Por: Esteban Morales
Existen asuntos en los que la nueva ley mencionada, nos puede crear dificultades, si antes de ponerla en práctica no se hacen algunos ajustes.
Nosotros hemos tenido muchas dificultades con las inversiones internas. Por lo que no debería ser ese el contexto dentro del cual acometiéramos un proceso de nuevo impulso a las inversiones extranjeras.
Tal vez, hubiera valido la pena, demorarnos un poco y formular una Ley General de Inversiones y dentro de ella un capítulo para las Inversiones Extranjeras. Yendo de lo más general a lo particular. Generando así el contexto sistémico dentro del cual se debería mover la inversión extranjera en el país. Porque ahora, ¿cómo aislar Mariel de todos los problemas que tenemos con el proceso inversionista interno? A una pregunta mía, el Co. Ministro Murillo respondió que esa Ley General de Inversiones, estaba en proceso de redacción. Ojala no demore mucho, porque en medio del proceso de Reestructuración para lograr El Nuevo Modelo Económico, creo nos hace falta poder siempre mirar todo en sistema.
Otro asunto que guarda mucha relación con la nueva ley, a nuestro entender, es que hemos declarado que necesitamos entre 2000 y 2500 millones de dólares para estimular el desarrollo de la economía, haciendo crecer el PIB. Ese dinero se podría obtener del ahorro interno, pero este resulta muy insuficiente; o de los préstamos bancarios, con los cuales tenemos muchas dificultades debido al bloqueo financiero de Estados Unidos, razones por las cuales se necesitan con urgencia las inversiones extranjeras.
Sin embargo, ello se contradice con dos aspectos del problema de lo que pudiéramos llamar la recaudación de capital: uno, es la tendencia a negar la posibilidad de que alguien tenga dinero en Cuba para participar en el proceso inversionista. Se niega que haya cierto capital cubano (Cuidado que ETECSA se ha llevado una sorpresa). Negándole al cubano la posibilidad de invertir , y lo segundo, aceptar el dinero de las remesas solo para que este se convierta en empresas pequeñas y tal vez medianas, haciendo además, proliferar la quincallería, el pequeño comercio, los servicios gastronómicos , los pequeños negocios, la compra de carros y casas y el cuentapropismo en general.
Entonces, yo me pregunto ¿dejando que los cubanos inviertan, no podríamos acumular, aunque de a poco, capitales pequeños y medianos, que podrían vincularse al proceso inversionista, junto a la inversión extranjera? ¿Porque desperdiciar esa posibilidad? Además, ¿Cuál es la concepción que subyace tras la medida de impedir que los nacionales inviertan? Mientras estamos ofreciendo al capital extranjero parte de la riqueza nacional? Esto último parece venir de la misma mentalidad que hasta hace un tiempo, impedía que los cubanos fueran a los hoteles del turismo extranjero, tuvieran celulares y vendieran sus carros. Cuando todas estas medidas fueron levantadas, se produjo un resultado que podemos considerarlo como beneficioso. Más de 600,000 cubanos del patio han gastado dentro del turismo en moneda extranjera.

Colaboración con LJC de Mario Valdés Navia

La Joven Cuba se me hizo favorita desde que la descubrí, acabadita de nacer. Realmente es una bocanada de aire fresco para todos los que gustan de debatir temas polémicos cubanos con aquellos que acepten el reto de comunicarse civilizadamente y comprenderse, aunque no piensen igual. Como mi mundo es el de la Historia, tanto en la enseñanza como en la investigación, quiero traer a colación un tema que atosiga a muchos amantes de Clío  cuando se aborda la producción historiográfica en cualquier lugar del mundo, pero, en particular, la que se hace en la Isla: ¿puede ser verdadera una historia encargada por el estado a profesionales pagados por instituciones estatales y destinada irremisiblemente a ser publicada por editoriales también del estado?, en otras palabras: esa historia “oficial”,¿es ciencia, o apología?.