Inicio Blog Página 47

Electricidad y agua: «sacrificios» financieros y ciudadanos

1
Foto: Alba León Infante

La noticia es que Cuba «logró pagar el barco de combustible que irá a la generación distribuida», informó este jueves el periodista Lázaro Manuel Alonzo en sus redes sociales, lo cual contribuiría a una estabilización del sistema eléctrico en los próximos días.

Antes, el ministro de Energía y Minas, Vicente e la O Levy, en entrevista con la televisión nacional, había dicho que se tendría que hacer un «sacrificio financiero» para lograr descargar el combustible, y el hecho de que no se hubiera pagado era la causa fundamental de los cortes de electricidad los últimos días.

«Se pagan semanalmente montos elevados de dinero», dijo el titular. Esta semana ha sido una de las más complicadas en Cuba en términos de generación eléctrica, con al menos cuatro unidades de distintas termoeléctricas fuera de servicio —aunque llegaron a ser siete—, y sin disponibilidad de combustible para echar a andar los equipos de generación distribuida que contribuyen a paliar el déficit, el cual llegó a pronosticarse por encima de los 1500 MW en horario pico, representando más de un tercio de la demanda habitual.

Esta situación dejó al menos el miércoles de esta semana, al 42% del país apagado. Las afectaciones superan el horario pico, y se presentan durante todo el día, explicó Lázaro Guerra, director técnico de la Unión Eléctrica y el rostro de las noticias vinculadas con la disponibilidad de corriente en el país.

Mientras tanto, esta misma semana se inauguró en PABEXPO, La Habana, la 3era edición de la Feria Internacional de Energías Renovables y Eficiencia Energética, con la presencia del primer ministro, Manuel Marrero Cruz.

En el evento se informó sobre la transición energética en Cuba, que implica la instalación de al menos 92 parques fotovoltaicos con ayuda de China, y ayudarían a cumplir la meta para 2030 de alcanzar el 30% de la generación con fuentes renovables de energía. «Al ritmo actual esperamos que al final de este año tendremos instalados unos 400 MW de generación», señaló el ministro cubano a la agencia del gigante asiático Xinhua.

De acuerdo a los reportes, en el evento se compartirá la Estrategia de Cuba para la Transición Energética, el programa que se supone resuelva la tormenta que aqueja a la generación eléctrica, en un país en que miles de familias cocinan alimentos con electricidad.

Se supone que el incremento de una generación que no dependa del petróleo mejorará la cobertura y ofrecerá un alivio al presupuesto del Estado, que debe sostener una constante importación de combustible. No obstante, la solución con energías renovables ha sido ensayada, practicada y aplicada por muchos países del mundo sin que estas se conviertan en la solución única frente a las demandas energéticas. Aún así por el momento parecen ser un paliativo para la Isla.

La Estrategia planifica la instalación de 10 grandes parques solares en 2025, y luego continuar hasta construir 92, que aportarán 22 MW cada uno, lo que brindaría 2024 MW al sistema electroenergético nacional. Si bien esto no permite sustituir la generación por combustibles fósiles, sí cubriría el déficit actual. Asimismo, el mantenimiento, piezas y durabilidad de esos sistemas dependerán, afirman las autoridades, de servicios técnicos nacionales, lo cual aumentaría la soberanía energética y la disminución de la dependencia de la importación de combustibles.

Pero no es solo la electricidad expresada como apagón lo que aqueja a los cubanos en un septiembre tan caluroso, sino la falta de agua que tiene que ver con la disponibilidad energética, pero también con la carencia de equipos de bombeo.

El presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos compareció esta semana en el espacio editorial televisivo de la Mesa Redonda, y ofreció cifras que muestran la gravedad de la situación.

La semana pasada unas 713 mil personas estuvieron afectadas por falta de agua, y le sumó la situación de 300 mil personas que esperan el agua en pipas y que tienen ciclos de hasta 15 días, los cuales se han alargado por la situación del combustible.

Al evaluar el problema de manera integral, afirmó que el 40% de los afectados tienen problemas en equipos de bombeo, y el 39 por ciento por déficit de energía.

El alto funcionario reconoció que el sector también sufre por la falta de personal: «El salario medio aquí es de solo 3 500 pesos, pero hay cuatro empresas con salarios por debajo de los 3 000 pesos, lo cual nos priva de personas que saben operar las conductoras. Trabajamos para buscar una solución a este asunto», afirmó.

El asunto del agua comenzó a empeorar desde finales de julio, y se ha extendido por semanas. Durante este período se han reportado protestas por la falta de agua en varias localidades habaneras.

Estas noticias significan que la falta de presupuesto, los bajos salarios y la acumulación de problemas ponen en riesgo el acceso a servicios básicos fundamentales para el funcionamiento de la economía, o del hogar.

Durante la llamada Revolución energética, un esfuerzo del expresidente cubano Fidel Castro por cambiar equipos altamente consumidores y sustituirlos por otros, en muchos lugares del país se cambió el gas como fuente de cocción, y se optó por la electricidad, lo que ha dejado en condiciones de vulnerabilidad a muchas personas, sobre todo fuera de la capital.

En la inauguración de la Feria, el primer ministro cubano, Manuel Marrero, afirmó que las medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos encarecían todo para Cuba, que algunas navieras no querían encallar en tierras cubanas por miedo a ser sancionadas, y que «ningún país vivía con la cuenta corriente», refiriéndose al hecho de que la Isla no recibe créditos ni préstamos con facilidad para la compra de productos básicos.

Esta noticia significa también que los envíos de México y Venezuela no son suficientes, y por tanto, Cuba queda desprovista de combustibles. A pesar de las alianzas geopolíticas con otros países petroleros como Rusia, Irán o Turquía, estas tampoco han podido garantizar un suministro estable del combustible, del cual hoy depende la estabilización del sistema energético de Cuba, e incluso del propio sistema político.

Nuestra opinión es que estas noticias dan cuentan de un empeoramiento severo de la calidad de vida de los cubanos, lo cual repercute directamente en el descontento que puede conducir a protestas sociales y un aumento —aún mayor— la emigración.

La electricidad hoy es un elemento vital en el desarrollo de cualquier país, y de ella dependen el buen desempeño de la mayoría de las labores productivas, desde el riego en la agricultura y el buen servicio turístico, hasta el desarrollo de software.

Cuba no es el único país en la región que sufre de cortes eléctricos. El desbalance entre generación y consumo hoy es uno de los grandes problemas del subdesarrollo en Latinoamérica y el Caribe. El aumento de la demanda provocada por el abaratamiento de los costos de equipos que facilitan la vida de las poblaciones y aumentan la productividad, pero que en no todos los casos son eficientes energéticamente, es una de las tantas causas que han provocado esta situación. A esto se le suma la obsolescencia de las plantas y la falta de inversiones para aumentar la capacidad de generación. Naciones como Puerto Rico o Ecuador hoy enfrentan esta disyuntiva que también ha provocado múltiples protestas.

Sin embargo, la realidad de la Isla supera con creces a la mayoría de sus vecinos. En algunas regiones del Archipiélago se han rebasado las 14 horas de apagón, a lo cual se le suma la falta de agua, y la cuasi paralización del transporte público en la mayoría de las ciudades. Una realidad que no tiene eco en las respuestas que se ofrecen para semejantes urgencias.

La propia información ofrecida por el gobierno denota que, más allá de las afectaciones reales y palpables de las «sanciones» norteamericanas, hay problemas internos de planificación y gestión que son clave en el agravamiento de la crisis. Desde la poca prioridad en la estrategia inversionista del país a los sectores del agua y la energía, la falta de coordinación que provoca que un barco esté días en el puerto sin que se pueda descargar el combustible, la ausencia de regulaciones efectivas para la importación de equipos energéticamente eficientes, hasta los irrisorios salarios que hoy cobran técnicos y operarios en sectores que deberían tener formas de pago mucho más ventajosas, por ser clave en el sostenimiento de la vida.

Los ministros del sector han reflejado, quizás con mayor claridad que nunca, la complejidad de la situación y las acciones que se acometen para enfrentar la última de las urgencias, pero sin un plan o estrategia que ofrezca la esperanza de alivio para el cúmulo de problemas que se acumulan en la cotidianidad de la vida de los cubanos.

