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Cosecha del veintitrés

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Ilustración: Brady

Si el cine fuese un vino, este habría sido un año normalito, sin demasiado cuerpo pero con bastantes taninos y notable regusto a frambuesas.

Como siempre, mientras algo de Hollywood satisface, el grueso decepciona. Más que un fantasma, el cancerbero de la desmesurada corrección política ha aupado trabajos a mi juicio menores, como la Barbie de Greta Gerwig. Marvel y sus cómplices siguen siendo populares; al parecer, al grueso del público le encantaría vivir en un mundo donde un puñado de superhéroes (por lo general, norteamericanos) venga volando a salvarnos. Y bueno, así nos va.

Aunque estrenada a fines de 2022, la obra Argentina 1985 de Santiago Mitre continuó ganando premio en el primer trecho del año, perdiendo el Óscar a Mejor Película Extranjera en favor de la alemana Im Westen nichts Neues, de Edward Berger. De lo producido a este lado del mundo a lo que he puesto los ojos encima durante estos meses, me interesó particularmente El conde, del chileno Larraín, una comedia gótica con un Pinochet vampiro.

Dejando aparte el (a mi modo de ver, desmedido) Óscar a la mejor película ganado por Everything everywhere all at once, de Daniel Kwan y Daniel Scheinert, y el de mejor actor a Brendan Fraser por la lacrimógena The whale de Darren Aronofsky, lo bueno del año incluye la Oppenheimer de Nolan y Killers of the flower moon de Scorsese, de la cual probablemente hablaré dentro de unas semanas. No he visto aún la coproducción Poor things, del griego Lanthimos. Eso sí, promete.

En Cuba, mira tú, ha sido un año bastante movido. Para seguir el símil, se trata de un vino casero y espumoso, con toques finales de plátano y papaya.

Lo primero que marcó el año en curso, acá en el patio, fue una crisis institucional que dejó descabezados tanto al ICAIC como a la Escuela Internacional de San Antonio. La verdad, se veía venir.

La Asamblea de Cineastas surgida a mediados del año a raíz de lo sucedido con el documental de Juanpín es heredera de aquella, en 2015, que con toda seriedad y profesionalismo propuso y formuló (a través del G20, su comité ejecutivo) un borrador para una Ley cubana de Cine. En este sentido, aunque no siempre estoy de acuerdo con determinadas formulaciones de la Asamblea actual, sí creo en su pertinencia y en la necesidad de su legitimación, y la de sus representantes electos, por parte de las autoridades culturales (no siempre electas). La transparencia y el tesón con que plantean sus verdades merecen no solo respeto, sino respuestas efectivas. Y la necesidad de reformular políticas culturales insatisfactorias (algunas viejas, otras no tanto) es cada vez más evidente.

Por ese camino llegamos al Festival de Cine.

Cuando el Festival era joven, cuando yo lo era, La Habana se paralizaba durante esos 10 días. Conocí a un matemático que cada año elaboraba un organigrama para racionalizar el tiempo al máximo: cuando termina esta película tengo 20 minutos hasta el inicio de la otra, esto permite llegar a tal y tal cine por tal vía para la tanda siguiente, y luego… De esta manera se sonaba seis o siete películas diarias, 70 durante el Festival. Épico.

Falsificar credenciales era otro hermoso ángulo de nuestra cinefilia. Algunos estudiantes o jóvenes trabajadores con maña, talento y acceso a buenos ordenadores e impresoras te hacían copias prácticamente indistinguibles del original, y que nueve de cada 10 veces funcionaban en medio del tumulto. Claro que algunas veces un policía se encarnaba contigo, y te preguntaba de dónde la habías sacado, pero a la larga el fenómeno era indetenible.

Y esos molotes tremebundos para acceder al Chaplin o el Yara, en detrimento, más de una vez, de la integridad física de las puertas del local… Entrar arrastrado por la marea, sin credencial ni ticket ni nada, y luego hacerse invisible adentro, con la convicción de que de ahí no habría quien te sacara…

 Ah, qué tiempos aquellos…

Lo primero que hay que aplaudir hoy es su resiliencia, la capacidad del evento para renacer en medio de una palestra decididamente ominosa. Más allá de exclusiones injustificables (e inclusiones igualmente absurdas) el hecho de mantener aquella utopía nacida en 1979, y que ahora parece más utópica que nunca, no habla tanto de tozudez como de lealtad. Ahora bien, el cine de hoy no es el de entonces, y también la recepción y el receptor han variado muchísimo: de ahí mi desacuerdo con la (eso sí, apasionada) arenga de Alexis Triana, el nuevo presidente del ICAIC, en el sentido de que es preciso recuperar la incidencia social del nuevo cine latinoamericano a través de métodos históricos: los cine-debates, el cine en los barrios, las unidades móviles. Estoy convencido de que sería un retroceso. Hay que visibilizar el nuevo cine, sí, pero según estrategias y usando las tecnologías propias de estos tiempos.

No deberíamos caer en la insensatez de perder el Festival. Y conviene aclarar que no me refiero solo al albur de que un día desaparezca; mucho peor sería restringirlo, en lectura estrecha de ciertos ideales, a un puñado de títulos y autores convenientes. (Y, por cierto, el criterio de que para ser aceptada en competencia una obra debe tocar un tema latinoamericano, tendría que ser revisado).

El cine cubano de este año… en fin, lo primero es deslindar las producciones nativas y las extranjeras acerca de Cuba. Malecón, del español Carlos Larrazábal, con elenco nacional, es a mi juicio un minucioso compendio de esos clichés que suelen asociarse a la cubanidad. No es que describa una realidad ficticia, sino que la circunscribe a emigración, prostitución y santería. Del lado positivo están la buena factura y algunos rostros nuevos.

Y de las cubanas, están las producidas en el país y otras fuera de él. De lo facturado allende los mares me impactó El caso Padilla, de Pável Giroud, con su exquisito trabajo de restauración del material de archivo. Justamente ayer comentaba al respecto con Fernando Pérez, que resumió su sentir (y el mío) con una frase decisiva: Nunca más.

De las obras de realizadores del (y en el) patio hablaré en otra ocasión. Lo que he visto hasta ahora, sin embargo, corrobora mi criterio de que con frecuencia hay más know how técnico, habilidad con la cámara que historias que contar o habilidad para contarlas. Y que adolecemos de un abanico de temas no demasiado amplio. Pero no lo he visto todo, y seguramente habrá cosas excelentes.

En fin, nuestro vino es amargo, pero…

Por encima de nuestras cabezas, no solo Oloffi

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Foto: Néster Núñez

El hombre saca del fondo del tanque de la basura seis o siete latas de cerveza vacías. Sin furia ni rabia las escacha de un pisotón y las mete en un saco de nailon sucio y medio lleno. O medio vacío. Como quieras verlo. Después recoge un cabo de cigarro bastante grande que hay en la acera y lo guarda en un bolsillo del traje gris que lleva puesto. Se acomoda sobre la cabeza los dos sombreros y mira alrededor, localizando el próximo lugar que revisará en busca de más materias primas.

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Foto: Néster Núñez

Un día antes, a esa misma hora, nuestros excelentes representantes ante el Parlamento ovacionaban a nuestro exitoso presidente, luego de que diera «fe de la voluntad expresa del gobierno de preservar el mayor grado de justicia social posible, y nuestro compromiso, desde siempre y para siempre, con el pueblo cubano».

Desde la mesa en la que estoy le hago una seña para que venga a tomarse un café. Los pelos amarillos del contorno de la boca de fumador de toda la vida se le mueven hacia arriba, como si hubiese sonreído, mientras se acerca lo suficiente:

– ¿Cuánto vale un cafe aquí? Allá en mi barrio ahora hay uno que los está vendiendo a 45. El negocio es de él y pone los precios que le da la gana.  Yo simplemente no pasé más por ahí. ¿Tú sabes cuántas latas hay que recoger para ganarse el dinero ese?

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Foto: Néster Núñez

Le digo que no sé, que mi giro es otro, mientras le hago una seña a la camarera. El hombre por fin se acomoda en la silla y me explica que un socio le paga 90 pesos por cada kilogramo de aluminio, y que un kilogramo vienen siendo 48 latas. Le pregunto si es su único ingreso.

– Na, a mí me dan un cheque de 1 500. Y la trabajadora social que me atiende me está amenazando con que me lo van a quitar si sigo haciendo trabajos particulares. Porque yo también coso zapatos, limpio patios, hago lo que sea… Yo trabajé más de treinta años y nunca cogí mi jubilación. Ahora ella dice que tengo que volver a trabajar dos años, creo, para acceder a la pensión. Y yo le pregunto que cómo voy a trabajar, si ya tengo 77.

La camarera trae el café. Él lo sopla un poco. Se lo toma de un tirón, sin azúcar, sin disfrutarlo de a poco, como si escachara una lata o como si tuviera mucha hambre y estuviese desesperado porque algo le cayera en el estómago. A esa misma hora del día anterior, muchos de nuestros parlamentarios estarían ansiosos porque el presidente terminara de leer su discurso para irse a la cena de despedida.

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Foto: Néster Núnez

– Lo que pasa es que para el año nuevo el gobierno quiere eliminar gratuidades, subsidiar solo a las personas que de verdad lo necesiten. Deben asegurarse de que tú seas uno de ellos –le digo–. Tienes que entender que es una tarea difícil lograr que no paguen justos por pecadores. Desde el 2021 para acá pusieron en ejecución 400 medidas para arreglar la economía, pero no funcionaron. De verdad que fue muy autocrítico con la gestión del gobierno y los pocos resultados, pero nos cuenta que no dejan de trabajar y de pensar en cómo resolver todo el caos que ellos mismos crearon, y ya tienen listo otro bulto de medidas y lineamientos que, bajo el nombre de Programa de Estabilización Macroeconómica, esta vez sí van a resolver la cosa. Lo único que tenemos que hacer… es confiar. Tú verás que en el 2024 no va a ser un problema comprarte todos los cafés que quieras. Y si no es en el 24, será en el 25. Total, que si ya sobrepasaste la esperanza de vida promedio del país, lo mismo te da esperar un par de añitos más, y de paso ayudas al país a mejorar al menos en esa estadística. Si llegas a los 80, quién dice que no te den hasta un diploma. Te repito: el gobierno ya ha trazado el plan. Nos espera un futuro de éxitos y victorias. Solo tenemos que mantener el optimismo y confiar en que esta vez sí, que ya verás.

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Foto: Néster Núñez

– Yo no confío en nadie, hermano. ¿Tú sabes lo que pasó con un sobrino mío? Le hizo un hijo a mi mujer, viviendo en mi propia casa. Yo estaba preso por una salida ilegal que tuve, y el muy descara’o me manda a decir a la cárcel que va a construir arriba de mí. Le escribí en un papel así bien grande: «Vete pal carajo de ahí. Encima de mi cabeza, solo Oloffi».

– El problema de la vivienda está tan malo porque es insuficiente la inversión extranjera en el desarrollo de la economía. Pero tú verás que esos objetivos se alcanzarán, y tu sobrino…

– Ese nada. Ese se murió. Le cayó un cáncer fulminante de esófago que lo mató en unos meses. Y era mucho más joven que yo. Con decirte que hasta le limpié las nalgas cuando nació. La vida es así. Se la cobra a todos los sinvergüenzas.

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Foto: Néster Núñez

La camarera llega a la mesa a recoger las tazas vacías. Se demora en el proceso, como haciéndonos entender que si ya consumimos, perfectamente podríamos irnos. Pero no es mi intención todavía. Le pido dos vasos de agua y otros dos cafés, aunque me dé gastritis. El negocio es de ellos, pero mientras siga aquí voy a fastidiar un poco.

El hombre se saca del bolsillo un cabo de cigarro y me pide fuego. Le digo que no tengo. En eso llega una ex escritora amiga y le digo que se siente también. Me dice que la ayude con algún dinerito para comer, y le doy cincuenta pesos. Ella los coge sin timidez, porque hay confianza entre nosotros, y me pregunta por su foto. Me disculpo con ella, todavía no la tengo. Se encoge toda, como decepcionada al extremo, y enseguida da un saltico de alegría:

– ¿Viste? Te hice caso. Hoy sí ando con zapatos. Y ayer me bañé –dice–. Pero acaba de imprimir mi foto para que me la regales, no seas barco. Y gracias por el dinerito, tú sabes.

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Foto: Néster Núñez

Mientras se aleja, quedo pensando en los cuentos que ella escribió, hasta que por algún curioso motivo mi mente salta al discurso leído del presidente:

– Tú dices que encima de tu cabeza solo Oloffi, y que el que la hace la paga, pero yo no estaría tan seguro de eso –le digo al hombre.

– Puede que sí y puede que no. Yo soy creyente, pero no fanático. A principios de los 80 estuve en Angola y en mi unidad militar había un cartel bien grande que decía: «Estás en una guerra. Si no sirves para matar, sirves para que te maten».

