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Marrero en la Asamblea: dolarizar para desdolarizar

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Foto: Presidencia

La noticia es que el primer ministro cubano, Manuel Marrero, reconoció que tiene «la insatisfacción de que no se ha avanzado lo necesario» en cuestiones que demanda el pueblo cubano.

La declaración fue parte del informe que presentó ante la Asamblea Nacional, en el que actualizó a los diputados en el Plan de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía, que ya cumple un año de vida.

Entre las medidas anunciadas está la implementación de un nuevo mecanismo para la gestión, control y asignación de las divisas. Esta acción avanza en la dirección de dolarizar parcialmente de una economía que basa ya buena parte de sus precios no subsidiados en la tasa informal de cambio.

«El nuevo régimen cambiario asume una mayor flexibilidad en el tipo de cambio, al establecer que la tasa debe variar cuando se modifican las condiciones de oferta y demanda de divisas. Es un proceso complejo por la participación del sector estatal, no estatal y la población, con tipos de cambio múltiples», dijo el primer ministro, una recomendación que hace varios años han hecho los economistas, siendo desoídos por los que toman estas decisiones.

Sobre este proceso no ofreció detalles, lo cual suscita más preguntas que respuestas. En el pasado, el Estado intentó recuperar el mercado de divisas, pero puso una tasa de cambio fija de 120 cup por dólar, cuando en el mercado informal la divisa puede oscilar entre los 320 o los 350 pesos por cada dólar o euro, y está dictada por metodologías diseñadas por la plataforma opositora El Toque.

La pregunta es cómo lograrán que los tenedores de divisas pongan su dinero en bancos cubanos, si esa tasa será competitiva con la de la calle. Otra cuestión a averiguar es si al intentar comprar divisas, habrá suficiente disponibilidad, lo cual no se logró sostener cuando el banco cubano volvió a vender divisas, con enormes colas fuera de las sucursales bancarias.

Que el gobierno retome este mercado ofrecería mayor seguridad a los cambistas pequeños, pero más aún al amplio sector privado que necesita recurrir al mercado informal para obtener divisas con el fin de importar o reinvertir en sus propios negocios.

Sobre este particular informó que la dolarización comenzará por los sectores exportadores, y otros le seguirán, como los que venden mayorista, o minorista, con previa autorización, si se permite el pago de aranceles en divisas. Anunció que se aceptará el efectivo en divisas en el turismo, Casas del Habano, farmacias, ópticas y clínicas internacionales, aeropuertos y otros proveedores que se autoricen. Como novedad afirmó que se ofrecerá a productores de bienes exportables el pago en divisa, así como a los productores agropecuarios que ya sustituyen importaciones. Habría que ver cómo se define esto, y si el Estado podrá cumplir con esos compromisos, porque carga con un negativo historial de pagos tardíos a campesinos productores de tabaco, por solo poner un ejemplo.

Después de explicar ampliamente cómo será el proceso para aceptar y transparentar el uso del dólar en las operaciones de actores privados y estatales que se autoricen, dijo que se ratifica la política de avanzar en la desdolarización, sin dar mayores explicaciones de este evidente rompecabezas.

Sí dijo que en la economía hay una dolarización sobre la que no se ha tenido control, y que parte de la ilegalidad del mercado cambiario informal.

Como resultado de la urgencia en la captación de divisas, el gobierno tomará acciones para que Etecsa ingrese moneda dura, limitando las recargas en CUP, y privilegiando las tarifas y modelos de consumo que se paguen en moneda dura, lo cual establecería una diferencia entre quienes paguen desde el exterior por transferencia bancaria y los que paguen en el país en dólares, frente a los que solo puedan recargar su saldo con moneda nacional.

El primer ministro intentó ofrecer un amago de explicación de lo que luce como incoherencias e inestabilidad en la aplicación de políticas, resoluciones y leyes. Entre esas medidas inevitables para la estabilización macroeconómica están, según mencionó, la eliminación de subsidios a productos y servicios básicos y otras que pueden afectar el poder adquisitivo en moneda nacional.

«Manteniendo la premisa de no hacer nada que pueda afectar más el nivel de vida de la población, varias de estas medidas se han ido posponiendo», afirmó el alto funcionario. Varias resoluciones y disposiciones han sido anunciadas, como la que ordena la importación y traspaso de vehículos y motocicletas, o la Resolución 56 para el sector privado que prohibe la venta mayorista a privados. Ambas disposiciones están detenidas en su aplicación, sin mucha información de por qué.

La eliminación de subsidios a la población es ya una realidad. En la última sesión de la Asamblea se anunció que se eliminarán, producto a producto, todos los subsidios a los productos que se entregan por la tarjeta de racionamiento, la conocida «libreta».

El primer ministro también se refirió al aumento de la recaudación tributaria, gracias a la corrección de precios y tarifas que comprende el plan, e informó que se han logrado ingresos al presupuesto por más de 38 millones de pesos.

Asimismo, comentó acerca de la recuperación del presupuesto y el superávit con el que cerró este año, lo cual no pasaba desde hacía una década. Pero las razones de la recuperación no parecen responder a un modelo de reformas en el amplio sistema de instituciones y empresas estatales, muchas en quiebra, sino en el aumento de impuestos, o eliminaciones de exenciones fiscales a negocios privados.

Marrero no pudo dejar de referirse a la severa crisis energética que vive Cuba. «El ahorro energético es una necesidad impostergable», dijo, y anunció que los negocios privados también deben cumplir el plan de portadores energéticos del 2025.

Sobre la inflación, el primer ministro no pudo anunciar una mejora significativa. La cantidad de efectivo en circulación continúa siendo elevado, superando los 700 mil millones de pesos. «No pasa por el sistema bancario, y por tanto no dinamiza la economía», dijo el primer ministro, una afirmación incompleta si se tiene en cuenta que ese dinero en muchos casos sí se mueve, solo que al margen de los bancos y las cuentas bancarias. Eso se hace ya sea por evitar registros de grandes transacciones, por comodidad, porque el efectivo sigue siendo el método de preferencia de pago de buena parte de bienes y servicios, y porque conseguirlo en cajeros o bancos es extremadamente difícil o imposible.

Según el jefe del gobierno, se aprobó un programa gubernamental para la recuperación del sistema electroenergético nacional, que estará dirigido por el veterano Ramiro Valdés Menéndez, y confirmó que están en marcha dos proyectos de energía solar fotovoltaica, de 1000 MW cada uno.

Como una buena noticia, anunció que se incrementarán los salarios de los trabajadores del sector eléctrico a partir de enero de 2025.

Para concluir, el primer ministro afirmó que «reiteramos nuestra insatisfacción al no alcanzar los resultados necesarios, a pesar de las acciones desarrolladas», pero no explicó quiénes son los responsables, quiénes fueron destituidos, y cuáles fueron las medidas para evitar que las razones por las que no se avanzó en esa promesa de fortalecimiento de la economía se repitan en el 2025.

Esta noticia significa que el gobierno cubano reconoce la severa crisis en la que se encuentra, y diseña una serie de planes, programas y propuestas que se cumplen en bajísimos por cientos, o que no logran los objetivos propuestos, sin que haya una rendición de cuentas de por qué las estrategias para atacar problemas urgentes no funcionan.

La declaración del modestísimo crecimiento de un 1 por ciento realizada por el ministro de Economía, Joaquín Vázquez Alonso, y el discurso del primer ministro, describiendo el cúmulo de problemas y los discretos resultados que se notan poco en la mesa del cubano demuestran que la severidad de la situación lleva a transparentar los informes.

Apremia ofrecer una imagen más cercana a la dura realidad, alejada de los panfletos justificativos y propagandísticos que, si bien pululan aún en este parlamento, también se escuchan declaraciones sobre las urgencias de muchos de los votantes que pusieron a esos diputados con un micrófono frente a los que toman las decisiones y en televisión nacional.

Significa también que el gobierno está enfocado en una tarea necesaria, inevitable e inminente: ordenar las finanzas, disminuir el dinero circulante, atacar la inflación, instaurar una cierta disciplina tributaria, y flexibilizar el uso de diferentes monedas que igual circulan en la economía, a espaldas del gobierno. Pero las medidas están siendo aplicadas en un momento en que la población lleva largos meses de apagones, inflación, incremento de precios y pocas perspectivas de que la economía mejore o que el turismo remonte. Meses en los que también muchas personas critican la gestión del gobierno, lo cual le otorga poca capacidad política para maniobrar con un ánimo social muy descontento ante la eterna supervivencia con los mínimos. A ello se le agrega la carencia crónica de gas licuado para cocinar, y las largas filas para conseguir gasolina para los vehículos.

Es una población que escucha de planes, programas y estrategias que no se traducen en la economía doméstica de manera positiva.

