Las derrotas de Bolsonaro

por Alexei Padilla Herrera

El domingo 17 de enero de 2020, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil (ANVISA) autorizó el uso de dos vacunas para el combate al Covid19: la Coronavac y la desarrollada por la Universidad de Oxford y el laboratorio AstraZeneca. El anuncio trajo esperanza para un país que se acerca a 850 mil personas infectadas y 220 mil vidas perdidas.

En lugar de comandar los esfuerzos para contener el avance del nuevo coronavirus en uno de los países más desiguales del mundo, —aunque con la ventaja de poseer un sistema público de salud presente en todos los municipios de la Federación—, desde el inicio de la pandemia del SARS-Cov-2 el presidente Jair Bolsonaro emuló el discurso y los gestos de Trump. Afirmó que el Covid19 no era más una gripecita, exhortó el uso de la cloroquina y la hidroxicloroquina, se manifestó contrario a medidas de distanciamiento social, en medio del crecimiento exponencial del número de contagios participó en manifestaciones de apoyo a su gobierno y contrarió las orientaciones emitidas por sus propios ministros de Salud —los doctores Luiz Henrique Mandetta y Nelson Teich—,  a quienes sustituyó por Eduardo Pazuello, un general del ejército sin formación médica ni experiencia en el sector sanitario, pero que sabe hacer, y muy bien, lo que el presidente necesita: acatar lo que se le ordena.

Bajo el comando del general Pazuello, el Ministerio de Salud mandó a suspender las conferencias de prensa y obstaculizó la publicación de los números oficiales sobre el comportamiento de la pandemia en el país con el fin de ocultar la gravedad de la crisis sanitaria. La falta de transparencia del Gobierno federal obligó a la creación del Consorcio de Medios Prensa, un grupo conformado por las principales empresas periodísticas del país para divulgar diariamente los datos de la pandemia de Covid-19 suministrados por las secretarías de salud de los veintisiete estados brasileños.

Ante la inacción del presidente de la República, el Congreso, Poder Judiciario,  gobiernos estaduales y municipales, Consejos de Medicina y diversas organizaciones de la sociedad civil, se unieron para evitar que la situación epidemiológica hiciera colapsar el sistema de salud y llevara al país, de más de 210 millones de habitantes, a una situación similar a la vivida en Italia, España o Nueva York durante los primeros meses del pasado año.

En abril de 2020, el Supremo Tribunal Federal reforzó la autonomía a estados y municipios para coordinar el combate contra el Covid19. De esa forma, la mayoría de los gobiernos locales pudieron ejecutar protocolos en sintonía con las orientaciones de la Organización Mundial de la Salud. El Ejecutivo federal se limitaría al envío de los recursos materiales y económicos solicitados por gobernadores y alcaldes, y al financiamiento de vacunas y tratamientos eficaces contra el Covid-19.

Como Donald Trump, Bolsonaro se convirtió en un defensor del uso de la cloroquina en el tratamiento precoz a pacientes infectados con el nuevo coronavirus. Con su venia, el Ministerio de Defensa gastó 1,5 millones de reales —cerca de 280 mil dólares— para ampliar en dieciocho veces la fabricación de ese medicamento, según reveló en mayo pasado el medio Reporter Brasil. Desde entonces, el Ministerio Público investiga si el propio presidente determinó el aumento de la producción de un fármaco cuya eficacia en el combate del Covid-19 no había sido comprobada científicamente.

A finales de octubre de 2020, mientras el virus se expandía por todos los estados de la Unión, en vez de fortalecer el sistema de Salud, el Gobierno federal emitió un decreto que ordenaba la realización de estudios para evaluar la posibilidad de que el sector privado participara en la construcción y administración de las Unidades Básicas de Salud (UBS), equivalente brasileño a nuestros consultorios del Médico de la Familia.