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Foto: Néster Núñez

– ¿Y eso tiene que ver con que subirán el precio de la gasolina o con que el gobierno necesita recuperar los flujos de remesa anteriores a la época Trump? No sé… como allá fuera hay miles que se matan trabajando para mandarle dinero a sus familiares…

– Lo que te digo es que yo fui de la brigada que restauró el Castillo de San Severino después que dejó de ser cárcel y lo convirtieron en museo, y en La Habana con Eusebio Leal también hicimos una pila de obras. ¿Te imaginas que me ponga a levantar un muro de bloques y que a las 8 horas el muro se caiga? ¿O que hoy te arregle un par de zapatos y mañana se vuelva a romper? Se me acaba el trabajo. Me muero de hambre.

– El país y el mundo funcionan de una forma que no comprendemos, compadre. Siempre han habido  ciertos… elegidos… que están más allá de las leyes físicas y sociales. Nuestra racionalidad nunca llegará a explicar ese fenómeno. Solo la fe podría arrojar algunas luces… No sé la tuya, pero la mía no llega a tanto.

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Foto: Néster Núñez

Biden no tiene valor con Cuba

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Cada año, el Departamento de Estado publica sus nuevos “Reporte de países sobre terrorismo” y cada año, la justificación para incluir a Cuba entre los estados patrocinadores del terrorismo internacional se vuelve más débil.

El informe de 2022, publicado el mes pasado, justifica la inclusión de los otros países en la lista (Corea del Norte, Irán y Siria) citando actos específicos de terrorismo de Estado o apoyo continuo a grupos terroristas. El informe sobre Cuba, sin embargo, es simplemente un relato histórico de cómo Cuba terminó en la lista en primer lugar, más que una justificación para mantenerla allí.

En 1982, el presidente Ronald Reagan designó a Cuba como Estado patrocinador del terrorismo por apoyar los movimientos revolucionarios en Centroamérica. En 2015, el presidente Obama determinó, basándose en una revisión de inteligencia, que Cuba no era un Estado patrocinador del terrorismo y la sacó de la lista. En enero de 2021, pocos días antes de dejar el cargo, el presidente Trump volvió a colocar a Cuba en la lista de terrorismo en una recompensa política transparente para los partidarios cubanoamericanos conservadores en el sur de Florida, y en un último intento de complicar la intención declarada de Joe Biden de reanudar la normalización. relaciones con La Habana.

El razonamiento de Trump fue que Cuba, que había sido sede de conversaciones de paz entre el gobierno colombiano y el movimiento guerrillero ELN, se negó a extraditar a los negociadores del ELN al nuevo gobierno conservador de Colombia después de que éste interrumpiera las conversaciones, a pesar de que Colombia había firmado previamente un protocolo especificando que si las conversaciones fracasaban, a los negociadores del ELN se les garantizaría un salvoconducto de regreso a Colombia. Noruega, cogarante de las conversaciones junto con Cuba, se puso del lado de La Habana. (Noruega no fue designada Estado patrocinador del terrorismo).

Incluso ese débil fundamento desapareció cuando Gustavo Petro fue elegido presidente de Colombia en 2022, reinició las conversaciones de paz y exigió que Washington eliminara a Cuba de la lista de terrorismo, calificando su inclusión como “una injusticia”.

Hasta su sentencia final, el Informe sobre terrorismo de 2022 no ofrece ninguna justificación para que Cuba permanezca en la lista: “Cuba también continúa albergando a varios fugitivos estadounidenses de la justicia buscados por cargos relacionados con violencia política, muchos de los cuales han residido en Cuba durante décadas”.

De hecho, Cuba ha dado asilo político a un puñado de exiliados políticos estadounidenses acusados o condenados por actos de violencia por motivos políticos en los años 1970. Estados Unidos, por supuesto, ha dado asilo político a muchos más cubanos que participaron en ataques violentos por motivos políticos en Cuba, algunos de ellos entrenados por la CIA como soldados en su guerra secreta contra Cuba en los años 1960.

¿Pero acoger a fugitivos estadounidenses se considera patrocinio del terrorismo internacional? Aunque los fugitivos han estado en Cuba desde la década de 1970, no fueron citados como justificación para la designación de Cuba como Estado patrocinador hasta 1988, cuando, según admitían los informes anuales, ya no había ninguna evidencia de que Cuba apoyara a ningún grupo revolucionario extranjero.

La ley que exige el informe anual sobre terrorismo del Departamento de Estado define el terrorismo internacional como “terrorismo que involucra a ciudadanos o el territorio de más de un país”. Eso no encaja con los fugitivos estadounidenses, cuyos actos violentos fueron cometidos en Estados Unidos antes de buscar asilo en Cuba. Algunas de sus acciones podrían considerarse terrorismo interno, pero no terrorismo internacional. Dar asilo político a presuntos terroristas tampoco constituye brindarles un santuario terrorista, que la ley define como un territorio desde el cual a los terroristas se les permite «llevar a cabo actividades terroristas… o como un punto de tránsito».

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El presidente colombiano exigió que Washington eliminara a Cuba de la lista de terrorismo. En la foto Gustavo Petro (izq.) y el secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken (der.) en Bogotá, Colombia | Foto: Twitter/ @WRadioColombia

Ninguno de los fugitivos estadounidenses ha planeado o planeado ataques terroristas contra Estados Unidos desde que llegaron a Cuba hace medio siglo. En 2015, cuando el presidente Obama sacó a Cuba de la lista, el secretario de Estado, John Kerry, reconoció implícitamente que los fugitivos estadounidenses no eran una razón válida para mantener a Cuba en la lista.

En resumen, ya no existe ningún fundamento legítimo para que Cuba sea designada Estado patrocinador del terrorismo. Cuba permanece en la lista porque la administración Biden no tiene el coraje político de eliminarla, ¡a pesar de que Cuba y Estados Unidos tienen un Memorando de Acuerdo y un diálogo activo sobre cooperación antiterrorista!

Varios funcionarios estadounidenses han ofrecido diferentes historias sobre si la administración Biden está revisando la designación de Cuba. Poco después de la toma de posesión de Biden, la entonces Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo que estaba bajo revisión, junto con el resto de las políticas de Trump hacia Cuba. Más recientemente, en marzo de 2023, el secretario de Estado Antony Blinken fue intimidado por la representante María Salazar (congresista republicana por el estado de la Florida) para que declarara que no estaba siendo revisado. Los funcionarios de Biden dieron la impresión a varios miembros demócratas del Congreso que han estado presionando a la administración para que sacara a Cuba de la lista de que la política estaba siendo revisada, hasta que el subsecretario de Estado adjunto Eric Jacobstein les dijo la semana pasada que no era así. Estaban furiosos, según un informe de The Intercept.

Tratar la inclusión de Cuba en la lista como una ficha de póquer política tiene costos reales, no sólo para Cuba sino también para Estados Unidos. Lo más obvio es que deslegitima la lista misma, reduciéndola a poco más que un garrote político arbitrario.

La designación de Cuba ha distanciado a importantes aliados de Estados Unidos en América Latina y Europa. Para los latinoamericanos, es un símbolo de la política más amplia de cambio de régimen de Washington, una política universalmente opuesta en la región. Colombia ha tomado la iniciativa en la organización de los gobiernos latinoamericanos para presionar a la administración Biden para que saque a Cuba de la lista. Cuando el secretario Blinken visitó al presidente Petro en Bogotá en octubre de 2022, Petro insistió en pedir públicamente que se eliminara a Cuba de la lista. Blinken respondió: “Tenemos leyes claras, criterios claros, requisitos claros y continuaremos revisándolos según sea necesario para ver si Cuba continúa mereciendo esa designación”. Pero como la administración se niega a “revisar” la designación de Cuba, las leyes, criterios y requisitos claros nunca entran en juego.

La mayoría de los europeos pueden visitar Estados Unidos sin solicitar una visa bajo el programa de exención de visa ESTA (Sistema Electrónico para Autorización de Viaje), a menos que hayan viajado recientemente a un país que figura en la lista de estados patrocinadores del terrorismo. El impacto de esta sanción en los viajes europeos a Cuba ha sido significativo. El número de visitantes de los principales países europeos (Gran Bretaña, Francia, Italia, España y Alemania) sigue estando significativamente por debajo de los niveles anteriores a la COVID, mientras que el número de visitantes de Canadá, que no forma parte del programa ESTA, ha vuelto a los niveles anteriores a la pandemia. niveles. Los gobiernos europeos consideran que esta restricción impuesta a sus ciudadanos es totalmente injustificada y sus representantes en La Habana son tan expresivos como los diplomáticos latinoamericanos al quejarse de ello ante los funcionarios estadounidenses. Pero hasta el momento, todo ha sido en vano.

A medida que comienza la campaña 2024, las posibilidades de que la administración Biden admita lo obvio y saque a Cuba de la lista de terrorismo parecen cada vez más remotas. Ha habido 16 elecciones presidenciales en Estados Unidos desde que Fidel Castro llegó a La Habana en 1959, y solo una vez el actual presidente estadounidense ha relajado las sanciones durante un año electoral: Obama en 2016, como parte de su política de normalización. Ningún presidente que se postule para la reelección ha relajado jamás las sanciones durante una campaña.

Cuba está viviendo su peor crisis económica desde la década de 1990, sin poder acceder al sistema financiero internacional debido a la designación de terrorismo. Pero aparentemente, los cubanos estarán condenados a sufrir al menos un año más, tildados con la letra T escarlata de terrorista, mientras los Dimmesdales de la campaña de Biden intentan ganarse el favor de los cubanoamericanos del sur de Florida que de todos modos no van a votar por él.

Fuente: Responsible Statecraft

Cuba en la Florida: injerencias electorales no explicadas, y más

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Injerencias de Cuba en las elecciones de Florida.
Imagen: Félix M. Azcuy

La noticia es que la Oficina del Director Nacional de Inteligencia de Estados Unidos desclasificó un informe afirmando que Cuba intentó inmiscuirse en las elecciones de medio término del 2022.

Los reportes de prensa indican que funcionarios cubanos sostuvieron vínculos con periodistas de medios estadounidenses y que varias cuentas en redes sociales, supuestamente vinculadas a la inteligencia cubana, amplificaron contenido ofensivo sobre políticos estadounidenses de la Florida que son hostiles al gobierno de Cuba.

El informe tiene varias partes editadas o cubiertas, y no precisa el alcance de la supuesta injerencia cubana; dedica más espacio a contenido que intenta explicar la participación de China en esas elecciones de medio término. Según reportes de prensa, se afirma que Beijing actuó sobre candidatos de ambos partidos y promovió la división y el caos.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba no demoró en responder: «Una total falacia, de parte de un gobierno que habitualmente se entromete en los asuntos políticos de muchos países», dijo en X el canciller, Bruno Rodríguez Parrilla.

No hay información disponible más allá de lo mencionado que explique cómo Cuba intentó influir. Sí afirman que la supuesta intervención está muy alejada de la participación rusa en las elecciones estadounidenses de 2016, una presunta participación que el gobierno de Washington ha utilizado una y otra vez para reproducir su discurso de guerra fría contra el Kremlin.

Sin que sorprenda a nadie, los congresistas de origen cubano y del ala más derechista del Partido Republicano María Elvira Salazar y Marco Rubio, pidieron represalias contra el gobierno cubano debido a al informe.

Rubio, un senador que sin ofrecer resultados, durante años, ha apostado por un cambio de régimen en Cuba, incitó a una inmediata venganza: «La Administración de Biden debe condenar estas acciones inmediatamente, dejar claro que no serán toleradas, y expulsar a los diplomáticos cubanos de Estados Unidos».

Esta noticia significa que el gobierno de Estados Unidos sigue buscando razones débiles o poco fundamentadas, pero que llegan a ocupar titulares, que justifican la inacción con el tema de Cuba, y la continuidad del trumpismo rosa, lo cual ha tenido un altísimo costo para el pueblo cubano debido al innegable peso de las sanciones económicas.

En contextos electorales, muchas representaciones diplomáticas establecen contactos con expertos locales para conocer el contexto y poder planificar escenarios, eso no significa que sean propiamente operaciones de inteligencia, porque incluso en no pocas ocasiones se realizan en espacios públicos.

Es además coherente con la desclasificación reciente de que el ex embajador estadounidense en Bolivia, Manuel Rocha, había sido agente del gobierno cubano por décadas, y ahora, ya jubilado, tiene un proceso abierto contra él, por supuestamente servir a los intereses de La Habana.

Nuestra opinión es que la crisis económica y en alguna medida política que vive Cuba no le da capacidades reales para intervenir en una elección en Estados Unidos, un país en el que los diplomáticos cubanos deben pedir autorización para salir del área metropolitana de Washington.

