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Juan Carlos Albizu-Campos: la gente seguirá emigrando

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Juan Carlos Albizu
Ilustración: Félix Azcuy

La Joven Cuba comparte la transcripción de la entrevista al demógrafo y economista cubano Juan Carlos Albizu-Campos a propósito de la serie de entrevistas por los 10 años del anuncio del 17 de diciembre de 2014.

Cuba, como población total, venía disminuyendo muy ligeramente desde el 2005. O sea, es la última vez que la población cubana crece, si consideramos como correctos los datos del Anuario Demográfico.

La emigración efectivamente continúa aumentando de manera sostenida, medida de manera indirecta a partir de la información publicada por otros países. Porque lo que había sucedido con los cambios de metodología y de definiciones adoptadas por la Oficina Nacional de Estadísticas es que se estaba disfrazando esa migración. Ya le digo, hay años en que hay saldos migratorios positivos, como si estuviera recibiendo más personas de las que se van. Lo cual ya sabemos que es poco creíble cuando se tiene… Bueno, ya a la altura de lo último, por ejemplo, que se le dijo a una periodista de la agencia de AP: eran 3 millones de cubanos fuera de Cuba, y efectivamente la caída de la población ya…

Si tuviéramos en consideración la estimación que para mí es subestimada, que ha dado la ONEI en la Asamblea Nacional, al menos un 10% de pérdida de población desde el 2020 al 2023. Si tomamos en cuenta otras estimaciones de la migración, como la que yo elaboré para unos artículos que salieron publicados, estamos hablando de una caída del 18% de la población.

¿Qué está sucediendo con la migración? Que la migración está afectando mayoritariamente a la población de 15 a 59 años. Esa es la cifra que dio la ONEI en la Asamblea Nacional. El 80% de la migración de los últimos cinco años está concentrada entre 15 y 59 años. ¿Quiénes son los que están entre 15 y 59 años? Las mujeres en periodo reproductivo en primer lugar y la población en edad económica.

Cambios con la administración Obama

Yo no me atrevería a hablar exactamente de un deshielo. Lo que sucede con la administración de Obama es que se empiezan a regularizar procesos. Por ejemplo, el cumplimiento de los acuerdos migratorios. Los acuerdos migratorios están pactados desde la administración Clinton o incluso antes, desde la administración final de Carter, para 20 mil visas anuales. Empiezan a ocurrir la realización de muchos procesos, como se ha hablado ya antes.

Desde el punto de vista de las relaciones económicas, se empiezan a estabilizar una serie de medidas que permiten el aumento del intercambio: la conversión de lo que era la oficina de intereses en una embajada; hay una regularización de las relaciones diplomáticas; se empiezan a otorgar visas, se empieza a hablar de visas de cinco años, se empieza a flexibilizar el intercambio de viajeros entre un país y otro.

Pero efectivamente los cambios de Obama se vinculan con esos otros cambios que ya venían ocurriendo desde el 2013, porque la implementación de los cambios en las regulaciones migratorias cubanas empieza en el 2013. Son cambios que se adoptan legalmente en el 2012, pero empiezan a funcionar en el 2013 y de ahí en adelante, se hace cada vez más fácil salir. Ya no se necesita carta de invitación, ya no se necesita permiso de salida. Aparece el fenómeno, o se estandariza o se consolida el fenómeno de la migración circular. Antes la salida era la llamada «salida definitiva», que desaparece como entidad migratoria. Ya no hay una salida definitiva, no es necesario salir de manera definitiva del país. Incluso ya las últimas reformas hablan de que los cubanos pueden mantener su lugar de origen.

Hay personas que, para poder tener los recursos, lo tienen que invertir todo, vender su propiedad, venderlo todo y salir, como se dice vulgarmente, «tirando la llave hacia atrás». Pero hay un monto importante de población que emigra, que sí puede regresar, y se produce este fenómeno de migración circular.

Hay que tener cuidado con el tema de las inversiones. O sea, hay cubanos que van y vienen. Incluso se consolida este proceso de lo que le llaman «mulas»: las personas que van y regresan con mercadería de diferente tipo. Y eso promueve una entrada de productos deficitarios en el país que de otra manera antes no existía. Es un fenómeno reciente que viene de este proceso de regularización de la relación entre Cuba y Estados Unidos.

Eso hace que efectivamente supuestamente tú puedas regresar con un monto de recursos que te lo permita invertir. El problema es cómo tú inviertes. Si lo vas a hacer a través de la inversión, tienes que pasar por la inversión extranjera directa; entonces te tratan como un extranjero. Aquí hay una dicotomía de tratamiento: tienes que entrar como cubano, pero para invertir te tratan como extranjero. Hay una imprecisión ahí que, además, efectivamente hace muy endeble el marco jurídico que el posible retornante con recursos percibe como protección hacia él y hacia su inversión. Entonces esa inversión prefiere ser canalizada a partir de vías no formales.

El impacto de Trump en las relaciones

El proceso de instauración de la administración Trump trajo un enfriamiento de los viajes y la migración en general, pero los viajes en particular, hacia y desde Estados Unidos. Hay una tendencia a atribuir a la administración Trump la caída de la migración en Estados Unidos en la época. Esa caída de la migración, que normalmente se le atribuye a la administración Trump, está contaminada por el efecto del momento: durante la administración Trump ocurre un proceso que se llama «de confinamiento» asociado a la pandemia del mundo. Todos los países entran en una etapa de confinamiento donde no se puede entrar y no se puede salir.

Eso llevó a la población a unas condiciones de vida, a una contracción de sus condiciones de vida muy importante. Muchas personas que recibían remesas no solo una buena parte dejó de recibirlas, sino que una buena parte dejó de recibirlas en la cuantía en que las recibían. ¿Por qué? Porque las agencias que se encargan de hacer esa transferencia de recursos entre un lugar de origen y ese lugar de destino, tampoco podían viajar. También tuvieron que reducir su nivel de operaciones, y efectivamente también se redujo el monto de lo que se podía transmitir. Llegó a ser un monto mínimo de unos 200 dólares cuando había sido en una época gloriosa hasta 1,500 dólares trimestrales, unos 500 dólares mensuales como máximo.

Esa contracción a 200 dólares es una contracción importante en un contexto para la población receptora de esas remesas, en el que la capacidad adquisitiva de la moneda nacional está cayendo abruptamente. Eso se ha convertido también en un estímulo a la movilidad. Si no puedo recibir las ayudas que yo antes recibía, tendré que salir porque el ingreso que yo tengo en moneda nacional no alcanza.

Las personas se calificaron en un primer momento, adquirieron las habilidades y las capacidades, acumularon cierto nivel de recursos, y con ese nivel de recursos emigraron. Emigraron de todos los sectores, incluyendo la micro, pequeña y mediana empresa. Y de repente, todos los actores económicos se ven enfrentados a una crisis estructural de escasez de fuerza de trabajo calificada, que no es una escasez demográfica, ya te decía, es una escasez estructural.

