Este no es el código «de los maricones»

por Dachelys Valdés Moreno
Código

Las narrativas son importantes a la hora de contar los hechos. Quien cuenta decide quién habla, cómo, con qué intención y desde qué perspectiva; y las lecturas que quedan en la memoria pueden reforzar representaciones sesgadas y establecer jerarquías de poder.

Cuando en 2019 la Asamblea Nacional del Poder Popular retiró del proyecto constitucional el Artículo 68 —que debía poner fin a la exclusión de las personas LGBTQ+ al derecho al matrimonio—, justificaba su decisión con estadísticas que pretendían mostrar su respuesta a un reclamo de la mayoría del pueblo que era contraria al establecimiento de ese derecho.

Los medios oficiales informaron la recepción de 192 mil 408 opiniones sobre dicho artículo, el que más comentarios negativos había provocado. Así se imprimió en la memoria colectiva una historia de rechazo que continúa esgrimiéndose.

Esta narrativa obvió que 8 millones 753 mil 113 cubanos participaron en los debates con otras preocupaciones, sin reparar en el Artículo 68. Tampoco contabilizó las personas que se levantaron en las reuniones para defenderlo al argumentar que era una medida no solo justa, sino imprescindible para el país.

Debió aclararse que de casi nueve millones de cubanas y cubanos consultados, apenas 192 mil 408 se manifestaban en desacuerdo con el artículo, menos del 2% de la población. Esta otra narrativa no hubiera dejado espacio ni justificación para removerlo, pero ya sabemos el final de aquella historia.

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De casi nueve millones de cubanas y cubanos consultados, apenas 192 mil 408 se manifestaban en desacuerdo con el Artículo 68, menos del 2% de la población.

Existen dos maneras, en mi opinión, de lograr que una sociedad tenga sus derechos reconocidos. Una, que el gobierno y las disciplinas sociales, en intercambio verdadero con aquel, observen el desarrollo de sus realidades y legislen en base a lo que reconozcan como ausente en sus políticas, pero presente en la cotidianidad. La otra, vendría de los reclamos genuinos de activistas por los derechos civiles y sus aliados que, determinados a poner fin a la negación que invisibiliza sus vidas y contextos, demanden a presidentes, partidos gobernantes e instituciones, los cambios necesarios para el pleno ejercicio de todos sus derechos como ciudadanos.

El anteproyecto del nuevo Código de las Familias de Cuba, si bien a algunos pudiera parecerle un intento unilateral de enmienda por parte del gobierno, es en realidad una respuesta a las múltiples voces de la comunidad LGBTIQ+, que lleva años clamando por ser escuchada y reconocida.

Lo han exigido desde el disenso legítimo y la ruptura con lo que otros denominan «lo tradicional y correcto», demandando reconocimiento y protección como parte de una sociedad de la que no quieren alienarse ni permitir que les alienen.

Hay una historia de atropellos y omisiones en tal sentido, siendo los más recientes la retirada del artículo 68 de la Constitución de la República, en diciembre de 2018, y la suspensión de la Conga contra la homofobia y la transfobia en 2019. Esto no ha sido olvidado y necesita un espacio de reelaboración y disculpas para sanar.

La propuesta actual llega a la ciudadanía en un contexto nacional que demuestra estar listo para pujar por cambios, y en un escenario internacional que observa la Isla con ojo crítico, en base a la promesa, recogida en la Constitución, de no discriminar y de llevar a buen término un código inclusivo.

Por otro lado nos asiste un espacio en la historia reciente, en la que las impopulares medidas gubernamentales, lo acaecido el 11 de julio y la pésima gestión de la pandemia en los últimos meses, con sus nefastos resultados, han generado estados de opinión negativos a cualquier propuesta proveniente de los estrados gubernamentales. En ese clima, ideas contrarias al Código pueden ganar terreno sin considerar realmente que su redacción contiene cambios favorables para todos.

A dos semanas de que el Ministerio de Justicia publicara el muy esperado anteproyecto, ya se esgrime en redes sociales, por parte de personas conservadoras, el mismo falso argumento que intenta reducir todo un cuerpo de garantías, protecciones legales y beneficios, a un solo asunto: la reconceptualización del matrimonio y, por ende, la observación prejuiciosa del comportamiento de la sexualidad.