La movilización de varios partidos políticos en el Congreso para derogar la norma jurídica presidencial y las duras críticas de organizaciones de la sociedad civil, como el prestigioso Consejo Nacional de Medicina, hicieron que esa misma tarde Bolsonaro publicara un nuevo decreto derogando el anterior. El rechazo a la privatización de las UBS no solo provino de los sectores de izquierda. Junior Bozella, diputado del Partido Social Liberal (PSL), el mismo que lanzó la candidatura del capitán Bolsonaro a la presidencia de la República, dijo a un medio local que para los 150 millones de brasileños necesitados de los servicios del Sistema Único de Salud, el decreto del presidente significaba una puñalada por la espalda y un atentado a la Constitución Federal, que garantiza a todos los ciudadanos el acceso universal y gratuito a la salud.

El factor Doria

Desde que en marzo de 2020 las autoridades sanitarias reportaran el primer caso de Covid19 en Brasil, João Doria, gobernador de São Paulo, se opuso al negacionismo del jefe del Ejecutivo federal. A tenor con ello, adoptó los protocolos recomendados por la Organización Mundial de la Salud para evitar la sobrecarga de los hospitales en un estado de 44 millones de habitantes.

Afiliado al centroderechista Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), periodista y publicista, João Doria es miembro de una de las familias de políticos y empresarios más antiguas e influyentes del país. Durante la campaña electoral de 2018, aprovechó el resentimiento de buena parte del electorado hacia el Partido de los Trabajadores (PT) y declaró su apoyo al entonces candidato a la presidencia Jair Bolsonaro. Con ese movimiento táctico, el entonces alcalde de la ciudad de São Paulo consiguió captar los votos necesarios para comandar el estado más populoso y económicamente rico de la Federación. Políticos y analistas coinciden en que la gubernatura del estado paulista ha sido un estadio previo en el camino de Doria hacia a la  presidencia de la República, de ahí que ya se perfile como uno de los cuadros de la derecha tradicional para sacar del poder, en 2020, al llamado Trump de los trópicos.

 El 25 de marzo de 2020, durante una reunión entre el Ejecutivo federal y los gobernadores estaduales, Doria exigió que el presidente diera el ejemplo y ejerciera su rol de mandatario para dirigir el país y no para dividirlo. Exaltado, Bolsonaro lo acusó de irresponsable, demagogo, de carecer de altura para criticar al Gobierno federal y de ambicionar la presidencia de la República. Comenzaba una rivalidad que perdura hasta hoy.

La carrera por la vacuna

El 6 de agosto de 2020 el presidente Bolsonaro anunció que destinaría un crédito de 1,9 mil millones de reales para la adquisición y producción en Brasil de la vacuna contra el Covid19 desarrollada por el laboratorio AstraZeneca y la Universidad de Oxford. Una vez aprobada por la ANVISA, la Fundación Oswaldo Cruz —vinculada al Ministerio de Salud y con sede en Rio de Janeiro—, comenzaría a producir 100 millones de dosis.

También en ese mes, João Doria —quien desde abril de 2020 había conversado con autoridades de China sobre la posibilidad de que el Instituto Butantan de la Universidad de São Paulo produjese el inmunizante desarrollado por el laboratorio Sinovac— comentó que si la tercera fase de estudios arrojaba resultados positivos, previa aprobación de la ANVISA, la Coronvac estaría disponible en el sistema de salud en diciembre de ese año.  Capaz de producir 120 millones de dosis de la vacuna necesarias para inmunizar 60 millones de personas, el Butantan ya estaba recibiendo donaciones del sector privado para duplicar la producción de la Coronavac. Según la Agencia Brasil, en junio de 2020, de los 130 millones de reales necesarios para ese fin, el gobierno paulista había el 73% (96 millones).

A finales de septiembre de 2020, João Doria y Weining Meng, vicepresidente de la farmacéutica china Sinovac, firmaron un contrato que previó el suministro de 46 millones de dosis de la vacuna Coronavac y la autorización de su producción en Brasil, a cargo del prestigioso Instituto Butantan