Universidades y políticas de género en Cuba, los necesarios planes de equidad

2
genero
Ilustración: Félix M. Azcuy

Si bien tras la Revolución de 1959 en Cuba, la equidad de género se convirtió en un objetivo primordial de la nueva estructuración política, siendo representativas de este proceso la Campaña de Alfabetización, un duro golpe a la opresión patriarcal, y la masiva incorporación laboral e inserción pública de las ciudadanas promovida por la Federación de Mujeres Cubanas desde 1960, el camino iniciado ya imponía considerables desafíos frente a la necesidad de transformar condicionantes económicas, generadoras e interdependientes de factores socioculturales que favorecen la discriminación de las mujeres y disidentes sexuales.

A partir de 2020, con la pandemia causada por el virus SARSCOV-2, la estancia y el aislamiento en el hogar no implicaron una distribución equitativa de las tareas. Ante el cierre de las escuelas y el funcionamiento irregular de los círculos infantiles, madres y abuelas asumieron no solo la atención de familiares dependientes sino la enseñanza de los niños y niñas; unido al teletrabajo, a la par del cuidado en medio de una «hiperconexión y difuminación de los horarios». La pandemia evidenció debilidades fuertes de nuestras políticas sociales en materia de género, incluso, de las recién aprobadas.

Sin dejar de valorarse otras posibilidades para afianzar los principios de igualdad efectiva, no discriminación por ningún concepto e iguales oportunidades y responsabilidades, recogidos en la Constitución de 2019 (artículos 13, 42 y 43[1] respectivamente), el 8 de marzo de 2021 se aprobó el decreto presidencial 198/21 o Programa de Adelanto a la Mujer (PAM). Tal como se identifica en sus objetivos, «constituye la piedra angular en el desarrollo de políticas a favor de las mujeres», al tiempo que institucionaliza la igualdad de género en el país. El área 5 es explícita en cuanto a estos objetivos, pues plantea la necesidad de «potenciar un enfoque transversal de género (…), en las dinámicas internas de funcionamiento de las instituciones, organizaciones y facultades universitarias». Esto implica incorporar la esfera jurídica-reglamentaria al proceso, para convertirla en herramienta de atención, sanción y seguimiento social.

Se aprobó también el Programa de Educación Integral en Sexualidad con Enfoque de Género y Derechos Sexuales y Reproductivos (PEIS) en el Sistema Nacional de Educación, por la Resolución No. 16 de 27 de febrero de 2021 del Ministerio de Educación. Sin embargo, no sobrevivió, pues se anunció el aplazamiento de la implementación de esta última versión.

Dicho programa se implementaría desde la enseñanza primaria hasta el nivel medio superior, de manera que pudiera estimular cambios generacionales favorables en la subjetividad. Como estrategia pedagógica que expresaba el carácter obligatorio de la transversalización de la perspectiva de género, comprometía a la enseñanza universitaria, la cual habría de ofrecer continuidad a este antecedente en sus diferentes especialidades.

Por su parte, las limitaciones del PAM son comprobables en la reproducción de la imagen de la mujer como sujeto pasivo (que debe ser «adelantada») y el dominio de la categoría «mujeres» sobre otras representaciones políticas del sujeto de derecho, que quizás pudieran incluir mejor los múltiples malestares cotidianos en tres áreas especiales que autores como Mies[2] señalan: la esfera doméstica-privada (condición de subsistencia y apropiación de la fuerza de trabajo), la esfera de los cuerpos (discriminación por criterios raciales, identidad y orientación sexual) y la esfera pública.

No obstante, el decreto expresa la voluntad de corregir las brechas sociales mediante la incorporación de «las cuestiones de género», para erigirse como una política estimuladora de políticas sociales que habrán de otorgarle en la práctica un carácter multiterritorial y multiinstitucional, y a la vez un fortalecimiento metodológico mayor.

¿Qué aspectos pudiera contemplar un Plan de equidad para las universidades cubanas?

Las cátedras de la mujer, los observatorios de género, los proyectos que abrazan la mirada de género al mundo, son iniciativas materializadas en las distintas universidades del país. Estas devienen antecedentes imposibles de ignorar a la hora de demostrar que la perspectiva de género no es un campo inerte en las instituciones de educación superior, y se encuentra alimentada además por la investigación desde diferentes perspectivas científicas.

Sin embargo, llevarla a la práctica resulta más complejo, y la vida de alumnos y profesores también está mediada por las numerosas exigencias que mujeres y hombres por igual, sin importar sus funciones en otros ciclos productivos, reciben durante su superación. En ese sentido aquí propongo siete objetivos y diversas estrategias que puedan integrar un Plan de Igualdad para las instituciones.

El primer objetivo general sería erradicar la discriminación y la violencia en/ desde la Universidad.

Según el Proyecto Equal «En Clave de Culturas»[3], la discriminación es «toda distinción, exclusión o preferencia de trato» por motivos que no tienen nada que ver con el mérito individual, sino por motivos de sexo, raza, edad, religión, ideología, etnia, orientación sexual o identidad de género. Puede tener lugar en la familia, la comunidad y el entorno laboral. En esta última esfera se manifiesta y afecta a las personas cuando son relegadas en el mercado laboral por los denominados «techos de cristal», en el acceso a puestos de trabajo y en las posibilidades de ascenso. Por lo que la discriminación se manifiesta a través de la violencia, ya sea física, sexual, psicológica, simbólica y económica o patrimonial.

Constituyen potenciales receptores de esa violencia las mujeres, niñas/os, así como las lesbianas, hombres homosexuales, transgéneros y transexuales. Sus efectos se infravaloran, como en el caso de la violencia psicológica, que contiene el maltrato verbal y amenazas a la seguridad laboral, o la simbólica, que limita la actuación de determinados grupos en espacios de socialización o les excluye en la esfera mediática-narrativa.

En el tratamiento de estos problemas, la Educación superior debe proyectarse al universo institucional y comunitario, ya que el primero no representa más que una extensión de las problemáticas domésticas y públicas generales.  Las estrategias podrían ser: la prevención desde la instrucción (organización de cursos y talleres para profesionales y no profesionales, desarrollo de la cultura jurídica); el reconocimiento de los problemas; la denuncia, la atención y la sanción, mediante la incorporación de la perspectiva de género al reglamento docente disciplinario, a protocolos de actuación y el resto de la esfera jurídica-reglamentaria); trabajo e intervención social (movilización de los proyectos relacionados).

Tomando en cuenta la especificidad cubana, como segundo objetivo es preciso fortalecer la corresponsabilidad y conciliación laboral, de acuerdo con la socióloga argentina Nora Goren[4]: hacia una «desfamiliarización de las relaciones del cuidado y a una estructura del mercado laboral que desande la tradicional división sexual del trabajo».

A propósito, el área uno del decreto presidencial 198/21 plantea la necesidad de impulsar el empoderamiento económico de las mujeres sobre el «principio de la responsabilidad compartida entre el Estado, el sector no estatal, las comunidades, las familias y entre el hombre y la mujer», y más adelante agrega el interés en «crear las condiciones para, cuando sea posible, medir y valorar económicamente la contribución a la economía familiar y social del trabajo no remunerado de las mujeres».

Los planes de igualdad podrían contribuir a una red de políticas sociales llamadas a apoyar este proceso en un futuro. La institución debe mediar entre las obligaciones de trabajo y las obligaciones familiares con fórmulas comprensivas que contribuyan a la salud emocional y física de sus plantillas.

Por ello se proponen como estrategias: organización comprensiva del tiempo laboral, ya que el teletrabajo ha resultado «invasivo» en algunos aspectos (ocasionando sobrecarga y repercusiones en la salud, como agotamiento, trastornos del sueño, estrés); trabajo a distancia o teletrabajo (como modalidad permanente de trabajo no sujeta a condiciones sanitarias específicas); flexibilidad hacia profesionales en períodos de superación determinados; otorgamiento de licencias en condiciones específicas de emergencia; y espacios para la realización de cuidados dentro de la universidad (salas de lactancia, de cambio de pañales para estudiantes y profesores/as).  

El tercer objetivo general sería promover el uso del lenguaje inclusivo en la Universidad.

El lenguaje se sostiene en relaciones políticas de «igualdad» y «desigualdad» que determinan la identidad; si bien la primera implica igual capacidad de derechos en contraposición con la segunda que se trata de una diferencia, entonces la identidad está construida sobre la base de un modelo de subjetividad hegemónica y dominante que no es la de las mujeres[5].

