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Desde Moscú: más vuelos y más créditos ¿para quién?

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Ministros de Rusia Serguéi Shoigú
Serguéi Shoigú y Roman Starovoit Foto: Tass

Dos noticias que tuvieron lugar esta semana confirman las intenciones de Moscú de seguir avanzando sus relaciones —e influencia— con respecto a Cuba.

Serguéi Shoigú, secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, afirmó que «su país tomará medidas adicionales para apoyar a Cuba, en aras de que La Habana supere las consecuencias del bloqueo económico estadounidense», así lo reseñó Granma, Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba.

Según la escueta nota publicada, durante una reunión con el ministro cubano del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas, Shoigú anunció nuevas líneas de crédito para apoyar la economía cubana y aumentar la cooperación en áreas clave como la seguridad, la inteligencia y las inversiones comerciales. Este compromiso forma parte de la asociación estratégica que ambos países han ido fortaleciendo en los últimos años, una relación que abarca múltiples frentes, desde el turismo hasta la defensa:

«Estamos dispuestos a aumentar la cooperación entre los consejos de seguridad, los servicios de inteligencia y los organismos encargados de hacer cumplir la ley. Prestamos especial atención a la cooperación comercial, económica y de inversión, incluso en el marco de una comisión intergubernamental bilateral especializada», afirmó el militar ruso, quien se considera uno de los «hombres de confianza» del presidente Vladimir Putin.

Más adelante señaló que «Cuba es uno de los aliados más cercanos de Rusia en América Latina. Tenemos relaciones duraderas, sólidas y probadas en el tiempo, que se remontan a los tiempos de la Unión Soviética».

Por otro lado, Roman Starovoit, ministro de Transporte ruso, anunció que se están negociando nuevos vuelos entre Rusia y Cuba, lo que fortalecería el turismo, un sector clave para la economía cubana. Según Starovoit, la expansión de estas rutas depende de la demanda, aunque se mostró optimista sobre el crecimiento de las conexiones aéreas con La Habana y otros destinos internacionales, en un esfuerzo por facilitar el flujo de viajeros entre ambos países.

Las aerolíneas rusas, en particular Rossiya Airlines, han jugado un papel central en el restablecimiento de los vuelos entre Rusia y Cuba. Después de una pausa en los vuelos debido a las sanciones europeas por la guerra en Ucrania, Rossiya reanudó sus operaciones en julio de 2023 con vuelos regulares a Varadero y Cayo Coco, dos de los principales destinos turísticos de la Isla. Se espera que en los próximos meses se incrementen las rutas directas entre Moscú y La Habana, en una apuesta por consolidar a Rusia como uno de los mayores emisores de turistas a Cuba.

Esto significa que Rusia sigue ampliando sus relaciones políticas y comerciales con la Isla en un contexto de aguda crisis económica por una parte, y asilamiento de Moscú respecto a las potencias occidentales, por la otra.

No obstante, a pesar de las alusiones de Shoigú a la «era soviética» y los recurrentes anuncios de nuevas líneas de crédito y cooperación en áreas clave entre ambos países, hasta ahora los efectos de estas alianzas distan mucho de los ocurrido en los tiempos en que Cuba pertenecía al llamado «bloque socialista», cuando proporcionaron un nivel de estabilidad económica que contrasta fuertemente con la actual situación de crisis.

Ni siquiera se ha logrado replicar el limitado bienestar que tuvo lugar durante «el deshielo» que se produjo en los últimos años del mandato de Barack Obama en Estados Unidos, cuando las flexibilizaciones hacia Cuba impactaron de manera positiva en la vida de los cubanos.

Es innegable que en sectores clave como el turismo la llegada de viajeros rusos ha tenido un efecto significativo. Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), hasta julio de 2024 llegaron a la Isla 123 358 rusos, convirtiéndose la Federación Rusa en el tercer emisor de visitantes, luego de Canadá (con 622 128) y la comunidad cubana en el exterior (con 179 746). En cuanto al aumento porcentual, el país eslavo encabezó la lista, con un 41% más de visitantes que en el mismo período durante 2023.

Este incremento es el resultado de esfuerzos conjuntos por parte de los gobiernos cubano y ruso para aumentar las conexiones aéreas y facilitar los pagos mediante la tarjeta bancaria rusa MIR. El turismo es un componente esencial de la relación bilateral entre ambos Estados, ya que proporciona una fuente de ingresos para la Isla y un destino seguro y amigable para los rusos, en un momento en el cual varios países occidentales les han cerrado sus puertas.

Aun así, en otras áreas de la economía el impacto de la nueva «luna de miel» entre La Habana y Moscú es, al menos, imperceptible. Hasta el momento la «carne rusa» está muy lejos de sustituir al «pollo norteamericano» en las tiendas cubanas, y si bien se habla de propuestas de inversiones en los sectores de la energía y el transporte, los apagones siguen estando a la orden del día, y el transporte público tampoco da señales de mejoras.

En la reciente aparición de Cuba en la cumbre de los BRICS, donde la Isla participó como presidente pro tempore del Grupo de los 77 más China, el mandatario Miguel Díaz-Canel abogó por la necesidad de un nuevo orden económico internacional más justo y estable, una postura que comparte con Moscú.

Pero las relaciones bilaterales entre La Habana y Moscú hoy se producen en un contexto muy diferente a cuando ambos enarbolaban el lema de «¡Proletarios de todos los países, uníos!». Los dirigentes cubanos buscan en Rusia un patrocinador para escapar de la asfixiante crisis económica, y Putin ampliar su influencia en un país a solo 90 millas de su enemigo más poderoso. ¿A quién beneficiará más esta relación?, quedará por ver.

Nuestra opinión es que la política de máxima presión de la administración Trump funcionó como motor de impulso para que Cuba buscara acercarse a Rusia, en el intento de encontrar un aliado estratégico que ayudara al país a paliar la crisis económica y romper el cerco comercial impuesto por el recrudecimiento de las medidas unilaterales coercitivas. Aunque bajo la administración de Biden se han dado algunos acercamientos, están lejos de la bonanza que trajo el deshielo económico durante la «época de Obama».

Por otra parte, si bien los empresarios —y oligarcas— rusos no han encontrado en Cuba el potencial suficiente para invertir sus capitales, para los políticos y altos funcionarios sí es un terreno importante donde ampliar su influencia. No se trata solo de la ya mencionada cercanía con Estados Unidos, sino que, además, el Estado cubano mantiene cierto liderazgo en la región, sobre todo con las administraciones que se identifican en el espectro de las izquierdas.

El trueque parece ser «apoyo político» por «inversiones» y «ayudas», pero estas no están siendo significativas, o al menos no han logrado sacar la economía cubana del atasco y la recesión.

Con respecto a Estados Unidos, opinamos que es muy poco probable que la administración Biden mueva un dedo en su política hacia la Isla a menos de dos meses de las elecciones. De quien ocupe la Casa Blanca dependerá también la relación entre Moscú y La Habana. De ser Trump puede esperarse que mantendrá la política restrictiva, lo cual sin dudas empujará más a La Habana hacia sus viejos «aliados» —aunque ya nada tengan de socialistas—. De tratarse de un gobierno demócrata, presumiblemente con una política de acercamiento más inteligente, le daría más opciones a su contraparte cubana para establecer relaciones internacionales y alianzas comerciales más diversas. Mientras la situación sea la actual, no hay buenas noticias para el cubano de a pie.

¿Se va o se queda «el paquete semanal»?

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paquete semanal
Foto: Foto: Steffen Köhn & Nestor Siré / Archivo OnCuba

Fue noticia esta semana la polémica generada a raíz de la «prohibición» del paquete semanal, según alertan algunos medios de prensa.

A partir de lo recogido en la norma, entre el listado de actividades no autorizadas para su ejecución a las micro, pequeñas y medianas empresas privadas, cooperativas no agropecuarias y trabajadores por cuenta propia figuran ahora las «actividades de exhibición cinematográfica (5914) que incluye películas, documentales, series, novelas u otras obras similares; así como su puesta a disposición del público a través de soportes informáticos».

El documento añade entre las prohibiciones la «creación de sellos discográficos, editoras musicales y entidades para la comercialización de discos y otros soportes fonográficos (5920)».

Estas regulaciones no afectarían a quienes ya cuentan con licencia para operar como vendedores de discos, pero deja en claro que no se continuarán emitiendo a partir de ahora.

Asimismo, la especificación de los «soportes informáticos», no estaba en la norma antecesora, la cual solo prohibía «actividades de exhibición de películas cinematográficas y cintas de vídeo» de forma genérica, lo que levantó las alarmas de varios medios no estatales y usuarios en redes sociales. 

En el caso del «paquete semanal», siempre operó en las sombras o bajo licencias autorizadas de vendedores de discos, y fue tolerado por el gobierno, siempre y cuando cumplieran con los requerimientos orientados.

Durante su mayor época de auge, fue públicamente conocido como «El Paquete» y no podía tener entre sus ofertas pornografía ni contenido que el gobierno considerase que fuera en contra del sistema político, algo que de cierta forma se mantiene en la actualidad.

En medio de la polémica, el diario digital 14ymedio publicó un reportaje en el cual se referían a presuntos «operativos policiales» para impedir la circulación de este contenido digital. «A la persona que me vende la matriz, que luego yo copio y vendo a mis clientes, la Policía se le tiró y le quitaron discos duros, computadoras y todo lo que usaba para este negocio», relataba una fuente anónima entrevistada por el sitio.

Por el contrario, el medio estatal Cubadebate aseguró con el criterio de Ernesto Vila González, director del Centro Nacional de Derecho de Autor y del Artista Intérprete, que «las normas publicadas no impiden que esta actividad se pueda ejercer. Las regulaciones se refieren a la exhibición cinematográfica en un espacio público, y lo que implica la actualización es que no se permite hacerlo en medios digitales a través de soportes informáticos».

El especialista especificó que la copia de un disco duro o memoria a otro, con destino al consumo cultural personal o familiar se considera una reproducción, no exhibición. La Joven Cuba contactó con dos «paqueteros» y no reportaron haber tenido conocimiento de presiones u operativos para que ellos o personas con similar actividad dejaran de copiar el contenido habitual.

Esto significa que la norma publicada en Gaceta Oficial tiene una redacción lo suficientemente ambigua tanto para generar sospechas y alarmas, como para que la ley sea interpretada a conveniencia de los funcionarios.

Lo cierto es que, aunque no se contempla de manera explícita la prohibición del «paquete semanal», sí pudiera suceder que en caso de que esta u otra actividad similar se convierta en práctica incómoda para el gobierno, existiría un asidero jurídico para aplicar la proscripción.

La alerta entre activistas, medios de comunicación y algunos líderes de opinión en redes sociales viene dada por el carácter restrictivo y conservador de muchas de las medidas del nuevo ordenamiento jurídico que se viene ejecutando.

Asimismo, en los últimos meses se ha incrementado en el discurso oficial cubano la preocupación por la «colonización cultural» y la necesidad de que el Estado controle más el consumo de contenidos simbólicos por parte de la ciudadanía, con especial énfasis en los más jóvenes.

