Enajenación política

por Manuel García Verdecia
Enajenación

La política no implica todo el espectro ético de los seres humanos, pero con el devenir del tiempo y la especialización de las formas de organización social ha ido ganando una gravitación amplia y determinante en nuestra existencia. Nadie escapa a sus vicisitudes, designios, torpezas o dividendos.

Si bien numerosas personas, sobre todo en el propósito de no crearse aprietos que, en ocasiones pueden ser riesgosos, señalan que no les importa o «no se meten» en política, sin embargo no pueden escapar de ella e incluso la ejercen por defecto, pues ella deriva regulaciones y prácticas que influyen en gran medida sobre la actuación cotidiana de dichos seres. Si no vas a la política, ella de todos modos vendrá hacia ti.

Un ejemplo elemental: en este momento escribo estas líneas con buena disposición e ideas precisas, pero supongamos que inesperadamente me cortan la electricidad. Esto no solo implicaría que me cercenan lo que tenía en mente hacer, que por disgusto se desestructure mi pensamiento sobre el asunto y que pierda un importante tramo de mi tiempo, sino que mi estado de ánimo se irrite. Mi disposición psíquica se ha alterado negativamente producto de una acción dirigida por cierta norma política. Justificada o no.

Además, el propio hecho de resolver no «meterse» en política es una postura de tal índole por rechazo, sobreentendiéndose que al sujeto no le interesa cómo es administrada la sociedad en su entorno. Ya Aristóteles afirmaba que el ser humano era un zoon politikon, pues si bien vivía en colectividad como los animales (zoon), tenía la facultad y disposición para organizar provechosamente esa vida compartida (politikon). Podía construir un espacio común ordenado: la ciudad, donde los individuos: ciudadanos, llegaban a cohabitar sin antagonismos insuperables pues los regía la civilidad, o sea, la política.

De aquí que se haga necesaria no solo nuestra educación en esa esfera, sino nuestra más consciente determinación de participar crítica y activamente en su dimensión vital, que establece y orienta una significativa porción de nuestra existencia.

No obstante, con el tiempo, la política se ha ido profesionalizando cada vez más y ha hecho surgir una nueva categoría profesional: el político de carrera. En sus inicios, la política —forma derivada del latín politicus que lo adquirió de la palabra griega para «civil»— se refería al modo en que el conjunto de ciudadanos de un país interactuaba para decidir acuerdos y proyectos sobre cómo organizar su vida civil del modo más eficaz y beneficioso.

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Aristóteles afirmaba que el ser humano era un zoon politikon.

Si bien en teoría su resultado debería en toda ocasión implicar una acción provechosa a todos; producto de las complejidades del ser humano, así como de las inevitables diferencias en los modos de percibir y proyectar la forma y el contenido de la existencia entre unos y otros, no siempre una decisión será universalmente bien acogida. Es por ello que para lograr una coexistencia política favorable sea imprescindible un elemento esencial: el consenso, esto es, hallar el compromiso que menos perjudique a los individuos para realizar exitosamente alguna aspiración.

De esta creciente separación y especialización de la actividad política, desde la construcción colectiva de los ciudadanos a la proyección y decretación de acciones por un cierto grupo «representativo», ha surgido una creciente enajenación de la acción política entre dirigentes y dirigidos. Esto es, ha pasado el control de la organización de nuestras vidas de manos de los propios ciudadanos al desempeño de un número reducido de funcionarios.

Estos últimos, por el propio hecho de centrarse en observar la sociedad en perspectiva general; en conocer mediante disímiles mediaciones las preocupaciones, dilemas y aspiraciones de sus súbditos; en pensar cómo diseñar acciones para organizar, estimular, sustentar, preservar y encaminar las existencias de estos; se convierten en una suerte de sector supra-común de individuos. De modo que, gradualmente, el ámbito donde actúan se distancia del mundo exacto y complejo en que viven los ciudadanos.

A esto hay que añadir que un dirigente se guía por cierta plataforma ideológica que responde a los intereses del grupo o partido al que representa. Se sabe que la ideología es una formulación más o menos constante de determinados juicios que se consideran necesarios y decisivos para la consecución de ciertos fines.

