confusion sobre el fraude en cuba
«La mayor prueba de democracia no está en más información, sino en la confianza entre los revolucionarios»

Por: Jesús González López

(Respuesta al artículo El fraude: ese mal nuestro)

Las notas que he decidido sumar a modo de respuesta a este artículo no persiguen ganar en una discusión. El autor del mismo merece respeto, pero sus ideas requieren análisis. El artículo mezcla ejemplos de fraude, con ejemplos de incorrecto cumplimiento de funciones, posibles delitos y corrupción. Si bien en la base todos hay una degradación o falta de formación  ética,  no son la misma cosa.

Nos encontramos algo así, como una enumeración amorfa e incoherente de hechos tomados de la realidad, con la intención de satanizar el fraude y solicitar apertura de información para sepamos lo que pasa y nos pronunciemos. Democracia mal entendida, métodos pueriles, conceptos estratégicos omitidos, nada algo sí como una sopa de pollo con frutas para ser servida en el desayuno; a nada se le le coloca en su sitio, eso es tan peligroso como el fraude.

Los jóvenes tenemos que engrandecer la patria y para superar el punto hasta el que nos la están entregando hay que usar el arma que nos han puesto en las manos: la educación recibida, los conocimientos. Seguiré el método de escribir mis notas debajo de lo planteado en el artículo, las opiniones que he vertido sobre el autor no pretenden demeritarlo, deseo hacer que rectifique lo que yo considero que son conceptos erróneos.

El fraude: ese mal nuestro

El fraude es un fenómeno con muchas aristas y

Por: Harold Cárdenas Lema

«Nuestras controversias parecerán tan raras a las edades futuras,

como las del pasado nos han parecido a nosotros.»

Rousseau

 

En el año 1762 Rousseau publicó El Contrato Social, un texto del que se dice fue incitador de la Revolución Francesa. En este se abordaba la libertad e igualdad de los hombres bajo un Estado instituido por medio de un contrato entre este y las masas. Dicho modelo se ha mantenido hasta la actualidad y en nuestro caso adquiere matices y particularidades que lo hacen digno de análisis.

El contrato se basa en una relación armónica entre la masa humana que conforma al Pueblo y el Estado como ente que ostenta el poder más o menos centralizado. Esta relación siempre estará condicionada por muchos factores, siendo uno de los más importantes la respuesta sistemática a las necesidades sociales y la capacidad de este para trazarse nuevas metas que se cumplan realmente, no que queden en vagos proyectos olvidados por el tiempo. El nivel de gestión de un gobierno también dependerá de la presión popular que se haga sobre este, si se deja al libre albedrío de las personas que ocupan los altos cargos y no se hacen compromisos económicos y políticos específicos que permitan medir los éxitos o fracasos, se corre el peligro de que el Estado de por sentada la fe depositada por el Pueblo.[1] Es entonces cuando los errores se suceden unos a otros con celeridad y surge el peligro de que, independientemente del carácter altruista del Estado y el proyecto que este lidere, las masas pierdan la confianza política en sus líderes.

La confianzaPor: Harold Cárdenas Lema

Hace unos días me referí al síndrome de la sospecha, específicamente la sospecha respecto a la Revolución y sus líderes. Limitarse a ver el fenómeno solamente en esta dirección sería algo incompleto, una visión lineal carente de otros matices y realidades. Por ello es que hoy abordo el tema en dirección contraria y utilizando un antónimo para no repetirme: la confianza de los líderes en el pueblo cubano y viceversa.

Esta relación tiene una evolución histórica demasiado extensa para abordar aquí, me concentraré en los asuntos más polémicos en la actualidad y lo que podríamos llamar «puntos oscuros», para hablar de las bondades está buena parte de nuestra prensa, muy edulcorada en su mayoría.

Comencemos por tipificar a nuestros líderes: con una genialidad política indiscutible y un sitial de honor en nuestra historia desde hace mucho ya, sus dimensiones humanas parecen desfigurarse y volverse increíbles por la apología. Pero esto no se limita a ellos, hasta el Apóstol corre el peligro del desarraigo en la juventud. Si en las primeras enseñanzas te inculcan el dogma de que una figura es solo «valiente» y «buena» cuando llegues a un nivel superior y sepas de un error cometido, se te viene abajo la representación de este como un castillo de naipes. Ese es el resultado cuando no se enseña a pensar, cuando no se muestran matices, esto pasa a menudo con la caricaturización de nuestros líderes. La sociedad cubana tiene que ser necesariamente una sociedad de pensamiento, aún estamos muy lejos de lograrlo pero si Félix Varela en el siglo XIX nos enseñó la importancia de pensar es contradictorio que aún no lo hayamos logrado. Pero regreso a la confianza, que ya estaba por las ramas.