Al final, ellos están buscando de alguna manera estabilizar el asunto porque efectivamente ellos se hacen con el problema. Una vez que tú tienes al inmigrante dentro, el problema es el costo. Cada inmigrante tiene un costo: ayudas federales, procesos de regularización, todo tiene un costo. Entonces efectivamente ellos están enfrentados a eso. Si la política que se adopta fuera restrictiva, va a pasar algo: va a aumentar la residencia en otros países necesariamente. Además, es lo que ya ha pasado. Cuando estaba terminando el confinamiento se cerraron todas las entradas de la frontera sur. ¿Qué sucedió? Que se agolpó una magnitud de población ahí que se les convirtió en inmanejable el asunto. Tanto para México como para Estados Unidos, y terminaron teniendo que llegar a un acuerdo para ver cómo viabilizar el flujo.

Yo creo que efectivamente la política tiene que mirar a eso y la política cubana tiene que aprender a mirar a su migrante, como hacen todos los países para proteger al migrante. Porque el migrante es ciudadano mío y yo lo tengo que proteger, aunque ya decidió irse a vivir a otro lugar. Y mientras tú no cambies las condiciones que hacen que estén presentes los factores que hoy empujan la población, la población se va a seguir yendo, la gente va a seguir buscando dónde se vive mejor.

Weir(d)

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weird
Ilustración: Eduardo del Llano

No en todos los casos se nos da bien asociar películas con sus directores. Nadie ignora que fue Coppola quien hizo The godfather (1972) y Spielberg E.T. (1982), pero hay piezas que hemos visto varias veces y sin embargo no sabemos, o muy pronto olvidamos, el nombre del artífice.

¿Quién no recuerda Dead poets society, Green card, The Truman Show, Master and Commander: The far side of the world ? Ahora bien, ¿cuántos —hasta hace muy poco, yo incluido— son capaces de mencionar al australiano Peter Weir como el creador detrás de ellas? Ya se sabe que el espectador promedio evoca a los actores y no al realizador de una obra determinada, pero aquí hemos mencionado cuatro, y aún así no salta la liebre…

Es un hecho, y sucede también con la literatura, la música, las artes plásticas: por alguna razón, hay raros brillantes en la penumbra. Auxiliados por el jugoso doble sentido implícito, todos decimos La madre de Gorki, pero tienes que meterle duro a la literatura rusa para recordar a la primera al autor de, digamos, Almas muertas.

Peter Weir fue varias veces candidato al Óscar, pero no ganó ninguno, aunque en 2023 le fue concedido uno honorífico por el conjunto de su obra, y en el año que corre anunció su retiro. No he visto su película más reciente, un thriller político (The way back, 2010) pero convendrán conmigo en que muchos directores consagrados envidiarían cualquiera de los títulos previamente enumerados. Vamos uno por uno.

Dead poets society (1989): Ya he dicho antes que, por más que me prepare, invariablemente suelto una o dos lagrimitas en la escena en que los estudiantes de Welton se suben a los pupitres y declaman un verso de Whitman como homenaje a Keating, el profesor despedido. Hay varias claves ahí: nuestro impulso natural, que después de cierta edad a muchos se les apaga, de rebeldía frente a la rigidez, a un ambiente opresivo, a las imposiciones reduccionistas y absurdas; los maestros inolvidables que todos hemos tenido alguna vez; la salida redentora frente a una situación angustiosa, etcétera. Pero, además, están las actuaciones, la ya legendaria de Robin Williams, las de los chicos (aunque a la larga solo Ethan Hawke y en menor medida Robert Sean Leonard hayan conseguido mantener una carrera consistente), y la puesta en escena, con ese constante contrapunteo, esa tensión casi irresistible que generan la indecisión y luego el arrojo de los alumnos frente a las histéricas llamadas al orden del opaco profesor de turno y la emoción que trasluce el semblante de Keating. Y esa es solo una escena de un guion a la vez liberador y doloroso, lleno de humor, complicidad y belleza.

Green card (1990): Aunque el tema del refugiado que se casa por conveniencia no era nuevo (ahí está Les noces de papier [1989] del canadiense Michel Brault) y resulta indudable que la necesidad de emigrar a USA no es tan perentoria en un francés que consigue un trabajo (el personaje de Fauré, interpretado por Gérard Depardieu) como en un tercermundista que huye de una guerra, una situación económica desastrosa o la persecución política, la pieza se sostiene gracias al encanto de la pareja protagonista, a saber, el galo gordo y la refulgente Brönte de Andie MacDowell (sí, todos quedamos deslumbrados por Margaret Qualley en The substance, pero conviene recordar por dónde le entra el agua al coco). Bueno, y a un guion que prodiga tensiones y momentos de humor (por ejemplo, cuando el tipo de Inmigración quiere pasar al baño y Fauré, que supuestamente vive ahí junto a su esposa, no tiene la menor idea de la disposición del apartamento) con la sabiduría y el tino que Weir demuestra una y otra vez. El Gran Manitú sabe que no soy precisamente un fanático de las comedias románticas, pero hace poco volví a ver esta, y la sigo digiriendo bien.

The Truman Show (1998): Para empezar, esta obra maestra me reconcilió con Jim Carrey, a quien hasta ese momento tenía por un epígono de Jerry Lewis (aunque en obras como The king of comedy [1982] de Scorsese, aquel ya había dejado claro que no solo sabía hacer muecas). Es difícil subestimar la transcendencia conceptual de The Truman Show. El guion está firmado por el neozelandés Andrew Niccol, quien en Gattaca (1997) dirigía a Ethan Hawke y ya mostraba su notable arsenal para la ciencia ficción. Todo es inquietante aquí: la noción de que nuestras vidas son conducidas y manipuladas por una Matrix tal vez menos sórdida que la de los Wachowski pero a la larga no menos terrible, sustanciada en reality shows, publicidad y culto al entretenimiento; la futilidad de cualquier conato de rebelión frente a esas fuerzas oscuras, hasta que no las identifiques y puedas desafiarlas directamente (no es de extrañar que los terraplanistas se hayan cogido la película pa ellos); las actuaciones de Carrey, Laura Linney y Ed Harris…  La idea no era nueva en la ciencia ficción, género no precisamente parco en conceptos distópicos —como tampoco fue Weir el director inicialmente pensado para dirigir la película—, pero la feliz combinación de Carrey, Niccol y el australiano nos dejó una obra trascendental que ya prefigura Black mirror, esa serie británica que a su vez vaticina los días que corren y los que se nos vienen encima…

Master and Commander: The far side of the world (2003): Un Russell Crowe no menos sólido y tan inolvidable como en Gladiator (2000) de Ridley Scott o A beautiful mind (Ron Howard, 2001). Aunque Weir cambió al enemigo de norteamericano a francés para poder vender su película, puedo perdonarle la concesión porque el pollo del arroz con pollo no son los Otros, sino la tripulación del Surprise, comandada precisamente por el capitán Jack Aubrey que Crowe encarna. Es notable el pulso narrativo que el director sostiene a lo largo de dos horas y cuarto, en una película ambientada en un universo cerrado a comienzos del siglo XIX. La épica de las grandes batallas navales y los riesgos inherentes a un planeta todavía sin domesticar encuentran en esta pieza un escenario estupendo, que te fuerza a evocar las lecturas de Verne, Salgari, las crónicas de Pigafetta, el diario de Darwin, sin perder de vista, como dije, al marinero de filas, al hombre de la multitud enrolado para ganarse la vida. El afán del naturalista interpretado por Paul Bettany por describir y dar a conocer especies nuevas encontradas en las islas Galápagos es otro ingrediente que te hace olvidar por un rato el colonialismo y la piratería. Es sorprendente lo que pueden hacer un pájaro o una tortuga.

