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Cultura de la mentira

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cultura-mentira
Ilustración: Brady

Empieza el año 2025 y mi hijo está cumpliendo 4 años este enero. En casa nos preocupamos por ser estrictos en la formación de valores, y hemos sido muy cuidadosos en el tema de la honestidad. Nos ha ido bien. Tenemos un niño que confía en sus padres y no duda en confesarse autor de los más horripilantes desmanes. Nuestro método ha consistido en decirle la verdad siempre. ¿Me van a inyectar? Sí, mi niño, hay que inyectarte. ¿Me va a doler? Sí, lo que duelen las inyecciones normales. ¿Papá, te vas y vuelves enseguida? No, mi niño, regreso mañana. Cuesta trabajo mantener este modo de actuar cuando con una mentira sencillita se da esperanza, ¿verdad? Nosotros preferimos tragar en seco, y apostar por una confianza a prueba de balas en el futuro.

Lo tuvimos unos pocos días en una guardería a la cual terminamos por renunciar. El niño llegó varias veces comentando festinadamente que la seño decía que al que no se durmiera lo inyectaban, o que tenían un perro en un pasillo para los niños que no se comían la comida. Estas son mentiras-amenazas y las sentí dañinas, diferentes a cosas del tipo: «cómete todo el tomate para que te crezca el rabo» que tampoco usamos nosotros.  Además, se repetían incluso después de conversar con las cuidadoras, lo que me hizo tomar una decisión.

Acudí a la guardería a mediodía y pedí hablar con la seño de marras. En el tono de voz más enternecedor y mostrando la más entrañable de mis sonrisas, le dije: «Si vuelves a amenazar a mi hijo con una jeringuilla para que se duerma, le voy a fracturar las dos piernas a tu esposo con una tubería de acero galvanizado». Los ojos de la seño casi se salieron de las órbitas. Se puso pálida y dio un paso atrás. Ahí continué: «Es mentira, seño, soy enemigo de la violencia. Pero solo quería mostrarle cómo se siente mi niño cuando usted le dice la mentira de la jeringuilla».

La sociedad ha ido normalizando la mentira. Existen infinitas maneras de mentir, pero además hay otras que se han vuelto clásicas por comunes. Seguramente usted se ha topado con tres muy famosas: mañana te pago, la última cerveza y nos vamos, y: solo va ser la puntica, pero hoy no nos vamos a detener en ellas. Hay otras que también se han perpetrado y que se dan en contextos frecuentes. Cuando esperas a alguien, lleva 20 minutos de retraso, lo llamas por teléfono y te dice: «En 10 minutos estoy allí» y tú sabes que viaja en taxi, vive a 15 kilómetros y además, oyes por detrás de su voz el chapoteo del agua de la ducha que todavía se está dando.

Aquella otra que hemos dicho todos, autoengañándonos: «Voy a tirarme 10 minutos y enseguida me levanto». Tu amigo, el de las 11 cadenas y el cuello verde: «A mí me gusta más la plata que el oro». Todos nosotros: «La semana que viene te llamo y nos vemos sin falta». Tus seguidores: «Qué risa me ha dado tu publicación, escupí el café». En el taxi: «Pase usted, que yo me quedo ahí cerquita». Tu pareja: «Se me apagó el celular».

Las hay con un poco más de connotación porque se nos cae un mito cuando nuestros más renombrados profesores dicen: «Vamos a seguir para no cortar la idea y yo les doy los 5 minutos al final». La de las personas mayores en las colas multitudinarias: «Permiso para entrar un momentico, yo no voy a comprar nada, es para hacer una pregunta». La de tu influencer favorito: «A mí porque no me dejan entrar, porque si me dejaran yo me iba con un cartel para la Plaza». La del gobierno que te gobierna: «Con lo recaudado en las tiendas MLC se surtirán las tiendas en dinero cubano» o «El año que viene será mejor que este».

Las del gobierno son especialmente dolorosas. No para los que ya no creemos desde hace décadas, sino para aquellos que todavía fingen que creen y tienen que fabricarse las excusas en la casa porque las que vienen de arriba no llegan, y cuando llegan, siempre incluyen la palabra «bloqueo». Mentir es cómodo cuando no tienes que dar cuentas. Cuando nadie te señala las evidencias de tus falsedades.

«Nos casaron con la mentira y nos han obligado a vivir con ella en vergonzoso contubernio», dijo Fidel el 26 de septiembre de 1959, y me parece a mí que el matrimonio fue por la iglesia y hasta que la muerte nos separe, porque yo me siento flotar en un océano de embustes, desinformaciones, verdades a medias y preguntas que ni siquiera se pueden formular.

Mi más profunda simpatía a los crédulos e ingenuos. Mis mejores deseos, de verdad. Yo trataré de mantenerme honesto a todos los niveles, de seguir educando a mi hijo con la honestidad como bandera y de responderle con verdad aun a quien me miente, salvo excepcionales casos, como aquella señora que me contactó por Messenger para decirme que estaba pensando en dejarme su herencia, y pidió mis datos, a la cual contesté: «Mi nombre es Máximo Décimo Meridio, comandante de los ejércitos del norte, general de las Legiones Fénix, fiel servidor del verdadero emperador Marco Aurelio. Padre de un hijo asesinado, esposo de una esposa asesinada y juro que me vengaré, en esta vida o en la otra».

Ahora podría decirles que tengo más para contar, pero que la mano derecha se me ha entumecido desde por la tarde debido a la picadura de un zunzún, pero la verdad, es que no debería pasarme de 900 palabras. 

¿Cuánto avanzó en 2024 el cronograma legislativo cubano?

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resumen legislativo 2024
Ilustración: Félix Azcuy

Nadie podría sostener que Cuba se mantiene estática en el tiempo como sus automóviles o edificaciones. Una crisis económica sin precedentes tiene en jaque al pueblo cubano, y los cambios, algunos beneficiosos para la población y otros dudosos, no paran de llegar. El 2024 ha sido un año activo en materia legislativa, aunque no tanto como se hubiera esperado, con un calendario que presenta instrumentos rezagados incluso de más de dos años.

La Asamblea Nacional había aprobado en 2023 el cronograma legislativo para los años 2024-2027, con un total de 46 leyes y 23 decretos leyes, con 17 leyes y 15 decretos leyes previstos para el ejercicio de 2024. Según el medio oficial Cubadebate, desde la proclamación de la Constitución de la República, en 2019, hasta diciembre de 2024, se aprobaron en Cuba «50 leyes y 115 decretos leyes, para un total de 165 normas jurídicas de rango superior».

Estaban previstas en el cronograma legislativo del 2024 17 leyes y modificaciones de las cuales fueron aprobadas 8 leyes y un decreto ley. Aun así, quedaron pendientes para 2025 8 leyes, por lo que podríamos afirmar que casi la mitad de los instrumentos previstos debieron posponerse.

En 2024 la Asamblea Nacional aprobó la Ley de Transparencia y Acceso a la Información cuyo anteproyecto fue definido como «un documento que busca instrumentar los mecanismos que garanticen el acceso de la ciudadanía a esos datos y la protección de la información que ponga en riesgo la seguridad nacional e integridad de las personas, generada por el Estado, el Gobierno y otros sujetos obligados».

En el año que cierra también vio la luz la Ley de Procedimiento Administrativo que establece lo relacionado con el derecho constitucional al acceso al debido proceso en el ámbito administrativo, así como la posibilidad de «dirigir quejas y peticiones a las autoridades y la obligación de éstas de tramitarlas y dar las respuestas oportunas, pertinentes y fundamentadas en el plazo establecido», según Óscar Manuel Silvera Martínez, ministro de Justicia.

La ley se plantea como una forma de eliminar procedimientos burocráticos innecesarios, como el incumplimiento de plazos o la exigencia de documentación adicional en determinados procedimientos, así como la falta de acceso de la ciudadanía a expedientes administrativos.

Se aprobó también la Ley del Sistema de Condecoraciones y Títulos Honoríficos que se refiere a «la creación, modificación o extinción de títulos honoríficos y condecoraciones, su otorgamiento, imposición o entrega; los derechos y obligaciones de los condecorados; el uso de insignias y pasadores; la privación o restablecimiento de títulos honoríficos y condecoraciones; las comisiones; la pérdida, deterioro o destrucción de insignias y el registro de títulos honoríficos y condecoraciones, y su control administrativo», según el medio oficial Cubadebate.

Otro de los instrumentos que introdujo cambios significativos en la jurisdicción del país fue la Ley de Extranjería, del 19 de julio de 2024, la cual deroga la Ley no. 1313, Ley de Extranjería del 20 de septiembre de 1976 y su Reglamento, y establece el tratamiento a los ciudadanos extranjeros. Dicha ley es un complemento a las leyes de migración y ciudadanía también aprobadas en el presente periodo legislativo. El paquete de leyes de migración, ciudadanía y extranjería introduce novedades como:

  • Las condiciones de estancia y residencia de los extranjeros durante su permanencia en territorio nacional.
  • La clasificación migratoria de residente provisional, previa a la aprobación u otorgamiento de la residencia permanente; y la de residente humanitario destinado a los refugiados, apátridas y asilados políticos; así como las causas de cancelación de la estancia y residencia de los extranjeros en el país (Extranjería).
  • Se eliminan los 24 meses como tiempo de estancia autorizado para permanecer en el exterior. Todo aquel que salió del país desde 2013 y mantuvo la residencia en Cuba (vive afuera, pero regresó antes de los 24 meses) mantiene su residencia. Se detiene la categoría de emigrado (Migración).
  • La Ley de Migración establece en su artículo 22 que la residencia efectiva migratoria es la condición que tienen las personas ciudadanas cubanas que participan en el proceso migratorio y las personas extranjeras residentes, cuando acumulan, en el término del año anterior a la fecha en la que se hace la solicitud, la mayor parte de su tiempo en el territorio nacional.
  • Según el artículo 29.1 de la Ley de Migración los cubanos son residentes en el exterior cuando permanecen la mayor parte del tiempo y poseen su domicilio fuera del territorio nacional. Para estas personas están reservadas las categorías de residentes en el exterior, emigrados (quienes residen en el exterior desde antes de que esta ley entrara en vigencia) e inversores y de negocios (los que participan del modelo económico cubano).
  • Los ciudadanos cubanos, mientras estén en territorio nacional, se rigen por la condición de ciudadanos, en los términos establecidos por esta ley, y no pueden hacer uso de una ciudadanía extranjera (Ciudadanía).
  • La Ley de Ciudadanía también regula cómo una persona puede perder o renunciar a esta condición. Para renunciar se debe ser mayor de 18 años, acreditar tener otra ciudadanía, encontrarse en el extranjero, no poseer deudas con el Estado cubano y sus instituciones, y no estar cumpliendo sentencia penal de privación de libertad o ser perseguido por la comisión de un delito. Entre las causas para la pérdida de la ciudadanía cubana están adquirirla de manera fraudulenta y no ratificar ante la oficina consular cubana correspondiente en caso de naturalización en otro país, la voluntad de mantenerla. También da la posibilidad de que sea retirada si el ciudadano «desde el extranjero realizar[a] actos contrarios a los altos intereses políticos, económicos y sociales de la República de Cuba», algo sumamente ambiguo que pudiera abrir la posibilidad de retirar la ciudadanía como una forma de represalia a quienes disienten del sistema político, aunque hasta el momento no se conocen casos en los que se haya aplicado.

En el último mes del año, el 20 de diciembre de 2024, vio la luz la Ley del Ejercicio de la Abogacía y la Organización Nacional de Bufetes Colectivos. Al respecto, el ministro de Justicia, Óscar Manuel Silvera Martínez dijo en el plenario del Parlamento que «los principios fundamentales que ordenan su función, alcance, derechos de los abogados, su comportamiento ético y la responsabilidad que asumen como garantía del ejercicio de los derechos de las personas, uniformando estas exigencias en aquellos profesionales que ejercen la abogacía en instituciones distintas a la Organización Nacional de Bufetes Colectivos».

En materia de regulación de los procesos legales llegó también la Ley del Notariado que deroga el Decreto Ley 81 de 1984, Sobre el Ejercicio de la Abogacía y la Organización Nacional de Bufetes Colectivos. Según informa Prensa Latina, la norma conceptualiza el ejercicio de la abogacía «como el acto de dirigir, asesorar, hacer consultas, representar y defender los derechos e intereses de las personas naturales y jurídicas ante los tribunales de justicia, los órganos de arbitraje de los organismos administrativos y las entidades de personas públicas y privadas». Además, «se perfeccionan la definición de la Organización Nacional de Bufetes Colectivos y el funcionamiento de sus estructuras organizativas y de dirección».

Finalmente, como cada año en 2024, se aprobó la Ley del Presupuesto del Estado. «Para el año 2024 quedó establecido como límite de la ejecución presupuestaria un déficit fiscal ascendente a 147 391 millones de pesos, como resultado de reconocer ingresos netos por 333 316 millones de pesos y gastos totales por 480 707 millones», según el ministro de Finanzas y Precios, Vladimir Regueiro Ale.

En la estructura de gastos, el 71% se destina a financiar los sectores de educación, salud pública, la asistencia y seguridad social, cultura y el deporte. Se trata de un aumento de 8 puntos porcentuales respecto a la planificación de 2024 en que se dedicó el 63% a dichos sectores. No obstante, como se aprecia en la siguiente tabla, el impacto del respaldo estatal de 2025 es ligeramente menor que el de 2024 en sectores como salud y educación. Asimismo, específicamente en el renglón de la asistencia social, aunque el monto es similar al de 2024, a consecuencia de la inflación posiblemente esa cifra rinda mucho menos en manos de los beneficiarios.

Algunos sectores planificadosPresupuesto 2025En comparación con el presupuesto de 2024
Salud Pública76 037 millones de pesos (24% de la actividad presupuestada) (111 millones de consultas en la atención primaria)Se destina 2 % menos del gasto de la actividad presupuestada en 2024 a la salud (26%)
Educación71 309 millones de pesos, el 23% del total de gastos de la actividad presupuestada, respaldando una matrícula de 1 616 500 estudiantesSe respaldó la matrícula de 1 777 392 estudiantes (160, 892 estudiantes más que en 2025)
Asistencia Social6 513 millones de pesos, que respaldan la atención a más de 318 000 personas con un gasto per cápita promedio de 19 065 pesos.Respaldo a 1 824 000 jubilados y pensionados, así como la protección mediante la asistencia social a 186 783 familias y 339 754 beneficiarios en situación de vulnerabilidad, a lo cual se destinan más de 6 000 millones de pesos

¿Qué leyes se aprobarán en 2025?

Para el 2025 se pospusieron de 2024 el Código de la Niñez, Adolescencia y Juventudes (julio), la Ley del Registro Civil (julio), la Ley del Régimen General Contravencional (julio), la Ley de Empresas (diciembre), el Código del Trabajo (diciembre), la Ley Tributaria (diciembre) y la Ley de Posesión y Uso de la Tierra (diciembre).

Entre estos documentos en mora hay varios esenciales, cuya implicación tiene graves afectaciones para los cubanos, con un impacto directo en la crisis. Uno de ellos es la Ley de Empresas —pospuesta año tras año desde 2022—, aunque según su anteproyecto (filtrado) solo regularía al sector público, y no a las empresas privadas, ni al conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) GAESA, dotaría a la empresa estatal de una autonomía importante.