Como la misma se concibe como una suerte de fin ideal deseable para alcanzar la redención humana, no es difícil entender que la visión ideológica en el curso de una práctica prolongada llega a sustituir el conocimiento de la realidad concreta común. Esto se hace más factible si no hay una intervención directa, sistemática y crítica de los implicados, sobre todo desde diferentes posiciones de discernimiento, en su evaluación y actualización,  

Si bien el concepto realidad virtual es de uso bastante reciente, impuesto  por el desarrollo de la información digital, su existencia es tan vieja como el ser humano, pues desde siempre la mente humana ha creado un ámbito donde lo pensado y ansiado se da por hecho. Es algo muy evidente en la ideología, pues la misma es un constructo ideal a partir de principios, juicios, conceptos y generalizaciones que se conciben, no como aspiración, sino como posibilidad concreta.

De ahí que toda ideología cristalice en utopía, espacio inexistente pero expresado como realidad palpable. Es una de las razones por las cuales los políticos, incluso a su pesar, se distancian cada vez más de su base social, pues mientras los sujetos tienen que enfrentar cada día la ardua existencia y gestionar su mejor desempeño en ella, los dirigentes, convencidos de la infalibilidad y progresismo de sus preceptos ideológicos, que los han llevado al puesto que ocupan, se atrincheran con mayor determinación en ellos como única manera de solventar la existencia.

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El escritor rumano Norman Manea hablara de «felicidad obligatoria» bajo el régimen de Ceaucescu, pues en una sociedad así, todos están obligados a ser felices según los supuestos de la ideología en el poder. (Foto: Hooland)

Es algo palpable en el modo en que manejan actos como el diálogo o las respuestas a sus subordinados. Tales acciones no se conciben específicamente como un intercambio donde cada parte expone sus asuntos y una y otra ceden en ciertos elementos, hasta construir una base de aceptación que permita avanzar a una solución más admisible y benéfica para todos.

Por lo general, para los funcionarios dialogar quiere decir acercarse a los que tienen otros pensamientos y exponerles cómo deben entender lo que no entienden y qué causas motivan que las cosas sean como son, a pesar de que los receptores de estas exposiciones no les vean lógica o beneficio, porque no puede ser de otro modo a menos que se traicionen los presupuestos que guían el honor del sistema elegido.

Por eso es frecuente la orientación, consistentemente expuesta por los diversos medios, de la necesidad de explicar al pueblo, educarlo, hacerlo entender, convencerlo… Es como si la colectividad humana que ellos dirigen estuviera conformada por sujetos mal informados, de escaso desarrollo mental y poca capacidad reflexiva para entender sus propios asuntos.

Los líderes, sobre todo los que creen encarnar los designios de sus pueblos, consideran que su pensamiento resume y expresa el de los demás, su forma de proyectar la vida implica la de los otros, y su concepción de la felicidad es la que beneficia a todos. De aquí que el escritor rumano Norman Manea hablara de «felicidad obligatoria» bajo el régimen de Ceaucescu, pues en una sociedad así, todos están obligados a ser felices según los supuestos de la ideología en el poder.

En tal estado de determinación vertical: de arriba hacia abajo, nunca el flujo de conocimiento se verifica en sentido contrario: del pueblo hacia los dirigentes. Lo que sube desde la base social es contestado y reformulado según la perspectiva oficial para que los emisores comprendan y acepten debidamente el por qué las cosas son como son y no como ellos las piensan.

Incluso en el caso de funcionarios de mejor voluntad se observa esa convicción que los hace creer que ellos sintonizan y expresan el interés popular. Llegan a considerar que por su visión más informada y panorámica, por su permanente intercambio con «representantes» de la población, por su constante empeño en trabajar en la dirección de los asuntos públicos; se hallan en mejor disposición para saber lo que desea el pueblo y, por ende, ese mismo pueblo debe aceptar consecuentemente lo que se les indica.

