Inicio Blog Página 303

Lo que aprendí de Bolivia

36
bolivia

“Día aciago para Latinoamérica”. “Estupor y rabia”, he leído en comentarios. “Parece que el MAS no estaba tan consolidado como creía, y que han subestimado la derecha”, también he visto. Si uno se pone a pensar en las víctimas que están por llegar, los niños hambrientos que están por nacer en las más humildes comunidades bolivianas, en el desmontaje que –a continuación— harán de los logros del gobierno de Evo Morales, por supuesto que duele.

Da rabia si nos detenemos en la ignorancia de aquellos bolivianos que no han sabido aquilatar ni entender el país que eran y el país que son ahora tras la gestión de Evo Morales. Si nos quedamos con la impotencia de los ciudadanos acosados, sus casas quemadas, los asaltos a sus propiedades, las violaciones, los muertos, los heridos, los humillados, da mucho coraje y uno quisiera tomar un AKM e irse a echar su suerte definitiva con los pobres de la tierra.

Entonces llega Salvador Allende y me dice: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Sólo en los carteles y las consignas las revoluciones auténticas son dechados de victorias. Hay derrotas políticas. Hay errores garrafales de cálculo. Hay ingenuidades que cuestan vidas y sueños.  Pero también con cada revolución traicionada por los propios o agredida por sus enemigos, hay un cambio en el sistema de valores de los pueblos. Un cambio del cual los medios no hablarán, la mayoría de los académicos no reconocerán, pero que está ahí, latente en la consciencia social de los bolivianos, incluso, en muchos de aquellos que ahora desde la autoflagelación le hacen el juego a la derecha.

Mucha vanidad hay en líderes y ciudadanos, revolucionarios o no, que creemos que en el transcurso de una vida se puede medir el alcance histórico de un proceso sociopolítico. He dicho, y sostengo, que la impronta de Evo Morales a favor de los trabajadores, obreros y campesinos bolivianos, terminará impuesta más temprano que tarde. Que ni siquiera el aymara necesitaba aferrarse al mal ejemplo de no querer soltar el poder personal como, efectivamente, no hizo. He dicho, y sostengo, que ya ni Bolivia ni el pueblo boliviano son los mismos. La derecha, para lograr la renuncia de Evo Morales, se ha visto obligada una vez más a mostrar su peor cara, con sus carcinomas de racismos y odios. Y la seguirá mostrando, como el mazazo que el pueblo boliviano necesita para despertar.

¿Acaso no creemos que “esta Humanidad ha dicho BASTA, y ha echado a andar”? Yo lo creo; y también creo firmemente que nadie dijo jamás que el camino a la justicia, el respeto a la dignidad y la libertad plenas, debería llegar a ser expedito.

Tampoco ese camino se va a transitar por obra y gracia del espíritu de Marx y Engels. Las revoluciones no están predestinadas ni a ser eternas, ni a morir. En todo caso, somos los ciudadanos quienes les alargamos o cercenamos la existencia a las revoluciones. Digo los ciudadanos y no los líderes, y digo los ciudadanos y no sólo los revolucionarios. Considero que el primer paso para que las revoluciones perduren más tiempo, y en una cualidad superior, está en que sus líderes continúen el proceso de aprendizaje de las conciliaciones, la participación activa no de masas entusiastas repetidoras de consignas, sino de individuos y grupos de ellos dispuestos también a ese aprendizaje común que no estaría exento jamás de contradicciones y desencuentros. Los líderes revolucionarios han de aprender a interpretar su tiempo y sus códigos más allá de las pre configuraciones doctrinales, de sus propias ideas y plataformas programáticas. El aferramiento estanco a determinados “principios” –solemos llamarle “principio” a cualquier cosa con demasiado indulgencia—, lejos de fortalecer la proactividad a favor de la izquierda y sus gobernados, la enrarece y agita no pocas veces en dirección contraria. El resto de los revolucionarios también tenemos que aprender e intentar mirar desde la óptica de quienes defienden otros métodos. No sólo aquello que detentan responsabilidades y poderes, sino todos. Incluso nosotros, que desde la academia o la percepción personal, emitimos pareceres y juicios, no podemos soslayar que la derecha existe, se disfraza, está al acecho, y siempre intentará utilizar nuestras honestas confrontaciones entre sí en beneficio propio. No estoy hablando, por supuesto, de renunciar a la crítica ni a la confrontación públicas.

Poco ganan los humildes de la Patria, los desposeídos, esos pobres de la tierra con los que Martí nos enseñó a echar suerte… poco ganan con esa obcecada y aberrante intención de algunos de asociar con los enemigos históricos de las revoluciones cualquier expresión de crítica. Los llamamientos a la unidad deben trascender de una vez el discurso hueco o la intención sectaria aglutinadora de hombre-masa acrítica, y convertirse en acciones concretas, sistemáticas y proactivas que nos permitan evaluar por dónde andamos y cuáles son o podrían ser las diferencias entre lo que queremos y lo que necesitamos, todos o la mayoría real, en vez de esa engañosa mayoría mediatizada de los likes y los gritos en las plazas. Primero ellos que cualquiera, los líderes y revolucionarios con poder, primero ellos deben auto regular sus egos y preconcepciones ideológicas porque mayores son sus responsabilidades y potestades. Después aquellos que, por disciplina partidista, convicción, o ambas, conscientes o inconscientes, se convierten en las marionetas de esos egos desmedidos.

También, y simultáneamente, nosotros los críticos, en aras del perfeccionamiento debemos aprender a desligarnos de nuestras “verdades fundamentales”, y comienzo por reconocérmelo a mí mismo. No pocas veces, sumidos en el movimiento browniano de las ideas confrontadas, sujetos a nuestra formación ideopolítica, no aquilatamos el buen favor que le hacemos a los carroñeros que se alimentan de los despojos de nuestros encontronazos internos.

Sin humildad no se puede pretender llevar adelante una Revolución “con los humildes, por los humildes y para los humildes”. Tampoco la sola humildad basta. Las relaciones políticas del mundo actual demuestran que no basta con usar la democracia representativa como vía para legitimarse. Tampoco es menester volver a la lucha armada. ¿Qué nos queda entonces? Llevar la democracia representativa actual a un estadio de democracia participativa y activa, primero, en la consciencia de los pueblos, después a las instituciones. El camino es largo y complejo, pero posible, si dentro de la izquierda nos entendemos en lo esencial.

A mí, por lo menos, Bolivia me dejó estas enseñanzas.

The storytellers of continuity

0
continuity
Photo: Cubadebate

It’s not the first time I talk about the reaction of Cuban official media to those of us who adopt a critical stance on some of the issues facing this country. In the article ‘Antiguas Costumbres’ (‘Old Habits’), I made reference to the demonization of these people with the label of centrists throughout 2017, in a period or relative political détente brought about by the government of Barack Obama.

I then argued that such a reaction was begotten by the Stalinist sectarianism the Communist Party bore since its inception. That sectarian stance, as Fernando Martínez Heredia said, ‘is a guarantee against all contamination, at the cost of making domestic politics sterile, and it results in a way of thinking which only admits a few previously established certainties, and a permanent need to exclude –along with real enemies– all the “enemies”, the “renegades”, the “deviants”, the “concealed”.’[1]

During the debate of the Constitution project, and because of the visibility this had in digital media, some other slanderous labels were brought up. This time we were new revolutionaries to some, or enemies of the people to the rest. At the time, I wrote the piece ‘Los otros’ (‘The Others’), in which I said:

Used to the struggle against a historical enemy, the representatives of the official ideology have not been able to react to the emergence of a strand of critical thinking that, from their own side, claims a truly dialectic Marxism as its own, demands an effectively participatory socialism and sees the bureaucracy as a more terrible danger than the American blockade.

