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Clima diplomático tenso y diálogo sobre migración «en cero»

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La noticia es que las conversaciones sobre migración entre Cuba y Estados Unidos se encuentran suspendidas, en un contexto de tensión diplomática y endurecimiento de las políticas migratorias bajo la administración Trump.

Johana Tablada, subdirectora general para Asuntos de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, afirmó esta semana que la relación bilateral está actualmente «en cero» y que «el Departamento de Estado no está interesado en mantener conversaciones con Cuba que han existido», a pesar de todo, en el pasado. También señaló que, bajo la presidencia estadounidense actual, tanto ella como el viceministro Carlos Fernández de Cossío «fueron ignorados por el Departamento de Estado durante visitas a Washington», a diferencia de administraciones anteriores que al menos accedían a reuniones bilaterales.

Según la diplomática, se ha emprendido una campaña sistemática para presentar a Cuba como una amenaza, utilizando argumentos como la presunta presencia de bases chinas o la criminalización de las misiones médicas.

Esta ofensiva coincide con el regreso de Cuba a la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, la reinstauración de sanciones previamente levantadas y nuevas restricciones a funcionarios cubanos, remesas, comercio y viajes.  

La Isla, en cambio, ha seguido recibiendo vuelos de deportación desde Estados Unidos en cumplimiento con los acuerdos migratorios bilaterales, gesto que no solo no ha sido correspondido por la administración estadounidense, sino que las tensiones han escalado hasta el punto de que la alta funcionaria cubana advirtió en rueda de prensa en la embajada de Cuba en Washington sobre una posible estrategia para justificar una «confrontación militar». «Empujar a ambos países hacia escenarios de confrontación y choque no es una buena idea», agregó.

Por su parte, el Departamento de Estado insiste en que no percibe señales de que Cuba esté abierta a un «diálogo significativo».

En este contexto de creciente fricción, la embajadora cubana en Washington, Lianys Torres Rivera, fue convocada por el Departamento de Estado para responder por las declaraciones del gobierno cubano contra el jefe de la misión diplomática de EE.UU. en La Habana, Mike Hammer.

Mientras La Habana acusa al diplomático de adoptar una actitud «injerencista e irrespetuosa», el gobierno norteamericano ha expresado que sus diplomáticos en Cuba realizan actividades equivalentes a las que llevan a cabo los representantes cubanos en EE.UU., amparadas por la Convención de Viena. No obstante, las acciones emprendidas por Hammer —quien ha recorrido la Isla reuniéndose con activistas, religiosos, emprendedores y familiares de presos políticos— rebasan los límites diplomáticos y son percibidas como provocaciones.

Fueron noticia también esta semana que la administración Trump evalúa una nueva medida que impediría a la mayoría de los solicitantes de asilo obtener permisos de trabajo mientras se resuelven sus casos, en un promedio de 180 días, cuando en la práctica la mayoría demora más que eso.

Y por otro lado, que ese gobierno firmó una nueva proclamación presidencial que prohíbe o limita el ingreso a EE.UU. de ciudadanos de una veintena de países, entre ellos Cuba y Venezuela. «No los queremos», afirmó categóricamente el mandatario norteamericano. En el caso cubano, se trata de una restricción parcial, pero con implicaciones directas para miles de migrantes y solicitantes de visas.

Entre las visas afectadas están las B-1 y B-2, utilizadas para viajes de negocios y turismo respectivamente; la visa F-1, destinada a estudiantes y académicos; la M-1, para estudiantes de formación vocacional; y la J-1, para participantes en programas de intercambio cultural y educativo.

El ministro de Exteriores afirmó que esta medida «perjudica el contacto entre las familias cubanas. Daña los intercambios personales, profesionales, académicos y culturales entre ambos países».

Ambas noticias evidencian que se apuesta por políticas cada vez más restrictivas en la Casa Blanca.

Aunque se anunciaron excepciones para residentes permanentes y titulares de visas vigentes, las limitaciones de entrada refuerzan la narrativa de «seguridad nacional» usada para justificar el cierre de vías legales para ingresar al país. La decisión, presentada como un acto de protección frente a «actores extranjeros peligrosos», amplía aún más la ofensiva migratoria que ha caracterizado el segundo mandato del magnate, y coloca a los ciudadanos cubanos —anteriormente favorecidos por políticas especiales— en el mismo grupo de países considerados de «alto riesgo» por el gobierno estadounidense.

Esto significa que la administración Trump ha suspendido las conversaciones migratorias que solían ser rutinarias entre ambos países y reafirma su línea de máxima presión, incluso frente a señales de cooperación en estos temas por parte de La Habana.

Cuba aceptó reanudar los vuelos de deportación desde EE.UU. a finales de abril de 2023, tras una pausa de tres años y ha recibido cinco vuelos de deportación provenientes de ese país en lo que va de año, con más de 500 personas devueltas a la Isla.

Históricamente, ambos países han desarrollado un encuentro bilateral para revisar los acuerdos alcanzados en 1984, en virtud de los cuales se comprometen a garantizar una migración «regular, segura y ordenada». Estos incluyen reuniones (generalmente semestrales) para monitorear la implementación de compromisos como la entrega de visas anuales por parte de Washington y la aceptación por Cuba de migrantes devueltos, especialmente los interceptados en el mar.

Johana Tablada enfatizó en la conversación este martes con los periodistas que Cuba ha cumplido su parte de los acuerdos migratorios, a pesar de la falta de diálogo. Detalló que desde 2017 «casi 50.000 cubanos han sido devueltos a la Isla» por distintas vías y Cuba los ha aceptado.

A pesar de que el gobierno cubano ha trazado líneas rojas en materia de deportaciones: se niega a recibir a migrantes con residencia prolongada en EE.UU. o antecedentes penales anteriores a 2017, alegando que cada caso debe evaluarse individualmente. Esta postura no ha dejado de ser polémica y ha provocado situaciones como la deportación de dos cubanos con antecedentes penales a un tercer país, Sudán del Sur.

No obstante, el control de la emigración irregular se mantiene como prioridad cubana, incluso sin la contraparte del diálogo formal con EE.UU.

En este escenario, la política migratoria estadounidense no solo ha restringido las vías legales de entrada, sino que ha comenzado a perseguir de forma más directa a los migrantes cubanos, expuestos hoy a mayores riesgos de deportación, al igual que el resto de la comunidad latina.

Aunque muchos de los 2,4 millones de cubanoamericanos que apoyaron con fuerza al republicano comienzan a sentir los efectos de estas políticas, una parte considerable de ese electorado mantiene su respaldo al actual presidente, como lo demuestra el viraje del condado de Miami-Dade hacia el Partido Republicano en 2024 —aunque figuras demócratas como la alcaldesa Daniella Levine-Cava continúan en posiciones relevantes, lo que mantiene abierto el panorama electoral futuro—.

Nuestra opinión es que el hecho de que esté suspendida la cooperación migratoria, lograda incluso en los peores momentos entre ambos países, hace que el diálogo político parezca más distante que nunca.  

La administración Trump ha optado por avivar una narrativa de amenaza que no se sostiene en hechos, y en este punto, la política exterior de EE.UU. hacia Cuba se aleja de cualquier noción de interés común o estabilidad regional, apostando a la presión máxima como única herramienta.

La falta de canales de diálogo formal convierte la gestión migratoria en un campo minado, sin mecanismos confiables para atender flujos crecientes y situaciones humanitarias en el marco de un éxodo de cubanos sin precedentes. Incluso las visas académicas, que en algún momento sirvieron para darle espacio a estudiantes e intelectuales críticos censurados en Cuba, acaban de restringirse.

La consecuencia de las políticas restrictivas de la administración Trump recae con mayor fuerza sobre las familias, por un lado, por el daño que provocan las separaciones y la no existencia de vías formales para reencontrarse o reunirse. Por otro, porque muchos de los migrantes que sostienen hogares o a familiares en Cuba y que se beneficiaban de las políticas diferenciadas para cubanos, están hoy en un limbo legal que puede repercutir en la pérdida de las condiciones que habían alcanzado, ya sea permisos de trabajo, procesos judiciales para regularizar su situación, o capacidad de ayuda a madres, padres, abuelos, etc.

Y Trump parece muy decidido a cada vez más empeorarles la situación.

Reclamos estudiantiles y docentes ante el «paquetazo» de Etecsa

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Alma Mater rebelde
Imagen generada con Inteligencia Artificial

La noticia es que estudiantes y profesores de varios centros docentes del país se han pronunciado rechazando las más recientes medidas de la empresa telefónica cubana Etecsa, que limitan y encarecen drásticamente el acceso a Internet en la Isla.

Luego de anunciadas las medidas, el 31 de mayo se publicó un comunicado de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de cinco facultades de la Universidad de La Habana (Facultad de Comunicación, Facultad de Química, Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas, Facultad de Matemática y Computación y Facultad de Filosofía, Historia y Sociología).

La misiva expresaba la «inconformidad con el modo en que fueron implementadas las medidas por la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A (ETECSA) las cuales limitan de manera significativa el acceso a internet para la población estudiantil y el conjunto de la ciudadanía». Además, agregaba que «estas medidas restringen el derecho fundamental a la información, la educación y la comunicación, pilares esenciales para el desarrollo académico y personal de los estudiantes».

El comunicado finalmente proponía «a la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A (ETECSA) y a las autoridades competentes la revisión de estas medidas, que resultan perjudiciales para el desarrollo integral de la juventud y la sociedad en general; así como la búsqueda de alternativas con el objetivo de solucionar los inconvenientes para grupos específicos como las juventudes universitarias».

Por otro lado, el Consejo de la FEU de la Facultad de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) del ISA denunció el 31 de mayo que las nuevas tarifas de Etecsa «vulneran directamente el desarrollo artístico y académico» de los estudiantes, al «ignorar las necesidades específicas de creación e investigación». La declaración destaca que los proyectos audiovisuales dependen de plataformas digitales como YouTube y otras redes sociales para su difusión, así como de herramientas en línea para la producción, postproducción y formación continua. En este contexto, limitar el acceso a Internet compromete tanto la dimensión creativa como la educativa del arte joven cubano.