Si bien Cuba ha denunciado a varios voceros políticos en la Florida —algunos de ellos con candidaturas a cargos públicos— por sus intentos de derrocar el sistema político en la Isla, el gobierno cubano tiene brazos cortos en la posibilidad de ejercer influencia en elecciones en Estados Unidos.

Sin información disponible clara y comprobable, es difícil imaginar cómo un país con tantos desafíos y prioridades puede alcanzar a tener real influencia en unas elecciones de medio término en un país como Estados Unidos.

Secretario de Consejo Mundial de Iglesias: «no he tenido reportes de violaciones de libertades religiosas en Cuba»

La noticia es que el Secretario General del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), Jerry Pillay, afirmó que en Cuba hay libertad religiosa y que no le han llegado reportes de supuestas violaciones en este sentido. El pastor sudafricano visitó la Isla esta semana y se reunió con el presidente, Miguel Díaz Canel Bermúdez, y con el canciller, Bruno Rodríguez Parrilla.

Pillay no solo sostuvo encuentros, sino que predicó durante un culto en la Primera Iglesia Presbiteriana Reformada en Cuba, al que asistió el representante de esa organización ante la ONU, Ryan Smith.

Pillay condenó las sanciones estadounidenses al país y pidió la eliminación de Cuba de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, que según afirma, crea pesares económicos al pueblo cubano.

El líder religioso se reunió con representantes de las distintas denominaciones protestantes cubanas, incluyendo el Consejo de Iglesias de Cuba y el Centro Memorial Martin Luther King, así como con varias comunidades ecuménicas.

La visita del Secretario del CMI sucede en un contexto en el que Estados Unidos incluyó a la Isla en una lista de países que restringen las libertades religiosas.

El informe acusa al gobierno cubano de encarcelar a un pastor cubano que tuvo participación en las protestas del 11 de julio, así como persecución a la activista opositora Berta Soler durante su trayectoria para asistir a una misa católica. Sin embargo, las casas de culto se ven cada vez con más frecuencia en Cuba, y las congregaciones crecen también.

«No he recibido reportes de violaciones de libertades religiosas», afirmó el pastor presbiteriano.

El reverendo Pillay ofreció una conferencia en el Colegio Universitario de San Gerónimo, con la presencia de Caridad Diego, jefa del departamento de asuntos religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, así como otros funcionarios del gobierno cubano.

Esta noticia significa que es sólido el vínculo entre Cuba y esa organización, que representa a 600 millones de cristianos de 120 países y que la dirección de ese Consejo no identifica violaciones flagrantes a las libertades religiosas.

Nuestra opinión es que esta visita es un espaldarazo al gobierno cubano, y las opiniones, las actividades realizadas por el Pillay, así como la acogida pública desafían la visión del Departamento de Estado que describe para la Isla un escenario de represión a diferentes expresiones religiosas.

Además, que el hecho del encarcelamiento de un pastor por haber participado en las protestas del 11 de julio, más allá de que sea justo o no, no tiene por qué responder a su fe religiosa sino a su actuar durante dichas protestas.

Milei y Cuba: Ahí viene el lobo

La noticia es que varios periodistas argentinos intentan culpar a Cuba y Venezuela de disturbios contra el flamante presidente de su país austral, Javier Milei. Hasta ahora alrededor de 3 periodistas argentinos afirman a partir de un editorial de la Nación que «información reservada en poder de la administración de Milei asegura que están en el país agitadores cubanos y venezolanos dispuestos a ayudar al vandalismo de los revoltosos locales. Proyectan reproducir aquí el largo estallido social de 2019 en Chile».

La información no tiene respaldo oficial y hasta ahora es solo una conjetura del periodista. Posteriormente otro periodista argentino pero de Infobae concluyó en una columna que Milei debía observar las experiencias de Chile, Venezuela y Cuba: «pirómanos cubanos y venezolanos podrían estar esperando la primera chispa. Son especialistas en desatar huracanes. E incendios».

El Ministerio de Relaciones Exteriores cubano negó cualquier participación en las protestas argentinas o como parte de los llamados piqueteros.

«Afirmo categóricamente que Cuba no promueve, ni participa, ni ejecuta actos que constituyan injerencia en los asuntos internos de la Argentina.», expresó Eugenio Martínez, embajador de larga experiencia y actualmente Director General de América Latina y el Caribe.

Esta noticia significa que en la ya crisis política que vive el presidente recién electo de Argentina, encontrar al «lobo del cuento» es urgente. Solo un nuevo villano puede desviar la atención, ya no puede ser la llamada «casta» la culpable de la crisis, pues casi todos los ministros y funcionarios que provienen de lo que Milei llamó en campaña «la casta» ocupan hoy oficinas en el nuevo gobierno.

Es además un intento de deteriorar severamente las relaciones entre Buenos Aires y La Habana, que han sido cálidas durante gobiernos peronistas.

En otro sentido, es coherente con fortalecer la imagen de Cuba como país «enemigo», siguiendo el discurso oficial de Milei, quien ya anunció que no designará embajadores en Venezuela, Cuba o Nicaragua.

Por otro lado, la representante republicana de la Florida y ex personalidad de la televisión miamense, María Elvira Salazar, quien preside el subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes, se ha convertido en una aliada de Milei. Salazar es una representante de origen cubano estereotípica que ha usado la catapulta de la línea dura contra Cuba para llegar a Washington.

Salazar, la única miembro del Congreso estadounidense que estuvo en la ceremonia de inauguración de Milei, ha dicho que «necesitamos ayudar a Argentina» porque será el punto de referencia para gobernar en Latinoamérica: «economía libre de mercado, gobierno pequeño, libertades individuales, libertad, sector privado, no corrupción, eso es lo tratamos de hacer» opinó Salazar sobre Milei, que en su décimo día en el poder ya vivió su primer cacerolazo, así como protestas en las inmediaciones del Congreso.

La representante republicana no tiene un número significativo de votantes argentinos, pero aparentemente ha encontrado en Milei a un enemigo de sus enemigos, y por tanto, a un amigo.

Nuestra opinión es que las fuerzas de derecha en ese país intentan encontrar un chivo expiatorio que vincule la oposición interna con gobiernos considerados «comunistas» y «fallidos», y de esta manera quitarse responsabilidad, criminalizar a los que protestan, e introducir dentro de la compleja ecuación política que tiene ya el nuevo gobierno una variable que permita exacerbar el odio hacia países con otros sistemas políticos y otras inclinaciones ideológicas.

Sin azúcar no hay país ¿y sin docentes?

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exodo docentes Cuba
Imagen: Félix M. Azcuy

Se aproxima la Jornada del Maestro y este año no tendrá la feliz connotación de otros, al menos para mí. Este es el primer curso en que no he sido profesora en ejercicio y como maestra —e hija de una familia de maestros—, he visto el deterioro gradual de la educación en Cuba. Eso me inquieta en grado sumo.

Sostengo, casi milito la idea de que la educación es el acto civilizatorio por excelencia. Cualquier sociedad organizada que se precie de serlo debe desarrollar instituciones y plataformas educativas, y estas dependen a su vez de la formación y permanencia del personal docente que en ellas labore.

Quien ejerce la docencia es un creador de ciudadanía, debe estar bien informado de los fundamentos y adelantos en las ciencias, la política y el entorno social, para ponerlos al servicio del continuo aprendizaje y el desarrollo de los sentimientos, habilidades y aptitudes de sus educandos.

Puede decirse, además, que esta persona es un pilar básico en la reproducción de la humanidad, porque su accionar influye en el devenir histórico, económico, cultural y social de un país y del planeta, al contribuir desde su labor a formar a quienes con su trabajo, colaboración y accionar creativo, permitirán el desarrollo de la sociedad en todos sus órdenes.

Por tanto, pararse frente a un aula debería implicar tener respuesta a los retos que la humanidad afronta, como son la diversidad, la inclusión, los conflictos que inciden directamente en la supervivencia y la necesidad de potenciar personas capaces de adaptarse a nuevas realidades o condiciones difíciles sin perder su responsabilidad con el medio ambiente y con los demás.

Citando a Bertrand Russell, filósofo, matemático y maestro británico, de su obra Educación y orden social (1932), puede decirse que «El maestro es un artífice, un artífice como cualquier obrero o profesional de las ciencias, las letras o las artes. Pero trabaja con una materia infinitamente más compleja que madera o metal, una materia que evoluciona, crece en todas direcciones, se ramifica y reta a las más complejas formaciones de la naturaleza en versatilidad, poder y dinamismo, esta materia es el hombre. Y el maestro está sometido al desafío constante de encontrar, construir y fundamentar nuevas maneras de hacer a un hombre, formas que deben responder a las necesidades de este hombre, a sus características, a su entorno. El maestro, como artífice que crea con una materia que evoluciona, debe evolucionar, crecer al mismo ritmo o más rápido, autocontruirse a sí mismo en el arte de hacer seres humanos»

Los desafíos de la profesión docente

En Cuba, y en la mayoría de los países del continente y del mundo, la educación pública, la de más alcance poblacional, ha sido históricamente uno de los sectores profesionales más precarizados y cuestionados, aun cuando se reconozca su importancia en el discurso de los Estados y en el imaginario de la población.

El profesional de la educación que permanece en la enseñanza pública, aun contando con derechos laborales básicos, suele quedar en los niveles de medio a bajo de la escala salarial y con una carga laboral tan extrema que no cuenta con posibilidades de aumentar su ingreso realizando otros trabajos.

En un contexto de precarización general termina por ser de los profesionales más empobrecidos, a los que más se les exige y menos se les reconoce y acompaña. Agréguese a ello que es un sector notablemente feminizado, sobre todo en los niveles iniciales, preescolar y primario, con todo lo que ello implica en cuanto a carga mental y física de trabajo no remunerado. El estrés y la presión que presupone el ejercicio del magisterio son tan altos o más que en otras profesiones que suelen ser mucho más apreciadas social y monetariamente.

La preparación es uno de los retos del ejercicio magisterial. Los docentes necesitan constante estudio no solo de los contenidos que imparten, sino de la teoría pedagógica, psicológica y didáctica, de sus avances, de las nuevas vías de instrucción y de las dinámicas contextuales en los grupos de origen de su estudiantado. El estudio, premisa válida para cualquier profesional, cobra especial atención en los de la educación, debido al rol que desempeñan en la sociedad.

En el ejercicio de la docencia se requiere orden institucional, disponibilidad de recursos y tiempo, y apoyo de familias, funcionarios y comunidades, para que el maestro pueda desplegar con éxito aspectos como la auto-organización y la preparación constante, el desarrollo de habilidades para hacer un correcto diagnóstico de grupo, dirigir el proceso y evaluar las potencialidades para el aprendizaje de cada alumno, contenido y situación.

Quien crea que el trabajo de una persona dedicada a la docencia solo se expresa durante la clase, no tiene en cuenta toda la labor que hay tras ese momento puntual. Desde el estudio de la teoría y las herramientas metodológicas que se reciben en la formación profesional, hasta las acciones de planificación, búsqueda y selección de materiales y recursos de apoyo para el aprendizaje, la adecuación de los métodos para responder a la diversidad del grupo clase, la participación en las acciones de preparación metodológica y administrativa, pasando por los momentos de inspección y evaluación, la carga laboral rebasa con creces ese tiempo frente a aula.

El ejercicio profesional educativo tiene otros desafíos. Como que los recursos necesarios para garantizar la calidad del trabajo y las condiciones humanas de este, que no siempre van a estar disponibles. Muchos profesores invierten en medios de enseñanza y de vida para su trabajo y el confort de las aulas, o solicitan ayudas a las familias. Esto implica niveles de administración de recursos, algunos son provistos por las instituciones, pero cada vez más provienen del esfuerzo propio de maestros y familiares. La educación, bien ejercida, es una actividad costosa cuyos resultados finales no se ven a corto plazo.

La retribución justa por el trabajo y las condiciones de descanso y reposición de su fuerza son otras de las necesidades que el profesorado no siempre ve materializadas en su día a día.

Súmense a estas necesidades la de la representación social positiva de quien ejerce esta labor profesoral, de reconocimiento espiritual y material. Identificarse con la profesión, sentir que se valora y retribuye correctamente el trabajo que se hace, contar con los recursos necesarios, desarrollar sentido de pertenencia con la institución, el alumnado y el ejercicio magisterial, son elementos que contribuyen a la permanencia del claustro en su puesto de trabajo y la calidad de este.

La escuela, los maestros, Cuba

El 22 de diciembre de 1961, Fidel Castro, proclamó al país territorio libre de analfabetismo, tras un año de alfabetización intensiva de la población, que involucró a unos 271 000 educadores voluntarios de todo el territorio cubano, y colocó al país entre las naciones de más bajo índice de iletrados en el mundo, con la alfabetización de unas 700 000 personas. También creó las bases para la conformación de un sistema educativo universal y gratuito en todos los niveles. Este día en Cuba se festeja como el Día del Maestro.

