Morbo y censuras con Santa y Andrés

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En estos días los medios digitales dedicados a la política cubana han tomado súbitamente interés en el cine nacional. El motivo de atención es la película Santa y Andrés del director Carlos Lechuga. Uno puede preguntarse la razón por la que medios políticos se interesan en una obra de arte.

La palabra mágica: Censura.

Nunca se fijarán en su valor artístico, nunca en la estructura del guión, en el ritmo dramático, en las interpretaciones, en la iluminación, en la dirección de arte. Jamás criticarán si hubo anacronismos, un salto de eje o un error de continuidad.

Pero Santa y Andrés les resulta en extremo interesante. Todos han hablado de ella, casi ninguno la ha visto.

Debo admitir que yo tampoco. Pero como la mayoría de los que la defiende o condena tampoco lo ha hecho, ese detalle parece no tener importancia.

En definitiva, esto no se trata de Santa y Andrés o una película.

Pero por respeto al arte como profesión, no puedo hablar de una obra que no conozco. Además a estas alturas si Santa y Andrés tiene o no calidad, si es cinematográficamente trascendente o memorable, ya no es importante.

En todo caso lo siento por ella. Tal vez ir acompañada el resto de la vida por eso, sea lo más lamentable para una obra de arte y sus creadores. Lo mejor que le puede pasar a un cineasta es que todos hablen de su película porque todos la han visto. No hay valor artístico en variar la fórmula.

Entonces valdría más hablar del cine cubano que se hace hoy.

Con el Período Especial el cine nacional comenzó a transitar por caminos cada vez más tortuosos y que no siempre lo beneficiaron. La profunda crisis económica hizo imposible que el Estado financiara las películas. Se buscaron coproducciones, principalmente con España que en ese tiempo vivía en una burbujeante bonanza económica.

Pero eso imponía temáticas y el cine cubano se llenó de comedias bufonescas con mulatas a la caza de un gallego o gallegos a la caza de mulatas, que era lo que le interesaba al mercado español. Otro tipo de obras pudieron hacerse pero fueron excepcionales. Para muchos cineastas cubanos, no quedaba más remedio que aceptar, pues como recuerdan varios, se trataba de hacer una comedia o no hacer nada.

Al principio el público cubano disfrutaba las comedias, los españoles llegaron incluso a contagiarnos con una enfermedad de su cine de los 90: ¨Ver una película cubana, era ir a ver una comedia¨.

Hasta que el público cubano se cansó y comenzó a exigir otra cosa. Para nuestra desgracia económica pero fortuna artística, España cayó en crisis y se acabaron las coproducciones.

Comenzó una nueva etapa para el cine cubano, que se interesaba cada vez más por mostrar problemáticas de la realidad nacional explorando sus espacios más escabrosos: pobreza, marginalidad, homosexualidad, migración. Temas proscritos por los tabúes y sin dudas necesarios.

Se buscaron nuevas vías de financiamiento, con fondos europeos para fomento del cine en el Tercer Mundo, festivales internacionales, premios de guiones inéditos, apoyo para películas inconclusas.

Apareció entre los cineastas locales una palabreja nueva e incómodamente anglosajona: ¨The pitch¨.

El pitch es el acto en el cual el cineasta ¨vende¨ la idea de su guión a los productores extranjeros, explicándoles la historia de la manera más atractiva posible en pocos minutos. Depende en gran medida de sus dotes oratorias e incluso histriónicas. Si logra despertar intereses y abrir bolsillos, su pitching ha sido exitoso.

Así los cineastas cubanos logran promover sus proyectos en eventos internacionales. Con enorme dificultad desde un país con mínimo acceso a internet, casi nulas posibilidades de manejo de cuentas bancarias y transferencias desde el extranjero, posibilidades relativas de registro autoral con valor internacional, escasa visibilidad o control de lo que ocurra con su filme fuera de Cuba, muy poco o ningún acceso a representación legal o comercial y un pasaporte cubano que requiere un exigente y engorroso visado por casi todos los países.

Solo ese panorama, da la idea de lo difícil que resulta hacer cine en Cuba. Para facilitarlo desde hace años se viene proponiendo una Ley de Cine que otorgue personalidad jurídica a los cineastas, pero esta no ha visto avance efectivo en el ámbito gubernamental ni legislativo.

Por su parte el ICAIC ha promovido la producción de películas que ya vengan con una parte de su presupuesto conseguido fuera de Cuba. Es económicamente entendible, Santa y Andrés pudo beneficiarse más de eso.

Pero lamentablemente esos eventos internacionales, de financiamiento principalmente europeo ya que el bloqueo dificulta la posibilidad de capital estadounidense, están dominados por una visión neo colonial del resto del mundo.