La carta alerta que las medidas «nos excluyen de oportunidades profesionales», como residencias, festivales de cine y talleres internacionales, cuyo acceso hoy depende casi exclusivamente de plataformas digitales. Además, advierte que «mutilan el derecho al conocimiento que sustenta un arte cubano contemporáneo». Por ello, el consejo exige que Etecsa revise «inmediatamente el precio de los nuevos paquetes», y afirma con claridad: «el acceso a Internet hoy no es un lujo sino una necesidad para los artistas y realizadores audiovisuales: sin luz ni internet se condena el arte joven al ostracismo».

Luego de estas y otras publicaciones tuvieron lugar varios diálogos entre autoridades nacionales, directivos de la empresa y representantes de la FEU. En este espacio, Ricardo Rodríguez González, actual presidente nacional de la Federación, además de relatar los encuentros, señaló la preocupación de los universitarios, especialmente de las carreras científicas y tecnológicas, por el alto consumo de datos que requieren sus estudios.

El joven hizo hincapié en que «los enemigos de la revolución con muy mala intención han tergiversado esa postura, esa posición también de inquietud que se ha suscitado en la comunidad estudiantil universitaria y han tratado de manipular esa visión para buscar una confrontación». Sin embargo, no mostró rechazo a las propuestas que la empresa presentó, ni confrontó a sus directivos.

En ese mismo espacio se anunciaron varias medidas «paliativas»: la posibilidad de que los universitarios adquieran un segundo paquete de 6 GB por 360 CUP (12 GB totales por 720 CUP); la habilitación de sitios educativos exentos de consumo de datos; el impulso a plataformas nacionales como Todus con tarifas diferenciadas; el refuerzo de zonas Wi‑Fi en universidades y escuelas; y facilidades de acceso para estudiantes menores de 18 años con autorización paterna.

Asimismo, se propuso la extensión a 35 días de la vigencia de todos los planes, con acumulación de megas si se recarga antes de vencer, y la introducción de un plan de datos extra intermedio por debajo de 3 360 CUP, que no ha sido anunciado hasta el momento.

Sin embargo, varios estudiantes y profesores no estuvieron conformes con los acuerdos negociados, lo cual suscitó otra oleada de comunicados.

La primera carta visible en respuesta a las «contrapropuestas» fue la de la Facultad de Matemática y Computación (Matcom), que convoca abiertamente a un parón de clases desde el miércoles 4 de junio hasta que se diera: la revocación de las nuevas medidas impuestas por Etecsa, la realización de un encuentro abierto a todo el estudiantado y la participación conjunta en «la propuesta de solución de todos los sectores de la sociedad afectados por esta medida».

La comunicación se difundió a través de un canal de Telegram llamado MatCom‑FEU que dejó de ser público muy poco después de publicado el post. El texto también sostiene que las explicaciones de Etecsa «no han dado soluciones factibles al pueblo» y convida «a la dirección de nuestra Universidad de La Habana a reconocer legítima esta protesta en función de ser una institución pública que se debe a representar a su estudiantado, como ha demostrado con total entereza y convicción hasta el momento, para de esta manera evitar la tergiversación en nuestras revolucionarias y honestas intenciones que no se contentan con privilegios para los universitarios sino en soluciones claras para el pueblo».

En paralelo, la FEU y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (CUJAE), en otro comunicado, reprocharon la poca transparencia del proceso de toma de decisiones para las medidas y el escaso rigor técnico con que se justificó el límite de 6 GB, al tiempo que rechazaron la acción de «beneficiar solo a estudiantes universitarios» mientras se excluye «docentes, investigadores, trabajadores de la salud y parte importante del pueblo, además de crear desigualdades inadmisibles en un sistema socialista».

El texto subraya que «ampliar a 12 GB para universitarios es un parche burocrático» cuya lógica y datos de respaldo deben explicarse; asimismo, indica que la medida «fomenta un nuevo mercado informal» de reventa de saldo. Para despejar estos problemas, la CUJAE propone revisar la restricción de recarga nacional, introducir bonos nocturnos y paquetes económicos, y abrir un diálogo periódico con Etecsa que involucre a otros sectores vulnerables, de modo que cualquier ajuste beneficie a toda la sociedad y no recaiga, otra vez, sobre los usuarios.

Punto aparte merece la carta de la FEU de la Facultad de Filosofía, Historia, Sociología y Trabajo Social, en la cual se afirma que los estudiantes «no se movilizan por privilegios sectoriales, sino por la justicia social», mientras insisten en que «la posición del estudiantado de nuestra facultad ha sido el diálogo y la construcción colectiva». A esa vocación propositiva añade que «contamos con la madurez política y la capacidad de pensamiento crítico suficiente para organizarnos, movilizarnos y mantenernos firmes en nuestros principios sin sucumbir a la influencia de entes externos».

La carta desmiente la narrativa oficial sobre «problemas de comunicación» al marcar: «la profunda impopularidad de las nuevas ofertas de ETECSA no se debe en absoluto a una comunicación deficiente, como aseguran sus directivos, sino a la adopción de medidas desde la racionalidad económica y técnica ignorando por completo su impacto social sobre amplios sectores de nuestra ciudadanía». Advierte, además, que «las nuevas medidas no combaten el fraude, como han expresado directivos de ETECSA en varios espacios, sino que generan nuevas dinámicas de informalidad, ilegalidad e inequidad».

La misiva agrega que «ante la ambigüedad, la constante justificación, inacción e incapacidad de dar respuestas demostrada por los directivos de ETECSA, exigimos un intercambio horizontal y transparente con las máximas autoridades del país para articular colectivamente, a partir de comisiones multidisciplinarias, soluciones a la aguda crisis política que enfrenta el país y rebasa los marcos de la rentabilidad de esa empresa».

Sobre la actitud tomada por compañeros de otras facultades, si bien no llaman al parón de clases, reconocen que la acción adoptada por Matcom es «legítima». Igualmente incorporan un reclamo directo sobre la FEU: «la renuncia inmediata del Presidente Nacional de la Federación Estudiantil Universitaria, Ricardo Rodríguez González, ante su clara incapacidad para representar los intereses del estudiantado, al cual debe su responsabilidad actual».

No fueron únicamente los estudiantes de esta facultad quienes rechazaron públicamente las medidas y posteriores modificaciones de Etecsa. Los profesores del Departamento de Sociología y Trabajo Social, además de reiterar su oposición a las tarifas y las soluciones propuestas hasta el momento, sitúan el aumento de marras en «un contexto de policrisis prolongada» y advierten que «el aumento de tarifas excluye a amplios sectores de la población, olvidando el principio de equidad y el carácter social que debe tener un servicio público esencial en nuestro país».

El texto subraya que «no se han tenido lo suficientemente en cuenta las condiciones actuales de la sociedad cubana: digitalización, bancarización, teletrabajo, migración de servicios hacia plataformas digitales, una educación cada vez más digital, familias transnacionales que se sostienen a través de la tecnología, entre otros procesos cotidianos».

Los docentes alertan que «la imposibilidad de acceder a plataformas digitales, bases de datos académicos o simplemente mantener comunicación con colegas internacionales fragmenta el debilitado sistema de educación superior, destinando a Cuba a un mayor aislamiento intelectual y al rezago tecnológico». Por ello, reiteran que «esta medida no representa al pueblo cubano, al que se debe toda política pública, sino que responde a una lógica economicista ajena a la realidad social y con marcado carácter instrumental».

Tras recordar que «tenemos un estudiantado valiente, comprometido con los procesos sociales y que hemos formado en nuestras aulas con un pensamiento crítico, alerta a las injusticias y abusos del poder», el documento exige suspender de inmediato la resolución de Etecsa; abrir un proceso de consulta transparente y participativo con la ciudadanía; activar mecanismos institucionales de participación para que, más allá de la representación formal, cualquier decisión y comunicado parta del consenso de la mayoría; y un pronunciamiento público de la alta dirección del país.

Otras cartas han circulado por el ciberespacio. Una provino de estudiantes de la Universidad de Ciencias Médicas de Granma; en ella también se expresa un rechazo tajante a las medidas de Etecsa, y se amplía el espectro de preocupaciones hacia temas estructurales que afectan la vida académica: alimentación, acceso a bibliografía, conectividad deficiente, inseguridad en residencias y falta de respuesta institucional.

El documento no lleva la firma de ninguna estructura reconocida; fue suscrito colectivamente como «Estudiantes de la Universidad de Ciencias Médicas de Granma», lo cual revela una acción autónoma del estudiantado, fuera de los canales organizativos tradicionales, aunque también dificulta conocer cuántas personas lo apoyan.

Una de las críticas más contundentes se dirige precisamente a esos canales. El texto solicita «mayor actuar por los dirigentes de la FEU de nuestra universidad a favor del estudiantado. Ustedes son nuestros máximos representantes a cualquier nivel, son los encargados de hacer que nuestras voces se sientan». Reclaman no solo ser escuchados, sino que haya respuestas concretas a sus demandas: «más que escucharnos y escribir lo que decimos, se le dé solución a lo que planteamos».

En contraste, varias organizaciones oficiales y dirigentes han reaccionado. La Universidad de La Habana, en su perfil oficial, afirmó que «la dirección universitaria ha estado en permanente análisis con estudiantes y trabajadores sobre insatisfacciones y propuestas a presentar a la empresa. En este proceso, la participación activa del Partido, la UJC, la FEU y el Sindicato ha sido decisiva».

No obstante, más adelante aclara que «nada ni nadie interrumpirá nuestros procesos docentes con convocatorias totalmente alejadas del espíritu que ha animado los intercambios con las organizaciones estudiantiles y juveniles» y que «La Universidad de La Habana no claudica en su esencia revolucionaria y en su misión de acompañar al Partido Comunista de Cuba y al Gobierno para trabajar en favor de la unidad del pueblo y la estabilidad de la nación».

