generar escasez en el comercio minorista, pues, aunque este en teoría no se afecta, sí depende del abastecimiento que hacen los mayoristas.

Nuestra opinión es que con una administración republicana presuntamente más restrictiva hacia Cuba a la vuelta de la esquina, estas medidas podrían tener un efecto muy negativo en la economía familiar de los cubanos.

Las empresas estatales se verán mucho más limitadas para importar mercancía desde Estados Unidos, y para hacer convenios con bancos internacionales.

Si bien la intención de formalizar procesos es válida, esta formalización no puede ir en contra de las reglas más elementales del comercio, ni mucho menos convertirse en trabas cuyos efectos serán pagados por los consumidores, ya sea con las carencias de productos o el aumento de los precios.

El mandatario cubano, Miguel Díaz Canel, durante la comparecencia para anunciar el «Ejercicio contra la Corrupción» afirmó «los tiempos no son ni de autocomplacencias, ni de inercias que no sepamos romper. Nuestro pueblo reclama resultados, y a ese pueblo nos debemos», y no le falta a razón al presidente. Sin embargo, escuchar al pueblo y a los expertos que recomiendan eliminar trabas y liberar las fuerzas productivas sigue siendo una tarea pendiente. Con medidas inconexas que terminan provocando más distorsiones que las que corrigen se estará muy lejos de lograr esos «resultados».

Tres strikes para el SEN: colapsos cada vez más frecuentes 

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Caída del SEN
Foto: AP

Fue noticia que en la madrugada del 4 de diciembre, el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) en Cuba sufrió un nuevo colapso debido a la desconexión de la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, la planta generadora más grande del país.

El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, informó que el fallo fue causado por un «problema técnico en una tarjeta electrónica de la planta», lo que desestabilizó la red eléctrica. No obstante, «las condiciones actuales son más favorables que en desconexiones anteriores, ya que no se reportan daños en las líneas de transmisión ni en las unidades de generación», agregó.

Por su parte, el director general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, Lázaro Guerra Hernández, explicó en el programa Mesa Redonda que «nosotros cada vez que hay un evento de este tipo tenemos ya estructurado por procedimientos cuáles son las rutas que tenemos que hacer de microsistemas para ir conformando el SEN». Advirtió que «este es un proceso complejo, que hay que hacerlo de manera pausada, porque ante cualquier error hay que empezar desde cero; no está exento de riesgos».

La situación obligó al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social a suspender temporalmente actividades laborales y educativas hasta que el servicio fuera restablecido en su totalidad.

Días atrás, la Gaceta Oficial de la República de Cuba dio a conocer el Decreto 110/2024 Regulaciones para el Control y Uso Eficiente de los Portadores Energéticos y las Fuentes Renovables de Energía,  que entrará en vigor a partir del 26 de diciembre. Dicho documento, además de establecer normativas para el manejo de los portadores energéticos y el uso de fuentes renovables, también introduce procedimientos organizados para afrontar las «contingencias energéticas».

Este jueves fue restablecido el SEN, sin embargo, se mantiene alto el déficit en la capacidad de generación, lo que indica que no cesarán los apagones. Antes del más reciente colapso, los cortes de electricidad habían alcanzado hasta alrededor de 20 horas en algunas localidades.

Por otro lado, los atrasos con la entrega de gas licuado han obligado a varias familias a recurrir a viejos métodos para la cocción de alimentos, como el uso de leña y carbón, incluso en zonas urbanas.

Esto significa que se produjo la tercera desconexión generalizada en menos de dos meses, dejando nuevamente al país sin electricidad.

A medida que disminuye la disponibilidad de combustible para los generadores distribuidos, el SEN depende cada vez más de sus principales termoeléctricas, alimentadas fundamentalmente por crudo de producción nacional (denso y con alta emisión de contaminantes). Cuba ha recurrido al uso de plantas flotantes y generadores eléctricos como alternativas para mitigar la presión sobre el sistema energético, pero estas soluciones también demandan combustible y un mantenimiento sistemático.

Situaciones similares a la desconexión total se dieron el 18 de octubre y el 6 de noviembre, aunque esta última fue causada por el impacto del huracán Rafael, que azotó el occidente del país.

La falta de recursos suficientes para financiar importaciones, la disminución del apoyo de los tradicionales socios petroleros como Venezuela y México, unido a trabas internas, hacen que la escasez de combustible sea una de las principales causas de este contexto.

Por otra parte, las colaboraciones con Rusia y China no son suficientes para un avance visible en este sentido.