El 20 de octubre, el general Pazuello anunció que el Ministerio de Salud compraría 46 millones de dosis producidas para iniciar la inmunización de toda la población brasileña. Aunque tal noticia recibió el apoyo de los veintisiete gobernadores, Bolsonar desautorizó al ministro Pazuello, cuestionó la eficacia de la Coronavac y pidió a las personas que no la aceptaran por tratarse de una vacuna concebida en China. Para agradar a su base de apoyo —que incluye militantes del movimiento antivacunas y adeptos a toda clase de teorías conspirativas—, Bolsonaro afirmó: «(…) no compraremos una sola dosis de la vacuna de China, del mismo modo que mi gobierno no mantiene ningún diálogo con João Doria en lo relacionado al Covid19». Horas después el mandatario reapareció y, con un tono más comedido, dijo que «cualquier vacuna, antes de estar disponible para la población, debe ser comprobada científicamente por el Ministerio de Salud y certificada por la ANVISA», añadió que «el pueblo brasileño no sería cobaya de nadie» y enfatizó su decisión de «no adquirir la referida vacuna china».

Conforme a un reportaje de la revista Veja, en agosto de 2020 Albert Bourla, gerente global de la empresa Pfizer, comunicó al presidente que a pesar de haberse reunido con representantes de su administración, hasta ese momento no había sido informado sobre el interés del Gobierno en adquirir las vacunas producidas por esa compañía estadounidense. Solo en noviembre pasado, preocupado por los efectos negativos de la pandemia en la actividad económica, la presión de los gobernadores para que el gobierno federal definiese una estrategia nacional de vacunación, la derrota de la mayoría de los candidatos bolsonaristas en los comicios municipales de 2020 y el protagonismo alcanzado por João Doria en la carrera por la vacuna; el gobierno Bolsonaro, que había apostado exclusivamente por la vacuna desarrollada en la Universidad de Oxford y el AstraZeneca, desengavetó la carta de Bourla y orientó negociar con el laboratorio norteamericano. A pesar de ello no consiguió que las dosis del inmunizante de la Pfizer llegaran a Brasil con la celeridad necesaria para neutralizar a tiempo las pretensiones de Doria.

El 19 de noviembre de 2020 llegaron a São Paulo las primeras 120 mil dosis de la Coronavac. En la ocasión, el gobernador paulista afirmó que además de proteger a la población, la vacuna significaba la oportunidad de «una nueva vida» y apuntó que sus gestiones para obtener el inmunizante en el menor tiempo posible, no debían ser vistas como una «carrera por la vacuna», sino como una «carrera por la vida». Veintiún días después, arribaría un segundo lote con 1,6 millones de la Coronavac.

A pesar de no contar siquiera con las dosis necesarias para inmunizar a las personas que integran el grupo de riesgo en el estado de São Paulo, el 7 de diciembre Doria divulgó el plan de vacunación estadual y mencionó la posibilidad de que el resto de los estados brasileños comprasen la vacuna producida por el Butantan, lo que de alguna manera desconocía que la elaboración del plan nacional de inmunización es coordinado por el Ministerio de Salud.

Caos en Manaos

Las muertes de decenas de enfermos de Covid19 por falta de oxígeno medicinal en varios hospitales de la ciudad Manaos, capital del estado Amazonas, ha sido el capítulo más reciente de una tragedia en la que el Gobierno federal tiene una cuota importante de responsabilidad. Informes redactados entre el 8 y el 11 de enero por especialistas del Ministerio de Salud que inspeccionaron hospitales amazonenses, anticiparon la posibilidad de que la red hospitalaria de Manaos colapsara debido a las bajas reservas de oxígeno medicinal. El 7 de enero último, la empresa White Martins, productora y distribuidora del oxígeno necesario en los hospitales, advirtió que el aumento de la demanda —superior a su capacidad de producción— empeoraría la situación de las unidades que atendían pacientes con Covid19.

Dos días después, el gobierno de Amazonas informó que los 373 balones de oxígeno enviados por el Ministerio de Salud alcanzaban para atender a solo 70 de los 2 700 pacientes ingresados con Covid19 en los hospitales de ese estado en aquel momento. Horas más tarde, el ministro Pazzuelo viajó a Manaos, no con el objetivo de llevar oxígeno sino con el de insistir en la aplicación de un tratamiento precoz contra el Covid19 y reiterar la capacidad y prontitud de las autoridades federales para resolver cualquier demanda.