La barrera que oponen algunos/as, desestima el reclamo de otra forma de representación simbólica defendida por el movimiento y activismo feminista cuyo paradigma cultural es la teoría de género. Este hecho evidencia un fenómeno de reificación, que defiende el carácter histórico y no transitorio del trasfondo ideológico de las normas lingüísticas. Por lo que el plural incluyente y la ocultación de la mujer tras el genérico masculino ya no puede seguir siendo un paradigma cultural.

En contra del uso sexista de la lengua, se han propuesto alternativas que demuestran que el español es una lengua rica, con capacidad para demostrar el status igualitario de hombres y mujeres. Entre las estrategias a adoptar: la utilización de las formas femeninas para enunciar títulos académicos, cargos, ocupaciones, categorías científicas y académicas; el empleo de colectivos, dobles formas o neutros (con especial énfasis en las alternativas al sustantivo genérico, el empleo de perífrasis como «personas» y sustantivos abstractos como profesores-profesorado); evitar los pronombres y artículos con distinción de género; alternativas gráficas (arroba y barras)[6]; alternar el orden en el tratamiento de mujeres y hombres (se recomienda que se aleatorio, hombres y mujeres, y viceversa).

Como cuarto objetivo general se propone promover la perspectiva de género desde la Comunicación institucional.

Esta se encarga de fortalecer la identidad institucional de cara a la opinión pública interna y externa por medio de recursos psicológicos, informativos y persuasivos.

Constituye una responsabilidad de la comunicación institucional abrir el camino a la inclusión de todos los universos humanos en los relatos y el tratamiento equitativo de estos.

Algunas estrategias que se podrían tomar en cuenta: presencia equitativa de mujeres y hombres como sujetos de noticias; distribución equitativa de acuerdo a actividades, especialidades, responsabilidades y funciones en los contenidos de las noticias; presencia equitativa como fuentes de información o citas; igual tratamiento respecto a rasgos personales (edad, sentimientos, actividades extralaborales de interés,  gustos, etc); eliminación de descripciones denigrantes (de rasgos físicos que puedan reproducir normatividades, de situaciones que coloquen a la mujer como víctima o ser vulnerable, o identificación de acuerdo con su pareja); en los casos que lo ameriten, información desagregada por sexo (de forma que permita valorar y describir lo que atañe a unos y otras); reproducción de una imagen institucional diversa, entre otras.

Producir un conocimiento y un sentido crítico es una necesidad de primer orden, por lo que un quinto objetivo general está dado por la necesidad detransversalizar la perspectiva de género en la formación curricular y en la investigación.

Este constituye instrumento imprescindible para comprender las principales formas y modelos de dominio histórico, así como los diferentes mecanismos de validación colectiva del poder político sustentado por el patriarcado. Una meta esencial es romper con la ceguera del género en los estudios tradicionales, desarrollando los conocimientos y los referentes teóricos necesarios que reviertan formas determinadas de subordinación[7].

Algunas estrategias para considerar: promover los estudios de género desde el currículum académico de todas las especialidades; promover paradigmas emancipatorios desde la investigación (epistemología y metodología de la investigación social); elaboración de estadísticas con desagregación por sexo que permitan caracterizar las relaciones de género en los entornos universitario y comunitario[8]; desarrollar una cultura jurídica para la universidad y para la comunidad (basada en el marco normativo nacional, regional e internacional).

El sexto objetivo general sería fomentar una alfabetización mediática e informacional con perspectiva de género.

Manuel Castells[9] considera apropiado hablar de «sociedad informacional» para definir esta era marcada por el uso de Internet e impacto de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, a la cual define como «forma específica de organización social», donde «la generación, el procesamiento y la transmisión de información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y el poder».

Pero este tipo de sociedad no posee iguales representaciones para todos/as, si tomamos en cuenta la brecha tecnológica, y sus múltiples dimensiones sociológicas (género, clase y raza) así como geográficas. De ahí la necesidad de extender la alfabetización mediática e informacional con perspectiva de género y de romper con la tendencia dominante de ver a las mujeres y comunidades LGTBIQ+ como sujetos pacientes ante los medios de comunicación.

Esta propuesta incluye la producción y uso de los medios de comunicación, el interés por aportar a las personas las herramientas para realizar juicios informados sobre las fuentes mediáticas y de información, es decir, ampliar su «participación cívica»[10]. Por lo que se proponen como estrategias a trabajar: uso ético de los medios y habilidades para generar contenidos, comprensión de las funciones de los medios y desarrollo de habilidades para analizar los textos; y ciudadanía activa (con sentido crítico).

El séptimo objetivo general sería erradicar los estereotipos y prejuicios que dividen el trabajo y la producción de saber creando nichos para determinados grupos de hombres y de mujeres.

Suele analizarse la división sexual del trabajo en la estrechez de los límites público-privado, obviando que dentro de sus perímetros se originan múltiples formas de fragmentación y apropiación de las actividades, en consonancia con la construcción de las identidades hegemónicas de la feminidad y la masculinidad (el género como componente canalizador de las capacidades productivas).

La cultura occidental está mediada por una visión dicotómica de la ética, la estética y los roles sociales, la cual conduce a una jerarquización de las partes y a la producción de estereotipos (o estrechas relaciones entre aspectos). En todas las sociedades a las mujeres y a los hombres se les considera apropiados para unas cosas y otras no, así como a unas mujeres y a unos hombres se les ha considerado apropiados para determinadas actividades.

La solución del problema podría soportarse en una «ruta crítica» de las identidades[11] como propuesta y constante de todos los tiempos, y de estas como un recurso del género para regular las relaciones entre las personas desde la lógica de la diferenciación. De esta forma podremos comprender la división de la actividad productiva no solo entre hombre y mujer, sino entre las mujeres y entre los hombres.

Este acto invita a plantear como estrategias: promover la presencia y actuación de los hombres y las mujeres en las esferas y actividades donde es limitada; eliminar los estereotipos de género en la evaluación de méritos y valores académicos; promover la participación equitativa en la toma de decisiones; eliminar los estereotipos de género que identifican a las carreras y perfiles técnicos; eliminar el prejuicio social que define los problemas de género como exclusivos de mujeres, entre otros.

Es preciso fortalecer los distintos espacios de debate, de forma cuantitativa y cualitativa, así como en carácter de espacios multidisciplinarios, de modo que los estudios de género y estudios de la mujer no se entiendan como preocupaciones académicas de las Ciencias Sociales y Pedagógicas exclusivamente. Por otra parte, un Plan de igualdad exige acciones políticamente comprometidas en pos de otras representaciones simbólicas, en medio de relaciones sociales favorables que aseguren la participación y una concepción solidaria de los compromisos colectivos. Desde el marco institucional, debe impulsar mayores niveles de justicia hacia la comunidad. Con el conocimiento a la vanguardia, debe fomentar una ciudadanía activa a partir de la centralidad del sentido crítico como agente de emancipación.

Decía Foucault que la política es la misma sociedad en que vivimos, el conjunto de las relaciones sociales y económicas que determinan «las maneras, lo permitido y lo prohibido». En este contexto, la perspectiva de género deviene una postura política, que aporta la visibilidad de los problemas y conlleva al replanteamiento de nociones como la de equidad social, ya que la idea es sentar las bases para la construcción de una cultura política que reclame y reconozca el papel de todas las personas en la construcción y el desarrollo de la sociedad.


[1] Constitución de la República publicada en Gaceta Oficial No. 5 Extraordinaria de 10 de abril de 2019.

[2] Mies, María, Patriarcado y acumulación a escala mundial, 3a. ed, trad. Paula Martín y Carlos Fernández, España, Traficantes de sueños, 2018, p. 434.

[3] Glosario de términos relacionados con la transversalidad de Género, Proyecto Equal “En Clave de Culturas”, 2007.

[4] Goren, Nora, “Aportes para la reflexión: una mirada al trabajo desde la división sexual”, en Echevarría, Dayma y Martín José L. (comp.) Cuba: trabajo en el siglo XXI, Cuba, Instituto Cubano de Investigación Cultural, 2017, pp. 17-32.

[5]Maffia, Diana, “Sujetos, política y ciudadanía”, en Chaher, Sandra y Santoro, Sonia (comp.), Las palabras tienen sexo, Artemisa Comunicación Ediciones, Argentina, 2007, pp. 15-33.

[6] La @ es un símbolo no es un signo lingüístico, es apropiada para comunicaciones alternativas propias del espacio digital.