Nuestra opinión es que el jefe de gobierno describe una situación terriblemente complicada para el 2025, con un déficit en las exportaciones, y un turismo que no logra recuperarse de los efectos residuales post-pandemia. También explicó resultados de los planes de gobierno, que hablan de una recogida de efectivo, más impuestos pagados y estrategias para fortalecer el Sistema Electroenergético Nacional, pero cuyos efectos en la vida cotidiana de la gente se demorará.

Y ahora llega Trump.

Una carta, una marcha y una década: Cuba y Estados Unidos

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Fue noticia que exfuncionarios del gobierno de Barack Obama, entre ellos diplomáticos y asesores, enviaron una carta al presidente Joe Biden y a la vicepresidenta Kamala Harris instando a la administración a aprovechar las últimas semanas en la Casa Blanca para sacar a Cuba de la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo y permita la inversión y las operaciones financieras con empresas cubanas.

Entre los firmantes está el exasesor adjunto de seguridad nacional Ben Rhodes, quien fue líder clave en las conversaciones que conllevaron a los anuncios históricos del 17 de diciembre, que cumplen ya una década. También en la lista de firmantes está la exjefa de misión en La Habana, Vicki Huddleston.

«Como ustedes saben, la red energética del país está fallando, la desnutrición infantil está aumentando, los servicios básicos se están deteriorando y la mayoría de los cubanos han perdido la esperanza, precipitando el mayor éxodo de migrantes de Cuba en su historia», afirman en el reporte del medio estadounidense The Hill.

Los firmantes señalan la responsabilidad del gobierno en la actual crisis que vive Cuba por sus incoherentes políticas de reformas.

«Pero también creemos que la actual política de Estados Unidos ha empeorado la crisis que sufren los cubanos, y por eso, respetuosamente, solicitamos que tome una serie de acciones durante las semanas que le quedan a su administración para aliviar estos desafíos, por la seguridad nacional de Estados Unidos y en apoyo al pueblo cubano».

La misiva destaca el sinsentido de mantener a Cuba en la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo: «Como muchos de nosotros hemos dicho públicamente, no hay evidencia creíble de que Cuba apoye el terrorismo internacional».

De hecho, según agrega The Hill, muchos observadores de este tema, incluyendo acérrimos críticos del gobierno cubano, han señalado los peligros de sumar a Cuba en esa lista de regímenes que, según ellos, sí apoyan el terrorismo activamente.

«EE.UU. sabe que Cuba no patrocina el terrorismo. Pero también conoce perfectamente bien el daño que es capaz de causar manteniéndole en la lista y ese es el propósito que ha perseguido», aseguró recientemente Carlos Fernández de Cossío, viceministro encargado de Estados Unidos en la cancillería cubana.

La carta de los exfuncionarios menciona que «nuestros más cercanos aliados de la región han solicitado repetidamente que quitemos a Cuba de esa designación para disminuir los impactos regionales de la creciente migración cubana, y estamos seguros de que Estados Unidos será mundialmente aplaudido por tomar esta decisión basada en hechos».

La crisis que vive Cuba es una de las más severas de su historia, y ha causado una ola migratoria sin precedentes que pone en tensión a las naciones que son parte de la ruta irregular de los migrantes.

La difícil situación económica, reconocida hasta por los altos funcionarios del gobierno cubano, ubica a la Isla entre los países con mayor contracción económica. O sea, es lo mismo que decir que la gran mayoría de la gente vive peor, come peor y tiene menos posibilidades de salir de su condición de pobreza. 

Según la CEPAL, Cuba y Haití son los únicos dos países de la región que reportan una contracción económica en los últimos tres años, lo cual muestra los efectos de la pandemia, la máxima presión de Trump, y la inercia de Biden, junto a las reformas tímidas, inconexas, ineficientes, ineficaces y desestimulantes del gobierno cubano.

La misiva destaca por su precisión en lo que piden al presidente, porque solicitan algo posible para la administración dentro de los marcos del estricto régimen de sanciones: piden que el gobierno envíe ayuda humanitaria a la Isla caribeña, considerando los huracanes y terremotos que han golpeado al país.

Van más allá, los firmantes solicitan a Biden que ordene a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) guiar a las instituciones financieras que lo deseen para que ofrezcan servicios a los ciudadanos cubanos sin salirse del estrecho canal que dejan las sanciones. Esta es una petición que tiene mucho sentido debido a que si bien, en teoría se permitió, la realidad es que es muy difícil que los bancos norteamericanos quieran lidiar con ciudadanos cubanos debido al riesgo que implica.

Los firmantes concluyen la misiva aseverando que se debe prestar atención a este tema para mitigar las posibles implicaciones que tendría un estado fallido a solo 90 millas de las costas estadounidenses.

Esta noticia significa que Biden, recordemos, vicepresidente de Obama, recibe peticiones que responden a una lógica aplastante y que ha de ser de sumo interés para su propio gobierno, pero que durante cuatro años ha desoído en cada oportunidad. Ben Rhodes y otros que conocen muy bien el tema cubano y las diferentes posiciones internas sobre la Isla, solicitan solo aquello que ha de ser prioridad para la administración, posible en su margen de acción, y urgente debido al problema colosal que supondría una huida más masiva de Cuba, en comparación con la ya producida en los últimos tres años fiscales. Fuentes aseguran que superan ya 600 mil cubanos y todos ellos tienen derecho a regularizar su situación migratoria debido a la vigencia de la Ley de Ajuste Cubano.

Esta noticia no significa que la administración vaya a tomar alguna acción. Cuba no es prioridad.

El gobierno cubano reconoció que le preocupan los efectos que una nueva administración de Trump tendrá sobre la economía, según dijo Cossío en reciente intercambio con la prensa.  

De igual forma, afirmó que los escenarios más catastrofistas que se están diseñando para Cuba durante otra administración de Donald Trump son los deseados por sectores del exilio en La Florida, pero declaró que «no ha de ser de interés para la nación norteamericana en su conjunto» que se materialice un aumento de la inestabilidad y la violencia en la Isla.

Cossío, un experimentado diplomático que ha sido embajador en varias capitales representando a Cuba, contradijo la afirmación del exjefe de misión estadounidense en La Habana durante los años de Obama, Jeffrey de Laurentis, quien en reciente entrevista dijo que el gobierno cubano se sintió «incómodo» con el acercamiento.

«Cuba cumplió con todos los compromisos que asumió, puesto que era nuestro objetivo el avance. El Gobierno de EE.UU. los incumplió casi todos. Entonces es muy difícil decir que la incómoda era Cuba cuando eso sucedió», dijo Cossío probablemente respondiendo a una línea de crítica que muchos sostienen al afirmar que el gobierno cubano no abrió todas las posibilidades disponibles para hacer más concreto el deshielo y por tanto más difícil de desmontar.

Mientras tanto, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, llamó a una «marcha del pueblo combatiente» al finalizar las sesiones de la Asamblea Nacional el viernes 20 de diciembre. Según afirmó el primer secretario del Partido Comunista de Cuba, la demostración será frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana y se propone condenar el bloqueo así como «la permanencia de Cuba en la ilegítima lista de países patrocinadores del terrorismo».

La marcha se convoca en un contexto muy particular, en el décimo aniversario del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, cuando se aproxima una administración que será, sin dudas, muy hostil. Cuba vive una crisis de combustible sin precedentes, lo cual suscita críticas por parte de muchos internautas.

Nuestra opinión es que la misiva enviada por exfuncionarios a Biden responde a una narrativa que muchos expertos en el tema de las relaciones Cuba y Estados Unidos han señalado por años. Estos firmantes intentan utilizar su perfil público para llamar la atención sobre el hecho de que Cuba ha de ubicarse como prioridad, y que el daño que ha hecho la inercia de Biden alimenta una crisis migratoria que terminará, nadie lo dude, siendo un problema para Estados Unidos.

Más allá de apelar a la lógica y la decencia que indican que esas políticas tienen su mayor efecto en el pueblo cubano, que ve su plato más vacío y sobrevive a una crisis con el combustible que va desde la gasolina, hasta el gas licuado para cocinar, esta carta intenta apelar al pragmatismo estadounidense: cambiar el curso es esencial porque una Cuba inestable es un problema de seguridad nacional para Estados Unidos.

La llamada a la marcha el próximo viernes tendrá un efecto poco significativo sobre el estado general de cosas en Cuba. Si bien la condena a una política que afecta a los cubanos merece ser expresada, muchas otras preocupaciones que ponen en tensión a los cubanos no pueden expresarse en una marcha pública. Cuál será el rédito político de esta demostración, está por verse. Por su parte, ya la Embajada estadounidense ha pospuesto las citas de visas de migrantes agendadas para ese día y ha responsabilizado al presidente cubano por convocar a un acto político que hará difícil el acceso al edificio norteamericano.