El colapso del SEN pone nuevamente en evidencia la extrema fragilidad del sistema eléctrico cubano, afectado durante años debido a la falta de inversión, de mantenimiento y una infraestructura obsoleta que depende en gran medida de termoeléctricas deterioradas.

Expertos como Jorge Piñón, director del Programa de Energía para Latinoamérica y el Caribe de la Universidad de Texas, vienen señalando hace años las debilidades del sistema eléctrico. «La solución a esos problemas siempre eran parches, a corto plazo, pero no de forma estructural, las plantas de Cuba necesitan una recapitalización total», explicó en una entrevista en El País.

La CTE Antonio Guiteras, a pesar de ser la mayor planta del país, es también una de las más vulnerables, con fallos recurrentes que han sido determinantes en las desconexiones recientes.

Nuestra opinión es que en comparación con eventos anteriores, el proceso de recuperación del sistema esta vez ha sido más ágil, aunque los cortes y las limitaciones en el suministro eléctrico persisten.

Los repetidos colapsos del SEN y la respuesta gubernamental reflejan una profunda crisis de la que no se vislumbra el fin. Aunque las autoridades insisten en que las condiciones actuales son «más favorables», es evidente que las medidas de «contingencia» no son suficientes para enfrentar una crisis de esta magnitud.

La frecuencia de estos apagones resalta no solo la debilidad técnica del SEN, sino también la incapacidad del gobierno para implementar una estrategia clara y sostenible que proyecte una salida de este escenario.

Los esfuerzos de recuperación se han centrado en medidas paliativas y a corto plazo, como la creación de microsistemas eléctricos, pero carecen de un plan estructural que ataque las causas profundas de la crisis, como la falta de combustible y el envejecimiento de las plantas generadoras.

Además, la desconexión total del SEN no solo afecta el suministro eléctrico, sino que tiene implicaciones severas en otras áreas clave, como el acceso a internet, agua potable y servicios de salud, profundizando el malestar social en un país que ya enfrenta una crisis económica y social sin precedentes.

En redes sociales y espacios públicos, el descontento de la población sigue creciendo, reflejo de la frustración ante una situación insostenible.

Mientras no ocurra una transformación integral del modelo económico, que permita fomentar la inversión en el sector energético, será difícil encontrar una solución sostenible a la crisis actual.

Cuba enfrenta el desafío de iniciar una transición energética que incorpore el desarrollo de fuentes renovables, modernización de la infraestructura y diversificación de su matriz energética. Sin embargo, esto no será viable sin un entorno que atraiga y facilite la participación de capital externo y actores privados.

Abrir la inversión implica crear un marco legal y financiero que ofrezca garantías a los inversores y permita la colaboración con socios internacionales. Esto podría incluir desde acuerdos para construir parques eólicos y solares, hasta la renovación de plantas termoeléctricas obsoletas.

Sin estos pasos, el país seguirá atrapado en una dependencia de soluciones improvisadas y costosas, como plantas flotantes y generadores, que no abordan las causas fundamentales de la crisis. La transición energética no solo es inaplazable, sino que debe ser acompañada de reformas que permitan integrar nuevas tecnologías y recursos al sistema eléctrico cubano.

Festival de Teatro de Camagüey: repensar la escena en Cuba

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Ilustración: Félix M. Azcuy

Pasando por encima de dificultades de diverso carácter, incluso climatológicas, finalmente sucedió, entre el 18 y el 24 de noviembre, la edición número 19 del Festival Nacional de Teatro. En Camagüey, punto de la geografía cubana donde este evento ha tenido sus ediciones bienales desde inicios de la década del 80 del pasado siglo, volvió a hacerse sentir la frase con la cual se saludan sus convocatorias: «la mejor plaza para la mejor obra». Y esto tuvo una resonancia especial, porque tras seis años de pausa, es con esta propuesta de cartelera que el Festival vuelve a la vida.

La pandemia, y las adversidades de todo tipo, no solo económicas —aunque estas fueron las que más pesaban—, impidieron que la ciudad sede del evento pudiera llevar a cabo sus diseños y su cartelera, que aspira a recoger lo más logrado del teatro nacional en los pasados dos años, según el criterio de sus organizadores locales y del conjunto de especialistas que desde el Consejo Nacional de las Artes Escénicas elige lo que llega a la programación final.

