Sentenciando a una comunidad empobrecida

por Leonardo Fernández Otaño
Comunidad

La justicia es igual a las serpientes: 

Sólo muerden a los que están descalzos.

Monseñor Romero

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El 12 de julio del 2021 la ciudadanía protestó de forma masiva en La Güinera, barrio del municipio habanero de Arroyo Naranjo. Esta manifestación se debe situar en el contexto del estallido social que sacudió el archipiélago desde la jornada anterior, y que tuvo como resultado más de mil personas detenidas en los días siguientes, la muerte del ciudadano Diubis Laurencio, así como un amplio despliegue de la violencia de Estado.

A estos hechos ha seguido el desarrollo de varias causas judiciales contra un total de 161 ciudadanos residentes en la comunidad en cuestión, según datos aportados por la ONG Justicia 11J. Los delitos más frecuentes en las condenas han sido sedición, propagación de epidemias, desacato, desordenes públicos y atentado.

Un patrón que se repite en las sentencias se basa en que los testigos presentados por fiscalía, en su inmensa mayoría, fueron oficiales del Ministerio del Interior o la Policía Nacional Revolucionaria. Además, si bien se observan en estos documentos referencias a los episodios de violencia por parte de los manifestantes, se omite toda información concerniente al ejercicio de la fuerza policial y de los funcionarios gubernamentales, visibles en los videos grabados por la ciudadanía y en el testimonio de los familiares.

Aun cuando existe un alto cúmulo de información sobre los sucesos del 11 y 12 de julio, en este texto nos concentraremos en analizar la compleja situación social de la comunidad La Güinera, reflejada en los propios dictámenes judiciales y en la información aportada por los familiares de los presos. Con ese fin se seleccionaron como muestra las sentencias de las causas 13/21; 14/21 y 19/21. En esos procesos fueron juzgados sesenta y un ciudadanos, con edades comprendidas entre los diecisiete y los sesenta y cuatro años. Las penas impuestas por los jueces oscilaron entre seis y veintiséis años de prisión.

Durante la visita del presidente Miguel Díaz Canel a La Güinera, el 20 de agosto del 2021, los medios oficiales intentaron presentar al barrio «como un espacio social donde las problemáticas poblacionales estaban resueltas o en vías de solución». En cambio, las sentencias ofrecen información que permite constatar la enorme complejidad de las dificultades existentes en el tejido social y la vida comunitaria, que tienen como denominadores comunes la agudización de la pobreza y la exclusión social.

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Migdalia Padrón (Foto: María Lucía Expósito)
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Migdalia Padrón (Foto: María Lucía Expósito)

Escolarización, empleo y relación con las instituciones gubernamentales

En el texto que publiqué en este espacio el pasado mes de marzo, afirmé que los efectos de las continuas crisis económicas y del deterioro del modelo socio-político cubano, han influido en el débil mercado laboral de los residentes en este barrio. Tal proceso tiene su expresión más apreciable en tres características comunitarias: elevada tasa de abandono del sistema educativo al concluir la enseñanza media, auge del empleo informal y desconfianza en las instituciones públicas o gubernamentales.

Si bien en la sentencia de la causa 13/21 no se ofrece información sobre el nivel educativo de los imputados, los expedientes 19/21 y 14/21 aportan datos que permiten develar la naturaleza social del estallido en cuestión. El alto índice de abandono escolar se encuentra motivado por la precarización del nivel de vida, la disfuncionalidad de los hogares y la falta de acceso a elementos tecnológicos, como computadoras o discos externos, que permitan responder a las necesidades de los procesos docentes en la educación superior. Esta tesis es verificable a simple vista en las sentencias, pues de los acusados analizados ninguno posee titulación universitaria.

En un país en que la escolaridad obligatoria es hasta el noveno grado, los datos presentes en las sentencias ofrecen un panorama educativo desolador: cuatro detenidos poseen 6to grado de escolaridad, veintisiete concluyeron el 9no grado y solo nueve poseen el duodécimo grado. Dicha información muestra la presencia de un alto índice de escolarización elemental, pero también revela una abrupta deserción escolar, que, lejos de favorecer la continuidad de estudios al menos hasta el preuniversitario, potencia la incorporación de adolescentes al mercado laboral, en especial en el sector informal.

El otro elemento que evidencia la situación de vulnerabilidad económica que incentivó a la ciudadanía a tomar el espacio público, es la informalidad del mercado laboral, que se agudizó aún más con la «Tarea Ordenamiento», la crisis de desabastecimientos y el proceso de hiperinflación que se vive en el país. El agravamiento de esta realidad condujo a las protestas, pues empeoraron el acceso a la alimentación, los medicamentos y otros insumos básicos en medio del peor pico de la pandemia de covid-19.

