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miércoles, octubre 21, 2020

Una encrucijada con signo electoral

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

El año 2020 no escampa. Ha sido verdaderamente cataclísmico. Sin embargo, todavía falta una de las mejores entregas: la elección prevista para noviembre por la presidencia de los Estados Unidos de América. Se trata de un acontecimiento que pega con este año, sobre todo porque se deciden muchas cosas a nivel fenoménico en el modo en que se comportará la política mundial durante los próximos años.

El fenómeno Trump será estudiado por mucho tiempo por el lugar interesante que cumple en el devenir de la sociedad y el establishment norteamericano del siglo XXI. Desde que empezó el siglo, han pasado por la Casa Blanca tres modos diferentes de concebir la hegemonía del Imperio estadounidense. Primero, el hegemonismo maximalista neoconservador de Bush Junior, que pretendía barrer sesenta oscuros rincones del mundo. Pero el empantanamiento en el Medio Oriente y el ascenso de las potencias emergentes hicieron fracasar ese sueño trasnochado. Entonces llegó la era Obama, que pretendió llevar a su máxima expresión el soft power y salvar la hegemonía económica, política y cultural norteamericana.

La proyección de la administración Obama hacia el mundo puede definirse como el intento de salvar un modelo de globalización con EEUU al frente. Esto tuvo una expresión en lo económico, mediante las fuertes negociaciones, casi exitosas, para lograr un Tratado Transpacífico de libre comercio, así como el intento por llegar a un Tratado Transatlántico. En lo político, son especialmente reveladores de los fundamentos de esa proyección el discurso de Obama en la Universidad del Cairo en 2009 y su otro discurso en el Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso” en 2016. De lo que se trataba, era de poner el énfasis en los aspectos positivos de la globalización: la colaboración económica, el multilateralismo, la institucionalidad internacional, el cosmopolitismo cultural, etc., repudiando además los métodos y formas agresivas de anteriores administraciones, pero con el objetivo de sostener la posición privilegiada de EEUU en ese andamiaje.

No obstante, en esto se ve que la doctrina Obama era presa de contradicciones internas. En primer lugar, el objetivo de sostener la arquitectura noratlántica de la globalización la llevó a implicarse en varias guerras de cuarta generación, incluidas Siria, Libia, Ucrania y en un nivel más discreto Venezuela, casos en los cuales el peor rostro del imperialismo norteamericano salió a relucir. Pero también había una contradicción en la economía interna: la apuesta fuerte por la globalización impedía atajar de modo eficiente las consecuencias negativas de la globalización neoliberal en las clases bajas y medias norteamericanas, sobre todo en los antiguos estados industriales. Las contradicciones fueron las que permitieron la aparición del fenómeno Trump.

La victoria de un populista como Trump tiene más que ver con la crisis del modelo hegemónico norteamericano que con un movimiento estratégico de las élites. No me parece muy arriesgado decir que la apuesta mayoritaria de las élites en 2016 era Hillary Clinton. Eso explica, en parte, la repulsa de una gran parte de los medios de comunicación principales hacia Trump. Por supuesto, no se trata de algo unitario, hubo sectores conservadores que lo auparon y, sobre todo, que decidieron aprovecharse de su victoria una vez conseguida. En cierto sentido, podríamos decir que Trump ha provocado en las élites norteamericanas una división mucho más acentuada de lo normal en ese país. Recordemos que estamos hablando de un país donde la alianza entre las élites ha sido uno de los factores de estabilidad y expansión del poder durante más de doscientos años.

Entonces tenemos que Trump surge como anomalía relativa, posible en gran medida a dos factores: el auge de un populismo conservador que se venía incubando en profundas dinámicas culturales, para detectar las cuales Steve Bannon ha resultado un genio, y a ser Donald Trump multimillonario, lo cual lo preserva hasta cierto punto de los embates del poder económico. Pero Donald Trump también tiene un proyecto para hacer a América “Great Again”, solo que este se construye de modo polémico contra los anteriores.