El 14 de enero, cuando las denuncias por la muerte de pacientes en Manaos inundaron las redes sociales digitales, el propio ministro de Salud afirmó que ningún carguero de la Fuerza Aérea estaba disponible para transportar oxígeno al Amazonas. Minutos después, Pazzuelo y Bolsonaro reaparecieron juntos y comunicaron que ya estaban rumbo a Manaos los aviones con oxígeno y parte de la ayuda requerida.

Gobernadores de varios estados, empresarios, organizaciones de la sociedad civil y gobiernos extranjeros ofrecieron su solidaridad y ayuda a las autoridades de Amazonas. Decenas de pacientes fueron transferidos vía aérea a hospitales de varias capitales brasileñas. Empresas privadas se articularon para hacer llegar oxígeno a Manaos. Por su parte, el estado de São Paulo comunicó el envío de cuarenta ventiladores mecánicos y la disponibilidad de camas en hospitales paulistas para recibir pacientes amazonenses, entre ellos sesentiún bebés prematuros.

Aunque el presidente brasileño ordenó el regreso del embajador de Brasil en Caracas, el cierre de los consulados en territorio venezolano y hasta hoy no reconoce la legitimidad de Nicolás Maduro; no se ha atrevido a rechazar la ayuda enviada por Venezuela. Desde allí llegaron los primeros camiones cisterna con 136 mil metros cúbicos de oxígeno, donados por el estado Bolívar. La embajada de China en Brasil también ofreció apoyo financiero y donación de insumos médicos necesarios para salvar vidas en los hospitales amazonenses.

Durante el anuncio de la disposición de São Paulo para ayudar al Amazonas, el gobernador Doria afirmó: «tengo la sensación de que al gobierno de Bolsonaro le gusta el olor de la muerte y no celebrar la vida». [De lo contrario], «habría contribuido con el estado de Amazonas para ofrecer condiciones mínimas de atención a los brasileños que allá viven, y no habríamos visto las escenas dramáticas (…) en la televisión».

En respuesta a esas y otras críticas, el presidente Bolsonaro aseguró que su gobierno siempre auxilió a Amazonas, y publicó el comprobante de los 2,36 mil millones de reales transferidos por el Gobierno federal para ese estado durante 2020, que incluía recursos para el combate al Covid19.

El pasado domingo 17, el Ministerio de Salud envió al Amazonas siete plantas de producción de oxígeno medicinal con capacidad para abastecer 100 camas de terapia intensiva. A ellas se suman cinco dispositivos similares donados por el Hospital Sirio-Libanés (privado) de São Paulo, según el sitio web G1.

La situación en el estado de Amazonas parece demostrar que en Brasil el principal problema no ha sido la falta de recursos, sino la ausencia de un plano común coordinado entre el Ejecutivo federal y los gobiernos estaduales para enfrentar la pandemia.

Impeachment en el horizonte

Con el caos en Amazonas, el empeoramiento de la situación epidemiológica en varios estados de la Federación, la crisis económica, los ataques de Bolsonaro a la Coronavac y su insensibilidad ante la pérdida de centenas de miles de vidas; ha crecido la presión para que el Congreso abra un proceso de impeachment contra él. De los cincuenta y seis pedidos de destitución recibidos por la Cámara de Diputados, veintiuno se refieren al modo en que el mandatario ha conducido el enfrentamiento a la pandemia.

Entre los pedidos de impeachment, aparece uno firmado por el cantautor Chico Buarque, el escritor y teólogo Frei Betto y otras personalidades de la cultura. De acuerdo al documento, citado por el diario Estado de São Paulo, la denuncia concluye que el Presidente atentó contra la seguridad nacional, la probidad de la administración, la existencia de la Unión Federativa y el libre ejercicio de los derechos políticos, individuales y sociales. A esa petición, presentada en julio de 2020, se sumó esta semana la redactada por cinco partidos de izquierda con asiento en el Congreso: Partido de los Trabajadores, Partido Democrático Laborista, Partido Socialista Brasileño, Red de Sustentabilidad y Partido Comunista del Brasil.