Nuestra opinión es que Biden se va de la Casa Blanca habiendo perdido la inmensa oportunidad de hacer algo verdaderamente decente y productivo para la agenda de acercamiento con Cuba, cuyos beneficios vio cuando era vicepresidente. No es Cuba el único país con el que el que la administración demócrata se ha equivocado en términos de política exterior, pero en este caso ha fallado Biden en ver más allá de las presiones internas de los republicanos en el Senado, o el condenado por corrupción Bob Menéndez, y complacer a una agenda de «espera y aguarda a que se caiga el gobierno» mientras eso no pasa y el pueblo cubano sufre las consecuencias.

Perdió la oportunidad también de empoderar y fortalecer la fuerza de cambio más importante que hay en Cuba en estos momentos: el sector privado. Estos, en diferentes escalas, crean empleo, solucionan problemas, promueven la resiliencia y enfrentan las sanciones de Estados Unidos. Con esfuerzos propios son hoy uno de los principales suministradores de bienes y servicios en la Isla.

Biden termina su administración sin ningún resultado que responda a los propósitos de la promoción del cambio en Cuba.

Pleno del PCC: en alza la producción de consignas

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PCC
Foto: PCC

La noticia es que sesionó en La Habana el IX Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), los días 12 y 13 de diciembre, en el cual se debatieron asuntos medulares para la sociedad cubana.

Durante dos días, se presentaron informes acerca de la implementación de las Proyecciones del Gobierno para corregir distorsiones económicas y reimpulsar la economía, así como establecer un presupuesto estatal que permita avanzar hacia el cumplimiento de los objetivos nacionales en 2025.

Se abordaron temas clave como el perfeccionamiento de la empresa estatal socialista, así como la promoción de inversiones y el aprovechamiento eficiente de los recursos locales. Ejemplos específicos incluyeron el impulso a la producción cañera para contener su deterioro y generar empleo, así como la puesta en marcha de parques solares fotovoltaicos que contribuyan a mitigar la crisis energética. Igualmente, los cuadros del PCC apelaron a la necesidad de fortalecer la disciplina tributaria y garantizar un uso adecuado de los recursos financieros disponibles.

En la presentación del informe de rendición de cuenta al Pleno, Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Comité Central, una figura cada vez más central en la política cubana, señaló que «la labor ideológica es tan necesaria e importante como nunca antes». En este sentido, en el año, se realizaron visitas a 101 municipios como parte de la estrategia de comunicación política, institucional y social. Además, Ojeda resaltó la importancia de establecer un «aseguramiento político y comunicacional» que permita al pueblo comprender y respaldar estas estrategias.

En el discurso de clausura, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, mencionó las dificultades económicas que enfrenta Cuba, señalando que los costos se han incrementado «en comparación con años anteriores», agravados por las limitaciones impuestas por el bloqueo. Además, destacó que las «limitadísimas divisas» disponibles obligan al país a realizar «arduos ejercicios diarios» para priorizar los gastos esenciales.

Comentó también acerca de cómo la inclusión de Cuba en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo complica aún más el panorama, al generar retrasos significativos de «días y semanas» en los pagos internacionales.

Por otra parte, desde su punto de vista es relevante hoy «defender el marxismo», puesto que un principio fundamental de esta ideología es la relación entre la «satisfacción de las necesidades básicas» y la «conciencia social» de los individuos. Según el mandatario, la confianza del pueblo en el socialismo está vinculada a la capacidad del sistema de «garantizar las conquistas sociales» y satisfacer «sus demandas materiales fundamentales».

Para alcanzar dicho propósito, señaló que las Proyecciones de Gobierno ofrecen «una guía, un camino» hacia la concreción de estas metas, y que todos los miembros del Pleno comparten la responsabilidad de llevarlas a cabo.

A pesar de que los avances aún tienen un «impacto limitado», mencionó ejemplos concretos, como la producción agrícola, que registró en 2024 «los mayores niveles de siembra del decenio», a pesar de no contar con más recursos, como «fertilizantes, plaguicidas o combustibles». Este logro, según Díaz-Canel, se debe al «empeño de los agricultores y los colectivos agrícolas».

Otro ejemplo destacado en su discurso es la estrategia de recuperación del sistema electroenergético, que incluye inversiones significativas en energías renovables, como parques solares, y esfuerzos para incrementar la producción nacional de petróleo y gas.

De igual modo, resaltó los avances en la reducción del déficit fiscal, que se estima cerrar con una disminución del «46% respecto a lo aprobado en la Ley».

«Como Partido, nos toca convocar a la movilización para producir, desarrollarnos, crear y obtener resultados que se transformen, en el más corto tiempo posible, en un cambio en las condiciones de vida del pueblo cubano, en la revalorización de sus salarios, pensiones y sus bienes fundamentales», puntualizó.

El también primer secretario del PCC hizo un llamado a la movilización popular este 20 de diciembre frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana para expresar «la más firme y contundente condena al criminal bloqueo del Gobierno de los Estados Unidos y a la permanencia de Cuba en la ilegítima lista de países supuestamente patrocinadores del terrorismo que causan un terrible daño a todo el pueblo».

Un punto relevante del Pleno fue la liberación de Lázaro Expósito Canto, reconocido por su trayectoria y contribuciones al Partido. Durante su labor al frente de las provincias de Granma y Santiago de Cuba, Expósito Canto demostró alta capacidad de liderazgo, arraigo popular y resultados concretos a nivel social y económico.

Esto significa que el IX Pleno del Comité Central se desarrolló en un contexto marcado por una profunda crisis económica y social en Cuba. El país enfrenta limitaciones severas derivadas de las medidas unilaterales coercitivas del gobierno de Estados Unidos, que afectan directamente la adquisición de recursos básicos y el acceso a mecanismos financieros internacionales. Además, la inclusión de Cuba en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo agrava estas dificultades al obstaculizar las transacciones internacionales y la captación de inversiones extranjeras.

Asimismo, el escenario internacional añade presiones adicionales, con un panorama global caracterizado por conflictos geopolíticos y un escenario económico mundial desfavorable. Esto coloca a la Isla en una posición de desafío constante.

Internamente, la economía cubana ha mostrado signos de estancamiento, con un déficit fiscal altísimo y una inflación desbocada que impacta de manera directa en la vida cotidiana de la población.

El Pleno se celebró en condiciones en que, a nivel de país, la confianza en las instituciones y en el modelo socialista no pasa por un buen momento, en gran medida por la incapacidad del gobierno para ofrecer soluciones concretas a las demandas populares.

Nuestra opinión es que el IX Pleno del Comité Central del PCC, lejos de marcar un punto de inflexión en la profunda crisis que enfrenta el país, parece replicar un patrón reiterativo de diagnósticos y propuestas que no logran materializarse en soluciones reales para la población.

Las discusiones y prioridades planteadas no escapan al discurso habitual. Las promesas de perfeccionamiento de la empresa estatal socialista, el impulso a la agroindustria o las energías renovables, ya han sido mencionadas en repetidas ocasiones sin cambios significativos en el panorama de la Isla.

El hecho de que los planes económicos para 2025 dependan de recursos aún por captar y de una «confianza colectiva» sin bases tangibles, refuerza la percepción de que el liderazgo carece de una estrategia sólida y viable para enfrentar el deterioro continuo de la economía.

El enfoque del discurso pronunciado por Díaz-Canel gira en torno a la resistencia y la implementación de medidas paliativas, sin abordar cambios profundos en el modelo económico centralizado que ha demostrado sus muchas limitaciones en las últimas décadas. Se insiste en fórmulas conocidas, sin ofrecer soluciones transformadoras.

Asimismo, se atribuye de manera desproporcionada la causa de la crisis a factores externos, como las medidas unilaterales coercitivas del gobierno norteamericano hacia Cuba. Aunque este aspecto es innegable, la omisión del impacto de problemas internos, como la corrupción, la burocracia y las ineficiencias institucionales, impide un análisis integral de la situación.

A pesar de las menciones a la necesidad de autocrítica, el discurso oficial carece de una revisión profunda de las decisiones y políticas del gobierno que han contribuido a la crisis. Si bien se reconoce la existencia de errores, el énfasis sigue recayendo en la heroicidad del pueblo y no en la responsabilidad real de los dirigentes.

Las soluciones propuestas parecen orientadas a largo plazo, dejando de lado la urgencia de abordar problemas cotidianos como la inflación, el déficit energético. la crisis del transporte, entre otros.

El Pleno volvió sobre frases acostumbradas en el discurso político cubano: la empresa estatal socialista, la necesidad de disciplina y el llamado a la movilización. Sin embargo, ignora que los problemas actuales requieren soluciones estructurales, no solo llamados a la voluntad colectiva o a la responsabilidad individual de los cuadros. Por ejemplo, el énfasis en los parques solares o la producción cañera es positivo, pero queda limitado sin una estrategia integral que incluya incentivos para el sector privado, apertura al capital extranjero y una reforma sustancial en la gestión económica.

