Por: Harold Cárdenas Lema
En los últimos tiempos el país viene operando una evolución que merece la mayor consideración. Raúl Castro ha mostrado una capacidad dialéctica en su gestión que más que oportuna resulta indispensable si se quiere preservar la Revolución. Pero los nuevos tiempos reclaman nuevas maneras de enfrentar la construcción de un Socialismo cubano que, heredado de Mella y Guiteras, tuvimos que abandonar por varias décadas y aceptar las recetas europeas que nos impuso la coyuntura política y la necesidad.
En más de una ocasión se ha hablado de lo urgente que resulta un cambio de mentalidad en la Isla, cambio que debe ocurrir en todas las personas: desde una cultura económica y de ahorro en el hogar, hasta una apertura sicológica en las personas que están a cargo de la dirección del país. Siempre he tenido la percepción (y me resulta lógica la conclusión) de que esta nueva manera de ver nuestro proyecto político es mucho más sólida en la dirección del país, a medida que se baja en el eslabón de mando comienzan a surgir los neo conservadores cubanos. Conservadurismo en su sentido adjetivo (como la búsqueda de preservar algo ya existente), estas personas pueden resultar tan dañinas como lo fueron Madeleine Albright o Ronald Reagan, si la filosofía política enseña algo es que alguien que busca mantener el estado de las cosas, jamás permitirá que se perfeccione o surja una nueva sociedad. Porque estas personas no es la Revolución lo que quieren conservar, sino arcaicos mecanismos de trabajo y SU visión de cómo se construye el Socialismo, aunque sus resultados profesionales no sean los mejores.