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Estamos otra vez ante un reduccionismo parecido al que experimentó la lectura del texto constitucional: aquella no era una Constitución sobre el matrimonio y, aunque lo elemental a veces no es necesario recalcarlo, este tampoco es el Código del matrimonio.[1]

El contenido del anteproyecto responde a una realidad contemporánea, legisla en función de ella y se agradece, porque en ocasiones los que no sufrimos en carne propia las brechas, no conocemos la necesidad de una ley hasta que nos enfrentamos a los efectos de su omisión. Una discusión detenida del Código nos llevaría a observar importante aspectos positivos:

  • La incorporación de un lenguaje que no minimiza y reconoce a los adultos mayores y a las personas en situación de discapacidad.
  • La protección y el respeto hacia la autopercepción de nuestras niñas y niños.
  • La posibilidad de establecer vínculos contractuales antes del matrimonio, en un contexto de cambios económicos y de despenalización del trabajo por cuenta propia y construcción de patrimonios personales.
  • La valoración económica del trabajo en el hogar.
  • La admisión de la gestación solidaria, que abre las puertas a todas las parejas a formar familias con descendencia.
  • El favorecer la adopción, que garantiza a niñas, niños y adolescentes amor y cuidados, rompiendo vínculos biológicos.
  • El abordaje de la violencia en el hogar en todas sus manifestaciones y hacia cualquiera de sus miembros, al incorporar la figura de la mediación familiar en la resolución de conflictos, regulada desde lo procesual.

¿Es un código perfectible? Sin lugar a dudas —por ejemplo, encuentro discutible la edad fijada mediante tribunal para el acceso al matrimonio— y para eso precisa la participación de toda la ciudadanía. Se reconoce una comisión redactora que investigó, que tuvo que retarse a sí misma porque es un texto que incorpora conceptos nuevos y desmonta otros bien arraigados en nuestro imaginario social.

Cítese nada más la categoría responsabilidad parental, que sustituye a la tan temida patria potestad y nos habla ya no de hijos como «posesiones», sino de vínculos afectivos y de los deberes y derechos asociados a esas relaciones. Hay muchas historias de vida olvidadas en las leyes, que solo si alguien las narra, dan cuenta de las omisiones y ausencias y ayudan a visualizar las posibles desprotecciones. Es la ganancia de una consulta popular.

¿Cómo recuperar la intención de un diálogo ciudadano que no parta de la negación inmediata del texto bajo supuestos moralistas catastróficos de destrucción de la especie, socavo de la institución sagrada de la familia y contagio de la homosexualidad?

Este no es un Código «para los maricones que no sé cuál derecho no tienen ya y claman por pequeños privilegios» No. Es imposible dejar que se nos secuestre el espacio para compartirle a mi vecina, cuya orientación sexual desconozco y nos (me) es irrelevante, cómo ella también puede reconocerse. Y en esto hay mucho de responsabilidad individual, porque el camino no termina con ese referendo.

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(Imagen: Vanguardia)

Para desdibujar aún más las asimetrías, hasta desaparecerlas, son necesarias las leyes que complementen y acompañen al Código y a la sociedad, en su carácter fiscal, procesual y educativo. La implementación de la Enseñanza Integral en Sexualidad con Enfoque de Género y Derechos Sexuales y Reproductivos, el Código Penal, la Ley de Identidad de Género, ¿cuándo estarían listas?

Finalmente, me preocupan de ese proceso dos cosas fundamentales: primero, el método de recogida de información de la consulta, que no puede derivar nuevamente en la devolución estadística a consumir acríticamente y que, en consecuencia, se refleje luego en los medios de forma insatisfactoria.

Y segundo: que se apruebe la propuesta final a costa de sacrificar artículos que —si son negociados por el Estado de forma simbólica o real con sectores conservadores de la población—, estarían contrariando los derechos más básicos, en tanto la supresión, modificación y eliminación de aspectos que garantizan el ejercicio del pleno disfrute de la personalidad de los individuos, serían demostración de un escenario anticonstitucional.

Hace dos años tuvimos un anticipo en redes y calles de lo que podía implicar posponer derechos humanos y disponerlos como objeto de discusión. Depende ahora la narrativa que construyamos sobre los objetivos del proceso de debate popular: la consulta no es acerca de si le vamos a dar derechos o no a la comunidad LGBTIQ+. Esa cuestión está resuelta. Esa promesa ya la hizo la Constitución.