La insistencia en priorizar el «aseguramiento político y comunicacional», aunque importante, parece más orientado a sostener el control político que a promover un verdadero diálogo con la sociedad toda. La falta de espacios para una discusión abierta y plural, que incluya voces críticas y perspectivas diferentes, reduce las posibilidades de encontrar soluciones más efectivas y participativas.

Cuba necesita menos retórica y más acción efectiva, que priorice la calidad de vida de su población por encima de consignas ideológicas o resistencias al cambio.

Carlos Alzugaray: Cuba no aprovechó la apertura de Obama

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Ilustración: Félix Azcuy

La Joven Cuba comparte la transcripción de la entrevista al profesor, académico y diplomático Carlos Alzugaray, a propósito de la serie de entrevistas por los 10 años del anuncio del 17 de diciembre de 2014.

Yo defino normalización como un proceso en el cual se empieza a cumplir con las normas más generales del derecho internacional: respeto por la soberanía, no injerencia en los asuntos internos, relaciones de igualdad, de confianza mutua, etcétera. Eso se empezó, no se terminó. Que nadie piense que porque se firma un documento estableciendo relaciones diplomáticas ya todo está resuelto.

¿Cuánto eso significó de flexibilización real? Es un asunto que se puede discutir mucho.

Si nosotros lo medimos en «stricto sensu», teniendo en cuenta que el bloqueo, las sanciones o la guerra económica —porque se le puede llamar una guerra económica— es muy abarcadora, Obama resolvió algunos problemas marginales, pero no la esencia del problema. La esencia de la guerra económica contra Cuba no terminó con Obama. Simple y sencillamente se hicieron flexibilizaciones, como con los vuelos y los pasajes, por ejemplo, a la licencia general para poder venir a Cuba, que permitía que la gente entrara sin dar mucha explicación.

Es decir, fue un cambio importante. Las remesas que Obama liberalizó, por cierto, ya las había liberalizado antes del acuerdo. Las sanciones económicas contra Cuba son una madeja muy entrecruzada de cosas que hace todo muy difícil. Una de las primeras licencias que emitió Obama fue la licencia para que los norteamericanos pudieran usar la tarjeta de crédito de banco norteamericano en Cuba. Pero los bancos no quisieron hacerlo. ¿Por qué? Porque esto es un fenómeno que se ha hablado mucho últimamente, que se llama el «overcompliance», es decir, cuando hay sanciones, los actores económicos que tienen que ver con las donaciones dicen: «No, no, pero yo no voy a meterme en eso, aunque esté técnicamente autorizado, porque eso tiene muchos vericuetos y puede tener problemas en un futuro».

¿Qué cedieron ambos gobiernos en la negociación?

Aquí hay que tener en cuenta que ambos gobiernos tenían un problema muy importante que resolver antes de pasar a lo que pudiéramos decir el «pollo del arroz con pollo» de la normalización, que era, por supuesto, las sanciones económicas, las relaciones diplomáticas… Estamos hablando del problema de la liberación de los ciudadanos de sus países presos en el otro país. Sin ese intercambio la normalización no hubiera podido caminar. Ni el gobierno cubano estaba dispuesto a hacer nada si no se liberaba a Gerardo, Tony y Ramón. Ni el gobierno norteamericano estaba dispuesto a hacer algo si Alan Gross seguía preso.

Pero se le añadió un elemento nuevo, poco común, que fue liberar a un espía de nacionalidad cubana, ciudadano cubano, que había espiado para la CIA. Entonces, yo creo que fue una negociación donde ambas partes cedieron en algo. Por ejemplo, la concesión más importante del gobierno cubano fue aceptar el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de una embajada norteamericana en Cuba sin el levantamiento del bloqueo.

A diez años de la normalización es difícil poner el dedo en los fallos de los gobiernos. Creo que el gobierno norteamericano quizás pudo ir más rápido y hacer más cosas. Claro, hizo bastante. Pero creo que nadie, casi nadie, consideró que en las elecciones del 2016 Donald Trump sería electo. Yo creo que eso no entró en los cálculos de casi nadie.

En el caso del gobierno cubano, no aprovechó la oportunidad: la apertura de Obama y la concomitante apertura del mundo hacia Cuba. Recuérdese que en un breve periodo de tiempo vino el presidente francés, el primer ministro canadiense, el presidente de Irlanda. Es decir, hubo un cambio radical en la manera de enfocar los asuntos y eso hubiera fomentado inversiones…

Los obstáculos de la normalización

Es evidente que, en Estados Unidos, todo el sector de la ultraderecha cubanoamericana, incluyendo a los legisladores de origen cubano como Marco Rubio, empezaron a actuar contra el proceso de normalización. Del lado cubano es un poco más difícil precisarlo. Quizás la frase que determina esto de mejor manera es una que yo escuché mucho, inclusive aparecieron por televisión personas importantes, historiadores, miembros del Comité Central, diputados diciendo que Obama había dicho que nos olvidáramos de la historia. Obama no dijo que nos olvidáramos de la historia; lo que dijo es que no podíamos ser esclavos de la historia.

Pero, algo muy importante: él no estaba hablando solo para nosotros los cubanos de la Isla; estaba hablando para los cubanos de Miami, también para el sector intransigente ultramontano. Vaya, les estaba diciendo: «Olvídense de todos los reclamos que ustedes tienen, esto hay que empezar de nuevo». Obama lo aderezó, por así decirlo, o lo introdujo con dos argumentos: primero, esta es una política fracasada, una política que no dio el resultado que se pretende. Segundo, esta es una política muy vieja; esta política empezó antes de yo nacer.

También hay que decir que eran otros tiempos. Es decir, en 2006 asumió Raúl Castro. Empezaron a cambiar cosas en Cuba, cosas que antes eran prohibidas, como acceso a los hoteles, tener un celular e internet. Entonces existía un clima mucho más favorable. Por tanto, era más difícil para los que se oponían allá oponerse a algo que evidentemente tenía mucho beneficio concreto para los cubanoamericanos, algunos que habían emigrado hacía unos años.

Cuba frente a Trump: desafíos

La presencia de Donald Trump en la Casa Blanca no augura muchas razones por las cuales haya incentivos para él en buscar un acomodamiento con Cuba, sobre todo si la situación cubana sigue siendo como ahora, que muchos dicen que está al borde del colapso.

Sí creo que el gobierno cubano tiene que transformar la actual situación económica y social o de lo contrario será más vulnerable a cualquier presión que decida hacer el presidente Trump.

Una de las características que tuvo la actividad de Trump en los últimos años, sobre todo en 2019 y 2020, fue que vinculó el asunto venezolano con Cuba y, al parecer, alguien le dijo o lo convenció de que tumbar a Maduro en Venezuela era algo fácil que se podía lograr y que una de las cosas que habría que hacer era quitar a Cuba de en medio, porque Cuba era la que apuntalaba al gobierno de Maduro.

¿Quizás Trump cambie ahora, dado que la situación ha cambiado y hay una necesidad de petróleo venezolano? Puede ser. No lo podemos descartar, pero habría que ver si eso pasa. También está el factor Rusia. Es decir, el señor Trump no tiene esa animadversión que tiene Biden hacia Vladimir Putin. Una presencia rusa en Cuba (que no se acaba de materializar) es algo que debemos contabilizar. Entonces, ¿puede salir de ahí algún tipo de beneficio? Yo soy escéptico.

Creo que con Trump vamos a tener muchas dificultades. Lo único que tendría que hacer es dejar las cosas como están y, si acaso, volver a apretar. Por ejemplo, una cuestión que se podría esperar con Trump es que le ponga límites a las remesas, que nuevamente apriete las sanciones en materia petrolera, que ponga todavía más límites a los posibles viajes de cubanos. Ya casi no hay viajes de norteamericanos a Cuba, pero lo que queda son los viajeros cubanoamericanos. Claro, ahí estaría un poco jugando con fuego y, por supuesto, dependerá mucho de quiénes son las personas de las que se rodee.

Recuerdo que si bien fue duro lo que hizo en 2017-2018, en 2019-2020 fue peor, porque además puso en la Casa Blanca a atender los temas de seguridad nacional y específicamente de América Latina a John Bolton y a Mauricio Claver Carone, dos personajes totalmente negativos. Ahora bien, dicho esto, creo que hay algo que lógicamente el gobierno cubano tendría que hacer incluso si hubiera ganado Kamala Harris, que es acabar de sacar a Cuba del bache en que está.