Bueno, a ver si de ahora en adelante prestamos más atención y no nos levantamos a buscar algo mientras pasan los créditos. Hoy rompí una lanza por Peter Weir, pero la lista de raros, aun contentiva de nombres de directores únicamente, es bastante larga. Y luego están otros artistas como directores de Fotografía, directores de Arte, compositores, responsables de efectos especiales…

Por cierto, Almas muertas es de Nikólai Gógol.

POTUS: del horno al sartén

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Potus
Foto: Milenio

Esta semana fueron noticia varios acontecimientos que parecen confirmar que la normalización de relaciones con Cuba no parece estar en la agenda de la Casa Blanca, ni en la actual administración demócrata de Biden —conocido como POTUS en Estados Unidos—, ni en la venidera republicana encabezada por Trump.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, reafirmó este miércoles ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes que no se esperan cambios en la política hacia Cuba antes de que el presidente Biden deje el cargo el 20 de enero de 2025, como respuesta a una pregunta de la congresista Maria Elvira Salazar.

Además, reiteró esa posición al ser consultado sobre la posibilidad de retirar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, señalando que no hay una revisión en curso sobre ese tema en los últimos días de la presidencia actual.

Esto fue confirmado horas después con la decisión de Estados Unidos de mantener a Cuba en dicha lista por otro año más, junto con Corea del Norte, Irán y Siria, a partir del informe de 2023 sobre terrorismo global, publicado por el Departamento de Estado este jueves, una designación que implica sanciones económicas, restricciones en la ayuda exterior y limitaciones comerciales.

Esta semana también el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba respondió a la aprobación de la ley «No Marcas Robadas Reconocidas», firmada por el presidente Biden, calificándola como una medida “coercitiva unilateral” que refuerza el «bloqueo» contra la Isla. El instrumento legal prohíbe el uso en Estados Unidos de marcas comerciales que fueron confiscadas por el Gobierno cubano tras 1959, si se demuestra que quienes las utilizan conocían su origen expropiado. Su aprobación revive una disputa histórica sobre marcas confiscadas tras 1959, y fue señalada por la cancillería cubana como un nuevo golpe a los derechos internacionales, mientras Cuba destacó que protege legalmente 6,448 marcas estadounidenses en su territorio.

Pero las noticias que empañan un posible camino de normalización de relaciones entre los dos países no quedan ahí. Esta semana el llamado «síndrome de La Habana» vuelve a generar controversia tras la publicación de un informe del subcomité de inteligencia de la Cámara de Representantes —de mayoría republicana—, el cual sugiere que un adversario extranjero podría estar detrás de los presuntos ataques sónicos que afectaron a diplomáticos de Estados Unidos y Canadá. Este documento también cuestiona el manejo de la investigación por parte de las agencias de inteligencia, acusándolas de ocultar información y obstaculizar los esfuerzos para esclarecer el origen de los incidentes.

La Oficina del director de Inteligencia Nacional respondió al informe a través del Miami Herald, rechazando las conclusiones del Congreso. Según esta entidad, su investigación fue transparente y exhaustiva, y no consideran que un adversario extranjero sea responsable del síndrome, una posición que contrasta con investigaciones previas.

«La mayoría de las agencias de inteligencia evalúan que es muy poco probable que un adversario extranjero sea responsable de los [incidentes] reportados y la afirmación de que estamos reteniendo información que contradice este análisis o que de otra manera iluminaría este tema complejo es infundada», afirmó la portavoz contactada por el Miami Herald.

Cuba en varias ocasiones ha negado cualquier responsabilidad, acusando a Estados Unidos de utilizar este tema como pretexto para justificar sanciones y el cierre de los servicios consulares durante la administración Trump.

Estas noticias significan una escalada de tensiones en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. La actual administración demócrata, si bien ha reanudado algunos servicios consulares y aplicado algunas leves flexibilizaciones a las sanciones —como el descongelamiento de las remesas— ha mantenido el núcleo duro de las medidas coercitivas aprobadas por Trump, entre ellas, la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo.

Dicha medida fue inicialmente adoptada en enero de 2021 por el expresidente Donald Trump, justificándola con la presencia de líderes del ELN en Cuba que participaron en negociaciones de paz con el Gobierno colombiano. Sin embargo, Gustavo Petro, presidente de Colombia, ha pedido en reiteradas ocasiones que Cuba sea retirada de esta lista.

«La excusa fue porque como se había acordado con el gobierno de Santos, los negociadores de paz del ELN no podían ser entregados como rehenes tal como pedía Duque. Se traicionaban los acuerdos previos firmados en forma de protocolos por los países de Colombia, Cuba y Noruega […] El gobierno de los EEUU debe comenzar a cerrar y cicatrizar las heridas abiertas en la historia con América Latina. Sacar a Cuba de la lista de países que ayudan al terrorismo, es recuperar la verdad en nuestras relaciones y el comienzo de un nuevo diálogo para superar los problemas de nuestra América común», afirmó Petro en 2023.

Asimismo, la reinclusión de Cuba en esta lista contradice la retirada del Estado cubano de la lista de países que no cooperan plenamente en esfuerzos contra el terrorismo, acción que ocurrió en mayo de este año. Si bien esa lista no tiene prácticamente ningún efecto práctico sobre las relaciones económicas entre ambos países, en aquel momento se especuló que podría ser una antesala para la retirada de la lista de patrocinadores…, que sí tienen un efecto directo porque entorpece transacciones bancarias, entre otras medidas restrictivas.

Por otro lado, la reavivación de la polémica del llamado «síndrome de La Habana» podría ser el inicio de una estrategia retomada durante una eventual administración de Donald Trump para provocar, nuevamente, el cierre parcial de la embajada de Estados Unidos en la capital cubana, una acción que imposibilitó los viajes entre ambos países, la reunificación familiar y catapultó la emigración informal a través de la popularmente llamada «ruta de los volcanes» por Nicaragua.

Nuestra opinión es que la Casa Blanca una vez más opta por mantener la política arcaica de guerra fría, en vez de retomar el acercamiento iniciado por Raúl Castro y Barack Obama en 2014. 

Esto constituye una estrategia fallida que lejos de promover valores democráticos en la Isla, ha provocado carencias económicas, desatado el extremismo político en ambas orillas, e incluso ha sido la justificación ideal usada por el aparato burocrático cubano para ocultar ineficiencias internas.

Si bien la administración demócrata actual se diferencia de la republicana precedente y sucesora en haber flexibilizado varias restricciones, ambas han preferido escuchar a los representantes de origen cubano que han hecho carrera política a costa de las hostilidades, por encima de las múltiples voces de intelectuales, empresarios y políticos que han llamado la atención sobre las potencialidades que tiene el camino de la normalización, tanto para promover un desarrollo democrático en la Isla, como para proteger los intereses norteamericanos.

