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José José no canta sones

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Elioveliz Pérez Romero el José José cubano
Ilustración: Félix M. Azcuy

El pasado 14 de junio a las nueve de la noche en el teatro Lázaro Peña, el habanero Elioveliz Pérez Romero realizó su primer concierto ante cerca de 3 000 personas convocadas mayormente por redes sociales para disfrutar de quien ya ha sido bautizado dentro y fuera de la Isla como «el José José cubano».

No es necesario aportar aquí ningún dato sobre su vida, de eso ya se encargó Juventud Rebelde en una nota escrita con la pluma y el estilo de Federico de Ibarzábal y Don Galaor, al mismo tiempo:

«Conocerlo es descubrir que no solo es un cantante talentoso, sino también una persona que valora el tiempo compartido con amigos y familiares. Apasionado por el deporte, especialmente el fútbol y el béisbol, y aficionado a los videojuegos, encuentra en estas actividades un equilibrio para su vida fuera de los escenarios.

«Aquel niño que buscaba atención ha logrado cumplir su sueño de ser ídolo musical de su madre, quien ahora lo escucha con la misma devoción con la que solía disfrutar de las canciones de José José. Sin pretenderlo, Elioveliz se consagra como el “príncipe” cubano de la canción.»

A esto sumémosle la exposición mediática en las redes mediante reels, entrevistas, reseñas… hasta el cansancio. En Instagram y Facebook, el jovencito cuenta con miles de seguidores, club de fans, páginas que nos lo presentan como el ídolo que necesitábamos, salido de las mismísimas entrañas del pueblo.

Dejémoslo claro en una sola línea sin caer en la trampa de los adjetivos: Elioveliz tiene talento. Su impacto es real, admirable. Negarlo es un error.  También es correcto aclarar que su fama, de manera instantánea, no lo convierte de golpe y porrazo en «una de las figuras más destacadas del panorama musical de la isla» como han publicado algunos medios ni tampoco es el relevo de ninguna figura consagrada de la música cubana. Para serlo, Elio tiene que empezar, primero, a caminar por sí solo.

¿Un fenómeno de las redes? ¿Puro marketing digital?

La Corte Suprema de Internet

Empezar haciendo «covers» (versiones) y subirlos a distintas plataformas ha sido una práctica muy usual en esta era de Internet. Pero siempre han existido otros modos: cantar de bar en bar o presentarse en concursos como aquel talent-show radial «Corte Suprema del Arte», de donde salieron «estrellas nacientes» que terminaron siendo íconos de la música dígase Celia Cruz o Rosita Fornés. También han existido otros formatos con el mismo objetivo: el Concurso de la Canción Adolfo Guzmán y Sonando en Cuba, un poco más reciente.

Lo que parece ser algo novedoso en la isla ha sucedido —y sucede— alrededor del mundo. Por ejemplo, la estrella del pop Justin Bieber empezó subiendo videos a su canal de YouTube hasta que un cazatalentos lo descubrió en 2008. El español Pablo Alborán lo hizo primero en la plataforma MySpace y después en YouTube. Así pasó también con Ed Sheeran, hasta que se viralizó una de sus canciones y el tema This city de Samuel Fischer catapultó a este como compositor también desde las redes sociales. Probablemente el caso más sonado sea el de la escocesa Susan Boyle, quien cautivó a la audiencia del formato británico Got Talent y hasta hoy ha vendido más de veinte millones de álbumes en todo el mundo.

Las cadenas de televisión a nivel internacional, productores, compañías discográficas, empresas… promueven e incentivan la búsqueda de talentos para renovar y sostener la industria musical. Es una táctica que se ha utilizado siempre con muy buenos resultados.

Mentiras son todas mentiras…

Como mismo las personas tienden a realizar más compras compulsivas si se trata de artículos que les recuerdan a su niñez o a algún momento especial de su infancia hasta el punto de adquirirlo sin importar el precio, así miles de internautas en la Isla, adoradores fieles de José Rómulo Sosa Ortiz empezaron a compartir y a consumir los videos de Elioveliz, emocionados al ver en el cubano la reencarnación del ídolo azteca y así darle rienda suelta a la cursilería, cantar sus boleros, baladas, revivir emociones con aquello de: yo soy otoño en tu vida y tú eres dulce primavera / no saben que guardo un verano / que cuando te miro te quema  porque José José, como otros cantantes conocidos de la década del sesenta y setenta del siglo pasado, forman parte de sus bandas sonoras, porque necesitan reconectar con el pasado.  

La siguiente observación de la investigadora española Ester Chicano Tejada, aunque vinculada con el mundo del marketing, resulta interesante y apropiada para analizar desde otro punto de vista este caso:

«El efecto nostalgia bien aprovechado, consigue incrementar la autoestima del consumidor: el retroceso hacia recuerdos felices provoca una sensación de seguridad y le lleva a pensar que su vida tiene, al fin y al cabo, buenos y grandes momentos. Por ello, si hay algún tipo de producto que puede dar al consumidor esa sensación de seguridad y bienestar por recordar buenos momentos pasados, se incrementan las posibilidades de su compra, a pesar de tener un valor muy superior al habitual».

Promocionando al «príncipe»

Nada mejor que un puñado de influencers y medios para divulgar, promover y hacer crecer el impacto de un «fenómeno social» en la Cuba de ahora. Más allá de las aptitudes del principiante, lo que resulta verdaderamente «jugoso» para algunos creadores de contenidos es que el muchacho no sea el resultado de las escuelas de arte, ni que su fama esté respaldada por alguna institución de la cultura. De ser al revés, habría que ver si a una cadena como Telemundo, por ejemplo, le llamaría la atención.

El caso del «José José cubano» roza solapadamente el tema político y en las mismas redes, donde comenzó todo, aparecen mensajes como este: «Sin apoyo del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), sin apoyo de algunos influencers cubanos como Otaola nuestro gran Elioveliz seguirá su camino hacia el éxito, los obstáculos serán varios pero él nació para ser una estrella». A propósito, que la televisión nacional no haya dado cobertura al concierto el pasado 14 de junio ha sido cuestionado por varios internautas y es un punto a favor para quienes empiezan a tejer la historia. Es solo cuestión de tiempo.

Otro elemento: días después de los sucesos en la Finca de los Monos —donde estaba previsto la actuación de algunos cantantes de trap y reparto—, Elioveliz se presenta en un teatro estatal y lo llena de punta a cabo. A juzgar por lo que se ha dicho, ninguna de las dos actividades fue visiblemente organizada, promovida, ni asesorada por el Ministerio de Cultura (Mincult) ni el Instituto Cubano de la Música (ICM), ni ninguna otra organización y/o asociación artística. Que esto suceda a espaldas de los organismos hasta ayer encargados de controlarlo todo es un buen síntoma de desprendimiento y autonomía. Por la parte de allá, una alarma a todos los niveles.

Todo quedó en el ayer…

Que Elioveliz no cante música cubana, disgusta, y eso, en un país que discute sobre colonización cultural, no es bien visto. Su estilo imitativo también ha causado polémica y sobre esto, un conocido director artístico que prefiere mantener el anonimato, por el momento, analiza:

«Desde que lo vi en redes me pareció talentoso pero a la misma vez pienso que le costará trabajo desprenderse del “imitador”. Por otro lado, es un paso de avance que un joven en medio de tanto ruido y obscenidades se interese por la música del pasado, aunque en este caso, no es música cubana. Elioveliz tiene un bonito registro natural, pero viciado por los matices de José José y en ocasiones se apoya en algunas notas nasales. Debe trabajar, además, la dicción y el despliegue escénico.»

Sobre el comentado concierto en el teatro de la CTC, expone:

«Desde mi experiencia no hubo producción en el espectáculo: faltó escenografía, luces… una pantalla subutilizada. No encontraron la manera de “matizar” el show, hasta donde pude ver en redes. Se utilizó un tema de Luis Miguel para una coreografía que nada tenía que ver con la puesta. El público asistente encontró en este intérprete la banda sonora de su juventud y creo que es una de las causas del lleno total en el teatro.»

Hasta la golondrina emigró…

Elioveliz Pérez Romero el José José cubano
Elioveliz Pérez Romero apodado como el José José cubano / Tomado del Facebook del artista

El caso de Elioveliz es lo suficientemente interesante como para sentarse a debatir sobre la influencia de las redes sociales en la Isla, qué música se consume, la atención a los públicos, las propuestas culturales, etcétera. Y también para cuestionar, sí, a las instituciones culturales del país, al sistema de Casas de Cultura, a los medios de comunicación, a los procesos de captación para las escuelas de arte, a las controvertidas evaluaciones de músicos, a los que programan conciertos… Quien crea que es una pérdida de tiempo, cuestión de pasar página o considere que una opinión es siempre una manifestación explícita de envidia, no ha entendido nada.

El futuro de Elioveliz todavía es incierto, aunque se habla de contratos internacionales. Hay que esperar su evolución a partir de ahora, si se mantendrá en la comodidad de la imitación, si perfeccionará sus capacidades o si alguna disquera cubana toma la iniciativa, al menos por una vez, y le produce un álbum.

Me gustaría verlo en los teatros de toda Cuba, haciendo feliz a la gente. En un país con carencias de todo tipo, donde buena parte de los grandes ídolos musicales están muertos, censurados, retirados o en otras tierras; donde imperan las canciones de contenido sexual explícito, donde escasean las ofertas recreativas, donde casi todo se ha politizado… «El Príncipe cubano» (sería un buen calificativo) podría, si se lo propone, insuflar aire limpio a tanta contaminación.

Corrupción en Cuba: ¿quién se ha llevado mi queso imaginario?

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corrupción Cuba
Ilustración: Félix M. Azcuy

«El invento», «la lucha», «la jugada», «por la izquierda», «resolver». Así se le llama en Cuba a la corrupción cotidiana, los negocios comunes que hace la gente para sobrevivir a la brecha entre el salario y la realidad. «Un explote», «un rayo», «lo tronaron», así se nombra el declive de un funcionario corrupto, que suele ser, además, expuesto públicamente.

El discurso anti corrupción ha tomado auge en la prensa oficial en los últimos meses. La abrupta caída del ministro de economía Alejandro Gil ha puesto en alerta a los organismos fiscalizadores y no paran de salir a flote casos relacionados con la administración estatal.

«Uno lo siente como una traición», así expresó la contralora general de la república, Gladys Bejerano Portela, refiriéndose al caso de Gil, en una entrevista realizada por la agencia extranjera EFE.

Dicha funcionaria reconoce que la crisis económica cubana impulsa a las personas a caer en actos de corrupción. Por demás, indica que «el 76 % de las ilegalidades detectadas se dan “en el nivel de base” y que GAESA, el conglomerado empresarial que aporta la mayor parte del PIB en Cuba, no está bajo su control. Bejerano describe a GAESA como dotada de una “disciplina y organización superior”».

Usemos la lógica matemática: la conjunción de A y B, denotada como A ∧ B, es verdadera solo si ambas: A y B son verdaderas. De lo contrario, es falsa. Bejerano dice que la crisis es un factor para que aumente la corrupción (A es verdadera) y el «76% de las ilegalidades se dan a nivel de base» (B es cuestionable). Si GAESA controla gran parte de la economía en Cuba y la contraloría no puede auditarle, ni existen registros públicos de sus acciones financieras, entonces, ¿cómo se puede afirmar que la mayor parte de las ilegalidades ocurren en la base?

El filtro moral de la corrupción administrativa

Anterior al caso Gil, Granma había publicado un artículo que da cuenta de los hallazgos de la contraloría en materia de corrupción administrativa en varias empresas estatales de la capital. Allí se resume que este fenómeno es resultado de:

  • las deficiencias en la selección de «quienes ocupan puestos claves en la gestión y el control de los recursos»;
  • la negligencia en la custodia de estos;
  • la falta de transparencia en la fiscalización desde «los niveles administrativos superiores […] y unidades empresariales de base»;
  • la no delimitación y actualización de las funciones del personal fiscalizador;
  • la falta de efectividad del Plan de Prevención de Riesgos;
  • las brechas en los «procedimientos de control interno, que no permiten ejecutar adecuadamente los procesos de abastecimiento, los comerciales, las ventas y el depósito de los ingresos»
  • y, finalmente, la pérdida de valores éticos y morales de los directivos, especialistas o trabajadores.

La Ley 158 de 2022 De la Contraloría General de la República de Cuba y del Sistema De Control Superior de los Fondos Públicos y de La Gestión Administrativa se basa en los principios de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, de la que la República de Cuba es Estado Parte.

Dicho tratado internacional «encomienda a cada Estado, de conformidad con los principios fundamentales de su ordenamiento jurídico» garantizar la existencia de órgano fiscalizador superior: la Contraloría General de la República. Esta entidad, según el artículo 15c de la Ley mencionada, debe auxiliar al Estado en la «organización y control de las acciones derivadas de la Convención de las Naciones Unidas Contra la Corrupción».

En Cuba, según el artículo 5 de la Ley 58 se entiende por corrupción en la gestión administrativa: «la actuación contraria a la ética y a las disposiciones normativas por los directivos, funcionarios públicos u otro personal designado, en el ejercicio de su cargo o en el desempeño de la función asignada; caracterizada por la pérdida de valores éticos, incompatible con los principios de la sociedad cubana, que se comete para satisfacer intereses personales o de un tercero, con el uso indebido de las facultades, bienes y servicios destinados a la satisfacción del interés público o social, con el propósito de obtener beneficios materiales o ventajas de cualquier clase, que tiene como base fundamental el descontrol administrativo, el engaño, el soborno y la deslealtad».

