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¡Felicidades, papá! O no. ¿O qué?

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—¡Padre mío, felicidades! Tú sabes que yo te tengo por los cielos, ¿no? Aunque, ven acá… ¿Por dónde tú andas? ¿En el agromercado, dándole mantenimiento a la turbina o ayudando al socio con el motor? Asere, ¿por qué usted no aprovechó al menos el día de hoy para quedarse acostado un rato más y dejar que tu «jevita» te diera cariñito? Aprovecha, que ya casi eres un viejito de los que por el día se quedan dormidos en el sillón, y por la noche se desvelan. Bueno, allá tú. Dale, un beso. Regreso a más tardar al mediodía, supongo. Después hablamos. Felicidades de nuevo, puro. Te quiero.

El hombre terminó de escuchar el audio de WhatsApp que le dejó el hijo y, en un acto reflejo, se masajeó las sienes, sin sonreír, sin alegrarse por la felicitación. Estaba sentado a la mesa de la cocina frente a una taza —la blanca de siempre, con una pequeña grieta en el asa, que nunca se rompía del todo— llena de un café que aún no había probado. Delante de la meseta había puesto las jabas con las compras del agro. Por hacer algo, se quitó el pulóver apenas sudado y lo colgó en el espaldar de la silla contigua. Después apoyó los codos en la mesa y se tapó la cara con ambas manos. Parecía que lloraba en silencio, pero era pensando en el audio y en todo. El café dejó de echar humo.

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—Que no se puede tener ni un domingo más o menos tranquilo en el país este —dijo—. Ni porque es el Día de los Padres. ¡Del carajo!

Cogió el teléfono y le transfirió 360 pesos al hijo. Después le escribió un SMS: Estoy aquí. Mantenme al tanto. ¡Cuídense!

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En otro momento y en otras circunstancias le hubiera puesto: Regresa. No vayas a meterte en líos. No vas a cambiar nada con lo que estás haciendo. O, al menos: Dime dónde andas, con quién estás. O un No te demores, hijo. Yo también te quiero. Pero a estas alturas, luego de casi dos semanas desde que la Universidad hiciera pública su postura en contra del «tarifazo» de Etecsa, había aprendido a contenerse. Bebió un poco de café, ya sin ganas. Enseguida entró un mensaje.

—Puro, compadre, ese dinero que me pasaste fue el que te puso mi hermano por el Día de los Padres. Creí que había quedado claro que no iba a aceptar recargas desde afuera, ni directas, ni a través de terceros, hasta que este asunto no se resuelva para todos los cubanos. Sería muy hipócrita de mi parte aceptar ese privilegio ahora.

El tono firme del mensaje le confirmó lo que había estado pensando.

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—Mira, mijo, entiendo tu punto y lo respeto, pero yo te conozco bien. Que tú estés por la calle un domingo a esta hora solo significa que fuiste a reunirte con los otros muchachos. Escúchame bien: no sabes si vas a necesitar grabar audios, filmar, subirlo a la nube o transmitir en vivo… Por favor, deja la «guanajá» y compra ahora mismo los cabrones datos. No los uses si no te parece necesario, pero tenlos ahí por si acaso.

Le mandó el audio y, sin saber bien qué hacer, recogió el pulóver y se lo puso. Después llevó los boniatos para el viandero y guardó los huevos en el refrigerador. Por suerte, recibió rápido la respuesta:

—¡Espíritu de Hitchcock, sal del cuerpo de mi padre! Puro, asere, de pronto armaste en tu cabeza tremendo thriller de suspenso, ¿no? Estás peor que mami. Mira, para que te relajes: sí, vamos a reunirnos un rato, conversar y eso, pero suave. Desde que anunciaron lo del grupo multidisciplinario entre los de ETECSA y la FEU no habíamos tenido chance. Quieren dar tiempo a que algunos se gradúen, a que entremos en pruebas finales, a que lleguen las vacaciones, y juegan a las cartas de que todo se enfríe y que nos desmovilicemos. Lo que pasa es que aquí ya nadie se chupa el dedo. Pero tú, tranquilo, que esto va a ser informal y solo un ratico. Deja el miedo y la paranoia y prepara un desayunito rico para que sorprendas a la pura cuando se levante. Es más, si todavía hay corriente, pon a hacer un boniatillo de los tuyos, dale, que voy a regresar con hambre.      

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Lejos de relajarse, el hombre se preocupó más. No sabía con exactitud si el tono fresco de su hijo se debía a la inexperiencia y al desenfado propios de la edad, o si la intención del muchacho era calmarlo. Antes de responderle se tomó un tiempo. Puso agua a calentar y comenzó a pelar los boniatos en modo automático, mientras pensaba.

«Miedo y paranoia, dice. Miedo, y paranoia. Está bien, sí. No sé cómo llegamos a esto, pero es verdad. Lo tenemos hasta en las vísceras. Es un miedo lógico y aprendido; es un miedo con memoria. El cintazo que me dio mi papá porque dije en la escuela que mi madre escuchaba Radio Martí. No se me olvida esa imagen, pegadita al VEF ruso que todavía anda por ahí tirado. No entendí nada, pero desde entonces aprendí que lo que se decía en la casa no se repetía en la calle. Yo tenía cinco añitos, compadre, cinco o seis, estaba en preescolar. No sé si ya había Radio Martí en esa época, o si lo que dije en la escuela fue que unos amigos de mi familia se habían ido del país por esos días. Fue cuando el Mariel, di tú, qué iba yo a saber de actos de repudio y de todo lo que se formaba por ese entonces. Ay, Dios, qué daño tan grande. A base de aguantar callados, de no enfrentar, de mirar para otro lado, de evitar meternos en problemas, nos dejamos arrebatar la vida y hasta el país».

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«Aunque no fue tan así, porque en la Universidad también intentamos que las cosas cambiaran. Que cambiara qué exactamente, ya ni recuerdo. Eran los ´90. Ah, creo fue porque el tremendo cartel que pintaron: LA UNIVERSIDAD ES PARA LOS REVOLUCIONARIOS, y los extremistas querían hacer purga. Sí, por ahí empezó la cosa. Nosotros queríamos conversar, sumar, debatir, participar en el proceso de cambios, pero, como siempre, todo venía de arriba. Desde esos años los economistas de academia están sugiriendo soluciones y no se les ha hecho caso. Entonces, uno se recoge. Llega a la conclusión que adaptarse es mejor que enfrentarse, o por lo menos más fácil. Pasaron ciclones, apagones, Periodo Especial, crisis migratorias, coyuntura, escasez crónica… y lo que hicimos siempre fue sobrevivir “resolviendo”. Rodear lo que no puedes cambiar. La adaptación se convirtió en nuestra estrategia de vida. Y llegamos hasta aquí, que no es poco mérito, pero para los jóvenes solo con estar no es suficiente».

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«Ellos quieren construir SU país, y están en todo su derecho. Lo que pasa es que todavía no se han enfrentado a un poder al que no le interesa la participación de nadie, porque tiempo ha tenido de sobra para sentarse a escuchar, y no lo ha hecho. Ahora, porque se les presiona, pero no está en su naturaleza ser democráticos. Y es peligroso desafiar ese orden de cosas. No sé si los muchachos son conscientes de lo que les espera. Bueno, también será parte de su lucha, de su crecimiento, de su aprendizaje. No es justo que yo le transmita a mi hijo mi miedo viejo, pero tampoco puedo hacer como si nada pasara. Ay, carajo, me gustaba más cuando todavía podía cargarlo en mis hombros. Yo no estaba preparado para este momento. Aunque, viéndolo a futuro, creo que este va a ser uno de los mejores días de los padres».

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Metió los últimos pedazos de boniato en la olla, prendió el fogón y abrió de nuevo el WhatsApp para dejarle otro audio:   

—Escucha esto, mijo, porque es mejor precaver. Oye bien: se están reuniendo fuera de la universidad, que es el espacio «legal» para el debate. Después, a modo de presión, podrán decirles que se reunieron para conspirar y que eso es un delito grave penado por la ley. No se vean en ninguna casa, porque al que viva ahí lo van a tildar de cabecilla, de agitador y de no sé cuántas otras falacias. Ellos saben meter bien adentro la duda, la culpa y el miedo. Irán a por ustedes cuando estén más vulnerables, que es cuando estén solos, los llamarán uno a uno. A ver, esta conversación no debería ser por aquí, pero no tengo otra opción, así que sigo. Asegúrense de que no haya nadie ajeno al grupo, aunque, bueno, asume desde ya que todo lo que se diga en ese encuentro se va a conocer tarde o temprano, incluso si ustedes no quieren. Cualquier decisión, que sea por consenso. Debatan y llévense tarea para la casa. Cada cual que piense de forma independiente y llegue a sus propias conclusiones. Que nadie trate de convencer o de arrastrar a los otros, porque a ese le van a caer arriba con especial saña. Por último, céntrense en el problema concreto, que son las tarifas de ETECSA. No vayan más allá. No se tiren con la guagua andando. Sobre esa base, piensen con lógica. Traten de controlar un poco el entusiasmo y la pasión de ustedes los jóvenes. Expongan argumentos, analicen todas las posibles acciones y sus consecuencias a mediano y largo plazo. Y por favor, dime paranoico y todo lo que quieras, pero borra este y todos los mensajes relacionados con este tema enseguida que lo escuches.

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Aún con el piyama puesto, bostezando y estirando los brazos, la mujer entró en la cocina justo para oír la última frase.

¿Quién tiene que borrar esos mensajes? ¿Con quién has estado hablando? ¿Algún motivo para preocuparse?

El padre le puso la tapa al caldero y le pasó el móvil a su esposa de toda la vida.

Nuestro hijo, que ya es grande.

La madre escuchó la conversación de punta a cabo. Después suspiró.

Yo sabía que de alguna forma esto no se iba a quedar ahí, pero pensé que iban a recesar, que cualquier reacción que tuvieran les iba a tomar más tiempo. ¿Hiciste café?