Se entiende que nadie como ese mediador del pensar y el sentir general puede exponer mejor los intereses y preocupaciones generales ni disponer mejor su realización. Esto llega hasta a la delimitación de ciertos conceptos para imprimirles el sesgo personal del líder. Así, libertad, desarrollo, felicidad, etc., vienen a ser lo que el líder entiende por cada uno de ellos, y entonces la sociedad se debe ajustar a los mismos.

Un elemento principal para extender esta perspectiva de concepción infalible y verdadera de lo que se expresa por el grupo de poder, es el apoyo en los medios. Estos, comúnmente asociados al grupo gobernante, no solo se encargan de difundir los juicios e ideas de los que dirigen, sino que realizan profusas campañas para fundamentar y justificar «teóricamente» lo que se concibe oficialmente. De modo que el individuo tendrá que vivir en una perpetua confrontación entre lo que padece y lo que le exponen.

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Los medios trabajan desde la perspectiva de una visión orientada en conseguir una sublimación de la realidad. (Foto: History, Culture and Legacy of the People of Cuba)

No pocas veces tal dicotomía lo lleva a dudar de sus propias ideas y a asumir superficialmente lo que se le informa. Los medios trabajan desde la perspectiva de una visión orientada en conseguir una sublimación de la realidad, para razonarla y exponerla de modo que coincida con la fundamentación oficial.

Súmese a esto que los políticos viven en condiciones que distan de ser semejantes a las de sus súbditos. Cuentan con mejores condiciones de vida, con determinados beneficios resultantes de su posición, sin sufrir el necesario tráfago para resolver la subsistencia cotidiana, en un mundo de relaciones con individuos que propugnan similares conceptos e ideología, moviéndose de una reunión a otra donde se habla un lenguaje común y se toman decisiones sin mayores confrontaciones ni refriegas.

Incluso acercándose al medio que dirigen mediante visitas sorpresivas a lugares donde se han adoptado las medidas pertinentes para que el resultado sea el esperado, y poniéndose en contacto con una porción de la población debidamente orientada de sus deberes. Todo esto coadyuva a que no haya confrontación entre lo que estos políticos creen que es y lo que manifiestamente ven.  

De aquí lo inadecuado, para el mejor desempeño y progreso de un país, de eternizar en su puesto a algún cuadro, pues con el paso del tiempo no solo se fosiliza en sus creencias y juicios, sino que se hace más distante la relación realidad objetiva-realidad ideológica. De este modo, por lo general, gradualmente los políticos pierden la percepción real del ámbito de los sujetos que dirigen, pues se encasillan en el mundo de sus ideas, perspectivas e intereses y tienden a ver lo que creen, como lo que es; y lo que resulta distinto es entendido como una anomalía de aquello que creen.

Es así como la política se enajena de la realidad y, a la vez, como los subordinados no perciben una debida correspondencia entre lo expuesto y lo que viven, la realidad se enajena de la política, constituyéndose un mundo ambiguo e ilusorio.

Con el fin de que la política no derive en enajenación y cumpla mejor su función de procedimiento eficaz para organizar la vida de los ciudadanos, es necesario que se dinamice y actualice lo más objetivamente posible mediante el constante diálogo ciudadano.

Para ello, es necesario que se den posibilidades de participación efectiva en la adopción de acuerdos y compromisos a la mayoría de los ciudadanos. Que se estimule el pensamiento crítico así como la crítica bien intencionada y fundamentada. Que se acepte el disenso cívico y la mayor diversidad de pensamiento y análisis sin prejuicios ni rechazos. Que se permita el desarrollo de una sociedad civil auténtica y espontánea, sin compromisos únicos con el sistema político en ejercicio.

Que se viabilice el desarrollo de medios de comunicación alternativos que permitan el más amplio horizonte de información y análisis para una colaboración más plena y consciente de los ciudadanos en los asuntos de la polis.