El llamado «paquete semanal», de aproximadamente un terabyte de información digital, funciona para muchas familias como una forma de acceso a un tipo de entretenimiento que no es proporcionado por la televisión estatal.

Durante mucho tiempo constituyó la principal alternativa a Internet en la Isla. Sin embargo, con la relativa expansión de la red de redes no tiene el mismo impacto de antes, al menos en las zonas urbanas, donde más personas pueden conectarse y descargar los contenidos directamente desde los repositorios webs. Esto también fue confirmado por las dos fuentes entrevistadas por La Joven Cuba.

Nuestra opinión es que en un país como Cuba, donde la televisión estatal no respeta el derecho de autor internacional —escudada en que las «sanciones» norteamericanas le impiden el acceso formal a estos—, aunque también han ocurrido polémicas por el irrespeto a la obra de nacionales, sería incongruente invocar esta figura jurídica para limitar las necesidades de consumo cultural de la población cubana.

La aclaración de Cubadebate tiene el evidente propósito de frenar la oleada de críticas que suscitó la posible restricción del «paquete» entre los internautas. Es válida, pero pone al descubierto la necesidad de que los mecanismos jurídicos no presenten ambigüedades vulnerables a interpretaciones arbitrarias, algo que, lamentablemente, es una práctica recurrente en las legislaciones cubanas.

Hasta el momento el paquete parece quedarse fuera de cualquier prohibición formal. Sería bastante inoportuno e inefectivo vedar un grupo de contenidos a los que las personas pueden acceder por otras vías, y que además tiene mecanismos regulatorios que reducen su «peligrosidad» para el poder.

Quienes pretenden reducir los gustos y consumos culturales de todo un país a solamente lo supuestamente «descolonizado», por ahora tendrán que quedarse con las ganas.

Fondo de Fomento del Cine Cubano ¿quién le pone el cascabel al gato?

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fondo de fomento
Ilustración: Félix M. Azcuy

Los sucesos recientes vinculados al cine cubano, —arte que cada vez aumenta más su internacionalización— convocan nuevamente la atención y solicitan el análisis. Se trata de la polémica a raíz de la actual edición del proceso de otorgamiento de las ayudas financieras que, como conquista de los cineastas en diálogo con su institución, conforman lo que se denomina Fondo de Fomento del Cine Cubano (FFCC).

Las premisas

La Resolución número 22/2019 publicada el 27 de junio del referido año en La Gaceta Oficial de Cuba (GOC-2019-530-O43) da cumplimiento al acuerdo 8613 del Consejo de Ministros del 14 de junio del 2019 y a la política establecida por el Decreto Ley 373/2019 del Creador Audiovisual y Cinematográfico Independiente. Para el Estado y el gobierno cubanos tales pasos son fundamentales, pues además de sus otras justezas y virtudes, entre ellas se encuentra el reconocimiento al creador independiente que ahora alcanza el decisivo tema del apoyo financiero. Estas premisas fortalecen en esencia la relación de las instituciones con los creadores, un asunto medular en el tejido social.

Particularmente la resolución No. 22/2019 resulta un documento capital. En ella se establece, de manera minuciosa, el Reglamento para la asignación de financiamiento a proyectos cinematográficos por el Fondo de Fomento del Cine Cubano el cual —según se especifica— atiende «películas nacionales de ficción, documental y animación, sin distinción de metraje, cuyo destino principal sea la exhibición comercial en salas de cine» y se hallen comprendidas en las modalidades previstas en la normativa que nos ocupa.

El texto identifica como fuentes de financiamientos del Fondo, además de las establecidas en la Resolución 49 de 17 de junio de 2019 del Ministro de Cultura, los recursos provenientes del Presupuesto del Estado; las contribuciones de personas jurídicas y naturales cubanas y extranjeras; las donaciones puntuales nacionales e internacionales y los reembolsos obtenidos por conceptos de ventas y distribución nacional e internacional de la obra audiovisual o cinematográfica a partir de las ayudas ofrecidas a los proyectos.

Su Capítulo III lo dedica a un asunto de alta sensibilidad: los dispositivos previstos para llevar a cabo el proceso de recepción de los proyectos aspirantes y la selección de los beneficiados. A tal efecto allí se precisa que existirá un Grupo Técnico, integrado por los individuos pertinentes, que se encargará de la recepción y tramitación de los proyectos que se presenten a la convocatoria del Fondo, y luego, del seguimiento y la atención de aquellos que resulten seleccionados (Artículo 8).

A continuación, en su articulado noveno, se refiere al Comité de selección de los proyectos que recibirán los financiamientos y define:

  • 9.2 El Comité de Selección está integrado por un representante del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos quien lo preside y hasta seis (6) creadores audiovisuales y cinematográficos con amplia trayectoria.
  • 9.3. El Comité debe incluir al menos un director, un guionista y un productor, para garantizar el equilibrio entre las diferentes especialidades artísticas. Su composición es impar y los acuerdos se aprueban por mayoría simple de votos.
  • 9.4. Para la modalidad de Desarrollo de proyectos, el Comité de Selección se integra por un representante del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos quien lo preside y cuatro (4) creadores audiovisuales y cinematográficos con amplia trayectoria, incluyendo al menos a un (1) guionista.

Cuando aquí se habla de «modalidad» se está haciendo referencia a las sub categorías dentro de las categorías principales que incluye el Fondo. Las modalidades son tres hasta la fecha: Escritura de guion de proyectos de ficción, documental y animación; Desarrollo de proyectos de ficción, documental y animación; y Producción de proyectos de ficción, documental y animación.  Las categorías son: Largometrajes, Cortometrajes, Ópera Prima y Post Producción.

Para el año en curso la convocatoria atendió la categoría de Largometraje con sus tres modalidades. Su texto incluyó un Glosario de términos entre los cuales se encuentra Comité de Selección. Al desarrollar su significado expresa: «estará integrado por especialistas de amplia trayectoria en el sector cinematográfico. Su composición será impar».

Los hechos en su desarrollo

El eje central del proceso de tramitación y asignación del Fondo, la Oficina del Fondo, encargado de recibir los proyectos y tramitarlos hasta su entrega a la instancia del Comité de Selección —que, además, revisaba cada expediente y brindaba las asesorías formales necesarias— no existió para esta Sexta Convocatoria.

Funcionó con éxito en las cinco ocasiones precedentes por la idoneidad de su composición: un equipo altamente capacitado que actuaba en diálogo permanente con los cineastas y con la institución; sin embargo, esta experiencia positiva no tuvo continuidad esta vez. De manera que toda esta actividad concerniente al Fondo pasó a manos del Consejo de Dirección del ICAIC.

Las irregularidades resultaron visibles cuando, en cumplimiento del cronograma de la presente convocatoria, algunos cineastas participantes comenzaron a recibir respuestas de la tramitación de los expedientes presentados, pero no se trataba de las observaciones legales o técnicas propias de esta fase, sino de evaluaciones artísticas que no se corresponden con las prerrogativas de la Oficina o de quien estuviese en su lugar, ya que este tipo de valoración es tarea de los Comités de Selección de cada modalidad. Es decir, un momento posterior y autónomo del trabajo de la Oficina. Las estimaciones recibidas esta vez eran, por demás, anónimas, lo cual aumentó el grado de entropía y falta de transparencia del proceso.

Las irregularidades resultaron visibles cuando algunos cineastas participantes comenzaron a recibir evaluaciones artísticas que no se corresponden con las prerrogativas de la Oficina.

Sobre el particular caso alertó el Grupo de Representantes de la Asamblea de Cineastas Cubanos (ACC) junto al Grupo Ampliado de Trabajo de la ACC en su publicación del 26 de agosto en la plataforma de Facebook. El texto instaba al ICAIC a «garantizar el adecuado funcionamiento del FFCC, respetando su razón de ser y su Reglamento, preservándolo como un espacio autónomo de diversidad y confrontación creativa cuyos resultados han marcado un importante punto de inflexión para nuestro cine».

La gema de la Corona emergió al darse a conocer la composición de los Comités de Selección de las tres modalidades de la categoría Largometrajes convocada para esta ocasión, ya que en el particular caso de la modalidad Escritura de Guion se incumplía lo normado por el Reglamento normativo de toda la actividad del Fondo dado que no se trataba de «creadores audiovisuales y cinematográficos con amplia trayectoria».

Por tal motivo, el 10 de septiembre renombrados cineastas expresaron su desacuerdo con tal práctica en sus perfiles de la plataforma de FB, sin incidir en falta alguna; no obstante, y como respuesta, sus posts resultaron vetados por los mecanismos de protección de la propia plataforma, cual si se tratara de comentarios ofensivos o lesivos de la dignidad de alguno, en una obvia maniobra de silenciamiento de la opinión pública sobre determinados temas.

Sin demora, el 11 de septiembre, el Grupo de Representantes de la ACC publicó su denuncia bajo el título «Alerta a nuestro gremio». El documento tiene la virtud de poner al desnudo los resortes de la treta cuando explicita: «desde algún sitio se están enviando quejas falsas a esta plataforma con el objetivo de evitar que nuestros cineastas expresen sus opiniones y argumentos sobre los errores cometidos en la actual convocatoria del fondo».

El texto cierra con esta afirmación rotunda: «El debate de la cultura es público como la cultura misma. Intentar silenciarlo es un acto de censura y abuso de poder».

La Resolución 22/2019 viabiliza el cumplimiento de un acuerdo del Consejo de Ministros de la República de Cuba a la vez que precisa y acota asuntos prácticos indispensables para llevar a vías de hecho lo establecido por la Resolución 49 de 17 de junio de 2019, del Ministro de Cultura, sobre los aspectos generales que rigen la organización y funcionamiento del Fondo de Fomento del Cine Cubano, un viejo anhelo de nuestra gente del cine.  La contrastación de lo que en ella se dispone con el desarrollo de esta sexta edición del Fondo abre interrogantes acerca del adecuado cumplimiento de la ley por una institución gubernamental.

A ello se suman las tácticas de amordazamiento de la opinión ciudadana mediante una lamentable maniobra con los mecanismos de protección de una de las plataformas digitales de comunicación social.

A los largos y sostenidos esfuerzos de nuestros cineastas por contar con mecanismos de apoyo financiero para la creación de los productos cinematográficos que luego disfrutará la población, hay que añadir, en este caso, la relación bien estudiada, de ciclo cerrado, que en términos económicos presenta todo el diseño del proyecto del Fondo de desarrollo del cine cubano, la cual contiene y detalla la Resolución 49 firmada por el Ministro de Cultura que en su acápite Séptimo dispone:

El presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, al cierre de cada ejercicio económico, comunica a la Dirección de Economía y de Programas Culturales de este Ministerio, los resultados obtenidos en los proyectos cinematográficos que recibieron financiamiento del Fondo, tanto desde el punto de vista económico como su incidencia en la vida cultural del país, previo análisis en el Consejo de Dirección del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos. El viceministro que atiende el área económica, remite el análisis realizado y el resultado obtenido con el financiamiento a que se refiere el párrafo anterior a quien suscribe, quien al cierre de cada ejercicio económico lo comunica a la Ministra de Finanzas y Precios en el Informe de Liquidación del Presupuesto del Estado, previo análisis en el Consejo de Dirección del Organismo.