El gobierno cubano tiene que impulsar el sector privado sí o sí, no tiene opción. Sobre todo, tiene que tratar por todos los medios de acabar esa reforma prometida desde el 2011. Ya llevamos 13 años desde la aprobación de los Lineamientos y debe materializarla. Eso tiene varios componentes.

El primer componente, para ponerlo no en términos de lo que yo hubiera preferido, pero sí en términos de lo que quizás el gobierno cubano hubiera preferido, es terminar la reforma de la empresa estatal socialista, que no funciona. A veces, para salvar a alguien hay que decirle: «Oye, te la tienes que arreglar como puedas porque ya aquí no hay más subsidio». Que no lo hay. Que no se diga que lo hay.

Las fórmulas están ahí y, precisamente, hay que hacerlas.

Las armas melladas de la Revolución Cubana

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A la crisis actual del modelo político cubano no se llega cometiendo un error específico, es la suma de muchas equivocaciones en un largo período de tiempo. La actual asfixia de la economía tampoco ocurrió de un día para otro; décadas de sanciones estadounidenses y un gobierno empeñado en desconocer las reglas del mercado terminaron socavando el emprendimiento del pueblo cubano. Y aunque existen soluciones visibles, los decisores no solo las rechazan, sino que proponen medidas y apelan a métodos impopulares. Cuando la necesidad de transformaciones profundas y sistémicas es evidente, cabe preguntarse si en el Palacio de la Revolución no quieren, no pueden o no saben hacer tales cambios.

Si la dirección del Partido Comunista no siente la necesidad urgente de cambiar el presente, está abdicando a su responsabilidad. El Partido conoce lo que está ocurriendo, al Comité Central llegan informes edulcorados, pero también tiene mecanismos efectivos para medir la opinión pública. Basta con mirar la Asociación de Combatientes y el estado actual de sus miembros para tener una idea de cómo está el país. La inmensa mayoría de quienes echaron su suerte con la Revolución hoy tienen una realidad triste en contraste con sus adversarios.

Nada destruye la esperanza como esta cotidianidad tan dura, en la que hijos y nietos de los combatientes de antaño no solo miran, se marchan. Mientras, los que deberían buscar reformas desesperadamente, operan algunos cambios de mala gana. En los pasillos gubernamentales, es visible la pugna entre un sector que entiende la gravedad de la situación, y los que se aferran al modelo estalinista del siglo XX que hundió a cada una de sus revoluciones. Los primeros proponen reformas y los segundos las revierten a la primera oportunidad. Pero ser el partido de la continuidad durante un periodo inflacionario, es lo más parecido a un suicidio político; pregúntenle al Partido Demócrata estadounidense.

La insistencia en romantizar la crisis, en lugar de una hacer autocrítica profunda y proponer un plan de cambios serios que cuente con la aprobación de los economistas, augura un futuro incierto. Durante demasiado tiempo han creído los ideólogos revolucionarios que la dignidad de su proceso radicaba en la intransigencia, y no en los logros tangibles alcanzados décadas pasadas. Hoy el sistema institucional es más frágil que nunca, incluyendo los bastiones de la Revolución Cubana: salud y educación. Cuando las autoridades ya no tienen capacidad de garantizarle una vida digna a la mayoría del pueblo, el contrato social puede estar llegando a su fin.

¿Quiere el gobierno cubano cambiar la situación actual? Probablemente sí, pero hasta ahora lo ha intentado solamente dentro de su zona de confort. Cada vez que toma medidas más profundas y a regañadientes —como es el caso de las mipymes—, el ala radical del Partido intenta revertirlas. ¿Puede la presidencia del país ir más allá? Miguel Díaz-Canel no pertenece a la Generación del Centenario y a diferencia de su primer ministro no tiene fuertes lazos con el sector militar del país; para cambiar el sistema económico y político de raíz necesita el capital político y la aprobación pública de Raúl Castro, que parece no querer asumir tal responsabilidad. Así, sin consenso entre los grupos de poder y con una dinámica partidista conservadora y adversa a transformarse a sí misma, de existir tal voluntad política podría no ser suficiente.

Cualquier partido político moderno sabe que al poder se llega y se mantiene ampliando su base social. Como los partidos tienen un número limitado de seguidores, la clave radica en ganarse a los sectores que no son necesariamente adversos. El mismo Fidel Castro expresó en «Palabras a los intelectuales» que existían sectores no revolucionarios, pero tampoco opuestos al Estado; había que «comprender esa realidad» y lograr que encontraran dentro de la Revolución «oportunidad» y «libertad para expresarse». En Cuba, el Partido Comunista tiene décadas de experiencia en lo contrario: la exclusión de personas con pensamiento crítico, incluso desde posturas de izquierda, ha sido la mayor fábrica de opositores. Cambiar esa práctica de manufacturar resentimientos requeriría un cambio cultural difícil en las condiciones actuales.

Durante estos 65 años, con demasiada frecuencia se dio por sentado el apoyo popular. El apetito de cambio en el pueblo, pero no en la clase política, fue creando un abismo entre ellos. Así, lo que fue un movimiento político es hoy un gobierno con abundante fosilización en sus estructuras, que considera principios inamovibles lo que fueron decisiones coyunturales de otra época, paralizado por sí mismo. Es que la habilidad política también se fragua en las contiendas electorales, en la necesidad de tener un discurso superior al contrario. Convertir la continuidad en eslogan del nuevo gobierno hace un lustro, fue otra decisión política costosa, perdiendo así una oportunidad única.

A las contradicciones actuales se suman los visibles privilegios de familias con apellidos ilustres. Sandro Castro ha hecho más daño al legado político de su familia que cualquier plan de la CIA. Manuel Anido tiene derecho a salir con una actriz y cualquier suposición de que utiliza fondos públicos en sus viajes no dejará de ser una conjetura, pero es altamente cuestionable la falta de transparencia sobre su rol en el gobierno de su padrastro, al cual acompaña en visitas oficiales sin credenciales válidas que justifique su presencia. La nueva generación de políticos asume que pueden heredar la verticalidad con que operaba Fidel Castro, pero sin su talento y legitimidad pueden descubrir que esas prerrogativas no se extienden a ellos.

¿Sabe el gobierno cubano cómo cambiar lo que debe ser cambiado? La asesoría académica no le ha faltado, el Comité Central y el mismo presidente han citado en más de una ocasión a los mejores científicos y académicos del país —entre ellos economistas—, que les han entregado listados de medidas concretas que podrían ejecutarse; muy pocas se han aplicado. Por otro lado, la Revolución fue fundada por una generación en la que abundaban jóvenes de clase media con experiencia internacional. Los dirigentes de hoy se han formado en escuelas de cuadros y generalmente se desarrollan en una cámara de eco que les impide ver más allá. El aire viciado de los pasillos de gobierno puede ser efectivo para evitar la penetración ideológica y de inteligencia, pero genera funcionarios probeta con escasa imaginación y un lenguaje divorciado del pueblo que representan.

La reciente convocatoria a una marcha popular, justo en el momento más tenso en la relación Estado-ciudadanía, parece una apuesta cuanto menos peligrosa. No faltarán las acusaciones de que los cubanos van de manera forzada, corre el riesgo real de que la participación sea baja y posiblemente va a costar recursos que el Estado prácticamente no tiene. Sigue el gobierno cubano apelando a las armas melladas del siglo XX, en lugar de concentrarse en un plan que les haga recuperar credibilidad ante la ciudadanía.

Dicho todo lo anterior, la debilidad actual del gobierno cubano es relativa; posiblemente no es tan fuerte como creen en el Palacio de la Revolución, pero tampoco tan débil como quisiera la oposición. Ni siquiera en su momento más difícil, el 11 de julio, necesitó apelar al ejército para neutralizar la protesta. Después de la emigración masiva en los últimos años y sin el COVID-19 como elemento desestabilizador, buena parte de la oposición pone sus esperanzas en el quiebre del Sistema Energético Nacional o la futura presión que pueda ejercer Marco Rubio en el Departamento de Estado como catalizador para protestas que son cada vez menos comunes.

Porque vale recordar que los numerosos errores del gobierno no justifican el servilismo en buena parte de la oposición cubana respecto a Estados Unidos, ni les brinda un programa de gobierno coherente. No borra de un plumazo el hecho de que el exilio en la Florida se haya fundado sobre la base de una dictadura en fuga, no justifica derrumbar un avión cargado de civiles ni poner bombas en La Habana. La incapacidad opositora para reconciliar ese pasado con su activismo actual y ofrecer un programa de desarrollo respetuoso de la soberanía nacional, es una de las razones por las que un gobierno tan cargado de contradicciones sigue en el poder.