En el medio siguen quedando familias separadas, negocios truncados, fondos públicos para promover «la democracia» que terminan en los bolsillos de actores antidemocráticos, y, sobre todo, los millones de cubanos que hoy sufren los efectos de las sanciones en la Isla y que probablemente deberán volver a arriesgar sus vidas para intentar conseguir un futuro mejor.

Penas en Cuba por tráfico de drogas sintéticas y estupefacientes

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Foto: Cubanet

Fueron noticia las condenas por posesión, comercialización y distribución de drogas en Cuba.

Los juicios, otra vez calificados como «ejemplarizantes» por las autoridades, ponen de manifiesto la complejidad del fenómeno, que incluye la introducción de drogas sintéticas como el «químico» y el uso de redes organizadas para su distribución.

El Coronel Juan Carlos Poey Guerra, jefe del órgano antidroga del Ministerio del Interior (Minint), resaltó en intervención en la Mesa Redonda que las drogas como los cannabinoides sintéticos (CS) están generando un impacto alarmante en la sociedad, especialmente entre los jóvenes. Este tipo de sustancias, fáciles de producir y de bajo costo, resultan altamente adictivas y peligrosas. Además, el incremento de recalos en costas cubanas y el uso de métodos novedosos para introducir drogas al país agravan la situación.

En una reciente emisión del programa Hacemos Cuba, el Jefe del Estado Mayor de la Dirección de Tropas Guardafronteras, primer coronel Ybey Daniel Carballo, se refirió a las vías de comunicación que existen alrededor de la Isla para la entrada de estupefacientes. «Al sur se encuentran los países mayores productores de drogas y al norte el mayor consumidor, en este caso, los Estados Unidos», precisó. En opinión de Carballo, solo por la vía de los recalos, «entre 2023 y 2024 se han asegurado aproximadamente 2, 66 toneladas de drogas». 

No obstante, «el problema más grande con las drogas en Cuba actualmente está relacionado con las dobles operaciones de tráfico de personas y de drogas, con el empleo de lancha rápida que proviene del exterior con el interés de introducir droga y sacar personas», explicó Poey.

«El comportamiento del traficante y la forma de apreciar la prueba cambiaron; antes un traficante era considerado por los volúmenes de droga; hoy, sin embargo, tenemos que ir a las dosis, por el grado de contaminación». «La estrategia cubana es lograr un equilibrio entre las acciones de prevención y enfrentamiento», explicó Poey.

«Hoy hay circulados 23 cubanos con difusión roja con la Interpol, eso quiere decir que puede traerse al país para que sea juzgado y sancionado, la mayor parte de ellos están en Estados Unidos». Precisamente la cooperación para el tema del narcotráfico ha sido uno de los pocos temas en los cuales los dos países han logrado mantener un diálogo bilateral sostenido y llegar acuerdos de interés mutuo.

A nivel social, el consumo de «químico» y otras drogas sintéticas ha tenido repercusiones significativas en las escuelas, donde están involucrados adolescentes de secundaria básica y técnico-profesional . Según estadísticas presentadas, el 47 % de los hechos relacionados con el consumo y tráfico de drogas en lo que va de año corresponden a este tipo de sustancias. La escuela, la familia, los servicios de salud y la sociedad en general están llamados a desempeñar un papel crucial en la prevención y atención de estos casos.

Esto significa que Cuba enfrenta un desafío cada vez mayor en el control del tráfico de drogas, una problemática que no solo afecta la seguridad nacional, sino también la salud pública, especialmente de la población joven. El uso de redes sociales para la venta de drogas y la introducción de nuevas rutas de tráfico aéreas y marítimas han intensificado la necesidad de operaciones conjuntas entre el Minint y otras instituciones como la Aduana General de la República.

Cuba es signataria de tratados de extradición con otros países y de asistencia jurídica en su concepción de tolerancia cero a las drogas. Sin embargo, la detección de las sustancias que se utilizan para fabricar los llamados canabinoides sintéticos requiere un alto nivel técnico y logístico que ha puesto en jaque los sistemas de alerta, incluso de países desarrollados. El principal problema radica en que se trata de un grupo de productos que por separado no producen ese efecto: se entran al país por diferentes vías, y se fabrica la preparación final en casas.

Según un artículo del doctor Carlos Alberto Gonzáles, «para que puedan ser consumidos, es necesario la presencia de un “vehículo vegetal”, que pueden ser picadura de cigarro o algún tipo de planta, como el orégano, al que se le administran los CS en forma de aceites, esparciéndolos por medio de atomización aérea».

El llamado «químico» resulta una de las sustancias más populares entre las capas más empobrecidas de la población, pues por lo general tiene bajos precios en comparación, incluso, con sustancias recreativas lícitas como el ron. Reportes de prensa afirman que un cigarro con esta sustancia impregnada puede costar alrededor de unos 200 pesos, lo mismo que una cerveza o una bolsa de panes. 

Sin embargo, su bajo precio es directamente proporcional con los efectos que provoca en el organismo. El antes citado doctor afirma que «se sabe que los CS son entre 2 y 100 veces más potentes que la marihuana debido a su alta afinidad por los receptores de los Canabinoides endógenos». Los efectos más visibles «son los que aparecen en el sistema nervioso o neuropsicológicos, como la psicosis, que dicho en palabras llanas es la pérdida de contacto con la realidad: vuelve “locos” a los pacientes. También encontramos ansiedad, agitación, irritabilidad, confusión, conductas suicidas, alteraciones de la memoria, ataques de pánico, agresividad, comportamiento y pensamiento desorganizado, alucinaciones y delirio…».

La alta dependencia de esta sustancia también podría estar relacionada con el aumento de delitos violentos cometidos por los adictos con el objetivo de tener los medios necesarios para adquirir la droga. Por lo tanto, el incremento del consumo lo convierte en un problema para toda la sociedad.

Nuestra opinión es que la lucha contra el tráfico y consumo de drogas en Cuba debe ser una prioridad nacional que integre esfuerzos multidisciplinarios. Aplaudimos las medidas de rigor aplicadas en los procesos judiciales y el compromiso mostrado por las autoridades educativas y sanitarias para abordar este problema desde la raíz. Sin embargo, es fundamental el trabajo en la prevención, reforzar las campañas de concienciación en las comunidades, redes sociales, así como garantizar un mayor acceso a programas de rehabilitación y apoyo para los jóvenes y sus familias.

Asimismo, es necesario explorar con más atención la interrelación entre el consumo de este tipo de sustancias y otras problemáticas sociales como la pobreza. No es casualidad que el aumento del consumo y el tráfico de estas sustancias aumente en un momento en que el país vive una de las peores crisis socioeconómicas de su historia luego de 1959.  Una mirada interseccional al fenómeno también debe incluir explorar sus raíces más profundas.

El tráfico de drogas no solo es una amenaza penal, sino un problema que atenta contra la vida de los cubanos, sobre todo de los jóvenes.

Nidialys Acosta: Los emprendedores tendremos que buscar alternativas

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Nidialis Acosta
Ilustración: Félix Azcuy

La Joven Cuba comparte la transcripción de la entrevista a la emprendedora cubana Nidialys Acosta propósito de la serie de entrevistas por los 10 años del anuncio del 17 de diciembre de 2014.


Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, cuando comenzaron a mejorar en el 2014 y se reabrió la embajada, impactaron de forma muy positiva en mi negocio. Antes de ese momento, nuestro crecimiento era muy lento, con un mercado americano y europeo limitados. Sin embargo, se implementaron muchas medidas que impulsaron el turismo, incluyendo la llegada de cruceros.

Vimos un crecimiento en nosotros, en lo particular, en el número de servicios que brindamos. Empezamos a comprar y restaurar otro tipo de autos. En el resto de los negocios también se vio un impacto positivo y un crecimiento, porque a la vez que el turismo se incrementó, todos aquellos negocios que trabajaban vinculados directamente con el turismo se beneficiaron económicamente. Por supuesto, el resto, que indirectamente colaboraban con nosotros —chapistas, pintores, mecánicos, electricistas— se vieron favorecidos. En sectores como la gastronomía y el alojamiento pasaba lo mismo.

Hoy en día, la situación es completamente diferente. Vemos negocios cerrando y personas emigrando, incluso aquellos que habían logrado consolidar negocios exitosos. Cuando en el 2016 Trump resultó electo presidente, fue una de las cosas más fatales que nos pudo suceder. Todo lo que habíamos crecido hasta ese año se estancó. Nosotros empezamos el negocio en el 2011 y ya de ahí se fue haciendo un crecimiento muy lento. Cuando salen estas medidas de Obama crecimos un poco más rápido, pero luego, todo se estancó.

Los cruceros cerraron y todas las medidas que Obama había tomado volvieron atrás. Por ejemplo, las visas que otorgaban a los emprendedores de turismo por cinco años se detuvieron. La embajada prácticamente dejó de operar con este problema de los ataques acústicos, que también fue una cosa creada por ese gobierno. Fue todo un estancamiento total; nos fuimos casi a los inicios del negocio.

El sector privado frente a las políticas de ambos países

Sobre el gobierno de Biden, ¿qué puedo decirle? También pensaba que cuando salió iba a mantener la misma política de Obama y nos sentimos relajados. Pensamos en aquel momento que Trump no saldría, pero no sucedió. Estoy, por supuesto, muy decepcionada, porque en aquel momento yo dije: «Esta va a ser la salvación del sector privado. Esto va a mejorar muchísimo porque es un gobierno demócrata que prometió que iba a volver a eso». Pero no, no pasó.

Por lo menos mi negocio en lo particular depende mucho del mercado americano, porque todas las partes y piezas de la restauración de estos carros americanos las traemos de Estados Unidos. Poder viajar, interactuar con ellos, es vital para nuestro negocio. Hemos tratado de incursionar con diferentes bancos para ver con cuál podemos aperturar una cuenta, algo que estuvimos a punto de hacer en el último año de Obama. Ahora tratamos de nuevo de hacerlo desde que se autorizó, pero todavía no hemos podido hacer nada con ningún banco americano.

Muchas plataformas estadounidenses como eBay, Booking y Amazon, podrían usarse para promocionar nuestros servicios e incluso para comprar directamente y ser parte de clientes y proveedores. Pero no podemos. Estamos bloqueados para esas cosas. No podemos hacer pagos directos a ellos. En fin, es una película de horror y misterio.

Los empresarios cubanos, en el caso mío particular, te puedo decir que hemos podido aprovechar todas las oportunidades que nos han dado tanto el gobierno cubano como el gobierno norteamericano. Por parte del gobierno cubano, por ejemplo, cuando empezaron los trabajos por cuenta propia —los llamados TCP en aquella época—, nosotros al momento sacamos nuestra licencia para realizar una actividad. Desde el año 2022, en otra de las oportunidades que se dieron, abrimos nuestra propia empresa privada S.R.L.

Con respecto al gobierno norteamericano, igual, se podían tener visas. Podíamos viajar, negociar, traer cosas de forma marítima, importar. Todo eso lo hemos ido haciendo de a poco, aprovechando las oportunidades que nos han dado.

Potencialidades para transformar la economía

Por supuesto que podían haber hecho mucho más, quitando el embargo, quitándonos de la Lista de países terroristas, y por supuesto estaríamos en otra posición ahora mismo.

El gobierno cubano, quitando un poco el miedo que tiene al sector privado, debería negociar con nosotros; tener más confianza en lo que el sector privado puede hacer. Hemos visto que en estos dos años, después de la pandemia, ha sido el sector privado el que está alimentando al pueblo. Ha sido el sector privado al que le están dando la posibilidad de importar. No digo créditos, pero sí otra visión de crecimiento.

No pienso que seamos los caballos de Troya del imperialismo, y mucho menos que todos seamos hijos de funcionarios del gobierno. Estoy clara de que existen muchas empresas que están apadrinadas por el gobierno. No es la mía. Hemos venido creciendo de cero desde hace 13 años. El sector privado es el que puede impulsar la economía. Somos buenos cubanos que no queremos migrar, y lo que queremos es cambiar Cuba, cambiar la situación actual que hay.

Dentro de tres o cinco años, no voy a tener aquí empleados porque todo el mundo quiere emigrar. Yo quiero ver a jóvenes cubanos buscando trabajo y viendo un futuro aquí, que actualmente es difícil, pero no imposible. No pienso que sea imposible.

El sector privado puede ayudar mucho a la sociedad. Es cierto que en sus primeros años de crecimiento tiene que fortalecerse, y mientras tú estás creciendo y te estás fortaleciendo, es un poco difícil poder brindar alguna ayuda a la sociedad desde el punto de vista económico. Pero se puede ayudar de muchas formas, por ejemplo creando empleo. En el momento que tú estás creando empleo en tu empresa, ya estás ayudando a la sociedad.

Otra forma de ayuda es creando una conciencia educativa. Por ejemplo, enseñando a otros a tener su propio negocio. Puedes enseñar a generaciones jóvenes, desde que están en la escuela, a ser independientes económicamente, a crecer, a tener ideas de lo que pueden hacer en un futuro, lo que pueden estudiar mejor para que eso les represente una calidad de vida y una economía suficiente para vivir y no tener que emigrar.

Conversamos con disímiles empresarios norteamericanos. Ninguno de ellos tiene una política hostil contra el empresariado cubano privado. Todo lo contrario. Son las medidas y las políticas trazadas por los gobiernos a nivel general las que impiden que podamos tener una relación más directa «de tú a tú». No solamente con sectores de transporte o turismo como nosotros, sino también con el sector agropecuario y otros que puedan relacionarse. Ambas partes tienen un beneficio, porque en una negociación, si ambas partes no tienen un beneficio, no tiene sentido.

Un futuro incierto

¿Qué puedo decir de Trump? Cuando él tomó el poder, nosotros tuvimos la oportunidad, un grupo de emprendedores, de estar en la Casa Blanca, en el Congreso, en el Departamento de Estado, hablando con varios funcionarios del gobierno y pidiendo que, por ejemplo, esta misma medida que había tomado de la eliminación de los cruceros americanos pudiera revertirse. Porque eran medidas que nos iban a afectar muchísimo.