Ya está frío.

No importa. Sírveme un poco así mismo y siéntate para conversar.

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El hombre obedeció, agradecido de que ella estuviera, como siempre, para compartir y ver desde otro ángulo las dudas y preocupaciones.

¿Cómo te sientes? ¿Han saltado todos los fantasmas, no? ella bebió de la taza blanca con el asa resentida. Ya pasó por tu cabeza que tu vida aquí ha sido una mierda, que pudiste ser un profesional de primer nivel si no te hubieran tronchado la carrera por no ser políticamente confiable… ¿Qué más? Ya te recriminaste no haber aguantado el interrogatorio, no haberte ido hace 30 años con toda la familia…

Estás siendo injusta conmigo.

Tú sabes que yo no te reprocho nada. Estoy sacando los temas más complicados para analizar el lugar desde el que le estás hablando a nuestro hijo. Como mismo todo eso pasó de verdad, se te olvida que ni así dejaste de expresar tu opinión en el trabajo, en el CDR, dondequiera que pasaste. Las mismas razones por las que estás donde estás, te convirtieron en un tipo respetado. Y nuestro hijo lo sabe. Lo vio, lo vivió. Aprendió de ti más cosas de las que puedes imaginar. Lo veo ahora y veo la misma imagen tuya cuando estabas en la universidad.

Por eso mismo tengo que cuidarlo. No quiero que cuando pasen los años sea igual…

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No va a ser nada igual, porque son otros tiempos. Su generación creció con el mundo en las manos. Vieron memes, vlogs, debates, canciones, la realidad de otros países, protestas, democracias o formas distintas de hacer política. Tenían 14 o 15 años cuando empezó el wifi en los parques, y 16 cuando los pusieron a ver la caravana fúnebre de Fidel. ¿Alguna vez le preguntamos qué sintió, qué significó eso para él? Y los pioneritos de hoy todavía dicen el mismo lema: Pioneros por el comunismo, seremos como el Che. ¿Quién es el Che? ¿Qué es el comunismo? Ellos quieren vivir tranquilos, estudiar algo que les guste, que su trabajo les alcance para vivir decorosamente, viajar si pueden. Lo más peligroso que yo veo, quizá, es que están creciendo sin una teoría que los guíe, pero quién quita que vayan encontrando ese camino en encuentros como el de hoy.

No es tan fácil como lo pintas.

No he dicho que vaya a ser fácil.  

Él vuelve a llevarse las manos a la cara, escondiéndose o buscando fuerzas en esa oscuridad:

Entonces es que no estoy preparado para lo que viene.

Tú siempre sacas fuerzas, no sé de dónde. Eres el padre de esta familia, con todas las letras.  

Pero no pude impedir… Es que por mi culpa…

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La notificación de un nuevo mensaje interrumpe una idea que, a todas luces, él no sabía cómo expresar. La mujer hace una seña y reproduce el audio en altavoz:

—Gracias, padre, por los consejos y por el apoyo que hay detrás. Ya te hice caso: borré todos los mensajes, aunque sigo pensando que exageras. Lo otro, puro, asere, nosotros lo sabemos, ustedes lo saben y los de más arriba también: la protesta es contra el «tarifazo», pero lo incluye todo. No es solo ETECSA. Estamos cansados de ver cómo todo se decide sin nosotros. A veces pienso que sería más fácil si no me importara, pero me importa. Cada vez las medidas son más y más impopulares. Cualquier día ponen el gas, la electricidad y el agua en dólares. No saben hacer otra cosa que no sea vivir del dinero que otros producen afuera, y así no va. Eso no fue lo que me enseñaste. Toda la vida te vi inventando para llevar comida a la casa, pero ahora ya es imposible, y no somos de los peores. Lo que me jode es que los de arriba no tienen ningún plan que no sea pedirnos resistencia y aguante y, si lo tienen, nada garantiza que funcione. El Mariel fue de lo último que se habló, ¿te acuerdas? Puerto inmenso, Zona de Desarrollo Especial, libre comercio… ¿Resolvió algo? No hay turismo, no hay nada.

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Yo sé que tu dolor de padre también se debe a que mi hermano se haya ido. El 11 de julio te pusiste de madre para que él no saliera a manifestarse. Y sí, quizá hoy estuviera preso y no en Estados Unidos. Él me llamó el otro día. Solo me lleva cuatro años y también me dijo que no valía la pena meterme en problemas. Que terminara la carrera, que él está reuniendo para sacarme del país de alguna forma, lo más pronto posible. ¿Ves? ¿Eso es lo que tú y la pura quieren? Porque si las cosas no cambian, no hay muchas más opciones. ¿Trabajar por un salario de tres mil o cuatro mil pesos? Si con el tuyo y el de mami juntos no alcanza. ¿O cuelgo el título y me voy a trabajar en una mipyme? Todo esto tú lo sabes, puro. No hay que revolver la mierda. Yo te quiero muchísimo, pero por el momento voy a luchar mi propio camino. Ya veremos después qué pase. Un abrazo. Y atiende el boniatillo, que siempre le das demasiada candela.

La madre se levantó a apagar la hornilla y después dijo:

¿Qué vamos a hacer? Hay que ponerse a la altura.

El padre cogió el teléfono y llamó al primer padre de los muchachos del grupo. «Tenemos que hablar», le dijo. «No podemos dejarlos solos».

¡Papá mío, felicidades! Tú sabes que yo te tengo por los cielos, ¿no? Aunque, ven acá… ¿Por dónde tú andas?

De eternautas y cascarudos

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eternauta
Ilustración: Brady

El cine argentino es reverenciado en Cuba, o por lo menos lo era en los años en que el Festival de la Habana enloquecía sanamente a las multitudes. En lo que me concierne, recorro el séptimo arte mundial y no me vienen a la mente secuencias iniciales tan eficaces como el primer episodio de Relatos salvajes (Damián Szifron, 2014) o diálogos que superen en exquisitez a los de El cuento de las comadrejas (Juan José Campanella, 2019… donde, por cierto, el llorado calvo de Les Luthiers, Marcos Mundstock, se topó al fin con un papel que le encaja como un guante). Respecto a las series la cosa cambia un poco. Las que pasan en televisión, también tienen muchos seguidores (hizo furor, por ejemplo, Poné a Francella, aquella revista de 2001 que dejó frases memorables como «Ojitos azules» y «Pero si es una nena»). Luego ha tenido cierta repercusión El encargado, de la dupla genial Mariano Cohn-Gastón Duprat, también con Guillermo Francella; sin embargo, a la hora de copiar del paquete, se suelen preferir culebrones de otras latitudes.

Lo primero que vi de Francisco Solano López, el autor de los dibujos originales de El eternauta (que, con textos del escritor Héctor Germán Oesterheld, tuvo su edición príncipe en la Argentina de 1957) fue… un comic erótico, que narraba las desventuras de una chica en un internado. (O algo así. Tampoco es que haya prestado mucha atención al texto). Luego, alrededor de 2010, en casa de una novia en Santiago de Chile, descubrí el libro que justifica estas líneas. Confieso que le entré con cierta prevención, incluso con cautela, pues en materia de fantasía científica uno suele decantarse por nombres anglosajones y situaciones espectaculares.

Supe que Oesterheld fue desaparecido y presuntamente asesinado por la dictadura argentina en 1978, al igual que su familia, dado el contenido político de izquierda de esa y muchas de sus obras posteriores (incluida una novela gráfica sobre el Che Guevara). En fin, me gustó El eternauta, y cuando supe que continuaba en volúmenes posteriores quise hacerme con ellos, pero no fue posible. En particular, me impresionaron aquellos bichos extraterrestres controlados por Ellos, aquel ejército deshumanizado y odioso, de la misma manera que una muela cariada fascina a la lengua.

Ahora, en 2025, el director Bruno Stagnaro (realizador, entre otras, de la película Pizza, birra, faso [1997] y la miniserie Okupas [2000] donde aparece el actor Ariel Staltari, que repite en El eternauta) ha asumido el proyecto de llevar al cine la novela gráfica de Oesterheld y Solano, proyecto que, por demás, llevaba años en el horno. Y lo ha hecho con una primera temporada de seis capítulos, protagonizada por Ricardo Darín, Staltari, Carla Peterson, el uruguayo César Troncoso, etcétera. El triunfo ha sido universal, convirtiéndose en una de las series más exitosas del año y la más vista de habla no inglesa. Eso sí, habrá que esperar unos cuantos meses por la segunda temporada.

Aunque en sustancia la adaptación cinematográfica es fiel al original (se han respetado incluso los diseños de los cascarudos concebidos por Solano), Stagnaro optó por traer la historia a un presente en que hay teléfonos móviles y algún personaje luchó en las Malvinas. A mi modo de ver, semejante traslación no perjudica la narración en absoluto, como tampoco el hecho de que Juan Salvo, el protagonista, tenga 40 años en la novela original, en tanto Darín obviamente rebasa la sesentena. La atmósfera ominosa, en cambio, sale fortalecida, como también la idea de que la salvación no va a provenir de un superhéroe redentor con poderes excepcionales, sino del esfuerzo mancomunado de los de a pie.

La noción de una Mano que controla al país a través de insectos robotizados cuyo aspecto evoca de inmediato al de los cascos militares, una Mano que no se deja ver y no muestra piedad; la idea de una nevada que mata, de un frío genocida frente al cual hay que cubrirse el rostro, volverse anónimo como único medio para contrarrestar su gélida mordida y sobrevivir, son conceptos que, como sucede con la ciencia ficción que va más allá de princesas marcianas y BEMS (bug-eyed monsters), nos obligan a mirar al hoy desde ese mañana que podría ser. Aunque uno no conozca bien a Buenos Aires, aunque por ese desconocimiento se pierda un cinco por ciento del sentido, lo demás está al alcance de todos, porque en todos los contextos hay Manos, y Ellos y robots, y los espectadores temen a sus propios cascarudos y saben que no tiene sentido esperar por Batman, o Spiderman, o Superman, aunque tal vez sí por Vittorio Gassman…

Como suele suceder en situaciones límite, los bajos instintos afloran en mucha gente, y el sálvese-quien-pueda se transforma en solo-debo-salvarme-yo-y-que-se-joda-el-resto en cuestión de minutos. Los monstruos no son solo esos insectos de mandíbulas poderosas (pero eso sí, vulnerables) sino también aquellos que ven en los demás una amenaza e intentan adelantarse, volviéndose una amenaza para los demás. Más de una vez los protagonistas enfrentan situaciones de vida o muerte sin que haya un insecto robot en las inmediaciones.