[7] De Barbieri, Teresita, Acerca de las propuestas metodológicas feministas, en: https://es.scribd.com/document/363563484/De-Barbieri-acerca-de-las-propuestas-metodologicas-feministas-pdf

[8] La universidad no posee observatorio de igualdad, y aunque se prevé que el actual Observatorio social adjunte el control de la implementación del PAM, es cuestionable si presenta todas las condiciones para ello, ya que ha tenido un marco de acción limitado al trabajo político-ideológico. Lo ideal para cumplir esta estrategia es crear un Observatorio de igualdad especializado en el tema.

[9] Castells, Manuel, Sociedad Red, La era de la información: economía, sociedad y cultura, 2da ed., España, Alianza Editorial, 2000, t. I., p. 628.

[10] Wilson, Carolyn, “Alfabetización mediática e informacional: proyecciones didácticas”, Comunicar, España, XX, núm. 39, 2012, pp. 15-24.

[11] Butler, Judith, El género en disputa, 3a. ed, trad. Antonia Muñoz, España, Paidós, 1999, p. 316.

Nos vemos en el concierto

6
AMPM nos vemos en el concierto
Ilustración: Félix M. Azcuy

Entre el 2022 y 2023 Cuba perdió un 18% de su población. En cuestión de poco tiempo los cubanos se ubicaron entre Miami, Madrid y alguna que otra ciudad, sobre todo la gente joven, que carga en su maleta diversos talentos, fuerza de trabajo, títulos universitarios, proyectos, emprendimientos que no encuentran en Cuba dónde florecer. 

Cuando preguntas qué preocupaciones les son comunes a los que se fueron, sea cual sea la latitud y el momento de la vida en el que están, hay una respuesta que se repite sobre todas: la sensación de que el país que extrañan no existe. No existe en el sentido material: el paisaje cubano ha cambiado, la arquitectura, los sabores, los olores, el divertimento, y en el sentido espiritual: no queda ningún amigo, los sitios en los que guardamos recuerdos importantes ya no están, como probablemente no estén nuestros padres, y nuestros abuelos hayan fallecido, se haya vendido la casa de la infancia o los objetos personales hayan sido regalados para vaciar las habitaciones y las maletas. Tampoco existe nuestro librero porque lo llevamos a otra ciudad que tampoco es nuestra casa. Entonces conoces esa condición tan nueva que es el desarraigo, «no soy de aquí ni soy de allá», dijera el poeta. 

No es, sin embargo, un llanto trillado por la emigración. Salir de Cuba en sus condiciones actuales es un logro personal, sobre todo en el ámbito profesional. De pronto en la Isla muchos sentimos que no teníamos nuevos proyectos que explorar; luego sales y descubres (una sensación primeriza, bastante ingenua) que todo lo que te propongas es posible. 

Magazine AM:PM anunció el pasado 16 de septiembre en sus redes «Un break no deseado» y enseguida el feed se llenó de la triste imagen de Cafeto (el personaje que da vida al espíritu de la revista) desconectando el plug. Muchos autores, en solidaridad, compartieron sus textos entre los 1400 originales que se atribuye la revista; la gente compartió sus memorias con el equipo, y los estudiosos mencionaron el arduo trabajo del medio como promotores, divulgadores y guardianes de la cultura cubana. Lo que realmente unía cada uno de los pesares era la sorpresa: cómo es posible que una revista de música cubana haya sido la más reciente víctima de la censura cultural. 

Lo que ocurre es que, luego de seis años de fundada, Magazine AM:PM crecía de formas tremendas: ya estaba en el sitio de ser voz autorizada, que no es poca cosa teniendo en cuenta el lugar que la música ocupa en nuestra identidad. Seis años de rescatar y lustrar el patrimonio, de construir un archivo sin abandonar la sistematicidad y perspicacia para descubrir, entender y amplificar lo nuevo. Seis años de una plataforma en la que también la gráfica era fundamental: Magazine AM:PM era un espacio vital para la tradición cubana del cartel y el diseño; premios nacionales o no, la lista de virtuosos en los créditos del medio es tremenda, comenzando por sus directores de arte. Pasaron por ahí historiadores, escritores, cineastas, fotógrafos, premios internacionales de música, personalidades de la cultura cubana que hablaban incluso en primera persona, textos del puño y letra de Sigfredo Ariel, Raúl Ciro, Gema Corredera, la voz de Omar Pérez en el podcast De las raíces a la fusión, la novela inédita de Robertico Carcassés… Magazine AM:PM era el sitio para ello, se entrevistó desde Chucho Valdés hasta Chezca Zana. El espectro era amplísimo, un espacio genuino de inclusión. 

Así se convirtió en una plataforma bastante más abarcadora: apareció Newness Cuba, el repositorio más grande de música cubana de los últimos años, nada nuevo que saliera  dejaba de pasar por sus radares; comenzó a aglutinar la cartelera cultural de La Habana y las provincias a las que podía llegar con sus redes de colaboradores, además de los escenarios internacionales en los que cubanos formaban parte; dedicó espacios a los lugares en los que se hace la música en vivo; lanzó al público números anuales de un valor tremendo (me viene a la mente el reportaje sobre la «vida» del Amadeo Roldan, eternamente muerto); acompañó la producción de otros proyectos valiosos como Bonus Track, uno de los pocos  espacios para que los novísimos músicos cubanos se descubrieran a sí mismos y al público, y trabajó de la mano con Fábrica de Arte, sitio que marcó sus orígenes con «América por su Música».

Magazine AM:PM  llegó a ser cronista de los grandes eventos de la música cubana, y de los pequeños, alternativos y rurales. En seis años logró que su sitio alcanzara medio millón de visitantes y 20 mil seguidores en redes; era el punto de contacto de las plataformas musicales de otros países de América Latina con Cuba (hablo de Alianza Faro) y, como si fuera poco, acababa de mostrar públicamente su espacio físico en La Habana. De cómo lograba funcionar con escasos recursos aún queda un tratado por hacer. 

ampm cuba
Ilustración de Magazine AM:PM en 2021. Fuente: Magazine AM:PM

La subsistencia de los medios de prensa en Cuba es muy precaria, casi imposible. Pero si a eso le añades que el magazine no es un actor político, la cosa se complica y queda en el limbo de los fondos inalcanzables o muy pequeños. Sin embargo, todos estaban bastante a gusto con lo que ofrecían. Trabajando en el equipo me di cuenta de que había algo en nuestra dinámica que era digno de explorar si se pensaba en otros proyectos, incluso más abarcadores, incluso en dimensiones de país. El liderazgo de Rafa G. Escalona, periodista fundador, director y padre de la revista, ha sido vital en su funcionamiento. Y Darsi Fernández, fundadora, abogada, promotora cultural, productora, editora y madre. Ambos fungen como motor impulsor, mientras los acompaña un equipo de gente talentosa, empezando por los directores de arte, los editores, los community, etc. 

Las decisiones que se tomaron siempre fueron presentadas al escrutinio de cada uno de sus miembros; si cualquiera de ellos no estaba de acuerdo en algo, pocas veces se pasaba por encima de eso. El mutuo respeto y el colectivismo era la máxima. Igualmente pasaba con los autores que encontraban en la revista un espacio de realización, aunque esta pagara poco, a veces más, otras nada. 

No son pocos los jóvenes que encontraron en AM:PM la primera puerta abierta a sus trabajos. Quién no recuerda dónde y por quién fue publicado su primer texto, su primera foto, su primer reportaje. Lo mismo con los diseñadores; la revista tenía una ilustración original para cada producto que veía la luz. El respeto por el trabajo de cada cual, la libertad creativa, la escucha activa, el diálogo y la democratización de las ideas, demostraron ser suficientes a la falta de grandes recursos, una situación que, por supuesto, no es sostenible en el tiempo y esta es otra lección que Magazine AM:PM le deja a los medios, a futuros proyectos y a sí misma.

El tema de la emigración tampoco queda fuera (esto también le ocurre a tantos otros proyectos nativos). Los colaboradores superan los 300 y contando. En solo un año pasaron tres directoras editoriales por la revista, al menos seis personas en la dirección de arte desde su fundación, otras tantas en la gestión de la comunidad, varios editores y autores. La solución de abrir pasantías y fichar gente nueva le dio a la revista un soplo continuo de vitalidad y suplió las ausencias. Ser versátil era una cualidad del medio, que siempre fue adelante en eso de adaptarse a los tiempos y las dificultades. Seis años se dice pronto.