Sé que vamos a pasar muchos años difíciles. Con los cuatro años de Biden fue prácticamente igual: muy poco se relajó, muy poco se cambió. Los próximos cuatro años quizás van a ser un poco más fuertes. Tendremos que buscar alternativas, mecanismos y métodos de sobrevivencia. Quizás me equivoque. Quizás sea de otra forma.

Cambio de liderazgo en La Joven Cuba

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liderazgo
Ilustración: Félix Azcuy

En vísperas de cumplir 15 años en línea, La Joven Cuba (LJC) es una organización no partidista y sin ánimo de lucro enfocada en el desarrollo de la Isla. Revistas digitales con este enfoque y prioridades no abundan entre la escasez y el panorama político polarizado. Aún así LJC ha logrado mantener un equipo sólido comprometido con análisis complejos de la realidad cubana que vayan más allá del usual binarismo progobierno y antigobierno. Es en este contexto que nuestro director ha solicitado ser sustituído al frente de la organización para ocuparse de otros asuntos profesionales y personales.

Harold Cárdenas Lema ha dirigido LJC en los últimos siete años, un período marcado por el extremismo político, la polarización y escalada de sanciones contra los cubanos. Él seguirá acompañando la revista y sus operaciones en la medida que sea necesario. En sus propias palabras y describiendo su salida, “ojalá sirva para recordarle a los seguidores del gobierno cubano que la rotación en el liderazgo es importante, y a los cubanoamericanos trumpistas que la transferencia pacífica del poder es una norma democrática básica”.

A partir del 2025 será Mariana Camejo, hasta ahora Jefa de Redacción y conductora del podcast La Sobremesa, quien asuma la dirección de La Joven Cuba y sus actividades. Este cambio no implica una modificación sustancial de nuestras rutinas productivas ni la toma de decisiones. LJC funciona sobre la base de consensos en el Consejo Editorial, garantizando así que su compromiso con la democracia y pluralidad de ideas, sea también una práctica diaria en las dinámicas internas y editoriales.

Omar Everleny: La economía cubana es una sola

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Omar Everleny
Ilustración: Félix Azcuy

La Joven Cuba comparte la transcripción de la entrevista al economista cubano Omar Everleny a propósito de la serie de entrevistas por los 10 años del anuncio del 17 de diciembre de 2014.


La normalización duró dos años. Aunque se aprobaron las relaciones entre Cuba y Estados Unidos el 17 de diciembre del 2014, hubo un periodo anterior donde realmente existió intercambio, por lo menos en el área donde yo trabajaba: la academia y la economía. Tuvimos visitas de grandes empresarios de la Florida que tenían interés en Cuba o habían sido expropiados en la Isla. Me refiero a grupos como los azucareros, por ejemplo. Hicimos seminarios, presentaciones sobre el tema de la economía cubana. La Brookings, una institución muy importante en los EE.UU., y Diálogo Interamericano empezaron acercándose. O sea, nosotros no sabíamos que iba a haber una normalización, pero sí el clima fue cambiando, no sucedió de la noche a la mañana.

Reconfiguración del vínculo entre naciones

Yo creo que realmente hubo mucha flexibilización. Primero tuvo lugar la cooperación en el tema migratorio, en la lucha contra el narcotráfico; se ampliaron las remesas, se tomaron más de 22 acuerdos… Ahí empezaron a otorgarse las visas de cinco años a muchas personas que tenían un negocio. Hubo una flexibilización de las sanciones que pesaban sobre Cuba: estaba la famosa Lista de países que apoyaban el terrorismo, en la que incluyeron erróneamente a la Isla, pues nunca debió estar. En el caso particular del bloqueo, tiene todo un andamiaje legal que no es fácil eliminarlo, pero sí pudieron haber órdenes ejecutivas que permitieron ajustar determinados aspectos. Entonces, yo creo que en esos años iniciales hubo bastante voluntad y cambio.

No fue significativo, no cambió la economía cubana, pero sí el ambiente era totalmente distinto. Las empresas norteamericanas (muchas de ellas ya vendían determinados alimentos en Cuba) vieron una flexibilización, una posibilidad de vender más. En el caso de la economía cubana, no hubo tanta restricción a las empresas cubanas para comprarle a las norteamericanas. Aunque yo creo que el mayor aporte, desde mi punto de vista, fue al sector privado. Muchos países empezaron a relacionarse con Cuba. Hubo discusiones en el Club de París para condonar las deudas. Todo eso pasó en el mismo periodo. Las ciudades se inundaron de turistas norteamericanos y esos turistas empezaron a gastar en paladares, restaurantes. O sea, llegaron nuevos bríos.

Se pensaba que eso iba a trascender el periodo presidencial. Sin embargo, fue en los últimos dos años del mandato de Obama. Tampoco se puede decir que en dos años un país cambia, pero sí en la población cubana logró suavizar ese ambiente de tensión que hubo anteriormente. Una persona que tenía restricciones para recibir remesas del exterior pudo recibir cualquier monto, o sea, un monto superior al que estaba aprobado. Entonces sí, la flexibilización fue muy beneficiosa para la sociedad en general.  

Beneficios potenciales

Una mejoría de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos significaría para la población en general y para Cuba una gran oportunidad. En primer lugar, para las transacciones bancarias. Ya no estamos hablando solo del sector estatal, sino del sector no estatal que necesita comprar algún bien en EE.UU. porque es el mercado más cercano. Hoy no lo puede hacer porque no tiene cuenta bancaria en ese país, lo debe hacer a través de terceros con las comisiones.

Permitiría de nuevo recuperar el número de turistas que venían a Cuba. Por ejemplo, a República Dominicana le llegan en estos momentos cinco millones de turistas norteamericanos, ninguno de esos viene a Cuba. Ahora, yo creo también que a un presidente, cualquiera que esté en el poder, le es muy difícil cambiar 65 años de medidas, pero sí sería una mejoría. De igual modo, Cuba tiene que poner de su parte, no solo presionar a aquellos que nos tienen presionados, sino también ceder algo. Permitir inversión extranjera concreta. En esos dos años se negociaron muchos acuerdos con EE.UU. y casi ninguno se materializó.

Los recursos provenientes de Estados Unidos casi siempre se miran con recelo, ¡y si vienen de cubanoamericanos más! Yo creo que hay que dejar esa política. Independientemente de todo, los recursos hacen falta y da lo mismo que sea un empresario privado vietnamita, que un empresario privado norteamericano y, si es cubanoamericano, mejor. Las condiciones están.

Retroceso en las relaciones bilaterales

El fin del acercamiento de las relaciones que se habían «normalizado» en el periodo anterior, cuando asumió el nuevo presidente, fue inmediato. Yo soy economista y me gusta ver hechos. Para mí, el hecho más visible fue la suspensión de los cruceros. Alrededor de los cruceros se había creado todo un andamiaje de grupos ofreciendo servicios: guaguas de turismo, carros americanos de los años 50, gente que vendía souvenirs, es decir, se fueron articulando y, de pronto, se quedaron colgados.

Las paladares mismas empezaron a no tener sillas ocupadas porque decían: «Es que los turistas que venían eran de los cruceros, tenía contrato y ahora me quedé…». Estoy hablando de los grandes restaurantes que tuvieron mucho éxito. Realmente fue muy drástico el cambio porque ocurrió en pocos meses.