Asimismo, el miembro del Buró Político y secretario de Organización del Partido Comunista de Cuba (PCC), Roberto Morales Ojeda, mediante un comunicado publicado en los canales oficiales del PCC, afirmó que «vivimos otra hora de cerrar filas», pues «no son pocas las manipulaciones mediáticas ni las tergiversaciones oportunistas que nuestros adversarios han intentado imponer a lo largo de estos años de Revolución […] hoy, como tantas otras veces, vuelven a intentarlo, aprovechando incluso las legítimas preocupaciones de nuestro pueblo ante medidas necesarias, como las recientemente anunciadas por Etecsa».

Meyvis Estévez, secretaria general de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), se centró en denunciar supuestos comunicados falsos con la etiqueta de «Fake News», entre los que figuran los presuntamente emitidos por la Universidad de Ciencias Informáticas, la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos, la Universidad de Matanzas y la Universidad Agraria de La Habana.

A esto se sumó el presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, Ricardo Ronquillo Bello, con los mismos ejemplos. Este último afirmó que se trataba de «laboratorios de guerra mediática» que buscan «revertir ahora sus inercias de los primeros días» y «hacer fracasar el curso positivo y constructivo de los diálogos abiertos y honestos que ocurren en casi todo el país».

Resulta difícil comprobar la autenticidad de estas cartas acusadas de falsas por ambos directivos, ya que no provienen de perfiles de organizaciones y están firmadas de forma ambigua por «estudiantes», lo que complica constatar su procedencia y cuántos estudiantes las apoyaron. Sin embargo, ninguno de los dos cuadros se refirió a las otras misivas que sí provienen de perfiles de la FEU o del profesorado y cuentan con evidencias de veracidad.

Al mismo tiempo, varias figuras de la oposición o adversarias del Estado cubano reaccionaron de manera «positiva» a la polémica. La congresista María Elvira Salazar grabó un video en el que mandó sus felicitaciones a los estudiantes que protestaban contra «otra barbaridad del régimen castrista». Más adelante afirma que «no se puede esperar nada bueno de los socialistas».

«Nosotros desde aquí, desde el capitolio, desde Washington estamos con ustedes», añadió Salazar sin decir cómo podrían apoyar estas demandas desde una administración que no solo ha entorpecido cualquier acceso tecnológico para la Isla, sino que acaba de restringir los viajes de intercambio académico para los cubanos.

Luego de varios días de polémica el presidente Miguel Díaz Canel, acompañado por el viceministro primero de Comunicaciones, Ernesto Rodríguez, y a la presidenta de ETECSA, Tania Velázquez, abordó las críticas de la población en su podcast «Desde la Presidencia».

En el espacio se afirmó que si no se aplicaban las nuevas tarifas la red corría riesgo de colapso técnico porque la empresa no tenía liquidez para pagar a los proveedores ni hacer inversiones que garantizaran la reparación de los equipos rotos. Marcaron que más del 80 % de los ingresos en divisas de Etecsa provienen de las recargas internacionales, sin emitir ninguna crítica hacia este modelo de negocios.

La titular de Etecsa denunció el desvío fraudulento de esas recargas hacia el mercado informal, aprovechando la disparidad entre las divisas y la moneda nacional, a lo que el presidente añadió que la tasa de cambio paralela es uno de los problemas más acuciantes de la economía.

Díaz Canel marcó que «no hablar del bloqueo sería irresponsable», al tiempo que reconoció que la subida de precios supone un retroceso «temporal» en la informatización del país y amplían las brechas sociales. Asimismo, enfatizó que la comunicación oficial sobre los cambios fue deficiente.

Igualmente, Velázquez admitió fallos de diseño e implementación de las medidas y que el límite de 6 GB o 6.5 GB resulta insuficiente para muchos usuarios. Mientras, el viceministro adelantó que se estudian «transformaciones en curso» de estas ofertas sin dar detalles. El mandatario concluyó enumerando criterios recogidos de la población en contra de las medidas.

Esto significa que el «tarifazo» de Etecsa ha detonado una crisis de carácter político que desborda la mera incomodidad por las nuevas tarifas: ha puesto sobre la mesa el modo en que las empresas estatales adoptan decisiones, el crecimiento acelerado de las desigualdades y la capacidad real de los secretariados estudiantiles nacionales para representar a sus electores.

El epicentro de la crítica se ubica en las universidades, donde la brecha entre el Secretariado Nacional de la FEU y algunos secretariados facultativos resulta evidente. La lógica de filtrado que impera en las organizaciones estudiantiles —como en muchas otras gremiales y de masas— provoca que a las cúpulas lleguen representantes menos críticos, depurados por la burocracia durante su ascenso, y en consecuencia, más desconectados con los sentires de las bases.

Sobre estas cuestiones el intelectual cubano Julio Cesar Guanche apuntó: «Ante la oferta corporativa de ETECSA al gremio de estudiantes, esas zonas de la FEU están respondiendo en defensa del sujeto político de la república: el pueblo. Ante las amenazas, están defendiendo el derecho a la protesta —el primero de los derechos—; ante el “paternalismo” de Estado (el paternalismo es siempre una forma de autoritarismo), que los llama, como siempre, “confundidos” e “incitados desde el exterior”, han producido algunos de los documentos políticos más importantes de Cuba en las últimas décadas».

Mientras que el destacado profesor Reinaldo Manuel Sánchez Porro relató: «SE ESTA VIVIENDO HISTORIA EN LA COLINA UNIVERSITARIA. HOY el profesorado de Sociología afirmó que se sentía orgulloso de sus alumnos y de su espíritu crítico, al presentarles una resolución que trata de aunar voluntades, y de evitar que la semana termine con su ausencia de las aulas. En la amplia aula 1, con vista a la escalinata y el Alma Máter, los estudiantes sostuvieron sus criterios, aclararon bien que hablan por todos los sectores y no solo por el propio, que no les satisfacen las respuestas de ETECSA a sus demandas e insistieron en que, como en otras facultades, quieren ser oídos y dialogar con la máxima autoridad del país.

»Las palabras de la decana, del Jefe del departamento de Sociología, de la profesora que leyó el texto propuesto y de todos los participantes fueron medidas, respetuosas, y constructivas. La decena de intervenciones estudiantiles fueron firmes y concretas e incluso extendieron sus preocupaciones a los demás problemas presentes en la actual crisis nacional».

La controversia también deja al descubierto la contradicción entre el modelo de ingresos de Etecsa —centrado en las recargas internacionales— y un consumo nacional que debe costearse con salarios en pesos cubanos, problema para el que la empresa, y el sistema económico del país, aún no ofrecen solución.

Nuestra opinión es que la crisis y la ola de protestas superan con creces un simple «problema de comunicación». Son el resultado de tensiones acumuladas que, al posponerse indefinidamente, chocan ahora con una ciudadanía cada vez más indignada.

Las nuevas tarifas golpean a la mayoría de los cubanos y profundizan la dolarización y la brecha social entre quienes reciben remesas y quienes no. Mientras Etecsa y la economía del país no se inserten en una matriz productiva no dependiente de las remesas —lo que exige resolver de una vez el mercado cambiario—, esta desigualdad solo crecerá.

La población está cansada de pagar los déficits de las empresas estatales y del Estado. Ciertamente las medidas coercitivas de EE. UU. influyen en cuanto a la incapacidad de adquirir tecnología o el bloqueo de transacciones financieras que pudieran oxigenar la economía, pero no son la única causa. El miedo al cambio que ha pospuesto varias de las reformas, la incapacidad de algunos directivos, y la falta de transparencia no están decretadas desde la Casa Blanca.

Por otro lado, la respuesta universitaria demuestra la existencia de un estudiantado y profesorado críticos e inconformes, no solo con las tarifas de Etecsa, sino con la forma en que se toman decisiones a escala nacional y en las propias organizaciones estudiantiles. Las preocupaciones expuestas en las cartas trascienden ampliamente el precio de Internet.

El presidente intentó hablar desde la empatía, reconociendo los efectos que tendrá esta medida en varios sectores sociales. Sin embargo, fue incapaz de dar una «buena noticia» significativa.

Si bien Etecsa y las otras organizaciones interpeladas han estado abiertas a escuchar las críticas de la población tampoco han sido capaces de ofrecer una alternativa que resuelva las problemáticas señaladas o mitigue significativamente sus efectos.

Cuba atraviesa un momento decisivo: su modelo económico y político muestra claros signos de agotamiento. Postergar una reforma integral de la economía, las instituciones y las organizaciones sociales ya no es opcional; es una cuestión de supervivencia nacional. Reformarse o perecer: no hay alternativa.

De tarifazos, remesas y dignidad nacional

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Ilustración: Félix Azcuy

Etecsa lo vuelve a hacer. Si bien desde hace unos años había dado paso a la Unión Eléctrica de Cuba como la empresa estatal más odiada del país, hoy vuelve para recordarnos que ella es y será la dictadora de nuestros bolsillos.

La medida que generó la polémica fue el tope a 360 CUP para las recargas nacionales, lo cual solo permite comprar 6 GB de datos. A partir de ahí, todo el que quiera más, según su vicepresidenta, tendrá que pagar «un poquito más»: 3360 CUP por 4 GB, más del salario mínimo en el país, y más de diez veces lo que costaba antes.

Según las declaraciones de las funcionarias entrevistadas por la televisión nacional, para fijar el tope se tuvo en cuenta que aproximadamente la mitad de la población consumía menos de esa cantidad. Sin embargo, en diciembre de 2024, la ministra de Comunicaciones, Mayra Arevich Marín, dijo que el consumo promedio mensual era de 9.9 GB.

En otras palabras, según las mismas cifras proporcionadas, la mitad de la población se vería en la disyuntiva de reducir drásticamente su consumo de Internet, sacar un salario para completar el paquete o pedirles a los familiares en el exterior que recarguen.

¿Sostenibilidad o cibermendicidad?

Pero ¿cómo se llegó a esto? En la Mesa Redonda y otros espacios estatales se repite la misma idea: la empresa estaba descapitalizada, no podría comprar equipos ni proveedores y necesitaba divisas. Hasta acá puede ser entendible, pero ¿deberíamos naturalizar que una empresa estatal —¿socialista?— sustente su rentabilidad económica sobre la base de la «caridad» de quienes están en el exterior?