The rage of the –until very recently– sole owners of the nation’s discourse is evident. They notice that their own analysis, the one they will always use to critically examine the issues of other countries, is also useful to judge the reality of the island. Sometimes I cannot tell whether such annoyance is a symptom of arrogance or of exhaustion, since, as Sun Tzu well said in The Art of War when he referred to the envoys of a military leader: ‘If your envoys show irritation, it means they are tired’.

The article ‘“Progresismo” en Cuba y memorias del subdesarrollo’ (‘“Progressiveness” in Cuba and memoirs of underdevelopment’), by Karima Oliva and Vibani B. Jiménez, published a few days ago by the journal Cuba Socialista, can also be seen as part of the usual discrediting strategy. They may not be members of the PCC, as they stated in an interview with Iroel Sánchez, and they both even live in Mexico and he is a Mexican national; but the journal that takes them in is an acknowledged theorizing publication of the only existing party in Cuba, which is why I consider it an official medium.

In their text, they attach the term progressiveness to any perspective which strays from what they call ‘the free exercise of critical thinking from the revolution’.[2] And so they turn their back on a reality which is awkward and which I described in the paper ‘Intellectuals and their challenges in the present time’:

The island’s intellectuals were simplistically polarized for a long time between those who opposed the socialist revolution and those who unconditionally defended it. Such a scenario has been modified, and in between those extremes there are today multiple schools of thought which agree in their criticism of the bureaucratic socialist model, without renouncing a government of that tendency.

Oliva and Jiménez have taken those multiple schools of thought and fused them together into a single one. Psychologists by trade, they try to establish a sort of single model of political awareness. Something similar was done by psychological anthropology when it stated that cultural models were based on the personalities of different cultures, and that each people had a specific spirit.

But this is something else. The above-mentioned authors needed just one word –progressiveness– to homogenize all enemies: real, potential or hypothetical; fond of the market economy or libertarian socialism; anarchists, social democrats, socialists, anticommunists…

Unity is the rallying word, or better, enemies of all tendencies unite. A single party vs. a single model of adverse thinking. Very simplifying, very comfortable, very opportunistic. Above all, very illuminating about the Communist Party’s attitude regarding criticism. They truly are continuity.

The label, besides, is confusing, since the same term is used by political analysts –some of them internal– to describe a number of governments in the region which are well regarded by the Cuban government, such as the one in Mexico and the recently elected one in Argentina.

Pedro Monreal rightly referred to the methodological error made by Oliva and Jiménez when they provided no evidence whatsoever to support their classification of progressiveness as a school of thought. Therefore, theirs is not an essay but an opinion piece. An essay requires confirmation of theses and here, having failed to analyze a name, a text, an approach, a source; it is just not possible to accept or even understand the point of view put forward by the authors.

Asked by Iroel Sánchez about why they refrained from making such references, Karima Oliva’s answer leaves us even more confounded:

We did not make reference to any specific medium or person because the significant thing we see in them is, precisely, that they are part of what we identify as a school of thought with a number of characteristics within a certain sector. We wanted to focus on characterizing that trend. I don’t believe it’s serious to personalize an analysis which becomes interesting for us precisely as it turns into the analysis of a tendency and not of the work of a specific intellectual…

They missed the trees for the forest. It’s obvious they had no interest in seeing them. After labeling progressives as elitists, they end up by admitting they are just as sectarian and partial. Vibani Jiménez states: ‘Actually, the text is not about the media actors who assume they’re included within progressiveness, constantly presenting themselves as what they’re not. Above all, it’s about those who we identify as colleagues in a common fight for socialism, even beyond borders, to serve honest dialog and serious reflection.’ In short, the text is about progressiveness, yet it’s not about progressives, but rather about their critics.

There’s hardly enough arguments, that’s unquestionable, as it is that the authors are overly conceited. In the above-mentioned interview, Karima Oliva argues something which breaks with any sort of logic: ‘Some quickly took it personally, and they reacted defensively to the text. This, in our opinion, is clear evidence that the trend we are describing exists. We put the scale of their discomfort on a level with the degree of accuracy we reached in describing the phenomenon.’

If we used that same assessment in its reverse value, then there’s quite a significant degree of discomfort in the ideological and political echelons of the Communist Party and its various dependencies regarding critics of any tendency, who, going by Oliva’s peculiar reasoning, must have all the accuracy in the world in our points of view.

Three subheadings divide the article. The first two –‘“Progressive” intellectualism and its points of reference’ and ‘“Progressiveness”, Cuban influencers and profitable intellectual capital’– are lengthy and may arouse greater interest, since they are the ones which propose the existence of the phantom unified tendency. However, the third one: ‘Critical thinking and socialism in Cuba’ –merely three pages long– is the one where the true intention of the text becomes clear.

Let us read carefully these three quotations, in which I have added emphasis to some phrases:

‘In this sense, the assertion of the revolutionary government about the fact that in Cuba there can only be place for continuity and consolidation of socialism in a process of irreversible nature is clear.’

‘It is from continuity that socialist democracy can be consolidated.’

‘And, precisely, it is also the free exercise of critical thinking from the revolution that will allow the vindication of Cuban socialism…’[3]

Once we tear the utility costume which tries to pass the government off as the revolution, we become able to assess that this article, under the guise of novelty, is exactly more of the same. The message is clear: only the rulers and their official ideologues can tell between right and wrong, only they can act as guardians of doctrine.

The lie that the trend of progressiveness, in unanimous cohesion, appeals to the values of bourgeois democracy, tries to conceal the struggle of many intellectuals and citizens for the observance of democracy and the rule of socialist law which were adopted in the very own Cuban constitution.

Freedom of thought, of expression, of demonstration, of movement; non-discrimination for ideological reasons; and, no less important, the conversion of state-own property into truly social property, with the subsequent transparency of public administration, are the reason of constant tension in this country. They are not myths of bourgeois democracy; they are outstanding debts of the bureaucratized socialism we have.

Searching for a narrative common with progressiveness, Oliva and Jiménez became the storytellers of continuity. Personally, I am less offended to be labeled as a progressive than I would be if I were labeled as a merchant of continuity. Continuity is always conservative. We progressives have a better chance.

[1] Fernando Martínez Heredia: La revolución cubana del 30 (The Cuban Revolution of the 1930s). Essays, Editorial de Ciencias Sociales, Havana, 2007.

[2] Op. cit. p. 13

[3] Op. cit., pp. 12 and 13.

(Translated from the original)

Los sucesos de 1956 en Hungría

10
Foto: RTVE

El pasado 4 de noviembre se cumplieron sesenta y tres años de la intervención soviética en Hungría. Un testigo excepcional de aquellos hechos, Fernando Barral, vive en Cuba y escribió su testimonio. Hace un año publiqué una reseña sobre su libro en el boletín del Centro Pablo de la Torriente Brau. Aquí la comparto con los lectores de La Joven Cuba.

Leí de una vez Hungría 1956: Historia de una insurrección. Eso siempre ocurre cuando un libro reúne dos condiciones: ser muy interesante y no muy extenso. Además de la redacción amena, el mayor valor del mismo es su carácter testimonial. Aunque ese género ha sido visto con precaución por los historiadores, no caben dudas de que Fernando Barral fue un testigo excepcional que nos ofrece una visión privilegiada, complementada además con otras fuentes.

Su vida parece la trama de una novela de aventuras.

De origen español y residente en Argentina, fue deportado por comunista durante el gobierno de Perón y, ante el peligro de regresar a una España franquista, gestiona su asilo político en Hungría. Aprendió el idioma, estudió medicina y conformó una familia en el país magyar. Así fue que le sorprendieron los hechos que cuenta.

