En la historia de Cuba y su movimiento comunista existen varias posiciones y maneras de asumir la construcción del Socialismo. Los errores cometidos en este sentido estuvieron no sólo después del triunfo revolucionario sino desde los orígenes del movimiento comunista cubano. La improvisación y la copia mecánica de los mecanismos soviéticos estaban a la orden del día desde la misma creación del Partido en 1925, ya desde entonces la URSS no buscaba lograr la revolución mundial (que tanto preconizaba en sus discursos políticos) sino construir una estructura internacional conformada por partidos como el cubano, que sirviera de instrumento y garantizara la solidez de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Los dirigentes de nuestro primer partido eran una mezcla de genuino espíritu de sacrificio revolucionario y un dogmatismo que los limitaba en sus funciones. En este contexto tan complejo nació un joven que cambiaría para siempre la historia de Cuba y el movimiento comunista cubano: Julio Antonio Mella.
El 25 de mayo de 1903 nació un niño en la Habana Vieja llamado Nicanor MacPartland, era el nieto de Ramón Mella, famoso general de la independencia en República Dominicana. Por ser un hijo bastardo (algo normal en la época) viviría con su padre, madrastra y medio hermanas. Era un niño que debido a su estatus de hijo nacido fuera del matrimonio, en la casa se rebelaba a menudo contra la autoridad del padre y la madrastra.
El padre contrató a una niñera para ayudar a la madre, la mulata Longina O´Farrill cumplió esta función. Una mujer tan bella, que inspiró al compositor Manuel Corona a hacerle una canción que se haría famosa en toda Cuba. Es fácil suponer cómo se formó el gusto de Mella teniendo a la “Longina seductora” como nana, quién además sería la que le enseñara sus primeras palabras en español.
El destino nos hace a todos jugarretas y la casualidad interviene en nuestras vidas más a menudo de lo que imaginamos, ocurrió un hecho insólito en una estancia del joven Mella en los Estados Unidos en vísperas de la Primera Guerra Mundial. El muchacho parecía mayor por su tamaño y robustez, entonces las personas lo insultaban en la calle por no vestir el uniforme del ejército norteamericano. Avergonzado, ingresó al ejército yanqui alegando una edad falsa y de no ser por intensas gestiones de la Embajada Cubana, Mella hubiera combatido en la Primera Guerra Mundial bajo la bandera norteamericana (país al que dedicaría su vida combatir años después para lograr la independencia política de los latinoamericanos).