Como ya advirtió Mariana Camejo en estas páginas, en esencia, no se trata de un problema técnico, sino ético y político. La sostenibilidad no puede descansar sobre el bolsillo de quienes emigraron, ni dejarnos a quienes vivimos en la Isla la «cibermendicidad» como única alternativa para obtener servicios básicos.

En varias comparecencias se dice que desde el llamado «ordenamiento», como la empresa no subió sus precios, las personas pudieron empezar a recargar el Internet con su salario y, por tanto, dejaron de recibir recargas del exterior. ¡Qué pecado, ¿no?! Se presenta como un problema, pero tal vez sea una de las pocas cosas positivas que nos trajo ese descalabro: dejar de ver a nuestros paisanos, muchos de ellos profesionales, suplicando por recargas en redes sociales.

Las «buenas nuevas» de Etecsa no han sido las únicas estrategias económicas que han olvidado las posibilidades de los cubanos residentes en la Isla de ganarse la vida «por sus propios esfuerzos», sustituyendo las alternativas de comercio nacionales por otras con pagos «solo desde el exterior». Las tiendas en MLC, la gasolina dolarizada, las reservas hoteleras, los «combos» y otros etcéteras forman parte de este mismo esquema que, en cada transacción, si bien aumenta el presupuesto estatal —sobre el que, dicho sea de paso, hay muy poca claridad y transparencia respecto a cómo se emplea—, socava la dignidad nacional y la soberanía, y confirma el fracaso de un modelo al convertirnos en dependientes de quienes tuvieron o quisieron irse a «un mundo mejor».

Las «buenas nuevas» de Etecsa no han sido las únicas estrategias económicas que han olvidado las posibilidades de los cubanos residentes en la Isla de ganarse la vida «por sus propios esfuerzos».

Recuerdo que de niño tenía una compañera de clase con la que hablaba mucho por teléfono; nos llamábamos todos los días, excepto los viernes. Ese día en su casa no podía nadie usar la línea porque estaban esperando «la llamada». Se trataba de un familiar del exterior que mantenía a la familia desde afuera. Toda la familia se reunía alrededor del aparato y, en cuanto sonaba, corrían a contestarlo para desvivirse en halagos con el «patrocinador».

En mi casa todo era muy diferente. Mis padres siempre trabajaron muchísimo y, aunque no pudieron darme todo lo que hubieran querido, nadie vivía al lado del teléfono. Si alguien quería hablar con nosotros, tenía que esperar a que termináramos o pudiéramos contestar. Era el precio de la dignidad, me decían.

Mis padres también me enseñaron que debía estudiar, superarme, esforzarme, para poder vivir de mi trabajo y no tener que halagar a nadie por ello. Creo que no fui el único que fue educado en esos valores, y supongo que, por tanto, tampoco sea el único que siente una incomodidad tremenda cada vez que ve una oferta solo con «pagos desde el exterior».

Con esto no estoy demonizando las remesas: son una forma de solidaridad entre familias y amigos totalmente válida, y una muestra de que los que se van no siempre se olvidan de los que se quedan. Varios estimados dicen que representan alrededor del 2.5% del Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina y el Caribe. Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo, en países como Nicaragua, Honduras y El Salvador superan incluso el 20% del PIB.

Cuba no publica estadísticas sobre el ingreso de remesas, ni formales ni informales, ni los resultados de la Encuesta Nacional sobre Situación Económica en los Hogares, que permitirían saber con certeza cuántos hogares tienen esta ayuda extra. No obstante, varios estimados, como el realizado por el economista Carmelo Mesa Lago para la Universidad de la Florida, afirman que benefician entre el 65% y 70% de la población. Asimismo, un aproximado publicado por el think tank Diálogo Interamericano las sitúa en 2023 como el 26% del PIB de la Isla.

Parche sobre parche

Basar una estrategia de desarrollo empresarial en el envío de remesas es un principio bastante cuestionable, más cuando se trata de un servicio de primera necesidad en el siglo XXI. Parte de un grupo de supuestos que a la larga traen más perjuicios que beneficios:

El primero es creer que todo cubano tiene un familiar o amigo que pueda mandar, y esto es falso. Aunque la emigración es cada vez mayor, no todas las familias del país tienen posibilidades de recibir remesas.

El segundo problema está en asumir que esos familiares emigrados siempre quieren o pueden mandar dinero o cualquier otro tipo de ayudas. Ser migrante implica varias desventajas, y más en un mundo cada vez más hostil con la emigración. Estados Unidos, el país de donde provienen la mayoría de las remesas, ha endurecido su política migratoria, y no pocos cubanos se han visto obligados a dejar su trabajo para esconderse —como cualquier otro latino— del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), o invertir grandes sumas de dinero en abogados de emigración con la esperanza de regularizar su situación.

Esto convierte a las remesas en un flujo de dinero inestable, que puede moverse en dependencia de muchos factores, la mayoría externos al país, por lo que no pueden considerarse como base de ninguna política pública.

El último, pero no menos importante, es creer que a los que estamos acá no nos duele pedir y depender económicamente de otros. Esto, de entrada, nos saca del terreno de ser adultos funcionales, pues un principio básico es tener la capacidad de autosustentarnos con nuestro trabajo.

Tampoco es menos doloroso que ancianos que aportaron durante más de 30 años al presupuesto estatal, y que además crecieron con la idea de construir una sociedad mejor al capitalismo, hoy subsistan porque un hijo desde Madrid o Miami les envíe un combo o les pague una recarga. ¿Qué orgullo o dignidad vamos a pedirle a una persona en esas condiciones?

Cuando el discurso político cubano quiere criticar las fuentes de financiamiento de medios no estatales y grupos de oposición, siempre dicen: el que paga manda. Y aunque no es siempre tan así —pues no todas las fuentes tienen los mismos objetivos ni condiciones— sí es cierto que cualquier fuente de financiamiento media en comportamientos, ideologías y proyecciones. El Estado no es la excepción, ni las familias tampoco. Porque, si bien no todos, no son pocos los que recargan o mandan remesas y al mismo tiempo gritan Patria y Vida en La Florida.

Cuando cubanos empezaron a usar las redes sociales como forma de denuncia de problemáticas del día a día, y grupos opositores a capitalizar estos mensajes a su favor, la respuesta del Partido Comunista de Cuba fue organizar un ejército de «cibercombatientes» que respondían estas críticas con mensajes tan enérgicos como disparatados. Sin embargo, llamaba la atención que casi ninguno lo hacía con su perfil, sino desde uno anónimo.

En un país controlado por un único Partido, ¿por qué una persona debería tener miedo a defender a ese Partido con su nombre? La respuesta pudiera estar en que ese Partido puede darte una que otra prebenda menor —un paquete de datos, algún que otro estímulo—, pero si no eres un alto funcionario, no te va a garantizar la reproducción de la vida. Entonces, sería muy difícil pedirle dinero a la «tía gusana» para llegar a fin de mes, mientras en tus redes dices que en Cuba todo marcha divinamente y todo el mundo llega a fin de mes. Con esa incoherencia hemos vivido durante años, y lo más duro es que muchos se han acostumbrado.

Hace algunos meses, el cantautor cubano Silvio Rodríguez afirmaba que se había perdido la dignidad nacional, lo que provocó un grupo de respuestas veladas del oficialismo, con una lista de supuestos logros que aún nos hacían dignos, la mayoría con varios años de desfase. Pero, ante otra crisis, la estrategia económica nos vuelve a confirmar que el Estado prefiere la solución rentista antes que innovar y buscar otras vías para que los que vivimos acá no tengamos que depender de los que viven allá.

Aun si Etecsa rectificara, se mantendría el problema de fondo: sigue vigente la incapacidad de las empresas nacionales de ser rentables vendiendo productos a una población que pueda pagarlos con su salario o exportando —de verdad, no como lo que llaman «exportación en fronteras», que en la mayoría de los casos se traduce en vender los mismos productos o servicios deficientes, solo que exigiendo un pago desde el exterior.

Aun si Etecsa rectificara, se mantendría el problema de fondo: sigue vigente la incapacidad de las empresas nacionales de ser rentables vendiendo productos a una población que pueda pagarlos con su salario.

Mientras la economía siga fracturada en CUP versus USD, y además con múltiples tipos de cambio muy distantes unos de otros, cada empresa buscará ingresos rápidos en dólares «de afuera». Por tanto, resolver la dualidad monetaria es una acción imprescindible para que las entidades —estatales y privadas— generen divisas internas vendiendo a precios realistas y exportando valor agregado.

Y esto no es un imposible. De hecho, hoy la mayoría de las empresas privadas lo hacen, aunque a precios altos. Casi todos los productos se venden en moneda nacional, incluso si son importados. El mismo Estado también lo hacía en la época del CUC, antes de que el engendro del MLC, el des-ordenamiento y el recrudecimiento de las medidas unilaterales coercitivas norteamericanas generaran el caos en el que vivimos hoy. Estas últimas, aunque nunca está de más reconocerlas, no pueden ser el cheque en blanco para que la población pague las consecuencias de todo.

En medio de la polémica, el economista Joel Ernesto Marill ha recordado que este tipo de medidas, aunque busquen asegurar la sostenibilidad financiera de Etecsa, no resuelven el problema estructural de fondo. Según su criterio, la empresa se encuentra atrapada entre «la viabilidad financiera y su mandato social», una tensión agravada por el desorden macroeconómico del país.

Marill igualmente advierte que no puede sostenerse la idea de que Etecsa sea una fuente de ingreso en divisas más allá de sus propias necesidades operativas, pues «los ingresos que capte los dejará de ingresar otro segmento de la economía». En su criterio, este ajuste es apenas una corrección parcial y no transforma las condiciones estructurales del país: «los problemas de precios relativos, ausencia de mercado cambiario y desequilibrios macroeconómicos agudos […] seguirán sin modificarse con esta medida». Por tanto, resolver el problema de fondo exige un programa integral de recuperación, donde el ajuste de precios sea solo un componente.