«Esta pausa responde a la creciente presión y acoso a nuestro director por parte de los órganos de contrainteligencia cubanos, que entre otras consecuencias, nos deja sin la posibilidad de aplicar a fondos para realizar nuestro trabajo y pone en peligro la integridad de nuestro proyecto y del equipo involucrado». 

Esto fue lo que se leyó en el editorial y todos nos preguntamos qué daño real, verificable, le hace una revista de música cubana, una plataforma cultural, a la Seguridad del Estado. Pocas cosas actualmente nos hacen levantar la cabeza y mirar el despropósito cuando tanto ha pasado, pero el sentimiento fue común e instantáneo: a qué casa-país regresamos si ya no existe nada, de dónde los jóvenes que quedan en Cuba van a sacar fuerzas, estímulo para echar a andar la maquinaria de los sueños posibles que, al final, son los que mueven un país. Qué garantías le está brindando hoy el gobierno cubano a los que se quedan o qué le brinda a los que ya se fueron y esperan regresar llenos de soluciones. 

Hay muchas ideas, mucho talento, mucha fuerza de trabajo que no encuentra cómo canalizar sus energías. No dudo, y esto lo digo a título personal, que gran parte de la juventud cubana prefiera echar raíces en Cuba y reconstruir lo que está hecho añicos. Me pregunto si realmente tiene algún sentido dinamitar lo que apenas logra subsistir, si hay un plan geopolítico enrevesado sobre nuestras cabezas que no logramos ver, si es aplicable la lógica a las políticas culturales, si las instituciones ya definitivamente no responderán por sus responsabilidades, si es más urgente dominar los medios de comunicación que atender lo que no puede esperar. Entre el 2022 y 2023 Cuba perdió un 18% de su población, ¿por qué esta verdad es insuficiente?

Este texto no es un Réquiem a Magazine AM:PM, un espacio que nos salvó tantas veces, sobre todo porque no hay muerte, solo pausa indefinida. Es más bien un lamento por el país que estamos perdiendo, por la sensación de no tener una casa a la que regresar, un resguardo, un poco de justicia, una explicación. Sin dudas estamos asistiendo a un momento histórico, no por este hecho, a secas, sino por la falta de sentido en las decisiones y el camino que estas proyectan. No queda mucho para que todo esté hecho y solo entonces podamos reconstruir el país que nos han legado, o lo que queda de él. ¿Cuánto más vamos a ver morir? No tenemos la respuesta, ni a eso ni a lo que nos depara el futuro. 

Y nada más, el resto ya nos lo sabemos de memoria, «nos vemos en el concierto».

La Educación Superior en Cuba: ¿un curso «diferente»?

1
educación superior
Ilustración: Félix M. Azcuy

El 16 de septiembre, en acto nacional celebrado en la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (CUJAE), se inicia el nuevo curso académico 2024-2025.

Algunas de las preguntas e inquietudes de la población concernientes a este nuevo período lectivo fueron abordadas por el ministro de Educación Superior Dr. Walter Baluja y otros directivos del MES en la Mesa Redonda los días 10 y 11 de septiembre.

Entre las explicaciones de los directivos se refirieron en general a las condiciones de algunos centros de educación superior para comenzar el período; el estado de la incorporación de estudiantes de primer año y de los continuantes; las expectativas y proyectos acerca de la actividad científica, la extensión universitaria y la preparación del pregrado para la inserción laboral. También se comentaron cuestiones relacionadas con los resultados de las pruebas de ingreso y el otorgamiento de carreras del curso anterior, comparándose someramente con el año 2024-2025, y la participación de las universidades en el desarrollo local y de los territorios.

Según la doctora en ciencias pedagógica y directora general de Pregrado del Ministerio de Educación Superior, Deysi Fraga Cedré, las universidades están listas para el curso ya que está garantizada la base material de estudio y de vida, así como el claustro para afrontar el proceso de formación. Se prevé una matrícula de 221 274 estudiantes, de ellos 59 430 de nuevo ingreso.

Uno de los puntos más interesantes de las intervenciones es que este curso será uno con características atípicas en cuanto a su cronograma, ya que se pretende transitar al calendario académico tradicional, vigente antes del período 2019-2020.

La brecha temporal y los ajustes académicos necesarios durante la cuarentena por la covid modificaron sustancialmente el período lectivo de la educación cubana en todos los grados. Los niveles primario, medio, preuniversitario y politécnico ya realizaron esa transición. Para hacerlo en educación superior, confluirán en este período dos cursos asincrónicos: el que inicia en primer año con 42 semanas y el de los continuantes, que culmina en octubre y comenzará su nueva edición de 38 semanas para terminar, ambos, en julio de 2025.

Podría ser un reto importante para la educación superior cubana, pero no es el único, ni siquiera el principal ante una crisis que abarca prácticamente todas las áreas del desarrollo y la cotidianidad nacionales. Por esa razón, resulta inquietante que en espacios donde los directivos hablan de las condiciones para el inicio del curso, apenas se mencionen otros obstáculos y las posibles medidas para compensarlos o vencerlos.

Retos para la educación superior en el nuevo curso

Son muchos los factores culturales, económicos y políticos que atraviesan la educación superior y pueden potenciar o comprometer sus resultados. Aunque se ha dicho por parte de funcionarios y profesores en espacios televisivos y de prensa nacional que están aseguradas todas las condiciones, la realidad es que este 16 de septiembre arranca con grandes zozobras para alumnos, profesores y familias.

El factor económico es fuente de no pocas incertidumbres. Ya en cursos anteriores problemas como el déficit y precio del transporte, la mala calidad de las condiciones de vida en centros de educación superior, alojamientos estudiantiles y alimentación, la inseguridad en el fluido eléctrico, el acceso limitado a tecnología, y las insuficientes prácticas preprofesionales y de laboratorio, fueron señalados en diferentes espacios estudiantiles y docentes como obstáculos serios para la formación.

Desde hace al menos cuatro cursos se unen otros como la necesidad del estudiantado de incorporarse al trabajo fuera del horario docente, paralela a la necesidad del claustro de pluriemplearse, la actual ola migratoria, la urgencia de implementar políticas al interior de universidades que transversalicen el enfoque de género y diversidad, la carente preparación de los estudiantes para enfrentar las demandas de la formación superior y la profundización de la brecha económica que aumenta las desigualdades.

Se unen otros como la necesidad del estudiantado de incorporarse al trabajo fuera del horario docente, paralela a la necesidad del claustro de pluriemplearse.

No son pocos los estudiantes que precisan trabajar para sostenerse mientras cursan la carrera, y podría especularse que una cifra importante prefiere el trabajo no estatal. Algunos viven solos, ocasionalmente en condiciones precarias, con sus parejas o en alquileres. Otros, además, son el sostén económico de sus familias. Todas estas, presiones adicionales que se suman a las del estudio, y que plantean en el orden personal y docente, dificultades que pueden comprometer la permanencia y promoción de los jóvenes en la educación superior.

Las experiencias para los estudiantes universitarios con el trabajo informal y por cuenta propia son muy variadas. Algunas son positivas, pero estas pasan por la disposición real, en los emprendimientos, de los jefes y equipos de trabajo, y en la universidad, de los profesores, a permitirle al estudiante que ajuste horarios, plazos y tareas para cumplir sus responsabilidades en ambos espacios: el laboral y el estudiantil.

Se trata de un tema complejo porque a menudo los estudiantes cargan con dobles y triples jornadas muy exigentes que se complejizan más en medio de un contexto de inflación, precios crecientes y déficit severo de transporte, vivienda y condiciones de vida. La combinación de la universidad con el trabajo doméstico, sumado responsabilidades como servir en barras de bar, mesas de restaurante, peluquerías, cuidados (de infantes, perros, ancianos), enseñanza privada, secretaría informal, venta de mercancías, mensajería, custodia nocturna de medios e instalaciones, entre otras, formales o informales, compromete seriamente la permanencia del alumnado en las aulas. Y ya que muchos también gestionan su propia contratación o emprendimientos, terminan priorizando sobre la carrera el empleo que les proporciona independencia económica.

Una parte del claustro universitario, sobre todo el más joven, también afronta la necesidad de pluriemplearse y lo hace a menudo en actividades que no se relacionan con su área de formación.