Si los cambios en la ley no están acompañados por la educación y la sensibilización, tendremos entonces un Código progresista y de avanzada y una sociedad que no estará a su altura. El Código y la consulta son una oportunidad de formación y construcción de un futuro plural para Cuba. Quizás, al fin, el comienzo de todo.

***

[1] Artículo 61 del Anteproyecto del Código de las Familias.

18 comentarios

Orl 4 octubre 2021 - 6:46 AM

Copio.

La pésima gestión de la pandemia en los últimos meses, con sus nefastos resultados.
—-‘
Y lo peor aun esta por verse.

Alden 4 octubre 2021 - 7:04 AM

El pueblo cubano es muy conservador en los temas del homosexualismo, mientras el gobierno es abierto y progresista

Alfonso Rojas (@cerralallave) 4 octubre 2021 - 7:05 AM

hay mucho que arreglar en esta Cuba de hoy, en especial después del escándalo de Maradona, en la q quedó evidenciado la trata menores , la pedofilia , el machismo, tráfico de drogas, prostitución y otra serie de aberraciones q tenían el beneplácito y la protección del Estado en el que Fidel Castro fungió de chulo y cabron y prestandose a violar la ley vulnerando los derechos de la infancia, igual se hizo con la comunidad lgbti, cuando llegue una nueva Cuba es necesario legislar sobre estos tópicos para q de una vez se acabe eso de la isla burdel revolucionaria.

Orl 4 octubre 2021 - 8:25 AM

Dice Alden que el gobierno es abierto y progresista.

Si. Conformado por unos ancianos electos democraticamenre que actuan sin ningun interes personal. Van por este mundo ingrato llenitos de amor para ir colmando de felicidad al pueblo.

Manuel Figueredo 4 octubre 2021 - 9:09 AM

Cuando a un pueblo se les restringen sus derechos consagrados en la carta Magna de la nación, el poder democrático se convierte en tiranía. El gobierno siempre ha pecado de no ser abierto y mucho menos de ser progresista.
Hay cientos de pruebas que lo atestigua. Tengo la opinión que a esta altura del partido, será muy difícil buscar el diálogo para tratar de encausar el tiempo perdido; sesenta y dos años lo atestigua con suficiente creces.
Libertad para los presos políticos del régimen
Castrista-Canelists. Patria y Vida.

Julio 4 octubre 2021 - 9:18 AM

Vuelven con la misma cantaleta…

No se cansan de bombardear por todos los medios oficiales la supuesta necesidad del reconocimiento de los derechos a la comunidad LGBT IQ+ y al paso que vamos el alfabeto no alcanzará.

Cuanta incoherencia y falta de sentido común la de este sistema y la de aquellos que a sabiendas defienden y promueven lo indefendible…
El desdichado “Código de las familias ” es sumamente ambiguo, tramposo y manipulador, no es de extrañar pues tienen buenos referentes en la Isla…

Tengan presente que la sociedad cubana necesita cambios profundos a nivel económico y político. Pésima infraestructura alimenticia, los precios aumentan con los días, la situación de la vivienda horrible y por ahí no hay donde parar…

Sin embargo, ahora se la quieren dar de progresistas e inclusivos, cuanta hipocresía resumida en el denominado ” Código de las familias”.

Se necesita legislar a favor de libertades civiles, pluralidad partidista, libertad de educación(dicho sea de paso, los padres son los responsables de la educación política, religiosa y sexual de sus hijos, por tanto, basta de manipulación e imposición) libertad religiosa, libertad de pensamiento y conciencia, posibilidad real de objeción de conciencia y aplicación de principios de justicia.

Manuel Figueredo 4 octubre 2021 - 1:28 PM

Redacción llevo casi cuatro horas para que aprueben mi comentario. Caso contrario les ruego me lo hagan saber. Gracias.

dario 4 octubre 2021 - 11:19 AM

para tener una sociedad progresista,hay que tener ciudadanos que sean progresistas.Los cubanos de cuba hoy,ni son ciudadanos ni pueden ser progresistas…los cubanos hoy puede tener ideales,comunistas,evangelicos,fascistas,racistas,elitistas,pero nada de progresivsmo.Nos hemos criado en una guerra,en una plaza sitiads,la lucha clasista es el credo programatico y cedemos ni un tantico asi !!!! Ese es el discurso donde se han criado,no se puede pedir peras al olmos.Hace pocas semanas ,ante una manifestacion pacifica generalizada el presidente dio el “toque al deguello” ,asi que ya ustedes deben saber el ambiente en general.En un pais donde el liberalismo,o neoliberalismo segun los ideologos oficiales es anatema.es lo peor ….adonde quedan las ideas liberales,las ideas del progresivismo ??