Mientras los emprendimientos políticos opositores sean más para vanidades personales y/o llenarse los bolsillos, seguirá (lo que queda de) la Revolución en el poder. Y mientras el Partido Comunista no reconozca principios democráticos básicos y se reconcilie con las leyes del mercado, seguirá haciendo agua, y cercado por todos los frentes. Los primeros pidiendo sanciones que muchos de ellos no sufren o comprenden, y los segundos aferrados a un modelo que, en un contexto de capitalismo tardío y lastrado por rezagos estalinistas, no va a funcionar.

Sigue pendiente una alternativa que respete la dignidad de todos los cubanos y no apueste a que unos se impongan sobre los otros. Lamentablemente, es un pueblo empobrecido y agotado el que se sacrifica hoy para que opositores y funcionarios satisfagan sus preferencias políticas. Al modelo de izquierda y justicia social que el gobierno cubano dice aspirar podrá llegarse con una economía de mercado socialista y adoptando valores democráticos, apelando a lo que le ha funcionado a la Revolución Cubana y sus homólogas, no a las armas melladas del siglo XX.

William LeoGrande: la normalización es el camino

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La Joven Cuba comparte la transcripción de la entrevista al politólogo norteamericano William Leogrande a propósito de la serie de entrevistas por los 10 años del anuncio del 17 de diciembre de 2014.

Creo que el anuncio de normalización del 17 de diciembre de 2014 entre Estados Unidos y Cuba para establecer relaciones diplomáticas normales y luego avanzar, y tratar de normalizar la relación bilateral en general, sirvió muy bien a los intereses de Estados Unidos. En primer lugar, en el acuerdo que se anunció ese día, Cuba aceptó liberar a 54 prisioneros políticos. Accedieron liberar a Alan Gross a cambio de que Estados Unidos liberara a los tres miembros restantes de los Cinco Cubanos. Y en general, hubo voluntad en ambas partes no solo de restablecer las relaciones diplomáticas, sino de avanzar en una variedad de temas, en temas de beneficio mutuo y también temas en discusión, como el tema de los derechos humanos y el tema de las reclamaciones de propiedad que ciudadanos estadounidenses tienen contra el gobierno cubano, por propiedades que fueron nacionalizadas después de la revolución de 1959.

Cuando miramos hacia atrás a ese proceso hace 10 años, hubo varios momentos destacados que marcaron una diferencia tremenda, particularmente en la vida de los cubanos. La expansión del servicio aéreo en un servicio aéreo regular para facilitar a la gente ir y regresar normalmente, la expedición de visas múltiples de cinco años, para que los cubanos visitaran Estados Unidos a ver la familia o para venir a establecer las cadenas de suministro de sus empresas privadas. Pero lo más importante, quizás, fue la creación de un verdadero sentido de esperanza y anticipación en Cuba de que esta larga Guerra Fría entre Cuba y los Estados Unidos finalmente llegaría a su fin, y eso significaría que el embargo llegaría a su fin, y la vida diaria sería mucho más fácil de lo que ha sido en los últimos 60 años, como resultado, en parte, de las sanciones de EE. UU.

Hubo algunos hitos importantes, por supuesto, muchas flexibilizaciones de diferentes partes del embargo por parte del presidente Obama, que prepararon el terreno para más comercio y más viajes entre los dos países, más intercambios culturales. Pero luego, por supuesto, el momento culminante fue el viaje del presidente Obama en 2016. El primer presidente de EE. UU. en visitar Cuba desde antes de la Gran Depresión. Y fue recibido de manera extraordinaria. Él dio lo que, en mi opinión, fue un discurso impresionante al pueblo cubano. Y lo más importante, realmente estableció el tono al declarar que el fin de la Guerra Fría en el Caribe había llegado, y ahora los Estados Unidos estaban interesados en construir una relación positiva con el pueblo cubano y con el gobierno cubano para avanzar los intereses de ambos países.

Desde la década de los 90, la política de EE. UU. hacia Cuba ha dependido en gran medida de la política interna de este país. La concentración de la comunidad cubanoamericana en Florida, que fue un estado clave en las elecciones presidenciales, ha significado que, en particular los demócratas, eran reacios a dar pasos positivos hacia la mejora de las relaciones con Cuba porque temían una reacción de la comunidad cubanoamericana y que eso podría costarles las elecciones, la reelección en Florida.

Y, por supuesto, vimos a Al Gore perder Florida en el 2000 por 537 votos, en gran parte porque la comunidad cubanoamericana hizo un voto de castigo en su contra, porque el presidente Bill Clinton envió al niño de seis años Elián González, de vuelta a Cuba con su padre.

El otro obstáculo a nivel nacional han sido los miembros cubanoamericanos del Congreso, que han votado casi de manera unánime, y se han opuesto a cualquier tipo de normalización, tanto los miembros republicanos, como Mario Díaz-Balart, como el senador Robert Menéndez en el Senado de los Estados Unidos. Y durante la administración de Biden fue un obstáculo particular porque el presidente Biden, habiendo sido senador, confió en el juicio de sus colegas senadores, especialmente en temas en los que estaban muy involucrados. Y, por supuesto, Menéndez fue categórico en su oposición a cualquier tipo de relajación con Cuba. Y creo que eso fue un verdadero disuasivo para que el presidente Biden siguiera adelante.

Restricciones y ayudas al sector privado cubano

El presidente Biden acordó a principios de este año un paquete de cambios regulatorios que estaban destinados a ayudar al sector privado cubano a participar en el comercio internacional. Así que permitió que los empresarios privados cubanos abrieran cuentas bancarias en los Estados Unidos. Eliminó la restricción sobre lo que se llaman transacciones a plazo, donde los bancos de EE. UU. bloquean las transacciones entre cubanos y otros actores internacionales, lo que facilitó mucho a los empresarios cubanos participar en el comercio internacional y la banca, fuera de los Estados Unidos.

Pero aún queda mucho que se podría hacer para impulsar realmente el sector privado cubano. El hecho de que Cuba siga en la lista del Departamento de Estado de patrocinadores estatales del terrorismo internacional, hace que sea muy difícil para cualquier empresa cubana hacer negocios internacionalmente, porque a nivel internacional las instituciones financieras no quieren asumir la carga de lo que se llama «debida diligencia», que deben seguir para cualquier cliente que potencialmente sea visto como teniendo un papel en el terrorismo. Cuba no debería estar en esa lista, en mi opinión, pero aun así, tiene el impacto práctico de inhibir el sector privado.

Lo otro que se podría hacer es permitir operaciones bancarias en dos sentidos. En este momento, un empresario cubano puede abrir una cuenta en Estados Unidos, pero esa cuenta en Estados Unidos no puede comunicarse con su cuenta bancaria cubana. Y así, es muy difícil para ellos realmente hacer uso de la cuenta bancaria en los Estados Unidos, porque no pueden utilizar su propio sistema bancario. Así que eso también es un obstáculo.

Y por último, hay una variedad de sanciones aún vigentes de la administración Trump que limitan el mercado para las empresas privadas cubanas. El hecho de que todavía existan restricciones significativas para los viajeros estadounidenses hacia Cuba. Bueno, gran parte del sector privado cubano se dedica a la hostelería, es decir, estaban ofreciendo servicios a los visitantes de EE.UU. ya sean alquileres de habitaciones privadas, restaurantes privados, servicios turísticos privados, y demás. Y cuando se impusieron restricciones de viaje en EE. UU. por el presidente Trump, muchos de esos negocios sufrieron de manera dramática.

Por lo tanto, la normalización general de las relaciones económicas entre Cuba y Estados Unidos es probablemente lo más importante que puede hacer Estados Unidos para apoyar al sector privado cubano. Hay una serie de pasos iniciales que Estados Unidos podría tomar que demostrarían nuestra sinceridad. Primero y ante todo, sería sacar a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo internacional. No hay bases fácticas para que esté en la lista. El Secretario de Estado, Antony Blinken, admitió esto en testimonio ante el Congreso, a inicios de este año.

Una vez que el diálogo comience, por supuesto, hay muchas cosas adicionales que Estados Unidos podría hacer que relajarían las sanciones económicas sobre Cuba y reanudarían el proceso. Estados Unidos podría invitar al gobierno cubano a reiniciar algunos de los grupos de trabajo que existieron bajo Obama para mejorar la cooperación en temas de interés mutuo. Podría, una vez más, suspender el Título III de la ley Helms-Burton, que es un elemento extraterritorial del embargo que amenaza a las empresas internacionales con litigios en Estados Unidos si intentan invertir en Cuba, o realmente participar en cualquier transacción financiera con Cuba.

Cuba podría ser más receptiva a algunas de las preocupaciones que tiene Estados Unidos. Uno de los obstáculos para que Biden avanzara en la mejora de las relaciones bilaterales ha sido la demanda de que Cuba libere al menos a algunos de los presos. Creo que sería de interés para Cuba, así como también un acto de justicia humanitaria que Cuba otorgue clemencia a las personas que participaron en las manifestaciones ese día y los días posteriores, pero no participaron en ningún tipo de violencia contra la policía ni contra la propiedad. Esa gente realmente no merece algunas de las sentencias realmente severas que se les impusieron.