Su militancia constante en la izquierda, su residencia permanente en Cuba desde 1961 a instancias del Che, el hecho de que se jubiló como teniente coronel del Ministerio del Interior, a cargo de las investigaciones sociales; deben ser avales más que suficientes para que no sea catalogado, tan a la ligera como ocurre a veces en nuestro medio, de agente subversivo y provocador. Evidentemente su memoria se mantiene muy lúcida, y parece haber atesorado información con el fin de ofrecernos ese testimonio que agradecemos los lectores. A él y al Centro Pablo, que no cesa en su afán perenne por rescatar memorias olvidadas de personas, hechos y épocas.

Cuando estudiaba para profesora de Historia, en la mitad de los ochenta, recibí una epidérmica información sobre los sucesos del 56. Se limitaba a considerarlo un alzamiento contrarrevolucionario organizado por fuerzas de la iglesia católica y remanentes de la burguesía húngara que, con apoyo de la CIA y otras fuerzas externas contrarias al socialismo, y aprovechando algunos errores del Partido Comunista, lograron atraer a sectores lumpen proletarios y elementos marginales. Se decía que el gobierno había solicitado la intervención soviética, y que las tropas de aquel país contuvieron la embestida de la reacción devolviendo al pueblo húngaro las riendas de su destino.

Al graduarme, en 1989, permanecí en el Instituto Superior Pedagógico de Matanzas, y, para mi desconsuelo –pues siempre fui alumna ayudante de Historia de Cuba–, me comunicaron que impartiría Historia Contemporánea de Europa. Los sucesos del 56 volvían a mí, pero ahora en un contexto polémico: me tocaba explicar a los estudiantes esa página confusa de un país socialista interviniendo en otro, en una etapa en que el campo socialista desaparecía tragado por sus enormes errores.

Las publicaciones soviéticas como Tiempos Nuevos y Sputnik, que circularon en Cuba hasta inicios de los noventa, también deconstruían la historia de las relaciones entre los países que conformaron aquel campo geopolítico. Los sucesos del 1956 eran noticia nuevamente.

Dicha situación tornó obsoletos los libros de texto de las carreras de Historia, y me obligaron a localizar otras fuentes de información si pretendía ser creíble. Una de ellas fue meramente casual. El tema de mi tesis había sido un estudio sobre el pensamiento político de Juan Marinello y recordé una epístola suya con el título: Carta a los intelectuales y artistas (sobre el problema de Hungría),[1] escrita en coautoría con Mirta Aguirre y Carlos Rafael Rodríguez. En ella negaban de plano, por injusta y calumniosa, la visión de la prensa burguesa cubana acerca de los hechos de octubre del 56 en Hungría y de la actitud de la URSS, reiteraban el carácter reaccionario y pro burgués de las protestas y rechazaban los enjuiciamientos que se hacían a los soviéticos por violar la soberanía territorial húngara.

Decidí consultar entonces algunas revistas y periódicos de la época, Carteles, Bohemia y Prensa Libre especialmente, para entender el porqué de la carta. Tras la lectura del libro de Fernando Barral, puedo afirmar que no estaban errados los periodistas burgueses en sus opiniones, las que fundamentaban con los testimonios de muchos húngaros que huyeron a raíz de la intervención soviética.

El 56 fue un año complejo para los comunistas cubanos, eternos e incondicionales aliados del movimiento con centro en la URSS. Además del XX Congreso del PCUS y su informe sobre el culto a la personalidad de Stalin, ahora tenían que manejar las incómodas situaciones acaecidas en Polonia[2] y Hungría. Para colmo, lidiar con el hecho de que su propia ilegalización, decidida en 1953 por Batista, mermaba las posibilidades de ofrecer otra imagen de esos temas, dada la clausura de su órgano oficial de prensa, el periódico Noticias de Hoy.

En 1958 continuaba el debate. Sergio Carbó, desde Prensa Libre, publicó el artículo “Bouganvilles Blancas”, que mereció una carta de Marinello en la que respondía a las acusaciones sobre el campo socialista. Respecto a los sucesos de Hungría decía: “lamentamos sincera y hondamente que se derramase sangre sana [pero], seguimos creyendo que fue obligado y justo reprimir el alzamiento reaccionario”.

Al año siguiente triunfará la Revolución en Cuba, que proclamará luego su carácter socialista y paulatinamente se alineará con la URSS y el campo socialista. En consecuencia, la versión que se impondría durante décadas ocultó la verdadera naturaleza de esas insurrecciones. Por eso el libro de Barral viene a llenar un vacío en la historiografía generada en nuestro país, que ha sido verdaderamente reacia al abordaje del asunto.

Tanto el caso de Hungría como el de Polonia, muestran que, tras la muerte de Stalin, el proceso de desestalinización abrió debates sobre cuestiones fundamentales en todo el bloque del Este. El discurso de Nikita Jrushchov acerca del culto a la personalidad y sus consecuencias tuvo amplia repercusión fuera de la Unión Soviética, e incentivó el debate en torno al derecho a escoger una vía más independiente de “socialismo local, nacional”, en lugar de seguir el modelo soviético hasta el último detalle.

La sublevación de Hungría tuvo raíces históricas. Habría que remontarse para entenderlas a la República Soviética Húngara de 1919, un efímero régimen de dictadura del proletariado instaurado por la unión del Partido Socialdemócrata y el Partido Comunista en la primavera de 1919, ante la grave crisis interna en el país. Se inició el 21 de marzo y terminó el 1ro. de agosto del mismo año. El nuevo sistema concentró el poder en un Consejo de Gobierno, que lo ejerció de manera autoritaria en nombre de la clase trabajadora.? Su principal figura fue el comunista Béla Kun. Tras el fracaso del experimento de 1919, Kun se refugió en la URSS y fue funcionario de la Internacional Comunista. Sería denunciado por trotskista en las purgas de los años treinta y finalmente detenido en 1937. Pasó más de dos años en varias cárceles y murió sometido a tortura en la prisión de Butyrka.

Es de suponer entonces que la instauración del socialismo tras la II Guerra Mundial fue vista con desconfianza por los húngaros. En ese país los comunistas no tenían una gran fuerza numérica y fueron impuestos por las tropas soviéticas de ocupación. El partido Socialdemócrata sí tenía muchos partidarios, pero estos se camuflaron de modo oportunista en las filas del Partido Comunista que contaba con la anuencia de los soviéticos.

Es cierto que en la insurrección del 56 hubo manejos conservadores y apoyo de fuerzas externas contrarias al socialismo, pero reducirlo a esa zona política es ocultar la realidad. El malestar ante los graves errores de la dirección política del país había influido en los obreros, intelectuales, estudiantes e incluso soldados. La excesiva burocratización del gobierno, los bajos salarios y condiciones de trabajo, la falta de transparencia y de posibilidades de expresar libremente las opiniones, el intercambio comercial desigual con la URSS y la copia de un modelo extranjero que para la fecha daba indudables muestras de agotamiento; todo ello motivó la sublevación, que tuvo también un carácter popular.

La actitud de los soviéticos ante los sucesos del 56 en Hungría fue contraria a las normas de las relaciones soberanas y de no injerencia en los asuntos internos de otros países, que era uno de los principios de su política exterior.

El texto Hungría 1956: Historia de una insurrección, además de las atinadas y justas valoraciones de Fernando Barral, incluye un testimonio gráfico y una cronología. Recomiendo su lectura a todos los que disfruten conocer sobre la verdadera historia.

[1] Archivo del Instituto de Historia de Cuba: Carta a los intelectuales y artistas (sobre el problema de Hungría), Fondo: Primeros Partidos Políticos, Movimiento 26/ 7 y otros, Legajo: PSP.