Llegados a este punto, queda clara la trascendencia que alcanza el funcionamiento adecuado del mecanismo del Fondo de Fomento desde el punto de vista de la calidad de los proyectos que resulten seleccionados para ser acompañados financieramente en parte de su ejecución. Cualquier acto que ponga en peligro la calidad legítima de la selección de aquello por lo que nuestro magro presupuesto nacional va a apostar —además de otras consecuencias de orden ético y funcional— es lesivo, desde muchos puntos de vista diversos, al bienestar de la nación.

Queda clara la trascendencia que alcanza el funcionamiento adecuado del mecanismo del Fondo de Fomento desde el punto de vista de la calidad de los proyectos que resulten seleccionados para ser acompañados.

Como bien se conoce, lamentablemente, la ausencia de diálogo entre la ciudadanía y su gobierno halla una clara expresión en el absoluto desconocimiento por parte de las instituciones de gobierno y partido de la Asamblea de Cineastas Cubanos, sin tomar en consideración siquiera la participación en ella de notables figuras de nuestro cine, entre ellos varios Premios Nacionales, así como la rigurosa labor que han hecho sus grupos de trabajo y que se expresa en los valiosos documentos redactados, suficientes para trazar con certeza meridiana la mejor política cultural para el cine cubano en las próximas décadas, lo que equivaldría a hablar de una saludable vida cultural de la nación.

Detrás de todas estas omisiones —no importa incluso si un funcionario llega a infringir la propia ley que debe hacer valer—, detrás de estas suplantaciones en las instancias de evaluación artística —donde en lugar de estar quien más sabe y conoce, aparece alguno considerado «confiable» o «disponible»— está presente el problema de los límites que se quieren imponer a la creación artística, y de quién se erige en juez del arte. La vieja apetencia humana por el control y el poder.

Cada vez que se plantean ante mí ambas cuestiones —dejando de lado todos los complejos axiomas de filosofías, ideologías y estéticas— encuentro un sitio sereno de reflexión en la cultura popular que, como sabemos, es la base, la raíz nutricia de todo arte. La pregunta que me hago allí es simple: ¿tiene límites?

***

No hay que temer a la creación artística, solo saber dialogar con ella. En principio, para comprenderla y disfrutarla, puesto que el arte tiene sus lenguajes y códigos específicos —por eso se estudia y se investiga y se teoriza sobre él—. Pero muchos de nuestros hombres de gobierno distan de ser cultos como distan de ser humildes. Si fueran humildes se harían preguntas, estudiarían, escucharían, serían cultos y porque lo serían, podrían —entonces— pretender revolucionar.

Pienso que, en cuanto al arte, lo temible sería la esterilidad, la rutina, la reiteración de las formas, la impostación y la banalización. Sin embargo, un arte que interroga a la realidad, que profundiza en su tejido, que la discute, incluso la proyecta y se adelanta en el tiempo a ella es un arte sano y vivo. Y un arte para atender y para agradecer.

Por otra parte, nuestra experiencia al respecto como sociedad ya es amplia —si bien tenemos mala memoria— como para saber que no habría mejores instancias de evaluación de la producción artística que nuestros propios dispositivos sociales.

La misión del ejercicio del poder es garantizar el florecimiento del arte, la participación de toda la ciudadanía en él mediante su apreciación y su práctica. ¿Por qué? La respuesta nos la da nuestra propia experiencia: porque el arte, su disfrute, su práctica —de ser posible— es una dimensión fundamental para nuestra vida. Resulta como una dilatación, una expansión de la realidad y de los sentidos. Vuelve humana la vida, así ella se desarrolle en las más precarias condiciones materiales.

Luego queda a la crítica artística, a los estetas, a la opinión pública la valoración de la producción artística, de lo que se exhibe y promociona. Esa es la función social de esas agencias. Deben cumplirla.

Y, por supuesto, el requisito indispensable para cualquier tipo de creación humana —la artística incluida— es la libertad.

Harris versus Trump: un debate presidencial memorable

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debate trump harris
Foto: El Día / ABC News

Quizás sea demasiado exagerado catalogar ya como histórico el evento político ocurrido en la noche del 10 de septiembre en el Centro Constitucional Nacional en Filadelfia, Pennsylvania. Potencialmente lo es, pero no ha pasado tiempo suficiente. Por eso quizás lo más justo sea calificarlo de «memorable».

Se trató de un enfrentamiento político entre los dos aspirantes a la presidencia de Estados Unidos en un momento crítico para el devenir histórico de ese país y, por ende, del mundo.

Para decirlo en los términos más suaves posibles: Anoche, en un debate que puede decidir una de las elecciones potencialmente más trascendentes de la historia contemporánea norteamericana, una mujer negra, hija de inmigrantes, se enfrentó y arrinconó con argumentos e ideas, a un multimillonario que en fecha reciente se ha convertido, para bien o para mal, en el símbolo de la supremacía blanca conservadora en la sociedad estadounidense.

Kamala Harris, a quien apenas hace tres meses la mayoría de los expertos consideraban como una candidata poco previsible y apagada para representar al partido demócrata de ese país, se presentó a un debate pleno de retos y desafíos en el que se jugaban muchas cosas. Y para sorpresa de no pocos escépticos, la candidata tuvo un desempeño tan efectivo como el que necesitaba para hacer valer la apreciación de que la campaña electoral presidencial norteamericana se ha transformado de una manera insospechada.

Puede afirmarse incluso que estuvo «por encima del nivel», como se diría en nuestro argot popular. Y, además, en un entorno político en el que la imagen es muchas veces más importante que el contenido, la Señora Harris pareció definitivamente «presidenciable», cosa que no había logrado hasta ahora a pesar de que lleva casi cuatro años a un latido de esa alta magistratura.

Del otro lado del podio tuvo a un adversario formidable: Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, quien en el 2016 había derrotado de forma pasmosa y humillante a una de las mujeres más ilustres de la élite del poder. Una candidata con excelentes credenciales para gobernar esa nación de 330 millones de habitantes, Hillary Clinton.

Y la Señora Harris, con gran aplomo y confianza enfrentó el desafío desde que se subió al podio y se encaminó directamente hasta donde estaba Trump y le extendió la mano. El corpulento expresidente, de 1.92 metros de estatura y 215 libras de peso, no tuvo otra alternativa que estrechársela. No obstante, tanto en su gesto displicente como en el resto del enfrentamiento de casi dos horas, demostró que la vicepresidenta representa todo lo que más detesta.

Desde ese momento crucial, la Señora Harris pasó a la ofensiva y no la perdió más.

Pero vayamos al debate y sus momentos cruciales.

El debate desde la perspectiva de Trump

El lance estuvo moderado por los periodistas Linsey Davis y David Muir, ambos con la cadena ABC, que fue la que patrocinó el debate. Tanto uno como el otro lo hicieron con profesionalismo, sin escatimar preguntas difíciles para ambos contendientes.

Sin embargo, fueron duramente criticados durante y después del debate por los seguidores de Donald Trump. Ello no es de extrañar si se tiene en cuenta que el candidato republicano es capaz de atiborrar con el mayor número de mentiras los breves espacios de dos minutos permitidos a cada contrincante.

Los periodistas tenían que reaccionar y lo hicieron. Vale la pena registrar algunos ejemplos.

Ante preguntas lícitas de los moderadores, Trump practicó algo que suele hacer, evadir su responsabilidad ante hechos evidentes de transgresión de la ley o de la moral. Tal fue el caso del intercambio que tuvo con Muir sobre su responsabilidad por los deplorables y lamentables hechos acaecidos en el Capitolio el 6 de enero del 2021, cuando sus seguidores invadieron esa institución para impedir que se proclamara la victoria de Joe Biden en las elecciones del 2020. Increíblemente culpó a la representante Nancy Pelosi, entonces presidenta de la Cámara de Representantes.

Ante preguntas lícitas de los moderadores, Trump practicó algo que suele hacer, evadir su responsabilidad ante hechos evidentes de transgresión de la ley o de la moral.

Otro ejemplo. El expresidente se hizo eco de la evidente patraña de que inmigrantes ilegales estaban matando y comiéndose a los gatos y perros de los habitantes de Springfield, Illinois. A pesar de que Muir le explicó a Trump que el tema había sido investigado y que el propio alcalde de la ciudad, un republicano, lo había negado, el candidato lo siguió diciendo.

Hay que reconocer que Trump llegó a controlarse hasta cierto punto, lo cual se ha reportado que le recomendaron sus asesores, pero sucedió lo que es una regularidad en sus peroratas. Constantes exuberancias sobre sus propias capacidades, como cuando dijo que pararía la guerra en Ucrania aun antes de ser electo. O calumnias pertinaces y exageradas sobre sus adversarios cuando afirmó que los demócratas habían fomentado los abortos aún después de que el bebé naciera, a lo cual Linsey Davis le tuvo que decir que no hay un solo estado de la Unión en que se permita el asesinato de bebés.

Evidentemente, Trump acudió al debate con toda la intención de vincular a Harris con Biden. Así lo demuestra un tweet de uno de sus más cercanos aliados, Elon Musk, donde reconoce que la vicepresidenta fue más efectiva en el debate para afirmar al final: “La cuestión se reduce a lo siguiente: ¿usted quiere que la continuidad de las tendencias actuales se extienda por otros cuatro años o usted quiere cambio?”

El comentario de Musk demuestra no solo que Harris logró lo que quería, sino que Trump fracasó en su objetivo. Incluso después de terminado el debate, Trump se sintió obligado a visitar el spin room. Así se le llama al salón que se habilita para que asesores y aliados de los contrincantes se reúnan con los periodistas y se aseguren de que llegue a los medios los mensajes que cada campaña quiso transmitir. La presencia de Trump en ese local indica que también se dio cuenta de que no había logrado lo que se propuso. Allí llegó a decir que era el mejor debate que había tenido en su vida.

El comentario de Musk demuestra no solo que Harris logró lo que quería, sino que Trump fracasó en su objetivo.

Los intentos de Trump de vincular a Harris con Biden llegaron a tal punto que en un momento la candidata demócrata tuvo que recordarle: «You’re running against me, not Biden» (Estás corriendo contra mí, no contra Biden). Fue uno de los momentos más conspicuos del debate.

Otra regularidad que algunos observadores han apuntado en el pasado es que Trump generalmente se defiende bien durante los primeros 30 minutos, pero después de transcurridos esos, comienza a descender paulatina pero irremediablemente al juego que más le gusta: denostar con ataques exagerados y mendaces a sus adversarios, como el de que Harris odia a Israel y que ese país desaparecerá en menos de dos años si se le elige.[1]

Y así en otros temas como en la exageración de que los demócratas han permitido la entrada ilegal en Estados Unidos de millones de criminales. Para Kamala no fue difícil rechazar esa mentira, pues recordó que como Fiscal Estadual de California había procesado y logrado la condena de cientos de traficantes de todo tipo. Trump no pudo responder esa afirmación.