En el 2022 no se logró vivificar el Festival, tras la pausa impuesta por la covid, y las Jornadas de Teatro Cubano que intentaron, a partir de enero de 2023, llevar una delegación de artistas a Camagüey para no dejar en el vacío esa propuesta, tampoco pudieron ir más allá de sus primeras visitas mensuales a la provincia agramontina. Por ello, y por muchas otras causas, llegó a parecer imposible que el Festival volviera a tener, no solo una nueva edición, sino incluso que pudiera regresar a su formato habitual y a su permanencia en la cartelera de eventos del país.

No obstante, sucedió. Enemigo como soy del triunfalismo, y del mero gesto formal que repite un supuesto éxito como un acto cumplido ante funcionarios y gestores políticos, puedo afirmar, sin embargo, que esta vez pudimos ser parte de algo que iba más allá de eso. Y eso puede anotarse como un éxito que, al tiempo que no deja de advertir las muchas dificultades de nuestro panorama —no solo artístico sino general en tanto país—, consolidó nuevamente a parte del movimiento teatral cubano, demostró que la alianza entre entidades y poderes es lo que podrá reestructurar ciertas dinámicas, y aún más: indicar una vía posible que nos permita repensar al Festival en pro de sus futuras ediciones, a las que habrá que poner indudablemente en sintonía con las posibilidades y carencias de esa realidad que pareció, en la dureza de su cotidianidad, capaz de asestarle un golpe mortal a esta cita que no es solo de los teatristas cubanos.

Consolidó nuevamente a parte del movimiento teatral cubano, demostró que la alianza entre entidades y poderes es lo que podrá reestructurar ciertas dinámicas.

Este 2024, con los siete días apretados de programación para niños, adultos, en salas, plazas, escuelas y comunidades, subrayó que se trata de algo más: de la renovación de votos, si pudiera decirse así, entre quienes defienden al evento y su público, que colmó todas las salas y espacios de presentaciones.

Ello ocurrió en una ciudad asediada ahora mismo por los apagones, la inflación, las dificultades de alimentación, transporte y tantas más que son bien sabidas. Y a pesar de ello, los espectadores camagüeyanos recibieron con calidez y aplausos al Festival, que tuvo a su favor una curaduría acertada, en la que casi nada de lo visto falló como propuesta de alcance seguro, y en la cual, salvo excepciones que también han de repensarse, estuvo casi todo de lo más logrado que se ha visto en nuestra escena recientemente.

Pocas horas antes de que el Festival, en su primer diseño previsto que abarcaría del 14 al 24 de noviembre, llegara a su supuesta fecha de arrancada, se dudaba acerca de su celebración. Corrieron los rumores, se aseguró que la cita no sucedería, y sin embargo, en una edición que implicó a factores de la política y la dirección cultural de la Nación, se defendió su posibilidad para que sí ocurriera. Reajustándose a solo una semana, y cubriendo con programación también local los espacios que no podrían llenar algunos grupos que por diversas causas: compromisos previos o decisiones de sus integrantes, no pudieron acudir a Camagüey, se pudo confirmar que la ciudad recuperaría uno de sus hechos culturales más importantes. Y la duda mayor, relacionada con la presencia o no del público ante las puestas en escena, quedó zanjada desde el día inicial. La sala Avellaneda acogió a Teatro El Público con su reciente montaje de Réquiem por Yarini, el clásico de Carlos Felipe, bajo la dirección de Carlos Díaz. La ovación de esa noche fue un magnífico preludio de lo que iba a acontecer durante las jornadas siguientes del evento.

Hubiera sido, por comprensibles que fueran las causas que hicieron creer a muchos que el Festival debía suspenderse, un paso en falso que esto no hubiera sucedido. El Festival Internacional de Ballet, en medio de numerosos obstáculos, había mantenido su cartelera, y los teatristas cubanos merecían no menos. Sobre todo, porque es el evento en el cual, dentro de una atmósfera de diálogo, confraternidad y debate a veces arduo, la escena nacional se mira a sí misma, en una línea de reajuste que además asimila a la crítica, a los profesionales consagrados, las compañías noveles y hasta a los estudiantes de artes escénicas en un mismo haz.

Es el evento en el cual, dentro de una atmósfera de diálogo, confraternidad y debate a veces arduo, la escena nacional se mira a sí misma.