El Artículo 16.1 del Anteproyecto de Ley de Empresa 2023 clasifica a las empresas «estatales socialistas» en tres categorías: (1) aquellas cuya misión esencial es obtener elevados rendimientos de los recursos invertidos y fomentar las exportaciones, operando en régimen de competencia con cualquier sujeto, tanto estatal como no estatal; (2) las que tienen la misión de prestar servicios públicos universales con accesibilidad, regularidad, calidad y seguridad, o realizar actividades exclusivas del Estado por su naturaleza o decisión gubernamental, sin operar en régimen de competencia; y (3) las empresas encargadas de garantizar el acceso de la población a determinados bienes y servicios, para lo cual el Estado establece mecanismos de protección, sin exigirles altos niveles de rentabilidad ni crecimiento sistemático.

Según el artículo 32 del anteproyecto, las empresas de tipo 1 podrían: importar y exportar directamente, crear empresas sucursales y filiales en el exterior, operar cuentas en el exterior, invertir en otras empresas de nueva creación o tener participación en alguna existente, etc. Algo que hoy solo tienen aprobado de forma arbitraria algunas empresas estatales.

Dicha ley también subordinaría a las empresas estatales, ya no a los ministerios, sino a un organismo dedicado a ellas en específico, por lo cual los ministerios quedarían solo para trazar políticas públicas —que es su función en cualquier Estado— y se encargarían de hacer un acompañamiento metodológico a estas entidades.

Otros elementos importantes están en el Capítulo VIII del Anteproyecto, que establece que la asamblea de afiliados y trabajadores es el espacio esencial de participación, donde se analizan y aprueban decisiones clave relacionadas con la gestión empresarial. La administración está obligada a rendir cuentas ante esta asamblea, garantizando la transparencia y la participación activa de los trabajadores en temas como la eficiencia, los ingresos y las condiciones laborales.

Por último, el Capítulo XI pautaría todo lo relativo a la quiebra y extinción estableciendo que la disolución de una empresa se produce por decisión del representante del propietario, imposibilidad de cumplir su objeto social, pérdidas sostenidas, resolución judicial, insolvencia o fusión total. Antes de la extinción, la empresa debe cumplir con todas sus obligaciones con los acreedores, manteniendo su personalidad jurídica hasta la finalización del proceso de liquidación. Durante este proceso, se deben respetar los principios legales para la distribución de los bienes de propiedad socialista.

El primer ministro, Manuel Marrero Cruz afirmó que «la situación económica que atraviesa el país, no aconsejan, en este momento, aprobar la Ley de Empresa Estatal Socialista pues, de promulgarse, no se garantizaría su cumplimiento». Sin embargo, cabría preguntarse ¿no es acaso la situación de crisis también producto de un modelo empresarial obsoleto que no funciona? ¿qué constancia tienen las autoridades de que el próximo año la situación puede ser mejor, con Trump en la presidencia de Estados Unidos y Marco Rubio como secretario de Estado? ¿Cómo pretenden que cambie esa situación si frenan las reformas que pudieran impulsar la economía?

La Asamblea Nacional del Poder Popular, en julio de 2023, aprobó la Política Integral de Niñez, Adolescencias y Juventudes, desde ese momento se conformó un grupo de trabajo presidido por la ministra de Educación para la elaboración del anteproyecto de Ley del Código de la Niñez, Adolescencia y Juventudes. En esa misma sesión del Parlamento, Marlen Triana Mederos, viceministra de Educación, dijo que el Código se había sometido al criterio de diversas comisiones de expertos y entre las recomendaciones recibidas mencionó «…transformar el Decreto-Ley 64 (1982) para la atención a menores con trastornos de la conducta; abordar la cuestión del Servicio Militar Activo y establecer mecanismos para la protección legal de menores que infringen la ley».

No obstante, al parecer el 2024 no fue suficiente para culminar el proceso de aprobación del Código, como ocurrió con la Ley del Registro Civil, que al posponerse deja pendiente la posibilidad de las personas trans de cambiar en su documento de identidad el género que les otorgaron al nacer.

La Instrucción #1 de 2022 del Ministerio de Justicia derogó la Instrucción #1 de 2012 que supeditaba el cambio de nombre para las personas trans al cambio de genitales, a raíz de una cirugía de adecuación. No obstante, ante la ausencia de una Ley de Género en Cuba que regule los derechos de las personas Trans, la Ley del Registro Civil parecía ser una alternativa para que dicha comunidad, al menos, pudiese contar con un carnet acorde a sus identidades de género.

Pero si despropósitos se trata, resulta inconcebible que en un país que se dice socialista no exista una ley que regule adecuadamente los derechos laborales de los trabajadores del sector privado. A principios de 2024 había aproximadamente 11,046 micro, pequeñas y medianas empresas privadas registradas, que empleaban aproximadamente a 297,000 trabajadores, junto con otros 602,000 empresarios autónomos (conocidos como cuentapropistas). El Código del Trabajo prometía ser esa ley, y también quedó pendiente para finales del presente año.

Aunque el actual Código del Trabajo regula los derechos y deberes de todos los trabajadores sin importar a qué sector pertenezcan, se trata de una ley que data del 2013 con una leve actualización en 2020, y cuyo centro estaba pensado para quienes laboraban en empresas estatales. En cambio, hoy basta preguntar a cualquier trabajador del sector privado cubano para saber que las jornadas laborales no son necesariamente de ocho horas, que en muchos casos los trabajadores laboran sin contrato y en condiciones mínimas de seguridad, deben trabajar días feriados sin paga doble, y además muchas veces sometidos a discriminación por su raza, género, aspecto físico, maternidad o violencias, etc. Sin embargo, ante la falta de empleo en el sector estatal que permita cubrir la canasta básica, resulta una tendencia el aceptar el trabajo con «los privados» en las condiciones que sean, para tener un mejor sueldo.

En esa dinámica, por la inexistencia de asociaciones laborales fuertes —ya que la CTC, no cumple función alguna en este caso— no existe una cultura sindical en Cuba y los derechos de los trabajadores están sujetos a la voluntad del patrón. El nuevo Código del Trabajo debe abarcar la realidad laboral de las y los cubanos y en combinación con la Ley de asociaciones (propuesta a aprobarse también en el presente año según el cronograma) debería dotar a los trabajadores del sector privado de la capacidad de responder y defenderse colectivamente de las injusticias a las que podrían estar sometidos.

En este punto sería también un gran aliado la posibilidad del libre ejercicio de la manifestación en el espacio público, que, si bien está recogida en la carta magna cubana, cuenta con trabas burocráticas significativas para su libre ejercicio. Cuba camina hacia un modelo económico distinto y desamparar a sus trabajadores ante estas nuevas relaciones de producción es en esencia antisocialista.

En 2025, también se proponen aprobar los siguientes instrumentos: Ley del Sistema Deportivo cubano, Ley de la Vivienda, Ley de Formas Asociativas, Ley del Presupuesto del Estado 2026. Se adelanta además la Ley de Ciencia e Innovación, inicialmente planificada para el 2026 y se incluye la Ley de Transición Energética.

Entre las leyes mencionadas, camina el fantasma del derecho a la libertad de asociación en Cuba. Al respecto, Ariel Dacal refiere en un texto publicado en esta revista, que la constitución cubana reconoce el derecho a asociarnos u organizarnos y que el ejercicio de este derecho constituye, según las teorías de la democracia occidental, un «indicador esencial para la salud democrática de cualquier sociedad que asegura la participación en diversos ámbitos de la producción y reproducción material y espiritual de la vida». Dacal señala que en el sentido de las teorías socialistas: «No se debe olvidar que el propio Marx concebía el comunismo como la asociación libre de productores libres», pero en Cuba, hasta los días de hoy asociarse resulta un sueño lejano, ya que la ley actual solo permite la inscripción de una asociación por objeto social.

Es decir que, por ejemplo, sería imposible que existieran otras asociaciones de corte feminista, por ejemplo, ya que existe la Federación de Mujeres Cubanas, una organización de masas que responde a los intereses del Estado, por ende, las organizaciones y asociaciones que forman parte de la sociedad civil cubana actual, habitan en un estado de informalidad al no estar registradas, ni reconocidas por el poder.

Cuba necesita una ley de asociación que no solo enuncie la posibilidad de la existencia de asociaciones múltiples, más allá de su objeto social, sino también la voluntad política de que estas asociaciones existan y de romper con el verticalismo característico del Estado y su intento de centralizar y controlar con tinte ideológico todas las formas organizativas. De nada sirve una ley de asociaciones, si cuando los interesados intenten inscribir una, la burocracia bloquee su posibilidad de existir, como ha sucedido con el derecho a la manifestación pacífica en el espacio público, por ejemplo.

En otro orden, según informa Cubadebate la Ley de Organización de la Administración Central del Estado se propone para julio de 2027, ya que «su complejidad aconseja que primero se aprueben otras leyes como la relativa a empresas y se creen condiciones propicias para los cambios requeridos».

Resulta novedosa para el 2025, la introducción de la tan necesaria Ley de Transición Energética, que regulará lo relacionado al paso de Cuba hacia las energías renovables. El Decreto 110, publicado en la Gaceta el 26 de noviembre de 2024, constituye un avance a lo que parece que será la legislación respecto al futuro de las energías en Cuba. Dicho decreto obliga a invertir en fuentes renovables a los altos consumidores, ya sean entidades estatales o privadas, para afrontar la crisis energética del país.

La norma busca que la mitad de la electricidad que empleen los altos consumidores en horario diurno sea con fuentes renovables de energía. Además, violar estas disposiciones puede conllevar multas, interrupción del servicio eléctrico hasta 72 horas y otras sanciones.

Para 2025, 2026 y 2027, se proponen 38 leyes. En el caso del 2025, además de las siete leyes pendientes ya mencionadas se suman 4 inicialmente planificadas para ese periodo: la Ley del Sistema Deportivo cubano, la Ley de la Vivienda, la Ley de Formas Asociativas y la Ley del Presupuesto del Estado 2026. Además, se suma una inicialmente planificada para el 2026: la Ley de Ciencia e Innovación y se incluye la Ley de Transición Energética.

No se puede decir que un parlamento que aprueba solo la mitad de las leyes que se propone para un año sea eficaz. Tampoco es concebible que ninguna ley sea propuesta por los asambleístas. Se trata de una asamblea ociosa y unánime con un cronograma legislativo siempre atrasado y pendiente, que no es capaz de responder a las crisis económicas, energéticas, migratorias, políticas y de violencias, que vive hoy el pueblo cubano. Tal vez reunirse tres veces al año no es suficiente. Cuba está cambiando, pero de nada sirve si no cambia también la asamblea.

Leyes aprobadas y pospuestas del Cronograma Legislativo 2024

Leyenda: Aprobada* Pospuesta** 
 LeyResumenMes
2024
1Ley de Transparencia y Acceso a la Información*Regula el derecho constitucional al acceso a la información18 de julio de 2024
2Ley de Procedimiento Administrativo*Regula el proceder administrativo para una mejor gestión de la Administración Pública ante la población19 de julio de 2024
3Ley de Aduanas*Regula el régimen aduanero27 de junio de 2024
4Ley de Condecoraciones y Títulos Honoríficos*Reconoce cuáles, cómo y cuándo se otorgan estas condecoraciones y títulos honoríficos19 de julio de 2024
5Ley de Empresas**Determina la organización y funcionamiento de las empresasDiciembre de 2025
6Ley de Migración y Pasaporte*Dispone todo lo relativo al tráfico migratorio y a las regulaciones del pasaporte19 de julio de 2024
7Ley de Extranjería*Regula lo relacionado con el estatuto del extranjero19 de julio de 2024
8Ley de Organización de la Administración Central del Estado**Regula todo lo relativo a la configuración de los Organismos de la Administración Central del EstadoJulio de 2027
9Ley Tributaria**Actualiza la política tributariaDiciembre de 2025
10Ley de Ciudadanía*Establece todo lo relacionado con el estatuto del ciudadano20 de Julio de 2024
11Ley del Régimen General Contravencional**Establece las distintas sanciones en materia contravencionalJulio de 2025
12Ley de Estado Civil**  Regula lo relativo al estado civil de las personasJulio de 2025
13Ley de Notarías*Regula el sistema notarial en el país19 de diciembre de 2024
14Ley de Posesión y Uso de la Tierra**Prevé lo relativo al uso de las tierras, las diferentes vías de adquisición y los derechos y deberes de los propietariosDiciembre de 2025
15Código del Trabajo**Regula las relaciones laborales, sus principios, derechos y deberes.Diciembre de 2025
16Código de la Niñez, Infancia y Juventud**Refuerza la protección que se le prioriza a estas personasDiciembre de 2025
17Ley del Presupuesto del Estado 2025*Establece lo relativo a la distribución y ejecución del presupuesto del Estado18 de diciembre de 2025
18Ley del Ejercicio de la Abogacía y la Organización Nacional de Bufetes Colectivos*Regula el ejercicio de los juristas que ejercen la representación, defensa y asesoramiento jurídico de las personas.20 de diciembre de 2024
Actualizaciones al cronograma legislativo 2025 Leyenda: Se mantienen* Se posponen** Nuevas Propuestas***
1Ley de Identidad**Determina los vínculos identificativos de la persona2026
2Ley de Seguridad Social**Actualiza los derechos y deberes el régimen de seguridad social2026
3Ley de la Vivienda*Regula la adquisición, derechos y deberes sobre las viviendas.Julio
4Ley de Formas Asociativas*Determina las distintas formas asociativas reconocidasJulio
5Ley de DeporteEsta norma se dirige a la organización del deporte en el paísJulio
6Ley de Franquicias e Inmunidades DiplomáticasDetermina la regulación de las franquicias e inmunidades diplomáticasEliminado
7Ley Forestal**Dispone la protección y el uso de los recursos forestales2026
8Ley de Ordenamiento de la Migración InternaOrdena el flujo migratorio dentro del territorio nacionalDiciembre
9Ley de Servicios Policiales**Organiza al sistema policial2026
10Ley de Patrimonio EstatalOrganiza todo lo relacionado con el patrimonio del Estado, sus principios y alcanceDiciembre
11Ley de Administración Financiera del Estado**Actualiza el proceder administrativo financiero del Estado2026
12Ley de Educación**Norma todo lo relativo con respecto al sistema educativo2026
13Ley de Turismo**Organiza y regula el fenómeno turístico en el país2026
14Ley del Presupuesto del Estado 2026Establece lo relativo a la distribución y ejecución del presupuesto del EstadoDiciembre
15Ley de Ciencia e Innovación***Regula el ejercicio de la Comunidad CientíficaDiciembre
16Ley de Transición Energética***Regula el uso de energías renovablesDiciembre

Destituciones políticas en 2024

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destituciones cuba
Ilustración: Félix Azcuy

El año 2024 estuvo marcado por una serie de destituciones y cambios significativos en altos cargos del gobierno y el Partido Comunista de Cuba (PCC). Estas modificaciones, que abarcan desde ministerios hasta direcciones provinciales y municipales, reflejan intentos de ajustes en medio de una severa crisis económica, social y política en el país.

Entre los movimientos más notables está la destitución en febrero del entonces ministro de Economía, Alejandro Gil Fernández. La noticia se dio a conocer de manera inusitada a través de un comunicado del presidente cubano Miguel Díaz-Canel, en el cual expresaba que «la dirección de nuestro Partido y Gobierno nunca ha permitido, ni permitirá jamás, la proliferación de la corrupción, la simulación y la insensibilidad».

