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Díaz-Balart y sus imaginaciones sobre un terrorismo inexistente
La noticia es que el proyecto de ley de presupuesto para la política exterior prohíbe quitar a Cuba de la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo durante el próximo año fiscal que termina en octubre de 2025.
La propuesta define cómo debe el Departamento de Estado y otras agencias asociadas utilizar el presupuesto federal, y va a un nivel de detalle con el tema de Cuba verdaderamente impresionante.
El proyecto ya pasó en la Cámara de Representantes, pero aún debe ir al Senado para continuar el camino de convertirse en ley, y si es aprobado por el Senado, luego requiere la firma del presidente para su aprobación final. Si pasa o no en el Senado no se sabe, ya que la Cámara alta está dividida prácticamente a la mitad entre ambos partidos, y Cuba no es prioridad en estas discusiones, y si lo es, no tiene el suficiente peso como para cambiar un voto por esa causa.
Ya antes reportamos sobre esto y los límites que impone al Departamento de Estado para cualquier tipo de actividad que promueva el vínculo con el sector privado cubano.
Esta propuesta lleva la obsesión de prohibir cualquier vínculo con la Isla a un nuevo nivel. La potestad de quitar o poner a países de la Lista de Estados patrocinadores del terrorismo era una prerrogativa presidencial por asesoría o recomendación del Departamento de Estado. Sin embargo, esta propuesta de ley de presupuesto advierte que no se puede usar ningún fondo que otorgue dicha ley para ese fin.
La contradicción aparece cuando uno se pregunta por qué, si es una prerrogativa de la rama ejecutiva, el legislativo tiene el poder de controlarlo. Es poner talanqueras al uso de los fondos que lucen absurdas, pero de ser ley, serán vallas reales. Para poder quitar a un país de la Lista, debe seguirse un procedimiento que lleva tiempo y recursos. Hay que demostrar que esas condiciones —en este caso que no justifican la presencia de Cuba— han cambiado.
Pero, ¿por qué este proyecto tiene tanta fijación con Cuba? La respuesta es sencilla: la presencia de Mario Díaz-Balart, representante republicano por el distrito 26 de la Florida, quien tiene una posición de liderazgo en el Comité de Apropiaciones del Congreso, el cual básicamente decide sobre el uso de los fondos federales.
La obsesión de cerrar hasta la más mínima hendija para Cuba no se queda en el cierre de toda cooperación con el sector privado, ni en la etiqueta de terrorista para la Isla, sino que va más allá.
Los fondos no pueden utilizarse para eliminar o reducir la Lista de entidades restringidas, una lista de entidades con las que compañías estadounidenses, o incluso ciudadanos que visiten el país, no pueden vincularse de manera directa. Esta restricción implica desde la prohibición de quedarse en un hotel u otro, o tomarse un refresco producido por una fábrica cubana que esa Lista diga que tiene vínculos con el Ministerio de las Fuerzas Armadas. Este proyecto de ley también prohíbe quitar o reducir esa lista.
El proyecto asimismo arremete contra los países que de manera soberana han contratado los servicios médicos cubanos, y promueven una medida intimidatoria que exponga estos gobiernos. «Antes de los próximos 90 días tras la aprobación de esta ley, el Secretario de Estado debe enviar un reporte al Comité de Apropiaciones del Congreso listando las organizaciones internacionales que de acuerdo a la información creíble que tenga, le están pagando al gobierno de Cuba por el trabajo forzado y tráfico de profesionales médicos cubanos».
Pero hay más. Ninguno de los fondos de ese proyecto de ley puede utilizarse para ayudar o reparar al gobierno de Cuba, ni al de irán, Siria o la República Popular de Corea. Esto podría significar que ante un desastre natural o de cualquier otra índole, Estados Unidos no podría asistir a Cuba, como ya sucedió cuando el accidente de los supertanqueros, una ocasión en la que Washington envió algunos trajes y equipamiento básico de enfrentamiento a fuegos, semanas después del siniestro que cobró la vida de varios bomberos y sumió a la zona en gran tensión ante la incontención del fuego durante varios días.