Otra lectura interesante es que el hogar, el interior, es solo provisionalmente seguro: alguien de tu círculo de confianza puede volverse de repente contra ti, tu casa resultar invadida de un momento a otro o quedar aislada en medio de una barriada controlada por hostiles, de manera que no te quede sino atrincherarte o procurar una fuga hacia regiones aún no contaminadas. Por otro lado, también puedes establecer alianzas, descubrir coraje y solidaridad insospechados en vecinos y conocidos ocasionales, mostrar a tus seres queridos que lo de estar dispuesto a sacrificarte por ellos trasciende la mera palabrería.

En El eternauta hay aventura, peripecia, suspense, pero ante todo propone un camino de autorreconocimiento, individual y como entes sociales. Digo sociales y no patrióticos porque, como aprendimos en otra película argentina, Martín H (Adolfo Aristaraín, 1997) no necesariamente tienes algo en común con un tipo de la otra cuadra, es decir, no todos tus compatriotas están más cercanos a ti por el hecho de serlo. Nuestras virtudes, nuestra humanidad (y también, desde luego, lo horrible en nosotros) se evidencia en momentos excepcionales con gente que no lo es. Incluso con desconocidos. Sobre todo con desconocidos.

El diseño y la imagen digital, sin estridencias, funcionan perfectamente, en incómodo ensamblaje con la banda sonora. Todo fue hecho en Argentina, añaden algunos críticos como si se tratara de algo sorprendente, como si solo los primermundistas fueran capaces de manejarse en esas aguas. En lo que atañe a las actuaciones, Darín siempre será un tipo positivo y Ariel Staltari un candidato a traidor, o por lo menos alguien de quien no hay que fiarse (recordar su papel en El marginal [2016], otra serie argentina que hace tiempo reseñamos por acá). Bueno, ¿y qué? Como Luis Alberto García, Darín tiene la virtud de siempre resultar creíble, y además de caer bien. Puristas hay (sobre todo en su país de origen, por aquello de que nadie es profeta…) que cuestionan la adaptación, y la elección de Darín para interpretar a Salvo. C´est la vie.

Armémonos, pues, de paciencia, aguardemos el advenimiento de la segunda temporada de esta notable serie porteña, sin olvidar lo aprendido: que es preciso seguir avanzando, protegiéndonos de la nevada, cuidando los unos de los otros, y sin miedo a los cascarudos…

Ni impunidad ni fronteras para el maltrato animal

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La noticia es que la asociación Bienestar Animal Cuba (BAC) anunció un proyecto internacional sin precedentes para hacer frente al maltrato animal en la Isla.

Con apoyo de redes aliadas en otros países, BAC pretende que cada denuncia de este tipo tenga consecuencias legales fuera de Cuba, y que quienes agreden a los animales enfrenten obstáculos para emigrar, obtener residencia o insertarse legal y socialmente.

La organización sin ánimo de lucro e independiente, que agrupa a voluntarios en casi todas las provincias del país y ha sido una de las voces más activas en la defensa de los derechos animales, explicó que «aunque dentro del territorio cubano nuestras acciones no generarán los efectos que buscamos hace años, en el exterior cada expediente será tratado con la misma fuerza que un antecedente penal». Agregaron además que «esto no es una improvisación, es el resultado de tanta ola de maltrato animal que nos ha llevado a tocar todas las puertas internacionales».

Las denuncias recogidas en Cuba serán analizadas por una comisión privada conformada por tres abogados nacionales, una secretaría de actas y un consejo asesor confidencial. Si se reúnen suficientes pruebas, los expedientes serán enviados a consulados, fiscalías y autoridades migratorias de países como Estados Unidos y miembros de la Unión Europea, donde se podrían tomar medidas como la inadmisibilidad migratoria, la revocación de residencias o incluso la deportación de los agresores.

Un aspecto a destacar en esta iniciativa es que la base de datos creada tendrá carácter retroactivo, lo que permitirá incluir a personas implicadas en casos anteriores. En los procesos en los que el maltrato no haya causado la muerte del animal, existe la posibilidad de solicitar la eliminación del registro pasados cinco años, mediante el pago a la asociación de una fianza con un alto costo. Pero si el abuso resultó en muerte, la inscripción será «permanente e irrevocable».

Esto significa que el maltrato animal ya no quedaría restringido solo al ámbito nacional, los casos documentados pueden trascender las fronteras y generar consecuencias fuera del país, dependiendo de la legislación de cada Estado.

En la actualidad, los actos de crueldad contra los animales no figuran como antecedentes en procesos migratorios porque no son penalizados de manera efectiva por el Estado. La iniciativa busca revertir precisamente eso.

BAC surgió como una red ciudadana frente al abandono institucional del bienestar animal. En un país sin refugios estatales suficientes o clínicas veterinarias asequibles, han sido los voluntarios quienes han asumido el rescate y cuidado de cientos de animales.

Su labor se ha extendido a ferias de adopción, intercambios educativos y campañas de esterilizaciones, gracias a las cuales se ha logrado contener la reproducción descontrolada y fomentar una cultura de cuidado responsable en distintas comunidades. También, como parte de su trabajo, la organización mantiene activo un sistema de denuncias ciudadanas para canalizar casos de maltrato; a través de ese mecanismo, las personas pueden aportar pruebas, testimonios o información valiosa que dé inicio a un proceso de investigación cuando sea necesario. 

La agrupación fue una de las voces determinantes en la presión ciudadana que logró la aprobación del Decreto-Ley de Bienestar Animal en 2021, la primera norma en Cuba dedicada específicamente a la protección animal. Dicha legislación prohíbe el maltrato, promueve la tenencia responsable y regula el uso de animales en diversas actividades. También reconoció por primera vez a los animales de compañía, de trabajo y en situación de calle.   

En teoría, la aprobación de este documento legal fue el resultado de años de reclamos ciudadanos y activismo del movimiento animalista. Pero en la práctica, las herramientas institucionales para hacerlo cumplir siguen siendo débiles, generalmente se limitan solo a multas mínimas, y dependen de la apreciación y formación de los inspectores de Sanidad Animal del Ministerio de Agricultura, que muchas veces carecen de autonomía para actuar ante los casos de crueldad.

Es importante añadir que, aunque el Decreto-Ley 31 y su Reglamento permiten que grupos protectores e iniciativas ciudadanas colaboren en la defensa del bienestar animal, lo hace bajo la lógica de que toda acción debe estar coordinada y supervisada por el Estado, a través del Centro Nacional de Sanidad Animal, lo cual obstaculiza que organizaciones como BAC actúen con autonomía real, limitando su capacidad de respuesta.

Ante esta situación, muchos activistas han asumido de manera independiente la tarea de cubrir los vacíos que el Estado deja, pese a la escasez de recursos para mantener los centros de acogida, la falta de respaldo institucional a protectores y rescatistas, e incluso episodios de presión por parte de las autoridades.

Otro de los factores que más golpea su labor es la falta de apoyo financiero, que obliga a depender exclusivamente del voluntariado y la solidaridad, en medio de una crisis económica cada vez más precaria para la sociedad cubana.   

Nada indica que ese contexto vaya a cambiar pronto, y mientras tanto, los casos de crueldad siguen en aumento. En el último año, la organización alertó sobre un repunte preocupante, que va desde agresiones en la calle y negligencias domésticas, hasta espectáculos que involucran animales. Desgraciadamente, los ejemplos —más o menos visibles— no dejan de acumularse.

Nuestra opinión es que el nuevo proyecto de BAC representa un caso inédito de justicia transnacional desde la sociedad civil, que busca cubrir los vacíos legales e institucionales que persisten en Cuba.

Se trata de una de las respuestas cívicas más audaces en defensa de los animales en el país, al acudir a alianzas estratégicas internacionales para evitar que los maltratadores de animales queden impunes fuera del territorio nacional y lograr que el daño ocasionado tenga consecuencias concretas, visibles y duraderas, además de que sirva como medida de contención ante futuros abusos.

Demuestra, además, hasta dónde puede llegar la sociedad civil organizada cuando las vías institucionales no son suficientes, y cómo impulsar cambios reales allí donde el Estado se ausenta.

Pero para que iniciativas como esta no sigan siendo la excepción y puedan convertirse en parte de una política pública sostenida, el Estado cubano debe asumir su responsabilidad. Hace falta educación desde edades tempranas, formación especializada para inspectores y fuerzas del orden, un fondo estatal que respalde refugios y clínicas, y una apertura real a la participación de la sociedad civil en la formulación y seguimiento de los protocolos, entre otras cosas.

Mientras agrupaciones como BAC no cuenten con un reconocimiento jurídico pleno, su labor seguirá limitada, y no por falta de compromiso. Tratándose de una causa tan sensible y noble como esta, donde cada acción puede marcar la diferencia en la vida de los animales, el Estado no debería seguir representando un freno; tiene que ser aliado y parte de la solución.

La inflación se desacelera a mínimos históricos, pero ¿quién la está pagando?

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Foto: IPS Cuba

La noticia es que Cuba ha tenido la menor tasa de inflación interanual formalmente reconocida desde la covid, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información.

El cálculo se realizó recolectando aproximadamente 32,000 precios, en 8,159 establecimientos ubicados en 18 municipios de toda Cuba. El 82% de la muestra fueron mercados privados, lo que confirma el impacto que está teniendo este sector en el comercio.