Sin aportar más información, la nota aseguraba que Gil incurrió en «graves errores» durante su gestión. Presuntas faltas por las que está bajo investigación penal y no se han esclarecido los hechos hasta la fecha. Este es el mayor cargo político investigado por corrupción en más de una década en Cuba.

Su puesto fue ocupado por Joaquín Alonso Vázquez, exministro presidente del Banco Central.

En el mismo mes, se produjo la «liberación por renovación» de Elba Rosa Pérez Montoya como ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), cargo que desempeñó durante 11 años. El Dr.C. Eduardo Martínez Díaz, hasta entonces presidente del grupo empresarial BioCubaFarma, asumió la nueva responsabilidad.

Pérez Montoya fue nombrada posteriormente embajadora de la República de Cuba en el Estado Plurinacional de Bolivia.

También destacó la remoción de Manuel Santiago Sobrino Martínez, ministro de la Industria Alimentaria, reemplazado por Alberto López Díaz, quien anteriormente se desempeñaba como gobernador de Villa Clara.

Según la publicación oficial, «a todos los compañeros liberados de sus respectivos cargos se les reconoció el esfuerzo y la consagración en el desempeño de tan altas responsabilidades».

Recordemos que los términos «liberar» o «movimiento de cuadros» suelen emplearse como eufemismos para referirse a la remoción de un alto funcionario.

Otros ministerios no estuvieron exentos de cambios. En Comercio Exterior, Roberto López Hernández y Ana Teresita González Fraga, viceministros, fueron relevados en enero. La información oficial explicaba que era «parte del proceso de renovación de cargos en las estructuras del gobierno» y felicitaba a ambos funcionarios por «la excelente labor desempeñada». No obstante, las «liberaciones» sucedieron luego de darse a conocer los resultados negativos en términos de inversión extranjera durante el 2023.

Una de las razones de esas deficiencias radica en la demora para la aprobación de proyectos, la burocracia excesiva y otras taras que enlentecen el proceso; dificultades que limitaron la capacidad del país para atraer capital extranjero, afectando negativamente el desarrollo económico en un contexto de creciente crisis.

Los reemplazos incluyeron a Óscar Pérez-Oliva Fraga como viceministro primero y a Carlos Luis Jorge, exdirector de Inversión Extranjera.

En mayo, el Consejo de Estado relevó a Ricardo Cabrisas de su puesto como ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera (aunque permaneció en su rol como viceprimer ministro), y decidió que el Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera fuera encabezado por el hasta entonces viceministro primero, Oscar Pérez-Oliva Fraga.

Cabrisas ocupa el cargo de diputado en el Parlamento cubano y ha sido integrante del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Fue la principal figura en las negociaciones de la deuda externa de Cuba con acreedores extranjeros, especialmente con el Club de París.  

Otro de los que cayó este año, para sorpresa de muchos, fue el viceprimer ministro Jorge Luis Perdomo Di-Lella, demovido por «errores en el desempeño de sus funciones», según se anunció en una breve nota en el Noticiero Nacional de Televisión. Nuevamente, la información no detalló cuáles fueron los errores que llevaron a la destitución del viceprimer ministro más joven de Cuba, de 53 años, considerado cercano al presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez y promovido por él.

En su lugar, fue designado Eduardo Martínez Díaz, quien había asumido como titular del CITMA.

Además, durante 2024 el Ministerio de Cultura de Cuba sustituyó en sus cargos de viceministros a Fernando Rojas y Kenelma Carvajal Pérez. La nota publicada apuntó que se trataba de una «liberación por renovación». En su lugar, ocupan estas responsabilidades Lizette Martínez Luzardo, quien fungía como directora general de Políticas Culturales, y Lillitsy Hernández Oliva, anteriormente presidenta del Consejo Nacional de las Artes Escénicas. Con relación a las nuevas funciones de Fernando Rojas, el comunicado refirió que fungiría como asesor del ministro de Cultura. Mientras, a Kenelma Carvajal «le serán asignadas nuevas tareas por el Comité Central del Partido».

Cambios en el liderazgo provincial

A nivel provincial, también se registraron múltiples relevos. En enero, Beatriz Johnson Urrutia asumió el liderazgo del PCC en Santiago de Cuba, sucediendo a José Ramón Monteagudo, quien ejerció el cargo durante 25 meses.

Otros cambios incluyeron a Liván Izquierdo como primer secretario del PCC en La Habana, luego de relevar a Luis Antonio Torres Iríbar. Recordemos que Iríbar afrontó durante su mandato la pandemia de covid-19, las manifestaciones del 11 de julio de 2021 y la severa crisis económica que afecta a la capital. Antes, había estado en Guantánamo y Holguín.

Por otro lado, en Las Tunas, Walter Simón Noris tomó el lugar de Manuel René Pérez Gallego, y en Holguín, Joel Queipo Ruiz reemplazó a Ernesto Santiesteban. Queipo Ruiz se desempeñaba como miembro del Secretariado del Comité Central del Partido y jefe de su Departamento Económico Productivo.

Por otra parte, Alexandre Corona, gobernador de Cienfuegos, renunció por «errores en su gestión». Aunque no se especificó de qué deficiencias se trataba, medios de Miami y usuarios en redes sociales señalaron, sin aportar pruebas ni fuentes confiables relacionadas con el caso, que su renuncia forzada habría sido motivada por acusaciones de corrupción.

Asimismo, en Las Tunas, el gobernador Jaime Ernesto Chiang Vega y su vicegobernador Ernesto Luis Cruz Reyes fueron cesados de sus funciones debido a «violaciones en el ejercicio de sus responsabilidades». Eduardo Walter Cuelí fue designado provisionalmente como gobernador.

Una de las sustituciones más sonadas fue la de la contralora general de Cuba, Gladys Bejerano, quien permanecía en el cargo desde hacía 14 años. El cese se dio a conocer sorpresivamente en una intervención en la Asamblea Nacional del Poder Popular, donde el presidente cubano afirmó que, tras el análisis del Buró Político del PCC, se determinó el cambio como parte del «proceso de renovación natural de los cuadros».

El cambio se dio en medio de la polémica suscitada a raíz de una entrevista ofrecida a la agencia española EFE, en la cual la funcionaria calificó el caso de corrupción del ex viceprimer ministro Alejandro Gil como una «traición» y aclaró que la investigación no partió de la Contraloría General. Bejerano añadió que el conglomerado empresarial GAESA no está bajo la supervisión de la Contraloría debido a su «disciplina y organización superior», lo que provocó una ola de críticas.

Crisis y cambios políticos: ¿renovaciones reales o simple fachada?

En definitiva, en 2024 se registró un número notable de cambios en altos cargos políticos del país, entre gobernadores, vicegobernadores y primeros secretarios provinciales del PCC. En la mayoría de los casos, no se han comunicado las razones de las destituciones.

Aunque recientemente se aprobó en Cuba una Ley de Comunicación y una Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública destinadas a fomentar la transparencia en la gestión pública, las autoridades continúan anunciando cambios en cargos de alto rango sin proporcionar las razones detrás de estas decisiones, ni explicar en qué consisten los «errores en el desempeño» que se les atribuyen.

Es cuanto menos cuestionable la voluntad real de promover la transparencia y el acceso a la información en un contexto donde estas decisiones impactan directamente en la vida pública y la percepción ciudadana del gobierno.

No se concibe cómo altos funcionarios pueden incurrir en «errores» reiterados sin que sus superiores lo detecten a tiempo, lo cual pone en evidencia la falta de supervisión interna y la ineficacia de los mecanismos de control en la administración pública. Invariablemente, surge la pregunta de si los altos cargos destituidos son realmente los únicos responsables de estos problemas. ¿Se trata de un patrón de errores individuales o hay una tendencia que resulta en la condena de unos, mientras otros son tolerados?

Estos movimientos se han originado en un contexto de agravamiento de las condiciones de vida de los cubanos, debido a la inflación descontrolada, la severa crisis energética y un consecuente aumento del descontento popular. Aunque el gobierno presenta dichos cambios como parte de una política de renovación de cuadros, los relevos no van a la raíz de los problemas. La llamada «política de cuadros» debería garantizar no solo la idoneidad profesional, sino también la confiabilidad de quienes asumen responsabilidades públicas.

Por más loables que sean los esfuerzos por combatir la corrupción, estos pierden empuje cuando se ven empañados por el secretismo y la falta de comunicación transparente hacia la ciudadanía. Ocultar los detalles de los hechos y limitar la información a fragmentos ambiguos no solo debilita la credibilidad del proceso, sino que también crea el escenario propicio para la especulación, las noticias falsas y la desinformación.

Mientras tanto, la población sigue enfrentando las consecuencias de las ineficiencias institucionales y la falta de soluciones concretas a sus problemas cotidianos. Lamentablemente, las sustituciones de funcionarios no han logrado revertir el deterioro generalizado en el país.

Veremos qué trae el 2025.

Bebeshito y la guerra cultural

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guerra cultural
Ilustración: Félix Azcuy

Bebeshito llenó un estadio en Miami. Lo hizo en contra de influencers extremistas del llamado exilio, que le exigían la ya tan trillada declaración política contra el gobierno «castrocomunista». Esto sucedió después de que fuera cancelado en la televisión cubana tras su presentación en los premios Lucas con la canción El hacha (hoy con 19 millones de vistas en YouTube), bajo el argumento de que ofendía a las mujeres y promovía la violencia de género, si bien quienes protagonizaron los reclamos exitosos de suspensión fueron, sobre todo, hombres.

Bebeshito no es el único exponente del reparto que goza de gran popularidad en las dos orillas, aunque probablemente sea el primero en convocar a tantas personas en Estados Unidos —en Cuba nunca le dieron un estadio para que cantara—, a tan solo unas pocas semanas de haber emigrado. Con frases ocurrentes como «no es marca mango, es marca mandarina» o «es de Boyeros y tiene el municipio marcado», el joven de 27 años y origen humilde se ha vuelto tendencia en las listas de reproducción de muchos cubanos.

Más allá de las evaluaciones sobre el contenido y la forma de su música, en un público tan polarizado como el cubano, llenar un recinto con capacidad para 20 mil asistentes en Miami sin hacer una sola declaración política explícita es una verdadera hazaña, que demuestra cuánta capacidad de convocatoria tiene el reparto para personas de muy distintas clases sociales, procedencias e ideologías.

Por supuesto, la polémica no tardó en surgir: desde quienes lo tildan de «instrumento» de la política cubana para influir en la comunidad de emigrados, y lo culpan además por no pedir la libertad de los presos por razones políticas en la Isla, hasta quienes lo ven como un peligro para el público cubano por el contenido sexual y «vulgar» de sus canciones, por haber emigrado recientemente o por la amplia cobertura que le han dado medios «del imperialismo». Cuando la televisión estatal cubana, la misma que lo había excluido por afirmar querer darle «hacha» a una mujer, reseñó su éxito en Miami, las teorías conspiranoicas se desataron.

El joven repartero forma parte de los tantos artistas cubanos que hoy no necesitan de una «evaluación institucional» ni pertenecer al catálogo de una agencia estatal para ser escuchados por el pueblo. Tampoco ha requerido impregnarse en un manto de «perseguido político» para que la maquinaria propagandística del exilio le ponga una alfombra roja que garantice su éxito. Su popularidad, por encima de colegas que cuentan con beneplácito de la oficialidad o de los cabecillas de la oposición exiliada, ha revitalizado al fantasma de la guerra cultural con un «soldado» que aún no define su bando, pero cuya influencia y «pegada» son innegables en este momento.

El joven repartero forma parte de los tantos artistas cubanos que hoy no necesitan de una «evaluación institucional» ni pertenecer al catálogo de una agencia estatal para ser escuchados por el pueblo

«Los comunistas están tomando el mercado miamero», dicen unos; «estamos dejando entrar la ideología imperial en los hogares cubanos», señalan otros. Sobre el extremismo de exigirle a un artista un determinado posicionamiento político en público, que no quiere hacer, no hay mucho nuevo que decir. Pero sobre la vieja polémica sobre la guerra cultural —en un Estado que pasó del control absoluto sobre el contenido a que accedía su población, al consumo abierto en Internet— quedan varias interrogantes que trataré de analizar en este texto, sin pretender cerrar un debate con más preguntas que respuestas.

¿Se trata de una ventaja o de un peligro? ¿Puede estar hoy un artista desconectado del mercado? ¿El mercado del arte es de derechas o de izquierdas? ¿El reparto es popular o de élites? ¿Puede un producto cultural cambiar las mentes o derribar un sistema?

¿De élite, popular o de masas?

Para hablar de guerra cultural, primero sería necesario hablar de cultura[1]. La visión clásica iluminista asocia la cultura con el conocimiento enciclopédico, como «cultivo de la mente», y establece una separación muy clara entre la «alta cultura» —proveniente de las élites ilustradas— y la «baja cultura», practicada por «el vulgo». La concepción descriptiva, desarrollada en el siglo xix desde la Antropología, la entiende como un inventario de creencias, arte, moral y costumbres de comunidades específicas: «cultura indígena», «cultura cubana», «cultura hippie»…

Por su parte, la visión simbólica define la cultura como aquellos símbolos, patrones de comportamiento, mitos, ritos, hablas, prácticas artísticas y costumbres que permiten a un grupo humano comunicarse, construir ideologías y formar o sentirse parte de algo. Por último, la visión estructural, impulsada principalmente por autores de inspiración marxista como Antonio Gramsci, Theodor Adorno, Max Horkheimer o Michel Foucault, subraya la conexión entre la producción y reproducción simbólica y las estructuras sociales, políticas y de poder en las cuales se llevan a cabo.

Sin duda, una de las escuelas que más ha influido en los análisis sobre cultura ha sido la Escuela de Frankfurt, surgida de manera paralela al auge del cine sonoro (1927-1939) y los primeros tanteos de la televisión (1936-1939), que revolucionaron la forma en que las poblaciones de países industrializados se relacionaban con la producción cultural.  Con la llamada Teoría Crítica (1937), sus impulsores más renombrados, Theodor Adorno y Max Horkheimer, se propusieron penetrar en el sentido de los fenómenos culturales de la sociedad de su tiempo, marcada por la Guerra Fría y la globalización.

Los postulados de la Teoría Crítica se centraron en cuestionar cómo la industria cultural manipula a las masas ofreciendo productos de «bajo valor artístico» que moldean sus hábitos de consumo y pensamiento. El cimiento de esta afirmación es el concepto de «cultura de masas», según el cual los sujetos se entienden como una masa uniforme manipulada, pues, como afirman Adorno y Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración, «a través de las innumerables agencias de la producción de masas y de su cultura se inculcan al individuo los modos normativos de conducta, presentándolos como los únicos naturales, decentes y razonables».

Sin embargo, si bien la Teoría Crítica significó un paso de avance en la comprensión de los fenómenos culturales directamente conectados con su naturaleza política, económica y de poder, presenta limitaciones al abordar las culturas populares. Tiende a subestimarlas y a confundir lo «masivo» con lo «popular», y, aunque critica la visión ilustrada de la cultura, termina evaluando la producción artística utilizando la vanguardia como referente, lo que deja fuera buena parte de la producción cultural proveniente de las bases populares.

Si bien la Teoría Crítica significó un paso de avance en la comprensión de los fenómenos culturales directamente conectados con su naturaleza política, económica y de poder, presenta limitaciones al abordar las culturas populares.

