Internet hoy está cargado de post-ironía, lo cual ha preparado el caldo de cultivo para que se extienda una nueva y peligrosa ola de irreverencia, permeada por el discurso anti-woke y el alza de ciertos conservadurismos, y presentada como una «reacción legítima» en defensa de la «libertad de expresión».
En lugar de morir de risa, las bromas de nuestros políticos, exuberantes, desinhibidas, desternillantes, lo único que nos provocan, desde hace demasiado tiempo, es puro llanto.