Trump se coloca de plano como un anti-Obama

Pretende abandonar dos aspectos que habían sido centrales, el intervencionismo militar en otras regiones del mundo y la apuesta por el neoliberalismo económico. Pero esto solo se hace posible renunciando en parte al esquema de globalización construido a partir de la Segunda Guerra Mundial, y retomando una antigua tradición en la política norteamericana, el aislacionismo. Aislacionismo y proteccionismo económico, son las divisas de Trump, además de una política antiinmigración y un discurso de superioridad étnica hacia lo interno. O sea, ataca el proyecto de Obama por sus puntos más débiles, pero con ello también se desentiende de las metas de Obama, no es casualidad que una de las primeras consecuencias de su victoria haya sido que los tratados transpacífico y transatlántico quedaran en el limbo.

Esta doctrina Trump está lejos de ser una renovación de la política neoconservadora del periodo Bush. Por el contrario, el actual presidente critica a menudo la guerra en Iraq, abandonó Siria y ha dado los más importantes pasos para salir de la guerra en Afganistán. Para decirlo en pocas palabras, lanzó por el caño los proyectos más ambiciosos de las élites norteamericanas para la hegemonía mundial: su política está más bien pensada como maquinaria electoral. Razón por la cual una parte de las élites lo ven como un problema fuera de control y se oponen a él.

No obstante, como decía antes, también Trump quiere hacer a América “Great Again”, dentro de su limitada e ignorante manera de ver el mundo. Es por eso que aumentó de manera increíble el presupuesto militar. También ha intentado superar a los rivales económicos de EEUU mediante una política de sanciones económicas. Esto nos lleva a dos nuevos planos, cuáles han sido los sectores que han aprovechado la existencia de la administración Trump, y cuáles han sido las contradicciones internas de esta.

Mediante el aumento del presupuesto militar, y la bajada a los impuestos de los supermillonarios, Trump se ganó cierta paz con una parte de las élites económicas. Por otra parte, las élites políticas del Partido Republicano, dependientes en gran medida del electorado, e incapaces de hacer frente al fenómeno mediático de masas que era Trump, se vieron obligadas a aceptarlo en silencio en su gran mayoría. En lo que se refiere al Partido Demócrata, se radicalizó en gran medida contra él, pero eso también entró en sus cálculos políticos de jugar a la polarización.

Entonces, un sector que fue fundamental para que Trump solidificase su posición en la Casa Blanca fue el de los legisladores cubano-americanos, y el de los anticomunistas de línea dura contra el socialismo latinoamericano. Estos aprovecharon la peculiar posición de este presidente, su necesidad urgente de apoyos políticos, para sacar ventajas en sus políticas contra Venezuela y especialmente Cuba. Para ganárselos a su vez, Trump se embarcó en una política de hostilidad dentro del continente que desembocó en el reconocimiento a Guaidó, y en el endurecimiento de las sanciones contra Cuba.

El showman sentado en la Oficina Oval logró así, durante un tiempo, una estabilidad apoyada en parte en sectores retardatarios de las élites, que se habían visto desplazados durante el periodo Obama, y en parte en su maquinaria mediática y populista. También hay que reconocer que sus políticas proteccionistas tuvieron un impacto en la disminución del desempleo, aunque hay fuertes evidencias de que el salario real estaba estancado y la desigualdad aumentaba. Esa estabilidad ya iba en camino a garantizarle la reelección.

No obstante, su política no estaba exenta de contradicciones. La principal de ellas era que la práctica coherente del aislacionismo solo puede debilitar la posición de EEUU como potencia hegemónica global. Ya la relación con la Unión Europea se resintió con las políticas de Trump. Ante esta realidad, y con la necesidad de mostrarse como un hombre duro a nivel de política exterior, el presidente echó mano de las sanciones, convirtiéndose en el hombre de las sanciones. Con lo cual, aunque ha logrado a veces poner la situación difícil a sus enemigos y rivales, también ha alimentado un gran rencor hacia EEUU, y la solidaridad entre los sancionados, que se pone de manifiesto entre otras cosas en la actual relación entre Venezuela e Irán.

El resultado general ha sido que, aunque Trump hasta principios de 2020 había configurado una situación interna que podía llevarlo hasta la reelección, a nivel internacional había acelerado el proceso de pérdida de importancia relativa de los EEUU en el escenario internacional.

Una pandemia para alegrar el día

El mediocre enfrentamiento de la pandemia de Covid-19, la crisis económica y social subsecuente, así como el agravamiento de las tensiones raciales tras el asesinato de George Floyd, han configurado un escenario negativo para Donald Trump, que hace peligrar su reelección. En estas circunstancias, cuando además ha sido criticado por el uso desmedido de la fuerza contra las manifestaciones y por promover un discurso de “Ley y Orden” incendiario y divisivo, incluso figuras de la cúpula militar y del Partido Republicano, que antes guardaban silencio, se han distanciado y han criticado a Trump.