Según el informe, los precios crecieron solo un 0.83% respecto al mes anterior y un 16.43% con respecto a mayo del pasado año.

De acuerdo con la tabla de variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), los renglones que más crecieron en mayo fueron la educación (1.53 %), los servicios de la vivienda (1.36 %), los alimentos y bebidas no alcohólicas (1.34 %), los muebles y artículos del hogar (1.33 %) y los restaurantes y hoteles (1.40 %). También aumentaron, aunque en menor medida, el transporte (0.50 %), la recreación y cultura (0.45 %) y las prendas de vestir y calzado (0.60 %), mientras que el único grupo que registró una disminución significativa fue el de bebidas alcohólicas y tabaco, con un descenso del 4.74 %.

Según el informe de precios publicado, en mayo los alimentos básicos mostraron variaciones notables. En la capital el arroz se cotizó entre 250 y 340 CUP por libra, mientras el frijol colorado se movió en una banda de 285 a 350 CUP. El pan redondo suave osciló de 25 a 55 CUP la pieza, y el aceite a granel se mantuvo estable en 600 CUP por libra (aproximadamente 500 ML). Para las proteínas de origen animal, la costilla de cerdo rondó entre 800 y 950 CUP la libra, y un huevo se pagó entre 70 y 100 CUP lo que implicaría que un cartón costaría entre 2,100 y 3,000 pesos.

En el caso de frutas y hortalizas, los precios también fueron dispares: el tomate fluctuó de 40 a 200 CUP por libra, el plátano fruta de 40 a 125 CUP y la guayaba de 40 a 120 CUP; el boniato se situó entre 45 y 150 CUP, mientras la cebolla alcanzó un rango de 200 a 520 CUP. Completa el panorama la leche en polvo entera (500 g), cuyo costo varió entre 750 y 1,200 CUP, y el queso blanco, que se vendió entre 550 y 850 CUP la libra.

Igualmente, esta semana fue noticia que, tras seis años sin celebrarse, la Asociación de Economistas y Contadores (ANEC) llevó a cabo su noveno congreso.

El Dr.C Juan Triana Cordoví subrayó que el encuentro llega en un momento crítico para la economía cubana y, sin embargo, apenas dispone de un día y medio de sesiones, tiempo «casi imposible» para abordar la enorme diversidad de problemas acumulados.

En adición reclama transparencia: que se comparta con los delegados —y con la ciudadanía— el «Programa para corregir distorsiones y reimpulsar la economía», así como datos claros sobre la marcha de los macroprogramas vinculados a cada eje estratégico (equilibrios macroeconómicos, transformación productiva, infraestructura, desarrollo humano). Sin esa información —insiste— el pueblo no puede valorar cuánto más sacrificio se le pedirá ni qué resultados concretos se persiguen.

Triana considera imprescindible un documento público que permita evaluar año a año el avance de la Estrategia de Desarrollo y pide un debate profundo sobre la situación de todo el sistema empresarial. Aunque no espera que el congreso resuelva los problemas, confía en que enriquezca el arsenal de ideas y herramientas para «virar esta tierra de una vez», y adelanta que, dado el contexto, el evento debería funcionar como un congreso permanente de economistas y contadores.

En los reportes de prensa realizados se supo que el congreso cerró con un llamado a traducir la ciencia económica en bienestar social. La plenaria aprobó cuatro pasos inmediatos: incorporar al informe oficial sobre la corrección de distorsiones las recomendaciones consensuadas en el espacio; remitirlas al Gobierno para apoyar ese programa; enviar al Consejo de Ministros una agenda que refuerce la contabilidad; y diseñar un plan de acción que eleve el aporte científico de la ANEC a la política pública.

El ministro de Economía, Joaquín Alonso, también presente en el espacio, retrató con varias cifras la crisis actual: el PIB cayó 10 % en cinco años —contracción comparable con el Período Especial— con desplomes marcados en agricultura e industria. Aunque el ritmo del Índice de Precios al Consumidor se desacelera, los precios siguen fuera de alcance y los salarios —incluso estando muy lejos de cubrir la canasta básica— crecen más rápido que la productividad. Por otro lado, el número de empresas con pérdidas decreció, pero esto responde más a subidas de precios que a eficiencia real.

Para estabilizar la macroeconomía, insistió el ministro, será crucial aumentar exportaciones, reformar el mercado cambiario y recortar el déficit fiscal. El obstáculo inmediato son las tres tasas de cambio que fragmentan la economía y alimentan una dolarización parcial. Sobre su solución solo dijo que: «ya tenemos definidas las acciones para cada etapa, pero el riesgo es alto. Cualquier medida en este ámbito debe garantizar que la tasa de cambio no se dispare, algo muy difícil en un contexto con escasez de divisas y baja oferta mercantil».

Todo ello ocurre en un contexto de profunda desigualdad monetaria las cifras compartidas por el alto funcionario lo ilustran claramente: el 10 % de la población concentra el 60 % del efectivo fuera de los bancos y apenas el 2 % posee más de la mitad de los saldos bancarios.

Las cifras sobre inflación, en principio, significarían un resultado económico positivo, sin embargo, tiene varios matices.

En el informe de precios no figuran otros productos y artículos esenciales para la reproducción de la vida. En el rubro alimentario faltan datos para el pollo —generalmente la proteína animal más consumida—, el azúcar, y los derivados de cereales como la pasta o la harina de trigo; tampoco se reportan los valores de embutidos populares como el perro caliente.

En cuanto a bienes no alimentarios, el documento tampoco incluye artículos de higiene y limpieza indispensables, como jabón de baño o de lavar, detergente, pasta dental, champú… La ausencia de estos precios limita la posibilidad de calcular una canasta básica teniendo en cuenta los precios oficialmente reconocidos.

Por otro lado, los alimentos y bebidas no alcohólicas fueron el componente que más impacto tuvo en la inflación mensual. Aunque su crecimiento fue de solo un 1.34 %, su peso en la canasta de consumo —la más alta entre todas las divisiones— provocó que contribuyeran con más de la mitad del efecto total en el incremento del índice general, con un valor de 55.15 puntos.

El «efecto» no representa un porcentaje, sino una medida del aporte absoluto de cada grupo de bienes o servicios a la variación mensual del IPC. Es decir, no se trata solo de cuánto subieron los precios en cada categoría, sino de cuánto influyeron esas subidas —según el peso de cada grupo en la canasta básica— en el aumento global del índice. Por eso, aunque otros renglones hayan tenido variaciones porcentuales similares o incluso mayores, el impacto de los alimentos fue decisivo: su presencia dominante en el gasto cotidiano de las familias hace que cualquier variación en sus precios tenga una repercusión mucho mayor en la inflación total.

Según el economista Pedro Monreal este efecto es preocupante, pero «habrá que esperar por nuevos datos para confirmar una reversión de tendencia en mayo». El arroz, producto básico de la alimentación cubana fue el que más impacto tuvo dentro de la sección de «alimentos y bebidas no alcohólicas».

Monreal también llamó la atención sobre que «el análisis de inflación en Cuba debe partir de la discutible confiabilidad de su medición oficial. No pocos economistas consideramos que la estadística oficial subvalora la inflación en Cuba», lo cual se sustenta en que estos cálculos no tienen en cuenta el precio del dólar en el mercado informal, y de otros productos «topados» que muchas veces terminan vendiéndose «por la izquierda» a precios mayores que los declarados.

Según el destacado economista, aun teniendo en cuenta las cifras oficiales, no hay que cantar victoria. Además del problema de los alimentos «con una economía en plena recesión a corto plazo, con crisis estructural y problemas de liquidez en divisas, no es plausible asumir que los factores del lado de la oferta son favorables a una moderación significativa de la inflación en 2025».

«En condiciones de crisis de oferta y de modesta reducción del déficit fiscal, ha sido la contracción del poder de compra de los hogares (pobreza) lo que parece haber moderado la inflación. El repunte inflacionario mensual de mayo pudiera indicar turbulencias», concluye Monreal.

Su tesis confirma lo que también ha sido publicado acá por otros expertos: la política económica está reduciendo la inflación y el déficit fiscal, comprimiendo la capacidad de compra de las familias cubanas —algo ya de por sí bien deprimido— mediante anclas que presuponen congelar salarios y pensiones incapaces de adquirir una canasta básica de bienes y servicios. Si se tienen en cuenta los mismos precios publicados, queda en evidencia que ni un salario, ni una pensión mínima podría costear algo tan elemental como un cartón de huevos.

Todo lo expuesto indica que para lograr un sistema económico que sea capaz de incrementar la producción a la par del bienestar social es necesario una reforma integral de la economía, y propuestas no han faltado.

En el mismo el Congreso de la ANEC se dio a conocer que el Premio Nacional Raúl León Torras, máxima condecoración que otorga la organización a un resultado científico, se dio a la obra Empresas Estatales Cubanas: Situación y Propuestas de Transformación.

La investigación es producto de un colectivo coordinado por los economistas Leandro Zipitría Deambrosio e Ileana Díaz Fernández, y reúne trabajos de expertos de muy diversas posturas: José Antonio Alonso, Julio Carranza Valdés, Jorge Ponce Moreno, Ricardo Torres Pérez, Alejandro Moya, Ricardo González Águila, Carlos Lage Codorniu, Óscar Fernández Estrada y Joel Marill Domenech, además de los compiladores.

El texto también aborda el problema de la inflación. La interpreta como el resultado de déficits fiscales financiados con emisión y de medidas coercitivas externas, además de otros choques que conformaron «una tormenta monetaria perfecta».

También se advierte —como lo hace Monreal— que los registros oficiales pueden subestimar el fenómeno porque «la existencia de controles de precios y segmentación de mercados impide que desajustes en el mercado monetario se manifiesten única o esencialmente a través de la inflación», lo que desplaza parte de la presión hacia «inflación reprimida, ahorro forzoso […] y presiones a una mayor inconvertibilidad de la moneda». Sentencia que mientras persistan el financiamiento del déficit público con emisión de dinero, la depreciación acelerada del peso y la creciente dolarización, las expectativas seguirán alimentando nuevas rondas inflacionarias.