Desde el punto de vista de la Sociología, las académicas cubanas, Idalsis Fabré Machado, Celia M. Riera Vásquez y Yamila Roque Doval tomando en cuenta la diversidad de conceptos de corrupción que manejan las Ciencias Sociales, definen a la corrupción como un tipo de relación social «que se desarrolla en el tejido organizacional de la sociedad a expensas de la institucionalidad y de sus contradicciones estructurales».

Por demás, aportan que esta deviene en «prácticas que subvierten el sistema y se expresan en comportamientos que, no obstante, su ilicitud, encuentran un fundamento de legitimidad en la experiencia social». Lo que implica «que la lucha contra el fenómeno no puede limitarse a sancionar conductas individuales, sino que necesariamente debe desmontar las lógicas del sistema que lo condicionan, tanto en los ámbitos socioeconómico y político como desde la subjetividad social».

La corrupción puede ser económica, política, corporativa, administrativa, privada, pública, etc. Desde estos abordajes, se le dan connotaciones distintas que tienden a adjetivarla, generalizarla o estudiarla en casos específicos. Aunque también ha estado muy presente en sistemas y partidos socialistas, tanto en la extinta URSS como en los llamados «socialismos del siglo XXI».

Asimismo, en regiones que han tenido que sufrir los efectos del colonialismo y el consiguiente subdesarrollo como África Subsahariana y América Latina, con Estados nacionales relativamente jóvenes, dependencia de los poderes imperiales y un proceso de formación de la sociedad civil accidentado, la corrupción tiende a estar a la orden del día.

Por otro lado, podría aventurarme a decir que la inexistencia o los bajos índices de corrupción son una condición o aspiración de todo sistema que se asuma socialista —en el sentido teórico del término—, pero aquí entramos en el debate de si hay socialismo en Cuba, en el cual tomo postura al afirmar que no. En Cuba tenemos un capitalismo de Estado y tuvimos un país que aspiró en su proyecto social de 1959 a construir el socialismo, pero no lo logró, entre otros factores por la propia corrupción y el autoritarismo.

La inexistencia o los bajos índices de corrupción son una condición o aspiración de todo sistema que se asuma socialista.

El estudio de la corrupción se enfoca desde las Ciencias Políticas, la Economía, la Criminología o el Derecho Penal, de ahí que la corrupción se enuncie desde la normativa particular del país en que se estudie. Las autoras antes mencionadas hacen un estado del arte respecto a las formas en que se estudia la corrupción y concluyen que existe en primera instancia una tendencia de «estudios macro sobre bases empiristas, con pretensiones de generalización y enmarcados en modelos estadísticos que intentan cuantificar el fenómeno».

En este caso estarían los índices de percepción de corrupción (IPC) que publica Transparencia Internacional. En 2023, Cuba ocupó el puesto 42, el más bajo de su historia en este ranking, y también ligeramente por debajo del promedio en la región. Al ser un índice macro, opera con información pública y si en Cuba la contraloría no audita a GAESA, el mayor conglomerado empresarial del país, pues hay mucho de los que se pierde ese IPC.

La corrupción es abordada también desde razonamientos «tecnocráticos y gerenciales» desde la teoría de la elección racional y la economía institucional. Los enfoques que mencionan las autoras tienen algo en común entre sí y con el concepto de corrupción que adopta el Estado cubano: no ven a la corrupción como un tipo de relación social. La analizan apegada a un marco normativo y no se centran en el contexto en que se da la corrupción.

El concepto cubano de corrupción habla de ética y moral socialista y en ese caso entramos en un terreno sumamente subjetivo. Silvio Rodríguez cantó: «Si alguien roba comida y después da la vida qué hacer», y yo digo que si el Estado no garantiza un mínimo de vida digna y acceso a comida ¿qué hacer?

Al respecto las autoras añaden: «Los enfoques ético-morales redundan en abstracciones que no toman en cuenta el desfase que puede existir entre la normatividad social basada en la racionalidad legal y lo que atañe a los imaginarios sociales».

Esto lo vemos en el lenguaje cotidiano del cubano: «resolver», «la lucha», «por la izquierda», etc. Está tan asumido que con un salario que no alcanza para cubrir la canasta básica no vas a «resolver», que «el invento» es ley y que se salve quien pueda. Todos sabemos que el trabajo con el Estado no va a garantizar una remuneración que permita la simple reproducción de la vida, pero está en el imaginario del cubano pensar el trabajo más allá del salario, e incluir «la búsqueda» dentro de las expectativas de empleo.

La pizzería imposible

En la entrevista antes mencionada a Gladys Bejerano, la contralora general de la república insiste en el «vínculo entre la corrupción y las crecientes desigualdades en el país», algo que asume está aparejado a la aparición del sector privado. En Cuba no existe un mercado mayorista que abastezca de manera efectiva a los negocios que emergen. Por demás, la falta de insumos, ya sea alimentos, materias primas o medios de producción, hace que «resolver por la izquierda» sea la opción en muchos casos.

En el caso de Cuba, con la apertura a la propiedad privada que supuso la Constitución de 2019, toda persona tiene derecho a abrir su empresa. Desde agosto de 2021, se aprobaron leyes que favorecen la apertura de negocios privados y cooperativos.

Pero quien desee abrirse su chiringuito debe sortear no solo el burocratismo, sino también las trabas del desabastecimiento cotidiano y restricciones absurdas. De hecho, hoy, a falta de una tasa de cambio oficial, la mayoría de los negocios privados necesitan ir al mercado informal para importar los insumos que requieren para su producción o venta. Por tanto, todos de una forma u otra, tienen que quebrantar la ley para poder existir.

A falta de una tasa de cambio oficial, la mayoría de los negocios privados necesitan ir al mercado informal para importar los insumos que requieren para su producción o venta.

La tan mediatizada cruzada contra la corrupción y las ilegalidades tiende a veces a distraer la atención de los grandes centros donde el desvío de recursos genera esa precariedad que desencadena corrupción a menor escala. El bloqueo, los coleros o los que venden por la izquierda suelen cargar el peso de una economía donde los grandes negocios que no benefician necesariamente a los de abajo quedan en la oscuridad de la falta de transparencia gubernamental.

A veces me pregunto ¿qué mecanismos o criterios emplea el Estado cubano con esta nueva apertura a la inversión extranjera y de capital nacional, para permitir a determinadas personas abrir negocios sumamente lucrativos?

Pienso en Hugo Cancio y todo el entramado comercial que ha logrado establecer con el Estado, que va desde las telecomunicaciones, hasta la venta de productos mediante la plataforma katapulk.com o una agencia de viajes. Pienso también en X Alfonso y su Fábrica de Arte y en muchos otros.

Con esto no quiero decir que los empresarios mencionados sean corruptos. Mi interrogante va hacia cómo se logran esas conexiones que se gestan en total sigilo, ¿puede cualquier cubano residente en el exterior invertir en Cuba e importar contenedores de mercancía? ¿puede cualquier cubano residente en la Isla pedir un local estatal, remodelarlo y poner un centro nocturno? ¿cuáles son los procedimientos para ello? ¿quién y cómo los fiscalizan?     

En Cuba no existen concursos públicos para que determinados proyectos accedan a recursos o espacios estatales y no hay transparencia en las finanzas estatales o privadas. Además de las trabas ideológicas, tropiezos burocráticos muy simples podrían obstaculizar el camino de cualquier persona incómoda que pretenda adentrarse en el mundo empresarial.  

Recientemente fue conocido el caso de un dirigente local que utilizó su poder para beneficiar a una mipyme en una compra fraudulenta de refrescos. La expansión del capital privado en la Isla pone otros retos al enfrentamiento de la corrupción e incorpora a la ecuación una nueva variable: el clientelismo.

El clientelismo es definido como « relaciones informales de intercambio recíproco y mutuamente benéfico de favores entre dos sujetos, basadas en una amistad instrumental, desigualdad, diferencia de poder y control de recursos, en las que existe un patrón y un cliente: el patrón proporciona bienes materiales, protección y acceso a recursos diversos y el cliente ofrece a cambio servicios personales, lealtad, apoyo político o votos».

El caso antes reseñado se dio en una administración local y a baja escala, pero demuestra la existencia de clientelares en la política cubana. La actual crisis no está afectando a todo el mundo por igual, hay múltiples empresarios nacionales y extranjeros enriqueciéndose de la escasez y las políticas fallidas del Estado cubano. Desde las constructoras extranjeras que están erigiendo los hoteles que luego estarán semivacíos, sin claridad de cómo y bajo qué preceptos se hicieron esos contratos, los locales públicos que pasan a manos de privados sin ningún control, hasta quienes aprovechan la inflación para vender productos de primera necesidad triplicando el precio en el mercado internacional.

La actual crisis no está afectando a todo el mundo por igual, hay múltiples empresarios nacionales y extranjeros enriqueciéndose de la escasez y las políticas fallidas del Estado cubano.

¿Quién garantiza que esos empresarios no tengan influencia en la toma de decisiones del gobierno cubano? ¿Podemos asegurar que en la lógica de dejar destruir un inmueble público para luego traspasarlo a un privado que lo remodela y lo convierte en un negocio lucrativo no hay beneficio para quién tiene el control del lugar? ¿Podemos asegurar que la estrategia de emplear la mayor partida de la inversión estatal en la construcción de hoteles —contrario a todas las recomendaciones expertas— responde a un «capricho» de las autoridades o a «tratos beneficiosos» con las constructoras extranjeras que cobran por edificarlos?

***

Si yo tuviese una pizzería no podría comprar el queso directamente al campesino, porque es muy probable que este tenga un contrato con acopio que lo obligue a vender la mayoría de la leche que produce. Mi compra de queso tendría que ser a través de una mipyme o de un campesino que tuviese una empresa similar y pueda emitirme una factura. En resumen, no es tan fácil conseguir el queso para abastecer mi negocio imaginario. Es muy probable que el campesino y yo tengamos que llegar a un arreglo «por la izquierda» donde le pague más que acopio y me venda su producto en sigilo total. Ya después veré cómo justifico mi queso clandestino.

De esos pequeños momentos está lleno el saco de la corrupción. La persona que se lleva unas hojas del trabajo para las tareas de sus hijos. El directivo que utiliza el carro para sus vacaciones o vende combustible. La maestra que cobra por decir la respuesta del examen. El vendedor de maní sin patente, el que le hecha agua al yogurt o hace el pan más pequeño para llevarse la harina. El primo del dirigente al que le resolvieron un mejor trabajo e incluso el que no condenaron porque es hijo de un militar de alto rango.

Ejemplos de ilegalidades que integran una red nacional y cotidiana de corrupción están a la orden del día. Unos son más tolerados que otros; unos son, incluso, acciones de supervivencia enmarcadas en la precariedad cotidiana. Por eso, para hablar de corrupción hay que empezar por enjuiciar las estructuras que la propician.

Mientras no exista una economía en Cuba que brinde oportunidades para construir con vidas dignas, yo y el resto de los cubanos, con las mismas manos con que sacamos del horno esa pizza imaginaria, compraremos el queso «por la izquierda».

Incendio en la Guiteras, y más noticias

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Guiteras
Ilustración: Félix M. Azcuy

Incendio en la Guiteras, y más noticias

Fue noticia este viernes el incendio ocurrido en áreas de la termoeléctrica Antonio Guiteras. La alarma fue especialmente inquietante, pues se trata del principal generador de energía en el país.

El incendio afectó uno de los tanques de combustible de la central con capacidad para almacenar 10 mil metros cúbicos de crudo.

El fuego fue extinguido sin que se lamentaran vidas humanas. Asimismo, el periódico Granma afirmó que «no hay, de momento, razones para detener la planta por falta de combustible».

Los medios oficiales aplaudieron la eficiencia de los bomberos de Matanzas. Se investigan las causas.

Esto significa que la vulnerabilidad de las instalaciones industriales cada vez es mayor, producto de la incapacidad financiera del Estado para realizar inversiones y posiblemente la violación de protocolos de seguridad.

Nuestra opinión es que esta frecuente accidentalidad, además de las limitaciones humanas y tecnológicas para enfrentar los siniestros, son una consecuencia de la crisis económica que está poniendo en riesgo la seguridad del país.

Las instalaciones industriales de Matanzas han sido de las más afectadas por estos incidentes. En 2022 los depósitos de petróleo de la base de supertanqueros también sufrieron un incendio de grandes proporciones que provocó la muerte de varios bomberos, la evacuación de miles de personas y una afectación notable a los servicios eléctricos.

En el incendio de esta semana, con un alcance mucho menor, pero también complejo, todo resultó más manejable. Sin embargo, este incidente deja muchas preguntas sobre las condiciones reales que tiene Cuba para controlar las causas que propician estos siniestros.

Mariel, el proyecto inconcluso

También fue noticia la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (Zed), cuyo futuro abordó una Mesa Redonda en la Televisión Cubana.

Comparecieron como invitados Ana Teresa Igarza Martínez, la directora general, y Leonardo Sosa Barrios, el director adjunto de la terminal de contenedores.

Igarza comentó que el programa de desarrollo de la Zed está planificado hasta 2042 en tres ejes fundamentales, «infraestructura, servicios y negocios».

La directora especificó que las infraestructuras fueron construidas por el Estado cubano y, en lo adelante, la Zed debe minimizar gastos en construcciones que no sean utilizadas de manera inmediata, con el objetivo de no ser «una carga para la economía cubana». En ese sentido, se decidió «ralentizar» la urbanización de la zona planificada.

«En cuanto a la producción, hemos continuado atrayendo negocios que tributen al Programa nacional de desarrollo económico y social, con énfasis en la producción de alimentos, que es un eje fundamental para la población», explicó Igarza.

La directora admitió que la Zed, que cumplió una década recientemente, no escapa de la crisis económica en términos de suministro de materias primas, combustible y «tensiones energéticas».

Sobre los frenos que enfrentan para crecer, Igarza señaló en primer lugar a las sanciones estadounidenses.