José A. Huelva G. 4 octubre 2021 - 11:45 AM

La última palabra la tendra el pueblo. Ya cansan todos los medios con la misma matraca tarde y noche.
Como buen defensor de la democracia me acogeré a los resultados de las “elecciones”. Y como buen cristiano votaría NO si estuviese ahí. Aunque confieso que me gustaría mas votar en contra del aborto o para tener elecciones realmente libres y plurales.

Manuel* 4 octubre 2021 - 3:11 PM

Un par de apuntes históricos sobre el matrimonio cristiano. El matrimonio cristiano en la iglesia tal como lo conocemos hoy nació con el Concilio de Trento en el siglo XVI. Es decir, hace apenas cinco siglos.

Los primeros cristianos se casaban igual que el resto de la gente y la iglesia no participaba para nada en esos matrimonios. No eran matrimonios civiles, en el sentido de que no existía un registro civil, un invento de la Revolución Francesa. Mas bien eran “matrimonios privados”. Es decir, en el mejor de los casos se sellaban con un contrato entre partes que no se depositaba en ningún registro oficial.

Dentro de La Iglesia, la gran discusión era si el matrimonio era un sacramento o no lo era. Existía un sector conservador que se negaba a considerar sacramento algo que conducía a la fornicación. Finalmente, en el Concilio de Letrán se decidió que el matrimonio sí era un sacramento, atendiendo principalmente al hecho de que Cristo bendijo la bodas de Canaan. En ese momento consideraron de forma retroactiva como sacramento todos los matrimonios anteriores, con la salvedad de que los ministros de La Iglesia no podían disfrutar de ese sacramento. Pero, no nos debemos de olvidar que el matrimonio para La Iglesia es un sacramento entre dos personas, que se hace efectivo solo con que esas dos personas se juren libremente fidelidad ante Dios. En ese momento ya están casados antes Dios y el sacramento es efectivo. Otra cosa distinta es que La Iglesia reconozca ese matrimonio.

Ojo con el matiz. Una cosa es que Dios reconozca un matrimonio y otra distinta que La Iglesia, formada por individuos imperfectos, sea capaz de apreciar que Dios ha reconocido un matrimonio.

En resumen, después del Concilio de Letrán, para ejercer el sacramento del matrimonio solo tenías que ponerte de acuerdo con alguien y jurarle fidelidad. Eso muchas veces se hacía en caliente en un pajar y conducía a todo tipo de abusos como matrimonios de menores de edad y bigamia. Para poner orden, en el Concilio de Trento se decidió que para que La Iglesia aceptase un matrimonio como sacramento era necesario hacerlo en una iglesia con un montón de testigos y con el cura que actúa solo como testigo. El cura no casa a nadie, son los contrayentes los que se casan. El cura solo es un testigo de sus votos de fidelidad.

Cuento todo esto porque el matrimonio tal como lo entendemos hoy es un invento muy moderno. Antes ningún gobierno se metía en la forma en la que se emparejaban las personas, a pesar de que sí se reconocía la existencia de matrimonios y tenía consecuencias legales.

A menudo echo de menos la época en que los gobiernos se metían menos en la vida privada de las personas. Si viviésemos en otras épocas, el tema del matrimonio igualitario sería irrelevante.

Hermes 4 octubre 2021 - 4:59 PM

Gracias por la explicación Manuel aunque no creo que cambie la opinión de los Picapiedra que tenemos.

Manuel* 4 octubre 2021 - 6:26 PM

Poca gente sabe que La Iglesia vivió durante más de mil años sin decidirse sobre si el matrimonio era un sacramento o no. Eso es relevante porque durante muchísimo tiempo La Iglesia no consideraba al matrimonio como algo que le importase mucho. Aunque hay que añadir que La Iglesia siempre defendió la castidad para los ministros de La Iglesia.