Asimismo, su análisis manifiesta una contradicción clave: al asumir que los mecanismos de dominación son prácticamente inamovibles, se niega la posibilidad de que los individuos o las comunidades asuman procesos emancipatorios. De ahí que resulte hoy una teoría poco efectiva para comprender cómo la cultura contemporánea resignifica lo culto, lo popular y lo masivo.

Al tratar a los sujetos como estandarizados, ignora su capacidad crítica y organizativa, lo que no le permite explicar los avances sociales y las resistencias que han tomado fuerza desde la segunda mitad del siglo xx. Asimismo, al desechar el peso de las historias de vida en la conformación de la personalidad y el gusto, tampoco explica cómo sujetos pertenecientes a una misma clase social y desarrollados en el mismo contexto sociopolítico pueden presentar gustos, ideologías y cosmovisiones totalmente opuestas.

Una de las críticas más lúcidas a este paradigma que podemos leer desde Cuba proviene del profesor e investigador José Ramón Vidal en su libro Medios y públicos [2], en el cual afirma: «En su afán crítico, estos autores asumen, inconscientemente, los postulados del pensamiento conservador burgués que sirvió de sustento a la teoría hipodérmica. En su racionalización extrema, desconocen el papel de la subjetividad y anulan al hombre como portador de una cultura y de identidades múltiples que le sirven para enfrentar, si se actúa conscientemente en esa dirección, a los mecanismos manipulatorios».

Los burgueses ya no van a la ópera, bailan reguetón

Algunos cubanos recordarán la famosa novela Al compás del son, ambientada alrededor de 1933, en la cual una familia de la burguesía tradicional se debatía entre mantener sus costumbres clásicas o divertirse con la música de las «clases populares». El producto audiovisual describe a la perfección un fenómeno que se fue consolidando con la expansión de la radio y, luego, de la televisión, en el cual los consumos culturales se mezclaban cada vez más.

Entonces, ¿el son pasó de ser un arte popular a convertirse en un arte burgués? Pues no, solo que las industrias culturales tomaron aquellas creaciones provenientes de las clases populares y las convirtieron en productos también para las élites. Algunos compositores «blanquearon» y «descafeinaron» su música para hacerla menos controversial ante las élites conservadoras, otros mantuvieron intactas sus esencias, pero casi ninguno de los que trascendieron lo hicieron de espaldas al mercado.

En la segunda mitad del siglo xx, la posmodernidad cuestionó aún más las divisiones rígidas entre la alta cultura y la popular. Artistas como Warhol y Mapplethorpe rompieron barreras al integrar elementos de la cultura de masas —como la publicidad o el porno— en las llamadas bellas artes. En Latinoamérica, Violeta Parra o Frida Kahlo tomaron símbolos de las culturas «subalternas» y los convirtieron en elementos de culto, que luego también fueron «de masa». Delimitar lo popular, lo masivo y lo «culto» resultó una aspiración cada vez más inútil. Este proceso es sistematizado por el sociólogo Gilberto Jiménes[3] cuando explica cómo el desarrollo tecnológico ha posibilitado un acceso masivo a las expresiones culturales, sin importar si son «de élite» o populares, desdibujando aún más sus fronteras.

Camiseta de Frida Khalo
Camiseta inspirada en la obra de Frida Khalo foto Estay

Hoy, un aria de ópera puede aparecer en una película de serie B o en un show de talentos. Incluso cantantes líricos hacen duetos con artistas del género urbano, como sucedió recientemente entre el tenor italiano Andrea Bocelli y la reguetonera colombiana Karol G. En plataformas como YouTube o Spotify cuesta lo mismo acceder a una sinfonía de Mozart que a un concierto de Bad Bunny: lo que define el consumo no es la pertenencia per se a una clase social determinada, sino la inclinación estética del usuario.

Para poner ejemplos «del patio», La totaila de Bebeshito se baila en los bares más exclusivos de La Habana —cuya entrada cuesta más que el salario de un médico— y también en «un bonche» o fiesta popular ubicada en lo que el discurso político cubano prefiere llamar «barrios vulnerables». Igualmente, en un concierto como el que ofreció el cantautor Pablo Milanés —entendido como «de culto»— antes de fallecer, pudimos ver a miles de cubanos reunidos, tanto de La Timba como de Miramar, progobierno y opositores, intelectuales y obreros… Incluso es muy probable que varios de los asistentes a aquella presentación en la Ciudad Deportiva también lo hayan hecho —luego de emigrar— a la ofrecida por la nueva promesa del género urbano en el Miami Pitbull Stadium.

Como mismo ocurrió con el son, lo consumido por la élite no se vuelve per se elitista, ni lo consumido por el pueblo tiene que dejar de ser «de culto». De hecho, la distinción de si un producto es «popular» o «de élite» pierde sentido cuando las élites de hoy no tienen consumos tan diferentes de los de las clases populares. Por supuesto, con esto no se niegan las brechas clasistas ni su impacto en los consumos culturales; sin embargo, estas inciden más en los modos de consumo —¿dónde y cómo se hace?— que en lo que se consume, aunque las desigualdades en el acceso a la educación necesaria para apreciar un determinado producto también pudieran influir en esto último. Y digo «pudieran» porque siempre cabe la posibilidad de que una persona «letrada» prefiera interactuar con una expresión cultural de menor complejidad estética y conceptual, y viceversa.

Lo consumido por la élite no se vuelve per se elitista, ni lo consumido por el pueblo tiene que dejar de ser «de culto».

Por tanto, el gusto o disgusto por el género urbano, o por cualquier otro, debe analizarse fuera de los marcos del marxismo ortodoxo —muchas veces antimarxiano al desechar las mediaciones que no olvidaban ni Marx ni Engels—, que intenta reducirlo todo a una cuestión de clases sociales y dominación. Tampoco responde únicamente a un factor «educativo», aunque claramente la educación influye en la conformación de la visión estética e ideológica de cualquier sujeto, sino a los puntos de contacto o distanciamiento entre un determinado producto artístico/cultural y su consumidor, en los que intervienen factores ideológicos, historias de vida, tradición familiar y otras subjetividades más difíciles de cuantificar.

Mercantilización vs. resistencia

Otro de los falsos dilemas que se plantean en el debate gira en torno a la «mercantilización de la cultura». Se repite la frase de mantener la «resistencia» del «arte verdaderamente valioso» ante la «mercantilización de la cultura». Sin embargo, ¿el «arte verdaderamente valioso» está exento de procesos de mercantilización?

Si en algo acertaron los teóricos de la Escuela de Frankfurt y sus seguidores, es en la máxima de que, bajo un sistema mundial de producción y reproducción de la vida basado en el capital, es imposible que un producto cultural sea perdurable sin que, en algún momento entre en la lógica del mercado. Pues el mercado —y el capital— abarca desde cómo se produce hasta cómo se consume y distribuye. ¿O acaso los artistas «verdaderamente valiosos» fabrican sus propios instrumentos musicales, no cobran las entradas a sus conciertos o no distribuyen sus productos en plataformas digitales hegemónicas?

Por otro lado, el mercado del arte y la cultura se hace cada vez más amplio, y en él hay espacio para casi cualquier expresión. Avanzada la segunda década del pasado siglo, surgió un boom de movimientos culturales alternativos que intentaron rebelarse contra el sistema mercantil de la cultura y el arte. The Beatles en el Reino Unido, Mercedes Sosa en Argentina y, más tarde, el fenómeno de la Movida en España, fueron ejemplos de artistas, agrupaciones y movimientos que irrumpieron con un fuerte carácter antihegemónico. ¿Cuál fue la respuesta de las élites y el mercado? ¿Censurar? No, lo censurado siempre se volverá atractivo. En cambio, se aplicó la lógica del viejo refrán: si no puedes con tu enemigo, únete a él.

El mercado del arte y la cultura se hace cada vez más amplio, y en él hay espacio para casi cualquier expresión.

El mercado abrió las puertas al talento de estos artistas, que vendieron millones de discos, y aunque algunos no perdieron su esencia, «La Negra» cantó en el Carnegie Hall de Nueva York, en el corazón del imperio; los Beatles fueron galardonados con la Orden del Imperio Británico, devuelta más adelante solo por Lennon; y hace unos meses vimos posar a Alaska y su esposo Mario —exponentes icónicos de la Movida— con Isabel Díaz Ayuso, figura prominente de la derecha española, agradeciéndole su «gran trabajo» por la cultura. Lo «subalterno» pudo mantenerse o no en el contenido y la forma de su arte, pero no en su relación con la industria y el poder, a no ser que queramos admitir que existen ricos excluidos del sistema.

Incluso en esta Isla, que dice resistir a la lógica del capital, el mercado ha hecho lo mismo con las camisetas del Che Guevara, que hoy se comercializan en puntos turísticos estatales en la «moneda del enemigo», junto a libros de Fidel Castro que son comprados por gringos y europeos de la progresía para adornar sus estantes, con el sueldo «bien ganado» que probablemente obtienen como trabajadores de una transnacional que saquea los recursos naturales y humanos de los pueblos que ambos líderes procuraron «salvar del capitalismo». Sí, la mercancía roja también se vende «en verde».

camisetas del che vendidas en Cuba
Imagen de referencia / Foto: Rubén Padrón (2017)

Mientras el capitalismo en sus múltiples variantes sea el sistema que domina el planeta, en un mundo mercantilizado no hay nada relevante que logre escapar de la lógica del mercado. A lo más que puede aspirarse es a encontrar, dentro de ese mercado, un nicho coherente con los valores que se defienden, así como a procurar que dicho mercado tenga regulaciones de distribución que permitan reducir las brechas en el acceso y desarrollo tanto de los artistas como de sus públicos, de ahí que la afirmación de que un artista es menos valioso por formar parte de una lógica mercantil es, cuando menos, falaz.

Ahora, tampoco se puede caer en la falacia neoliberal de que el mercado del arte abre sus puertas a todos por igual, especialmente en tiempos en que los algoritmos pueden, si bien no determinar, influir fuertemente en los gustos y, por tanto, en las ventas. Casi todas las expresiones artísticas se concretan en ese mercado, mas no todas participan de la misma forma ni con los mismos réditos. Ese mercado también dispone de mecanismos para «castigar» expresiones que no se subordinan a su lógica o que afectan intereses de las clases y grupos que lo dominan, que, dicho sea de paso, tampoco son homogéneos.

Tampoco se puede caer en la falacia neoliberal de que el mercado del arte abre sus puertas a todos por igual.

Más que luchar contra la mercantilización de la cultura, la forma de impulsar procesos contrahegemónicos debería centrarse en construir mercados alternativos para productos alternativos, con la apuesta de que en algún momento puedan disputar la hegemonía a los ya establecidos. En este camino, es imprescindible conocer y tener en cuenta los intereses de las audiencias y del propio mercado. Porque cualquier obra o artista que goce de popularidad y sea excluido de ese «nuevo mercado» encontrará las puertas abiertas en el mercado tradicional hegemónico. Y, por el contrario, una obra que no logre conectar con los intereses y gustos de las audiencias difícilmente pueda «viralizarse» por más que se repita y se haga accesible.

Dicho en términos llanos: si a Bebeshito se le excluye de la televisión cubana, la gente verá menos televisión cubana, pero no verá menos a Bebeshito, pues no faltará quien quiera brindarle su espacio. Lo único que se logra es rebotarle vistas a los canales que hoy lo están mostrando.

De la guerra cultural a la disputa de sentidos

Partiendo de que toda producción cultural necesita del mercado de la cultura, y de que todo mercado de la cultura precisa cautivar los intereses cada vez más diversos de las audiencias, pasemos al tema final de este texto: la guerra/batalla cultural. Pero ¿de quiénes contra quién?

Es curioso que, en polos tan distantes como el intelectual cubano comunista Abel Prieto y el «libertario» argentino Agustín Laje, se puedan encontrar elementos comunes en su análisis sobre la batalla/guerra cultural, pese a que parten de posiciones supuestamente tan opuestas.

Según Laje[4], «la exclusión de productos culturales asociados a valores conservadores, religiosos o de derecha no es consecuencia de la falta de interés del público, sino de un diseño ideológico que busca homogeneizar el mercado cultural bajo una única cosmovisión progresista». Por su parte, Prieto afirma que «se han hecho contribuciones importantes en favor de esa cultura antifascista de la que hablábamos, pero los grandes circuitos de legitimación en términos culturales, los grandes premios de las editoriales, los que da Hollywood, los Oscar, los Grammy, los que da la industria de la música, todos se dirigen a estimular la producción artística y literaria que no sea peligrosa para el sistema».

En los postulados de ambos intelectuales hay varios elementos en común. El primero es otorgar a las industrias culturales la capacidad absoluta de manipular las mentes de «las masas». El segundo es asumirse en una posición de desventaja ante el mercado cultural. Y el último es el llamado a una política que permita «hacerles frente».

En los postulados de ambos intelectuales hay varios elementos en común. El primero es otorgar a las industrias culturales la capacidad absoluta de manipular las mentes de «las masas».

Pero, ¿son progresistas o conservadores el mercado cultural y los mecanismos legitimadores? Ni uno ni otro. La falla está en asumir «los dominantes» y «los dominados» como una masa homogénea enfrentada, y no como una constante disputa de sentidos entre múltiples grupos políticos: la disputa simbólica no solo se produce en la lucha entre dos clases sociales, ni entre la izquierda y la derecha, sino también en lo interno de esas mismas clases y alineaciones.

Lo que les molesta a los conservadores de derecha es que grupos que no comulgan con su ideología y que antes no tenían acceso a esas industrias —y cuyas historias, por tanto, eran desconocidas (feministas, personas LGBTIQ+, racializadas, procedentes de centros periféricos)—, ahora disputen el espacio —y mercado— con narraciones que ponen como centro al hombre blanco heterosexual, que no han dejado de producirse ni venderse. Lo que les molesta a los dogmáticos reconocidos como de izquierda es que las historias de su facción no tengan la representatividad que desean y, en el caso cubano, haber perdido el monopolio de lo que la gente puede o no puede consumir.

La llamada guerra/batalla cultural no es un enfrentamiento medieval entre dos ejércitos opuestos, sino el resultado de múltiples contradicciones entre grupos políticos que se vuelven excluyentes entre sí en un momento en el que la sociedad occidental atraviesa una crisis de paradigmas ante problemáticas tan variadas como el cambio climático, las oleadas migratorias o la integración de grupos identitarios históricamente excluidos.

La llamada guerra/batalla cultural no es un enfrentamiento medieval entre dos ejércitos opuestos, sino el resultado de múltiples contradicciones entre grupos políticos.

Por poner un ejemplo, la disputa por las cuestiones de género no solo se da entre mujeres feministas y hombres defensores de la familia tradicional, sino también entre el feminismo liberal y el feminismo negro, o entre los feminismos TERF y los transinclusivos. Del mismo modo, en el ala conservadora, supuestos «libertarios» piden la cabeza de sus adversarios de la derecha tradicional por plegarse al statu quo impulsado por organismos multilaterales con instrumentos como la Agenda 2030. En una guerra cultural presentada con bandos de forma homogénea, ¿cómo situar en el mismo grupo a quienes no se sienten parte del otro?

Vale rescatar la concepción bourdieana de la cultura «como un campo de luchas dentro del cual los agentes se enfrentan, con medios y fines diferenciados según su posición en la estructura». Nótese que el sociólogo francés habla de luchas en plural, no de una única lucha, guerra o batalla, y también asume que las posiciones de poder no son estáticas, sino que cambian constantemente, pues aclara que «esta estructura no es inmutable» y que los agentes que forman parte del campo intelectual «pueden describirse como fuerzas que, al surgir, se oponen y se agregan».

