La AHS y los soliloquios institucionales en materia artística

por Raymar A.H.
AHS

Un fantasma recorre el panorama cultural cubano: el fantasma de la imposibilidad del diálogo entre los creadores y las instituciones. Los artistas y las organizaciones encargadas de representarlos son desde hace tiempo el eje principal —o al menos el más visible— en torno al cual se han generado diferentes conflictos y poco o nada se ha hecho para propiciar el entendimiento entre las partes. Una radicalidad contrainstitucional ha ahogado los diversos estratos de la cultura en Cuba, dada principalmente por el desentendimiento y la tozudez.

La excesiva politización a la cual están sometidas las instituciones, obnubila la cordura de sus dirigentes y dificulta la generación y preservación de productos de calidad más allá de los cumplimientos que exige el poder imperante. Se ignoran los reclamos y los «espacios de debate» no son, en muchos casos, más que una tapadera de falaz intercambio formal. En ellos casi siempre solo unos pocos tienen la posibilidad de expresarse, la mayoría de los casos en oportunidad dirigida, ya que el moderador prioriza a quienes sabe afines a sus intereses políticos, que son los de la institución y los gubernamentales.

En tanto, la pleitesía de los que de una forma u otra se saben privilegiados por esta aberrante realidad agudiza las diferencias, muchos de los que se presentan contrarios a tal posición se llenan de rencores y sectarismos. Así quedan separados en bandos, lo que potencia un intercambio ofensivo que comúnmente termina en hostilidad. Los que llevan una posición contraria a la institución —por transitividad, al gobierno— son los más afectados, puesto que por lo general son ofendidos y desacreditados por la propaganda oficial. Esta práctica es una constante en noticieros y periódicos.

Aunque en algunas esferas su posición parece la más desestimable, no solo el Estado y sus adeptos son los causantes de tales desmanes: existen «entes culturales» que con tal de solidificar su condición y ganarse un lugar en los medios, se cuelgan el blasón de héroes políticos y adoptan una posición reaccionaria y poco constructiva. Con ello, sirven de fulcro para contradicciones que atentan contra la salud de la cultura nacional. La necesidad de estar en una postura jerárquica superior en un espacio de creación, es el principal lastre; poco abunda la sinceridad constructiva y los canales para ser comunicada.  

Es casi imposible encontrar un espacio imparcial en materia política –dicho esto sin incurrir en la ingenuidad de obviar la omnipresencia de esta en cada estrato de la sociedad. Constantemente la imposición de una especificidad ideológica consume cualquier planteamiento que se torne opuesto al imperante, esto desbalancea los procesos comunicativos entre los diferentes actores involucrados y crea preferencias amén de la solidez de las ideas.

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Presidencia de la Asamblea Provincial de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en La Habana (Foto: Facebook AHS)

La práctica del «mucho se ha hecho, nos queda mucho aun por hacer» sigue funcionando de excusa y vía de escape para la invisibilización de las fallas que abundan. Se siguen justificando las faltas con la concreción de pocos aciertos.

Hay que dejar de lado las posturas políticas inamovibles y velar, de forma desinteresada y sincera, por la persistencia de la savia que siempre nos ha empapado. La cultura cubana tiene salud precaria y es insuficiente lo que se hace por mantenerla a flote. Potenciar la crítica abierta y honrada es una necesidad, pues solo con ella se encontrará un derrotero que nos conduzca hacia los procesos artísticos e históricos que los tiempos actuales requieren

Hace poco participé en la Asamblea Provincial de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en La Habana y reencontré todas estas formas de desentendimiento que he mencionado. También constaté la supremacía de las ideologías políticas en detrimento de la persistencia de un trabajo cultural de calidad con el respectivo respaldo logístico-económico que necesitan los creadores.

Lo que fuera presentado por la narrativa de los voceros de dicha institución como un espacio de intercambio y polémica constructiva, terminó siendo un soliloquio de la mesa presidencial y sus elegidos interventores, quienes trataron de desestimar cada planteamiento de los menos de diez asociados que tuvieron la oportunidad de proponer un ejercicio crítico en presencia de Fernando Rojas, viceministro de Cultura, y Luis Antonio Torres Iribar, primer secretario del PCC en La Habana.

Es menester recalcar que durante el transcurso de la asamblea, realizada en el Teatro Nacional, por más que mi brazo se mantuvo en alto con el fin de pedir la palabra, fue todo el tiempo ignorado. Me quedé con mucho por decir y rebatir, por eso asumo este espacio como remplazo del que me fuera negado.

