Horizonte

por Jorge Fernández Era
Horizonte

Sobre cubierta una lona con escamas de pretéritas pesquerías. Bajo el toldo una mujer medio ahogada por el calor de una hora de encierro. Una bota se escurre por una hendija para propinarle un cariñoso puntapié.

—Ya puedes salir, nena. Hemos dejado atrás el faro y su respectiva guardia costera.

—¡Un día de estos se agotará mi paciencia! No sé a qué tanto misterio, si al final todos conocen de este romance.

—Pero nadie lo relaciona con mi salida del puerto. El misterio se mantendrá para bien de nuestras familias y de mis negocios con la Schuylkill Products Company. Confían en mí, no en balde me hicieron dueño de este yate.

—¡Yate que nombraste como tu abuela y no con el alias, el seudónimo, el sobrenombre de esta que está aquí, que te soporta desde 1943, cuando lo botaron al agua! ¡Más de una década tolerando semejante sobrecarga!

—¡No te refieras así a tan venerable anciana, que bien merece tener grabado en proa el tierno apodo con que nos dirigíamos a ella mis hermanos y yo!

—¡Lo de venerable lo dirás por la cantidad de enfermedades venéreas que le pegó a tu pobre abuelo!… ¡Si tanto quisieras a esa vieja y a esta menesterosa embarcación no estarías tan desesperado por venderla!

—Es el money, darling. Me hace falta esa plata.

—¿Y no has pensado que este amasijo de tablas pudiera valer un dineral en un futuro?

—Como no sea para exhibirlo en un museo como símbolo de lo que no se debe hacer en materia de construcción naval… Si se pretende que una nave logre ante las olas una estabilidad tal que impida que un hombre caiga al agua…

—¡Pero eso no ha pasado nunca!

—Ya pasará, pierde cuidado… Y si no quieres ser la primera en sufrirlo vuélve a ponerte el ajustador, que no me gusta ni un poquito verte caminar los trece metros entre popa y proa con ese par de tetas al aire.

—¡¿Y eso qué?!… No se ve un alma en varias millas náuticas a la redonda.

—Es que de imaginar a ocho decenas de machos sobre nuestro yate, mirándote con lascivia… Sería capaz de caerles a tiros, aunque luego ningún juez me absuelva.

—Deja la violencia, honey. Esta embarcación es turística, no de guerra: descarto un arma a bordo, salvo los dos cuchillos que trajiste para pelar naranjas, único manjar que me reservas como recompensa por nuestra arriesgada travesía. Y lo de pelarlas será al parecer mi única diversión, pues te pasas el tiempo oteando el horizonte.

—¡Si tampoco te gusta ver más allá de tu corta vista, léete entonces el periódico que dejé en el camarote!

—¿Para qué? Dice lo mismo que todos los demás. ¡Increíble no te aburras con tanta noticia insípida! Ese diario es el vivo reflejo de la modorra que se vive en este barcucho. Solo falta que se llame también como tu abuela.

—Veremos si te sigues refiriendo así a esta embarcación y a la anciana madre de mi madre cuando disfrutes de los cincuenta mil pesos que me pagará el mexicano ese por su adquisición.

—Puesta a escoger, preferiría que tomáramos ahora mismo rumbo sureste y nos diéramos una vuelta por el Caribe… a Cuba, por ejemplo.

—Eso conllevaría casi una semana de recorrido en este inseguro yate. Sería un fiasco, aun si informáramos con antelación de nuestro arribo. Doy por seguro que llegaríamos dos o tres días después de la fecha anunciada, y encallaríamos de tal manera que el territorio de nuestro naufragio merecería ser bautizado con el apodo de mi abuela.

—Es cuestión de proponérselo, my dear. Decirse uno mismo: «Si salgo, llego».

—El problema no es solo ese… Cualquier playa de las Antillas representa arrobas de sol cayendo sobre tu espalda. Terminarías demasiado colorada para mi gusto.

—¡Qué cansada me tienes! ¡Este yate pide a gritos un violento cambio en el orden de cosas! ¡Ojalá lo compre un tipo joven, alto, inteligente, con los timbales que tú no tienes para emprender un itinerario de ensueño que me lleve al menos a un manglar cundido de mosquitos, pero sin ti!… ¡Mira, pon proa a barlovento, que lo último que me falta para completar el día es que tampoco podamos regresar a Tuxpan!

8 comentarios

Felicia De Las Mercedes 28 noviembre 2021 - 10:06 AM

¡¡¡“…Lo que ya si no sirve

También merece un final…”

https://youtu.be/H-NZlrOpOIE !!!

Manuel* 28 noviembre 2021 - 10:42 AM

En la batalla de las ideas no me gusta burlarme de los símbolos ajenos.

Manuel Figueredo 28 noviembre 2021 - 10:47 AM

Ay Jorgito tú no quieres comprender que al vetusto Yate Granma le cambiaron el nombre,
ahora le llaman GAESA. Te digo más, dicen los entendidos en la materia que se encuentra al
pairo y próximo a naufragar. Please, no lo comentes, esto entre nosotros, pero dicen por ahí que quieren venderlo en fracciones, así como hicieron con las piedras del muro de
Berlín. No hay que desesperarse, pues no hay mal que dure 62 años más, ni estómago que lo
aguante.Como siempre Jorge Fernández Era
buen trabajo. Feliz Domingo para todas y todos.

juanaBacalao 28 noviembre 2021 - 2:21 PM

tremendo yate! que bien fabricado estaba ! con la cantidad de peso y armas que llevaba encima y que no se haya quebrado y naufragado en lo mas profundo del caribe.

O 28 noviembre 2021 - 6:33 PM

¡Coño! Fidel ha reencarnado

Pregunta;

Me gustaría preguntarle ahora sobre las manifestaciones callejeras del 11 de julio que sorprendieron a todo el mundo.

Respuesta:

…el bloqueo inmisericorde que nos ha impuesto el régimen imperial durante 62 años, las 243 medidas de asfixia extras de Trump, habernos nombrado país proclive al terrorismo, las remesas suspendidas…

Jaja ja ja jaja

Jorge R 28 noviembre 2021 - 7:30 PM

Como siempre, algo para sonreír en domingo. Solo que hay veces me encuentro inmerso en tiempos de “como los paces ” y angustiado de vivir en propia carne ” El niño, el viejo y el reloj”, que no deja de sacarme esas “lagrimas negras”. (Disco de Carlos Varela)

O 28 noviembre 2021 - 9:35 PM

El chiste drl dia

Fidel, habla, ¡te necesito!; ja ja. Diaz Canel esta de p..! Ja ja ja

Nilda Bouzo Torres 4 diciembre 2021 - 1:19 PM

Muy bueno, querido Jorge. Como siempre.

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