En el dossier Recomendaciones urgentes para la economía cubana publicado por La Joven Cuba, varios expertos en economía esbozaron cómo resolver este problema. Entre las propuestas están:

  • Formalizar el mercado cambiario y permitir que empresas y personas compren/vendan divisas a tasas cercanas a la informal, devolviendo credibilidad bancaria.
  • Alinear el sistema de precios para que salarios, insumos y tipo de cambio converjan; una alternativa gradual puede usar el esquema de «precios duales» aplicado en China y Vietnam; un mecanismo transitorio en el que coexisten dos niveles de precios: unos subvencionados para bienes y servicios básicos que protegen el poder adquisitivo, y otros liberados a mercado para la producción adicional, de modo que los precios relativos se vayan corrigiendo paulatinamente sin provocar un choque social brusco.
  • Modificar de raíz la política cambiaria con un régimen flexible de «tasa al día» que estimule el cambio con los bancos y las exportaciones.
  • Descentralizar la empresa estatal y darle autonomía para que acceda al mercado de divisas, asuma riesgo y quiebre si es ineficiente; mientras se autorice la creación de otras empresas, estatales, privadas o extranjeras que le hagan competencia.

Estas propuestas no son las únicas. Si al lector no le convencieran, puede buscar muchísimas otras en revistas especializadas editadas por las propias instituciones cubanas como Temas, Economía y Desarrollo, EkoTemas, Estudios del Desarrollo Social, entre otras.

***

Aunque el gobierno en reiteradas ocasiones dice que dialoga con la ciencia y ha mostrado varias reuniones con economistas, lo que pasa en la práctica es que «escucha y archiva», manteniendo la misma lógica que nos ha traído hasta donde estamos, y que solo puede llevarnos a un sitio más funesto. Y ante el miedo, la incapacidad o la inconveniencia —para intereses de algunos sectores— de impulsar la tan solicitada reforma, se siguen poniendo parches, cada uno peor que el otro.

Mientras, en los medios, varios «intelectuales» ligados a la oficialidad se regodean hablando de «colonización cultural». ¿Acaso hay mayor colonización que naturalizar la dependencia de las familias cubanas para satisfacer necesidades básicas —que van desde comer hasta comunicarse— a la «buena voluntad» de quienes viven en el extranjero?

Quizás ellos no vean problema en eso. Pero yo, valga la redundancia, no veo nada más indigno y colonial que no poder reproducir dignamente la vida sin caer en la indignidad de estar pidiendo dinero a cualquier extranjero o cubano emigrado que conozca. No me resignaré a eso jamás, y discúlpenme si no estoy PENSANDO COMO PAÍS, pero lo que me resulta muy difícil es pensar eternamente como mendigo.

ETECSA y las grandes distorsiones de la economía cubana

7
Ilustración: Félix Azcuy

Es un axioma fundamental de cualquier modelo económico, social y político socialista que el Estado debe proveer a todos los ciudadanos de manera universal el acceso a los servicios básicos para una vida decorosa. Si por un lado hay un principio establecido por los clásicos según el cual la producción y la distribución deben regirse por la fórmula «de cada cual según su capacidad y a cada cual según su trabajo» hay también una realidad, no todos los ciudadanos tenemos iguales capacidades ni adquirimos las habilidades necesarias para alcanzar salarios adecuados.

¿Cuáles son los servicios básicos que el Estado debe proveer? En mi opinión en la vida moderna son los siguientes: salud, educación, vivienda digna, electricidad, transporte, agua, y telecomunicaciones. Es lógico que los Estados organicen la provisión de estos servicios en empresas estatales (monopólicas o no) y que tomen las providencias necesarias para que, en la medida de lo posible, y sin sacrificar el principio del acceso universal, estas empresas sean lo más redituables posible. Sin embargo, en la búsqueda de que sean redituables no es aceptable que se sacrifique en forma alguna el principio del acceso universal.

Se puede afirmar que cuando esto no se logra hay una distorsión. Por ejemplo, si el objeto social de una empresa que presta servicios a la ciudadanía deja de ser garantizar el acceso universal, incluso a los ciudadanos de más bajos ingresos, y se convierte en obtener ganancias para así contribuir a los gastos del estado, se está distorsionando su objetivo. Tan simple y tan sencillo como eso.

ETECSA viene operando desde su creación con una distorsión fundamental. Durante los años en que la arquitectura financiera del país lo permitía, ETECSA operaba con ganancias millonarias resultante del cobro en divisa de las recargas, sobre todo a partir de la introducción en el país de la telefonía móvil y de los datos en móviles para el acceso a Internet. Eso permitió a ETECSA aportar enormes cantidades de divisas para solventar los gastos en otras esferas, posiblemente también en esferas proveedoras de servicios de acceso universal.

No siempre las ganancias de ETECSA sirvieron para mejorar o ampliar el servicio a los ciudadanos. Por ejemplo, mientras la telefonía móvil se expandía a ritmos acelerados, el servicio de internet en los domicilios (Nauta Hogar) quedó relegado y avanzó a paso de tortuga. Seguramente porque este último, por depender de cables telefónicos, requería de inversiones más onerosas.

Aquella distorsión resultó imposible de mantener después de la Tarea Ordenamiento en el 2020 cuando el peso se devaluó sustancialmente, desapareció el CUC y las tarifas se ajustaron a la nueva tasa de cambio oficial. ETECSA dejó de aportar cifras millonarias de divisas al presupuesto del estado.

El que ETECSA tenga que reajustar sus tarifas debido al cambio sustancial de las condiciones financieras en que opera es totalmente lógico. Pero si nos atenemos al principio de que el Estado socialista está obligado, como cuestión de principios, a garantizar que un monopolio de servicios públicos le brinde a la ciudadanía el suministro a precios asequibles, la responsabilidad recae totalmente sobre el gobierno. No hay de otra.

El costo político del tarifazo de ETECSA

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Ilustración: Félix M. Azcuy

Empecemos diciendo lo obvio: el costo político del tarifazo es alto, el costo político de una no rectificación, en alguna forma, más alto aún, pero lo que quizá no sea tan obvio es que todavía hay margen de maniobra. Veamos por qué.

La decisión de Etecsa, una empresa estatal y supuestamente pública, desborda lo técnico-económico-empresarial porque genera profundo malestar político en un contexto de policrisis de la que nadie duda. A estas alturas, y a pesar del bloqueo norteamericano que toda persona informada no puede desconocer, se han ido acumulando un número importante de malas gestiones del gobierno que nos han traído hasta aquí y nos aleja del tan prometido «futuro mejor». 

Ya las ciencias sociales y la historia misma han demostrado una y otra vez que una política pública que ignora la voz de sus ciudadanos, especialmente cuando expresan un malestar generalizado, erosiona la legitimidad del gobierno. Ya la credibilidad está bastante deteriorada, así mismo sucede con las instituciones y con la prensa, etc. 

En esta ocasión el hecho de que organizaciones legalmente reconocidas como el Proyecto Palomas, el periódico Girón, facultades de universidad, o la propia entrevista de Lázaro Manuel Alonso en televisión hayan expresado su inconformidad —no han sido los únicos—, dota al malestar ciudadano de mayor legitimidad y extensión. Apunto: no significa que la inconformidad ciudadana sea menos legítima cuando no tiene respaldo institucional, pero si la tiene, es más visible en la esfera pública y más difícil de ignorar por las autoridades. 

Organizaciones legalmente reconocidas como el Proyecto Palomas, el periódico Girón, facultades de universidad, o la propia entrevista de Lázaro Manuel Alonso en televisión hayan expresado su inconformidad.

Cuando la reacción frente al tarifazo evidentemente no ha sido de «opositores o confundidos»,  el discurso oficial no puede echar mano de esos epítetos como recurso político de respuesta a la crisis, sino que se ve obligado a dialogar con esos actores sociales diversos, que con y/o sin orientación política explícita, están demandando que no se precaricen más las condiciones de vida y el justo derecho a comunicarse. 

Pero si hemos llegado hasta aquí, si las facultades decidieron hacer comunicados públicos cuando siempre se priorizan los «canales oficiales» privados, es porque la respuesta que recibieron de Etecsa no fue suficiente, porque tanto el debate como la comparecencia fue enfocada en términos de que «Etecsa escucha» y «Etecsa explica», y que quienes están reclamando una recitificación tienen que entender la necesidad de sostener la empresa, asegurar sus recursos y que pague sus deudas. 

Todo ello ocurre en un entorno donde se ha pospuesto un anteproyecto de ley que cambiaría muchas de las condiciones para que operen las empresas estatales, donde hay un plan de estabilización macroeconómica que no es público (¿esto será parte de él?), y donde se desoye a los tantos economistas cubanos que vienen alertando hace mucho tiempo sobre la necesidad de una reforma estructural de la economía, y que al mismo tiempo se atienda verdaderamente a aquellos sobre los que más fuertemente impacta la crisis. 

No es la primera vez que el primer ministro Marrero Cruz apoya políticas que podríamos llamar de austeridad para la población: recordemos aquello de las gratuidades indebidas, la eliminación de casas en la playa para organismos de las que se beneficiaban tantos obreros del país, y ahora parece ser el adalid principal en el gobierno de las medidas de Etecsa puesto que las anunció en diciembre último y ahora las ratificó.

No es la primera vez que el primer ministro Marrero Cruz apoya políticas que podríamos llamar de austeridad para la población.

Contrasta mucho su posición con el silencio que había mantenido el presidente en sus redes. Las cuentas de X, Facebook y el canal de whatsapp que llevan el nombre de Miguel Díaz Canel no habían publicado sobre el tema hasta el anuncio de un nuevo programa «Desde la presidencia» que promete opciones para sectores vulnerables, entre ellos los estudiantes. Antes de eso no había absolutamente nada. 

