Míster Cuba 2023, una discusión sobre el mercado y la belleza

por Maykel González Vivero

Ponerse a discutir sobre estética en el siglo XXI, cuando entendemos que hasta la postmodernidad se está poniendo vieja, es perder el tiempo. El debate de la última semana sobre el concurso Míster Cuba 2023 no trata estrictamente de la belleza. Lo que se discute es la relación del mercado con el proyecto nacional. 

La prensa oficial, en particular El Caimán Barbudo y Tribuna de La Habana, publicaron par de alegatos de rotunda pasión sobre lo que significó el concurso para una sociedad como la cubana, que ha vivido desconfiando de «la banalidad» y negada a «la importación de patrones culturales capitalistas». 

Esto, dicho en medio del naufragio de un estilo de vida que está desapareciendo, es conmovedor, no obstante, para una parte no significativa de la opinión pública sonó ridículo y anacrónico. En el país de las pymes, tierra prometida al capitalismo, todas las oportunidades de negocio tienen garantizado un rincón. 

En este caso la molestia viene con la moralina ante la exhibición de cuerpos. Sobre ese punto, tengo la misma convicción que los colectivos de putas organizados en tantos países. Si los empresarios nos explotan como obreras, camareras, cuidadoras, ¿por qué se escandalizan si nos vendemos como objetos sexuales? 

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Mister Cuba / Tomada de Cubatel

Durante los años republicanos abundaron los concursos que promovían la “belleza femenina”. Todavía en plena construcción de “la sociedad socialista”, se elegían las “estrellas del carnaval”, que eran exhibidas en espectáculos masivos. 

El ideal social de la Revolución Cubana, basado en los tópicos proletarios de la Unión Soviética, no era compatible con el mercado de la belleza estereotipada y burguesa. Los certámenes fueron desapareciendo, sin que murieran del todo. Tuvieron larga vida en pequeñas ciudades y zonas rurales. Fue imposible eliminar por decreto una tradición que podía defenderse como carente de implicaciones clasistas, aunque fuera mentira. 

Tomada de Cubalite

Los cubanos y las cubanas no han dejado de participar en concursos de belleza ni de seguir desde la distancia los que se promueven en el extranjero. El famoso show Nuestra Belleza Latina, de Univisión, ha tenido a varias concursantes cubanas. Incluso una, Greidys Gil, se alzó con la corona en 2009.

Recientemente, dos cubanos que viven fuera del país quedaron al frente de eventos internacionales similares al celebrado este mes en La Habana. Luis Daniel Gálvez resultó Míster Supranational en 2022 y Juan Carlos Ariosa obtuvo el primer lugar en el Míster Global 2023. 

En 2021 pasó algo interesante. La página de la agencia estatal Actuar en Facebook, reseñó como un logro la participación de la cubana Adelina de León, de 19 años, en el Miss Charm (Señorita Encanto) celebrado en Vietnam. No obstante, el incidente recibió críticas en la prensa cubana.

Los cuerpos clasificados según su valor

Los machos en trusa victoriosos en el malecón de La Habana, no son una estampa extraña a los tiempos en que vivimos, expresan, como una metáfora especialmente sexy, la libertad de mercado que la mayoría está reclamando. 

La gente que no quiere debatir esto, porque no les gusta complicarse, encontraron un argumento a favor que suena muy salomónico. Los tipos están «muy buenos». Esa es la carta de triunfo del mercado. Trabajar con el consenso cultural que tenemos sobre lo deseable, lo comestible, lo confortable y lo encamable. 

¿Y contra esos consensos, tan normalizados que parecen naturales e inevitables, quién puede? ¿Qué conciencia política sobre las trampas del mercado podría frenar a «la belleza», entendida como algo que puedes comprarte?

No vale la pena criticar a Míster Cuba 2023 si no se tiene una comprensión total del rumbo que estamos tomando como sociedad. 