Por lo general, el expresidente no tuvo respuesta para muchos de los cuestionamientos que le hicieron los periodistas. Aunque ambos, Harris y él, evadieron las preguntas difíciles, yéndose por la tangente, como decimos en Cuba, en el caso de Trump sus evasivas fueron más desmedidas y turbadoras.

Un caso de particular ofuscación fue su enredada respuesta sobre lo que pensaba del ObamaCare (Affordavel Care Act). Después de extenderse mintiendo nuevamente, dijo que él lo sustituiría por algo mejor. Preguntado si podía explicar cuál era su proyecto, dio una de las respuestas antológicas de este debate: «I have the concepts of a plan» (Tengo los conceptos de un plan).

Lo que sí no evadió el candidato republicano fueron las amenazas a sus adversarios, en el sentido de que usará todo su poder para castigarlos sin ningún tipo de remordimiento.

La técnica televisiva de presentarlos al mismo tiempo en pantalla dividida, permitió a los espectadores observar cómo reaccionaba cada uno ante lo que decía el contrincante. El ademán de Trump fue permanentemente áspero y desagradable. No pudo ocultar su enojo, pero se abstuvo de utilizar las sutilezas que usó la Señora Harris, que sí parece haber preparado bien qué expresión usaría en su rostro ante cada una de las tácticas intimidatorias y mendaces de Donald Trump.

La técnica televisiva de presentarlos al mismo tiempo en pantalla dividida, permitió a los espectadores observar cómo reaccionaba cada uno ante lo que decía el contrincante.

Particular rechazo tuvo el candidato cuando la vicepresidenta le dijo que los asistentes se retiraban de sus mítines de campaña hastiados por la repetición de los mismos argumentos, una y otra vez. Igual sucedió cuando la Señora Harris le recordó que muchos dirigentes mundiales encuentran a Trump desagradable y que muchos de sus principales colaboradores abandonaron su administración con la peor opinión sobre su desempeño.

Sin embargo, en cuanto a la actuación de Trump debe recordarse que nada de lo que se apunta en este texto parece afectar al núcleo duro ni a la mayoría de su base social. Se confirma su ya lejana afirmación de que él podría entrarle a tiros a alguien en medio de la Quinta Avenida de Nueva York y no pasaría nada.

Harris y sus desafíos

Los desafíos de Harris eran básicamente tres: Defender las políticas de la administración de la cual es vicepresidente, pero sin dejar que Trump la presentara como un instrumento de Joe Biden y como alguien incapaz de llevar a cabo el cambio que necesita el país; definir mejor sus ideas y políticas teniendo en cuenta que un gran porciento de los indecisos alegaban que no la conocían lo suficiente, y evitar que Trump la desestabilizara con sus ataques,  mientras se focalizaba en los dos objetivos arriba señalados y aguijoneaba a Trump para que se saliera del libreto que traía.

Según la opinión de la mayor parte de los observadores, lo logró, aunque cometió algunos errores y tuvo algunas insuficiencias.

Pero vale la pena apuntar varios de los puntos centrales, tanto positivos como negativos.

En materia económica, no solo defendió algunas de las políticas de la administración Biden en lo que respecta a la reconstrucción de la infraestructura y al medio ambiente, sino que anunció planes que su administración implementaría para fomentar pequeños negocios, la construcción de nuevas viviendas por familias de clase media y la ayuda a madres en la atención a su primer hijo. Trump no tuvo respuesta, salvo repetir sus viejos argumentos sobre la fuga de puestos de trabajo, la necesidad de parar el flujo de inmigrantes y la imposición de tarifas a los países competidores, en primer lugar, China.

En el tema migratorio, como era de esperar, Harris describió los esfuerzos de la administración para detener el flujo ilegal, pero sobre todo recordó que el propio Trump había torpedeado el trabajoso acuerdo al que se había llegado en el Congreso entre legisladores de ambos partidos para aprobar una nueva ley.

En esta parte del debate, aunque el récord de la administración Biden no es precisamente el mejor, lo que se puso de manifiesto fueron los exagerados planteamientos de Donald Trump, acusando a la Señora Harris de ser parte de la política que ha permitido que millones (sic) de criminales entren en Estados Unidos como inmigrantes ilegales. En ese contexto fue que se produjo el increíble planteo de que los inmigrantes se comen los perros y los gatos.

Aunque el récord de la administración Biden no es precisamente el mejor, lo que se puso de manifiesto fueron los exagerados planteamientos de Donald Trump.

Pero el fuerte de la vicepresidenta fue cuando ambos contendientes respondieron las preguntas sobre el aborto o cómo se analiza el tema actualmente bajo el rubro de «derechos reproductivos». Los argumentos de Harris fueron particularmente convincentes y conmovedores ante un Trump que combinó explicaciones oscuras con su evidente negativa a aceptar responsabilidad por la decisión de rechazar la enmienda «Roe versus Wade» por parte de una Corte Suprema, integrada por jueces designados en su mayoría durante su anterior administración, en 2017-2021.

Pero las armas que más usó la Señora Harris fueron las de provocar reacciones extremas de Trump y el uso inteligente de sus expresiones faciales mientras escuchaba las intervenciones del expresidente.

Sin duda, la vicepresidenta tuvo un desempeño admirable. No cometió ningún error grave y permitió a los electores conocer a una mujer que a todas luces parece presidenciable.

Pero si bien eso es cierto, también lo es que nadie sabe cómo reaccionarán los electores indecisos en los siete estados clave: el Muro Azul de Pennsylvania, Michigan y Wisconsin; y los del Sur y Suroeste en Georgia, Carolina del Norte, Arizona y Nevada. En esos estados ya hay personas votando. Pero dadas las diferencias entre ambos contendientes, habrá que esperar al 5 de noviembre y al conteo de los votos. Por otra parte, son muy altos los números de votantes que ya están decididos.

No se puede terminar este balance sin alguna referencia a la política exterior, sector en el cual es inevitable el contraste entre los enredos de la administración Biden en las dos guerras que caracterizan la política mundial actual, y el manejo demagogo y exagerado de Trump de todo lo que pueda beneficiarle.

No se puede terminar este balance sin alguna referencia a la política exterior, sector en el cual es inevitable el contraste entre los enredos de la administración Biden en las dos guerras.

Un tema que fue planteado críticamente por los moderadores fue el desastre de la retirada de las tropas norteamericanas de Afganistán. Aunque Harris no pudo explicar ni defender lo allí sucedido, no queda muy claro que Trump haya podido sacarle la ventaja que pretendía.

Ya se hizo referencia a la exagerada afirmación que Trump hizo sobre su capacidad de resolver el conflicto ucraniano. Harris defendió la política de Biden sin que hubiera ninguna fisura.

Por otro lado, la vicepresidenta se movió imperceptiblemente en la cuestión del genocidio en Gaza. El apoyo persistente a Israel que Biden ha adoptado puede costarle a Kamala Harris un por ciento elevado del voto en uno de los estados clave (Michigan), por la presencia allí de un electorado musulmán. Sin embargo, es algo en lo cual Trump no puede sacar mucha ventaja porque él ha apoyado al gobierno de Netanyahu sin el menor recato. Harris reiteró que apoyaría el derecho de Israel a defenderse, pero llamó a la búsqueda de un cese al fuego permanente y a una solución que permita a los palestinos tener su propio estado, con adecuadas garantías de integridad territorial.

El final de la contienda televisiva

Hacia el final del debate se produjeron dos intercambios que favorecieron a la candidata demócrata.

Como última pregunta los periodistas escogieron un problema relacionado con la cuestión racial: las recientes declaraciones de Donald Trump sobre que la Señora Harris no se había clasificado como «negra» durante toda su vida, hasta que aspiró a la presidencia. Añadió que era una identidad que había adoptado con fines políticos. El candidato no pudo responder la pregunta y se enredó en una serie de frases para terminar diciendo que era algo que había leído.

Como hubo que darle a la palabra a la vicepresidenta, esta aprovechó para contrastar la posición de su adversario con la suya, que describió como una visión unificadora de los Estados Unidos. Esas posiciones de la Señora Harris pueden tener un impacto muy positivo entre los votantes negros indecisos, particularmente en estados clave como Georgia y Carolina del Norte. Se confirmaría así algo que las encuestas ya han señalado, el voto negro, que se había estado moviendo del partido demócrata hacia el republicano, ha comenzado a regresar a partir de la nominación de Harris.

En los minutos finales se dio oportunidad a ambos de explicar sus posiciones. La vicepresidenta aprovechó para proyectar una imagen positiva de unidad y construcción de algo nuevo. Enfatizó así que era una candidata de cambio, que buscaría sanar las heridas y resolver los problemas principales del país. Trump volvió a ser el mismo profeta del cataclismo y de los enfrentamientos entre norteamericanos.

Como dijo el analista de la plataforma FiveThirtyEight, Nate Silver, «Kamala Harris obtuvo el debate que quería». Esto es positivo para una candidata que ha entrado tarde en la campaña pero que en 52 días no ha cometido ningún error significativo.

El avance de Kamala Harris en las encuestas ha parecido indetenible hasta las vísperas del debate, en que comenzaron a manifestar cierto estancamiento y hasta reversión. Por tanto, la candidata necesitaba exactamente lo que logró. Pero ello no quiere decir que ese paso sea irreversible. Además, las encuestas siguen indicando una porfía cerrada. Donald Trump sigue siendo un adversario formidable, cuyas bases han demostrado ser inconmovibles a pesar de todos sus defectos (narcisismo, misoginia, mendacidad, abusador). Quedan 56 días e, insisto, «no se acaba hasta que se acaba».


[1] Con este comentario, el autor de este artículo no está apoyando para nada las actuales acciones genocidas de Israel contra territorios palestinos en Gaza, pero le resulta sorprendente esta acusación de Trump contra Harris, por no estar sustentada en ningún elemento objetivo. Mucho menos ello significa que esté de acuerdo con la política que la vicepresidenta anunció como la que seguiría con respecto a Israel

 El «género», un enfoque regulador de la política universitaria

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Ilustración: Félix M. Azcuy

Para nada nos sorprenden el salto que las políticas con perspectiva de género han tenido en Cuba, en especial, por su discurso más integral desde el 2021 hasta la fecha. Sin embargo, también es real la falta de fortalecimiento metodológico de algunas como el Programa de Adelanto a la Mujer, aprobado en su última versión por Decreto presidencial, así como la falta de institucionalización de estas en un país muy cambiante. Por lo que digamos que no ha sido suficiente, el modo en que dichas políticas públicas han irradiado esferas como los medios de comunicación, la enseñanza en todos los niveles, y la propia percepción que existe de estas en las prácticas y principios laborales.

Las universidades cubanas, constituyen uno de esos espacios donde se requiere una mayor apropiación de las políticas de género y por tanto, una reformulación del concepto de equidad, frente a la naturalización de patriarcalismos, el colonialismo académico y la creciente capitalización de la vida.