El enfoque de género y diversidad en la universidad cubana no plantea retos nuevos, sin embargo, existen muchos problemas que aún no se abordan con la sistematicidad y profundidad que se requiere para garantizar al estudiantado la seguridad y estabilidad necesarias.

El enfoque de género y diversidad en la universidad cubana no plantea retos nuevos.

Entre esos podemos señalar la conformación de familias durante la carrera o el ejercicio de cuidados a personas vulnerables de su grupo familiar, que afecta sobre todo a las estudiantes. En caso de ser cuidadoras primarias de ancianos o personas en situación de discapacidad o enfermedad, o madres, y a la luz de la precarización de los servicios, las dificultades para conseguir cuidadores para sus hijos o plazas en el sistema de círculos infantiles, han visto mermadas las posibilidades de continuar con su formación pregrado.

A pesar de que la Resolución 172/2021 señala como requisito para el otorgamiento de Círculos Infantiles que la madre sea estudiante o trabajadora, independientemente del sector de la economía donde labore y de su lugar de residencia, y aunque en algunas universidades como la de Camagüey y Guantánamo se han creado guarderías infantiles, la demanda continúa siendo mayor que el servicio.

Por otro lado, el hecho de que aún algunas carreras no tengan curso a distancia no permite que, por ejemplo, una estudiante de psicología cambie de modalidad de estudio para contar con tiempo para vencer sus asignaturas y ejercer la maternidad y los cuidados en mejores condiciones.

Otros elementos, que en este caso constituyen obstáculos para el acceso, desempeño y permanencia de estudiantes en situación de discapacidad, son las condiciones constructivas de los centros de formación y práctica, a menudo con barreras arquitectónicas y de acceso, la carencia de transporte, recursos, preparación de profesores y espacios adaptados.

También se suman las dificultades para la permanencia de estudiantes mujeres en algunas carreras tenidas tradicionalmente como masculinas. Sin embargo, este problema es de esos que podemos calificar «de larga data», aún no resueltos.

Se ha visto un aumento en la matrícula en áreas STEM (inglés, ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), especialmente en ciencias naturales y matemáticas. Sin embargo, en carreras de ingeniería y tecnología, la representación femenina sigue siendo baja. Aunque, si se compara con la situación una década atrás, se observa un aumento discreto de mujeres en el alumnado de estas carreras.

Tecnología y accesos: otra variable

La brecha económica entre estudiantes coloca a algunos en posiciones desventajosas para acceder a tecnología que facilite su preparación. En ese caso la institución debería contar con alternativas para quienes no tengan dispositivos o acceso a internet, pero he aquí que no siempre la universidad puede suplir esta carencia. En algunas, los equipos de cómputo y los servidores son viejos, prácticamente obsoletos; sufren fluctuaciones en el servicio eléctrico que hacen difícil el uso y mantenimiento de los equipos y, en ocasiones, no cuentan con estabilidad en el acceso a internet.

También está la situación de los laboratorios especializados y los centros laborales para la práctica estudiantil que no siempre disponen de la organización y los equipos necesarios, e incluso son insuficientes los recursos materiales para operar en ellos.

Como respuesta a esta carencia es loable mencionar de la empresa privada πlares (Pilares) Construcciones, que convoca hace tres años a su programa gratuito de pasantía, «Ando de π», para estudiantes de Arquitectura e Ingeniería Civil. El programa no solo abarca estancias en talleres, industrias o espacios a pie de obra; incluye además actividades alineadas con la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible. Otras empresas estatales y privadas ofrecen oportunidades parecidas, pero se necesitan más de estas alternativas para cubrir la demanda de la formación.

Otro factor que se agrava cada curso, es la migración fuera del sector (o del país) de parte del claustro de profesores, sobre todo de los jóvenes. Esto provoca una sobrecarga en los colectivos de trabajo, cuya carga docente y responsabilidades de asesoría, tutoría e investigación les dejan poco tiempo para su preparación y vida personal. También hay una sobrecarga del trabajo administrativo y directivo; se hace común a un profesor con tres o más responsabilidades de dirección de procesos diferentes. El desgaste derivado, unido al bajo poder adquisitivo del salario y las condiciones de trabajo lejos de lo ideal, suelen conducir a la desmotivación y el consecuente abandono del sector.

Otro factor que se agrava cada curso, es la migración fuera del sector (o del país) de parte del claustro de profesores, sobre todo de los jóvenes.

En el orden de la preparación de los estudiantes para la formación, persisten las carencias previas de una escolarización preuniversitaria no del todo idónea. Por ejemplo, el plan E, el cual desde el inicio de su implementación en el año 2016 ya planteaba limitaciones a los estudiantes de nuevo ingreso para adaptarse al sistema de estudio, en el caso del primer año que comienza, las dificultades que plantea podrían ser mayores, tomando en cuenta que es el grupo estudiantil que en peores condiciones ha llevado la escolarización previa debido a la covid y los posteriores ajustes de tiempo, método y contenido.

Los obstáculos y retos a analizar son más de los que directivos han mencionado en los medios de prensa. Muchos alumnos, familias y profesores son conscientes de ellos porque son parte de su día a día. Y algunos, sobre todo aquellos que pretenden llevar una carrera a término y no abandonar el recinto universitario, se preguntan cuándo serán analizados a profundidad, honesta y proactivamente, y cómo se resolverán.

En campaña

3
campaña-cortometraje
Ilustración: Brady

La campaña (2021) es mi favorita entre las películas que he realizado. Me gustan los cortos de Nicanor y piezas concomitantes, me gustan mis mockumentaries, incluso me encantan los dos largometrajes que he realizado con el ICAIC, pero creo que en aquella se combinaron todos los ingredientes en la proporción perfecta.

 Lo cierto es que en ninguno de mis trabajos anteriores enfrenté grandes dificultades: realizados casi todos con dinero propio y a little help from my friends, empezaba reuniendo al equipo, acordábamos una fecha de rodaje que le conviniera a todo el mundo, el productor se ponía a buscar la locación y los implementos que hicieran falta, ensayábamos, hacíamos alguna prueba de vestuario, y filmábamos en la fecha acordada. Desde luego había complicaciones ocasionales, pero por lo general se trataba de cosas menores que solucionábamos durante la marcha… hasta que, para La campaña, el universo decidió que ya era hora de mostrarme los instrumentos de tortura.

Seleccionada la historia (un cuento mío) y conveniada la participación de Luis Alberto García, Tahimi Alvariño, el fotógrafo Raúl Prado y algunos otros sospechosos más o menos habituales, hablé con Daniel Romero durante el Festival de La Habana en diciembre de 2019 para proponerle el personaje del brigadista. Aceptó de inmediato. Un poco más tarde viajé a España, y desde allí lancé un crowdfunding para reunir los fondos mínimos y empezar a filmar en marzo o abril de 2020. Con esas fechas en mente, regresé a La Habana en febrero, convoqué al equipo y tuvimos un primer ensayo.

Entonces la covid entró a Cuba. Queríamos seguir, pero no podíamos. Era demasiado riesgoso para nosotros y nuestras familias, así que hicimos uno de esos pactos de la madre el que se raje y nos pusimos a esperar.

En julio, la situación epidemiológica registró una notable mejoría, tras varios días consecutivos con muy pocos casos nuevos e incluso ninguno, así que se suavizaron las regulaciones para reunión y movimiento. Enseguida convoqué a todo el mundo y nos pusimos a ensayar. A la sazón ya contaba con el dinero del crowdfunding, y encima habíamos ganado en la convocatoria del Fondo de Fomento, así que todo parecía sonreírnos. Contratamos un auto para movernos en busca de la locación idónea, que encontramos en las afueras de La Habana. Las diseñadoras de vestuario consiguieron algunas piezas y compraron otras. Todos estábamos entusiasmados, y en los ensayos surgían constantemente nuevas ideas.

A mediados de agosto, a solo seis días de la fecha acordada para filmar, se dio la noticia de que la pandemia había vuelto a cobrar fuerza y era forzoso volver a meterse en la madriguera. No se trataba de algo contra lo que pudieras rebelarte, así que volvimos a parar sin certeza alguna de que habría una nueva oportunidad. Claro que no fuimos la excepción, por esos días todo el mundo tuvo que posponer planes y poner su vida en pausa, pero téngase en cuenta que mientras más colectivo es un proyecto más posibilidades hay de que alguien del equipo enferme, tenga problemas familiares o acepte una oferta para otro proyecto más ventajoso, o bien que quienes no están profesionalmente involucrados (por ejemplo, el dueño del bohío-locación) se muden o cambien de idea o de precio, etcétera.