Un enfoque integral para el desarrollo económico cubano

A pesar de todas las situaciones de la economía, la Cuba de hoy es totalmente diferente a la de la época de Obama, donde se abogaba por tener pequeñas y medianas empresas. Hoy funcionan ya pequeñas y medianas empresas en casi todos los sectores de la economía. Es decir, hay un tejido empresarial más articulado que podría tener muchos beneficios si EE.UU. otorgara excepciones bancarias, créditos, si se pudiera comprar directamente sin muchas restricciones, si se dieran visas para todos los empresarios cubanos, que no tienen necesariamente que fijar su residencia en EE.UU., porque tienen el negocio en Cuba.

Yo siempre digo que hay que mirar la economía cubana como una sola. No estoy de acuerdo con eso división entre sector estatal y sector no estatal.

Siria y sus lecciones sobre autoritarismos «convenientes»

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Siria autoritarismos
Ilustración: Félix M. Azcuy

En los últimos días el fantasma de Platón y, más que fantasma, su genio, ha sobrevolado la crisis en el Medio Oriente, cual reencarnación inequívoca de aquella máxima del maestro griego: «el precio de desentenderse de la política, es el ser gobernado por los peores hombres».

Lo que ha ocurrido en Siria, la caída del régimen antidemocrático de Bashar Al Assad, luego de 13 años de guerra civil, cientos de miles de muertos, millones de desplazados y un país destruido, deja varias interpretaciones, no solo asociadas a la historia, sino también a la política y, consigo, al periodismo y a la comunicación mediática.

Aunque diametralmente opuesta en cuanto a geografía y cultura, la realidad que hoy vive ese país árabe también deja lecciones para el mundo occidental, incluyendo Cuba, particularmente ante sus retos inaplazables, desagravios y vicisitudes.

No empire is eternal

Los imperios no son eternos. Los pueblos oprimidos por gobernantes de apellidos eternizados, aunque inicialmente los veneraban y complacían —cual tradición servil y humillante que no aporta a la masa en espíritu ni en carne— son los que terminan rebelándose y transformando el curso de la historia. Pues en casi todos los siglos que la humanidad alcanza a contar marcha atrás, existen ejemplos de derrocamientos de regímenes totalitarios, más allá de ideologías, religiones, dogmas y culturas asumidos.

Así cayeron cercas de 20 dinastías que gobernaron el territorio chino y más de sus confines por de cuatro mil años; otras 30 que forjaron el riquísimo legado egipcio; el imperio romano; el antiguo y extenso reino de España, en el que siempre era de día por tener regiones en todas las latitudes del planeta; o el imperio napoleónico; o el Tercer Reich; o, más recientemente, gobiernos antidemocráticos del Medio Oriente, los que vieron el ocaso de sus días a raíz de levantamientos populares (2010-2012), denominados conjuntamente  primavera árabe.

Así cayeron cercas de 20 dinastías que gobernaron el territorio chino y más de sus confines por de cuatro mil años.

Como fichas de dominós, colocadas una delante de otra de forma vertical e impulsadas desde afuera, cayeron los gobiernos de Zine el Abidine Ben Ali, en Túnez; Hosni Mubarak, en Egipto; Muamar Gadafi, en Libia, Ali Abdullah Saleh, en Yemen; y Abdelaziz Buteflika, en Argelia; cuyos regímenes implementaron durante décadas sistemas teocráticos que favorecieron el dominio y la exclusión política y religiosa de numeras etnias. Mientras, la Siria de Bshar Al Assad no cedió en ese momento. Tal vez, hubiera sido preferible. Desde entonces, la nación árabe se vio volcada en una guerra civil que, lejos de terminar con el reciente abandono del país del dictador y de su familia, exiliados en Moscú, parece que solo retomará nuevos cauces y cambiará de bandos enfrentados.

A pesar de los años de resistencia, la flaqueza económica y moral del gobierno sirio y del sistema que defendió, y sumando la muerte de cientos de miles de personas, se terminó de constatar una vez que los principales aliados del régimen no pudieron, o no quisieron, perder más recursos en otra sabida crónica de una muerte anunciada. Rusia, envuelta en la desgastante invasión a Ucrania, e Irán, inmerso en sus altercados directos e indirectos con Israel y el genocidio en Gaza, no apoyaron como otras veces al Al Assad, quien presumió siempre tener una reputación impía.

Bashar, heredero de su padre Háfez, sin más mérito que el de portar el apellido y recibir de primera instancia la obediencia del ejército y las instituciones políticas del país, gobernó desde el año 2000 con mano dura, sin el respaldo de la mayoría, y violando libertades individuales y colectivas avaladas en la Constitución. Durante su mandato no logró resolver los problemas económicos de la nación y con el «graso error» —nótese la ironía— de no ser simpatizante de las políticas internacionales establecidas por Estados Unidos y sus aliados. Finalmente, y también con el no extraño empujoncito externo —como la fila del dominó que es impulsada por alguien desde afuera— fue derrocado el régimen sirio, como último bastión de fuego de la primavera árabe que quedaba sin desenlace.

Tras varios años de enfrentamientos de grupos extremistas con el gobierno, los cuales más que la libertad y el bienestar del pueblo sirio han añorado y añoran el poder, evocado desde el concepto a través de la religión y ganado en la praxis con intimidación y sangre, dejan un legado oscuro llamado terrorismo. Ahora pretenden borrarlo en nombre del bien añorado derrocamiento de la familia Assad.

«Rebeldes» o «terroristas» según convenga

En las últimas dos semanas diversas fuerzas rebeldes, algunas de ellas terroristas confesas e internacionalmente perseguidas, comenzaron a avanzar de forma simultánea desde las periferias del país, replegando al ejército del gobierno de Siria ciudad tras ciudad. El movimiento armado fundamentalista Hayat Tahrir al Sham (HTS, Organización para la Liberación del Levante), encabezó la ofensiva de los grupos insurgentes, bajo la guía militar de Abu Mohammed al Jawlani, cuyo nombre real es Ahmed al Sharaa. Pero… ¿Quién es este personaje? ¿Qué es realmente el movimiento que lidera? Como todo, o casi todo en este mundo, depende de la graduación de los espejuelos y de la postura política con que se quiera observar.

El periodismo de los grandes medios internacionales por lo general muestra la cara que se adapta a sus conveniencias políticas y económicas. En ese sentido, ahora la comunicación mediática, dominada en su mayoría cuantitativa y cualitativa por medios occidentales, nombra «terroristas» o «rebeldes», «líder» o «fundamentalista», «enemigo» o «aliado» a las mismas personas o grupos. ¿Es que tan variables se antojan las agendas mediáticas ante los giros de la historia? Pues sí, son cambiadas, de forma intencional, aunque con tapujos públicos, para persuadir a las audiencias e ir inclinando la opinión pública de forma paulatina hacia nuevos nichos, en función de las necesidades políticas del momento.

El periodismo de los grandes medios internacionales por lo general muestra la cara que se adapta a sus conveniencias políticas y económicas.