Posterior a este esfuerzo, debido a la demanda de la muy necesaria escolarización masiva, se implementaron programas emergentes de formación profesoral, dirigidos sobre todo a un estudiantado femenino. De ahí vinieron las Brigadas de Maestros Antón Makarenko y Manuel Ascunce, la elevación de salarios al personal de la educación, la fundación de los primeros institutos superiores pedagógicos del país y de los centros de estudios de ciencias pedagógicas, entre otras iniciativas dirigidas a la formación y permanencia de recursos humanos en este campo. Dichas iniciativas aseguraron la cobertura docente, la formación profesionales y la escolarización de toda la sociedad cubana, desde los niveles iniciales hasta la enseñanza superior y de adultos, alcanzándose así uno de los niveles de alfabetización e instrucción más altos de Latinoamérica.

Las alternativas tomadas en la educación cubana para afrontar la salida de maestros han sido muchas. El profesorado es un sector que siempre ha requerido de reposición constante de la fuerza de trabajo. Ha habido momentos de mayor urgencia, asociados generalmente a éxodos provocados por crisis económicas y aumento de la presión sobre las escuelas.

Entre los años noventa e inicios de la primera década del siglo, sucedió la primera gran baja de maestros, el cual se agravó con el fin del ciclo laboral de los docentes graduados antes del 59 que habían continuado en la escuela y eran el grupo más experimentado y permanente frente a aula.

Entonces se implementaron programas como el de formación de maestros emergentes para enseñanza general y enseñanza artística. Se reestructuraron el currículo y la práctica pre profesional de los institutos pedagógicos, de este modo los estudiantes ocuparían responsabilidades laborales a tiempo parcial por más días a la semana. También se abrieron las carreras de ciclo corto para educadoras de círculo infantil, la formación de maestros integrales y la refundación de las escuelas de formación de maestros de nivel medio.

Estas medidas, si bien lograron hacer más llevadera la crisis, también impactaron en la imagen y el prestigio del maestro en los imaginarios sociales, más cuando se acompañaron de una reducción de los requisitos para optar por carreras pedagógicas. Muchos de quienes optaron por estas oportunidades fueron estigmatizados y en el argot popular proliferaron frases como «hoy maestro es cualquiera» o «quien se queda sin carrera se mete a maestro».

Unido a las acciones antes relatadas, se convocó a profesores ya jubilados para que regresaran a las escuelas mediante recontratación. También a estudiantes universitarios de carreras no pedagógicas y otros profesionales para que cubrieran la enseñanza de un grupo de asignaturas. Particularmente con los estudiantes universitarios el proyecto se llamó «Educando con amor» y aunque al principio no contaba con más remuneración que el mérito estudiantil, actualmente se ofrece una remuneración por cantidad de grupos asumidos.

También se tomaron medidas como la elevación del salario de los profesores en el año 2019, que dio como resultado que un aproximado de 5 000 maestros cubanos pidieron volver a impartir clases luego de que se anunciara un aumento salarial para el sector presupuestado a partir de julio de ese año.

Sin embargo, luego de la Pandemia y la Tarea Ordenamiento, el éxodo de docentes no se ha detenido y en los últimos cinco años ha ido en aumento, según ha reconocido el propio Ministerio de Educación, hasta llegar a un déficit de más de 17 mil profesores menos de los que se necesitaban al inicio del actual curso escolar para cubrir la docencia.

Muchos de los profesores alegan como motivos para renunciar los bajos salarios, la falta de condiciones para ejercer la profesión, la mala calidad en la alimentación en los centros escolares y las dificultades que enfrentan con el transporte para asistir a sus puestos de trabajo. También se refieren a la baja valoración de su oficio por parte de la población, a la presión por evaluaciones externas, necesidad de promoción, burocracia, exigencias de las familias y, a su vez, poco apoyo de estas para la atención, disciplina y control de sus hijos.

Algunos profesionales de la educación se incorporan a otras labores no relacionadas con la docencia, otros trabajan en las nuevas formas de atención educativa privada, tanto las extracurriculares (academias artísticas, deportivas, de idiomas) como las de repasos y cuidados de primera infancia. El resto permanece en sus hogares o marcha fuera del país.

En las nuevas formas de atención educativa privadas, especialmente las academias y jardines de cuidados de primera infancia, los profesionales tienen la obligación de impartir actividades con mayor calidad, pues, al mediar pagos, contar con recursos y existir una demanda de puestos de trabajo, hay competencia. Esto estipula asimismo cuáles son las metodologías a utilizar, qué contenidos se enseñarán y cuáles los valores que se transmitirán. También cuáles serán las prestaciones, horarios y carga de trabajo.

La proliferación de estas «alternativas» al sistema educativo estatal es un arma de doble filo. La persona que ejerce la labor de enseñanza y cuidados, si bien cuenta con mejores salarios y condiciones de trabajo, no queda protegida por las legislaciones propias del sector. Por otro lado, se acrecientan las cada vez más notorias desigualdades, no solo en la obtención de conocimientos, sino en el propio acceso a niveles superiores de educación. Mientras estas formas se naturalizan, son menos los estudiantes que logran obtener las carreras más demandadas sin hacer uso de estos servicios de pago para lograr buenos resultados en las pruebas de ingreso, en un sistema de escalafón que pone a competir a todos por igual, sin tener en cuenta los distintos puntos de partida.  

No obstante, los nuevos espacios de ejercicio docente resultan muy atractivos para el profesorado, más que la educación estatal, la cual no garantiza la permanencia de sus trabajadores y se va quedando sin claustro capacitado para asumir la enseñanza pública, universal y gratuita que constituyó durante muchos años una de nuestras conquistas sociales.

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La educación es el acto civilizatorio por excelencia. La escuela es el espacio donde ese acto se materializa y proyecta al futuro. Sin docentes, la escuela pública es solo un edificio donde se almacenan estudiantes. Sin suficientes personas que enseñen, y si estas no están bien preparadas para enseñar y acompañar a aprender, no hay educación institucional, no hay sociedad organizada, no hay ciudadanía, no hay futuro.

Cuando este proceso está protagonizado por escuelas privadas y espacios alternativos de enseñanza, se logran algunos resultados, pero centrados en la formación de valores específicos que emanen de una educación fragmentaria y desigual que, más que premiar los méritos y el esfuerzo personal o colectivo, reproduce los privilegios de clase. Tal vez algunos de esos valores sean coincidentes con un proyecto social democrático, pero también estarán en juego concepciones teístas, individualistas, meramente economicistas, acientíficas o carentes de responsabilidad ciudadana y tolerancia.

Suena apocalíptico y lo es. Tal vez sea hora de repensar qué tipo de educación tenemos y la que necesitamos, y qué se hará con nuestros maestros antes de que terminen por irse a otros sectores del país o a la educación privada, y antes de que opten por jubilarse o agotarse todos los docentes de experiencia que aún nos quedan.

Ya sé qué le voy a decir mañana a los muchachos que siempre de alguna forma u otra me hacen partícipe de sus celebraciones —mis futuros colegas como siempre les decía al entrar en clase—: «Feliz Día del Maestro y la Maestra, ojalá que el aula siga siendo el lugar de donde no quieran irse nunca y a donde siempre quieran regresar».

Ojalá…

Teatro independiente en Cuba: hablan los directores (Parte II)

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teatro independiente en Cuba
Imagen: Félix M. Azcuy

En noviembre de 1996, cuando se efectuó la primera edición del Yorick, evento de teatro de pequeño formato creado por el equipo de especialistas que en ese momento trabajaba en la dirección nacional de la Asociación Hermanos Saíz, uno de los principales objetivos de la convocatoria consistía en dar mayor respaldo a varias de las agrupaciones elegidas para su cartelera. Durante una semana particularmente lluviosa, se presentaron en la capital grupos guiados por artistas menores de 35 años, que entre sus problemas comunes tenían la falta de sede, salarios asegurados, o el reconocimiento que a pesar de sus talentos no eran aún vistos con agrado por funcionarios o entidades de la cultura oficial, en aquel entonces.

A partir del diálogo que se defendió en aquel instante entre la AHS y el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, presidido ya en una segunda fase por Lecsy Tejeda, colectivos como Teatro de las Estaciones, Pálpito, Teatro en las Nubes, Teatro del Espacio Interior, La Estrella Azul o el Estudio Teatral de Santa Clara expusieron mediante sus montajes o en el evento teórico presidido por la doctora Graziella Pogolotti, sus anhelos, demandas y necesidades más urgentes, tanto en términos estéticos como en cuestiones de producción y garantías esenciales.

Los directores que he entrevistado para este tercer y último repaso de una nueva oleada de voces acerca de otras fórmulas de creación para un teatro no siempre aferrado o protegido desde los canales institucionales son, en cierta medida, también fruto de aquel diálogo, dentro de una línea intermitente que corrobora cómo lo que se avizoró en aquel evento de 1996 asentó  probabilidades distintas para el trabajo conjunto, desde esas instituciones, u otras que en ese instante no formaban aún parte de dicha conversación.

El Yorick, que mantuvo otras ediciones (en 1998, dedicado al centenario de Brecht, en el 2000 dedicado a un aniversario del Teatro Buendía…) desapareció por ley de vida, cuando también cambiaron las directivas de la AHS, y algunos de esos reclamos fueron respondidos. Se sabe que el panorama teatral cubano es muy inestable, como la vida misma del país. Ese mismo núcleo de especialistas, del cual fui parte junto a la teatróloga Marilyn Garbey, estableció un sistema de becas, premios, que aún pervive y que ha beneficiado a algunos de los nombres a los que acudí para este primer abordaje a un tema mucho más complejo.

El Portazo: «empujar los bordes»

En el 2011, y en la ciudad de Matanzas, Pedro Franco lanza, justo desde la plataforma de la Asociación Hermanos Saíz, su primer espectáculo, con un núcleo que luego bautizaría como El Portazo.

Con Por gusto, de Abel González Melo, y Antígona, de Yerandi Fleites, el grupo dio arrancada a su existencia, sacando partido de lo precario y apostando por las nuevas dramaturgias. Franco, que se había graduado de la Escuela Nacional de Arte y había transitado por una carrera actoral, termina decantándose por la dirección, activando desde su labor una serie de preguntas acerca de la posibilidad de movilizar otras fórmulas de producción.

Siguiendo el refrán que afirma que nadie es profeta en su tierra, el teatrista aprovechó los canales de la AHS para llevar sus puestas a otras ciudades, como Camagüey y Santiago de Cuba, creando alianzas desde las cuales comenzó a ganar visibilidad su proyecto, y regresó con esos ecos a su ciudad.

Bajo la influencia de Antigonón, un contingente épico, puesta de Carlos Díaz sobre texto de Rogelio Orizondo, Franco decide introducir un elemento de ruptura en sus montajes, a manera de intermedios, donde el grupo hablaba directamente al público acerca de sus necesidades, las que no estaban siendo respondidas en ese momento por el Consejo Provincial de las Artes Escénicas matancero. «Empezamos a hablar desde el escenario, empezamos a tirar puyitas, y esas puyitas pasaban no solo por lo temático, por lo que se decía en escena, sino por lo que se hacía en escena, por aclarar y demostrar cuál era nuestra intención», afirma.  

CCPC, Teatro El Portazo. Foto: Racso Morejón
CCPC, Teatro El Portazo / Foto: Racso Morejón

El director de El Portazo, ahora mismo radicado entre México y Cuba, ofrece detalles sobre ese recurso: «Había cierto cinismo, mucha ironía, el público era muy cómplice, y dentro de ese público estaba la crítica, y personas del medio teatral que eran como mensajeros de la institución, que obedecía por supuesto al CNAE y este a una política ya a nivel de país y Ministerio de Cultura. Les decíamos que queríamos hacer teatro, que no teníamos recursos y que si nos compraban un café, eso ayudaba a nuestra economía y a nuestra pretensión».

En realidad era un ademán de provocación, más que un reclamo de apoyo monetario, pues ya el grupo contaba con financiamiento y algunas becas de la AHS. Pero el colectivo había crecido a catorce integrantes y la economía seguía apretada. La ficción se transformó en una zona de intercambios con los espectadores que desde el juego teatral incluía ese tipo de señales, y eso devino parte de la poética naciente de El Portazo, que tendría como uno de sus lemas el hacer de «la luchita» [concepto tan cubano] un arte».

El haber sido vicepresidente de la AHS provincial también aportó a Pedro Franco una experiencia de orden organizativa y de producción que le ayudó a ver el fenómeno cultural desde otras perspectivas. Cuando en 2015 se estrena CCPC (Cuban Coffee by Portazo´s Cooperative), el espectáculo es ya un resultado sólido en esa dirección, que no solo rescataba los dispositivos del teatro bufo, el cabaret político y la comedia nacional, la revisión histórica de nuestros conflictos y modos de des/dramatizarlos a través del prisma del diálogo con la administración Obama, sino que además expone a modo de rejuego crítico esas relaciones con la institución y la cultura oficial en términos de desafío y demanda en pos de mayores flexibilidades.