En noviembre volvió a abrirse la barrera. Ahora bien, visto lo visto, había que decidir si nos lanzábamos enseguida o esperábamos un poco para estar seguros de que no volvería a sucedernos lo de agosto, cuando perdimos tiempo y dinero. Por otra parte, si esperábamos demasiado podía abocarnos al problema que intentábamos evitar. Acordamos una nueva fecha, los días 18 y 19 de diciembre, sábado y domingo.

Llegó el 18 y todo empezó bien, aunque por un desenchuche en la coordinación de los varios autos contratados, el equipo y los actores llegaron a la locación una hora y media después de la hora prevista, poniéndome al borde del infarto. Pero, en fin, ya estábamos filmando. ¿Qué podría salir mal?

Poco después del corte para almorzar apareció un individuo de uniforme y pidió hablar con el responsable. El responsable era yo, pero como mi paciencia tiene la mecha corta, allá fueron los productores y Luis Alberto a conferenciar con el tipo. Tras unos minutos, regresaron con una espantosa noticia: aunque el bohío en que filmábamos era privado, estaba enclavado muy cerca de una zona militar, de manera que, si bien nos dejaban terminar aquella jornada, al día siguiente no podríamos filmar sin un permiso que había que solicitar al MININT. Vaya, lo que se dice un trámite fácil y rápido.

Si es terrible no poder hacer algo, peor es quedarse a medias. Al cabo del día teníamos cosa del sesenta por ciento de la película. El productor había salido en uno de los autos alquilados a negociar el puñetero permiso, pero ya estaba muy claro que, si lo obteníamos, no sería para la mañana siguiente. Luis Alberto y yo hablamos por teléfono con Ramón Samada, el presidente del ICAIC en esa época, y le pedimos auxilio. Prometió ayudarnos.

 No filmamos el domingo.

Ni el lunes, martes, miércoles, jueves o viernes. Y Daniel Romero tenía un compromiso de trabajo el lunes siguiente, fuera de La Habana.

Tras toda una semana de incertidumbre, el viernes por la mañana el productor me llamó para asestar el golpe de gracia: la cosa se jodía, el oficial que podía autorizarnos no iba a hacerlo, el rodaje se detenía por tiempo indefinido. Hasta ahí las clases.

Es el destino, me dije, esta película no estaba pa mí desde el principio. Más que rabia me embargó el abatimiento, esa sensación de luchar vanamente contra lo inevitable. Pero no me malinterpreten, también me cagué en todo lo susceptible de ser cagado.

Ese mismo viernes, a la una de la tarde, me llamó Samada. Había hablado con el elusivo oficial encargado de levantar o bajar el pulgar… y el tipo dio el permiso. Podíamos filmar al día siguiente, el sábado 26, una semana exacta después del primer llamado. Eso sí, añadió, él no podría estar allí, pero si surgía cualquier complicación sólo tenía que llamarlo.

Le avisé al equipo y al dueño del bohío. El sábado por la mañana fuimos allá. Ahora sí que nada podría salir mal.

 Jejeje. Empezó a llover.

 Cuando filmas en exteriores, la lluvia no sólo moja ropa y equipos, sino que cambia la luz y produce ruidos imposibles de eliminar. Hablando de ruidos, en una casa cercana sonaba intermitente el reguetón, y siendo aquel un paraje campestre pasaban demasiados autos y camiones para el gusto del encargado de grabar sonido directo, además de que había un montón de perros en los alrededores, o quizás sólo un jodido perro ubicuo. Nos faltaban escenas al aire libre y otras de noche en el interior de la vivienda. No teníamos otro día. Y aunque Samada nos había salvado al conseguir el salvoconducto, en la práctica sólo teníamos un papelito y ninguna autoridad allí para respaldarnos.

 Luego de varias falsas escampadas, carca del mediodía dejó de llover y continuamos. Las escenas nocturnas involucraban a las niñas (hijas de Luis Alberto), estupendas, bellas y divertidas pero a quienes de noche les sucedía lo que a los gremlins, cobraban una energía increíble y eran mucho más difíciles de manejar. Y el farol chino no sólo no funcionaba sino que parecía decidido a provocar un incendio.

 Terminamos poco antes de la madrugada.

                                                  ————————————

Durante los meses que siguieron, marcados por el recrudecimiento de la covid, estuve trabajando en la posproducción. Los especialistas en edición, efectos digitales, corrección de color y mezcla de sonido hicieron lo suyo a tiempo y más o menos sonrientes. Frank Delgado había grabado la música con una banda virtual, enviando el registro de su voz y su guitarra vía online a Vicente Alejandro Trigo, que fungía como productor musical, quien puso otra guitarra y un tres y a continuación reenvió el resultado a otros músicos para que grabasen bajo, laúd y percusiones. Los cerdos, el río y algún toro, todos digitales, requirieron varias pruebas para no desentonar con las imágenes reales. Encontrar la paleta de color que yo quería, cercana al tinte de las viejas fotografías, también tomó lo suyo.

La campaña estuvo lista en abril de 2021, a casi un año y medio de iniciado el proyecto. Dura 30 minutos con 30 segundos. Teniendo en cuenta que yo no sé mover y distribuir mis películas ni tengo a nadie que lo haga por mí, a aquella le ha ido bastante bien en festivales y reseñas, aunque algunos amigos me recomendaron que la recortara para que durase menos de media hora y encajase así en los criterios de un montón de festivales que dictaminan que el cortometraje ha de durar 30 minutos y ni un segundo más.

 Ná, no cambié ná.

Nombretes y maldades

6
nombretes-maldades
Ilustración: Brady

Los nombretes se distinguen como una dimensión muy especial del choteo cubano. Si bien el uso del nombrete parece ser universal, en Cuba se le ha dado desde siempre una vuelta de tuerca adicional, que le aporta componentes que rozan lo artístico.

El nombrete puedes ganártelo a raíz de tu apellido, y yo que llevo el Bacallao puedo dar fe, porque a lo largo de mi niñez he sido apodado Bacalao hasta la saciedad, y hasta Va cagao varias veces también. Los niños no perdonan un apellido como Piña o Angulo: es como picharles suave y al medio. Recuerdo que en la Lenin le pregunté una vez a un muchacho llamado Arturo, que si la gente no se aburría de gritarle Arturo Huevo Duro. Me contestó que prefería que se mantuvieran en huevo duro, a que pasaran a Arturo Cara de Culo.

Hay nombretes que provienen de una costumbre de la víctima, casi siempre de connotaciones negativas. En la Lenin conocí a un muchacho que no usaba desodorante —no porque no lo necesitara— y era llamado como la deidad griega: Apolo, el que hiere de lejos. Conocí también a Eduardo F1, que pedía comida a todo el mundo en todo momento, de manera que el F1 era en alusión a la granada de mano, que tiene un radio de acción destructiva de 200 metros.

Las características físicas deben ser la causa de la mayor cantidad de nombretes en la historia, y probablemente de los más originales. He conocido a una profesora de glúteos tan voluminosos que sus alumnos le decían La Centauro, y otra que le faltaba un dedo de la mano y era conocida como «4.50», porque en aquella época pintarse las uñas costaba cinco pesos.

También conocí a un tipo de cara muy alargada hacia adelante a quien le decían El Inercial. Tengo noticias de un muchacho al que le faltaba una oreja y era El Taza, y de una chica de cara muy, muy pequeña apodada Tojunto. Tengo referencias también de un muchacho con la boca virada apodado El Peón, y en el servicio militar coincidí con un mulato gordo que estaba permanentemente caminando con las piernas rectas y abiertas porque tenía los muslos pelados, y le decían La Foca Cojonúa.

Suele suceder que las personas con habilidades para crear nombretes antológicos, son a la vez genios de las «maldades». Tuve un vecino genial para los nombretes, cuya felicidad más grande era joder a su suegra, a la que por cierto, idolatraba. La señora dejaba el menudo encima de la cómoda, y él se tomaba el trabajo de ponerle a algunas monedas una gota de cola loca debajo; se consiguió un mando de televisor Panda para apagarle el televisor a la señora, que tenía el mando original en la mano, y una vez esperó a que se durmiera y le configuró el celular en coreano. La suegra se molestaba, pero después terminaban riéndose los dos.