El otro presupuesto recurrente entre los analistas de la «guerra cultural» es el tema de la ideologización: «el enemigo» ideologiza las mentes de la población, principalmente a través de las industrias culturales. Esta afirmación desconoce no solo la capacidad crítica de cada sujeto, sino también la diversidad existente en esas industrias. Además, les otorga un poder plenipotenciario para «controlar» la mente, obviando los múltiples factores que pueden incidir en la conformación de una cosmovisión, desde las condiciones materiales de vida del individuo hasta muchas otras subjetividades, como la historia familiar, las redes humanas de las que forma parte y su interacción con la sociedad en general. Decir que la gente votó por Milei por culpa de las redes sociales es tan falaz como afirmar que Sheinbaum ganó en México porque Disney y Netflix les han dicho a las mujeres que con otra mujer a la cabeza estarán más protegidas que con un hombre.

Les otorga un poder plenipotenciario para «controlar» la mente, obviando los múltiples factores que pueden incidir en la conformación de una cosmovisión.

El último elemento que podemos ver en la guerra/batalla cultural es el tema del «llamado a la acción». Sus defensores asumen que deben impulsarse más contenidos afines a su «bando», más «reflexión crítica» en los receptores, y si bien son cuidadosos al hablar directamente de censura, defienden la idea de que, ante el riesgo inminente, debe pasarse a la acción.

Hasta ahí, no vemos nada esencialmente peligroso. El problema surge en la interpretación extremista de esta máxima por parte de decisores, que ha implicado múltiples perjuicios, sobre todo cuando no se pretende que sean las personas quienes elijan —pues se las infantiliza— y se asume que un sector ilustrado debe definir qué puede y debe ver, leer, escuchar… la gente y qué no. Este ha sido el sustento para que Milei eliminara el presupuesto a instituciones progresistas como parte de la «batalla cultural», que Elon Musk bloqueara el «contenido woke» en X, o para que en Cuba se siga censurando —casi siempre inútilmente— aquellas obras para las que, desde una elevada oficina, se asume que la población «no está preparada».

La perspectiva de que «en la guerra vale todo» es la justificación perfecta para que políticos, burócratas y extremistas carguen contra todo lo que consideren que pueda poner en peligro su statu quo o no corresponda con su facción ideológica. Sin embargo, la calle es mucho más rica que cualquier decreto o aspiración de dictar desde un despacho lo que se debe ver o escuchar.

Una pre/ocupación legítima

Lo dicho hasta el momento no elimina la necesidad de que los Estados, partidos y asociaciones civiles se preocupen y ocupen de los consumos culturales de la población. Sobre todo porque, si bien un producto cultural no determina ideologías, valores ni comportamientos, sí puede, combinado con otros factores, influir en estos. La pre/ocupación, más que centrarse en señalar con el dedo elementos «nocivos» de las obras, debería orientarse a promover debates cívicos que posibiliten un distanciamiento crítico de estas y, por otro lado, a crear espacios e incentivos para la producción de un contenido de corte emancipatorio.

En el caso del reparto cubano, son constantes los señalamientos de machismo y sexismo en su contenido. Sin embargo, he visto a feministas —incluso académicas— perrear hasta abajo con Bebeshito, sin que esto signifique que respalden mensajes que puedan ser violentos hacia la mujer. Porque, además, seamos sinceros: esos mensajes no solo están en el reparto, sino también en la música tradicional cubana, en la trova, en las telenovelas que se transmiten en horario estelar, en la literatura y en el cine. Lo que molesta del reparto es que, por lo general, los muestran de forma más cruda y descarnada, pero que estén más o menos edulcorados no significa que sean más o menos «peligrosos». Nos choca más ver la cara de una mujer golpeada que la de otra que usa maquillaje para ocultar los moretones.

Nos choca más ver la cara de una mujer golpeada que la de otra que usa maquillaje para ocultar los moretones.

No es común entre los adalides de la guerra cultural cuestionar el sexismo en una canción del trovador cubano Tony Ávila, cuyo estribillo es «A Chacho, lo que más le gusta de Chicha es que siempre tiene limpia la choza», que tanto en el sentido literal como en el figurado sitúa a la mujer en una posición de complacencia con respecto al hombre. Por no mencionar a quienes apoyaron hasta el último momento al autor de «todas las pepillas me caen bien, las universitarias, las de pre y secundaria», cuando varias mujeres lo acusaron de abuso sexual, simplemente porque era un «trovador revolucionario». Y con esto no quiero decir que haya que cancelar esas canciones, sino que el debate sobre el sexismo y el distanciamiento crítico de las obras que lo reproducen debería ser el mismo para todos.

En la otra cara de la moneda, habría que preguntarse por qué en el reparto y en el género urbano comercial cubano escasean —aunque no están totalmente ausentes— creaciones con mensajes contra la violencia machista como «Yo perreo sola» de Bad Bunny o «Yo no soy tu bizcochito» de Rosalía, también con decenas de millones de reproducciones en las plataformas hegemónicas. Podrá cuestionarse si esos mensajes tienen la real intención de incidir en las problemáticas de género o son una mera estrategia de marketing. Aun así, ¿esa ausencia en el reparto cubano es un problema del género en sí, o se debe a que el mercado de la Isla no ha sabido o querido promover esos valores y agendas, y a que las audiencias tampoco los han incorporado?

Habría que preguntarse por qué en el reparto y en el género urbano comercial cubano escasean creaciones con mensajes contra la violencia machista.

Algo similar sucede a la hora de afirmar que tanto el reparto como las series y películas norteamericanas promueven un modo de vida basado en el consumismo, enajenando a «las masas» de los problemas que ocasiona ese consumo. ¿La telenovela cubana no hace algo similar al desarrollarse casi todo el tiempo en espacios acomodados, en un país que ha visto aumentar su pobreza y desigualdad en los últimos años? ¿Qué modelos alternativos al consumismo deberían promoverse? ¿Hay claridad y consenso en este sentido? ¿Cuánta representación tienen estos modelos en los productos culturales cubanos promovidos desde el Estado y medios oficiales?

Los reparteros y reparteras en Cuba no vinieron de Marte; nacieron y crecieron en un sistema patriarcal y cada vez más clasista que durante mucho tiempo afirmó que los problemas de las mujeres ya estaban resueltos porque tenían acceso al trabajo y al estudio, que se negó a hablar de feminicidios y violencia de género, y que aún en el siglo xxi, y a pesar de reconocerse como de izquierdas, no ha implementado un programa de educación sexual con enfoque de género en las escuelas, ni una ley integral contra la violencia de género, para no entrar en contradicción con el fundamentalismo cristiano ni con algunos machirulos que han ocupado y siguen ocupando posiciones de poder. Entonces, ¿qué esperan? ¿Que el reparto, proveniente de las capas más desfavorecidas de la sociedad, deconstruya lo que las políticas y las élites conservadoras no han deconstruido?

Si algo debiera pre/ocuparnos es que quienes hoy solo escuchan a Bebeshito lo hagan, no porque sea una elección consciente, sino porque no han tenido acceso a otros productos culturales y creaciones en un país donde, aunque el Estado sigue subsidiando buena parte de la producción artística y cultural, los espacios son cada vez más reducidos y la lucha por la supervivencia deja menos tiempo y sosiego para «cultivar la mente».

¿Cuántos jóvenes de los barrios pobres, alejados de los centros de la ciudad, han recibido una educación artística de calidad en las escuelas? ¿Cuántos han sido llevados a un concierto o al teatro, donde una entrada puede costar 20 pesos, pero el transporte hacia allí no baja de 200, al menos en la capital? ¿A cuántos se les ha hablado del consentimiento informado? ¿Cuántos han recibido herramientas para tener relaciones sexuales y humanas libres de la violencia que tanto se les critica a esas canciones? ¿Cuántas políticas culturales incluyen la perspectiva de género en sus postulados? ¿Cuántos espacios abiertamente feministas existen en nuestros medios de comunicación estatal e instituciones culturales?

Aclaro que, incluso con una política cultural y educativa más robusta, no se evitará que la gente escuche reparto o consuma «arte comercial». De hecho, su objetivo no debería ser ese, sino que todos, más allá de nuestra procedencia o clase social, tengamos un prisma mucho más amplio y contemos con herramientas para realizar una elección informada, y que luego de esa elección exista también una recepción crítica de todos los contenidos con los cuales se interactúa. Si esto fuera así, tal vez existieran menos canciones machistas, y las que inevitablemente se sigan produciendo, tendrían un efecto mucho menos nocivo en la población.

El mercado seguirá estando ahí: no es un campo de batalla estático, sino un escenario en constante cambio donde se negocian sentidos, valores e identidades. Entonces, para quienes quieran promover la emancipación, la guerra cultural no debería ir de ganar o perder espacios, sino de crear alternativas viables para cuestionar, enriquecer y desafiar todo, incluso lo que asumimos como «inocuo» o «revolucionario».


[1] Quien quiera profundizar puede leer «Thompson, J. B. (1993). El concepto de cultura. Ideología y cultura moderna. Teoría».           

[2] Vidal, J. R. (2012). Medios y Públicos: un laberinto de relaciones y mediaciones. Pablo de la Torriente.

[3] Ver 63. Giménez, G. (2004). Culturas e identidades. Revista Mexicana de Sociología, 77-99.

[4] Laje, A. (2021). La batalla cultural: Reflexiones críticas para una nueva derecha. Editorial Grupo Unión.

Angelus Novus: Ecuador en la trama del liderazgo de Daniel Noboa

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Daniel Noboa
Ilustración: Félix Azcuy

I. Entre halcones y vientos de incertidumbre

En enero pasado, el senador de Florida Marco Rubio publicó una columna instando a Estados Unidos a apoyar a Ecuador en su lucha contra el narcotráfico. En el texto, Rubio destacó la urgencia de una respuesta inmediata con una categórica advertencia: «Si no intervenimos rápidamente, podemos perder a un amigo y aliado clave en nuestro propio hemisferio».

La declaración del senador de origen cubano cobra relevancia con su reciente nominación como secretario de Estado en el gobierno de Donald Trump, justo antes de las elecciones presidenciales en Ecuador. Lo que parecía retórica de un halcón estadounidense se convierte en un desafío directo para las aspiraciones del movimiento progresista liderado por Rafael Correa, cuya influencia política preocupa a Rubio.

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El senador Marco Rubio se reunió en Guayaquil con el presidente Lasso para abordar seguridad y crimen organizado: “Es una misión difícil, costosa pero necesaria”.

El próximo 9 de febrero, los ecuatorianos acudirán a las urnas para decidir en una papeleta electoral de 16 candidatos. Sin embargo, tras la polémica descalificación de un tercer candidato emergente, la contienda se ha reducido a dos figuras con posibilidades reales de triunfo: Luisa González, representante de la Revolución Ciudadana (RC), y el presidente Noboa, quien busca la reelección con su movimiento Acción Democrática Nacional (ADN).

En este artículo, me aparto de los análisis centrados en interpretar encuestas y diseñar estrategias de comunicación. En su lugar, utilizo el concepto del Angelus Novus de Walter Benjamin como marco para explorar las dinámicas de liderazgo de Noboa durante su primer año de mandato.

El Angelus de la historia, con ojos aterrados, contempla un pasado de ruinas mientras un viento implacable lo empuja hacia un futuro incierto. En este análisis, ese viento simboliza las decisiones y estrategias de Noboa, que moldean tanto su proyección política como el rumbo del país de cara a las elecciones de febrero de 2025. ¿Qué define el liderazgo de Noboa y qué implicaciones podría tener para el futuro del Ecuador si, como prefieren actores como Marco Rubio, Noboa logra prolongar su poder hasta 2029?

II. «Un accidente de la democracia»

Una frase incisiva y descriptiva del contexto que llevó a Noboa al gobierno fue pronunciada por la asambleísta afroecuatoriana Paola Cabeza: «Eres un accidente de la democracia». Esta afirmación, más allá de juicios de valor, sintetiza las circunstancias de su victoria en los comicios anticipados de 2023, tras la disolución de la Asamblea por Guillermo Lasso mediante la «muerte cruzada» para evitar su destitución, lo que condujo a elecciones presidenciales y legislativas transitorias.

Daniel Noboa, exlegislador de la disuelta Asamblea, inició su campaña presidencial con un modesto 4.5% de apoyo en las encuestas. Aunque su breve paso por el legislativo impide considerarlo un outsider completo, su bajo perfil político y discreto desempeño explican su limitado reconocimiento entre los votantes al inicio de la contienda.

Entonces, ¿cómo logró Noboa ascender electoralmente? Su triunfo, con el 52% de los votos, puede atribuirse a la convergencia de tres factores clave: a) su linaje familiar, b) la estrategia discursiva de su campaña, y c) el impacto político del asesinato del candidato Fernando Villavicencio.

Durante su campaña, se proyectó como un empresario exitoso, aunque es el principal heredero de Álvaro Noboa, propietario de la mayor compañía exportadora de bananos del mundo. Formado en instituciones de élite como Harvard y ciudadano estadounidense de nacimiento, Noboa mantiene estrechos vínculos con los círculos políticos de poder en Estados Unidos, como lo confirma Robert F. Kennedy Jr., futuro secretario de Salud en el gobierno de Trump, quien afirmó que Daniel «fue criado en mi casa». Su ascendencia ha desempeñado un papel ambivalente en su trayectoria, destacando tanto su abolengo como las cuestionadas prácticas laborales de su grupo empresarial familiar, señalado además como «el mayor evasor fiscal del Estado».

Muñeco de Daniel Noboa
El muñeco de cartón de Daniel Noboa, usado en la campaña electoral de 2023, mostraba al candidato con un estilo casual. Fuente: AP News.

La estrategia comunicativa de Noboa fue clave en su ascenso político. En su carrera hacia la presidencia, combinó redes sociales y herramientas digitales para proyectar una imagen equilibrada en un entorno polarizado. No obstante, tanto en campaña como en su gestión, su discurso ha estado marcado por promesas demagógicas y afirmaciones poco verificables, con solo el 9,88 % de sus 81 declaraciones consideradas ciertas en su último informe a la nación.

En una conferencia de prensa el 2 de abril, el entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador se refirió al asesinato del candidato Villavicencio y su impacto en las elecciones ecuatorianas. AMLO señaló que el atentado debilitó la candidatura de González, inicialmente favorita, y favoreció el ascenso de Noboa. El propósito fue advertir a los medios mexicanos sobre los riesgos de incitar la violencia y difundir acusaciones falsas en procesos electorales.

Aunque sus comentarios fueron objetivos, la situación escaló cuando el gobierno de Noboa declaró persona non grata a la embajadora mexicana en Quito. Este acto, percibido al principio como una reacción desproporcionada, se reveló luego como parte de la trama que culminó en el asalto a la Embajada de México para capturar al exvicepresidente Jorge Glas, quien había recibido asilo político.

III. «Un pésimo, pésimo enemigo»

El 14 de octubre de 2023, autoridades españolas incautaron 13 toneladas de cocaína escondidas entre cajas de bananos provenientes de Guayaquil, en lo que se convirtió en «la mayor operación contra el narcotráfico de su historia y la segunda más importante en la Unión Europea».