Pedro Franco, foto de Racso Morejón
Pedro Franco / Foto: Racso Morejón

En esa línea el colectivo avanza, gana premios y elogios de la crítica especializada, y se convierte en un fenómeno abrazado por el público: —«Lo que hicimos fue profundizar en el análisis de las políticas públicas cubanas, y de ahí intentamos empujar los bordes».

Con ese impulso, tras un nuevo congreso de la AHS, El Portazo consigue la profesionalización de su núcleo. «Dinamitar la estructura de la institución desde adentro», fue la estrategia del colectivo, lo cual por supuesto generó reacciones adversas, desconfianza y suspicacia:

 «Intentamos movernos en un margen de lo que nosotros llamábamos alegalidad, donde asumíamos que lo que no estaba prohibido pues estaba permitido, y tuvimos que hacer diálogos y alianzas, amparados por esa poética de denuncia que fuimos introduciendo en todos nuestros espectáculos».

La procuración de esos acuerdos y financiamientos, que incluían ofertas gastronómicas, no siempre era comprendida gratamente por la institución, pero el núcleo de jóvenes creadores creció en esa voluntad aprovechando los propios márgenes desaprovechados de esos mecanismos oficiales, explorándolas en beneficio de una producción artística, más allá de la idea satanizada que muchos aún padecen de la noción de un mercado cultural.

Perséfone Teatro: «los discursos han perdido sentido»

En otro cardinal de lo que podría ser, en efecto, una poética de la denuncia, trabaja Adonis Milán, líder de Perséfone Teatro, fundado en 2015, pero en este caso su trabajo está ligado al activismo político de modo más abierto. Tras su paso por la actuación, se acerca a la gran actriz y directora Berta Martínez, asistiendo a sus charlas y proceso de creación, para un montaje a partir de Madre Coraje que nunca se materializa.

La influencia de Berta Martínez fue un impulso esencial en su búsqueda de una escena ambiciosa que ha defendido, a la par que se despliega un trabajo de cuestionamiento de índole política, lo cual lo llevó a tener que salir de Cuba por nueve meses, tras los sucesos del 11 de julio de 2021. Hoy, de regreso a La Habana, sigue haciendo teatro, con lo cual reanuda el empeño con el que antes de su breve exilio había estrenado Ricardo II, de Shakespeare.

«Yo no me propongo llegar al teatro independiente, sino que fue algo que fue surgiendo como única alternativa al no poder conseguir el confort, las posibilidades que ofrece la institución» aclara Milán.

Adonis Milán, foto de Ismario Rodríguez
Adonis Milán / Foto: Ismario Rodríguez

Tras vincularse a la Asociación Hermanos Saíz, que le da un espacio en su sede de La Madriguera, estrena obras como El árbol de los gatos, de Elaine Vilar, y Máquina Hamlet, del gran autor alemán Heiner Müller. Pero este espectáculo provoca su salida de la AHS. «Yo estuve muy vinculado a grupos de disidencia política en Cuba, y eso trajo que la única brecha que había para los jóvenes artistas que es la AHS, me cerrara las puertas por completo».

Así como advierte que su llegada a la dirección ha tenido muchos tropiezos, también añade: «Yo he encontrado el camino, con los aciertos y muchos desaciertos que he recorrido como un director joven de 29 años. Cuando estaba aún en la AHS, hacía un teatro que responde más a los patrones de lo que se hace en Cuba, un teatro como de catarsis, más de discurso, de confrontación política pasada por un tinte de ingenuidad. Al decidir hacer teatro independiente tras mi paso por el activismo, recordé mucho a Berta Martínez, al teatro de repertorio. Volver a hacer un teatro de personajes, un homenaje a todo el teatro que se había de alguna manera diluido a través de los años. Yo comprendí la gran pasión que sentía esa mujer por el teatro, desde esa visión artesanal, de buenos textos, grandes personajes, escenografía, vestuario, y yo en los últimos años he intentado optar por ese teatro».

A contrapelo de recelos, presiones, y organizando sus producciones fuera del amparo institucional, Milán ha representado dramas de O´Neill, Tennessee Williams y Shakespeare. «Yo vi mucho teatro en Cuba y llegó un momento en el que ya no me sentí identificado con ningún discurso o ninguna estética en particular. Yo necesitaba hablar de mí, y qué manera tan maravillosa ha sido despertar estas metáforas que hay en estos grandes textos».

Su Ricardo II, es el empeño sin dudas más ambicioso, y se presentaba en un local de la calle Reina al que había que acudir como quien conoce una contraseña, en una maniobra en cierto modo clandestina. La puesta, protagonizada por el joven Daniel Triana, también reconocido por su activismo y cercanía al movimiento del 27N, sorprende por el manejo cuidadoso de un texto tan complejo, y sus aspiraciones estéticas que sacan partido del local, una suerte de bar abandonado, donde se exponía este «alarido teatral, este rito de aquelarre oscuro que es Perséfone Teatro».

«Ahora mismo tal vez los discursos han perdido sentido. Los discursos a favor, los discursos en contra, los discursos incluso de estar al margen, los del anarquista que está contra todo, han perdido caché. Las palabras han perdido sentido, pero lo que nunca ha perdido sentido en el teatro han sido las buenas historias, los personajes que se conectan con los espectadores, como seres reales donde los actores se encuentran a sí mismos».

El reclamo de una relación más visceral entre público y escena, es uno de los impulsos de Perséfone Teatro, en lo que ha dejado su huella el activismo político que el director asume en su propia vida. «Yo no creo en un teatro que propone soluciones, yo creo en un teatro que propone experiencias», sostiene Milán, optando por una escena que golpee a sus espectadores, que los despierte ante aquello que ya no advierten en la realidad, como una sacudida que los estremezca ante todos los horrores.

Para sostener su proyecto, Adonis Milán reconoce que su solución ha sido el mecenazgo, gracias a personas que desde fuera de Cuba lo apoyan, o mediante mecanismos como el crowdfounding. Ya sea por cercanía a la sensibilidad política de su activismo o por el mero deseo de apoyar una nueva experiencia teatral, esos recursos han permitido la presentación de sus espectáculos aun dentro de muchas limitaciones.

«Es un teatro de precariedad porque incluso cuando hay dinero para la producción, el dinero se acaba y ahí se terminan las funciones. Los actores reciben salarios simbólicos. Yo creo que soy el más independiente de los independientes, porque mi signo sería que yo, como director censurado, hiciera obras sin nada, más de panfleto político y discurso contra el régimen, y no: me interesa revivir las grandes historias, los buenos textos, y todo eso requiere producción».

Ricardo II, montaje de Perséfone Teatro
Ricardo II, montaje de Perséfone Teatro

Persistencia, constancia y resistencia, afirma Milán, han sido sus puntos esenciales de crecimiento. «Vivir una experiencia y que los actores vivan esa experiencia, un poco trastornada, donde rompamos cosas y nos arrojemos a ese pozo que es el texto que vamos explorando, pero no en el papel, sino en nosotros mismos. Y después hacer vivir eso a los espectadores, desde sus entrañas».

Preocupado además por presentar una digna factura teatral, en su acabado y dirección de arte, Adonis Milán está de vuelta a Cuba y, además de mantener su trabajo teatral también en las redes, recién culminó una temporada de la obra El montaplatos de Harold Pinter, uno de sus caballos de batalla. La salida forzosa, la estancia en España, el retorno y desde ahí recomenzar su labor escénica, son parte de un gesto que ya es su estética, su modo de sentirse, dentro y más allá del escenario, también independiente.

María Laura Germán: «Hay que comer para crear»

Abrir terreno a esas otras posibilidades, acudir incluso a espacios no convencionales para levantar un nuevo proyecto, es el reclamo de no pocos artistas jóvenes. Entre ellos, en Matanzas, está María Laura Germán, actriz, dramaturga y directora, que amén de su relación directa con Teatro de las Estaciones y El Portazo, acaba de estrenar su primera pieza como responsable general del montaje. El propio título de ese espectáculo, realizado con un equipo femenino, es un reclamo: I want. Y ese «yo quiero», es una declaración de fe que la puesta en escena resuelve desde lo confesional y el minucioso y preciosista acabado artesanal del empeño, que se presenta en el domicilio de amigos y amigas, y que ya ha sobrepasado las 50 representaciones.

De este montaje, apunté en una reseña publicada a inicios de este año: «Concebido para no más de doce o quince espectadores, es una propuesta que además se promociona por sí misma aprovechando los canales de la tecnología móvil y pensando en su propia economía de sobrevivencia, saliendo de los teatros y la convención de tal espacio para poder desplazarse en pos de un nuevo público. Hablar con las/los espectadores una vez terminada la función, revelarles los secretos de la puesta es una invitación sobre todo a fundamentar un espacio de diálogo, de acogida para esas personas que a través de las evocaciones de Pippa Medias Largas o de la Dorothy a la que un tornado se llevó al mundo de Oz pueden encontrar una casa propia donde compartir deseos y voluntades en el espectáculo, como quien imagina una comunidad donde nuevas preguntas y palabras tal vez sean posibles».

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I Want, foto del espectáculo / Foto: Sergio Jesus Martínez

Su directora me comenta acerca de la génesis de I want: «Siempre me atrajo la idea de teatro en casa. Eso fue lo primero. No tenía idea de qué sería, pero cada una de las cosas que imaginaba eran fuera del espacio convencional. Me atrae profundamente la invasión de espacios, o la traslación de la puesta teatral hacia otros sitios donde pueda convertirse más en una experiencia teatral. A la hora de hacer palpable un proyecto de teatro independiente, hay que buscar factores que vayan construyendo camino a la par que uno va descubriendo sus propios pasos; y una casa es siempre más posible que invadir otro tipo de instalaciones, por ejemplo».

Sacando partido de sus años de experiencia en el teatro dramático y de figuras, la radio, la televisión, María Laura Germán ha concebido su primera puesta como un pequeño manifiesto generacional, lo cual incluye las nociones de producción que también marcan estos tiempos, y eso es lo que defiende su proyecto, nombrado I Want Teatro: «Me es raro que en un país tan independentista, la palabra “independiente” sea tan mal vista. Con I Want Teatro quiero hallar esa forma en que el teatro pueda construirse desde las mismas ganancias que pueda generar. Estos primeros pasos donde se implica al público en la colaboración con la producción de una nueva obra, a partir de donaciones o de compras de souvenirs, no solo estimulan al espectador sobre el proceso de creación, sino que fortalecen la idea de que no es complejo apoyar el arte independiente. También creo que la autogestión despaternaliza, y por tanto, afinca obligatoriamente las simientes de un proyecto. Cuando tú eres el responsable de ganar y administrar tus ganancias, entonces el enfoque tiene que ser extremadamente certero».

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María Laura Germán / Foto: Racso Morejón

«Esta primera producción salió de nuestros bolsillos. Un amigo pintor que fue nuestro sponsor más fuerte para arrancar con la producción, y lo demás a pecho. Todavía mis actrices no cobran, y gastaron dinero de sus viajes para comprar entre las tres el micrófono, los zapatos… Tampoco yo», afirma la novel directora. «Escribo como una demente para invertir en teatro. Las luces me las hicieron amigos. Estos son los inicios. Pero sé (sabemos) que no es una experiencia sostenible. Porque no siempre tendremos fuerza para hacer teatro por amor al arte. Hay que comer para crear. Por eso estamos en busca de estrategias, investigando, pidiendo porque alguna vez se piense en la personalidad jurídica del artista independiente, y que eso nos ayude a transitar el camino de la autogestión». Y concluye: «I Want Teatro es un cúmulo de mis escuelas; un resultado en pequeño formato, donde el público pueda percibir que el arte también vale y cuesta dinero, tanto o más que un concierto de reguetón».

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Integrado a la cartelera oficial del reciente Festival de Teatro de La Habana, I want confirma la necesidad de abrir espacios a esas voluntades y demandas de un cambio no solo estético, sino capaces de resintonizar a nuestra escena con el tiempo que vivimos, duro y cambiante, y para el cual deben renovarse estructuras, plataformas y modos de pensamiento.

Este es un repaso breve e intenso acerca de algunas modalidades de un posible teatro independiente en nuestro país. ¿Independiente, abierto a tomar de la institución lo que necesite para desde ahí proyectarlo en otro orden de libertades y desafíos? Es una cuestión que espero me guíe a abordajes mucho más amplios, que cubran un mosaico mayor de lo que aquí se avizora. Para cerrar, acudo a las palabras de Pedro Franco, y su manera de responder a mis cuestionamientos sobre este asunto.

