Dune parecía condenada a convertirse en uno de esos clásicos literarios de intensidad y esencia imposibles de llevar al cine. Y entonces llega Denis Villeneuve.
El presidente Barack Obama entreabrió la puerta del Despacho Oval y deslizó una mirada furtiva a través del espacio que quedaba entre la hoja y el marco. La persona que solicitaba verlo era su secretario personal.