Ubicado entre Perú y Colombia, dos de los principales productores de cocaína del mundo, Ecuador se ha transformado en un corredor de tránsito clave, con sus puertos como puntos estratégicos para el envío de droga hacia Europa. Este fenómeno ha intensificado los conflictos relacionados con el narcotráfico, situando a Ecuador como «el país más mortífero de América Latina».

Durante la presidencia de Correa, Ecuador llegó a registrar una tasa de homicidios de 5.8 por cada 100,000 habitantes, posicionándose como uno de los países más seguros de la región. Bajo el gobierno de Guillermo Lasso (2021-2023) esta cifra se disparó a 46.5 por cada 100,000, un aumento de más del 300% en siete años, con asesinatos de políticos, autoridades locales, miembros de bandas y víctimas colaterales de la violencia.

Al asumir la presidencia en noviembre de 2023, Noboa heredó un país en una crisis de seguridad sin precedentes. Aunque prometió implementar el Plan Fénix, con policías estilo «Robocop» y un enfoque punitivo inspirado en Bukele, los primeros meses de 2024 no mostraron avances significativos frente a la escalada de violencia.

Al asumir la presidencia en noviembre de 2023, Noboa heredó un país en una crisis de seguridad sin precedentes.

La gravedad de la situación quedó expuesta el 9 de enero de 2024, cuando, pese al estado de excepción, 13 hombres armados irrumpieron en un canal de televisión en Guayaquil. Las imágenes de encapuchados maltratando al personal simbolizaron un clima de inseguridad creciente, marcado por coches bomba, tiroteos en universidades, motines carcelarios, asesinatos de funcionarios públicos y la fuga de prisión de dos líderes de las bandas más peligrosas del país.

Ante la crisis, el presidente Noboa declaró un conflicto armado interno y designó a 20 grupos de delincuencia organizada como «organizaciones terroristas». Con esta reclasificación, buscó endurecer las políticas de seguridad y alinearlas con estándares internacionales de lucha contra el terrorismo. La medida, respaldada por la Asamblea Nacional y una ciudadanía desesperada, reflejó la gravedad de una ola de criminalidad sin precedentes en la historia del país.

La declaración de guerra permitió a Noboa consolidar su base política al posicionar la seguridad y su enfoque de «mano dura» como pilares de su gestión, lo que facilitó la implementación de medidas alineadas con las directrices del FMI, como el aumento del IVA del 12 % al 15 % y la eliminación de subsidios a los combustibles. Aunque estas acciones no ofrecieron soluciones estructurales ni resultados sostenibles, reforzaron la percepción de un liderazgo firme y decisivo, llevando su aprobación al 82 % en abril de 2024, impulsada por el impacto mediático de sus decisiones y el uso de «golpes de efecto» para captar apoyo de la opinión pública.

Durante su gestión, Noboa ha dirigido ataques hacia diversos objetivos políticos, incluyendo el correísmo, la Asamblea Nacional y miembros de su propio gobierno. Estos ataques forman parte de un relato del «enemigo único», que los presenta como símbolos del «viejo país», en contraposición a su visión de un «nuevo Ecuador» conformado por «gente de bien». Esta narrativa ha sido sostenida mediante un ecosistema de comunicación estratégica que incluye medios corporativos, propaganda digital y plataformas de trolls, financiados con recursos públicos. «Solo para pautaje y difusión ya llevan USD 12,3 millones». Esto equivale a USD 1,025 millones mensuales en su campaña permanente. «Mis contrincantes ―apuntaba Noboa en uno de sus discursos― reconocen que soy un pésimo, pésimo enemigo a tener». De todas las declaraciones del presidente, esta parece ser la más confirmada. Fue pronunciada en el marco de una consulta popular impulsada por su gobierno.

Durante su gestión, Noboa ha dirigido ataques hacia diversos objetivos políticos, incluyendo el correísmo, la Asamblea Nacional y miembros de su propio gobierno.

Noboa obtuvo el respaldo del «sí» en 9 de las 11 preguntas planteadas en el plebiscito. Entre las medidas aprobadas destacan la colaboración de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interna, la extradición de ecuatorianos y el endurecimiento de penas relacionadas con la criminalidad y el narcotráfico. Por otro lado, los votantes rechazaron reconocer el arbitraje internacional como método para resolver controversias entre Estado y corporaciones y modificar las leyes laborales para permitir contratos por horas.

En un Ecuador azotado por la violencia, la consulta popular ha transformado la seguridad en un arma política que desplaza la inclusión, la justicia social y la reconstrucción del tejido social. Prácticas como la «paloterapia» —en las que militares golpean a presuntos criminales estigmatizados por su apariencia o condición social— son grabadas, difundidas y celebradas por una ciudadanía que exige justicia inmediata. Este espectáculo de violencia estatal, legitimado como mecanismo de control, refuerza un modelo securitista basado en el miedo ―al inmigrante, al negro, al indígena, al empobrecido― y normaliza la crueldad como respuesta socialmente aceptable.

El caso de los cuatro niños afroecuatorianos —Steven Medina (11 años), Saúl Arboleda (15 años) y los hermanos Ismael y Josué Arroyo (15 y 14 años, respectivamente)— «no es un caso aislado» y expone las consecuencias de las políticas de seguridad del gobierno de Daniel Noboa. Cuerpos calcinados aparecieron días después «en una zona cercana a una base de las Fuerzas Armadas»; está por confirmar si se trata de los niños. Desde la lógica de la necropolítica, planteada por Achille Mbembe, el poder estatal decide qué vidas son descartables, legitimando la violencia extrema contra los sectores más vulnerables. En lugar de abordar las raíces estructurales de la violencia que asola al país, el gobierno instrumentaliza la narrativa de seguridad para militarizar Ecuador, consolidar alianzas con intereses geoestratégicos y afianzar su poder, sacrificando vidas humanas en el proceso.

El asalto a la Embajada Mexicana para capturar a Jorge Glas, junto con la ruptura de relaciones diplomáticas con México —país clave en la ruta del creciente éxodo de ecuatorianos que huyen de la multicrisis—, refleja la apuesta de Noboa por construir una imagen «bukeliana» como eje de su estrategia política. Con sorprendente franqueza, Noboa declaró a The New Yorker: «Si Glas hubiera escapado, habríamos perdido el referéndum, porque nos habría hecho parecer débiles».

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En 2024, cerca de 100.000 ecuatorianos abandonaron el país, evidenciando la profundidad de la crisis política, económica y social que azota al país. Foto: Primicias.

En un contexto donde el clivaje correísmo/anticorreísmo funciona como un eje polarizador, Noboa instrumentaliza el conflicto para desviar la atención de la ausencia de resultados y reforzar el apoyo de un electorado que prioriza la confrontación sobre la gestión. Este enfoque se inscribe en una lógica de «populismo punitivo», donde la demostración de fuerza y el castigo selectivo se convierten en herramientas clave para apuntalar su liderazgo.

Alondra Santiago, periodista ecuatoriana nacida en Cuba, llegó a Ecuador a los 13 años y se ha consolidado como una voz destacada del periodismo crítico. Cofundadora del medio digital IngobernablesEc, se enfoca en temas políticos que incomodan tanto al gobierno como a sectores conservadores y de ultraderecha. Su trabajo la ha convertido en un referente para audiencias progresistas, pero también en un blanco de ataques que incluyen acusaciones xenofóbicas y descalificaciones ideológicas. En un contexto marcado por creciente autocensura, hostilidad e inseguridad, Ecuador ha registrado este año «el mayor desplome en el ranking de libertad de prensa en la región».

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Alondra Santiago. Periodista ecuatoriana nacida en Cuba, desterrada del Ecuador tras interpretar una canción crítica contra el gobierno de Noboa que incluía estrofas del Himno Nacional, Salve Patria. Fuente: El Tiempo.

La controversia que desencadenó el destierro de Alondra Santiago surgió tras interpretar una canción crítica al gobierno Noboa que incluía versos del Himno Nacional, Salve Patria. Aunque empleó un recurso de sampleo, fue acusada en redes de parodiar el himno, lo que desató una campaña coordinada de denuncias que culminó en la revocación de su visa, por supuestos motivos reservados de seguridad nacional. Analistas consideran su expulsión como un «regalo al anticorreísmo duro» para consolidar el respaldo al régimen. Desde México, donde continúa su labor periodística, Santiago advirtió: «Hoy soy yo, mañana puede ser cualquier ciudadano».

La posibilidad de que cualquiera sea víctima de la violencia política bajo el gobierno de Noboa encuentra su mayor expresión en el caso de Verónica Abad, su propia vicepresidenta. El enfrentamiento entre ambos no solo revela una pugna de poder, sino también cómo Noboa ha ignorado la Constitución para evitar ceder temporalmente la presidencia durante su campaña electoral. Al relegar a Abad a misiones diplomáticas en Israel y Turquía, buscó excluirla del escenario político nacional y neutralizarla como posible sucesora, contradiciendo la normativa que establece que la vicepresidencia debe asumir el cargo si el presidente busca la reelección.

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Verónica Abad, vicepresidenta electa y actualmente suspendida, ha presentado una acción de protección para defenderse. Mientras tanto, el Gobierno evalúa la posibilidad de que el presidente no delegue el mando durante su campaña electoral. Foto: Plan V.

Para mantenerse en el poder mientras se proyecta como candidato, Noboa ha recurrido a estrategias que desafían la institucionalidad y, en ocasiones, rozan lo absurdo. Entre ellas destaca la trivialización del rol de la vicepresidencia con frases como «pude haberla enviado a la Antártida» y una campaña de acoso que incluye un sumario administrativo para suspenderla del cargo. Estas acciones reflejan un patrón de abuso de poder y la reiterada violación de normas legales para obtener ventajas. La violencia política ejercida contra Abad no es un hecho aislado, sino un síntoma de una crisis sistémica que debilita los fundamentos institucionales y democráticos de Ecuador, configurando un régimen con claros tintes autoritarios.

En este contexto, Jan Topic, empresario de centro-derecha, emergía como uno de los principales contendientes de Noboa en las elecciones presidenciales de 2025. Sin embargo, su candidatura fue inhabilitada por el Tribunal Contencioso Electoral en un proceso cuestionado por el uso de informes reservados que limitaron su defensa. Este hecho, que refleja el control de Noboa sobre los poderes electorales, fue descrito por el secretario de la OEA, Luis Almagro, como «un serio revés a la democracia ecuatoriana».

El caso de Andrea Arrobo, primera mujer en liderar el Ministerio de Energía y Minas, refuerza la percepción de Noboa como un líder que recurre al ensañamiento y prácticas misóginas. Arrobo asumió el cargo en medio de una crisis energética, alertando sobre un déficit de 1.600 MW que exigía medidas urgentes. Sin embargo, tras los apagones masivos de 2024, Noboa la destituyó acusándola de conspirar con el correísmo para «apagar al país». En una carta pública, Arrobo calificó su destitución como una estrategia para desviar la atención de Noboa, afirmando: «Me prohibieron hablar porque la verdad habría sido devastadora para sus intereses». Además, advirtió que, de revelarla, «mi vida y la de mi familia habrá acabado», tras denunciar actos de intimidación, como drones y patrulleros rondando su hogar.

Los apagones, de hasta 14 horas diarias, han golpeado gravemente la economía y la vida cotidiana de los ecuatorianos, exponiendo la incapacidad del gobierno para gestionar la crisis. Según la Cámara de Industrias y Producción, cada hora sin electricidad cuesta al sector industrial unos $2,4 millones, lo que equivale a pérdidas de hasta $20 millones por noche. En 2015, Ecuador figuraba entre los cinco países con mayor seguridad energética y exportaba electricidad a sus vecinos; hoy, enfrenta un déficit severo, dependiendo de las lluvias, importaciones desde Colombia y contratos con barcazas turcas, que, pese a su elevado costo, no han resuelto los apagones ni cubierto plenamente la demanda.

El mal manejo de la crisis energética ha debilitado la credibilidad del presidente, como lo evidencia el «descalabro en su popularidad». Mientras tanto, la oposición, liderada por la candidata del correísmo, intenta canalizar el descontento social con una narrativa centrada en la recuperación de la institucionalidad, la justicia social y la obra pública. En un contexto de inseguridad, inestabilidad económica y desempleo, González tiene posibilidades reales de consolidar su ventaja y triunfar en las urnas, aunque persiste el escepticismo popular resumido en la frase: «Luisa no va a ganar ni ganando­».

IV. Bases militares y democracia inclinada

Durante el gobierno de Correa (2007-2017), Ecuador adoptó un modelo posneoliberal inspirado en un keynesianismo progresista, de fuerte intervención estatal, políticas redistributivas y una relativa reducción de la influencia de las élites tradicionales en el gobierno, sin embargo, Lenín Moreno, quien llegó al poder con el respaldo del correísmo, se apartó rápidamente de esta línea, reinstaurando políticas neoliberales de los años 90 y promoviendo un proceso de desinstitucionalización que debilitó profundamente al Estado.

La pandemia de covid-19 profundizó la crisis estatal en Ecuador, debilitando las capacidades institucionales y facilitando la apropiación de recursos públicos por actores privados. Paralelamente, la «descorreización» se consolidó mediante una intensa campaña mediática y el uso del lawfare, que judicializó y criminalizó a las principales figuras del correísmo. Estas estrategias no solo generaron una espiral de silencio entre sus simpatizantes, sino que construyeron un imaginario social que vinculó al correísmo primero con la corrupción y, bajo el gobierno de Noboa, con la «la narcopolítica».

Durante el gobierno de Lasso se consolidó un modelo especulativo-financiero que profundizó la desigualdad y debilitó las capacidades estatales. En este contexto, Ecuador se convirtió en un ejemplo de la necropolítica descrita por Achille Mbembe, donde el abandono del control estatal permitió que bandas criminales decidieran quién vive, quién muere y quién debe pagar «vacunas extorsivas» para sobrevivir.

Durante el gobierno de Lasso se consolidó un modelo especulativo-financiero que profundizó la desigualdad y debilitó las capacidades estatales.

Con Noboa, esta dinámica no solo persiste, sino que se intensifica. Su gobierno mezcla elementos del neoliberalismo heredado de sus predecesores con un autoritarismo en ascenso, mientras se consolida un narcoestado y se profundiza la alineación con los intereses geoestratégicos de Estados Unidos.

En 2009, Rafael Correa decidió no renovar el contrato de la Base de Manta, argumentando que su presencia comprometía la soberanía nacional. Desde entonces, medios corporativos y los tres gobiernos posteriores han utilizado esta decisión para vincular el aumento del crimen organizado y el narcotráfico con el cierre de la base estadounidense, pese a que los datos oficiales contradicen ese relato.

Con el gobierno de Lasso, Ecuador firmó un acuerdo con Washington, similar al Plan Colombia, conocido como Acuerdos sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA). Este pacto otorga al personal militar y civil extranjero privilegios, exenciones e inmunidad judicial. Noboa ratificó el convenio y apuesta por su ampliación, para lo cual ha enviado a la Asamblea Nacional una reforma parcial para eliminar la prohibición constitucional de bases extranjeras en el territorio nacional.

La militarización de las Islas Galápagos, autorizada el pasado 10 de diciembre, ha suscitado serias preocupaciones al comprometer la soberanía nacional y amenazar el frágil equilibrio ecológico del archipiélago, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1978. Los privilegios e inmunidades otorgados al personal militar estadounidense intensifican las dudas sobre las consecuencias a largo plazo para la autonomía política y el patrimonio ambiental del país.