Por otro lado, tras un diagnóstico que subraya la escasa autonomía directiva y los pocos incentivos creados por la planificación centralizada, los autores coinciden en que la empresa pública perdió competitividad y se convirtió en un obstáculo para el crecimiento. El libro muestra cómo la rigidez normativa y la ausencia de mercados funcionales han provocado la disminución de la productividad y alimentado distorsiones que se transmiten a toda la economía.

Sin embargo, la obra no se queda en la crítica, hace propuestas articuladas en tres frentes:

Primero, retipificar las entidades económicas: «parece perfectamente posible, e incluso deseable, la coexistencia de diferentes modelos de gestión». Se sugiere una nueva tipología con cuatro grupos: empresas mercantiles (expuestas a la quiebra y orientadas a la rentabilidad), empresas respaldadas (maximizadoras de bienestar social con subsidio público), empresas monopolio (reguladas en precio) y entidades de administración pública.

Segundo, transformar la empresa estatal implica replicar lecciones de China y Vietnam: descentralizar la agricultura permitiendo a los campesinos vender el excedente a precios liberados; cambiar la meta de «cumplir el plan» a «obtener beneficios»; establecer precios duales para que las firmas «puedan retener las ganancias», y crear un entorno donde «estos incentivos, que surgen de la competencia» sean clave para la correcta asignación de los recursos.

Tercero, reformar la gobernanza: crear un holding estatal único que concentre la propiedad y exija disciplina financiera, dotar a cada empresa de juntas directivas profesionales e independientes con representación técnica y laboral, firmar contratos de gestión que fijen metas medibles, bonos y sanciones, y, con ese entramado, clarificar quién decide y quién rinde cuentas en la empresa pública.

Cabe destacar que algunas de estas propuestas están recogidas en el borrador de la Ley de Empresas, que sigue pospuesta a aprobación.

El mensaje de conjunto que se expone en la nota de contracubierta del título debería ser la base de los análisis económicos que se hagan en el Comité Central del Partido Comunista de Cuba: «las conquistas sociales están en juego, y sostenerlas requiere adoptar cambios audaces, pero no novedosos. Otras economías socialistas han implementado reformas que les han permitido desarrollarse sin con ello resignar su concepción de la sociedad. Las demoras en introducir reformas ni combaten el bloqueo ni satisfacen las necesidades sociales».

Nuestra opinión es que el gobierno cubano, teniendo propuestas que vienen de sus propias organizaciones e instituciones, ha preferido mantener el orden actual de las cosas poniendo parches que afectan duramente la vida del cubano.

La inflación se está reduciendo, pero sobre la base de que muchas familias se estén mal alimentando por no poder acceder con el fruto de sus trabajos a una canasta básica de bienes y servicios, cuyos precios hoy superan con creces el salario medio de la Isla.

Un Estado que se dice socialista pero que controla la inflación sobre la base del empobrecimiento de su ciudadanía, tiene, como mínimo, una política económica profundamente incoherente con los principios que enarbola.

El PCC nunca podrá decir que le faltaron soluciones. Las propias universidades estatales las han producido a montones; lo único que falta es voluntad para implementarlas, y los costos de esa tozudez los está pagando toda la población.

Etecsa dialoga con la FEU, sin rectificar el «tarifazo»

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La noticia es que el Ministerio de Comunicaciones anunció la conformación de un Grupo Multidisciplinario entre estudiantes universitarios y directivos de ETECSA.

El encuentro, con sede en la Universidad Tecnológica de La Habana «José Antonio Echeverría» (Cujae), reunió a 30 estudiantes en representación de universidades de todo el país, para «analizar y debatir con la intención de conocer el alcance de las nuevas medidas comerciales», según informaron medios oficiales.

La vicepresidenta nacional de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), Litza González Desdín, valoró la creación del grupo como una señal de que las «inquietudes» del estudiantado están siendo tomadas en cuenta, y lo calificó como muestra de «madurez política».

De acuerdo con estos reportes, el espacio funcionará con un enfoque «propositivo y consultivo» durante varias jornadas «hasta llegar a un consenso de cuáles iniciativas son viables o no en las condiciones actuales y cuáles serían los requerimientos para aplicarlas, lo cual será oportunamente informado» en las próximas semanas.

Sin embargo, en el primer encuentro de dicho grupo no se ha anunciado la suspensión ni la modificación de las medidas vigentes, que limitan las recargas en moneda nacional de una persona al equivalente máximo 6.5 GB mensuales de datos móviles en moneda nacional y ofrecen paquetes adicionales a precios inaccesibles para la mayoría de la población.

Esto significa que como respuesta a la crisis, el gobierno decidió crear un espacio de intercambio entre la FEU y funcionarios de ETECSA, luego de los reclamos estudiantiles tras el «tarifazo» impuesto por el monopolio estatal.

Este grupo surge en un momento de amplio descontento entre la comunidad universitaria, que desde el anuncio de estas medidas el pasado 30 de mayo ha expresado su rechazo con cartas públicas y convocatorias a paros académicos. En este sentido, la FEU de la Facultad de Matemática y Computación (Matcom) decidió hace unos días levantar el paro de clases, argumentando que esperarán los resultados del grupo de trabajo recién creado.

El economista Pedro Monreal advirtió que «la protesta ha sido encauzada para esterilizar su potencial efecto rectificador mediante el llamado Grupo Multidisciplinario, con funciones estrechas que impiden frenar el tarifazo».

Monreal cuestiona, además, la narrativa oficial sobre las causas del desplome de ingresos en divisas de ETECSA, señalando que la justificación del «fraude» no es «creíble», dado que hasta hace pocos años la entidad había sido una de las principales «vacas lecheras» de los ingresos en divisas, y también omite responsabilidades internas.

Este argumento coloca a las autoridades en una posición que las desmarca del problema, como si no hubieran tenido conocimiento de lo que sucedía o, peor aún, optaron por mirar hacia otro lado mientras ETECSA se desangraba financieramente. Postura que resulta insostenible, especialmente cuando, ante un «fraude» de alcance internacional, no se han presentado evidencias públicas de demandas legales ni acciones disciplinarias contra los presuntos responsables, que habrían ocasionado una pérdida millonaria a una empresa estratégica del país.

Monreal no fue el único que se mostró escéptico. El periodista Giordan Rodríguez Milanés afirmó en sus redes: «veo bien que, como gesto político, la FEU haya creado una especie de grupo consultor para ETECSA y veo mejor el espíritu participativo y constructivo de la FEU. Pero seré franco: estoy seguro que no existirá nada nuevo que esos chicos y chicas con compromiso y buena voluntad puedan aportar que no haya sido ya estudiado por los propios especialistas de ETECSA».

Más adelante agrega: «EL PROBLEMA DE ETECSA NO ES ETECSA. El problema de ETECSA es el mismo que el de la UNE, el mismo que el de ECASA, el mismo que el de TRANSCONTENEDORES y AZCUBA: es el de ser una empresa perteneciente a un sistema de gestión de la economía obsoleto, inadecuado a la circunstancia impuesta por el bloqueo, inoperante. Y es tener un gobierno y un partido enquistados en esa inoperancia».

Lo cierto es que mientras se crea este Grupo Multidisciplinario, las tarifas siguen vigentes, ni siquiera el supuesto «paquete intermedio» anunciado en el espacio Desde la Presidencia ha visto la luz. El impacto se hace sentir de manera desigual: excluyen a quienes no reciben remesas y los costos adicionales superan salarios y pensiones mínimas. Todo eso en medio de una grave crisis energética y alimentaria que ya hace muy difícil la vida cotidiana.

Nuestra opinión es que la constitución del Grupo Multidisciplinario entre estudiantes y ETECSA parece responder más al objetivo de apaciguar el descontento que a una voluntad clara de revertir decisiones impopulares o rendir cuentas de los errores cometidos.

Escuchar al estudiantado siempre es valioso. Pero ese diálogo no puede ser un recurso de emergencia que se activa cuando ya se han tomado decisiones impopulares. Debe ser parte orgánica del proceso de formulación de políticas públicas, y, sobre todo, debe generar resultados tangibles.

Las demandas ciudadanas reflejan que el problema ya trasciende el «tarifazo». Lamentablemente, ETECSA no es un caso aislado: reproduce las mismas deficiencias estructurales que afectan a otras empresas estatales cubanas. La falta de competencia, la ineficiencia, la opacidad administrativa y la ausencia de control ciudadano son síntomas de un modelo económico que necesita una reforma integral y hace años que economistas y otros científicos sociales vienen alertando sobre esto, con propuestas concretas de soluciones. No obstante, el gobierno sigue optando por parches coyunturales que no llegan a la raíz del problema, al contrario, profundizan más la crisis.

Por otra parte, cada vez que ocurre un desastre como el de ETECSA, la respuesta es dolarizar el servicio, a pesar de que el propio presidente lo reconoció en el podcast Desde la presidencia: «Este paso no lo deseamos, pero había que darlo» para evitar el colapso. Bajo esa lógica, hoy se dolariza el acceso a la comunicación, como se dolarizaron las tiendas de alimentos y productos de primera necesidad, ¿mañana será la electricidad o el agua?

No basta con incluir algunas voces juveniles en el debate si no se garantiza que esas voces puedan transformar la política. Cuba necesita mecanismos permanentes, vinculantes y transparentes de participación ciudadana, espacios que no solo recojan inquietudes, sino que incidan efectivamente en las decisiones.

El caso de ETECSA ha puesto en evidencia que existe una ciudadanía crítica, especialmente joven, capaz de organizarse y exigir, no solo explicaciones, sino cambios concretos. Pero también ha mostrado que el Estado no está preparado para sostener ese diálogo horizontal y real, con consecuencias reales en la toma de decisiones. Gobernar no es imponer desde arriba, sino construir consensos legítimos, escuchar, rendir cuentas y corregir. Sin esa transformación estructural, esta iniciativa solo será otra formalidad más.