11 comentarios

dario 24 junio 2022 - 8:23 AM

No se el por que de ese afan de presentar la vida social cubana,actual,asociadas a conceptos como Politica…Informacion…etc,etc…Cuba vive bajo una dictadura totalitaria y l politica,no existe,ya que lo que eiste es un ente politico,unico y supralegal.Nadie puede disentir y a nadie el Estado le garntiza os derechos basicos para vivir la politica : reunion,movimiento,organizcion en partidos,sindicatos,movimientos,expresion,etc,etc.Un Estado que usa sus medios para reprimr y manipular a los habitantes(que no ciudadanos) a los fines que resulten beneficiosos par impulsar su Proyecto.Se que es difcil y va ,quizas,contra la autoestima personal,pero seria bueno despojar de atrbutos y adornos a una realidad palpable.Los habitantes en el pais llamado cuba,no pueden ejercer sus derechos ciudadanos y,sin ciudadanos,Profesor,no puede haber cubanus zoon poltikon.Si acaso,solo zoon…Si nos refirieramos a este Estado con su verdadero nombre,comenzariamos a hablar de politica…..

alexamaro5809271127 24 junio 2022 - 9:36 AM

Hola. Sr. Manuel Garcia Verdecia; usted aboga por las mismas reformas que otros los intelectuales llevan implorando hace mucho tiempo con los mismos resultados. Si usted es un observador promedio y no se deja cegar por prejuicios ideológicos o por temor; se habrá percatado hace tiempo que ese ejercicio de pedir a gobiernos autoritarios y antidemocráticos es más inútil que la ubre de un toro. Ud le está pidiendo a la élite que usufructúa nuestro país que se suicide como casta gobernante y eso _disculpe_ no lo va a hacer, mucho menos ahora cuando se encuentra en una situación de máxima fragilidad.
La sociedad no funciona por consensos; la sociedad deriva en la dirección y sentido de la resultante de la interacción de las fuerzas políticas. ¿Acaso cree ud que este gobierno tan “democratico” y “popular” estuviera aparentando que se ocupa de las personas que viven en la miseria de los barrios periféricos o marginales si no hubiese existido un 11J? Es una pregunta retórica; todos conocemos la respuesta.
Este gobierno y este sistema no cambiarán por sí mismos ni desde dentro; tienen que ser removidos y cambiados por la acción de la mayoría de los ciudadanos; de esos mismos ciudadanos que hoy estamos marginados de la participación del gobierno de nuestro país.
Y voy a decirle más. O los intelectuales, que hoy gastan su talento y tiempo en críticas tibias a la gubernatura implorando reformas que saben no llegarán, se ponen al servicio de la mayoría de los ciudadanos participando activamente en la lucha contra la dictadura o deberán resignarse a cargar con el estigma de haber servido, de una contra manera, a esa tiranía que pretendidamente critican.
Es mi criterio y lo expongo respetando el suyo el de cualesquiera otros. Yo, por mi parte, hece tiempo tomé el rumbo de la lucha política activa de la que no pienso desistir hasta que vea instauradas en mi patria la libertad y la democracia.
Nadie tiene derecho a pensar por otro; a determinar qué le conviene o perjudica. Si alguien intenta algo así la única respuesta es apartarlo del cargo público desde el que intenta imponer su criterio (sea, en criterio de quien sea, positivo o negativo). La libertad individual es sagrada y la democracia es, hasta hoy, el mejor ámbito conocido para su ejercicio.

Alejandro1 24 junio 2022 - 9:41 AM

Para ampliar sobre el tema yo recomendaría la lectura de La Nueva Clase. La “Biblia” para conocer, en ideas simples y bien fundamentadas en la práctica, cómo se hacen con el poder descaradamente.