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Galápagos, Patrimonio Natural de la Humanidad desde 1978, enfrenta un futuro incierto tras la autorización de su militarización por fuerzas estadounidenses. Fuente: La Jornada.

La presencia militar en Galápagos parece responder más a los intereses geoestratégicos de Estados Unidos que a una política de seguridad efectiva para Ecuador. En los hechos, el tráfico de droga conecta las fronteras con los puertos continentales, donde los grupos de delincuencia organizada aseguran el traslado hasta su camuflaje en cajas de banano para la exportación. La distancia entre el discurso que justifica las bases militares y la dinámica real del narcotráfico evidencia la falta de soluciones estructurales para abordar este problema multicausal.

La colaboración entre el gobierno de Noboa y los intereses geoestratégicos de Estados Unidos, que comenzó con el intento fallido de donar «chatarra bélica» rusa a Ucrania, ha sido respaldada por la administración de Joe Biden y figuras como la general Laura Richardson, jefa del Comando Sur. La decisión del Departamento de Estado de negar visas a Correa, Glas y los familiares de ambos, aunque ninguno las había solicitado, fue un claro espaldarazo político a la reelección Noboa. En contraste, un grupo de congresistas demócratas ha pedido a Biden que revise su relación con Ecuador ante las amenazas a la democracia, los derechos humanos, la administración imparcial de justicia y las normas internacionales.

En este escenario, la declaración de Marco Rubio introduce un matiz aún más inquietante: ¿qué significa «intervenir rápidamente» para no perder a un amigo y aliado clave en su zona de influencia? ¿Qué acciones tomará la nueva administración para garantizar la continuidad de sus intereses, ya sea fortaleciendo a su aliado o entorpeciendo el triunfo de la corriente política que percibe como adversa?

Daniel Noboa representa un liderazgo que combina autoritarismo emergente con una comunicación estratégica orientada a proyectar cercanía y eficacia. Sustentado en golpes de efecto y narrativas polarizadoras, ha consolidado su base política explotando el miedo de una sociedad sumida en la violencia. Su gestión, marcada por el punitivismo y la confrontación, privilegia la apariencia de fuerza sobre soluciones estructurales, mientras enfrenta serios cuestionamientos por la erosión de derechos humanos. En esta trama de poder, su gobierno mantiene la «cancha inclinada», caracterizada por el uso de recursos públicos, control mediático, parcialidad judicial y exclusión electoral de sus competidores, profundizando la precariedad institucional y democrática del país.

Descrito como «el nuevo Narco-Estado del mundo», Ecuador, al igual que el Angelus Novus es arrastrado por los vientos neoliberales de la democracia restringida, la captura oligárquica del Estado y el intervencionismo norteamericano, dejando a su ciudadanía en riesgo de no poder decidir en las urnas un futuro mejor.

Michel Mirabal: «La Cuba que pudo ser»

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Ilustración: Félix Azcuy

La Joven Cuba comparte la transcripción de la entrevista al artista plástico Michel Mirabal, a propósito de la serie de entrevistas por los 10 años del anuncio del 17 de diciembre de 2014.

Tuve la suerte de saber que algo se cocinaba, porque yo trabajo con una galería en Estados Unidos y tengo muchos amigos y clientes que estaban en el proceso de la supuesta normalización, que nunca fue, pero bueno, lo que fue aquello. Entonces veía en las cenas y demás, que hablaban entre ellos. Yo sabía que algo venía, y me dio por hacer una serie que tuviera que ver con las banderas de Estados Unidos y Cuba y todo el fenómeno alrededor de la emigración cubana.

La gente me decía: «¡Pero tú lo sabías! La obra que estás desarrollando y lo que estás presentando en la Bienal tiene que ver con eso, es muy actual». Incluso, pedí periódicos de New York Times, de Granma, Trabajadores, de Washington Post y otros que tenían que ver con eso. Hice obras con los artículos que ya coqueteaban con el proceso que se venía.

Recibía al menos una visita diaria, a veces dos y tres, de coleccionistas, personas de los medios, artistas famosos… NBC News publicó un artículo con una bandera que hice para el encuentro entre el presidente Obama y cubanos de aquí de Cuba. Esa bandera estuvo «in the back», atrás, con Obama. Eso está en todas las redes.

Muchas visitas, mucha gente. De hecho, todavía me quedan clientes de aquella época, algunos de ellos se han convertido en amigos cercanos. Y para mí, no solo para los artistas, sino para la gente que tenía un negocio, para la gente que rentaba, para la gente que tenía un carro americano, para quien tenía cualquier cosa relacionada con el turismo, fue bueno. Es decir, Cuba cambió.

Vínculo cultural entre Cuba y Estados Unidos

A mi entender, no hay un pueblo que sea más pro-cultura norteamericana que el pueblo cubano. El pueblo cubano consume muchísimo la cultura norteamericana y también viceversa. Es decir, culturalmente somos muy cercanos. No somos para nada lejanos. De hecho, en la música, en el arte, Cuba ha incidido en la cultura norteamericana. Ahí tenemos a Chano Pozo con Dizzy Gillespie. Ahí tenemos a cantantes que han hecho fortuna en EE.UU.

Yo empecé a trabajar con una galería en Miami y ahí tuve la oportunidad de hacer un mural en Wynwood, que es un lugar de arte netamente, un barrio que tiene mucho arte en general, muchas galerías, teatros y demás. Y ese mural estuvo en dos ferias de arte de Miami y fue fotografiado por mucha gente, hicieron videoclips de músicos americanos, de hip hop, de salsa. Fue un mural hasta que lo vandalizaron. Después me encuentro en Miami con el director de esta galería de Aspen y me propone ser parte. Bueno, fui a Aspen, hicimos una exposición allá, y fue el auge de mi trabajo en EE.UU.

En ese momento, Cuba estaba en el boom, La Habana, sobre todo. Todos querían venir a La Habana. Yo creo que eso es una premonición de cómo sería Cuba sin que existieran las restricciones que tiene el gobierno norteamericano. Es decir, creo que Cuba sería más próspera, que la gente podría respirar mucho más y hacer muchas más cosas.

A mí no me gusta llamarle bloqueo a lo que tenemos, prefiero llamarle medidas que tiene el gobierno contra nuestro país, por las razones que sean. Y bueno, si esas medidas no existieran, pues creo que Cuba sería muy diferente. Incluso, fíjate, sin caer en temas políticos, simplemente que esas restricciones no existieran.

De la euforia al declive: las visitas que ya no llegan

La gente aquí estaba eufórica, la gente estaba contenta. Cuando se acabó, particularmente yo lo sentí en la visita al Estudio. De un 100%, se quedaron un 30% con el tiempo. Hace poco, incluso, recibí personas de Nueva York. Siempre estoy recibiendo mucha gente de todo el mundo. Pero las visitas de los americanos bajaron muchísimo.

En ese momento cambió para siempre la visita de los cubanos con intercambio cultural con EE.UU. y demás. Me gustaría que ese intercambio hubiese sido mucho más grande de los que vienen de allá para acá, incluso con los cubanos americanos que nunca han podido visitar más nuestro país y que nosotros los cubanos aquí estamos ávidos de ver su obra. Sé que es bien complicado.

A mí me encantaría ver a un Willy Chirino en La Habana dando un concierto. Me encantaría ver a artistas, amigos míos que, por supuesto, no tienen nada que ver con el sistema que tenemos, pero son seres humanos preciosos.

Yo creo que los artistas no podemos hacer mucho. Es decir, ni los artistas ni nadie puede hacer mucho. Yo lo que creo es que el artista lo que sí tendrá es inspiración. Al menos yo me inspiro con los problemas. Sé que vendrán muchos. O al menos eso parece. Aunque con el señor Trump nunca se sabe.

No se sabe lo que ese señor pueda tener en su cabecita. Marco Rubio tiene una agenda, siempre la ha tenido, y bueno, con él creo que las cosas serán como siempre han sido, o peor. Pero con Trump uno nunca sabe.

Sin esperanza, ¿por qué vivimos?

Siempre digo a los amigos míos que, si no tuviera esperanza, ¿por qué vivimos? Creo que siempre hay que tener un sentido de que mañana podrá ser un mejor día, pero no podemos esperar a que eso pase. Nosotros tenemos que hacer que eso pase. En mi caso, mi obra es bastante crítica de la sociedad en general. No solo de la cubana, es crítica del mundo entero.

De hecho, ahora tengo una obra, una exposición que está itinerante por toda Europa. Empezó en la Avenida de Venecia y ha pasado por tres o cuatro museos en Italia, que habla de la emigración, se llama Éxodo. Y es bien crítica con la situación del éxodo cubano e internacional.

Creo que cada persona según el arte que hace tiene que expresarse libremente y que su obra sea escuchada; que no te vayan a someter a prisión o a cárcel por ser tú y por decir lo que tú crees que tienes que decir. Yo estoy experimentando censura desde que me gradué. No soy de los artistas que llaman para hacer exposiciones, no soy de los artistas que proponen una exposición y se la aceptan tan fácilmente.

He hecho varias exposiciones en mi país, sobre todo, en la Bienal de La Habana. En este momento estoy en la Bienal como participante, es decir, me llamaron para participar. Me quedé así, ¿no? Bueno, qué bien. Tengo una obra que es un coche antiguo lleno de machetes, se llama Rebelión.

Yo nunca voy a guardar rencor, en mi corazón no guardo rencor por nada, incluso a gente que me hace cosas, personas de instituciones, que me han hecho cosas que no me han gustado, pero yo sigo para adelante, trato de ser mejor cada día y le digo a mis hijos lo mismo, que trabajen, que trabajen siempre.

Construir comunidad desde las diferencias

Es cierto que el extremismo con Trump sí ha levantado muchas ronchas y demás. En mi caso, yo camino la calle 8 con mi tabaco, con un sombrerito, como un cubano normal caminando por la calle 8. Tengo muchísimos amigos en Miami, nos sentamos en una cafetería, en un restaurante, y empiezo a llamar. Llamo a tres y aparecen 33, y ahí formamos tremenda fiesta.

Por las redes se me acusa de «comunista» (esa es la palabra top), «seguridad del Estado». A ver, ¿qué más? Ah, sí, claro, que me apoya el gobierno cubano, y que esta finca donde estamos me la regalaron. Dicen que soy un «engendro de la dictadura», cosas así. Yo para ellos lo único que les tengo que decir es, «no coman mierda». Porque si ellos supieran lo que yo paso día a día para poder exponer mi trabajo. No se imaginan.

Entonces, nada, yo vivo la vida feliz, soy un hombre feliz y realizado. No me detengo en esas cosas, y cuando voy a Miami, no me escondo, estoy ahí. Y esa gente que te dice: «te voy a matar», «te voy a tirar no sé qué», no aparecen, no los veo nunca. Yo lo que veo en Miami es gente linda. Gente linda que no está de acuerdo con un sistema, y hay otros que se fueron y tuvieron que dejar sus bienes y, por supuesto, tienen ese rencor en su ser. Eso es entendible.

Es un fenómeno bien complicado y no es tan sencillo como decir tú eres esto y yo soy lo otro. Hay muchas cosas que hablan de una palabra que está muy manida y es muy importante, que se llama libertad. La libertad de tú ser libre, valga la redundancia, de pensar y actuar como tú creas que es correcto. Eso se respeta. Hay que respetarlo aquí y en cualquier parte del mundo. Ahora, tu libertad no puede coaccionar la mía. Tiene que haber un balance.

Realmente adoro ir a Miami. Adoro a mis amigos en Miami, tengo familia, gente allá muy linda. Yo los respeto y respeto su punto de vista. Y el mío no es tan lejano. Simplemente quiero prosperar, hacer que las cosas sean mejor para todos nosotros y vivir en comunidad. Yo vivo aquí, quiero vivir aquí, y morirme aquí. Quiero ayudar a mi país a que sea mejor cada día, si es posible, si está en mis manos, con mi arte o con mis acciones, como quiera que pueda ser.

Espíritu navideño

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Samuel lleva su nombre antiguo, de profeta bíblico y de juez, con toda la ligereza que le es permitida a un niño de 10 años. Pero este 24 de diciembre importa menos que nunca cómo lo llamen. Lo único relevante es satisfacer un deseo que le ha crecido como un globo que se infla con aire caliente y que lo hace volar: actuará junto a otros niños en la representación de la Navidad, a las puertas de la primera Iglesia Bautista de Matanzas.

Blanquísimo de piel y de ojos como botones frescos, se mueve a saltitos mientras terminan de maquillarlo y de vestirlo con telas rojas de satín y con un gran turbante dorado que lo asemeja a un personaje que sí ha visto muchas veces en la tablet y la televisión: Aladino. Sin embargo, le dicen: «Eres Gaspar, el Rey Mago que vino desde Asia a visitar al niño Jesús».

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Foto: Néster Núñez

Para el caso, da lo mismo que sea Melchor o Baltasar y que haya llegado desde la luna. Bajo la ilusión del disfraz siente que es alguien distinto al Samuel de todos los días, el que a veces se levanta sin ganas de ir a la escuela, el que camina por el muro junto al río, al que le encantan los dulces. Le pide a su mamá que lo fotografíe porque quiere ver cómo lo verán los otros. Comprobar si en la pantalla del teléfono es tan esplendoroso y venerable como siente dentro de su cabeza y de su pecho. «Eres un rey mago, le han dicho». Esas son dos palabras tan fuertes: Rey, Mago. Algo muy bueno habrá hecho para merecer esos honores. Samuel toma el pequeño cofre que le alcanzan y ocupa por fin su lugar en el decorado navideño.

No sé si le explicaron lo que es actuar, meterse en la piel de su personaje. Debieron decirle: «No mires al público para que no te pongas nervioso. No te muevas mucho. Fija la vista en el muñeco, imagina que es el niño Jesús. Para el mundo, el nacimiento más trascendental de los últimos 2000 años. Estás ahí para darle la bienvenida y hacerle regalos». Pero el Samuel de verdad, un niño cubano de estos tiempos, aún no logra captar el significado que hay detrás de todo, por mucho que haya escuchado en la iglesia la historia de María, de Dios y de Jesús, y mira inquieto a sus compañeros de actuación, a uno o dos del público, luego hacia al lado o hacia arriba. ¿Estará pensando qué haría si de verdad fuera Rey, o si fuera Mago? ¿Qué maravillas saldrían de la imaginación de un niño bueno? La Navidad para él «representa la unión y el amor para toda la familia», lo cual nunca es poco, si las palabras encarnan en la práctica. Por cierto, su madre le dice adiós desde la acera y le lanza un beso.

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Foto: Néster Núñez

-Qué bonito todo, ¿viste? -dice una señora que llega-. En Israel ahora no está nevando, ahí donde Él nació, pero bueno, ya es una tradición a nivel mundial.

Miro la ancianidad en sus manos y en sus ojos con glaucoma, que me recuerdan a los de mi abuela. Es una desconocida que desea conversar, ser escuchada, pertenecer, alejarse de lo que es estar sola entre cuatro paredes que se le caen encima sin mantenimiento, a oscuras. La abrazo entonces solo con una pregunta: «¿Para usted qué es la Navidad?»