Ese silencio durante dos días de polémicas solo puede avivar los rumores de que existen, al menos, diferencias de opiniones entre ambos. Como antecedente importante y cercano está el episodio en que Díaz Canel anunció que Marrero comparecería en televisión nacional para explicar la situación energética, y a pesar de las demoras supuestamente por razones técnicas o que el primer ministro no estaba en La Habana, Díaz Canel dejó de publicar y sencillamente parece haberse sentado a esperar, como el resto de nosotros, a que Marrero lidiara con la crisis. 

En un país donde los niños venden pan y hay personas yendo a la basura a buscar comida, donde los jóvenes se van, y la población envejece y decrece, no hay tiempo para otra cosa que no sea la gobernanza eficiente y estrategias para salir de la crisis sin que se deterioren más las condiciones de vida.

Con esto queda claro que el contexto estaba servido para que la crisis con Etecsa no fuera solo de comunicación, sino también política. Y no debería ser difícil de entender que en un país donde se sigue repitiendo que nadie quedará desamparado, la ciudadanía no acepte que con un discurso tecnocrático se desentiendan de los efectos sociales de las decisiones macro. 

Queda claro que el contexto estaba servido para que la crisis con Etecsa no fuera solo de comunicación, sino también política.

La economía tiene mecanismos específicos para apoyar la rentabilidad empresarial, pero cuando se trata de una empresa pública monopólica, no puede depender exclusivamente de trasladar la presión al costo de vida ciudadano. 

El propio diputado Carlos Miguel Pérez, también ingeniero informático y empresario privado, propuso algunas variantes que quizá se pudieran haber explorado: 

  • Escalonar tarifas, conservando el precio actual para 6 GB, pero ofreciendo bloques más económicos de forma progresiva hasta las ofertas más caras.  
  • Crear planes diferenciados y subsidiados para docentes, estudiantes, personal de salud, teletrabajadores y pymes tecnológicas. 
  • Bonificar el uso fuera del horario pico promoviendo bonos nocturnos o franjas de navegación más baratas para distribuir mejor la carga de la red.

Lo cierto es que aún existe un margen de maniobra. Un anuncio que sea de algún modo correctivo —cambios en las tarifas o nuevos planes, la revisión del límite de consumo, o formas de cubrir a algunos sectores como ya anunció Díaz Canel— tendría el potencial de aliviar algo del malestar y de reconectar simbólicamente con una parte  (recalco, una parte) de la ciudadanía. 

En términos de framing (concepto usado por Robert Entman que se refiere a cómo se presenta una situación o un tema para influir en cómo el público lo percibe y lo interpreta), el gobierno tendría aún cierta capacidad que le permitiría reconstruir el relato con nuevos planes como un gesto de responsabilidad, escucha y empatía. O sea, en este punto es cuestión de habilidad política. 

Desde el punto de vista del marketing, ya otros usuarios en redes han especulado que podría tratarse de una «estrategia de anclaje de precios», donde inicialmente se establece un precio alto para generar reacciones negativas y luego aceptación, una vez se introduzcan tarifas menores a las anunciadas, pero no con respeto a las originales. 

Desde el punto de vista político, hacer dicha maniobra tiene el potencial de ampliar la ventana de Overton, y es lo que personalmente me preocupa, o sea, ampliando el rango de medidas socialmente aceptables, que antes se hubieran considerado impensables —como que la gente entienda y normalice políticas de austeridad o que haya que subir costos de todo servicio estatal por la necesidad de sostenibilidad. 

Y digo que me preocupa porque si bien ya las condiciones de vida están muy precarizadas, pudieran empeorar cada vez más si la política económica sigue orientándose a mejorar indicadores macro sin tener en cuenta lo mal que ya se está viviendo. Y todo esto cuando durante años el país ha tenido un patrón de inversiones que ha priorizado la construcción de hoteles por encima de la agricultura, el transporte, la educación, la salud o las comunicaciones. Para tomar esas decisiones, no se ha contado con la participación popular aunque la Constitución deja claro en su Artículo 20 que «los trabajadores participan en los procesos de planificación, regulación, gestión y control de la economía».

Si bien ya las condiciones de vida están muy precarizadas, pudieran empeorar cada vez más si la política económica sigue orientándose a mejorar indicadores macro sin tener en cuenta lo mal que ya se está viviendo.

De la misma forma, a este debate le ha faltado mucha transparencia cuando no tenemos acceso a cómo se han comportado los manejos de ingresos de Etecsa, cuánto se ha invertido y en qué, o las estadísticas del supuesto estudio sobre el que se basaron para fijar el límite. 

Pero volviendo al costo político, el asunto es que si la presión ciudadana que esta vez hemos visto no consiguiera resultados, se estaría marcando un precedente importante de oídos sordos, con todo el potencial para profundizar el descontento y un posible mensaje de que el diálogo por canales oficiales no conduce a nada. ¿Qué caminos quedarían entonces?

El asunto va mucho más allá del tarifazo porque tiene que ver con el valor simbólico de responder al sufrimiento cotidiano, del vínculo político con la ciudadanía, y de la capacidad del Estado para corregir el rumbo cuando hay presión. Si la comparecencia de hoy o el próximo episodio de «Desde la Presidencia» siguen explicando lo que ya todo el mundo sabe en vez de ofrecer  alternativas inmediatas, se estará asentando aún más la desconexión política de las autoridades en un momento de crisis inédita. El costo de esa desconexión será alto. La pregunta es si esa es la elección que realmente quieren hacer.

¡Qué clase de historia esta!

2

A las nueve de la noche estaba yo en un rincón de la azotea tratando de darle candela a unos pedacitos de madera para hacer café, acompañado de mi perra, que se acostó por ahí cerca con el rabo entre las patas. Y así mismo estaba yo, la verdad: resignado a las noches de calor y a la pérdida constante de decoro, tratando de no susurrar quejitas estériles ni de ceder a la tentación de sonar calderos porque, total, no conduce a nada. Mientras accionaba una y otra vez la fosforera, tarareaba «eres leña verde que no enciende, tra lalá tri tri tri triií, árbol que no echa raíz…» Y cuando mi rostro demacrado se reflejó en la superficie pulida de la cafetera: «Vives sin pensar en tu mañana. Se te escapan las semanas, tra lalá tri tri tri triií». Y después, mirando la noche sobre la ciudad: «Yo, que te di mi amor entero, hoy sufro y me desespero por no verte compartir… Y te quiero, y te quiero tal como eres, tra lalá la la la lara, tra lalá tri tri tri triií… Nada, a ti no te importo nada, compañera si lo eres, te lo guardas para tiiií…»

El vecino, que había subido para revisar cuánta agua le quedaba a su tanque, me dijo: «Compadre, coge aquí, prende con esto», y me regaló un cuaderno de trabajo de Historia de Cuba, tan reseco y crujiente que parecía dispuesto a quemarse como Bayamo, por una causa justa. Le agradecí y de inmediato pensé, un poco dolido, que a cambio tendría que brindarle café cuando colara, aunque este sería el que me mantendría despierto para trabajar toda la noche, si es que respetaban la programación de los apagones. Pero no se puede ser tacaño, asere. Regalar una tacita de café El Morro no te hace más pobre.

historia 1
Foto: Néster Núñez

En fin, arranqué la última hoja, la número 51 del cuaderno de actividades, pero antes de estrujarla y meterle candela leí, porque no puedo dejar de leer cualquier cosa que cae en mis manos, el siguiente enunciado, instrucción o como quieran llamarlo:

Epígrafe 6.7

7. Has terminado el estudio de la historia de Cuba correspondiente a sexto grado y estás en condiciones de escribir un texto acerca de la siguiente idea: Me siento orgulloso de ser cubano.

Ahí perdí toda la poca tranquilidad y autocontrol que he cultivado para las noches abusivas como esta. Leí otra vez. Terminé sonriendo y casi llorando, loquito yo. ¿Qué tal si todos los mayores de 12 años nacidos en esa isla, residamos aquí o no, escribiéramos un texto acerca de la idea Me siento orgulloso de ser cubano? Supongamos que nos limitaremos a los mismos 22 renglones que les dieron a los alumnos de sexto grado para redactar su respuesta.

«Machete en mano, Antonio quita la tierra acumulada durante años entre el borde del pavimento y la tapa redonda de la alcantarilla. Luego utiliza una barra de acero como palanca y le mete mucha fuerza bruta. Cuando la tapa al fin salta de su lugar, se produce un ruido de metales como si una moneda de un metro de diámetro cayera del cielo. Nerviosos, Antonio y su mujer miran adentro. Sí, está inundada. Al menos sirve para descargar el baño y dar una buena limpieza, dice ella. Ambos sonríen, orgullosos de su ingenio».

historia 13
Foto: Néster Núñez

Al Alumno:

(…) recibes este cuaderno de actividades (C/A) que te permitirá continuar consolidando lo aprendido y profundizando en el conocimiento de nuestra historia patria y de tu localidad (…); de esta forma entenderás mejor quiénes somos y hacia dónde vamos (…).

En él encontrarás fragmentos de documentos históricos que te ayudarán a comprender mejor la actuación de los héroes y mártires de nuestra patria (…).

Este cuaderno de actividades te traerá muchas alegrías. ¡Cuídalo!

                                                                                                            LOS AUTORES

historia 7
Foto: Néster Núñez

La fosforera por fin prendió la hoja amarillenta, que le dio candela al palo, que no quería calentar la cafetera, que no quería colar el café para que yo pudiera trabajar toda la noche. Antes había ya leído en el reverso de la hoja achicharrada Algunas de las fechas más sobresalientes de la historia de Cuba que estudiarás en sexto grado. Estaban la Protesta de los Trece, el asesinato de Mella, la caída del gobierno de Machado y la de Paquito González Cueto. También la muerte de Rubén Martínez Villena, el asesinato de Antonio Guiteras, de Jesús Menéndez, de Aracelio Iglesias… Los autores incluían el proceso de aprobación y establecimiento de la constitución de 1940, el «fallecimiento» de Eduardo Chibás, el golpe de Estado por Fulgencio Batista y el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos M. de Céspedes.