No importa la ideología imperante. El periodismo no revolucionario, o sea, el que es conservador ante las dinámicas cíclicas de la política, bien maquilla el tsunami llamándolo ola, o nombra pequeños tsunamis a las olas mayores de una tempestad común. Dicha variabilidad del contexto mediático internacional entorno a la situación nacional siria insta a revisitar el término filosófico «enemigo común», del que hablara hace más de tres décadas el gran pensador Noam Chomsky, quien aseveró que, ante la no existencia de grandes propiedades mediáticas alternativas al poder hegemónico, la comunicación en los medios tradicionales y más consumidos continúa subordinándose a poderosos intereses políticos y económicos.

Si bien la prensa internacional no ha dejado de mencionar que el HTS ha sido clasificada como una organización terrorista por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, por sus genocidios contras civiles, fundamentalmente de comunidades kurdas, chiitas y cristianas, y que el gobierno de Estados Unidos ofrece una recompensa de 10 millones de dólares por información certera que conduzca a la captura de Al Jawlani por los vínculos pasados con Al Qaeda y el Estado Islámico, el nuevo «líder» sirio y su milicia, ya convertida en movimiento político-religioso, han acaparado titulares como actores fundamentales de un cambio inaplazable para el pueblo sirio: el derrocamiento de Bashar Al Assad.

Realmente han sido pocos, muy pocos, los textos que ahondan con perspectiva holística el problema, atajando la honestidad profesional en el cerco mediático de la política y relegando hasta la oscuridad la necesaria luz que demanda Siria: la paz. Sin embargo, ¿habrá paz con terroristas y fundamentalistas queriendo el poder en un país devastado por la guerra y con una larga tradición de enfrentamiento entre distintos grupos étnicos y religiosos? Esa respuesta solo la sabremos en los próximos años. Mientras, la paz y el bienestar nacional del pueblo sirio y del Medio Oriente continuará siendo un sueño anhelado. Por el momento, la situación no parece ser mejor para mujeres, minorías étnicas y religiosas, o personas con orientaciones sexuales e identidades de género diferentes a la norma.

Interpretaciones que se desgajan del árbol de la libertad

De este dramático contexto se pueden sacar diversas lecciones políticas y de vida.

El ejercicio del poder de un mandatario, mientras más corto temporalmente y más transparente sea en su gestión, mejores dividendos consigue para la nación. No en vano en la España post franquista se suele comentar sobre el autoritarismo establecido en épocas del militar, devenido «Caudillo por la Gracia de Dios» tras la guerra civil: si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente.

La historia demuestra en su día a día que, salvo muy pocas excepciones, que en países con sistemas teocráticos, unipartidistas o monarquías absolutas, las decisiones de Estado suelen recaer de forma invariable en una o unas pocas personas, naturales y jurídicas; sin que exista la posibilidad real —amén de leyes o normas escritas en un papel y no aplicadas— de fiscalizar desde la ciudadanía y la civilidad el ejercicio del poder de los «elegidos» o «representantes del pueblo». Y, entiéndase «pueblo», no como una masa homogénea, sino cual la sumatoria de los distintos grupos, facciones, y clases sociales que conforman la sociedad. Por tanto, este concepto puede abordarse tanto desde el punto de vista marxista, vinculado directamente con el poder sobre la economía individual y colectiva y de sus medios de producción, como desde la expresión práctica de las garantías de libertades individuales y colectivas, sobre todo en cuanto a la inclusión política, religiosa y cultural.

En países con sistemas teocráticos, unipartidistas o monarquías absolutas, las decisiones de Estado suelen recaer de forma invariable en una o unas pocas personas.

Es por ello que el poder político —subordinado siempre a una ideología y no importa cuál sea—, no se puede heredar o mantener por decreto, pues esos actos, no solo violan en sí los principios de la democracia que supuestamente insta a preservar el gobernante heredero, sino que termina minando el capital político del sistema que lo ampara, y por tanto, culmina finiquitando su propia existencia. La denominada democracia liberal de los países occidentales aprobó ese examen político desde el pasado siglo: cambian sus gobernantes para no cambiar su sistema.

Créase. La transparencia en la gestión de gobierno debe ser directamente proporcional a la posibilidad práctica de su fiscalización por parte de los ciudadanos y, por ende, estos deberían tener siempre la posibilidad de elegir y quitar funcionarios y gobernantes a través de mecanismos democráticos y legales.

¿Y tiene todo lo anterior relación con Cuba y su realidad contemporánea? Amén de opiniones diversas, sí.

El derrocamiento de un gobierno despótico y antidemocrático como el sirio, no es un hecho aislado en términos históricos para nuestro país. La Revolución del 30, si bien no triunfó —como aclarara Raúl Roa en su trascendental frase: «se fue a bolina»— porque no logró resolver los profundos problemas económicos y sociales de la nación, trayendo consigo una alternancia imprudente de mandatarios y gobiernos en los años venideros al derrocamiento del general Gerardo Machado, consiguió el paso inicial: echar al tirano. En 1933, el mismo pueblo que supuestamente lo había elegido ocho años antes por la «vía democrática» estuvo a punto de lincharlo.

El derrocamiento de un gobierno despótico y antidemocrático como el sirio, no es un hecho aislado en términos históricos para nuestro país.

Similar situación corrió otro dictador, Fulgencio Bastita, quien ni elegido ni deseado huyó del país, luego de siete años de régimen militar sin respaldo popular. A diferencia de Machado, Batista se había agenciado el poder luego de un golpe de estado en 1952, el cual privó a Cuba de las que, probablemente, resultarían las elecciones más necesarias en cuanto a agenda política desde la instauración de la República.

Dos pruebas cercanas en el tiempo y espacios cubanos, que ratifican que el ser humano, necesariamente defectuoso —por naturaleza y por espíritu— no olvida, ni perdona, y siempre buscará la solución a sus problemas, incluso con el uso de la fuerza si fuera preciso. Así lo avizoró antes de ser asesinato el fundador de la Joven Cuba, Antonio Guiteras, ante el advenimiento de la Revolución del 30; así lo implementó Fidel Castro en la década de 1950, con la conducción del único proceso revolucionario que ha triunfado en la historia de nuestra Isla.

No obstante, el país caribeño hoy también está atravesando un momento clave que pudiera cambiar el cause de su historia. Una eternizada crisis económica que ha puesto en jaque o, incluso, perdido varias de las llamadas «conquistas históricas» de esa Revolución: con servicios públicos descuidados, una zona creciente de la población que vive visiblemente en situación de vulnerabilidad, sumada a una respuesta autoritaria del Estado ante los reclamos de la población, son una de las tantas causas que siguen fraccionando el consenso político nacional.

Sí. Algo queda claro. Cuba no es Siria. La cultura e historia cubanas distan de las de la nación árabe. Pero, para bien o para mal, los seres humanos continuamos siendo los mismos. La nueva caída de un sistema autoritario en el «lejano oriente», que presumiblemente será relevado por otro igual o más restrictivo —aunque de mayor conveniencia a los ojos occidentales— nos invita en este lado del mar a reflexionar sobre el peso del poder, la resistencia de los pueblos, la manipulación mediática y las consecuencias de los intereses externos en el devenir un país.