José A. Huelva G. 5 octubre 2021 - 2:21 AM

Hermes vivo orgulloso de ser un Picapiedras como dice usted. Fue terrible obtener una educación medianamente religiosa en Cuba gracias al comunismo imperante. Y hoy en día nadie me va a cambiar mis principios para vivir en pecado. Entiendo que a los que no tienen fe eso les pueda parecer muy retrógrado ahora. Pero no es mi culpa que no la quieran acoger. Como dije antes preferiría estar votando por una Cuba libre o en contra del aborto. Al final los LGBTIQ seguirán haciendo lo que les plazca en la tierra y aunque el voto sea SI, o sea impuesto, será muy difícil cambiar la mentalidad de muchos, que como yo, aborrecen el pecado. La ideología de género está siendo usada ampliamente como medio para dividir sociedades, pero los “visionarios” se empeñan en negarla.

Armando Perez 4 octubre 2021 - 2:15 PM

Una de las bases más importantes de de una democracia, es la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, el que todos los ciudadanos tenganlos mismos derechos y deberes. El matrimonio es un contrato lega, un derecho que todos los ciudadanos deben poder disfrutar y que confiere ciertos derechos y obligaciones a los que entran en este contrato. Esto debe incluir a todos los ciudadanos, sean jóvenes, viejos o LGBTQ, máxime cuando permitir el matrimonio igualitario solo beneficia a los LGBTQ y no afecta a los heterosexuales. Los derechos no se someten a referendum. Si eso fuera así nunca en los USA se habría aprobado la Ley de Derechos Civiles, ya que la mayoría blanca habria votado en contra.

Las religiones deben tener toda la libertad de operar en la sociedad, y de no santificar los matrimomios gay, pero no deben tener ningún peso en decidir las leyes de un país y los derechos de los ciudadanos. Los religiosos que no estén de acuerdo con el matrimonio gay simplemente pueden no casarse nunca con alguien de su mismo sexo. No tienen el derecho de limitar el acceso a este contrato a otros ciudadanos.

Hermes 4 octubre 2021 - 7:21 PM

100% de acuerdo.

Rene 5 octubre 2021 - 12:46 AM

El artículo 68 fue, sencillamente, una de las columnas de humo que usaron los gestores de la Constitución, para desviar la atención del pueblo de problemas mucho más importantes, como aquel que otorga al PCC el poder supremo del gobierno y el Estado. Prueba de ello, son las “vibrantes” intervenciones de Mariela Castro antes de la consulta popular, que contrastan con su dócil aceptación posterior de la retirada del artículo.
No resto importancia a las demandas de la comunidad LGBTI, sino que considero las otras de mayor connotación, por su carácter universal, afectan a todos los cubanos, sin excepción.

Armando Perez 5 octubre 2021 - 8:03 AM

Estoy de acuerdo. La libertad de expresion, asociación y manifestación son mas importantes, porque afectan a todos. Sin embargo, del lobo un pelo… y a seguir luchando porque todos puedan disfrutar de todos los derechos ciudadanos de una sociedad realmente democrática.

Osvaldon 5 octubre 2021 - 1:31 PM

Pienso que el gobierno excluyó la parte del los derechos de las personas y el matrimonio igualitario en el texto de la constitución que se iba a someter a votación, a mi entender se debió a que podía (y de seguro sería así) verse afectada su aprobación con amplia mayoría de ciudadanos ya que la oposición al matrimonio igualitario era fuerte en amplios sectores de la población y de todas las denominaciones religiosas que operan en el país y que hicieron una campaña coordinada para que no se incluyera, por eso el estado la sacó del texto y decidió que se votara por separado dentro del nuevo código de la familia que se estaba preparando y así dar tiempo para trabajar y crear conciencia de la necesidad de tener un código que protegiera a esta minoría tan sufrida durante todos los años anteriores donde ser homosexual era equivalente al anticristo y todas las humillaciones eran toleradas .
Personalmente estoy más que de acuerdo en cualquier ley o código que contemple la igualdad de derechos entre todos los seres humanos independientemente de su orientación sexual.
No creo que sea una ley por “imitación del modernismo internacional” sino como un acto de justicia algo tardío eso sí, pero bienvenido !!!
Todos los que aquí peinan canas conocen historias de descalificaciones, agresiones y marginación que sufrió esta parte de nuestros compatriotas y que en mi caso, lo sufrí con un familiar cercano y muy querido por todo lo que pasó en su adolescencia y juventud superado ya en su inmensa mayoria hace algunos años pero aún necesitado a mi entender de un respaldo legal que los proteja ante la necesidad de ser reconocido y protegido en sus derechos ante la ley.
Es mi opinión ( un poco desordenada eso sí )
pero honesta en todas sus partes

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