Pero iba más allá. Disfrutaba ser cada vez más sofisticado. La suegra solía hervir dos huevos y les daba 10 minutos. La vigilaba, tomaba el tiempo y a los 8 minutos, sacaba los huevos y los sustituía por dos nuevos, y se sentaba a ver a la suegra tratar de abrirlos. En un par de ocasiones, cuando la señora se sentó a ver la novela y subió los pies al sofá, arrastró las chancletas con un palo y las puso en el congelador, para dejárselas de nuevo en el piso casi al terminar la novela y esperar la reacción del contacto de los pies con las chancletas congeladas.

Hay una sutil y delgada línea que separa estas manifestaciones en su versión inofensiva, de su empleo extremo y malintencionado como herramientas para el acoso y el abuso. Es imprescindible no cruzar esa línea nunca, y eso se logra ejercitando a diario la empatía, el sentido común y la comunicación. Además, trabajando en la autoestima y los valores, y el sentido del humor de nuestros hijos.

Por cierto, si yo, Jorge Bacallao, o Bacalao, o Va Cagao, me entero de que alguien utilizó alguna información de este post para cualquier tipo de abuso o maltrato, lo voy a ir a buscar y la venganza será terrible. Queda dicho.

Menos importaciones de pollo y más de vehículos

0
Importaciones de pollo y de vehículos en Cuba
Imagen de referencia

Fue noticia que aumentó en el primer semestre de este año la entrada a Cuba de autos particulares provenientes de Estados Unidos, sin embargo, disminuyeron desde ese mismo país las importaciones de un producto tan demandado como el pollo.

El economista Pedro Monreal, apoyado en datos del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA, por sus siglas en inglés), señaló que el país norteamericano había exportado «146 mil toneladas de carne de pollo a Cuba entre enero y julio de 2024, el equivalente aproximado de 5840 contenedores. Una cifra menor a la del mismo periodo en 2023, pero el valor fue 2,5% mayor, indicando un aumento del precio». 

Estas cifras «incluyen todas las exportaciones de carne de pollo hacia Cuba contratadas para ser comercializadas por todos los tipos de entidades (estatales, cooperativas y mipymes)», añadió.  

Según datos de USDA, en julio de 2024 las importaciones de pollo desde ese país cayeron un 7.5 %, con un total de 19,099 toneladas importadas, lo que marca una tendencia a la baja.

La caída coincide con la imposición de topes de precios por parte del gobierno cubano en varios productos básicos, entre ellos el pollo, el aceite y la leche en polvo, medida que entró en vigor en julio de 2024. Aunque Monreal aclaró que la tendencia es siempre oscilante, habrá que esperar para ver si se mantiene a la baja.

El Ministerio de Finanzas y Precios (MFP) ha intensificado desde entonces las inspecciones a los actores económicos no estatales, como las mipymes, para garantizar el cumplimiento de estas regulaciones. Los controles incluyen la revisión del uso de cuentas fiscales, los métodos de pago y la adecuada bancarización de los negocios privados, lo que ha generado tensión en el sector, ya que muchas empresas se ven obligadas a operar en un contexto de creciente fiscalización y limitaciones para acceder a divisas.

La disminución de las importaciones de este codiciado alimento tiene lugar en medio del agravamiento de la crisis agropecuaria cubana. Esta semana también fue noticia en el diario estatal cienfueguero 5 de Septiembre las quejas de los campesinos por trabas e impagos, expresadas en la primera asamblea de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

Productores de arroz y leche denunciaron que llevan meses sin recibir el pago por sus entregas, lo que afecta gravemente su capacidad para cubrir los altos costos de producción y mantener sus operaciones. La situación es especialmente crítica para quienes dependen de estos ingresos para sustentar a sus familias y cubrir gastos como la reparación de equipos agrícolas.

Además, los campesinos señalaron que la bancarización está generando serios inconvenientes. La falta de acceso a efectivo en las bodegas y bancos, junto con la ausencia de cobertura de telefonía móvil en muchas zonas rurales, limita su capacidad de realizar pagos para mantener la producción.

«Tengo familia, equipos que arreglar, y la reparación hoy de un tractor cuesta entre 200 y 300 mil pesos. A mí no me importa el precio, diez pesos más o menos no perjudican; el daño es que no paguen, porque eso frena la producción, y uno vive de lo que produce», afirmó Pedro López Izquierdo, quien siembra arroz, caña y cultivos varios, resumiendo varios de los problemas recurrentes y sin solución del campesinado cubano.

Pero no todas las importaciones están disminuyendo. La compra para Cuba de vehículos particulares desde Estados Unidos alcanzó en el primer semestre del año más de 36 millones de dólares, y según estimaciones de John S. Kavulich, presidente de CubaTrade, se incrementarán significativamente en los próximos meses, pudiendo llegar a los 50 millones de dólares antes de que termine el año. Esto supone un aumento sustancial respecto a los 10 millones de dólares registrados en todo 2023, cuando se autorizó por primera vez la importación de automóviles bajo licencia del Departamento del Tesoro norteamericano.

La mayoría de estos autos son usados, y están siendo adquiridos principalmente por empresarios privados, quienes, a pesar de las dificultades económicas del país, ven en la flexibilización de las políticas de importación una oportunidad para expandir su capacidad de movilidad. A diferencia de los productos alimentarios, que están sujetos a estrictos controles de precios y una rigurosa regulación estatal, las importaciones de automóviles se han beneficiado de una serie de reformas que reducen los impuestos y facilitan el acceso a vehículos importados, en particular aquellos destinados al sector privado.

Esto significa que, más allá de las restricciones que imponen las medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos, las regulaciones económicas internas tienen un efecto directo en las importaciones que se hacen desde el país norteño, y por supuesto, en la disponibilidad de estos productos en el mercado nacional.

Los topes de precios y las estrictas regulaciones impuestas al sector privado han llevado a una disminución en las importaciones de alimentos esenciales, lo que afecta directamente el acceso de la población a productos básicos como el pollo. La intervención estatal en el control de precios y en las operaciones del sector privado, no solo genera tensiones en el mercado interno, sino que también puede incentivar el crecimiento del mercado informal, donde los precios son más elevados y menos regulados.

Como bien expresó el economista Pedro Monreal «las exportaciones de carne de pollo de EE.UU son la principal oferta de la fuente de proteína animal de mayor consumo en Cuba y compensan la aguda crisis agropecuaria nacional de la cual todavía no se observa la luz al final del túnel».

Por otro lado, el incremento en las importaciones de automóviles refleja que un enfoque más laxo en la burocracia importadora, si bien no resuelve el problema de la transportación en Cuba, al menos permite ir renovando paulatinamente el envejecido —y poco eficiente— parque de vehículos que rueda en las calles cubanas. Asimismo, estos autos pudieran garantizar una mayor rapidez en los encadenamientos productivos entre los diferentes actores económicos.

Bajo las mismas restricciones por parte de los Estados Unidos, un tipo de importación aumenta y otra disminuye, lo que demuestra que la flexibilización de controles e impuestos excesivos sí tiene un efecto en las relaciones comerciales y la dinámica económica entre ambos países.

Nuestra opinión es que las medidas implementadas por el gobierno cubano, aunque buscan contener la inflación y garantizar el acceso a productos esenciales, no están logrando su objetivo de manera equilibrada.

La reducción de las importaciones de alimentos, especialmente del pollo, es un indicio claro de que los topes de precios y las restricciones al sector privado están desincentivando a los empresarios a continuar importando productos de primera necesidad para los que no hay reemplazo en la producción interna.

Este contraste entre la regulación estricta de los productos alimentarios y la flexibilización de las importaciones de automóviles pone en evidencia las contradicciones en la política económica del país. Mientras que los alimentos básicos están cada vez más escasos y caros debido a la falta de incentivos para que el sector privado los importe y comercialice, más autos ruedan por las calles cubanas, aunque sea una exigua minoría quien pueda manejarlos.

Si bien es positivo que se flexibilicen las normativas para facilitar el acceso a bienes como los automóviles, la disparidad entre el tratamiento de estos bienes y los productos alimentarios es preocupante. ¿Por qué lo que funciona para un caso no se aplica para el otro?

Mientras no existan incentivos reales para aumentar la producción nacional de alimentos, estos deberán adquirirse mediante la importación. Si a esta se le pone también trabas, quienes sufrirán las consecuencias serán los bolsillos y las mesas de los cubanos.