La equidad social, un concepto que debe ser reformulado

La equidad social significa una distribución igualitaria de las responsabilidades, recursos y oportunidades entre mujeres y hombres en la sociedad; el reconocimiento del ciclo económico completo, de las múltiples formas de trabajo que garantizan la reproducción y desarrollo de las fuerzas productivas, con especial atención en aquellas que han permitido procesos históricos de acumulación por no ser remuneradas; la compensación de todas las formas de trabajo; y la representación en múltiples esferas sociales de la realidad de todos/as, de su actividad y necesidades particulares, como una perspectiva política, social-individual y científica.

Estos derechos deben ser expresados simbólica, normativa e institucionalmente[1], por lo que es responsabilidad de las instituciones educativas, específicamente las universidades, en tanto espacios laborales de formación, institucionalizar la perspectiva de género e incorporarla a la esfera jurídica-reglamentaria. De esta forma se concibe el proceso como una «práctica vigilante»[2] sobre las formas de producción e intercambio simbólico, asi como de los procesos de comunicación e interacción dentro de las instituciones.

En ese sentido, el diseño de Planes de equidad en las instituciones de Educación Superior en Cuba, encuentran un abanico de posibilidades en el escenario actual de políticas públicas. Pero este escenario también supone retos, el más complejo, desmitificar la noción de que la formación universitaria impacta a todos/as por igual, y reconocer sus diferencias[3].

Experiencia en la universalización de la perspectiva de género: El caso de Universidad Nacional Autónoma de México.

Las políticas de género en las universidades coinciden con la lucha por las condiciones de igualdad entre todas las personas y en la necesidad de fomentar espacios libres de violencia. Parejo a este hecho ha ido la periodización de diagnósticos de la situación de género en la Educación Superior, donde una de las categorías que se suelen estudiar con mayor fuerza son los índices de feminización en el colectivo del alumnado, del personal docente e investigador, catedráticos, así como la segregación por ámbitos científicos. Para que estos diagnósticos arrojen resultados útiles, se diseñan de forma tal que recojan, analicen y visibilicen los datos desagregados por sexo.

Al concebir los vínculos objetivos, estrategia y acción, estas políticas se proponen cambios culturales en el imaginario social de la comunidad, universitaria frente a la socialización de estereotipos denigrantes y excluyentes de la mujer y las personas LGTBIQ+. Según Pastor, Pontón y Serret[4], en España, pese a no ser homogéneos ni en el formato ni en el diseño conceptual, las estrategias y líneas de acción de estos planes pueden dividirse en siete puntos:

1) garantizar el principio de igualdad de oportunidades y de trato;

2) promover la conciliación entre trabajo y familia y el reparto de responsabilidades;

3) asegurar una participación y representación equilibrada;

4) aumentar la sensibilización e incrementar la visibilidad;

5) incorporar la perspectiva de género en la educación y la investigación;

6) mainstreaming de género y

7) promover la seguridad y la salud laboral.

Dentro de estas iniciativas que pretenden fomentar la equidad en la estructura institucional, en la carrera académica, en el empleo y en las posiciones de liderazgo, encontramos en principio la relación entre condiciones favorables de trabajo/formación y salud, por mencionar uno de los aspectos de mayor novedad. Figuran entre otros, los planes de igualdad de la Universidad Autónoma de Madrid (2007), la Complutense de Madrid (2015), la Pompeu Fabra de Barcelona (2017).

También en Latinoamérica varias universidades se han encargado de impulsar la realización de diagnósticos permanentes sobre la situación de las mujeres y el desarrollo de indicadores a partir de instancias (unidades de igualdad) como observatorios y proyectos institucionales. Estos procesos constituyen los antecedentes o resultados de políticas de género.

La experiencia de la Universidad Nacional Autónoma de México en política de género nos muestra la relación estructura-marco normativo a partir de un proceso que, tras la toma de conciencia e indagación en las problemáticas sociológicas que afectan el desenvolvimiento del ser humano, es transformador del espacio público, cuya integridad reclama contra la apropiación simbólica y material que las relaciones desiguales orientadas por el género usurparon.

Un peldaño institucional desde su creación en 1992 ha sido el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG)[5], que desde su «Programa de Institucionalización de la Perspectiva de Género en la UNAM» en el 2004, impulsó el proyecto de investigación «Equidad de Género en la UNAM: un diagnóstico». Desde su seno se estimuló el análisis cuantitativo, a partir de la información estadística disponible, de las condiciones imperantes relacionadas con la equidad de género en cuatro poblaciones: el personal académico, estudiantil, los trabajadores administrativos y, los funcionarios.

Específicamente dentro del proyecto general, bajo la iniciativa «Diferencias en la situación de mujeres y hombres en la UNAM: una radiografía», se propuso mostrar con detalles las condiciones estructurales, organizativas, laborales, educativas y sociales que pudieran estar asociadas al acercamiento o distanciamiento entre las mujeres y los hombres.

Como resultado destacado, en el 2013 figuraba el bajo índice de mujeres en la academia universitaria y en las actividades de investigación; pero lo más significativo es que de este proceso se originaron los cuatro ejes estratégicos de la política institucional de género en la UNAM: Lineamientos Generales para la igualdad de género en la UNAM (7 de marzo de 2013), Acuerdo Rectoral para la Atención, Sanción y Erradicación de la Violencia de Género (29 de agosto de 2016), Protocolo para la Atención de Casos de Violencia de Género en la UNAM (agosto 2016), Documento Básico para el Fortalecimiento de la Política Institucional de Género de la UNAM (2019).

El énfasis de la UNAM en la violencia física, especialmente el acoso sexual, representa una coincidencia con la mayoría de las iniciativas Latinoamericanas. En el 2016, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares anunció que el 66,1% de las mujeres mexicanas mayores de 15 años, habían sufrido violencia, ya fuese emocional, económica, física, sexual o discriminatoria a lo largo de su vida; de ellas, el 41,3% fue de violencia sexual. Una evidencia de que estos procesos se adaptan y responden a características y dinámicas nacionales con una extensión en el sector académico.

Como experiencia internacional y regional, es evidente que la institucionalización del género como enfoque teórico metodológico implica verlo, ya no solo como una experiencia constitutiva de la identidad de las personas y como una categoría científica que estudia la socialización de los cuerpos sexuados, sino también como mecanismo regulador de las relaciones humanas, como una perspectiva normativa y metodológica en el sector.

En Latinoamérica los niveles de institucionalización dentro del sector académico de la perspectiva de género no avanzan con el mismo grado de concreción y ni siquiera es contemplada como una necesidad en muchos lugares. A pesar de ello, se reafirman en estos afanes un grupo de instituciones, entre ellas la Universidad de Valladolid, la propia UNAM o el conjunto de políticas orientadas en dicho sentido de la Universidad de Buenos Aires, con experiencias que ameritan ser estudiadas.

En el caso de Cuba aunque no aparece corporizada en un marco normativo propio que estipule este tipo de ordenanzas en aras de la equidad, se dan pasos importantes en la extensión de la mirada de género que encuentran sus límites ante la propia ausencia de un medio legislador propio de cada institución. Debe reconocerse que universalizar la mirada violeta en centros universitarios, requiere un proceso de análisis y diagnósticos (de estamentos como el financiero o el propio cuerpo académico), para que se produzca la deseada transversalización del enfoque de género.


[1] Benavente, María Cristina y Valdés, Alejandra, Políticas Públicas para la Igualdad de Género. Un aporte a la autonomía de las mujeres, 1ra. ed., Santiago de Chile, CEPAL, 2014, p. 130.

[2] Benítez, Lucia, “La perspectiva de género en comunicación y desarrollo”, Comunicación y Desarrollo. Prácticas comunicativas y empoderamiento local. España, Gedisa, 2012, pp. 180-201.

[3] Piedra, Yoana. et al., “La Universidad de Cienfuegos y su labor por la equidad de género”, Revista Conrado, Cuba, 2019, pp. 173-179 https://conrado.ucf.edu.cu/index.php/conrado/article/view/1193

[4] Pastor Gonsálbez, Inma. et al., “Políticas de igualdad en la universidad: una reflexión sobre los planes de igualdad en América Latina y España”, Aportaciones a la investigación sobre mujeres y género, España, 2014, pp. 639-658.

[5] El 15 de diciembre de 2016, el PUEG se transforma en Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG).

De lo público y lo privado: los caminos posibles de la sanidad en Cuba

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Ilustración: Félix M. Azcuy

La protección de la salud es un componente fundamental no solo del bienestar social y el desarrollo económico, sino de la paz y la seguridad mundial, puesto que se trata de expandir en toda su capacidad la calidad de vida de una persona y del grupo poblacional al que se circunscribe. Es por ello que la sanidad es uno de los objetos centrales de agendas políticas, promesas electorales, preocupaciones económicas y uno de los indicadores más sensibles del desarrollo de un país. La salud es, sobre todo, un asunto político. 

Algunas formas de la salud quedan en las márgenes del sector sanitario: las circunstancias en que las personas crecen, conviven, se reproducen, trabajan, descansan, mueren. Asuntos como la seguridad alimentaria, el empleo, la educación, la vivienda, si bien no son atendidos directamente por las batas blancas, influyen y modifican la salud de la población, es por ello que su discusión casi siempre es transdisciplinar. No se pueden corregir las inequidades en salud sin atender las grandes brechas de desigualdad social. 

Por esa razón el sistema sanitario de un país debe ser responsabilidad estatal para lograr una cobertura total, propósito que depende en gran medida de lograr un sistema sólido de financiamiento. Los sistemas sanitarios suelen gastar bastante más de lo que producen y se convierten en la piedra en el zapato de las grandes empresas, los sistemas financieros, bancos, y entidades en posición de ejercer como mercaderes de la salud humana, un negocio altamente lucrativo. 

El sistema sanitario de un país debe ser responsabilidad estatal para lograr una cobertura total, propósito que depende en gran medida de lograr un sistema sólido de financiamiento.

Mientras, las poblaciones empobrecidas, los inmigrantes, pueblos indígenas, mujeres, ancianidades y primeras infancias sufren los estragos de la mala gestión de la salud global. 

En pos de conseguir el añorado objetivo de la total cobertura sanitaria, los gobiernos se enfrentan a tres cuestiones fundamentales: ¿cómo financiar un sistema sanitario de cobertura universal?, ¿cómo proteger a la población de las consecuencias económicas del pago directo de los servicios?, y ¿cómo garantizar el uso óptimo de los recursos disponibles? 

Los obstáculos que aparecen en el camino a estas respuestas podrían resultar evidentes: en primer lugar la disponibilidad de recursos; ningún país, por muy rico que sea, le ha podido garantizar a su población el acceso total e inmediato a las mejores intervenciones y tecnologías para mejorar y prolongar su vida. Luego está la excesiva dependencia de los pagos directos en el momento en que las personas necesitan asistencia, ya sea por medicamentos, procederes u honorarios a los especialistas; todo esto a pesar de pagar un seguro médico que a veces hay que complementar con copagos que pueden ser formales o informales (como en el caso de Cuba). Esta simple cuestión impide que cada año millones de personas accedan a servicios sanitarios de calidad. 

Ningún país, por muy rico que sea, le ha podido garantizar a su población el acceso total e inmediato a las mejores intervenciones y tecnologías para mejorar y prolongar su vida.