Los pedidos formales para que el jefe de Estado sea sometido a un juicio político que decida su continuidad o no en el cargo, se complementan con los cacerolazos del 15 de enero en decenas de ciudades y una convocatoria a realizar caravanas de autos en diversas capitales, el sábado 23, bajo el lema #ForaBolsonaro. El rechazo al Presidente se ha generalizado a tal punto que movimientos sociales de derecha —como Vem Pra Rua (Ven Pa’ la Calle) y el Movimiento Brasil Libre— que en 2016 lideraron las manifestaciones a favor de la destitución de la presidenta Dilma Roussef, y contribuyeron a la victoria del político ultraderechista en la elección de 2018, ahora presionan para lograr su salida. En la oposición a Bolsonaro convergen políticos neoliberales como João Amôedo, presidente del Partido Nuevo; el petista Fernando Haddad, excandidato del PT a la Presidencia en 2018, y el exministro del Supremo Tribunal Federal Ayres Britto.

Compás de espera

El 15 enero, un avión de la empresa Azul esperaba la orden de partir en dirección a la India con la misión de traer 2 millones de dosis de la vacuna contra el Covid-19 desarrollada por Astra-Zeneca y la Universidad de Oxford. Anunciada por el Ministerio de Relaciones Exteriores desde el 5 de enero, la importación de las dosis no pudo concretarse. El mismo día en que las escenas trágicas de pacientes muriendo en hospitales de Manaos por falta de oxígeno irrumpieron en las pantallas de todo el mundo, un portavoz de la cancillería india comunicó que era muy temprano para dar una respuesta acerca del envío de vacunas a otros países, en momentos en que la campaña de vacunación del país asiático recién comenzaba. En la tarde del 16 de enero el Airbus A330neo que viajaría a Mumbai, llegó a Manaos para entregar balones y concentradores de oxígeno, junto a 700 kg de nasobucos, enviados por el Ministerio de la Salud.

Aunque la decisión del gobierno de la India frustró los planes de Bolsonaro, que esperaba que los 2 millones de dosis estuvieran en Brasil antes del 17 de enero, fecha en que la ANVISA confirmaría si autorizaba el uso de emergencia de las inmunizantes Coronavac y Astra-Zeneca/Oxford, la carrera por el título de salvador de la patria aún no estaba perdida, pues el 7 de enero el Ministerio de Salud había firmado un contrato con el Instituto Butantan para adquirir  100 millones de dosis de la Coronavac, incorporarlas al Plan Nacional de Inmunización y distribuirlas a todos los estados del país. Así las cosas, Bolsonaro sería recordado no como el presidente que negó la gravedad de la pandemia, sino como el mandatario que venció la guerra contra el Covid-19 con la vacuna promovida por su adversario, el gobernador Doria.

Cuarenta y ocho horas antes del dictamen de la ANVISA, João Doria declaró que de los 6 millones de dosis de la Coronavac producidas por el Butantan, 4,5 millones serían enviadas al Ministerio de Salud, mientras que el resto se incorporaría al plan de vacunación estadual, sin la intermediación de ningún ente del Gobierno federal. A pesar de sus esfuerzos para centralizar la distribución del inmunizante, el ministro Eduardo Pazuello no pudo garantizar que el presidente Jair Bolsonaro pasara a la historia como el dirigente político que inició la inmunización contra el Covid-19 en Brasil.

Minutos después de conocerse que la ANVISA había autorizado el uso de la Coronavac y la Astra-Zeneca/Oxford, la enfermera Mónica Calazans, y la técnica en enfermería Vanuzia Santos fueron las primeras personas vacunadas en el país, durante una ceremonia con la presencia de João Doria.  La elección de Calazans y Santos, mujer negra la primera e indígena la segunda, representantes de los segmentos de la población brasileña preteridos históricamente, fue un giño político a los partidos y movimientos progresistas comprometidos con diferentes luchas sociales.