Nada como despedirse (por ahora) de un asunto tan complejo, con otras preguntas y otras provocaciones:

«¿Teatro independiente cubano? A mi juicio, es la solución del teatro cubano. Pero yo creo que la verdadera independencia estaría en la libertad del creador de poder combinar las herramientas que tiene a su disposición. Yo creo que el Estado debería acompañar al teatro cubano en un viaje hacia su independencia, a su autonomía, hacia su autogestión, pero no privándolo de los beneficios que tiene, sino permitiéndole a partir de ellos diversificar sus fuentes de producción. Yo nunca abogaría por una suspensión del encargo estatal que tiene el gobierno con el arte y con el teatro en particular. Sí creo que debe expandirse y diversificarse todo lo que hay, y eso debería tener mayores asesorías legales, mayor conocimiento administrativo. Lo que pasa es el que el techo es muy bajo, los límites están llenos de suspicacias, debe haber mayor comunicación de la institución a la hora de hablar con los artistas, no hay una regulación clara de cómo debe ser esta comunicación, y la política cultural sigue siendo un ente abstracto, conformado por una serie de normas y regulaciones que la mayoría de las veces se contradicen y no tienen verdaderos indicadores para medir su eficacia. Yo abogaría por que se le dé libertad al creador para que pueda combinar, a partir de sus habilidades y sus capacidades la subvención estatal con otras maneras de poder producir el arte».

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¿Por qué lo hizo Yarelis? Esto no es otra historia de amor 

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Yarelis Cuba
Imagen: Félix M. Azcuy

Tu sabes que yo te amo y te quiero, Yarelis. 

¿Por qué no podemos ser felices, Yarelis? 

Dame una última oportunidad. 

Tengo los ojos marchitos de llorar todo el día, Yarelis. 

Yarelis vamos a hacer una vida juntos. 

Errores cometemos todos, Yarelis. 

Ese arañazo, fue jugando. 

No me pude contener, Yarelis. 

No tenía que haberte dado el gaznatón.

Pero Yarelis, tú me diste primero.

Volviste a lastimar a mi familia. 

Si tú no hablas conmigo o no me llamas, voy a buscarte, Yarelis. 

Yarelis, me estoy volviendo loco … 

 

Antes de empezar quisiera que nos sentáramos a pensar un segundo ¿Cuántas veces hemos sido testigos, directos o indirectos, de claros actos de violencia de género? ¿Cuántas mujeres y cuerpos feminizados conocemos que han sido víctimas de la agresión machista dentro y fuera del hogar? ¿Cuántas veces, en el plano individual y colectivo, hemos hecho algo para salvaguardar su integridad física y moral? 

¿Por qué aún disfrazamos la violencia machista como un trágico relato de amor?

Yarelis Lugo conoció a Lázaro Pérez luego de separarse de su entonces esposo Raciel González, con quien llevaba poco más de una década de matrimonio. 

El noviazgo fue intenso y corto; duró nueve días para ser exactos. Durante ese tiempo Lázaro demostró que su forma de «amar», venía acompañada de una furia chovinista. La golpeaba. Era «celoso, posesivo y obsesivo», como describiría más tarde Yarelis. «Mentalmente no está bien». El acoso continuó, incluso después de que ella decidiera poner punto final a la relación. Preocupada por su vida y en búsqueda de contención, decidió regresar con Raciel. 

Al no responder las llamadas y mensajes, Lázaro acudió a las redes sociales. El artemiseño publicó decenas de fotos de los «buenos momentos» que pasaron juntos y videos donde la culpaba a ella de la ruptura. «¿Por qué lo hiciste, Yarelis?», preguntaba el presunto desconsolado. 

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De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), se calcula que en todo el mundo, un aproximado de 736 millones de mujeres —una de cada tres— han sido víctimas de violencia física o sexual al menos una vez en su vida. Más de 640 millones (26%) han sido objeto de violencia por parte de parejas actuales o anteriores. 

Recientemente, durante el VII Pleno del Comité Central del Partido Comunista se notificó que en la Isla cerca de 9.579 familias conviven en situaciones de violencia, con una afectación directa a 16.116 mujeres y niñas. De este grupo, 60% son negras y mulatas, menores de 35 años y con promedio de escolaridad de noveno grado. Una gran parte también se encuentran desvinculadas del trabajo o son amas de casa.

La ONU define las violencias de género como «la serie de actos dirigidos contra una persona o un grupo en razón de su género». Su origen parte de la desigualdad estructural y el abuso de poder existentes en las sociedades patriarcales que colocan a las mujeres —cis y trans—, a las sexodisidencias y otros sujetos históricamente marginalizados dentro del sistema de género, en situación de riesgo. 

violencia de genero
Imagen: ONU

«Las pautas culturales, tradiciones y costumbres están muy arraigadas en la sociedad y son mecanismos que transmiten el sistema de valores que subordina a las mujeres. El sometimiento y las actitudes violentas hacia las mujeres son naturalizadas al punto que tanto las mujeres como toda la sociedad las consideran “normales” y no como lo que son: un delito y una violación a los derechos humanos de las mujeres», señala la comunicadora y feminista argentina Gisela Grunin. 

No existe una única forma de violencia de género. Esta asume diferentes características y prácticas en función del área afectada y el ámbito en el que se desarrollen. Puede ser doméstica, intrafamiliar, laboral, económica, psicológica, sexual, política, obstétrica, vicaria, simbólica hasta llegar al femicidio o feminicidio. Ninguna excluyente de la otra; por el contrario, se pueden dar de forma simultánea. El feminicidio o femicidio es la expresión más llamativa y extrema de la violencia contra las mujeres. Y es el propio hogar el espacio donde más peligra la vida de las mujeres.  

¿Los motivos? El peso que el patriarcado le otorga y legitima a los varones cis por encima de las demás sujetos sociales. Un «derecho» acompañado con la posibilidad de hacer suyo, a través de la violencia, el tiempo, el cuerpo y las vidas de los otros. 

El maltrato de Lázaro no se limitó al plano físico —el golpe en el ojo y otros más que pudieron haber acontecido— sino que continuó en el ciberespacio (ciberacoso), con la persecución y deslegitimación de la figura de Yarelis, y la de sus familiares y seres queridos, algo que él mismo confirmó en sus múltiples «declaraciones de amor» en Facebook. A ello habría que sumarle secuelas de un posible daño psicológico, un dato no menor. 

Esto no se produce de un día para otro. Las formas de las violencias de género son insidiosas. La psicóloga estadounidense Leonore Walker, en su libro de 1979 The Battered Woman (La mujer maltratada), habla de un «ciclo de violencia». Primero encontramos la llamada «fase de luna de miel», muy asociada con el tradicional y arcaico modelo del amor romántico, cuando el agresor, es un sujeto seductor y atento. «Tu sabes que yo te amo Yarelis (…) vamos a hacer una vida juntos»

Luego, van a apareciendo ciertas señales. Se acumulan los episodios de burla, humillación y celos. La ira va in crescendo. Aunque las sobrevivientes intentan justificar lo sucedido, se empieza a caer a pedazos la idea del hombre enamorado. Walker nombra esto como la «fase de tensión», la antesala de la etapa de explosión o agresión, o sea, el desate de la violencia física o sexual. «Ese arañazo fue jugando (…) no me pude contener Yarelis». 

Pero, como todo ciclo, se regresa a los inicios: la luna de miel. Súplicas de perdón y arrepentimiento. Él promete que las cosas van a cambiar, que no volverá a suceder. «Errores cometemos todos, Yarelis». 

Con el tiempo estos ciclos se van acortando y las prácticas son cada vez más violentas. Son menores los periodos de calma y mayores los periodos de tensión y explosión. 

Ciclo de la violencia
Ciclo de la violencia / Imagen: Consultorio Psicológico PsicoEmotiona

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«Nosotros los hombres siempre nos hemos caracterizado por ser amorosos. Ustedes las mujeres que son unas tóxicas», afirmó durante un programa del 1 de diciembre Alain Paparazzi Cubano. «Un hermano de nosotros [Lázaro] ha perdido el amor y ella [Yarelis] se está haciendo la dura».

Yarelis no quería ser encontrada por su agresor. Bloqueó a Lázaro de todos los canales, dejó de responder llamadas y mensajes. Pero el deseo de aumentar likes y el tráfico de influencer, al parecer, fue más fuerte. Y la curiosidad mórbida de usuarios en redes sociales, también. «Me han hecho viral sin yo pedirlo, ni quererlo», indicó ella en un video donde la llevaron a prestar declaraciones. 

Yarelis se convirtió en titular de medios y el trasfondo de chistes misóginos. «Lo del ojo fue solo una basurita que te cayó a 100 kilómetros por hora», escriben en Facebook 

La revictimización también es parte de la violencia de género. Sostener el foco sobre las sobrevivientes —dónde estaban, qué hacían, cómo se comportaban— en lugar de las acciones violentas de quienes la ejercieron, nos hace cómplices. Y sabemos bien que las violencias no se producen solas. Lo vemos una y otra vez, cuando se culpa a los cuerpos feminizados, cuando las estructuras sociales y entes individuales niegan los testimonios aportados, o simplemente cuando se deslegitima una voz, por no cumplir el modelo ideal, cuasi platónico, de lo que debería ser una víctima. 

La víctima perfecta no existe. Si algo nos teníamos que haber llevado del caso de Johnny Depp y Amber Heard, es eso. También sucedió con Dianelys Alfonso —mejor conocida como La Diosa de Cuba— luego de que se hiciera público el historial de golpizas y las violaciones que sufriera a manos del ahora fallecido Jorge Luis «El Tosco» Cortés. Hasta el día de su muerte «El Tosco» continuó siendo un baluarte de la música nacional y Dianelys, una difamadora. Amber, una mentirosa; Johnny, una estrella de Hollywood. En ninguno de los casos ganó la verdad. 

Una víctima de violencia de género puede exhibir comportamientos agresivos y seguir siendo la víctima en una relación. Es poco realista esperar que ostenten un estado de perfecta salud mental, que estén siempre ecuánimes y tranquilas, sobre todo cuando una de las estrategias más utilizadas por quienes agreden es restarle credibilidad a sus sobrevivientes. Presentarlas como locas, violentas. 

«No tenía que haberte dado el gaznatón (…) pero Yarelis, tú me diste primero». 

A esta estrategia se le conoce como DARVO, siglas que en inglés responden a deny, attack, and reverse victim and offender (niega, ataca e invierte los papeles de víctima y agresor). El término fue acuñado en 1997 por la psicóloga y profesora de la universidad de Oregón Jennifer J. Freyd. Es una conducta a la que recurren abusadores a la hora de ser confrontados. Busca evitar o mitigar las consecuencias de sus acciones y, con ello, sembrar dudas sobre la víctima y su credibilidad. Yarelis hizo todo esto porque solo quería un teléfono… ¿no? Pregunta irónica. 

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La violencia de género no es materia prima para chistes; no es subtrama de telenovela popular llevada a Facebook; no es asunto entre «marido y mujer» (el famoso «no te metas»). No es tampoco —como indicaron usuarios en redes— «algo» para distraernos de los problemas que existen en el país porque, a fin de cuentas, sea un problema de unos pocos. Sino que es un problema que nos afecta a todos, una violación de los derechos humanos y por lo tanto, una cuestión de Estado y de sociedad.

Seamos claros y concisos: la violencia de género en Cuba es real y tangible. Como parte del VII Pleno del PCC, la Fiscal General de la República, Yamila Peña Ojeda, indicó que, al cierre de octubre de 2023, se reportan 117 hechos por «muerte violenta de mujeres». Con provincias como Matanzas, La Habana, Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo acumulando la mayor cantidad de casos. El Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT) y la plataforma Yo Sí Te Creo en Cuba (YSTCC) —subregistros independientes— habían verificado, por su parte, 80 víctimas fatales. 

Datos de publicados por el Mapa Latinoamericano de Feminicidios (MLF) indican que en 2023 Cuba fue el país de América Latina con mayor aumento de feminicidios —en relación al 2022— con un crecimiento del 150% en el primer semestre. La falta de transparencia que ha caracterizado a  instituciones no permite saber con exactitud si el incremento de casos se debe a un aumento real o a una mayor observancia de un problema que ya existía con similar gravedad —solo a partir del año pasado existe un conteo público de los femi(ni)cidios por parte del Estado—. Este panorama crítico ha llevado a que, por tercer año consecutivo, organizaciones de la sociedad civil independientes desplegaran un llamado al Gobierno para declarar «estado de emergencia por violencia machista».

Feminicidios en América Latina y el Caribe en el primer semestre de 2023
Feminicidios en América Latina y el Caribe en el primer semestre de 2023 / Foto: MLF

El Artículo 43 de la actual Carta Magna establece la obligación del Estado de «proteger a las mujeres de la violencia de género y crear los mecanismos institucionales y legales para ello». Cuba también es firmante de la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer. Pero ¿cómo se traduce esto en medidas concretas? Repasemos lo que ha sucedido en los últimos años. 

En junio de 2021 el Consejo de Ministros aprobó la llamada «Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y la violencia en el escenario familiar», un proyecto en coordinación con el llamado «Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres».