-Es un tiempo de reconciliación –dice-. Un tiempo de felicidad, porque llega nuestro salvador Jesús. Si estás fajado con el hermano, reconcíliate. Y es un tiempo de paz porque Cristo Jesús significa salvación, significa paz. De hecho, te digo que yo, asistenciada social, no he dejado de comer, y ha sido gran parte por las iglesias, lo mismo católicas que protestantes. Por ejemplo, ayer tuvimos una tremenda cena en la Catedral. Y siempre las iglesias han ayudado porque es Dios quien está detrás, es la mano de Él la que pone los alimentos. Hoy mismo hay una caldosa aquí al mediodía, para todo el que quiera participar.

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Foto: Néster Núñez

Me extiende un papelito sencillo con letras impresas, que ha estado repartiendo una muchacha cariñosa con síndrome de Down. «¿No cogiste la postalita que están dando? Aquí dice todo lo que es la Navidad». Es luz, es amor, es gozo, es gracia, es paz… leo.

-Anjá, los frutos del espíritu. Bondad, benignidad, paciencia… Eso está en Gálatas, los frutos del espíritu. Yo te lo digo porque he hecho algunos estudios más profundos de la Biblia.

El mundo fuera un lugar mejor si las enseñanzas de todas las religiones se materializaran en lo cotidiano, pero el ser humano es imperfecto y la gracia radica en el proceso en el que uno mismo se acerca al ideal soñado y transmitido en palabras, supongo. Una vendedora de jabas plásticas aprovecha la concentración de personas que admiran la representación del nacimiento, y se sienta a la vista de todos, al pie de la escalera de la iglesia. ¡Una bolsa de nailon y un corazón pueden ser llenados con tantas cosas provechosas! Quizá aumenten las ventas.

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Foto: Néster Núñez

«En los primeros 300 años del cristianismo no se celebraba la Navidad. En la religión cristiana primitiva el nacimiento de Jesús no tenía importancia, porque lo más relevante es que Jesús muere por los pecados de la humanidad, y resucita. Esa es la Pascua, la fiesta más querida para el pueblo», dice Orestes Roca Santana, pastor de la iglesia. Según estudiosos, para los primeros cristianos el mensaje importante de Jesús era solo la inminente llegada del reino de Dios, por eso no había interés en recordar momentos o hechos concretos de las enseñanzas de su maestro.

«La navidad dura 12 días. Comienza el 24 a la tarde, lo que sería Nochebuena (para nosotros el día comienza a las 12 de la noche, pero los hebreos contaban el día cuando caía el sol), y termina el 6 de enero. Se llama litúrgicamente el día de la Epifanía, una palabra griega que significa manifestación, y en occidente se celebra la visita de los Magos a Jesús», dice Orestes. Epifanía es la revelación de Jesús al mundo pagano por la visita de los tres Reyes Magos que, según creencias, representan a Europa, Asia y África. Ellos ofrecen regalos: oro (el cofrecito que le dieron a Samuel) incienso y mirra, que simbolizan majestad, sacralidad y perpetuación ante la muerte. 

«Los cristianos creemos que Dios se hace ser humano en la figura de Jesús, en la figura de un niño. Por esa razón celebramos la Navidad como el misterio de la encarnación de Dios en la humanidad. Eso hace que sea un Dios cercano, que está con nosotros, que estuvo en la figura de Jesús. Al encarnarse Dios, al ser hechos nosotros a Su imagen y semejanza, estamos viendo la imagen de Él, la imagen de Dios palpable, visible, en cada rostro humano», dice el pastor.

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Foto: Néster Núñez

Dios en cada humano, dice. Entonces el viejo sentado en el banco esperando la caldosa, el mismo que no puede sino vivir de limosnas… Y aquel que golpea a la esposa, el que encierra en la cárcel al que exige respeto a sus derechos, el que teme, el que huye… el que no tiene nada material porque todo lo entrega… ¿Que todos somos Dios, es lo que dice el pastor? Como no le transmito lo que pienso, él continúa hablando:

«La Navidad es la fiesta donde se celebra el nacimiento de un niño, tiene mucha relación con la familia, es muy colorida. Lamentablemente este espíritu navideño se ha tergiversado con el comercio, y en muchos lugares ha perdido la significación religiosa y se ha quedado como una fiesta de fin de año donde la gente se hace regalos, se desean buenas cosas, y se obvia así que la historia de la Navidad también tiene mucho de trágico, que no es solo alegría.

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Foto: Néster Núñez

Cuando leemos la Biblia vemos que no es una historia solo de cosas bellas, alegres. Es la historia de una pareja que tuvo que irse, por un edicto de un emperador, a otro lugar, cuando llegó a ese lugar, no había un lugar adecuado, tuvo que parir en un establo, con todo lo que significa eso, nacer donde comen las vacas. La gente lo ve muy lindo, en las postalitas parece muy limpio, higiénico, pero en realidad no era así… Los primeros que vinieron a adorarlo fueron los pastores, los más bajos en la línea social. Una pareja y un niño que tuvieron que exiliarse en Egipto porque el rey quería matarlos. Y cuando el rey supo que ese niño se había escapado, mató a todos los niños varones menores de dos años. Es decir, hay una historia de muertes, de padres llorando, trágico».

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Foto: Néster Núñez

– Hay una fecha, el 28 de diciembre, que también se ha tergiversado: el día de los santos inocentes. Culturalmente se ha convertido en un día para hacer burlas y chistes con la idea de la inocencia, pero esa inocencia inicialmente no tuvo nada que ver con que fueras tonto, como ahora se acepta. Lo que se conmemora son esos niños que murieron inocentemente, porque no tenían culpa de nada y los mataron. En inglés es mejor porque abril hay un día que se llama el Fool´s Day, el día del tonto, pero aquí en el mundo hispano usamos una celebración bien trágica para reírnos, se ha tergiversado al límite.

«Sin embargo, el espíritu festivo debe primar, la alegría debe estar por encima de todo a pesar de las cuestiones trágicas y de que la Navidad se vea con ese espíritu comercial, sobre todo en otros países, aunque a Cuba también está llegando eso, pese a la crisis. Comer juntos, si pueden, lo que se pueda comer».

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Foto: Néster Núñez

La yuca de la caldosa ha quedado dura, pero es nuestra yuca. El humo sale de los vasos llenos, y las manos de la gente que pasa hambre, y de las que no, reciben con gratitud el alimento. Veo ahí la real ceremonia de la comunión y me hago la idea de que en cada uno de esos rostros está Dios. Samuel se quita la ropa de mago y de rey, pero sigue siendo ambas cosas.

No hay espejos en el salón para ver mi propia cara, y por eso busco dentro, en los recuerdos, quizá, en el pecho. Veo aquellos niños con el gallo y a Rosy cocinando con leña bajo un techo, después de meses viviendo en las calles. ¿Qué ven en la Navidad, y qué sienten los cubanos? Amigos y familia, dicen: cuántos sentimientos en un par de palabras. Cuánto dolor y despedidas en los últimos años… Solo he podido ver y escuchar por WhatsApp la primera carcajada de mi nieta.

-Yo creo que en el pueblo de Cuba hay una sed de espiritualidad que todavía no se sabe cómo va a ser expresada –dice Orestes-. Evidentemente, cuando tienes carencias materiales, necesitas comer, alimentar a tus hijos… Esa es la prioridad. Pero yo creo que, a pesar de las penurias, la gente tiene sed de fe. Mucha gente no lo sabe, pero tiene sed de buscar algo que lo trascienda, que vaya más allá del día a día. En Mateo 25: 34, Jesús les dice a sus discípulos: «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación. Basta a cada día su propio mal».

La justicia y vivir el presente, me digo cuando llego a casa. Después voy al encuentro de mi hija, la única que permanece cerca, con deseos de abrazarla fuerte. Cuando lo haga estaré sintiendo que abrazo a todos los que están vivos. Paz y amor, hermanos. Paz y amor. Espíritu navideño.

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Foto: Néster Núñez

Nostalgia de las matazones

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Ilustración: Brady

Aclaro que por «matazones» me refiero a los estupendos molotes que se formaban para casi cualquier tanda, en casi cualquier cine, durante pasadas —y ojalá que no irrepetibles— ediciones del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Uno llega a extrañar incluso la incertidumbre, las puertas rotas, la policía organizando el acceso (como lo narra el humorista Omar Franco en un clásico monólogo escrito por el cineasta Arturo Sotto), la sensación de haberse ganado el Paraíso cuando por fin accedías a la sala oscura… Después la película podía ser una mierda, pero el ritual había valido la pena.

El problema del Festival que recién termina no se reduce a la frustración generada por los apagones, aunque aquella no sea precisamente nimia. Desde mi punto de vista, hay una relajación generalizada en todo el mecanismo. Llegabas a un cine poco antes de la primera tanda, sobre todo en los últimos días, y aún la programación no estaba disponible, ni los propios trabajadores del cine tenían idea, hasta bien avanzada la mañana, de qué iban a presentar. Las funciones nocturnas desaparecieron, el evento se encogió para limitarse a la calle 23.

Y hablando de 23, el concepto mismo de cerrar el tramo frente al ICAIC e instalar una pantalla donde se proyectaban películas, una tarima donde se presentaban artistas, un puñado de kioscos con ofertas gastronómicas normalitas y un par de cabinas para aliviar urgencias fisiológicas (justo al lado de una hermosa galería de Arte que, se rumora, vive sus últimos días), es cuanto menos discutible, y más se aviene con unos carnavales que con un evento como el FINCL. Bueno, si todavía hubiese funcionado, uno se resignaría al pan-y-circo, pero es que encima no lo hizo: rara fue la presentación cinematográfica en que vi a más de cinco personas frente a dicha pantalla. O a cualquier otra. Quise comprar un sándwich en uno de los kioscos hasta que descubrí que se reducía a dos pedazos de pan con dos lascas de jamonada de tres átomos de grosor adentro. Y ya. Llamar sándwich a eso es como considerar exitoso este 45 Festival.

La muestra cubana fue notablemente magra y, de acuerdo con la lista de trabajos publicada con anterioridad por la Asociación de Cineastas, no porque la producción del año hubiera sido escasa. También hubo exclusiones inaceptables, evasivas y censura. En fin. Aprender de los errores tendría que ser una asignatura obligatoria en la enseñanza media.

Pasemos a las películas. Es imposible, en un evento de tamaña envergadura, abarcar siquiera una tercera parte del material presentado, pero puedo recomendar algunos títulos, en competencia o no, premiados o no.

Lo que quisimos ser (Alejandro Agresti, 2023): Los trabajos de este director argentino constituían una presencia regular en el Festival. Más de uno recordará títulos como Buenos Aires viceversa (1997), Una noche con Sabrina Love (2000) y la muy hermosa Valentín (2002); él mismo se desempeñó como profesor en la EICTV de San Antonio de los Baños. Después de varios años sin filmar, regresa con esta obra minimalista, centrada en dos actores y casi siempre en interiores. A la salida de una función de cine clásico (His girl Friday [1940] de Howard Hawks) en una sala vacía excepto por ellos, un hombre y una mujer de mediana edad se detienen a fumar, conversan, van a un café, deciden no contarse sus vidas e inventarse sendas biografías basadas, precisamente, en lo que quisieron ser y no fueron: astronauta él, escritora ella. El punto de partida recuerda Une liaison pornographique (1999) de Frédéric Fonteyne, en que Sergi López y Nathalie Baye asumen un acuerdo parecido, pero a diferencia de aquéllos los personajes de Agresti no se besan, no se tocan siquiera más allá de una ocasional mano en el hombro. El amor se centra en el misterio que, muy a su pesar, va cediendo ante la invasión de la realidad cruda. Una película sencilla, imperfecta, de madurez, con unos idóneos Luis Rubio y Eleonora Wexler.

El jockey (Luis Ortega, 2024): Esta película argentina se alzó con varios premios en el 45 FINCL, como había hecho ya en otros certámenes. Nos cuenta las peripecias de Remo Manfredini y Abril (interpretados por Nahuel Pérez Biscayart y la española Úrsula Corberó) en el mundo de las carreras de caballos, los purasangres y la mafia concomitante. Pero, en realidad, nos hablan de identidad, de autorreconocimiento, de libertad. Me recordó, estilísticamente, el universo de Wes Anderson, con ese humor metafísico, esa sensación que equivale a las caídas sin fin que padecemos en sueños. Una película rara, como Dios manda.

La cocina (Alonso Ruizpalacios, 2024): La otra gran ganadora en La Habana. Un par de conocidos me la recomendaron, de modo que la vi con las consecuentes expectativas… y no salí defraudado. Es una obra conducida con tal maestría que, si percibí algo que me pareció un error —por ejemplo, que la chica que desde el principio nos venden como protagonista se diluye en la trama— inmediatamente asumí que el problema era mío y no de la película (algo que un crítico cinematográfico nunca admitiría, pero yo no soy un crítico cinematográfico).

La incertidumbre ante el destino personal, las relaciones con ambos sexos y múltiples nacionalidades, el racismo, el machismo, la poesía… todos están ahí, todos están donde deben estar en este reparto coral donde destacan Raúl Briones como Pedro, Eduardo Olmos como Luis y la enigmática Rooney Mara como Julia (aunque tal vez la manera en que los demás ven y describen su personaje no se avenga del todo con las características de la actriz). Sin embargo, lo que más me impresionó fue una serie de planos secuencia que rozan lo imposible, que se extienden en el espacio y el tiempo y te dejan pasmado por la precisión e imaginando los minuciosos ensayos tras las coreografías. El uso del blanco y negro, roto solo en un par de momentos justificadísimos, acentúa la precariedad del contrato social, lo frágil de la paz que a cada segundo está a punto de romperse, nos recuerda lo ilusorio de los colores con que nos pintan el mundo.

Pepe (Nelson Carlo de los Santos, 2024): Probablemente el artefacto más extraño en todo el Festival. Para empezar, buena parte de la historia la cuenta en off un… hipopótamo. Un paquidermo que, encima, está aprendiendo a hablar, y lo demuestra con vocalizaciones no tan humanas como bestiales. Confieso que a los 20 minutos consideré seriamente largarme del cine, teniendo en cuenta que hay otros temas y fenómenos en el mundo que me interesan más que los recuerdos de un artiodáctilo con sobrepeso. No me fui, y me alegro. Resulta que la historia va de los animales que Pablo Escobar importó para su finca-imperio a comienzos de los 80, y que luego fueron dejados a su aire, con serias consecuencias para el ecosistema y para los nervios de los pescadores locales que de pronto veían emerger del río una bestia desconocida de tres toneladas. Narrada a guisa de collage (es evidente que el hipopótamo no podía presenciar escenas domésticas o en contexto militar, así que el director optó por hacer patente la diversidad de voces y formatos), termina demostrando que las peores bestias somos nosotros, cuando el Ejército es llamado para eliminar a tiros a varios descendientes de los primeros animales secuestrados en África…

Aquí me detengo. Hubo otras películas interesantes (El ladrón de perros [Vinko Tomicic, 2024], Simón de la montaña [Federico Luis Tachella, 2024], Lluvia [Rodrigo García Saiz, 2023] etcétera), pero nunca se puede ver todo, y es sabido que pasado el Festival no es tan fácil agenciarse películas latinoamericanas como el último blockbuster de Marvel. Esperemos que para el 2025 el Festival tenga más organización y menos carnaval. A estas alturas, es uno de los pocos eventos culturales con que la gente aún se identifica, sobre todo cuando hay estrenos de películas cubanas.

Ah, aquellas credenciales falsificadas por un socio… aquel faltar al trabajo o a las clases para ir al cine…

Those were the days, my friend.