La asociación pro-normalización con Cuba ACERE (Alianza para el respeto y acercamiento a Cuba, por sus siglas en inglés), denunció la posibilidad de impedir que se quite a Cuba de la lista por un año más y también mencionó en un mensaje en X que el proyecto de financiación para el trabajo del Homeland Security (el departamento de Seguridad Nacional, de Interior) prohíbe que sus empleados tengan encuentros que son ya rutina con sus contrapartes cubanas, «lo cual pone en peligro la cooperación bilateral en seguridad, así como los vuelos comerciales directos entre Cuba y Estados Unidos».
Esta noticia significa que los miembros del lobby representante del exilio radical están aprovechando cada oportunidad para complacer los intereses de cero vínculos con Cuba, que a su vez es una forma de que nada cambie ni en Estados Unidos ni en la Isla.
La retirada de Cuba de la Lista de Estados que no cooperan plenamente en esfuerzos contra el terrorismo causó múltiples alarmas en el ala republicana representante del exilio radical, al ver la posibilidad de que la Isla fuera retirada más adelante de esta otra lista que sí tiene implicaciones directas en el sistema de medidas unilaterales coercitivas que configura Estados Unidos. Al parecer, con este proyecto pretenden eliminar dicha posibilidad.
Por tanto, la noticia significa también que bajo el liderazgo republicano pueden esperarse nuevas e innovadoras maneras de engordar las «sanciones», de apuntalar el cerco económico, y romper hasta el más mínimo vínculo entre ambos países, incluso a expensas de la seguridad nacional de Estados Unidos, considerando que diálogos mínimos con Cuba son necesarios para dos territorios tan cercanos y que comparten desafíos que van desde el enfrentamiento al narcotráfico, hasta la migración irregular.
Díaz-Balart se ha ubicado en una poderosa posición en la Cámara de Representantes en la que puede dictar o influir en cómo se gastan los amplios fondos con los que cuenta ese gobierno.
Los efectos de la inclusión de Cuba en la Lista de Estados patrocinadores del terrorismo son muchos, directos e indirectos. Uno de los últimos que ha sido noticia es que implementa un requerimiento de visa para Estados Unidos para los ciudadanos europeos si visitan Cuba, que termina siendo disuasivo para los potenciales turistas europeos que terminan escogiendo otros destinos caribeños que no impliquen poner en riesgo su privilegio a la hora de entrar en la nación norteña.
Nuestra opinión es que este proyecto de ley demuestra que los liderazgos republicanos como el de Díaz-Balart hacen pensar que la visión de extrema derecha de Trump ya está en ese partido, gane el expresidente en noviembre o no.
Demuestra asimismo que el pequeño lobby cubano mantiene un poder desproporcional a su número de miembros y al tamaño de la población que representa, pero hegemónicos en una maquinaria que han aceitado muy bien para su perdurabilidad en esas posiciones.
En la visión de los representantes de origen cubano en el Congreso, los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos no importan, solo la prioridad de responder a una agenda que los mantiene con ingresos no solo a ellos, sino también a una red de organizaciones que promueven o dicen luchar por la libertad de Cuba desde Miami y sin rendir absolutamente ninguna cuenta de los resultados de su trabajo.
Pocos países tienen tantos apartados, prohibiciones, especificidades como tiene Cuba en este proyecto de ley, ya aprobado por una Cámara de Representantes. Cuba tiene un nivel de atención como si fuese una amenaza incontenible para la seguridad nacional de Estados Unidos.
Aún así, un escenario de crisis en la Isla y un presidente demócrata con poco liderazgo en el tema Cuba parecen ser la atmósfera perfecta para que quienes han hecho carrera política a costa de defender la línea de «mano dura», saquen provecho del «río revuelto» con propuestas como esta. Quienes nunca han salido ganando han sido sido los sectores de la sociedad civil cubana a quienes estas políticas dicen «liberar».
Otaola tú no sabe inglé
La noticia es que el youtuber cubano Alex Otaola recibe una ola de críticas por lo que parece ser su primer intento de dar una entrevista en inglés, una acción habitual entre los aspirantes a cargos políticos, como este republicano que está en la carrera para ser el alcalde del condado de Miami-Dade.
La conversación fue con el experimentado periodista estadounidense Jim DeFede, y se hizo a través de un traductor, a pesar de que Otaola dijo que él comprendía todo lo que escuchaba.
«¿Usted puede verdaderamente representar a los ciudadanos del Condado de Miami-Dade si no se siente cómodo hablando en inglés, en un lugar en el que el 50 por ciento de la población no habla español?» Preguntó incisivamente el periodista de CBS Miami.