El tercer obstáculo es el uso ineficaz y desigual de los recursos. Según la OMS y advirtiendo una estimación conservadora, en el mundo se desperdician, aproximadamente, el 40% de los recursos sanitarios. 

El camino hacia la cobertura universal es relativamente sencillo, al menos sobre el papel: los países deben recaudar fondos suficientes, reducir la dependencia de los pagos directos, y mejorar la eficiencia y equidad en los servicios.

El esquema básico de financiamiento de los sistemas sanitarios internacionales usualmente recae sobre los impuestos, la suscripción voluntaria a esquemas de seguros privados y el dinero que sobre ello gasta e invierte el Estado, junto al que le dedican organizaciones no gubernamentales y ayudas internacionales para el desarrollo. 

La OMS enfatiza la necesidad de mantener en el centro de los debates la universalidad y la gratuidad de los servicios médicos, cuánto cuesta y a quiénes les cuesta, más aún cuando las contribuciones privadas continúan siendo de gran peso en las formas de financiamiento. Las medidas neoliberales, que han renovado fuerzas con el auge de partidos de derecha, tienden a asfixiar las políticas sociales y recortar los presupuestos del sector de la salud y la asistencia social. Frente a ello las autoridades internacionales desaprueban una planificación del financiamiento de los sistemas de salud en la cual se recorte presupuesto , y reclaman la eliminación de barreras financieras de acceso a los servicios y el uso justo de los recursos disponibles. 

Apuntes para la recaudación de fondos

En aras de valorar cómo recaudar fondos nacionales, si se toman como referentes otros modelos de sistemas sanitarios, hay medidas más factibles que otras: aumentar la eficiencia de la recaudación de impuestos, que en un país con una economía tan precarizada como la cubana, y donde el sector informal es tan amplio, las dificultades prácticas para esta medida son demasiadas. 

En el caso hipotético de que la recaudación de impuestos fuera más certera y el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) tuviera autonomía para disponer de ellos, los fondos servirían para prestar mejores servicios, o pagar por ellos en nombre de la población. 

La otra tendría que ser cambiar las prioridades de las inversiones estatales, un tema que en Cuba es igualmente problemático: la ejecución del plan de inversiones a partir del presupuesto del Estado, a pesar de que la biofarmacéutica y la exportación de servicios sanitarios (dentro y fuera de fronteras) representa una gruesa entrada de divisas al país, continúa deformado. 

Además, el Sistema Nacional de Salud (SNS) ha experimentado un proceso de descapitalización bastante significativo en los años recientes. Según los números oficiales del volumen de inversiones por clase de actividad económica, en el año 2021 se invirtió 20 veces más en «servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler» —correspondientes en gran medida al turismo— que en «salud pública»; en 2022 se invirtió el 2% del volumen total; en el 2023 el 1.8%, y hasta junio del presente año, la inversión también era de 1.8%. Sin embargo, la OMS recomienda a los países de renta baja que las inversiones oscilen alrededor del 15% del total de su presupuesto estatal. 

La tercera medida a tener en cuenta es la financiación innovadora. El «Grupo de trabajo de alto nivel sobre financiación internacional innovadora de los sistemas de salud», una red que reúne iniciativas financieras, organismos de la Naciones Unidas y de la sociedad civil, incluyó entre sus propuestas, por ejemplo, el aumento de los impuestos sobre los billetes de avión, de las transacciones en divisas y el tabaco, en su lista de formas de recaudar fondos para la sanidad. 

Una tasa sobre las transacciones en divisas podría recaudar sumas considerables. Otras opciones podrían ser las tasas de solidaridad sobre una serie de productos y servicios, como las llamadas de telefonía móvil, bonos vendidos a la diáspora con el objetivo claro de contribuir a la sanidad pública, etc. 

Todos los impuestos tienen algún tipo de efecto distorsionador sobre la economía y enseguida encontrarán oposición, pero corresponde a los gobiernos establecer sus límites. En este sentido, pueden explorarse impuestos sobre productos perjudiciales para la salud, una medida que tiene doble beneficio: la reducción del consumo y, al mismo tiempo, recaudar más fondos. Estos productos son sobre todo tabaco y alcohol (otros países incluyen bebidas azucaradas, grasas saturadas, etc.). 

Pueden explorarse impuestos sobre productos perjudiciales para la salud, una medida que tiene doble beneficio: la reducción del consumo y, al mismo tiempo, recaudar más fondos.

La política antes descrita se convierte en una win win situation: se estima que el presupuesto disponible luego de aplicar de forma eficaz esta medida crece en un 25% mientras que los niveles de consumo, en dependencia de las características de cada grupo poblacional, descienden aproximadamente un 10%. El dinero recaudado a partir de una medida así debería destinarse exclusivamente a la sanidad, pero en el caso de que se haga solo parcialmente, es posible suponer que el acceso a los servicios también mejoraría de forma notable.

Debido a que las propuestas que conforman guías internacionales pretenden ser universales, su realidad cambia bastante cuando se aterrizan sobre una región determinada. América Latina, por ejemplo, no tiene en este aspecto un comportamiento homogéneo. Si contrastamos al Sistema de Salud cubano con el de Brasil o México, cuyos indicadores de desigualdad en el acceso y la cobertura condujeron a mayores efectos negativos durante la pandemia, resultará que el cubano es bastante superior en diseño y estrategias. 

Si buscamos en las estadísticas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sobre la base de la información oficial de gastos sociales, podemos concluir que la mayor parte de estos son administrados y operados por los ministerios del sector y los programas médicos de los sistemas de seguros. A su vez, estos son nutridos por los ingresos generales del gobierno central, por los fondos de los sistemas de seguro social y los impuestos destinados específicamente al sector. Los gastos directos que realiza cada núcleo familiar, en forma de pagos por servicios médicos para la compra de medicamentos y otros insumos, son un estrato fundamental en el equilibrio público/privado del financiamiento de los servicios sanitarios en la región.

Uno de los principales problemas en el caso de Cuba es que el MINSAP no tiene la autonomía suficiente para elaborar estrategias que le permitan recaudar más fondos nacionales, sino que depende del Ministerio de Finanzas, del Ministerio de Economía y Planificación, del Consejo de Estado, incluso del Ministerio de Comercio Exterior, en dependencia de la envergadura de los servicios.  

Uno de los principales problemas en el caso de Cuba es que el MINSAP no tiene la autonomía suficiente para elaborar estrategias que le permitan recaudar más fondos nacionales.

En Cuba, la estructura del Sistema de Salud responde a un modelo centralizado. Cuenta con tres niveles administrativos: las direcciones de salud municipal y provincial se supeditan a la dirección nacional. De forma paralela, estas se subordinan (desde el punto de vista administrativo) a las respectivas asambleas del Poder Popular, de quienes reciben el presupuesto, el abastecimiento, la fuerza laboral, el diseño y la planificación de estrategias. Esto garantiza que en los servicios de salud solo participen agentes estatales, como única herramienta para la conservación de un sistema público uniforme para todos los cubanos. Es el presupuesto del Estado el que incide en el financiamiento de cada uno de los eslabones del sector. El ministerio, con la debida aprobación del Consejo de Estado, distribuye los fondos entre los distintos niveles y unidades de atención a través de las asambleas provinciales y municipales.

Sobre lo público y lo privado

Incorporar al sector privado en los servicios sanitarios es un dilema ético, ideológico más que económico para los países que, como Cuba, han hecho bandera de la salud completamente pública, gratuita y universal. Ciertamente el esquema actual funcionó por mucho tiempo, cuando la inversión era prioridad, y la solidez en la formación profesional era suficiente para que la exportación de servicios médicos y la industria biofarmacéutica nutriera al sector con grandes sumas de divisas, a pesar de las sanciones norteamericanas que, dicho sea de paso, según el «Informe contra el bloqueo» presentado por Cuba ante la ONU, los daños acumulados a los servicios de salud durante más de seis décadas ascienden a 3 mil 625 millones 840 mil 594 dólares. 

Hoy el panorama ha cambiado, y las inversiones del Estado en salud y la asistencia social son evidencia de que no es una prioridad; tampoco hay asociaciones fuera del MINSAP que reclamen por ello. En la actualidad SNS no puede sostener la demanda de su población y padece de todas las problemáticas que los expertos definen como grandes barreras para la cobertura sanitaria adecuada: no hay fondos suficientes, ha aumentado la dependencia de los pagos directos de las familias cubanas y no hay servicios eficientes ni equitativos. 

En la actualidad SNS no puede sostener la demanda de su población y padece de todas las problemáticas que los expertos definen como grandes barreras para la cobertura sanitaria adecuada.

Una anotación se hace necesaria por lo particular del caso cubano: los gastos directos se hacen sobre todo en el mercado informal, que es una pesadilla para las autoridades sanitarias, pues no hay control sobre la compra, venta o intercambio de enseres, convirtiéndose en caldo de cultivo para la corrupción, los precios abusivos, la falta de control de calidad farmacológica y de vigilancia, incluso sobre los medicamentos de uso intrahospitalario y de alto riesgo. 

Lo peor es que muchos de estos insumos salen de las propias instituciones sanitarias estatales. Luego, los gastos domésticos directos aumentan cuando hay que pagar una analítica, por ejemplo, o un servicio médico, u honorarios —ya sea en metálico o mediante la compra de un «regalo»— al doctor que atiende…, pero no queda ahí: las familias tienen que costear la transportación para mover a la persona enferma de la casa al hospital, a sus acompañantes, dejar de trabajar para ejercer como cuidadores, lograr conformar una dieta apropiada para los días de padecimiento y convalecencia, entre otros dilemas.

No se sostiene un sistema sanitario basado en la corrupción de servicios e insumos, en gastos directos de la población, en descapitalización e ineficiencia. Bajo estas condiciones un sistema sanitario colapsa.

Habría que estudiar muy bien la posibilidad de regular ese mercado informal que inunda los servicios públicos e incorporar al sector privado de formas que solo alivien la situación, y no que sustituyan el papel del Estado. Lo primero sería eliminar los impuestos aduaneros sobre los insumos médicos, una medida que se planifica reactivar el 30 de septiembre de 2024; habría que quitarle el apellido de «excepcional» mientras el sistema sanitario cubano esté sumergido en la actual crisis, regular qué medicamentos entran y salen, y permitir únicamente los que no son de alto riesgo, de uso intrahospitalario y que BioCubaFarma no puede hacerse cargo de su producción. 

Regular ese mercado informal que inunda los servicios públicos e incorporar al sector privado de formas que solo alivien la situación, y no que sustituyan el papel del Estado.

Si lo pensamos de otra manera, se podría poner un impuesto a la persona que los entra a Cuba con fines comerciales, y bajo ninguna circunstancia gravar los insumos que entran a Cuba para nutrir los utilísimos canales de donación (en todo caso ordenarlos y verificar que efectivamente sea solo para este fin). 