[2] Conocidas como sublevación de Pozna?, o junio de Pozna?, fueron las primeras de varias protestas masivas del pueblo polaco contra el gobierno. Las manifestaciones de obreros que pedían mejores condiciones comenzaron el 28 de junio de 1956 en las fábricas Cegielski de Pozna? y debieron hacer frente a una represión violenta. Una multitud de aproximadamente 100 000 personas se reunió en el centro de la ciudad, cerca del edificio de la policía secreta polaca. Cuatrocientos tanques y 10 000 soldados del Ejército Popular polaco y del cuerpo de seguridad interna, bajo las órdenes del general polaco-soviético Stanislav Poplavski, fueron los encargados de sofocar la manifestación y durante dicha contención le dispararon a los manifestantes civiles.

Entrevista a Bashar Bassam Raja

11
bashar


Por Yassel A. Padrón Kunakbaeva y Marcos Paz Sablón

Bashar Bassam Raja es un joven palestino que estudia medicina en Cuba. A pesar de haber crecido en un campamento de refugiados palestinos en Siria, Bashar hizo realidad su sueño de estudiar en nuestro país. Además, es el representante en la Isla del partido político Unión Democrática Palestina. Entre sus experiencias, cuenta también haber sido presidente de la FEU en la Facultad de Ciencias Médicas “Manuel Fajardo”. Hoy está con nosotros para hablar sobre su peculiar trayectoria.

Hola, Bashar.

Saludos a ustedes y a La Joven Cuba.

Creciste en un campamento de refugiados palestinos en Siria. ¿Cómo fue tu infancia allí?

Cuando uno menciona que es un campamento de refugiados, lo primero que les viene a la mente a todos es la tienda de campaña. Realmente, estos campamentos en la actualidad son pueblos, con infraestructura bastante desarrollada. De hecho, el campamento en el que nací se consideraba el tercer lugar de la ciudad de Damasco de mayor desarrollo económico, y también es una zona de residencia. Por supuesto, ahora los campamentos no tienen lo que tenían antes por la particularidad de la crisis que vive el país.

Yo nací en 1990 en uno llamado Yarmouk, que es el más grande de los campamentos palestinos en Siria, de hecho, se le considera la capital de la diáspora de los palestinos en Siria. Solo viví allí tres años, de los que no recuerdo nada. Luego viví en otro, el segundo de mayor extensión.

Estos sitios llevan nombres para una conservación de la cultura del retorno. Para que ese refugiado palestino, que tuvo que nacer fuera de su patria, recuerde siempre que su lugar es allá en su tierra de origen.

Mi infancia fue normal. La misma infancia que tiene cualquier niño en cualquier lugar. Realmente, nosotros los palestinos teníamos los mismos derechos que tienen los sirios. Somos residentes temporales, lo cual tiene también un significado político, para conservar la identidad de esa generación de palestinos nacidos en Siria. Según la Constitución de la Organización por la Liberación de Palestina (OLP), se considera palestino natural a toda persona de padres palestinos, nazca en el lugar que nazca cualquiera que sea. Esa es también la idea de Siria, porque la causa de Palestina es la causa principal del mundo árabe.

Mi bisabuelo fue combatiente revolucionario en la Gran Revolución de Palestina. Allí resultó herido, y a raíz de eso lo sacan a Siria para tratarlo. Mis abuelos en aquel momento tenían entre 10 y 12 años. Nadie sabe, ni siquiera ellos, en qué año nacieron. Solo recuerdan que tenían esa edad cuando llegaron a Siria y ahí se quedaron, pues ninguno de los palestinos que salieron cuando la guerra pudieron regresar. Por eso mis padres nacieron allá, y mis hermanos y yo también.

¿Cómo fueron tus estudios en Siria? ¿Cómo surgió la idea de estudiar medicina en Cuba?

Nosotros tenemos, para todos los países donde existen refugiados palestinos, una organización de la ONU, la Agencia UNRWA, que tiene entre sus funciones velar por la educación de los palestinos. Yo estudié con esa Agencia hasta el noveno grado, y luego pasé al preuniversitario. No existía preuniversitario de UNRWA en Siria, así que cursé unos del gobierno sirio.

En esa escuela, ubicada en el centro de Damasco, tuve que compartir con gente de toda la ciudad. Era un preuniversitario con una altura académica, donde daban una buena preparación. A mí y a los que veníamos del campamento nos conocían como palestinos-sirios, pues a pesar de ser palestinos, nosotros nacimos en Siria y eso también marca tu identidad.

La idea de estudiar en Cuba… Esa es la parte más interesante de mi vida. Mi padre estudió en Cuba. En el año 80 llegó a estudiar Ciencias Políticas y se graduó en el año 84. Yo nací en el 90; así que siempre estuve escuchando sobre Cuba. Cuando uno tiene menos de diez años no tiene la madurez suficiente para valorar las cosas, pero nosotros los hijos siempre hacemos fijación con la personalidad del padre, que es con la que más interactúa. Siempre me llamó la atención la personalidad que tenía mi papá, sus ideas y su pensamiento. Nos contaba de su carrera en Cuba, de sus estudios. Decía que eso le había influido para ver las cosas desde diferentes perspectivas, en su preparación. Mi padre siempre ha sido un paradigma para mí, por eso empecé a decir: “Yo quiero estudiar en Cuba”.

Terminé el bachillerato. Ahí me confirmé en la idea de venir a la Isla a cursar estudios de medicina. Por muchas razones: por el sistema de educación y salud que tiene, por el desarrollo que ha logrado en la enseñanza de médicos, por la cantidad de médicos que ha graduado tanto para Cuba como para Latinoamérica y para otros países. Y también sobre todo por la Revolución de Cuba.

Me demoré muchos años para llegar a aquí. Es un tema bastante difícil a veces. Tuve que estudiar anestesia en el Instituto Intermedio de Salud de Damasco, me gradué de Ayudante de Anestesiólogo, trabajé allá, y en el 2013 logro optar por la beca y vengo a estudiar medicina aquí.

¿Qué referencias tenías en aquel momento sobre Cuba y la Revolución?

Mi padre vino a Cuba en el 80. El terminó su bachillerato en el 78. Y en esa etapa, los sesenta y los setenta, fue la etapa revolucionaria más intensa en Palestina. Él, de hecho, fue de Siria al Líbano, donde estaba la mayor concentración de revolucionarios palestinos; y allí su partido le ofreció la beca para venir a estudiar a Cuba y él la aceptó. Hasta hoy conserva su carnet de la Escuela Superior del Partido Ñico Lopez. Siempre lo escuché referirse con orgullo a esa etapa de su vida.

Recuerdo que veía en todas partes la foto del Che. Todo el mundo tiene una camiseta con la foto del Che. Se sabe que es un símbolo de rebeldía y de lucha, y como nosotros los palestinos tenemos una causa por la cual luchar, es algo muy cercano. Uno puede ver esa foto en todas partes, pero no todo el mundo sabe quién fue el Che. Yo le pregunté a mi papá quién era ese personaje, y él me dijo que era un revolucionario argentino-cubano, que participó en la Revolución de Cuba. A partir de ahí me cuenta la historia, uno empieza también a leer sobre la Revolución Cubana, y se empieza a enamorar del proceso y de su convicción.

Uno descubre las condiciones que llevaron a los jóvenes de la Revolución a rebelarse, a formar una guerrilla, uno comienza a identificarse porque es algo que llama la atención, sobre todo a nosotros los palestinos.

Bashar, ¿qué recuerdos guardas de tu llegada a Cuba?

El día de mi llegada a Cuba fue el más emocionante de mi vida; pero voy a empezar hablándote de mi salida de Siria.