Minutos más tarde, decidido y solidario, metí por la ventana abierta de mi vecino Ernesto la mano con la taza humeante. Él me dijo que ni loco, que no quería despabilarse, que si ponían la corriente dormiría con el ventilador a toda mecha a ver si lograba descansar algo, que gracias de todos modos por brindarle café. Pero las horas pasaron y nada de electricidad. Angustiaba tanto silencio. Alguien voló sobre el nido del cuco, sobre el barrio. Es decir, se escabulló un ladrón silencioso, al acecho del próximo entretenido a quien arrebataría el teléfono móvil con saña y total violencia, de ser necesario. Con muchísima menos probabilidad, pasó aquel que pintaría «Abajo Alguien» o «Abajo Algo» en el muro de una bodega. Después, con toda certeza, pasó una lechuza. No se vio, pero su cri-cri es inconfundible. Firme, rapaz y valiente, iba a cazar totíes en el parque. Los del reino animal tienen la comida fácil.  

historia 3
Foto: Néster Núñez

«Yamila, la mujer de Antonio, camina así. Va en busca de su hijo para que ayude en las tareas de la casa. Rodea el par de basureros donde, por las noches, los ratones guarachean y se botan pa´ la calle, pa´ que to el mundo los vea. (Una pila ´e ratas flacas de cloaca…)  Llega al manantial, pasa la vista entre los que se refrescan o se divierten, entre los que han armado la fiesta y el relax fuera de sus cuartuchos calurosos y malolientes, pues desde hace 50, 70, 90 días ha colapsado el suministro de agua. Buscando con la vista a su hijo, Yamila ve a los que comparten el jabón en su baño del día, y no puede dejar de seguir esa mano específica que restriega la cara y que después conduce la espuma hacia las partes íntimas. Bajanda. Bajanda andanda. Andan acabandan, se dice Yamila y se aleja sin reír y sin llorar, sin sentir orgullo ni rabia, y sin preguntarse por qué le ha invadido la cabeza tal reparterismo primigenio y no la vergüenza, la ira, el deseo de rebelarse contra las brutales condiciones en las que vive su gente en esta tercera década del siglo 21».

historia 5
Foto: Néster Núñez

Epígrafe 2.5

6. Investiga en tu localidad, municipio o provincia, cómo el pueblo manifestó su repudio a los males que por esos años lo agobiaban (pág. 18 C/A. Sobre el periodo de 1902 a 1935).

Me acosté en el sofá para esperar con la espalda en reposo, pero no encendí la linterna. Totalmente a oscuras se piensa mejor, sin distracciones. El cuaderno de actividades es una joyita. Además de contar sucesos pasados, es Historia en sí mismo. Fue impreso en 1994, aunque no especifican en qué año el colectivo de autores pensó y redactó su contenido. De cualquier modo, ese compendio desactualizado, parcializado, falta de matices y superficial, incluso teniendo en cuenta que fue pensado para niños, contiene una parte de los anales de la educación cubana y es, por supuesto, el reflejo de la ideología que terminó por imponerse. No busca estimular la empatía, ni la investigación seria, ni la creatividad, ni el amor a la patria, sino reproducir un dogma donde los malos son exclusivamente malos, y los héroes y mártires, intachables.

Para «valorar la actitud» de estos últimos y obtener buena calificación, basta con que el alumno reproduzca tres o cuatro adjetivos imprescindibles que no se olvidan fácil: valiente, decidido, honrado, «compañerista», y agregar que proviene de una familia humilde, dado el caso. La cosa va de reproducir fechas y datos. De memorizar. No se trata de que el alumno piense por sí mismo, pues podría llegar a conclusiones peligrosas. ¿Cuán diferentes o similares son las condiciones actuales y las que condujeron a cada una de las rebeliones de nuestra historia? ¿Qué haría cualquiera de esos héroes o mártires que se mencionan en el cuaderno, de vivir en la época presente?   

historia 11
Foto: Néster Núñez

«El dominó está cerra´o. Nadie se pega con la gorda, nadie mete un forro cómico, nadie tira un chisme interesante. Los negocios están en picada, el salario estatal es una burla y con los nuevos precios de internet ya no hay ni para enajenarse viendo chistes en YouTube. Sin embargo, los muchachones necesitan sentir que la sangre les corre por las venas, que pueden decidir algo por sí solos y que no son simplemente corchos arrastrados por las corrientes de la política y la economía nacional, más oscuras y contaminadas que el río que corre a unos metros. Entonces el más líder dice: ¡Vamo´ pa´ la otra cuadra a tirarnos unos golpes!, y el resto lo sigue como si hubieran encontrado la solución a todos sus males».

Epígrafe 6.7

Busca en el diccionario el significado de Democracia. Argumenta por qué somos uno de los países más democráticos del mundo (pp. 48 y 49 C/A.).

El vecino estará abanicándose sobre la sábana sudada. Se llama Ernesto, pero ni su nombre ni sus pensamientos quedarán registrados en un libro o en un cuaderno de actividades. La Historia, con mayúsculas, solo guarda los nombres de los que sobresalen, y preferiblemente mueren, defendiendo una causa, determinadas convicciones. Para la gente común quedan los sustantivos comunes: pueblo, campesinos, estudiantes, trabajadores…

historia 9
Foto: Néster Núñez

Somos más que eso, por supuesto. Somos personas reales que aspiramos a estar cerca de nuestras familias, a trabajar en paz y vivir decorosamente, satisfacer ciertas necesidades materiales y espirituales. Pero cuando el ambiente se torna demasiado hostil y, lejos de favorecer, retrasa o paraliza el progreso normal, el crecimiento esperable, entonces los seres anónimos encuentran el modo de organizarse, dejan de actuar espontánea y aisladamente, y en una gesta de muchos, que sí recogerá la Historia, crearán un nuevo orden de cosas. 

«Cuando Yamila llega y ve a su hijo gastando calorías como un inútil, el primer impulso es quitarse una chancleta y tirársela por la cabeza, pero después piensa que es mejor verlo boxear que intoxicado por el alcohol, zombi por el kímico o metido en una cárcel. Además, está tirando piñazos pa´lante a puro instinto, sin cansarse, aguantando (firme, decidido y valiente) los golpes del otro… como mismo sucede en la vida. ¡Cierra la guardia y espera tu momento, espera! Por el momento el muchachón no se rinde, y es lo importante. Estoy muy orgullosa de ti, le dice Yamila cuando suena la campana. En alguna parte de esas cabezas y esos cuerpos golpeados se está formando una estrategia que les permitirás vencer».

historia 8
Foto: Néster Núñez

Epígrafe 6.1

Consulta en el diccionario lo que significa Revolución y escribe dos de sus sinónimos (pág. 44 C/A. Sobre la Revolución en el poder y la construcción del socialismo).

Nunca pusieron la corriente de madrugada. Solo por entretenimiento quemé en la azotea una a una las páginas del cuaderno de actividades. Fue triste verlas convirtiéndose en cenizas en lo que el viento las esparcía sobre los techos de las otras casas, volando sin rumbo sobre la ciudad. Si alguna alegría sentí fue comprobar que las últimas décadas de la historia de Cuba no aparecían ahí, ni en los libros de texto. Todavía podemos presionar para que se escriba de un modo justo la verdad que se ha vivido, la que estamos viviendo.   

Si alguna alegría sentí fue comprobar que las últimas décadas de la historia de Cuba no aparecían ahí, ni en los libros de texto.
Foto: Néster Núñez

Qué va, yo eso no lo veo

11
no-veo
Ilustración: Brady

Confieso que no vi The substance (Coralie Fargeat, 2024) hasta el final. Cuando a Sue frente al espejo se le empiezan a caer los dientes, cosa de media hora antes de que la película termine, decidí que había tenido suficiente y fui moviendo a hurtadillas el cursor por el tramo que faltaba para llevarme una idea de cómo terminaba la historia, y corroborar que hice bien en acobardarme a tiempo. Es una buena película, y la Moore y la Qualley están espléndidas, pero ná, hasta ahí.

Hay directores que no digiero aunque para muchos críticos sean de lo mejor, como Terrence Malick y Paolo Sorrentino, pero en esos casos se trata de arboladuras estéticas que no me seducen. No, hoy quiero hablar de límites personales. De películas que no vuelvo a ver aunque me paguen. Es más, hay algunas que ni siquiera me he atrevido a ver por primera vez.

 Es cierto que no soy particularmente aficionado al terror cinematográfico, pero la explicación de mi reluctancia a determinadas películas es un poquito más complicada, porque hay obras terroríficas que asimilo bastante bien aunque no sea ni de lejos mi género favorito. Digamos que mientras se trate de monstruos que salen de pronto, por más cubiertos de garras y pinchos que estén, no pasa nada, llego al final y almaceno la historia en esa gaveta mental donde se apretujan y entremezclan millares de filmes que apenas si recuerdas a retazos. En cambio, cuando la historia va de cosas horribles que unas personas les hacen a otras, o de horror corporal (como es el caso de The substance) la alarma suena enseguida. De hecho, en ciertos casos basta el rumor (esa gente que comenta en una cola: «¿viste tal película? Hay una escena buenísima en que sucede esto y aquello», para que yo decida que no quiero ver esto ni mucho menos aquello.

Hay obras que rozan esa frontera que he trazado, pero sin rebasarlo. Por ejemplo, aunque vi todas las temporadas de Game of thrones, hubo muchas veces en que pensé dejarlo, sobre todo al llegar a cierta castración… y lo que le sucede luego al infeliz castrado. Como he señalado en un artículo anterior, no podía menos que preguntarme cómo coño alguien llegaba a viejo en ese mundo, si hasta en la escena más inofensiva dos personajes cabalgan por el bosque conversando y ven a cada tramo a varios infelices ahorcados o el esqueleto de un tipo que murió de hambre en una jaula. ¿Quieres matar a tu enemigo? Vale, mátalo, pero de una estocada y ya, no tienes que quemarlo vivo, cortarle trozos a cada rato o arrancarle el pellejo, digo yo.