Pero lo más importante es que Cuba en el pasado ha estado dispuesta a responder a las preocupaciones de EE.UU. sobre derechos humanos en un contexto en el que las relaciones bilaterales estaban mejorando. Así que, si Estados Unidos desea ver un avance en el tema de los derechos humanos, creo que retomar el proceso de compromiso y normalización es la mejor esperanza para lograrlo.

Un nuevo mandato de Trump

Pero, por supuesto, el presidente Trump ha contado con los cubanoamericanos conservadores en Florida como una parte clave de su base electoral y su estrategia electoral. En su primer mandato, prácticamente entregó la política hacia Cuba a Marco Rubio y Mario Díaz-Balart. Y como resultado de eso, siguió una política de máxima presión, poniendo toda la presión que pudo sobre la economía cubana, cortando todas las fuentes de ingresos en divisas.

Es difícil predecir si su segundo mandato será distinto. Por un lado, no tiene que presentarse a la reelección, y como resultado de eso, tiene menos necesidad del apoyo de los cubanoamericanos en Florida. Imagino que se va a centrar más en otros temas internacionales, como ha hecho el presidente Biden, ya sea Ucrania, el Medio Oriente o las tensiones con China.

Espero que, al menos, el presidente Trump no revoque algunas de las aperturas que aún están vigentes desde los años de Obama y algunas de las modestas relajaciones de sanciones que el presidente Biden ha implementado. Espero que la comunidad empresarial en los Estados Unidos tenga cierta influencia con el presidente Trump y vea una oportunidad en el mercado cubano para poder abrirse y entrar en el mercado cubano y competir con los europeos o competir con Rusia y China. Esa es una oportunidad que Estados Unidos, en esencia, está dejando al margen. Y como hombre de negocios, tal vez el presidente Trump vea una oportunidad allí y quiera aprovecharla.

Entre luces y sombras, el Festival de Cine de La Habana

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El 5 de diciembre, un día después del colapso del sistema electroenergético nacional, arrancó la edición 45 del Festival Internacional de Cine de La Habana. Desde su fundación en 1979, el evento ha sido un símbolo cultural para los cineastas latinoamericanos y para el público que asiste a las salas de proyección.

La selección oficial abarcó un total de 256 obras de 42 países, entre los apartados en competencia y las muestras colaterales. Este año se hizo homenaje a la obra de Juan Padrón. A su vez, se dedicó un día a visualizar una muestra de cine palestino, ante la realidad de su genocidio.

En sus palabras de apertura en la sala Charles Chaplin, la directora de la Oficina del Festival, Tania Delgado, instó a luchar contra el silencio cómplice de algunos sobre lo que sucede en Gaza, por lo que el Festival dedicaría un día para a las voces desde la cultura en favor de la causa palestina. Alexis Triana, presidente del Instituto del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), concluyó la gala con la promesa de que esta edición tomaría las calles para que La Habana se convirtiera en sede de lo mejor del cine latinoamericano.

En vísperas del comienzo, la directiva del evento anunció a la prensa el proyecto «De vuelta al Festival», para homenajear a realizadores y películas que han estado en la programación de la cita durante sus años de existencia. Además, se informó también que la televisión incluiría filmes de años anteriores (una película de ficción y un documental diario, respectivamente) en los canales Multivisión y Caribe.

Este 2024, el ICAIC celebra el 65 aniversario. La oración anterior fue el encabezado común que leyeron los presentadores en las salas de cine. La campaña de la institución incluye un spot conmemorativo que reprodujeron antes del momento de proyección.

Cartel

Sin embargo, la cifra de películas cubanas en la muestra de obras ha disminuido en los últimos tres años.

Días antes del inicio del certamen, la Asamblea de Cineastas Cubanos (ACC) hizo una declaración publicada en redes, respecto a la censura y las políticas públicas de control y exclusión que desde hace décadas acompaña al gremio: «Luego de 44 ediciones, la que fuera gran cita de los cineastas del continente se encuentra emplazada por la grave fractura que define al cine cubano del presente. Un panorama marcado por el continuo éxodo de sus más jóvenes creadores, un cine que recorre el mundo y obtiene premios, pero que rara vez puede apreciarse al interior del país».

En las categorías en concurso estuvo la representación cubana de los cineastas Carla Valdés León (La línea del ombligo) Lázaro Lemus (El bosque intermitente), Armando Capó Ramos (La tierra de la ballena), Orlando Mora Cabrera (Matar a un hombre), Alán González (Azul Pandora), Marcos Díaz Sosa (Fenómenos Naturales), Lázaro J González (Parole) y Keiter Castillo (Bombas de arena).

La ACC manifestó entre los asuntos pendientes a las puertas del Festival que «no puede concebirse un cine nacional ignorando las contradicciones del país que lo produce. Cientos de cineastas cubanos ya no viven ni trabajan en Cuba. Esa distancia no es solo física sino también ideológica, en la medida que sienten que el país que los vio nacer y crecer no responde a sus expectativas generacionales, ni profesionales. No rechazan a Cuba, ni mucho menos a su cultura o la dura realidad de ese pueblo al que también representan. Agotados por la retórica y las promesas, han sufrido en sus propios cuerpos actos de exclusión y represión. Sus películas incorporan esos sentimientos de dolor y frustración. Son relatos íntimos, autorreferenciales, que les permiten reconstruir una identidad a través de memorias y experiencias. Ninguno ha renegado de su condición de cubanos, sin embargo, ¿por qué no podemos ver sus filmes más allá del marco puntual y efímero de un festival?».

Esta demanda coincide con una de las opiniones compartidas en la charla que acogió el 9 de diciembre un panel en la sala Taganana del Hotel Nacional, que informó que un 80 % (y era una cifra generosa) de estas películas solo se exhiben en circuitos de festivales.

Entre las novedades, resaltó como gran acontecimiento la colaboración del Festival con la plataforma de streaming Netflix, con la presentación el pasado 6 de diciembre en el cine Yara de los dos primeros episodios de la serie Cien Años de Soledad, adaptación de la novela homónima de Gabriel García Márquez. En el escenario del Yara, en una primera exhibición solo para invitados, Francisco Ramos, vicepresidente de Contenidos de Netflix para Latinoamérica, y Duncan Crabtree-Ireland, Director Ejecutivo de SAG-AFTRA (Sindicato de Actores de Cine-Federación Estadounidense de Artistas de Radio y Televisión) expresaron la importancia de esta serie como referente cultural antes de comenzar la proyección.

Ante una actualidad nacional con tendencia a la polarización política, es necesario desde el Festival de Cine visualizar y desestigmatizar las películas cubanas.
Foto: María Lucía Expósito

La noche del 10 de diciembre, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez sostuvo un encuentro con un grupo de realizadores, productores, teóricos, promotores y otros artistas e intelectuales vinculados al séptimo arte, de la región, el mundo y Cuba, que participan en la fiesta cultural con centro en La Habana.

La nota refiere que el jefe de Estado agradeció por la presencia de tantas personalidades en el evento, y reconoció a la dirección y los trabajadores del ICAIC por su capacidad de organizarlo en medio de las difíciles condiciones por las que atraviesa la nación:

«No he tenido tiempo en estos días de ver películas, el Festival en Cuba es una fiesta y siempre a nivel familiar nos planificamos, pero los tiempos estos han sido tan complicados, que no hemos podido hacerlo», dijo Díaz-Canel a los invitados, a quienes explicó todas las dificultades, naturales y de otro tipo, que ha estado sufriendo Cuba.

Varios realizadores cubanos hicieron visible su opinión en los perfiles personales, respecto al desarrollo y las vicisitudes del evento. Una parte de estas opiniones fue difundida por los medios oficiales, mientras que la otra tuvo eco en medios independientes.

La televisión nacional enfocó el criterio del realizador Manuel Herrera, quien recordó el surgimiento del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano: «El festival se ha recuperado con su función inicial, que es mostrar el cine latinoamericano, un cine que es difícil de ver en el mundo, por lo que podemos seguir haciendo mucho y debemos continuar por ese camino».

Parecida a la línea anterior, fueron las citas que aparecieron en Presidencia Cuba y Cubadebate de las actrices cubanas Mirtha Ibarra y Eslinda Núñez.

En contraste, el día de presentación de la ópera prima cubana Fenómenos Naturales en el cine Charles Chaplin, su director Marcos Díaz Sosa, que estaba fuera del país, envió al público un mensaje leído por Andrea Doimeadiós, actriz protagónica del filme: Ríanse con la película y de la película (…) y espero que encuentren la felicidad en tiempos tan tristes y violentos.