«Es cierto que la Zona no marcha como todos quisiéramos, todos los días hacemos acciones para captar nuevos negocios. Pero la Zona no se ha detenido», dijo la directora. Según la funcionaria, Mariel abarca el 20% de las inversiones extranjeras.

Esto significa que la Zed de Mariel, a pesar de que tiene un peso importante en la economía cubana, no cumplió con las expectativas que existían en el momento de su fundación.

Nuestra opinión es que difícilmente las cumplirá en los próximos años si no se modifican las circunstancias que impiden su crecimiento, como el engorroso mecanismo para procesar la inversión extranjera. No obstante, su relevancia actual ya es significativa para un país tan deprimido.

En esta situación desalentadora de la economía cubana, las máximas autoridades del país han optado por renunciar temporalmente al crecimiento. Es inteligente como medida temporal.

Falta que reevalúen integralmente las posibilidades reales de crecer que tiene el proyecto, uno de los más ambiciosos ejecutados en el país. La Zed es vital para Cuba, incluso a media máquina.

Díaz-Canel, el visitante

Fue noticia este sábado la visita del presidente Miguel Díaz-Canel al municipio de Playa, en La Habana.

Díaz-Canel ya había visitado el barrio de La Cantera, en ese municipio, en julio de 2022. Desde entonces, según Cubadebate, se construyeron un consultorio, una bodega y un punto de venta.  

Al parecer, el presidente visitó en esta ocasión centros con experiencias exitosas. Destacan los Laboratorios Dalmer, que lograron pagar con sus productos una inversión en divisa para maquinarias.

Díaz-Canel esta semana se reunió, además, con líderes de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (Feem) y de la Federación Estudiantil Universitaria (Feu).

En el intercambio se refirieron a problemas que afectan especialmente a los jóvenes como el consumo de drogas, el empleo para mejorar la situación económica y el embarazo en la adolescencia, entre otros.  

Sobre el empleo de los estudiantes, trascendió que la Feu tiene el tema en su agenda y ya ha promovido «Ferias de Empleo Universitario».

El presidente aprovechó para compartir mensajes optimistas sobre el futuro de la Revolución Cubana y prometió encuentros periódicos a los asistentes.

Esto significa que la agenda presidencial está en la primera línea de la estrategia del gobierno, para legitimarse ante la ciudadanía en medio de la actual crisis.

Opinamos que las visitas de Díaz-Canel a las comunidades y sus intercambios con sectores que requieren especial atención, como los jóvenes, son una estrategia inteligente en sí, aunque no queda claro si está rindiendo resultados prácticos.

A la vista de lo que comunican los medios oficiales, Díaz-Canel realiza recorridos convencionales, pactados de antemano, y algunas veces hace declaraciones que desconocen la situación específica de los territorios.

El propósito de oxigenar la imagen del presidente, mostrándolo en acción frente a la crisis, es una estrategia oportuna. Lamentablemente, al menos en términos comunicativos, el discurso no pasa de la exhortación.

Tampoco se ha visto cómo las opiniones de la población han retroalimentado las políticas públicas que afectan sectores clave como la economía y parecen bastante inmóviles en medio del creciente deterioro de las condiciones de vida de los cubanos.

En cuanto a los encuentros con jóvenes y estudiantes, este último pareció más provechoso que otros. El empleo de los estudiantes es una realidad. Queda facilitarla desde las instituciones implicadas.

Las empresas estatales bajo la lupa

Y fueron noticia las declaraciones del primer ministro Manuel Marrero acerca de la deficiente gestión de las empresas estatales.

En una sesión de trabajo en Antilla, provincia de Holguín, Marrero dijo que las empresas deben «desterrar mecanismos de trabajo que propicien acomodamiento, burocracia e ineficiencia».

Granma resaltó «su estilo directo» y en particular «la severidad» que usa «cuando las circunstancias lo requieren».

A diferencia de la visita de Díaz-Canel a Playa, Marrero en Holguín se enfocó en la evaluación de aspectos negativos en empresas e instituciones sociales, «con el fin de detectar distorsiones y emprender correcciones».

Esto significa que el gobierno sigue colocando a las empresas estatales al centro de su promoción de la eficiencia, aunque a veces parezca que el debate económico ciudadano está enfocado en las mipymes.

Opinamos que las empresas estatales tienen una larga historia de disfuncionalidad nada fácil de corregir.

Los vicios de una administración centralizada y burocratizada con excusas a la mano para justificar la improductividad, están muy arraigados.

Estas valoraciones constantes ayudan a entender el mapa empresarial nacional, más allá de cualquier esquema estructural. Las diferencias entre las empresas incompetentes y las pasablemente funcionales, por ejemplo, ¿en qué se basan?

El discurso gubernamental sugiere que «el factor humano» es central. Este parece el análisis más simple. Habría que evaluar claramente cuánto influyen en su productividad la ubicación de las empresas, sus historias previas, y sobre todo, su modelo de gestión, subordinaciones y encadenamientos con otras.

Por eso estas evaluaciones, más allá de su impacto mediático, resultan demasiado escuetas para entender la situación específica de los territorios.

Impulsar a los trabajadores a hacer rentables las empresas, a nivel político es correcto, pero si estos no están motivados, y sobre todo, sus salarios no les permiten reproducir la vida y garantizar estándares mínimos de bienestar, es muy difícil que cumplan con las constantes exhortaciones.  

Una reforma integral de las empresas estatales debe implicar comprender y resolver las complejas relaciones económicas, de mercado, e incluso de factores culturales influyentes, que no se resuelven con «la severidad» de un instante.

Rodajes (III)

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rodajes-iii
Ilustración: Brady

-A fuer de honestos, tengo que admitir que yo no estaba presente cuando sucedió la siguiente anécdota, pero el realizador me la contó tiempo después durante otro día de filmación, así que vale.

Se rodaba Madagascar (1994), de Fernando Pérez, un mediometraje originalmente concebido como parte de una trilogía con Melodrama, de Rolando Díaz, y Quiéreme y verás, de Daniel Díaz Torres; luego, por diferentes razones, los tres relatos crecieron y se desligaron. Le tocaba el turno a un breve plano en que la protagonista, interpretada por Laura de la Uz, camina sobre el muro del Malecón. Es un momento que refleja la borrasca interior del personaje, su inseguridad, la búsqueda de verdades. Era una tarde tormentosa, así que el nerviosismo cundía. Fernando ordena «¡acción!», la actriz avanza, una figurita moviéndose de derecha a izquierda de cuadro en un plano general… y de pronto, a lo lejos, centellea un relámpago, justo cuando Laura acaba de pasar. En esa época los VFX no constituían una herramienta en el cine cubano, pero el rayo de marras cayó en el momento y lugar precisos, como encajado ahí durante la posproducción, ilustrando la angustia interior del personaje. Pueden verlo a los 27: 39.

«Estoy convencido de que Dios me lo mandó», dijo Fernando al relatarme la historia. Intervención divina o no, es un buen ejemplo de que, por muy rigurosamente calculado y preparado que esté todo, el azar y los, eeh, milagros juegan un papel significativo durante un rodaje.

-Como he dicho antes, en Perfecto amor equivocado (2004) de Gerardo Chijona, fui guionista e interpreté un pequeño papel como maletero del aeropuerto.

Es sabido que una de las cosas en que se trabaja durante la prefilmación es en el diseño de vestuario, así que a los actores se les cita para una o varias pruebas al efecto. Bueno, resulta que el día que me tocó vestir el uniforme aeroportuario fueron convocados también otros figurantes y extras. Dado que no venía al caso, no les comenté que yo era el guionista de la película, así que se franquearon conmigo como con un extra más, como si fuera uno de esos eternos aspirantes a papeles memorables. En particular, recuerdo a un tipo sesentón que me dio una serie de consejos para aparecer en pantalla, para que en la edición final no cortaran mis planos: «si es una escena en que aparece mucha gente, trata de situarte lo más cerca posible del protagonista, porque a él no lo cortan, me dijo, tienes que entender la lógica de lo que se cuenta, y resaltar sin sobreactuar, porque si algo no soporta el director es a un extra que dé la nota. Mírame a mí, que he trabajado en más de 40 películas y nunca han podido cortarme», pontificó desde su veteranía.

Es un mundo interesante, ese de los extras.

Por cierto, ese mismo año filmé Monte Rouge, mi primer trabajo como director.

-Durante 2006 fui contratado para escribir el guion de una película española, Óscar: una pasión surrealista, así que durante ese año viajé varias veces a Tenerife para encontrarme con Lucas, el director. La cosa iba sobre Óscar Domínguez, un pintor tinerfeño que había integrado el grupo surrealista y de cuyo nacimiento se cumplía un centenario; el proyecto navegó con relativa suerte, incorporando sobre la marcha a Victoria Abril, Emma Suárez, Jorge Perugorría, Kira Miró, Paola Bontempi y, en el papel principal, al lusitano Joaquim de Almeida.

Fui a los rodajes en tres o cuatro ocasiones. Recuerdo cuando me presentaron a Joaquim, a quien ya había visto en Desperado (1995) de Robert Rodríguez, con Antonio Banderas y Salma Hayek, y Behind enemy lines (2001), de John Moore, con Owen Wilson y Gene Hackman. Era, no sé si una estrella, pero desde luego el primer tipo con carrera en Hollywood que conocía, y aunque traté de mostrar el aplomo de quien toda la vida se ha codeado con celebridades, no podía creérmelo. Ese día se filmó una pequeña escena en la que varios miembros del grupo surrealista conversaban en un café parisino (en realidad, un edificio abandonado en Santa Cruz de Tenerife). Casi puedo jurar que por unos segundos estuve, de verdad, en el mismo espacio que los auténticos artistas, escuchándoles. Bueno, escuchándoles en español, no en francés, pero esa es la ilusión del cine…

Luego de su estreno en 2008, la película fue bastante vapuleada por una parte de la crítica. A mi modo de ver, no es ni mucho menos una obra maestra, pero tampoco nada de qué avergonzarse.

-En 2012 se presentó en el festival de Cine Latinoamericano de La Habana Días de pesca, la más reciente realización del argentino Carlos Sorín. Aunque mi pieza favorita entre las suyas sigue siendo La película del rey (1986), me encantó Días… y se la recomendé a un montón de gente. Bueno, unas horas después estaba en los jardines del Hotel Nacional, donde suelen vivaquear los delegados al Festival, y he aquí que veo al actor protagonista, Alejandro Awada.

Tal vez esto sorprenda a algunos, pero no soy exactamente el individuo más sociable que pueda concebirse; sin embargo, ese día, al descubrir al tipo solo y mansito, me animé a acercarme para decirle cuánto me habían gustado su interpretación y la obra en conjunto… cuando de pronto me ve ¡y se acerca a mí para felicitarme! Resulta que el día anterior se había presentado, fuera de competencia, mi mockumentary La verdad acerca del G2 (2012), para una concurrencia de cuatro gatos, y el argentino no solo fue uno de dichos felinos, sino que mi trabajo le pareció divertidísimo, y me lo dijo, y lo repitió varias veces. Claro que aquello me hizo muy feliz, pero una parte de mí quería interrumpirle: «Chico, aquí la figura eres tú, déjame admirarte como es debido…». Cuando al fin pude hablar le dije lo que pensaba, si bien temo que, a esas alturas, mis elogios le habrán parecido mera formalidad. En fin, en medio de la abigarrada programación que tiene (o solía tener) el Festival, de tantas cosas para ver en tan poco tiempo, lo sucedido fue una coincidencia notable que, al menos a mí, me alegró el día…

Sigo recordando cosas, material para futuros Rodajes.

¿Seguimos?

Química adolescente y otras sustancias nocivas

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Ilustración: Félix M. Azcuy

A las 3 de la tarde del domingo 12 de junio de 1988 ya no quedaba mucho más que hacer. En apenas seis horas ya habíamos estrellado una bicicleta rusa contra un taxi mal parqueado porque el Yoe, que iba manejando con otros dos de nosotros en el caballo y la parrilla, soltó las manos del timón para alardear delante de las niñas que cruzaban la calle. También habíamos enardecido a medio barrio con las bombitas hechas con la parte de atrás de las llaves de agua rellenas de cabezas de fósforos; habíamos electrocutado ranas para oír cómo maullaban en su agonía, las habíamos diseccionado para ver los órganos internos, y habíamos lanzado desde la azotea, con unos paracaídas que improvisamos y funcionaron a la perfección, a dos gatos que logramos cazar con unas trampas. después de eso, como el invento y la maldad abren mucho el apetito, hicimos una ponina y compramos en la cafetería panes con croqueta, albóndigas, empanadas de carne, chiviricos, matahambres y un vaso de yogurt o de sirope de mantecado para cada uno. Así que dormitábamos casi, con las barrigas llenísimas en la sala de un consultorio del médico de la familia a medio construir, en uno de los tantos repartos de edificios rectos y cheos levantados por las microbrigadas.

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Foto: Néster Núñez

Éramos ocho o nueve chamas flacos, sucios, quemados por el sol, con las rodillas o los codos arañados, con cicatrices nuevas y viejas bajo el cuero cabelludo, sin sombra de bigotes aún, ni de pelos en las nalgas, excepto las de Damián el Repitente, que ya los tenía hasta en la espalda. Precisamente fue él el que propuso, porque éramos adolescentes y no se suponía que estuviésemos ahí despatarrados como viejos, irnos al estadio. Alguien abrió un ojo y respondió que todavía, que el sol y la llenura. Entonces Damián le dijo: Claro, estas ahí tirado pensando en el beso que no te atreviste a darle a la jeva anoche.