El público se mezcló con todo ello, añadiendo una calidez a las propuestas escénicas que se extendió a los eventos teóricos y conversatorios entre los artistas y los teatrólogos, operando como un taller en el que convergieron lo público y lo privado de nuestro movimiento escénico, como hace mucho no sucedía. Lo sucedido habla de cómo deben moverse intereses, sensibilidades y patrocinios para salvar esos nudos de encuentro y retroalimentación que también son parte de una vida cultural, aunque para esto resulta obvio que el formato de la cita debe cambiar, modularse hacia las nuevas variables de ese mismo concepto y preguntarse, por encima de todo, acerca de su viabilidad en términos de gestión y producción cultural, a fin de no limitarse a pervivir como un dinosaurio atrapado en fórmulas de acción y promoción ya anquilosadas.

Un festival para todos

Si el teatro se hace para los espectadores, si son ellos los verdaderos protagonistas de un hecho de esta naturaleza, queda claro que el Festival de Teatro de Camagüey tiene su pervivencia garantizada por ese lado. Ello, día a día, argumentó la necesidad de su retorno, al punto de que varios espectáculos tuvieron que añadir una función extra a lo ya programado.

Dedicado a los maestros titiriteros René Fernández Santana y Maribel López, la cartelera se convirtió en un arco que tocó a la Isla de un extremo a otro. En los espectáculos para niños se destacaron, como era de esperar, Teatro Papalote, fundado por el propio René Fernández, que trajo desde Matanzas su ya clásico montaje de Los ibeyis y el diablo, ejemplo vital de la poética de su creador, uno de los merecedores del Premio Nacional de Teatro 2007. También de Matanzas llegó Flores de Carolina y Ajonjolí, puesta de uno de sus discípulos: Rubén Darío Salazar. Merecedor del lauro más importante de nuestra escena, junto al diseñador Zenén Calero Medina, ambos han aportado desde Teatro de las Estaciones espectáculos de cuidada factura, de respeto y desafío a nuestra tradición titiritera, que no eluden temas complejos, como es, en este caso, el asunto del cuidado a nuestros ancianos. La evocación del sello visual de Arístides Hernández (ARES) es un puntal de estas Flores…, que Rubén Darío confía a sus jóvenes actores a partir de la poesía de Dora Alonso, una de sus figuras más admiradas.

En Amelia sueña mariposas, de Teatro La Proa, comienza a advertirse en la cartelera de este Festival un elemento de lectura y preocupación hacia lo social y lo político que, en este caso, se extiende hacia las infancias como una señal de alerta acerca de los autoritarismos y excesos de poder, según una fábula imaginada por Erduyn Maza. Una de las sorpresas del evento fue Un pastel de chocolate, de la compañía La Andariega. Esta propuesta de la ciudad anfitriona demuestra que el colectivo ha sabido desarrollar un método de entrenamiento actoral infantil que elude los lugares comunes, los clichés y las afectaciones que son tan visibles en otras agrupaciones que intentan este tipo de trabajo. Asimismo, añade el factor de demostrarlo trabajando sobre temas tabúes, con la naturalidad real de sus intérpretes, sin edulcorar en demasía asuntos sin dudas necesarios y complejos.

amelia mariposas
Amelia sueña mariposas / Foto: Norge Espinosa

La gran sorpresa del evento fue la delegación pinareña. Con dos espectáculos, esta provincia a veces ausente en la cartelera de este tipo de festivales, se aseguró aplausos y elogios. Arasay Suárez, joven actriz de Alas Teatro, aprovechó las noches en el Café Dodo’s, una de las sedes, para derrochar goce cabaretero desde el arte de la animación con su espectáculo ¡No! Usando sus piernas como cuerpo de las figuras del montaje, sus dos actores narran una historia sencilla de amor, deseo, desencuentros y sexo, que también echa mano a referentes de orden social para contar una trama de claves universales, que incrementa el no siempre abundante repertorio titiritero para adultos en nuestro país.

Por su parte, Teatro Rumbos trajo a Camagüey Este tren se llama Deseo, reinvención del dramaturgo y director Irán Capote a partir, claro está, del clásico drama de Tennessee Williams. Los personajes esenciales de su argumento son traídos a una Cuba donde el eco del original se fusiona con nuestros desasosiegos, se reinventa el conflicto en función de un ahogo que es el de nuestro momento, aquí y ahora, y el texto y las actuaciones sostienen todo lo que podemos leer, con otros ojos, sobre la fábula tantas veces aplaudida. La limpieza del montaje, su concepción minimalista de lo que necesita para hacerse palpable, su visión descarnada del sexo, el machismo, la violencia, la mentira y la doble moral, son algunas de sus cartas de triunfo, que serían más rotundas si la segunda mitad del espectáculo se replanteara algunos parlamentos, para mantener la intensidad conseguida en sus primeras escenas.