Un año más tarde —diciembre de 2022— entraría en vigor el Código Penal que, en comparación con su antecesor, recogería varias modificaciones relacionadas con la violencia de género. La categoría quedó incluida como agravante en la descripción de delitos relacionados con el acoso laboral, asesinato, lesiones, amenazas, coacción, violación de domicilio, agresión sexual, acoso y ultraje sexual, hurto, extorsión, chantaje, usurpación, estafa y daños. 

En junio de 2023, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) presentó el Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género (OCIG). El objetivo, según explicaron, era recoger «indicadores relacionados con la situación y posición de mujeres y hombres en la sociedad cubana». La plataforma, sin embargo, levantó serios cuestionamientos por parte de los feminismos independientes y las sexodisidencias en la Isla. De acuerdo con el OCIG, en 2022 solo hubo 19 asesinatos por razón de género. Casi la mitad de los casos verificados por observatorios independientes ese mismo año. 

Las cifras presentadas son escasas. El registro oficial solo tiene en cuenta los asesinatos cometidos por parejas o exparejas y los casos con sentencias firmes; sin considerar los procesos judicial inconclusos o aquellos en los que no hubo proceso alguno por suicidio del victimario. Y, una vez más, quedaron excluidas las categorías «femicidio» y «feminicidio», términos evadidos sistemáticamente por el Gobierno. 

El alarmante número de asesinatos por cuestión de género en el país ha demostrado que los esfuerzos institucionales han sido insuficientes y más que nunca urge la  creación y ejecución de una Ley Integral Contra la Violencia de Género. En 2019 un grupo de 40 mujeres cubanas presentaron a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP)  una solicitud de Ley Integral contra la Violencia de Género. El documento, que recogió más de 900 firmas de apoyo en su momento, solicitaba la puesta en práctica de un sistema de prevención y atención que garantizara el acceso a la justicia y preservara las vidas de las mujeres, así como la sinergia entre organismos del Estado —fuerzas policiales y operadores de derecho— para combatir la misoginia estructural y evitar la revictimización durante el ejercicio de sus funciones.

El documento también destacaba la necesidad de habilitar refugios para las víctimas y, si fuera el caso, sus hijos e hijas, una acción que desde hace casi 30 años las Naciones Unidas (Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, 1995) viene instando a los gobiernos a incorporar en sus políticas públicas. Los llamados «centros de acogida» son esenciales para afrontar la escalada de violencia: ofrecen servicios de ayuda psicológica, asesoramiento legal, transporte y colaboración para la vida. 

Sin embargo, la solicitud fue desestimada y una posible Ley Integral contra la Violencia de Género quedó fuera del cronograma legislativo previsto para el periodo de 2023-2028. 

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Habría que cuestionarse si sobrevivientes como Yarelis podían haberse visto beneficiadas por este grupo de propuestas,que comprendía un lugar seguro a dónde acudir tras haber sido violentada, un lugar donde sentirse resguardada y contenida, acompañada por especialistas y con el debido asesoramiento jurídico y psicológico. Capaz no hubiera tenido que verse obligada a «regresar a los brazos» de su exesposo como mecanismo de protección. Capaz… 

En cualquier caso, es importante conocer cuáles son los mecanismos administrativos para la ayuda a sobrevivientes. 

El primer paso, según aconseja Yo Sí Te Creo en Cuba, es siempre acudir a la Unidad de la Policía más cercana al domicilio o al lugar donde ocurrió el hecho —de ser posible, ir acompañada— y solicitar ser atendida por el Oficial de Guardia. Al momento de presentar la denuncia, hacer énfasis en la necesidad de protección y en la situación de peligro. En caso de que el oficial se niegue a colaborar, exigir ser atendida por el jefe inmediato superior o el Jefe de la Unidad. 

Si no se adoptaron medidas inmediatas o restricciones para alejar al agresor, es posible presentar una queja (verbal o escrita) ante la Fiscalía Municipal correspondiente. La Fiscalía está obligada a actuar de inmediato instando a la Policía a rectificar su comportamiento. Además, debe tramitar la queja y ofrecer una respuesta en el término de 30 días hábiles.

En caso de lesiones, acudir al centro de salud más cercano. Ahí los especialistas emitirán un certificado donde se describan los traumatismos. El examen médico es necesario aún cuando las lesiones no sean del todo visibles.

«No es competencia de la Policía dictaminar si hay lesiones, ni si son graves o leves, visibles o no visibles», señala la plataforma. 

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¿Es entonces, o no, la historia de Yarelis y Lázaro una historia de amor? La respuesta es no. Claramente, no. Y no debe ser tratada como tal. Más allá de las insuficiencias por parte del poder estatal, nosotros como sociedad tenemos que despertar. Es urgente y hay poco tiempo. No podemos ser cómplices y multiplicar la violencia a través de titulares sesgados, memes y videos de ridiculización. Si no, ¿cómo pretendemos romper este ciclo? 

Tenemos la responsabilidad, más cuando somos testigos, de respetar la identidad de las sobrevivientes y no dudar de sus testimonios, así como evitar, bajo cualquier forma, la justificación del acto violento en sí. 

Todo esto y más… se lo dejamos debiendo a Yarelis y a las muchas otras que pueden estar hoy mismo en peligro mientras miramos para otro lado. 

 

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Los presidentes demócratas y el conflicto con Cuba: Barack Obama vs Joseph Biden

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Biden vs Obama / caricatura
Imagen: Félix M. Azcuy

El 17 de marzo de 1960 el presidente republicano Dwight D. Eisenhower aprobó formalmente el «Plan de Acciones Encubiertas para Derrocar al Régimen de Castro en Cuba», presentado al Consejo Nacional de Seguridad por la Agencia Central de Inteligencia a nombre del altamente secreto Comité 5412. Desde entonces, los mandatarios procedentes de ese partido (Richard Nixon, Gerald Ford, Ronald Reagan, George W. H. Bush Sr., George H. Bush Jr. y Donald Trump) se han guiado por el espíritu de aquel documento: «Verbigracia, con el gobierno de Cuba no puede haber negociaciones de ningún tipo. Por el contrario, se deben aplicar todas las medidas coercitivas disponibles para provocar el “cambio de régimen”». O sea, una «guerra fría» pura y dura.

En 1989, cuando casi llegaba a su fin el proceso histórico convencionalmente designado como «Guerra Fría», un secretario de Estado, también republicano, James Baker, lo ratificó de forma inequívoca al responder a una propuesta confidencial del secretario de Estado Adjunto para Asuntos Africanos, Chester Crocker, quien después de asistir como observador a las conversaciones entre Angola, Cuba y Sudáfrica que trajeron la paz a África Sudoccidental, había propuesto negociar el fin del conflicto con el gobierno cubano.

«Con el gobierno cubano no negociaremos nada que lo legitime o lo beneficie, a no ser que haya un asunto de seguridad nacional que así lo requiera», afirmó Baker entonces en un memorándum enviado a todos los altos funcionarios del Departamento, incluso a los embajadores en países del hemisferio occidental.

Los presidentes demócratas y el conflicto con Cuba: 1961-2009

Con los demócratas las cosas han ocurrido de otra manera. El sucesor de Eisenhower en la Casa Blanca, John F. Kennedy, aceptó la herencia de Eisenhower y sufrió un estrepitoso fracaso por hacerlo en las arenas de bahía de Cochinos (Playa Girón para nosotros los cubanos).

Además, como se diría en el argot popular, «subió la parada» estableciendo sanciones económicas, comerciales y financieras contra Cuba en febrero de 1962 e, incluso, ordenando a los servicios de Inteligencia norteamericanos organizar atentados contra Fidel Castro. En respuesta a la derrota en bahía de Cochinos, el 30 de noviembre de 1961 aprobó el «Plan Mangosta», un conjunto de acciones violentas, muchas de ellas terroristas, dentro del territorio insular, que tenían por objetivo provocar una situación que llevara a la invasión en octubre de 1962.

La implacable hostilidad de Kennedy provocó la Crisis de Octubre del propio 1962. Pero según establecen documentos y memorias de la época, esa experiencia aleccionadora lo llevó a buscar un acercamiento al gobierno cubano en 1963, que no fructificó debido a su asesinato en noviembre de ese mismo año.

Lyndon Johnson (1963-1968) no modificó la política de «cambio de régimen» pero debió atemperarse a los acuerdos Kennedy-Jruschov de abstenerse de invadir a Cuba. La guerra de Vietnam le complicó sobremanera su política exterior.

Después de un fallido intento de arreglo en 1975, alentado por Henry Kissinger, el Asesor Nacional de Seguridad y secretario de Estado del mandatario republicano Gerald Ford (sucesor de Nixon en 1974), no fue sino hasta 1977, ya bajo la presidencia del demócrata James Carter, cuando, como primer intento serio de «normalización», se retomó el tema de negociar con Cuba y se establecieron relaciones cuasi diplomáticas a nivel de Secciones de Intereses. El fracaso de ese proceso iniciado por Carter ha sido analizado ampliamente en la literatura histórica.

El siguiente presidente demócrata fue Bill Clinton, quien también se acomodó al legado republicano de «cambio de régimen» por acciones coercitivas, aunque en privado confesó que le parecía una política equivocada. A tono con esto último, tomó algunas medidas para flexibilizar los viajes a la Isla y el envío de remesas. Incluso se atrevió a nominar para dirigir la política hacia América Latina y el Caribe en el Departamento de Estado a Mario Baeza, un abogado afrodescendiente cubanoamericano que había visitado La Habana y se había reunido con Fidel Castro. Este último intento fracasó.

Bill Clinton junto a al escritor Gabriel García Márquez
Bill Clinton junto a al escritor Gabriel García Márquez,

Clinton, por maniobras electoreras en 1992, provocó la firma de la Ley Torricelli, la primera que codificó las medidas coercitivas unilaterales contra Cuba, y aprobó la Ley Helms Burton de 1996, a pesar de que en privado estuvo negociando con Fidel Castro una avenencia que evitara la tragedia del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, que sirvió de excusa para su adopción. No obstante, tomó dos medidas justas e inteligentes: negoció los Acuerdos Migratorios de 1994 y 1995 y su administración actuó dentro de los marcos de la ley para devolver a Elián González a su padre en el 2000, ambas iniciativas en directa confrontación con el entonces poderoso lobby cubano-americano encabezado por la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA).

Deshielo con Obama

Barack Obama (2009-2017), a diferencia de sus predecesores y de sus sucesores, fue consciente de dos factores que marcan las relaciones internacionales contemporáneas: el poderío norteamericano tiene límites, por lo cual es preferible usar lo que Joseph Nye ha llamado «Smart Power», e históricamente no siempre Estados Unidos ha estado del lado de lo «moralmente correcto».

Por eso, Obama fue partidario de poner en primer plano una táctica nueva: negociar con los enemigos, incluido el gobierno cubano. Durante su administración se manifestó como «un diplomático entusiasta y un guerrero reticente», según argumentó Mark Landler, el corresponsal del New York Times en la Casa Blanca, en un libro sobre Hillary Clinton y Barack Obama.  No era ni es la actitud típica de los mandatarios norteamericanos, que tendieron a subscribir la «guerra fría» como artículo de fe, modelo e instrumento ideológico contra los enemigos percibidos.

Entre 2009 y 2014 el presidente Obama en varias ocasiones señaló que la «guerra fría» contra Cuba había sido un fracaso y no era lo mejor para los intereses de su país. Argumentó además que se trataba de una política establecida antes de su nacimiento, por lo que era recomendable actualizarla. Entre esas dos fechas ocurrió un paulatino deshielo que sentó las bases de la negociación secreta iniciada a principios del 2013 que fructificaría en los acuerdos del 17 de diciembre del 2014.

Obama le propuso a Raúl Castro una relación distinta: un proceso de normalización que comenzaría con el restablecimiento inmediato de relaciones diplomáticas y la reapertura de embajadas en las capitales respectivas y la firma de acuerdos de cooperación formales en todos aquellos asuntos en que ambos países tenían intereses comunes. Algo que ayudó considerablemente al proceso de normalización fue sacar a Cuba de la llamada «lista de Estados promotores del terrorismo».

Raúl Castro junto a Barack Obama
Raúl Castro junto a Barack Obama / Foto: BBC

El proceso de normalización acordado por los presidentes Castro y Obama tuvo muy poca duración, apenas 25 meses. Por tanto, resulta sumamente difícil evaluarlo.

Aunque el mandatario demócrata no podía levantar incondicionalmente las medidas coercitivas unilaterales impuestas desde 1962, su administración comenzó a emitir licencias que expandieron los vínculos económicos, sobre todo en el terreno de viajes no turísticos.

Otro aspecto significativo del modelo de normalización fue la firma de 22 acuerdos de cooperación o memorandos de entendimiento (Memorandums of Understanding en inglés-MOUs) sobre temas tan disímiles como inmigración o protección de especies marinas. En el marco de estos se crearon 22 grupos de trabajo que comenzaron a reunirse dos veces al año para trazar pautas y eliminar obstáculos. Se creó, asimismo, un grupo a nivel viceministerial que debía supervisar el cumplimiento de los acuerdos.