Regular y fiscalizar entonces la comercialización de los medicamentos que cumplen ciertos requisitos legales. En el caso de medicamentos que por su costo de traslado, por la conversión de pesos cubanos a divisas y por sus gastos intermedios excedan los precios previamente estipulados por las autoridades estatales, sería el Estado y no la gente, el encargado de pagar ese diferencial. 

Podría ponerse en práctica, además, una financiación selectiva por parte del Estado en dependencia de la duración del tratamiento, la gravedad y las secuelas de las distintas patologías, las necesidades específicas de ciertos colectivos, el valor terapéutico y social del medicamento y la relación costo/beneficio.  Esto aliviaría la carencia y frenaría que muchos insumos salgan de las instituciones estatales hacia el mercado informal. 

Además, habría que regular y definir claramente las funciones y requisitos para que una persona comercialice insumos médicos, entre lo que debería estipularse que tengan un origen probado y que en ningún caso sea de fabricación nacional. También se podrían tomar medidas con las personas que se hacen titulares de estos servicios, brindarles un espacio en la disposición de farmacias estatales (en este tema la distribución geográfica, densidad demográfica y dispersión de la población es un asunto importante) y controlar la calidad, mediar en los precios (que por supuesto serán en pesos cubanos), puntualizar el volumen de insumos que puede vender una misma persona (asegurando que solo pueda ser titular de un establecimiento y no más) y asegurar que los orígenes sean diversos, pues una sola empresa no debería introducir a Cuba cantidades ingentes de insumos, ni distribuir a varios establecimientos. 

Este tema implicaría que una comisión experta lo estudiara a detalle, puesto que en cuestiones de servicios sanitarios la dispensarización de sustancias farmacológicas es una de las más complejas áreas para regular en cuanto a su situación jurídico administrativa. 

La otra forma en la que las pequeñas y medianas empresas privadas pudieran impactar positivamente en el sector sanitario es en la logística. Ellas tienen potencial para garantizar a las instituciones públicas los insumos de uso habitual: papel, guantes, gasas, algodón, jeringas, mueblería, gestión de sus residuos sólidos, servicios de construcción, de informatización, servicios de limpieza, etc. Actualmente, todos ellos conforman, más allá de lo que se podría pensar, un grave problema para el sistema sanitario cubano. 

Una variante que pudiera valorarse es que empresas privadas gestionen, con el debido control estatal, una parte del transporte sanitario (servicio de ambulancias), otro nicho actual para la corrupción y que es fundamental cuando se habla de accesibilidad de los servicios, cobertura y equidad. 

Por otra parte, los servicios de cuidados (que han comenzado a privatizarse) y de rehabilitación, serían un punto de convivencia para ambos sectores, ya que no incurren en gastos directos en el momento de una urgencia y cuyo mantenimiento es menos complejo jurídicamente, además de que en Cuba actualmente estos servicios son muy precarios.

Todo ello, y lo remarco, debe ocurrir bajo legislaciones apropiadas, con suma experticia y con la asesoría de organizaciones internacionales que tienen representación en Cuba, como la OPS, la Unión Europea, mediCubaSuiza y otras cuya ayuda al pueblo cubano ha sido sostenida en el tiempo. Además, debería siempre mantenerse el control de la administración pública y tener en cuenta que de incluir a los privados en un sector como el sanitario, difícilmente se regresa. O sea, habría que asumir un gran cambio en nuestro proyecto de país y procurar que la administración pública le sea suficiente, lo cual debería contar con la democratización de las decisiones y la fiscalización de la ciudadanía, la transparencia y el diálogo. 

debería siempre mantenerse el control de la administración pública y tener en cuenta que de incluir a los privados en un sector como el sanitario, difícilmente se regresa.

La Constitución de la República de Cuba retoma en su artículo 72 a la Salud Pública como un derecho inalienable de todas las personas. Asimismo otorga al Estado la responsabilidad de garantizar el acceso, la gratuidad y la calidad de los servicios de atención, protección y recuperación, y ello se complementa con la nueva Ley de Salud Pública de forma explícita. 

Es sabido que la privatización de los sistemas sanitarios independientes de la administración pública representan una amenaza a la salud poblacional y a la equidad en el acceso a los servicios. No alivia, sino que detrae recursos del sector público, y la naturaleza empresarial enfoca a los prestadores hacia el lícito lucro económico, lo que puede derivar en prácticas de gestión que traten de aminorar gastos e incrementar ingresos, y por tanto, afectar la calidad de los servicios. 

Enlazada en su raíz con la pobreza, la privatización de algunos de los servicios sanitarios sobre las condiciones actuales de Cuba sin la adecuada planificación, sería un camino certero a la agudización de la desigualdad social, cuyas consecuencias son peores para los sectores más vulnerables y nos alejan del país con el que soñamos. Urge entonces encontrar vías factibles para recuperar la deteriorada situación sanitaria del país, sostener las demandas de la gente y retomar indicadores de salud que reflejen un mejor vivir.

Muchos son los estudios que avalan y confirman que la salud pública puede ser eficiente, incluso económicamente, pero las disposiciones políticas y económicas que hay que hacer para ello ensombrecen el panorama. Lo cierto es que una población más enferma será una población más pobre y viceversa. Adaptarse a los tiempos significa mucho estudio, conocimiento de la ciudadanía a la que se le proyecta un futuro, y sobre todo, mucho diálogo, asociatividad y transparencia. 

Rodajes (VI, final)

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Ilustración: Brady

Bueno, todo lo que tiene un principio concluye alguna vez, con las posibles excepciones de la estupidez humana y las averías en el sistema eléctrico. Esto no significa que si de pronto recuerdo algo que merece ser contado me abstenga de hacerlo; de hecho, la semana próxima narraré mis experiencias durante la producción de La campaña (2021), con mucho el más accidentado de mis rodajes. Pero hoy pongo punto final a la serie como tal, llegando en este recuento más o menos cronológico hasta anécdotas de hace un par de años. Vaya, que tampoco soy un Woody Allen con sus más de 50 largometrajes. Ya quisiera yo.

Arte (2015) se filmó en la galería Servando Cabrera, justo al lado del ICAIC. Con anterioridad varias salas de exposición se habían negado a dejarnos trabajar en sus espacios, e incluso el director de la Servando, aun estando decidido a darnos una oportunidad, temía que de arriba, a última hora, le cambiaran la bola. Pero eso no fue todo: por si no bastara con tratarse de un local justo al lado de una avenida céntrica y con abundante tráfico (recordar que hablo de 2015), lo que tenía nervioso al responsable de grabar sonido directo, resulta que los días previos al rodaje llovió torrencialmente, circunstancia que podría ensuciar aún más el registro sonoro y afectar la fotografía. Y, como si no bastara, filmábamos un fin de semana, durante el día, y el domingo arrancábamos con una escena en que seis actores y una actriz tenían que desnudarse por completo. A las 11 de la mañana y en plena calle 23.

Todo salió bien, no hubo curiosos porque probablemente a ningún transeúnte se le ocurrió que algo así podía estar sucediendo justo en ese sitio. El equipo se comportó con insuperable profesionalidad y terminamos la escena en pocas tomas. A eso de las seis di por terminado el rodaje. Por la noche volvió a llover.

-Para Dominó (2017) nos fuimos a un barrio donde, según el productor, no había que pedir permiso para rodar en exteriores «porque ahí la policía no entraba». En realidad, salvo un par de planos, el grueso de la película transcurría en el ensanche de un pasillo, y el día anterior los vecinos disponibles nos dijeron que no había problema, e incluso una señora nos prestó a un niño (debidamente acreditado al final) para cierta escena. Ahora bien, hubo dos momentos delicados: el primero cuando un vecino, que no estaba en casa la víspera, a la hora en que pedimos autorización a los demás, llegó de pronto en medio del rodaje, como a las cinco y pico de la tarde, y yo le espeté en tono autoritario que no podía pasar. El hombre se alteró con toda razón y por poco nos vamos a las manos. La suerte fue que mi productor tiene todo el tacto y el don de gentes de que yo carezco. Para calmarlo incluso le dimos un bocadito y un refresco.

El segundo momento de angustia fue cuando al final de la tarde y para el final de la película, volamos un dron sobre La Habana. Varias veces. Y no pasó nada.

Por cierto, las palomas que aparecen en un breve plano aéreo (del minuto 7:15 a 7:18) no eran de ahí: las filmó pacientemente el director de Fotografía en la plaza de San Francisco, en la Habana Vieja, y luego el responsable de Efectos Visuales las colocó en su sitio. La subjetiva y aleteos de las referidas colúmbidas abren la película (de 0:29 a 0:45) y la cierran (de 19:33 en adelante), como si fueran ellas quienes nos introducen y sacan del relato…

-El principal problema para Rállame la zanahoria (2018) fue, de nuevo, conseguir la locación apropiada. Necesitábamos una casa amplia y lujosa, con una escalera interior por la que descendían primero Néstor Jiménez y luego Andrea Doimeadiós. Vimos una decena de viviendas que resultaron demasiado pequeñas o ruidosas; encontramos una cuyos dueños nos dijeron que sí, que seguro, incluso el tipo llamó en mi presencia a un pariente suyo en Miami para alardear de que Eduardo el Llano iba a filmar ahí… y un par de semanas más tarde le dijeron a mi productor que no, que se habían complicado y no podían.

Pocos días antes de la fecha acordada de rodaje, un señor que había sido amigo de mi papá me dio el teléfono de un pariente suyo que tenía una casa así en las afueras de la ciudad. Lo llamé, fuimos a ver el lugar, y era perfecto. Por suerte, este propietario fue muy amable y no nos cambió la bola.

Dos veteranos (2019) es el cortometraje número 15, el que cierra la saga de Nicanor. Decidí terminar ahí porque quería explorar otros registros, trabajar con otros actores (lo que no significa en modo alguno que reniegue de Luis Alberto y Néstor, de su lealtad y la amistad que conservamos), porque si vas a hacer un corto con cada problema que hay en Cuba tendrías que filmar centenares, y además porque es un buen número redondo. Ya, ese es todo el secreto.

La película se filmó en los estudios del ICAIC en Cubanacán. Para variar, ahí el problema no fue la locación, sino… conseguir un perro. Yo quería un cánido que merodease en torno a los bancos donde están sentados los personajes, y mirase la comedia humana con talante filosófico. Era una buena idea, pero los chuchos del montón no servían porque podrían ponerse a ladrar en medio del rodaje y joder la cosa, o simplemente no parecer lo bastante filosóficos. Mi productor habló con un individuo que tenía un animal domesticado que ya había sido contratado para otras películas, pero el tipo exigía un pago demasiado alto, que se nos salía completamente de presupuesto. A falta de can, casabe: decidí que no sería un perro, sino un mendigo el que contemplase desde fuera la situación y reaccionase al diálogo de los veteranos. Yo interpreté al pordiosero, con un pulovito que me había regalado Cremata y mi pelo y mi barba frotados con tierra y cenizas. Lo más divertido, además de meterme en el papel, fue dirigir así.

-Cerramos con El regreso de Nicanor (2022), mi penúltimo trabajo (luego vino Democracia en 2023) que a pesar de su título no es parte de la saga y cuenta exclusivamente con personajes femeninos, interpretados por Laura de la Uz, Jacqueline Arenal, Tahimi Alvariño y Ana Patricia Martín. Hay una razón para el nombre, pero tendrán que ver la película para saberla.