Yo tuve también dificultades para viajar. Desgraciadamente, al palestino lo tratan de una manera agresiva en los aeropuertos de otros países, por ignorancia, por supuesto: el palestino es el terrorista, el que pone bombas, ¿no? Esto marca el desconocimiento de estas personas con respecto a la causa palestina.

Para venir a Cuba tenía que hacer escala en algún país de Europa. Lamentablemente, algunas aerolíneas europeas no me vendieron el pasaje, o me lo ofrecieron demasiado caro, más allá de nuestras posibilidades económicas. Tuvimos que recurrir a un plan inteligente de mi papá: compramos un vuelo hacia Brasil, Sao Paulo, donde conocía mucha gente. Me quedé con unos amigos que para nosotros actualmente son familia. Son gente comprometida con nuestra causa, que nos quieren mucho. Me reciben en Sao Paulo. Ellos me compraron un vuelo para venir a Cuba.

Cuando llegué aquí la funcionaria que me atendió, al ver mi pasaporte palestino, me recibió con un saludo militar. No te puedo explicar la corriente de emociones que me llegó, que gente del otro lado del mundo te reconocieran y se sientieran identificadas con la causa palestina, y te dieran un recibimiento que en otros países no te dieron.

Allí en el aeropuerto pasó una anécdota que quisiera compartir con ustedes. No conocía el nombre de la escuela. Yo solo sabía que iba a estudiar en Cuba, no me importaba donde exactamente. En la parte de afuera había un señor con un cartel que decía “palestina”, y abajo, en mayúsculas, ELAM. No sabía el significado de aquellas siglas. Ese era el señor de la escuela que me estaba esperando.

Como la palabra “palestina” empezaba con minúscula, pensé que hacía referencia a una muchacha palestina. Yo decidí dejarlo detrás y seguir. Él también me vio, pero yo seguí adelante y luego me encontré con el hijo del embajador. Gracias a él resolví el malentendido con el señor.

Cuando veníamos en el carro, en dirección a la escuela, yo estaba tan emocionado que preguntaba por todo lo que veía. Los cubanos que iban en el carro me respondían a todo. Cuando llegamos a la escuela el chofer se quedó sorprendido y me dijo: ¿Tú hablas español? Ni siquiera se habían dado cuenta de que venían hablando conmigo en español. Me felicitaron por mi dominio del idioma.

Bashar, al vivir en Cuba, has podido ver cuánto hay de cierto en esa imagen hermosa que existe del país en otras partes del mundo, así como lo que no se pudo lograr, los problemas sociales a los que nos enfrentamos. ¿Qué te ha aportado la experiencia de vivir en Cuba?

Aprender a ser hombre. Aquí no solo se estudia medicina. El que solo de medicina sabe, ni de medicina sabe. Un médico tiene que tener una preparación más allá de la biología, de la fisiología, de la bioquímica, porque trata con seres humanos, y el ser humano no es solamente un cuerpo, es también emociones, sentimiento, pensamientos. Hay un entorno socioeconómico que influye sobre la salud.

Aquí, te puedo afirmar, todos los días estoy aprendiendo muchas cosas, que yo creo que si hubiera estudiado en otro país no tendría la preparación que tengo ahora.

Sí, por supuesto… Para entender el presente, hay que entender el pasado, sobre todo esos detalles que ignora todo el mundo.

En Cuba hay condiciones difíciles. Yo admiro a los cubanos, por cómo pudieron desarrollar esa tranquilidad, esa alegría que se ve en las calles. Se puede ver un grupo de gente en cualquier esquina, jugando dominó, riéndose, tomando ron, sin nada de tristeza. Aquí un padre no tiene que preocuparse por la salud de su hijo y su educación.

Aquí en Cuba aprendí una filosofía, que ya les había escuchado a algunos cubanos, lo he visto en ellos: yo no te regalo, yo comparto lo que tengo. Es una filosofía de vida que tiene que ver con lo que sufrió Cuba, por lo que está viviendo… Eso te refleja la súper-solidaridad, que también ha llevado la Isla a todas partes del mundo. Cuba ha estado al lado de muchos países, por causas justas. Todos los días me repito: gracias a la vida, que estoy estudiando aquí.

La vida social me encanta. Aquí socializar es una necesidad, en la calle, en el teatro, en cualquier parte. La gente es lo más importante. Hay un dicho en mi cultura, que dice: “el paraíso, sin gente, no se pesa”.

¿Qué ha significado para ti estudiar medicina en Cuba?

Genial. Si tuviera que volver a tomar esa decisión, haría lo mismo: venir a estudiar medicina a Cuba. Podría demorar días explicándote como la medicina es una tarea maravillosa. La amo mucho.

¿Cómo tú te enfrentas a un paciente? En primer lugar tienes que escucharlo, después examinarlo, y después investigar para llegar al diagnóstico, confirmar el diagnóstico y darle tratamiento. Y si no funciona el tratamiento, tienes otra línea para seguir. Es simplemente lo que cualquier médico hace. Ese método, lo puedes llevar a cualquier aspecto de la realidad. Es una forma de estudiar la realidad y una forma de actuar sobre ella. Los problemas sociales también pueden ser diagnosticados y enfrentados.

Para mí, todas las personas aplican en su vida diaria el método diagnóstico.

La medicina es la esencia de tu vida. A veces te estresas por los exámenes. No puedes salir a pasear, tienes que estudiar. Cuando terminas, no es la nota la que te da la alegría, es el esfuerzo que has hecho. El conocimiento que has logrado, el trabajo que has pasado.

Eres el representante en Cuba de tu partido político. ¿Qué papel juega en tu vida la militancia política?

Se define teóricamente que la militancia es la segunda línea tuya, porque lo primero que tienes que hacer es estudiar. Esa es la tarea política del Partido en primer lugar, que los militantes estudien. Segundo, cuando ya no tienes que estudiar, te dedicas a la política.

Realmente, yo no sabría decirte si llevé el estudio antes de la política o la política antes del estudio. Siempre han ido paralelos. A veces la política, el trabajo del Partido, me lleva todo el tiempo, felizmente, no me quejo, pero eso me obliga a veces a encerrarme, para terminar el trabajo acumulado.

La militancia es también la esencia de mi quehacer diario. Cuando uno se identifica con una ideología, con un pensamiento, lo refleja en cada momento de la vida: en una broma, en la cocina, intercambiado con sus amigos, pues las ideas son las que determinan nuestro comportamiento. Soy una persona de izquierda, pertenezco a un partido de izquierda. Soy el primer secretario de mi partido aquí en Cuba y por tanto el representante de mi partido. Así que tengo que estar siempre atento a lo que pasa dentro del partido allá, hasta donde pueda, para poder estar actualizado, y reflejarlo en mi quehacer, en las actividades que hacemos. Porque la palabra también es un arma, la opinión que tú das, el criterio que tú das, también es una herramienta para hacerle llegar tus ideas a la gente.

Para mí es un placer todo lo que hago, estudiar medicina y la militancia, me siento vivo.

Bashar, tú fuiste el Presidente del Secretariado de la FEU de tu facultad. ¿Cómo valorarías tu experiencia en una organización juvenil cubana?

Me sentí como un cubano más. Fue una sorpresa, realmente, no lo esperaba. Muchos compañeros míos de la facultad tampoco lo esperaban. Lo primero que sentí, fue que no tenía que verme como un extranjero, cuando otros me veían como un cubano más. Los estudiantes de otros países que estudian en Cuba, durante sus carreras, se convierten en cubanos, defienden a Cuba, se integran con Cuba, con la cultura cubana.