Me gustaría hacer hincapié en una idea usada por uno de los «interventores» ante las demandas de los artistas: la falacia de «la persistencia del modelo cultural socialista dentro de la institución cubana». Para exponerla, aludió —con esquematismo y un poco de ingenuidad— a «dos modos de asumir la cultura dentro de la Cuba de estos días: el modelo socialmente comprometido y el modelo mercantil». La idea fue revisitada por Rojas y Torres Iribar, con el fin de mantener el estado de opinión al entero favor de la mesa presidencial y sus constantes justificaciones.

Me gustaría aclarar que esos «dos modos de asumir la cultura» no son otra cosa que un error axiológico mal construido por la prepotencia de un ente que buscaba, a fuerza de altanería, imponer una «inamovible verdad». Los individuos acumulan una determinada cantidad de conocimiento que le permite desarrollar un juicio crítico en la propia escala de valores de lo que conocen y toman del medio. El bagaje cultural se forma gracias a la asimilación. Por tanto, existe un sinfín de formas de entender el entorno y la cultura, todas individuales e irrepetibles.

Así pues, hay tantas maneras de asumir la cultura como individuos, todas válidas y completamente respetables. Tanto es así que, como bien dijera en su tono rancio el «interventor» durante la asamblea,  la incultura no existe.

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Asamblea Provincial de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en La Habana (Foto: Facebook AHS)

Por su parte, el arte tiene inequívocamente un criterio de mercado para ser validado y colocado en las diferentes esferas. Lo que determina la persistencia, calidad y reconocimiento de una obra artística es la Institución Arte, ya sea la crítica o los diferentes espacios de exposición y venta (galerías, teatros, museos, casas de subasta, editoriales, disqueras etc.). Estos últimos son, sin lugar a dudas, regidos por una máxima de mercado y competencia.

En la Cuba institucional, el arte y quienes lo gestionan son dirigidos y manejados bajo preceptos políticos. Existe la censura y la parametrización, por tanto, aquí tampoco aplica la retórica de «los dos bandos», dado que solo hay un derrotero establecido. Lo que se oponga a tales preceptos es desestimado.

Me gustaría exhortar a todos los «intelectuales de la retórica socialista» que participaron en la asamblea a visitar —o revisitar— el texto Socialismo y Cultura, de Antonio Gramsci, para que reciban una lección de construcción y necesidad de crítica como vehículo de transformación y paso hacia esa sociedad de la que cada vez estamos más lejos.

La AHS tiene la entera responsabilidad de velar porque el talento creativo no se pierda, porque brote una nueva fascinación por parte de los artistas, por regalar una esperanza de persistencia en un sitio para la creación, por mantener la llama viva. Debe velar por un arte de calidad y esto solo se logra con el ímpetu sincero de fundar, más allá de ideologías o posicionamientos.

Aunque algunas acciones se desarrollan en beneficio de la persistencia de espacios y creadores, no es suficiente el embate, y se pierde así la sinceridad creativa, se bajan los estándares y se da paso a la medianía en el arte. La institución, en este caso la AHS, puede hacer muchísimo, con entrega cualquier empeño se logra.

Los espacios de intercambio y debate no deben seguir siendo escenarios para soliloquios institucionales y políticos. Los creadores necesitamos gozar del derecho a la crítica y al resguardo de aquellos que se dicen nuestros representantes. Mientras esto no se logre, la realidad cultural cubana seguirá inundada de servilismo y mediocridad.

No obstante lo dicho, todavía confío en la AHS. Sé que en ella hay personas que trabajan por crear las condiciones que requieren los artistas, pero lamentablemente, no tienen la palabra definitiva. Por ahora, seguiré trabajando, señalando lo que considero mal hecho y tratando de contribuir en lo que pueda a un mejor funcionamiento de la institución. También espero que la dirección de la AHS, el PCC y el MINCULT, den respuesta y resuelvan las quejas que fueron presentadas en la mencionada asamblea. Ninguna justificación es válida.

4 comentarios

Arturo 15 febrero 2022 - 1:01 PM

Cuando se resquebraja la cultura ya no hay solución, la cultura tiene sus propios pies y como las tortugas al nacer, sabe hacia donde dirigirse, tiene ese don nato de buscar la luz e intentar controlarla no es mas que romper el curso natural de los acontecimientos. Muy bien por usted

Manuel Figueredo 15 febrero 2022 - 3:40 PM

A quiénes responde la Asociación Hermanos
Saiz.?

cubano47 16 febrero 2022 - 1:52 AM

Al PCC por supuesto como todo en la isla.

PV 16 febrero 2022 - 6:50 AM

De excelencia la publicación, mientras todo esté estatizado de la manera aberrante como en esta nación nada funcionará normalmente

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