En su perfil de Facebook, el director y productor de cine Armando Capó Ramos expresó : «Nunca antes lo sentí tan lejano y vacío a pesar de la pantalla gigante y el triunfalismo. Vacío de personas y de alma.  Es normal que el Festival tenga el espíritu del país. Que se vaya la corriente en los cines y sea difícil salir de las casas y volver. La selección realizada por el equipo de programadores del festival me pareció de lujo. Ojalá pueda seguir así.

»A pesar de tener dos películas en competencia como productores desde GatoRosa ni tan siquiera se tomaron el trabajo de simular que nos invitaban a algo (…) Nadie me contactó para hablar de nuestras películas. Nunca vi un cine lleno. Parecía una representación para los cineastas extranjeros, una puesta en escena para las autoridades, necesitadas de escuchar lo que quieren oír. Una realidad paralela donde no existe la Asamblea de Cineastas Cubanos, donde mis compañeros cineastas van al ICAIC a darse abrazos con el MINCULT. Hay una fractura real entre una parte del cine cubano y el MINCULT».

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Entre las proyecciones del concurso de cortometrajes de ficción se esperaba el estreno en Cuba del corto Matar a un hombre, del joven director cubano Orlando Mora Cabrera. Matar a un hombre tenía dos coordenadas: el domingo 8 de diciembre en el Multicine Infanta, y al día siguiente en el cine 23 y 12, ambas a las 5:30 pm.

Mora Cabrera declaró mediante una sucesión de hechos que en ninguna de estas ocasiones se proyectó la obra, ni en la propuesta de fechas posteriores, a pesar de los intentos del equipo del filme y la oficina de distribución de la Escuela de Cine y Tv, en defensa de su derecho de exhibición. Este domingo, cuando no apareció el corto en la última actualización de la cartelera, el cineasta apuntó en su perfil:

«Intuyo que “Matar a un hombre” ha sido censurada por razones esencialmente homofóbicas, por poner en relieve un discurso crítico sobre diferentes manifestaciones de violencia, dominación o control que se pueden ejercer sobre nuestros cuerpos. Me entristece que se convierta en otra película censurada y excluida por las autoridades políticas y culturales cubanas. Una cinta más que espera por un espacio para su estreno y circulación nacional.

»El Festival de La Habana ha sido significativo y relevante para las cinematografías de la región. Sin embargo, se ha visto convertido en un escenario propicio para que se produzcan atropellos tales como los que han enfrentado mi película y las de tantos otros en situaciones similares».

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En los comentarios adjuntos a las informaciones del canal de Telegram del Festival (@festivalcinehabana) los usuarios denunciaron interrupciones en las salas por cortes de electricidad, errores en la organización y las demoras recurrentes en la publicación de la cartelera.

En la gala de premiaciones, el presidente del ICAIC subrayó que «pese a las dificultades energéticas y al bloqueo estadounidense, el 45 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana se hizo».

Las perspectivas del cine cubano y su impacto en el continente, han marcado no pocos debates en el proceso histórico del país. El Festival surgió, precisamente, para difundir las obras cinematográficas que contribuyan al enriquecimiento y reafirmación de la identidad cultural latinoamericana y caribeña.

Vale recordar el informe que Tomás Gutiérrez Alea dirigiese a Alfredo Guevara después de concluir, en diciembre de 1971, el filme Una pelea cubana contra los demonios: «El momento que se inicia exige un cine revolucionario que opere directamente como instrumento transformador de una realidad inmediata(…) En cuanto a los peligros que estamos corriendo desde hace rato, hemos llegado al punto en que todo puede convertirse en una farsa, en una triste farsa que niega el sentido último de la Revolución». Ante una actualidad nacional con tendencia a la polarización política, es necesario visualizar y desestigmatizar las películas, así como a sus autores y dialogar con los puntos de interpretación de las distintas realidades sociales.

¿Qué le queda a Trump en su «arsenal» contra Cuba?

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Trump
Ilustración: Félix M. Azcuy

Muy lejos en su agenda de prioridades le queda al recién electo presidente Donald J. Trump el tema Cuba. Desde los temas de economía y política internos, hasta Ucrania/Rusia y Medio Oriente/Irán, las controversias con la Unión Europea y la OTAN y las tensiones con China, crean una muy compleja agenda, razón por la cual Cuba no es una prioridad. Ni siquiera en América Latina lo es, ya que México y Venezuela son el centro de cualquier debate de prioridades en la región.

Sin embargo, alrededor del recién electo presidente se mueven no pocas figuras políticas de la Florida a las que pudieran interesarle promover el tema Cuba. Entre otros se destacan el recién nominado para secretario de Estado, Marco Rubio, a los que se agregan Rick Scott (senador) y los tres representantes más directamente vinculados a la comunidad cubanoamericana de Miami (Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y María Elvira Salazar). A este grupo se vincula el mayor o menor respaldo que pueda ofrecerle la también floridana Susie Wiles (nominada por Trump como jefa de su gabinete). Otro legislador cubanoamericano que habría que tener en cuenta es el influyente senador por Texas, Ted Cruz, aunque en su agenda pesan mucho más la inmigración y las relaciones con México.

Si estos aliados de Trump lograran atraer su atención hacia el tema cubano, ¿en qué direcciones pudieran dirigirse nuevas acciones contra el país? Primero que todo, no se puede olvidar que en su primer mandato presidencial Trump fue persuadido de acometer un sinfín de acciones ejecutivas (un total de 246) encaminadas a reducir a su mínima expresión las medidas constructivas acometidas por el presidente Barack Obama, sin tomar en cuenta una diferenciación elemental: que una cosa son las acciones que perjudiquen directamente al gobierno cubano y sus nexos internacionales, y otra cosa muy diferente las acciones que lesionan directamente a la población cubana (nexos con sus familiares en EEUU, flujo normal de visitas, asistencia material y financiera, vínculos comerciales con el sector privado emergente y otras). Y no puede olvidarse que la administración Biden conservó casi en su totalidad las sanciones impuestas por Trump en su primer mandato, «suavizando» solo algunas medidas directamente vinculadas a los nexos familiares.

Antes de examinar las posibles nuevas acciones contra Cuba —si Trump decidiera acometer un rumbo particularmente beligerante hacia la Isla—, estas se producirían a partir de una perspectiva muy diferente. La nueva apreciación valoraría las protestas masivas ocurridas en Cuba el 11 de julio del 2020 como un giro total en la dinámica al seno de la sociedad cubana capaz de, por sí misma, precipitar la caída del gobierno sin injerencia extranjera directa, cosa nunca antes advertida en la Isla, ni siquiera cuando las grandes conmociones de la embajada del Perú y la emigración masiva del Mariel en 1980. Por tanto, es de esperar que la administración Trump implemente políticas para favorecer semejante colapso a partir de la opinión de que ahora, como nunca antes, puede producirse.

A partir de dicha apreciación, las nuevas acciones contra Cuba podrían ser:

1. En primer lugar, suprimir aquellos renglones «suavizados» por Biden y restablecer en su totalidad las 246 medidas adoptadas por Trump en su período 2016-2020 a fin de agravar las tensiones internas.

2. Suprimir toda posibilidad de flujos masivos de cubanos —como el ocurrido en la etapa final de Biden por vía de Nicaragua y México—, así como de cuotas normales de cubanos viajando a EEUU, con la bien definida intención de que la emigración no suponga un alivio a las tensiones internas, sino todo lo contrario, que las aumente y produzca eventuales desenlaces violentos.

3. Producir una ruptura de relaciones diplomáticas que ponga fin a las posibilidades legales de viajar y/o emigrar hacia EEUU, así como intentar acentuar el aislamiento político-diplomático ya creado con la inclusión de Cuba en la lista de países promotores de terrorismo (última acción adoptada por Trump al final de su primer gobierno).

No queda mucho más por hacer de parte de la administración entrante. Por otra parte, la Unión Europea (UE) —hoy dominada por grandes alianzas de fuerzas de ultraderecha— no debe considerarse como posible alternativa de apoyo para Cuba, ni esperar que se opongan a esta particular proyección de parte de Trump. Queda solamente el previsible cuestionamiento de dichas medidas por parte de la gran mayoría de los países de América latina y el Caribe, pero con bastante pocos resultados prácticos que EEUU, como siempre, tenderá a ignorar. Puede pronosticarse que como mecanismos de alivio muy limitados, Cuba solo cuente con las ayudas que Rusia y China —cada vez más reducidas de parte de ambas potencias— dispongan tras largos años de relaciones.

Mientras, esperemos que este nuevo gobierno de Trump necesite concentrarse primordialmente en los complejísimos desafíos internos y externos que deberá enfrentar.