Pasan por ahí cineastas africanos, latinoamericanos, árabes, frente a los productores y evaluadores franceses, alemanes, suizos, ingleses o canadienses. Si usted es árabe, para conseguir atención idealmente debe ir con una película sobre el extremismo religioso, si es colombiano con una de droga, si es mexicano con una de emigrantes, si es haitiano con una de miseria y así. Si se aparece usted con una historia que se desarrolle en su país pero trata de problemas existenciales universales, sin ambientarlas con algo del ¨folclor tercermundista¨ que le toque, tiene muy pocas posibilidades.

Solo los cineastas muy prestigiosos, con largas trayectorias de éxito, logran a veces encontrar financiamiento para otro tipo de historias. Y a veces ni siquiera. Porque en la mente de los europeo-occidentales, las películas existenciales las hacen ellos.

Incluso si usted es serbio, bosnio, croata y su película no es sobre el trauma de la guerra o algo por el estilo, ya va en desventaja. Así es la discriminación temática incluso entre los europeos.

¿Qué esperan entonces de los cineastas cubanos? Pues películas escabrosas, mientras más lo sean mejor. Que se desarrollen en solares, barrios marginales, con personajes delincuentes, transexuales, prostitutas, buscavidas, enfermos terminales. Todos deseosos de huir de la isla. Escenarios ruinosos, decadentes, oscuros, lo más deprimentes posible.

Ya ni siquiera es el cliché lúdico de los españoles, ahora es la visión morbosa y decadentista hacia la ¨isla comunista¨. En eso encaja Santa y Andrés perfectamente.

Esa visión porno-turística tiene escenarios propios. Si décadas atrás se le reprochaba al cine cubano que por motivos económicos no salía de la Capital, ahora se ha encerrado más aun y por motivos temáticos no sale de Centro Habana.

Habría que preguntarse si de esa forma un personaje como el Sergio de Memorias del Subdesarrollo podría existir en el cine cubano actual, siendo heterosexual y viviendo en el Vedado. Aun teniendo un conflicto tremendo y fascinante con lo que ocurre a su alrededor. O la Teresa de Retrato de Teresa, o los personajes de Papeles Secundarios, o la protagonista de Hello Hemingway viviendo su época, incluso el Mauricio de Páginas del Diario…

Porque también ocurre que cuando usted va a buscar esos fondos extranjeros presentando una obra reflexiva, analítica, verdaderamente crítica sobre una realidad muy compleja, no se le garantiza la suerte. Si su visión sobre su propio país es estereotipada y simple, le irá mejor.

Por ese camino una buena parte de las películas cubanas más recientes, a través de una ilusión de estar ¨explorando¨ la realidad, han caído en un empobrecimiento temático.

Y el público nuevamente se está cansando.

Cansado de películas donde todas las paredes están despintadas, donde todas las realidades son deprimentes, en que todos los personajes son víctimas de las instituciones sin jamás recibir nada bueno de ellas, donde todas las historias son reales, sí, pero no por eso dejan de sentirse rebuscadas. Y luego trilladas.

Los cineastas cubanos están de nuevo en una encrucijada. Para muchos se trata de hacer películas así o no poder hacer películas. Pero eso nos puede llevar a que haya cineastas que ya no vean las cosas de otra manera.

Y así se corre el riesgo de mostrar solo lo malo de nuestro país, proyectando al mundo y a nosotros mismos la peor de sus imágenes. Y de paso no estar haciendo crítica alguna, porque lo que se puede es caer en el simple regodeo de una parte de la realidad y en nada más que eso.

Solamente en una parte. Pero Cuba toda queda año tras año representada solo por esa parte. Habría que ver si Santa y Andrés es parte de ese fenómeno.

Entonces uno recuerda esa frase que le ha escuchado decir a Alicia Alonso: ¨El arte no tiene patria, el artista sí¨

El público también.

Deben reflexionar sobre esto, el ICAIC, el Ministerio de Cultura, los cineastas, todos, para que en la medida de lo posible se apoye más a un cine hecho desde la patria, que no tenga que ir a hacer pitch a ninguna parte.

Santa y Andrés, la historia más reciente del cine nacional nos demuestra que de esa manera se obtienen obras que valen, que nos mueven. Incluso más duras y verdaderamente críticas. Por lo tanto útiles.

Para hacer películas completamente cubanas, porque sus temas sean de interés de los cubanos y no tener que pasar el filtro de lo que les interesa ver de Cuba a los bolsillos extranjeros.

Porque esa es la peor de las censuras.

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136 COMENTARIOS

  1. Y last comment…

    En 2014, el XXXVI Festival ….. 4 al 14 de diciembre de 2014, premió un guión inédito firmado por Carlos Díaz Lechuga.
    Pasados dos años, la película, coproducción Cuba-Francia-Colombia, se presenta al mismo festival.