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Foto: Néster Núñez

Recordar la noche del sábado nos reactivó a todos. Hubo quien recostó la espalda a la pared y yo me acaricié la mandíbula como buscándole algún imperfecto. Alguien dijo: «Yo sí estaba apretando durísimo y hubiera llegado hasta el final, pero me interrumpió la bronca». Esas palabras distorsionaron la noción del espacio y del tiempo, y en los muchos segundos de silencio que continuaron, recordé a la linda María Elena bailando casino con algo de los Van Van mientras por dentro yo cantaba «esta cobardía de mi amor por ella hace que la vea igual que una estrella, tan lejos tan lejos en la inmensidad, que no espero nunca poderla alcanzar». Después reviví la gritería, el pánico en los ojos de ella, y me vi cogiendo el cable trenzado que había «clavado» en el hueco de un árbol para defenderme si pasaba algo. Recordé el haberme quitado justo a las 12 y 17 el reloj digital Electrónica 5 de la muñeca izquierda y guardarlo en el bolsillo del pantalón. Me vi corriendo de regreso, cable en mano, junto al grupo de María Elena, absorbido por la multitud, para cuidarla aunque ella no lo supiera, mientras las sirenas de la policía aumentaban de tamaño en el cerebro de todos los que no éramos Jacinto ni El Habanero, los dos que blandían aquellas navajas cuyo filo brillaba aun en medio de la oscuridad.

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Foto: Néster Núñez

Sin embargo, María Elena fue rescatada por su hermano mayor y mi silencioso acto de heroísmo solo sirvió para verme arrastrado por el tumulto de los que huían, de los que querían ver el desenlace de cerca, de los que cartereaban en medio de la masa histérica, enardecida, violenta, temerosa, cada vez más alejado del lugar seguro del parque donde los que éramos del reparto debíamos reunirnos si algo así sucedía.

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Foto: Néster Núñez

También me valió para poner en perspectiva mi concepto del valor y de la hombría. Solo en medio del tumulto, una mano me giró por el hombro y después fue un puño, un mazazo que estrelló en mi mandíbula y me dejó a oscuras y tambaleante, aunque nunca llegué a caerme. No le hallé sentido tener en la mano un arma que no iba a usar, y allí mismo dejé caer el cable, creo. Cuando llegué al punto de encuentro sentía una mezcla extraña entre cobardía, orgullo varonil herido, dolor físico, miedo, rabia y deseos de venganza. Me salía sangre del labio. Me preguntaron qué pasó, quién fue, y yo dije que nadie, aunque sí le había visto la cara a Jacinto, el del barrio Bachichi, el más abusador, buscapleitos y traicionero, al que evitábamos por todos los medios. Si guardé silencio fue para que no me tildaran de cobarde, o quizá porque mi parte racional prevaleció sobre las emociones y quise evitar males mayores, pero el hecho de quedarme dado me estuvo martillando y creo que moldeó muchas de mis conductas y reacciones a lo largo de los años. Esa misma tarde del 12 de junio de 1988, por ejemplo, imaginé que los socios iban a insistir en el tema y, para evitarlo, apoyé la propuesta de Damián de irnos para el estadio de inmediato.

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Foto: Néster Núñez

Tomar riesgos es una característica distintiva de la adolescencia. La corteza prefrontal del cerebro, clave para el desarrollo de la planificación, la toma de decisiones, la inhibición de impulsos y el autocontrol, madura después que el sistema límbico, por lo que lo emocional pesa mucho más que lo racional en esta etapa. Además, aumenta la producción de dopamina, lo que se manifiesta en la búsqueda de placer y de sensaciones nuevas. Es decir, los adolescentes pueden ser conscientes de los riesgos que asumen, pero le dan más valor a la recompensa social, por lo que muchas veces pierden de vista la dimensión real de determinados riesgos cuando andan en grupo. Eso lo sé ahora, por supuesto, no cuando corríamos hacia el estadio con las croquetas y las albóndigas mal digeridas dando tumbos en el estómago. Éramos ocho o nueve cerebritos imberbes actuando impulsivamente, sin considerar las consecuencias potenciales de nuestras acciones. Aquel día no había juego de pelota, como es obvio. La gracia era colarse en el estadio, acceder al terreno y correr las bases bien rápido, antes que los custodios nos cayeran atrás y nos obligaran a salir por la misma parte de la reja por la que nos habíamos colado.

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Foto: Néster Núñez

Analizándonos fuera del grupo, cada uno de nosotros éramos muchachos normales. Hijos de médicos, de un policía, de trabajadores humildes, de técnicos y de amas de casa. Incluso, de internacionalistas que combatieron en África. Puedo asegurar que no había grandes disfuncionalidades en nuestras familias y respetábamos a nuestros padres. En la escuela nos iba entre bien y excelente, menos a Damián, que no le gustaba estudiar y sin embargo era súper disciplinado en los deportes que practicaba. Yo leía muchísimos libros y ganaba en los concursos «Sabe más quien lee más»; el Yoe era campeón municipal de ajedrez, y ayudábamos a las ancianos a cruzar la calle y en la primaria recitábamos en los matutinos «Dónde estás, caballero gallardo, caballero sin miedo y sin tacha». Íbamos al huerto escolar, luego a la escuela al campo, y alguna que otra vez nuestras manecitas de hombres fuertes les regalaron flores a las hembras.

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Foto: Néster Núñez

Pero algo fallaba en nuestra percepción de los límites. Algo que no se justifica solo en la química desbalanceada del cerebro. Quizá nuestros buenos padres daban por sentado que todo estaba bien y dedicaban más tiempo a combatir el diversionismo ideológico y a construir el socialismo, que a saber en qué empleábamos nuestro tiempo libre en un reparto inmenso donde había barbería, bodega, agromercado, farmacia, sector de la PNR, un cine que proyectaba pelis para los niños algunos domingos por la mañana y cero áreas deportivas u otras opciones culturales. Que lo que pasó fue una mezcla de todo eso, digo: de lo individual, lo familiar y lo social, como sigue siendo ahora, agravadas las circunstancias por las letras del reguetón y porque la vida de muchísimos padres se ha reducido a luchar (préstenle atención a las palabras: reducir y luchar) un plato de comida diario que garantice la supervivencia, con menos tiempo y menos fuerzas para dedicar a la educación, a conversar, a compartir actividades de calidad con sus hijos.

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Foto: Néster Núñez

Las croquetas otra vez, el yogur y las albóndigas entrando a hurtadillas junto a nuestras barrigas por los barrotes de la cerca que sabíamos suficientemente anchos. Correr las bases, deslizarnos en el home. Correr hacia el center field con cinco custodios, en lugar de los dos habituales, cayéndonos atrás. La adrenalina, el susto, el baño donde nos escondemos, las escobas que encontramos, la taza y el lavamanos que se rompen cuando intentamos separarlas del palo, los custodios que nos descubren por el ruido. Huir hacia las gradas vacías y amplias, bajar las escaleras hacia la salida, ver que nos acorralan antes de llegar a la reja de escape. Cambiar de estrategia. Subirnos al techo del estadio, bajar por al lado de la pizarra, comprobar que un custodio nos cierra la salida, amenazarlo, tirarle los palos de escoba. Lograr que uno de nosotros salga. Correr hacia los albergues del segundo piso, romper una de las ventanas que dan a la calle, tirar tres colchones a la acera. Damián el repitente, el deportista, que se lanza primero. La sirena de la patrulla y el miedo. Yoe que salta y lo logra también. El tercero que se tira no cae bien sobre los colchones y se fractura la pierna por encima del tobillo. El hueso que sale, que rompe la piel. La sangre y el pánico. La policía. La total vergüenza. El custodio con la cabeza rota…

Las 4 y 13 de la tarde del domingo 12 de junio de 1988, según mi reloj soviético Electronika 5, fue para nosotros la Hora Cero. Maduramos de un tirón; aprendimos a las malas. Tanto como nuestros padres.

Los adolescentes pueden ser conscientes de los riesgos que asumen, pero le dan más valor a la recompensa social.
Foto: Néster Núñez

Lasa 2024 debate sobre los futuros posibles en las Américas, y más noticias

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La Joven Cuba en LASA 2024
Ilustración: Félix M. Azcuy

La noticia es que sesiona en Bogotá el Congreso Internacional de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (#Lasa2024) desde el miércoles 12 hasta el sábado 15 de junio.  

Bajo el título de «Reacción y resistencia: Imaginar futuros posibles en las Américas» se da cita un amplio grupo de participantes que incluye académicos, profesionales y activistas para debatir sobre temáticas relacionadas con las formas de resistencia colectiva, las tendencias reaccionarias, la regresión democrática, el auge del populismo autoritario, la desigualdad y la crisis climática.

A partir de la investigación y el conocimiento de los ponentes en diferentes áreas, durante el encuentro anual se desarrollan conferencias y sesiones de intercambio para repensar los desafíos de la región en temas sociales, políticos, económicos, culturales, ambientales y de paz.

Luego de un accidentado proceso para obtener las visas a Colombia. La Joven Cuba está representada en Lasa 2024 por miembros de nuestro Consejo Editorial junto a otros de nuestros autores en un panel que propone analizar la correspondencia entre la agudización de la crisis socioeconómica y política en la Isla con el avance de ideas de extrema derecha. Contempla, además, la polarización política en los medios de comunicación, el rol de las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos en la esfera pública cubana, así como las tendencias extremistas de las fuerzas políticas en pugna y su connivencia con actores radicales en cada extremo. LJC examina, desde el Observatorio sobre Extremismo Político en Cuba, fenómenos como la polarización y la violencia en la esfera política nacional.  

En un país que fue paradigma de ideas de izquierda en la región, hoy es visible el ascenso de ideologías de extrema derecha. Dado en gran medida por la incapacidad del gobierno cubano para conciliar su búsqueda de la soberanía con valores democráticos que permitan la participación política de otros.

Sumado a ello también influyen directamente en el fenómeno, el auge de grupos opositores influidos por la ideología anticomunista que caracteriza a la facción dominante de la migración cubana en el sur de la Florida, los problemas de diseño y ejecución en las reformas económicas recientes que han acrecentado la desigualdad y las sanciones de Estados Unidos y el financiamiento a medios y sujetos políticos con discurso anti-democrático. Todo ello condiciona que un número cada vez mayor de ciudadanos se afilien a un discurso de extrema derecha como alternativa al sistema político imperante en Cuba.   

Lasa 2024 brinda una plataforma para evaluar los escenarios y construir, desde la multiplicidad de voces y perspectivas, un futuro promisorio para la democracia en nuestras naciones.

El panel de LJC tendrá lugar el sábado 15 a las 10:20 am en el edificio número 20 Jorge Hoyos Vásquez de la Universidad Javeriana de Bogotá (Colombia). Invitamos a todos nuestros lectores inscritos en el congreso a participar, para quienes no lo estén, se habilitará un link a las 10:15 am (hora Bogotá) / 11:15 am (hora La Habana) para ver la presentación en vídeo. Lo daremos a conocer a través de nuestras redes sociales.

Muchas vueltas y pocas nueces…

La noticia es que el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla realizó una visita oficial a Rusia. Primero asistió, en la ciudad de Nizhni Novgorod, a la reunión del Consejo Ministerial de los Brics Plus, invitado por su homólogo Serguei Lavrov.

El alto funcionario cubano regresaba de China, en un viaje del que se conocen pocos resultados, aunque sí se supo que acudió por invitación del país asiático. Aunque Cuba no es miembro de los Brics, la dirección protémpore de Rusia ha abierto las puertas a la Isla en este bloque, como prometió Lavrov en febrero de este año.

Rodríguez Parrilla sostuvo encuentros con sus pares de Belarús, Egipto, Brasil y Turkiye, en los que conversaron sobre el estado de las relaciones bilaterales.

Al evento asistieron los cancilleres de los diez países miembros y una veintena de jefes de departamentos de exteriores de naciones que aspiran a unirse a la organización en diferentes modalidades.

Este es el segundo viaje de un alto funcionario gubernamental cubano en menos de un mes a Rusia. El viceprimer ministro Ricardo Cabrisas Ruiz estuvo también hace una semana cumpliendo una visita con objetivos económicos, y el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, asistió en el mes de mayo.

Al finalizar esta cita, el ministro de Relaciones Exteriores cubano se dirigió a Moscú, donde sostuvo conversaciones oficiales con Lavrov y ofrecieron una conferencia de prensa juntos.

«Sostuve conversaciones con el estimado amigo y canciller Serguei Lavrov. Coincidimos en el excelente estado de las relaciones entre #Cuba y #Rusia y en el fortalecimiento alcanzado de los vínculos económico-comerciales, con la puesta en marcha de proyectos en diferentes sectores», declaró.

El jefe diplomático afirmó que Cuba ya es parte de otras iniciativas de alcance multilateral como la Franja y la Ruta promovida por China. Repitió líneas oficiales de la política exterior cubana como la condena a las medidas coercitivas unilaterales contra Rusia y las acciones de la OTAN «para atizar el conflicto» y agradeció el apoyo de los países presentes por mantenerse en contra de las sanciones de Estados Unidos contra Cuba.

Igualmente, rechazó la expansión de la OTAN hacia la frontera rusa, que condujo al actual conflicto en Europa, en especial entre Moscú y Kiev, y abogó por una solución diplomática, constructiva y realista de la crisis existente en la región, según publicó la Cancillería cubana.

Lavrov, por su parte, reclamó la salida de Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, «una absoluta anomalía», porque el propio Washington recurre a «métodos de terror descarados».

Agregó que Moscú seguirá prestando asistencia humanitaria a La Habana, dado el impacto negativo del «embargo ilegal impuesto por EE.UU», según reportó el canal de noticias ruso RT.

Algunos medios informaron a principios de junio que el Fondo Ruso de Inversión Directa invertiría más de 1000 millones de rublos, aproximadamente 11 millones de dólares al cambio actual, en proyectos de investigación con la empresa cubana BioCubaFarma.