Algunas de esas piezas para mí malditas son de grandes directores. Empecemos con Irréversible (Gaspar Noe, 2002), donde hay dos escenas que hubiera preferido ahorrarme: la violación del personaje de Monica Bellucci (que dura nueve angustiosos minutos) y la muerte de otro personaje a golpes de extintor. En ambos casos se trata de escenas sin cortes, porque el cabrón del director quiere que pienses que estás viendo la cosa real, aspira a despojar los hechos brutales de todo artificio. Y vaya si lo logra. Cuando el personaje de Pierre (Albert Dupontel) golpea el rostro del otro con un extintor una y otra vez hasta dejarle la cara convertida en algo que recuerda una fruta podrida, pensé en las ventajas del lavado parcial de cerebro: definitivamente, Irrevérsible es una de esas obras que preferiría olvidar. No es una mala película, supongo, pero entre repetirla y ver una ópera china de tres horas y media, creo que me quedo con la segunda tortura.

En algunos casos ni siquiera he empezado a ver la película, aunque la tengo ahí, en algún rincón de un disco duro… rincón que evito cuidadosamente, como si de pronto la película fuera a exhibirse a traición. Una de ellas es Saul fia (El hijo de Saúl, László Nemes, 2015). Las sinopsis advertían que era dura, incómoda de ver, hablaban de un prisionero de Auschwitz que se ve enfrentado a una situación horrible, inconcebible, que involucraba a su hijo…  y eso me bastó. Sé que me estoy perdiendo una obra contundente, pero es una de esas decisiones que se toman para que no haya luego imágenes y secuencias que te persigan el resto de tu vida. En 1989 estuve en Bielorrusia y me llevaron a ver, entre otros sitios, un museo con objetos y fotos de un campo de concentración nazi que funcionó no lejos de allí, y son cosas que todavía recuerdo. No, gracias.

Otro caso en que tampoco he pinchado siquiera el archivo es The house that Jack built (Lars von Trier, 2018). Ya el danés ha mostrado antes que puede ser muy duro, como en Dogville (2003), Manderlay (2009) o Antichrist (2009), tanto por las relaciones que establecen los personajes en pantalla, la pavorosa naturalidad de lo inhumano, como en menor grado por lo que muestra explícitamente (la mutilación genital femenina en Antichrist). Pero supe que Jack construye su casa con restos de cadáveres, y… no Lars, de todas tus películas prefiero Direktøren for det hele) (El jefe de todo esto, 2007) que es una comedia inesperada, y Breaking the waves (1996) con todo y su halo místico porque apuesta por el poder de la bondad y la inocencia. Y nos trajo al clan Skarsgård, también, aunque esa no parezca una buena idea en todos los casos.

 Mi último ejemplo será una película soviética que no me arrepiento de haber visto, todo lo contrario, e incluso me gustaría repasar alguna vez (tengo una excelente copia) pero debo encontrar el momento propicio: Idí i smotrí (Ve y mira, Elem Klimov, 1985). Ninguna otra obra cinematográfica, a mi juicio, transmite los horrores de la Segunda Guerra Mundial, y de la guerra en general, como esta pieza. Por más que Hollywood nos quiera hacer creer que los norteamericanos fueron los que ganaron la IIGM, y Europa, obediente, le siga la rima, lo cierto es que nadie sufrió tanto, sacrificó tantos hijos y fue tan heroico como el pueblo soviético durante esa contienda. La escena en que los nazis encierran a los pobladores de una aldea en la iglesia y le prenden fuego es de una monstruosidad imposible, y se me hace difícil hasta escribir esas palabras: me recuerdo sobrecogido de espanto, llorando al verla en el cine hace muchos años, y desde luego yo no era el único, ni mucho menos. Ridley Scott, por cierto, tiene una escena parecida en su Robin Hood de 2010, pero nada que se aproxime siquiera al impacto que causa Ve y mira.

Una parte ingenua de mí piensa que hay varios líderes mundiales que deberían reunirse para una exhibición privada de Ve y mira: tal vez con eso renunciarían a guerras en marcha o por venir… aunque mi parte cínica y realista responde que lo más probable es que alguno de ellos, al ver la escena de marras, esté calculando cuánto costaría el terreno donde estaba erigida la iglesia y la conveniencia de comprarlo u ocuparlo militarmente apenas se hayan dispersado las cenizas.

El año en el que hubo menos nacimientos

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La noticia es que la población cubana decrece y el 2024 se convirtió en el peor registro de natalidad en más de seis décadas, según cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información, que publica reportes parciales de la situación de la sociedad y la economía.

A partir de la información de la Onei, se conoció que el pasado año se registraron 71,358 nacimientos, el menor número de nacimientos desde hace 65 años. Asimismo, la Isla tiene un 25.7 % de su población envejecida, lo cual junto a la baja natalidad y la imparable emigración contribuye a que en los últimos cuatro años la población cubana haya disminuido drásticamente también.

Aunque el Censo de población está en fase preparatoria y se planifica su ejecución para finales de este año, la Onei se ha adelantado haciendo algunas estimaciones en torno a los números de una crisis ya palpable que afecta a todos los sectores de la realidad cubana.

Solo en el 2024, partieron de Cuba 251, 221 personas, aunque el vicejefe de esa entidad, MsC. Juan Carlos Alfonso Fraga, afirmó que han emigrado menos que en los dos años anteriores, pero la cifra continúa siendo elevada.

El censo debe durar al menos dos meses y las autoridades han pedido la cooperación de la población para que se ejecute con la mayor calidad en un país que no ha sido sometido a un censo en más de una década.

Del tan llevado y traído 11 millones de personas, que es el estimado que ha tenido Cuba en los últimos años, Cuba cerró el 2024 con 9,748,007 habitantes, en uno de los innegables rostros de la crisis, la baja natalidad y la emigración.

Aunque las autoridades refieren que la población cubana siempre ha emigrado, y que desde la década del 70 no se logra el reemplazo poblacional, admiten que este alarmante decrecimiento es consecuencia de la crisis económica que vive el país.

Otro de los reportes de la Onei que da cuenta de la tragedia económica nacional es el deterioro del transporte público. En el primer trimestre del 2025, los ómnibus públicos transportaron un 23% menos de pasajeros en comparación con el mismo periodo del año anterior. Esto equivale a 13.7 millones de personas menos con acceso al servicio, lo cual tiene una repercusión marcada en la economía y en la vida de la población, pues cientos de miles dependen de estos medios para llegar a sus trabajos y demás actividades cotidianas.

En cuanto al servicio de taxis, también se observó una reducción, con 33.5 millones de pasajeros transportados frente a los 36.3 millones del primer trimestre del 2024. En contraste, los medios alternativos como bicitaxis, camiones, vehículos de tracción animal y taxis privados experimentaron un incremento del 9.7%, alcanzando los 95.9 millones de pasajeros en comparación con los 87.4 millones del año anterior.  

Las cifras de la Onei ponen en papel una realidad que se ve en cada parada y en las dificultades para transportarse: en el primer trimestre del 2025, el total de personas transportadas en el país fue de 212.2 millones, lo que representa una caída del 4% con respecto a los 221 millones del mismo periodo en 2024. Esta disminución refleja las dificultades que enfrentan los ciudadanos para moverse de un lugar a otro, lo que lleva a muchos a limitar sus desplazamientos o a cambiar de trabajo para reducir tiempo y costos de traslado.         

Además del deterioro en los servicios de transporte, las condiciones de la infraestructura vial también presentan desafíos significativos, debido al abandono durante décadas. Solo el 29% de las carreteras cubanas se encuentra en buen estado, y el mal estado de las vías ha sido identificado como una de las causas de accidentes de tránsito, representando el 8 % de los registrados solo hasta abril de este año.

El gobierno ha reconocido que la falta de mantenimiento en las calles y carreteras, además de la obsolescencia del parque automotor, con vehículos de entre 40 y 70 años de antigüedad en circulación, son factores que contribuyen a la accidentalidad en las vías.

El Centro Nacional de Vialidad ha priorizado la reparación de tramos clave, y se ejecutaron trabajos en la Autopista Nacional y la Carretera Central. Se destinaron 15,170 toneladas de hormigón asfáltico frío para reparar baches. Entre las prioridades para el próximo período está el Viaducto de La Farola, y los tramos que conectan provincias.

Mientras tanto, esta semana fue noticia también que un accidente ferroviario en Camagüey provocó el descarrilamiento de un tren de la ruta Holguín-La Habana, dejando heridos leves y afectando 80 metros de la vía férrea. También obligó a que los trenes que circulan por la zona reduzcan su velocidad a 15 km/h, alargando las ya agotadoras horas de esos viajes en tren de Occidente a Oriente.

Estas noticias significan que la policrisis que padece Cuba no se observa solamente en los precios de los alimentos o en los apagones, sino en otros indicadores como la pérdida de población, y con ella mucha fuerza laboral calificada, y el deterioro de servicios e infraestructura tan básicos como las calles sobre las que transitar.

Significa, además, que el estado de «economía de guerra» al que alude el gobierno es, en efecto, una realidad económica, pero no una práctica adoptada de manera coherente por las autoridades, que debería ser transversal a todo el funcionamiento del país. Viajes al exterior de larga duración por parte de amplias delegaciones, celebración de ferias y conferencias en una parte del país, mientras el resto tiene electricidad ocasionalmente, son solo algunos ejemplos de cómo no debería funcionar un país que se declara en «economía de guerra».

Nuestra opinión es que la Onei cumple su encargo social al publicar estas cifras actualizadas sobre áreas clave de la economía nacional, porque solo si se tiene una proporción numérica se puede abordar el problema desde su urgencia. Ofrece además acceso a información pública que permite tomar conciencia de la magnitud de la crisis y exigir coherencia a los funcionarios con el encargo social que asumen.

Los problemas que padecemos en la vida cotidiana tienen una expresión estadística que, en medio del complejo contexto nacional, constituye una verdad dura, pero inocultable, y al mismo tiempo un arma para gestionar soluciones. La gravedad del momento requiere voluntad política y medidas urgentes que estén a la altura de una sociedad que envejece y se empobrece. Ante esta realidad, el país no puede permitirse la inercia ni la retórica.