El mercado tampoco es una instancia del todo coherente. El pobre Damián Cobas, el afortunado ganador de la corona, tuvo que renunciar a su glorioso título porque alguien, no sabemos si un enemigo o simplemente un jodedor, publicó en Twitter una carpeta pornográfica en que la que aparece el muchacho, más decidido que nunca, a hacerse un sitio con su cuerpo en el mercado. Pero todo tiene límites, incluso el tamaño de «belleza» que tienes derecho a vender. 

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Finalistas de Mister Cuba / Tomada de OnCuba

No hay mucha información sobre Míster Earth, el eventointernacional que debió acoger a Cobas como representante de Cuba. En todo caso, los dueños piensan que los modelos no tienen derecho a exponerse tanto, al menos por ahora, si quieren ser un producto eficiente. 

La «decencia», así sea relativa, sigue siendo un valor de mercado. Y ni siquiera es la “indecencia” lo que obligó a Damián Cobas a ceder su premio. Fue el desajuste que provocó en el mercado. El «producto» debe ser manejado por la empresa, no por el «obrero». La libertad de hacer porno que se tomó Cobas, genera «subproductos» de valor que la empresa no controla. 

Míster Earth sólo es uno de tantos eventos que funcionan para el mismo mercado, bajo las mismas reglas. Algunos son algo fantasmales. Tienen aire de principiantes, de emprendimientos no consolidados. Lo mismo pasa con Alfa Male, la tienda de ropa interior masculina que patrocinó la edición cubana del concurso. 

«Somos una empresa joven que nació por las necesidades del hombre chileno actual, que se ha convertido en un personaje cada vez más globalizado, cosmopolita y conectado tecnológicamente, pendiente de todas las últimas novedades y tendencias a nivel mundial. Creando de esta manera hábitos y necesidades que antes no existían», declara su sitio web. 


Alfa Male surgió en Chile como una empresa local,  que ahora quiere convertirse en «una marca reconocible cada vez mayor en este mundo globalizado». Nada más natural. Cuba no tiene un amplio mercado por el momento, pero es un valor bien exótico que puede aportarles hombres racializados con fama de hipersexuales. El anillo en el dedo. 

Míster Cuba 2023 es coherente no sólo con el país que vamos siendo, forzados por la crisis económica. También fue un evento perfectamente armónico con el país que queremos ser. Lo que llaman ser «un país normal». Que, si vamos a ser sinceros, nunca serán territorios de normalidad para los cuerpos diferentes, las identidades problemáticas y las «bellezas» que el mercado no halla cómo vender todavía. 

Mister Cuba / Brady Izquierdo

Y no ganamos nada, los que nos imaginamos una sociedad más respetuosa de nuestros cuerpos, si nos ponemos a trabajar para que estos certámenes sean prohibidos. Tendríamos que prohibir tantas cosas con el mismo discurso y el mismo significado, que quedaría liquidado el sector privado y los grupos de poder estatales que promueven el mercado como receta pragmática para sobrevivir a la crisis económica. Ese camino ya se intentó, sin éxito. 

Llamar «banal» al mercado de la belleza y sugerir que desajusta nuestro proyecto social, es una postura ingenua. Míster Cuba 2023 se parece bastante al proyecto que estamos gestionando ahora. Encogerse de hombros para decir que es una hermosa tradición cubana, y que los modelos se ven muy bien, es otra ingenuidad. 

Concurso Diosa de talla grande / Tomada de difundir.org

Es más útil, y sobre todo más inteligente, aceptar que los «machos alfa» en el malecón son un hecho deseado por muchísimos sectores influyentes de la sociedad cubana. Aceptado esto, podríamos imaginar espacios para situar los discursos sobre otros cuerpos en el mercado restringido que está naciendo.  

Me conformo con hacer la crítica y tener un espacio mínimo para expresarla. El mercado lo permite, aunque no «compre» estas opiniones. Es una máquina tan grande que deja espacios mínimos para las piezas extraviadas, lugares del tamaño de nuestros cuerpos. Unos cuerpos poco valorados, pero resistentes. 