Más allá de esa noticia y del aumento de las visitas de turistas rusos a Cuba, no se han conocido resultados tangibles de los innumerables encuentros de políticos cubanos en los últimos meses.

En días recientes, la llegada a La Habana de una flotilla de naves de guerra del país euroasiático, que incluye una fragata y un submarino de propulsión nuclear, ha creado un pequeño acontecimiento mediático.

Estados Unidos consideró desde el Departamento de Defensa que no amenaza su seguridad nacional, aunque monitorean sus movimientos.

El arribo de la flotilla se da en el contexto de la autorización de Estados Unidos a las fuerzas armadas ucranianas a utilizar su armamento para atacar objetivos en territorio ruso, así como de la visita del canciller cubano a Moscú.

Esto significa que la diplomacia cubana sigue muy activa para tratar de convencer a los aliados poderosos de invertir en Cuba o, por lo menos, facilitar el camino a créditos o foros en los que se puedan promover mayores posibilidades. Este tipo de evento funciona para el Estado cubano como una oportunidad para extender su mensaje de apoyo al multilateralismo y, quizás en un futuro, poder acceder al foro como miembro asociado. 

Los Brics son apreciados por varios analistas como un contrapeso moderado al unilateralismo norteamericano. En los últimos años se han incorporado economías de mucho peso en las relaciones internacionales. Las naciones que integran esta organización representan más del 45 % de la población mundial y un tercio del PIB del planeta.

No obstante, más allá de las declaraciones formales, ni China ni Rusia se han mostrado en realidad muy interesadas en avanzar hacia mayores gestos de colaboración económica con Cuba. La deuda de la Isla con esos países es considerable y en esas condiciones es muy difícil que incluso los poderosos aliados continúen otorgando créditos, especialmente en un contexto económico tan delicado para todos.

Nuestra opinión es que Cuba debe aprovechar al máximo las pocas inversiones que logre atraer, invertir en los sectores más estratégicos y, en cuanto sea posible, honrar las deudas que tenemos con nuestros acreedores. Solo así volverán a confiar en un gobierno con graves problemas de gestión pública y económica.

Los apoyos contra las sanciones norteamericanas y la oposición a la inclusión de Cuba en la Lista de países patrocinadores del terrorismo se agradecen pues, más allá de los trasfondos de intereses que puedan tener, emplazan una calara injusticia. Pero, si no se consiguen resultados concretos en la economía cubana es muy difícil que tengan un efecto concreto sobre la dura crisis socioeconómica que vive la Isla.

La ayuda del exterior bienvenida sea, pero es el Estado cubano quien debe garantizar a sus ciudadanos un bienestar y para esto necesita un sistema económico que estimule la producitivdad. Es una lección que debe aprenderse de una vez y por todas.

Mientras no se haga un diagnóstico profundo sobre las causas internas que están agravando la crisis y no se impulsen reformas bien diseñadas sobre la base de criterios científicos y de expertos, la ayuda rusa o de cualquier país podrá aliviar crisis puntuales, pero no resolver los problemas estructurales internos que median en estas y que sí se pueden cambiar desde adentro.

Más incertidumbre sobre la situación de los dos médicos cubanos desaparecidos en Somalia

La noticia es que el alto mando militar norteamericano en África (AFRICOM) publicó un informe donde niegan que un bombardeo realizado el pasado 15 de febrero a posiciones del grupo terrorista Al Shabab matara a los dos médicos cubanos hasta el momento desaparecidos.  

La agencia española EFE anunció esta semana informaciones oficiales de las autoridades de las fuerzas armadas estadounidenses destacadas en el continente africano, confirmando que el ataque aéreo sí fue realizado, pero descartan la muerte de civiles.

El supuesto fallecimiento de los médicos cubanos Landy Rodríguez y Assel Herrera fue anunciado por Al Shabab, la misma organización que los secuestró en la zona fronteriza con Kenia desde el 2019. Ellos se encargaron de ofrecer detalles el 17 de febrero del presente año, con una información publicada en un canal de Telegram, acerca de un bombardeo con drones sobre la localidad de Jilib en Somalia.  

Posteriormente, las autoridades diplomáticas cubanas trataron de contener la opinión pública con un comunicado, reseñado por la agencia Prensa Latina, en el que declaraban que la información sobre la muerte de los colaboradores no estaba confirmada y continuaban las comunicaciones ininterrumpidas entre las autoridades de Somalia, Kenia y Cuba.

Ante la gravedad de la situación y el aumento de las peticiones por alguna respuesta, el gobierno decidió enviar al jefe del Parlamento y miembro del Consejo de Estado, Esteban Lazo, a tratar de conseguir personalmente alguna revelación en el terreno sobre los cubanos desaparecidos. Lazo recorrió varios países, se reunió con autoridades políticas, militares y otros colaboradores cubanos, pero el resultado de su gestión pública no ha sido divulgado.

Un experimentado analista cubano sobre relaciones diplomáticas con rango de embajador, entrevistado por este medio hace unos meses sobre el tema, declaró que este tipo de procesos son muy delicados y que confirmar una información que no ha sido comprobada no es prudente. No obstante, hace tiempo que no se cuenta con una fe de vida de los dos médicos cubanos y la esperanza de volverlos a ver va disminuyendo.

Hace aproximadamente dos meses, en abril, el Minrex comunicó nuevamente que las informaciones frutos de las gestiones realizadas hasta ese momento no permitían confirmar la muerte de Rodríguez o Herrera. Después de esa publicación se había notificado nada más hasta el pasado miércoles 12 de junio en que los funcionarios castrenses norteamericanos deciden desmentir que ellos habían sido los responsables de esas supuestas muertes. Hasta esta semana habían permanecido en un incómodo silencio.

Esto significa que las probabilidades de que los galenos sigan con vida se siguen reduciendo aún más, aunque no hayan podido ser comprobadas sus muertes por ninguna vía. Después de esta información oficial de los norteamericanos, solo la cancillería cubana quedaría por continuar pronunciándose sobre el destino de los doctores.

Usuarios en las redes sociales cubanas han criticado la manera en que el gobierno cubano gestionó la comunicación pública después del secuestro, algunos opinan que no se hizo todo lo posible, en primer lugar, por protegerlos, y después recuperarlos a tiempo y en las mejores condiciones.

Esta situación ha sido una derrota más a nivel de opinión pública para el actual gobierno cubano en medio de una severa crisis económica y las fuertes críticas por parte de la oposición a las condiciones en las que se realizan las misiones médicas cubanas.

Nuestra opinión es que el gobierno debe comunicar formalmente cuál es su posición sobre el tema. Tanto las familias de Landy y Assel, como el resto de los cubanos que seguimos pendientes de sus destinos, merecemos una respuesta lo más competente y definitiva posible para tal escenario.

Las autoridades políticas cubanas son responsables por la seguridad del personal que sale hacia misiones internacionales a brindar servicios, muchas veces criticados por las condiciones de trabajo y salarios bajos con respecto a sus pares.

Por tanto, también urge tener una conversación pública sobre las misiones médicas, sobre todo aquellas que se realizan en zonas marcadas por los conflictos bélicos. ¿Qué protocolos se siguen para proteger a los cubanos que trabajan en estos territorios? ¿Qué falló en la caso de Landy y Assel? Es imprescindible que, a pesar de la grave situación económica que atraviesa el país, ningún colaborador cubano sea puesto en peligro en ninguna circunstancia.

Esperamos que estas informaciones sobre las probables muertes de los galenos hayan sido un error, pero con tanto ocultismo en la información es muy difícil saberlo.  

Los buques de guerra rusos están en Cuba, intenta no reaccionar exageradamente

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submarino nuclear ruso
Foto: Roberto Garaycoa Martínez (Cubadebate)

Sí, Putin está alardeando, pero La Habana necesita un salvavidas económico que Moscú puede proporcionar y que EE. UU no ha sabido ofrecer

La noticia de que cuatro buques de guerra rusos se encuentran en La Habana para realizar ejercicios navales trae a la memoria el viejo aforismo marinero: «Cualquier puerto en una tormenta».

Cuba necesita desesperadamente ayuda económica, y Rusia se la ha estado proporcionando. El resultado es una asociación cada vez más profunda que tiene ecos geopolíticos de la Guerra Fría, aunque ahora los cubanos se sienten atraídos por Moscú menos por afinidad ideológica que por necesidad económica.

Desde la pandemia del COVID-19, la economía cubana se ha visto sacudida por los vendavales de una tormenta perfecta: una confluencia de sanciones estadounidenses intensificadas impuestas por el presidente Trump, una pandemia que cerró la industria del turismo y políticas gubernamentales mal concebidas que han empeorado las cosas en lugar de mejorarlas.

Desesperadamente corto de divisas, el gobierno cubano no puede importar suficientes productos de primera necesidad como alimentos, combustible y medicamentos, por no hablar de los insumos necesarios para la producción nacional, que se ha desplomado. La reducción de la producción implica la disminución de los ingresos en divisas procedentes de las exportaciones y una necesidad aún mayor de importaciones, un círculo vicioso que no tiene fácil salida.

Algunas de las reformas económicas que ha emprendido el gobierno pueden ayudar a relanzar la economía a medio y largo plazo, pero a corto plazo, la única esperanza de Cuba para aliviar la crisis inmediata, poner comida en la mesa de la gente y, literalmente, mantener las luces encendidas, es la ayuda exterior. Ahí es donde entra Rusia.

La única esperanza de Cuba para aliviar la crisis inmediata, poner comida en la mesa de la gente y, literalmente, mantener las luces encendidas, es la ayuda exterior.

A principios de la década de 1960, la ayuda de la Unión Soviética salvó a la economía cubana de los estragos del embargo estadounidense, frustrando los planes de los sucesivos presidentes de Estados Unidos de someter al gobierno revolucionario. Los soviéticos veían a Cuba como un valioso puesto ideológico en América Latina y Cuba veía a la Unión Soviética como un socio necesario en su lucha por liberarse de la dominación estadounidense.

Aunque esa asociación se vino abajo con el final de la Guerra Fría, Vladimir Putin ha trabajado duro para reconstruirla desde su primer mandato como presidente ruso. Su principal palanca ha sido la ayuda económica. Putin condonó el 90% de la deuda cubana de la era soviética y, desde entonces, ha ido aumentando su ayuda económica. En 2009, la relación económica se amplió a las esferas política y diplomática cuando ambos países declararon una «asociación estratégica».

Cuando la economía cubana sufrió un declive del 11% como consecuencia de la pandemia, Rusia envió alimentos y suministros médicos desesperadamente necesarios que salvaron vidas cubanas, una medida que reavivó el afecto por los rusos que sienten algunos cubanos, especialmente los que estudiaron en la Unión Soviética cuando eran jóvenes.

La invasión rusa a Ucrania tensó la nueva asociación. Cuba mantenía una estrecha relación con Ucrania desde la década de 1990, cuando proporcionó tratamiento médico a más de 18 000 niños ucranianos afectados por la radiación tras el desastre nuclear de Chernóbil. Además, la no intervención y la oposición a las esferas de influencia de las grandes potencias han sido piedras angulares de la política exterior cubana y un grito de guerra contra las políticas estadounidenses de cambio de régimen desde que Fidel Castro entró en La Habana en 1959.

Al principio, Cuba trató de mantener una posición intermedia respecto a Ucrania, reiterando su oposición a la intervención y pidiendo un final negociado del conflicto, al tiempo que culpaba a Estados Unidos y Europa Occidental de provocar a Moscú con la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas. En las Naciones Unidas, Cuba se abstuvo en las resoluciones que pedían la retirada de Rusia, pero se opuso a las resoluciones que imponían sanciones a Moscú.

Sin embargo, durante el último año y medio, la posición de Cuba se ha vuelto gradualmente menos equívoca y más alineada con la de Rusia. Desde que el presidente Miguel Díaz-Canel visitó Moscú en noviembre de 2022 y declaró que «Rusia no es responsable» de la guerra, un desfile de funcionarios rusos y cubanos ha viajado entre ambas capitales, firmando más de una docena de nuevos acuerdos de cooperación económica.

Durante el último año y medio, la posición de Cuba se ha vuelto gradualmente menos equívoca y más alineada con la de Rusia.

En un viaje en junio de 2023, el vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvédev, se reunió con Raúl Castro, quien, según la agencia de noticias rusa Tass, «expresó su pleno apoyo a Rusia en relación con la situación en Ucrania y su confianza en la victoria de Rusia».

El mes pasado, Díaz-Canel visitó de nuevo Moscú y, en su encuentro con Putin, repitió la condena cubana a la expansión de la OTAN, declarando: «Le deseamos a usted y a la Federación Rusa toda clase de éxitos en la operación militar especial».

La visita de los buques de guerra rusos es la forma que tiene Putin de recordar al presidente Biden que Moscú puede desafiar a Washington en su propia esfera de influencia, un contrapunto simbólico a la ayuda estadounidense a Ucrania. Durante los últimos años, la Declaración de Postura anual del Mando Sur de Estados Unidos ha citado la creciente influencia de los «Competidores Estratégicos» -especialmente Rusia y China- como el principal desafío para la seguridad nacional de los intereses estadounidenses en el hemisferio occidental.

Buques rusos en La Habana / Foto: Cubadebate
Buques rusos en La Habana / Foto: Roberto Garaycoa Martínez (Cubadebate)

En este tema, como en el de la emigración, las sanciones de Estados Unidos contra Cuba han resultado contraproducentes. Al exacerbar las dificultades económicas a las que se enfrentan los cubanos, las políticas de Washington han acelerado la emigración y no han dejado a Cuba otra alternativa que buscar ayuda en esos mismos competidores estratégicos. Como dijo ante el Congreso la comandante del Comando Sur, General Laura J. Richardson, refiriéndose a América Latina en términos más generales: «Cuando necesitas una cuerda a la que agarrarte, no te fijas necesariamente en quién la ha lanzado. Debemos ser nosotros los que lancemos la cuerda, no nuestros competidores estratégicos».