tren deseo
Este tren se llama Deseo / Foto: Norge Espinosa

No es difícil rastrear en otros espectáculos de la muestra un juego incisivo, desde diversas fórmulas de lo teatral, acerca de lo que vivimos ahora en Cuba más allá de la línea de metáfora y alegoría que es el teatro. En Réquiem por Yarini, la Cuba contenida en el burdel donde sucede la tragedia es una suerte de archivo de nuestras obsesiones, de nuestra necesidad de apelar a vivos y muertos para intentar una solución para el Destino y la Fatalidad que nos impulsan, incluso en contra de la muerte inexorable. Los santos, las potencias superiores, pueden ser la clave de una salvación que no se limita a proteger la vida del célebre proxeneta, sino otros elementos que deberían ampararnos mucho mejor, sugiere el Premio Nacional de Teatro Carlos Díaz, en su regreso a este clásico.

Al mismo tiempo, en De Moliére y otros demonios, otra ganadora de ese Premio, la maestra Fátima Patterson, apela al color de su ciudad, al carnaval y a su bullicio, para intentar una vuelta a las máscaras que desde la comedia nos alertan de la persistencia de tanto egoísmo e hipocresía entre nosotros. Moliére es la línea que unifica las escenas de este carnaval fantasmagórico, atravesado por la nostalgia de la fiesta y sus goces sencillos pero irremplazables, y el diseño de Nieves Lafferté y el tono actoral del Estudio Teatral Macubá se unen en esos reclamos hacia una vida simple, pero gozosa, que tantas carencias de hoy hacen parecer un sueño perdido, mientras el oportunismo y la charlatanería no dejan de contaminarnos como la basura creciente en tantas esquinas.

moliere demonios
De Moliére y otros demonios

Con Faro, de Teatro Andante, y Factoría de idiotas, de Teatro del Espacio Interior, esa discusión acerca de lo político y la crisis de las utopías llega a dos extremos aparentemente opuestos en la cartelera, y creo saludable que así ocurra.La compañía de Bayamo apela al teatro de calle, con los recursos que sabe manejar tras muchos años de experiencia, para invitarnos a algo que no se limita a los rejuegos de la escena, sino a recordarnos que el teatro también es ágora, espacio público donde la sociedad expone sus dudas, sus incertidumbres, sus anhelos y, acaso, también sus propias catarsis en un nivel colectivo.

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Factoría de idiotas / Foto: Norge Espinosa

La imagen de una madre como centro, sus hijos que escapan o eligen el exilio, la idea de una familia Cuba rota bajo su bandera, entre canciones de la trova que han sido parte de la banda sonora de más de una generación reciente, componen una apuesta en la que Andante ha optado por un planteo frontal hacia esas rupturas y quiebres de la Nación, asumiendo con ello, también, los peligros de la inmediatez al comentar un fenómeno que aún nos lacera y cuyas consecuencias tardaremos, realmente, en calibrar.

En el otro lado de esta discusión, Mario Junquera apela a referentes cercanos a Beckett, Jarry y Orwell, para convertir a su elenco en una compañía de payasos amargos, que activa caricaturas no demasiado disimuladas de funcionarios y rostros políticos, en un juego grotesco y desesperanzado que apela al sarcasmo para no dejarnos mucha salida a tal ahogo; a diferencia de lo que ocurre en Faro, que se aferra al valor de símbolos y memorias para pensar en algún futuro menos negador.

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Faro / Foto: Norge Espinosa

También en La noche de Tebas, de Joel Sáez y el Estudio Teatral de Santa Clara, se opta por una línea de mayor complejidad dramatúrgica, al enlazar el mito griego y los referentes de la reconcentración de Weyler, uno de los pasajes más sombríos de nuestra historia. Deudor de los conceptos teatrales de Eugenio Barba y otros nombres de la vanguardia escénica del siglo XX, el colectivo ha llegado a sus 30 años en una continuidad obsesiva en su fidelidad a esos postulados, apostando por una teatralidad que exige a su espectador rehuir de no pocas comodidades al uso. Acá la idea central se desdibuja, fundamentalmente por el trabajo del elenco, que no alcanza en todos los casos a cubrir la demanda que tal metáfora sugiere en sus asociaciones. Pero es indudable que en la cartelera del evento, sin aspirar a ser un espectáculo que mueva a grandes masas, añadió un matiz en este rejuego de visiones especulares hacia lo que somos, tenemos o hemos perdido, que amplía lo que en nuestros escenarios podemos aportar a una discusión mucho más grave.