La inestabilidad del mercado laboral se observa en el alto nivel de desocupación declarado en los procesos judiciales. Esta información ha sido empleada por el Gobierno para criminalizar a los manifestantes, sin ofrecer las causas sociológicas y económicas que la originaron. Los datos y la realidad de la comunidad demuestran el difícil panorama laboral de sus habitantes: en el momento de la manifestación, treinta siete personas se encontraban desempleadas, solo quince tenían vinculación laboral reconocida, tres eran estudiantes y uno estaba atendido por la Seguridad Social.

Estos datos deben ser contrapuestos con la información aportada por los familiares de los detenidos. De las ocho familias consultadas, se pudo constatar que sus hijos realizaban distintas actividades en el sector de la economía informal, obligados por la situación de vulnerabilidad de sus núcleos familiares, integrados por madres solas o compuestos por un elevado número de miembros.  

A este panorama debe añadirse el efecto causado entre esas personas por la apertura de tiendas en monedas libremente convertibles (MLC), que complejizó aún más su situación. Estos comercios expiden productos en una moneda a la que no tiene acceso la mayoría de los manifestantes, y habían reforzado el mercado informal de reventa de insumos básicos para una vida digna, los cuales llegaron a precios inconcebibles para familias que, en muchos casos, están en el umbral de la pobreza extrema.

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Elizabeth León (Foto: María Lucía Expósito)

Si analizamos la composición de los grupos etarios predominantes en las causas, es patente que el grupo más numeroso de manifestantes oscila entre los dieciocho y los treinta años, con un total de treinta y cuatro enjuiciados; mientras, entre los treinta y uno y cuarenta años fueron sentenciados catorce.  Únicamente trece detenidos exceden las cuatro décadas de vida.

La presencia mayoritaria de una ciudadanía joven, millennials, que ha vivido en carne propia las continuas crisis de la economía y se ha distanciado de los metarrelatos políticos gubernamentales, demuestran un panorama distinto en los posicionamientos cívicos y políticos de los manifestantes, que se alejan del discurso que atrajo a sus abuelos.

El otro aspecto que llevó a la ciudadanía al espacio público el 12 de julio, fue la desconfianza en las instituciones públicas y los poderes del Estado. La situación de fragilidad presente en los escenarios de la vida cotidiana de estas personas, las ha obligado en distintos momentos a acercarse a las dependencias gubernamentales para solicitar ser beneficiarios de políticas sociales, que pueden ir desde requerir círculos infantiles para sus hijos hasta subsidios por concepto de familias numerosas o por el mal estado de sus viviendas. Según refieren estas personas en nuestros intercambios, sus planteamientos han sido desoídos la mayor parte de las veces, lo cual les demostró la ineficacia de «los canales establecidos».

Esta situación ha cobrado mayor intensidad después del 12 de julio, pues los padres y familiares han remitido quejas sobre la instrucción de causas o sobre el propio proceso legal a instancias fiscales y a la presidencia de la República, que solo en algunos casos han tenido contestaciones escuetas; en otros, aún esperan respuesta.

Disenso político y criminalización gubernamental

A raíz del estallido social de julio pasado, importantes figuras políticas han empleado una serie de calificativos peyorativos para referirse a los manifestantes: «mercenarios, vándalos, lacayos o pagados del imperialismo». Tales expresiones han sido usadas indistintamente por Miguel Díaz Canel y otros funcionarios públicos con el fin de criminalizar el disenso, pero lo que hacen en realidad con estas etiquetas es pasar por alto la situación de pobreza y marcada desigualdad social de gran parte de los sectores que se manifestaron esos días. Para caracterizarlos, utilizan el suave término de «población vulnerable».   

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María Luisa Fleitas y Migdalia Padrón (Foto: María Lucía Expósito)
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María Luisa Fleitas (Foto: María Lucía Expósito)

En el firme intento de incluir a los manifestantes de La Güinera en la categoría de vándalos, uno de los aspectos alegados por el discurso político y los medios oficiales, es que la mayoría de los procesados de esa comunidad poseían antecedentes penales. No obstante, al examinar las tres causas seleccionadas, se verifica que, de un total de sesenta y un ciudadanos, cuarenta y cuatro, poco más de las dos terceras partes, no posee antecedentes penales; mientras, diecisiete de ellos sí ha tenido en algún momento de sus vidas una condena judicial.

En el caso de estos últimos, en su inmensa mayoría habían cumplido las sentencias, lo cual motiva dos cuestionamientos: ¿tener antecedentes penales constituye causa de limitación de los derechos políticos?, ¿acaso la justicia no debe tener carácter reeducativo, por qué criminalizar el disenso político, cuando el ciudadano ya ha pagado su pena?