Esa es, en pocas palabras, una buena explicación de la evolución de la relación de Cuba con Rusia y un buen consejo para la política estadounidense hacia Cuba.

*El Dr. William M. LeoGrande es Non-Resident Fellow del Quincy Institute y Profesor de Gobierno y Decano Emérito de la Escuela de Asuntos Públicos de la American University de Washington, D.C.


Este artículo se reproduce con el consentimiento de su autor.

Yoss: la industria editorial está abocada a la muerte

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Yoss
Ilustración: Félix M. Azcuy

Transcripción del cuarto episodio de La Sobremesa: «Ser escritor en Cuba, con Yoss».

Ya está disponible en todas las plataformas de audio y video:

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[Música de presentación]


Mariana Camejo (MC): Hola a quienes nos están viendo o nos están escuchando a través de las plataformas de audio. Estamos en otro episodio de La Sobremesa, un podcast de La Joven Cuba donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

Jorge Bacallao (JB): Bueno, pero yo todavía me siento más ligero, porque fíjate que me quité ya la camisa de todos los capítulos anteriores y me puse un pullovito. Tú sabes que hay una frase, Mariana, que dice que toda persona debe tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro. Nosotros hoy vamos a hacernos eco de eso, pero vamos a dejar un momentico el árbol y el hijo a un lado, porque el tema es la literatura.

(MC): Exactamente, y una vez más tenemos un invitado de lujo. Nos vamos a cansar de estar repitiendo esto.

(JB): No, pero es que no fallamos con los invitados. La Sobremesa convoca y el invitado de lujo acude. (Risas).

(MC): Así que no se vaya, hacemos una pausa y enseguida regresamos.

(JB): Acuérdese, se lo digo siempre, no se entretenga que se pierde el principio.

[Música]

(JB): Si usted camina La Habana, seguramente se ha encontrado alguna vez a nuestro invitado de hoy, y si se lo ha encontrado, estoy seguro de que no se le ha olvidado. Hoy tenemos el gusto de conversar con José Miguel Sánchez, que nadie sabe que se llama así, la gente lo conoce por Yoss. Uno de los escritores que aquí en Cuba ha ganado todo lo ganable (casi casi), que escribe cualquier género y que en materia de fantasía y ciencia ficción es una autoridad. Además, es vocalista de un grupo, todólogo, como se dice…

Yoss (Y): Polímata.

(JB): Esa es la cosa. Bueno, bienvenido Yoss a La Sobremesa.

(MC): Bienvenido, Yoss.  

(Y): Un placer estar aquí, o como diríamos para estar bien entre cubanos, un solar.

Cómo viven los escritores

(MC): Yoss, vamos a empezar por la pregunta quizás más básica. ¿Qué es para ti un escritor? 

(JB): Porque, déjame acotar ahí, tú sabes que esa definición… para la Uneac hay que tener dos libros. El maestro Heras León desde que te sentabas ahí te decía: «ya usted es un escritor». Y el acosador de la guagua que se le acerca a la muchachita con el libro y el poema, dice: «mira, yo soy escritor». O sea, para Yoss, ¿qué es un escritor?

(Y): Yo creo que escritor no se define por la cantidad de libros que tú has publicado, ni siquiera por la cantidad de libros que has escrito, ni por los premios que has ganado. Ser escritor es una necesidad. Uno no elige ser escritor, no le queda más remedio que ser escritor. Los escritores somos gente que necesitamos escribir, que disfrutamos más el proceso de la escritura que el hecho de haber escrito. Un escritor nunca está diciendo: «yo escribí tal cosa, yo publiqué tal cosa, yo gané…» Sino, generalmente, está diciendo: «estoy escribiendo ahora una novela, o voy a escribir un cuento».

Ser escritor, a veces te podría decir que es una maldición, porque significa, en el 90% de los casos, si no eres Stephen King o J.K. Rowling, dedicarte a una vida de miseria, y que cuando el vecino te dice: «yo te he visto por televisión, tú tienes que tener dinero, ¡cómprame la pata de cebolla!», tú le dices: «no, no puedo comprarte ni un dedo, ¡qué la pata completa!»

Ser escritor, a veces te podría decir que es una maldición, porque significa, en el 90% de los casos, si no eres Stephen King o J.K. Rowling, dedicarte a una vida de miseria.

(JB): Vamos a pasar por la parte económica, a eso vamos a llegar.

(Y): Ah, está bien. Bueno, menos mal que no traje manga, porque entonces si vamos a hablar de economía, así viene sin censura. (Risas). Pero, por otro lado, también es una bendición. Para mí, ser escritor es una de las grandes coartadas de la vida. Es una de las cosas que me ha permitido interesarme por casi todo. Cada vez que yo me ponía, por ejemplo, a investigar sobre la cocina sumeria, y eso es un tema esotérico donde los haya: ¿cómo cocinaban los sumerios? ¿tenían ollas de presión?, mi mamá me decía, «¿qué rayos tú estás investigando?» «No, mamá, estoy averiguando unos datos para un libro». Probablemente el libro nunca lo escribiera. De hecho, todavía no he escrito nada sobre la cocina sumeria.

Pero creo que es la autorización para tú meterte en un montón de cosas en las cuales una persona normal no se metería. Y en ese sentido, ser escritor es de alguna manera ser un hombre del renacimiento. Hay quien dice que los escritores tienen que empezar jóvenes, hay quien dice también que los escritores tienen que empezar después que han vivido. Yo creo que los escritores empiezan cuando no les queda más remedio. Y en lo general, a no ser que se decepcionen mucho, nunca termina. El oficio de escritor, una de las cosas maravillosas y tristes que tiene es que no tienes jubilación. Esto en el sentido de que estás escribiendo hasta el último día de tu vida y nunca te van a pagar una pensión por ser escritor.  

Yoss en La Sobremesa
Yoss en La Sobremesa

Libro en papel vs libros digitales

(JB): Exactamente, exactamente. Bueno, hay una cosa que no quiero dejar pasar ahora, Yoss, y tiene que ver con los tiempos que estamos viviendo. De hace unos años para acá, internet, los soportes digitales, están casi matando, según lo que dice la gente, al libro impreso. ¿Qué tú crees de eso?

(Y): Mira, yo creo que el libro impreso está pasando por el mismo proceso con respecto a la publicación digital por el que pasó el teatro primero con el cine y luego con la televisión. Hay teatro, pero también hay cine y televisión y eso no mata al teatro. En estos momentos, como funciona el mercado del libro impreso es que la gente compra primero el libro digital. Si les gusta, si lo quieren tener, lo mandan a imprimir. Ya no hay espacio en las casas normales para tener 600 o 700 volúmenes. Yo tengo 5.000 libros en mi cuarto.

(JB): Pero tú no tienes una casa normal. (Risas)

(Y): No, sí. De hecho, mi cuarto es una biblioteca que incluye una cama.

(JB): Y espadas y cuchillos.

(Y): Y espadas y cuchillos, pero van en las paredes donde no he podido poner libros. Tengo libreros en tres de las cuatro paredes de la casa. Y eso porque en la otra pared está la puerta. Yo creo que en estos momentos muchos escritores ven la presencia digital como una terrible afección, una especie de pandemia que le ha caído a la literatura. Creo que los problemas se pueden ver como una tragedia o se pueden ver como una oportunidad. Esta también es la oportunidad de que muchos escritores o gente que escribe llegue a la fama o llegue a una difusión sin tener que pasar por la criba de las editoriales. Esos monstruos que se quedan con el 85% de lo que tú escribes, a pesar de que ellos solo publican el libro. Ahora hay mucha gente que se abre camino a través de sitios como Wattpad. Es verdad que el 99% de lo que se publica en Wattpad es basura. Pero, como dijo Theodore Sturgeon, el 99% de todo es basura. Olvídate de eso y quédate con el 1% que vale la pena.

Tengo libreros en tres de las cuatro paredes de la casa. Y eso porque en la otra pared está la puerta.

Creo que estamos viviendo una especie de singularidad tecnológica en la cual los escritores tendrán que acostumbrarse a pensar en sus obras como hipertextos, tendrán que dejar de presumir de conocimiento, porque cualquiera podrá buscar en internet el día que fue la batalla de Waterloo, la hora que había y decirle: «estás hablando basura, esto no fue así». Y tendrán que empezar a gestionar más argumentos y definición de personajes en vez de presumir de enciclopedias o libreros con patas, que era como le decían a Lezama Lima.

(MC): Bueno, pero la industria editorial también a nivel mundial está pasando diversos desafíos, que también pasan por el tema económico. Háblanos un poco de esos desafíos.

(Y): Mira, yo creo que la industria editorial, como se le conoce hoy, está abocada a la muerte. La única posibilidad que tiene la industria editorial es de empezar a filtrarse hacia la impresión por demanda. Como te decía, la gente comprará un libro digital.

La industria editorial, como se le conoce hoy, está abocada a la muerte. La única posibilidad que tiene la industria editorial es de empezar a filtrarse hacia la impresión por demanda.

(MC): ¿Pero abocada a la muerte por el libro digital?

(Y): Abocada a la muerte por el libro digital y abocada a la muerte porque la mayoría de la gente, justamente en esta era digital, de redes sociales, de SMS, cada vez quiere leer menos y quiere leer más rápido. Cada vez les interesa menos el estilo. Entonces habrá que hacer como hace el ministro de Economía de la India: se olvida del 65% de su población que quiere seguir plantando y reverenciando a Shiva, y se preocupa del otro 35% que quiere trabajar en empresas digitales y que está minando bitcoins.

(JB): Tú hablabas de algo ahí que ha hecho la industria para tratar de resolver los problemas, como la impresión por demanda. O sea, tú te estás comprando un libro ahora, —vamos a suponer que podamos comprarlo por Amazon, vamos a soñar— y ese libro que te estás comprando no está guardado en un almacén. No se demoran en llevártelo a la casa, pero entre que tú lo pides y te lo llevan, lo imprimen.

(MC): Lo hacen.

(JB): Incluso vi el otro día, no sé si sabes de eso, —debes saber porque tú eres el caballo de Atila—, de unas bibliotecas en donde llegas, dices «yo quiero ese y te lo hacen en el momento».

(Y): Ya tuve la oportunidad de visitar bibliotecas así. Incluso uno puede pedir, «¿tú crees que me puedas hacer El Paraíso Perdido, de Milton?» «Sí, sí, lo podemos hacer». «¿Pero, lo puedes ilustrar con los grabados de Gustave Doré de la Biblia?» «Sí, se puede hacer». «¿Y yo puedo elegir dónde van los grabados?» «Sí, también se puede hacer». «¿Y cuánto va a demorar?» «Danos 45 minutos». O sea, y 45 minutos que realmente terminaron siendo 30 minutos. Porque al revés de lo que pasa en Cuba, 45 minutos suele picar hacia una hora. En el resto del mundo si no llegas temprano, estás llegando tarde.

(JB): Sí, sí. Es increíble. O sea, ¿compraste un libro así?

(Y): Compré un libro así.

(JB): Después que se termina de imprimir, ¿está caliente?

(Y): No, no. Una cosa tiene: huele a tinta. Y eso, para los que estamos acostumbrados al libro físico, es una cosa maravillosa. Las páginas rechinan todavía. Las impresoras, supuestamente, imprimes la página y se queda caliente. Pero parece que después lo encuadernan ya desde hace tiempo. 

Una historia de metros en una ciudad sin metros

(MC): Podríamos decir un poco ahí que la vida del escritor se está facilitando en cuanto a posibilidades de publicación, plataformas.

(JB): Bueno, sin ir más lejos, y ahora sí quiero que me digas, porque sé que tienes que ver con esto. Tú decías que lo que para algunos escritores es un problema, para otros es una oportunidad. Y yo me acuerdo de Glujovsky, que llevó su metro a todas partes y le decían que no, hasta que lo sacó por internet, gustó, y se convirtió en el fenómeno que es, que tiene uno de los mejores videojuegos y tiene, que eso es lo que yo no sabía, Yoss nos podrá decir. Bueno, yo dejé la historia en algún punto. Se hizo como una franquicia en donde cada escritor, escritores en el mundo, podían contribuir a la franquicia hablando de… Claro, porque la novela es un futuro distópico en donde hubo una guerra nuclear y entonces se refugiaron en el metro de Moscú una serie de personas. Y ahí dentro se hicieron grupos diferentes y toda una organización. Hay más metros en el mundo.

(MC): ¿Eso se puede replicar?

(JB): Claro que sí. Muchísima gente ha incorporado libros a la franquicia poniendo lo que pasó en el metro de Polonia, en el metro de Madrid. Y nosotros aquí no tenemos metro, pero Yoss escribió lo que pasa en el metro de La Habana. Cuéntanos de eso.

Yoss en La Sobremesa
Yoss en La Sobremesa junto a Mariana Camejo y Jorge Bacallao

(Y): Bueno, esto fue una idea que surgió en el año 2011 cuando yo estaba en Les Imaginales, que se celebran en Épinal. Un escritor suizo me dijo, «mire, este ruso quiere que yo le escriba una historia, pero en Berna tenemos un metro muy pequeño. Además, por lo que me está pagando es muy poco». Digo, «por curiosidad, ¿cuánto te está pagando?» (Risas) «No, él dice que por 2,000 o 3,000 euros». Digo, «mira, yo te lo escribo mañana. Dame el contacto».

(JB): El de La Habana y el de Berna.