Surgen entonces las preguntas que son de vital importancia para nosotros en Cuba: ¿Qué esperar de los próximos meses de esta administración? ¿Qué esperar de los posibles escenarios después de noviembre?

En la medida en que diversos sectores, incluso dentro de las filas republicanas, le dan la espalda, y las encuestas lo muestran a la baja, Donald Trump necesita cualquier apoyo que pueda recibir. Eso hace que le sean aún más necesarios los apoyos de legisladores cubano-americanos como Marco Rubio. Ellos lo saben, y por eso utilizan la posibilidad que representa este presidente para arrancar concesiones en forma de nuevas sanciones contra Cuba y Venezuela. Así se explican los últimos recrudecimientos, como las sanciones contra Fincimex, que podrían afectar la llegada de remesas a los cubanos.

Entonces, lo más probable es que en los próximos meses haya un recrudecimiento aún mayor. Tampoco se puede descartar alguna acción aventurera de Trump contra Caracas. Una victoria contra alguno de esos gobiernos del socialismo latinoamericano sería una gran victoria en sus manos en lo que se refiere a política exterior.

Pero con Trump nunca se sabe. El 22 de junio nos despertamos con la noticia de que Trump ya no confiaba mucho en Guaidó, y que quizás se reuniría con Nicolás Maduro. ¿Quizás Trump considere que es más conveniente negociar con el gobierno chavista que seguir enfrascado en la confrontación? ¿Podría ser posible que decida escuchar los consejos de Putin? Quién sabe.

Esto nos lleva a noviembre. Es muy posible una victoria de Biden. ¿Qué ocurriría en ese caso? ¿Podríamos esperar que regrese el proceso de normalización con Cuba?

Biden ha planteado que de llegar a ser presidente, reiniciaría el proceso de normalización de relaciones con Cuba. Pero más allá de esta primera declaración, surgen muchas nubes en el horizonte que recomiendan cierto escepticismo o al menos cautela. Un gobierno demócrata como el suyo llegaría a la Casa Blanca para tratar de restablecer la cordura en Washington, lo que ellos consideran cordura, que es restablecer el viejo modelo hegemónico. En ese sentido, tendrían que hacer un intenso control de daños de los problemas generados por Trump, con lo cual Cuba no sería una prioridad.

En ese sentido, surge una fea nube en el horizonte, que es el problema de Venezuela. En general, en la medida en que EEUU pierde hegemonía en el mundo, y ya hemos visto que la administración Trump aceleró ese proceso, se hace más importante para ese país disciplinar el continente americano, y alejar a las potencias del Viejo Mundo de sus recursos naturales. En ese sentido, la existencia del gobierno chavista se hace intolerable. Pero hay algo más, las élites liberales norteamericanas tienen graves barreras culturales para digerir y aceptar la existencia del socialismo latinoamericano, sea cubano o venezolano.

Es posible que un gobierno demócrata se encone en la confrontación con el gobierno de Nicolás Maduro. Cuba, mientras tanto, no puede traicionar a sus principios y abandonar la alianza con Venezuela. Esa puede ser una piedra que descarrile un posible proceso de normalización.

En realidad, nunca podrá haber una paz total entre las élites norteamericanas y los gobiernos socialistas latinoamericanos, pues existen antagonismos de clase irreconciliables. La única paz duradera posible es si los proyectos socialistas latinoamericanos dejan de existir, sea por su derrota incondicional, que es la solución preferida de las élites más retardatarias, dada su cultura racista e imperialista; o a través de la asimilación económica y cultural al sistema capitalista, convirtiéndose las vanguardias socialistas en simples capataces locales al servicio del capitalismo extranjero. O a la inversa, si hay una revolución profunda en los EEUU, que modifique las relaciones sociales de producción. Mientras existan esos antagonismos, a lo más que podemos aspirar es a un armisticio, una tregua inestable de coexistencia pacífica que le dé un respiro económicamente hablando al pueblo cubano, después de tanto tiempo sufriendo el bloqueo.