Incapaz de prever la emboscada que le tendió Doria, el general Pazuello apareció minutos después en la televisión para criticar la jugada de marketing del gobernador paulista, condenar la politización de la vacuna y reivindicar de alguna forma el protagonismo del Gobierno federal en la lucha contra el Covid-19. Sin embargo, para la mayoría de los analistas, el apresuramiento de João Doria y el hecho de que la ANVISA no autorizara el uso de ningún medicamento para el tratamiento precoz del coronavirus, como durante meses han defendido Bolsonaro y Pazuello, constituyó una de las derrotas más vergonzosas infligidas a la administración Bolsonaro en la carrera por la vacuna.

De los chinos son las cosas

La producción de la Coronavac en una cuantía que permita la inmunización de la mayoría de población, depende de componentes elaborados por laboratorios chinos. La obtención de la materia prima imprescindible para que el Instituto Butantan y la Fundación Oswaldo Cruz puedan entregar los millones de dosis contratadas por el Ministerio de Salud, depende del éxito de las negociaciones entre los gobiernos de Brasil y China. Con todo, desde que Bolsonaro decidió imitar la política exterior de Donald Trump, las relaciones entre Brasilia y Pequín se han enfriado, en parte debido a los ataques contra China proferidos por el propio presidente, integrantes de su gabinete ministerial y por su hijo, el diputado federal Eduardo Bolsonaro.

El doctor Dimas Covas, director del Instituto Butantan, recordó la semana pasada que antes de que la ANVISA autorizara su uso, la Coronavac era el enemigo número uno del presidente, quien la llamaba «vacuna china de Doria». Ahora que Bolsonaro la rebautizó como «la vacuna de Brasil», para eclipsar el protagonismo del gobernador de São Paulo, Covas exigió que el «presidente tenga la dignidad de defenderla y de solicitar el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores en las conversaciones con el gobierno de China».

Empero, los primeros en dialogar por separado con la embajada de China en Brasil fueron el ministro Pazuello y Rodrigo Maia, presidente de la Cámara de Diputados. Después de ambas reuniones, el embajador Yang Wanming publicó sendos mensajes en Twitter en los que reafirmó la importancia de la colaboración entre los dos países en el combate a la pandemia. Al conocer que el presidente de la Cámara había hecho la tarea que correspondía al canciller, el Ejecutivo emitió una nota en la que afirmó que estaba «tratando con seriedad todas las cuestiones relacionadas con la adquisición de insumos farmacéuticos para la producción de vacunas», y que el Gobierno federal era el único interlocutor oficial con el gobierno de China.

El gobernador João Doria, siempre listo para aprovechar a su favor cualquier falla del Gobierno federal que lo haga aumentar su capital político rumbo a las elecciones de 2022, dijo a los periodistas que si el presidente Jair Bolsonaro y sus hijos parasen de hablar mal de China ayudarían bastante.

En medio del aluvión de derrotas, amenazas de impeachment y pérdida de apoyo popular, por fin una buena noticia para el presidente. En la noche del 21 de enero, el gobierno de la India autorizó el envío a Brasil de los 2 millones de dosis de la vacuna AstraZenca/Oxford adquiridos por la Fundación Oswaldo Cruz con financiamiento del Gobierno federal, lo que podría aliviar temporalmente la situación del gobierno de Bolsonaro. Más temprano, el ministro Eduardo Pazuello aseguraba que en lo que resta de enero e inicios de febrero, se asistiría a una «avalancha de laboratorios» presentando sus propuestas de vacunas contra el Covid-19.

Aunque solo el tiempo dirá si el Gobierno Bolsonaro sobrevivirá a los efectos devastadores de sus propias decisiones, o si João Doria será el próximo presidente, esperemos que el optimismo del ministro Pazuello no sea una jugada de marketing y que el país consiga inmunizar a la mayoría de sus ciudadanos, para que, al margen de intereses políticos y disputas de poder, Brasil pueda finalmente controlar la pandemia y retornar a la normalidad.

Como suele suceder en las telenovelas de la TV Globo, nuevos e inesperados sucesos complican aún más la gestión del Gobierno federal. El sábado 23 de enero, el fiscal general de la República, Augusto Aras, solicitó al Supremo Tribunal Federal permiso para investigar la conducta del ministro de Salud durante las acciones de enfrentamiento a la pandemia en la ciudad de Manaos. La Fiscalía acogió la denuncia presentada por el partido Ciudadanía —referida a la supuesta inacción del ministro y sus funcionarios— y el contenido de un informe preliminar sobre la crisis sanitaria en Amazonas, elaborado por el Ministerio de Salud.