¿Cómo revitalizar la industria azucarera cubana?

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Ilustración: Félix Azcuy

La caña de azúcar es una de las pocas plantas que tiene la capacidad de entregar toda el agua y la energía necesarias para producir, no solo el azúcar, sino también la miel y la cachaza. Esta característica única, sumada a su importancia económica, convirtió durante siglos a este cultivo en uno de los pilares de la identidad y la economía de Cuba. Sin embargo, un análisis del decrecimiento de la producción de caña de azúcar desde 1990 hasta 2024 revela un proceso complejo, marcado por múltiples causas y con efectos profundos tanto en la industria azucarera como en la vida del país.

Las causas del declive

Uno de los primeros grandes factores que explican el desplome de la industria azucarera fue la crisis económica post-soviética. La caída de la Unión Soviética y el fin del apoyo económico que recibía Cuba resultaron en una crisis profunda a la economía nacional provocado por la pérdida de los subsidios y un mercado que estaba asegurado, especialmente para el azúcar, donde la Isla llego a exportar más de 4 millones de toneladas de azúcar.

Más adelante, en el año 2002, se implementó la llamada Tarea Álvaro Reynoso. Esta reestructuración, justificada oficialmente por la caída de los precios internacionales del azúcar, resultó en la paralización y cierre de aproximadamente el 50 % de los centrales azucareros existentes en el país.

Lo correcto hubiera sido la preservación de estas instalaciones, y lo más importante, de la fuerza de trabajo asociada a ellas. Sin embargo, esto no ocurrió, no solo se desmantelaron las calderas, sino también se abandonaron las infraestructuras adyacentes, y se desaprovechó la experiencia acumulada de generaciones de trabajadores que se habían formado durante décadas.

Lo correcto hubiera sido la preservación de estas instalaciones, y lo más importante, de la fuerza de trabajo asociada a ellas.

A los factores antes expuestos debe sumársele uno medular: la falta de inversión en la modernización, lo cual llevó a una disminución en la eficiencia y productividad. Muchas fábricas operaban con maquinaria obsoleta y por ende estaban casi paralizadas, en consecuencia, no necesitaban caña para su molienda. La industria azucarera ha recibido en los últimos años menos del 1 % de las inversiones del país, algo que se puede considerar una distorsión total de la distribución de las inversiones.

En el campo, la situación no fue mejor. Además de los problemas como plagas y enfermedades de las plantas que afectaron los rendimientos y tuvieron pocos recursos financieros para enfrentarlos, el desinterés por el cultivo de caña de azúcar creció en paralelo a la migración rural y al envejecimiento de la población agrícola, lo cual contribuyó a la disminución de áreas sembradas.

Un análisis del demógrafo Juan Carlos Albizu Campos y del economista Omar Everleny destaca un acelerado vaciamiento del campo cubano. El grado de urbanización entre la población alcanzó el 77.1 % en el bienio 2021‑2022, reflejando un éxodo significativo del campo hacia las ciudades. En provincias agrícolas clave como Artemisa la proporción urbana llegó al 68.8%. Este masivo éxodo rural, no sólo vacía los campos cañeros, sino que degrada la infraestructura y servicios en las zonas rurales, y debilita la base laboral necesaria para sostener la producción de caña de azúcar.

Por otra parte, las políticas agrarias implementadas por el gobierno tampoco favorecieron el sostenimiento de la producción cañera. Se priorizó la siembra de otros cultivos, reduciendo significativamente la superficie dedicada a la caña de azúcar. El intento de diversificar la producción agrícola desvió recursos y atención, pero no logró que el país produjera de manera autosuficiente los alimentos básicos que necesitaba. Paradójicamente, mientras la producción de caña disminuía, crecían las importaciones de productos agrícolas esenciales como arroz y granos.

Las políticas agrarias implementadas por el gobierno tampoco favorecieron el sostenimiento de la producción cañera.

A este complejo panorama se sumó el impacto del cambio climático. En los últimos años, fenómenos extremos como sequías prolongadas e inundaciones severas han afectado a toda la agricultura cubana, incluyendo de manera significativa a los cultivos de caña. Estas condiciones adversas, que tienden a repetirse y agravarse con el paso del tiempo, y para las cuáles tampoco ha existido una estrategia eficiente de adaptación, colocan a la producción agrícola en una situación de permanente vulnerabilidad.

Los efectos del colapso de la industria azucarera

Las consecuencias de este decrecimiento en la producción de caña no tardaron en hacerse sentir. En primer lugar, la producción de azúcar cayó de manera estrepitosa. Mientras en los años 90 Cuba producía más de 8 millones de toneladas anuales, en la actualidad apenas se producen menos de 100 000 toneladas, y se prevé que para 2025 se mantenga por debajo de esa cifra.  El pasado año se informó que de 36 centrales que quedaban disponibles solo 15 participarán en la actual zafra.

Esta caída obligó al país a recurrir a la importación de azúcar para cubrir, aunque sea parcialmente, la demanda interna. Según un reporte de la organización Cuba Trade and Economic Council, en 2024 la Isla importó desde Estados Unidos productos azucareros por un valor total estimado de 3,795,446 dólares. Esta cifra incluye diversas formas de azúcar, entre ellas 230,750 USD en azúcar cruda, 547,797 USD en azúcar refinada para venta al por menor, y 683,262 USD en azúcar refinada sin sabor para uso industrial o general. Además, se registraron 31,741 USD en azúcares y jarabes no especificados derivados de caña o remolacha, y 2,298,888 USD en jarabes, mieles artificiales y otros derivados no saborizados ni coloreados, dentro de los cuales se incluyen productos como caramelo y miel sintética.

Una paradoja para una nación que durante mucho tiempo fue uno de los principales exportadores mundiales del producto. Esta dependencia de las importaciones, además, agrava la balanza comercial y debilita aún más la ya deteriorada economía nacional.

La industria azucarera, que en su momento fue considerada la locomotora de la economía cubana, perdió su condición de sector estratégico. Su declive ha resultado en pérdidas de empleo y ha afectado a comunidades enteras que dependían del cultivo y procesamiento de caña por lo que vieron aumentar la pobreza y el abandono.

La industria azucarera, que en su momento fue considerada la locomotora de la economía cubana, perdió su condición de sector estratégico.

Además del azúcar en sí misma, la caída de la producción de caña afectó gravemente a la producción de sus derivados. Productos como la melaza, el ron y el bioetanol, esenciales tanto para el consumo interno como para la exportación, también sufrieron un retroceso. Incluso se ha puesto en riesgo la producción de rones cubanos, que forman parte de la identidad cultural del país y que tienen un importante mercado internacional.

Por si fuera poco, la reducción de la oferta de azúcar y sus derivados en el mercado interno ha provocado un aumento de los precios minoristas, lo que a su vez ha incrementado el costo de vida de los cubanos, ya presionado por múltiples causas.

Para que se tenga una idea, hoy un kilogramo de azúcar blanca puede costar alrededor de 600 pesos, estamos hablando de la tercera parte de la pensión de un jubilado. Pero este aumento de precios y escasez además repercute en otros productos y servicios que dependen del azúcar, como puede ser la gastronomía o la repostería.  

En resumen, estamos hablando de un renglón que dejó de ser una de las principales fuentes de ingresos en divisas del país mediante las exportaciones, para ser incapaz de, siquiera, suplir el consumo nacional; de locomotora de la economía, no terminó siendo ni un vagón.

¿Qué hacer para revertir la situación?

Ante un panorama tan sombrío, resulta imprescindible preguntarse qué acciones podrían tomarse para revertir el declive de la producción de caña de azúcar en Cuba. Queda claro que requiere enfoque integral que incluya inversiones en tecnología, políticas agrícolas sostenibles y un compromiso renovado con el desarrollo rural.

Una primera medida necesaria sería la modernización de la infraestructura y la tecnología. Es imprescindible invertir en maquinaria nueva para los centrales azucareros y en técnicas agrícolas modernas, como los sistemas de riego eficiente y el uso de biotecnología aplicada al mejoramiento genético de la caña. Estas innovaciones permitirían aumentar la eficiencia y la productividad del sector.

También es fundamental apostar por la capacitación y el desarrollo de los recursos humanos. Se necesitan programas de formación técnica que actualicen los conocimientos de los trabajadores agrícolas y de los técnicos industriales, al tiempo que se implementen estrategias para atraer a jóvenes profesionales al sector mediante incentivos educativos y laborales.

La diversificación de productos es otra estrategia crucial. No se trata únicamente de producir azúcar, sino de fomentar la producción de derivados como melaza, ron, bioetanol, e incluso innovar con nuevos productos como bioplásticos o alimentos procesados a partir de caña de azúcar. Esta diversificación permitiría reducir la dependencia de un solo producto y abrir nuevas oportunidades en mercados nacionales e internacionales.

En cuanto a la gestión agrícola, es indispensable promover prácticas sostenibles que protejan la salud del suelo y fomenten la productividad a largo plazo. La creación y fortalecimiento de cooperativas agrícolas podría facilitar el camino, permitiendo a los productores pequeños trabajar juntos para mejorar la eficiencia, compartir recursos y acceder a mercados.

El acceso a financiamiento también debe mejorar. Se necesitan créditos blandos y subvenciones que permitan a agricultores y empresarios del sector renovar sus equipos, mejorar sus técnicas de cultivo y expandir sus operaciones. Además, la promoción de la inversión extranjera podría aportar el capital y la tecnología que el país no tiene.

La investigación y el desarrollo deben jugar un papel central. Es fundamental fomentar la colaboración entre universidades, centros de investigación y productores, para desarrollar nuevas variedades de caña resistentes a plagas y fenómenos climáticos extremos, y para perfeccionar los procesos de cultivo y de industrialización. Esto puede empezar con la implementación de proyectos piloto para probar nuevas técnicas y tecnologías antes de una implementación a gran escala.