«Yo hablo a través de un traductor, yo entiendo todo lo que me dices», respondió el entrevistado.
Sin embargo, en varias ocasiones en la entrevista tuvo que acudir al traductor para comprender las preguntas que se le hacían.
El nacido en Camaguey en 1979 que vive en Estados Unidos desde el año 2003, se identifica a sí mismo como un símbolo del activismo político contra el gobierno de Cuba y afirma ser el nieto de Horacio Otaola, a quien llama víctima del «embargo del régimen de Castro», sin esclarecer qué significa eso.
Quizás el peor saldo político para el aspirante político fue el hecho de que dijera exactamente lo contrario a su eslogan-marca en el show Hola-Otaola. De ser el principal vocero del: «Cero remesas, cero viaje, cero recarga, cero economía, cero todo», refiriéndose a que la comunidad cubana no debe enviar ayuda de ningún tipo a sus familiares, ante una pregunta del periodista sobre si se oponía a las remesas dijo que no, y que tampoco se oponía a los viajes.
No ha sido sorpresa las críticas y las burlas de otros influencers locales que lo tildaron de hipócrita y de haber hecho el ridículo. «Ahora mismo es el hazmerreír de Miami-Dade», afirmó el comediante Ariel Mancebo, residente en Miami.
El periodista DeFede, habituado a conversar con políticos locales y a mantener intensas entrevistas con ellos, preguntó sobre por qué quería correr para alcalde: «habla del lavado de dinero, de derechos parentales en las escuelas, habla de política migratoria, a mí me parece que usted está postulándose para el trabajo equivocado. Quizás deba postularse para ser el fiscal del Condado, o para el Congreso, no parecen temas que interesen a un alcalde», opinó DeFede.
Otaola volvió sobre una de los pocos mensajes que en la entrevista no cambió: la necesidad de exorcizar a Miami-Dade de los comunistas, aunque no existe evidencia alguna de que haya un partido comunista, militantes de alguna organización comunista internacional, o alguna expresión pública simpatizante con esa ideología política.
«Crearía un Comité anticomunista en el Condado, mi intención con la alcaldía de Miami-Dade es no permitir que los comunistas logren penetrar Miami, tal y como lo han intentado», aunque no especifica cómo lo han intentado, y de qué comunistas habla.
Un punto importante de la entrevista fue el radical cambio de discurso del youtuber que se ha convertido en uno de los líderes más visibles de la oposición exiliada. Jim DeFede sacó varios videos donde el influencer visitaba la Isla, frecuentaba lugares de entretenimiento, acudía a conciertos de artistas que hoy cancela y promocionaba negocios locales. Otaola respondió diciendo que esto lo hizo «enviado por el canal de televisión para el que trabajaba, donde se me dio la lista de los artistas que debía entrevistar, los negocios que debía promocionar. Eso fue lo que hice, cumplir con la línea editorial»
Sobre su cambio de militancia del Partido Demócrata al Republicano se justificó diciendo que «cuando se llega de regímenes comunistas no se tiene la idea clara de dónde está el enemigo».
Otro de los puntos polémicos de la entrevista fue su opinión sobre los puertorriqueños, que el entrevistador contrastó poniendo un fragmento de uno de sus videos en el que Otaola dice: Puerto Rico no aporta a Estados Unidos (…) lo único que tiene es gente con food stamp —un tipo de ayuda económica para personas de bajos ingresos que ofrece fondos para solventar los gastos por alimentos y que es muy común también entre la comunidad cubana.
Ante la estampida de críticas, Otaola ha dicho en su canal que «no ve papelazo alguno». Otros influencers aliados como Eliecer Ávila también respaldaron al candidato tildando al entrevistador de manipulador, por sacarle «videos viejos» y «asuntos personales».
Esta noticia significa que el candidato a alcalde tendría muy pocas posibilidades de enfrentarse a los sistemas mínimos de escrutinio público que tiene un sistema político como el estadounidense, y mucho menos a ejercer un puesto público de manera funcional.
Una cosa es el soliloquio habitual frente a una cámara donde él dice lo que atraiga tráfico —sea verdad, mentira, discriminatorio, sexista, ofensivo— y otra la vida pública fuera de la burbuja de sus seguidores que aceptan esos comportamientos, por el solo hecho de coincidir con algunas de sus posiciones contra el gobierno de Cuba.