Cualquier proceso de normalización con Biden será un campo minado

En cambio, en caso de ganar Trump, nos abismamos a lo desconocido. Podemos decir algo: si sigue apoyándose en los sectores cubano-americanos y anticomunistas, pueden esperarnos los peores escenarios en manos de un presidente que ya no tendrá otro quehacer que jugar con el mundo. Pero, por otra parte, ya no los necesitará tanto, porque no habrá horizonte de reelección. ¿O acaso Trump intentará reelegirse para un tercer mandato, tal y como ha bromeado algunas veces, y como seguramente le incita su ego? En caso de esta última opción, podría llevar a EEUU hacia una crisis institucional mucho mayor.

Entre las opciones menos probables también está que decida negociar él con Maduro, luego de lo cual incluso podría intentar retomar él mismo el proceso de normalización con Cuba. Algunos dirán que es una locura, pero a mí no me parece imposible. Los segundos mandatos en la política norteamericana siempre han sido distintos a los primeros.

No obstante, no quisiera sembrar falsas ilusiones. Donald Trump es un peligro para la humanidad sentado en la Oficina Oval, aunque solo sea por sus características psicológicas. Una victoria suya podría ser sumamente trágica en términos de sufrimiento para nuestro pueblo. En ese sentido, prefiero la victoria de Biden, aunque no me hago muchas ilusiones en lo que pueden ofrecer los demócratas partidarios del viejo orden.

Así estamos en esta encrucijada. Y todavía faltan unos cuantos meses.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net

10 Comentarios

  1. También he tenido la peregrina idea que en un segundo mandato quizá le quite el pie arriba a Cuba y hasta intente un acercamiento…pero él es un ser tan despreciable que lo probable es que nada cambie o hasta empeoren las cosas con Cuba.

  2. Y a mi me sigue molestando sobremanera que el futuro de Cuba esté en lo que hagan, digan o suceda en Washington, o Caracas, o en Moscú o en …
    Es tal nuestra dependencia que a veces me pregunto qué significa en verdad que nuestros «líderes» insistan en decir que Cuba es un país «libre y soberano».

    • Te quedaste muy corto, para ud. supuestamente el futuro de Cuba depende de otros porq nuestra libertad y soberanía depende de lo que hagan esos otros. Acaso no somos capaces de ver q si solo depende nuestro futuro de esos grandes actores de la economía y la política mundial es pq nos lo hemos ganado a base d luchar por esa libertad y soberanía q nos define como pueblo. Mientras el resto de los pueblos del Sur depende de los vaivenes de la economía mundial, de la crisis ambiental y de muchos flagelos de la humanidad como las drogas, la delincuencia desenfrenada ya sea por bandas de mafiosos o guerras de rapiña, la precariedad de los servicios de salud y educación para las mayorías, etc., etc., nosotros andamos, con muchas dificultades sí, pero andamos por otros derroteros de los cuales en muchos casos nos podemos enorgullecer. Es un sacrificio, q aquellos q no somos sietemecinos estamos dispuestos a defender y q es apoyado por la mayoría de los cubanos q vívimos aquí.