Todo esto debe estar acompañado de políticas gubernamentales favorables. Es imprescindible implementar reformas estructurales que eliminen la burocracia excesiva, faciliten el acceso a insumos, reduzcan los obstáculos a la comercialización y protejan especialmente a los pequeños productores. Igualmente debe permitirse al sector privado cubano, que ha demostrado resultados favorables en otras áreas, una mayor imbricación en la producción azucarera, eliminando las prohibiciones que les permiten inscribirse en este rublo. 

Finalmente, una vía adicional que podría explorarse es el turismo agroindustrial. Visitas a antiguas plantaciones, fábricas de azúcar restauradas y eventos culturales relacionados con la historia del azúcar en la Isla podrían generar ingresos alternativos y contribuir a preservar la memoria histórica de la industria azucarera.

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Revertir el decrecimiento de la producción de caña de azúcar en requiere un enfoque integral que combine modernización tecnológica, capacitación, diversificación de productos y apoyo gubernamental. Sin embargo, de llevar a cabo las reformas pertinentes, todavía posible es posible, no solo revitalizar la industria azucarera, sino también contribuir al desarrollo económico sostenible del país en un sector que fue y seguirá siendo parte irrenunciable de la cultura y la identidad cubana.

Se está acabando el tiempo

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Se está acabando el tiempo para manejar la crisis cubana que puede definir el destino del país. Las reacciones ante el tarifazo de ETECSA lo demuestran, primero, porque no se trata solo del tarifazo, sino de la acumulación de malestares, y segundo, porque el momento demanda del gobierno una altura política que hasta ahora no ha demostrado.

Más allá del costo social de una medida ampliamente impopular, se ha puesto en evidencia el desgaste de un modelo en términos económicos y políticos, y las falencias en los procesos de toma de decisiones y participación ciudadana, además de las incapacidades para responder con eficacia ante las demandas justamente esgrimidas.

La reacción al tarifazo no puede entenderse desconectada de su contexto. Se suma a las muchas otras problemáticas que impactan directamente sobre el bienestar: inflación, recorte de transferencias sociales —productos alimenticios subsidiados por la libreta de abastecimiento, por ejemplo—, o el retroceso en la calidad de servicios públicos como salud y educación, etc. 

El mercado ha suplido de facto muchas de estas carencias, pero, ante la ausencia de políticas públicas efectivas que reduzcan las inequidades, o que fomenten la producción nacional, muchísimos segmentos poblacionales se han visto empobrecidos y sin acceso a productos y servicios básicos para la reproducción de la vida, que hoy fijan sus precios sobre la base del dólar en el mercado informal, mientras salarios estatales y pensiones se mantienen congelados.

Es en esas condiciones que la cultura política del Estado cubano no ha cambiado y continúa signada por la verticalidad y la falta de iniciativa consustancial a una supuesta unidad monolítica —aparentemente— donde no hay espacios de confrontación respetuosa para construir consensos, sobre todo porque se dan como ya creados. Así, quienes diseñaron y respaldaron el anuncio de las medidas asumieron que bastaba con comunicarlas para que la gente las aceptara, sin considerar que toda decisión pública debe someterse al escrutinio, especialmente cuando afecta derechos considerados fundamentales para la sociedad actual. 

Más que un error de comunicación —que también lo fue— se trata de un error político: falló la evaluación de las circunstancias para decidir, en un contexto de crisis, agregar más presión a las ya muy difíciles condiciones de los cubanos, y sumado a ello, todo apunta a que la reacción ciudadana no había sido prevista por las autoridades gubernamentales.

Aunque se han facilitado varios espacios de escucha, y han sobrado las explicaciones, más allá de ciertos gestos y promesas de mejoras a futuro, hasta el momento el gobierno no ha demostrado habilidad política, capacidad institucional, o recursos para afrontar una crisis que precisa de acciones concretas y visión estratégica.

Los decisores han recurrido, una vez más, a los mecanismos habituales de centralismo, opacidad y llamados a la resistencia y la confianza. Pero un modelo de gobierno vertical, que carece de espacios vinculantes de rendición de cuentas y de diálogo con la ciudadanía, difícilmente puede estar a la altura del momento, en una sociedad atravesada por una policrisis inédita, que le exige con urgencia ser parte activa en la construcción de soluciones. 

En otras palabras, no solo el contexto ha cambiado, también lo ha hecho la gente, esa misma a la que no le basta con ser escuchada, sino que comienza a pedir garantías de que sus criterios se utilizarán en la toma de decisiones. Ante esa situación, solo puede maniobrar con efectividad un gobierno con poder real sobre sus empresas e instituciones, con inteligencia política y con agilidad tanto para reaccionar como para aprovechar a su favor cualquier brecha que le dé una crisis política.

Pero en este caso, si no existe esa agilidad o la capacidad de maniobra, en parte se debe a que existe un obstáculo a todas luces muy difícil de sortear:  la preponderancia de GAESA en la economía cubana actual, que escapa, ya no de los mecanismos de control popular, sino de los mecanismos de fiscalización del propio Estado, como el de la Contraloría General de la República. Se trata entonces de decisiones que no se discuten en espacios públicos de deliberación, que son tratadas con secretismo, y que responden, en cambio, a lógicas de acumulación sin contrapesos ni transparencia.

Y si hay altos dirigentes en el gobierno que no tienen poder real sobre esa parte de la economía, podría calificarse de sinsentido exigirles habilidad política o cambios sobre aquello que no dirigen. Pero el error no está sobre la ciudadanía que le pide cuentas a sus autoridades, sino sobre el modelo que le impide a un gobernante gobernar.

Desde el punto de vista del modelo económico,  «la batalla de los megas» expone también  sus limitaciones, puesto que ha convertido la dependencia externa de las remesas en su columna vertebral: en el espacio «Desde la Presidencia» se reconoció acríticamente que cerca del 80 % de los ingresos en moneda de ETECSA provienen de recargas internacionales, ignorando así la vulnerabilidad y la distorsión que representan estos números.

Con un esquema de negocios rentista, además de desdibujar la función pública de una empresa estatal que ofrece un servicio básico a la población y no tiene —por decreto, no por lógica del mercado— ninguna competencia, se sobreentiende que los clientes a potenciar no serían los cubanos residentes en la Isla —a quienes les brindan el servicio— sino aquellos que emigraron, dejando a los nacionales en una situación de clara desventaja.

Si a esto se añade una gestión que actúa tarde, de forma reactiva, sin evaluar el impacto social de sus decisiones, y desconectada de las condiciones materiales de vida de la mayoría, tenemos el cuadro completo para la crisis política mal gestionada a la que estamos asistiendo.

¿Por qué nos estamos enterando ahora, de golpe, que ETECSA está al borde del colapso tecnológico? ¿Cómo es posible que se haya llegado a este límite sin previsión? Y, sobre todo, ¿por qué debe la población pagar más por servicios que no mejoran y asumir, sin alternativa, las consecuencias de una mala administración?

La solución no puede pasar, una vez más, por la dolarización ni por la transferencia del costo del servicio a los cubanos, ya sean residentes o emigrados. Lo que está en riesgo no es solo el acceso a Internet, sino el derecho pleno a ejercer una ciudadanía digital, a participar, informarse, comunicarse, a teletrabajar y, principalmente, está en juego la legitimidad del modo en que se gobierna y se decide en el país.

Como era de esperar, la crisis actual ha servido para canalizar un malestar más amplio, acumulado por años de decisiones impopulares, falta de transparencia y ausencia de mecanismos reales de participación ciudadana. La particularidad aquí es que esta vez el centro de la confrontación están los jóvenes. Han sido ellos quienes, desde diversas facultades universitarias y con el apoyo del profesorado en determinados casos, han emitido pronunciamientos, con denuncias, pero también con propuestas y argumentos técnicos.

Esa capacidad de articulación y firmeza del estudiantado desde las bases de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) contrasta con la inercia, el silencio y las respuestas defensivas de organizaciones políticas como la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), que —salvo algunas reacciones puntuales de comités de base— no ha logrado, desde su estructura nacional, ejercer liderazgo ni atender las demandas de quienes debería representar. Igualmente organizaciones gremiales como la Central de Trabajadores de Cuba, o responsables de representar a la ciudadanía, como la Asamblea Nacional del Poder Popular, han estado ausentes del debate.

Un escenario como este, con todo el potencial para convertirse en una oportunidad política para el gobierno, ha sido desaprovechado, en el sentido de transformar la crisis en un punto de partida para establecer alianzas y abrir espacios de negociación real y vinculantes que permitan salidas viables y sostenibles. Aunque en el discurso político se habla de diálogo, en la práctica se insiste en atrincherarse en la noción de que las condiciones actuales no pueden cambiarse y de que las medidas son necesarias. Solo hay que explicar más.

Y sí, las medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos son una realidad persistente. Cabe mencionar que a pocos kilómetros de la Isla pasan varios cables submarinos que pudieran facilitar una mayor conectividad y que no pueden ser usados por las restricciones que pone la Casa Blanca. Sin embargo, el uso de este argumento por parte de la oficialidad, sin estar acompañado de las críticas necesarias a su gestión económica y política, hace que una zona cada vez más grande de la población lo perciba como única coartada para justificar las fallas que le corresponden al gobierno. Síntoma también del fracaso para comunicar el verdadero impacto de las sanciones norteamericanas en la vida cotidiana.

Cualquiera imaginaría que este contexto sería ideal para la oposición, en espera de un momento propicio para capitalizar el descontento, y sin embargo también ha quedado al margen. A pesar de intentarlo, no ha logrado posicionarse como un actor relevante ni rentabilizar políticamente el malestar que se ha expresado de manera organizada y legítima. Ni siquiera aprovechando que los propios funcionarios hayan publicado en simultáneo mensajes de denuncia a las cartas falsas o engañosas, «los intentos de dividirnos», y la campaña contra las universidades, en un esfuerzo por girar el lente de la visibilidad hacia opositores.