El debate político y social más allá de las tablas

Los que tienen algo más de memoria recordarán, en el devenir del Festival de Teatro de Camagüey, que no pocas veces en sus ediciones aparecían puestas en escena que por sus atrevimientos en este sentido desataban encendidas polémicas. O gestos, como el de Laura de la Uz cuando ganó su merecidísimo premio de actuación al interpretar a Celia Cruz en el montaje de Delirio habanero, de Raúl Martín, y que la actriz dedicara a la célebre cantante para disgusto de algunos funcionarios presentes en la ceremonia de clausura.

El caso más sonado ocurrió en 1996, cuando la presentación en el evento de El Arca, de Víctor Varela y Teatro Obstáculo; y Los equívocos morales, de Reinaldo Montero y Teatro Escambray, desencadenaron una fuerte polémica acerca del uso de símbolos y referentes políticos en esos montajes, que solo llegó a dirimirse cuando intervinieron intelectuales de prestigio en aquella ocasión tras el Festival. Dos años más tarde, José Milián ganaba premios allí con Si vas a comer, espera por Virgilio, obra donde lo confesional y el tributo a una de las grandes víctimas de errores no del todo anulados, clamaba por una memoria más nítida de la historia secreta de nuestra escena y nuestra cultura.

Lo político en el teatro cubano también ha tenido un escenario clave en Camagüey, y ello confirma que una buena parte de nuestra escena más interesante mantiene un compromiso de debate hacia estos asuntos, que más allá de la anécdota, reafirma la voluntad de nuestros creadores a favor de mantener viva una conversación en la cual, desde las tablas, también se dicen unas cuantas verdades necesarias.

Ello fue perceptible en otros montajes de la selección oficial: lo mismo en Clowncierto, de Teatro Tuyo y Ernesto Parra, que como una acción de fe hacia el arte del payaso, se ganó al público en sus funciones del Teatro Principal. O en el juego actoral que Verónica Lynn, esa actriz excepcional y Premio Nacional de Teatro, desplegó junto a Jorge Luis de Cabo en Frijoles colorados, comedia de pérdidas y alucinaciones escrita por Cristina Rebull.

El Festival concluyó con Asesinato en la mansión Haversham, versión y puesta en escena del novel Ledier Li Alonso con actores de la Nave Oficio de Isla, que también arrasó en la sala Avellaneda, venciendo su defectuosa acústica y presentándose en un espacio mucho más amplio de lo que hasta ahora habían probado sus intérpretes. En cierto modo, también hay una metáfora provocadora y enloquecida en esa «obra que sale mal», una apuesta por el teatro pese a todo, hecha con los recursos que tenemos a mano, pero eficaz al recordarnos que la vida, la utopía que ronda a ciertas vidas, merece ser representada. Eso fue también algo que nos hace pensar en la próxima edición del Festival Nacional de Teatro de Camagüey, a efectuarse en el 2026, como una nueva vuelta de tuerca a esa relación inquietante e imprescindible de nuestros teatristas con sus circunstancias.

Ojalá para esa edición puedan estar presentes algunos de los grupos que aquí, como digo, por distintas causas se extrañaron: El Ciervo Encantado, Argos Teatro, Impulso Teatro, Ludi Teatro, La Salamandra y Retablos, I Want Teatro, La Franja Teatral, El Portazo y otros que persisten y merecen un sitio en este ámbito tan particularmente interesante que es Camagüey.

En los eventos teóricos se habló de cómo seguir dando fuerza, energías y renuevo a nuestra escena y al propio evento, abriendo la posibilidad de discutir otras fórmulas de producción e independencia creativa que resultan ya impostergables. Estos son solo apuntes sobre algunos de los montajes allí vistos: la conversación retomada, replanteada, reformulada en Camagüey sobre nuestra escena y sus sentidos de pervivencia debe ser el preludio de próximos debates inmediatos. Ese debate inmediato que es también el país. Y que ante el público, afortunadamente, se hizo vívido nuevamente. En esos aplausos, y en esos rostros, fue que renació, más que en los escenarios, este imprescindible Festival.