Además de evidente poco dominio del inglés, que le supondría un grave problema a la hora de proponer ordenanzas y comunicarse con otros políticos que no hablan español, el candidato demostró un profundo desconocimiento sobre la separación de poderes sobre la que se fundamenta el sistema norteamericano y los límites de las prerrogativas que tendría su cargo.
Un alcalde en Estados Unidos solo debería administrar el condado acorde a los principios legales aprobados por el legislativo, por tanto, promesas como «limpiar la ciudad de comunistas» implicarían poderes que exceden claramente sus prerrogativas. No en vano su interlocutor le señaló que se estaría presentando para el cargo errado.
Por otro lado, la actual alcaldesa demócrata Daniella Levine Cava, tiene grandes posibilidades de reelegirse y goza de gran popularidad entre sus votantes.
Entre las lecturas que pueden sacarse de esta entrevista está también la desconexión que tienen estos influencers con la realidad de la sociedad estadounidense, sus filtros, y sus correcciones políticas.
Otaola se identifica como republicano y trumpista. Sus opiniones en el programa, sus estrategias de atracción de tráfico como las campañas de descrédito contra personas que no siguen su política, el uso del morbo y el rumor para alargar programas, lo han convertido en un bully local. Aunque al candidato republicano a la presidencia también se le achacan varias de estas prácticas, la forma sostenida en la cual el youtuber cubano emplea el discurso de odio va contra cualquier principio democrático y aspiración de civismo, llegando incluso a tener varias demandas por difamación. Si estas acciones se hicieran desde un cargo público, claramente implicarían un elemento desestabilizador que incomodaría, incluso, a buena parte de las élites políticas.
Nuestra opinión es que ser un líder de la oposición exiliada, si bien puede abrir puertas, no garantiza la entrada en la maquinaria de la política institucional, la cual, aunque ha cambiado en los últimos años, aún sigue valorando principios básicos como mínimos estándares de habilidades políticas y valores cívicos.
Otaola es síntoma de un ambiente político en que el discurso de odio se ha naturalizado y no mide fronteras. Es un tipo de extremismo político que no tiene un solo objetivo, se usa contra el gobierno cubano, pero es una actitud en la cual cualquiera que luzca como un adversario político pudiera ser el blanco: desde quienes defienden el restablecimiento de relaciones diplomáticas con la Isla o la flexibilización de medidas unilaterales coercitivas, hasta los puertorriqueños o los que están contra Trump. Esta práctica se vale de estrategias violentas de todo tipo, como la difamación o incluso la defensa de acciones contra el Estado, cuyo ejemplo más representativo pudieran ser los ataques al Congreso del 6 de enero de 2021.
En una ciudad donde una zona del exilio ha hecho de los discursos extremos su sello de identidad política, hasta cierto punto es explicable la popularidad que han tenido este tipo de influencers, conduciéndolos a plantearse la postulación para cargos públicos.
No se trata de un fenómeno simple donde pueda hallarse un único responsable, en este clima de desprecio por valores democráticos como el respeto a la opinión del otro, la confrontación no violenta, o la vocación de servicio público —incluso para quienes no comulgan con tus ideas— influyen, tanto prerrogativas que han tenido históricamente líderes del exilio —la condonación de actos terroristas, por ejemplo—, como la falta de una cultura cívica que traen muchos cubanos desde la Isla —también por la ausencia de mecanismos formales para el ejercicio de una oposición en el marco de la ley—. En un contexto así las opciones del menú político tienden a ser muy reducidas.
Por lo visto, el autodenominado «azote de los comunistas» no ganará el asiento en la Alcaldía, aunque es muy probable que mantenga su notoriedad y popularidad, una de las consecuencias casi inevitables de procesos de la exposición política. Sin embargo, la primera y más elemental prueba para un aspirante político en Estados Unidos no la pasó: dar una breve entrevista en inglés explicando su propio programa.
El cuento chino tiene segunda temporada
La noticia es que el Wall Street Journal (WSJ), el conocido medio conservador estadounidense, reportó que China tiene una nueva instalación de escucha electrónica esta vez en el oriente de la Isla, específicamente en Santiago de Cuba.
No es la primera vez que el WSJ reporta esta historia pero esta vez cita al Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS por sus siglas en inglés), un tanque pensante neoconservador con sede en Washington.