Las condenas a los ciudadanos de esta comunidad reflejan la ausencia de una capacidad de negociación política, que, en lugar de apuntar a la búsqueda de soluciones para revertir la fragilidad social y económica presentes en dicha colectividad, optan por el uso punitivo de la justicia, sentenciando y criminalizando a los habitantes de barrios empobrecidos a penas ejemplarizantes.

Este panorama, lejos de resolver conflictos, agudiza la vida comunitaria y sienta precedentes en la mentalidad de una ciudadanía que hace décadas vive bajo el efecto de la crisis del modelo político y económico imperante en Cuba.

9 comentarios

El inagotable, Orlando J Martinez 27 mayo 2022 - 7:09 AM

El ministro, Marrero Cruz, cada vez mas ancho, debe tener varios coagulos contrarrevolucionarios rondando sus arterias.

Esteban 27 mayo 2022 - 7:55 AM

“¿tener antecedentes penales constituye causa de limitación de los derechos políticos?”
xxxxxx
Teniendo en cuenta que Cuba está gobernada por una dictadura la falta de derechos políticos se hace extensiva a toda la población del país y no solo a ciertos habitantes de la Güinera.
Enmarcando mi comentario dentro del contexto del artículo, es como si todos los cubanos estuvieran cumpliendo una sentencia dictada por el socialismo comunista.
De hecho, Cuba es como una cárcel de ~114 000 kms².

Manuel Figueredo 27 mayo 2022 - 8:01 AM

Sigo insistiendo en la libertad de todos los prisioneros políticos.

dario 27 mayo 2022 - 8:52 AM

sin duda alguna,los Izquierdistas usan el punto de vista aristocratico para ver la realidad : ser universitario,hace “distinto” a un ciudadano de otro y los no universitarios,solo son personas diferentes que necesitan atencion especial.Los universitarios,son mejores,pues son los que pueden “ayudar ” a los inferiores,son medicos,que se pueden volver siervos de l gleba en cualquier momento,son cientificos “sociales” que ya pasada la prueba de “requisitos especiales” pueden acceder la categoria de “sirvientes de primer nivel” o comunicadores que serviran para perseguir y descalificar a la disidencia,etc,etc.Cuando aprenderan los “patriotas” “leales” a clasificar a los cubanos solamente en “ciudadanos”,sin ponerles adjetivos ??E eso se apoyan los totalitarios ,en la existencia de cubanos “Mejores”…elos son los que estan por encima de la constitucion,de las leyes….eso ,de por si,es un atentado a la inteligencia y a la decencia de un ciudadano….
En Cuba ,sobran los motivos para protestar y solo es cuestion de valentia hacerlo o no .Se puede protestr pr la falta de derechos,por la falta de alimentos,pr la falta de poder elegir que vida escoger,por la falta de transporte,por la educacion de mala calidad y politizada,por no querer que su hijo sea como el che,en fin,para un universitario o para un campesino “inculto”,sobran los motivos….no discriminen mas a los cubanos,en esta era de la igualdad de derechos.

El inagotable, Orlando J Martinez 27 mayo 2022 - 2:06 PM

El Gobierno cubano queda muy bien apoyando a Putin

existe un riesgo grave e inminente de genocidio en Ucrania, con una larga lista de pruebas que incluyen asesinatos masivos de civiles, deportaciones forzadas y una retórica antiucraniana deshumanizada utilizada por altos funcionarios rusos.

Yo 27 mayo 2022 - 2:19 PM

“Este panorama, lejos de resolver conflictos, agudiza la vida comunitaria y sienta precedentes en la mentalidad de una ciudadanía que hace décadas vive bajo el efecto de la crisis del modelo político y económico imperante en Cuba.”…y que el Gobierno no está dispuesto a cambiar,cada día es más claro .que cualquier medida está lejos ,muy lejos de la solución.

Alejandro1 27 mayo 2022 - 7:34 PM

Yo sigo repitiendo algo que el tiempo, el implacable, se ha encargado de demostrar una y otra vez. Los pueblos tienen lo que se merecen. No nos quejemos más. Todos sabemos lo que hay que hacer, pero nadie quiere poner el “muerto”. También se debe reconocer que hay mucho esbirro apoyando incondicionalmente a la dictadura, por alguna que otra regalía y unos mendrugos que, los nuevos millonarios de la realeza castrista, les dejan recoger cuando caen de la mesa.

cubano47 28 mayo 2022 - 1:50 AM

Y como va el juicio al policia? Lo van hacer o ya lo hicieron?. Que se sepa el unico muerto fue a manos de la policia

Alden 29 mayo 2022 - 4:24 PM

En Cuba se sentenció a los violentos. Se manifestaron cientos de miles y pregunto cuantos se sentenciaron a privación de libertad. Pues muy pocos. Repito los violentos. Muchos de los cuales eran de antecedentes violentos.
Y no estoy de guardia en una comisaría. Porque ustedes todos los que opinan diferentes son policías

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