Yo me acuerdo el primer día, cuando fui electo, los estudiantes me aplaudieron… Por supuesto, había algunas caras, que decían: “¿en la FEU, un extranjero? ¿en una organización nuestra?” Yo con una cara sonriente dije: “Ahora mismo me acuerdo del Che. El Che Guevara era argentino, pero participó en la Revolución Cubana, y fue un comandante de la Revolución Cubana. Y fue cubano, no por el carnet, no, sino porque se identificó con la causa cubana. Yo me siento palestino-sirio-cubano”.

Fui dirigente en la organización durante un año y medio. Aprendí mucho, porque estuve más cerca del latido cubano. Gracias a esa experiencia me identifico más con Cuba.

Para terminar, ¿cómo ves el futuro de Palestina?

Victoria. Alguien que me escuche puede decir: es una persona soñadora, está en un sueño, es imposible. No, imposible no. Cuando un pueblo quiere lograr algo, lo va a lograr, tarde o temprano. Como lo dijo nuestro líder Yasser Arafat: tarde o temprano, venceremos. Y también, como se dice aquí: patrio o muerte, venceremos.

Los narradores de la continuidad

27
continuidad
Foto: UH

No es la primera vez que me refiero a la reacción de medios oficiales cubanos respecto a las personas que asumimos una postura crítica sobre determinadas problemáticas de la situación del país. En el artículo «Antiguas costumbres» aludí a la satanización que se hizo de ellas bajo la etiqueta centrismo durante el año 2017, en un período de relativa distensión política bajo el gobierno de Barack Obama.

Argumenté entonces que esa reacción emergía prohijada por el sectarismo de matriz estalinista que portó el Partido Comunista desde su surgimiento. Dicha posición sectaria, como afirmara Fernando Martínez Heredia, «garantiza contra toda contaminación, a costa de hacer estéril la política propia, y trae consigo un pensamiento que solo admite unas pocas certezas establecidas previamente y una necesidad permanente de excluir, junto a los enemigos reales, a los “enemigos”, “renegados”, “desviados”, “embozados”».[1]

Durante el debate del proyecto de Constitución, y ante la visibilidad que este tuvo en medios digitales, salieron a relucir otras etiquetas difamadoras. Esta vez éramos nuevos revolucionarios para algunos o enemigos del pueblo para el resto.

Escribí en aquel momento el artículo «Los otros», en el que expresaba:

Acostumbrados a la pugna contra un enemigo histórico, los representantes de la ideología oficial no han sido capaces de reaccionar a la emergencia de un pensamiento crítico que, desde su propio terreno, reclama como propio un marxismo verdaderamente dialéctico, demanda un socialismo efectivamente participativo y percibe a la burocracia como un peligro más terrible que el bloqueo de EE.UU.

Es ostensible el furor que muestran los hasta hace poco únicos dueños del discurso de la nación. Perciben que su propio análisis, el que utilizaran siempre para examinar de manera crítica los problemas de otros países, también es útil para enjuiciar la realidad insular. A veces no distingo si tanta molestia es síntoma de prepotencia o de agotamiento, pues como bien aseveró Sun Tzu en El arte de la guerra, al referirse a los enviados de un jefe militar: “Si sus emisarios muestran irritación, significa que están cansados”.

Como parte de la usual estrategia descalificadora, se puede ubicar también el artículo «“Progresismo” en Cuba y memorias del subdesarrollo», de Karima Oliva y Vibani B. Jiménez, que hace pocos días fuera publicado por la revista Cuba Socialista. No serán miembros del PCC, como afirmaron en una entrevista a Iroel Sánchez, incluso ambos viven en México y él es natural de aquel país; pero la revista que los acoge es la publicación teórica reconocida del único Partido en Cuba, de ahí que la considere un medio oficial.

En su texto, ellos engloban bajo el término progresismo a cualquier perspectiva que se aparte de lo que denominan «el ejercicio libre del pensamiento crítico desde la revolución».[2] Dan así la espalda a una realidad que es incómoda y que describí en la ponencia «Los intelectuales y sus retos en la época actual»:

La intelectualidad insular estuvo polarizada por mucho tiempo de manera simplista entre los que se oponían a la revolución socialista y los que la defendían incondicionalmente. Tal escenario se ha modificado, y entre esos polos extremos se extienden hoy múltiples corrientes de pensamiento que coinciden en la crítica al modelo socialista burocrático, sin que renuncien a un gobierno de esa tendencia.

Oliva y Jiménez han tomado esas múltiples corrientes para fundirlas en una. Psicólogos de formación, intentan instaurar una especie de modelo único de conciencia política. Algo similar hizo la antropología psicológica cuando afirmaba que existían modelos culturales en base a la personalidad de las culturas, y que cada pueblo tenía un espíritu específico.

Pero esto es otra cosa. A los referidos autores les bastó una palabra, progresismo, para homogenizar a todos los enemigos: reales, potenciales o hipotéticos; amantes de la economía de mercado o del socialismo libertario; anarquistas, socialdemócratas, socialistas, anticomunistas…

Unidad es la palabra de orden, o mejor, enemigos de todas las tendencias: uníos. Partido único vs modelo único de pensamiento adverso. Muy simplificador, muy cómodo, muy oportunista. Sobre todo, muy esclarecedor de la actitud del Partido hacia la crítica. Ciertamente que son continuidad.

La etiqueta, además, es confusa, pues bajo el mismo concepto se refieren los analistas políticos —algunos internos—, a ciertos gobiernos de la región bien vistos por el gobierno cubano, como los de México y el electo en Argentina.

Pedro Monreal se refirió atinadamente al error de método en que incurren Oliva y Jiménez al no aportar evidencia alguna que sostenga su clasificación del progresismo como una corriente de pensamiento. Por ello no es un ensayo y sí un artículo de opinión lo que leemos bajo su firma. Un ensayo requiere contrastación de tesis y aquí, sin haber analizado un nombre, un texto, un enfoque, una fuente; no es posible aceptar, siquiera entender, el punto de vista que ofrecen los articulistas.

Interrogada por Iroel Sánchez sobre por qué se abstuvieron de hacer esas referencias, la respuesta de Karima Oliva nos deja más confundidos aún:

No nos referimos a ninguna persona o medio en específico porque lo significativo que vemos en ellos es precisamente el formar parte de lo que identificamos como una corriente de pensamiento con determinadas características dentro de cierto sector. Fue en la caracterización de esta corriente donde quisimos poner la mirada. No considero serio personalizar un análisis que precisamente adquiere interés para nosotros en la medida en que se va convirtiendo en análisis de una tendencia y no de la obra de algún intelectual en específico…

Vieron el bosque, pero no los árboles; es obvio que no les interesaba hacerlo. Después de valorar a los progresistas como elitistas, acaban por confesarse igual de sectarios y parcializados. Vibani Jiménez afirma: «En realidad el texto no está dedicado a los actores mediáticos que se asumen dentro del progresismo, presentándose constantemente como lo que no son. Va dirigido sobre todo a quienes identificamos como compañeros de una lucha común por el socialismo, incluso más allá de las fronteras, para servir al diálogo honesto y la reflexión seria». En fin, el texto es sobre el progresismo, pero no está dedicado a los progresistas, sino a sus detractores.

Faltan argumentos, eso es indudable, como también lo es que a los autores les sobra presunción. En la mencionada entrevista, Karima Oliva argumenta algo que rompe con cualquier tratado de lógica: «Rápidamente algunos se sintieron aludidos y reaccionaron de forma defensiva ante el texto. Esto, a nuestro entender, pone en evidencia que la tendencia que estamos describiendo existe. Interpretamos la magnitud de su incomodidad con el grado de certeza que tuvimos en describir el fenómeno».

Si tomáramos ese juicio para invertirlo, sería muy relevante el grado de incomodidad de la esfera ideo-política del Partido Comunista y sus diversas dependencias respecto a los críticos de cualquier tendencia, que tendríamos, según el curioso razonamiento de Oliva, toda la certeza en nuestros puntos de vista.