Manuel Figueredo 24 junio 2022 - 10:10 AM

Mientras los medios de comunicación estén en manos del Estado-Partido-Gobierno, bien poco o nada se podrá hacer, ellos responden a su empleador a quien les paga. No estamos muy lejos de lo ocurrido el 11J. La represión continúa y las necesidades básicas del pueblo aumentan cada día. Estimo que a la luz de un cabito de vela se puede rehacer una nación.

maría teresa* 24 junio 2022 - 1:32 PM

Peores los apagones post visitas del presidente y su abundante comitiva por las plantas generadoras de ¿electricidad? .
El café de la cuota aun no lo han traído, una caja de cigarros a 250, un aguacatico a 60; sin apenas agua y gas; los hospitales en franca decadencia y sin medicamentos ; casi sin transporte; los que aman y construyen generando odios y tratando de destruir a Maylen llamándola ingrata , amenazando a Amelia; Otaola anunciando su candidatura a la alcaldía del condado de Miami-Dade.…… los yanquis nos están dando hasta con el cubo……para mi que están ganando.

Wolf_05 24 junio 2022 - 1:36 PM

Hola buenas tardes, considero oportuno mostrar en este blog esta idea que estamos formando unos pocos cubanos en Telegram https://t.me/debatepsdm ; PSDM (Partido Social-Demócrata Martiano) Tenemos nuestros propios documentos base. Actualmente es un grupo de debate y estamos optando por ganar mas personal para la formación oficial del partido de carácter clandestino.

Oscar+Alvarez 24 junio 2022 - 3:11 PM

El articulo the Samuel Farber nos dice el porque de todo esto. Revolucion desde aririba. Cuando las decisiones se toman desde la cupula sin la participacion de los de abajo, El estado de sitio permanente en el que se ha vivido es lo que ha facilitado y justificado el que las decisiones se tomen desde arriba y el voluntarismo del lider maximo ha prevalecido. Pero los que hablan de libertad y democracia mediante el derrocamiento, carecen de imaginacion. Creen que en cuba se llevarian a cabo “elecciones libres”, que eso garantizaria la “libertad”. Desgraciadamente eso es iluso.

alexamaro5809271127 25 junio 2022 - 12:34 AM

Oscar+Alvarez no justifica ni sustenta por qué es iluso que elecciones es libres no garanticen libertad. Creo que la afirmación, además de incorrecta, es cacofónica y metodológicamente inadecuada. Las elecciones libres tienen que hacerse en un ambiente de libertad. Bajo este gobierno, en el que el poco debate que se permite es controlado y “dentro de la Revolución”, es imposible actuar con libertad y llevar a cabo elecciones libres.
Por otra parte; la libertad individual junto con los demás derechos civiles y políticos mundialmente reconocidos y la consecuente democracia como forma organizacion de la sociedad son condiciones necesarias para el logro del progreso individual y del país y la nacion.
Como dijo Wolf-5, tenemos un proyecto orgánico que trandormaremos en breve en partido político. Invitamos a todos a leer y estudiar los documentos base (“Refundación de Cuba” y “Llamamiento al pueblo de Cuba”) y a expresar sus criterios. Estamos abiertos a todas las opiniones, incluso a las francamente contrarias porque pretendemos fundar un partido democrático en el que las tácticas, estrategias y programa sean definidos por las bases. Pueden encontrar esos documentos en https://t.me/debatepsdm y en psdmcuba.wordpress.com.
Queda poco tiempo para organizarse y lograr una transición a la democracia pacífica y ordenada. Ayudar a que así sea sería un gran servicio a la patria.

Enajenación política — La Joven Cuba | Cuba Nuestra: Pensamiento 25 junio 2022 - 2:47 AM

[…] Enajenación política — La Joven Cuba […]

Luis Rey yero Pérez 25 junio 2022 - 7:54 AM

Te felicito, amigo Verdecia. Tus reflexiones merecen difundirse. Es objetivo, sin las pasiones de quienes se atrincheran en sus ideas y ofrece una perspectiva inteligente de convivencia humana con aquellos políticos que trazan estrategias alejadas de la realidad. Parafraseando a Marx, que cada vez más se está volviendo a estudiar en Europa, afirma más o menos que el ser humano piensa y actúa según sus condiciones materiales de vida. Mientras mejor viva personalmente el político decisor , más se aleja de la realidad en que subsisten los ciudadanos que ellos afirman “representar”.

Ivette 27 junio 2022 - 4:18 PM

Excelente anàlisis, gracias a Manuel y a LJC

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