  3. Una mirada bastante interesante al fenómeno Trump, aunque yo no concuerdo con el éxito de Trump por méritos propios sino por la gran ayuda que le han dado sus oponentes al ser tan mediocres y desconocer algo tan evidente como el amarillismo y sensacionalismo por el que la prensa USA se caracteriza. Esa falta de tacto y exceso de soberbia, es lo que en mi opinión le ha dado a Trump un lugar que no le corresponde, pero que obtuvo sin demasiado esfuerzo.
    Hay sin embargo un tono de victimalismo que me preocupa en el texto de Yassel y que considero es un buen reflejo del «desconocimiento» y distorsión de la realidad que nos tiene dónde estamos sin necesidad alguna (o tal vez para conveniencia de quienes nos dirigen). Estuve a punto de felicitar a Yassel específicamente por escribir:
    «Entonces, un sector que fue fundamental para que Trump solidificase su posición en la Casa Blanca fue el de los legisladores cubano-americanos, y el de los anticomunistas de línea dura contra el socialismo latinoamericano. Estos aprovecharon la peculiar posición de este presidente, su necesidad urgente de apoyos políticos, para sacar ventajas en sus políticas contra Venezuela y especialmente Cuba. Para ganárselos a su vez, Trump se embarcó en una política de hostilidad dentro del continente que desembocó en el reconocimiento a Guaidó, y en el endurecimiento de las sanciones contra Cuba.»
    Este párrafo reconoce e identifica a los eternos enemigos de la revolución de Fidel como actores activos y relevantes de la política hostil que el gobierno de Trump utiliza contra países como Cuba y Venezuela. Sin embargo, más adelante y cómo si no hubiera escrito este párrafo, añade:
    «En realidad, nunca podrá haber una paz total entre las élites norteamericanas y los gobiernos socialistas latinoamericanos, pues existen antagonismos de clase irreconciliables.»
    Se me escapa la coherencia entre ambas ideas. Primero reconoce que hay intereses políticos activos y tráfico de influencias, luego se va al marxismo y al argumento de siempre de todo o nada para hablar sobre la misma hostilidad por intereses y tráfico de influencias.
    Voy a dejar de lado el «pequeño detalle», de que Venezuela es un país muy rico en petróleo, con una economía destrozada por el desblance entre lo que se ingresa con lo que se gasta para enfocarme en lo que más me interesa que es Cuba.
    Pienso que es un error enorme de la política oficialista cubana, presentar a los gobiernos de USA como ostiles intransigentes cuando es harto conocido que son grupos específicos los que actúan para que el resultado sea el conocido y sufrido. Ese ambiente de guerra total tal vez le venga muy bien a la agenda «socialista» y los principios «marxistas» de quienes nos dirigen y de muchos intelectuales, pero es una manera bastante deshonesta y criticable de simplificar la realidad y desconcer las posibilidades reales no solo de relaciones comerciales entre Cuba y USA pero sobre todo de las posibilidades reales de la economía cubana. La agenda «socialista» de cierra sobre sí misma y se hace difícil identificar si elementos políticos y económicos necesarios y elementales como: la inicativa privada, el comercio exterior, la socialización de empresas, la rendición de cuentas y la descentralización; se aplazan o evitan porque «son malos» o por no parecer que se cede a las «presiones externas».
    Mientras tanto, esos cambios y contextos necesarios y elementales para el desarrollo de una nación (del tipo que sea), brillan por su ausencia y la justificación de los problemas que tenemos adentro siempre se enfoca en los personajillos de afuera.

  4. «aumentó de manera increíble el presupuesto militar»

    Bueno, eso no es muy exacto. Antes gobernó Obama, desde enero de 2009 hasta enero de 2017. En el 2009 el gasto en defensa de los Estados Unidos fue de 479.000 millones de euros. Con Obama no dejó de subir y en su último año entero, el 2016, fue de 542.000 millones de euros, es decir, un 13% más del año en que llegó.

    ¿Qué pasó con Trump? Pues en su primer año de gobierno bajó el gasto en defensa de los 542.000 millones de euros del último año de Obama, en el 2016, a 526.000 millones en el 2017, el primer año de Trump. Después el gasto empezó a subir siendo en el 2018 de 551.000 millones de euros. No tengo datos de años más recientes, pero lo que está claro es que con Trump no hubo un «aumento increíble» de gasto militar.

    ¿Es alto el gasto de defensa de EEUU? Sí, si miramos los valores absolutos, lo cual es lógico al ser la primera economía del mundo. Sin embargo si miramos las cifras como porcentaje del PIB la cosa cambia. Muestro datos suministrados por el Banco Mundial.

    En cabeza tememos a Eritrea con el 20% del PIB dedicado a defensa. En el lugar 13 tenemos a Rusia con el 3.9%. Estados Unidos ocupa el lugar 21 con el 3.2%. Cuba el lugar 27 con el 2,9% del PIB dedicado a defensa. El primer país de la Unión Europea de la lista es Grecia con el 2.4%.

    En fin, en lugar de repetir los lugares comunes de siempre, de vez en cuando conviene mirar los datos reales.

  5. Pero hablando de Trump, no, no creo que gane un segundo mandato. Es más, creo que sería milagroso que lo ganase.

    Es la ventaja de las democracias, no como en otros sitios donde pueden gobernar los mismos desde hace más de medio siglo.

  6. Creo que lo lógico ahora mismo , es enfocarnos en nuestros problemas internos . Al final un proyecto de Cuba independiente no comulga con los intereses de EEUU como imperio . Por lo tanto por ese lado no podemos esperar nada o casi nada. No es extremismo , es la realidad. Urgen cambios a lo económico ( profundos ) dentro . No podemos seguir esperando . Al final si crecemos dentro podremos enfrentar mejor los desafíos externos . Por otra parte , este es el peor momento para implementar esos cambios. Desgraciadamente. La pandemia global ha paralizado el mundo y sus dinámicas económicas . Pero bueno no hay de otra.