(Y): La única objeción que puso Glujovsky: «yo tengo entendido, en La Habana no hay metro». Le dije: «no te preocupes». Y así surgió el proyecto que inicialmente se llamaba Habana no Metro 2033, porque todas las novelas de la franquicia empezaban con el nombre de la ciudad. Por ejemplo, Varsovia Metro 2033, Berna Metro 2033, Río de Janeiro Metro 2023. La novela finalmente se terminó llamando Tuerca de Rosca Izquierda, que también es una cosa muy relacionada con lo que somos los cubanos y lo que era la novela. Y, como no tenemos metro, yo coloqué a los supervivientes de esta catástrofe nuclear, de esta especie de apocalipsis tecnológico, viviendo en los túneles populares, en lo que quedaban de las alcantarillas, en unos supuestos tramos del proyecto original de metro con apoyo de la Unión Soviética que se hicieron en los años 80, que nunca pasaron del proyecto. Pero, bueno, en Cuba hay tantas cosas que se dice que se van a proyectar y no se hacen, que por qué no se iban a hacer algunas que se dijeron que no se iban a hacer.

Como no tenemos metro, yo coloqué a los supervivientes de esta catástrofe nuclear, de esta especie de apocalipsis tecnológico, viviendo en los túneles populares.

Y la novela iba a salir en el año 2021 en ruso, porque el contrato especificaba que debía salir primero en ruso. Entonces empezó la guerra de Ucrania, Glujovsky se declaró contra la guerra de Ucrania, lo declararon persona non grata. Estuvo preso en Rusia, se fue de Rusia, regresó a Barcelona, por suerte pudo salir y tuvo buenos abogados, y la novela no va a salir en Rusia, porque en este momento Dimitri Glujovsky es persona non grata en Rusia. Es probable que pronto aparezca en polaco, porque los escritores y los lectores del fandom polaco están muy interesados en la novela.

Yo tuve que conectarla con un blog argumental en el cual aparecía un submarino nuclear ruso, el último submarino nuclear que se llamaba Iván Grozny, o sea, Iván el Terrible, que llegaba a La Habana a recoger algunas personas. Y creo que va a ser muy interesante cuando la novela se incorpore a este corpus de Mundo Compartido que ya es Metro 2033.

(JB): ¿Te pagaron?

(Y): Me pagaron. En el 2019 Glujovsky en persona, la primera vez que nos encontramos, me puso en la mano (muy a lo mafia rusa), 5000 euros en efectivo, con lo cual pagó completamente mi viaje a Rusia para la presentación y todo eso, y hasta lo hizo rentable.

(JB): Wao.

De qué viven los escritores

(MC): ¿Se puede ser escritor y nada más?

(Yoss): Mira, yo siempre le digo a la gente que mi vida como escritor se parece a la de Tarzán cuando se mueve por la selva. Tarzán iba por la selva de rama en rama, saltando, gritaba «tamangani», y por debajo estaban el león y el leopardo que trataban de saltar y cogerlo, pero no lo cogían porque era Tarzán.

Yo como escritor voy de un premio a un pago por una colaboración, a un adelanto, a una columna, y de vez en cuando el león y el tigre, o sea, el vendedor de cebolla y el vendedor de claria, me cogen por una pata y me desgarran porque yo no soy Tarzán. Ser escritor, exclusivamente, creo que en Cuba es posible si uno publica en el exterior con cierta asiduidad, pero, de todas maneras, como en el resto del mundo, el 90% de los escritores tienen otro trabajo, y el otro 10% no tienen otro trabajo y nos morimos de hambre con tremenda dignidad.

(JB): Bueno, ¿y qué trabajos serían esos? En tu caso yo sé que tú eres todólogo, como ya dijimos, pero normalmente ¿con qué profesiones o con qué ocupaciones compagina mejor el escritor?

(Y): Obviamente con profesiones que están relacionadas con las letras. La primera en la que muchos editores caen es editor. Es gracioso que a uno le pueden pagar por editar el libro de otro escritor más de lo que le pueden pagar como adelanto por tu propio libro. Otra muy frecuente es periodista. A veces los escritores tenemos este ojo diferente, que ve la realidad desde otro punto de vista y la señala, y nos volvemos periodistas, sobre todo periodistas de costumbre. Yo hace unos meses estoy publicando una columna con Hipermedia Magazine, que la columna sale religiosamente, o sea, cuando Dios quiere, lo cual ocurre más o menos tres veces al mes, y yo siempre le dije, «mira, yo no sé si yo puedo hacer un artículo de dos, tres cuartillas». «Escríbelo del largo que sea».

Es gracioso que a uno le pueden pagar por editar el libro de otro escritor más de lo que le pueden pagar como adelanto por tu propio libro.

Entonces soy muy feliz porque los artículos que yo hago van entre un mínimo de cuatro a un máximo de ocho o diez cuartillas. Pero me salen en un día. Los escribo feliz. Van desde lo que es ser un dueño de almendrón en Cuba hasta el último que salió justamente ayer, que evoca la época de los juguetes, del básico, no básico y dirigido. Y recuerda a un vecino que hacía maquetas y que tenía un gran secreto en su vida, que no es que fuera gay, vamos a decirlo.  

(JB): Chicos, yo he visto, bueno, en tu caso, tú sí has hecho muchísimas cosas. Hablamos que tocas en una banda. A veces yo me he puesto a pensar en qué es lo más extraño a lo que se puede dedicar una misma persona en cuanto a que esas cosas no compaginen. Yo tengo un ejemplo de una muchacha que conocí de la universidad, que no he encontrado dos cosas más diferentes.

La muchacha era a la vez jueza y skater. O sea, un día estaba en un tribunal ahí juzgando y después cogía con su patineta su pullover largo y a darse golpe.

(Y): Eso, como dirían los comentaristas deportivos, si no es un récord, es un buen average.

(MC): Yo creo que podemos hacer una pausa.

(JB): Sí, para que nosotros nos tomemos el café y a Yoss le toca jugo. ¿De qué tenemos jugo? De guayaba, ¿no?

(MC): De lo que sea.

(JB): Del que sea.

(Y): Después de un jugo de guayaba uno necesariamente tiene que decir dos o tres mentiras, ¿no?

(MC): Vamos a una pausa y enseguida regresamos.

(Spot del Observatorio sobre el Extremismo Político de la Joven Cuba).


Yoss en La Sobremesa
Yoss en La Sobremesa

La Industria del libro en Cuba

(JB): Bueno, estábamos hablando de la industria.

(MC): De la industria editorial, un poco.  

(JB): Y vamos a cosas tristes.  

(MC): Vamos a aterrizar un poquito en Cuba, en las cosas tristes. Industria editorial en Cuba. Desafíos. Que son varios.

(Y): El primer desafío en estos momentos es conseguir papel.

(JB): Y no solo para escribir. (Risas).

(Y): Imagínense. Si no tenemos papel para otros usos, para publicar no hay. La mayor parte de las revistas y las publicaciones periódicas del mundo han pasado completamente a ese puente digital. Lo cual es también una antesala de su desaparición. Porque hoy por hoy, cuando las noticias circulan digitalmente a través de las redes sociales con tal velocidad y sin filtro, la gente no quiere que una redacción de un periódico le organice las noticias. Quieren tener acceso a ellas y decidir en qué creen y no creen.

Si no tenemos papel para otros usos, para publicar no hay. La mayor parte de las revistas y las publicaciones periódicas del mundo han pasado completamente a ese puente digital.

Pero los libros sí se siguen publicando en papel. Los manuales de instrucciones se siguen publicando en papel. Porque imagínate cómo tú vas a resolver con un manual de instrucciones para un generador de corriente cuando no tienes electricidad. Si el manual es digital. Cuba este año tuvo que publicar casi el 90% de los títulos de las ferias digitales. Pero esto representa un gran desafío.

Hace unos años se pensaba que estábamos más preparados que ningún otro país para enfrentar el reto de la digitalidad, al menos en el aspecto de los pagos. Porque en Cuba sabes que los escritores cobramos la misma cifra si vendemos todos los libros el primer día de lanzamiento que si no vendemos ninguno. Son cifras fijas. No se cobra un porcentaje. Entonces, eso parecía que era lo más fácil.

(JB): Además, fijas también con respecto a la inflación.

(Y): La cuestión es que eso no es una cosa muy agradable, porque cuando te pagan el libro que sacaste el año anterior, te lo pagan este año. Lo que era dinero el año anterior ahora te sirve para comprarte una pizza. Y no en todos los lugares. Pero resulta que como somos tan maravillosos que para cada problema encontramos una solución. No, era al revés. Para cada solución encontramos un problema. Ahora que se podía pagar un precio fijo para los escritores por una publicación digital, decidieron que había que registrar la cantidad de ventas que tenía tu libro y que según la cantidad de ventas se te pagaba. Quiere decir que en este país que pudiera tener una calavera con dos tibias cruzadas en lugar de la estrella y el triángulo de la bandera, porque somos una nación pirata. Todas las películas y todos los seriales que ponen están pirateados. No se pagan derechos por nada. De pronto, como todos los cubanos piratean incluso de las plataformas supuestamente inaccesibles de Citmatel, como Súper Fácil, que debiera llamarse súper difícil. No hay manera de saber cuánta gente compra el libro. Y lo que hace un cubano que normalmente compra el libro, si le gusta se lo pasa a todos los amigos hasta que te dicen, «oye, todo el mundo ha leído tu libro». «¿Y cuántas compras hay?» «No, dos compras».

Lo que era dinero el año anterior ahora te sirve para comprarte una pizza. Y no en todos los lugares.

(JB): Por lo menos tú sabes quién fue el que lo dio.

(Y): Ya tú sabes quién fue el que lo dio.

(JB): Oye, increíble esto. Yo no tenía la cifra del porcentaje de libros digitales en la Feria. Ya un poco más que eso es ponerse un video en La Cabaña uno, ¿no? El año que viene.

(Y): Curiosamente, las pocas editoriales que han presentado ejemplares físicos, por no decir analógico, son las editoriales provinciales: 500 ejemplares, 1000 ejemplares Letras Cubanas, Gente Nueva, Último Milenio.

(JB): No tienen papel.

(Y): De hecho, se está hablando, Pueblo y Educación, que es la que hace los libros de texto para los niños, está hablando de pasar todos los libros de texto a digital. Lo cual es una maravilla porque como todo el mundo sabe cada niño cubano cuando nace recibe un celular de otro modelo con el cual se puede mover. (Risas)

(JB): La cigüeña se lo trae, se lo deja. 

(JB): El módulo básico que es celular, generador, auto eléctrico y laptop.

(Y): Pero hay mucha gente que ahora con el tema de las críticas a la Feria del Libro ha propuesto quizás, por ejemplo, hacer la Feria cada dos años para poder garantizar impresión. Además de garantizar que se impriman libros que de verdad a la gente le interese.

Se ha propuesto hacer la Feria cada dos años para poder garantizar impresión. Además de garantizar que se impriman libros que de verdad a la gente le interese.

(JB): En pocas ferias del libro del mundo entero te puedes comprar un collar de semillas tan bonito como los que se consiguen aquí en estas ferias.

(Y): O comprarte una pizza tan luchada como las que se ven o comprarte una selección de mangas japoneses.

(MC): Carísimos que, además, estuvieron esta vez.

(Y): Mi novia estuvo trabajando un día haciéndole promoción a los mangas, disfrazada de elfo, y yo le preguntaba «bueno, ¿cuánto vendiste?» «Como 5 o 6. Los más baratos estaban a 1000, los más caros a 6000. Pero un montón de gente se tiró foto conmigo, debí haber cobrado por la foto».

(JB): La Feria tiene récord de venta de Cristiano Ronaldo.

(MC): Además de materiales de oficina. La Feria está mutando a lo que originalmente era.

(JB): Y yo no sé qué creerás tú, pero para mí todo ese barullo creo que a veces le dificulta la vida al que va a buscar libros.  

(Y): Bueno, en realidad las ferias en todo el mundo son un gran espectáculo y un gran negocio. Yo siempre les recomendaba a todos los escritores que se creían el centro del universo, la mejor pluma de la galaxia o el mejor teclado de la galaxia, que si podían fueran a las grandes ferias, las de Guadalajara, las de Frankfurt, para que se dieran un bañito de humildad, para que se dieran cuenta de que hay un montón de escritores, un montón de libros, muchísimos buenos y la mayoría de ellos nunca van a ir a ninguna parte. Nunca van a entrar en la categoría del libro del mes, nunca los va a conocer nadie y son magníficos. Creo que la Feria del Libro en general, pero la Feria del Libro de La Habana, sobre todo, es una especie de vitrina de las vanidades en la que tratamos de aparentar, como aquel famoso bocadillo de la película Erick el Vikingo, de Terry Jones: Hy-Brasil no se está hundiendo… glu glu glu.

Tratamos de aparentar que todo está normal, que el sistema editorial sigue funcionando, que no tenemos problemas, que hemos pasado sin pena ni gloria, pero sin dolor, de las publicaciones analógicas a las publicaciones digitales. Pero, en realidad estamos completamente desconcertados. Los escritores están desconcertados, los promotores están desconcertados, los que trabajan en la editorial están desconcertados y eso significa que, de ahí para arriba, ministro de cultura y más arriba todo el mundo está desconcertado. O sea, no se sabe qué va a pasar con la Feria del Libro. Se habla de hacerla cada dos años, hay quien ha hablado simplemente de suspenderla, de que no necesitamos una feria nacional, que basta con una feria de provincia. Hay quien ha llegado a extremos: «¿y qué tal si hacemos una feria cada cinco años para tener de verdad algo que publicar?»

En realidad estamos completamente desconcertados. Los escritores están desconcertados, los promotores están desconcertados, los que trabajan en la editorial están desconcertados.