En la noche del propio día, el ministro Pazuello llegó a Manaos para entregar 132,5 mil dosis de la vacuna Oxford/AstraZeneca y dirigir personalmente el enfrentamiento a la pandemia de Covid-19. De acuerdo con una nota del Ministerio de Salud, Pazuello permanecerá en el estado de Amazonas por el tiempo que sea necesario.

Según el último sondeo de la empresa Datafolha, divulgado el pasado viernes 22 de enero, el cuarenta por ciento de la población considera que el desempeño del gobierno es malo o pésimo, mientras que el treintaiún por ciento piensa que es bueno u óptimo. Las cifras sugieren que después de Fernando Collor de Mello (1989-1992), Jair Bolsonaro sigue siendo el jefe de estado brasileño con menor índice de popularidad durante su primer mandato.

No obstante, la misma encuesta arroja que cincuenta y tres por ciento de los ciudadanos se opone a la destitución del Presidente, al tiempo que cuarenta y dos de cada cien apoya su deposición. Si el descontento social con su gestión continuase aumentando y el país no lograra superar la crisis sanitaria y económica en el menor tiempo posible, Bolsonaro podría ser el tercer presidente separado del cargo desde 1988.

La acción de los poderes legislativo y judicial; los gobernantes estaduales y municipales; los partidos políticos, la sociedad civil y los medios de comunicación; ha puesto freno a la conducta errática de un presidente que habría replicado la situación caótica de Manaos en otras capitales y municipios brasileños. La vigencia del Estado de democrático de derecho consagrado en la Constitución Ciudadana de 1988, que entre otras cosas establece que nadie —ni siquiera el presidente de la República— está por encima de la ley, ha sido la razón principal de las derrotas del Jair Bolsonaro.

3 comentarios

Alfonso Rojas 25 enero 2021 - 1:43 PM

y despues si se montan los que sabemos obscuridad total, a nadie se le rinde cuentas, solo a si mismos y la historia se detiene, lo mas seguro es, que sabemos que Bolsonaro tiene fecha para irse y que pueden decir aquellos en que los que mandan y nunca se van, solo salen con los pies por delante? Se mueren disfrutando de las mieles del podere hasta el ultimo suspiro, muchos preferiran a un pais con un Bolsonaro a uno en que quien esta alo mando lo entierran casi con la silla presidencial

José Román 26 enero 2021 - 3:40 PM

“Aunque el presidente brasileño ordenó el regreso del embajador de Brasil en Caracas, el cierre de los consulados en territorio venezolano y hasta hoy no reconoce la legitimidad de Nicolás Maduro; no se ha atrevido a rechazar la ayuda enviada por Venezuela. “…no, pero intentó ningunearla como a ritmo de tweet. Y para Alfonso..gracias, pero yo NO prefiero a Cuba con un Bolsonaro. Hay que estar loco para desear eso.
Y LJC: Ya pueden criticar a Bolsonaro ? Que bien !! . Espero por una crítica similar hacia el bloqueo.

Alexei 28 enero 2021 - 8:52 AM

José, no si así sucede en otro lugares, pero en Brasil no se gobierno desde Twitter ni lo que allí se diga tiene carácter vinculante. Sobre Cuba con un Bolsonaro, hay muchos dirigentes cubanos que pese al discurso políticamente correcto a su silencio en público, comparten muchas de las características presentes en Bolsonaro. Del mismo modo, hay muchos otros ciudadanos que sin saberlo, piensan muy parecido a Bolsonaro.

Pero sí, es mejor no tener a nadie que contradiga a la ciencia, pero tampoco a otros que se la pasan hablando de goticas milagrosas que curan el Covid-19.

La Joven Cuba no es Granma. Aquí se puede criticar todo, incluyendo el bloqueo, temo sobre el que se ha escrito en diversas ocasiones.

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