  7. Los americanos no son como los franceses. No destilan ese orgullo barato de su pais y solo les basta con festejar juntos las efemerides o ponerle a los grupos famosos de musica el nombre de cuidades del pais llamandose, por ejemplo Kansas, Chicago, Boston o Miami song machine .Les gusta su pais aunque sin olvidar sus defectos y son generalmente modestos y honrados. Al menos mientras los dejan.
    Es por eso que me parece que poner los errores de Trump en la estrategia a seguir con la pandemia y la muerte de Floyd del mismo lado de la balanza es un error craso.
    Si la forma en que se ha manejado la epidemia puede hacer perder votos a Trump entre los indecisos ( ojo que sus partidarios reales votarian por el aunque mannana se convirtiera en un vampiro), el asunto de Floyd solo ha servido para asegurarle la victoria.
    Esos americanos a los que les gusta vivir en America no estan de acuerdo con que un grupo de revoltosos destruya y pintorretee a su antojo solo por que un individuo resulto muerto por un policia. Tampoco gustan de esos que como fascinerosos tratan de ensuciar sus calles o incendiar los comercios a los que van despues del trabajo. Que es eso de andar derrumbando estatuas o queriendo cambiar algo tan incommovible como las leyes que aun siendo a veces incomodas para el ciudadano no pueden ser cambiadas asi como asi?.
    Esa gente sencilla que no sale a protestar y a tirar piedras y se queda en la casa,por gravedad va a votar por Trump que ha sabido tocar la cuerda que les interesa para que no cambie el sistema y el poder caiga en manos de una puertorriquenna una palestina o una somali que arruinarian el pais en un abrir y cerrar de ojos o para que los policias no puedan meter preso al que vive del invento y transguede la ley.
    Creo que a la larga Trump tiene mucho que agradecerle a ese desafortunado incidente que provoco la muerte a Floyd ya que aunque la punta del iseberg sea ruidosa y visible la parte sumergida no tendra una opcion mas segura que otorgarle su voto de nuevo.

  8. Se nesesitan cambios politicos profundos. Significa eso cambiar al liberalismo politico ? No .
    Se nesesita hacer cambiar las dinamicas de las elites politicas cubanas y el conservadurismo socialista .
    Hay que pasar a la Asamblea nacional todo el control real legislativo y constitucionalista del Pais, ningun organo mas.
    Eleciones generales directas .
    Organos juridicos independientes sin ninguna atadura politica que no sea la emanada de la Constitucion cubana y la ley.
    Hay que acabar con todos esos cabrones dirigentes que se creen por encima y sin control a todos los niveles .Y eso solo es pôsible con transparencia politica obligatoria de los cuadros y control real del pueblo para su renovacion.
    Hay que terminar con la politica de cuadros actuales para el area economica . El mas capaz es el que se nesesita , nada de partido eligiendo cuadros administrativos por vocacion politica.
    La falsa unidad politico administrativa ha devenido un frankestein de subordinacion economica a la politica y ya vemos sus desatrosos resultados . Lo peor es que se ha contagiado toda la vida nacional con esa dependencia total de lo politico.
    Medios comunicativos generales cooperativos y con autodireccion obrera.. Fin de la burocracia politica diregiendo las comunicaciones desde el buro ideologico del PCC.
    Son solos algunas cosas entre tantas otras que se nesesitan .
    Solo asi se le va pôder meter mano a la economia y avanzar.
    Son las trabas politicas y la ideologisacion economica las que nos limitan .
    No importa el Presidente de EEUU de continuar agravandoses sus conflictos internos …..todo puede pasar . Esa dependencia de los ^politicos cubanos ha abrir o cerrar de acuerdo a los presidentes americanos nos va hacer saltar al precipicio,
    Somos verdaderamente un Pais independiente ?
    No lo parece.

  9. Con Trump o sin Trump el problema de Cuba deben resolverlos sus gobernantes, buscar soluciones, no continuar culpando al bloqueo, abrir la economía, dejar trabajar a todos para todos, no encarcelando a los prósperos comerciantes, permitir, permitir y permitir, dejar de perseguir y perseguir, y por supuesto, eliminar el bloqueo interno que ahoga a la población cubana.

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