Según los autores del reporte, después de analizar años de imágenes satelitales de Cuba, encontraron que la Isla ha mejorado y expandido sus instalaciones de espía electrónica, y mencionan 4 sitios: Bejucal, El Salao (Santiago de Cuba), Wajay y Calabazar. Matthew Funaiole, autor jefe del reporte, afirma que estos lugares «están activos y tienen misiones en desarrollo».
El gobierno cubano no se demoró en reaccionar. El viceministro del Ministerio de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío publicó un mensaje en X diciendo que esta historia es falsa: «Sin citar fuente comprobable o mostrar evidencia, busca espantar al público con leyendas sobre bases militares chinas que no existen y nadie ha visto, incluyendo embajada de EEUU en Cuba».
Beijing también opinó sobre el reporte. En una rueda de prensa la portavoz de la Cancillería china Mao Ning afirmó que las acusaciones del CSIS «carecen de fundamento».
La funcionaria aprovechó la oportunidad para aclarar que la cooperación entre ambos países no tiene «intenciones de perjudicar a terceros», y repitió una línea de mensaje que China mantiene con respecto a las relaciones entre La Habana y Washington: «Instamos a Estados Unidos a que reflexione, a que ponga fin a la interferencia en los asuntos internos de Cuba, a eliminar a Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo y a levantar el bloqueo y las sanciones impuestas».
Este nuevo reporte que cita solamente al CSIS como fuente, repite una narrativa que WSJ desencadenó en junio de 2023, en la que supuestamente Cuba había firmado un acuerdo secreto con China para construir sitios de escucha en Bejucal.
El gobierno estadounidense no confirmó esa noticia propiamente. En aquel momento el secretario de Estado, Anthony Blinken, dijo que la operación china en Cuba era parte de un esfuerzo global de expandir su influencia internacional, pero que «las acciones de Estados Unidos desde que Biden tomó el poder habían ralentizado estos esfuerzos».
El Coordinador de Seguridad Nacional para la Comunicación Estratégica, John Kirby, en aquel momento, también afirmó a MSNBC que el reporte era inexacto. La agencia Reuters estuvo en el supuesto sitio donde estaría en construcción la base de escucha, y no encontró evidencia concreta de su existencia.
Esta noticia significa que el rol de Cuba como un territorio en disputa por parte de grandes potencias continúa ofreciendo material para alimentar una narrativa bélica que involucra a la Isla como cómplice de todo tipo de supuestas intenciones de espionaje a vecinos.
Significa además que, incluso usando una sola fuente, Wall Street Journal insiste en su voluntad de crear titulares que ubican a Cuba como zona de influencia ruso-china, historias que atraigan tráfico y se ensamblen con la mentalidad de guerra fría que aún prevalece cuando se observa a Cuba desde Estados Unidos.
Las relaciones entre Beijing y Washington se han vuelto más confrontacionales en los últimos años, sobre todo a partir del amplio despliegue estadounidense en Taiwán y en países vecinos, que también incluye bases militares.
Nuestra opinión es que si bien China tiene excelentes relaciones políticas con Cuba, no hay evidencia de una presencia militar o de inteligencia en la Isla. Hasta donde se sabe, la influencia del país asiático pasa más allá de acciones de diplomacia pública, como un Instituto para aprender el idioma o donaciones ocasionales. Incluso, en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, donde están ubicadas las empresas extranjeras más importantes del país, China no tiene ninguna compañía.
La historia de Reuters del año pasado describía un lugar solitario, sin movimiento, ni más gente que los locales, y antenas oxidadas en una localidad semiabandonada. Habría que ir a El Salao para confirmar si está realmente en ese sitio lo que ese documento reporta como «avistado» por un satélite.
En tiempos de elecciones suelen salir narrativas mediáticas con informaciones más cercanas a películas de ciencia ficción que a argumentos razonables. Estas son aprovechadas por ambos bandos para sacar provecho político. No es la primera vez que sucede. No se puede olvidar el famoso Síndrome de La Habana que nunca pudo ser fundamentado científicamente, pero costó la separación de múltiples familias a partir de la suspensión de los servicios consulares en la embajada. Por el momento, esta historia no ha demostrado ser diferente.


Otaola es un personaje ridiculo ,pero mas riduculo son los que lo siguen,un personaje sin escrupulos,metiro y embelequero.