Fue particularmente significativo lo decidido en materia migratoria, un tema sobre el cual ya había acuerdos bilaterales desde 1994-1995, lo que fortaleció la decisión común de garantizar una migración ordenada y legal entre ambas naciones. El modelo de normalización incluyó la cooperación en espacios o proyectos multilaterales.

De capital importancia fue que el clima de cooperación creado entre los dos gobiernos fomentó los intercambios entre las sociedades civiles de ambos países, particularmente en el terreno de las pequeñas y medianas empresas, adicionándose a los más tradicionales en los terrenos científicos, académicos, culturales, educacionales y deportivos.

Se trataba de un proceso abierto en el cual se iría progresando sin que hubiese metas específicas o condicionamientos mutuos, y empezó a rendir frutos sobre todo para la economía cubana, no solo de manera directa ?se abrieron líneas de cruceros entre ambos países, por ejemplo?, sino indirecta: inversionistas de terceros países, deseosos de participar pero ahuyentados por las posibles sanciones, mostraron más interés por el mercado cubano.

En reiteradas ocasiones el presidente Obama negó el cambio de régimen como objetivo de su política, y así lo afirmó en su discurso desde el Gran Teatro Alicia Alonso transmitido a toda Cuba por la televisión nacional: «He dejado claro que los Estados Unidos no tiene ni la capacidad ni la intención de imponer cambios en Cuba. Los cambios que vengan dependerán del pueblo cubano. No les impondremos a ustedes nuestro sistema político o económico. Reconocemos que cada país, cada pueblo, debe trazar su propio camino y conformar su propio modelo».

Esa promesa fue repetida en la Directiva Presidencial de Política hacia Cuba del 14 de octubre del 2016 en la que hay dos párrafos clave:

Reconocemos la soberanía y autodeterminación de Cuba y damos cuenta de las áreas en las que existen diferencias. Pretendemos abordar tales diferencias por medio de la participación y el diálogo así como aumentar el entendimiento entre nuestros gobiernos y nuestros pueblos.

Nosotros no buscaremos un cambio de régimen en Cuba. Continuaremos dejando claro que Estados Unidos no puede imponer un modelo diferente en Cuba porque el futuro de Cuba depende del pueblo cubano.

Aquí vale la pena hacer una pequeña digresión. Entre los especialistas cubanos ha existido un debate sobre si Obama estaba aplicando lo que muchos hemos llamado una estrategia “a la Roberta Flack” (por su bien conocida canción “Killing Me Softly with Your Song” o “Matándome suavemente con tu canción”) o si ya con el presidente demócrata se había abandonado la idea del “cambio de régimen” como objetivo principal de la política para, en su lugar, buscar la colaboración con Cuba en temas de interés mutuo. Por cierto, hay congresistas demócratas como Jim McGovern y Barbara Lee que son decididamente partidarios de esa transformación en la política hacia Cuba. Como nunca se pudo desplegar, resulta difícil caracterizar la estrategia de Obama. Por tanto, puede ser legítima la sospecha.

Aunque en declaraciones en la Habana y Washington el presidente había reiterado que Estados Unidos no tenía ni la intención ni la posibilidad de imponerle al pueblo cubano un cambio que el propio pueblo no quisiera, hubo por esa época pronunciamientos sospechosos que apoyaban la primera hipótesis enunciada más arriba. Entre otros se pueden citar las declaraciones de su subsecretario de Estado Antony Blinken (hoy Secretario de Estado de Joe Biden), durante una visita a España en julio de 2015:

Creemos que abrir la relación es la mejor manera de alcanzar los objetivos que tenían aquellos que apoyaban el embargo. Esto permitirá al pueblo cubano, a la clase media, tener más contacto con el mundo y con EE.UU. Esto nos permitirá extender nuestros contactos en la sociedad cubana. Las medidas que estamos tomando reforzarán a la clase media de Cuba. Este es el mejor instrumento para obtener lo que todos queremos: una Cuba libre, próspera y democrática.

Sin embargo, algunos especialistas argumentan que muchas de estas declaraciones hay que tomarlas con escepticismo pues probablemente están diseñadas fundamentalmente para acallar las críticas de la derecha cubano-americana y norteamericana en general en el sentido de que se está “renunciando” la política de “cambio de régimen”, casi un canon inmutable. Quizás habría que calificar el objetivo de otra manera: “evolución gradual del régimen desde adentro”. Pero, en todo caso, se trataba de un proyecto que perseguía ir eliminando las medidas coercitivas unilaterales, uno de los principales obstáculos para la mejoría de la situación económica en la Isla.

Trump-Biden, ¿dos caras de la misma moneda?

Ya se sabe que en el interregno entre el final de la administración Obama en el 2017 y la inauguración del siguiente mandatario demócrata, Joe Biden, en el 2021, el presidente republicano Donald Trump hizo añicos el proceso de normalización e, incluso, aumentó las medidas coercitivas unilaterales de manera perversa y cruel. A las sanciones ya existentes añadió algunos pasos que ningún presidente anterior, ni siquiera republicano, se atrevió a dar:

  1. Fue el primer presidente en no suspender el uso del título III de la Ley Helms-Burton, que permite a ciudadanos norteamericanos de origen cubano a presentar demandas contra compañías de terceros países que invirtieran en lo que reclaman son propiedades que les fueron expropiadas en los años 1959-1962.
  2. Restableció a Cuba en la lista de Estados promotores del terrorismo.
  3. Le retiró la licencia otorgada a Western Union para operar en Cuba como mecanismo para el envío de remesas.
  4. Finalmente, aprovechó unos oscuros incidentes de salud que presuntamente afectaron a funcionarios diplomáticos norteamericanos para cerrar la sección consular de la embajada y reducir esta a su mínima expresión, so pretexto de que habían sido atacados con armas sónicas o acústicas.

Ese fue el legado que heredó el presidente Biden.

Durante la campaña electoral del 2020, Joe Biden prometió dar marcha atrás a las medidas coercitivas de su predecesor republicano, algunas de ellas perjudiciales para los propios ciudadanos norteamericanos de origen cubano.

Que el presidente Biden hubiera sido el vicepresidente de Barack Obama, unido a sus promesas de campaña, hacían suponer que pudiera comenzar un paulatino proceso de regreso a la normalización eliminando las medidas más onerosas de Trump, algunas de las cuales empezaron a ser revertidas muy gradualmente en el segundo trimestre del 2022.

Inicialmente la administración se escudó en dos argumentos difíciles de creer: Cuba no era una prioridad, y se estaba revisando la política.

Esas declaraciones de Washington utilizadas en la primera mitad del 2021 demostraron ser falaces. Aparentemente se pretendía echar a andar un tenue proceso de mejoría en el verano del 2021, pero se produjeron las manifestaciones de ciudadanos cubanos ante la grave crisis del país y su represión por el gobierno. Ello hizo imposible políticamente a la administración norteña hacer nada positivo, so pena de ser acusada de hacer concesiones al gobierno de la Isla. El propio Biden contribuyó a ello con la intempestiva declaración de que «Cuba era un Estado fallido».

Es complicado deducir cuáles fueron los motivos de esa posición inicial que le ha amarrado las manos a su administración. Se sugieren varios:

  1. La necesidad de no incomodar al senador demócrata de origen cubano por New Jersey, Robert Menéndez, dado que manejaba dos bazas importantes: el Senado estaba dividido 50-50 y Biden necesita cada voto, además de que Menéndez preside el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta.
  2. La presencia en la Casa Blanca de funcionarios con una clara preferencia por políticas de «guerra fría», como Juan González, colombiano-norteamericano que funge como director para América Latina en el CNS.
  3. El factor electoral en la Florida, aunque este es un argumento ambiguo, pues no es creíble la hipótesis de que adoptar políticas duras hacia Cuba puede ganarles votos republicanos a los candidatos demócratas a cualquier nivel ?Obama ganó dos veces este estado, con una política diferente
  4. La clara percepción en la Casa Blanca de que el gobierno cubano está a punto de caer y no vale la pena invertir capital político en acciones que puedan ser percibidas como de «ayuda» al presidente Miguel Díaz Canel.

Se puede concluir que Biden no tiene voluntad política alguna de volver al proceso de normalización con el cual el presidente Obama buscó poner fin a este «conflicto de Guerra Fría». Desde enero del 2021 hasta abril del 2022 parecía que la administración había regresado a lo dicho en el Memorándum Baker de marzo de 1989. Ni hablar siquiera de emular con Obama y producir un alivio limitado de las medidas coercitivas unilaterales o bloqueo.

Para decirlo en pocas palabras, Biden ha optado por aplicar al conflicto la estrategia republicana, como lo hicieron otros presidentes demócratas antes que él. Ha desestimado al argumento principal de su antecesor inmediato, Barack Obama, en el sentido de que la política hacia Cuba ha fracasado y hay que actualizarla.

Biden Revertire las politicas fallidas de Trump que infligieron danos a los cubanos y sus familias
Joseph Biden / Foto: Cubacute

Sin embargo, la política de «guerra fría» hacia Cuba no dejó de tener costos para Washington. Uno es que estimuló la emigración ilegal, reforzada por el cierre durante cinco años de los servicios consulares en La Habana. Esta situación, que ha comenzado a corregirse con su reapertura en enero del 2023, ha demostrado que la emigración desordenada desde Cuba tiene serias consecuencias para la seguridad nacional de Estados Unidos.

En segundo lugar, Biden enfrenta un problema que ya sufrió Obama: las dificultades que esta política de línea dura le crea con algunos países clave de América Latina y el Caribe, como Brasil y México. Ello quedó patentizado por el número de ausencias a la Cumbre de las Américas en Los Ángeles en el 2022.

En todo este cuadro hay algunas señales positivas:

  1. Washington ha reconocido que no fueron ataques los incidentes de salud que tuvieron lugar en su embajada en La Habana en el 2017.
  2. La Habana y Washington han reiniciado conversaciones bianuales para buscar soluciones a los problemas de migración ilegal.
  3. Se avanza en la regularización del personal de las embajadas de ambos países en las capitales respectivas.
  4. Se han venido restableciendo los vuelos regulares a distintas ciudades cubanas.
  5. Se ha anunciado que Estados Unidos autorizó la apertura de un nuevo canal para el envío de remesas a Cuba.

No obstante estos últimos avances, en lo esencial Washington continúa manteniendo una política de «guerra fría» contra Cuba con dos elementos centrales: medidas coercitivas unilaterales en lo económico y financiamiento de grupos opositores en lo político.

Cuba y Estados Unidos «condenados» a entenderse en algún momento

El contraste entre las políticas de dos presidentes demócratas no puede ser más evidente. Barack Obama tuvo desde el principio una voluntad política de buscar un cambio hacia Cuba. Por eso afirmó rotundamente en su discurso en La Habana del 22 de marzo del 2016: «He venido aquí para enterrar el último resquicio de la Guerra Fría en el continente americano».

Esas palabras tienen eco en su propio libro de memorias, Una Tierra Prometida, en el que se ufana de que los miembros más jóvenes de su equipo de seguridad nacional coincidían con él en cuestionar a los más veteranos, quienes «habían alcanzado la mayoría de edad en pleno apogeo de la Guerra Fría» y eran del criterio de que «una política exterior responsable significaba continuidad, predictibilidad y una negativa a alejarse demasiado de la opinión popular». Obama se cuestionaba

…las suposiciones que a menudo conocíamos como “el manual de estrategia de Washington”, ya fuera en política para  Oriente Próximo, nuestra postura frente a Cuba, nuestra negativa a mantener relaciones diplomáticas con adversarios, la importancia de restablecer los muros de contención legales en la lucha contra el terrorismo o el fomento de los derechos humanos, el desarrollo internacional y el cambio climático, no como actos de altruismo, sino como aspectos fundamentales de nuestra seguridad nacional.

Apostar por la «guerra fría» contra Cuba, como parece insistir la administración Biden, sigue sin rendir visiblemente los resultados que Washington espera. Conviene a sus intereses volver al proceso de normalización para evitar nuevos descalabros, aunque no se entiendan como tan costosos. Tal vez por eso un considerable número de congresistas apoyan la flexibilización de las medidas coercitivas unilaterales.

La reticencia del presidente Biden y sus colaboradores no puede atribuirse exclusivamente a la oposición de políticos como Bob Menéndez o Mario Díaz Balart. Es una cuestión de mentalidad, que les impide ver el mundo como lo veían el presidente Obama y sus más jóvenes colaboradores. Al final, demuestra una falta de perspectiva estratégica y de voluntad política.

Cuba y Estados Unidos están «condenados» a entenderse en algún momento. Y el camino de la normalización es el más adecuado y el que mejor sirve a los intereses de ambos pueblos.