Tres acápites dividen al artículo. Los dos primeros —«Intelectualismo “progresista” y sus referentes», y «“Progresismo”, influencers cubanos y capital intelectual redituable»—  son extensos y pueden despertar el mayor interés, pues en ellos es que se fundamenta la existencia de la fantasmal corriente única. Sin embargo, el tercero: «Pensamiento crítico y socialismo en Cuba», apenas de tres cuartillas, es dónde se logra deducir la intención real del texto.

Leamos con detenimiento tres citas de las que he enfatizado algunas frases:

«En este sentido, es claro el planteamiento del gobierno revolucionario sobre el hecho de que en Cuba sólo puede haber lugar para la continuidad y profundización del socialismo en un proceso de carácter irreversible».

«Es desde la continuidad como se puede profundizar la democracia socialista…».

«Y es precisamente también el ejercicio libre del pensamiento crítico desde la revolución, el que permite reivindicar el socialismo cubano…».[3]

El disfraz utilitario que intenta hacer pasar al gobierno por la revolución, una vez rasgado, nos permite calar bien que este artículo, con apariencias de novedad, es exactamente más de lo mismo. El mensaje es claro: solo los gobernantes y sus ideólogos oficiales saben discernir entre el bien y el mal, solo ellos pueden actuar como guardianes de la doctrina.

El embuste de que la corriente del progresismo, en cohesión unánime, apela a valores propios de la democracia burguesa; intenta ocultar la lucha de  intelectuales y ciudadanos porque se cumplan la democracia y el estado socialista de derecho que fueron aprobados en la constitución cubana.

La libertad de pensamiento, de expresión, de manifestación, de movimiento; la no discriminación por motivos ideológicos, y, no menos importante, la conversión de la propiedad estatalizada en propiedad realmente social con la consiguiente transparencia de la gestión pública, son motivo de tensiones constantes en este país. No son mitos de la democracia burguesa, son deudas pendientes del socialismo burocratizado que tenemos.

Buscando una narrativa común al progresismo, Oliva y Jiménez se convirtieron en los narradores de la continuidad. A mí, en lo personal, me ofende menos la etiqueta de progresista que la de continuista. El continuismo siempre es conservador.

Los progresistas tenemos mejores oportunidades.

[1] Fernando Martínez Heredia: La revolución cubana del 30. Ensayos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007.

[2] Op. cit. p. 13

[3] Op. cit., pp. 12 y 13.

Pasado y presente

19
presente
Foto: Clarín

Desde que Zeus nos castigó con la mortalidad por haber aceptado el fuego que nos trajera su rebelde hijo Prometeo, la vida humana es una lucha contra el tiempo. En la primera línea estamos los historiadores, porque el tiempo es el objeto de nuestra labor. Pasado y presente se entremezclan en nuestros juicios incesantemente, pero no somos los únicos. Todos luchamos por el ahorro del tiempo y por eso no dejamos para mañana lo que se pueda –y se deba? hacer hoy.

Aunque se relacionan estrechamente, pasado y presente son momentos muy distintos. El primero ya ocurrió; es objetivo e incambiable, está fuera de nuestro alcance. El segundo está en pleno desarrollo, y depende del carácter y la eficacia de nuestras acciones. Intentar vivir el presente como si fuera el pasado es, por tanto, una quimera peligrosa e irresponsable.

Al respecto decía Gramsci: “¿Cómo es posible pensar el presente, y un presente bien determinado, con un pensamiento trabajado por problemas de un pasado remoto y superado? Si ello ocurre, significa que se es anacrónico en relación con el tiempo en que se vive, que se pertenece a los fósiles y no a los seres modernos”.[1]

En lo político, el tiempo histórico del llamado socialismo burocratizado, real, o estalinista fue el siglo XX. Pertenece al pasado de la humanidad. Cuando, a inicios del milenio, el revolucionario Chávez se propuso construir una sociedad socialista en Venezuela no contaba aún con un modelo teórico para hacerlo, pero sí estaba claro de qué no podría ser: una copia del fracaso. Por eso lo llamó Socialismo del siglo XXI.

Intentar mantener a toda costa ese modelo en el contexto del mundo actual es, no solo contrarrevolucionario, sino un crimen de leso anacronismo. El auge actual del llamado socialismo de mercado en China, Viet Nam y Laos, con sus virtudes y defectos, ocurre por senderos bien distintos al de aquella malograda experiencia de origen soviético.

China se convierte en la primera economía del mundo, luchando contra la pobreza, no contra la riqueza en su país
China se convierte en la primera economía del mundo, luchando contra la pobreza, no contra la riqueza en su país

Por eso, lo que quede de ese socialismo en Cuba ha de ser extirpado de raíz mediante un profundo conjunto de transformaciones que sacudan la morralla burocrática y liberen las fuerzas productivas sociales de una vez y por todas. En lugar de curitas de mercurio para sobrevivir un tiempo más, hay que tratar nuestros males con purgantes fuertes y bisturíes afilados que den nuevos aires al proyecto.

Solo así se podrá expulsar el lastre y la basura enquistados en el tronco de la nación. Esas taras económicas, sociales y políticas que todos advertimos no pueden sostenerse caprichosamente hasta un futuro incierto. Muchas de ellas inclusive habían sido condenadas a desparecer en los documentos de los últimos congresos del partido, pero siguen ahí, sin fecha de vencimiento.

Me refiero –entre otras cuestiones explicadas por valiosos especialistas del patio en repetidas ocasiones— a: la extensión de una economía mixta, donde el sector público/estatal se concentre en los sectores claves y de alto grado de socialización; el fomento de las pymes y cooperativas en los demás sectores como fuente principal de empleo y de creación de PIB. Para eso es imprescindible una Ley de Empresas, moderna y contextualizada, que ponga condiciones claras y similares para todos los sectores.

La eliminación –¡no la proliferación!— de la multiplicidad monetaria y cambiaria; la creación de un mercado mayorista para todos los sujetos económicos; la reforma general de salarios y precios; la ley del patrimonio de todas las personas, en particular de los funcionarios públicos; el empoderamiento de los colectivos laborales para la gestión de sus recursos humanos y materiales y la distribución de las ganancias; la descentralización de los municipios y el fomento de un real Estado de derecho.

Si bien medidas como empezar a planificar a partir de los colectivos, elevar el salario del sector presupuestado y pensionado, y vender bienes en dólares electrónicos en tiendas especiales apuntan hacia esos fines, lo cierto es que van más a lo urgente que a lo fundamental. No llegan a la esencia de los cambios necesarios. Ojalá estén concebidas a crear condiciones para hacerlos y no sean meras formas de eternizar el pasado en un presente tan urgido de cambios liberalizadores.

 [1] “Todos somos filósofos”, en El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, La Habana, Ediciones Revolucionarias, 1966, p. 11.

Changing the rules of the game

2
rules
Photo: El Cronista

The rules of the game are changing in Latin America. On October 27, 2019, nine years after the death of Néstor Kirchner and on the very day that Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva turned 74, general elections were held in Argentina and Uruguay. In the latter, the results seem to indicate a second round will be necessary, which will pit Carlos Martínez of the Frente Amplio against Luis Lacalle Pou of the Partido Nacional. The disputes for power will be a challenge. The opposition alludes to the staleness of the Frente Amplio after 15 years in power, but the Latin American left pins its hopes on “Mujica’s party”. Meanwhile, the South American nation faces new problems —such as lack of safety— which demand change in the ways of operating from discourse and political practice. This is a problem which affects Uruguayan families, and it should be a priority issue in the political agenda of whichever candidate wins.