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2 comentarios

Andrés 27 junio 2023 - 7:23 AM

Efectivamente Maykel, el tema del mercado, herramienta necesaria en cualquier sociedad, es uno complejo y dinámico. Definitivamente tiene más reglas de las que imaginamos y definitivamente no se puede comodificar toda la actividad humana. Evidentemente, el gobierno cubano, o al menos aquellos que han emprendido todas esas desdichadas politicas económicas & agendas morales de los últimos tiempos, no entendió nada de lo anterior (o lo hicieron superficialmente). En la práctica, adoptaron una concepción infantil del mercado y del rol de los individuos y agentes económicos en él, y el resultado lo estamos viendo. Todo esto junto a una agenda moral & estética recalcitrantemente reaccionaria, que destaca no tanto por el ideal que defiende sino por todo lo que excluye. Yo creo que es una combinación tóxica de lo peor del socialismo realmente existente con lo peor del capitalismo. El neoliberalismo más inepto envuelto en un rancio conservadurismo social. Y PUM!: la Cuba actual.

Y es como ilustras en tu artículo. Todas estas nociones clásicas sobre la belleza física, y otro montón de nociones más, nunca se consideraron un problema en la Cuba revolucionaria. Llevamos mucho tiempo cayendo arrodillados ante la estrella de turno de las telenovelas, dedicándole montones de neuronas a sus tramas y juzgando a las personas sin cuartel, asumiendo tácitamente que no existen otros puntos de vista: si son flacos, entonces por qué andan sin camisas, si son lo contrario entonces por qué se visten apretado, sin son viejos entonces por qué insisten en seguir queriendo vivir la vida, y así un largo prontuario de “consensos”. El asunto es que nada de esto se cuestionaba, ni siquiera se consideraba tema de debate. Ahora el gobierno y una buena parte de la población sencillamente reafirman un sistema de valores que existe hace rato bajo el radar y al cual se le consideraba el estándar. Prohibir, suspender? Para nada, pero si criticar, no tanto a las personas (al menos no por cualquier motivo, no vivimos en una teocracia), sino las ideas qe representan.

De modo que coincido con tu conclusión, pero quizás por razones un tanto distintas. Coincido en el hecho de que más allá de prohibiciones anodinas y de creernos que conocemos la verdad estética & ética universal, lo más importante es tener espacios para ejercer el criterio, de palabra y de hecho, lo cual nos permitiría participar en, e influenciar, el debate. Pero no creo que el mercado necesariamente lo permita, pues, en muchos aspectos, este puede ser la antítsis de la democracia, que es lo que sí necesitamos con urgencia. El mercado funciona bajo la lógica de “un dólar un voto” y la democracia bajo la lógica de “una persona un voto”. Muchas veces ha sucedido que para permitir la libertad de mercado se han, literalmente, oprimido los derechos de mucha gente. La conversación sobre el mercado es una conversación política, cuyo contenido varía, a veces dramáticamente, de contexto a contexto: que es lo que es objeto de transacción, quién tiene derecho a participar y bajo qué términos, etc. La libertad de debate y una opinión pública informada son vitales para poder decidir todo esto colectivamente.

Respecto al tema del artículo en particular, si el mercado acepta o no otras miradas alternativas en términos de estándares estéticos es una discusión interesante. Pero el derecho a participar (no solamente en el mercado) y a opinar es lo que, en mi respetuosa opinión, debe defenderse.

Pedro Martínez 27 junio 2023 - 9:55 AM

Recuerdo un comentario del general Rafael Del Pino por Radio Martí diciendo que a Sergio Corrieri le dieron el cargo aquel,creo que de amistad con los pueblos para sacarlo de escena, porque según el (y yo creo que fue y es así) el único galán que podía haber en Cuba era el comandante barbudo Fidel Castro.Ahora parece que ese roll a quien único corresponde es al narizón designago presidente.

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