Osvaldo Doimeadiós: no confío en las personas que no ríen

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Conozco a Osvaldo Doimeadiós desde la segunda mitad de los 80, cuando él integraba el estupendo grupo humorístico Sala-Manca y yo militaba en Nos-y-Otros. No voy a reseñar su vida y su obra, pero sí diré que una de las cosas que más admiro del tipo es su capacidad de trabajo, la manera en que se reinventa y aborda con envidiable tenacidad nuevos trabajos teatrales, cinematográficos, docentes. En algún momento de la entrevista que sigue, dice que mira la realidad con los ojos de un niño, y creo que en esa pureza está la clave de su dimensión humana. Aquí hablamos del nuevo emprendimiento en que se enfrasca, el proyecto La risa por delante, que desarrolla en su pequeño reino, la Nave Oficio de Isla (en los antiguos almacenes de San José, Avenida del Puerto y Cuba): un espacio de stand up comedy para el público cubano. 

A ver, Doime, como cabe la posibilidad de que alguna gente no conozca este espacio, la Nave, háblame un poco de cómo surgió, qué se propone y cómo se inserta en él este proyecto, La risa por delante

Nave Oficio de Isla está cumpliendo sus primeros cinco años: arrancamos en octubre de 2019 con un espectáculo multidisciplinar nombrado así, Oficio de Isla, que hemos mantenido en repertorio. El proyecto es una comunidad creativa, nos gusta llamarlo así, que acoge en su interior a artistas del teatro, de la danza, la música, las artes visuales, del cine… y en estos cinco años este espíritu multidisciplinar se ha hecho evidente en las acciones formativas, como talleres, seminarios, clases (muchos estudiantes de la ENA y el ISA están vinculados a nuestro proyecto), y también en el puente hacia la comunidad en que estamos enclavados, en la zona del puerto habanero, un área con mucha historia. Es un ejercicio constante de diálogo con el público.

Por mi trabajo durante años como humorista y como actor —sabes, esas son zonas que suelen estar separadas— he tratado de que una zona oxigene a la otra, que las compuertas entre ambas estén abiertas. Desde que surgió la Nave, aquí han estado los humoristas en cursos y talleres. Entonces se me acercó Ignacio Hernández (Nachi), director durante muchos años de Vivir del cuento, y Nelia Casado (Nelita) su compañera, con un proyecto de stand up comedy en vivo, dejando además registro de ello. Hace tiempo teníamos la idea de desarrollar esta modalidad acá, y así lo hicimos: comenzamos en noviembre de 2024, ya estamos por la segunda edición, y pretendemos que el espacio se convierta en un centro de referencia en nuestro país, pero sobre todo que el público cubano encuentre un espacio abierto a esta forma de hacer humor que es tan eficaz en todas partes del mundo, y que a la vez sirva de inspiración para los escritores, para la escena en esta modalidad tan específica. Por ahí vamos.

El stand up establece mucha complicidad con el público, pues parece que no hubiera guion, que el actor está improvisando cosas sin ilación aparente. Por esa razón es muy inmediato, tiene una conexión con la coyuntura sociopolítica, con el momento. En Cuba no ha sido muy frecuente, pero tras estas olas que hemos visto en Cuba de El Club de la Comedia de España, de gente como Rick Gervais y otros, empieza a tomar fuerza. Háblame un poco de cómo se inserta en la tradición del teatro cubano y qué puede aportar esta modalidad.

La manera que tiene el stand up de abordar la inmediatez, de emplear la sátira parece ausente de nuestros medios por ser considerada a veces una forma demasiado peligrosa de reflejar la realidad, y yo creo que no, que es un ejercicio catártico, una manera en que la sociedad se va mirando a sí misma. Efectivamente, el actor o actante trabaja de manera que parece improvisada, que parece no tener una estructura y sí la tiene, pues hay una dramaturgia para que parezca una conversación entre el actor y el público, como un griot contemporáneo que va exorcizando muchos tabúes, de todo tipo: políticos, religiosos, sexuales… Por lo general se hace en espacios más íntimos, aunque no es raro verlo también en grandes teatros, pero suelen irse cocinando en pequeños espacios: por eso escogimos la galería, donde caben entre 80 y 90 personas. Lo hemos tenido lleno totalmente, con un público muy interesado; ayudamos a crear un público para ese tipo de humor, para ese tipo de diálogo.

En monólogos españoles, norteamericanos, etcétera, hay algunos chistes que uno no entiende, pues son referencias directas a esa sociedad, pero en general puedes disfrutar del texto. Aquí, esa inmediatez, ese centrarse en la crítica social, permite que todos los cubanos del mundo, no solo que viven en Cuba, lo vean y entiendan las claves, pero espectadores de otras nacionalidades hispanoparlantes pueden quedarse botaos. ¿Es eso algo que ustedes asumen, que les da igual, que buscan o a lo que se resignan?