In Argentina, the Fernández ticket (Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner) obtained more than 45% of the votes, which gave them a solid victory in the first round. This has been a keenly anticipated triumph by the popular masses in Argentina, who have suffered the neoliberal policies applied by the government of Mauricio Macri. Undoubtedly, the results of the election in Argentina will be highly favorable for the region and for the project of the Latin American left. In fact, there should now be less pressure on Bolivia, and the right will have to retreat or at least will lose part of the momentum it gets from the support of the United States, the OAS and the European Union.

In the last few years, neoliberalism has dominated the political landscape in the Latin American region. Right wing governments, financed and backed by the White House, have prevailed over the Latin American popular movements by ‘putting the screws’ on them. As David Harvey well says, ‘neoliberalism promotes the well-being of people on the basis of the development of the individual’s business capacities and liberties, within an institutional framework characterized by private property rights, strong markets and freedom of trade, in order to restore the conditions that lead to the accumulation of capital and to the reinstatement of the power of economic elites.’ In the case of underdeveloped countries, the dominance of financial capital is fundamental to the fulfillment of that purpose. Maintaining agreements with international institutions which regulate markets and finance on an international level, such as the World Bank (WB), the International Monetary Fund (IMF) and the World Trade Organization (WTO), leads to their dominance over those economies and, therefore, to debt and to the escalation of poverty.

Neoliberal policies are grafted into the social fabric through a conceptual apparatus which is accepted as hegemonic and unchallengeable, using different tools, such as the educational system, the media and the ICTs. The latter have caused a veritable revolution in worldwide contemporary thought. Discourses; networks for solidarity in labor, politics, etc.; social relations; social and cultural security; respect for ethnic diversity; the right to the land, among other existing values and concepts, are projected as illegitimate and harmful through socio-political and cultural manipulation. The surrealistic mirage of neoliberalism has an impact on the popular masses, and the Latin American left must face the challenges posed by this.

Progressive governments in the region must focus on the struggle against neoliberalism, because of what it represents for the peoples of Latin America. Considering the political context it currently faces, the struggle must be for the attainment of a democracy on the basis of post-neoliberal propositions, in constant dialog with the parties and the rest of the institutions which are part of the political scenery in the region. That must be the focus of their agendas, without losing sight of social and economic improvements which favor the poor.

Today, Latin America doesn’t have the structural conditions needed to radicalize its political systems. Before that, the popular masses must be educated, the current foundations upon which education is carried out must be deconstructed, the existing ideological diversities must be accepted, and there must be a capacity for dialog and for the establishment of the hegemony of left-wing governments on the basis of lasting strategies. Several left-wing governments, such as Venezuela, Nicaragua and Bolivia, have resisted the strong offensive of the US- and OAS-led right wing. This moment must supply the momentum in order to take up again the political and economic alliances of the region. There’s a second chance to change the rules of the game.

(Translated from the original)

The bad strategist

0
strategist
Photo: DW

Nationalism has been, by far, the most influential and lasting school of thought in Cuban history. Born in the colonial period, it revealed itself in literature, music and theater; in attitudes, idiosyncrasy and daily life, until it erupted in a military conflict –a late one if we compare it to the rest of the American continent, but no less deep and decisive for it.

Thirty years later, the predicament of a nation liberated from its pillaging colonial power and fallen into the hegemonic orbit of its northern ‘savior’, fueled a culture of resistance which established the island and its symbols as a shield against any foreign penetration.

Nothing was an obstacle for the nationalism of the old republic. You could be liberal or conservative, but a nationalist. You could follow the Authentic Party, or the ABC, or the Orthodox Party or the Communist Party, and be a nationalist. You could be bourgeois, petit bourgeois, a farmer, a proletarian, an artisan, a student, a feminist, an intellectual, yet still a nationalist.

Ignoring this has caused the US government to constantly err in its policies toward an island populated today by millions of people with differing political views –even though the official discourse and the attitudes of the Cuban government fail to display that–, but whom nationalism brings together at certain times when the nation and those of us who live in it –or those who live elsewhere, but consider themselves part of it– are offended.

Because no one will be able to convince me that increasing the harshness of a crisis or contributing to the hardships and shortages is a way of caring for our well-being. Defending Cubans? That’s an implausible promise from a President who left his Kurdish allies unprotected against Turkish aggressiveness.

Who could possibly believe that the measures he announced are designed for the benefit of the Cuban people? A people that lives in habitual poverty, with shortages of food and medicines, with crowded hospitals lacking more or less everything, with a wide segment of the population in precarious old age, with animal clinics where veterinarians are overwhelmed by the lack of medications.

They will affect the government, yes, but the ones who will feel the real pressure in daily life will be us, the vast majority of Cubans, not the bureaucracy in the island who, at most, will occasionally pull over their cars to offer people a ride.

What’s the point the American President wants to prove? Without these draconian measures the structural warping of the island’s economy, the stagnation of indexes and the sustained drop of the GDP were evident. That has been studied at length by the excellent Cuban economists. If up North they are convinced of the failure of socialism, then why don’t they allow it to naturally run its course?

Trump’s Government needs the Florida votes in order to secure reelection –Holy Impeachment or common sense forbid!–, but he affects one of the hard cores of Cubans: the relationship with their families. On Saturday 26, the digital site CiberCuba published the preliminary results of a survey in which 4 400 users have participated so far. 62% oppose Washington’s decision, while 38% support it. They are certainly not ideologically attached to socialism or to the Cuban Government, but they are attached to what matters: family, which is the cornerstone of the Homeland.

President Díaz-Canel said recently in Ireland that benefitting Cuban expatriates with measures such as lowering the price of passports and facilitating procedures would depend on the US Government. There’s your answer, President, Cubans who live outside their country mostly reject Trump’s harassment policy. How can we reward their unconditional loyalty to family? Isn’t it time that Cuba change its unfair treatment of its expatriates?

A ruler should have good advisors –we also need them here. One thing is coarse political propaganda and a very different thing is objective, serious analysis that rises above rigidity of thought, a problem that exists on both shores, by the way.

I owe a friend the possibility of having read the excellent text The Soviet Century. Its author, Moshe Lewin, explains in the introduction that a mistake of the political propaganda against the USSR was to mainly target its ‘undemocratic’ nature, which entailed writing an endless list of ‘non-democratic’ features, and thus deal with what the country wasn’t instead of analyzing what it was.

In its relations with Cuba, the US does the exact same thing. For a long time it has customarily promoted opposition in the island. The only way people here had to voice their disagreement with the government was resorting to means of propaganda based in Miami. But those groups did not garner the support of the majority of citizens, they still don’t. It may be out of fear in some cases; out of civil demobilization occasionally; out of disapproval for an opposition discourse which replicates concepts alien to social imagery, to an epic history of the process, to education, to media propaganda…

What’s true is that now the conditions have been modified. The increase of internet services, the access of Cubans to the social networks, the conveniences they create to receive and spread information, analysis, opinions and points of view, are opening up possibilities for the citizens to respond to our Government and to become aware of the economic and political transformations Cuba needs.

It’s a critical mass of people who disagree with the bureaucratic model of socialism we have, but also disagree with the hegemonic and aggressive policy of Donald Trump’s Government. These are people who equally reject the pro-American opposition and the abusive and unconstitutional reactions of the Ministry of the Interior and the Police against that opposition.

The President of the United States might be a good businessman, but he is a very bad political strategist. While he viciously attacks Cuba, Latin America rallies against neoliberalism. As he every day thinks of how to affect us, he loses ground with old allies in the Middle East and to Russia. The Ukraine scandal has made him look very badly in his country, and the measures against Cuba have made his image suffer greatly in the eyes of most Cubans. Study the past and recent history of this island, Mr. President. If what you mean is to divide and conquer, I assure you you’re playing your cards very poorly.

(Translated from the original)