    El ICAIC no la selecciona, no la admite, lo que sea. Se habla de censura, pero qué dice el ICAIC… Pues dice que tienen el legítimo derecho de no admitir una película que consideran:

    a. Que «presenta una imagen de la Revolución que la reduce a una expresión de intolerancia y violencia contra la cultura.

    b. hace un uso irresponsable de nuestros símbolos patrios

    c: incorpora unas «referencias inaceptables al compañero Fidel»

    Es decir: el ICAIC considera que esa película no representa debidamente a Cuba y no la selecciona, dice por qué, dan la cara… Roberto Smith, presidente del ICAIC, y Fernando Rojas, Viceministro de Cultura y como se lee en Cine Cubano, la pupila insomne, las dos personas citadas, han «decidido insertarse públicamente en el debate.»

    Punto final. Si ejercer el legítimo derecho del ICAIC a desarrollar en una Cuba socialista, un cine que respete los principios revolucionarios es considerado censura, pues que cada cual piense, escriba, vocifere lo que quiera. Otras personas pueden pensar que es obrar de acuerdo con los principios, objetivos, razón de ser del prestigioso Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica de Cuba. Naturalmente no la Cuba que EEUU desearía tener a 90 millas, sino la Cuba que muestra día a día, LJC y las personas que escriben en sus páginas. Para todo lo demás…MasterCard…. y reclamaciones al Piso 14 llamando previamente porque suele estar la mercenaria Sánchez fuera de la isla y sería una viaje inútil….

    Como «ustedes» no leen estas cosas, les doy una ayudita…

    Publicado: 2016-12-01
    Por: Roberto Smith de Castro
    Fuente: CUBARTE
    Categorías: SOCIEDAD, ARTÍCULO

    Por: Roberto Smith de Castro, Presidente del ICAIC

    En medio del masivo y doloroso homenaje póstumo al Comandante en Jefe, la publicación digital On Cuba ha publicado hoy, 29 de noviembre, un texto de Eduardo del Llano, titulado “¿Qué pasa por la mente de los censores?” (#http://oncubamagazine.com/columnas/que-pasa-por-la-mente-de-los-censores/). No quiero esperar a que terminen las ceremonias previstas para estos días. Justamente, por Fidel, respondo de inmediato.

    El texto se refiere a una decisión del ICAIC, que, en ejercicio de su legítimo derecho sobre la programación cinematográfica del país, determinó no exhibir una película cubana en el próximo Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

    Además, utilizando un lugar común, descalifica la decisión como obra de “censores” de lógica retorcida y se lanza a cuestionar las posibles intenciones de nuestra institución.

    Falla el autor del texto en todas sus interpretaciones. Con sus simplistas y cuestionables argumentos, no alcanza a comprender que la disposición sobre la película es una cuestión de principios. Independientemente de sus resultados artísticos y de las posibles intenciones de sus creadores, el filme presenta una imagen de la Revolución que la reduce a una expresión de intolerancia y violencia contra la cultura; hace un uso irresponsable de nuestros símbolos patrios y referencias inaceptables al compañero Fidel.

    Sobre este último aspecto, aclaro lo siguiente: la decisión sobre la no exhibición del filme se tomó dos semanas antes del 25 de noviembre.

    En sus Palabras a los intelectuales, el 30 de junio de 1961, Fidel subraya que no puede discutirse el derecho del ICAIC a decidir qué cine debe exhibirse en el país. Y añadió: “Si nosotros impugnáramos ese derecho del gobierno revolucionario, estaríamos incurriendo en un problema de principios.”

    En el análisis de la película hemos defendido el diálogo con sus creadores y con un numeroso grupo de cineastas a los que hemos escuchado y a quienes hemos explicado nuestros argumentos. Sin embargo, por encima de cualquier criterio, la decisión final corresponde a la institución.

    Con su decisión, el ICAIC no está calculando lo “conveniente”, “lo práctico”, lo que evite el debate, lo que reduzca el impacto mediático o lo que dificulte o favorezca la difusión de la obra. El ICAIC asume las consecuencias de su decisión. Por principios, nosotros no aceptamos que en el Festival se presente un filme con los elementos señalados.

    Por supuesto, la decisión sobre el filme no implica ningún tipo de ruptura con su equipo creador, integrado por jóvenes talentosos que quieren hacer cine en Cuba y con quienes seguiremos trabajando.

    El ICAIC continuará respaldando la producción cinematográfica independiente como parte orgánica del cine nacional.

    El ICAIC continuará cuidando la imagen de los símbolos patrios, de la propia Revolución y de nuestros héroes y mártires, tanto en el cine que apoyemos en su producción, como en la selección de las películas que se exhiban en nuestras pantallas.

    El ICAIC, fundado por Fidel, ha defendido y continuará defendiendo la creación libre, diversa, crítica, honda y comprometida con los ideales de justicia social y emancipación humana de la Revolución.

    29 de noviembre de 2016

    fuente: http://www.cubarte.cult.cu/es/article/47343

  2. No lo quería, pero cómo mi amigo Tony trae notícia y cosas nuevas?,a partir de mañana informaré igual,olvidé las masacres,los cubanitos con las estafas y dentistas ??,Tatu me pagará comentarios extras ?????

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Javier Gómez Sánchez
Javier Gómez Sánchez
Comunicador, productor, director, guionista de cine y televisión

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