Teníamos que filmar durante dos noches, la primera en la playa y con un fuego encendido. En Cuba. Casi nada. Fue el entonces presidente del ICAIC, Ramón Samada, quien intercedió por nosotros y gestionó los permisos a los niveles requeridos. Es más, insistimos en que un policía nos acompañara durante la filmación, para neutralizar a cualquier otra autoridad grande o pequeña que pasara por allí y quisiera ufanarse de su palmito de poder. Yo también pedí un bote (juro que no es broma) destrozado y semienterrado en la arena detrás de uno de los personajes, pero según Samada ya eso era demasiado, y como de todos modos la barca no resultaba esencial para contar la historia, renuncié a la embarcación conflictiva.

Como supondrán, el responsable del sonido directo estaba muy preocupado con que el sonido del viento (que había sido muy molesto el día en que escogimos el sitio) estropease su trabajo, pero tuvimos la increíble suerte de que no soplase ni una ráfaga durante toda la noche, de manera que el sonido de las olas también resultó imperceptible y hubo que inyectarlo después. Las actrices dieron prueba de su calibre profesional y humano; yo me acercaba a ellas a cada rato para darles alguna nota, y durante esos breves minutos se me irritaban los ojos con el fuego alrededor del cual estaban sentadas… pero las chicas se mantuvieron en el sitio toda la noche, con solo unas breves pausas para merendar y comer.

Terminamos a las seis y pico de la mañana. A las siete pasó una especie de tornado cerca de allí. La segunda noche, en el Jardín Botánico Nacional, también nos favoreció la suerte: dejó de llover a las cuatro de la tarde, así que pudimos filmar sin grandes problemas.

En fin, aquí lo dejo. La semana próxima, como anuncié, voy a hablar de La campaña, donde se dieron cita todas las complicaciones que hasta entonces habíamos conseguido esquivar. Pero igual se hizo.

 Siempre se puede.

Sergio dentro de un sueño

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Foto: Néster Núñez

Sergio recuperó la conciencia en un túnel húmedo y sin luz. Acostado sobre la espalda, no podía separar los brazos más de quince centímetros del cuerpo. Tampoco tenía espacio para maniobrar con las piernas y se le dificultaba respirar…. Es lo más parecido a estar enterrado vivo, pensó. Para no gritar con los siete chacras, apretó las mandíbulas, los ojos y todos los músculos hasta que le dolió el cerebro y casi se desmayó de cansancio. En esa especie de letargo que le siguió al susto, llegó a la conclusión de que debía ser una broma de alguien. No tenía enemigos con motivos para hacerle daño, y mucho menos instintos suicidas para meterse por sí solo en un lío semejante. Lo otro era que aún estuviera dormido. Esa idea logró relajarlo.

Sin mucho esfuerzo, recordó lo que habían sido sus últimas horas: a las 9 de la noche su mujer acostó a la niña y se puso a ver la telenovela, mientras él se comunicaba por WhatsApp con un par de amigos. Uno de ellos estaba pasando las vacaciones en Punta Cana. Cuando regresara a USA le iba a mandar unas pacotillas necesarias: zapatillas, pantalones, pullovers… Sergio le agradeció de corazón y se puso a hablar con el otro amigo sobre la ballesta nueva que estaba armando. «Por la que tú viste me ofrecieron 200 dólares y yo estaba en baja, tú sabes… Poco a poco yo termino esta».

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Foto: Néster Núñez

A eso de las 9 y media quitaron la corriente. Se tomó un vaso de agua, subió a la barbacoa, abrió la ventana y se tiró en la cama. Sin velas y ya sin batería para encender la linterna del teléfono, la oscuridad era la misma a la del hueco donde estaba ahora: sofocante y babosa como en la cueva de un cangrejo. Recordó que la mujer llegó al cuarto con un bulto de ropa que había lavado esa tarde, la acomodó sobre una silla y se acostó a su lado sin tocarlo.

Su muestra de amor, de cariño, de solidaridad, fue utilizar una libreta vieja para abanicarse ambos, aunque sabían que, en agosto, en una barbacoa de una casita al final de un pasillo, sería imposible apaciguar el calor y mucho menos la rabia y la frustración que sentían hacia la empresa eléctrica, hacia los dirigentes y hacia un sistema incapaz de garantizar al menos lo imprescindible para llevar una existencia digna. Aun así, se mantuvieron en silencio para hacer honor al pacto al que habían llegado desde la última vez que discutieron por vivir en el país este: el pacto de no gastar energías en quejas que no cambiarían su situación ni la de nadie.

Tras mucho silencio y mucho sudor, Sergio bajó al baño pero se detuvo a medio camino. Abrió el refrigerador y colocó un jarro viejo debajo de la bandeja para recoger el agua con sangraza que saldría de la carne cuando se descongelara. Acomodando mejor los pequeños paquetes, se topó de frente con la cabeza del cerdo que había sacrificado esa misma tarde.

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Foto: Néster Núñez

A Sergio nunca le temblaba el cuchillo, ni aunque lo cogiera con la mano deforme, porque no le gustaba alargar el sufrimiento de sus animales. Sin embargo, esta vez dudó y se sintió confuso antes de pinchar el corazón. Se suponía que el puerquito debía crecer hasta diciembre, pero la falta de sancocho para alimentarlo adelantó varios meses su día final. La carne no era mucha, pero igual tuvo que vender buena parte porque se iba a podrir con los apagones. Nadie le pagó la cabeza, y ahora una hilera de dientes amarillos y fríos le sonreía con cinismo amenazante.

Como en una película de terror, un rayo y un trueno hicieron que Sergio soltara una palabrota y a la vez un golpe que debió pegar entre el hocico y los ojos sin vida que lo miraban, pero la boca se abrió muy rápido y Sergio, que no pudo detener la inercia, fue engullido por una gigantesca cabeza sin cuerpo. De algún modo pudo salir directo a las cañerías del corral, convertido en un gran coágulo. Allí se encontraba todavía, atascado en el camino hacia la descomposición, cuando recobró la consciencia.

Recordó que, luego del rayo, el universo se vino abajo en forma de lluvia. El agua se filtró por todas las hendiduras, por las ventanas mal cerradas, por todas las tejas partidas de todos los techos pobres, y se desbordaron los calderos destinados a recoger esa agua con sangraza, esos buches amargos tragados por las madres que alejan los mosquitos de sus hijos, moviendo el aire como si pudieran alejar también todos los males, con un abanico de cartón o de plástico.

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Foto: Néster Núñez

De los calderos, la inundación pasó a los barrios, a los campos y a las ciudades; amenazaba la Isla con hundirse, traicionada y sin gloria. El diluvio sería como una mágica rebelión contra ese ente muerto que nos devora día a día, y contra el cual los manotazos individuales que lanzamos no sirven de nada. Sergio, que ya había dado el suyo, se dejó arrastrar de un cauce a otro cada vez mayor, atemorizado por la sensación de diluirse en cada uno de ellos, más que por el inevitable salto al vacío. Cuando al final este se produjo, Sergio pataleó contra viento y marea hasta quedar en un puente con una ballesta en las manos, cinco metros por encima del río apacible. La pesadilla había acabado y recuperó la capacidad de mover el cuerpo.

La mente, sin embargo, continuaba entumecida, aunque sabía lo que era preciso: descubrir un pez, apuntar, disparar la flecha de acero… Llevar comida a casa. Llevar comida a casa. Llevar comida a casa. ¿Dónde lo había aprendido? ¿Qué instinto ancestral lo condicionaba a proveer? Presionado siempre por la supervivencia, por llevar otra vez comida a casa, ¿qué posibilidades tiene un cazador-pescador de soñar —y de luchar por— una vida más cómoda, más justa, más libre? ¿Cuáles circunstancias o poderes mantienen a una persona en la escala más baja, más básica, de las necesidades humanas? Y cuando las manos aferran el cabo del arma y el índice toca el gatillo como al clítoris de una novia virgen, listo para el acto más hermoso y más cruel, ¿la mente se vanagloria de poseer de una vez y para siempre el cuerpo ajeno, o duda por un instante del heroísmo macho, de la violencia predadora?

Comida a casa. ¡Comida a casa!

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Foto: Néster Núñez

El índice presiona, la flecha de acero destruye la distancia y se encaja en el agua —que no grita— y en la carne del robalo, que se contorsiona violento para escapar del destino, iluso él. Sergio tira de la pita amarrada a la flecha que atravesó al pez, y con cada metro que lo acerca a sí mísmo, él también muere. Sin dolor, artificialmente. Como el pez, Sergio tiene el espinazo partido, una saeta atravesada de pulmón a pulmón, pero no es reciente ese cuerpo extraño en el suyo. Vienen juntos desde que Sergio nació en esta Isla, en ese barrio de solares depauperados, misérrimos. Dispuesto a liberarse, introduce su mano por su ombligo, sube al estómago, roza el esternón, atrapa con sus dedos el hierro candente y tira para arrancárselo de las entrañas. Abre mucho la boca para que el oxígeno entre. Tiene la cabeza desfigurada por el grito, como en un cuadro famoso. El mundo se convierte en un haz de luz que lo abrasa. Sergio sabe que no puede ser.

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Foto: Néster Núñez

Lo otro sería que aún estuviera dormido. Pero ya tendría que haberse despertado y vuelto a dormir y dormido y despertado, y no siente que haya sido así. Le parece que hace minutos sacrificó al puerco, que pasaron segundos desde el pez, y que está a solo instantes de volver a matar para comer como si estuviera en un show televisivo de supervivencia. La diferencia es que esta es su vida real. O no. En uno de sus breves despertares, Sergio piensa en la posibilidad de estar viviendo el sueño de otro.

Esa idea estalla como un chispazo en su cerebro. Lo ciega. Cuando abre otra vez los ojos, camina por un barrio de su ciudad natal mientras grita a voz en cuello: «Fosforeras, se arreglan fosforeras». Es un domingo de sol. Sergio necesita llevar dinero a su casa. Llevar dinero. Treinta pesos por el gas, otros treinta si pone una piedra nueva. Salen las vecinas, agradecidas, ya no tenían con qué encender el fogón; y a un señor muy pobre con alas de humo de tabaco, Sergio le regala un Frankenstein de fosforera, armada con el cuerpo y los gases de otras. Sergio es honesto, no roba, se gana lo suyo sin hacer daño. Está orgulloso de lo luchador que es. Sergio es la fuerza, la energía, y se percibe a sí mismo como un gallo fino con espuelas bien largas.

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Foto: Néster Núñez

Está en la valla, nunca le da la espalda a la pelea diaria. Apuesta a sí mismo, salta y ataca directo a la yugular. Escucha a su alrededor los vítores, los aplausos que le dirigen. En su sueño de campeón, se le olvida que está viviendo el sueño de otro.

El día en que todos los Sergios se despierten, el sueño del de más arriba se va a convertir en una gran pesadilla.

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Foto: Néster Núñez