(JB): Una buena verdad. A mí me pasó una cosa con el único libro que tengo publicado. El libro salía para una Feria. Eso fue hace siete u ocho años. Me dijeron, «el libro no va a salir, el libro no va a salir». Y yo dije, «bueno, será que hay algún problema de censura», y me dijeron, «no, no, no, si hay como tres libros sobre el bloqueo que tampoco van a salir». Es un problema de papel entonces, me dije.  «Vamos a ver cuándo sale el libro». Y un día un amigo mío, durante la Feria me llama y me dice: «oye, ¿el libro por fin que tú ibas a publicar?». Yo le dije: «compadre, me dijeron que no». «Bueno, lo tengo aquí alante. Estoy en la librería Alma Mater, lo tengo alante, te lo voy a comprar». Imagínate tú. A lo mejor estaba yo hasta en calzoncillos en la casa. Me vestí, salí para allá a ver si era verdad, ¡y estaba ahí el libro! Esto es increíble.

(MC): Yo creo que también otro problema que está traspasando todo este tema es la comunicación. Por ejemplo, en Cuba no se trabaja con la idea del bestseller, aunque yo recuerdo en mi adolescencia El diablo ilustrado.

(Y): El concepto mismo del bestseller es contrarrevolucionario. (Risas).

(MC): Pero es que no, no podemos ir por ahí.

(Y): Sería el enriquecimiento ilícito de un escritor. ¿Queremos tener escritores millonarios?

(MC): ¡Yo sí quiero tener escritores millonarios!

(Y):  Yo quiero ser uno yo quiero ser uno, ¡eh!

(JB): Chico, ¿a ti te parece que se pudiese hacer algo en ese sentido? ¿Qué se podría hacer para mejorar ese asunto?

(Y): Lo primero que se podría hacer, no sé si tú sabes que todos los libros en Cuba están subsidiados porque cuesta más imprimirlos que el precio de venta. O sea, con cada libro el Instituto Nacional del Libro pierde dinero. A pesar de eso, se publican muchos libros que no tienen un gran valor económico, con temas tan interesantes como las luchas obreras en el puerto de Nuevitas entre 1941 y 1942, que probablemente le interese a mucha gente que vivió en el puerto de Nuevitas, familiares que vivieron en el puerto de Nuevitas.

Se publican muchos libros que no tienen un gran valor económico, con temas tan interesantes como las luchas obreras en el puerto de Nuevitas entre 1941 y 1942.

(JB): ¿Pero esos libros tienen la utilidad de dárselos en un Congreso del Partido a alguien con un diploma, un gladiolo?

(Y): Claro, claro, claro.

(MC): Es que hay que trabajar con el interés público.

(JB): Por supuesto.

(Y): Además, como tienen un tamaño estándar se ven de lo más bonitos cuando los pones en una colección.

(JB): Yoss, de eso no se ha hablado y yo veo que pasa desde siempre. Entro a una librería y el 90% no es que no me interese a mí, porque no me gustan esos temas, es que son libros que nadie mira. Uno se pregunta a quién le interesa.

(Y): Exacto, exacto, exacto. Mira, el sistema editorial cubano no está basado en la ganancia ni en el provecho económico. Eso tiene cosas buenas como, por ejemplo, pueden publicar autores desconocidos; no tienen que hacer contratos leoninos en los cuales la editorial se queda con el 90%. Pero lo malo es que, si un libro se vuelve un éxito, es lo peor que le puede pasar a un escritor. O sea, ahora mismo la gente me pregunta, «¿dónde están tus libros?» Digo: «en casa de la gente que los compró». «¿Pero no se han hecho reediciones?» En cualquier parte del mundo, si un libro se vende, la editorial dice «ah, esto es un negocio, vamos a lanzar más». En Cuba te dicen: «no, tuviste tu chance. Mil ejemplares, 2000 ejemplares. No aspires a más, no seas ambicioso».

El sistema editorial cubano no está basado en la ganancia ni en el provecho económico.

(JB): No sé si será verdad, tú me dirás. En algún momento, alguien me dijo que Agustín de Rojas no tenía Espiral.  

(Y): La primera edición de Espiral, la que se hizo en el año 82, la edición del David tuvo nada más 400 ejemplares. Como te darás cuenta, 400 ejemplares de una novela que es fundacional dentro de la ciencia y ficción cubana volaron. Yo nunca tuve un ejemplar de Espiral. Yo tuve una fotocopia que me hizo un amigo que vive en Portland, Oregón. Y la leí en el ejemplar dedicado por Agustín de Rojas que tenía mi vecino Arnoldo Águila. Agustín no tenía un ejemplar porque le había regalado el ejemplar a un vecino que se le quemó la casa y decía el vecino: «lo que más lamento es la pérdida de este ejemplar». Dice Agustín: «y yo». (Risas).

(MC): Bueno, pero el asunto aquí es que no se está pensando en la industria editorial como industria, como negocio que necesita sostenerse.

(Y): Pensar en la industria editorial como negocio en Cuba, como te digo, es contraproducente. Es dejar infiltrarse al capitalismo en el mismo seno de la economía socialista. O sea, fu fu. (Risas).

(MC): Pero es que, si ahora mismo hay un intento de convertir, por ejemplo, a los medios de prensa en autosostenibles, también tiene que haber un intento por convertir la industria editorial en autosostenible.

(Y): Muchos de los, pudiéramos decirles, jerarcas de la cultura tienen grandes miedos. ¿Qué leería la gente si les permitieran elegir? ¿Novelitas Corin Tellado?

(MC): Lo que ya está leyendo. Está digital.

(Y): Yo creo que también la gente leería cosas que no le hacen mucha gracia a la cultura. Leerían todas las novelas de Padura. Querrían leer las novelas policiacas de Lorenzo Lunar, las novelas y libros de cuentos de todos esos cubanos que viven fuera y publican sobre Cuba, pero en Cuba no se habla de ellos o se habla solo para decir: «son unos traidores, no quiero compartir la Feria de Tampa con ellos».

Premios literarios y jóvenes escritores

(JB): ¿Cómo está la salud del sistema de becas, premios?

(Y): El sistema de becas se mantiene. Pero como en Cuba siempre vamos un poquito por detrás de la actualización y la estanflación ha llegado a estos niveles, en estos momentos una beca o un premio presentan un monto ridículo.

(JB): Una lata de leche condensada.

(Y): Cinco mil pesos. Escribir para un premio cuyo monto es el salario mensual de una persona normal no tiene ningún atractivo.

(MC): Que no alcanza.

(JB): Se tiene que juntar el que gane en Narrativa con el que gane en Ensayo para comprar una caja de pollo. (Risas).

(Y): Cuando te dicen, el premio Alejo Carpentier, que supuestamente es el más sustancioso de Cuba, da 70 mil pesos. Tú dices «70 mil pesos, esos son como 200 dólares, ¡oh!».

(JB): Claro, cuando tú tiras eso contra el trabajo que cuesta escribir y ganar un premio como ese, bueno, pues…

(Y): Entonces también se manejan cosas.El año pasado, como era el centenario de Calvino, fue especialmente jugoso (y no lo digo porque se me haya acabado el jugo de guayaba). Cuatro mil de los de verdad. Lo ganó Carlos Esquivel, el poeta y narrador de Las Tunas, y durante 15 segundos todos los narradores de Cuba lo miraron con odio y con envidia. «¿Y si le diera un infarto en estos momentos?».

(JB): Si a pesar de todo lo dicho aquí hay gente que tiene el afán de ser escritor. Muchachos jóvenes y otros no tanto.

(MC): Que se están iniciando.

(JB): ¿Cuál sería el camino?

(Y): El primer camino es escribir. No puedes ser escritor sin escribir. No puedes decir: «yo quisiera ser escritor, pero no sé, es que no hay nada». No, tú no quisieras ser escritor. Si tú quisieras ser escritor, escribes. Después, envías a concurso. Molesta a los de las editoriales con tus manuscritos. Envía a concursos de todos los lugares. Al concurso de ferrocarriles, al de Songo La Maya, los constructores de pozo de Daca, Bangladesh. Cualquier concurso que ganes, aunque te dé el monto de una pizza, te estimula. Y a un escritor nunca le faltan estímulos. Cada vez que uno termina una obra cree que es el auténtico heredero de García Márquez.

Si tú quisieras ser escritor, escribes. Después, envías a concurso. Molesta a los de las editoriales con tus manuscritos.

(JB): La partí.

(Y): Quince minutos después, lees lo mismo que habías escrito y dices: «soy la última cucaracha roja perdiéndose en la choza del más repugnante de los mendigos. Nunca en la vida he sabido escribir. Yo suspendí Español, lo que no me lo dijeron». Redimensiónate y recuerda siempre que si lo quieres es hacerte rico, dedícate a hacer letras de reguetón o a vender cebolla. Los escritores, con mucha suerte, logramos no morirnos de hambre con un mínimo de dignidad. Pero, ¡coñ*, qué gusto da escribir!

(MC): Vamos a hacer una pausa antes de ponerle velocidad a esto.

(Y): Esa es la cosa. No se entretenga, que se lo pierde.

(Mensaje de bien público de La Joven Cuba)


Yoss 2
Yoss en La Sobremesa

(MC): Bueno, Yoss. Mucho se habla de la lectura, de la difusión de la lectura, y para un escritor, del tiempo de lectura. ¿Cuánto lees tú?

(Y): Uff. Mira, yo me llevo mi Kindle (el libro electrónico) cuando voy al gimnasio. Leo entre tanda y tanda. Leo cuando estoy almorzando, comiendo, lavándome los dientes, cuando estoy cocinando. Leo así en pequeños intersticios y, de vez en cuando, tres o cuatro veces al día, me siento a leer.

(JB): Además de todo lo otro.

(Y): Además. Estoy corriendo por aquí, estoy corriendo por allá. O sea, que yo normalmente me demoro dos o tres días en leerme un libro de unas 600-800 páginas. Leo muy rápido. Soy un heredero de aquellos tiempos en los que te pasaban, por ejemplo, El quinto jinete, de Dominique Lapierre y Larry Collins sobre la bomba atómica que colocaba al-Gaddafi en Nueva York y te decían: «este libro te va a gustar. Léetelo, me lo devuelves mañana». Yo decía: «bueno, esta noche no se duerme, pero yo voy a saber qué pasa con Gaddafi y la bomba atómica.

(JB): Hay una frase que se le atribuye a Borges que decía: «Hay quien se enorgullece de lo que ha escrito. Yo me enorgullezco particularmente de lo que he leído».

(Y): Yo creo, además, que la literatura es un proceso que, en cierta medida, se parece a la digestión, pero al revés. Mientras más tú comes, peor es la calidad de lo que tú defecas. Mientras más tú lees, mejor escribes.

(JB): El entrenamiento del escritor es la lectura. Hay una pregunta que te quiero hacer porque hay muchos mitos. Las novelas imprescindibles, por ejemplo, este tipo de novelas que las tienen como lo más grande.

(MC): Los clásicos.

(JB): Las más importantes, En busca del tiempo perdido, el Ulysses, ¿tú te has leído eso?

(Y): Mira, yo me he leído el Ulysses y En busca del tiempo los siete tomos.

(JB): Mírame a los ojos. (Risas).

(Y): Te estoy mirando. Te voy a mirar con toda tranquilidad. ¿Sabes con lo que no pude? Con La montaña mágica, de Thomas Mann. Yo me quedé por la mitad de esa loma.

(JB): Horrible.(Risas).

(Y): Yo creo que de la lista de los clásicos…

(JB): Y de madre, subir hasta ahí y todavía tenías que bajar un pedazo.(Risas).

(Y): Yo leía y leía, y decía: «pero, este tipo ahí está, todo el tiempo al borde de su manta de pelo de camello y da muela y muela con el señor, y no pasa nada, no pasa nada. No hay un muerto, no hay un crimen. No aparece Hércules Poirot tocándose el bigote. (Risas).

(JB): Ven acá, ¿y Paradiso?

(Y): Yo me leí Paradiso y reconozco que es una lectura muy difícil. De hecho, yo di una conferencia hace muchos años, en el 2000, en la universidad de Boloña, a la que asistió Humberto Eco. Bueno, yo supe que era él cuando después me dijeron, «¿sabes quién es ese de barbudito que está ahí?» En la que yo recomendaba leerse Paradiso, pero leérsela como había planeado Cortázar que se leyera Rayuela. Nunca empezando por el capítulo 1. Recomendándole a todo el que quiera leerse Paradiso, que empiece por el capítulo 8. Por el 8.

(MC): ¡Yo sabía que iba a decir eso!

(Y): Por el capítulo de la bachata. Y a partir de ahí, tú empiezas a ver.

(JB): Además, una bachata bastante intelectual.

(Y): Si no sabe lo que es un lectosomático, un macrogenitosoma, es que no te has leído a Lezama. (Risas).

(JB): Así mismo. Bueno, ahora todavía vamos a acelerar más.

(MC): Vamos a la batería de preguntas. Empiezo yo. ¿Los libros se prestan o no se prestan?

(Y): Hay dos tipos de imbéciles. Los que prestan libros y los que los devuelven. (Risas).

(JB): Si Yoss no fuese escritor, ¿qué sería?

(Y): Un lector fanático.

(MC): ¿Tus deseos para la literatura cubana en una palabra?

(Y): Un genio con una lámpara maravillosa.

(JB): Óyeme, Yoss, muchísimas gracias. Se nos quedan muchísimas cosas, porque, además, conversar contigo da para más, siempre.

(Y): Oh, coño.

(MC): Nos vemos en otro capítulo.

(JB): Te tuvimos aquí en La Sobremesa, y la verdad, esto sí fue como la sala de la casa. Muchas gracias.

(Y): Ya saben que, si me necesitan otra vez, solo me avisan y yo les envío la sitificación. No la notificación, sino la sí-tificación.

(JB): Está bien. (Risas).

[Música de despedida]