Yo creo que en la medida en que se haga vamos ganando en experiencia, y el círculo de resonancia se irá ampliando, e iremos entrando en cuestiones más universales, en textos más elaborados y comprensibles para todos los hispanoparlantes. Por otra parte, en todas partes es un trabajo que se hace pensando en primer lugar en quién está allí: fíjate que siempre se trata de esto nada más que me pasa a mí, somos los peores del mundo… en cada país siempre va de eso, echan en la cazuela todo lo que pasa, lo que los caracteriza. Claro, nosotros tenemos una realidad muy especial, diferente, difícil de entender para otros, e incluso para nosotros (reímos) pero justamente se trata de hacer de manera humorística ese ejercicio de no entender las cosas. Es tarea nuestra, y de los escritores, empezar a subir la parada, y pensar también en temas de trascendencia universal… pero por algo hay que empezar.

En Cuba hay una suerte de dualidad en la manera de recibir el humor en época de crisis… o sea, en la mayor parte de las épocas: por un lado, la gente disfruta ver y escuchar el reflejo de lo que sucede en la calle, pero por otro está ese criterio de que la crítica ha de ser en serio y no con chistecitos que no resuelven nada. Eso entronca con el sambenito que hemos enfrentado toda la vida de que el humor es un género menor, algo fugaz, ni verdadera literatura ni verdadero teatro… ¿Qué opinión te merece esta opinión?

La propia impermanencia del ser humano sugiere que la manera de organizar la mirada sobre los hechos que acontecen debe restarles gravedad; que podamos reír juntos es una experiencia que derriba prejuicios, dogmas, y nos afirmamos como humanos. Yo no confío en las personas que no ríen, o en las que prohíben la risa.

Sería bueno que algunos de esos vinieran aquí…

(Ríe) Sí, sí, pues a veces satanizan una manera de contemplar la realidad, ¿no? Yo lo miro con los ojos de un niño: el humor es una capacidad humana de movilizar el pensamiento, de hacernos más creativos, de mayor inteligencia emocional, y creo que eso nos hace bien en todos los sentidos. Si no fuera así habría muchos lugares donde no se hiciera, pues habría cambiado sociedades, sistemas, estructuras… Creo que es muy sano, y perdónenme los del otro extremo, pero es mi manera de verlo, y por eso lo defiendo y lo ejercito.

He visto ya algunas de las cosas que se han hecho acá. Si puedes contarme un poco acerca del criterio de selección de los trabajos, y qué puede esperar el público para los próximos meses…

Hemos llamado a muchos humoristas. A algunos les interesa hacerlo, pero que no se grabe. Dicen, cosa que respeto, que al quedar grabado su repertorio, eso les quita frescura, no quieren quemar su material… Pero bueno, es que también queremos tener un registro de estos días, en el sentido más amplio: al ver uno de estos espectáculos filmados, uno puede volver a atravesar un momento de la historia. En principio, los que aceptan trabajan con el repertorio que ya tenían; luego se trata de motivar a los escritores a que empiecen a crear para determinado humorista, el que escojan, para que esto tenga un sostén literario. Tiene que ser un proyecto sostenible (ríe).

Queremos que haya actrices. Estamos pensando en Yasnai Ricardo, actriz de Komotú, en Yamirita Díaz, a quien Miguel Moreno ya le ha escrito un texto… Según la efectividad que se alcance con estas presentaciones y su repercusión en el público en vivo y en las redes. Es una forma de ganar visibilidad, aun cuando sea solo para cubanos, pues facilita el diálogo entre los que están allá y los que estamos aquí. Serían dos días al mes, grabar a tres humoristas cada uno de esos días, tanto los más reconocidos como a los nuevos; fíjate, nuestro interés es traer aquí a la escena a humoristas que empiezan, descubrir nuevos talentos como hacíamos en los 80 y 90 cuando íbamos a las universidades… Yo estoy seguro de que ahora mismo en las universidades debe haber estudiantes haciendo humor.

En cualquier parte del mundo, actores de reconocida trayectoria se deciden un día a hacer un espectáculo de stand up, pues es una modalidad que recurre a un arsenal mínimo, el actor trabaja sin máscara, como quien hace chistes a los invitados en su casa, pero su casa es el teatro.

Es como sembrar un terreno, y yo estoy seguro de que en el futuro va a rendir frutos…

Como nuestra economía.

(Reímos)

Gracias, bro.