Con todo, la conversación no pudo ser desviada por ningún bando: seguimos ante una protesta ciudadana donde los estudiantes tienen un papel fundamental, pero en la mayoría de los casos han alertado su no anexión con movimientos opositores o los reclamos que vienen desde el exilio. Y esto también es una muestra de que, si bien el PCC ha perdido liderazgo, los movimientos opositores organizados dentro y fuera del país no han podido ocupar esos vacíos, entre otros factores, porque tampoco presentan un plan viable y creíble para mejorar las condiciones de vida de las mayorías. 

Aún así, el gobierno cubano parece sentirse más cómodo haciendo denuncias enérgicas a lo que dice o hace la oposición, en lugar de abordar los problemas reales que se le plantean hacia lo interno. Culpar al «enemigo» se ha vuelto casi un reflejo automático, como una manera también de no asumir responsabilidades con las condiciones en las que vive la población.

Y no, los espacios de diálogos con estudiantes no son suficientes para decir que sí se abordan los problemas que compartimos hoy, más aún cuando muy poco, o prácticamente nada de lo sugerido en esos espacios ha sido implementado.

Resulta muy sintomático que tanto expertos, como la ciudadanía, e incluso el propio presidente reconozcan los problemas estructurales de la economía, como la dualidad cambiaria en ausencia de un mercado formal de divisas, la centralización excesiva, o el marco jurídico desactualizado para el sistema empresarial, y que esto no se traduzca en una reforma integral, ni siquiera, en una aprobación de la tan aclamada Ley de Empresas. Los parches abundan en un tejido social bien debilitado y un contexto político que deja muy poco margen a la improvisación y la falta de visión estratégica.

Hoy resulta ineludible replantear cómo las instituciones entienden y ejercen la participación ciudadana. Si algo también se percibe en esta crisis desatada por ETECSA, es que buena parte de la ciudadanía se desmarca de empatizar con organizaciones y empresas estatales, o quienes las dirigen, porque no las sienten propias, no las perciben como espacios que los representen ni que respondan a sus necesidades. ¿Cómo sentir algún grado de pertenencia a una empresa estatal (¿socialista y pública?) que ha incumplido, de facto, el contrato social con sus clientes? Y más allá: ¿dónde están los sindicatos, las organizaciones de masas, las instancias creadas para defender los derechos ciudadanos?

La distancia entre las instituciones y la ciudadanía no se acortará con discursos; amerita acciones que reconstruyan el vínculo entre el Estado y la sociedad, y abran el camino hacia un nuevo pacto social participativo y justo. Eso implica espacios donde las diferencias no se gestionen como riesgosas o sospechosas, sino como oportunidades para crear consensos.

Desde el punto de vista político, el principal daño no está en el bolsillo de la gente, sino sobre la confianza, ya difícil de sostener. Si el gobierno no es capaz de revertir eso, si la Asamblea Nacional del Poder Popular en julio no refleja este malestar con debate, si en definitiva, las formas de hacer política no cambian y no se impulsa de una vez por todas la reforma integral de la economía, llegará el momento en que no habrá ya ningún margen de maniobra, ninguna confianza política que rescatar. Se está acabando el tiempo. 

Gustavo, la vejez y la felicidad

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Ilustración: Brady

Hace un tiempo que me he estado sintiendo incompleto, para que me entiendan: me he sentido como un gladiolo sin su diploma.  En este tiempo están ocurriendo muchas cosas tremendas, por ejemplo, las elecciones en los Estados Unidos. Acaba de ganar Donald Trump y se dice que hay muchas personas allá que van a regresar. Muchos porque los van a mandar para acá, otros porque no les gusta como gobierna Donald Trump y van a venir por su cuenta.

A todo el que tenga que regresar a Cuba quiero transmitirle un mensaje muy importante:  traiga azúcar.  No les digo más cosas a traer porque sé que son dos maletas de 23 kilos.  Hay gente que dice «yo sí regreso y vuelvo a vivir como antes con mis mandados». Mmm, no quiero ser pesimista, ni portador de malas noticias pero, amigo, de corazón, lo que usted conocía como sus mandados, de nombre científico «la canasta básica», no cuente con ellos, porque han fallecido. Tampoco se lo tome a pecho, porque no es nada personal con usted, ya que no son solo los mandados de usted, son los de todo el mundo.

Aún así, hay gente que no está preparado para el estilo de vida que se tiene en otros lugares.  En mi propia cuadra tenemos a Gustavo. Gustavo era alcohólico perdido antes de irse. Para que usted tenga idea del nivel de alcoholismo de Gustavo, le cuento que un día yo salí por la mañana tempranito y había un molote de gente en la cuadra. Robaron en casa de Gustavo, me dijeron. Estaba la policía tomando huellas, y Gustavo sentado en la escalera con resaca.

¿Qué pasó mi hermano? Nada, compadre, me dice. Cogí tremenda borrachera anoche, me quedé dormido en el portal, dejé la puerta abierta y me robaron el refrigerador y la olla arrocera.  Espérate, espérate Gustavo. Tranquilo.  El refrigerador yo no sé, pero la olla arrocera me la vendiste a mí anoche. Tranquilo que yo te la devuelvo, no es primera vez que me la vendes. Gustavo me mira y me dice: ¡Ño! Ya sé donde está el refrigerador. Coño, que pena darle la noticia ahora a la policía.

Gustavo regresó a Cuba por vago. Gustavo no se acostumbró allá y me lo dijo directamente: «allá para vivir tienes que matarte trabajando, aquí no vivo, pero tampoco trabajo» Independientemente de todos los problemas, en Cuba hay cierto nivel de vagancia en alguna gente. ¿Ustedes no han visto que han empezado a proliferar a nivel de epidemia las botas de agua? Mi teoría es que es por vagancia: para no abrocharse los cordones.  La cantidad de personas en botas de agua en todas partes me ha llegado a preocupar. Gente que se casa en botas de agua, el novio y la novia, los dos. Yo he visto gente en el Teatro Nacional viendo El Lago los Cisnes con unas botas de agua sentados en primera fila

Le pregunté a Gustavo de qué estaba viviendo y me dijo que le daba un poco de pena decírmelo, pero al final confesó: «me estoy yendo para el parque de B a las 3 de la mañana, me escondo detrás una mata y cuando pasa alguien le pido el celular y la billetera». ¿Gustavo tú estás asaltando personas? Me dijo: ¡No! Yo soy antiviolencia.  Yo pido las cosas por favor y en buena forma. Hay mucha gente que no me las da y se molesta, otros que se van corriendo, pero más o menos de cada cinco personas dos o tres se conmueven y me dan las cosas.

¡Gustavo, te van a llamar a la policía! Me dijo: Olvídate de eso. La han llamado varias veces y no viene; al parque de B, no viene. Yo escandalizado le dije: Compadre, quítate de eso que te vas a buscar un problema.  Ya me lo busqué, me dijo: me asaltaron a mí. El tipo me quitó los 3 celulares y las 3 billeteras, bueno, 4 con la mía. ¡Qué situación! No podías ni llamar a la policía porque no viene al parque de B. Me dice:  pues esa vez sí vino, porque la llamé diferente. No grité Auxilio, ni Socorro, ni ladrones, grité otra cosa y para que tú veas, la policía vino enseguida.

Me picó la curiosidad y le dije: Gustavo, ¿Qué gritaste? Y me dice: Compadre, con el nerviosismo de aquel día, tú sabes que no me acuerdo. Pero bueno, llegó la policía, cogió al tipo, le quitaron el cuchillo, le metieron enseguida las manos a la espalda, y cuando le tenían la cabeza al tipo metida dentro de la patrulla el tipo dijo: Yo estaba robando, pero el del grito fue él. Soltaron al tipo y se llevaron a Gustavo.

Gustavo ya no es un muchacho, es una persona mayor que ha ido cogiendo años. Está en esa etapa, picando los 60. Digamos que no es un viejo, es una persona típica de la Cuba de ahora, porque la población cubana está envejecida. Hay muchas personas mayores, y muchas de esas  personas mayores siguen diciendo que la juventud está perdida. Y que ellos no la vean, no quiere decir que esté perdida. Ahora tú me traes un mapa y yo te señalo fácil dónde está la juventud.

A las personas mayores hay que respetarlas porque son guerreros que han pasado más tiempo en esta dura batalla que es la vida, pero también hay que exigirles que tienen que poner de su parte. Por ejemplo, si un día van al cajero, no está de más practicar en la casa antes, para no demorar la cosa.

Hay un test muy sencillo que usted puede hacer para saber si usted es viejo o no. Es fácil. Ahora cuando usted vaya a bajar la primera escalera, se deja caer. Si la gente se ríe usted es joven, si vienen a ayudarlo, vaya pensando en chequearse.

Pero no importa su edad. Salga cada día a buscar la felicidad. La felicidad es un concepto que no es concreto, o eso dice la filosofía, pero yo le voy a decir aquí un método concreto e infalible. Coja una tabla de pladur de uno por uno y póngasela bajo el brazo, coja una mochila con huevos, un pedazo de cake en una mano y un nailito con un goldfish en la otra. Entonces se monta en un P, y las facilidades que la vida le ponga no las aproveche: se vacía un asiento, no lo coja. Lo vomita un niño, no se queje. Una señora dice que usted se le está pegando, no le haga caso. Un señor se le pega a usted, tampoco haga caso. Le van a arrimar boniatillo caliente y/o pollo congelado, no proteste. Siga hasta el final y haga contacto físico con la pared del fondo del transporte y bájese, o déjese bajar que no es lo mismo, pero es igual. Suelte todo el equipaje ahí mismo, vaya para su casa, escoja su sillón favorito, suba los pies y ponga el ventilador en tercera. Eso que usted va a sentir ahí, mi amigo, es la felicidad.